Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 El demonio encadenado [Hellboy]

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Kim HwaJae
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MensajeTema: El demonio encadenado [Hellboy]   16th Febrero 2015, 23:22

28 de Abril de 2018, al anochecer.

Llevaba paseando por esa fábrica todo el día. Había acudido allí la noche anterior por la llamada del deber, y Mephisto se había puesto en contacto conmigo para encargarme otra de sus sucias tareas. Otra vez como su jodida chacha, recogiendo lo que él ensuciaba. Otra vez haciendo lo que tocara, como si no fuese más que una recadera. Otra vez una puta conversación que no quería oír más sobre lo poco que quedaba para ganarme la libertad. Hacía tiempo que había dejado de pensar en eso. Lo único que quería era que me dejara en paz. Poder pasar las noches durmiendo entre la basura, sin despertarse sobresaltada con algo que hacer, llegando tarde a todas partes, haciendo cosas que no me apetecían. Quería dormir de un tirón, y poder despertarme sin estar ardiendo en llamas. Coño, ¿Era tanto pedir?

Llevaba eludiendo el recado todo el día, y que no creyera que pensaba hacerlo. Podían darle bien por donde amargan los pepinos un par de lujuriosos demonios de mil rabos. No, de eso nada. Como siempre hacía, lo pospondría todo lo posible, lo suficiente como para que le escociera al menos. Después de ser consciente de lo que me había hecho, de lo que había pasado, después de más de veinte años de reflexión, había llegado a la conclusión de que la única manera de librarse de ese jodido bastardo era serle totalmente inútil. Por eso siempre atrasaba sus encargos. Hacía las cosas tarde, y si podía, mal. Así no le saldría rentable tenerme. Se cansaría de mí. Esa era la conclusión lógica. Pero con ese, lo lógico no valía. Da igual lo que me esmerara en molestarle, siempre acababa cumpliendo, y él encargándome otra cosa. Era como un duelo de paciencia, a ver quien se cansaba antes de toda esa mierda, y estaba claro que iba ganando él.

- ¡MIERDA!- gruñí pegándole una patada a una caja de madera podrida que se convirtió en polvo y carcoma. Luego tosí y me alejé de la nube de serrín.

Tenía que mantenerme ocupada. Pensar en cómo fastidiar su último encargo. No hacer caso a esa especie de clavo que me salía en la cabeza cada vez que me pedía que le hiciera "un favorcito". Andar de un sitio a otro, dando patadas a cosas. Eso era productivo. Me ayudaba a no pensar en lo que tenía que hacer. Me ayudaba a concentrar todos mis esfuerzos en cagarme en Mephisto en todos los idiomas habidos y por haber. La luz anaranjada se colaba por la enorme puerta de la factoría, frente a la que paseaba de un lado a otro, como un guardia diminuto, con los patines colgados al cuello, y un cañón de confeti atado a la espalda. La fabrica era un buen sitio en el que pasar la noche, salvo que te dieran miedo los sitios viejos, húmedos, apestados de moho, cucarachas y ratas, y cuyo principal público eran algunos vagabundos, putas y yonkis que se reunían alrededor de bidones y fogatas.

Pero hoy eran los menos. Quizá quedara uno o dos, tan cansados de vivir que no se percataron del aura horrible con que Mephisto impregnaba sus lugares de reunión. Repelía todo lo que os imaginéis. Nada acaba con las cucarachas como su olor. Bueno, eso y el cucal.

Me detuve un momento, contemplando el sol anaranjado hundirse detrás de los altos edificios, reanudando otra vez mi paseo. Hoy sería la segunda noche de evasión. Pronto llegaría la hora de las brujas.
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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   17th Febrero 2015, 11:42

-... ¡Y rrecuerrde, agente Hellboy, que debe mantenerr la discrreción en esta misión! ¡No pienso tolerrarr otrra de sus salidas de tono! ¿Lo ha comprrendido?- La voz de Johann salía de los intercomunicadores. Estaba furioso, enfadado y había perdido la paciencia. Las últimas misiones del B.P.R.D habían salido bien, pero a un alto precio. Todo el mundo sabía perfectamente quién era Hellboy. Desde el choque de universos los seres sobrenaturales con ganas de tocar las narices se habían multiplicado por mil. Nunca habían tenido tanto trabajo pateando culos. Un día una panda de trolls salvajes, y al siguiente unos ángeles renegados. No había día que descansasen. Esa noche algo gordo iba a pasar. ¿El qué? ¡Y qué mas da! Lo que el demonio tenía que hacer era llegar, pelearse con alguien, cabrearse como siempre, y terminar el trabajo. Era efectivo. El mejor del mundo haciendo su trabajo, aunque el comité directivo de la organización opinase lo contrario. Pero claro, ¿qué demonios iban a saber ellos? Manning se pasaba el día sentado en su despacho, con miles de papeles que pasaban por sus manos. Las poquísimas veces que había estado en una misión de campo había sido un desastre. Acojonado por las esquinas, pidiendo socorro cada dos por tres. Un auténtico plomazo.

- Claro Johann, porque frenar a un dragón de treinta metros está chupado. ¡Y más aún si se pone a volar por mitad de Chicago!- El demonio puso los ojos en blanco e imitó la voz de Johann con la mano izquierda. Abe, quien andaba a su lado, negó ligeramente la cabeza y suspiró. No le gustaba cuando Rojo se ponía en plan sarcástico, pero tampoco podía culparle. Cierto era que muchas veces, la razón por la cual les habían visto era inevitable. A su parecer, Hellboy se merecía un voto de confianza. Puede que se dejase ver algunas veces, pero lo único que quería era ser aceptado, cosa muy difícil en el mundo en que vivían, y más siendo un demonio de color rojo de más de dos metros.

- No se preocupe Johann, todo irá sobre ruedas. No nos verán ni nuestras sombras.- Y cortaron la comunicación. Hellboy frunció el ceño y miró a Abe.

- ¿Ni nuestras sombras? ¿Acaso te han sentado mal los huevos podridos? ¿Cómo no nos van a ver nuestras sombras? Es igual, prefiero no saber de dónde te has sacado esas tonterías. Venga, es aquí. A ver con qué nos encontramos hoy.- El demonio abrió la puerta del enorme edificio, la cual chirrió pesadamente mientras una luz anaranjada se colaba, proyectando dos largas sombras frente a ellos. El olor a húmedo y moho les llegó como una bofetada. Todo estaba silencioso. Más silencioso de lo habitual. Algo no iba bien, y el demonio lo sabía. Indicó con un gesto con la cabeza a Abe que entrase y que mirase a su alrededor. Desenfundó su enorme revolver y caminó, mirando en cada esquina, por encima de ellos, atento de cualquier cosa fuera de lo normal que pudiese haber allí. Y tan fuera de lo normal. Lo que encontraron fue una pequeña niña que daba vueltas dentro de aquel edificio. El demonio no la apuntó, pero tampoco guardó el arma. Ya había visto a cosas más pequeñas transformarse en seres que te comerían la cara de un mordisco sin que te dieses cuenta.- ¡Eh niña! ¿Qué demonios haces aquí? ¿Acaso no sabes la hora que es? Deberías estar en casa con tus padres...- Hellboy buscó a su compañero con la mirada. Él no podía ver lo que un ser era, y le necesitaba para que le dijese si esa pequeñaja era peligrosa o no.

- ¿Has encontrado algo Rojo? ¡Oh! ¡Hola, pequeña! ¿Te has perdido? ¿Estás bien?- Discretamente, Abe extendió sus palmas hacia ella para ver qué era. Sin embargo, el aura que rodeaba todo el interior del edificio era tan fuerte que cegó al hombre pez lo suficiente como para no darse cuenta de lo que era ella en realidad. Habría sido como intentar sentir el calor que desprendía una bolita de metal en medio de un horno. Hasta que no la tocases, no sabrías que estaba allí. Azul se acercó a la muchacha sonriéndola, o haciendo lo más parecido a una sonrisa que podía.- Tranquila, no vamos a hacerte daño. ¿Cómo te llamas?

- Abe, ten cuidado. Los niños parecen buenos y monos, pero luego te muerden y te dejan marca siempre. Tú, canija. Dinos de dónde has salido y qué haces aquí. No es el típico sitio donde soléis ir a jugar los niños, así que o estás tramando algo, o estás muy perdida. Y si es la segunda créeme que este es el peor sitio donde puedes estar.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   18th Febrero 2015, 20:35

No estaba viniendome nada bien los paseos. De hecho me estaba poniendo nerviosa por momentos. Seguramente era por que habia entrado en una espiral que consistia en pensar lo mucho que odiaba lo que me habia hecho Mephisto, entonces pensaba en la rabia que me daba y las ganas de cabrearlenque tenia, luego en lo furiosa que me onia no poder hacerlo y volvia a empezar, despues de soltar unas cuantas maldiciones furibundas en una mezcla ininteligible de coreano e ingles. En eso estaba cuando empece a oir pasos que se dirigian hacia mi dirección, tras los chirridos de una de las puertas de la fabrica abriendose de par en par. Arrugué la cara en un gesto de extrañeza, asomandome un poco y acercandome. Mephisto era un rarito, pero jamas en la vida le había visto entrar andando a ningun sitio. Sería la primera vez. Pero no, en lugar de eso, me encontré dos figuras, cada una más cantosa que la otra y viceversa, metiendose fabrica adentro.

INCREÍBLE.

De todas las putas cosas que podían pasame hoy, tenia que venir un demonio a joder en el peor momento. Pero de qué me sorprendo?! DE QUÉ ME SORPRENDO, JODER!!

- eh, que?...- no le dieron tiempo ni a preguntar que coño pintaban ahí.

Tenía ganas de preguntarles si es que estaban esperando la vez, si ahora Mephisto atendia como si eso fuera una pescaderia de gueto, o peor, si ya ni se dignaba a echarles la bronca a sus esclavos personalmente. No serian ellos los sicarios, no? Iba bueno si pensaba que esos dos mindundis iban a amedrentarla lo mas mínimo. Iba a tener que buscarse una amenaza mejor para que hiciera lo que le había mandado. Pero en lugar de darle tiempo para que les recriminara, uno se puso gallito y el otro padrazo al mas puro estilo poli bueno/poli malo. En otra ocasión me habría reído, pero hoy no, porque estaba de un humor de perros. Lo de entrar avasallando ya era lo último.

- Eh gordo, que maneras son esas?!- le grite de mala gana - Estoy trabajando. Me prostituyo.- uno de esos ejemplos perfectos en los que era difícil saber si hablaba en serio o en broma, o cual de las dos cosas era peor en realidad - asi que salvo que lleveis pasta encima, arreando, que me espantais la clientela- dije volviendo al paseo como si tal cosa.
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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   19th Febrero 2015, 10:10

Abe se llevó la mano a la boca, sin dar crédito a lo que había salido de la boca de aquella pequeña niña. No tendría más de ocho años, lo normal es que hubiese empezado a llorar, a decir que estaba perdida, que quería volver con su madre... Pero decir que estaba trabajando, y más de prostituta, fue algo con lo que el icthio sapiens no contaba. El demonio, por el contrario, levantó una ceja y se acercó a la niña. Apenas medía un metro y poco de alto. No le llegaba ni por la cintura. Miró a su alrededor hasta que sus ojos se encontraron con los de Azul.

- Abe, busca a ver si encuentras algo. Siento una sensación extraña... Y familiar en este sitio.- Y luego se agachó hasta estar a la altura de la pequeña. Guardó su revolver, apoyó el brazo derecho en su pierna y se giró lentamente, hasta señalar con la mano izquierda el sitio donde estaba.- Verás, no te he oído bien desde allí, pero me ha parecido que decías unas cosas muy feas. Y aquí al menda no le gusta que los críos se pasen de listos, de manera que te volveré a preguntar. ¿Quién eres y qué demonios haces aquí? Y te sugiero que esta vez respondas bien canija, no me gustaría tener que darte unos azotes.

Abe ya se había alejado antes de que el demonio comenzase a hablar con la niña. Extendió las palmas ante él. Un aurea maligna, infernal y oscura impregnaba aquel lugar. No tenía un centro diferenciable. Parecía que ese aura provenía de todos y cada uno de los rincones de aquel lugar, como si hubiese sido testigo de algún tipo de ancestral encantamiento o embrujo. Algo que hacía mucho tiempo que no sentía. En concreto, desde los ochenta, cuando Rasputín intentó invocar a los Ogdru-Jahad, los siete dioses del caos. En aquel castillo el hechicero creó una especie de portal místico para que la gran sierpe entrase en el mundo y lo redujese a cenizas, cumpliendo así la profecía de su compañero Hellboy, conocido por las criaturas mágicas como Anung-Un-Rama, quien traería el Apocalipsis al mundo. Lo que Azul sentía en aquel edificio era algo parecido. ¿Podía ser que alguna criatura hubiese entrado desde el otro lado? Los informes del B.P.R.D señalaban una fuerte radiación sobrenatural en las inmediaciones, pero desgraciadamente para Sapiens aún estaba todo demasiado reciente. Veía una enorme nube roja de llamas y pecado. No podía distinguir aún nada. Necesitaría concentrarse... Y tocar. Se quitó el negro guante y apoyó con delicadeza la mano en el suelo. Sólo necesitó que una de sus yemas rozase el suelo. Una figura, ancestral como el tiempo, envuelta en horrores y dolor reía y conversaba con una figura mucho más pequeña que él. El ser alto trataba al pequeño como algo valioso, como un tesoro, temeroso de perderlo, pero seguro de que no lo haría. Un aire fantasmal le cubría, como el de un espíritu que vaga por el mundo. Apoyó su mano sobre la cabeza del pequeño y murmuraba palabras. "Pronto serás liberada". "Nadie te quiere como yo". "Nadie podría quererte como yo". "Necesito que hagas una cosa"... Reconoció a aquel ser. Era Mephisto. Uno de los ángeles caídos con Lucifer. Un demonio cuyos poderes iban más allá que los de cualquier ser al que se hubiesen enfrentado antes. Pero lo que más le chocó fue el rostro del pequeño ser. Lo reconoció al instante. Una niña, morena de pelo y con unas ropas viejas. Era la chica con la que conversaba Hellboy. Sus ojos eran llorosos, impregnados de odio y repulsión. Abe se giró a toda velocidad, corriendo como alma que lleva el diablo para advertir a su compañero. Aquello era mucho más gordo de lo que habían supuesto en un principio.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   19th Febrero 2015, 21:02

El bicho azul entró a la fabrica como pedro por su casa, y empezó a hacer cosas raras con las manos como si estuviera ciego. Le miré con el labio arrugado, enseñando el diente roto, mientras le seguia con la mirada haciendo esas moñada, y luego el gordo se acercó, se arrodilló delante de mi, muy chulito él, y me siguió amenazando. Entorne los ojos a medida que me hablaba, y acerqué mi rostro al suyo hasta que solo nos separaba un palmo. No era el primer monstruo grande y feo que veía, si pensaba que era una baza a su favor, se equivocaba.  

- A lo mejor es que no te funcionan bien los oídos. - le dije, alargando las palabras, muy seria. Luego sonreí, poniendo una expresión más que perversa, pero como estaba reflejada en un rostro infantil, apenas se notaba. Parecía mas pícara que perversa. - ¿Tu? tu vas a azotarme a mi. - me reí en su cara, le mire un par de segundos y luego sin previo aviso cogí un poco de impulso y le hundí un patadón en plena ingle. Podría parecer poca cosa si no fuera porque los niños teníamos un don para reventar pelotas, casi siempre por accidente. Eso combinado con el hecho de que hacía parkour y patinaba, lo cual hacía que mis piernas tuvieran una fuerza considerable, conseguirían un momento de atencion hacia mi humilde persona para dejar claro cómo iba la cosa. Una vez reposicionado, me acerqué a su oreja, otra vez seria.

- No te preocupes, que te lo repito. Tenéis diez segundos, tu y tu amiguito, para salir de aquí echando ostias...- sentí un escalofrío, que me hizo desviar la mirada hacia la esquina. Una intensa sensación de miedo me hizo poner la piel de gallina. - antes de que se ponga el sol. - completé mi amenaza, pero no fui consciente.

Con un gesto rapidísimo, contemplé la entrada, y las últimas luces doradas y naranjas que anunciaban la desaparición del sol tras el horizonte. Mi ceño se funció, y entreabrí la boca en una expresión extremadamente preocupada. Entonces miré hacia el chico pez. Venía corriendo a todo trapo. Observé al demonio y le sujeté de la gabardina, tirando de él inutilmente. Pesaba como un saco de muertos.

- ¡Levanta! ¡Levantate! ¡TENEIS QUE IROS!- berreé, desesperada. Ya notaba hasta el olor. Estaban llegando, pero ÉL no venía todavía, y no podía responsabilizarse de esos cabezas de chorlito. Tenian que desaparecer. YA.
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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   23rd Febrero 2015, 11:20

La pequeña niña se acercó al demonio y le miró fijamente, sin miedo, sin achantarse ni lo más mínimo. Hellboy frunció el ceño. No le gustaba. No se fiaba de esa enana ni un pelo. Resopló, bajó la cabeza y la levantó dispuesto a decirle algo, pero fue incapaz. Un dolor agudo, fuerte e inesperado, recorrió el cuerpo entero del demonio desde la parte baja del vientre. Su mano de piedra abandonó su rodilla y se posó en el suelo, haciendo fuerza con los nudillos. Apretó los dientes y un par de gotas de sudor frío aparecieron en sus sienes. La canija que estaba ante él, ahora luciéndose como si acabase de ganar un premio con los brazos en alto, le había propinado una sonora patada en salva sea la parte que había dejado al demonio sin habla. Abe entró a toda velocidad en la habitación donde estaban ellos buscando a su compañero con la vista, apresurado, nervioso, con la respiración entrecortada.

- ¡Rojo! Rojo, ¿te encuentras bien?- El demonio estaba allí, agonizante, lanzando una mirada de odio hacia la enana que tenía ante él.

- ¡A... zul!- Fueron las únicas palabras que salieron de su boca. Secas, de dolor. Abe se acercó a él y le miró, poniendo una mano sobre su hombro.

- Rojo, creo que aquí nuestra querida compañera es más de lo que aparenta.- Hellboy giró la cabeza, monstrándole a su compañero los dientes apretados, a punto de partirse de la presión que estaba haciendo al soportar el dolor. Apenas habría podido caminar, al menos no hasta un par de minutos después como mínimo.

- ¿No me digas? ¿Y en qué lo has notado, eh?- Dio un fuerte golpe al suelo con la mano derecha, provocando que las losas se desquebrajaran ligeramente, y unas grietas apareciesen por ellas. La niña, no contenta con haber convertido al demonio en algo tan peligroso como un saco de harina, comenzó a gritar a la pareja que debían salir de allí a la de ya. Encima se ponía chulita y mandona. Eso fue lo último que necesitó Hellboy. Le había quitado la paciencia desde la primera vez que se le encaró, pero tras la dolorosa patada había mandado por la borda cualquier gana de charla que tuviese el demonio rojo. Rápidamente, y sin que la pequeña pudiese hacer nada ya que estaba a tan solo unos pocos centímetros del demonio, Hellboy la agarró con la mano izquierda por el cuello. La chica se llevó instintivamente las manos allí, encontrándose con los fuertes nudillos de Hellboy. Poco a poco, se levantó, aún con las piernas temblándole ligeramente, y miró a la niña a los ojos.- Muy bien listilla, a ver cómo haces ahora para alcanzarme. Te lo voy a repetir una última vez. ¿QUIÉN DEMONIOS ERES?

Y con esa frase, los últimos rayos de sol desaparecieron en el horizonte, y la noche cayó sobre los presentes.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   24th Febrero 2015, 00:51

La patada tuvo el efecto deseado. Hundió al demonio sobre el suelo, y lo dejó en pausa durante un rato. Con la mano de piedra pegó un golpe que resquebrajó y levantó el hormigón, y que me hizo replantearme la posibilidad de que un patadón en los huevos igual no había sido la mejor opción para tratar de que esa gente abandonara pacíficamente el edificio. Eso no impidió que recurriera a su consabida costumbre de celebrar cada golpe en las pelotas que daba. Era como un ritual. Alzaba los brazos y hacía vítores simulados. Entendedlo, había tumbado a un gigante rojo de un solo golpe. Eso era digno de celebración.

El pez vino corriendo, muy preocupado por el otro. Los tíos tenían una empatía muy grande con los golpes en esa zona. Podías conseguir que dos enemigos acérrimos se miraran entre ellos apretando los dientes y siseando, si es que un tercer neutral se llevaba una buena patada en los Bowlings. Claro que para eso el pez tendría que tener genitales. ¿Los tenía? No se.

Intentaba ayudarlos a levantarse, cuando noté una mano enorme cerrándose en torno a mi cuello. Se me escapó un gruñido de sorpresa y abrí los ojos, mientras me agarraba con las manos a los nudillos de esa bestia parda que me estaba levantando del suelo, con grandes esfuerzos hay que decir, por que aún estaban por bajarle las pelotas a su sitio. Le clavé las uñas en la mano, pero si lo notó no hubo indicio, clavando mis ojos en su expresión cabreada, mientras me silbaban los pulmones al intentar respirar, lo cual se había vuelto complicado porque me estaban haciendo tenaza en el cuello. Desvié mi mirada aterrorizada hacia la salida, donde las últimas luces naranjas destellaban ya, a punto de desaparecer.

- Largh...ghaos...gjgg- gorjee como pude, mientras aún quedaban algunas luces.

Mis ojos se perdieron en una esquina de la fábrica, cubierta por unas extrañas sombras que bailoteaban como si dentro del lugar estuviesen alumbrados con las luces de unas velas. Pero no había nada de eso. Sólo ellos tres y ese olor... y de pronto se hizo oscuridad.

La negrura de la puesta de sol, seguida de un intenso silencio asfixiante, permitió que los sonidos más sutiles se hicieran intensos. La respiración entrecortada que salía de mi pequeño cuerpo, mientras pateaba el aire intentando soltarme, se aceleró. No podía verlos todavía, pero llegarían. Una voz diminuta fue cobrando fuerza y rebotó en el interior de mi cráneo, más nítida de lo que podía oír ninguna otra.

Se han quedado resonaba. Traté de revolverme, y sólo conseguía hacerme daño en el cuello, con la tenaza de cinco dedos que me tenía sujeta Se han quedado, y vas a atraerlos. Si se quedan morirán. Morirán por tu culpa. noté una punzada de culpabilidad intensa, que me dolía aún más que cualquier otra cosa. Apreté los dientes y gruñí, luchando para evitar esa conciencia que se iba acercando a mí más y mas. No vas a poder defenderlos tu sola. Déjame salir.

- No...No ghierooogh- gruñí en voz alta. Ellos sólo podían oír mi voz exterior, pero para mí la interna cobraba cada vez más fuerza.

Vas a ser la responsable de sus muertes. volví a retorcerme, gruñendo en voz cada vez más alta, oí un crujido que no me gustó nada, así que tuve que volver a parar.

- Hegh... he dicho gue nog...- gruñí otra vez, mientras sudaba del esfuerzo, volviendo a patear el aire sin llegar a nada.

A veces era horrible ser tan pequeña. Sentirte tan insignificante como yo me sentía ahora. Las cervicales me dolían horrores, pero no podía concentrarme en eso, con su voz y el calor recorriéndome los miembros, como un hormigueo.

Será culpa tuya. Son inocentes. abrí los ojos, y las aletas de la nariz se me abrieron y cerraron a un ritmo alarmante. Traté de tragar, a pesar de que tenía la lengua echa un trapo seco, y entonces miré mas allá de la cabeza del diablo, hacia la esquina...

y los ojos se me cerraron instintivamente, por el miedo.

Un grito ensordecedor, y una intensa onda calorífica sacudió el interior de la sección de la fábrica donde se encontraban. El demonio se vio obligado a soltar lo que sostenía, y tanto él como su amigo  fueron empujados hacia atrás, mientras una oleada de intensas llamas demoníacas barrían la estancia prendiendo fuego a algunos restos de cajas carcomidas, telas de estopa, y calentaban ganchos, cadenas y otros elementos metálicos hasta dibujarles una sección al rojo vivo. El ambiente subió varios grados de temperatura, lo cual resultó muy asfixiante para Abe, que estaba tendido boca arriba.

Una pequeña figura se aproximó hacia él, quedando a su lado, y contemplando el cuerpo del hombre pez. Había sufrido algunos raspones y quemaduras leves, pero nada que no tuviera solución. Alargó su mano hacia él y le sujetó por aquel extraño artilugio que llevaba en torno al cuello, provocando que el agua de su interior aumentara su temperatura hasta que produjo una fuga de vapor. El hombre pez abrió los ojos, confundido y alterado, consciente de estar sentado y sujeto por alguien, pero sin poder ver quién era.

El demonio si pudo. Asomó sus ojos amarillos a la siniestra criatura que sujetaba a su compañero delante de él, envuelta en la titilante luz proveniente del fuego que se había extendido alrededor de ellos. Vio la blancura de su cráneo agujereado, por donde paseaba un amalgama de tonos azulados, amarillos y rojos, en toda la gama que el fuego demoníaco que la envolvía podía provocar. El cuero negro de su chaqueta, el carbonizado tutú esponjoso, las delgadas transparencias de sus falanges y los huesos que componían el resto de su esqueleto, que se perdía en el interior de unas botas negras con clavos y puntas de acero. Colgaba de su espalda un inmenso cañón con la boca abierta de una calavera bruñida en cuya superficie jugueteaba la luz del fuego, marcando los rasgos aún mas aterradores del cráneo, que al apuntarte, parecía reírse. No se movió, pero en algún lugar, resonaron ecos de pesadas cadenas, como si resbalaran. Su cabeza mostraba numerosas heridas de guerra de dolores que ningún niño debería verse obligado a soportar: disparos, puñaladas, cortafríos, arañazos, incluso mordiscos. Todo dibujado como un mapa de experiencias, a cada cual peor que la anterior. Pero lo peor de aquella imagen distorsionada por el horror de lo que suponía eran aquellas cuencas vacías en la infantil estructura ósea, que parecían atravesarlo todo, perseguirle incansablemente incluso en el interior de sus propios párpados. No había sitio en el que ocultarse de aquellos pozos sin fondo de color negro, donde brillaba una extraña luz azulada, como la punta de una aguja en el interior de eternas aguas negras.

Durante unos instantes inacabables en los que el fuego continuó aderezándolos con su atmósfera de resplandeciente paciencia, el fantasma vengador no se movió.

Azul luchaba por respirar, buscando a su compañero con movimientos escasos del cuello, hasta que por fin pudo ubicarlo por el rabillo del ojo. El vapor seguía saliendo a través de los tubos de aquel armatoste que llevaba, que en realidad había llevado a esa misión para sentirse mejor.

La calavera se elevó en un gesto nimio, arrollando a Hellboy con su mirada hueca.

- Os advertí que os marchárais.- La voz distorsionada añadía un punto grave y sin duda demoníaco a la presencia del fantasma. Esa voz habría conseguido que un hombre adulto se meara en la cama durante el resto de su vida.
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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   26th Febrero 2015, 09:57

Abe miró a la niña y a su compañero. Hellboy estaba cabreado. No era una sorpresa. Todos conocían la "gran paciencia" del demonio. Pero en el fondo aquella no era más que una niña. Tal vez una niña callejera que había tenido que aprender a cuidar de sí misma y por eso era tan soez y tan gallita. No. Abe sabía que no. Era algo más. La visión que había tenido hacía escasos minutos le había mostrado una imagen descorazonadora, y había sido capaz de sentir el miedo y el dolor que experimentaba la chiquilla.

- Rojo, bájala... Ella no tiene la culpa de ser lo que es.- Pero antes de que el demonio pudiese reaccionar, un potente estallido mandó a los dos agentes volando un par de metros hacia atrás, quedando ambos tendidos boca arriba. Abe fue el peor parado, ya que, a diferencia de su compañero, no era ignífugo, y el abrasador calor le quemaba la piel con sólo rozarla. Se retorció ligeramente en el suelo, llevándose la mano a un par de zonas abrasadas de su piel. Ante ellos, una pequeña figura, de poco más de un metro, comenzó a acercarse. Las llamas le cubrían el cuerpo, especialmente la cabeza. Una calavera blanca con pequeñas roturas aquí y allá, unos ojos negros y profundos, llenos de oscuridad y dolor. Agarró a Abe por el aparato de respiración y comenzó a hacer hervir el agua. Su agonía fue aún mayor al sufrir el calor abrasador en sus delicadas branquias. Intentó buscar a Rojo con la mirada. Este se levantó, se limpió un poco el polvo de la gabardina y comenzó a andar hacia la pareja.

- Vaya vaya Abe, parece ser que al final, el Kinder traía sorpresa...- Y presionó un pequeño botón en el lateral del aparato, abriéndolo y permitiendo a Azul liberarse del dolor. Respiró entrecortadamente y se acarició el cuello, sin dejar de mirar a la niña que hace apenas unos segundos parecía una pequeña huerfana perdida. El demonio sacó un enorme puro y se lo encendió con las llamas que salían del cráneo del Espíritu de la Venganza.- Bueno, bueno, bueno. Tenemos que añadir a otro Ghost Rider a nuestra lista. Seguramente Johny se alegre al saber que hay un nuevo miembro en la familia... Mis disculpas, jovencita. No creía que fueses un ente demoníaca como yo. Permíteme que me presente, me llamo Hellboy. Y este de aquí es Abe. Intenta no acercarte mucho a él, no le gusta especialmente el calor ni el fuego.

El demonio estiró su mano de piedra hacia la jovencita. Los Ghost Riders estaban siempre de su parte, puesto que se dedicaban a patear el culo a cualquier demonio que intentase salir del infierno. Seguramente ella tuviese algún trato con uno de sus "tíos". Mephisto lo más probable, ya que le encantaba tener a su servicio toda clase de criaturas sobrenaturales. O quien sabe, puede incluso que hubiese sido su padre, aunque eso era algo mucho menos probable. Tal vez pudiesen ayudarla, o tal vez fuese ella la que pudiese ayudarles. Fuera como fuese, en el mismo momento en que el demonio vio la transformación supo que tenían un nuevo aliado.

- Sé que puede sonar raro, pero no te preocupes. Estamos en el mismo bando. A mí tampoco me caen bien los demonios a los que les gusta quedarse con tu alma... Y patear sus culos es mi deporte favorito.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   26th Febrero 2015, 20:37

En realidad no se había percatado de que podía estar haciendo mucho daño al bichejo azul. Solo trataba de sujetarlo para que no se quedara tendido boca arriba donde había caído, porque había un gancho al fuego colgando, que tenía pinta de ir a desprenderse de un momento a otro. Cuando el demonio le abrió el aparato a su compañero y lo liberó, poco mas allá se desprendió el susodicho cacharro chocando contra el suelo haciendo un ruido horrible, y sacando unas cuantas chispas. La expresión del Fantasma Vengador se mantuvo imperturbable, todo lo que es posible valorar dicho factor en un rostro formado por una calavera. Ni siquiera se movió cuando el demonio se tomó la libertad de encender con el fuego demoníaco que le envolvía un puro, y se dispuso a fumárselo como si nada.

A pesar de la entretenida presentación de Hellboy, Ghostrider estaba demasiado ocupado detectando la presencia de lo que en principio había temido, y que ahora, atraída por su aroma, estaba atravesando la distancia que los separaba de ellos. Reaccionar a tiempo era fundamental. Tenía que sacarlos de allí. Quizá no llegara a salvarlos ya, pero al menos debía intentarlo, o su conciencia no se lo perdonaría. Una mano de piedra se colocó directamente delante de su cráneo, haciéndole volver a la realidad.

El movimiento que ejecutó fue de una velocidad impresionante. Estrechó la mano de piedra, se elevó sobre ella utilizándola de apoyo para los pies y agarró al demonio con su pequeña mano del cuello de la gabardina, obligándole a encontrarse cara a cara con aquella expresión que ostentaba la parca, por excelencia.

- ¿Tienes idea de lo que habéis hecho viniendo aquí?- la grave voz del ghostrider sonaba acusatoria - Aún no te has enterado, a que no...- dijo la calavera, crujiendo los dientes.

Un escalofrío de pavor recorrió los huesos templados del Vengador. La culpabilidad se hacía más intensa cada instante que pasaba, la escuchaba como el eco de un echo que estaba por acontecer, rebotando en cada lateral de su hueco cráneo, en cada centímetro de su cabeza. A su lado, Abraham Sapiens, el híbrido de sentidos aumentados abrió la boca y soltó un grito, aterrado. Ambos le miraron, mientras parecía sacudido por un terror sin nombre, mas viejo que cualquier palabra que su pudiera utilizar para definirlo.

- No es... posible...

- Tu ya lo sabes ¿Cómo es posible?- gruñó el fantasma, mientras observaba al ser azul, con la mirada perdida en ningún punto concreto. Parecía incapaz de reaccionar, pero aún farfullaba palabras inconexas.

- Ellos no... no... existen... son...están... extintos...- por primera vez en la vida, Abe manifestó aquello como si fuera un deseo, o una súplica.

- Míralos a los ojos, y díselo a ellos. - susurró, amenazante. La expresión de la calavera, de algún modo se volvió mas severa

Un sonido recorrió la estancia, y con ella, el alma de los tres presentes, despertando en ellos el temor más ancestral y primigenio que recordaran haber sentido jamás. Un aullido, un chillido, un bramido, un gruñido, un sonido que no procedía de ese mundo, ni de ningún otro. Un sonido que ni siquiera los Dioses o Demonios más poderosos de la creación podían emular, un clamor más antiguo que el mismo tiempo, superior al de cualquier peligro al que el demonio y el hombre pez se hubieran enfrentado. El sonido de la natural, pura y mas absoluta depredación...

- ¡Mirame! ¡MIRAME!- bramó entonces el ghostrider, haciendo que Rojo contemplase sus huecas pupilas. Nada vio en ellas, salvo negrura intensa, pero entonces, un remolino bailoteó en el rabillo de su ojo amarillo, dirigió su atención hacia allí...

Y el más absoluto terror le obligo a cerrar los ojos, sin poder evitarlo...

- ¿Sabes lo que es eso, Grandullón? - recriminó el fantasma, ahora con la certeza de que los habrían visto.

Un silencio denso como el humo se instauró entre ellos, al tiempo que un sudor frío recorría al unísono sus espaldas, atenazadas por el terror.

- Tindalos....- murmuró Abe, suspendiendo esa palabra en el tiempo...

Un grito desgarrador les arrancó la tensión del cuerpo, cuando algo arrojó a Abe al suelo y comenzó a arrastrarlo lejos del círculo de fuego que el Ghostrider había generado en su transformación. Trató de sujetarse en el suelo, y el ruido de las cadenas al ser arrastradas fue lo único que oyeron antes de que la figura del híbrido fuese arrastrada a la más absoluta penumbra de la fábrica.

- ¡NO!- exclamó el Fantasma Vengador, antes de saltar impulsándose en la mano de piedra del demonio. Frotó sus pies contra la mano del destino al hacerlo, arrancando de ella chispas, como las que generaría la fricción sobre la piedra de un mechero. Bajo los zapatos surgieron sendas hojas finas de fuego ardiente, que dejaron un rastro definido, cuando con una velocidad infinita la Ghostrider salió en persecución de las criaturas que ahora estaban arrastrando a Abe lejos de las otras dos. - ¡CORRE!- gritó a Hellboy, antes de estar demasiado lejos como para que la oyera.

Tíndalos... Criaturas con las que los demonios amenazaban a sus hijos cuando llegaba la hora de dormir. Ni siquiera ellos se atrevían a creer en algo tan horrible.
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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   28th Febrero 2015, 10:58

La pequeña Ghost Rider se encaramó al demonio a través de su brazo y le agarró del cuello de la enorme gabardina. El demonio frunció el ceño y la miró. Parecía cabreada, cabreada y asustada habría jurado. Aunque no era extraño. Blaze siempre parecía estar cabreado en su modo del Espíritu de la Venganza, así que tampoco le dio demasiada importancia. Pero que el Ghost Rider estuviese preocupado o asustado, eso ya era algo mucho más peliagudo. Era como cuando él sentía miedo. Sólo significaba una cosa: que lo que allí había era muy pero que muy peligroso. Sus palabras diciendo que aún no se habían enterado provocaron que el demonio se quedase todavía más descolocado. Miró a su compañero y al motorista sin entender qué era lo que sucedía.

- ¿De qué demonios hablas? ¿Qué está pasando aquí?- Pero antes de que pudiese contestar, Abe ahogó un grito, llevándose la mano a la boca. Había sentido algo, algo gordo y muy muy feo, a saber por su reacción. Rojo desenfundó su enorme revolver a la velocidad del rayo. Conocía de sobra las reacciones de su compañero, y sabía de sobra cuando la cosa estaba negra para ellos. En aquel momento, sólo podía compararse con la oscuridad de un agujero negro, o con el ombligo de Satán. El rostro de Azul se tornó pálido, blanquecino, como la piel de un bacalao al secarla.- Abe, ¿qué pasa? ¿A qué cabronazo has visto?

Un sonido les rodeó, y Hellboy sintió algo que hacía mucho tiempo que no sentía. Algo con lo que no estaba familiarizado desde que no tenía la sensación de que alguno de sus amigos fuese a morir o pudiese ser condenado: sintió miedo. Después de todas las criaturas a las que se había enfrentado, a todos los demonios que había mandado de vuelta al averno, de todos los monstruos que le habían masticado y triturado, el miedo era algo que el demonio rara vez sentía, y generalmente cuando se apoderaba de él era por temer perder algo valioso. Pero aquella vez fue distinta, fue fría y sinuosa. Se metió de lleno en su mente, en su alma, notando cómo se encogía esta de puro pavor y como su sangre, caliente como la lava del infierno, se helaba al instante, acelerándose el corazón, emanando las primeras gotas de sudor frío por la frente. Mojándose la cabeza, la nuca, la espalda. La respiración se le entrecortó ligeramente, y miró a su alrededor. Había algo allí, algo oscuro, algo ancestral, algo que les acechaba desde las sombras, como un lobo preparándose para atacar a un ciervo herido, oliendo su miedo y su sangre, calculando el momento preciso para saltar sobre él. Levantó el revolver y apuntó a la oscuridad. No veía nada. No podía ver nada. Y sin embargo, allí estaban. Sí, había más de uno. No tenía ninguna duda.

Las potentes palabras del motorista fantasma provocaron que el demonio le mirase a los ojos. Frunció el ceño y apretó los dientes. Apuntó a la cabeza de este con su enorme revolver, apoyándolo casi contra su cráneo.

- ¡Oh, no! ¡A mí no me vas a pillar con esa mierda! ¡Ya he visto la mirada de castigo, y no me la vas a hacer, tenlo muy claro colega!- Otra vez el miedo, el terror, el dolor... Su respiración se volvió más entrecortada. ¿Era eso la mirada? ¿Acaso era aquello lo que hacía el famoso motorista cuando observaba tu alma y el dolor que habías causado? No, no podía ser. Abe le habría advertido. Habría saltado a salvarle... ¿Verdad? Inconscientemente cerró los ojos tratando de calmarse. ¿Cómo demonios podía calmarse? Estaba a punto de accionar el gatillo contra el jinete. No le mataría, pero seguro que le iba a picar y mucho, y podría quitárselo de encima. Y entonces Azul murmuró una palabra, una sola y única palabra.

- Tíndalos...- El demonio abrió de repente los ojos, y se le entreabrió la boca. Miles, millones de recuerdos de su estancia en el infierno le asaltaron. Su padre, Lucifer, contándole historias de ellos. Los tíndalos. Los lobos del abismo. Seres que viajaban a través del tiempo, alimentándose de la vida de cualquier estúpido que se interpusiese en su camino. El miedo les acompañaba, reptante, sinuoso, letal como un cuchillo frío contra la carne. Vio llamas, vio lava y millones de almas gritando agónicas de dolor. Muerte, abismo, oscuridad, negrura, desesperación, dolor, sufrimiento eterno. Tíndalos. Tíndalos... Ni siquiera los demonios tenían valor para enfrentarse a ellos, ni eran tan insensatos como para siquiera pensarlo. Seres ancestrales tan antiguos como el mismo mundo, tan antiguos como el tiempo. Lo único a lo que se había enfrentado antes así habían sido a los Ogdru Jahad, los siete dioses del caos. Y de repente, la cabeza le empezó a arder. Le empezó a arder como si vertiesen lava sobre ella, como si su alma ardiese de sufrimiento. Su revolver cayó al suelo. Su respiración se volvió pesada, y un denso vapor rojizo salió de su boca. Sus ojos brillaron, así como las marcas de su brazo de piedra. Los ojos eran como faros, el extremo de sus cuernos comenzó a enrojecerse, como las brasas de un fuego que se niega a morir. Lenta, muy lentamente, sus cuernos comenzaron a alargarse, a crecer. Unas pequeñas llamas se formaron sobre su cabeza. No, ahora no. ¿Por qué pasaba eso? ¿Era la tensión? ¿Que fuesen unos seres tan ancestrales que su propia naturaleza se despertó para poder hacerles frente? Fuera como fuese, estaba pasando, y no podía pararlo. Al menos, no hasta que acabase con ellos.

Cogió su revolver y se levantó lentamente. El miedo le seguía atenazando el alma, seguía consumiéndole y quemándole, pero ahora Abe estaba en peligro, y nadie ponía a Abe en peligro si él podía evitarlo. Los dibujos de su mano de piedra brillaban en la oscuridad, y sus ojos eran faros. Mientras todavía sus cuernos seguían creciendo y una pequeña corona de fuego se formaba en su cabeza, el demonio miró al motorista, exhalando una enorme nube rojiza de vapor infernal.

- Voy detrás de ti. ¿Qué demonios hay que hacer? ¿Cómo matamos a estos cabronazos?- Un sonido a su derecha, y sin mirar disparó, iluminando la sala de un tono verdoso. No podía mirar a los tíndalos a los ojos. No podía. Puesto que si lo hacía... Se acabó.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   2nd Marzo 2015, 01:11

El Fantasma vengador dejó una estela a su paso, encendía cada superficie que tocaban sus patines con un resplandor ígneo que refulgía iluminando la estancia, antes de que la oscuridad apresara la luz y volviera a ahogarla en la asfixiante atmósfera que generaban esos monstruos. Los Tíndalos eran seres a los que no se podía mirar a tus ojos, tu instinto de la supervivencia no te lo permitía. Sabía que de haberlos mirado directamente, sumirían a cualquiera en la más absoluta locura. Era la manera que la vida tenía de salvarse de la extinción. El motorista veía esto también como una ventaja. Había aprendido que, si encontraba un lugar en el que no podía abrir los ojos, allí estarían. Pero no podía pararse a pensar en eso. No ahora. Dos vidas inocentes dependían de sus decisiones, de la casualidad, de la mala suerte de encontrarse allí. Nadie debería morir por estar en el sitio equivocado, en el momento menos idóneo. Pero precisamente por eso morían cada día miles de personas... y ellos no serían una excepción.

El diablo sacó su verdadero rostro, sus ojos brillantes se veían como faros, incluso iluminados por el fuego avernal que desprendía el Ghost Rider. Su mano iluminada por el magma, y con sus cuernos creciendo poco a poco, recogió su revolver del suelo y comenzó a correr, aunque de haberlo querido le habría dejado atrás en una exhalación, el fantasma no lo hizo.

- No se puede. - aseveró, haciendo que sonase mortal.

Era cierto. No había modo alguno de matar a los Tíndalos. Encontraba todo tipo de demonios, todos los días. Había luchado contra ellos, les había atado, quemado, mutilado, y le habían golpeado, masticado, partido y aplastado de todas las maneras inimaginables, en luchas encarnizadas que no se acababan, porque en cuanto terminaba un encargo, comenzaba otro.

Fue capaz de percibir por el rabillo del ojo como una de las criaturas sufría por el disparo del demonio, se plegó sobre sus propias sombras y desapareció de su vista. Aunque no se iría. No moriría, volvería a salir, una y otra vez. Sólo era cuestión de tiempo...

Tiempo.

Eso era lo que buscaban esos cabronazos. Con un derrapaje perfecto, golpeó una pila de cajas que se hizo astillas ardientes, al tiempo que se inclinaba hacia delante. Estaba segura de que había localizado al hombre pez. Con un grito fantasmal, alargó su mano derecha en dirección a su figura, que aún estaba siendo arrastrada, y de ella surgieron dos cadenas que se anudaron en torno a la muñeca que Abe mantenía elevada, alargándola hacia su dirección. Utilizó la cadena no para tirar de él, si no para darse impulso, y cuando estuvo cerca, se oyó una especie de ronroneo, una tos, y con un grito, el Fantasma Vengador abrió sus mandíbulas, y chorreó una nube de fuego que impactó con algo informe, una criatura de la que sólo se llegó a ver la silueta durante una décima de segundo. Se desvaneció en el aire.

- Soy como un cebo para ellos. Intentarán acabar con vosotros primero, y luego irán a por mí. - explicó rápidamente mientras soltaba las cadenas de los brazos de Abe, desmayado. - Sólo podremos retenerlos, pero será inútil. Nos cansarán, hasta que no podamos mas. - dijo la calavera, incorporando al compañero de Hellboy, que parecía reaccionar poco a poco. Empezó a toser.

Con un rápido movimiento, el Ghostrider proyectó una cadena justo al lado de Hellboy, que impactó en algo, antes de caer al suelo y volver a desaparecer en su mano.

- ¡MEPHISTO!- gritó entonces el Fantasma Vengador, haciendo que el eco de su voz resonase en cada rincón de la Fábrica - ¡MEPHISTO, PARA ESTO! ¡NO LOS HE TRAÍDO YO! ¡NO HAN VENIDO A HACERTE NADA! - gritó, esperando respuesta.

No ocurrió nada. Un escalofrío le recorrió la nuca, haciendo que desenfundara el cañón que llevaba a la espalda, empuñándolo. Sin dudarlo lo accionó, dándose la vuelta, hacia el punto exacto donde se vio obligada a dejar de mirar. Algo se desvaneció en una voluta de fuego, esta vez, algo pequeño y penoso.

- Aparecen desde las esquinas. - Dijo entonces acarrando de la mano a Hellboy, intercambiando con él una intensa y oscura mirada vacía - Siempre en las esquinas. Hay que encontrar algún sitio donde no las haya. - pensó, antes de volver a buscar, empuñando su cañón, tratando de proteger al hombre pez hasta que se hubiera recuperado lo suficiente.
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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   2nd Marzo 2015, 17:46

- Siempre hay una manera...- Hellboy siguió los pasos de la pequeña niña en llamas que derrapaba a una velocidad de vértigo, dejando tras de sí dos delgadas líneas de fuego en el suelo. Parecía que iba montada en unos pequeños patines, pero era demasiado rápida como para verlo con claridad. Un sonido metálico anunció dos largas cadenas que salieron de sus manos, atando las muñecas de Abe. De un salto se colocó junto a él, exhalando a su llegada una enorme llamarada de fuego por la boca. Alcanzó algo, una silueta oscura y sombría. Desapareció a toda velocidad, siendo imposible diferenciarla. Los cuernos seguían creciendo sobre la cabeza del demonio, milímetro a milímetro, con ese brillo característico de las brasas de un fuego. Debía haber alguna manera de frenar a los tíndalos, o como mínimo distraerlos. Muchas criaturas eran inmortales, pero todas tenían algún punto débil. Era cuestión de encontrarlo. Y si no lo tenían, lo único que les quedaba era rezar.

Un cebo. De manera que los tíndalos estaban cazándola o algo por el estilo. ¿Era cierto por tanto lo que decían las antiguas historias? ¿Que los tíndalos eran algo así como perros de caza? Lobos que viajaban en manada devorando todo a su paso, sin dejar nada.

- Tranquila niña, no me canso fácilmente. Además, no es la primera vez que estoy entre la espada y la pared.- Hellboy cogió a Abe en brazos y se lo colocó en su hombro. Una larga cadena salió disparada desde la mano de la niña y golpeó algo al lado del demonio. Un sonido seco, como de algo al caer al suelo, inundó la sala, y luego un susurro en la oscuridad. Otro disparo del demonio. Una luz anaranjada mostró el gesto serio de Rojo. Sus ojos brillaban como hogueras en mitad de un oscuro bosque. No se guiaba por la vista, sino por el sonido, lo cual, aunque pudiese parecer una tontería, hacía que de manera inconsciente la puntería del demonio mejorase notablemente. Habría jurado que golpeó a otro de esos seres que corrían a su alrededor. Entonces la niña gritó a las sombras, clamando un nombre muy familiar. Mephisto. Hellboy sonrió ligeramente. Así que él estaba detrás de todo eso. Se incorporó y miró hacia la oscuridad, frunciendo el ceño.- Hola tío Mephisto... ¿Así que ahora te dedicas a mandar a tus perros perseguir a niñas? Qué bajo has caído... ¿Cómo está la familia por ahí abajo? ¿Mi padre sigue con la mala leche de siempre? Pensar que ahora te has convertido en un asustador de poca monta... Con lo que has sido tú.

Las sarcásticas palabras intentaban provocar al demonio, pero no fueron respondidas. Hellboy mantuvo su semblante serio, y volvió a mirar a la niña. Conocía a los jinetes fantasma. Sabía cómo obtenían sus poderes. Y pensar que Mephisto había engañado a aquella pobre insensata para tener a un perro de caza siempre fiel hizo que le hirviese la sangre. Los demonios y dioses del averno eran rastreros y traicioneros de por sí, pero esa clase de cosas eran las que verdaderamente hacían perder los estribos a Rojo. Apretó los dientes sin mostrarlos y su puño de piedra crujió levemente. Más le valía al otro no aparecer, o no habría lugar donde esconderse de los potentes puñetazos de Hellboy. La niña disparó con un enorme cañón que llevaba atado a la espalda, dejando de mirar allí donde había disparado. Les estaban rodeando. Debían hacer algo. Las esquinas. El demonio se giró hacia la pequeña y la miró seria. Guardó su enorme revolver. Aún le quedaban un par de disparos antes de tener que cargar de nuevo. Se llevó la mano al cinturón y sacó una pequeña bola de color blanco, con una cruz de oro grabada.

- Cuando accione esto tendremos cinco segundos para correr. Tápate los ojos y no mires a donde la tire, ¿entendido? Lidera tú la marcha mientras yo llevo a Abe. A la de tres. Uno... Dos... ¡Y tres!- Hellboy giró la pequeña cruz y un leve chasquido sonó. Lanzó la bolita a unos metros de ellos y apremió a la motorista. Fueron cinco segundos eternos. Un primer golpe seco indicó que la pequeña granada había tocado el suelo. Un segundo, que lo volvía hacer. No habría un tercero. Un estallido blanco que iluminó repentinamente toda la sala mostró hasta el último de los objetos que allí había. La granada santa cumplió con su objetivo. Las criaturas fueron sorprendidas por la fuerte luz blanca. De no haberse tapado los ojos, habrían quedado cegados unos cuantos segundos. Hellboy se colocó a su compañero y volvió a desenfundar el enorme revolver. Los dos últimos disparos y comenzó a cargar de nuevo su arma. La pequeña niña era mucho más rápida que él, pero gracias a los surcos del suelo era capaz de seguirla. Debían encontrar una manera de sobrevivir el tiempo suficiente para enfrentarse a Mephisto o para que llegase el día.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   4th Marzo 2015, 20:31

El Fantasma Vengador estaba demasiado pendiente de cómo conseguir sobrevivir a todo lo que se les venía encima, de manera que no tuvo en cuenta detalles como que el gigantesco demonio rojo era en realidad sobrino de la criatura a la que más detestaba de cuantas hubiera conocido jamás. Aunque en el fondo tampoco tenía porqué sorprenderle, puesto que además de su jefe, Mephisto era una entidad demoníaca poderosa. Que el hecho de que otro demonio mantuviese algún tipo de parentesco con él era de lo más lógico. Lo que no encajaba del todo era el hombrecillo pez que llevaba. Era como ver a un tigre con un ratón de campo al hombro. En cualquier caso tenía problemas más importantes en los que pensar, por ejemplo cómo evitar que esos bichos que brotaban de la nada los destruyeran por completo. El demonio enfundó el revolver, y ella volvió a accionar el cañón a su espalda, golpeando de lleno a una de esas criaturas con el fuego demoníaco, asestándole un fogonazo en plena cara, haciéndola retroceder.

Cuando le enseñó aquella cosa, la calavera se quedó impertérrita, pero realizó un asentimiento que le hizo saber a Hellboy que estaba preparada. Con el pez a sus espaldas, empezó a deslizarse sobre las finas hojas ardientes que dejaban una estela a pedida que avanzaba. No estaba yendo ni de lejos a su máxima velocidad. Eso le habría hecho dejarles atrás en cuestión de un segundo, y para ellos sería inalcanzable. Lo mejor era tenerles controlados, puesto que eran ellos los principales objetivos, al menos por el momento. Cuando la luz cegadora estalló a sus espaldas, fue capaz de ver reflejadas en el suelos millares de sombras que habían sido alcanzadas, y que aullaron de nuevo provocándole un escalofrío que le recorrió la columna. Miró hacia atrás para asegurarse de que esos dos seguían allí. Iban demasiado despacio. Eso les había dado un poco de tiempo, pero no podían seguir así de retrasados. Les cogerían.

Su mirada se desvió hacia un montón de escombros, donde encontró lo que buscaba. Se acercó allí y se detuvo en seco ante el sorprendido demonio, que no comprendió bien el cambio de dirección. Sin ayuda, el diminuto Ghost Rider apartó trozos de escombro que habrían hecho sudar a un hombre de fuerza considerable, como si no le costase más que levantar unos papeles. Tras escarbar un segundo, levantó algo y lo puso delante del demonio. Se trataba de un alargado palé con ruedas .

- Sube. - ordenó, sin ninguna delicadeza. - No tengo todo el día.

La madera crujió bajo el enorme peso del demonio, al que dio una indicación para que ocupara la zona central. Una vez colocado, se subió a continuación, colocando un pie sobre la madera, mientras mantenía otro en el suelo. Una deflagración marcó el comienzo de la transformación. Las ruedas prendieron fuego, y las tablas ennegrecieron, dibujando sobre la madera docenas de calaveras que escupían otras, en un retorcido dibujo avernal. Dos cadenas aseguraron las piernas de Hellboy al improvisado medio de transporte, y otra se anudó a su mano de piedra, intentando facilitarle en la medida de lo posible el equilibrio.

- Agarrate. - añadió, al tiempo que levantaba el pie, cogiendo impulso.

Un acelerón propio de una caída en picado sacudió el cuerpo de ambos, y la Ghostrider subió ambos pies sobre la tabla, centrándose para poder jugar con su equilibrio y desviarse cuando hiciera falta. Podían salir de la fábrica, o intentarlo, pero en la calle quizá no fuese mejor, y podía llegar a poner en peligro a cualquiera que estuviera por ahí a esas horas.

- ¿Sabes alguna forma que obligue a Mephisto a venir?- preguntó, al tiempo que volvía a asomar el pié para dar otro empujón. La estela de fuego se hizo más intensa por el tamaño considerable del transporte, pero aún así, se iba atenuando con el paso de algunas de esas cosas, que habían salido de nuevas esquinas y habían comenzado la persecución.

Sabía porqué Mephisto hacía eso, pero esta vez se equivocaba. No podía culparla por haberlo intentado. Una vez llevó a un matademonios, otra a un chamán. Incluso lo intentó con un cura. Todo fue un absoluto fracaso, y sólo consiguió que la castigara duramente. Al final se hizo demasiado peligroso para intentar volver a hacerle daño de ese modo, sin esperar unas represalias desproporcionadas... Precisamente como las que estaban sufriendo en ese momento. Pero se negaba en rotundo que ellos pagaran por sus decisiones pasadas. No los destruiría. No por eso.
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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   6th Marzo 2015, 11:38

El demonio siguió disparando mientras corrían hacia atrás. Escuchaba los gritos y siseos de las criaturas. Temía por su vida, tenía miedo, pero lo que más le asustaba era perder a Abe. Estaba débil. Los malditos tíndalos le habían hecho algo. Absorberle la energía, la vitalidad,... Fuera como fuese no podía dejarle allí. Hellboy corría a toda velocidad, pero sentía como los seres le darían caza tarde o temprano. Esos cabronazos corrían como alma que lleva el diablo. Entonces la niña apareció de entre un montón de escombros con una especie de plancha de madera con ruedas. ¿Era... un palé? ¿Qué demonios quería, que se subiesen y tirase de ellos? La Ghost Rider le indicó que subiese de la peor manera que recuerda hasta la fecha, pero le vino bien ya que necesitaba recargar su enorme revolver. La niña tocó el tablón y al instante se volvió de color negro, como quemado, y se llenó todo de calaveras. El demonio la miró arqueando una ceja.

- Madre mía con la mini gótica. Cómo os gustan las calaveras a Johny y a ti hija.- Unas cadenas lo ataron por las piernas y el brazo de piedra. Tenía mejor equilibrio, pero prefería llevar la mano de piedra libre por si alguno de esos cabronazos se acercaba más de la cuenta. No era muy bueno disparando, pero a puñetazos no le ganaba nadie.- Tal vez sería mejor si me liberases la mano de piedra y me encadenases por el torax. Es mi mejor arma y prefiero tenerla libre por si las moscas.

El pequeño vehículo improvisado aceleró a toda velocidad. Rojo sintió la fuerte inercia que casi le arranca la mano del cuerpo. Sabía que los Espírutos de la Venganza eran rápidos, pero aquello era otra dimensión distinta de velocidad. Sentía como cada músculo del cuerpo se aceleraba, con la sensación de que el viento y la aceleración le arrancarían la piel en cualquier momento. Entrecerró los ojos intentando ver. Se agarró fuertemente con la mano de piedra y efectuó un par de tiros hacia sus espaldas. Azul y naranja. Ambos parecieron alcanzar sus objetivos. El demonio se extrañó de que estuviese teniendo tan buena puntería. Eso sólo podía significar dos cosas: o que había tenido mucha suerte, o que había muchos más seres de los que pensaba, tantos que no había espacio entre ellos.

Seguían moviéndose a toda velocidad y la pregunta hizo fruncir el ceño al demonio.

- Mephisto no vendrá a menos que él quiera. Yo no le intereso. Hemos tenido un par de choques en el pasado y no nos caemos bien ninguno de los dos. Además, yo soy el hijo del caído, de manera que en parte me teme debido a mi naturaleza. La única forma que se me ocurre de provocar que venga sería haciendo un ritual o algo por el estilo, y no pienso darle la satisfacción a ese cabronazo de invocarle. Antes muerto. Así que habrá que buscar otra cosa, a menos que se te ocurra alguna forma de traerle...- En realidad, había una forma, pero no pensaba provocarla. Pronunciar su verdadero nombre. Pero eso podía provocar una fisura en el infierno que permitiese la entrada a algún que otro demonio o ser del averno inesperado. Atraería la atención de Mephisto, pero era demasiado arriesgado, y más teniendo en cuenta que los tíndalos... Los ojos del demonio se iluminaron. ¡Eso es! Con los tíndalos allí, podría pronunciar su nombre sin miedo a que se colase nadie, o al menos nadie lo suficientemente inteligente. Sabía que los demonios temían a aquellas criaturas, y ninguno se la jugaría como para intentar entrar.- Hay una manera... O eso creo. Podría funcionar. Aunque también podría provocar una fisura entre los mundos.

El demonio se incorporó, intentando mantener el equilibrio sobre aquella tabla que volaba literalmente a toda velocidad. Apretó el puño y los dientes y lo estiró delante de él.

- Anung-Un-Rama te ordena aparecer Mephisto, señor de las mentiras y manipulador de niñas. ¡Muéstrate!- Y en ese momento, los enormes cuernos del demonio terminaron de formarse sobre su cabeza, y la corona de fuego brilló con la fuerza del sol.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   8th Marzo 2015, 22:55

No tenían ideas. Al Espíritu de Venganza se le agotaban las opciones, y a los dos cabeza huecas que iban de paquete en su medio de transporte se les acababa el tiempo. El demonio impactaba en las criaturas, pero brotaban sin cesar, una tras otra, en una niebla de amenazas a las que no podían mirar fijamente sin volverse locos. No tenían tiempo para un ritual, y ninguno de los dos tenía nada que ofrecer. Quizás el hombre pez, pero no podría hacer el llamamiento para vender su alma si estaba inconsciente. Tuvo que hacer un giro repentino en seco, cuando llegaron a una zona de trabajadores, abrieron con un golpe dos puertas abatibles, arrancándolas de los goznes oxidados provocando con eso un mar de chispas en el proceso, y un sonido desagradable que habría llamado la atención de cualquiera a doscientos metros a la redonda.

La Ghost Rider iba cambiando de lado, sacando el pie para dar impulso, con una velocidad que habría impresionado al mismísimo Jhonny Blaze. Su pequeña estatura la hacía escurridiza y rápida, un objetivo aún más difícil de alcanzar, y sobretodo, atrapar.

- Agáchate. - ordeno, de nuevo.

No andaba con miramientos. No podía permitírselo. Pasaron por un pasillo que tenía una enorme pila de escombros en el suelo, dejando el espacio totalmente bloqueado, y por ello, tuvo que acelerar aún mas y realizar un giro de tonel, dejando sin duda al demonio desorientado y patidifuso. Parecía mentira que con un lastre de semejante peso pudiera realizar ese tipo de maniobras, pero la magia demoníaca era fuerte, ahora que tenía inocentes a los que proteger. Entonces, tras el pasillo, se abrieron a una nave nueva, mucho más despejada, seguramente un almacén. Hellboy se irguió tras ella, y pronunció su nombre...

En ese momento un escalofrío recorrió los huesos del Ghost Rider, como si un gran acontecimiento estuviese a punto de suceder, contempló anonadado cómo se recomponían los cuernos del Demonio, y cómo una corona de llamas ardientes se suspendía entre ellos sobre su cabeza. Volvió a mirar hacia delante, hacia la salida, y cuando estaban llegando, la obligaron a apartar la mirada...

- Oh, no...- dijo.

El golpe fue brutal. El palé reventó contra la mole con la que se chocaron, y ellos, por la velocidad a la que iban, salieron disparados hacia todas direcciones, rodando por el suelo, magullándose en el proceso. El fantasma vengador intentó recuperar la postura a medio vuelo, consiguió colocarse, pero entonces chocó contra unas tuberías que no había visto. Se partió tres costillas, el cúbito y el radio de la mano derecha, y se hizo una brecha enorme en el craneo en el proceso, sus huesos profiriendo unos crujidos horribles, antes de caer al suelo. Tras unos segundos, consiguió levantarse a tiempo para ver a los otros dos. Haciendo acopios de fuerza, proyectó dos cadenas hacia ellos y los arrastró hasta su posición, evitando que se abalanzara contra ellos la criatura con la que habían chocado. Supo entonces que todo estaba perdido. Mephisto no contestaría lo suficientemente rápido. Tomó una decisión. Miró al demonio a los ojos, intensamente, y entonces en el interior de sus cuencas se dibujaron lenguas de fuego, como un preludio de lo que se avecinaba.

- Protégele del fuego. - dijo al tiempo que una cadena brotaba de sus manos y reptaba a su alrededor, dibujando un círculo, y se prendía con fuego demoníaco, sitiándolos. - Y no me mires. - añadió con un intenso tono de amenaza.

La figura del Ghostrider salió entonces del círculo y se precipitó contra la criatura que no podía ver. Mientras se volvían a reconstruir sus huesos, trató de ubicarla en el rabillo de su ojo. Sólo había hecho eso una vez, y el mero hecho de recordarlo la hacía tener escalofríos. Esperó a sentirla cerca, e hizo brotar en el suelo docenas de cadenas que la amordazaron contra él. El fantasma vengador podía sentir como le ardían sus ojos por dentro. Cuando tuvo la certeza de que estaba en el lugar oportuno, dirigió hacia allí su rostro...

- Tú... Culpable. - mumuró con esa voz de pesadilla del Fantasma de la Venganza - ¡SIENTE SU DOLOR!- dijo, fijando los ojos y haciendo que salieran torbellinos ardientes de ellos.

No quería ver mas allá de los ojos de la criatura, o se volvería loca. La única manera de poder ver a un tíndalos, es que tu mirada fuera mas peligrosa que la suya. Ambos comenzaron a chillar. Quemar el alma de un tíndalos solo lo transportaba de un tiempo a otro, y aun así, el precio era inmenso. A medida que gritaban, llenando la estancia, más figuras negruzcas se encaminaban hacia donde estaban los otros dos. El fuego del fantasma vengador comenzó a titilar, mientras la criatura se deshacía por completo en cenizas. Una presencia conocida, apareció al lado de Rojo. EL fuego demoníaco desapareció, y el Ghostrider, convertido de nuevo en niña, cayó desvanecida sobre el suelo, con una golpe seco. Sus ojos presentaban quemaduras rojizas y alguna ampolla, como si se hubieran expuesto al sol.

Los tíndalos aullaron por última vez... y el miedo desapareció.

Durante unos segundos solo hubo silencio, humo de los restos, y dos respiraciónes, una calmada, otra ruidosa y quejumbrosa. Abe se encontraba dolorido, pero calmado, ahora que había recobrado el conocimiento. La niña estaba destrozada. Entonces Rojo levantó la vista y encontró un rostro muy familiar. Un viejo de apariencia inofensiva, con un bastón en la mano, y los ojos ambarinos, con expresión desafiante y ofendida. Intercambiaron un tenso silencio, hasta que al fin, el viejo habló.

- Así que... Anung- Un- Rama. ¿Es a ti a quien ha traído para matarme?- preguntó con desdén, y sorna Mephisto - Si que debe estar desesperada- rió, mientras empezaba a andar a su alrededor, sin separar los ojos del Hijo del Caído. - Dime, ¿Qué le habéis hecho a mi Ghost Rider?- preguntó, con un tono de advertencia mientras miraba a la niña por encima del hombro, sin que pareciera importarle lo mas mínimo.
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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   10th Marzo 2015, 12:01

Estrellarse era inminente. El miedo acechaba a los tres seres seres que avanzaban a toda velocidad sobre el palé que guiaba la pequeña Ghost Rider. Era cuestión de tiempo que alguno de aquellos tíndalos se cruzase en el camino de la niña y tuviese que apartar la vista, o que el demonio viese a uno de ellos y desequilibrase el vehículo por un movimiento brusco. La velocidad era enorme. Hellboy comenzaba a marearse. No estaba acostumbrado a viajar tan rápido, y menos a aquellos giros tan bruscos o repentinos. Finalmente, el golpe llegó. Chocaron contra algo y salieron despedidos por los aires, varios metros de distancia. Cayeron con fuerza contra el suelo, provocando un sonido seco y duro que habría provocado un fruncimiento de ceño y aspiración por parte de cualquiera que lo hubiese visto. Desde luego había dolido. Los ojos de la jinetilla se iluminaron ligeramente y miró al demonio. Este supo al instante lo que iba a pasar, y cogio a Abe, protegiéndolo. El miedo atenazó al ser rojo, quien apretó dientes y ojos para evitar mirar lo que iba a pasar. Un grito desgarrador y un calor abrasador inundaron la sala, y el miedo desapareció. El demonio miró por encima del hombro y vio a la pequeña niña tumbada boca arriba. Ya no estaba el Espíritu de la Venganza. Solo la muchacha que habían encontrado al llegar allí.

Abe recobró el sentido ligeramente y el demonio, aliviado, lo sentó con cuidado en el suelo antes de dirigirse hacia la niña. Levantó ligeramente su cabeza con la mano izquierda. Respiraba lentamente, agotada seguramente por todo el esfuerzo realizado.

- Lo has hecho bien pequeña. Lo has hecho bien...- Sin duda el valor de la niña era digno de admiración. Había demostrado ser fuerte y ágil, a la par que inteligente, cosa que no podía decirse de todo el que había luchado a su lado. Entonces una voz profunda, proveniente de las sombras y el infierno, provino de una pequeña figura que había cerca de él. Era un pequeño anciano, encorvado, con un pequeño bastón en la mano. Parecía enfadado, como si el final de la película que tenía él pensado hubiese desaparecido ante sus ojos. La llameante corona del demonio brilló con fuerza al verle. Mephisto había acudido a su llamada.



- Así que... Anung- Un- Rama. ¿Es a ti a quien ha traído para matarme? Si que debe estar desesperada. Dime, ¿Qué le habéis hecho a mi Ghost Rider?- Rió mientras andaba alrededor de Hellboy. Este apretó los dientes y se acercó a él.

- ¡Lo que debería preocuparte es lo que voy a hacerte yo a ti!- Y descargó con la fuerza de una locomotora su puño de piedra contra el anciano. Este se desvaneció con una risa justo antes de que el demonio destrozase su cara. Apareció de nuevo cerca de la niña, con la misma sonrisa burlona y sarcástica. Acarició ligeramente su pelo sin dejar de sonreír. Hellboy volvió a por él, intentando volver a golpearlo, de nuevo en vano.

- Vamos Anung, ¿así saludas a tu tío favorito? Creía que después de tantos años tendrías ganas de que conversásemos un poco tranquilamente... ¿Qué tal te sientes al haber traicionado a tu propia naturaleza y a tu propia familia?- Esta vez no apareció, sino que dejó que sus palabras resonasen en el aire, provenientes de cada rincón, de cada ventana y cada puerta.- La llave del Apocalipsis, usada como un vulgar martillo. Qué pena... Podrías haber sido alguien grande Anung. Muy grande.

- Ya, verás, nunca tuvimos mucho aprecio el uno por el otro. Reconócelo, odias que papá me quiera más a mí que a ti, incluso después de todas las traiciones que he cometido. Siempre seré su hijo, y tú no eres más que un cobarde que hace tratos con niñas indefensas, prometiéndoles seguramente felicidad o algo así, para que lo único que busques sea obtener un alma de una manera sencilla y simple. Digno del gran Mephisto.- El demonio vigilaba cada punto de la enorme sala. Tenía un ojo sobre Abe y otro sobre la pequeña Ghost Rider. Conocía de sobra a Mephisto y sus triquiñuelas. Era un demonio, y por tanto la seducción y el engaño eran sus mejores armas. No era nada difícil caer en el truco de un demonio, y menos aún de alguno de los grandes caídos, cuya astucia y maldad llegaban a límites insospechables. No pensaba que pudiese engañarle a él, pero cuando el engaño fallaba, solía mostrar su otra cara. La de traer a un ejército de seres sobrenaturales, convertirse en dragón o algo por el estilo... Algo muy peligroso y contra lo que era difícil enfrentarse. Después de todo, era un demonio ancestral.

Un frío helador recorrió la sala entera, y la respiración de Abe y la chica mostró un pequeño vaho blanquecino. La de Hellboy seguía siendo roja intensa, como el de una caldera de carbón. Localizó de nuevo al demonio a unos metros de él, oculto entre las sombras. Su sonrisa era casi palpable, podía sentirla en su alma, disfrutando de la situación como un niño pequeño.

- Ya me conoces. Las almas débiles me pierden, pero las fuertes me pierden aún más. La de esta niña no era una excepción... Pero vayamos a lo que realmente importa. ¿Os ha invocado ella? Qué patético. ¡Ya no sabe qué hacer para librarse!- Y rió con maldad. La mitad de su rostro se volvió demoníaco, con una enorme boca provista de dientes afilados como cuchillas y una piel morada llena de pústulas y granos. Volvió a convertirse en un rostro humano terminada la risa. Hellboy le miraba con los dientes apretados y el ceño fruncido, mostrando una cara de ira.

- Ella no ha invocado a nadie. Deberías recordar que cuando juegas con la magia y con tus poderes lo notamos y nos damos cuenta. No somos idiotas. Si tú eres tan estúpido como para mostrarte así atente a las consecuencias.- Lentamente, tanto como pudo, fue llevando la mano izquierda a su revolver. Mephisto abandonó las sombras y comenzó a andar alrededor de ellos lentamente. Unas sombras espesas abandonaban su paso como si fuese humo antes de desaparecer en el aire. Miró al techo del lugar, y la sombra de unas grandes alas apareció y desapareció al instante en su espalda.

- ¿Vas a dispararme en serio? Ambos sabemos que fallarás... No lo intentes siquiera, aunque fueses el mejor tirador del planeta no conseguirías alcanzarme. Es curioso cuan caprichoso puede ser el destino, la verdad. Que estuvieseis en el punto exacto en el momento exacto... ¡Qué delicioso! Pero dejémonos de palabrería y brabuconería. No estoy aquí para charlar por puro placer. Tengo cosas en mente, querido sobrino. Cosas muy grandes. Mucho más que tú y yo... Pero dime, ¿quieres que te cuente un pequeño secreto? No podrás frenarlas... Pero aún queda mucho para eso. Ahora, tengo una oferta que no podrás rechazar...- Y se relamió con una lengua viperina negra.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   12th Marzo 2015, 22:14

El cuerpo... me dolía muchísimo. Respirar era como si me hubieran metido en los pulmones un millón de agujas. No notaba ni mis manos, ni mis pies, ni mi cara. Pensé que era horrible y que quizá me había pasado algo malo, algo malísimo, como que me habían amputado los miembros. Entonces empecé a notar el ardor de mi cara, y solté un gruñido que poco a poco se convirtió en un grito, mientras notaba la zona de mis ojos, me escocía como si me hubieran echado ácido. Intenté abrirlos pero fui incapaz, era como si me cuartearan la piel, como si fuera pergamino seco que con un mal movimiento pudiese romperse con solo soplar. No podía ver nada. Me empezaron a llorar, y eso no hizo si no empeorar las cosas respecto al dolor, pero al menos ahora era capaz de pestañear un poco. Las formas que veía era totalmente borrosas. Temí quedarme ciega. Noté que algo me alzaba y me hubiera resistido de no ser porque no me quedaba ni ápice de fuerza. Entonces oí la voz del demonio cabezón.

- Dont...let him...hurt you*- ronqué apenas, con mi respiración entrecortada.

Estaba jadeando como podía intentando coger algo de aire, pero casa bocanada era más pesada que la anterior. Intenté mantener la respiración superficial. Oía las cosas distorsionadas y extrañas, como cuando metes la cabeza en la piscina, aun así a medida que fui entendiendo las palabras intenté centrarme en eso aunque solo fuera por evadir el dolor. Concentrarme en otra cosa. En lo que fuera, seguro que me ayudaría. A parte de respirar y pestañear mientras caían lágrimas de mis ojos achicharrados, intentando hidratarlos inútilmente, no podía moverme ni lo más mínimo. Tal cual estaban las cosas tampoco lo habría intentado.

Sintió la voz de Mephisto cerca, pero no estaba segura de si rebotaba en las paredes, o simplemente estaba allí. Le habría dado igual. La piel del anciano comenzó a cambiar, su figura se irguió, recuperando la juventud convirtiéndose en un cruento color rojo, y una de sus formas demoníacas se desveló ante su sobrino. Era más estilizada que la del propio Hellboy, pero también más impactante y magnífica. Su rostro poseía una seducción sobrenatural que caracterizaba a los demonios y sus retorcidas artes. Una cara en la que querías confiar, y que buscabas conquistar.

- Tú le has costado un día a mi Ghost Rider, así que ocuparás su lugar. Irás a por el objetivo que perseguía y lo retendréis hasta que ella se recupere y pueda enviarlo de vuelta al infierno. - sonrió, aunque su voz no sonaba nada divertida. Tal cual lo planteó no parecía una oferta, no era como "O lo tomas o lo dejas", era más bien un "Hazlo o atente a las consecuencias"

Mephisto dirigió un gesto a Hellboy, antes de desmaterializarse y aparecer junto a la Ghost Rider, tirada en el suelo. No la tocó, sólo la observó desde su posición. Pobre niña estúpida, con mala suerte y buena conciencia. Entonces, volvió a hablar.

- Qué interesantes son los tíndalos ¿No te parece? - dijo, esta vez sí divertido - No te avergüences de tener miedo de ellos, Anung. Todos lo tenemos. Son nuestros enemigos naturales, no se pueden domesticar, atrapar ni matar, pero como a todo cazador, les atraen los buenos cebos.- asintió, como si le hablara al aire, quedando en silencio observando a la niña que luchaba por respirar.

Alucinantes criaturas los tíndalos. Atraídas por los flujos de tiempo. Él había dado con el secreto. Sólo él. No Anung Un Rama, ni su padre. Él. Era tan sencillo, en realidad. Sólo había que alimentar el fuego mágico del Espectro Vengador con tiempo. No era algo que pudiese obtenerse así como así en cualquier sitio, pero sí en el infierno. Un minuto por cada condenado a pasar la eternidad ardiendo allí, y había tantos que al mismo Dios le daría migraña contarlos. Sólo un mísero minuto de cada eternidad. Nadie se percataba de ello...

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A TOMAR POR CULO YA CON LA PUTA FIRMA DE LOS COJONES.

Quien quiera ver la puta canción de mierda que quería poner, es esta: https://www.youtube.com/watch?v=1-xGerv5FOk
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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   13th Marzo 2015, 11:28

Mephisto andaba alrededor de ellos, cambiando repentinamente su apariencia anciana y frágil por la de un ser rojo, con largas uñas y una capa bajo el brazo. En ese estado se parecía más a Hellboy, solo que más delgado. De su ser emanaba seducción, placer, deseo... Todo engaño, pura mentira y retorcimiento. Aquella era una de las características más palpables de los demonios puros. Esa capacidad de engañar incluso al alma más limpia, y hacerla arder en el infierno. Las tentaciones eran sus armas, las caídas su alimento. Sus palabras tenían un extraño siseo, al mismo tiempo que un sonido gutural. Sería imposible intentar describirlo, pues sonaban distintas, dependiendo del oído que las escuchase. Se adaptaban al receptor para que fuesen dulces y melodiosas. Pero para el demonio sonaban como eran en realidad. A él no podía engañarle ni seducirle. Debido a su naturaleza estaba inmunizado contra aquello, o al menos eso había creído siempre. Nunca había podido caer bajo su magia ni poder. En cualquier caso, jamás debes bajar la guardia cuando hay un demonio cerca, y mucho menos si se trata de Mephisto.

Cuando se acercó a la niña después de decirle que ocuparía su lugar durante un día, Hellboy apretó los dientes con tal fuerza que habría sido capaz de partir una piedra. Se acercó al demonio y lo agarró por la capa, quedando cara a cara con él.

- Escúchame hijo de puta, yo no soy tu recadero ni tu chacha, ¿entendido? No me vas a joder con esa mierda, ni vas a joder más a esta niña. Maldito malnacido. ¿Acaso no tienes escrúpulos? No, claro que no. No eres más que basura, Un maldito saco de mierda que...- Pero Hellboy no pudo terminar sus palabras. Una espada de fuego le atravesó el pecho proveniente de la mano de Mephisto. Este sonreía, pero no parecía nada contento con las palabras del demonio. Rojo sintió un dolor punzante que le quemaba por dentro. Apretó los ojos y dientes mientras la sangre comenzaba a teñir su cuerpo de un rojo oscuro.

- ¡Rojo!- Un grito de desesperación abandonó los labios de Abe, quien estiró una mano hacia su compañero atravesado de parte a parte.

- Verás, creo que no has entendido la situación, Anung-Un-Rama. Yo soy el que da aquí las órdenes, y yo soy el que dice lo que tú haces o dejas de hacer. Vaya, ¿qué te ocurre? ¿Te quema el fuego? Eres ignífugo, sí, pero este no es un fuego corriente, querido sobrino. Este es un fuego infernal, en el que tú fuiste creado y donde te cortaron tu brazo para ponerte la llave.- Y miró la mano derecha de Hellboy, haciendo un sonido extremadamente parecido al de Hannibal en "El silencio de los corderos" al recordar como devoró el hígado de una de sus víctimas. Aquella mano de piedra era la llave para liberarlos, para liberar a todos del infierno y que pudiesen campar a sus anchas por el mundo sin restricciones de poder. Era lo único que le impedía matar a Hellboy, puesto que si lo hacía, jamás se abrirían las puertas del averno.- Harás lo que yo diga, o ella sufrirá las consecuencias... Y te conozco lo suficiente como para saber que eso cambia las cosas.

Con un rápido movimiento, sacó la espada del pecho de Hellboy y se alejó andando de él. El demonio cayó de rodillas, apoyándose con la mano de piedra y llevándose la izquierda a la herida. Escupió un poco de sangre y volvió a levantarse, mirando con odio a Mephisto. Podría haber saltado a por él. Podría haber luchado contra él. Su mano le habría protegido de los golpes de su espada o de los impactos que realizase contra él. Al igual que Rojo, los poderes de Mephisto estaban muy limitados por estar en la tierra. En el infierno, estos no conocían límites, los de ninguno de los dos. Y aunque allí Mephisto tenía ventaja sobre Hellboy debido a ser capaz de usar magias, habría podido aguantarle lo suficiente para que llegase el día. O eso creía. Sin embargo, la vida de la niña estaba en juego. La acababa de conocer, sí, pero sabía la maldición que suponía portar al Espíritu de la Venganza en su interior. Nadie debía sufrir aquello, y mucho menos una pobre niña. La situación era de lo más adversa para Hellboy. Si no aceptaba el trato, quién sabe lo que le haría a la pequeña. Pero por otro lado, darle la satisfacción a Mephisto de trabajar para él, de ayudar a uno de los demonios más poderosos que existían en alguno de sus retorcidos planes hacían que el alma de Rojo ardiese, aunque no literalmente. Apretó los dientes, provocando que un delgado hilillo de sangre abandonase su boca, perdiéndose en sus labios. Miró a la niña y a Abe. Ella seguía inconsciente y Abe miraba con odio y miedo a Mephisto. Era una decisión que debía tomar por sí mismo. En cualquier caso, dudaba que Abe pudiese haberle ayudado mucho en aquella situación. Miró serio al demonio y resopló.

- Muy bien Mephisto. Parece que tú tienes la mano ganadora. Lo haré, pero tú dejarás en paz a la niña. No le harás daño ni la castigarás. Si te ayudo, ella no lo pagará.- Maldito hijo de puta. Iba a conseguir que le ayudase, y sabía que se odiaría por ello. Solo esperaba que algún día pudiese devolverle todo el dolor que había causado en esta vida y en la otra a tantos inocentes que era imposible siquiera pensar en ello sin volverse loco.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   25th Marzo 2015, 20:59

No podía igualarle. No le hacía falta ver para saberlo. Hellboy sería muy grande, muy rojo y muy cabezón, pero no podía hacer nada contra Mephisto. Las lágrimas aún me ardían, pero creo que estaba empezando a ver los colores otra vez. O no. Quizá estaba tan jodida que me lo estaba inventando. Era difícil saberlo. Pero pude escuchar el sonido de algo atravesando la carne. Cuando lo has oído tantas veces, da grima lo bien que se puede reconocer. Es impresionante. El posterior chapoteo indicó que fuera lo que fuera, era sangrante. Por un instante, uno sólo, sentí verdadera alegría. Deseé con todas mis fuerzas que aquel sonido fuese de las entrañas de Mephisto, que por algún tipo de intervención divina el tozudo demonio enorme hubiese conseguido herirle, y ahora estuviera purificando esa fábrica asquerosa con sus tripas putrefactas. Pero no tendría tanta suerte, ¿A que no?...

La voz de Mephisto me dio la respuesta. Ojalá tuviera fuerzas para levantarme, mirarle a la cara y decirle que nuestros problemas eran cosa nuestra. Que dejara de entrometer a todo aquel al que me acercaba, para terminar haciéndoles partícipes de mi desgracia. Por breves que fueran sus palabras hacia mí, siempre acababan metidos en líos si podía conseguirlo. Hasta pedir la hora se volvía una tragedia si él estaba cerca. Empezaba a pensar que no tenía otra cosa mejor que hacer, que torturarme.

Sin saber cómo, levanté una mano. Supongo que era una mano.

- No...No...- volví a roncar.

Como le ofreciera ayuda, estaba perdido. Tendría que hacerlo, y Mephisto lo disfrutaría aún más, porque sabía hasta qué punto le ofuscaba que pagaran justos por pecadores. No quería darle más satisfacciones de las que ya había tenido. La mano se desplomó otra vez en el suelo, y vino acompañada de un gañido que le hizo escocer las cuerdas vocales. Por el cuerpo seguía discurriendo el terrible dolor, pero poco a poco iba notando cada vez mas cosas. Mis manos estaban ahí. Quizá mis pies también.

- Yo... lo haré yo...- pude apenas murmurar, mientras mi cuerpo hacía lo posible por reincorporarse. Sólo conseguí medio darme la vuelta para ponerme de lado, y al hacerlo, note como mi peso me aplastaba un brazo y una pierna provocando en mi un gesto de sufrimiento, y un grito que quedó mudo. Una bocanada de babas se me resbaló por la comisura del labio.

Mephisto lucía una expresión de sorpresa, y una sonrisa desencajada del disfrute empezó a adornar su incrédulo rostro. Intercambió una rápida mirada con su tocayo, y luego, se acercó un par de pasos hacia mí.

- Vaya... ¿Hablas en serio? - dijo entre dientes, relamiéndose los labios después. No había sido una respuesta mis palabras, ni de lejos.

Me revolvía en el suelo, deseando que realmente me hubiera amputado algún miembro. Quizá así dolería menos, y tampoco sería tan pesado moverme. Sin ningún fundamento lógico ni físico, el brazo que colgaba a un lateral de mi cuerpo encontró apoyo en el suelo, y ejerciendo una fuerza que no entiendo de donde salió, me ayudó a ponerme boca abajo. Con otra oleada, mientras todo me temblaba, conseguí después de un esfuerzo hercúleo, ponerme medio de rodillas. La baba seguía callendo como un hilo hasta el suelo, y las lágrimas me empapaban la cara, acompañadas por una capa de sudor.

- Esta noche...- dije, con tono errático, pero que tenía dentro una decisión inamovible - Yo lo haré... No él. Yo. - dije al tiempo que intentaba incorporarme un poco más sin conseguirlo, cediendo mis codos y haciendo que me golpeara la mejilla sonoramente contra el suelo. El golpe hizo que me clavara los dientes contra la carne, pero comparado con el del cuerpo, eso era como que me hicieran cosquillas. No noté su pié hasta que me dió un golpecito en un costado, para volver a echarme de lado en el suelo, y poder mirarme así la cara. Mi mejilla estaba hinchada y ahora me resbalaba un hilillo de sangre. Toda la boca me sabía a hierro.

- Lo dudo mucho, pero no seré yo quien te condicione. Sentiría de verdad no darte ese voto de confianza.- dijo, riéndose, con un sarcasmo tan fuerte que era capaz de abrir heridas.- En el fondo me da igual quién o cómo lo haga.- dijo intercambiando una mirada con el enorme demonio - Pero hacedlo esta noche.- añadió agachándose a mi lado con un tono benevolente, al tiempo que me acariciaba la cabeza con la mano. Como si recordara algo, chasqueó los dedos. ¡Casi lo olvido! Creo que necesitarás esto. - comentó, haciendo aparecer de entre los pliegues de su capa una vara, que depositó en mi mano derecha, cerrándome los dedos a su alrededor. Luego, volvió a sonreír, y con una última caricia a mi cara, y una última carcajada, nos dejó atrás en una nube de humo rojizo que se volatilizó en silencio, sólo interrumpido por mi agitada respiración.
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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   27th Marzo 2015, 20:49


El demonio miró todo aquel deleznable espectáculo apretando con una fuerza sobrehumana sus dientes. Habría sido capaz de doblar el acerco con la presión que estaba haciendo. Aún le quemaba la herida del pecho, oculta tras su mano izquierda, apoyada sobre su piel. La mano derecha le colgaba, meciéndose ligeramente. Estaba dispuesto a enfrentarse a muerte a aquel horrible y detestable ser, pero entonces vio a la niña. No podía hacer eso. Mephisto le había herido y no era como si te hería un troll o un demonio cualquiera. Él no dudaría ni medio segundo en matarle en un suspiro. No, ya habría tiempo de enfrentarse a él. Ya le pondría en su sitio. Ahora sólo pensaba en la pobre niña que se levantaba, luchando contra cualquier dolor que estuviese sintiendo con tal de mostrar que su orgullo era mayor al miedo, repulsión y dolor que sentía causado por aquel que la había engañado. Entonces cayó, golpeándose con fuerza la cara, y un pequeño charco de sangre cubrió el suelo donde tenía ella la cara. Y en un último atisbo de repugnancia y desprecio, Mephisto le dio a la niña una pequeña vara con la que guiarse en su ceguera, antes de desaparecer en una nube morada y una risa que se escuchó en los corazones de todos. Hellboy se incorporó y bajó la cabeza. Negó y golpeó el suelo con todas sus fuerzas, provocando que su mano de piedra abriese una grieta que bien podría haber partido todo el edificio. Agarró con fuerza sus dos cuernos, y con un potente grito se los arrancó de cuajo, quedando dos pequeños cuernos humeantes en su cabeza, con el contorno iluminado de rojo como las brasas de un fuego. Su respiración dejó de producir ese denso vapor rojizo. Sus ojos se apagaron lentamente y la corona de llamas y oro desapareció de su cabeza. Dejó caer uno de los trozos de sus manos y se dirigió a toda velocidad a por la niña. La cogió con mucho cuidado con su mano derecha, la cual convirtió en una cuna improvisada.

Abe se levantó lentamente, aún dolorido por todo y mareado. Fue andando poco a poco hacia su compañero, quien estaba de espaldas a él, haciendo algo. Cuando le alcanzó pudo ver que se había arrancado un largo trozo de su gabardina, envolviendo a la pequeña en él. Con un pañuelo que guardaba en uno de sus bolsillos limpió la sangre de las comisuras de sus labios. Colocó el cuerno que no había soltado junto a la niña para que le diese calor. Sacó una cantimplora de agua y murmuró unas palabras. Mojó el pañuelo, limpiando su pequeña carita, y luego le dio un poco de beber. Era agua bendita. Sanaría parcialmente sus heridas y le libraría de parte de la quemazón. No le haría daño alguno, pues el Espíritu de la Venganza, a pesar de ser una entidad demoníaca, había renegado de su naturaleza, al igual que él. Cerró sus pequeños ojos y le quitó un mechón de su frente. Ató a los extremos del trozo de gabardina que había hecho el pañuelo que desgarró para que quedase como una larga tira, y se colocó a la pequeña atada en su pecho, como una especie de cabestrillo. Recogió el bastón y salió del edificio. Abe le miró y le siguió, acelerando el paso.

- Rojo... ¡Rojo! ¿A dónde vas?

- A cumplir mi parte del trato...- Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer sobre él, provocando que sus cuernos echasen aún más vapor. La pequeña estaría a salvo de la lluvia ya que el la cubría.

- Pe.. Pero ella ha dicho que lo haría. Que se encargaría de su tarea y que no la...- Abe no pudo terminar la frase puesto que el demonio se había parado y le miraba fijamente. No era una de esas miradas que solía echar Hellboy. Abe supo al instante lo que pensaba. Nada, absolutamente nada en ese mundo ni el otro le frenaría. No dejaría a la niña sola ni la abandonaría a su suerte. Un trueno resonó por todo el callejón, el cual se iluminó durante unos segundos. No había manera de cambiar de parecer a su compañero. Los ojos amarillos de Hellboy eran lo único que brillaba, junto con el borde de sus cuernos.

- Será mejor que vuelvas a casa Abe... Esto va a ser muy peligroso...- El demonio se dio la vuelta, preparándose para caminar.

- No pienso dejarte ir solo, Rojo. Si estamos en esto, estamos juntos.

- He dicho que vuelvas a casa Abe. No pienso discutir. No vas a quedarte y punto. Esto es algo que tengo que hacer yo. El trato era yo, nadie más. Vuelve y descansa. Te necesitaré para proteger a la niña.- Abe empezó a replicar pero Rojo se giró con ira en los ojos. No estaba enfadado con Abe, ni mucho menos. Tampoco con Kim. Estaba enfadado consigo mismo por no haber frenado a Mephisto, y por haberle hecho aquello a la niña. Nadie podía ser tan repugnante y repulsivo como para hacer aquello. Ni siquiera el propio Satanás era tan rastrero ni viperino. Rojo miró una última vez a Abe antes de seguir andando. No podía dejarle ir con él. No era justo, ni tampoco correcto. Además, él era más resistente que su compañero y no podría haberse perdonado nunca hacer algo que pusiese en peligro a su mejor amigo.- Lo siento Abe, pero esto tengo que hacerlo solo. Sé que no me abandonarías nunca, y te lo agradezco. Pero ella va a necesitar nuestra ayuda más de lo que yo pueda necesitarla ahora. No pienso descansar hasta que mate a Mephisto. Y si no lo puedo hacer en esta vida, lo haré en la otra. Pero mientras viva, no descansaré hasta haber librado a esta pobre alma de la tortura eterna a la que han sometido. Espero que me entiendas...

Y avanzó mientras la copiosa lluvia le golpeaba con fuerza. Parecía como si el mundo se hubiese puesto de su parte, sintiendo el dolor que sufría Hellboy en el corazón, no por la herida, ni por decirle aquello a Abe... Sino por el mero hecho de que alguien como aquella pobre niña, cubierta con parte de su ropa, herida y ciega por ese maldito ser cuya desolación llegaba hasta donde alcanzaba el sufrimiento, tuviese que llevar una carga que ni siquiera él mismo sentía que fuese capaz de soportar. Acarició a la niña en la frente y la cabeza, limpiando unas gotas que habían caído sobre esta y separando un par de flequillos mientras andaba dirigiéndose a la oscuridad de la noche. Tenía el revolver, granadas y relicarios. Su mano de piedra y una voluntad de hierro con la que podría haber movido una montaña. Le colgó uno en el cuello a la niña que la protegería de criaturas demoníacas. No recordaba una tiniebla tan palpable en el aire como la de aquel momento. Entrecerró los ojos, preparado para cualquier cosa que le saltase de la oscuridad. Protegería a la niña con su vida si era necesario. Apoyó su mano izquierda sobre ella, apretándola ligeramente contra su pecho.

- Tranquila pequeña... Yo cuidaré de ti...

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   28th Marzo 2015, 14:48

Respiré profundamente una última vez. De verdad creí que debía ser la última, porque no podía aguantar ese dolor por mas tiempo. Mi mano olvidó el agarre que ejercía en la vara, y noté la calidez de la sangre aún saliéndome de la boca. Un golpe tremendo hizo vibrar todo el edificio, resquebrajando el suelo. Escuché un grito, y sentí un miedo atroz. Miedo de que Mephisto hubiera matado a cualquiera de esos dos idiotas, sólo por estar en el lugar y momento equivocados. Hubo dos crujidos, como de hueso al partirse, y contuve la respiración. Esperé el sonido de un cuerpo, del peso, al caer sobre el suelo. Durante un instante de lucidez, tuve la seguridad de que no se había ido. Los estaba matando. Allí, delante de ella, sin que pudiera hacer nada. Sin siquiera poder verlos en sus últimos minutos de vida. Unos pasos se acercaron a mi a la carrera y cuando me levantaron me encogí como lo hacen los animales heridos, rehuyendo, llena de ira, de asco y de miedo.

Noté el roce de la tela sobre la cara. Alguien me estaba limpiando, pero aún no podía ver nada mas que figuras informes. Sólo sabía que era roja, y rogué por todo lo que me importaba que no fuera Mephisto. Me envolvieron en un trozo de tela y noté el calor, proveniente de una especie de estaca cálida que habían colocado a mi lado. Aquel calor me reconfortó. Volvieron a limpiar mi rostro con algo húmedo, y noté que el agua se vertía sobre mis labios, haciéndome darme cuenta de la sed que tenía. Olvidé por un instante el peligro que podía suponer, y bebí desesperada por calmar la ansiedad que me producía la sequedad de mi garganta. Al acabar tosí, jadeando un par de veces, para luego volver a la pesada respiración que había tenido hasta entonces. Algo me movió, y me puso contra una piel caliente. Escuché los latidos de un corazón...

Los diálogos llegaron a mí como a través de un mal sistema de audio. Los oía distorsionados, pero no podía evitar entender lo que decían. Hubiera deseado no hacerlo, pero una parte de mí necesitaba seguir concentrada en otra cosa que no fuera el dolor. Parecía estar atenuándose un poco. Escuché la voz del demonio rojo y de su compañero el bicho azul, y al oír lo que decían empezó a pesarme el corazón como una losa de piedra. No quería que nadie pagara por mí. No quería que nadie se viese obligado a ayudarme. No quería dar lástima. Yo me encargaría de arreglarlo. Algún día, Yo y solo YO mataría a Mephisto y podría ser LIBRE.

Una de mis manos encontró un reguero húmedo que no se correspondía con las gotas que impactaban en nosotros desde el cielo, que describían a la perfección cómo me sentía. Era denso, cálido. Era sangre. Tenía la mano empapada en la sangre de la herida del demonio que me llevaba sobre el pecho, que avanzaba en la noche dispuesto a hacer todo lo que yo no quería que hiciera, pero que tampoco tenía fuerza para evitar.

Como si mi mente colaborara con él, oí un eco de la risa de Mephisto, y volví a sentirme de aquella manera que tanto odiaba. Volví a sentirme débil, desechable ... y ridículamente pequeña. Incapaz de hacer nada por resistirme a él, incapaz de hacer lo que debía para evitar que otros compartieran mi carga. Una carga que trataba de aceptar que podía llevar sola, pero que inevitablemente afectaba a todos aquellos que me rodeaban.

Arrebatarme la posibilidad de conseguir todo por mí misma formaba parte de mi castigo.

Mi cuerpo empezó a temblar, destemplado. Mi respiración se hizo más suave, y mi cuerpo se destensó, dejándome llevar, totalmente indefensa. Entonces hice algo increíblemente adulto. Cerré los puños contra el inmenso torso del demonio, contraje la cara en una muestra de indescriptible dolor, y lloré en el mas absoluto silencio...

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   28th Marzo 2015, 18:16

El demonio caminó hasta meterse en un pequeño portal a la espera de que la lluvia cesase un poco. Comprobó que la pequeña estuviese bien antes de taparla bien y secar un poco su rostro. Debía haberse humedecido debido a las fuertes gotas que caían sobre ellos. Buscó con la mirada un sitio donde pudiesen ponerse. A pocos metros vio unos maderos aún secos y algunas cajas viejas. Se acercó y las cogió como pudo, llevándolas de vuelta al portal. Era grande y estaba abandonado. El olor a orina se mezcló con el de la lluvia, y al cabo de unos minutos con el del fuego que Hellboy improvisó. Se descolgó a la niña y la puso entre él y las pequeñas llamas para mantenerla caliente. Un ojo lo mantenía en la oscuridad, preparado para saltar y enfrentarse a cualquier cosa que apareciese en mitad de la noche. El otro lo tenía sobre la pequeña, la cual parecía sollozar. Acarició su pequeño cuerpo con cuidado, asegurándose de que estuviese bien. El fuego la haría entrar en calor, o eso esperaba. Sacó también el bastón que Mephisto le había dado a la chica y lo apoyó a su lado. Rebuscó en su cinturón y sacó unas pequeñas galletas de chocolate. Las llevaba encima por si encontraba algún gato en sus misiones o para comérselas él si le entraba el hambre. Se las dio con cuidado a la niña.

- Toma... Sé que no es mucho, pero desde luego es mejor que nada... No debes tener miedo. Ya ha pasado lo de los tíndalos, y no pueso dejar a Mephisto que te haga nada malo.- Llevaba su revolver cargado y la herida se le había cerrado prácticamente por completo. Estaba preparado para cualquier cosa que les atacase, y no pensaba dejar a la niña sola. Apiló un par de maderos más, moviendo las brasas y provocando que un par de chispitas luminosas saltasen de la madera quemada con un chasquido. El olor a humo les envolvió, dándole a aquel pequeño fuego una imagen cautivadora y hogareña, a pesar de que se encontraban en mitad de la calle en medio de una tormenta.- Creo que no te lo he dicho, pero puedes llamarme Hellboy. Sé lo que eres... Llevas el Espíritu de la Venganza dentro. El Motorista Fantasma. Es una horrible maldición que nadie debería sufrir... Y menos una niña como tú. No sé qué hiciste ni qué mentira te contó él para hacerte eso, pero ahora no importa. Sé que has dicho que tú lo harás, y que seguramente te guste eso de la guerrera solitaria y demás, pero no pienso dejarte aquí sola. No en este estado desde luego. Come algo, te dará fuerzas. Las llevaba por si me entraba el hambre.

Dos seres tan distintos y parecidos al mismo tiempo a la luz de un pequeño fuego mientras la lluvia seguía golpeando el suelo con fuerza. Algunos gatos peleándose se escucharon a lo lejos, pero no había rastro de nada que les pudiese atacar ni amenazar. Pero el demonio no se fiaba. No había sido la primera vez que vivía una situación como aquella. Los seres más peligrosos son los que no ves venir, los que se funden tan bien con el ambiente que los consideras algo natural. El demonio acercó la cantimplora a la pequeña y se la dejó a su lado para que bebiese. No sabía si ella le atacaría, si le diría que se fuese, si le pediría que la acompañase... Fuera como fuese, sentía la necesidad de ayudarla. Un instinto que nunca había sentido antes despertó en su pecho y le quemaba el alma en el buen sentido. Posó su mano izquierda sobre el hombro de la niña, intentando calmarla y hacerla sentir segura.

- ¿Cómo te llamas?

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   29th Marzo 2015, 13:47

Durante un buen rato no hicimos mas que movernos. El demonio me llevaba a algún sito aunque no tenía claro dónde. La verdad es que me daba igual. Yo solo estaba allí, llorando, sin poder hacer más. Escuché después de un rato como la lluvia parecía impactar en algún sitio. Seguramente nos habría puesto a cubierto. Estuvo trasteando con lo que parecía madera y poco después, un resplandor se coló entre las sombras borrosas que estaba viendo. El crepitar me anunció que había encendido fuego. Cuando noté que me descolgaba, hice lo que toda persona adulta cuando entreabren la puerta y la descubren llorando. Traté de parar todo lo deprisa que pude. Me tumbó entre él y el fuego, y me mantuve en posición fetal, ahora que podía moverme. No sabía que me había dado de beber, pero me hizo sentir mejor, e hizo que el dolor se me pasara un poco. Ya no era como parar querer morirse al menos.

Noté como me acariciaba una mano y volví a encogerme, como si quisiese desaparecer. No estaba demasiado acostumbrada a ese tipo de contactos, y cuando algunos lo habían intentado, bueno... Digamos que habían acabado mal. Muy mal. Fatal. Hacía mucho que había olvidado lo que era una caricia cariñosa. Solía recibir apoyo a menudo, manos en los hombros, abrazos, pero todos ellos estaban cargados siempre de una subtérfuga sensación de lástima que al final los echaba a perder. No le dije nada. Me di cuenta de que con un poco de suerte, las lágrimas que me había limpiado habrían pasado desapercibidas por la lluvia. Ojalá. Procuré normalizar mi respiración, y dejar de llorar. Me centré en el crepitar del fuego, y en su informe silueta danzarina, que era lo único que claramente podía distinguir con mis ojos destrozados.

Entonces me dejaron un paquete de algo en la mano. Yo lo apreté, notando su crujiente textura. Podrían ser patatas, o galletas. No sabía. Pero la idea de comer ahora me produjo un nudo inmenso en el estómago. Sentí nauseas ante la mera idea.

Hellboy.

Ahora no estaba segura de qué había oído hablar de él. Seguramente lo habría hecho, pero no lo recordara. Tampoco quería pensarlo. No quería pensar en nada a decir verdad. Prefería quedarse allí, tumbada de lado, tomándose un tiempo de asueto para sentirse desgraciada y miserable. Tanteó la bolsa con las manos, encontrándola abierta. Él insistió en que comiera, y lo intentó, aunque solo fuera por distraerse. No le apetecía hablar del fantasma, ni de su situación, ni del clima, ni de nada. Cogió una galleta y la mordió, masticandola hasta convertirla casi en caldo. Después de tragarla, las nauseas desaparecieron. Tenía mucha hambre, pero el dolor no le había dejado darse cuenta.

- Están rancias. - dije, comiéndomelas de todas maneras.

Después de la primera, me incorporé un poco, consiguiendo sentarme sin marearme. Aún me pesaba muchísimo todo el cuerpo, pero iba a mejor. O lo parecía. Noté otra mano en el hombro que me hizo dar otro respingo, aunque traté de disimularlo después. Estaba en total tensión, y podía verse en cada una de mis reacciones. Siempre que terminaba de hablar con Mephisto estaba así. Después de un par de palabras, pasaba horas tratando de evitar esa sensación de rechazo a todo lo que me rodeaba, que era capaz de provocar en mí.

- Tortita. - contesté, seca. Me quedé sentada, de cara al fuego, me quedé allí en silencio. Las piernas dobladas como un indio, y los brazos colgando inertes dentro del hueco de mis piernas. Me estaba costando mucho, y no sabía qué hora sería ya. Le había dicho que lo haría, y tendría que hacerlo. Pero no podría impedir que el demonio participara. No tenía cómo.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   29th Marzo 2015, 20:55

- Tal vez su majestad habría preferido un plato de caviar.- No te digo. Encima la niña se queja. Estos críos de verdad, qué maleducados están. Luego pensó en que tal vez estaba siendo un poco duro con ella. En el fondo, ¿cuándo habría sido la última vez que había comido? Prefirió no pensar en ello. Ahora podía ayudarla un poco, o al menos tenía esa esperanza. Estiró un poco la espalda, haciéndola crujir. Estar sentado así en el suelo era algo incómodo, pero al menos estaban resguardados de la lluvia y con algo de calor por el fuego. "Tortita". Fue todo lo que dijo. El demonio puso los ojos en amarillo y se levantó, sentándose al otro lado del fuego, quedando cara a la niña. Sacó un enorme puro y se lo encendió con un trozo de madera ardiente del fuego. Volvió a colocarla, moviendo un poco las brasas para que el calor aumentase ligeramente.- No eres muy habladora por lo que veo... ¿Quién te puso ese nombre? El de Tortita. ¿O es porque te gustan las tortitas?

La niña no se movía ni decía nada. Y allí, sentada frente a la niña, se dio cuenta de lo poco que sabía de niños. No tenía ni idea de tratar con ellos. Eran como otra raza completamente distinta para él. ¿Qué debía hacer? ¿Hacerle alguna mueca? ¿Intentar poner una voz rara? Cuando había visto a madres o padres tratar con ellos solían hacer tonterías de esas para sacarles una sonrisa. Intentó inflar ligeramente los mofletes y abrir mucho los ojos, como había visto en la tele. Empezó a hablar con voz más grave de lo normal, lentamente, sacando un poco la lengua mientras la miraba. La cara de Kim lo dijo todo. Era una mezcla entre incredulidad y vergüenza ajena. El demonio resopló, y cortó por lo sano con las tonterías que estaba haciendo. Se llevó el puro a la boca y dio una larga calada.

- Bueno qué... ¿Vas a decir algo o te vas a quedar ahí callada toda la noche? Escucha, sé que no te gusto, y que seguramente me odies sólo por ser un demonio. No hace falta ser una lumbrera para darse cuenta de eso. Pero sé lo que es sentirse perdido y solo. Yo tuve la suerte de que un buen hombre, el mejor que he conocido nunca, me cuidó y me enseñó a ir por el camino correcto, incluso cuando odias lo que eres. No tengo esta mano por placer. Es una llave... La llave del infierno. Mi misión en esta mundo es traer el fin del mismo. Por eso Mephisto me conocía y sabía quién era. Sin embargo, aprendí que hay más cosas que puedo hacer además de cumplir con mi destino... Puedo... Elegir lo que soy. Ese hombre me enseñó a elegir... Sé que las palabras no son lo mío. Que esto te la puede estar trayendo al pairo o que estés hasta los cojones de escuchar chorradas de este palo... Pero no puedo dejarte sola. Si ese hombre fue capaz de ayudarme a mí... Tal vez yo sea capaz de ayudarte a ti. Sólo has de saber que no estás sola. Algunos también intentamos luchar contra las maldiciones que nos pesan. Y de vez en cuando, necesitamos a alguien que nos tienda una mano para levantarnos... ¿Quieres permanecer callada? Adelante. Yo tengo aquí mi puro y estoy muy acostumbrado a actuar solo. Pero si cambias de idea, hay por aquí cerca un sitio donde podemos comer algo caliente. Algo mejor que las galletas, ya que a la señorita de pitiminí no le parecían suficientemente buenas... Y ya decidir qué hacer con la misión que tienes que cumplir.- El demonio dejó que sus palabras hiciesen efecto en la niña, tanto para bien como para mal. No sería él quien la obligase a hacer nada que no quisiese. Pero al igual que el profesor Broom en su día, quería ayudarla con su carga si podía. Tal vez la ayudase, tal vez no... Sólo el tiempo lo diría. Y en ese momento, el tiempo del que disponían no era tanto como le habría gustado.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   29th Marzo 2015, 21:59

Levanté la vista cuando me hizo ese comentario sarcástico intentando ver mas allá, pero luego volví a limitarme a mirar el fuego, porque no servía de nada. Seguía estando medio ciega. En cualquier otra circunstancia quizá no tendría necesidad de ponerme así. Seguramente si me hubiera ofrecido las galletas al encontrarme una tarde patinando en el parque le hubiera dicho que eran las mejores que había comido en la vida y que se lo agradecía en el alma, pero en ese momento no habría podido encontrar palabras de agradecimiento de ninguna de las maneras. El tipo siguió intentando darme conversación. Por algún motivo su voz me pareció irritante. Parte del cabreo que tenía, y que ya he explicado, sobre rechazar absolutamente todo lo que llega después de que desaparezca Mephisto.

- Me lo puso una señora de un refugio. Siempre ponen para comer lo mismo, y yo siempre preguntaba por las tortitas. Cada día me decía que mañana. Al final acabó por llamarme así, y yo nunca comí tortitas allí. - me encogí de hombros. Ya está. Eso era todo.

Hacía ya años que había renunciado a mi nombre. No merecía la pena. Primero por que la mayoría de gente de ese dichoso país no sabía pronunciarlo en condiciones, y luego se volvió más una molestia que otra cosa. Me di cuenta del problema que podía acarrearme utilizar mi nombre real. No sabía si alguien había dado parte a desaparecidos, si yo seguiría teniendo papeles, o lo que fuera, pero si me relacionaran con Korea y encontraran mis registros, lo mejor que podía pasar es que me buscaran para comprobar que algo muy raro me sucedía. No había crecido en veinte años. La gente no era estúpida, al menos no tan rematadamente. Prefería pasar desapercibida. Además, en lo que a mi respecta, Kim HwaJae había muerto el mismísimo día que estrechó la mano de Mephisto. Ahora sólo quedaba Tortita.

El demonio se cambió de sitio y eso me permitió relajarme un poco. Prefería no tener nada demasiado cerca de mí en ese momento. Me sentía mucho más cómoda de esa manera. Incluso a pesar de mi ceguera, pude percibir que estaba haciendo cosas raras con la cara. ¿Me estaría haciendo burla? Me quede allí, intentando entender qué carajo estaba haciendo, hasta que paró y empezó a hablar otra vez. Joder con el psicoanálisis. Lo último que me apetecía en ese momento era ponerme a charlar sobre las miserias de la vida, y él parecía dispuesto a contarle hasta la última.

"Yo tuve la suerte de que un buen hombre, me cuidó y me enseñó a ir por el camino correcto" Mira tu que bien "La llave del infierno. Mi misión en esta mundo es traer el fin del mismo." Mmm. Si. Eso me ayudará a superar mi odio a los demonios. "Sin embargo, aprendí que hay más cosas que puedo hacer además de cumplir con mi destino... Puedo... Elegir lo que soy." ¿Vaya, si? Que interesante. Yo no. No puedo. Nunca he podido. "Sé que las palabras no son lo mío." ¿No? Cualquiera lo diría. "Que esto te la puede estar trayendo al pairo o que estés hasta los cojones de escuchar chorradas de este palo..." Lo primero sensato que oigo en esta conversación. "Pero no puedo dejarte sola. Si ese hombre fue capaz de ayudarme a mí... Tal vez yo sea capaz de ayudarte a ti. "

...

......

No. No, no y no. Ya basta Kim. Ya está bien. Has dudado. Eso es un peligro, ¿Entiendes? Ya lo has intentado antes, y si vuelves a intentarlo, volverá a pasar. Es el cuento de nunca acabar. Es nuestra decisión. No te quedes más tiempo aquí sentada. Levántate, acaba lo que tienes que acabar y márchate antes de que te metan mas ideas equivocadas en la cabeza.

- Bueno. Una charla muy amena. Muy espectacular. Te daré cita para la semana que viene y continuaremos estudiándolo. ¿te parece?- dije, en un tono muy serio, al tiempo que me ponía de rodillas. Al hacerlo palpé la vara que Mephisto me había dejado y la cogí, apoyándome en ella. - Me encantaría seguir con esto delante de un caffe latte y unos cuantos muffins, pero tengo algo que hacer. Cazar a un Démecum no es fácil. ¿Sabes?- añadí, antes de empezar a caminar medio a tientas, poniendo una mano delante de mi, y utilizando la vara. No era la primera vez que lo hacía, pero nunca llega uno a acostumbrarse a eso.

Démecum. Eran criaturas que se escapaban del infierno por las grietas mas pequeñas. Nacían de los residuos de la magia demoníaca y adquirían conciencia, lo justo para tener la necesidad de absorber almas. A medida que se alimentaban, crecían de tamaño. Engañaban a los incautos, adaptando formas increíbles, y se presentaban ante los incrédulos, buscando juegos o una caricia. Pero no debían tocarse. Absorbían tu alma al tacto, y podía verse las esferas flotando en el interior de sus cuerpos translúcidos, orbitando en ese flujo de magia que los mantenía vivos. Al mandarlos de nuevo al infierno, las almas retornaban a sus cuerpos originales, pero hubo una época en la que se escaparon a la tierra sin control, y estuvieron a punto de extinguir a la raza demoníaca. Las almas quedaban atrapadas, y no podían pertenecer a nadie. Esos bichos estuvieron a punto de arrebatarles toda la fuente de su poder. Ahora se les trataba como los humanos trataban a las cucarachas o a las ratas. Eran una plaga que amenazaba por completo el equilibrio. A la mínima señal de uno de ellos, había que intervenir. Debían desaparecer.

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