Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 El demonio encadenado [Hellboy]

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Hellboy
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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   30th Marzo 2015, 02:11

- No te pases de lista conmigo niña. Por mucho que te hagas la dura ya me conozco ese truco. Lo inventé yo, ¿entiendes? Y ahora vamos a cazar el Démecum o como mierdas se diga...- El demonio se levantó y apagó el fuego con la mano de piedra. Se llenó la cara de humo, pero no era algo que le molestase. Después de todo estaba fumando un enorme puro. Miró a Tortita y no pudo evitar sentir cierta lástima por ella. No lástima de pena, como la que puede darte un mendigo que ves por la calle o un perro sin hogar. Era otro tipo de lástima. Se veía a sí mismo. La imagen de la niña andando como buenamente podía con el bastón era como muchas veces se sentía. Un ciego sin rumbo en un mundo que desconocía. Todas las peleas y batallas que libraba... ¿Servirían de algo al final? ¿Y si terminaba por destruir el mundo? ¿Acaso habría valido la pena todas las luchas que había sufrido? Bajó lentamente la mirada, y supo que tenía que ayudarla. Era lo más parecido a sí mismo junto con Sloan que había conocido. Por eso le mantenían cerca. Sentía una conexión con él que necesitaba. Necesitaba saber que podían con aquello.- ¡Eh! Como sigas así, te vas a acabar haciendo daño... Espérate anda, te ayudaré.

Se acercó a la niña y la cogió con cuidado en brazos. Le cogió el bastón y lo enganchó en su cinturón. Abrió la gabardina y metió allí a la pequeña para que no se mojase. Dio una nueva calada al puro que iluminó con un tono anaranjado su rostro, y se lanzó a la noche. La verdad es que no tenía ni idea de qué demonios tenían que buscar. Démecum. No le sonaba el nombre. Aunque, a decir verdad, no recordaba el de la mayoría de seres a los que se enfrentaba. Abe era la biblioteca andante, y quien le decía cómo enfrentarse a las criaturas que les asaltaban. Fuera como fuese, supuso que la niña sabría qué había que hacer contra esos bichos. Aceleró el paso hasta alcanzar un andamio, bajo el cual las gotas eran menores. El sonido de estas chocando con la superficie metálica les acompañó hasta que lo abandonaron, volviendo al agua de nuevo.

- Bueno, cuéntame. ¿Qué es un démecum de esos y cómo se mata? Porque sabrás cómo se mata, ¿no? Yo no sé qué cojones es eso...- A saber. Podía ser desde un ente devorador de universos hasta un simple gnomo de jardín. El caso es que, generalmente, los demonios y las criaturas mágicas solían esconderse o camuflarse para evitar que los ojos humanos pudiesen detectarlas. Hellboy solía captar la atención de estas, y en cuanto se asomaba un poco todas iban a por él como las moscas sobre la mierda. El ser un traidor a su raza le hacía muy famoso entre los demonios, pero no de la manera que le habría gustado. La pequeña seguía en sus brazos, enfadada sin duda por la situación. No podía culparla. Al fin y al cabo, aquella situación era algo forzada para ella. Se la colocó algo mejor, procurando que estuviese calentita y seca.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   30th Marzo 2015, 21:39

- ¿Así que te comportas como una niña de ocho años? - pregunté, dándome la vuelta y empezando a andar. - Estalentao. - murmuré entre dientes, negando con la cabeza, mientras empezaba a andar.

Ya estaba preparada. Había conseguido salir de esa absurda conversación que no nos llevaba a ninguna parte. Avancé ayudándome del bastón, dando pasos con los pies bastante pegados al suelo, no llegaba a arrastrarlos, pero tampoco caminaba normalmente, para evitar que un obstáculo me hiciera fallar los pies, trastabillar y caerme. No estaba segura de cómo iba a hacer para atrapar a un Démecum en esas condiciones, pero algo se me ocurriría. Me había enfrentado a cosas mucho peores, eso era una mera labor de exterminador. Como si se te cuela un mapache en la cocina o algo así. Noté unos pasos detrás de mi acercarse deprisa, y otra vez me vi alzada por los aires.

- ¡EH!- me quejé, mientras volvía a colocarme con el torso pegado al del demonio, sujeta por uno de sus brazos, y me cubría con la gabardina. Luego empezó a correr bajo la lluvia durante un rato, hasta que llegamos bajo un tejado de chapa, o algo así. Debía ser una pérgola de metal o alguna cosa del estilo, porque las gotas sonaban al impactar contra ella. - Estoy empezando a cansarme un poco de este rollo de "mama gorila", ¿sabes?- le gruñí, antes de que volviera a salir pegando otro sprint. El aire frío me golpeó en la cara y me dio la sensación de que me resbalaba, así que traté de agarrarme de donde pude.

- ¿No sabes lo que es un Démecum? - pregunté, dejando los ojos en blanco. Menudo demonio estaba hecho el menda. - Son residuos de magia demoníaca. Cobran consciencia y lo único que quieren es recolectar almas. No les hacen nada, pero las aprisionan, y eso a los tuyos no les gusta. No debes golpearlos, ni tocarlos. Te quitarían el alma si lo hicieras. Las absorben al tacto. - le expliqué, aunque en el fondo no sabía qué hacía contándole todo eso. - Normalmente me libro de ellos mirándolos, pero no podré hacerlo. Creo que, con suerte, podría quemarlos. El fuego les atrae, pero siempre uso el de esa cosa. Nunca he probado con fuego artificial. No se si surtirá efecto. - elucubré, aunque no estaba segura. Estaba figurada y literalmente a ciegas. - Van buscando almas, intentan atraer a los incautos como si fueran criaturas mágicas. Algo como un unicornio o algo así. ¿Donde podría haber almas así en esta ciudad y a estas horas?- pregunté.

Después de tanto ir y venir siendo porteada como un saco, ni sabía dónde estaba.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   31st Marzo 2015, 16:19

- Pues te aguantas. Si tenemos que hacer esa mierda esta noche más vale que corramos. Y como dependamos de tu velocidad nos dan las uvas antes de encontrar a tu bichejo.- La verdad es que la niña era una respondona. El demonio comenzaba a perder la paciencia. Sí, sí, pobrecita ella que está sufriendo el Ghost Rider, pero tampoco tenía que ser una señorita Rotenmayer. Menudos humos. Y encima le llamaba mamá gorila. Eso era lo último. Mamá gorila. El demonio resopló y negó con la cabeza. Qué nochecita le estaban dando entre Mephisto y ella. Y eso que aún no habían encontrado al puto bicho ese, que después de la explicación de la niña la cosa no hacía más que mejorar. Un cabronazo de esos más escurridizo que el jabón en una ducha pública. ¡Y para mayor INRI te absorbían el alma! Desde luego le había tocado el gordo esa noche. ¡Qué lástima no haber echado la lotería!

Hellboy se paró en seco (o más bien en mojado ateniéndose a la que les estaba cayendo encima) y echo a Tortita una mirada acusatoria como la que más.

- Fuego. Les gusta... el fuego.- Haciendo una pausa en cada palabra, pronunciándola individualmente para darles peso.- A esos bichos les atrae el fuego... Teníamos un fuego cojonudo hecho antes, y me has dejado apagarlo. Así, sin más. Ni un solo amago de frenarme. Porque total, ¿para qué cojones íbamos a necesitar un fuego? Joder... ¡Qué cagarro! Y a todo esto, ¿cómo cojones es un démecum?- Y se dirigió de vuelta al punto donde minutos antes unas pequeñas llamas anaranjadas les habían iluminado y calentado. Hellboy iba maldiciendo para sí mientras andaba con paso firme, con los ojos en amarillo mientras alcanzaba el sitio.- Les atrae el fuego... Claro. Lo lógico. Porque a los jodidos bichos del infierno les atrae el fuego. ¿Y me detiene? ¡Para qué! Es mucho más divertido decírmelo cuando llevamos un rato calándonos bajo la lluvia como dos gilipollas... ¡Me estoy cogiendo un cabreo más tonto...! De verdad, qué harto me tienen estas noches de mierda... ¡Y por si fuera poco pregunta que dónde hay almas en Nueva York! ¡En Nueva York! Hay almas en cada esquina, en cada jodido rincón.

Cuando alcanzó el sitio donde estaban sacó a la pequeña de debajo de su gabardina y la dejó junto a las cenizas de lo que había sido un pequeño hogar. Le dio el bastón y le quitó un par de mechones de la cara. La pobre tenía una pinta horrible. Se agachó y estiró el dedo de piedra hacia ella, tocando ligeramente su pequeño pecho.

- Voy a ir a por más madera. Ni se te ocurra moverte de aquí, ¿entendido? Si lo haces te encontraré y tú y yo tendremos un problema. Nosotros haremos de cebo. Por suerte, los dos tenemos alma. Y si el fuego les atrae es probable que la combinación sea el cebo perfecto... En cualquier caso, si no aparece el puñetero bicho ese lo iremos a buscar en la zona más concurrida... Y sobre todo no se te ocurra quitarte el colgante que te he puesto antes hasta que yo vuelva. Te protegerá de las criaturas demoníacas. Ya lo último que me faltaba es que algo te coma o te absorba el alma.- Y con un rápido movimiento, se alejó del pequeño portal, notando el agua fría caerle por la cabeza y los hombros. Tendría que ir más lejos que antes, debido a que había usado la madera que pudo encontrar en las inmediaciones para el primer fuego. Encontró una puerta de madera de un edificio abandonado. Le dio un fuerte puñetazo, partiéndola en varios trozos. La madera estaba algo podrida, pero al menos estaba seca. Valdría para encender un fuego. Un par de cajas de cartón mojadas. No servían. Una persiana de las antiguas. La arrancó de cuajo, pero el terrible sonido quedó silenciado por el repiqueteo de la lluvia y los truenos que provocaban la sensación de que el cielo se iba a desquebrajar. Al cabo de un par de minutos disponía de la madera suficiente para hacer un fuego grande, y un par de palos que prender a modo de antorcha. Volvió al portal a la carrera, rezando por que la niña siguiese allí y nada la estuviese atacando o amenazando.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   31st Marzo 2015, 23:46

- ¿¡TE HE DEJADO?!- pregunté sin creérmelo, interrumpiéndole a media charla - ¿¡Pero ya tengo yo poder de decisión en algo de lo que ha pasado esta noche?! ¿TE HAS ENTERADO DE QUE NO VEO UN PIMIENTO, VERDAD? ¡PORQUE NO VEO UN PIMIENTO! ¿Cómo carajo pretendes que sepa lo que haces o dejas de hacer?- berreé, contrarestando quejas con mas quejas - ¡Si me hubiera enterado a tiempo te habría detenido! ¡TAMBIEN PODÍA HABER PREGUNTADO ANTES EL SEÑOR, PERO NOOOOOOO.- dije, haciéndole burla claramente.

Entonces empezó a refunfuñar, como un viejo al que unos niños le han pisado el césped. Fruncí el ceño sobre mis ojos inflamados, y concentrando todo mi sentido del tacto busqué en su pectoral, hasta encontrar lo que andaba buscando. Con un gesto rápido de muñeca, le hice un retorcimiento de pezón de aviso.

- ¡Y deja de refunfuñar, que pareces una viuda vieja a la que se le han acabado las pilas del consolador!- advertí, volviendo a sujetarme como estaba antes, mientras volvíamos al sitio del que habíamos salido.

El olor a humo, a humedad y a orina me avisó de que habíamos vuelto al sitio en el que habíamos estado antes. Eché mis manos hacia delante, en un reflejo natural de cuando no puedes ver bien, para poder alcanzar cualquier obstáculo antes de que llegue, y empecé a andar. Entonces noté que la vara volvía a mis manos, y la sujeté contra el pecho a tiempo de notar como me empujaba allí o con uno de esos dedazos de piedra, o con una barra de pan duro.

- Ya, ya... Lo que tu digas. - dije girando los ojos, dentro de las cuencas, mientras le oía alejarse. Me senté en el suelo, y esperé, dibujando con el palo cosas que no tenían ningún sentido, porque tampoco podía ver lo que estaba haciendo. El sonido del palo contra el suelo me tranquilizaba, me mantenía ocupada. Metí la mano en el bolsillo de mis pantalones y encontré un caramelo, que desenvolví y me comí. A saber cuánto tiempo llevaba allí. Después de un rato, llevé la mano a mi cuello y cogí el colgante. Lo palpé para ver cómo era, y con un gesto me lo saqué, sujetándolo con la mano. A saber qué sería eso. Decía que me protegería de las criaturas demoníacas. Si era así, ¿Cómo pretendía que hicieramos de cebo? Era lo mas ridículo que...

Un sonido me sobresaltó, haciendo que el relicario se cayera al suelo. Fue como un enorme golpe, al fondo del portal. Me quedé en silencio, expectante, conteniendo la respiración y sin moverme lo mas mínimo durante unos segundos. Escuché con atención a mi alrededor, en una espera interminable, hasta que volví a escucharle. Acerqué mi mano al suelo, muy lentamente, mientras con la otra sujetaba la vara, buscando el colgante que el demonio me había dejado. No sabía si era el Démecum o otra cosa. Pero algo había ahí.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   4th Abril 2015, 22:36

"Esta niña me tiene quemado... ¡Menuda gruñona! Parece que todo lo que haga le parezca mal. ¡Y encima me pellizca un pezón! Lo que me faltaba por ver... ¿Quién me mandaría a mí meterme a ayudar a esta desagradecida?". Pero en el fondo, Rojo sentía la necesidad de protegerla y ayudarla. Mephisto era alguien a quien odiaba, pero que se hubiese aprovechado de una joven niña para obtener de manera gratuita un alma y un sirviente para sus caprichos era demasiado, incluso para él. Era cruel, despiadad, traicionero y pusilánime, pero había líneas que no se debían cruzar, y el diablo lo había hecho. Además, miraba a Tortita y no podía sino verse a sí mismo si no hubiese tenido la protección del profesor Broom. Habría acabado así, o peor, abriendo las puertas del infierno. La parte más sensible y paternal del demonio despertó con ella, algo con lo que, para qué engañarnos, no estaba nada familiarizado. No había más que ver cómo discutían. Sólo pensaba en que, pasara lo que pasase, de alguna manera, él podía ayudarla... Aunque sólo fuese distrayéndola, haciéndole compañía de vez en cuando, o convirtiéndose en un guía para ella.

Cuando estaba alcanzando el portal vio a la pequeña de espaldas a él, mirando a la oscuridad. Escuchó un siseo cortante, desagradable, que habría helado la sangre de cualquiera. Frunció el ceño y desenvainó su enorme revolver.

- O, no. ¡Eso sí que no! ¡No pienso haberme llevado una patada en la entrepierna y un pellizco en el pecho para que ahora un cabronazo te mate!- Cogió a la pequeña con el brazo de piedra y apuntó al portal. El ruido seguía llegándole desde allí, pero no veía nada. No podía tocar a aquella criatura, de manera que le tocaría usar algún explosivo o su revolver. Lo cual era perfecto, debido a la excelente puntería del demonio, irónicamente hablando. Repentinamente, un pequeño ser, de un poco más de un metro, apareció con movimientos parecidos a los de un pájaro, olisqueando el suelo, y levantando la cabeza hacia la pareja. Era algo parecido a un híbrido entre un dinosaurio y una luz de lava. Rojo apuntó con cuidado, cerciorándose de que le tenía en el punto de mira... Y disparó. La bala cruzó el aire, salvando la distancia que les separaba a una velocidad imposible de ver. Apenas tres metros. Y el pequeño ser la esquivó como si fuese lo más normal del mundo.- ¿Pero qué coj...?

Dos disparos más resonaron en la calle. El pequeño ser esquivó ambos y se dirigió al galope hacia ellos, esquivándolos grácilmente, corriendo calle abajo, en dirección a la zona de luces. Los últimos disparos iluminaron el brazo izquierdo del demonio, pero ambos se perdieron en la noche.

- ¡Serás cabronazo!- Hellboy vació el cargador y se puso a rellenar de nuevo su arma mientras corría tras la criatura. A pocos metros de ella se abría la calle, donde algunas personas paseaban tranquilamente, preparándose para salir de fiesta, volver de la misma o llegar a sus casa tras una larguísima y agotadora noche.- Lo que faltaba... ¡Encima el cabronazo este es más escurridizo que Abe en un baño de aceite! Esto me está empezando a cabrear de lo lindo... ¿Vas bien?

La pequeña niña iba botando bajo el brazo de piedra del demonio. Intentaba no hacerle daño ni que se le cayese, pero cuando tienes que perseguir a un pequeño y escurridizo demonio la cosa no es tan sencilla como parece. Salieron a la calle y los viandantes se acercaron a mirar al pequeño ser. El demonio les gritó, provocando que todos le mirasen. Algunos gritaron de pavor, otros le reconocieron y le señalaron con una enorme sonrisa. Y el pequeño ser, con el caos que se había armado, aprovechó para cruzar la calle a toda velocidad, mezclándose entre los coches y la gente.

- ¡Eh! ¡Maldito cabrón! ¿Cómo demonios vamos a pillar a ese capullo con cara de culo? Esto es increíble... ¡Señora! ¡No pite, que está en rojo!


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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   8th Abril 2015, 19:44

Después del siseo volvieron a levantarme por los aires. Iba a empezar a tener complejo de teleñeco como eso siguiera así. Tenía una frustración enorme encima, pero no tanta como para intentar revolverme. No al menos en esas condiciones. Si era el Démecum, podría empezar por atacarme, y después de la noche que llevaba no estaba para mucho más. Bastante iba a tener intentando lidiar con la ceguera. Sentí la mano de piedra otra vez debajo del culo, y el tacto del demonio. Entonces, una detonación. Pegué un respingo asustada, porque me había pillado por sorpresa. Me retumbó en los oídos y pensé que iba a quedarme sorda. Además de ciega, ahora sorda. Joder, que suerte. Había escuchado muchos disparos en mi vida, pero pocos que pegasen semejante ruido. Entre que los había hecho en el portal, y que la pistola, o lo que fuera, se escuchaba como si fuera un cañón, me pareció un estruendo tremendo.

Volvió a disparar dos veces y después de cagarse en todo y disparar más, dio un acelerón y volvimos a la calle. Llovía un poco menos, pero eso no aliviaba el hecho de que después de media hora (o el tiempo que fuera porque claro, ni llevo reloj ni podría leerlo cegata como voy) paseándonos bajo la lluvia, estábamos empapados de pies a cabeza, así que mas o menos lluvia no sería un impedimento tampoco. Nos quedaría un resfriado de aúpa. Eso sí.

- ¿Le has dado? - evidentemente no tenía ni idea. Esos bichos eran muy rápidos, y cogerlos no era nada fácil. Normalmente esa cosa les golpeaba con bolas de fuego hasta que estaban arrinconados, y luego los miraba. Aunque no estaba segura de si a tiros se apañaría el demonio. - ¿Dónde está? ¿Le has dado o no? ¿¡Pero cuanto medía ese portal?! - pregunté mientras botaba sobre la mano del demonio.

Por la posterior respuesta, supuse que no. Se oía a un montón de gente y también tráfico. ¿Dónde nos estaba metiendo el cabezón?

- ¡DETENED ESA COSA! - grité al aire, sin tener ni idea de si había gente. Hellboy increpó a una señora, así que supuse que estaríamos cruzando una carretera.

Tuve la suerte de que sí. A pesar de lo que pudiera pensarse, los Démecum odiaban a las multitudes, era una masa ruidosa que les confundía. Estaban llenas de almas y su objetivo era cogerlas todas, pero no sabía a por cual ir primero. El nivel del griterío iba indicando por donde se movía, lo iban esquivando, procurando no tocarlo, hasta que un tipo intentó golpearle con el paraguas. En el momento en que entró en contacto con el ser, el individuo se desplomó al suelo, más gritos y una multitud se dispersaron en todas direcciones, salgo un pequeño grupo que intentó recoger al tipo y llevárselo de allí.

- ¿¡DONDE ESTA?! ¿¡A DONDE HA IDO?!- pregunté tratando de hacerme oír entre la multitud, moviendo la cabeza en todas direcciones, aunque claro, sin ver nada. El Démecum tenía un extraño resplandor rojizo ahora que acababa de succionar un alma, corrió resbalando entre los transeúntes y se introdujo a la carrera en un callejón. Eran escurridizos, y no podías tocarlos. Ese era su mayor defecto. Por suerte, poseían una gran virtud. Tenían conciencia justa para coger almas, pero una inteligencia muy limitada. Que eran tontos de baba, vamos. Con suerte el dichoso callejón no tendría salida.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   9th Abril 2015, 10:28

- ¡Mierda! Ha absorbido el alma de un hombre... ¿Si matamos al cabronazo ese se la devolverá?- Tortita le dijo que, en cuanto le matase, le devolvería las almas a todos aquellos pobres infelices que hubiesen sufrido el ataque de aquel pequeño ser. Hellboy apretó los dientes mientras saltaba por encima del morro de un coche aparcado. Abrió de nuevo el revolver y lo sujetó como pudo con la mano derecha mientras hurgaba en su bolsillo en busca de munición. Sacó cinco balas y rellenó su arma de nuevo. Con un sonido metálico la cerró y la volvió a coger con la mano izquierda. La pequeña criatura se metió dentro de un pequeño callejón, serpenteando entre la multitud que huía en cuanto lo veía. Los aullidos y guturales sonidos del démecum les guiaban a través de los gritos. Dentro del callejón, la luz desapareció, dejando sólo visible unos pocos metros iluminados por las farolas de la calle. El demonio levantó el revolver y apuntó al final del callejón, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos para conseguir ver a su presa. La oscuridad era total, pero podía escuchar unos tímidos gorjeos. Él estaba allí. No volverían a tener una oportunidad como esa para acabar con él.

Hellboy sacó un pequeño objeto metálico de su bolsillo y lo abrió, formando dos mitades. Clavó una en cada pared de la entrada del callejón, quedando ambas partes unidas por un delgado cable casi invisible. Si el ser conseguía esquivarlos y chocaba con eso, la máquina se activaría y ataría al pequeño demonio. Lo colocó a unos cincuenta centímetros del suelo para que no pudiese pasar por encima de él a menos que saltase. Sacó entonces una pequeña barrita de plástico y la golpeó contra su brazo de piedra. Al instante, la barra se iluminó con un tono verdoso. Con un movimiento oblicuo, la lanzó hacia el final del callejón. Golpeó el suelo y rodó un poco hasta detenerse. Estaría a unos doce metros de ellos, e iluminó ligeramente la calle. El suelo estaba mojado debido a la lluvia que todavía caía, aunque en menor medida que antes. Un nuevo sonido, y pudo ver asomarse la cabeza de la criatura desde detrás de unos cubos de basura. El pequeño ser iluminaba un poco la zona, algo más que la pequeña linterna que había tirado. Sin embargo, se escondió casi al instante, con otro grito que se perdió por el callejón. Hellboy andaba hacia él con cuidado, procurando no perder de vista el tono anaranjado que salía desde detrás de los cubos.

- Vale, le tenemos acorralado... No hagas ningún ruido ahora. No soy muy buen tirador, y estos bichejos son escurridizos de cojones. He preparado una pequeña trampa en la entrada del callejón por si consiguiese escapar...- Los pasos del demonio eran lentos y procuraba no hacer ni un solo sonido mientras se acercaba. Podía escuchar al démecum revolver cosas entre los desperdicios que allí había. ¿Estaría buscando comida? No, no podía ser eso. Se alimentaba de almas tal y como había dicho la niña. Apuntó a la zona con el revolver, esperando pillarlo lo suficientemente cerca como para poder dispararle a boca jarro. La respiración del demonio era lo poco que se oía. Eso y el repiquetear de la lluvia contra los cubos y las escaleras de incendios. Cuando estaba a la altura del escondite del pequeño ser, estiró lentamente el revolver, dispuesto a disparar... Un rápido movimiento unido a un grito del pequeño ser, y volvió a correr callejón abajo. No podía ir a ningún sitio... ¿Oh sí? De repente, el pequeño ser dio un fuerte brinco y se encaramó a unas escaleras de incendios, las cuales comenzó a subir a toda velocidad.- ¡Ah, mierda! ¿De dónde coño salen estos bichos? Valiente cabronada de hijo de... ¡Sujetate!

El demonio colocó a la pequeña en sus hombros para que se agarrase a su cuello o su cabeza. Corrió hacia el final del callejón y de un salto se agarró a la fina escalera negra. Unos metros por encima de ellos, el pequeño démecum corría como alma que llevaba el diablo edificio arriba. Hellboy apretó los dientes y terminó de subir a la escalera. Se apoyó un segundo contra ella y desenfundó el revolver de nuevo, corriendo hacia la azotea. Tanta carrera sólo para matar a un bichejo enano le estaba tocando mucho la moral. A decir verdad, si ya le tenía manía de antes a Mephisto, lo de ahora ya era casi de broma. Y para cuando por fin alcanzaron la parte superior del edificio, no había rastro del pequeño demonio.

- ¡Esque lo que me faltaba! ¡Este saltarín escurridizo de mierda me tiene las narices muy hinchadas! ¡Puto Mephisto! Ahora entiendo que le tengas tanto amor... ¡Valiente cabronazo de mierda! ¡¿Y ahora tú donde leches te has metido, démecum de los huevos?!- El demonio apretaba los dientes en señal de cabreo. Por regla general, de esa clase de bichos solía encargarse Abe, ya que su puntería era mucho mejor que la de Rojo. Él era la fuerza bruta, quien paraba a los grandes bichos capaces de reventar un edificio o media ciudad. Las cosas escurridizas y rápidas se le daban fatal. Miró a la niña y suspiró.- ¿Alguna idea de a dónde puede haber ido este capullo?


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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   12th Abril 2015, 11:37

Me eché la mano a la cara, para sujetarme entre los ojos. Tantos berridos me estaban dando jaqueca, pero es que además resulta que el MALDITO CABEZÓN DISPARA COMO SI TUVIERA EL PISTOLÓN METIDO EN SU PROPIO CULO. ¿¡PARA QUE QUERÍA ENTONCES SEMEJANTE CAÑÓN!? ¿Sería una cuestión de compensación, o es que al señor le gustaba hacerlo todo en proporción a pesar de que fuese a ser un esfuerzo desaprovechado?. Después de que me dijera que me callara, puse las manos en forma de garra y las levanté mirando al cielo con la boca abierta, en un gesto teatral de pura desesperación. Durante unos segundos no oí nada de nada, aparte de la respiración del demonio, que llegó a ser tan profunda que se hizo insoportable. Joder macho. Nos vas a dejar sin aire a todos. Estaba esperando que sonara un tiro en algún momento, pero solo se oía el "pliqui, pliqui, pliqui" de las gotas de lluvia contra el metal.

No le dio. Claro que no le dio. Ni disparó. Más pestes y otra vez a correr. Esto era ridículo. Como intentar matar una mosca a jodidos cañonazos. Yo me habría encargado de él en cinco minutos. Era rápida, ágil. Pero esto era como pedirle a una vaca que haga un ejercicio de gimnasia rítmica en viga. De pronto noté que me alzaban otra vez. Me sujeté con los brazos alrededor de su cuello, agarrándome al abrigo que llevaba. Nadie que me hubiera visto diría que tengo la fuerza que realmente tengo. Ejercí fuerza con los brazos para ceñirme en torno a sus hombros, en lugar de apretarle el cuello, lo cual le hubiera asfixiado. ¿Qué hacíamos, subir o bajar? Por la extraña sensación de vértigo en el estómago, supuse que estaríamos subiendo, pero no lo sabía. Joder, lo de estar ciego es horrible. En serio.

Vale. Se acabo.

- ¡CALLATE! ¡CALLATE YA UN POQUITO! - espeté yo. Joder, que desesperación. Me solté en una maniobra que luego, pensándola, resultaba de lo más temeraria porque claro, tampoco estaba segura de a qué distancia estaba el suelo, ni si estábamos subidos a una viga. Aterricé con las piernas flexionadas, pero me caí de culo de todas maneras. Luego me levanté y me sacudí. - ¡Haz el favor de sentarte en algún sitio y quedarte calladito!- le reñí como si fuera un niño pequeño.

Luego, palpé en el aire, hasta encontrar su gabardina y pasé dejándole atrás, todo eso arrastrando los pies para evitar caerme. Me planté en mitad de la azotea. Bueno, no exactamente porque tampoco podía ver, más tirando hacia la izquierda, pero no era tan importante. Me quedé durante un rato en total silencio, y extendí el brazo hacia delante con la palma extendida hacia la nada. Si él hizo algún amago de hablar, le chisté para que se callara. No tenía ni idea de qué estaba haciendo, pero igual funcionaba, como ya he comentado, los démecum no son muy listos. Nada, en realidad. Empecé a moverme muy despacio, con la mano extendida en la oscuridad, notando mi propia respiración y la del demonio, hasta que otro sonido se interpuso. Un gorjeo mas calmado, como curioso. Respiré profundamente. Intenté abrir los ojos y verle, pero aún veía solo borrones.

El démecum había asomado la cabeza de detrás de la puerta de emergencia, por la que se había colado, y ahora salía poco a poco, con un gorjeo cantarín, de curiosidad. Las multitudes les aturullaban, pero allí arriba solo estaban ellos dos, y tenían el estímulo de escapar cuando algo les perseguía, pero cuando se cortaba esa situación de raíz, volvía a poderles el instinto recolector. El único problema es que yo no sería capaz de ver por dónde llegaba.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   13th Abril 2015, 11:24

La reacción de la niña pilló por sorpresa al demonio, quien no se esperaba de ninguna manera que esta fuese a gritarle de ese modo ni a mandarle callar. Hellboy levantó ligeramente la ceja y miró como la niña se bajaba de su espalda y comenzaba a andar como podía por la azotea. Negó con la cabeza y se quedó observándola. De repente, ese sonido parecido al de un pájaro. Hellboy intentó localizar la fuente del mismo, sin éxito al principio. ¿Dónde demonios estaba? Sacó lentamente su revolver, cargándolo de nuevo, y cerrándolo con un ligero sonido metálico. Lo vio de nuevo. Asomando su pequeña cabeza desde el otro lado de una puerta de emergencia. Entendió en seguida la situación. Tortita le estaba provocando, le instaba a salir para que él tuviese de nuevo una oportunidad de dispararle. No podía fallar. No esta vez. No de nuevo. Se lo jugaba todo a una carta ya que, si tocaba a la niña y le absorbía el alma y no conseguía matarlo él luego tendría un problema gordo. No quería cargar con esa culpa.

Levantó el brazo izquierdo, apuntando hacia el pequeño ser. Este se acercaba hacia la niña despacio, emitiendo luces con su cuerpo, seguramente para intentar llamar la atención de ella. No sabía hasta qué punto sería capaz de verlo o sentirlo, pero no iba a quedarse a verlo. El cañón enfocaba hacia el ser. El problema era que la niña estaba entre ellos. Lentamente, fue rodeándola desde la oscuridad para que el démecum no le viese. Se colocó a uno de los laterales de ella, quedando el pequeño ser perfectamente a tiro. Las palabras de la vaquera resonaron en la cabeza de Hellboy. Recordó cómo hablaba ella sobre disparar. Blanco pequeño, error pequeño. Fúndete con el arma. Que sea una prolongación de tu cuerpo. Siente que es parte de ti. Aspiró profundamente, y expiró. El démecum estaba cerca ya de la pequeña. Demasiado cerca para el gusto del demonio. No, tenía que calmarse. Concentrarse. Había visto disparar a Rebecca y no recordaba que hubiese fallado nunca uno de sus tiros. Vamos... Haz que se sienta orgullosa. Una mancha en la cabeza del demonio. Muy pequeña. Eso valdría.

Sonó el disparo, tan fuerte como un trueno. Durante una microcentésima de segundo, el demonio juró haber visto como la bala abandonaba el enorme revolver en dirección a la criatura. El proyectil recorrió la distancia que los separaba en un abrir y cerrar de ojos, pero él sintió como su hubiesen pasado horas. Las gotas eran cortadas por la bala según las atravesaba, y una verde fosforito iluminó el extremo del cañón y la mano de Hellboy. El démecum escuchó el disparo, pero esta vez había apuntado demasiado bien. En un suspiro, el pequeño cuerpo del ser fue atravesado de parte a parte por el proyectil, saliendo un agua de color naranja por ambos orificios, como si hubiesen agujereado un globo de agua. El impacto empujó al démecum un par de metros hacia el otro lado, cayendo contra el suelo, agonizante, chillando, herido de gravedad. El color naranja de sus sangre se mezcló con el verde de la bala que había disparando el demonio. Hellboy enfundó el revolver y se acercó lentamente hacia el pequeño ser. Este intentaba ponerse en pie, sin conseguirlo, sin dejar de gritar. Estiró mucho el cuello una última vez, y luego tanto este como sus patas y cola, cayeron contra el suelo. Fue deshaciéndose lentamente, al tiempo que las almas que flotaban en su interior salieron del cuerpo del pequeño animal y se dispararon en todas direcciones, una de ellas justo al lado del edificio en el que se encontraban. Al cabo de unos segundos, ante ellos no quedaba ni rastro de la criatura. Hellboy sorbió con la nariz inconscientemente y se volvió hacia la niña.

- Ya está... Lo hemos conseguido, aunque me haya costado lo suyo. Gracias por atraerlo... ¿Y ahora qué?

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   13th Abril 2015, 17:20

Mantuve la mano extendida, incluso a pesar de que los gorjeos sonaran cada vez más cerca. Comencé a percibir extraños destellos entre la bruma que era mi visión total. Era esa cosa. Tenía que serlo. Noté como por un momento me tamblaba el pulso. Escuché mi respiración. La del demonio. La cantarina risilla del démecum.

Un petardazo hizo que diera un grito de lo más gay. Me tapé los oídos justo cuando la bala impactaba en el demonio y echaba hacia atrás, entre salpicones y agudos gritos horribles. Cuando esa cosa se apoderaba de mi y les miraba todo era mucho mas limpio. Dudé que fuera a bastar con un tiro, pero al escuchar el tipo de ruidos que estaba haciendo, me di cuenta de que no podía ser una simple bala. Estaba muriéndose, de eso no cabía duda, pero sufría. Sufría por algo más. Me quité los dedos del interior de los oídos, y escuché como el pobre bicho se retorcía, gruñendo, mientras se escuchaba el "glulgu" de las botellas al vaciarse. Estaba resultando de lo más desagradable. Luego, paró.

Ya está. Estaba muerto.

Me pasé una mano por la cara, frotándomela. Como si eso fuese a quitarme el cansancio que llevaba acumulado. Me hice mucho daño al acariciarme los ojos, que estaban en carne viva, y siseé de dolor mientras terminaba de surcar mi cara con los dedos. Hay que ver lo gilipollas que puede llegar a ser uno mismo a veces. Acababa de magrearme la cara con unas manos que seguro que eran un hervidero de gérmenes. Si no pillaba la lepra podía darme por satisfecha. Estaba cegata, pero se me había olvidado que me dolían los ojos. ¿Veis lo que os digo? Gilipollas perdida. Me sacudí la ropa aunque no estaba segura de si me había manchado, o mas bien, si valía la pena el esfuerzo porque aunque me sacudiera tampoco se iba a notar.

- De nada. - contesté como un automatismo, sin darme cuenta. Me detuve en seco cuando escuché al demonio continuar hablando. - ¿Cómo que ahora que?- pregunté sin entender en absoluto la pregunta. Le habría echado una mirada alucinada, pero no surte mucho efecto si no puedes abrir los ojos, y tampoco si no estas segura de a donde apuntar, salvo por donde suena la voz. - ¿Ahora qué de qué? ¿Qué quieres, un beso, una botella de champan? A ver si te crees que hay por ahí un séquito esperando concederte la medalla al valor, o algo. - pfff. Si claro.

Negué con la cabeza y empecé a andar con cuidado, buscando el borde de la azotea. Valiéndome de las manos empecé a tantear en busca de las dos varillas metálicas que marcaban el principio de la escalera de incendios, dispuesta a bajar por ella.

- Ahora qué, dice, el cachondo.- refunfuñé, aún tanteando con pasos cortos. Encontré las barras de metal y me dispuse a sujetarme a ellas para subir el murete que solían construir para que te fuese menos fácil caerte, y ligeramente mas difícil suicidarte. - Ahora nada. Coges tus bártulos, a tu amiguito el pez y te vas a casa. Y la próxima vez que una niña te diga que te vallas, la haces caso sin rechistar. - subí el murete, agarrándome. El aire me sopló en la cara y me dio sensación de mareo. La noche había sido demasiado larga y ya llevaba demasiado tiempo pegada a ese tipo. El démecum estaba muerto. Hora de ir cada uno por su lado.

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MensajeTema: Re: El demonio encadenado [Hellboy]   13th Abril 2015, 23:55

OCC:
 

- ¡Eh! ¿A dónde crees que vas? Tú te vienes conmigo. No pienso dejarte por ahí sola sin ver un pimiento.- Hellboy apretó el paso hasta alcanzar a la niña, quien comenzaba a subirse al borde de la azotea peligrosamente. No veía nada, y las posibilidades de que se cayese al callejón eran enormes. Ella resopló con fuerza y volvió la cara hacia el demonio.

- ¡Joder tío! ¿Pero qué más quieres de mi? ¡Te dije que os fuerais y os quedáisteis! ¡Os dije que yo sola lo hacía y te viniste! ¡TE DIJE QUE PODIA ANDAR Y ME HAS HECHO EL MAMA GORILA! ¿¡Y AHORA QUÉ QUIERES, QUE TE ACOMPAÑE A CASA?!-

- Escucha, se que es frustrante y estarás cabreada, pero no se si te has visto. Tienes los ojos abrasados, estas calada hasta los huesos, tienes varias heridas por el cuerpo... Y además, a saber desde hace cuanto no comes.- Puede que, en cuanto se convirtiese de nuevo en el Motorista Fantasma sus heridas y quemaduras sanasen y desapareciesen sin dejar el más mínimo rastro, pero el demonio no tenía ni idea de cuándo volvería a pasar eso. Quizás unas pocas horas, quizás días, quizás semanas... No podía dejar a una niña ciega y herida así como así. Él no era así. Podía ser terco, cabezota, gruñón y borde, pero sabía cuándo debía sacar su lado más humano a relucir.

- Ñañaña, Ñañaña Ñaña cuanto que no comes.- Hellboy resopló y frunció el ceño en señal de cabreo. La niña comenzaba a ponerse verdaderamente insoportable, y no tenía mucha paciencia que digamos.

- Y además, ¡que coño!, ¿qué hago dándote explicaciones? Si te digo que te voy a ayudar te ayudo y punto.- Agachó la cabeza hasta ponerla justo en frente de Tortita con el rostro serio y los dientes apretados.- Y empieza a tratar a los mayores con más respeto niña. Y de paso un gracias no estaría de más. Puede que haya tardado un rato en matar a ese capullo, pero lo he hecho.-

- ¡Yo también lo hubiera hecho, si no hubiera tenido que salvaros el culo de esa mierda que intentaba evitar que os comiera por pringaos! Así que, en todo caso, DE- NA-DA.- No te digo, aquí la desagradecida. Ya se podía dar con un canto en los dientes. Puede que él y Abe hubiesen entorpecido un poco la situación, pero en cualquier caso al menos le había ayudado ya que se había puesto todo muy feo. Un simple "gracias", unas palabras de agradecimiento, un lo que sea habrían bastado para que Hellboy hubiese bajado bastante el tono de la conversación.

- Tortita, me estas empezando a cabrear a base de bien. ¿Qué demonios hacías tratando con Mephisto, ¿eh? ¿Acaso no te enseñaron en el cole que los demonios son malos? Te vienes conmigo a que te cure esas heridas y punto.- Eso sí que era algo que le mosqueaba enormemente. El tema de que hubiese hecho un trato con Mephisto. La única explicación lógica era que el propio demonio la hubiese engañado, usando alguna de sus sucias triquiñuelas para hacerse con el alma de la pobre niña. En cualquier caso, el hecho es que el pacto o lo que fuese estaba ahí, y Hellboy no lograba comprender qué sentido tendría para alguien como Mephisto reclutar a una niña tan pequeña. ¿Por qué no haber esperado a que ella creciese y pudiese obtener un cuerpo más útil y mayor fuerza? No encajaba de ninguna manera en la idea que tenía él del demonio.

- ¡JAJAJAJA! Ay que risa. Pero contigo si quieres que me valla, ¿no?

- Puedes ponerte todo lo enfurruñada y cabreada que quieras. Ya veremos si después de un baño caliente se te pasa la gilipollez.- Lo tenía claro. Tal vez llevarla al B.P.R.D no fuese una buena idea, y menos aún si Mephisto podía colarse a través de ella en la organización. Pero puede que así pudiesen entender qué le pasaba. Además, una cama y comida caliente tal vez animasen a la niña aunque fuese un poco.

-- ¡No te atrevas! ¡Te lo digo en serio!- Hellboy puso los ojos en amarillo y se cansó por fin. Cogió a Tortita en los brazos y la miró fijamente.

- Escúchame. He luchado contra demonios y criaturas del averno el tiempo suficiente como para saber que tienes un problema. Yo también los tengo, pero si se puede ayudar a alguien se ayuda, ¿lo entiendes? No pienso dejar que una cría de ocho años ciega se vaya por ahí porque no le da la gana dejarse ayudar un poco.-

- ¿Sabes lo que me pasó a mi la última vez que dejé que un demonio me ayudara? Esta mierda.- Como un mazazo, Hellboy se dio cuenta de la situación. Kim se quedó en silencio, con la respiración agitada mientras el rostro del demonio cambiaba de enfadado a sorprendido ante la situación. ¿Qué estaba haciendo? Ella no podía ni ver a los demonios. Los odiaba con toda su alma, y él estaba ahí obligándola a que le hiciese caso y forzándola a acompañarla, cuando la última vez que vivió algo así perdió toda la libertad y la alegría que vivían en su alma.- Así que tenemos un problema, campeón. Porque o me dejas irme en paz, o me llevas a rastras.

- Ya. Lo siento. No lo había pensado...- Para los que conocían al demonio, escucharle pedir perdón como lo hizo en ese momento era algo que no veían todos los días. Rara vez Hellboy se equivocaba cuando hacía o decía algo. Puede que las formas le fallasen de vez en cuando, siendo menos diplomático de lo que debería en más de una ocasión, pero siempre pedía perdón por ser tan borde y cambiaba de tema. Sin embargo, aquella disculpa era totalmente distinta a ninguna. Era una disculpa sincera, proveniente de su corazón. No se había dado cuenta de hasta qué punto él se estaba convirtiendo en un ser tan despreciable como Mephisto a los ojos de la niña. Se miró en un charco que la lluvia había dejado a su lado, y vio su reflejo. Un ser de color rojo intenso, con unos brillantes ojos amarillos. Cualquiera que le hubiese visto se habría asustado, habría pensado que era un horrible demonio del averno que iba a por su alma o a castigarlo por sus pecados. Exhaló aire lentamente, valorando la situación. Y entonces hizo algo de lo que se arrepentiría toda su vida, pero sabía que tenía que hacerlo. Debía hacerlo por ella. Solo así conseguiría saber cómo ayudarla, y tal vez algún día, encontrar alguna manera de devolverle unas muescas de felicidad y esperanza.- Mira, tú no me conoces y yo a ti tampoco, pero sí que se lo que llevas dentro. Yo no elegí ser así. Soy así porque soy un demonio. Uno de los peores de hecho. Pero elegí enfrentarme a mi naturaleza y luchar contra las cosas que asolan el planeta. Tu misma has visto mi alma y sabes que soy inocente en ese aspecto. Todo el dolor que he causado ha sido tan sólo a los monstruos que persiguen a los inocentes por las noches. No te culpo si no te fías de mi. No te culpo si me odias o cada vez que me veas deseas mi muerte... Sé que tú tampoco elegiste ser lo que eres. Pero no puedo dejarte así. Así que me temo que tendré que llevarte a rastras...-

- ¡No serás capaz!-

- Llevo haciéndolo toda la noche. No será tan difícil.- Sí que era difícil. La vez más difícil de todas. Prácticamente la dejaba sin opción de seguirle o de irse por su cuenta. La estaba obligando a ir con él a pesar de que le había dicho que no quería. Su rostro se tornó triste, y se alegró de que ella no pudiese ser consciente de ello. Era más fácil llevar esa carga solo. Con cuidado la cubrió de nuevo con la gabardina, para darle aunque fuese un poco de calor.

-¡ARHG! SUELTAME, ¡¡SUELTAME!!- La pequeña intentó zafarse de mil maneras. Mordía, pataleaba, arañaba, golpeaba el costado del demonio... Pero todo esfuerzo fue en vano. Hellboy tenía la decisión tomada, y aunque le dolía, sabía que tenía que hacerlo.- ¡¡SOCORRO!! ¡¡SOCORRO, POLICÍA!! ¡¡ME SECUESTRAN!!

- ¡Deja de gritar! No voy a hacerte daño. No quiero hacerte daño, pero si sigues así te van a caer un par de azotes.-

- ¿¡QUIERES OTRA PATADA EN LAS BOLAS?! ¡PORQUE EN CUANTO VUELVA A VER Y LAS ENCUENTRE, ES LO QUE TE VAS A LLEVAR!-

- Ya, ya me lo imagino. Y seguramente me la merezca.- Y así, Hellboy con la pequeña en brazos que no paraba de gritar que la secuestraban y de dañar al demonio de todas las maneras que sus pequeñas manos, sus uñas y su boca le permitían, avanzaron en la noche en dirección al B.P.R.D. Rojo siguió reprimiéndole algunos gestos, especialmente un par de mordiscos bastante desagradables, hasta que por fin, presa del cansancio, el hambre y el frío, la pequeña terminó por dormirse en sus brazos. El demonio le echó una última mirada, y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios al ver a un ser tan puro descansando apoyada en él. Su instinto más paternal salió.- Te juro que te ayudaré. Encontraré la manera de hacerlo.

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