Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]

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MensajeTema: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   5th Marzo 2015, 23:26

Sintió la sutileza de la hierba bajo sus pies, miles de fibras vivientes cuya superficie hacía resbalar las suaves gotas de rocío aposentadas en ellas, plegándolas bajo el peso del deslizante cristal líquido que contribuía a alimentarlas, a mantenerlas con vida junto a los nutrientes de la tierra, de la luz del sol. Diversos colores se arremolinaban sobre los tallos, envolviéndolos en halos de las mas variadas tonalidades, a medida que el Astro flotante emergía desde un lado del mundo, y se perdía en una incesante marcha que volvía a acontecer, constante e inagotable, en un ritmo perfecto y sincopado que no era si no la muestra en visiones de la sinfonía de la que hacía gala la vida de las criaturas que hasta entonces había conocido. Contemplaba el Astro rey, alargando las manos hacia el cielo, tratando de sujetarlo entre ellas, pero no era capaz de alcanzarlo...

Recordaba el curioso aroma de la criatura aterrada, disgustada. Era predadora. Sentía predilección por cazar. Estaba tan habituada a su mundo, que había perdido en algún momento del que no tenía consciencia, que ahora que no era capaz de comprender cuanto la rodeaba se sentía confundida y asustada, incluso a pesar de que nada tuviera que temer de los débiles seres que convivían en su nuevo plano... La habían capturado, enjaulado en un lugar diminuto, privada de la libertad de la que se había alimentado desde que era un simple cachorro al cuidado de sus progenitores, y ahora, aislada del mundo, no tenía posibilidad de hacer cuanto la naturaleza le dictaba que debía hacer. No podía alimentarse por su cuenta, ni tampoco compartir su vida con un macho de su misma especie, ahora que su periodo fértil se aproximaba, necesitaba su presencia para aparearse y continuar su línea genética...

Sintió diversas punzadas, una humeante niebla envolviéndola...

Una canción...

"Púlsar"

-------------------------------------------------

La piedra situada en medio del jardín llamó la atención de diversos estudiantes. No estaba allí el día anterior, y les parecía poco probable que hubiese brotado sola, de la nada. Parecía más lógico que o bien alguien la hubiese colocado allí, o bien se hubiera caído desde algún lugar, quizá un transporte aéreo, y se había clavado en algún punto de los enormes jardines de los que disfrutaba la increíble instalación que daba nombre al movimiento mutante más importante ubicado en Estados Unidos...

Ante la asombrada mirada de un par de alumnos, que habían investigado el mineral rojizo con curiosidad durante un tiempo, sin convencerse a sí mismos, ni al otro, de que podía resultar inocuo al tacto, el cristal, con un crujido, comenzó a rajarse...

-------------------------------------------------

La conciencia retomó el cuerpo de la dama Nívea, haciendo que sus ojos de largas pestañas se abrieran con el sutil movimiento del primer aleteo de una mariposa, y liberaron así sus iris plagados de cristal rosa zarci, matices de suaves violetas y rojos ribeteando esa única, recién nacida, manera de mirar... Sus piernas aún a medio atrapar por la matriz del mineral que la envolvía, deshaciéndose a medida que su nacimiento comenzaba de nuevo, una y otra vez, con el costumbrista coro similar al de la aparición del sol, que derramaba su luz sobre sus cabezas, como siempre, sin arrancar a su cuerpo sombra alguna...

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   12th Marzo 2015, 02:37

OOC: Perdona la tardanza, estaba esperando a ver si respondía algún alumno antes de intervenir yo como profesor. Me encanta que hayas decidido aparecer en la mansión. Seguro que a Drago le va a venir muy bien tu influencia Very Happy Very Happy Very Happy


La punta del lápiz perfectamente afilado dibujó la esbelta silueta de una semicorchea en el pentagrama. Una tras otra, las elegantes figuras musicales fueron ocupando su lugar en la partitura hasta que, de nuevo, surgió el vacío.

El frustrado profesor se quedó contemplando el hueco en blanco mientras, sentado al piano, trataba de encontrar aquella nota esquiva que se resistía a tomar forma, rehuyendo el alado toque de la inspiración.

Había una gran agitación en el patio, un profundo revuelo mayor al usual que acabó por quebrar totalmente la concentración del profesor, que se levantó para asomarse a la ventana. Esperaba alguno de los clásicos problemas que uno podría llegar a encontrarse en una escuela de aquellas características; un conflicto entre dos alumnos que habían pasado sus diferencias a las manos, un partido de basketball que había provocado una excesiva rivalidad, o alguna demostración de poderes o habilidades que había ido excesivamente lejos. Cualquier cosa típica de un grupo de adolescentes que tenían que pasar demasiado tiempo juntos. Desde luego lo que no se esperaba fue la maravilla de color rojo sangre que se encontró flotando en el jardín de la mansión.

La sorpresa le impidió reaccionar de inmediato, pero entonces vio cómo el cristal comenzaba a resquebrajarse y salió corriendo del aula de música, bajando a toda velocidad las escaleras que conducían a la planta inferior y salvando la distancia que le separaba del patio de entrada. Una vez allí se dirigió rápidamente hacia el camino que conducía hasta el jardín y se abrió paso por entre el grupo de curiosos que se había reunido en torno al cristal, poniéndose delante de los dos muchachos que habían sido lo suficientemente osados como para acercarse más en ademán protector.

- ¡Atrás! -ordenó a los alumnos-. ¡Apartaos del cristal! ¡No sabemos lo que puede salir de ahí!

A decir verdad, un sinfín de confusas teorías se agolpaban en aquellos momentos en la cabeza del profesor; ¿un ataque de Magneto y su Hermandad de Mutantes Diabólicos? ¿Una versión mejorada de Centinela? ¿Un ataque terrorista anti mutante? ¿Una nueva iniciativa del Gobierno para mantenerlos a raya? Y para colmo, desde que se había producido la Colisión, casi todos los miembros de la Patrulla estaban ocupados resolviendo las diversas catástrofes naturales que se habían estado produciendo a lo largo del globo. Si aquello era realmente un ataque estaría solo para defender a los chicos...

Pero entonces una conocida voz se abrió paso en su mente, calmando sus pensamientos:

Tranquilo, Drago, no es un enemigo -dijo la voz de Xavier, y fue casi como si pudiera ver la sonrisa en el rostro del Profesor cuando el cristal terminó de fragmentarse revelando la figura que se ocultaba en su interior, la de una joven cuya pureza era tal que, por primera vez desde la Colisión, las sombras del interior de su mente guardaron pleno silencio. No había nada... más que ella... y su luz... Una luz pura, radiante y hermosa como nunca antes había percibido en otro corazón...

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   15th Marzo 2015, 14:37

Sus ojos se posaron sobre aquellos que la rodeaban, en cada rostro miradas plagadas de curiosa reciprocidad, pues era tan nueva su presencia para esos seres, como lo era para la joven su compañía. Vio sus rostros jóvenes, y el torrente cimbreante de pulsaciones recobró su ser con tanta fuerza como jamás la había sentido hasta entonces... El dolor constriñó su rostro en un fugaz instante apenas perceptible hasta que diseminó en su interior cada hebra, cada fino hilo que construía toda su percepción por separado, para que fuese mas llevadero sentir con mayor intensidad, uno a uno...

Sus piernas liberadas dejaron restos de cristal sobre el suelo, esquirlas y grandes totems que se quebraron, conformando nuevas esculturas calcáreas, indivisibles, como si siempre hubieran estado unidas a pesar de que cualquier observador tendría la certeza de que no había sido así...

Del último pedazo, surgió un hocico bulboso y pequeño, urgido por una gran necesidad de salir de entre los plisados de piedra carmesí, sacudió su pelaje albo, removiéndolo, su larga cola sufrió un espasmo propio del de un felino al jugar, ahora de nuevo libre. Así correteó entre los presentes, olfateando sus pies, sus piernas, y perdiéndose luego tras una estela de nuevos olores que eran para él dignos de su máxima atención...

La mujer sin sombra no se movió...

Contemplo, estoica, cual estatua de mármol blanco, su melena roja, cascada de flores inmensas y abiertas hacia el sol, reposando sobre el suelo, bañando sus hombros y su espalda. No había motivo alguno que alterara a los presentes, ni tan siquiera su desnudez. Una banda abrazaba el torso bajo sus brazos, sobre sus muñecas y rodillas, pero nada más. Con la naturalidad magnífica con que se observa el pelaje de un animal, su piel, sus escamas o sus esqueletos externos, la visión del cuerpo de la dama nívea producía tan sólo una creciente sensación de que todo era como debía ser. Que así era como el mundo deseaba que fuera...

Era incapaz de provocar excitación sexual de ningún tipo, pero el enigmatismo que la envolvía causaba innegable fascinación...

Sus ojos se posaron entonces en el hombre que permanecía ante los mas jóvenes, su preocupación latía con fuerza, temía... Temía, como la dama nívea ya lo había hecho, el posible dolor que pudera causarles a los que le acompañaban o a él mismo, pero otra sensación arrebató a esa el dominio de sus pensamientos, la más fuerte, la más intensa que podía experimentar...

El deseo de saber...

Los labios rosados de la joven se entreabrieron, permitiendo que brotaran de ellos las vibraciones que servían para comunicarse, llamadas palabras. Las notaba reberverar en el interior de su tórax, haciendo eco en las paredes internas de su ser, hasta que les dieran la oportunidad de salir despedidas. Jamas las escogía. Brotaban por si mismas acorde con la ocasión, a veces, débiles, a veces con tanta fuerza que era incapaz de frenarlas aunque lo hubiese intentado. Tal era la consideración que tenía del lenguaje, por el momento...

- Gracias...- el significado de la palabra timbreó en su voz de dos tonos, el de una mujer joven, de dulzura inimaginable, y el coro de una voz masculina, grave, casi anciana, que parecía susurrar en exclusiva a quien la oía - por... recibirme...- sus orbes de tonos rosados, con brillos de estrellas violáceas contemplaron a los presentes, y de ellos percibió sus vibraciones, aquellas que les pertenecían...- Doug... Sofia...- los más jóvenes sufrieron un respingo al oír sus nombres. La aureola sobre su cabeza osciló con un ritmo acompasado, hipnótico. - Dragoslav...- podía sentir que eran suyas... ¿Porqué entonces aún desconocía la propia?

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   19th Marzo 2015, 12:09

El proceso se completó, liberando al fin el cuerpo al completo de la angelical criatura, y con el último fragmento de cristal apareció un diminuto y curioso ser que atrajo de inmediato la atención de los presentes.

- ¡Lockheed, no! ¡Aquí! -gritó una voz femenina por entre el gentío.

El sonido pesado del batir de unas alas membranosas precedió a la aparición de lo que a primera vista parecía un pequeño dragón de piel violácea que se quedó mirando fijamente al polynach manteniéndose en suspensión por encima suyo, con, al parecer, sincera curiosidad como única motivación. De vez en cuando emitía una serie de curiosos gruñiditos y chasquidos, con la intención, quizá, de comunicarse con el otro ser...


Por su parte, Drago no podía apartar la mirada de la mujer. Normalmente en este tipo de situaciones las sombras le habrían hablado, susurrándole palabras de precaución o advertencia, pero en aquél momento, por primera vez desde que sus poderes mutantes habían despertado, no era capaz de escuchar nada... nada en absoluto. Su mente se encontraba en completa paz. Silencio... Y entonces ella habló; les dio las gracias y demostró estar en conocimiento de sus nombres. ¿Es que acaso era telépata?

- Me temo que es un poco más complicado que eso, Drago... -dijo la voz del Profesor a su espalda.

Charles Xavier se acercaba caminando desde la mansión, mirando a la recién llegada con obvia fascinación, aunque parecía en mayor control de la situación que todos los demás. Se detuvo al quedar frente a OmegaDust mirándola con amabilidad a los ojos.

- Gracias a ti por honrarnos con vuestra visita. Mi nombre es Charles Xavier, y estoy al frente de ésta institución. Tu mente es un misterio para mí... inaccesible. Pero siento algo... algo que ya he sentido antes. Eres una especie de émpata, ¿verdad?

Tras él, el pequeño Lockheed emitió una serie de graznidos al tiempo que asentía enfáticamente con la cabeza. Después de todo, él mismo era un émpata, por lo que parecía natural que pudiera reconocer a alguien que tuviera la misma capacidad...

Notas:
 

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   31st Marzo 2015, 13:46

La dama nívea se mantuvo hierática, tanto como para dejar notar uno de los factores que trascendían más perturbadores en su naturaleza, pues si bien es cierto que el hecho de carecer de sombra resultaba inquietante, no solía ser algo que los que la contemplaran fuesen capaces de percibir desde el primer momento.  Permanecía de pie, expectante, aguardando paciente mientras el Olfateador continuaba adueñándose de un sinfín de olores que lo mantenían inquieto y excitado. En su torso, bajo la albar superficie de su piel perfecta, carente de marcas, lunares o cualquier otro detrimento propio del lenguaje con que se narra el paso del tiempo que delata las memorias de lo acontecido en toda una vida, no había movimiento alguno. El hálito unánime de los vivos,  subestimado gesto, primordial y definitorio, no estaba presente en ella. No necesitaba de aliento, mas allí estaba…

La pequeña criatura nival de hocico bulboso se alzó sobre sus patas traseras, elevando el morro tratando de alcanzar cada sutil matiz desprendido por la criatura purpúrea que lo sobrevolaba. Chasquidos emergieron de sus labios, y estos atisbaron de lejos los sentidos de Polynach, cuyas orejas enhiestas delataban su atención. La larga cola se meció en espasmos, su cabeza ladeada en síntoma de supino interés…

“Me gustaría olfatearte bien, criatura púrpura.” dio a entender, hablando en aquel extraño idioma propio de los animales. Su pupila abriéndose paso sobre sus iris causada por la tremenda impresión que producía en él la presencia del ser cárdeno. “De ti tomare la esencia, y jamás tendrás que temer al olvido.” todo su idioma rehuía al peligro, la posible violencia que surgía del conflicto entre especies estaba suspendida en el vacío de la inexistencia. No había cabida para ella en el Polynach, como tampoco parecía reflejarla su nívea compañera. Con la protección propia de una madre le rogaba su presencia cercana, para así cumplir el cometido que había comprendido al emerger de la inmensa roca, matriz de cristal protectora que les había cedido a ellos el deber de ser cuanto debían ser…

Conversaciones mudas a oídos del resto entre los dos seres, mientras la joven recibía con inalterable expresión a aquel que por sí mismo se presentaba, a pesar de lo cual fue capaz de percibir que su nombre era el que ahora le ofrecía, pudiendo ella misma haberlo tomado…

Su nueva capacidad para comprender los sutiles tonos de cada hebra era suficiente sorpresa para alentarle a continuar su aprendizaje, aquel que se le permitía con cada contacto con el mundo al que era liberada tras la ruptura de la gema…

- ¿Qué es un… émpata? …- su rostro era una máscara de confusión... No recordaba haber escuchado aquella vibración nunca, y su significado era difuso, como una neblina que era capaz de ver pero no discernir su forma…

La criatura cárdena asintió con la cabeza, seguidos sus gestos de cerca por los orbes escarlata capaces de emular un cielo plagado de rojos, rosados y añiles, centelleando sobre ellos como una nebulosa cambiante, a medida que se familiarizaba con las presencias que habían acudido a recibirla… En el fluir de miradas se encontraron, y ante la sorpresa de todos, la joven entreabrió los labios, y una composición de complejos gruñidos y chasquidos muy distintos a la voz de dos tonos que habían escuchado llamó la atención de ambas criaturas. Una secreta conversación tuvo lugar entre ellos, y tras acabar, la dama nívea volvió a mirar, uno a uno, a los componentes de la multitud…

- LookHeed… cree que lo soy…- sus párpados descendieron sobre sus ojos, con la delicadeza  de una hoja al caer en otoño. – Confío… en su criterio…- la dama nívea dio un paso entonces hacia los presentes, ávida de avanzar… de ver… de conocer…

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   8th Abril 2015, 01:02

Sentí su llegada tan pronto como lo hizo Charles. Estábamos cada uno en una estancia diferente de la mansión y nos comunicamos telepáticamente: él iría antes que yo, que tenía que terminar mi clase. El Profesor me mantendría al tanto, aunque yo podría estar perfectamente atenta a lo que ocurriera en torno a ese cristal que había aparecido en el jardín.

Drogo acudió de inmediato y fue él solo, los demás miembros de la Patrulla estaban ocupados atendiendo a los altercados que pudiera haber causado la colisión... La colisión... De pronto me sentí arder por dentro, pero no lo exterioricé. Aún estaba trabajando con Charles sobre qué es lo que había pasado antes de mi llegada y a mi llegada, seguía muy confusa al respecto.

Cuando quise darme cuenta la clase había terminado.

-Bien, muchachos. Para la próxima clase me gustaría que me trajerais una descripción detallada de vuestras teorías acerca de la tan presente aparición de personajes en este hasta hace poco "nuestro" mundo. Muchas gracias-. Recogí mis papeles mientras los alumnos salían despedidos del aula para disfrutar de su bien merecido descanso hasta que me quedé sola y pensativa. ¿Quién era aquel ser que había aparecido en el jardín? Podía sentirla, casi podía abrazar su aura...

Todo esto es gracias a ti...

-No... ¡Cállate!- le chisté en un susurro a Fénix mientras me sujetaba la sien con una mano y cerraba mis ojos con fuerza. No podía dejar que se apareciera así de fácil en mí. Tenía que controlarla, si bien aún estaba débil. No quise darle más vueltas y fui a reunirme con Drago y el Profesor para saber de primera mano qué es lo que ocurría. Cuando llegué ayudé a dispersar a los alumnos rezagados y curiosos sin dejar de notar la penetrante y dulce mirada rosada de aquella mujer que estaba ahí observándolo todo, observándonos a todos. Estaba tranquila por su presencia porque Charles no mostró ningún indicio de que fuera peligrosa e incluso le agradeció su presencia y, hasta que yo no posé mis ojos en ella no pude decir lo mismo: sentía toda su paz y todas sus diferencias y podía ver en su mente que no quería hacer daño. Au contraire, estaba ávida de conocimiento, quería saber más, aprender, conocer, observar... Era fascinante y temible a la vez, lo que le otorgaba esa atracción fascinante que te hacía desear saber más de ella.

En ese momento entendí lo que me dijo Fénix y por primera vez desde mi vuelta, su comentario no fue hiriente sino empático. Fue sincero. La llegada de este ser de luz que tanto nos fascinaba y que dejaba a Drago en un estado de paz sin sombras no era más que una oportunidad recíproca de conocimiento... Pero, ¿sería bueno tanto conocimiento?

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   15th Abril 2015, 02:01

No tenía sombra. Aquella mujer no tenía sombra. No se había dado cuenta en un principio, pues estaba demasiado asombrado por todo lo demás (una mujer angelical emergiendo del interior de un cristal que había surgido de la nada no era algo que se veía todos los días), pero ahora que la muchacha había salido por completo de entre los restos de su prisión carmesí, sus aturdidos sentidos comenzaron a reaccionar y a registrar tanto ese como otros pequeños detalles igualmente inquietantes, como el de que su pecho no mostrase señal alguna de respiración ni ninguna de las clásicas imperfecciones que caracterizan la piel humana, o el color antinatural de sus ojos, a juego con la piedra que la había visto nacer, o el hecho de que pareciera hablar en dos tonos, masculino y femenino, joven y anciano, todo a la vez...

Mientras tanto, Lockheed, ajeno a los perturbadores interrogantes que comenzaban a hacerse forma en la mente del mutante, mantenía toda su atención fija en la criatura que había suscitado inicialmente su interés y descendía, dispuesto a concederle al Polynach su deseo de olisquearle desde más cerca. Tomando tierra se acercó hasta él con graciosos pasitos y le estudió con mayor atención, al tiempo que una curiosa y peculiar conversación se entablaba entre los dos.

Eclipse se encontraba profundamente confundido. Por un lado, todas las señales que había percibido en ella le decían que tendría que inquietarse, pero por otro, había algo en aquella criatura, un cierto halo de paz y tranquilidad, que le instaba a mantenerse calmado. Además, confiaba profundamente en la sabiduría de Xavier, y éste no parecía estar preocupado en lo más mínimo. Y para completar el extraño cuadro, la joven procedió a iniciar lo que parecía ser un diálogo con el pequeño Lockheed... Drago no recordaba a nadie que hubiera sido capaz de hacer tal cosa, ni tan siquiera Kitty, con quien el animal mantenía un vínculo tan estrecho.

En ese momento ella avanzó, dispuesta a conocer, y Jean, que no parecía tan afectada como él (¿en qué momento había llegado? tan absorto estaba en la contemplación de la inusitada criatura que no se había dado cuenta), ayudó a dispersar a los alumnos que se habían dado cita en el patio, gesto que le agradeció en lo más profundo de su ser aunque no lo expresara con palabras. ¿Qué demonios le pasaba? ¿Qué era aquello que experimentaba?

- Un émpata es alguien capaz de percibir y experimentar por sí mismo las emociones de los demás -explicó Xavier ofreciéndole a la dama su mano para guiarla hacia las verdes profundidades del jardín-. Se trata de una habilidad muy poderosa, ya que quien la posee puede ser capaz de influir sobre dichas emociones y manipularlas, para bien o para mal. Pero en ti no detecto maldad. Dime, chiquilla, ¿quién eres? ¿Tienes nombre? ¿Necesitas ayuda? Oh, éstos son dos de mis profesores: Dragoslav Katich y Jean Grey.

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   21st Abril 2015, 00:55

Émpata...

Se sentía identificada con la vibración que componía todo ese significado... mas aún con la recién descubierta familiaridad que le transmitía dicho sonido, no la percibía como en los demás reverberaban las ondas que conformaban lo que, tras haber conocido a varias y muy diversas criaturas, se denominaba como Nombre...

Su sonoridad las convertía en algo único, y a sus propietarios, en ostentadores y dueños...

Definía quienes eran... y la dama nívea sentía tan grande anhelo por encontrar el que por fin le perteneciera... con el que conseguiría comprender quién era... pero no parecía corresponder con lo encontrado hasta entonces. La razón de su búsqueda, intacta, tan lejana, oculta tras un horizonte platónico del que aún no era capaz de vislumbrar cercanía o vestigio...

Su mano tendida le ofreció una invitación, e imitando su gesto la aceptó, dirigiendo su delicada mano inerte coronada en cúspides de lágrimas cristalinas, aposentándola sobre la del psíquico. Era su tacto muy diferente al que cualquiera se hubiera acostumbrado, pues no se percibía en ella peso, presencia ni calor... Al contrario, la vista ofrecía una certeza irrefutable en su presencia, pero la sensación, como la suavidad de una pluma recorriendo la piel, o la de las alas de una mariposa al alzar el vuelo sobre la superficie que envolvía cada rincón de sus cuerpos, que era también la traductora del más importante sentido, era lo único a lo que podía compararse el contacto con la dama nívea...

Se detuvo, ante la nueva presencia que se había personado en el jardín, y que con tranquilizador talante había conseguido eludir al resto. Su pacífica expresión inmersa en aquellos ojos que le devolvían su propia curiosidad...

- Jean Grey...- el parpadeo se suspendió en el tiempo, mientras la vibración le otorgaba todo cuanto era estandarte de su ser - Reside en tu interior... una intensa vibración... firme... tan fuerte...- sus ojos se elevaron hacia el cielo, su boca entreabierta evocaba la iluminación propia del mas antiguo oráculo jamás representado - Se pronuncia... eterna... revive... renace...es hermosa...- silencio... - Fénix...- sus ojos volvieron a abrirse, espejo de jaspeado rubí fijos en la compleja criatura enfrentada a la mujer sin sombra.

Silencio...

Sus rostros la contemplaron, impávida en su descubrimiento. Percibía el miedo como un velo ceñido a sus profundas y discordantes sensaciones, causadas por su presencia y la de su pequeño animal, que ahora, una vez finalizado el intercambio que era motivo único de su necesidad, alzó la vista hacia los integrantes del imperturbable coloquio propio del secreto, de sensaciones sucedidas a la espera de una oportunidad de rauda intervención...

Ausente dirigió su rostro a los presentes, y vertió las vibraciones de sus labios de sutil rosado propio del pétalo tierno, dirigidas a algún oído sin nombre concreto, sin dueño predeterminado...

- El miedo... mantiene a salvo... pero también... esclaviza...- su rostro delataba una inmensa incapacidad para comprender sus propias palabras - y perdura... hasta que sepulta...- Pestañeó, varias veces, incomprendida de sí misma. El mensaje inconcluso se elevó, difuminándose en el aire...

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   6th Mayo 2015, 21:54

Charles le ofreció su mano y la dama que nos tenía absortos en sus reflejos, en su pelo, en sus manos y en sus ojos, la aceptó, repitiendo alguna palabra que escuchaba de Charles como si así la reconociera al fin y comprendiera su significado.

Sus ojos se cruzaron con los míos y entre la calma y la paz, algo se removió dentro mí. Sus palabras me dejaron clavada en el suelo, con la mirada perdida, mirando sin ver, mi respiración se aceleró, no entendía cómo podía saber tanto... de nosotras. Un escalofrío me recorrió por completo, haciendo que todo el vello de mi cuerpo se erizara como si reconociera su voz.

Fén-

Lo sé. No sé por qué te sorprendes tanto, Jean.

La dama hizo quedó en silencio, igual que nosotros. Mis ojos demostraban mi miedo, pero mi cuerpo parecía tranquilo. Y ella debió notarlo. Sus palabras... Me marcaron, me señalaron, me atacaron. Ya no sentía paz, ahora sentía nervios. Estaba insegura, miraba a Charles pero él seguía tranquilo y creo que intentó hacerme sentir bien, pero no lo recuerdo porque volví a hablar con ella.

Escúchala y nos irá mejor a las dos. A todos.

Pero yo no- mi temperatura corporal aumentó quizás un grado o dos más de lo habitual. Fénix estaba ganando fuerza y mi miedo no me estaba haciendo ningún favor. Se hizo otro silencio y aclaré mis pensamientos meneando ligeramente la cabeza.

-Sí, esa soy yo. Y yo- dijimos las dos. No entendía nada, pero no me importó demasiado que Fénix se pronunciase a través de mí con aquella aparición nívea que seguía de la mano de Charles, ni si quiera me inmuté al escucharla-. Quizás deberíamos ir lejos de miradas indiscretas, los alumnos deben de estar más que alborotados. ¿Qué recomienda hacer, Profesor?

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   7th Mayo 2015, 02:00

La mano de la dama blanca era tan grácil y liviana como su presencia sugería, pero no por ello dejaba de ser sorprendente. La miró, intrigado, pero entonces ella centró su atención en Jean y pronunció las temidas palabras... Se volvió hacia la que era como una hija para él, con la preocupación dibujada en el semblante.

- Jean... Jean, ¿estás bien?

Había sufrido tanto... Y cuando habló, su voz no era una, sino dos. ¿Aquello era bueno, o malo? Demasiado pronto para saberlo, pero no le gustaba lo más mínimo. Desde su vuelta, Jean no parecía la misma. Ella había muerto... lo sabía. Todos lo sabían. La estatua que se alzaba a la entrada del edificio de la mansión lo atestiguaba, pues la habían erigido en su memoria. Y sin embargo estaba allí, ante todos ellos... Y también estaba la otra. ¿Quién utilizaba a quién? ¿Y con qué propósito? Quizás la dama misteriosa tuviera la respuesta.

- Un lugar más discreto... desde luego. Vayamos a mi oficina. ¿Vienes, Drago? ¡Drago!

--------------------

Pudo notar los sutiles cambios que anunciaban en Jean lo mucho que le habían afectado las palabras de la dama. La mirada perdida, el incremento en su ritmo cardíaco traicionado por el agitado movimiento de su pecho, la respiración acelerada... Aunque su cuerpo permanecía tranquilo los síntomas estaban ahí para cualquier observador atento, y Drago era un experto en el miedo.

Entonces la dama habló de nuevo, como si le hubiera leído el pensamiento. Sus palabras, que no parecían dirigidas a nadie en particular, se quedaron flotando en el aire, dejándole sorprendido y pensativo.

¿Qué había querido decir? ¿Lo había dicho por Jean? ¿O por él? ¿Miedo? ¿Tenía él miedo? Si así era, desde luego no era consciente de ello, pero era el arma que había utilizado durante años para luchar contra sus enemigos...

- ¿Drago? ¡Drago! -la voz del profesor le hizo volver a la realidad-. Vamos a mi oficina, ¿vienes?

Eclipse se caracterizaba por ser el menos sociable de sus compañeros de la Patrulla, y por ende hasta hacía poco había sido el menos conocido. No salía casi nunca, y cuando tenía que desplazarse de un sitio a otro lo hacía invisible para evitar cualquier posible contacto (porque tienes miedo, susurró una voz) con profesores o alumnos. Sin embargo, los recientes acontecimientos derivados de la Colisión le habían obligado a tomar un rol más activo, ya que a menudo era el único miembro de la Patrulla que se encontraba disponible para asuntos de representación, y tras sus fructíferas negociaciones con diversos miembros de la Liga de la Justicia, los Jóvenes Titanes y Villa Fábula le habían nombrado líder en ausencia de Scott.

Hacía unos meses se habría marchado tan silenciosamente como había venido, dejando que Jean y el Profesor se ocuparan de la situación, pero ahora debía cumplir con sus obligaciones como líder de la Patrulla. Además, la chica misteriosa y sus ambiguas palabras habían capturado su atención. Tenía curiosidad... Por primera vez en años, había algo que le intrigaba.

- -fue lo único que dijo-. Os sigo, Profesor.

--------------------

El despacho del Profesor se encontraba en la planta superior y tenía forma rectangular, con una claraboya enorme compuesta por tres ventanas rectangulares que filtraba la luz del sol sobre el escritorio de madera. Las paredes estaban forradas de estanterías repletas de libros, y había una mesita circular con dos cómodos sillones forrados en piel frente a éstas. Sobre la mesita había desplegado un tablero de ajedrez.

Xavier se sentó tras el escritorio y Lockheed, que les había seguido, se situó sobre el mismo con aire distinguido. Drago se quedó de pie junto a la puerta. Quedaban dos asientos frente a la mesa, además de las dos butacas. El Profesor invitó a las dos mujeres a sentarse con un gesto.

- Bien... aún no nos has dicho tu nombre, muchacha... ¿Para qué has venido? Asumo que sabes quiénes somos... ¿Hay algo que podamos hacer por ti? -después se volvió a mirar a su ahijada-. Jean... ¿hay algo que quieras preguntarle?

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   22nd Junio 2015, 23:36

Las palabras eran demasiado experimentadas para que la Dama Nívea poseyera capacidad de comprensión suficiente. Emergiendo ante aquel mundo de grandes descubrimientos e inabarcables expectativas, había asumido como habitual el hecho de que las vibraciones, según las circunstancias, fuesen capaces de encontrar fuerza inagotable hasta emerger de sus labios, a pesar de que su entendimiento lo encontrara imposible de desentrañar... Un mensaje inconcluso que no era capaz de completar a voluntad, pero que tan sólo emergía con la presencia de las criaturas idóneas, obligando a la Mujer Sin Sombra a aceptar sus limitaciones, y restringirse a ponerlas en su conocimiento cuando de su interior emergían a pesar de su desconocimiento...

Donde desearon llevarla, acudió. Permitió que toda sensibilidad susceptible de ser compartida mientras los seres que allí convivían se acercaban a su propia presencia quedara pronto circunscrita a la melodía, obligado su sentir a ceñirse a sus personales matices antes de que el gran número de notas que resonaban a su alrededor, interpretando la sinfonía eterna, pugnaran por ensordecerla...

Su caminar grácil, pausado, no tenía efecto alguno en cuanto la rodeaba. Apenas dejaba huella sobre el empedrado, la arena o la hierba. Como si de manera natural perturbar en lo más mínimo la magnificencia que la rodeaba fuese para su existencia un pecado imperdonable. Observó las curiosidades que se su visión alcanzaban, ávidos sus orbes perlados en vetas de rodocrosita inundada de una fascinación por lo cotidiano que, bajo un juicio externo, otorgaba a su rostro la frescura de un infante recién nacido...

Elementos para sus acompañantes vistos hasta la saciedad evocaban aún en su mente maravillas. Puertas diminutas asomadas a parajes naturales, rostros y objetos que en realidad no estaban allí, si no que, como una vez había observado el mundo, se trataba de una imagen fija. Había visto esos objetos en algún otro lugar, pero había suprimido su necesidad de preguntar sobre ellos. Impregnaba el aire un sentir disperso que no le dejaba comprender el alcance de cuanto vivía. Sensaciones que no habían cobrado forma se disgregaban, en una neblina, mezclándose con otros que había experimentado en otras ocasiones, guiada siempre por el reflejo de las criaturas con quienes se había encontrado... Miedo, Inseguridad, Desconfianza...

Recorrió su mirada las diminutas figuras sobre cuadros duotonales, erguidas, enhiestas, de alguna manera expectantes a pesar de que no poseían voluntad. La transmisión de dicha sensación provocó en su hierático rostro un tenue rastro de extrañeza...

Aposentó su cuerpo al lugar ofrecido, el mueble no reaccionó en modo alguno al peso que sin duda debería estar soportando. No pudo arrancar a su postura ni el más suave de los crujidos...

- No existe por el momento... vibración apropiada para mí...- parsimoniosa, su barbilla se inclinó apesadumbrando su inalterable expresión, volviéndola doliente...- Una criatura... pronunció una... en una ocasión...- ascendieron sus manos sobre el pecho, palpitante el recuerdo que causó su conocimiento, refrescando así su abatimiento...- pero... no soy capaz... - la fragilidad de su presencia se hizo aún más queda, como si disminuyera de tamaño ante la perspectiva de verse obligada a repetirla...- No es mi voluntad... acudo allá donde me lleva...- sus manos se dejaron reposar, lánguidas, sobre sus blancos muslos - No decido... donde... -Sus creencias eran infundadas. La Dama Nívea no elegía. La matriz de cristal Rojo se quebraba, y su única concesión, una vez liberada de la maternal eternidad carmín, era intentar encontrar el motivo que la había guiado hasta allí.- Hay algo... dentro de mí... No cesa de golpearme... Vuelve siempre con más fuerza... algo que he visto... algo que no soy capaz de resolver...- su mirada se perdió en las lindes de su propia piel, incapaz de hayar fuerza para corresponder a la mirada de las criaturas que la rodeaban. - ¿Quizá es eso... lo que me ha traído aquí?...- las vibraciones resbalaron entre sus labios, sin fuerza, se volatilizaron en el aire como un mensaje sin destinatario...- ¿Puede un ser... lamentar lo que otro es? - su mirada se encontró con el portavoz, y éste, de algún modo, hizo partícipes a sus subalternos del modo en que esos orbes le hicieron sentir al encontrarse...

Había en las gemas rosadas una tribulación que parecía imposible que una criatura de tal belleza debiera merecer, a pesar de no derramar lágrimas, ni el llanto habría podido expresar con más suplicio lo que esa pregunta, sencilla en apariencia, suponía para la Dama Nívea... Tal importancia parecía alcanzar el martirio que le producía su duda, que la respuesta que aguardaba hizo creer que tenía poder suficiente como para quebrarla...

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   1st Agosto 2015, 19:05

Decía que no tenía nombre aún, y por sus palabras y su forma de hablar, se notaba que necesitaba aprender y recordar.

La mujer que teníamos delante hablaba abatida y sin fuerzas, parecía frágil, triste, sin conocer su rumbo. Y entonces lanzó la pregunta. ¿Puede un ser lamentar lo que otro es?

Por supuesto.

Fénix, no. No es el momento para hacer esto- ya estaba bastante alterada porque nos reconociera sólo con vernos. A las dos. ¿Qué es lo que la ha traído aquí? ¿Ella no decide a dónde va? -¿Por qué nos ha reconocido, Fénix?

Tiempo al tiempo, Jean. Aún... no...

-No. Eso sería... cruel- fue lo único que supe decir. En mi interior despertaban miles de preguntas sin respuesta, mucha curiosidad, y mucho miedo. ¿Tendría Fénix algo que ver en todo esto? ¿Podría otorgarle alguna respuesta a esta criatura tan frágil? -Has dicho que tú no decides dónde te lleva... no decides a dónde vas. ¿Has estado en otros lugares?- no he probado a usar mis poderes con ella, pero de todos modos no quería hacerlo, me aterraba descubrir lo que esa mente tan maravillosa escondía. Miré a Charles y a Drago con preocupación, sin saber muy bien qué decirle a la flor que teníamos delante más que lo que ya había comentado.

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   9th Agosto 2015, 00:03

Tan vívido fue el recuerdo que asaltó a la Dama Nívea cuando le preguntaron acerca de su nombre, tan intenso el sentimiento, que a pesar de que no había sido capaz de indagar en su psique con anterioridad, una imagen nítida se formó en ese momento en la mente de Xavier: la de una hermosa mujer con la piel de color verde y cabellos de fuego ofreciendo sobre la palma de su mano una bellísima flor cuyos pétalos, blancos como la nieve, se teñían del color de la sangre en la parte superior, derramándose por la cara más externa de la rosa, como una analogía con la propia muchacha que se encontraba ante ellos: piel blanca como la nieve, cabellos de sangre.

- Osiria... -musitó el Profesor, asombrado ante aquella visión.

Escuchó con paciencia y comprensión el resto de vivencias e inquietudes que relataba la mujer, si es que podía llamársela así, y acabó levantándose de su asiento para dar algunos pasos por el despacho, pensativo.

- Así que no sabes por qué has venido aquí... Bueno, en ése caso, supongo que tendremos que ayudarte a averiguarlo. ¿Puede un ser lamentar lo que otro es? Indiscutiblemente, sí -afirmó fijando sus ojos castaños en los carmesíes de la Dama Nívea-. Se llama piedad, compasión, empatía. Ya hemos comprobado que eres una clase de émpata. ¿Eso es lo que te turba? ¿Deseas saber qué eres, de dónde procedes, cuál es tu razón de ser? Tenemos un médico en la escuela especializado en cuestiones de adn. Si me acompañas a la enfermería y accedes a darnos una muestra de sangre, quizá podamos averiguar algo más acerca de ti. Y respecto a eso que dices que hay dentro de ti... eso que has visto... Tanto Jean como yo somos telépatas. Podemos leer en el interior de las mentes. Si nos das tu permiso y te abres a nosotros, podríamos ser capaces de vislumbrar eso que tanto te perturba...

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   16th Septiembre 2015, 00:58

Aún no había sido capaz de esclarecer la cualidad exacta que permitía que las vivencias antecedidas retornaran a modo de verídicas representaciones que emulaban todo en cuanto había participado desde que se quebrara a lo largo de sus múltiples experiencias la gema materna...

En las vibraciones que otros habían interpretado para ella se resguardaban matices tonales plagados de impresiones, sensibilidades e información a la que había accedido a través de cada criatura encontrada en el inacabable trayecto de crecimiento en que la naturaleza de su existencia la había inmiscuido... En su duración, había sido bautizada por diversas vibraciones que ausentadas de verdadera pertenencia por su parte, se esforzaba por aceptar en un empeño superior por esclarecer su comprensión de la interacción para cada ser, y facilitar el modo en que ser tratada por ellos acomodándose a las providencia de las circunstancias...

En un triste lamento interno resguardaba el desconsuelo que tañía el hecho de desconocer su nombre...

Alzó su afilado rostro pálido, encontrando sus ojos rojos veteados de cálidos minerales preciosos, vertiendo su cabello sobre uno de los desnudos hombros descarnados, acariciando con él los pétalos de una de las flores de Mathâer suspendidas en las hebras de su melena sangrante...

- La Creadora de Vida... me cedió esa vibración... - su pestañeo planeó el tiempo, emuló bajo la blanca piel de sus párpados su presencia confeccionada por los más hermosos retazos de su evocación... - Posó su mano... sobre el lecho de la tierra...- a pesar de que su presencia no era habitual, una inspiración profunda colmó la cúpula de hueso y piel que conformaba su torso...- Y de ella... emergió la vida... - con inusitada rapidez, abrió los ojos revelando el encantamiento que sufría ante semejante concepción de lo experimentado, en forma de milagrosa eclosión...

En un alarde de fragilidad, abrazó sus delgadas piernas envolviéndolas con sus quebradizos brazos, inclinándose hacia delante hasta hallar el límite de su rostro en sus propias rodillas, acortando las limitaciones de su ser a la mínima expresión de su silueta corpórea, asimilando las palabras que la Reencarnada había compartido...

En su vibrante interior apareció el vívido dolor de la estaca atravesando su pecho...

Aún no estaba preparada para recordar siquiera la presencia que componía la única vibración que había llegado a proclamar su esencia, escuchada de los labios del Sufriente Añil...

De las lindes de la sagaz introspección causada por el mensaje del Fénix, brotó una renovada avidez causada por las vibraciones que acariciaron sus oídos con la lozanía de un bálsamo...

- Piedad...- su sola pronunciación elevaba un sentir que dormitaba en el fondo de su inexplorada comprensión...- y... compasión...- su carencia de experiencia la impulsó a concebir que cuanto había acontecido con el Gigante Rojo y el Sufriente Añil era fruto de una crueldad sin nombre... el indefinido límite cobró peso al delimitar con las nuevas vibraciones su sentido...

Acaso... podía estar mas errada...

Extensa de nuevo en su silueta sentada, la imagen de la Dama Nívea había perdido la pesadumbre que la había sumido en el recogimiento, ahora liberada de su pesar... El descubrimiento del factor desconocido teñía su semblante con la pincelada de la genialidad que resguardaba en su fugaz aparición perdurable sabiduría...

- Si con ello... encontráis el modo de hacerme saber...- orbes rojizos delimitaron de nuevo con su propio ser, como en su nacimiento hubo reconocido en aquella extensión que eran sus manos una parte de sí misma...- haced... cuanto os impulse a conocerme...- aquellas vibraciones emergieron de su torso con inmensa perseverancia paciente... Estaban pigmentadas por la voluntad de entrega...

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   1st Octubre 2015, 00:36

El Profesor se adentró en aquella mente voluntariosa que se abría a él, mas a pesar de sus muchos años de experiencia, nada podría haberlo preparado para lo que allí se encontró: Una amalgama de dolorosas sensaciones que parecía brotar de todo un mar de sufrientes almas que chillaban todas a la vez, y cada una de esas almas pertenecía a una persona concreta y definida, como pequeñas islas que flotaban en un océano carmesí de infinito dolor. Era demasiado para poder soportarlo, únicamente comparable a las veces que había utilizado Cerebro, sólo que amplificando por cien (o por mil) la intensidad de las emociones que experimentaba.

Al principio, el choque fue tan intenso, tan abrumador, que estuvo a punto de expulsarlo de vuelta, pero logró reafirmarse focalizándose en una de aquellas islas. Presenció el "nacimiento" de la joven, cuando por vez primera había emergido del rojo cristal que le daba la vida en el desierto de Arizona hacía justo un mes, y contempló el frágil cuerpo de una mujer mientras se convulsionaba, atravesada por las balas, y la blanca bata que vestía se iba tiñendo de rojo... y cómo las mismas heridas se abrían, cual siniestro reflejo en un espejo, sobre la blanca carne de la Dama Nívea.

Y, entonces, el milagro... la sangre se condensó y cristalizó hasta formar pequeñas flores carmesíes, del mismo material que la estructura que le había dado vida, y de los labios de la científica, a su espalda, brotó un quedo suspiro... Estaba viva. Pero entonces el dolor de OmegaDust fue demasiado, y al tiempo que se veía confinada de nuevo en el cristal, el Profesor fue expulsado y obligado a saltar hasta una nueva isla.

Vio a la dama de verde, la "Creadora de Vida", como la chiquilla la había llamado, y sintió en su propia carne la conexión que ella sentía con las plantas. Y, por un instante, su sangre se tornó savia, y su piel se estremeció como la hierba ante la caricia del viento.

Después vio a un gigantesco demonio rojo acompañado de un homínido de color azul que recordaba vagamente a un pez, y fue como si un dolor terrible, que apenas alcanzaba a comprender, le partiera por la mitad el corazón. Y de nuevo la dama se refugió en el cristal, expulsando al Profesor hacia la isla más cercana.

¿Ese era... Planaria? Pudo sentir su preocupación, su dolor y su confusión al tiempo que una dulce y suave nana resonaba en sus oídos, acunándole, meciéndole, serenándole...

Y, de repente, el sonido de los frenos chirriando sobre el asfalto, el grito terrible, la moto... La sangre extendiéndose como un macabro manto sobre el empedrado... Y de nuevo el cristal que le expulsaba de la escena.

¿Qué es esto? ¿Esta triste y patética criatura? Sintió su dolor, su soledad, su... hambre. Y la conexión que se establecía con la mujer de rojo.

Pero había más, mucho más...

Podía sentir el grito silencioso de Jean, la inmensa desesperación que embargaba su alma, las dos... Y el mar de voces que inundaba la mente de Drago, sus miedos irracionales, sus temores... su soledad.

Su propio sufrimiento resultó entonces dolorosamente visible, no por él, sino por aquellos a los que consideraba sus hijos, repartidos a lo largo del globo. Su dolor era su dolor, su sufrimiento el suyo propio, y sin poderlo evitar se encontró pensando en Sasha y en los recuerdos que se había visto obligado a reprimirle, por su propio bien, y en el peso que llevaba arrastrando desde entonces, mezcla de culpa, arrepentimiento, pesar...

- El mar... el mar es el cristal... -musitó, como sumido en un trance.

Casi todos los recuerdos de la Dama Nívea aparecían teñidos del color rojo que decoraba sus cabellos y sus ojos. Era el cristal. La mayor parte de su vida la pasaba encerrada en él, y comprendió, porque lo había visto en la práctica totalidad de sus recuerdos, que era la fuente y el origen de sus poderes curativos. Cada vez que la muchacha hacía uso de su poder se veía obligada a pasar una temporada en el cristal, como si hibernara, para recuperarse de las consecuencias físicas que tenía sobre ella. Y es que podía curar a otros seres... "absorbiendo" en su propia carne su dolor, y Charles supo entonces que la chiquilla de frágil apariencia era mucho más que una émpata...

- Mártir -volvió a susurrar cuando por fin fue capaz de escapar del influjo de su consciencia, abriendo enormemente sus ojos marrones al mirarla, en una mezcla de sorpresa, estupor y reverencia-. Eres una mártir...

Había conocido a una persona similar procedente del otro universo: Raven, de los Nuevos Titanes, pero aquella muchacha era medio demonio. En cambio, el origen de OmegaDust continuaba siendo un completo misterio... Aunque quizás un análisis de adn pudiera revelar algo más.

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   27th Octubre 2015, 14:47

La límites de su sensibilidad emergieron suspendidos en el horizonte de un eco rojizo inabarcable, la conciencia externa penetró en la basta extensión fluyendo a través de las canalizaciones de los miles de millares de conciencias que conformaban sus estadios receptivos, convirtiendo su búsqueda en el análisis que surcaba la inacabable red sinárgica que se construía y nutría en diversos estímulos que en la totalidad de los casos estaban conformados con un amalgama de diversos estímulos cambiantes en tonos de intensidad que lindaban con una sola emoción primigenia e inherente a toda criatura viviente...

El dolor...

Su forzosa experiencia adquirida por el repetido uso de la maquinaria construida con el objetivo de localizar a las criaturas que en necesidad de ayuda pudieran presentarse permitió que la infinita extensión que abarcaba el pensamiento de la Dama Nívea no quebrara su espíritu y le forzara a evadirse de la lacerante visión que el entendimiento de su esencia habría supuesto para cualquier otro ser...

El autocontrol de sus capacidades permitió que la percepción del foráneo enfrentara su paternal inquisición, atrapado en el influjo de las recreadas vivencias que habían acontecido en un lapso escaso suficiente como para bautizarlo como virginal...

A causa de la inhumana visión que proporcionaba la búsqueda de la verdad respecto al objetivo y origen de La Mujer Sin Sombra, la permanencia del intruso rozaba el fútil transcurso esencial, suficiente para construir la imagen de un concepto desdibujado que, en cada transcurso volátil, amenazaba con desvanecerse volviendo a dejar su comprensión insatisfecha...

La vibración que por primera vez había tañido su esencia reverberó en el aire, no una, si no dos veces...

Volviendo a plegar todos sus límites sobre sí, su aureola orbitó sobre su cabeza coronada en un ritmo rápido y de ritmo regular, mientras su tórax albugíneo expulsaba todo el aire que resguardaba, con la necesidad de reducir el espacio que ocupaba a la mas mínima expresión de su persona... Las delgadas extremidades sostuvieron sus descarnadas rodillas, y sus ojos se sellaron en un pestañeo torturado por la certeza de la verdad...

- Esa palabra...- suspendida en la tristeza de su voz había plañideras, su llanto de una claridad inobjetable, a pesar de que en las plumas de sus pestañas rojizas no pendía una sola lágrima - Duele...- tembló con la fragilidad de la última hoja del otoño, intentando postergar la inevitable llegada de la frialdad invernal...

El silencio quedó suspendido en el tiempo, mientras buscaba consolador refugio en su menuda fragilidad...

- ¿Porque...- apenas audible, tonalidad fútil mas propia de rumor...- ¿Porque... yo?... ¿Porqué... Mártir? - su rostro de nuevo elevado, inocente expresión blanca pintada de un desconsuelo que no encontraba sentido a la propia existencia...

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   14th Noviembre 2015, 18:28

La mente de la dama que teníamos delante era como un frágil cristal rojizo, lleno de recuerdos y momentos vividos. Pude ver a mucha gente, personas a las que ni siquiera conocía y otras a las que sí: una mujer que creaba vida, a Planaria. A mí... Verme en su mente me produjo un sentimiento de confusión muy grande, ¿qué hacía yo ahí? ¿Sabría ella algo de lo qué me pasó? ¿Tendría ella algo que ver? Pude sentir las pesadillas de Drago, el encuentro de la pelirroja con el profesor Xavier...

Las palabras del profesor me sacaron de mi ensimismamiento, sacudiendo ligeramente mi cabeza de manera casi imperceptible. ¿Mártir? Miré al profesor y después a la muchacha. Por último, me miré las manos como si las viera por primera vez, girándolas para observar tanto la palma como el dorso. Apreté éstas en puños y la miré, llena de compasión.

La expresión que nos ofreció me rompió el alma. Pensar que quizás yo tenía algo que ver con ella... A lo mejor no era así en absoluto, pero nadie sabía decirme nada más. Era la única información que tenía respecto a la colisión.

-...- no dije nada en ese momento. Sólo pude abrazar a la Dama Nívea, porque me salió de dentro, porque creí que era lo correcto en ese momento. No podía evitar pensar que ella sufría por culpa mía. No en el sentido victimista, pero sí que sentía que yo tenía algo que ver. Que de veras tenía algo que ver. Que las dos teníamos algo que ver...

Su piel al tacto de mi abrazo no me sorprendió, en cierto modo esperaba que fuera así: como un cosquilleo, como si me rozara, como si apenas me tocara.

-Lo siento...- le dijo Fénix, sincera. Dejé que Fénix hablara sin darle mayor importancia, sabía que no pasaría nada si la dejaba "libre" en ese momento.

-¿Qué recuerdas de la colisión? No guardo ningún recuerdo de lo que pasó... Sólo que aparecí de nuevo aquí, viva- le pregunté, necesitaba respuestas que Fénix no me estaba dando.


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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   17th Noviembre 2015, 14:30

Hasta aquél momento, Drago no había entendido absolutamente nada de lo que estaba pasando. No entendía qué era aquella niña, ni por qué suscitaba aquellas extrañas emociones en él, ni qué estaba haciendo dentro de aquél cristal, ni cómo había llegado hasta allí. Y cuando el Profesor mencionó la palabra "mártir", su confusión no hizo sino aumentar.

Drago era un hombre profundamente religioso, y la palabra "mártir" tenía un sentido muy concreto en la religión, pero con un importante matiz, y es que Drago era musulmán, y las implicaciones que venían con la palabra eran considerablemente diferentes con respecto al cristianismo.

Para un musulmán, el prototipo de inocente mártir cristiano que se ofrece al tormento antes que renunciar a su fe era más un modelo de masoquismo sagrado que algo digno de ser santificado y honrado.

La Shahâda (el ‘martirio’) musulmán era otra cosa; significaba luchar hasta el extremo de morir por una causa justa, e implicaba valor y arrojo, no como negación de la vida sino como afirmación de la dignidad. La Shahâda por tanto sólo era posible en el campo de batalla. El shahîd renunciaba a su vida porque realmente vivía en Allah, y Allah es la Verdad. Su causa es la Verdad, y por ella se defiende, protege su casa, lucha por los suyos, combate por su tierra, hace cara a los tiranos y se presenta sin miedo ante los farsantes. El shahîd, por tanto, no era el clásico mártir cristiano, sino un guerrero, y si podía haber una imagen más alejada de lo que aparentaba esa chica, seguramente sería esa.

Aquella delicada flor blanca, etérea y de mirada triste que se acurrucaba en el asiento como si tuviera frío, no tenía precisamente aspecto de ser una guerrera, pero tampoco parecía alguien que se sacrifica por fé como hacían los cristianos, y por desgracia las únicas acepciones a la palabra "mártir" que conocía el mutante venían inevitablemente ligadas a la religión.

Pero el Profesor parecía estar hablando de otra cosa, de un poder que iba más allá de la empatía, hasta el punto de absorber los dolores físicos o emocionales que padecían otras personas, experimentándolos en la propia carne. Algo así como la facultad de absorber la vida que tenía Pícara, sólo que mucho más hermoso por lo que implicaba, pero a la vez espantoso para la muchacha. Parecía increíble que una criatura de apariencia tan frágil tuviera la capacidad de absorber el dolor ajeno, pero como persona creyente, y también como ser humano, no tuvo más remedio que apiadarse de ella, aunque como siempre su total carencia de habilidades sociales se puso de manifiesto en su clara ignorancia acerca de cómo debía reaccionar, o qué debía hacer.

Él no podía soportar que la gente se apiadara de él, o las expresiones de lástima y asco de los demás al descubrir las vacías cuencas de sus ojos o las cicatrices que cubrían su cuerpo, razón por las que nunca las mostraba, ocultando su aspecto real bajo una ilusión de normalidad. Muy poca gente en la mansión (el Profesor, Bobby, Tormenta, Jean y pocos más) sabían el aspecto real que se ocultaba bajo la máscara. Entonces... ¿debía mostrar compasión hacia la niña o debía aparentar normalidad y restarle importancia? No tenía ni idea de lo que ella necesitaba en aquél momento, y como siempre ante aquella clase de situaciones, se sintió incómodo y sin saber cómo reaccionar. Jean no pareció tener tantos problemas, ya que no dudó en arrodillarse para abrazar a la pequeña, y también el Profesor parecía afectado.

- No lo sé -tuvo que admitir Xavier ante la pregunta de la muchacha-. No sé si es un poder específico tuyo, como los poderes que se manifiestan en los mutantes, o si se trata de algo inherente a tu especie. ¿No sabes de dónde vienes ni cómo llegaste hasta aquí, o si hay otros como tú? Deberíamos hacerte ahora una prueba de adn para averiguar si perteneces a alguna especie conocida; eso quizás podría despejar muchas dudas. Lo único que podría ofrecerte es mantenerte en un entorno de aislamiento que bloqueara los estímulos externos para impedir el dolor, pero si no se trata de algo temporal, sino de una característica intrínseca a tu naturaleza, implicaría estar toda tu vida encerrada, y no creo que quieras pasar por eso. De hecho es incluso posible que el cristal del que saliste cumpla una función parecida. También tendríamos que analizarlo para averiguar de qué está hecho. Jean y Drago te acompañarán ahora al laboratorio para hacer los análisis pertinentes, pero no te preocupes, porque incluso aunque no logremos averiguar nada, existe una muchacha llamada Raven que posee una habilidad parecida, y quizá ella podría ayudarte.

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   25th Noviembre 2015, 17:43

Con la meridiana claridad con que era capaz de percibir en las criaturas que la rodearan independiente a su naturaleza la facultad del dolor, llegaba hasta la Dama Nívea la nítida percepción que impulsaba en ellos un sentimiento reflejo al que por vez primera le supusiera el triste conocimiento que había impuesto su previo rechazo, tratando de esclarecer así su disconformidad pronunciado la pregunta de la que había obtenido respuesta a modo de un nuevo paradigma de la comprensión que había encontrado forma en modo de vibraciones que entretejidas construían una pacificación que sólo había llegado a alcanzar suspendida en la matriz de rojizo cristal protector...

Piedad...

Compasión...

Empatía...

Todas, cada una de ellas, tañía en el fondo de sus múltiples melodías trenzadas la esencia misma de lo único irrevocable que la Mujer Sin Sombra conocía...

"Púlsar"

Reconoció el afán de curioso altruismo salvaguardado en las palabras de Xavier, a pesar de que su virginal inexperiencia del entendimiento no le permitía acceder a su significado contextual dificultando su comprensión, resolución única en forma de dos miradas entrecruzas de pacífica madera cargada de vida una, otra de estrellas rosadas cristalinas suspendidas sobre un universo rojo. Su muda sapiencia interpretó la disposición de la Dama Nívea a obedecer sus desinteresadas sugerencias en pos de cuanto le brindaba una oportunidad de autoconocimiento...

La repentina constricción de unos brazos sobre su fragilidad, descarnado cuerpo blanco ceñido bajo la dulce presión de una nueva piel que envolvía su presencia obligó a su rostro a construir arcos de estupor con sus cejas, abriendo con levedad sus labios de pálida rosa a causa del momentáneo desconcierto que provocaba ese gesto...

Su torso vacuo inició una oscilación profunda cuando el aire se adentró en su tórax produciendo el efecto de una abisal respiración sin fin, desprendidos sus párpados con la delicadeza de dos copos de nieve sobre tierra nueva privando a las criaturas circundantes la visión de sus ojos. La aureola cimbreó esgrimiendo arcos circulares que hacían elevarse sus extremos. Sus estilizadas manos ascendieron hasta depositarse con liviano gesto sobre la espalda de la Dualidad Ardiente, deslizando la superficie de sus yemas despuntadas en lágrimas cristalinas transparentes sobre la curvatura de su espalda, leyendo con delicadeza sobrehumana el Braille que construía el raíl de su columna vertebral...

Fénix realizó su pregunta...

Y todo quedó en silencio, salvo una palabra que cobró fuerza suficiente como para obligar a la Dama Nívea a abrir los ojos hasta su propio límite. Una vibración profunda emergió de su torso como una canción ancestral cantada por miles de voces, y produjo un pulso que se transmitió a través de las presentes criaturas con una certeza inamovible, comparable solo al conocimiento aceptado de la propia mortalidad. El Polynach se hundió a través de la cortina roja salpicada de flores, encajando su menudo cuerpo albar entre los tobillos de la Mujer Sin Sombra. Un tañido de campana de cristal marcó la detención absoluta de la aureola, que quedó suspendida sobre su cabeza. Un viento imposible golpeó a los presentes sin producir el menor daño, sacudiendo de modo antinatural el cabello de danzante flora abierta. Sus ojos cristalinos vertieron hacia su interior las vetas rosas, como la precipitación de una lluvia de estrellas sobre un agujero de llamas grana cárdeno que comenzó a devorarlas hasta cubrirlos con precipitada inconsciencia...

Lánguida presencia espectral, atravesó al levantarse la física oposición que suponía el cuerpo del Fénix que había estado constriñendo los límites de su ser antes de ejecutar la pregunta que había inducido la conciencia de la Dama Nívea a un estado de conocimiento anterior, olvidado en la carencia de sabia experiencia...

Erguida sobre sus finos tobillos blancos, labios entreabiertos y párpados carentes de fuerza a medio situar sobre sus orbes encarnados, su perfecta piel nívea abrió surcos en su superficie dibujando ínfimos puntos como millones de cuchilladas de agujas atravesando su carne salpicada de rocío sangriento, brotaron sobre sus manos cascadas de sangre que desafiando toda física plausible renegaron del cruento impacto que les aguardaba contra el suelo al obedecer la universal ley de gravedad, y ascendieron flotando desprendidas de yagas tiernas abiertas en pétalos de piel...

La materia que componía la sala entera perdió a plena vista su forma en una neblina ascendente de chispas rojas que conformaba la nebulosa de un fondo inalcanzable sumiendo a los presentes en una sensación de eterna suspensión que sólo Fénix y Xavier habrían podido percibir a través del análisis de su inocua sensibilidad...

- Al delicado equilibrio mantenido confronta siempre el destino... - como galaxias diminutas las gotas de sangre orbitaron sobre ellos en un movimiento plagado de vida, desarrollo y evolución...- Mayor que ninguna fuerza el cambio imperecedero impulsa... - Cada una aun ritmo distinto, integradas sin embargo en un solo mapa viviente... - Del fragmento mismo de un tiempo extinto... -  una onda recorrió las gotas de sangre alterando su forma, impulsándolas a unirse o dividirse sin aparente sentido...- Cuanto participó de la existencia, deshecho o dañino... - Las lágrimas de sangre implosionaron, explosionaron, entremezclando la esencia del origen universal representado en el firmamento de la niebla roja... - En uno solo serán reconstruido...- las últimas vibraciones desprendidas de sus labios atrajeron hacia sí la esencia grana suspendida en el aire, la habitación sin cambio perceptible para quienes la reconocían como parte de su entorno, las gotas de sangre conformaron una suave película sobre la piel translúcida de la Dama Nívea, tornándola por un instante joya escultórica carmín, antes de que con un nuevo tañido la aureola volviera a ejercer su paso acompasado haciendo vibrar la cobertura sangrante hasta desintegrarse en un mar de perlas casi invisibles volatilizadas en el aire...

Con una exhalación digna de último aliento su exiguo cuerpo albugíneo sin rastro alguno de herida desfalleció hacia delante...

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   26th Noviembre 2015, 12:31

Mi abrazo no pareció alterar el estado de la Dama, no pareció molestarle.

Lo que sí supuso un cambio en ella fue mi pregunta. Miles de voces inundaron la habitación, pero no venían de ninguna parte sino de la Dama; una pulsación agitó el despacho del profesor, creando un viento de la nada que lo revolvió todo sin dañar nada; los ojos de la Dama cambiaron también, su aspecto, su mirada, se irguió atravesándome, haciendo que ignorara cómo mi cabello y el de ella se revolvían sin sentido... ¿Qué estaba pasando?

Mi confusión no terminó ahí, la Dama estaba expuesta por completo, en pié, dejándome en una posición de inferioridad, clavada en el suelo apoyada en mis rodillas. Su piel... Miles de diminutas heridas aparecieron en su piel, arruinándola, manchándola... Sangrando... Pero su sangre no llegó a tocarme, la sala se volvió imperceptible, me recordó a una sala blanca... pero esta era roja.

En ese momento la Dama habló y me heló la sangre, ¿quería decir eso que los mundos terminarían por colisionar del todo? ¿Que todo cuanto conocíamos desaparecería? ¿Qué? Su sangre danzaba a su alrededor sin caer al suelo con movimientos erráticos para al terminar de hablar ella cubrirla con delicadeza, convirtiéndola en una flor de color escarlata. Exhaló y todo terminó. Me levanté a tiempo para cogerla y evitar que se desplomara en el suelo, inconsciente.

-¡Profesor!- grité, abrazándola. -¡Dragoslav, ayúdame!- le pedí. Podía con ella, pero a él no le costaría cargarla hasta el laboratorio. -Hay que analizarla, hay que saber qué ha pasado. Su consciencia... Ella entera cambió, Profesor. Usted también ha tenido que sentirlo, no sólo el entorno: su voz, su aspecto, su conocimiento parecía... diferente...

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   2nd Diciembre 2015, 17:43

Todo iba bien hasta que Jean planteó su pregunta y, de buenas a primeras, una especie de salmo gutural entonado por mil voces distintas emergió de la Dama Nívea, abrumándolos a todos por lo inesperado, al tiempo que una repentina ráfaga de viento surgida de no se sabía dónde los golpeaba con violencia. Eclipse se cubrió por reflejo, mas al ver que no ocurría nada, rápidamente centró su atención en quien parecía ser la causante de todo, mientras los alarmados gritos de Jean y las advertencias del Profesor resonaban en el aire. ¡La niña! ¿Qué le pasaba a sus ojos? ¿De dónde había salido toda esa sangre? ¿Y por qué flotaba en el aire? ¿Qué estaba pasando?

En ese momento, las palabras de Xavier reverberaron en su mente:

Está creando un mapa de la Colisión, creo que ha sido la palabra que ha desencadenado ésta reacción. Llevadla a la enfermería, creo... Creo que ésta criatura está relacionada de algún modo con el fenómeno que ha sacudido nuestro universo. ¡Quizás incluso forme parte de él!

Drago entendió que Jean había recibido el mismo mensaje en su mente, de la misma manera que supuso que había escogido la vía telepática para transmitirlo por temor a volver a suscitar alguna otra reacción imprevisible en la muchacha.

Asintió y, sin ningún esfuerzo aparente, tomó entre sus brazos el frágil y liviano cuerpo de la muchacha inconsciente, alzándola en el aire para llevarla lo más rápido que pudo hasta el laboratorio, seguido de cerca por Jean.

Bestia les esperaba con una camilla preparada. El Profesor debía de haberle dado ya todas las indicaciones pertinentes para ahorrar tiempo. Depositó con cuidado el cuerpo de la muchacha en la camilla y Henry le puso el pulgar en la muñeca para medir la frecuencia cardíaca.

- ¡No tiene pulso! -exclamó-. ¡Drago, rápido, el desfibrilador! ¡Tenemos que reanimar el corazón!

El doctor de azulado pelaje le abrió la boca a la niña para despejar las vías aéreas y se dispuso a darle un masaje cardíaco, pero, al poner las manos sobre el esternón se dio cuenta de que éste subía y bajaba de manera normal.

- Qué raro... -musitó, volviendo a sujetarle la muñeca de la misma manera-. Vuelve a tener pulso. Drago, traéme el estetoscopio.

Una vez lo tuvo en sus manos, se lo colocó y comprobó que, efectivamente, el corazón parecía latir de manera regular.

- Parece fuera de peligro -dijo quitándose el aparato y dejándolo sobre una mesa cercana-. Aunque... no lo entiendo muy bien. Voy a hacerle un análisis de adn y sangre y la pasaré por el aparato de rayos x para comprobar su fisiología interna -anunció mientras recogía de una vitrina unos tubos de muestra-. Podéis esperar fuera, si queréis.



Fdi: dejo los resultados de los análisis en manos de OmegaDust. Si he descrito o interpretado algo mal, comunicádmelo y edito Wink

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   21st Diciembre 2015, 02:58

Desacostumbrado para las criaturas que poblaban el mundo resultaba el tacto particular que advertían al roce de la translúcida piel albar de la Mujer Sin Sombra... Un cosquilleo volátil apenas ostensible a causa de la ausencia de calidez que sus sentidos acostumbraban, percepción etérea de una pluma mecida por sutiles soplos de aliento sobre un párpado dormido acaso resultara una comparación acertada. La sensación de peso estimada mientras Dragoslav sostenía su exánime silueta enmarcada sobre la firmeza de sus brazos clamaba irrealidad...

Su suspensión en nada exigía esfuerzo al Vidente Aciago...

El cuerpo lánguido de la Dama Nívea reposado sobre la camilla soslayó su aparición con el imperturbable descaro con que lo hacían el resto de objetos con los que intervenía su presencia. Dispuesto para el examen que descubrió sus innumerables carencias, respiración ausente y un son de pulsaciones fugadas de temeroso emerger tardío inspiraron en el ser que la auscultaba suspicaces inquisiciones a las que se acondicionó a hallar clarividente respuesta...

Junto al marco que notificaba la salida de la estancia, una pequeña criatura de pelaje albugíneo marcaba un paso indolente examinando el entorno con su bulbosa nariz. Alzó el morro, enhiestas las orejas al comprobar como ninguna de las criaturas era la que pertenecía a su propio ser, se aproximó hasta la puerta y alzándose sobre sus patas traseras apoyó las delanteras sobre la madera con el anhelo de asomar su merodeadora necesidad al interior del habitáculo, mas su tentativa persistió frustrada relegado a permanecer en la quietud del pasillo en que se prorrogaba la espera...

Impulsada por la decisión de una gran mano ultramar extendida, la criatura albar espantada por el repentino movimiento de las hojas de las puertas buscó resguardarse serpenteando entre los pies de las dos criaturas que albergaban sentimientos encontrados respecto a la Dama Nívea a causa de lo que en su compañía había acontecido...

- Jean, Drago. Pasad. No vais a creerlo...- en sus facciones endurecidas podía observarse un escepticismo inherente a los seres entregados a la erudición de la ciencia...

Dentro del laboratorio, el cuerpo de la Dama Nívea permanecía inerte. Alrededor de la menuda delgadez de su blanco brazo de sílfide había una ínfima correa de goma cuyo objetivo era el de dificultar la circulación obligando a las venas a evidenciar su presencia. Las robustas garras de tono garzo sostenían en la instruida posición una jeringa de aguja fina, su émbolo percutido hasta el extremo denotaba la carencia de contenido. Sus rostros de impávidos orbes advirtieron como la fina muñeca era atrapada en un engarce de falanges zarco, y el filo diagonal de la aguja penetraba en la carne del pronador de la Mujer Sin Sombra...

En la culminación del gesto, el retroceso hizo su carga obligando a la varilla de metal a abandonar la natural posición que había adquirido al efectuar el pinchazo...

De ninguna de las superficies brotó gota alguna de sangre...

- No he sido capaz de sacar muestras, ni con bastoncillo ni con raspado. Su pulso es tenue, pero aunque localice la vena, es como si desapareciera. No hay sangre. No se trata de regeneración, como Logan. Esto es otra cosa. - inmerso en el frenesí de la evidencia, sostuvo entre sus dedos de añil el mango del bisturí. Su aguzada aleta metálica debió morder la carne del brazo de la Dama Nívea abriendo abismos de piel y músculo salpicados de bruma sangrante, mas nada de eso ocurrió... su dermis de argenta blanca persistió colmada de intacta perfección...- Es como si nada consiguiese alcanzarla...y echad un vistazo a esto... - dirigiendo sus pasos presto hacia una pantalla de luz accionó con prontitud el interruptor, mostrando en su cubierta luminosa una serie de láminas que posicionó en paralelo hasta configurar toda una construcción horizontal de encarnado aspecto difuso... - Su radiografía. - inmerso en la fascinación compartida se arrimó de nuevo en torno al cuerpo tendido de la Mujer Sin sombra...- Están repitiéndola otra vez. Pero no hay explicación científica por la cual aparezca ese color rojo. No es posible... o la máquina está muy estropeada, o esto es algo que jamás había visto antes. - la aseveración reverberó en el interior del laboratorio...

Con una inspiración interminable de descarnado tórax henchido, las mariposas de sus párpados aletearon confusas devolviendo la consciencia a la criatura yacente...

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   21st Diciembre 2015, 10:52

Henry nos dijo que podíamos esperar fuera si queríamos mientras le realizaba unas pruebas más a la Dama, después de haber entrado en paro y repentinamente tener pulso de nuevo. Todo estaba resultando muy extraño, desde la Colisión, todo era un caos, nadie sabía nada, todo eran sorpresas y violencia, confusión... Y, después, estaba ella. Su reacción ante mi pregunta me asustó y no quise decir nada más por si acaso, me sentía nerviosa y puede que algo culpable de su estado en ese momento. Estaba apoyada en la pared cambiando el peso de pierna a cada momento, cada minuto que pasaba me movía impaciente, me sujeté los brazos como abrazándome para calmarme un poco justo en el momento en el que Henry se dispuso a salir e invitarnos a entrar de nuevo.

Antes de que sus palabras resonaran en la sala, fruncí el ceño leyendo su pensamiento. Lo que había descubierto no era normal. Nada en ella era normal, pero... aún así...

Entramos en el laboratorio detrás de él y me coloqué al lado de la camilla donde reposaba la Dama, dormida, tranquila, parecía estar incluso en paz.

-No puede ser. Acabamos de ver cómo la sangre abandonaba su cuerpo y... danzaba errática a su alrededor... ¿Cómo es posible?- pregunté casi hablándome a mí misma en voz alta más que a mis compañeros. Me llevé una mano a la boca cuando Henry nos hizo la demostración de lo que ocurría cuando la cortaba con el bisturí y...

-Parece una galaxia- asombrada como estaba, no era capaz de pensar con claridad. Su radiografía mostraba algo parecido a una galaxia, nombrar la Colisión desencadenó esta situación, una reacción inesperada en la Dama Nívea... ¿Y si...? -¿Y si de veras formara parte de la Colisión? ¿Y si fuera parte del resultado de la Colisión? Como una de las consecuencias...

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   15th Enero 2016, 00:50

OOC:
 

Todo había sido tan confuso y sorprendente que había resultado sencillo olvidarse del pequeño animalillo, mas, en los tensos y largos minutos que duró la espera en el pasillo, Drago lo vio alzarse sobre las patas traseras para apoyarse en la puerta con el deseo de reunirse con su dueña y la ternura se apoderó de él al pensar en Luna, su propia perra. Los perros eran, posiblemente, de las criaturas más nobles que había en el universo. De ellos no podías esperar maldad alguna, sólo lealtad, luz y amor incondicional.

- Hey, compañero... -susurró con dulzura, doblando una rodilla a su lado para poder acariciarlo-. Estás preocupado por tu dueña, ¿verdad? Verás como no es nada...

Lo cierto era que no estaba muy seguro de que aquél curioso ser fuese realmente un perro, pero se parecía lo suficiente como para tratarlo como tal, así que le dio unas palmaditas reconfortantes en el lomo un segundo antes de que se abriera la puerta y la criatura buscara cobijo entre sus pies.

En el umbral se encontraba Henry, con una cara que le recordaba a la manera en la que les había explicado lo sucedido cuando se había producido la Colisión, como si no pudiera creerse lo que sus aparatos habían registrado. Cogiendo a la pequeña criaturilla entre sus brazos, Drago siguió a Henry y a Jean al interior del laboratorio.

Observó atónito cómo la aguja penetraba la blanca carne sin que el émbolo consiguiese arrancar una sóla gota de sangre. Al principio pensó que se trataba de algo como la capacidad de Coloso al transformarse, pero no... Todos habían visto cómo la aguja había atravesado limpiamente la piel. Y lo que sucedió con el bisturí...

- No lo entiendo... -musitó, confuso-. ¿Cómo lo hace si no es una mutante?

Y, entonces, vio la radiografía.

- Bismi llāh*-musitó en árabe sin darse cuenta, absolutamente maravillado.

¿Qué era aquella mujer? ¿Acaso era un ángel? ¿O...?

Por fortuna, Jean habló, interrumpiendo sus divagaciones religiosas para razonar una conclusión que, mal que le pesara, sonaba mucho más razonable.

¿Una galaxia? Sí... Parecía una galaxia. Y era cierto que la mujer había sufrido el ataque al mencionarle la Colisión...

- Se puso en éste estado cuando mencionamos lo ocurrido durante el choque de universos -le explicó a Henry, completando la información aportada por su compañera-. La sangre comenzó a brotar de su cuerpo y a levitar a su alrededor, como formando una especie de mapa cósmico... El Profesor dijo que creía que tenía algo que ver con la Colisión. Quizás tendríamos que enviarla con Zatanna. Tal vez haga falta magia para entender lo que a nosotros se nos escapa.

Al ver que la doncella abría los ojos, se volvió hacia ella y soltó al perrito sobre la camilla para que corriera a saludarla.

- ¿Cómo estás? ¿Qué tal te encuentras? Sufriste una especie de desmayo... ¿Qué es lo último que recuerdas?



*:
 

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MensajeTema: Re: El décimo día...(Libre)[10 de Mayo]   20th Enero 2016, 21:27

Escurriéndose sobre sus diminutas zarpas de tres dedos, la criatura rehuyó el contacto del Vidente Aciago cuyo único propósito residía en procurar reconfortar al ser de albino pelaje que se separó en intrépido trote. Desandando lo andado a posteriori, elevó sus orejas en el síntoma inequívoco de alerta haciéndolas aletear en descendente mientras aproximaba su bulbosa nariz hacia la palma expuesta del hombre que pretendía iniciar su contacto con él. Analizó con su hocico la superficie surcada de sutiles arrugas y líneas en un par de ocasiones rozó contra su piel la delicada cubierta húmeda que cubría su sentido primordial...

Se encogió sobre sí cuando detectó el movimiento de la mano mas no volvió a huir permitiendo que la trabajada palma se adentrara en la límpida superficie de cabello albar cuyo tacto refractaba la delicadeza similar de un manto de nieve virgen...

Finalizado el contacto los goznes de la puerta chirriaron al abrirse provocando en Polynach la búsqueda de indulgencia propia de la protección que le otorgó su subterfugio entre las piernas del ser que, eludido por la imperioso reclamo de su compañero fue alzado sobre sus patas y guiado hacia el interior de la habitación donde reposaban los restantes segmentos que componían la totalidad de su esencia existencial...

Depositado sobre la camilla en la que aposentó los cuartos traseros aguardó reacción de la Dama Nívea cuya silueta se izó sobre la estructura metálica, su expresión propia de la marcha del desvanecimiento que la había privado de voluntad...

Los pétalos sonrosados de sus labios entreabiertos temblaron cuando el tórax abarcó el aire que alimentaba el recobramiento de su conciencia, gesto no dictado por la excepcional necesidad impuesta de la natural respiración del resto de criaturas presentes en la sala. La aureola cimbreó sobre su cabeza con oscilante cadencia mientras sus pupilas de piedra preciosa engarzada de cuarzo cárdeno se fijaba en las criaturas que la rodeaban ostentando en su voluntariosa avidez de respuesta su preocupación...

- ... - - de mirada atribulada plagó la Dama Nívea su enderredor, en una búsqueda vacua de comprensión digna tan sólo de la primordial cuestión metafísica. - he... visto...- proyectó su voz un tinte de ancianidad desconocida para cuantas criaturas habitaran la existencia finita.- ... Todo...- su cuerpo frágil parecía sostenerse de manera milagrosa, pronunciar ese susurro vibrante amenazaba con arrebatar la escasa fuerza que la mantenía consciente...

Henry prodigó su figura hacia atrás...

Con el sobresalto propio de la exclamada intromisión la mesa plagada de herramientas metálicas trastabilló sobre su soporte contagiando la inquietante alteración del estruendoso sonido. En la infructuosa tentativa del impedimento basó su siguiente movimiento el fascinado ser azul que alargó su mano hacia la bandeja, intentando cogerla...

Quejidos gemelos asediados por el dolor se suspendieron en el aire cuando el fino escalpelo mordió la cubierta ultramar emergiendo sobre los mares de piel abierta el líquido motor nutriente de la existencia orgánica...

Henry contempló en silencio la descubierta llaga de su mano derecha, en símil resentimiento observó La Mujer Sin Sombra la perfección de la piel translúcida inalterable de su mano temblorosa...

De sus orbes amarillos brotó la maravilla devolviendo en un instante suspendido de comprensión mutua la conciencia de quien en calidad de entrometida parecía haber reaccionado a los actos cometidos por su torpeza...

Mudo diálogo establecido en el silencio de las insondables miradas enfrentadas, ojos de estrellas corinto contemplaron la veladura vertida entre la piel abierta que lagrimeaba su esencia tintando en cada pulsación el suelo bajo sus pies. Los dedos despuntados de lágrimas cristalinas alargaron su límite hacia la extremidad de la criatura, que embelesada en las numerosas esquirlas cambiantes que como meteoritos de colas fugaces depositaban la variedad de color en el interior de sus iris de joya encarnada ofreció la fragilidad de su carne floreciente...

Selló la dama Nívea con su propia piel la cubierta seccionada, frunciendo su ceño en la concentración del sufriente apuntalando sus dientes unos contra otros sin impedir que un delicado siseo se escurriera flotando entre sus labios tirantes derramando en sus sencillas notas el aguijón del escozor...

Retiró su contacto en el frágil tornamiento de una muñeca deshuesada exponiendo entonces la abrupta fisura mielga que hendía la carne de su mano argenta, evidenciando en simultánea revelación la reconstruida extremidad sin tara del Erudito Ultramar...

Hasta que su carne se selló por completo sin imperfección...

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