Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 La cazadora y el asesino en masa.(Helena Bertinelli)

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MensajeTema: Re: La cazadora y el asesino en masa.(Helena Bertinelli)   15th Noviembre 2015, 08:12

Vaya que Jonathan era un hombre callado. No habia mostrado muchas reacciones ante mis ofertas de comer, al menos, en palabras. Cuando se lo ofreci, su rostro estaba condicionado entre la duda, la sorpresa y la incredulidad. ¿Qué tan raro podria ser que alguien que acabas de conocer en una matanza de criminales te invitase una cena en su departamento? Me pareceria muy gracioso que no pudiera tener tanta seguridad con mi persona a la hora de hacer algo tan comun como comer y se desenvuelva como nadie para matar personas. Probablemente, esto era lo mas raro que habia hecho en mucho tiempo.

-¿Asi que te gustan los cocos? Si tuviese pastel o gelatina de esa fruta te daria... Pero ahora no tengo nada, si quieres, en otra ocasion te puedo invitar algo... -Le sonrei, mientras me acercaba a el para tomar su mano y llevarlo a la cocina. ¿Le gustarian los vestidos hawaianos con sostenes hechos de cocos? Por dentro me parecia muy gracioso, pero no hice ninguna muestra para que el se enterara de lo que estaba pensando. Solamente tenia que enterarse de lo que yo quisiera que se enterara... Lo lleve a la cocina, mientras la musica seguia sonando. Era un disco de musica que habia hecho yo en mi computadora para cuando estaba sola, por lo que tenia mucha musica variada, pero todo girando en torno al rock o al metal ligero.

Al llegar a la cocina, lo solte y me agache para tomar un par de ollas donde podria preparar toda la comida. Tenia ya fuera el spaguetti, la salsa y algunas hierbas, asi que me gire para verlo a los ojos. -Te voy a preparar espaguetti con albondigas, ¿esta bien? -Fui al refrigerador y saque la carne molida para solamente tener que amoldarla en esferas. Mientras tanto, puse el spaguetti en una olla con agua y sal para que se empezara a preparar a fuego lento. La carne ya venia con algunos ingredientes, por lo que solamente tenia que ponerlo a freir para agregarlo a la pasta despues.

Mientras las cosas se preparaban bajo la llama lenta de mi estufa, me gire para poder verlo, con las manos recargadas en el borde de las repisas de mi cocina. Estaba con un hombre que apenas y sabia su edad, no habia visto mas que la forma en la que luchaba, y lo mas destacable que podia recordar sobre su rostro es una barba bastante varonil. Su barba me llamaba la atencion, es decir, si el era una especie de soldado-esclavo-maquina para matar, ¿Por que no tenia impuesta la disciplina de rasurarse como los militares? ¿Acaso esa era una muestra de su espiritu rebelde que intenta alejarse de todo lo malo que le han hecho? ¿O solamente es una forma mas facil de estar sin tener que gastar mucho en rasurarse? Tenia que ser como mis maestros de pedagogia decian: "Paciente y perseverante para lograr buenos resultados".

-Bueno, si tu no tuviste mucho tiempo para disfrutar de las cosas buenas de la vida, puedes contarme... ¿Qué te gusta? ¿Tienes alguna pelicula favorita? ¿Te gusta algun deporte como las carreras de autos o algo por el estilo? Seguramente tienes un hobby aparte de... tu trabajo. -Le sonrei. Quizas estaba siendo un poco invasiva, pero sabia que si hacia las preguntas adecuadas o al menos golpeaba en algun lugar que el se sintiese familiarizado, podria tener una mayor conexion con el. El me llamaba la atencion , y sabia que si me esforzaba en escucharlo, podria acercarme mas a su pasado y lo que lo estaba formando.

¿Y por que no? Quizas el era una persona que no sabia mucho del mundo y el mundo lo habia formado de una manera cruel con un fin de venganza para la sociedad, como me habia pasado a mi. Pero me causaba conflicto no saber mucho de su pasado, ni de sus gustos, ni sobre el mas que su nombre y su habilidad para luchar en contra del hampa. ¿Qué podria hacer? ¿Esperar y confiar en volver a verlo, pensar que quizas el no es una persona que pueda comprender mis demonios y todo lo que he sufrido o arriesgarme e intentar aprovechar el tiempo de esta noche? Oh... al demonio. Son mas de las dos de la mañana, le estoy haciendo la cena y estamos escuchando musica en un departamento que pocos de mis amigos conocen. Ya no tenia mucho mas que arriesgar.

Me le acerque mientras las cosas seguian en el fuego y le di un suave abrazo. Quizas el no se esperaba eso, ni tampoco cuando recargue mi cabeza en su pecho. Pasaron un par de segundos asi, hasta que me separe un poco, levante la cabeza y elevandome de puntillas, deposite un suave beso en sus labios mientras cerraba los ojos. Parecia que el daba su primer beso, no sentia mucha experiencia por su parte, ni tampoco nada mas que sorpresa. Intento alejarse, pero mi mano derecha rodeo su espalda y mi mano izquierda atrajo con un poco de fuerza su cuello hacia mi para mantener el beso. El tacto de su barba era delicioso, y aunque no estaba con un experto del beso, sentia tanta ternura por Jonathan que tenia intenciones de mantenerlo durante tanto tiempo como sea posible.

Al final, tuve que separarme, sonrojandome un poco al ser tan sorpresiva en mi modo de actuar.

-Lo siento... Fue mas... ¿curiosidad? No lo se.... -Ojala el no se ofendiese y se largara de mi departamento, no queria que el se sintiera tan mal por lo que habia hecho ni se asustara o respondiera de manera violenta.

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Jonathan Smith
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MensajeTema: Re: La cazadora y el asesino en masa.(Helena Bertinelli)   3rd Diciembre 2015, 00:09

Nunca dejan de asombrarme las cosas que me pueden ocurrir. Yo siempre me considere como la clase de persona que ha visto todo y hecho de todo, en el peor de los sentidos desde luego. He luchado en cada terreno conocido por el hombre, he asesinado a personas de todas las edades, géneros y nacionalidades; he cazado y acabado con objetivos que van desde humanos hasta metahumanos, así como monstruos o criaturas cuyos hábitos y apariencia escapan a la imaginación de cualquier persona que se considere mentalmente sana. He leído los archivos de cada superhumano registrado, incluyendo a muchos de los mismos Vengadores, en mi Universo; lo mismo hice al llegar a Omega, cuando comencé a recopilar datos sobre los nuevos héroes que no conocía de mi Universo de origen. Así fue como me entere de la historia de alienígenas, robots y androides, seres similares a muertos vivientes, mutantes de toda clase, humanos convertidos en monstruos, entidades cósmicas, dioses, y un amplio y en extremo variopinto etcétera. Yo mismo he visto cara a cara a una mujer, actual princesa de las amazonas, cuya mera existencia ya es un desafío a la concepción común de lo que es la “mitología”. Sin embargo, es curioso cómo, cada vez que empiezo a creerme esto, la vida encuentra una nueva forma de sorprenderme, en modos que jamás creí posibles.

Y en esta ocasión en particular, estaba más sorprendido, inquietado y hasta perturbado, de lo que jamás había estado, o volvería a estar, en toda mi vida. Y no era por alguna clase de evento cósmico, un nuevo objetivo superpoderoso, algún personaje nuevo de la literatura que resulto real, o por ninguna de las hostilidades que esta amalgama universal que llamamos Omega tuviera para ofrecerme. No, esta vez mí los escalofríos que recorrían mi espalda se debían a algo diametralmente opuesto a todo lo que había enfrentado en mi vida: la amabilidad de una mujer, que era prácticamente una desconocida. Sobra decir que ninguna mujer me ha mostrado jamás esa clase de amabilidad en mi vida. Lo más acercado a eso es cuando me encuentro con Blair para entrenar, pero con ella es diferente: nuestros encuentros no son más que parte de mi misión, nos desenvolvemos en un ámbito en el que ya estoy acostumbrado a moverme, y lo que siento cuando estoy junto a ella no se compara con lo que me hacía sentir Helena; esa incomodidad extrema y la sensación (muy certera) de saber que no estoy haciendo las cosas bien.  Quizás por que con la congresista las cosas nunca dejaron de sentirse formales, a pesar de sus intentos de romper el hielo y mis intentos de no ser demasiado duro con ella en las rutinas para evitar que se fracturara un hueso o algo. A Helena por el contrario había tenido la oportunidad de verla en acción, cuando su temperamento sale a relucir, pude ver su ira, el enojo y el odio que guían sus acciones a cada paso que da, pero sin nublar su mente lo suficiente como para conducirla en un espiral de furia ciega, sino más bien brindándole la determinación necesaria para seguir adelante.

Por eso era tan extraño verla de repente tan sonriente para conmigo. Antes de entrar al edificio, apenas había mostrado algún tipo de sentimiento más allá de los antes mencionados, y cuando nos encontramos por primera vez, supe por su mirada que no tendría problemas en jalar del gatillo y clavarme un virote entre las cejas. Y a pesar de todo, ahora se encontraba… ¿Feliz? ¿Por qué? ¿Yo tendría algo que ver? Imposible, las personas usualmente no están demasiado felices cuando están cerca mío, sino lo contrario ¿Pero qué otra explicación podría haber? ¿Tal vez fuese alguna clase de bipolaridad o trastorno de personalidad múltiple? Era una posibilidad perfectamente razonable, pero aun así había algo en todo eso que no me terminaba de cerrar, aún tenía que descartar completamente otra teoría para eso: la de que realmente yo influía en su cambio de estado de ánimo, que de algún modo yo era la causa de su repentina felicidad. El solo pensar en eso bastaba para hacerme temblar. Hasta el momento creí que el momento más incómodo que me había tocado vivir fue la fiesta de políticos en conmemoración de la victoria de la congresista Van Der Woodsen, pero esto le ganaba por mucho. Su ofrecimiento de hacerme una cena en otra ocasión solo empeoro las cosas para mi ¿Cómo que en otra ocasión? ¿Se refería a vernos otra vez? Pues sí, en realidad tenía pensado fomentar las bases de una alianza con ella, o al menos un tratado de mutua cooperación cuando esta fuera solicitada, pero eso había sido cuando únicamente conocía su faceta de vigilante; ahora que estaba comenzando a observar a la mujer detrás del antifaz, realmente no me sentía tan seguro de cuáles serían sus intenciones para nuestro próximo encuentro, ni que tan cerca estarían del tipo de situaciones que en las cuales yo había planeado que nos volviésemos a encontrar: ya comenzaba a tener mis dudas respecto a si ella planeaba volver a verme para cortar la cabeza de otro líder de la mafia, o solo por querer verme. El solo pensar que ella tendría algún motivo para querer verme por motivos que no fuesen estrictamente profesionales o concernientes a un objetivo en general me hacía sentir como si una granada hubiese explotado en mi estómago. Esto hiso del contacto entre nuestras manos algo mucho más incómodo. Técnicamente ella toco el guante de cuero negro que envuelve mi mano, pero eso no hiso del breve contacto entre estas menos extraño para mí. Ni siquiera preste atención al momento en el cual me pregunto sobre si quería comer espagueti, estaba demasiado ocupado intentando descifrar el porqué de sus cambios de conducta, de modo que solo afirme levemente con la cabeza antes de darme cuenta de lo que había aceptado, aunque no por eso rechace la oferta. Necesitaba quedarme más tiempo para poder averiguar más, todo esto comenzaba a intrigarme.

Casi agradecí cuando volvió al interrogatorio, al fin algo que si sabía que le quería responder. Lamentablemente sus preguntas eran de respuesta fácil, así que no pude hacer mucho tiempo para distraerme de…todo lo demás. –No, no, y…no.- Fueron mis respuestas. Como le dije antes, nunca tuve tiempo para hacer nada de eso. Toda mi vida fue orientada a una causa: acabar con el objetivo, y eso fue todo lo que hice desde mí nacimiento hasta hace un par de años atrás, cuando me di cuenta de todo. Y desde ese momento, no había hecho más que ir de una pelea a otra, de una garganta a otra, por el simple hecho de no saber que más hacer. Desde el día cero de mi existencia estuve entre en una guerra, y aun hoy en día, ese conflicto no ha acabado para mí. Sé que nunca acabara, sé que es posible que ni siquiera termine cuando haya muerto el último de los desgraciados que me hicieron lo que soy, por el simple hecho de que no tengo nada por que vivir, ni nada más allá del combate, porque ya es demasiado tarde para mí como para enfocar mi vida en cualquier otra cosa. En mi vida no hay tiempo para pasatiempos, nada además de la guerra.

Con eso en mente fue que me dispuse a decirle que ya no podría seguir perdiendo el tiempo en su departamento, que le agradecía por todo y darle un numero al que pudiera llamarme si las cosas se ponían peligrosas en su vecindario. Ya solo quería irme de allí y dejar de sentir esa incomodidad ridícula. Desgraciadamente ella no me dio tiempo de hacerlo. Para cuando yo quise abrir la boca y comentarle todo, ella ya estaba a centímetros de mí. Casi reacciono para apartar sus brazos cuando estos comenzaron a rodearme por mero instinto de combate, pero no lo hice. Frene cuando note que sus intenciones no eran hostiles, que sus muñecas estaban demasiado lejos de mi cervical o la parte baja de mi columna como para representar una amenaza. De alguna forma, el pensar que estaba rodeando mi cuerpo con sus brazos solo por placer me asusto más que cualquier intento de ataque a traición. Y mejor ni hablar de que me paso cuando sentir su cabeza en mi pecho. Sobra decir que nunca había estado en contacto tan cercano, ni duradero,  no solo con una mujer, sino con nadie. De nuevo, no podía sentir su pelo o su piel sobre la mía por el chaleco anti balas y el traje que cubrían mi torso, pero eso no impidió que sintiera la pesadez de su tacto sobre mi cuerpo. Sus acciones parecían estar cargadas de… ¿Cómo se llamaba?... ¿Cariño? ¿Por qué tendría tanto cariño conmigo? Ni siquiera me conocía muy bien, apenas sabia quien yo era, nada de lo que hacía tenía sentido.
Y entonces sucedió, lo que por lejos, por muy, muy, muy lejos, fue la experiencia más…indescriptible de mi vida. Solo eso, indescriptible, porque no sabría cómo describir en palabras lo que sentí en ese momento. Apenas se cómo comenzó. En un momento ella tenía sus brazos envueltos en mi espalda y su cabeza apoyada sobre mi pecho, y al otro, su frente se levantaba y…sus labios se posaban en los míos. No soy estúpido, se lo que es un beso, solo que ese era el primero que recibía. Intente retroceder impulsivamente, para evitar el contacto mutuo y pedirle explicaciones de que estaba ocurriendo, pero para cuando reaccione su brazo ya había envuelto mi cintura y me presionaba con una fuerza secreta que no sabía que tenía, para que poco después otra mano se moviera a mi nuca, para presionar mis labios con los suyos con más fuerza, y asegurar un agarre firme que me impidiera separarme al menos por lo pronto ¿Pero qué mierdas fue eso? ¿Mis reflejos acababan de…fallar? Imposible. Sabía que tenía que haber alguna causa para todo eso, pero me era desconocida en ese momento; tenía que seguir con el beso para averiguar más. La gente tiende a pensar que ese debe ser un momento culminante en la vida de toda persona, que debes sentir como si un montón de mariposas estuvieran revoloteando en tu estómago, que a tus piernas se les va la fuerza de repente, que todo a tu alrededor se vuelve un espacio rosa lleno de flores y Sol, y el sonido del canto de los pájaros, y música romántica sonando en tus oídos a pesar de que sabes que sigues en el mismo puto lugar en el que estabas hace dos minutos. Yo solo sentí como dos labios ajenos, increíblemente suaves y húmedos, entraban en contacto con los míos, y se entremezclaban en un movimiento del cual no podría encontrar símil alguno aunque quisiera, mientras nuestra saliva se entremezclaba. Eso del primer beso no se parece en nada a como lo pintan. No sabría decir si lo disfrute o no, pero no lo odie, y para mi caso particular, no sabría si identificar la sensación que sentí en ese momento con placer o no. Era tan ajeno al placer, por no mencionar que más aun a ese tipo de placer, que, honestamente, no sabía si eso que estaba sintiendo era “placer”. Solo sé que no quería que terminase, no aun, no hasta que hubiese descifrado que era eso ¿Así es como se supone que debe sentirse uno durante un beso para que sea” correcto”? Intente hacer que mis labios se movieran al mismo ritmo de los suyos, pero no hiso falta ningún comentario para saber que falle miserablemente en disimular mi inexperiencia en la materia.
Ese momento entre los dos, que de seguro duro nada más que segundos aunque para mi pasaron como horas, finalmente termino, cuando ella separo su boca de la mía y se alejó ligeramente hacia atrás, dejándome con cara de tonto, sin poder disimular el asombro el desconcierto en mi rostro, mientras pedía explicaciones de lo sucedido, pero solo con mi gesto, pues no podía articular palabra alguna en ese momento. –No te…disculpes- Fue todo lo que llegue a decir, bastante tiempo  después de escuchar su intento de explicación. Mi pecho se sentía raro, no adolorido o acalorado, solo extraño, igual que mi estómago. No sabía qué hacer, estaba auténticamente en blanco, y eso me espantaba.. El solo contemplar siquiera las implicaciones de todo lo que acababa de suceder me causaba un dolor de cabeza. Por eso opte por hacer algo que no había hecho hace mucho tiempo: ignore mi cabeza, ignore mi cerebro y a mi sentido común, y hable sin pensar.- No sé lo que sentí, ni que fue, ni que debería pasar ahora- Sonaba incomodo, y la duda estaba presente en mi voz, cosa insólita para quien me conocería lo suficiente.- Pe-pero…quiero…saber com-como se…siente. No lo sé…ahora.- Hablaba entrecortado, sentía como se me iba el aire, como estaba a punto de colapsar verbalmente, y sentía la necesidad de apurarme antes de que pasara.-

Quiero…saberlo.- Quería descubrir si al final resultaba placentero, o que pasaba. Necesitaba experimentar esa sensación de nuevo, para saber si me hacía bien o no, esta vez por más tiempo, de otro modo. Esperaba que así al menos pudiera descubrir algo sobre el estado antinatural en el que mi cuerpo y mente se encontraban en ese momento. Por eso fue que la tome por los hombros, sin molestarme en ser cuidadoso producto de los nervios, y me toco a mi besarla a ella. Aun no puedo creer que use esa palabra, besar. Deposite mis labios en los suyos, e intente emular, esta vez con un poco más de éxito, sus movimientos, pero esta vez en su boca. La presione con fuerza contra mí, para que no pudiera zafarse, mientras mis brazos rodeaban su espalda y se envolvían en ella, asegurando que nuestros cuerpos se unieran. No preste atención al como nuestros sus pechos se unieron al mío, ni a la sensación del latido de su corazón unirse al mío como si fuesen uno mientras la sostenía contra mí; de esas cosas me percate solo después, de un rato, por el momento estaba ocupado con el segundo beso.

No sabía si lo que estaba haciendo debía ser considerado como algo romántico o intento de abuso, pero no podía importarme menos.
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MensajeTema: Re: La cazadora y el asesino en masa.(Helena Bertinelli)   15th Diciembre 2015, 00:36

No esperaba que reaccionase tan bien. Cuando el se quedo quieto, tratando de calmarse y de pensarlo, sabia que algo habia despertado en el, algo innato a todas las personas: El deseo de querer a alguien mas, aun en momentos peligrosos. Quizas el por su vida y por sus experiencias nunca habia tenido esa capacidad desarrollada o desinhibida, pero cuando algo te despertaba subitamente, tenias que actuar con lo que sabias y rezar por no equivocarte. Esperaba que el no se equivocase, aunque tampoco importaria mucho, pues no esperaba que el fuese un amante bandido como esos de las peliculas, seria como... ¿lo mas extraño que he hecho en mi vida? ¿Qué mas da? Me la estaba pasando bien.

Le sonrei, algo apiadada de su condicion tan avergonzada, como un colegial tras su primer beso, que solamente me pude hacer un poco para atras y estirar mis manos para que las tomara. El probablemente era mas grande que yo, pero si hablabamos de experiencias... Seguramente era la primera vez para muchisimas cosas. ¿A cuantas casas habia entrado con invitacion sin la necesidad de matar o para que le encargasen matar a alguien? ¿Cuantos vasos de agua le habian ofrecido por amabilidad en toda su vida? Era tan complicado pensar en lo que le habia pasado a Jonathan que sentia muchisima compasion por el, como si el tambien sintiese un poco de lo que fue mi infancia perdida por mi pasado... Vaya, no quiero pensar en eso, lo mejor seria concentrarse en el...

-¿Ahora? -Levante un poco los ojos, algo sorprendida. El me tomo por los hombros con fuerza, mientras sentia el peso de sus manos en mis claviculas, bajo la cabeza un poco y me empezo a besar. Vaya, esa iniciativa viniendo de el me sorprendio bastante, asi que cerre los ojos mientras disfrutaba el beso y me pegaba a el. Lo empuje un poco con mis brazos hacia el refrigerador, mientras seguiamos besandonos hasta que senti mis manos tocar con el respaldo de las puertas del refrigerador. Seguia besandolo, con los ojos cerrados mientras mis dientes servian para morder con fuerza sus labios y posteriormente, su lengua. Morder su lengua duro unos cuantos segundos hasta que lo solte para que no estuviera muy adolorido, pero mantuve mis labios junto a los suyos otros segundos mas, hasta que nos separamos. Levante mis brazos, recostandolos encima de sus hombros para juntar mis dedos detras de su cabeza y sonreirle con las pupilas ligeramente dilatadas. No sabia que decir, ni como decirlo, ni absolutamente nada... solo hablaba sin pensar, diciendo lo primero que se me ocurria.- ¿Y si te quedas a dormir conmigo? En mi cama cabemos los dos...

OH.
Vaya.


Abri los ojos con la boca abierta, algo impactada por lo que yo misma habia dicho. Eso no estaba nada bien. ¿O si? ¿Que mas daba? Me estaba gustando pasar tiempo con Jonathan, y aunque no tenia nada que contar, si tenia la posibilidad de hacer todo lo que se propusiese. ¿Y si el se proponia aprender a querer a otra persona? Seguramente lo lograria y lograria aprender a vivir una vida normal muy a la sombra de su trabajo, lo cual no estaria nada mal. Baje mi mano derecha y acaricia su mejilla un momento antes de volver a besarlo, ignorando el sonido del agua que empezaba a burbujear. Me separe un momento, gire la cabeza al fuego y levante los hombros, realmente no me importaba. -¿Quieres comer o lo dejamos para después? -Le sonrei y tome sus manos para que las bajara a la altura de mi cintura y me pegara a el, sin embargo, no deje que me agarrara, si no que jale sus manos para llevarlo a la sala, donde casi lo arroje para que se sentara y despues, a horcajadas me sentara encima de el para empezar a besar su cuello mientras lo abrazaba. Parecia que tenia que enseñarle casi todo lo que habia que hacer... o podria sorprenderme con la misma fuerza con la que quiso responder mi beso. Parecia que cuando trabajaba con un asesino como el tenia que esperar cualquier sorpresa de su parte.

Empece a acariciar su cintura y senti detras de su espalda, por su cadera, algo bastante frio y duro. ¿Traia un arma? Le mordi el cuello con un poco de fuerza y saque la pistola que tenia en la parte trasera de su pantalon, debajo de la chaqueta y me rei un poco. -Vaya, ¿acaso eres el hombre siempre preparado? -Le guiñe un ojo y deje la pistola en el respaldo del sofa, un poco cercano a los dos. Tenia mucha adrenalina y era excitante pensar que en cualquier momento podriamos reaccionar de manera excesivamente violenta a nuestro cariño y tener una pelea similar a la que tuve con el cuando le conoci en la salida del bar donde habia matado a esos tipos.

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MensajeTema: Re: La cazadora y el asesino en masa.(Helena Bertinelli)   5th Enero 2016, 04:49

Quizás presione demasiado las cosas; quizás debí haber dejado que todo terminase allí, o al menos que esa fuese la pausa antes de la siguiente interacción. Pero no pude. Aunque hubiese salido las consecuencias de mis acciones con tiempo y preparación, creo que lo hubiese hecho de todos modos; no por algún tipo de loco amor a primera vista ni nada de eso, sino por la necesidad ulterior que significaba para mí el saber que se sentía eso. No supuse que ella se pondría tan intensa después del segundo beso, mientras que yo aun seguía batallando para descifrar que carajos tenía que hacer. No podía hacer más que intentar bailar a su ritmo y rezar por que estuviese haciendo las cosas indiadas, en vez de solo estar haciendo cualquier cagada. Ella volvió a tomar la iniciativa con bastante rapidez, colocando mi espalda contra el refrigerador mientras sus brazos rodeaban los míos, aprisionándome contra el electrodoméstico. Sobra decir, que no me gusta sentirme aprisionado, sea como sea y en el contexto que sea. Me trae malas memorias, simplemente me pone incomodo, y no me gusta estar así por mucho tiempo. Incluso intente ignorar el hecho de que me estuviese mordiendo los labios, solo concentrándome en zafarme de esa posición lo más pronto posible, pero cuando me mordió la lengua, no pude evitar perder el tren del pensamiento por un momento. Esa acción suya me había tomado desprevenido. A decir verdad, todo su uso de los dientes me había desconcertado, pues según tenía entendido el acto de besar consistía en el uso de los labios y, en todo caso, de la lengua, pero nunca de los dientes. Y aun así estaba ella, mordiéndome la lengua; no pude evitar pensar en ella arrancándomela con los dientes, para ver cómo me desangraba hasta morir. Cosas de instinto paranoico supongo, aunque por suerte resultado estar equivocadas.

Y entonces soltó la bomba. Me invito a dormir a su cama con ella. Eso definitivamente me tomo por sorpresa, y por segunda vez en toda la noche, me quede helado, sin saber que hacer o decir a modo de respuesta. Quizás y0o estuviese siendo paranoico como siempre, quizás fuese solo mi inseguridad y esa era una simple y honesta invitación a dormir en su cama. Pero otra parte de mí, la menos inocente, me decía que sus verdaderas intenciones eran otras muy distintas; y en ese momento todo lo que quería escucharla, pues se me podían ocurrir un millón de excusas para rechazar amablemente su solicitud. Recuerdo muchas historias de mis días en el ejército, contadas por aquellos que por un tiempo fueron mis compañeros en zonas de combate peligrosas; es común que entre soldados se cuenten ese tipo de historias en esa clase de ambientes, ayuda a levantar la moral o les da algo en que ocuparse para que así no pasen su tiempo pensando en lo desesperada que es su situación. De todas esas historias, la mayoría eran respecto a sus novias, amantes o esposas y al como las conocieron. Si mal no recuerdo, basado en lo que puedo extraer de la mayoría de las historias que componían esa categoría particular, casi todas esas relaciones iniciaron con la invitación de uno u otro para “acompañarse en la cama”. Y a decir verdad, el solo hecho de que esa fuese una posibilidad real y existiese bastaba para convertirla en mi principal preocupación.

Tenía que pensar en un modo de decirle que no sin que se enojara o se sintiera mal, pues aun tenía intenciones de mantenerla como aliada a pesar de todo y no quería empezar con mal pie. Pero no podía quedarme en su casa. Podría haber dicho que fue por que no podía darme el lujo de invertir tanto tiempo como sería una noche en cualquier cosas que no estuviese estrictamente relacionada con mis operaciones, y quizás me hubiese creído, pero la verdad es que no era por eso. La verdad es que me encontraba perturbado por lo repentino de su petición, y de todas las implicaciones que podía tener. Me asustaba eso, por más que jamás se lo diría a nadie. Y por eso no podía acompañarla, al menos no por el momento. Primero tenía planeado hacer una investigación exhaustiva en el tema de las relaciones, de los actos sexuales, de las implicaciones de todo lo que había ocurrido en su casa, revisar pericias psicológicas y antecedentes, así como encuestas. No pensaba aceptar su invitación hasta que pudiese determinar con certeza todo lo que había ocurrido, y lo que debería ocurrir a partir de ese momento.

Tan enfrascado estaba intentando buscar una excusa para no aceptar que casi no pude notar cuando ella me tomaba por la cara y comenzaba besarme de nuevo; parece que la italiana tenia energía de sobra, o quizás hacía mucho tiempo que no tenía oportunidad de hacer algo como eso. Pero desde luego no paro ahí. Me tomo por las manos, me arrastro hasta el asiento más cercano y le tiro allí, solo para colocarse sobre mi segundos después. En un principio creí que volvería a colocar sus labios en los míos o sus dientes en mis labios…pero no. En realidad opto por colocar sus labios en mi… ¿Cuello? ¿Era esa otra forma de realizar un beso? Tendría mucho por investigar una vez que saliera de allí.

A pesar de todo, y de mi creciente incomodidad, las cosas estaban saliendo bien. Énfasis en “estaban” pues todo se fue a la mierda cuando saco mi arma de su escondite. No fue esa acción en su ola que me preocupo y me desconcertó, sino la acción posterior a esa: ella mordiendo mi cuello. Ni siquiera preste atención a sus palabras, solo me concentre en esa acción, y entonces todo se fue a la mierda. No pude evitarlo en realidad, fue un reflejo, producto de una vida de guerra y muerte; los veteranos como yo terminamos desarrollando esta clase de respuestas musculares ante las más mínimas provocaciones. Antes de que pudiese detenerme a mí mismo, mi brazo se estiro hacia su garganta, sujetándola en un parpadeo, con la misma velocidad que uso para atrapar balas y presionando con fuerza. No me di cuenta de que estaba presionando su tráquea con fuerza hasta unos segundos después, y entonces la solté, apartándome de ella con tal brusquedad que casi la tiro del sillón.- Lo siento…- Respondí, agitado, mientras respiraba de forma pesada.-El cuello no…se toca…- Intente recuperarme del sobresalto mientras hablaba, esperando que pudiese disculpar el sobresalto. Es solo que el cuello no se toca. No es que desconfiara de ella (demasiado) ni que creyese que pudiese matarme (demasiado), pero sus dientes en mi cuello me preocupaban. Principalmente por que en muchas ocasiones he asesinado gente cortando su yugular de una manera similar…con mis dientes. Recuerdo una vez en la que escape de un campo de prisioneros en Arabia. Estaba atado de manos de modo que tuve que cortar la yugular de mi carcelero clavando mis dientes en su cuello y haciendo que se desangrara hasta morir para robarle su llave. Luego de cosas como esa, solo digamos que uno se vuelve precavido para asegurarse de que no le pasen a uno mismo.

Y entonces se me ocurrió, aprovechar ese sobresalto como una excusa para declinar generosamente su oferta.- Creo que…después de todo esto.- comencé a decir, aun respirando a un ritmo bastante acelerado.- Lo mejor será que me vaya…- Recién entonces comencé a controlar un poco mi respiración, lo suficiente como para poder hablar sin tener que estar entrecortándome cada tres palabras.- Puedo cenar aquí, si tú quieres….pero creo que lo mejor sería irme después.- Quizás en una semana me odiaría por eso, pero de momento, solo quería terminar de cerrar el trato con ella e irme, investigar un poco del tema, y tal vez volver otro día…por curiosidad claro.
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MensajeTema: Re: La cazadora y el asesino en masa.(Helena Bertinelli)   21st Febrero 2016, 21:34

Mis besos siguieron, continuando aun pese a la inexperiencia de Jonathan. Me gustaba sentir el tacto de su barba sobre mis mejillas, lo que hacia que siguiera besandole pese a que sentia los nervios con los que el estaba actuando. Era dificil, lo sabia, yo tampoco tenia mucha experiencia en relaciones amorosas con nadie, siempre mi agresividad me aislaba de gente que se podia acercar a mi, y el hecho de que alguien viese todo lo que era capaz en accion y aun asi se quedase conmigo me hacia pensar que esto podria ser muy interesante si los dos poniamos de nuestra parte. Tambien influia el hecho de que hacia mucho tiempo no estaba en un momento intimo con ningun hombre y las perspectivas que tenia no eran para nada atractivas: Compañeros de clase que eran unos maricas, y mafiosos a mi alrededor que eran unos cerdos a los que no tocaria ni con un palo.

Despues de morder su cuello, su mano se estiro hacia mi y me tomo del cuello, apretandome alrededor de la traquea. Senti subitamente el dolor de no poder respirar ante la fuerza con la que me agarro y le di un par de golpes en los brazos para que me soltara, hasta que unos segundos despues, me solto y se retiro del sofa, mientras yo tomaba aire bastante agitada debido al ataque. ¿Qué demonios estaba pasando? Alce la vista y me le quede viendo mientras me levantaba de mi sillon, mirandole con una mirada asesina...

-Eres un... tarado. -Me puse de pie y fui a la cocina, bastante enojada ante lo mal que habia girado todo. De haber sido una invitacion bastante sensual a mi casa, ahora habia tenido que evitar que me matase por morderle el cuello... ¿Por que no puede reaccionar como una persona normal y soltar un gemido o apretarme una zona que no dificulte mi respiracion? Estaba bastante molesta con esto, y sobretodo por el hecho de que me estaba sintiendo tan feliz y tan comoda que de pronto, por sus tonterias, ahora me sentia extraña... Me detuve en la puerta de la cocina y me gire- Esta bien... quedate a cenar...

Y me meti a la cocina, apagando el fuego que hacia hervir el agua de la pasta para despues agacharme a tomar un colador de plastico donde vertir la pasta que habia puesto. Quedaria un poco suave por el tiempo que se quedo al calor de la llama, pero supongo que no estaria nada mal... En estos momentos, no me sentia con ganas de esmerarme para darle algo bueno a Smith por culpa de sus manos asfixiantes...

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MensajeTema: Re: La cazadora y el asesino en masa.(Helena Bertinelli)   11th Mayo 2016, 22:48

Me hubiese gustado poder culpar de todo aquello a la mala suerte que me había acompañado toda mi vida, desde el ceno materno hasta ese momento. Desgraciadamente no pude; bueno de poder, hubiese podido, pero sabia que, en realidad, no era enteramente culpa suya. A lo sumo diría que en un 80% la responsabilidad fue mía. Mis reflejos son muchísimo mas sensibles que los de cualquier humano normal, tal y como deben ser para que pueda ver las balas en el aire y evitarlas. A lo largo de mi existencia, mi experiencia militar me ha llevado a desarrollar no solo una "sana" paranoia y sentido de precaución hacia todo lo que me rodea, sino que ademas me ha acostumbrado a un modo de vida donde la clase de señales que Helena me había mandado durante toda la noche me eran completamente desconocidas. Jamas nadie había hecho eso conmigo, en mi cuello; no de esa forma al menos. El cuerpo tiene memoria eidética. La memoria muscular implica que nunca se olvida de determinados movimientos y los ejecuta mejor conforme mas se lleven a cabo. Asimismo, el cerebro tiende a recordar determinados momentos asosciados al dolor, propio o ajeno, y los guarda en su "banco de datos" para asegurarse de que no sean olvidados. Así es como nunca se olvida como andar en bicicleta, o como manejar un nunchaku sin romperte la cabeza.

Desgraciadamente eso no me sirve de excusa. La situación me había sobrepasado ya desde antes de que mordiese mi cuello. Me encontraba en terreno desconocido y jugando con fuerzas mas haya de mi comprensión. De nuevo, culpa mía. Quizás de haberme ido anteriormente, cuando tuve la oportunidad, eso se hubiese evitado. En retrospectiva y desde el punto de vista logico, nunca debi haberme quedado con ella. Si me hubiese limitado a darle un comunicador y listo, ya todo habría acabado. Eso era lo mas razonable. Y sin embargo estaba alegre de no haber hecho eso. Curioso; estaba alegre de no haber hecho eso. Algo dentro de mi me decía que, independientemente de todos los problemas que había ocasionado, estaría peor de lo que ya estaba en este momento. Una sensación extraña. Sin importar todo el lió y la incomodidad, yo quería seguir ahí, y no estaba realmente arrepentido de haber ido, no lo suficiente al menos. Si me hubiese retirado temprano, entonces jamas hubiese podido experimentar las cosas que hice con Helena. Que si, que ni puta idea de los besos ni las caricias ni todo eso que acabábamos de hacer, pero no me arrepentía de haberlo hecho a pesar de todo. Simplemente, disfrute intentarlo con ella. No se por que, ni a causa de que, solo fue así; una decisión ilógica cuya razón de ser no podía entender, y que aun así aceptaba y respaldaba. Extraño. Aun hoy pienso en ese momento, y no logro descifrar que era lo que me mantenía dentro del departamento. Habia arruinado todo, la mujer debía odiarme en ese momento; ya no había motivos para seguir intentando cumplir una misión fracasada. El comando que hay en mi me dijo muy claro: Solado, retírese, ya no tiene por que seguir aquí.

Creo que al "humano" que había dentro de mi le habían crecido finalmente las suficientes pelotas como para tomar el mando y decir "Vete a cagar, él se queda". O al menos así me lo imagino; eso paso en una caricatura que vi una vez en un noticiero mientras esperaba que apareciese algo el locutor.

Y al final este ultimo lado acabo siendo el mas fuerte de los dos, y me quede en el departamento, ya con mis ideas un poco mas claras. No quería aceptar ese odio, o al menos no podía. No tenia ganas de irme, al menos no todavía. Si me disculpaba o no, no podía forzarla a hacerlo, pero al menos tenia que decirle que lo sentía. Siempre hay una primera vez para disculparse, supongo. Tampoco es como si hubiese podido hacer mucho mas en ese momento: ni siquiera tenia del todo claro que estaba pasando con mi cerebro, menos aun lo que pasaba con mi cuerpo cuando la mujer estaba cerca. El simple hecho de que fuese capaz de llamar mi atención a tal grado que ni siquiera pude controlar mis propios reflejos a tiempo suficiente como para no intentar aplastar su traquea ya me tenia bastante desconcertado.

Finalmente la cena estuvo terminada. Llevo un plato de pasta a la mesa, y nos dispusimos a comer. Se notaba a la legua el odio, o al menos el enojo presente en su mirada cada vez que nuestros ojos se cruzaban. Estaba muy enojada, y tenia razón de estarlo. La tensión en el aire era tal que prácticamente podía cortarse con un cuchillo. Sabia que después de todo ella no me hablaría, que si quería iniciar otra conversación tendría que poner de mi parte, y eso hice. No sin mucho esfuerzo claro. Nunca me tembló el pulso a la hora de tirarme con un cuchillo contra diez enemigos armados con armas automáticas, y en ese momento estaba como si me faltase el aire para hablar con ella y disculparme. Ahora entiendo los comentarios de los soldados en Afganistán que se quejaban de lo complicadas que son las mujeres. Creo que lo que quiso decir es que los hombres tienen una dificultad natural para entenderlas. Fuera como fuese, estaba bastante nervioso. No se cuanto tiempo habré pasado mirándola a la cara como un tonto, pero cuando finalmente pude hablarle, lo único que me salio fue un -Discúlpame...- A lo que rápidamente agregue.- Por lo de antes.- Apenas fui consciente de que había dicho muy poco. Entonces junte un poco mas de valor y proseguí.- Nunca nadie me...me había tocado así el cuello. Soy...extraño a esas cosas. Lo siento, fue, como un reflejo. No sabia que hacer, ni como reaccionar; mi memoria muscular pensó antes que mi cerebro y...paso eso....discúlpame.- ¿Que mas podía decir? Realmente nada me venia a la mente para justificarme, solo esperar a que ella no me odiase demasiado como para siquiera responderme.
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MensajeTema: Re: La cazadora y el asesino en masa.(Helena Bertinelli)   6th Julio 2016, 03:09

El hecho de que le cortase de pronto el deseo de estar con el no le molestaba tanto en comparación al hecho de que lo habia hecho casi matandola. Aun sentia el dolor en su cuello, la mano que se habia aferrado violentamente le pudo haber roto el diafragma o haber lastimado las venas que llevan a la cervical... Y eso no le parecia lo mejor que una persona podia hacer hacia su anfitriona que le estaba besando.

Si por mi fuese, ya le habria disparado en el riñon, pero decidi que su venganza seria mejor. Tenia que actuar con sabiduria, pues la desventaja de un tipo que no sabe estar con una mujer es que no hay formas faciles de hacerlo sentir mal y humillarlo. Ello requeria la mayor suma de ingenios que pudiese dar, pero cuando necesitaba ser creativa, una especie de luz de inspiración me asaltaba con mas frecuencia que en cualquier otro escenario. Mas le valia a Jonathan no encontrarme en esos cinco minutos.

Verti la pasta en el colador y empece a preparar el sazon para sofreir una salsa de tomate que venia en un bote de cristal. No, no por ser italiana tenia que perder el tiempo en una gastronomia gourmet cuando la persona que me habia hecho feliz me habia dejado en una ira venenosa sin ningun tipo de consideración. Pudo haberme hecho enojar en medio del tiroteo y no habria habido problema, pues me habria desquitado con otra persona. ¡Pero no! Tenia que hacerme enojar en mi casa cuando lo estaba con el.

Segui preparando la pasta, sacando cada ingrediente para que tuviese un poco de jamón. Conforme avanzaba en su preparación revisaba que la salsa se repartiese equitativamente por toda la olla y diese un buen sazon a las barras de espagueti. Cuando sentia que ya estaba preparada, servi una buena ración en un plato y agarre un cucharon con picos para que pudiesemos servirnos en la mesa, el cual lleve. Despues puse dos platos y un tenedor junto con un bote de queso parmesano.

Me sente violentamente y me servi espagueti sin pregunalre a el si queria que le sirviera. Estaba aun mas enojada, como una fiera que esta dispuesta a atacar en cualquier momento, cuando me pidio disculpas. Deje de comer y lo mire a los ojos, echando un mechon de cabello hacia un lado para que no interrumpiese mi visión sobre el. Cuando termino, mi ira se habia aplacado tan solo un poco, pero me daba la oportunidad de hablar con el sin tener que lanzarle un cuchillo al pecho.

-Eres un idiota, Smith. ¡Cuando una chica te invita a su casa en la madrugada despues de un subidon de adrenalina, normalmente no quiere que la asfixien! No se con cuantas personas has estado en tu vida, ni si has hablado con amigos sobre lo que debes o no hacer, pero trata de que cuando alguien te intenta dar un poco de afecto sin querer asesinarte no lo golpees. -Bufe molesta, dejando unos segundos de silencio- Cuando haces enojar a una mujer, normalmente deberias intentar conseguir algo que la haga feliz, como unos chocolates o unas flores... Me gustan las Dalias.


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MensajeTema: Re: La cazadora y el asesino en masa.(Helena Bertinelli)   23rd Julio 2016, 21:23

Estaba muy molesta conmigo, eso había quedado claro. En realidad supongo que molesta seria un eufemismo; reconocía las ansias de sangre en sus ojos. De seguro ya habría contemplado mínimo dos veces la posibilidad de asesinarme, y los modos de hacerlo. No hace falta ser un detective ni nada por el estilo para comprobar sus emociones. Se notaba por su modo tan violento de sentarse, su negativa a entablar cualquier tipo de conversación conmigo. No soy demasiado bueno en eso de "descifrar" las emociones ajenas, pero si hay una que puedo reconocer es la ira. En especial la ira centrada hacia mi persona. En mi linea de trabajo estoy acostumbrado a que las personas sientan ira hacia mi, o miedo, rencor, odio. Desde luego que no soy muy conocido precisamente por tener lo que se llamaría un "buen historial" en esa clase de cosas. Sin embargo, por algún motivo, la ira de Helena en particular me preocupaba. Es raro, nunca me había preocupado por como se sintiese la gente respecto de mi; todo lo contrario, el ser odiado/temido por todos aquellos que alguna vez conocí ya se me había hecho una costumbre, y nunca me perturbo el sueño precisamente. Y a pesar de todo aquí estaba, intentando, por algún motivo ajeno a mi conciencia, resolver las cosas con una vigilante enmascarada que había conocido recién esa misma noche.

Observe con cautela como terminaba de preparar la comida y la servia en la mesa. Se que tendría que estar confiando mas en ella, pero algunos instintos solo no se pueden ignorar. Siendo justo, hacia nada mas que unas horas la había visto volar en pedazos a un grupo de mafiosos, entre otras tantas cosas con una ballesta, así que ya tenia claro que esa mujer no tendría problema alguno con volver a ensuciarse las manos. Solo por eso preferí esperar a que ella degustara la comida primero, ya que toda la pasta provenía de la misma cacerola, y si la suya estaba bien pues la mía no debería tener veneno. Estoy familiarizado con el sabor particular que esa clase de "condimentos" dejan en la comida, por eso me calme un poco cuando comprobé que la pasta no tenia ninguna clase de droga o veneno, aunque no deje que dicha satisfacción se reflejara en mi gesto, y conserve la misma cara seria pero apenada que venia teniendo desde el momento en el que me senté a la mesa. No podía dejar que ella pensara que yo sospechaba que intento agregarle algo raro a mi comida, pero a juzgar por la mirada de ira fría que seguía recibiendo, de seguro le hubiese gustado hacerlo. Como dije antes, no hay que ser un genio para saber que en ese momento tenia ganas de matarme.

Entonces hablo; era de esperarse que empezara con un insulto, y supongo que el sermón que continuo también debería habérmelo visto venir. Su error fue considerar que estaba hablando con alguien en una posición similar a la de ella, al menos socialmente hablando; quizás creyó que mi pasado militar no era diferente al del típico soldado promedio, aunque no podía culparla por ello dado que fui yo quien opto por ocultarle esa información.-Yo no tengo amigos...- dije después de un rato; en este momento no estaba tan apenado, sino mas bien hablaba como quien señala un hecho objetivo sin importancia.- Nunca tuve amigos, ni familia. Nunca estuve con nadie, y desde que nací hasta este día tu eres la primer persona que me invita a su casa. Se podría decir...que no viví mucho en sociedad. Creo que hay mucho que no se...- No se en que punto había dejado de tratar de excusarme para pasar a autocompadecerme de la forma mas ridícula, pero en realidad creo que esa clase de cosas me afectaban mas de lo que quería admitir. Supongo que me afectaban a un nivel subconsciente. La verdad no suelo detenerme a pensar en todas las cosas que pude haber hecho y no hice debido a lo que ocurrió cuando nací. Era en esa clase de situaciones que tenia la oportunidad de lamentarme por todo lo que no experimente; pero lamentarme de verdad. A veces pienso como hubiese sido mi vida si las cosas hubiesen resultado diferentes. Quizás hubiese sido un terrorista como mis padres, asesinado en nombre de una causa que no comprendía. Tengo poderes mutantes, tal vez hubiese podido ser...un héroe, y no un soldado. Quizás podría haber sido un Avenger, o un X-Men. Quizás ahora podría estar luchando junto a la Liga, en vez de escapándome de ellos cada vez que se acercan. Quizás ahora mismo estaría acostado en la cama con Helena, y no intentando disculparme por cosas que hice cuando no sabia que hacer.

Pero lo hecho, hecho esta, y ahora no hay marcha atrás. Y soy un soldado, un genocida...un asesino en masa. Mis manos ya están manchadas. Ya soy un "villano" a ojos de los justos; ya no puedo ser un héroe, solo un vigilante. Los héroes me detestan, los villanos me temen, y no tengo los conocimientos sociales como para llevarme bien con aquellos de mi propio "alineamiento". Es lo que toca, supongo. Quiero pensar que existe un Universo paralelo, donde hay un Smith que consiguió esas metas, que logro ser un héroe, o al menos mas que un asesino. Y si es así, me encantaría conocerlo algún día, y ver el reflejo de lo que pude haber sido.

Desgraciadamente, yo no era ese caso, era lo que era ahora, y no podía ser otra cosa. Y lo que era ahora, era un idiota que necesitaba disculparse.-¿...Dalias dijiste?¿Son flores, verdad?....¿Donde se consiguen?- Ojala hubiese un florista abierto a esa hora.
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