Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.

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Planaria Glámez
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MensajeTema: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Vie 20 Mar - 18:56

2 de Mayo de 2018.
Rue de la Dôle nº 3, Ginebra.
9:45 A.M.



"... Tal y como lo oyen, damas y caballeros. Una extraña joven ha aparecido en el Parc Geisendorf hace apenas una hora, congelándolo todo y dejando una gruesa capa de nieve sobre la verde hierba. Es verdaderamente inaudito, y sin duda se trata de algún tipo de mujer con poderes. Si sus intenciones son buenas o malas aún está por descubrir, debido a que apenas tenemos información de ella y..." La radio sonaba de fondo mientras me quedé embobado mirándola. ¿Una tía en mi ciudad congelando un parque? Además, ese parque estaba apenas a dos manzanas de mi casa. Me bebí lo que quedaba de chocolate en mi taza y me dirigí a mi armario. Abrí la puerta corredera y allí lo tenía. Mi traje de héroe. Hecho con fibra de carbono para darle más resistencia y ligereza, de un color azul intenso y negro, con un par de rayas blancas, basado en uno de moto de dos piezas. Me abroché la chaqueta y me puse los pantalones, me enfundé guantes y botas y me coloqué bien el antifaz negro que llevaba siempre. Me miré al espejo y sonreí de lado, pensando en lo bien que me quedaba. Unos pequeños rayos azules recorrieron mis brazos hasta mis manos, calentando para lo que se me viniese encima. Apagué la radio y encendí en mi mente la música que me gustaba para salir a patear culos. Vestido y arreglado, ya estaba preparado...

- ... ¡Para la tía de hielo!- Dije para mí. Sonreí y salté por la ventana, agarrándome al cable que subía hasta el pararrayos de nuestra azotea, impulsándome con una fuerte corriente hasta ella, y saltando de edificoi en edificio en dirección al parque.

Unos pocos minutos después llegué al borde de este. Miré hacia abajo y lo vi totalmente lleno de un hielo azul y una nieve virgen blanca como la leche. En medio, una chica aparentemente joven. Ella debía haber sido la artífice de semejante despliegue. Podía tratarse de una maga o una mutante. Eso lo vería sobre la marcha. De un salto, alcancé la calle, agrietando ligeramente el suelo con mi caída. Algunos civiles se sobresaltaron ante ello, y me señalaron.

- ¡Eh! ¡Es el "Guardián de Ginebra"! ¡Es Positrón! ¡Ha venido a salvarnos!- La gente me conocía de todas las veces que había evitado robos, secuestros y crímenes de toda clase a lo largo de mi vida, desde que apenas tenía trece años. Me venían como un protector, un símbolo de la ciudad que velaba por ellos y me cercioraba de que ninguno sufriese si podía evitarlo. Sonreí a aquel tipo y le guiñé un ojo, lanzándome a la carrera hacia el parque. Entré en medio de toda la nieve, vigilando cada rincón que me rodeaba, tenso, preparado para salir de un salto o echar a correr para evitar un ataque de la mujer esa... Siempre y cuando hubiese sido ella la que había provocado aquel desastre. Cuando estuve a unos pocos metros me paré y la llamé.

- ¡Eh Elsa! No sé si has sido tú la que has organizado esto, pero si es así me gustaría que me explicases el por qué, y si tienes ganas de pegarte o algo por el estilo. ¿Qué me dices? ¿Te apetece bailar un poco?- Una actitud chulesca era perfecta. La gente solía enfadares o creer que eras un pasmarote, mostrando muchas veces ellos primero sus poderes, lo cual me venía genial. Prefería guardarme mis ases para cuando supiese su mano.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Sáb 21 Mar - 23:49

Dalae paseaba por aquel lugar lleno de árboles, curiosa. No hacía mucho que Loki la había enviado a Midgard, y ese mundo era totalmente extraño para ella. Lo primero que había hecho había sido esconderse en el bosque para recuperarse: El ejercicio para cazar, pescar y encontrar fruta le había venido la mar de bien. Eso, y dejar de comer lo justo para mantenerse con vida, como hacían con los prisioneros de Asgard. Cuando se encontró mejor, empezó a espiar a los midgardianos. Tomó la costumbre de fundirse con la multitud para escucharlos, para verlos. Para intentar comprender su modo de vida, en definitiva. No le había ido mal, la verdad. El único problema que le complicaba la vida era que aún le costaba mucho controlar su magia. Pasaba gran parte de su tiempo practicando, pero de vez en cuando la cosa se le iba de las manos. Solía notarlo un par de días antes: A veces despertaba cubierta de escarcha o helaba algo sin querer al tocarlo. Eso significaba que en nada tendría que descargar toda la energía que llevaba encima y que, por consiguiente, tenía que ir a un lugar poco poblado para no destruir nada que se viera.

No podía repetir lo de Jotunheim.

Por eso, cuando un latigazo de dolor la sacudió en medio del parque el terror la invadió. "-No, no, no... " No podía ser, no había notado nada en los últimos días. Había llegado a creer que lo tenía controlado. Pero no, esa parte de ella misma se negaba a doblegarse al sentido común. Solo podía intentar contenerse, salir de allí...

La temperatura descendió de golpe 10 grados a su alrededor y empezó a nevar ligeramente. Algunos alzaron la cabeza, sorprendidos por el repentino cambio del clima. En alguna parte a su espalda, un niño gritó de alegría, dispuesto a hacer un muñeco de nieve. Dalae quiso gritar, decirle que se fuera, pero el dolor era tan atroz que dudaba ser capaz de susurrar siquiera. Se apoyó en un árbol, y comenzó a sentir cómo se formaba el hielo entre la palma de su mano y la corteza. De pronto, algo cálido se posó en su hombro. Más que cálido, abrasador para ella.

-Perdona, ¿estás bien?

Un hombre se le había acercado, intentando ayudarla. Claro, a sus ojos tenía el aspecto una chica que parecía encontrarse mal y no la bomba de relojería que realmente era.

-Vete...

Su voz sonó distorsionada, con un deje sobrenatural que no era suyo. Profunda, fría y muerta, como la magia que latía en su interior. El midgardiano retrocedió, asustado, y la hechicera se giró. Su intención era irse corriendo, pero antes de que hubiera dado un paso todo el suelo en varios metros a la redonda estaba cubierto de nieve. Y cada vez avanzaba más y más. Soltó para sus adentros un taco en asgardiano. Tarde. Por suerte, el hombre había podido huir a tiempo. Miró en todas direcciones: La gente no era tan tonta como para quedarse a mirar, después de todo. "-Haz que pare. Por favor. " Dalae buscó la voz de Raden en su interior. Él podía detener eso, era la encarnación de su magia para algo. "-Tienes miedo." " - No quiero matar sin motivo." "-Acepta lo que eres. Esto escapa a tu control. Simplemente, vívelo. Siente el viento de invierno, saborea la magia. Oye la música de la nieve al cubrir el mundo. Esta eres tú, Dalae." Dalae había cerrado los ojos, esforzándose por retener la energía. Y Raden no se callaba, insistiendo en que eso era algo que tenía que pasar. "-No soy un monstruo. "

De pronto, escuchó un sonido que venía de fuera, del mundo exterior que se helaba por momentos. La chica abrió los ojos de golpe. Un héroe. Y encima no tenía ni idea de en qué se estaba metiendo. Era un chico joven, vestido de negro y tapado con un antifaz. En su pecho se distinguía la marca de un rayo, lo que le recordó inevitablemente a Thor. De haberse fijado más en él, seguramente le habría parecido guapo. Pero ahora, su principal preocupación residía en estabilizar sus poderes para no destrozar al recién llegado.

-Por favor, vete. No quiero hacer daño a nadie.

Ignoró deliberadamente sus comentarios, no merecía la pena entrar en eso. Mientras hablaba, unos dardos de hielo se formaron ante ella en el aire. "-Raden... Deshaz eso." "-No. Concéntrate." Y los dardos salieron disparados hacia delante, buscando la cabeza, la garganta y el corazón del joven.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Dom 22 Mar - 0:19

- ¿Hola? ¿Te encuentras bien? Verás, normalmente la gente no está acostumbrada a ver una chica que cae al suelo y llena todo de nieve así como si nada... Y hombre, entiéndeme. Yo debería cuidar de esta ciudad, y asegurarme de que todo...- Fue visto y no visto. Entre la chica y yo se formaron unos dardos de hielo que salieron a toda velocidad hacia mí. Con un rápido movimiento, desenfundé "El catalizador", describiendo un rápido movimiento ante mí, partiendo casi todos los dardos. Un par impactaron en mi pecho y vientre. Sentí un agudo dolor, frío, punzante, familiar. Ya había probado con Sasha un par de veces aquellas armas, y por eso había sido capaz de frenar varias de ellas. Me incliné ligeramente, llevándome una mano a las dos heridas. Cerré los ojos con fuerza mientras me sacaba los proyectiles, tintados de rojo, y respiraba con fuerza. Al cabo de unos segundos, las heridas habían desaparecido, pero el dolor siguió latiendo durante un poco más. Una lágrima se escapó de mis ojos, provocada por él.

Recuperé el aliento y me preparé para bloquear de nuevo algo que pudiese lanzarme. La chica no parecía estar bien. Estaba agachada, dolorida, o eso parecía, como si estuviese tan concentrada que le provocase un sufrimiento atroz.

- ¡Eh! Tranquila, ¿vale? No he venido a hacerte daño. Simplemente quiero saber qué te pasa.- Control del hielo... Si bueno, no había que ser una jodida lumbrera para percatarse de ello. No había más que ver cómo estaba el parque. En plena primavera y todo cubierto por ese frío manto. Ni siquiera Ginebra era tan fría.- Vamos a hacer una cosa... ¿Qué te parece si nos movemos a otro sitio? Uno donde no haya tanta gente ni esté tan dentro de la ciudad. O sino explícame qué te sucede... ¿Puedo ayudarte de alguna manera?

Mientras le hablaba a una distancia prudente, miraba a mi alrededor a ver las posibles salidas que teníamos. Sabía que la policía no tardaría en llegar. De hecho, hablando de los reyes de Roma. Escuché las primeras sirenas a lo lejos. Mierda... El tiempo se me acababa y no quería tener a unos agentes haciendo preguntas y molestando. Me mordí el labio inferior valorando las posibilidades.

A) Dejar a esa chica allí para que la policía se encargase del asunto. Descartada al instante. No iba a dejarles una maga o una mutante. Ya sabía cómo funcionaban los humanos con nosotros. Experimentarían con ella, la harían sufrir, o incluso la matarían. No, eso ni de coña.
B) Darle una descarga que la dejase inconsciente y cargar con ella. Efectiva, pero no me gustaba dejar fuera d ecombate a la gente con mis poderes si había otra opción. Siempre existen otras maneras, y además ella no parecía ser mala. Simplemente estaba en el sitio equivocado en el lugar equivocado.
C) Correr hacia ella, cogerla, cargar con ella en mi hombro y llevarla lejos de allí, y entonces ya hablar con ella o preguntarle qué le pasaba. Desde luego, esa era la opción que más me gustaba de las tres que había podido sacar con tan poco tiempo.

Resoplé y enfundé mi arma en mi espalda. Calculé el tiempo de reacción que tenía y cómo hacerlo. Cinco segundos corriendo hacia ella. Diez hasta alcanzar el cable que había en la fachada del edificio de detrás, dos subiendo hasta arriba y aproximadamente unos treinta hasta encontrar un sitio seguro. Mi piso tal vez fuese el mejor sitio. El más apartado de las miradas curiosas desde luego. Inspiré hondo y expiré lentamente, preparándome para correr.

- Escúchame... Voy a sacarte de aquí, ¿vale? Pero tienes que aguantar sin usar tus poderes o sin congelarme o estaremos los dos en un aprieto... Tienes que intentarlo. Si la policía nos coge estaremos bien jodidos... A la de tres... Uno... Dos... ¡Y tres!- Y me lancé a por ella. Las palabras las había dicho lo suficientemente bajitas para que sólo me escuchase ella, pero lo suficientemente alto para que me oyese a esa distancia. Me lo jugaba todo a una carta... No tendríamos muchas oportunidades contra los agentes. Al menos ella. Yo podía sobrevivir a un tiroteo en mitad del pecho y huir, pero dudaba que ella fuese capaz. O al menos no iba a arriesgarme a eso.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Dom 22 Mar - 16:13

Dalae vió como un par de las agujas de hielo penetraban en el cuerpo del chico, derribándolo. Algo se removió en el pecho de la asgardiana, haciéndose notar sobre el dolor agudo que la atenazaba. Culpabilidad. Odiaba matar sin motivo, eso era algo que le repugnaba realmente. Hasta ahora, sólo había matado para vivir, salvo en el "incidente" ocurrido años atrás. "-Era solo un humano." Pero ese "humano" se arrancó las dagas transparentes que deberían haberle quitado la vida. No había duda de que le había herido, la nieve se había teñido de sangre escarlata a sus pies. Pero seguía vivo. Y no parecía querer hacerle daño.

-Ya nadie puede ayudarme. Sólo quiero salir de aquí. Sé lo que me pasa, lo único que puedes hacer es irte antes de que acabes herido.

La asesina había querido hablar con una voz autoritaria, o firme al menos, no la voz entrecortada que se oyó. El dolor le estaba empezando a impedir respirar como era debido. Se ahogaba. Tenía que soltarlo ya. No sabía qué podía pasar si seguía luchando contra ello, pero seguramente no sería nada bueno. Ni siquiera agradable. Con un movimiento rápido, extendió ambas manos hacia un lateral y respiró hondo, intentando soltar la energía del modo más controlado posible. Ante ella se formaron unas agujas de hielo de al menos 5 metros de largo, apuntando hacia adelante. El viento arreció hasta el punto en que el héroe tuvo que agacharse un poco para resistirlo. Pero, tras el ruido de la ventisca, pudo oír la sirenas de la policía. Necesitaba una ruta de escape, antes de que llegaran. No sabía hasta qué punto sus poderes desatados la podrían proteger si empezaban a disparar, por no contar con las víctimas que podía cobrarse si acudía más gente al lugar. De pronto, se fijó en el chico del rayo, al que había dejado de vigilar mientras dejaba escapar parte de la magia. Él le dijo que se contuviera, que la iba a coger. ¿Cómo...? ¿Pero no veía que tenía que irse? Pero corrió hacia ella, con el arma enfundada. Si la tocaba ahora, quizás acabara totalmente congelado. Tenía que... El instinto dictó a Dalae lo que tenía que hacer. Si liberaba toda la energía de golpe, quizás quedaría lo bastante agotada como para no romper nada màs. Quedaría débil y en manos del héroe si realmente la cogía, pero no tenía más opciones. Juntó ambas manos y entrecerró los ojos. Un brillo blanco azulado bañó su figura.

-Está bien, lo intentaré.

La frase se perdió, apenas un murmullo en medio del fragor de la tormenta. Y de ella, surgió un enorme dragón de hielo que se alzó rugiendo hacia las nubes. Tenía que gastar toda la magia creándolo: Así no quedaría nada de energía para mantenerlo y se derrumbaría solo. En apenas unos segundos, la criatura estaba terminada. La había hecho muy rápido, así que era una figura de formas toscas, con unas alas enormes que tapaban el escaso sol que se filtraba por las nubes. Por suerte, Dalae estaba en lo cierto: No pudo mantenerse, y cayó al suelo, muerto. Aplastó unas cuantas decenas de árboles y coches bajo su peso, y la cola golpeó un edificio son llegar a derribarlo. Del morro a la cola, quizás medía unos 30 metros.

Aunque Dalae no estaba mucho mejor que su criatura. Podía oír los latidos de su propio corazón al detenerse. Una sensación de vacío recorrió su cuerpo, como si de pronto tuviera muchísimo vértigo. Y el chico vestido de negro la cogió en brazos. Estaba cálido, pero la asgardiana no protestó.

-Gracias, seas quien seas.

Por el rabillo del ojo, pudo ver cómo los policías empalidecían al ver los destrozos y el cadáver de la bestia de hielo. Esas cosas no se veían todos los días. En algún rincón de su cabeza, Raden la miraba con reprobación. "-¿En serio te fías de él?" "-¿Alguna idea mejor?"

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Planaria Glámez
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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Lun 23 Mar - 11:11

Corrí hacia ella a toda velocidad. Fueron apenas cinco segundos hasta alcanzarla. Pero en ese tiempo, ella formó sobre nosotros un gigantesco dragón de hielo. Mis ojos se abrieron mucho al verlo, pero no era el momento de parase a ver aquello. La alcancé y cogí con el brazo izquierdo, cargándola sobre mi hombro. Escuché sus palabras de agradecimiento mientras la inmensa bestia caía contra el suelo, provocando que tuviese que dar un salto y agachar la cabeza para evitar que nos aplastase. El sonido de la madera al desquebrajarse, los cristales rotos, las alarmas de coche saltar y de algo pesado como una montaña caer contra la calle levantaron un montón de nieve y polvo a nuestro alrededor. Sentí un frío punzante y doloroso en el cuello y la zona izquierda de mi cuerpo. La chica estaba helada, completamente helada. Apreté los dientes para aguantarlo como pude. Noté como me empezaba a temblar el brazo y comencé muy lentamente a perder sensibilidad en la punta de los dedos. Tenía que aguantar. No podía rendirme ahora. Mi factor de curación hacía lo posible para evitar que el brazo se me congelase, y un dolor como de mil agujas clavándose por todo él hizo que se me saltase una nueva lágrima.

De un salto me subí a un coche que había aparcado, y de otro me lancé contra la pared del edificio que tenía delante. Alargué mi brazo derecho y con la mano sujeté un grueso cable negro. Unos rayos azules recorrieron mi brazo y el cable, y en cuestión de centésimas de segundo salimos disparados hacia arriba. Llegamos allí y continué corriendo. El dolor y el frío me estaba matando. Había aprendido a combatirlo gracias a Sasha, pero no era invulnerable a él ni mucho menos. Si seguía corriendo lo aguantaría mejor. Notaba el peso de la chica, que era mucho más del que originalmente habría pensado. ¿Cómo demonios podía pesar tanto? Era delgadita y menudita, y sin embargo parecía estar hecha de piedra o hielo. Tal vez fuese eso.

- Agárrate fuerte. Esto va a ser movidito.- No sabía si me había podido escuchar, pero esperaba que no hiciese ningún movimiento brusco o nos iríamos a la porra. Me apoyé sobre el borde de la azotea y salté con fuerza. Volamos durante un par de segundos hasta que me apoyé sobre un cable de alta tensión, y mis pies se llenaron de electricidad. Comencé a surfear sobre ellos con la muchacha en mi hombro. Debía darme prisa. El revuelo del dragón caído y las sirenas habría distraído lo suficiente a la gente como para verme. Al llegar al final del cable, me impulsé y gracias a la inercia que llevaba llegué hasta la mitad del edificio siguiente. Y volví a hacer lo mismo. Un fuerte salto y surfear un nuevo cable. Miré a mi alrededor para ver que nadie me seguía ni miradas curiosas estaban centradas en mí. Los años me habían dado una agilidad y velocidad enormes, gracias a las cuales podía huir de una zona en cuestión de segundos sin que me encontrasen. Sobre los cables podía ponerme a la misma velocidad que un coche.

Al cabo de unos minutos, llegamos a mi edificio, y con un rápido movimiento me colé por la ventana que había dejado abierta a posta por si la cosa se complicaba. Caí con más fuerza y menos soltura de la que me habría gustado, provocado principalmente por el frío que me atenazaba el alma. Me golpeé con fuerza, e intenté absorber todo el impacto para evitar que la chica saliese peor de lo que estaba. Noté un punzante dolor en la nuca, y me llevé la mano derecha inconscientemente al foco del dolor. No tenía sangre, pero me mareé ligeramente. Me levanté como pude y dejé a la chica en el sofá apoyada. Andé dando tumbos en dirección a mi baño. No sentía el brazo izquierdo y tenía la mano ligeramente morada. Me quité la chaqueta como pude e hice lo mismo con la camiseta que llevaba debajo, quedándome desnudo de cintura para arriba. Me deshice de mala manera del antifaz y me apoyé en el borde de la bañera, metiendo el brazo y el hombro en esta. Estaban bastante amoratados, y no sentía nada. No podía mover la punta de los dedos. Abrí el grifo, y un chorro de agua hirviendo levantó una densa nube de vaho. Cogí la alcachofa de la ducha y la activé, y rocié mi brazo con el agua.

- ¡AAAAAAAAAAAAAAAH!- Grité. Un horrible dolor me recorrió el brazo y hombro. Apreté los dientes con una fuerza tal que podría haber partido una moneda. Los ojos estaban cerrados y mi ceño fruncido. Fue como si me hubiesen echado lava hirviendo por encima. Pataleé un poco por el dolor, y poco a poco fue desapareciendo, al tiempo que iba recobrando la sensibilidad en el brazo. Todavía me temblaba, aunque ahora no sabía si por frío o dolor. Mi respiración se agitó y se volvió entrecortada. El labio me tembló, y al cabo de unos segundos mi brazo recobró su color blancuzco original. Apagué la ducha y me quedé apoyado contra la bañera unos segundos, recobrando el aliento, con el vapor de compañía y el sonido del agua al caer de música. Me levanté como pude, con un tembleque en el brazo al apoyarme. Cogí una pequeña toalla y me comencé a secar el brazo. Salí al salón y encontré a la chica allí tumbada donde la había dejado. Todavía estaba algo mojado y mi respiración era algo agitada. No parecía peligrosa, ni siquiera tenía un aura malvada.

- Bu... Bueno. Ahora estás a salvo. Aquí no nos encontrarán, créeme. Pero creo que me debes una explicación de quién eres y de dónde has salido, y a qué ha venido el espectáculo del parque. Por cierto, ¿te encuentras bien? Puedo preparate un chocolate caliente si quieres...- Lo primero era lo primero, asegurarme de que ella no había sufrido muchos daños y de que se encontraba bien. Ya respondería a mis preguntas luego.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Miér 25 Mar - 16:39

Después de un viaje a toda velocidad por las azoteas de Ginebra, Dalae averiguó varias cosas. La primera, que el chico de negro era mucho más fuerte de lo que creía, por que había podido llevarla a pesar de que el cuerpo de los asgardianos es mucho más denso que el de los humanos corrientes. La segunda, que tenía una resistencia enorme a sus poderes. Y la tercera, que desde que había entrado en el piso, estos estaban remitiendo poco a poco. El chico misterioso la tumbó en un sofá, y se fue a curar sus heridas. Ella lo oyó gritar en otra habitación, pero decidió no acercarse. Estaba volviendo a la normalidad, pero no podía fiarse de que se estuviera pasando del todo. Lo último que quería era herirle aún más de lo que ya estaba.

Cerró los ojos, y respiró hondo a pesar del dolor que aún insistía en arrancarle un grito. Tenía que calmarse e ignorarlo. Lentamente, notó como la sensación de estar siendo desgarrada se disipaba. Liberar tanta energía de golpe en el parque había ayudado y mucho, si no podría haber sido mucho peor. Pero tenía muchas preguntas son responder. ¿Por qué le pasaba eso? ¿No le bastaba con ser una magia con enormes efectos secundarios? Además de cambiar su propio cuerpo, seguía siendo una energía que iba prácticamente de por libre, en lugar de obedecerla como a todos los magos. Eso, por no decir que había sido la culpable de su encarcelamiento y su posterior escape de Asgard.

Estaba pensando en eso cuando el héroe apareció en el salón de la casa. Se había quitado la parte superior del traje para curarse la congelación que le había provocado el simple hecho de tocarla, y parecía que aún le dolía mucho. De hecho, Dalae no se imaginaba como había podido sobrevivir a aquello. Menudo par estaban hecho. A ella le dolía hasta el alma, y él tardaría un buen tiempo en recuperarse de los golpes y lesiones varias. Aunque su brazo tenía mejor aspecto ahora, la verdad sea dicha. Pero cuando empezó a preguntar, Dalae se sintió fatal. Ni siquiera estaba enfadado. Habría sido todo más sencillo si le hubiera gritado, si se hubiera quejado.Lo que fuera, menos preocuparse por ella. Pero le ofrecía chocolate caliente y la seguridad de su casa, a pesar de que se lo había hecho pasar mal. Francamente, no lo entendía: Al menos en su mundo, en su vida, las cosas no funcionaban así. La había fastidiado, no se merecía...chocolate.

-Bueno... Yo no quería hacer nada así. Normalmente noto cuando se me van a ir de las manos los poderes, y me voy lejos hasta que se me pasa. Pero esta vez ha sido diferente, no sé por qué.

Se sentó en el sofá, inclinada hacia delante. En cuanto el chico no mirara, tendría que sacar a Raden para pedirle explicaciones y estrangularlo un poco. Esas cosas se avisaban, por todos los dioses. Tenía a una dimensión entera siguiéndole la pista, no podía llamar la atención así. No con Odín buscándola. Pero tenía que centrarse en el momento en que estaba. Si no había aparecido nadie ahora, era por que ya no aparecería seguramente. Esa idea la relajó un poco. Incluso se dio cuenta de que no se había presentado.

-Ya me encuentro mejor, gracias. creo que el que deberías sentarte y descansar eres tú.-Sus labios esbozaron una sonrisa cálida mientras se hacía a un lado para que el midgardiano se sentara. Era lo mínimo que podía hacer por él, ya que no podía curarlo ni quitarle el dolor. Pero, ahora que se fijaba, se estaba recuperando a ojos vista. ¿Tendría algún tipo de poder? Debía de ser eso, no se le ocurría una mejor explicación.Soy Dalae, y hace poco que he llegado a este mundo. Llegué aquí por accidente, cuando los universos chocaron, y ando algo perdida. No quiero hacer daño a nadie, te lo prometo.

El bastón, que había dejado apoyado en el sofá al entrar, se iluminó sin que ninguno de los dos se diera cuenta. De él surgió una neblina plateada que se acumuló tras sus espaldas. Poco a poco, se solidificó y tomó la forma de un enorme lobo. Su pelaje, blanco como la nieve, parecía brillar con una luz que competía con la de las bombillas, y sus ojos rojos miraban a su alrededor con esa cautela que solo tienen los animales salvajes.

-¿Has pensado en mí, Dalae? Por que si tienes algo que decirme, soy todo oídos.

La voz grave de Raden hizo que los dos jóvenes fueran conscientes de su presencia. Planaria pegó un respingo y se giró rápidamente, con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa. El espíritu le devolvió la mirada, alzando una ceja. Como si aquello fuera lo más normal del mundo.

-Bueno, ahora que lo dices... Mejor prepara chocolate para los tres. Este es Raden.

Con un poco de suerte, el chocolate endulzaría un poco el agrio carácter de la criatura.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Vie 27 Mar - 15:53

La chica parecía sincera con la explicación que me dio. En sus ojos había miedo y preocupación. Sí que parecía haber sufrido una variación de sus poderes, sin poder controlarlos y por eso necesitar desplegar aquella gigantesca criatura de hielo o cubrir todo un parque con nieve. La creía. Sabía que en eso no me mentía... Porque recordaba esa sensación. Cuando todavía era un joven adolescente, de apenas trece años, fue cuando empecé a lanzarme a la calle a enfrentarme a criminales, mutantes y demás villanos que asolaban las calles. Al principio me costaba un montón controlar mis poderes y usarlos correctamente. Más de una vez sentía una quemazón en el pecho que necesitaba hacer estallar, liberando un montón de energía en forma de rayos que se perdían por todos lados. Después de eso, siempre acababa fatigado y mareado. Ahora que la veía ahí ante mí, no pude sino sentir lástima y comprensión por ella. Y más cuando dijo que era una extranjera en nuestro mundo. Ya era la segunda que me encontraba, después de Anna. Yo sabía lo que era sentirse un extraño en tu mundo cuando me uní a los Abyss Knights. Apreté ligeramente los dientes debido al dolor que aún me llegaba del brazo.

- Bueno Dalae, has tenido suerte de que estuviese por aquí... Mi nombre es Planaria.- Y le sonreí. Estaba algo mareado y aún me dolía el brazo como si me lo hubiese quemado, pero podía aguantarlo. No quería que se sintiese más culpable de lo que ya se sentía por el accidente que había tenido en el parque.- No te preocupes, creo en lo que dices... Yo también tengo poderes. Eléctricos para ser más precisos. Y sé lo que es tener la sensación de no poder controlarlos. A mí me pasaba antes. Con el tiempo aprendes a controlarlos del todo, ya lo verás. Dices que andas perdida y que acabas de llegar a este mundo... ¿De dónde eres?

Escuché una profunda y grave voz proveniente de mi espalda, y me giré sobresaltado. Aunque para sustos el que me llevé al ver un enorme lobo blanco ahí en mitad de mi salón, como si de un perro doméstico se tratase. Me caí de espaldas, llevándome la mano al brazo dolorido, pero sin apartar la vista del enorme can que me miraba moviendo la cola.

- ¿PERO QUÉ COJONES? ¿QUÉ ES ESO? ¿HABLA?- Estaba aterrado, no lo negaré. Ya me gustaría veros a vosotros si un lobo del tamaño de un jodido oso apareciese en mitad de vuestro salón y hablase. Cuando Dalae dijo que hiciese chocolate para los tres la miré con los ojos muy abiertos, sorprendido por la situación aún.- Vi... ¿Viene contigo? ¿Qué demonios es? Y no me digas un lobo porque puedo verlo por mis propios ojos. He visto lobos y no son tan grandes nunca.

Me levanté lentamente, sin apartar la vista del nuevo invitado. Fruncí ligeramente el ceño. Para ser un lobo parecía bastante pacífico, aunque supuse que si la chica dijese que me atacase se habría lanzado a por mí sin dudarlo ni un segundo. Me dirigí a la cocina y calenté chocolate. Me puse una camiseta cualquiera que pillé para taparme el pecho desnudo. Comistrajeé algunas cosas para ir recuperándome poco a poco del mareo. Algunas galletas, un poco de queso... Lo típico vaya. Cuando el chocolate comenzó a humear y el olor invadió la cocina no pude evitar sonreír. El chocolate era la cosa que más me gustaba del mundo. Habría matado por él. No literalmente claro. Lo serví en una jarra y me lo llevé al salón con varios vasos. Saqué también un plato hondo para el lobo y lo dejé en el suelo, junto a nosotros. Llené los recipientes y los repartí. La verdad es que el chocolate calentito me sentó de maravilla. Expiré con placer, echando una pequeña nubecilla de vapor y dejé el vaso en una pequeña mesilla que había ante nosotros.

- Bueno a ver... Dices que estás un poco perdida... Espera, dame un segundo.- Me levanté y cogí un Atlas, y lo abrí mostrando un mapa político de Europa. Lo puse entre nosotros tres para que pudiesen verlo perfectamente. Aún tenía un ojo puesto sobre el enorme lobo, preparado para saltar a la mínima amenaza.- A ver... Esto es Europa, donde nos encontramos ahora... Estás aquí, en Ginebra. Este pequeño puntito. En el centro casi. Estos son los Alpes, los montes esos que podéis ver por la ventana. Dices que llegaste aquí durante la colisión... ¿Eres de la Tierra o vienes de otra dimensión o sitio? Por cierto, ¿está rico el chocolate? Espero que no esté muy caliente... No sé si te molestará el calor, por el tema de manejar el hielo y demás.

Pensé en Anna. Ella había venido de... La verdad es que no tenía ni idea de dónde había venido, pero lo que sí sabía es que no era de nuestro mundo, de ninguna forma. La posibilidad de ayudar a Dalae la verdad es que me gustaba. Al menos ella sabía cómo se llamaba y sabía comer, lo cual ya era un paso bastante gordo comparado con mi última visita.


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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Sáb 28 Mar - 3:22

El chico misterioso se presentó finalmente como Planaria. Era un nombre extraño para ella, que no lo había oído en su vida, como otras tantas cosas de Midgard. Pero no le importó demasiado eso: La entendía, había pasado por lo mismo. Ambos dominaban elementos naturales, en ese sentido eran parecidos, salvando las diferencias de mundo o raza. Algo que ya tenía prácticamente olvidado empezó a funcionar en ella. Cosas como la amistad o la empatía se pusieron en marcha, tras dos largos años sin contacto con nadie en absoluto. En ese tiempo en que había vagabundeado por Midgard apenas había hablado lo justo y necesario, para evitar problemas. Pero la verdad, agradecía la conversación, aunque se desviara a un tema algo incómodo para ella. No podía decirle la verdad, quizás conociera Asgard y llamara a Thor para "ayudarla". No estaba segura de que el príncipe de hubiera enterado de toda la historia, pero no podía arriesgarse. No quedaba más remedio que improvisar algo, o si no se vería en un aprieto.

-Soy de...

Por suerte, el infalible don de la oportunidad de Raden lo empujó a intervenir justo a tiempo. Planaria pegó un respingo y se giró a toda prisa, con el susto pintado en sus facciones. El gigantesco lobo blanco los miraba alternativamente, con la cabeza bien alta y una mirada tan soberbia como la de un rey. La impresión hizo que el héroe cayera hacia atrás, arrancándole un quejido de dolotñr. Quizás se regenerara rápido, pero necesitaba un tiempo. Dalae saltó del sofá para ayudar al dueño de la casa a levantarse del suelo, mientras Raden alzaba una ceja.

-No pongas esa cara, sabes de sobras que los humanos no están acostumbrados a verte.

El reproche se fusionó con las exclamaciones e improperios varios de Planaria, quien estaba tan asustado como si hubiera visto a un fantasma. Oh, claro. Era precisamente lo que estaba viendo, aunque aun no lo supiera. Igual era mejor no decírselo, bastante tenía ya.

-Claro que hablo, insignificante mortal. ¿Quién te crees que soy?

Fue entonces cuando Dalae propuso un chocolate para los tres, cortando la disertación de su acompañante antes de que empezara. Planaria se había quedado un poco confundido por el comentario del espectro, y sería mejor darle un respiro y que hiciera algo. Es decir, ¿Cómo te tomas que algo que a tí te parece un animal coge y te llama "insignificante mortal"? Desde luego, no muy bien. Y más si el que te lo decía podía arrancarte el brazo de cuajo.

-Bueno, sí que viene conmigo. Raden es... mis poderes. Es una larga historia.

Por suerte, el aludido no añadió nada más: Estaba ocupado recorriendo la habitación, mirándolo todo. Por suerte. Por supuesto, Planaria no dejó de vigilarlo ni un segundo hasta que se metió en la cocina a preparar el chocolate. Cuando hubo desaparecido tras la puerta, Raden se acercó al sofá donde Dalae seguía sentada. Se sentó en el suelo, para que su cabeza y la de la chica quedaran a la misma altura. "-No puedo creer que seas tan confiada. Pareces nueva en esto." "-Y tú pareces un paranoico." "-Y yo que creía que habías aprendido algo de la cárcel... " Clavaban sus miradas el uno en los ojos del otro, como si quisieran apuñalarse. "-¿Qué tiene de malo?" "-No es lo que tenga de malo, es que es demasiado bueno." Dalae aún echaba la culpa de su destierro a los poderes que había recibido sin querer, y el lobo no hacía más que echarle en cara su falta de responsabilidad al querer acercarse a los midgardianos. Lo suyo era en ocasiones un auténtico pulso por ver quién de los dos estaba más empeñado en salirse con la suya. Por suerte, Planaria llegó entonces, con dos tazas y un plato de chocolate. Dalae tomó la suya con una sonrisa, teniendo cuidado para no quemarse, y bebió un poco. Se sintió mucho mejor cuando sabor dulce y cálido le llenó la boca. Raden, sin embargo, no profesaba esa misma confianza. Se quedó quieto frente al plato, y no lo probó hasta que Planaria hubo bebido. Entonces, lo olisqueó, para finalmente beber. Parecía que le había gustado, por que en el rato en que Planaria sacó el atlas ya se había acabado su ración.

Los dos se inclinaron sobre el libro de la mesa para escuchar mejor las indicaciones del midgardiano. Dalae tenía cara de concentración, memorizando y comprendiendo el mapa. Y Raden tenía la misma cara seria, salvo que el efecto quedaba algo estropeado por las manchas de chocolate en su morro.

-Venimos de otra dimensión, a la que llamamos Vaaru. Llegamos aquí por un portal que nos absorbió durante un terremoto en la ciudad donde vivíamos. Oh, y no importa. El calor solo me molesta si es demasiado. Está delicioso.

La asgardiana dió un par de vueltas a su bebida,saboreando el último trago. Definitivamente, era una de las cosas que más le gustaban de Midgard. Eso, y la sonrisa de Planaria. Se sentía cómoda por primera vez en mucho tiempo, y eso no tenía precio.

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Última edición por Dalae Darkle el Miér 1 Abr - 11:30, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Sáb 28 Mar - 23:04

Perfecto. No tenía suficiente con todas las crisis de fe por las que estaba pasando con dioses y demás historias, ahora encima había otras dimensiones. Esto era demasiado para mí. Sentía como mis creencias comenzaban a desquebrajarse por todos lados, y aunque conocer a Anna me había ayudado para intentar fortalecerlas un poco, seguía teniendo una crisis de fe muy fuerte. Tragué el chocolate lo mejor que pude, sonriendo a mi invitada como podía. En el fondo quería gritar, arrancarme la ropa a tiras y caer de rodillas al suelo. Dejarme invadir por la ira y el desconsuelo sólo una vez. Pero seguramente la pobre Dalae habría flipado en colores. No, tenía que ser fuerte. Vaaru... La verdad es que no me sonaba de nada. Había oído hablar de un par de planetas desde la colisión, como Krypton, Asgard y un tal Xandar. Había gente que venía de ellos, pero aún no había conocido a nadie personalmente. Sabía que Superman era de Krypton, pero poco más a decir verdad. Pues nada, otro más para la lista.

- La verdad es que nunca había oído hablar de él... ¿Es parecido a la Tierra? ¿Tenéis mares y esas cosas allí también? Me alegro de que os guste el chocolate.- Dije mirando a ambos. El lobo tenía todo el morro manchado también, y la verdad es que así tenía un aspecto mucho más cómico y menos amenazante. Me pasé la mano por la nuca, rascándome ligeramente mientras pensaba en qué podía hacer. Me levanté dispuesto a ponerme otra taza de chocolate, y luego decidí que era absurdo. Sería más cómodo si traía la jarra directamente. Les pedí que me diesen un momento y fui por ella. Volví y rellené mi taza y el plato de Raden.- Bueeeeeeeno. A ver, cuéntame. ¿Cómo es que este señor de aquí son tus poderes?

Hice un amago de acariciarlo, pero luego pensé en que tal vez no le gustase. Lo bueno es que podía decírmelo directamente. Quería saber si esta chica había sufrido algún tipo de accidente o algo como yo para obtener sus poderes, o si los recibió por herencia familiar o algo. No parecía peligrosa, y tal vez si sus poderes tuviesen un origen parecido al mío pudiese ayudarla mejor a controlarlos.

- Yo los obtuve en un accidente... Cuando apenas tenía siete años, me caí en el núcleo de la empresa eléctrica de mi padre y "puff", el resto es historia. Aprendí a base de esfuerzo a controlar esto. Fue difícil la verdad, pero ahora al menos soy capaz de manejarme bien con ellos... No es difícil, simplemente requiere paciencia y esfuerzo. Tal vez pueda echarte un cable, ayudarte a entender tus poderes o... Bueno, qué estoy diciendo. Me estoy echando flores sin saber cómo funcionan tus poderes. Ni siquiera sé si los tienes desde hace poco... Perdona, tengo la cabeza llena de cosas y a veces me pongo a divagar sin escuchar...- Negué la cabeza y la bajé ligeramente. La verdad es que todo el tema de la crisis de fe provocaba que me perdiese en mis pensamientos, lo cual de vez en cuando era una falta de respeto hacia la persona que tenías delante. Me froté los ojos y sonreí de nuevo a la chica. Tranquilo Plana, no te va a hacer nada malo. No te va a morder ni nada por el estilo. Y si lo hacía... En fin, mejor pensar en que no la verdad.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Miér 1 Abr - 16:19

La asgardiana suspiró internamente, aliviada. No ponía en duda lo que ella decía, así que las cosas serían mucho más fáciles. No le hacía gracia mentir más de lo necesario, y más aún a Planaria. Quizás pudiera ayudarla a manejar sus poderes, y para eso necesitaría información lo más realista posible. Aunque tuviera que inventarse todo lo demás. Ahora que lo tenía más cerca, pudo apreciar algo de tensión en él, aunque por fuera parecía más bien relajado. Debía de tener un autocontrol importante si en esa situación mantenía tan bien la calma.
No por ello dejó de preguntar, por supuesto.

-Bueno, no he visto mucho de la Tierra, pero se parece un poco. En Vaaru, los mares son mucho más transparentes y pequeños, y apenas hay montañas.-Miró el mapa, como comparándolo mentalmente con otro de su mundo.-Y todo está cubierto de bosques, salvo algunas ciudades sueltas, que es donde vivimos la mayor parte de la gente. Eso sí, los animales y las plantas se parecen muy poco, y los edificios menos aún.

Dalae notó la mirada de Raden sobre ella, y le faltó poco para hecharse a reír. Se estaba relamiendo con muy poco disimulo para limpiarse el chocolate de la boca. Y cuando el lobo le dedicó una mirada severa en plan "Niña, respeta a tus mayores", la carcajada de ambos, héroe y fugitiva, resonó en todo el salón. Anda que...

-Al fin un poco de respeto... Aunque agradecería que eso se me preguntara a mí, ya que soy el principal interesado, en lugar de interrogarla a ella como si yo no estuviera presente o no comprendiera vuestra conversación.

Y siguió relamiéndose. Como si nada, oye. Planaria tuvo la gran idea de servirle más chocolate, lo cual lo distrajo y permitió a Dalae meter baza en el asunto después de que el chico contara su historia. Quería ayudarla, y no tenía pinta de querer pedir nada a cambio. Toda una novedad para ella.

-Lo mio también fue un accidente... Hace tiempo encontré este bastón. Raden estaba dentro, y fue lo que me dió los poderes. Cambié totalmente de aspecto, y mi gente me rechazó cuando perdí el control y maté a muchos de ellos. Tuve que esconderme, pero me atraparon. No sé qué me habría pasado si no hubiera acabado aquí.

Dalae se entristeció visiblemente. Y eso que se había ahorrado los peores detalles de la historia, como el tema de que había pasado dos años muriéndose en la cárcel y demás. No necesitaba saber eso. Ya estaba preocupado, como para añadir algo más. Pero le ofrecía una pequeña chispa de esperanza, algo que le permitiría controlarse y no matar a nadie más. No sin querer, claro. Por otra parte, aunque suponía que no podía dañar a Planaria con facilidad, había demostrado que sí podía sentir el dolor que ella provocaba. Y le parecía demasiado bueno como para herirlo así, no se lo merecía. "-Deberías quedarte con él para que te enseñe, es de lo más simpático. " Comentó Raden, tumbándose en la alfombra después de bostezar sonora y dignamente.

-¿Crees que podrías ayudarme? No puedo volver a Vaaru, pero si me quedo aquí sin control puedo hacer algo grave. No tienes por qué arriesgarte, Planaria. Y has hecho mucho trayéndome aquí en lugar de dejarme a la policía. Además, no le puedo pedir a nadie que soporte ni a Raden ni a mí.

Eso último lo dijo en voz más baja, sonriendo ligeramente. El lobo ni siquiera abrió los ojos.

-Te he oído, jovencita. Vamos a tener tú y yo una charla sobre el respeto hacia tus poderes, osea, hacia mi persona.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Mar 7 Abr - 10:56

Tras sus palabras acerca de su accidente su rostro se tornó triste, alicaído. Fruncí un poco los labios y apoyé mi mano en su hombro, ofreciéndole una pequeña sonrisa. La verdad es que se veía a sí mismo en el caso de que hubiese obtenido los poderes siendo más mayor. Ella debería rondar los veinte años más o menos, un poco más joven incluso. No sabía si podría ayudarla o no. Sasha tenía un poder parecido, salvo que ella no tenía un lobo enorme que representaba sus poderes, y ella no controlaba el hielo, sino las temperaturas. Que pudiese formar hielo o fuego era consecuencia de ellos. También mencionó que mató a algunas personas cuando se descontrolaron sus poderes. Me dio pena escuchar eso, puesto que supuse que podía tener un sentimiento de odio hacia ellos. Tal vez pudiese ayudarla un poco, tal vez no. Pero, ¿qué podíamos perder?

- A ver, seguro seguro no estoy. De hecho, podría ser que no te sirviese de nada. Pero oye, menos vale una piedra. Además, gracias a mi factor de curación es más complicado que me hagas un daño irreparable. Mientras no me dejes congelado de por vida como si fuese un helado de chocolate...- Y le guiñé un ojo. Luego volví la vista al lobo y suspiré.- Entonces a ver, señor Raden... ¿Cómo funcionan los poderes de Dalae? Que se ve que le gusta que se le tenga en cuenta.

Eso último lo dije en un tono bromista. La verdad es que era la primera vez que me encontraba con algo así. Bueno, no exactamente la primera vez. Mi compañera Tanith tenía algo parecido, solo que ella usaba invocaciones, y estas cobraban vida. No era lo mismo, ya que era ella la que las controlaba y les decía lo que debían hacer o no. Y además ninguna de ellas podía hablar. Me quedé pensativo durante unos segundos mientras pensaba en cómo podía ayudarla. Sus poderes tenían que ver con el hielo y la nieve. "¡Clink!" Bombillita en mi cabeza. Teníamos un lugar perfecto para probar sus poderes sin levantar sospechas. Le dije que esperase un momento mientras fui a mi cuarto para ponerme el traje de héroe. Era bastante cómodo a la hora de salir a enfrentarme a criminales y demás, ya que en un rápido vistazo era básicamente como un mono de moto de dos piezas, al que había quitado las protecciones y el relleno para facilitar mis movimientos. Salí de nuevo al salón y le dije que me siguiera. Llegamos a un pequeño armario que había al lado de la puerta y lo abrí, sacando un par de cascos de moto. Uno para mí y otro para ella. Cogí las llaves de mi casa y las de una moto que compré después de que la mía se rompiese en Bruselas. Era bastante mala, pero era mejor que nada desde luego.

- ¿Alguna vez has montado en moto? A mí me encanta. Sólo una cosa Raden, deberías volver al bastón, o a donde sea que estés. No puedes ir en la moto con nosotros. Es sólo para dos personas.-

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Miér 8 Abr - 23:29

Definitivamente, Planaria tenía un sentido del humor envidiable, a pesar de la situación. La verdad, si todos los humanos eran así, quizás acabara gustándole ese mundo, después de todo. Hasta ahora, lo que había visto no era demasiado malo, aunque no se había mezclado tanto con los midgardianos como para generalizar.

Por otra parte, el mutante le ofrecía una oportunidad que no podía desaprovechar así como así. Si conseguía controlarse, estaría mucho más segura. Sería más difícil que la localizaran, lo que siempre era bueno; y además no causaría más desastres innecesarios. Por no hablar de que lo tendría más fácil para vengarse. Todo ventajas, lo único que tenía que hacer era confiar... Y si algo salía mal, Planaria se curaría. No corría ni de lejos el mismo peligro que los demás al estar cerca suyo.

-No te preocupes, te mueves mucho para congelarte del todo. Aunque tengo que probar el helado de chocolate, tiene que estar rico. - La verdad, había tantas cosas que aún no sabía de Midgard...

Raden por su parte no desaprovechó ni por un segundo la oportunidad de demostrar su superioridad frente al resto del universo. Apenas Planaria pronunció su nombre, el lobo ya se había plantado delante de él. Su expresión no era ni de lejos humana, pero por alguna razón recordaba al típico profesor que
le explicaba algo a un alumno especialmente corto de entendederas.

-Dudo que puedas hacer nada, mortal, pero en fin... ¿Qué sabes tú de magia? No hueles a mago, ni mucho menos. Además, es una energía muy complicada y antigua, ni siquiera vale un mago mediocre.-Los inquisitivos ojos de Raden analizaron rápidamente a Planaria, como valorando si se mercía siquiera hablar con su portadora. Avanzó un par de pasos, acorralando al mutante contra la pared prácticamente... Y desapareció.

-No le hagas caso, es así con todo el mundo.-El vapor helado que hace un momento era Raden volvió al bastón que Dalae sostenía en la mano.-He intentado sacarle más información, pero por ahora solo sé que dependo de su magia. Si estoy mucho tiempo lejos de él me debilitaré, y el calor exagerad tampoco parece que me vaya bien, aunque no lo he podido comprobar. Tengo más desventajas que otra cosa.

Dalae sonrió. Algo bueno tenía que tener todo aquello. Lo que fuera, pero no podía ser una maldición sin ventajas. De hecho, hasta las maldiciones favorecían a la gente en cierto modo, en vez de arruinar la vida de quien fuera por nada. Raden no podía ser tan mala persona, ¿No? Bueno, ni siquiera era una persona, pensándolo bien. Por una vez desde que lo conocía, el lobo no hizo ningún comentario. Ninguno. Eso casi asustó más a la chica que cualquier cosa que pudiera haber dicho.

-La verdad es que aún no he ido nunca en moto, solo las he visto por la calle alguna vez.

Bajaron a la calle, y Planaria le tendió el casco. "-Una cosa. Me gustaría repasar la situación, a ver si me he enterado bien. Vas a dejar que un midgardiano, héroe encima, te lleve en ese aparato que ni siquiera se mantiene en pie a un sitio que tú no conoces, de hecho no tienes ni idea de a dónde vais. ¿No te has planteado que, quizá, te esté llevando directamente a una trampa? Vamos, ya sé que todos los humanos son pacíficos y hospitalarios, pero puede ser que este no. Aunque claro, como siempre es bueno confiar en la bondad ajena, será mucho mejor dejarnos llevar. Si eso, duérmete en la moto, para que así sea más fácil atarte o encerrarte. Pero, ¿Qué digo? No va a pasar nada de eso, porque... ¡¿Pero me estás escuchando?!" "-No." Y Dalae se subió a la moto.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Jue 9 Abr - 23:38

La verdad es que el lobo Raden era un poco... ¿Cómo decirlo? ¿Alguna vez habéis tenido un grano en el culo situado en mitad de la nalga y cada vez que os sentáis es como clavaros una aguja o algo así? Pues Raden sería el que te sale en la otra nalga, y cuando intentas aliviar el dolor de la primera apoyándote en la segunda es todavía peor, y que está directamente conectado con el que te sale justo debajo del labio el viernes antes de salir. A ver, vale, sería un ser ancestral y todo lo que quieras, pero joder. Ya podía ser un poquito más amable. No le había tratado a patadas ni nada. ¡Hasta le había ofrecido chocolate! Negué con la cabeza y sonreí a Dalae. Al menos ella era simpática y estaba dispuesta a dejarse ayudar. Yo tampoco tenía la certeza de que pudiese ayudarla, pero bueno. Mejor que nada era desde luego. Cuando me dijo que nunca había montado en moto hice un divertido movimiento de cejas en señal de confianza.

- A mí me encantan. Molan un montón. Ten, te enseñaré a ponértelo.- Y le di el casco de repuesto que tenía. No solía llevar a nadie en la moto, salvo a Sasha cuando había venido a Ginebra, y un par de veces a Tanith, y porque no tenía más remedio. Ella decía que iba demasiado rápido y que algún día tendría un accidente. No iba tan rápido, pero al ir completamente al aire la sensación de velocidad era mayor. Miré a la chica y vi que no iba especialmente abrigada.- Oye... ¿Vais a ir así? Lo digo porque lo mismo pasas un poco de fr... Sí, eso mismo vas a pasar. Controlas el hielo y vas a tener frío... ¡Muy bien Planita! ¡Dí que si!

Bajamos a la calle y le enseñé a ponerse el casco. Tardó un poco pero en cuanto me vio hacerlo cogió la mecánica. Le sonreí y le indiqué que subiese y se agarrase a mi cintura con cuidado. Arranqué el vehículo, cuyo motor rugió con un bramido. Aceleré y salí a la carretera, en dirección a las montañas. Abandonamos pronto la ciudad, en cuestión de unos diez minutos, y comenzamos a subir una serpenteante carretera. A medida que alcanzábamos la cima, los árboles a ambos lados del camino comenzaron a tornarse blancos, y los primeros rastros de nieve cubrieron las laderas. El viento nos golpeaba en la cara, una sensación que a mí me encantaba. Con el traje iba bien calentito, aunque podía notar como el frío entraba por los pequeños huecos que había entre el casco y el cuello de la parte superior de mi ropa, provocándome unas pequeñas cosquillas que me hicieron sufrir un par de escalofríos. Le pregunté a Dalae qué tal iba pero con el viento y demás no pude entender bien qué dijo. Sin embargo, no hizo ningún amago de pedirme frenar ni nada por el estilo, así que pude continuar sin miedo a que lo pasase mal. Al cabo de una media hora larga, llegamos a un bonito mirador desde donde podíamos ver la ciudad entera. Estiré los brazos en forma de cruz, aspirando aquel aroma primaveral.

- ¡Aaaaah! ¡Como me gustan los Alpes! Son bonitos, ¿verdad? Ahora en primavera no hay mucha nieve. Hay que subir bastante arriba, pero las vistas merecen la pena. Lo bueno que tenemos aquí, es que al estar todo cubierto de nieve, puedes usar tus poderes sin llamar la atención. Esto nos vendrá de perlas... Puedes soltar ya a Raden para que corretee un poco si quiere. Ven, acompáñame.- Comenzamos a andar por la nieve en dirección a las montañas que teníamos a nuestra espalda al mirar hacia la ciudad. Nuestras pisadas quedaban grabadas en la nieve, y hacían ese sonido característico al aplastarla que tanto me gustaba. Lo echaba de menos durante el año, ya que en invierno me encantaba subir a hacer Snowboard y esquiar algunos días, cuando me lo podía permitir. La verdad es que la nieve era algo que me encantaba. Era una de esas cosas que resultaban casi mágicas por cómo se formaba y por su tacto y compacidad. Hice una bola de nieve y, tras jugar un poco con ella, la lancé con fuerza, haciéndola volar varios metros por delante de nosotros.- Y dime. ¿Cuál es el problema que sueles tener con tus poderes?¿Te cuesta controlarlos, entenderlos, manejarte bien con ellos...? Bueno, supongo también que Raden podría echarnos un cable. Lo bueno de que tus poderes tengan una forma física es que él puede decirnos cuál puede ser el problema real de que a veces se descontrolen. Aunque dime qué piensas tú también. Me interesa saber tu opinión después de todo.

Y le ofrecí una cálida sonrisa mientras seguíamos andando, adentrándonos en los montes. Quería llevarla a un sitio más apartado para evitar algún paseante o escalador que pudiese haber por los alrededores. Una cosa era ir a un sitio lleno de nieve para disimular, y otra muy distinta ponerte en medio de una pista de esquí donde cualquiera pueda verte. Hacía un día maravilloso, con un cielo azul celeste que embobaba y un sol de justicia que anunciaba que el frío era cosa del pasado. Aunque no lo parezca, Ginebra era una ciudad bastante calurosa en verano y primavera. En invierno hace mucho frío, pero el resto de estaciones se está genial. Excepto cuando llueve. Entonces se convierte en una pesadilla y un tostón. Me alegró que hiciese un día así. El optimismo me invadía y la idea de poder echar un cablecillo a Dalae me animaba más.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Sáb 11 Abr - 0:57

Cogió el casco entre las manos, le costaba un poco ponérselo. No tenía alas, ni cuernos, ni siquiera nada tallado. La mar de raro, oye. Por suerte, Planaria se dio cuenta de que no sabía y la ayudó. Claro que cuando le dijo que igual tenía frío, Dalae no pudo aguantarse la risa. Tenía narices la cosa. Él se dio cuenta enseguida de su error, lo que hizo todavía más graciosa la situación.

-Creo que sí que voy a ir así, a menos que vayamos a la Antártida, claro.-La verdad es que ni siquiera sabía cuanto frío podía aguantar. Lo notaba, eso sí, pero para ella resultaba una sensación agradable más que otra cosa. Así que abrigarse no le atraía lo más mínimo.-La verdad es que no siento el frío como tú, seguramente. Claro que no sé mucho de las sensaciones que teneís los humanos, así que poco puedo opinar.

Al final, se pusieron en camino hacia unas montañas cercanas. Describir lo que sintió Dalae cuando empezó a ver todo el paisaje nevado y vacío de gente a la que herir sin querer como felicidad es quedarse corto. Muy, muy corto. Agradeció haberse traído tan poca ropa, así podía disfrutar completamente del viento helado que iba en dirección contraria a la suya. Planaria le preguntó qué tal se encontraba: Apenas se le oía sobre el ruido del vendaval.

-Estoy de maravilla.-Respondió, entrecerrando los ojos para disfrutarlo más. Cuando llegaron, Raden no tardó ni dos segundos en salir del báculo y meterse entre los árboles.

-Ah, por fin un sitio decente. Creo que dentro de un rato me iré a dar una vuelta. Y salgo si quiero, y no correteo por ahí como si fuera un ser irracional.

Dalae decidió ignorar el comentario descaradamente. Lo que necesitaban era respuestas, no que en media hora hubiera un ciervo muerto. No era ningún secreto que el lobo adoraba cazar, aunque con el chocolate que había bebido tenía que estar lleno. En fin. La chica se decantó por unirse a Planaria en el mirador.

-Es precioso, de verdad. Y encima, no hay nadie: Es perfecto para probar.

No perdieron el tiempo, y se adentraron en el bosque seguidos del fantasma. Lo primero, para buscar soluciones, sería encontrar los problemas. Que por cierto, eran unos cuantos.

-Verás... Me cuesta mucho hacer cosas pequeñas o con detalles, no sé por qué. Además, ya has visto que a veces tengo... Como decirlo... Demasiada energía, y tengo que soltarla de alguna forma.-No le quedó otra que contar con los dedos todos los problemas que tenía. Vaya, mirándolos todos juntos, parecía un milagro que hubiera sobrevivido hasta la fecha.-Mi propia energía vital depende de la magia del bastón, así que si no lo uso en mucho tiempo me encuentro mal. Raden se mete en mis pensamientos, y es muy molesto. Bueno, ya has podido comprobar lo agradable que es.-Sonrió, aprovechando que el estirado de cuatro patas se había escabullido entre los árboles. La verdad es que le había llegado a coger cariño, aunque la mayor parte del tiempo fuera insoportable. Era eso o pasarse todo el día discutiendo con él, y eso podía resultar agotador. Los primeros días habían sido así, y solo habían conseguido que ella tuviera dolor de cabeza y él acabara con su orgullo herido. No, mejor no discutir.

-Es verdad, esto tiene que tener un origen o algo. Hace muy poco que tengo poderes, así que puede que solo necesite adaptarme y practicar, ¿No?

Por todos los dioses, que solo fuera cuestión de práctica. Por favor. Por que si necesitaban que el bicho que se empeñaba en complicarle la vida colaborara, estaban muy jodidos, como decían los midgardianos.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Mar 14 Abr - 11:49

- Es posible. A decir verdad, cuando yo obtuve mis poderes aún era bastante pequeño. Tan solo tenía siete años. Durante un mes y medio estuve en coma, y cuando por fin desperté estuve a punto de fundir los plomos de todo el hospital de un ataque eléctrico. Durante varios años no entendí qué me pasaba. Era un niño después de todo. Hasta que no cumples al menos los once, doce más o menos no empiezas a ser totalmente consciente de las cosas que haces. Fue entonces cuando decidí empezar a comprender qué era el don que tenía. Lo que me había pasado. Durante los años anteriores recuerdo ir mucho al hospital, ser cuidado por una monja en el orfanato en el que estaba llamada Sophie, una de las personas más buenas que he tenido yo a mi lado nunca. Ella me ayudó a entender mis poderes, a controlarlos y a usarlos como era debido. Tal vez yo pueda hacer lo mismo contigo. No prometo nada, ya que con ella pasé años de mi vida hasta que fui capaz de controlarlos al máximo. Pero por algo se puede empezar. Además, puedes quedarte en mi casa el tiempo que necesites. Siempre y cuando no me la congeles entera.- Y le sonreí con un guiño. No sabía si serviría de algo o no, pero mejor que nada desde luego era. Sophie fue una mutante que cuidó de mí desde que entré en el instituto Saint John hasta que lo abandoné con los Abyss. Y aún después, durante algunos meses, seguimos en contacto. Sin embargo, de la noche a la mañana, desapareció por completo, y hasta día de hoy no he vuelto a saber de ella. No sé si está muerta o si vive, pero la verdad es que la echaba de menos. Echaba de menos sus conversaciones, sus charlas diciéndome lo que podía o no podía hacer, cómo convertirme en mejor persona y mutante, y todas esas cosas que suelen decir las personas que nos intentan ayudar.

Por fin llegamos a un gran claro lleno de nieve por todos lados y con algunos árboles circundando la enorme explanada. Apoyé mis manos en la cintura en una pose que habría recordado a la del propio Superman. Dalae estaba a mi lado, observando aquella bellísima escena que los montes nos ofrecían. Le sonreí y estiré mi brazo ante ella. Unos pequeños rayos comenzaron a salir de mi pecho y recorrieron mi extremidad hasta alcanzar la mano. Allí, una pequeña esfera eléctrica fue formándose lentamente, del tamaño de una mandarina, con un intenso color azul claro, brillante y parpadeante. Entrecerré la mano, y luego, extendiendo la palma hacia delante, la lancé, alcanzando unos veinte metros de distancia en un abrir y cerrar de ojos y estalló en una nube de pequeños relámpagos que levanto algo de polvo de nieve. Miré a mi compañera y le sonreí.


- Eso es una pequeña bola de electricidad. Requiere bastante concentración para hacerla. Yo aprendí después de muchos esfuerzos. En mi caso, pienso en el poder como una parte de mí, que es lo que es. Tienes que intentar pensar en ello como una corriente que fluye por ti pero sobre la que tienes poder y control. Puedes darle forma, controlarlo, manejarlo... Todo ello con el poder de la mente y después el poder de tu cuerpo. Yo siento fluir la electricidad por mi cuerpo como la sangre. Prueba a hacer algo así. Como lo que he hecho. Una pequeña bola de hielo o nieve, y luego dispárala. A ver qué tal se te da. No pasa nada si no lo consigues a la primera, ¿vale? Tan solo ten paciencia. Tómate el tiempo que necesites. Tan solo concéntrate y siéntelo fluir.- Volví a su altura, colocándome ligeramente detrás de ella para que pudiese usar su poder con total libertad. No quería que se sintiese forzada ni presionada. Eso era lo último que tenía que hacer si quería entender y controlar sus poderes. Con el tiempo aprendería a manejarlos incluso en situaciones de máxima tensión, pero ahora necesitaba entenderlos bien del todo.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Vie 17 Abr - 14:26

Vaya, Planaria había tenido una vida movidita... No se imaginaba a un niño tan pequeño con tanto poder, la verdad. Podía ser algo catastrófico, pero, por suerte, había habido alguien para remediarlo antes de que el pequeño redujera medio continente a cenizas humeantes. Él seguía dudoso, y Dalae lo comprendía. No sabía demasiado qué hacer o qué era ella (seamos sinceros: ella no sabía tampoco mucho más), así que... La invitaba a irse a vivir a su casa. La asgardiana parpadeó un par de veces, confundida. Su fría lógica no acababa de procesarlo. Tenía que haberlo entendido mal. Si, igual era eso. Pero no, no era eso. Ni de lejos, además.

-Tranquilo, intentaré enfriar solo las bebidas. No sé, no quiero molestar... El bosque no está tan mal. Pero me gustaría entender el mundo humano, y si sigo como hasta ahora no aprenderé nunca.

Francamente, le sabía un poco mal aprovechar esa faceta del midgardiano, pero había que ser práctica: Su misión en Midgard consistia en encontrar aliados para su maestro, y escondiéndose sería casi imposible. Tenía que mezclarse con la multitud, aprender a ser una más en ese mundo ya que no era una más en el suyo propio. Pero no podía tampoco aceptar directamente, en parte por que quedaría poco convincente, pero sobre todo por que era lo que sentía de verdad. Resuelta esa parte de la historia, pasaron directamente a los entrenamientos. Vosotros haceros una idea del paraíso. Seguramente os imaginareís un enorme prado verde, con un cielo azul brillante, nubecitas y quizás algún que otro arcoíris. Pues bien, para Dalae el paraíso era un terreno cubierto con una generosa capa de nieve virgen, con abetos decorados con estalactitas de hielo y un cielo depejado en el que brillaba el pálido sol de invierno. De hecho, ese era el único detalle que diferenciaba el paisaje soñado del real, en el que era primavera. Detalles sin importancia.

-Solo te falta una explosión de fondo, y ya parecerías el superhéroe perfecto.-Comentó, al ver la superpose de Planaria. Eso, o una bandera estadounidense, pero, dada la situación, pegaba más la explosión.

El chico se iluminó, y generó una pequeña esfera de energía. Su "alumna", "compañera" o lo que fueran en ese momento se esforzó en estudiar su posición y sus palabras. Parte de ella. Vale, parecía sencillo. Podía notar el cosquilleo de la magia paseándose sin permiso por su cuerpo como Pedro por su casa. Así que plantó sus talones en el suelo, extendió el brazo, y se concentró. Genial, no salía nada. Ni siquiera se había enfriado un poco. ¿¿En serio?? Dioses, acababa de congelar un parque y un superhéroe, no podía ser incapaz de crear una bola de nieve. Entrecerró los ojos, empezando a enfadarse. Pues sí, increíble pero cierto: Era incapaz de hacer una bola de nieve. Una mísera bola de nieve. Seguramente, Raden se estaría partiendo de risa en algún sitio de esa montaña. O despotricando sobre la portadora que le había tocado en suerte. O las dos cosas a la vez, vete tú a saber con el bicho ese.

-El bicho ese está por aquí, portadora ingrata.-Uno de los montones de nieve abrió los ojos y se incorporó sobre sus cuatro patas. Se sacudió, empapando a Planaria y Dalae de nieve como si no molestara. Bueno, a la asgardiana le daba igual, pero al mutante no tanto.

-Podrías colaborar un poco, que para algo estás.-Ella se volvió hacia el fantasma, y notó cómo la palma de su mano se iluminaba súbitamente en un color blanquecino.-Mejor, pero si toma algo de form...

De la mano de Dalae surgió un haz de luz blanca, que salió disparado hacia el cielo. En pocos segundos, tuvieron una nevada monumental... En tres metros cuadrados. Todo un progreso, sí señor. Solo faltaba hacer lo que ella quería, y no lo que saliera.

-¿No querías hacer algo de magia? Pues ya está: Magia. No te podrás quejar.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Lun 20 Abr - 14:26

- Mmm, espera. Creo que tengo otra idea mejor. Raden, tú eres la representación de los poderes de Dalae, ¿cierto?- El lobo ni siquiera me miró, casi como si le molestase que le hablase. A juzgar por lo que había dicho Dalae, era así, de manera que pensé en otra opción para intentar alcanzar la raíz del problema de la muchacha.- Me lo tomaré como un sí... Lo que quiero decir es que, si tú estas directamente ligado a los poderes de Dalae, tal vez puedas ayudarnos a entenderlos. De hecho, acabas de mostrar tu poder permitiéndole usar sus poderes. Eso o esta es la nevada más concentrada y repentina de la historia, y a juzgar por lo que sé del tiempo y la nieve, va a ser lo primero.-

Ahora sólo nos quedaba esperar a que el señor Raden estuviese dispuesto a colaborar. Dalae había dicho que no era especialmente receptivo, y que de hecho era bastante orgulloso. No iba a ser fácil hacer que nos ayudase. ¿Qué podía hacer para convencer al lobo de ello?

- Vamos Raden, échanos una mano. Sé que tal vez mis maneras de referirme a ti no hayan sido las más adecuadas. Pero entiéndeme. No estoy acostumbrado a tratar con un ser como tú. Siento si he dicho algo que te haya molestado o que te haya ofendido. No era esa mi intención. Pero ahora tengo otra intención, la de ayudar a Dalae. No dejes de ayudarla sólo porque mi comportamiento no haya sido el apropiado. Ella únicamente intenta comprender sus poderes. Sé que tú eres capaz de entender eso. O quiero creer que eres capaz de entenderlo. Tan sólo explícanos qué puede hacer para mejorar o para entenderlo. A cambio, puedo darte algo que necesites. No sé si podré encontrar algo pero tal vez sí.- No sabía si eso serviría, pero era lo mejor que tenía en ese momento. ¿Que si era una locura o una temeridad ayudar a esa chica sin conocerla de nada? Puede. Pero no podía evitar verme a mí mismo reflejado en ella. Veía el miedo, la duda, la incomprensión... Además, parecía ser una buena chica. Si podía echarle un cable lo haría, aunque no consiguiese nada.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Mar 21 Abr - 1:23

Si Planaria no hubiera estado delante, lo más probable es que Dalae ya hubiera lanzado el cuchillo arrojadizo que tenía en la bota derecha. Un par de veces. A veces, tratar con Raden es para volverse loco, y más cuando le daban esos arranques de "Soy muy sabio, muy antiguo y muy molón, así que a callar niños que no mereceís ni que os hable y/o escuche". Por raro que suene, sí, le daban arranques de esos. Y más a menudo de lo que sería deseable. Por suerte, Planaria consiguió captar su atención... Ofreciéndole un trato. Y Dalae estuvo a punto de darse una palmada en la cara. ¿A quién con un mínimo de sentido común se le ocurre ofrecer un trato a alguien de los Nueve Reinos? ¿¿A quién?? Pues a Planaria, por supuesto. Con toda su buena voluntad, de repente se podía encontrar con que al señor Raden le apetecía una ración de carne humana con canela y miel, bien asada al horno y con patatas de acompañamiento. Menos mal que el repipi del lobo odiaba el sabor de las personas, las consideraba muy amargas. Toda una suerte.

-Esa es la actitud, humano. Ya empezamos a hablar el mismo idioma.-La fiera esbozó una sonrisa que recordaba a la del Lobo Feroz antes de comerse a Caperucita. Como suena.-Será mejor que saques algo para escribir, la lista es bien larga...

-¿En serio? Como si necesitaras muchas cosas para vivir... Ahora déjate de rodeos. Los dos sabemos que si no trabajamos en equipo no duraremos mucho, ni en este mundo ni en ningún otro.-Planaria apenas podía intuir el significado de esas palabras. No tenía modo de saber a qué estaban jugando ese par, pero mejor que no lo supiera. Si el mero hecho de enterarse de que había otras dimensiones lo desconcertaba (mero hecho al menos para Dalae, claro), la existencia de los dioses asgardianos le daría más de un color de cabeza. Y más tal y como eran, completamente diferentes del concepto de dios que el chico tenía en la cabeza.

-Está bien, tienes razón en parte. Yo sin tí puedo durar lo que quiera.-Dirigió una última mirada al mutante, como pensado si pedirle o no al menos un amuleto para recobrar su cuerpo de gigante. Pero finalmente dio por perdida la posibilidad de sacar algo de provecho, así que suspiró y continuó hablando.-Verás, cuando alguien coge el báculo, me recibe a mí quiera o no. Estamos unidos, niña: Tú me necesitas, yo te necesito.

-¿Cómo que nos "necesitamos"?

-Ains... Te creía más lista cuando me cogiste, jovencita. Si pasas mucho tiempo sin el bastón encima, te pondrás enferma y morirás. Simple, ¿no? Y si tú mueres, yo acabaré encerrado otra vez en el báculo, sin poder salir hasta que otra persona lo toque y me pueda unir a él.

Oh, genial. En resumen, que Raden funcionaba como una especie de virus mágico. Qué bien. Por suerte, no le estaba leyendo ahora la mente, estaba muy ocupado relatando con pelos y señales lo oscuro y estrecho que resultaba el palo de metal que ella tenía en la mano por dentro. Planaria miraba la escena con una expresión indesciifrable, seguramente divertido, extrañado y mosqueado a partes iguales.

-Y...¿Cómo lo controlo? Tiene que haber alguna manera de hacer lo que yo quiera con este poder.-"Como la manera de controlarse sea dejarse infectar totalmente..." Pensó ella, poniéndose seria de pronto.

-A ver... Este tipo de magia está pensada como una parte de tu cuerpo. Si intentas "controlarla", se rebela.-Miró de solsayo a Planaria, como si sopesara si merecía vivir o no. Finalmente, volvió a centrarse en Dalae.-Tú solo intenta "ordenarle" que haga algo. Es magia, solo tienes que pensar lo que quieres hacer para hacerlo.

Esta vez, Dalae juntó sus manos y se concentró mucho más. Hubo un pequeño silencio, y entre sus dedos apareció un copo de nieve del tamaño de un plato de café.

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Última edición por Dalae Darkle el Vie 24 Abr - 14:53, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Miér 22 Abr - 11:39

Escuché atentamente lo que hablaban Dalae y Raden. La verdad es que mentiría si dijese que no me pareció hasta gracioso, a pesar de la actitud un poco más engreída de Raden. Entendí algo más su posición y su forma de pensar. Después de todo, era un ser directamente relacionado con la magia, una de las magias más puras que podía haber. Tratar con nosotros que apenas sabíamos de ella debía ser como jugar con unos niños. Al principio resulta divertido y entrañable, pero al poco tiempo acaba volviéndose repetitivo y cansino. Lo que me llamó la atención fue que él y la chica estuviesen ligados, sobre todo la vida de ella. No pude evitar pensar en un demonio que te absorbía el alma y te dejaba ligado a él de por vida. Nuevas dudas espirituales y de fe me asaltaron al pensar en ello. Otro ser de otro mundo. Al menos ella tenía aspecto humano. Eso reforzaba aunque fuese ligeramente mis creencias de que Dios nos había hecho a su imagen y semejanza. No negaré que sentí cierta lástima por Dalae al enterarme al igual que ella de su destino. Hasta el día de su muerte, tendría que estar unida a ese báculo sin remedio, o moriría. La sentí frágil. Pensé en cómo sería yo si perdiese mis poderes o me privasen de mi factor de curación. Podría hacer cosas nuevas, como nadar por ejemplo, pero seguramente me ahogaría. Quiero decir, tenía veinticuatro años y en mi vida había nadado. Me hundiría como un plomo. Solo de pensarlo un escalofrío me recorrió el cuerpo. Además, acostumbrado a que mis heridas sanaban, si perdiese mi factor de curación no haría nada. Estaría demasiado asustado a herirme o hacerme algo doloroso.

El lobo siguió hablando acerca de cómo debería intentar usar su magia y Dalae escuchaba con atención. Empujado por la pena que sentí hacia ella, me acerqué y le posé una mano sobre el hombro. Ella se volvió con gesto curioso. Me costó horrores, pero le sonreí. Tenía que intentar por todas mis fuerzas evitar que ella se diese cuenta de que su historia me hacía sentir mal. Dichoso apego y sentimentalismo. Levanté las cejas y asentí con la cabeza.

- Entonces no es tan distinto a como hago yo mis poderes. Creo que ya sé a qué se refiere Raden Dalae. Mira, es muy sencillo. Tienes que sentir el bastón como si fuese parte de tu cuerpo, como si fuese una extensión de tu brazo. Tu cuando mueves los dedos simplemente piensas en moverlos, ¿cierto? Esto funciona igual. Por ejemplo, yo pienso en que quiero lanzar un rayo. Pero no pienso sólo en que quiero lanzarlo. Pienso en la forma, la intensidad del mismo, su velocidad, el objetivo que tengo... Sería como mover el brazo pero eligiendo si vas a dibujar círculos con él, si vas a apretar tus músculos, si vas a flexionarlo contra tu cuerpo... Tienes que concentrarte. Yo cuando lanzo un relámpago pienso en cómo es un relámpago. Es largo, brillante, rápido, con mucha tensión... Y lo lanzo.- En un abrir y cerrar de ojos, de mi mano izquierda salió despedido un rayo azul que se estrelló contra la nieve a varios metros de distancia. Un pequeño agujero humeante se creó en el punto de impacto. Acto seguido, disparé otro rayo, mucho más grueso que el anterior, más lento y me quedé unido a él durante un par de segundos. Por último, lancé una onda electromagnética ante nosotros, que levantó ligeramente la nieve del suelo por el impulso.- Lo que tienes que hacer es concentrarte en aquello que quieras hacer. Busca en tu mente recuerdos, formas, texturas, temperaturas... Piensa en ello con una fe que sea capaz de mover una montaña.

>> Si lo que quieres es lanzar una bola de nieve, piensa en cómo es una bola de nieve. Es redonda, ligera, fría, más o menos dura, dependiendo de lo que la hayas compactado... Piensa en eso. Visualiza la bola de nieve en tu cabeza. Es como recordar una canción. Recuerdas cuando entra la voz, cuando entra la guitarra, cuando entra el bajo y la batería... O como cuando recuerdas una receta. Piensa en ello. Si quieres lanzar una estalactita de hielo, piensas en un carámbano más o menos grande, afilado por un extremo, transparente, con ese brillo característico del hielo, pesado por su densidad, pero a la vez más ligero que una piedra o un metal... ¿Entiendes a lo que me refiero? Está todo en tu mente. Tienes que visualizarlo como lo harías si quisieses describir a alguien lo que es por primera vez. Imagínate que te encuentras a alguien que jamás ha visto una bola de nieve, o que jamás ha visto un cubo de hielo. ¿Cómo se lo describirías? Te valdrías de recuerdos, imágenes, texturas... Y cuando y a tienes todo eso pensado, lo haces tuyo. Tú tienes poder sobre esas cosas. Usa tu fe para creer que eres capaz de crear eso de la nada. Bueno, de la magia más bien, pero que lo puedes crear sobre tu mano o a tu alrededor. Inténtalo. Prueba con algo fácil primero. Y una vez hayas sido capaz de crear una cosa pequeña, poco a poco irás aumentando tu poder y entendiéndolo cada vez mejor. Yo confío en ti.-
Le dije esto último con una sonrisa y un guiño, y volví a situarme detrás de ella, a cierta distancia de seguridad, para evitar que, en caso de tener una explosión de poder, me golpease directamente. No sabía si lo conseguiría, pero tanto si lo hacía como si no al menos ya tenía las bases para llegar a alcanzar algún día el control sobre sus poderes.


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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Vie 1 Mayo - 2:07

Planaria se acercó más y le puso una mano en el hombro, mientras el mundo de Dalae se tambaleaba peligrosamente. Su calidez no le molestó, sino que agradeció los ánimos. Iba a necesitarlos. La chica había tenido la esperanza de que el dolor sufrido en la cárcel de Asgard simplemente hubiera sido parte de su castigo, algo provocado por Odín.

Pero no: Si lo que Raden decía era verdad, tenía un problema de los grandes. No le apetecía en absoluto depender de él, pero no le quedaba más remedio que aguantarlo. Y lo mejor de todo es que a él tampoco le hacía ni pizca de gracia. Pues iba a tener que aguantarse, faltaría más. Suficientes problemas le había dado ya como para encima quejarse de ella. Por suerte, Planaria acudió al rescate. A pesar de ser un poder de tipo mágico, no hacía falta memorizar palabras, gestos o rituales como los hechiceros "normales". Uhm. Curioso juntar las palabras "hechicero" y "normal" en una misma frase, nadie solía ser las dos cosas a la vez. En fin.

-Vale, lo intentaré. Por si acaso, apártate un poco, no sé qué me va a salir.

Esta vez, ella se concentró en los carámbanos de hielo que se formaban en los árboles cuando el frío lo permitía. Duros, transparentes, helados al tacto y con ese brillo que recordaba al cristal pulido. Sin casi darse cuenta, su memoria le trajo el recuerdo de una tarde invernal, hace mucho, mucho tiempo. Recordaba temblar de frío bajo las ropas de piel y tela, riendo y lanzando bolas de nieve. Colmillos cristalinos en la boca que era la puerta de la Academia, abierta de par en par para tragarse tanto a los niños como a los adultos que entraran en ella en busca del calor de su interior. Su mente y su corazón estaban muy lejos de ese mundo, perdidos en lo que quedaba de una vida feliz, aunque su cuerpo seguía de pie sobre la nieve.

No tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado en el mundo real. Le importaba más bien poco, en realidad. Bueno, no tan poco: Estaba Planaria ahí también y todo eso. Notó algo surgiendo de su cuerpo, que reptó hacia sus manos. Al principio muy suavemente, pero rápidamente se transformó en una sensación extraña. Por si acaso, la asgardiana extendió las manos hacia un árbol. Con un silbido agudo, unas pequeñas estalactitas de hielo salieron de algún sitio y se clavaron en el tronco. Entonces, Dalae se dio cuenta de que Raden había desaparecido... Por vigésima vez.

-¡Funciona!-Exclamó, volviéndose hacia el mutante. -¿He tardado mucho? No sé por qué las he disparado, igual tengo que cuidar los gestos que hago con la manos...

Hablaba algo más rápido de lo habilitual, quizá por el nerviosismo. Por eso, no se dió cuenta de que estaba creando una capa de hielo por donde pisaba. Planaria se lo hizo notar, y ella soltó un bufido resignado. Ya iba demasiado bien como para durar mucho tiempo.

-Bueno, algo es algo. Pero esto cansa un montón.-Dijo ,entre risas. La verdad es que le resultaría casi más cómodo haber lo mismo, pero con cuchillos arrojadizos en lugar de concentrarse en crearlos de cero. Se sentó sobre una roca junto al midgardiano a recobrar un poco el aliento (y de paso, disfrutar la ausencia de cierto bichejo albino).

Distraída, se puso a hablar con Planaria sobre su vida en Midgard. Perdón, en la Tierra: Si de repente soltaba la palabra "Midgard", tendría que dar muchas explicaciones. Y puede que él fuera confiado, pero no parecía tonto. Sería difícil hacerle creer que se verdad no conocía ese planeta si lo llamaba de otra forma en su propio idioma. Mientras se iba poniendo al corriente de las costumbres humanas, iba haciendo chispas de magia azul en la palma de su mano, por hacer algo más que nada. Además, era de las pocas cosas no destructivas que sabía hacer con sus poderes. De hecho, creía que lo tenía controlado, hasta que apareció un cristal en su mano. Dalae apenas le prestó atención, hasta que el cristal saltó al suelo y se les quedó mirando con cara de Gato con Botas.

Confundidísima, Dalae miró a su compañero. Enfrente de ellos, algo parecido a una bola de nieve con ojos de hielo miraba alrededor. Y se fue rodando hasta un arbusto. Y se comió todas las bayas. Se puso de color rosado, como las frambuesas que acababa de zamparse. Y el chico y la chica aún estaban con la boca abierta.

-Eh... ¿Está... vivo?

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Dom 3 Mayo - 3:14

Vi como ella se concentraba, formando algún tipo de imagen en su cabeza. ¿Una bola de nieve? ¿Un carámbano de hielo? Quién sabe. Tal vez lo consiguiese, tal vez no. En unos segundos lo sabría. Miré a nuestro alrededor y me di cuenta de que Raden había vuelto a desaparecer. No entendía bien cómo funcionaba el perro este, pero desde luego de vez en cuando era extraño su comportamiento. Apenas unos minutos antes parecía estar intentando ayudar a Dalae mostrándole cómo se hacía una bola de nieve y una pequeña nevada local. Y ahora desparecía sin dejar rastro. Lo mismo estaba cazando algún conejillo o algo por el estilo. Quizá un ciervo. Fuera como fuese, tampoco era que me importase mucho. A decir verdad, quien me tenía intrigado era la pequeña maga y el esfuerzo que parecía estar intentándolo de corazón. Me alejé un poco de ella tal y como me pidió, y me quedé espectante a ver qué pasaba.

Al cabo de unos segundos, unos carámbanos salieron disparados y se clavaron en un tronco cercano como cuchillos. Dalae abrió mucho los ojos y se emocionó, hablando rápidamente y con nerviosismo, seguramente por lo que acababa de conseguir. Yo le sonreí y asentí enérgicamente.

- ¡Siiiiiii! ¡Lo he visto! ¿Ves? ¿A que no es tan complicado? Es cuestión de práctica y de esforzarte un poco, pero sobre todo práctica. Bien, ahora que has...- Miré entonces a sus pies y vi que una capa de hielo iba apareciendo allí donde pisaba. Señalé con una sonrisa y el ceño un poco fruncido con cara de "esto... ¿Has visto eso?".- Oye, no pasa nada. La primera vez que yo conseguí medio controlar mis poderes, acto seguido dejé cuatro manzanas sin luz. Créeme, lo tuyo es casi una bendición si tengo que ser sincero.

Me preguntó acerca de lo que hacíamos los humanos en la tierra, y decidí contarle un poco nuestras costumbres. El tiempo que vivíamos, las cosas que nos gustaban, un resumen histórico, manías y cosas que nos daban miedo... Un poco de todo sin llegar a ser pesado ni dar la sensación de sabelotodo. Repentinamente, un pequeño cristal cayó de la mano de Dalae mientras hablábamos. Lo miré y vi que el cristal se... ¿Movía? No podía ser, pero al mismo tiempo... ¿Qué demonios? Una pequeña bola de nieve con ojos nos miró con cara tierna, como un cachorrito que pide un poco de comida. Ambos nos miramos sin saber muy bien qué demonios estaba pasando. Entonces sonreí con socarronería y miré a Dalae levantando una ceja.

- Hombre, siempre puedes llamarle Olaf. Que no seré yo de decir nada, pero vamos. Controlas el hielo y la nieve, no sabes controlar bien tus poderes, creas una especie de muñequito de nieve... A ver, que no quiero meter el dedo en la llaga, pero vamos, que no te digo ná y te lo digo tó.- Y me empecé a reír con fuerza, casi cayéndome al suelo. Lo que había empezado con una simple broma cuando la conocí se había convertido en prácticamente una especie de cámara oculta que me habían puesto allí para que me riese.- En serio Dalae, no me lo pongas tan a huevo, que a este paso los de Disney nos van a denunciar por plagio... ¡Ay, señor! A ver, veamos qué es este pequeñajo...-

Me agaché hasta quedar de cuclillas y mirar al pequeño ser de cerca. Tenía hambre, a juzgar por las pequeñas bayas que se llevó a la boca en cuanto pudo comenzar a andar. No se parecía a nada que hubiese visto antes. Ningún animal ni ser mágico de los cuentos. Era eso, una bola de nieve con patas. Pero si Dalae era capaz de crear vida, sus poderes iban mucho más allá de lo que origininalmente había pensado.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Mar 5 Mayo - 1:22

¿Olaf?¿Quién era Olaf? Fuera lo que fuera, debía de ser algo muy divertido, al menos para él. Por que lo que era para ella, nada de nada. Su cara debía de ser la definición de la sorpresa más absoluta, por que Planaria se río aún más fuerte al verla bien. El bichejo se terminó de comer las bayas, y no tardó en comerse las hojas. Y la ramas. Y el tronco. Antes de que Planaria se hubiera acercado mucho, el muñeco era parecido a una oveja en cuanto a tamaño, y había tomado la forma de una esfera casi perfecta.

-Pues mejor dímelo todo, porque me vas a tener que explicar quién es Olaf, que no tengo ni idea.

Y además, ¿Plagio? No había copiado ningún libro no nada parecido. Para ella, que provenía de una cultura sin televisión o cine, el hecho de plagiar algo tenía un significado bastante reducido. Aún tenía mucho que aprender sobre... Todo, en realidad. Por no saber, no sabía ni hacerse un huevo frito (Aunque sí que supiera convertir un pez vivo en un asado delicioso, por ejemplo). Muchas cosas que para los midgardianos eran lo más normal del mundo a ella le extrañaban muchísimo. Por ejemplo, en Asgard no se conocía el plástico. Algo que estaba en todos, todos lados. O la ropa, por ejemplo. ¿Cómo era que nadie llevara armadura? Ni casco, ni espada. Ni un mísero puñal al cinto. ¿De verdad eran tan confiados? El que todos fueran desarmados no había hecho que ella también hiciera una estupidez tan grande como ir desprotegida (según su modo de verlo, claro). No, había crecido en la Ciudad Dorada, el sitio más bonito para morir de los Nueve Reinos. En algo se le tenía que notar.

-Yo que tú no dejaría a un midgardiano jugando con ese bicho... -Una voz cargada de indiferencia anunció la llegada de Raden. "-Oh, genial."

-¿Por qué? Y, ¿Dónde te habias metido tú? No me digas que has asustado a alguien...

-Aún no. En tres... Dos... Uno... -El espectro de quedó mirando a Planaria con esa sonrisa sarcástica tan suya.

Apenas había pronunciado la "o"
de "uno ", cuando la bolita de nieve saltó, exibiendo unos dientes de al menos 30 centímetros de largo. No faltó por supuesto el típico grito de bicho enfurecido atacando al prota de la peli. Faltaría más. "-¡กัสจคื!" El taco le salió solo. Sí, en asgardiano, la situación lo requería. La palabreja en cuestión viene a significar "Maldito bastardo repelente y/o innoble, descendiente de gusano de tierra" (Dependiendo de la zona, claramente. En el sureste se usaba más la segunda). Planaria le pegó un chispazo a la cosa esa, que retrocedió con cara de cabreo.

-¡Espera, que lo deshago!-O al menos esa era la idea. Por que ahora había dos bicharracos idénticos, uno a cada lado del mutante. Fantástico. La primera reacción de Dalae habría sido hacer uso de uno de los cuchillos que tenía, pero Planaria igual la miraba mal o algo.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Jue 7 Mayo - 10:30

- Es una película de dibujos animados. Bueno, de animación 3-D. El caso es que una chica tiene unos poderes muy parecidos a los tuyos ya que puede manejar el hielo, pero debido a que no sabe como controlarlos tiene miedo de hacer daño a la gente como se lo hizo a su hermana siendo niña. La chica se llama Elsa, por eso te llamé Elsa antes. Y en un momento determinado de la peli, después de estallar sus poderes y asustar a todo su reino, huye a las montañas donde se crea un enorme palacio de hielo. Y por arte de magia (básicamente) crea un muñecote de nieve que cobra vida. El muñeco se llama Olaf, y de ahí el chiste que he hecho contigo. Deberías verla. Se llama "Frozen". Es bastante divertida.- El pequeño animalillo que ella había creado comenzó a comer y comer, cada vez cosas más grandes. Las bayas parecieron no ser suficientes, y al cabo de unos segundos su dieta consistía en cualquier cosa que pillase. Unas ramas, unas hojas, el tronco del árbol... Y con cada cosa que se comía, su tamaño aumentaba. Era prácticamente redondo y su apariencia era bastante mona por así decirlo, como un enorme peluche de feria.

Repentinamente, como salido de la nada, apareció de nuevo Raden con, sorpresa sorpresa, su actitud engreída. ¿Qué tenía de malo ese bichejo? Además, estaba comiendo plantas, no había hecho ademán alguno de comernos ni nada de eso, así que no entendía la repentina reacción del lobo. Seguro que lo hacía para vacilar un poco. A saber. Volví a mirar al pequeño animalillo que me observaba con curiosidad.

- ¿Te has quedado con hambre gordinflas?- Iba a acariciar su cabeza cuando el animal abrió la boca y me enseñó unos dientes del tamaño de plátanos grandes. Aquellos colmillos eran como los que habrías dibujado de niño cuando hacías un dinosaurio o una criatura alienígena hambrienta. Intentó morderme y me caí de culo del susto, lanzando un rayo eléctrico contra el bicho, lo cual pareció cabrearle, más de lo que me habría gustado, ya que en cuestión de segundos había un segundo bicho como él mirándome.- ¡¿Qué demonios es eso?! ¿Por qué... por qué quiere comerme?

Desenfundé el Catalizador y esperé por si querían volver a intentar darme otra dentellada. Dalae pareció sorprendida y dijo que lo desharía. Me habría encantado creerla, pero ella no sabía lo que acababa de hacer, así que no era muy positivo en ese momento. Cargué mi arma y los dos extremos, uniéndolos con unos pequeños rayos azules. Lo blandí para intentar alejarlos y mantenerlos ocupados mientras la maga encontraba una manera de deshacer el hechizo que había creado aquellos seres.

- ¡Creo que podrías echarnos una mano Raden! ¡Más que nada para que no nos devoren!- Paré una nueva dentellada dándole un golpe al más cercano a mí, y lancé un relámpago al otro que parecía prepararse para saltar contra mí. Más le valía encontrar una solución buena y rápido.

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Miér 13 Mayo - 16:01

Vale, esos bichos eran la cosa más rara que Dalae había visto jamás. Para variar, sus poderes habían hecho lo que les había dado la gana. Tres cuartos de lo mismo que los propios monstruitos. Más bien monstruazos, ahora mismo. Quizás podría deshacerse de ellos con la espada o los puñales, aunque lo dudaba. Lo más posible era que las armas de hundieran en ellos sin herirles. Y tampoco era la mejor idea del mundo mostrarle a Planaria que iba armada. En Midgard, la gente no llevaba cuchillos bajo la ropa, y seguramente le resultara extraño ese pequeño detalle: Tendría que dar algunas explicaciones al respecto, y prefería no hacerlo si tenía otra opción mejor. La alternativa era conseguir que Raden razonara un poco. Pues vaya plan.

-Eso, podrías enseñarnos cómo se hace. ¡Si no te importa, claro!

No fuera a ser que el señorito se indignara más de la cuenta y desapareciera otra vez. Después de bostezar, desperezarse y acicalarse con toda la calma del mundo, el susodicho lobo dirigió una mirada de desinterés a su alrededor. Las criaturas tuvieron tiempo hasta de fusionarse en el rato en que tardó en llegar hasta ellas.

-¿Qué tal el paseo?

Vale, igual no era lo más sensato picarle, pero es que estaba caminando casi a cámara lenta. Entre tanto, Planaria y ella contenían al gólem de hielo  usando sus propias armas. El chico demostró ser un gran luchador, al menos según los estándares de quien ha sido entrenada para pelear desde niña. Consiguieron golpear al ser en una rodilla, derribándolo, pero se recompuso rápidamente. Podría parecer que no había manera de deshacerse de él, hasta que el espectro de puso entre los jóvenes y su adversario. Al verlo, el coloso blanco se quedó quieto por un momento, poco antes de deshacerse en copos de nieve que cayeron al suelo.

-Pse... No está mal. Tú, el humano que se llama como un gusano.-Parecía que había hecho la rima adrede, por que sonrió con sorna.-No eres tan malo como creía, pero puedes intentar ser menos torpe llevando algún arma secundaria. Una cadena te habría ayudado bastante. Y tienes que mejorar esa finta, por todos los dioses. Y tú...-Se giró hacia la chica, que volvía a ponerse el báculo a la espalda.-El dragón de la vara tiene en la boca una cuchilla. Úsala, que para algo la puse ahí.

-Lo habría usado, si me hubieras dicho que estaba ahí antes de tener que necesitarla.

Raden siempre se la apañaba para hacer perder los nervios a la chica. Tenía sus motivos, desde luego, pero no pensaba compartirlos bajo ningún concepto, y menos con ella. No lo entendería, de todos modos. Algún día... Pero no ahora. Por su parte, Dalae estaba que mordía. No le sabía para nada bien que encima se pusiera a criticar, cuando había sido él el que había tardado en arreglar el estropicio.

-¿Estás bien, Planaria?

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MensajeTema: Re: El chocolate siempre caliente (Dalae Darkle). 2 de Mayo de 2018. Ginebra.   Dom 17 Mayo - 11:41

Mientras seguía golpeando como podía a la enorme criatura de hielo escuché a Dalae discutir con Raden a mi espalda. No sabía muy bien qué estaban diciendo, pero lo más probable era que el lobo le estuviese explicando algo a la muchacha acerca de la criatura que teníamos delante. La verdad es que para ser tan grande y pesada se movía a toda velocidad, provocando que tuviese que usar todo mi potencial para no ser herido. Gracias a mis poderes eléctricos poseía una capacidad de reacción mejorada, así como los reflejos y la puntería, lo cual me permitía esquivar con mayor facilidad que la de una persona corriente golpes o proyectiles. Sin embargo, allí en la nieve era muy difícil hacerlo, especialmente cuando se te hundían los pies en esta y un enorme monstruo te está intentando aplastar con cada golpe que lanza.

Por fin, el lobo se puso entre nosotros y el gólem, tras quedarse un segundo quieto, se deshizo ante nosotros. Yo tenía la respiración entrecortada y enfundé de nuevo el arma en mi espalda. Miré mi cuerpo y vi que tenía un par de cortes en la ropa manchada ligeramente de sangre. Seguramente no me habría dado cuenta debido a la adrenalina y que a juzgar por que no había mucha sangre debieron ser cortes bastante superficiales. Me toqué la piel y vi que estaba intacta. Mis poderes curativos ya habían hecho efecto. Miré a Raden y asentí ante sus palabras.

- El Catalizador es más que suficiente de arma secundaria. Mi forma de pelear se centra especialmente en los poderes, y gracias al material del que está hecha mi arma puedo aprovecharla y potenciar los golpes con electricidad. En cualquier caso, lo que me vendría bien en realidad sería saber pelear mejor. Algún arte marcial o algo por el estilo. Y con respecto a la finta, generalmente no habría tenido problemas en esquivar los golpes de nuestro enemigo, pero con treinta centímetros de nieve la cosa se complica bastante.- Me sacudí el pelo quitándome restos del blanco elemento que cayeron a mi alrededor. Miré el cetro de la maga y vi que, tal y como había indicado Raden, en el extremo de este había una cabeza de dragón, y dentro de ella lo que parecía una pequeña empuñadura. Una cuchilla. Tal vez en otra ocasión le habría venido bien, pero contra aquella enorme criatura lo dudaba bastante. Pero bueno, siempre era bueno llevar algo con lo que defenderte de vez en cuando.

Me acerqué lentamente a Dalae y asentí ante su pregunta, tosiendo un poco por el frío que hacía. Sentía el frío y un poco de resentimiento en la garganta. Sabía que no podía enfermar, que no cogería la gripe, pero la sensación térmica y la molestia estaban ahí. Me aclaré la garganta y miré al cetro señalándolo con la cabeza.

- ¿Por qué no sacas la cuchilla para que la veamos? A lo mejor puedo enseñarte un par de truquillos. No soy un experto ni nada por el estilo, pero sé defenderme con un arma de mano... Y también deberías probar de nuevo tus poderes. Cierto es que lo del bicho este no nos lo esperábamos, pero oye, para algo están las pruebas. Para ir viendo qué cosas puedes hacer y cuales no. Además, estamos sanos y salvos, ¿no? ¿Qué tal te sientes? ¿Vas entendiendo lo de tus poderes? Yo comencé a sentir cosillas cuando los iba usando poco a poco, como lo de que fluían por dentro de mí. Y ya te digo, lo mejor es que los vayas usando y vayas probando. Eso siempre es la mejor opción para estas cosas.- Suspire una última vez al ponerme a su lado y le sonreí, apoyando la mano sobre su hombro. Había demostrado tener un poder enorme al ser capaz de crear una criatura así de grande. La cosa era ahora aprender o conseguir que fuese entendiendo sus poderes poco a poco y preparándose para ir usándolos como creyera oportuno, aunque si queréis mi opinión deseaba que fuese para el bien a decir verdad.

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