Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)

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Rebecca Logan
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MensajeTema: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   28th Marzo 2015, 15:51

10 de Mayo 2018

Ese día el amanecer llegó tarde para la vaquera. Ya estaba despierta cuando el sol despuntaba por el horizonte, claro, es difícil dormir cuando no tienes sábanas que te tapen, o ropa de cama cómoda. Seguía usando la única camisa que le habían dejado, y aunque en otras circunstancias no le hubiese molestado dormir con ella, esa camisa había sido lavada intensamente los últimos tres días. Estaba harta de ella. Más bien de la situación que le había obligado a ponérsela. Podía resumirse en que su padre era el hijo de la gran puta bastardo mas grande que pudiese llegar a existir. Él sabía, por los informes de Arhkam, que tenía un problema con la desnudez, y lo había aprovechado, aunque aún se preguntaba para qué. Al menos, hasta que llamaron a la puerta. Bajó extrañada, únicamente con la ropa interior, unas pistoleras, una camisa y unas botas. Sus chicos no la llamarían a la puerta de su casa, y mucho menos sin notificarlo primero por el Walkie.

Al abrir la puerta de su hogar no se creyó lo que vio. Un equipo de cuatro chicas, cargadas con bolsas, maletines, cajas y una enormes bolsa de guardar trajes irrumpieron en su casa, como si eso fuese lo más normal del mundo. Empezaron a desplegarse por todo su salón, mientras le metían prisa para quitarse la ropa, ducharse y arreglarse. La Sheriff sacó los revólveres y apuntó a todo el mundo, exigiendo una explicación, que aunque llegó cargada de miedo, no le satisfizo en absoluto. Su padre había contratado un equipo para prepararla, y asegurarse de que iría "acorde" con la boda.

Sin pensárselo dos veces, la vaquera se sirvió un Whisky y se lo bebió delante de todos ante sus asombradas miradas. un instante después, reventó el vaso contra el suelo, soltó un grito asustando a todo el personal estilista, y se metió en la ducha. Era difícil saber si el vapor lo despedía el agua templada, o el calor de la ira más visceral que estaba desprendiendo su cuerpo en ese momento. Se tomó un buen rato, bajo el chorro, para reflexionar sobre lo ocurrido y poder retomar el control. Era una Sheriff, maldita sea. No podía dejarse llevar por una situación adversa, ni tampoco dejar que su padre consiguiera alterarla. No hoy, que ya tenía todo el golpe planeado hasta lo más mínimo. En una muestra de increíble, permitió a los profesionales hacer su trabajo, al menos lo que pudieron. Tras mucho discutir, consiguió que adornaran su recogido con dos estrellas de Sheriff, una a cada lado. Ponerse el vestido fue otro mal trago. Estaba tan ajustado que le marcaba cada dichosa curva y acostumbrada como estaba a llevar ropa holgada, aquello le resultaba de lo más agobiante. Tuvo que encontrar un momento para escaparse y poder anudarse dos pistoleras en los muslos, que se disimulaban bien bajo ese horror de telas, piedrecitas brillantes y arrugas. Renegó de los zapatos de tacón y se puso unas botas, no se dejó ni colocar el chal, y llegó a un punto crítico en el que tuvieron que darlo por terminado.

La vaquera entró al baño para mirarse en el espejo, después de estar un minuto entero en total silencio, cerró de un portazo y se quedó allí. Mucho tiempo después, llamaron a la puerta de la entrada. Alguien de maquillaje abrió en lo que consideró un gesto de total descortesía. Era su casa. Nadie podía decidir quien entraba y salía excepto ella. Con la llegada del pingüino, tras los gestos de sorpresa y las miradas evasivas e incómodas que solía causar en los demás, llegaron un montón de preguntas y ruegos, no sin antes palidecer al descubrir que efectivamente, él era su acompañante.

- Lleva encerrada en el baño como media hora y no quiere salir. - le explicó estilista jefe, sudando por el estrés - Haga algo, por favor. - oyó que le rogaban.

La vaquera taconeó en el suelo mientras andaba en el reducido espacio, presa de la rabia y la ansiedad. Volvió a mirarse en el espejo y torció el labio. Eso era un chiste. Tenía que serlo.

- ¡Con estas pintas no voy a ningún sitio! - gritó desde dentro del baño. No. Imposible.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   29th Marzo 2015, 05:40

No había sido difícil escoger el traje con el que acudir al evento; Oswald era un hombre que adoraba la etiqueta, veneraba un buen traje. tal vez en ese aspecto fuese algo femenino, pero nunca entendió qué tenía de varonil vestir de cualquier manera, y no pensaba compartir tal bajeza mientras pudiese evitarlo. Un precioso armani gris rayado, camisa negra y corbata blanca. Un toque distinto, pero acorde a los colores que solía vestir. El verdadero problema había sido plantearse qué hacer con su rostro... Estaba particularmente orgulloso de sus pobladas patillas, que estilizaban en cierto modo sus mejillas rechonchas, pero reconocía que era un look algo anticuado para presentarse en un evento fuera de sus dominios, y por otro lado, estaba la melena. A eso sí no pensaba renunciar, pero con un alisado había ganado un efecto distinto, aunque tuvo que recogerlo en una coleta ya que era más largo de lo que pensaba.

De esa guisa había partido hacia el coche con el que pasaría a buscar a la vaquera, un elegante Rolls Royce blanco con ruedas especiales para poder acceder al terreno del rancho sin problemas. Seguramente la ceremonia también tuviera lugar en una zona similar, así que no era descabellado darle un toque útil al vehículo. Joseph aseguró que le sentaba bien el cambio de imagen, pero no le prestó demasiada atención. No se había habituado aún a su nueva apariencia y se tocaba las mejillas sin parar buscando las ausentes patillas, mientras el paisaje de la ciudad daba paso al verdos de los campos hasta llegar al portón frontal de Relinchos al rojo. Una vez allí, dejó a Josh en el coche y llamo a la puerta del hogar de Logan, siendo recibido por una señorita de apariencia preocupada.

- ¡Eurgh!

- Oh, usted disculpe, no er ami intención que mi horrenda cara perturbase su tranquilidad, como tampoco era la mía encontrarme con una estúpida en lugar de miss Logan. ¿Se puede saber quién es usted?- Echó un vistazo tras la mujer y se corrigió- ¿Ustedes?

- So... Somos el grupo de asesoría en imagen personal Dafoon, nos contrató el señor Logan para atender a su hija. ¿Us... usted es...?

- Oswald Cobblepot, acompañante de la señorita Logan- Con delicadeza, Oswald se abrió paso al interior de la casa apartando a la mujer de rostro contraído y buscó por el salón a la ranchera, apreciando la curiosa decoración. Las demás miembros del equipo cuchicheaban entre ellas con muecas despectivas, hasta que un tipo afeminado que parecía ser el jefe, se acercó a Penguin.

- Debe de haber un error caballero... eh... bueno, ya sabe... Es una fiesta de prestigio, y sería un error que viesen aparecer a la muchacha con un... reputado criminal.

- Señor, la propia Rebecca solicitó mi compañía en el evento, y usted está siendo muy grosero tratando de ocultar bajo su supuesta preocupación el asco que le causo. Hágase un favor y no meta las narices en nuestros asuntos.

- ¡Pero sí son nuestros asuntos! ¡Dafoon se compromete a cuidar la imagen de su cliente, y ello incluye su reputación!
Oswald agarró del brazo al jefe del grupo de estilistas y le sentó de un tirón en el sillón más cercano, clavándole las garras y haciéndole chillar bajo una mirada furibunda.

- ¡¡Mire señor, trato de ser indulgente, pero si quiere mi sinceridad absoluta, ha de saber que me importa una mierda su opinión sobre mi persona, aún menos lo que hayan venido a hacer aquí, y ni remotamente va a lograr apartarme de mi cometido!! ¡¡Si la señorita Logan cree que soy digno de su compañía, no va a venir ningún maquillador relamido a decirme que no lo soy!! ¡¡¿LE HA QUEDADO CLARO?!!- El muchacho apretaba los dientes mientras se deshacía en lágrimas- Y ahora dime... ¿Dónde está ella?

- Lleva encerrada en el baño como media hora y no quiere salir. - Dijo el estilista a duras penas - Haga algo, por favor.

Oswald liberó al hombre de su tortura cuando de pronto oyó el feroz rugido de la vaquera proveniente del lavabo. Estaba furiosa, y al parecer odiaba cómo la habían dejado los especialistas de Dafoon. Personalmente dudaba que fuese tan mal trabajo, pero aún había un chófer esperando, y el tiempo ya corría en su contra. Se acercó a la puerta y diop un par de golpes con sus enormes nudillos.

- Querida, vamos... ¿No irás a dejar a este pobre pajarillo solo y desamparado por unos trapitos mal puestos, verdad?- Bromeó divertido, hasta que el intenso silencio al detenerse el taconeo de la vaquera le hizo entender que se trataba de una situación seria, pero esperaba poder salir del paso con soltura- Mira... No voy a caer en la obviedad de decirte, como una dama de compañía cursi, que "Seguro que estás preciosa". ERES preciosa, y cualquier harapo sobre tí se rinde ante eso, así que no hagamos perder su tiempo al chófer. Aunque si lo que te asusta es no imponer tu imagen respetable de sheriff, debo recordarte que el peligro reside por igual en las poderosas garras de un águila calva, como en el sutil mordisco de la viuda negra... Ahora dime, ¿Sigues siendo una fiera bajo ese vestido, o acaso tu papaíto ha descubierto cómo domar a su potrilla?

Sabía que estaba jugando con fuego al mencionar eso último, pero no podía echar a perder el día por el capricho de la vaquera; Había cambiado todos sus planes de la semana para poder hacerle el favor, así que ahora no era momento de batirse en retirada. Y ciertamente, sentía curiosidad por ver a la rancherita ataviada con algo más femenino que sus ropas habituales...

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   29th Marzo 2015, 23:11

Llamaron a la puerta. No es que no lo hubieran hecho antes. El jefe de Dafoon había llegado a amenazarle con sacarla de los goznes llevado por un ataque de histeria hacía cinco minutos. Había aporreado la puerta como un energúmeno, luego había suplicado que saliera y su respuesta seguía siendo NO. Escuchar la voz de Oswald en este caso resultaba algo más tranquilizador. Volver a esos modos de siglo dieciocho calmó por un momento el arrebato que estaba teniendo, a pesar de lo cual su opinión seguía siendo inamovible. No estaba dispuesta a ir así a ningún lado.

- Oswald de verdad. No entiendes lo que me han hecho. No quiero ir así. - dijo, con un tono dolido que el pingüino no habría oído hasta entonces. Un tono sincero, casi... frágil.

Entonces escuchó el cambio de argumentos que hacía el mafioso desde el otro lado de la puerta, y uno de ellos le tocó especialmente de cerca. Su padre... ¿Domarla? ¿¡DOMARLA A ELLA?!

Aquella imagen le produjo una furia descomunal. Eso es lo que pretendía con esas asquerosas artimañas. No era mejor que el cuatrero que engaña a otro vendiéndole sus mismas cabezas de ganado, después de robarlas. No podía permitirle que se saliera con la suya. Había que impartir justicia por todo lo que había hecho, y le llegaría el día. Por el momento se conformaría con llevar a cabo el plan que había tramado con pingüino. Eso es. El plan. Por eso estaba él aquí. Por eso tenía que salir. A veces hay que hacer sacrificios. Se contempló en el espejo duramente. Durante unos segundos de tenso silencio no hubo ninguna noticia, hasta que por fin, se oyeron unos pasos, mucho más tranquilos y premeditados, dirigirse hasta la puerta.

En el salón todo el mundo contuvo la respiración. El jefe de los estilistas se daba aire con la mano, mientras el resto de chicas que se habían dedicado a recoger todo el equipo se detenían por completo, parando lo que quiera que estuvieran haciendo, para comprobar cómo resultaba todo aquello. Hubo otro silencio cuando la mujer se detuvo delante de la puerta. Con un gesto instintivo palpó las dos cartucheras ocultas bajo el vestido. Luego acarició sus estrellas de Sheriff, esperando que le insuflaran fuerzas. Eso es lo que necesitaba. El crujido del pomo delató su disposición a salir. Después de un chirrido producido por las bisagras, una figura apareció por debajo del marco de la puerta, ante todos.

Su gesto volvía a denotar un alarde poderoso y firme, nada que ver con lo que los estilistas habían visto. Para cualquier persona que, como Oswald, hubiera conocido a la Sheriff, aquello resultaría sin duda impactante. La espesa melena que solía recoger en una trenza estaba finamente peinada en un recogido cascada que le llegaba algo mas abajo de media espalda. En ella se veían dos estrellas de Sheriff. Su rostro, maquillado y arreglado con tonalidades de grises en los ojos hacían destacar una intensa mirada, y contrastaban con los labios rosados que habían hecho aún mas apetecibles. Sus hombros dorados por el sol se mostraban sin impedimento alguno, el corpiño palabra de honor con bordados estaba ajustado sobre su generoso pecho y ceñido en su cintura, pero se ampliaba al llegar abajo en un corte propio de los trajes de baile. El tono de gris marengo, casi azulado, destacaba a juego con la claridad de su piel y su pelo, y las pequeñas muestras de pedrería que salpicaban los pliegues añadían brillo a todo el conjunto.

- Me siento ridícula.- fué lo único que fue capaz de gruñir entre dientes, antes de buscar a Oswald con la mirada.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   2nd Abril 2015, 04:19

Oswald esperaba sin duda un fuerte contraste respecto a la imagen habitual que tenía de la vaquera, pero al ver aparecer a aquél ángel bajo el umbral de la puerta del baño, pese a su mueca de disgusto, se quedó sin aliento.

Era espectacular.

Otras veces había estado con mujeres más o menos hermosas, de la calle, y alguna vez había llegado a convivir en su local con algunas modelos, pero ninguna de ellas había logrado ponerle nervioso. Siempre se mostraba atento con ellas, adoraba a las mujeres, sabía que había que agasajarlas, ser gentil, eran maravillosas y se merecían un trato a su altura, pero esto era diferente. Ella era diferente. Y por esa razón, conforme se acercó para tranquilizarla, descubrió que una ligera taquicardia se había instalado en su pecho. Sonrió mientras besaba la mano de la joven.

- Es extraño querida, lo sé, pero esta panda de patanes ha hecho excelentemente su trabajo. Vas a ser toda una reina en esa fiestucha, e inmenso el placer de ser tu vasallo... -Adornó su comentario con una pequeña reverencia, y luego se dio la vuelta hacia los muchachos de Dafoon- ¡¡Vamos, largo!! ¿No tenéis que ir a vaciarle los bolsillos al jefe? ¡No le va a hacer ninguna gracia que lleguemos tarde por vuestra culpa!- Apresuradamente, todos los trastos que habían cargado hasta el lugar fueron cargados en la furgoneta de la compañía de imagen personal, y éstos abandonaron el lugar, no sin antes recibir del Pingüino una propina generosa "Por las molestias". Sin duda ese pequeño cretino que volvió a casa con el brazo sangrando iba a precisar una cirugía nada barata para quitarse las cicatrices, y a juzgar por su gesto de odio al coger el dinero, realmente necesitaba estar perfecto. La apariencia era la droga más fuerte para aquél tipo de gente.

Tras eso, regresó a la casa, junto a la disgustada vaquera, que seguía convencida de que la habían convertido en un hazmerréir. Ojalá pudiera verse con los ojos con que él la veía. Por fin contemplaba a esa dama sofisticada que intuyó desde el primer momento bajo el uniforme de vendedor ambulante de pollos que se empeñaba en ponerse; Soberbia, hermosa hasta rozar la perfección, fuerte, serena, elegante e intocable... Muchos mindundis que se arrastraban por su local creyéndose superiores por sus grandes aciertos en bolsa se arrodillarían ante esta nueva diosa de la clase VIP, pero para desgracia de ellos... Hoy él era su acompañante.

- Ya he echado a esa panda de ratas molestas de tu granero milady, ahora es momento de hacer tu parte- La analizó concienzudamente de arriba a abajo, permitiéndose ir algo más despacio cuando su mirada se perdía en esa cintura tan bien definida y aquél busto elevado de forma impecable. "Buen trabajo sin duda Dafoon boys... " No pudo evitar preguntarse si se vería la mitad de erótico por detrás, pero se hacía tarde.- Aunque... he de reconocer que me asombra que no hayas echado a patadas a esa gente y llevases tus espuelas y tu camisa al rodeo como siempre. Pese a todo, será mejor que nos vayamos y aparezcas allí como la diva en que te han convertido, así tu querido papi se hinchará como un pavo creyendo que se sale con la suya, pero por dentro te seguirás riendo de él... En fin, hay que marcharse.

Carraspeó para llamar su atención y puso uno de sus brazos en jarra para acompañarla hasta el vehículo.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   11th Abril 2015, 12:53

[FDP: En la siguiente metemos ya imágenes del robo, vale? es que prefiero dejar este así]

Permitió que Oswald depositara un suave beso sobre su mano, como estaba acostumbrado a hacer cada vez que agasajaba a una mujer. Supuso que así sería porque no era capaz de imaginarle siendo hosco. Sus modales y la clase de gente que lo rodeaba apreciaba demasiado esos ademanes educados como para poder hacerlo de otra manera. A pesar de sus lisonjerías, la vaquera siguió sintiéndose ridícula, engañada, frustrada y manipulada. Más incluso ahora, que él apreciaba el trabajo de esos maricones hipócritas que se habían empeñado en convertirla en algo que no era. No puedes obligar una vaca a volar, ni a un cerdo a graznar.

Oswald se vió obligado a tomar las riendas para despachar a toda esa gente. Ella era incapaz de hacer nada más que acumular un intenso rencor que hacía que le temblaran cada fibra de los músculos mientras apretaba los puños hasta tal punto que casi se hizo sangre, y los dientes de tal manera que estaban a punto de partirse unos contra otros. Pronto, la casa se quedó vacía. Ella empezó a caminar, marcando con el taconeo de sus botas el ritmo de su ansiedad. Luego, pingüino volvió a entrar, ofreciéndole un brazo. Cuando le insinuó que cómo no les había echado para ponerse una camisa, le miró con un odio que Oswald no había visto jamás en los fríos ojos de la vaquera. Unos ojos que eran tan capaces de dártelo todo como de quitártelo. Pasó a su lado, sin siquiera mirar el brazo y salió de la casa, dando un portazo, dejando al pobre pingüino allí.

No permitió que nadie le abriera la puerta del coche, abrió, se metió como pudo con todo ese pomposo montón de telas, se sentó, cerrando después. Se quedó allí esperando a que Oswald entrara en el coche y se pusieron en marcha, inmersos en el mas absoluto y letal silencio. El rostro de la Sheriff estaba plagado de una expresión tan brutal de inquina que dolía solo de mirarla. Todo había sido un cúmulo de horrores las últimas 72 horas. Le habían robado toda su ropa. La habían obligado a atender el rancho ella sola, porque su padre no había querido mandarle un reemplazo de los hombres a los que había atacado y drogado. Apenas había podido atender a todos los animales, y su jornada de sueño se había reducido a tres miserables horas al día. Se las había apañado para convertirla en esa ridiculez llena de brillantes, y pintada como una prostituta. Lo peor de todo es que había conseguido alterarla hasta tal punto que estaba empezando a tener problemas para contener la el tremendo odio que sentía por él. Y eso si que no se lo podía permitir. La furia la invadió como nunca, e imágenes surcaron su cabeza. Un hombre, muriendo de un tiro en la cabeza, el día de su boda. Descargaría una salva de balas en su pecho, y luego, empezaría por los invitados, hasta que no quedara uno solo. Todos, como simple ganado destinado al matadero. Todos y cada uno de esos bastardos. Palpó las pistoleras que permanecían ocultas bajo esas telas, y se apenó de no poder tocar el frío y suave acero de sus revólveres, y su maternal culata de madera.

Entonces, sin previo aviso, sus ojos quedaron cubiertos de una capa acuosa, sus cejas se fruncieron levemente, y las comisuras de sus labios sufrieron un espasmo hacia abajo. Cubrió su rostro con ambas manos, se inclinó hacia delante hasta apoyarse en sus rodillas, y con un sollozo desconsolado, rompió a llorar.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   21st Abril 2015, 04:18

Ignorado como un perro, tratado igual que basura, ¡¡a él, a OSWALD COBBLEPOT!! ¿Quién se había creído que era esta campesina? ¡si tal vez era la primera vez en meses que olía como un ser humano! La vio pasar por su lado despreciando su caballerosidad y mirándole como si fuese culpa suya que se sintiese como un espantajo. Se había molestado en alterar todas sus citas y planes por ella, había vuelto a bailar a pesar de su profundo sentimiento de ridículo, pasaba a recogerla puntual, limpiaba su casa de la escoria mandada por su padre, la agasajaba sin parar por su espléndido aspecto, ¡¿Y esto era lo que recibía a cambio?!

Siguió a la vaquera hasta el coche, donde siguió empeñada en demostrar su inexplicable y repentino rencor, guardando un silencio sepulcral. Josh, el chófer personal del Pingüino temía que estallase una batalla tras su asiento en cualquier momento, pero no tenía más remedio que continuar. Un sudor frío empezó a recorrer su cuello cuando la joven empezó a llorar. No tenía por qué ser necesariamente algo de qué preocuparse, pero cuando llevas varios años siendo el chófer del mafioso pelirrojo, acabas comprendiendo que si él lleva mala cara, las lágrimas de una dama pueden significar verdaderos problemas. Centró su mirada al frente y trató de evadirse de lo que fuese a suceder ahí atrás. Iba a ser peligroso.

Qué interesante... Aquélla preciosidad se había derrumbado frente a él. De pronto, todo ese inquebrantable muro de ira se había venido abajo y en su lugar, una insignificante muchacha lloraba por motivos que sólo ella conocía. En otras circunstancias Oswald se habría mostrado más comprensivo, al fin y al cabo, es una dama. Pero esta jovencita se había pasado de orgullosa hacía no mucho rato, y el rencor no era arte que sólo ella manejase con maestría. Apoyado sobre su garra, la observó unos minutos divertido, y entonces lanzó una mirada significativa al retrovisor interior. Josh sabía que eso quería decir que pronto se detendrían repentinamente. Asintió, y entonces Oswald dejó escapar unas palabras en tono meloso, que sabía que harían estallar en cólera a la muchacha.

- Querida, no hagas eso. Se te va a correr el maquillaje...

La sonrisa más satisfecha que había soltado en meses se dibujó en una mueca llena de malicia. Este iba a ser un juego interesante, y al fin y al cabo, no era él quién tenía más a perder...

"Ojo por ojo, cielo... Veamos si de una vez te decides a soltarlo todo y dejas de actuar como una mocosa en plena crisis adolescente"

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   28th Abril 2015, 22:08

Durante un buen rato, se olvidó de todo lo que no fuera llorar. Sacar toda esa ira. Como un toro que cegado por su propia bravura, embiste a cualquier cosa que se mueva, incluso aunque sea mas grande que él. Hiperventilando a causa de la tensión, apretando los dientes y haciéndolos crujir de tal modo que creyó que la prótesis que llevaba en dos de ellos se iba a romper, cerró las manos en sendos puños que presionó contra los ojos, notando aquellas pestañas postizas que habían añadido para agrandar su mirada o alguna mierda sin importancia. Trató de obligarse a respirar profundamente, y eso hizo que su pecho se hinchara y se deshinchara rápidamente a punto de poner en peligro el equilibrio entre la zona de escote que se veía y la que no se veía, y tampoco se debería ver. Justo en el momento en que estaba convencida de que empezaba a calmarse, oyó esa frase solitaria lanzada desde el lateral del asiento. Sintió un pinchazo en las costillas, como una puñalada. Se levantó con un gesto rápido, dirigió su mirada hacia su acompañante, y por algún motivo, no fue capaz de ver mas que a un gordo pomposo y con una repugnante cara de satisfacción. Apretó los dientes, desató rápida como un rayo el cinturón y en un amago de fuerza superior a lo que cualquiera hubiera podido suponer en el cuerpo de la vaquera, se agarró al asiento y  levantó su pierna derecha y hundió una patada en el asiento del copiloto, tan violenta y destructiva que hundió el asiento hacia delante, en un ángulo extraño.

- ¡CÁLLATE! ¡TU NO ENTIENDES NADA! ¡¡NADA!!- gritó, salvaje. El golpe hizo que el conductor diera un pequeño volantazo, alterado por la repentina reacción, pero la vaquera dio otro golpe, mientras el sufriente piloto mantenía el tipo. - ¡¡¡ENTRÓ EN MI CASA!!! - hundió un nuevo golpe, como marcando el tempo de su imparable reacción, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas, poniendo a prueba el maquillaje "Water proof" - ¡¡¡DROGO A MIS CHICOS!!!- su tono se elevaba a medida que las espuelas de las botas resonaban con un nuevo impacto contra el dañado asiento. - ¡¡¡DEJO QUE MI RANCHO QUEDARA DESATENDIDO!!!  - otro golpe - ¡¡¡HE TENIDO QUE CUIDAR DE TODOS MIS ANIMALES SOLA DESDE HACE TRES DÍAS, Y APENAS LO HE CONSEGUIDO!! ¡¡HAN ESTADO MALVIVIENDO CON LAS POCAS ATENCIONES QUE HE PODIDO IR DANDO A CADA UNO!!! - El tono de furia se quebró en ese momento.

Dile a una madre con siete hijos enfermos que dispone de seis pastillas a repartir con las que salvarlos. Sólo algo así estaba a la altura de lo que ella había sufrido esos tres días de infierno.

Se giró para encontrar el rostro del pingüino, con una expresión dolida que parecía imposible en la severa y firme Sheriff, quizá porque su presencia se volvía cada vez más fugaz en ese estado. La vaquera desvió su rostro hacia sus manos, las yemas estaban blancas de lo mucho que había apretado al agarrar el asiento. Una de ellas rodeó uno de sus propios hombros y la otra su cintura. Tras el estallido, la fuga de tensión y el intenso ejercicio, su cuerpo había empezado a temblar, delatando una fragilidad que le era totalmente ajena, y que habría desmentido cualquiera que la conociera.

- Me robó la ropa...- susurró, antes de ahogar un gemido, luego negó con la cabeza, y volvió a mirar hacia delante. - Se lo llevó todo. Las sábanas, las mantas... hasta las cortinas. Se llevó las botas que uso para ducharme. Todo. - murmuró, mientras se le escapaba algún gemido, que se colaba en su agitada respiración. Miró la despreciable coliflor de tela gris que tenía delante, odiándola con todas sus fuerzas - Tuve que ponerme la misma ropa durante tres días... ducharme con ella, hasta que me hizo sentir repulsiva. Luego mandó a esos maricones miserables a mi casa, y les dejé que me convirtieran en esta, esta broma de mal gusto. - gruñó, dando un manotazo a los numerosos pliegues del vestido. Se mantuvo unos instantes en silencio. - Haga lo que haga, ya ha ganado. Le queda la satisfacción de saber que al final, opté por obedecer. Incluso aunque no haya tenido opción, va a recrearse en esto, y no voy a poder soportarlo. - musitó, negando con la cabeza, cerrando los ojos. Se tomó un momento para respirar profundamente, esta vez, realmente mas calmada, ahora que había sacado todo fuera. Exhaló el aire, y miró a Oswald, con una expresión triste. - Bajaré del coche, entraré, y mientras estén leyendo sus votos, le dispararé entre ceja y ceja. Le arrancaré la carne de los huesos con mis propias manos.- su tono se volvió helado, totalmente carente de sentimientos, mientras su expresión delataba una sangre fría propia de alguien a quien apodarían "El horror tejano".

Después de unos instantes de silencio, volvió a encontrar sus ojos con Oswald. Él había sido el detonante, pero en el fondo sabía que no podía culparle. Había sido atento en todas las formas que se le ocurrían. Recogiéndola, ayudándola a salir del baño, echando a los intrusos, ofreciéndole su compañía. Ella había sido una pésima acompañante, además de, ahora que caía en la cuenta, haberle destrozado un asiento del coche. Vio la parte delantera aboyada como si fuera la primera vez que la veía realmente, antes de devolver la mirada al pingüino.

- Te pagaré el arreglo del coche. - aseguró, tomándose sólo un par de segundos, para deslizar el trasero sobre el asiento y sentarse justo a su lado, entrando sus piernas en contacto. Se quedó cerca de él sin decir nada durante un rato, antes de encontrar la manera de explicarlo- Has sido muy atento conmigo, Oswald, y no te lo he agradecido. No he sido justa contigo. - dijo, mirando sus propias manos entrelazadas sobre sus rodillas. Después, una de sus manos se apoyó en el hombro de él, dándole un suave apretón, fijando en él una profunda mirada. Cuando lo hizo, levantó ambos brazos, rodeando su rostro, atrayéndolo hacia sí, en un cálido abrazo, ya que ahora que no portaba su habitual indumentaria, sus hombros desnudos dejaban sentir piel con piel. Una de sus manos se posó en su espalda, y la otra, en la nuca escondida bajo el mechón de pelo pelirrojo que mantenía recogido en una elegante coleta.  - Procuraré que no vuelva a pasar. - susurró segura a su oído, mientras prolongaba el contacto unos segundos más, esperando que ese gesto dijera más de lo que podía explicar. Incluso en ese estado, su filosofía no había cambiado. Tenía mas valor lo hecho, que lo dicho.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   5th Mayo 2015, 05:17

Esperaba gritos, sí. Esperaba tal vez tirones de pelo, arañazos, algún bofetón, incluso que rompiese uno de los cristales de un codazo repentino entraba en sus planes, pero definitivamente, había caído en las mismas miserias que sus rivales cuando veían en él a un hombre menudo, gordo y poco ágil, sólo que en su caso, el elegante vestido de la vaquera le había hecho esperar la reacción airada de una princesa, cuando tenía ante sí a un búfalo salvaje. Tuvo que admitir que ver el odio y la ira de la muchacha fluir a través de esas tremendas coces que destrozaron el asiento delantero, a la par que resoplaba como una yegua salvaje y asustada haciendo subir y bajar ese generoso y prieto busto fue algo impresionante, y hasta cierto punto, erótico. Alguien capaz de dar semejante paliza a una estructura de aluminio y cuero del bueno con un traje de fiesta encajaba perfectamente en su perfil de guardaespaldas perfecto, pero no era el momento de evaluar tales ofrecimientos; Su estrategia había surtido efecto, y aunque la muchacha había dado espectáculo como para distraer a cualquiera de la final más ajustada de la Super bowl, no había pasado por alto su relato, y ahora comprendía bien por qué sentía tal resquemor hacia su padre. Él mismo podía sentirlo ahora... Alguien capaz de hacer daño a una mujer tan bella, y más siendo de su propia sangre, merecía algo más que la desaparición de su regalito de bodas, pero en cuanto llegaron a sus oídos relatos truculentos sobre tiros entre los ojos y arrancamiento de carne, supo que debía intervenir. Sin embargo, no fue necesario; De pronto la muchacha se tranquilizó y se disculpó por el destrozo del asiento. Toda una suerte... Le interesaba de verdad ese pájaro escultórico, y por nada en el mundo quería asustar a lady Belant con una masacre en su propio enlace.

- Oh, no debe preocuparte querida, es de alquiler. Una propina generosa y será como si nunca hubiera pasado nada, créeme... - Trataba de sonar sereno y conciliador, tal como ella necesitaba en ese momento, pero casi sin darse cuenta, la joven encadenó una sucesión de movimientos, acabando abrazada a él y susurrándole al oído. Ese cuerpo hecho para torturar a los hombres como él estaba casi encima suyo. Podía notar la turgencia de ese busto sobre su propio pecho, y la suavidad de esa piel, de ese pelo... la proximidad de ese cuello era peligrosamente tentadora, sólo tenía que posar su mano en la nuca de la joven y podría rozarlo con sus labios, tal vez besarlo... "No, ese no es manjar para tí Oswald" Apesadumbrado, levantó una mano pidiendo a Josh que parase el coche, y una vez en la cuneta, apartó a la chica de sí con delicadeza, y con un paño empezó a secar sus lágrimas sonriendo comprensivo, mueca que nada tenía que ver con la que antes le había dedicado a la muchacha.

- Y pensar que podrías haberte ahorrado tanto sufrimiento tan sólo con decírmelo... Siempre lo repito a mis socios y ayudantes; Si complaces al Pingüino, él te complace por igual, y tú me has proporcionado muchos beneficios ¿creíste acaso que sólo por pedirme acompañarte aquí ya estabas siendo muy exigente? Querida, sea por miedo o por orgullo, fue un error que no recurrieses a mí -Elevó un poco la barbilla de la joven para ver el resultado- Otro error que has cometido ha sido ignorar lo que hablamos en tu hogar... Natey no ha ganado por ponerte un vestido y maquillarte, porque no ha cambiado lo que eres. La sheriff sigue ahí, esto es sólo un disfraz de cherokee para colarnos en su fiestecita india. A veces hay que hacer estas cosas, pero nunca lo que has hecho tú; rendirte antes de llegar al verdadero desafío... debes plantarte allí con orgullo y hacer lo que debas hacer, y aunque no te interese... yo seguiré estando ahí si me necesitas.

Se quedó serio contemplando a esa hermosura. Tan joven, tan pasional... Deseaba ver a Nate humillado como un perro por haber tenido que secar sus lágrimas. Ya se encargaría de ello a la vuelta. Hizo un gesto a Josh para reemprender a marcha, y apartó la mirada hacia el paisaje visible desde su ventanilla con el objetivo de airearse un poco. Lo peor ya había pasado, el juego continuaba.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   20th Mayo 2015, 01:01

Muelles de Gotham
06:38 de la Mañana
Nave de almacenamiento
Numero 22, sección G


Los hombres llevaban custodiando aquella dichosa caja desde que el gran hombre había ido para controlar la mercancía. Tras haber dejado claro el recorrido, haber observado la pieza en toro su esplendor, alabando cosas como su pose, su brillo, su parecido, y otro sin fin de características que dejaban mucho que desear sobre las verdaderas cualidades de la pieza de arte en cuestión. Después de firmar un sin fin de papeleo, les dejó vigilándola. Creyó que no se iría nunca. El pingüino trataba bien a quienes hacían un buen trabajo, y ellos llevaban unos cuantos encargos a cuestas que les convertían en una buena elección, pero querían que siguiera así, por la cuenta que les traía. Trabajar para la mayor cabeza mafiosa de Gotham tenía un sin número de ventajas. Cierto que había que mancharse las manos de vez en cuando, pero resultaba reconfortante poder contar con él. Como solía decir "Si complaces al pingüino, él te complacerá a ti". Se asegurarían de que quedara totalmente satisfecho con ese trabajo, así que empezaron con la labor del día.

Técnicamente les tocaba asegurar la mercancía, cambiar su envoltorio para que cumpliera la normativa y todas las necesidades de seguridad. Abrieron la caja y contemplaron la tremenda pieza de arte. No les extrañaba nada que fuera del agrado de su jefe. Hicieron las comprobaciones pertinentes y se pusieron a trabajar. Tenían que construir el cajón de transporte, de tal manera que pasara los controles, pero también que no les dificultara "el trabajito". Así comenzaron a trastear con las maderas, las herramientas, las mediciones. Ante todo eran profesionales. Se asegurarían de que el golpe saliera bien.

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El coche se detuvo, aunque la vaquera apenas lo notó en su abatimiento. Sintió el cálido cuerpo grande de Oswald separarse del suyo. A pesar de que era bajito era un hombre rechoncho y ancho de hombros, algo de lo que no se había percatado realmente hasta que en ese momento le envolvió con los brazos. Sacando un pañuelo, lo alargó hasta su rostro secándole los ojos que aún desprendían alguna que otra lágrima rezagada. Se sentía bastante estúpida por haber reaccionado de esa manera tan inmadura, pero había sufrido demasiadas presiones y al final no había sido capaz de lidiar con todo. Lo del vestido solo era la gota que había colmado un vaso que llevaba tiempo ya bastante lleno. Le dirigió una mirada entristecida mientras terminaba esa labor, y empezaba a explicarle que, a su parecer, había obrado mal por no tenerle en cuenta. Trataría de recordarlo por si en futuras ocasiones vivía algo igual. Al fin y al cabo, salvo por el desafortunado comentario anterior, Pingüino nunca le había fallado en ese aspecto. Era un socio excepcional.

Dejó que alzara su rostro con aquella grotesca garra que a ojos de los demás causaba repulsa. No así a ella, para quien zarpas, uñas, cascos y dedos era todo uno, y cuando él volvió a animarla respecto a su padre, usando ese símil que le recordaba quién era realmente, no pudo evitar que una sonrisa se posara en las comisuras de sus labios, hasta soltar finalmente una suave carcajada entrecortada, animada por la comparación. Si. Eso es. La Sheriff sólo había sucumbido durante un instante, como lo haría bajo la luz del desierto sin nada que beber o comer. Todo aquello no era mas que un espejismo con el que su padre intentaba distraerla de su deber. Pero no lo había consentido. En ese aspecto, Oswald había supuesto una gran ayuda. Tendría que agradecérselo como merecía.

- Realmente sabes cómo convencerme. - dijo en confianza, devolviéndole un rostro de ojos rojos, pero de amplia sonrisa. Ladeó la cabeza, haciendo que un mechón de pelo se vertiera sobre su hombro, como una cucharada de miel se funde con la leche caliente. Durante unos segundos sólo miró las duras facciones de aquel tan capaz de aterrorizar a las altas esferas, como de ganarse a los mas refinados. Sin duda, había sido su mejor elección.

Pronto, reemprendieron la marcha. La vaquera volvió a abrocharse el cinturón, y se colocó aquella col gris lo mejor que pudo. Se quedaron en silencio mientras el paisaje iba pasando a su alrededor. Dedicó unos minutos a normalizarse, a obligarse a tornar a su estado de siempre, bajo control y en total calma. Tenía que mantener la mente fría, sobretodo ahora que se veía obligada a actuar, como lo había hecho durante su infancia en las diferentes cenas de sus padres, en todas sus aburridas fiestas que acababan con su madre sedada hasta las cejas, y su padre como una cuba en los establos.

- ¿Hay agua? - preguntó tan sólo en un momento dado. Después de señalarle un pequeño compartimiento, le tendieron una pequeña botella que empezó a beber con ansia. Sus tragos eran enormes y bebía sin finura, con verdadera sed. Unos hilos de agua se deslizaron desde sus comisuras, y se perdieron en el abismo del canalillo perfectamente construido por las apreturas de esa tortura de traje. Se limpió con la muñeca, y luego respiró profundamente. Debía controlar los nervios. Poco a poco, se acercaban, hasta que frente a sus ojos se irguió, imponente, la iglesia.

A medida que llegaban los coches, se detenían frente a una zona acordonada, donde los invitados descendían. A un lado y otro, había gente con cámaras, micrófonos y grabadoras. Nate había procurado hacerse con todos los medios posibles, y el hecho de que Belant fuese una de las activistas pro-naturaleza más importantes de Estados Unidos fue la guinda. El coche se detuvo en su lugar, y un par de hombres con elegantes uniformes se dispuesieron a abrirles la puerta. Cuando encontraron al hombre al otro lado de la puerta, toda la profesionalidad se vertió en procurar ocultar su asombro, y se comportaron como perfectos caballeros al cederle el paso y permitiendo después que saliera la señorita a continuación, tendiéndola una mano para ayudarla. Después de haberse tranquilizado en el trayecto, y habiendo comprobado que no había nada que hubiera alterado el aspecto de manera sospechosa, estaba preparada para comenzar la farsa. Sacó un pie, y luego el otro, cubriendo rápidamente las botas con los pliegues del vestido. Lo colocó, cogió sus pertenencias, y esperó que Oswald se colocara a su lado. Cuando terminaron de fotografiar al grupo anterior, una pareja de senadores provenientes de Texas, las miradas se centraron en ellos. Durante un instante, los murmullos, las preguntas y los flashes cesaron, creando un momento de incómodo Shock, hasta que con fuerza renovada, un aluvión de destellos les bañó de arriba a abajo. Ella no estaba acostumbrada a eso en absoluto. Desde que se había independizado, había procurado evitar la vida pública, mas allá de esporádicas menciones en revistas especializadas, o como dueña de los mejores corredores del hipódromo. Aquello era totalmente distinto. Sujetó el brazo de Pingüino, tensando sus dedos un instante, pero volvió a relajarse. Entonces el hombre se detuvo a saludar, y ella permaneció en silencio, hasta que un grupo se apelotonó contra la cuerda, dirigiéndole unos micrófonos.

- ¡Diganos, señorita Logan! ¿Está su padre mezclado en los negocios del pingüino?- preguntó uno.

- ¿Que opinión le merece su madrastra?

- ¿Sabe que ha venido con este acompañante? ¿Cuánto hace que están juntos?

- ¿Podría adelantarnos en exclusiva alguna de las sorpresas reservadas para este enlace?

La vaquera entonces reaccionó. Se inclinó levemente hacia delante, retirándose el pelo tras el hombro, regalando a las cámaras una generosa vista coqueta de sus atributos, y miró hacia sus interlocutores con una sonrisa dulce, que reflejaba una candidez poco propia de la Sheriff.

- Mi reciente actividad no me ha permitido conocer en profundidad a la señorita Belant, pero si es la mitad de buena con mi padre que con sus amadas aves, entonces será un hombre afortunado. - contestó, soltando tras eso una musical carcajada que fue coreada por los periodistas. Un toque de locuacidad, humor, y cierta mordacidad subtérfuga. Como si quisiera reforzar su presencia, y de forma totalmente involuntaria, apoyó la mano que aún le quedaba libre en el antebrazo de Oswald, en un gesto leve que sería las delicias de cualquier periodista si escrúpulos con demasiada imaginación. Aquella alfombra roja iba a hacerse interminable.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   3rd Junio 2015, 06:06

El cajón estaba listo, y la estatua fue elevada con carretilla hasta ser cargada en el pequeño camión que esperaba en el muelle. Todo parecía normal, pero el operario tuvo que atender a un revisor que empezó a hacerle preguntas acerca del paquete, ya que según sus superiores, ese bulto no tenía registro de entrada. Mientras esa escena tenía lugar, alguien atacó al conductor del camión sedándole con cloroformo y sacándole de la cabina. Peor suerte tuvieron los agentes que se disponían a acudir en su ayuda desde sus posiciones de observación, quienes fueron abatidos uno a uno por un par de francotiradores apostados en la azotea de una nave abandonada próxima. Lo silenciadores se encargaron de que el conductor de la carretilla continuase con su discusión hasta aclarar lo sucedido, sin saber que esta vez la mercancía quedaba a merced de manos muy distintas...

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Un buen baño de masas, la publicidad ideal para su salón. Perfecto, sin duda. Al bajar del coche empezó a saludar y acercarse a los reporteros para llamar su atención. Aquélla era una de sus facetas más contradictorias, si bien detestaba su aspecto físico, adoraba ser admirado por el gran público. El alma de una estrella en un cuerpo estrellado, qué se le iba a hacer. Entonces recordó que la vaquera estaba con él, y sintió preocupación por ella; Alguien que vivía aislada del mundo en una granja seguramente no estuviera hecha para tales trotes, pero al volverse y verla radiante y haciendo comentarios elegantes y divertidos, satisfaciendo a los medios con su carisma y su belleza, dicha preocupación se esfumó. Se había tomado al pie de la letra lo del disfraz de indio, estaba claro... Se acercó a su oído cuando se apoyó en su brazo y le susurró:

- Una magnífica actuación querida, he de reconocer que me has sorprendido... Vayamos dentro, estos buitres ya han comido demasiado- Se dio la vuelta para responder a un par de periodistas más antes de emprender la marcha hacia la iglesia a buen paso, bajo la atenta mirada de reporteros e invitados. Muchos de ésos no podían creer que la joven fuese acompañada de Cobblepot, a pesar de que sí tenían conocimiento sobre un acercamiento que Nate tuvo con el mafioso tiempo atrás. Aún así, resultaba casi un insulto que su hija trajera a tan grotesca compañía a la boda de su padre, y muchos murmullos empezaron a elucubrar si era una maniobra de la misma para fastidiar la ceremonia.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   25th Junio 2015, 19:04

Después de asegurar la carga e interceptarla, se pusieron rumbo al almacén. La ruta había cambiado y así se lo notificaron a la escolta, al menos hasta que también fue interceptada. La importante y valiosísima carga pasó de estar total y perfectamente bajo control, a entrar en el maravillosos mundo del estraperlo en cuanto se libraron de esos pequeños inconvenientes.

Los chicos del Pingüino cuando hacían algo, lo hacían bien. No hubo huellas, ni revuelo, ni más sangre de la que era estrictamente necesaria. Todo aquel que fue sobornado no se atrevería a abrir la boca por temor a represalias. La carga se dirigía a un nuevo destino. Uno muy distinto a la mesa central vacía que le esperaba en el centro de la sala de banquetes.

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Nunca había tenido en cuenta a los correveidiles. Le parecían gente sin ninguna otra preocupación que considerar si lo que hacían los demás estaba bien o mal acorde a su perspectiva personal y a sus propias creencias, cuando en la mayoría de los casos las circunstancias que forzaban a la gente a ser de una manera u otra se basaban en experiencias de su vida privada, y no en algo que se pudiera enseñar por la familia, la escuela o la iglesia. Había vivido bajo esa presión siendo niña, cuando su padre tenía lo que su madre insistía en llamar "una imagen que mantener". En esa lejana época a la actual Sheriff le desesperaba todo lo que tenía que ver con ponerse vestidos, fingir que esos viejos amigos de su padre eran sus tíos, que los pedantes hijos de ellos le caían bien y tener que enseñarles sus cualidades a la voz de su padre. La mayoría de esos enfermos hijos de puta sólo querían ver como cabalgaba para ver como le iban botando las tetas mientras le crecían en la pubertad. Pudo comprobar con repugnancia interior como muchos de esos pervertidos ya estaban sentados en los bancos de la iglesia.

Desde luego, era un lujo. Una catedral de estilo gótico, llena de vidrieras, oro, y una alfombra roja. Los laterales de los bancos de madera oscuros estaban adornados con unos centros de flores y plumas de ave. Eran sencillos, pero estilosos, de esos que parecen susurrar el nombre de algún decorador demasiado caro como para llamarlo en una ocasión que no sea una boda. La gente se giró al verlos, y haciendo el mayor de los esfuerzos, esgrimió una natural y sencilla sonrisa, mientras saludaba con la vista a algunos amigos de su padre que se deshicieron en saludos corteses, pero que en cuanto dejabas de mirarlos, ponían expresiones afectadas. Continuaron andando, banco tras banco, hasta llegar a los que estaban delante del todo. Aquellos indicados para familiares y amigos cercanos. Sin ceremonia, la vaquera vestida de india se acercó y se sentó, ofreciendo el asiento de su lado a Oswald. Tras un carraspeo, se giró para ver a uno de los mas allegados de su padre en la política tejana. La observó de arriba a abajo, como intentando decidir si primaba mas su gusto con los hombres o la lascivia que sentía por ella.

- ¡Rebecca Logan! Jovencita, hace mucho que no te veía. ¿Cómo has estado? - dijo con un marcado acento de texas, algo más civilizado.

- Hola, tío Lewis. Muy ocupada. Me independicé y ahora tengo mi propio rancho. Ni te imaginas la cantidad de trabajo que da eso. ¿Y como estáis vosotros? ¿Qué tal está Margaret? - preguntó con un toque encantador, mientras los rizos dorados le caían por los hombros. Teatro. Puro y duro.

- Bien, bien. No ha podido venir, porque tenía que acudir a un evento político. Está montando una campaña para acceder a puesto de governador. - respondió, quitándole importancia con una mentira ensayada.

Si Margaret no había cambiado en esos años, estaría degustando las delicias del sexo empapada del sudor de su profesor de gimnasia, o su chico de la piscina, o su cocinero. Una mujer tan sexualmente activa no podía conformarse con el viejo Lewis. Era un secreto a voces.

- ¡Pero eso es fantástico! Salúdala de mi parte. Dile que le envío mis mejores deseos. - respondió la vaquera, entornando los ojos.

Luego, le llamaron el móvil y tuvo que contestar. Durante unos segundos la vaquera olvidó esgrimir esa sonrisa, que se desvaneció dejando paso a una expresión seca. Intercambió una mirada con pingüino, secreta y cómplice, que le invitaba a estar alerta de lo que pasara. Acto seguido, se armó el revuelo. Eso solo podía indicar una cosa. El novio acababa de entrar en el edificio.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   5th Julio 2015, 06:14

El templo estaba decorado con todo lujo de detalles. Algo pomposo incluso para los exquisitos gustos de Oswald, pero tenía que reconocer que los toques en homenaje a la novia, con bellas plumas de pavo real y las reproducciones de palomas blancas que adornaban algunos rincones le daban un aire fresco al típico escenario prematrimonial. Avanzaron por entre las hileras de asientos hasta que Logan decidió sentarse en una de las filas delanteras, más cercanas al altar. Los invitados, pese a tratar de evitar la descortesía, no dejaban de lanzar furtivas miradas curiosas a la pareja mientras chismorreaban por lo bajo, y no era para menos; Tal vez allí estuvieran reunidos varios de los peores buitres y víboras del estado, pero todos guardaban sus crímenes bajo el ala y sonreían como ciudadanos ejemplares, mientras que el Pingüino era el único criminal reconocido del recinto. Tal vez ahora fuese un hombre de negocios tan limpio como ellos, valga la ironía, pero su pasado era una lacra tan grande como su aspecto. Sí, muy probablemente aquél fuese el segundo gran motivo de aquéllos susurros. Al demonio con ello.

Rebecca le ofreció asiento a su lado, y se acomodó allí sin problemas. Afortunadamente, algún genio había previsto que muchos invitados serían más bien corpulentos y había dejado espacio de sobras entre las banquetas, algo que se hacía agradecer. Mientras se ubicaban allí, la mente de Oswald estaba en otro lugar, concretamente en los muelles de Gotham. Si sus cálculos eran correctos, a estas horas el preciado regalo de bodas de Natey ya debía estar camino al almacén del Iceberg Lounge, si no surgía ninguna dificultad...

De pronto sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sintió una horrible mirada clavada en su sien; Uno de los invitados se había aproximado a hablar con la vaquera, regalando una mirada de profunda repulsa a Oswald, que pronto se diluyó al posar los ojos en el prominente escote de la joven. Ahora lo entendía todo... "Te encantaría estar en mi lugar ¿eh, viejo verde? Lástima que ella elija mejor sus compañías que tú las tuyas". Entonces la situación cambió por un instante, cuando la muchacha recibió una llamada, que mudó su expresión de fingida cordialidad a una seriedad pétrea. Oswald temió que hubiera sucedido algo con la carga, pero entonces ella le lanzó una mirada que desmintió sus temores. Todo iba como la seda. Volviendo al circo de la ceremonia, Penguin tuvo una ocurrencia para fastidiar al imbécil de Lewis, y una sonrisa sardónica asomó en su ancha cara mientras posaba una de sus garras con dulzura sobre el muslo de la muchacha para llamar su atención.

- Cielo... ¿No me presentas a tu amigo? -Su tono de voz sonó meloso, como si estuviera hablando a una esposa particularmente amorosa, pero no sin hacer un leve guiño a la vaquera para que ésta entendiese que se trataba de un juego para espantar a ese pesado. Sin embargo, antes de poder degustar su fastidio, él y todos los demás se volvieron hacia la entrada de la iglesia, al parecer, acababa de llegar el novio.

No habían visto llegar al cura, que ahora hacía pruebas con el micro para ver si se oía bien su voz por toda la estancia, y los pasos decididos de Nate se aproximaban cada vez más, hasta que de pronto, se pararon en seco algo antes de llegar frente al cura. Su cara era el claro reflejo de su mente, y sin duda alguna, no esperaba ver a su hija radiante y feliz, pero menos aún esperó verla con "esas" compañías. Un carraspeo resonó por todos los altavoces del templo, y el hombre se dio la vuelta sorprendido, hacia el altar.

- Señor Logan, podemos empezar... - El párroco parecía deseoso de terminar su labor, tal vez por cansancio, o quizá solo deseaba contar los billetes de este trabajo en la soledad de su hogar.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   21st Julio 2015, 20:39

Notó un contacto sobre su muslo, pero procuró no alterarse por ello. Al fin y al cabo, como bien había dicho Oswald, no dejaba de ser la Sheriff que portaba la estrella que la hacía ver como una cumplidora incansable de la ley. Dirigió una mirada cómplice a su acompañante, otorgándole una sonrisa sencilla que la hacía resaltar aún mas teniendo en cuenta lo pomposo de su vestido y maquillaje.

- Disculpame, Oswald. Él es Lewis White. Formaba parte del equipo de gobierno de mi padre, cuando era senador. Lewis, este es Oswald Cobblepot, compañero de negocios y un gran... amigo mío. - explicó la Sheriff, haciendo una breve pausa, como si se hubiese arrepentido de ir a decir algo en el último momento y hubiese decidido guardarse un gran secreto a tiempo. Acto seguido soltó una suave risa cantarina, mostrándose casi juguetona. Lewis dirigió una mirada contenida a ambos, cargada de condescendencia, resentimiento y un sutil toque de ira, y luego, se marchó excusándose.

La vaquera cogió el teléfono. Los expertos habían preparado todo. Su regalo estaba listo, y sólo tenía que entregarlo. Tras tener la confirmación, y si nada salía mal por parte de Oswald, aquello iba a coronarlos por todo lo alto.

En ese momento, sus miradas se encontraron. Su padre, un hombre fornido de texas, de mantíbula cuadrada y con unos cuantos kilos de más, a pesar de la pierna robótica que de un tiempo a esta parte había adquirido cansado de usar simple ortopedia, vestido con un tradicional traje negro, con fajín y corbata grises del mismo color que había adquirido para ella. Llevaba los gemelos y un alfiler de corbata hechos de ónix y plata, y todo él desprendía un aspecto impecable. Nada pudo sentar mejor a la vaquera que ver la cara que ponía al darse cuenta de su compañía, y aún mas importante, de la mano que ésta aún tenía apoyada en su muslo. El cura le sacó de su ensimismamiento, mientras recibía de su hija, tal como se esperaba, una sonrisa animosa.

Cuando todo estuvo listo, llegó el momento de la espera. Era tradicional que la novia hiciera esperar al novio, en función del tiempo, podían llegar a generarse dudas y expectación, lo cual añadía tensión al momento. La Sheriff lo estaba, pero no por la ceremonia ni mucho menos. No. Ahora empezaba la larga espera que le conduciría al delicioso momento en que su padre se percatara de la falta de su regalo estrella. Posicionó una mano sobre su regazo de manera casual, encontrándose con la de Oswald, pero no la retiró, sencillamente reposaron una junto a otra, esperando la entrada de la novia. Su padre comenzó a lanzar miradas nerviosas hacia los invitados y la puerta, mientras comenzaban los murmullos. Incluso aunque tratara de evitarlo, sus ojos siempre acababan paseando hacia la vaquera y el pingüino.

En el coro, comenzó a sonar la música tradicional, las puertas se abrieron de par en par, dejando entrar una extraña luz, y contemplaron por fin, mientras todos se levantaban, la imagen de una figura acompañada del brazo por otra. El hombre iba en traje, y dado su rostro, debía de tratarse del hermano de la novia. Ella se adentró con paso elegante y sencillo al interior de la iglesia, siguiendo la alfombra roja. Jeniffer Bellant era una mujer madura, sin embargo poseía un porte lleno de gracia y una silueta voluptuosa. No era tan delgada como los cánones dictaban, pero sin duda alguna poseía una feminidad preciada, que resaltaba con la elección del vestido plagado de sedas y encajes. Su pelo moreno y suelto estaba decorado con una tiara plateada plagada de piedras de ónix a juego con las de su futuro marido que servía para sujetar el imponente velo que caía por su espalda y llegaba unos metros mas allá incluso que la cola del vestido. Llevaba detalles de un sutil gris que recordaba de nuevo a la gama que Nate había seleccionado, presentes sobretodo en los zapatos y en el exquisito cinturón que destacaba aún más su figura. Llevaba en las manos un ramo con plumas de faisán que sin duda habría sido confeccionado por el mismo equipo que había hecho el resto de la decoración. Su sonrisa parecía sincera, y se dispararon flashes por todas partes, que la hicieron ver aún mas radiante.

La novia fue entregada al novio, después de un par de besos correspondientes al padrino, y tras la orden del cura, se sentaron y comenzó la ceremonia. Resultó ser de lo más tradicional, acorde a como sin duda habría deseado su padre. De cara a la galería, siempre tan correcto. A medida que el cura así lo iba indicando, se levantaban y sentaban, mientras recitaban manidos versos de la biblia que la vaquera había olvidado hacía lo que parecían años. La música del grupo escondido en el coro repiqueteaba por toda la iglesia, amenizando algunos momentos de la ceremonia. Durante ese tiempo, a la vaquera la asaltaron diversos sentimientos que se agolparon en el interior de su cerebro, y tuvo que gestionar como pudo. La ira hacia su padre, la lástima por la mujer que se encontraba a su lado, los recuerdos de una infancia que no solían asaltarla a menudo mas que con la presencia de su progenitor, y la terrible incomodidad que le producía el vestido. Poco a poco, uno de esos sentimientos ganaba terreno frente a todos los demás.

- Repita conmigo. Yo, Nate Logan.- comenzó el cura.

- Yo, Nate Logan.

- Te quiero a Ti, Jennifer Belant, como mi esposa.

- Te quiero a ti, Jennifer Belant, como mi esposa.

Los ojos de la vaquera se entrecerraron, mientras notaba arder la furia, hasta tal punto que la hizo temblar. Su expresión no varió, pero su cuerpo estaba delatando la tensión, que fácilmente podía confundirse, en esas circunstancias con emoción.

- y me entrego a ti, con la ayuda de Dios

- y me entrego a ti, con la ayuda de Dios.

- Prometo serte fiel en las alegrías y en las penas.

- Prometo serte fiel en las alegrías y en las penas.

Las manos de la Sheriff se deslizaron poco a poco sobre su regazo, hasta que palpó las cartucheras enlazadas en sus muslos. Sintió, incluso a través de las innumerables capas de tela, la fría seguridad confortable de sus armas.

- En la salud y en la enfermedad.

-En la salud y en la enfermedad.

- En la riqueza y en la pobreza.

-En la riqueza y en la pobreza.

Un clic sonó en los entresijos, mientras percutía el martillo, y entonces, repentinamente, una garra se posicionó sobre su mano, sujetándola cálidamente pero con firmeza. No desvió la mirada, pero por el rabillo del ojo se percató de que su acompañante no la estaba mirando. Ambos procuraban disimular. Dejándose arrastrar por el gesto, su mano se alejó del revolver que se mantenía escondido bajo su vestido y se posó en el regazo de él.

- Quiero amarte y respetarte.

- Quiero amarte y respetarte.

- y permanecer a tu lado todos los días de mi vida.

- y permanecer a tu lado todos los días de mi vida.

La vaquera deslizó la mano de debajo de la garra, y con una suave caricia, la posicionó encima. Su pulgar tras el de Oswald, su dedo índice entre los otros dos que formaban el resto de la extravagante mano del Pingüino. Con una expresión impasible, la rubia acarició suavemente la parte trasera del pulgar de su acompañante, tal como habría hecho para colocar el percutor del arma. Lo movió levemente, apuntando a Nate de forma disimulada, y cuando estuvo segura de que Oswald había comprendido la comparativa que había hecho entre su mano y el arma del que la había desviado, hizo un suave movimiento de índice, indicandole el momento del disparo.

- Hasta que la muerte nos separe.

- Hasta que la muerte nos separe.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   4th Agosto 2015, 06:43

"¡Pequeña campesina chiflada! ¿En qué estabas pensando?" Retiraba dos minutos su atención de la hermosura que tenía al lado y ya estaba planeando cómo convertir la ceremonia en una masacre digna de Columbine. Sin pensarlo demasiado, agarró una de sus manos con la esperanza de que eso distrajera sus ideas lo suficiente como para no seguir la tarea con su mano libre. Pareció funcionar, y de hecho, la muchacha empezó a juguetear con su zarpa distraídamente. Oswald dejó escapar una sonrisa condescendiente ante las excentricidades de la joven cuando comprobó lo que estaba haciendo tras un rápido vistazo. Acababa de salvar a todos los presentes y el universo le recompensaba haciendo manitas con el inestable bellezón sentada junto a él "Chúpate esa, Batman"

El mal trago casi le había hecho olvidar que acababa de ver por primera vez a su ídolo de juventud, miss Belant, a partir de ahora, Miss Logan. No se imaginó que años después de leer con avidez sus artículos en la facultad, conservaría una belleza tan interesante. Sin duda, si ese idiota de Nate desaparecía, se plantearía muy seriamente ser amable con ella.

La ceremonia pasó sin más percances, y conforme fueron invitados a abandonar la capilla en dirección al jardín trasero, el gesto de la vaquera se volvió más y más radiante. Estaba claro que quería llegar al banquete para ver a su padre fracasar... Tendría que investigar la fuente de ese odio. Bien pensado, no conocía mucho sobre su socia criadora de caballos, salvo su excelente labor, su fuerza y furia dignas de cualquier guardaespaldas profesional, y su indomable carácter. Apenas había visto en el día de hoy algo de su debilidad, pero si estaba atento, seguramente podría saber mucho más. Sumido en sus cavilaciones, vio a los invitados agolparse entorno a los novios tras la sesión de fotos junto a los rosales, momento en que Oswald vio su oportunidad de hablar con lady Belant, por lo que expresó su deseo a su acompañante antes de encaminarse hacia allí.

- Querida, quisiera saludar a Miss Belant, ¿Te importa si nos acercamos ahora que la muchedumbre se ha disipado un poco?

Una vez en presencia de la novia, Oswald sonrió emocionado. Se sentía como un crío ante su cantante de rock favorito, aunque le resultaba ridículo a sus 28 años... Podría haber acudido a conocerla cientos de veces, pero estaba más ocupado en otros asuntos... SU clase de asuntos. La mujer se volteó para recibir al recién llegado, y su cara reflejó sorpresa y algo de melancolía. Oswald temió que le juzgase por el físico como los demás, eso hundiría la imagen que tenía de ella; Pasó sus años de facultad enviando cartas a la redacción del Gotham Nature's cabinet para comentar la columna semanal de Belant, e incluso la felicitó cuando escribió su primer monográfico. Ella siempre respondió con ingenio y amabilidad, y fue maravilloso... al menos hasta que terminada la carrera, tuvo que dedicarse al crimen. No supo nada más salvo por las noticias y las revistas especializadas. Ahora todo dependía de ella...

- Oswald Cobblepot... Al fin te he conocido en persona - La mujer exhibió una sonrisa casi maternal, mientras alargaba una mano hacia él- Veamos si es cierto todo lo que una oye sobre tu caballerosidad.

Sorprendido ante la reacción de la mujer, el Pingüino tardó un par de segundos en reaccionar y besar el dorso de la mano que ella gentilmente le había tendido. Luego, la dama prosiguió:

- Excelente... Tal y como esperaba verte. Permíteme tutearte, después de tanta correspondencia lo veo de lo más natural, y he de decir que la adoraba Oswald, veía en tus palabras que eras un chico brillante, inteligente, apasionado, ¡le ponías tanto interés a mis artículos, me sentí realmente halagada!, pero no te negaré que cuando vi en las noticias que mi adorado muchacho se había convertido en un criminal, algo se rompió en mi interior... Afortunadamente, veo que ahora eres un hombre de bien, y vienes muy bien acompañado -Dejó escapar una sonrisa picarona observando a su hijastra y luego a Oswald.

- No se apure miss Belant, ella fue quién solicitó que la acompañase, somos meros socios. Sobre mi situación... Lamento haberla decepcionado entonces... Mi situación no fue la mejor, y opté por una vía equivocada. Ahora todo está bien. El Club va viento en popa, y tengo otros negocios que me mantienen a flote, lejos del mal camino...- La voz de Oswald se fue apagando lentamente conforme avanzaban sus explicaciones. Se sentía terriblemente mal por estar mintiendo a alguien que tenía tanta fe puesta en él, pero así era la vida. La novia se acercó entonces a su oído y le susurró en tono juguetón:

- ¡Las manitas en la iglesia no son cosas de socios!- Se irguió, y despidiéndose con un gesto simpático, se unió al resto de los invitados y a su esposo. Oswald se llevó la zarpa a la cara, resignado "¿Ahora todo el mundo va a creer que me porto como un adolescente en celo en una ceremonia como ésta? Debería haberla dejado disparar..."

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   6th Agosto 2015, 12:37

Para ella, el beso final de la ceremonia resultaba similar al que llamaban "El beso de judas". En cualquier otra circunstancia, si la novia hubiese sido como acostumbraban a ser las que según había visto interesaban a su padre, entonces no tendría problema en dejarlos a su aire.Al fin y al cabo cuando recibió la carta, esperaba haber encontrado el nombre de alguna señorona viuda de Texas de la que poder sacar tajada de alguna manera. Pero, para su sorpresa, no se trataba de nada de eso, si no de una mujer que efectivamente, se dedicaba al estudio de animales, y no en la manera casera en la que él estaba acostumbrado, con boato, fiestas, mozos y capataces que hacían por el todo el trabajo. No. La Señora Jennifer Belant había demostrado ser una ornitóloga experimentada, con determinación suficiente como para ir por ahí cubierta de restos de plantas, lodo y algas con tal de poder encontrar, catalogar y estudiar en su habitat sus especies favoritas, con el único objetivo de utilizar sus estudios para aplicar la etología a la construcción de medios similares para aquellas especies en cautividad.

Aunque las aves no estaban dentro de su interés laboral, eso no impedía que sintiera fascinación por todo tipo de animales, y por ello se había hecho con unos cuantos estudios para comprobar hasta qué punto estaba la tal Belant comprometida con su trabajo. Cuando terminó de leerlos, fue cuando se le ocurrió la idea de su regalo de bodas. Era brillante, impecable, la haría llorar como no lo haría el beso, el brindis ni el baile oficial. Estaba deseando dárselo, no solo por la sorpresa de ella y la cara de su padre, si no por lo que de manera circunstancial incluiría a Oswald. Una sorpresa por partida doble.

Al aproximarse a saludar, muchos de los invitados abrieron espacio. Al fin y al cabo la hijastra estaba intentando hablar con sus nuevos padres, incluso a pesar de que la compañía que traía consigo producía en Nate un tono de alerta que durante un segundo fue claro en su cara. Fue reclamado durante un momento, lo cual les dejó vía libre para hablar con Belant, el ídolo de la infancia de su acompañante, que por mucho que quisiera ocultarlo, estaba con los nervios al descubierto.

- Enhorabuena, Señora Belant. - dijo la Sheriff, tendiéndole una mano, a la que ella respondió cogiéndola entre las suyas. Un gesto algo efusivo, teniendo en cuenta que no se conocían.

- Muchas gracias, y por favor, llámame Jennifer. Es absurdo andarse con formalismos en estas circunstancias. - respondió ella, sonriente y radiante.

La vaquera le dedicó una suave sonrisa, y esperó viendo cómo la mujer entablaba la conversación sin esperar a que Oswald se dirigiera a ella. Captó perfectamente la incredulidad del pingüino al comprobar que le hablaba con toda naturalidad, alabando incluso las cartas que había recibido de su parte durante la facultad. Si que debía estar prendido de ella. Aunque quizá era un poco mayor para él. Tuvo que obviar el hecho de que conocía algo mas allá de su vida en el local, y que, podría decirse, no estaba del todo limpio. De hecho, en ese mismo momento, el regalo de la mujer a quien adoraba y con quien hablaba estaba siendo trasladado a la cámara acorazada del Iceberg. La vaquera tuvo que contener la risa, ante la ironía, y consiguió hacerlo cuando su madrastra susurró algo que hizo que Oswald se echara la mano a la cara. La mujer se despìdió con un gesto amable y una mirada cómplice a su hijastra, que dio a entender claramente que quería continuar su conversación con ella en el futuro, pero el fotógrafo la reclamaba. De hecho, el fotógrafo se acercó para reclamarlos a ambos, posaron en una foto los cuatro, y luego, se hicieron la tradicional foto de familia, sólo con Rebecca. Tras la sesión tuvo que esforzarse por salir de la marejada de parejas que aún esperaban su fotografía. Por el jardín trasero comenzaron a pasear hombres en esmoquin cargados con copas de champan. Cogió dos y le ofreció una a Oswald, en cuanto lo tuvo cerca.

- ¿Qué te ha dicho mi nueva Ma? - comentó sin evitar un deje pueblerino y bastante sarcasmo. - Estabas como un potro al que llevan por primera vez al veterinario. Si que debe gustarte esa mujer, ¿eh?. - preguntó, dándole un sutil codazo cómplice y riéndose después.

Ahora era sólo cuestión de tiempo. Después del cóctel, vendría el banquete, y entonces no sólo desesperaría a su padre, si no que tendría a la novia a su merced. Bebió un sorbo de champan, y se relamió los labios con la sensualidad que le era propia, pues desconocía que la tenía. Sus ojos mostraban una determinación excitada. Jugueteó con la copa, caminando distraídamente por el convite. Ya casi lo podía saborear.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   9th Agosto 2015, 05:50

Oswald salió de sus frustrados pensamientos cuando una copa de champagne apareció frente a él, sostenida por la vaquera. La observó algo resentido en un principio, ya que por su culpa había tenido que montar ese numerito en la iglesia que todos confundían con algo que no era, pero pronto dejó correr esa mueca y dio un sorbo a la copa escuchando la alegre charleta de su acompañante:

- ¿Qué te ha dicho mi nueva Ma? Estabas como un potro al que llevan por primera vez al veterinario. Si que debe gustarte esa mujer, ¿eh?

Casi se atragantó ante la afirmación de la muchacha, pero se esforzó por recuperar la compostura, y recolocándose la corbata con disimulo, respondió a las preguntas sin poder evitar cierto rubor en sus amplias mejillas. A veces su descaro era más mortal que sus pistolas...

- Nmeh... Nada importante en realidad; Creyó que estábamos haciendo manitas en la ceremonia cuando te detuve, y supongo que tu padre debe pensar lo mismo. En realidad, seguramente todos los invitados lo crean... Qué bochorno- Dio un largo trago al champagne- Sobre lo segundo... Descubrí a Belant cuando mi madre me compró un pequeño ensayo suyo a los 16 años. Ella amaba los pájaros, de hecho, los criaba en un aviario estupendo que teníamos en el jardín, y fui el único de sus 4 hijos que heredó dicho interés. Me gustó la claridad con que estaba narrado el libreto y la cantidad de datos que conseguía transmitir, por lo que seguí sus publicaciones desde entonces. De hecho, ella fue mi segunda gran influencia a la hora de decidir licenciarme en Estudios ornitológicos. Durante mi estancia en la universidad, permanecí en una residencia alejado de todo, y la correspondencia con ella mitigaba mi soledad a la vez que me divertía. Reconozco que con 20 años ver a esa belleza morena persiguiendo aves por la jungla de Borneo era toda una fantasía, pero sólo fue eso, un amor platónico de juventud. Aunque has de reconocer que pese a la edad, tu madrastra aún está de muy buen ver... Ha sido una sorpresa más que agradable, la verdad.

Sorbió de nuevo la copa y suspiró, ¿Qué hacía contándole su vida a aquélla ranchera? Aún no había bebido tanto como para relajarse de aquélla manera. Echó un vistazo rápido al líquido dorado y después desvió la mirada a su acompañante. No sabía si estaba pensando en la sorpresa que iba a llevarse Nate en un rato, pero estaba radiante, aunque con un deje de maldad en su sonrisa que decidió coronar repasando aquéllos carnosos labios con un movimiento de su lengua. No, definitivamente no iba tan bebido como para sentir de pronto un calor tan intenso, pero era otro fuego el que encendía las brasas... "Cómo me haces sufrir Logan... Tu picardía es un veneno muy dulce para los hombres" Terminó su copa mientras su mente retornaba al momento en que posó su garra en el muslo de aquélla preciosidad. Pese a que sólo se trató de una artimaña para evadir a ese tal Lewis, la muchacha no pareció sentirse molesta en absoluto por aquél roce, y de hecho, tampoco cuando él alejó su mano de las pistolas posándola en su propio regazo. Incluso entonces, ella comenzó con esa excentricidad de juguetear con su garra como si fuese un arma... Suspiró resignado; Era una mujer extraña. Al rato, Oswald estaba ya harto de dar vueltas entre desconocidos cual tiovivo, y agarró la botella de uno de los camareros que pasaba por su lado, enseñándosela a la vaquera mientras indicaba con la cabeza a un rincón con un banco de piedra bajo una pérgola de Glicinas en flor.

- Estaré allí si me necesitas Logan, mis piernas necesitan un descanso. No deberían tardar en emprender la marcha hacia el banquete, así que pronto podremos celebrar tu "travesura". Aunque si gustas, podríamos empezar a celebrarlo ahora... -Dejó escapar la última frase de forma insinuante, casi seductora, acompañándola de una mirada acorde con dicha intención. Adoraba flirtear con bellas mujeres, aunque se trataba de un mero pasatiempo, pues jamás ninguna se había interesado en él, por obvias razones. A veces, cuando estaba de particular buen humor, incluso le divertía verlas "huir" ante tales comentarios.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   2nd Septiembre 2015, 01:23

Ver como el pingüino se descomponía por culpa de su pregunta hizo que la vaquera contuviera la risa. La verdad es que en el fondo, Oswald era un tipo bastante cómico, sobretodo si algo ponía en peligro su estudiada cordialidad. Precisamente como ella había hecho con esa pregunta que cualquiera habría podido llegar a considerar inapropiada, y desde luego indecorosa. Pero la respuesta fue evidente, y más aún cuando comenzó a explicarse. Ella escuchó disimulando la verdadera atención que estaba prestando a sus palabras. Parecía escucharle con tranquilidad, pero en realidad, apuntaba en su mente cada dato. Muchas de las cosas no fueron mas que un refresco a los conocimientos sobre él que ya había afianzado. Desde su primer contacto, había hecho sus deberes. Había estudiado diferentes visiones que tenía la prensa, los críticos y algunos clientes sobre su negocio. Había estudiado todos los datos personales que le habían sido posible, y ahora, mientras hablaba, los iba confirmando poco a poco. Siempre es apropiado conocer a tus alguaciles a fondo, aunque eso no signifique que puedas darlos la espalda.

- Conocía tu interés en Belant, pero no que fuese tan íntimo. - dijo con cierto retintín, apurando su copa de champán sin mucha lindeza y dejándola en la bandeja de un camarero para coger otra. - Tienes razón. Es una mujer imponente. - añadió con una sonrisa, alzando la copa en un mudo brindis por ella.

Lo lamentable es que fuese a entrar en la espiral de decadencia que le auguraba junto a su padre. Después de pasear durante algún tiempo, saludando a los participantes al convite, Oswald hizo la sugerencia más inteligente con la que se había topado. Cogió una botella de espumoso a un camarero y buscó un sitio tranquilo y apartado del jardín mientras los novios terminaban de echarse fotos, saludar a los invitados y aclarar qué coche seguiría a qué otro. Lo mejor que podía hacer era retirarse durante un rato a un sitio tranquilo, con sombra y apartado, esperando que toda esa mamarrachada acabase lo antes posible. Aquel vestido la estaba asando de calor.

- Si tan seguro estás de que todo está bien, no veo porqué no. - respondió encogiéndose de hombros y quitándole la botella de las manos, para darle un buen trago sin servir en la copa, sólo por el afán de diversión que era hacer un gesto tan natural para ella en un sitio como ese. Unas gotas de espumoso cayeron por su cuello y se las limpió con la mano, mirando hacia Oswald. - Ese es buen sitio. - dijo, señalando con la mano que cargaba la botella hacia un banco apartado. En lugar de sentarse con elegancia, simplemente se dejó caer, abriendo las piernas un poco, tal como se habría sentado de llevar pantalones. Lamentablemente el vestido no daba para mucho así que la tela hizo resistencia contra sus piernas enseguida. - ¿Esto es siempre así? - le preguntó con tono cansado de pronto. Resopló dándose aire con la mano. - No se cómo lo aguantas. - concluyó negando con la cabeza.

Se permitió quedarse así durante un rato, en silencio, mirando como todos saludaban a todos, y cómo ponían cara de condescendencia y de fingida alegría al toparse unos con otros. Era como ver un criadero de ratas que no saben que ya no hay comida, seguirían con sus vidas hasta que llegara el momento y se dieran cuenta de que tienen que devorarse unos a otros para poder comer. Cogió aire profundamente, entornando los ojos, mostrándose pensativa. Un montón de sentimientos se asomaron por un momento en la cristalina mirada azul de la Sheriff encubierta, mostrando cosas que no mucha gente habría sido capaz de percibir hasta entonces. Había en ellos triunfo, frialdad, pero también, por un momento, pareció que brillaba la tristeza y también la nostalgia. Se giró entonces hacia el pingüino, mirándole con expresión decidida, pero mohína.

- Debes preguntarte a qué viene tanto odio. - dijo, reflexiva. Se sirvió una copa de champán. - Pasó hace mucho tiempo. Él...- un dolor intenso prendió el fondo de sus ojos azules, como témpanos de hielo. Aún le costaba siquiera plantearse hablar de ello. - Me arrebató a alguien muy importante para mí. Desde entonces, para mi está muerto. - añadió, mirando hacia delante, bebiendo.

No sería difícil para un hombre como Oswald reconocer en esa expresión una carencia brutal de sentimientos. No era algo que dijera por encubrir su dolor. Realmente, al mentar a su padre, no parecía sentir nada mas allá de un profundo rencor. De alguna manera, creyó que debía explicárselo. Como si el hecho de haberle comprometido a hacer lo que había hecho, y además le contara cosas de él, justificara la necesidad de que fuese algo recíproco. Miró de nuevo a su rostro de nariz aguileña, y le dedicó una suave sonrisa.

- ¿Quieres que te cuente un secreto, Oswald?- dijo en un tono de cierta picardía. Se puso un dedo sobre los labios y chistó, mientras se inclinaba hacia él. - Tengo que decírtelo al oído. - añadió, colocando una mano tras el oído de él, como para cubrirlo de posibles miradas y fisgones indiscretos. Sus labios estaban tan cerca de su oído que pudo notar su aliento en la oreja y el cuello. - Yo tenía diez, quizá once años. Cuando él me la arrebató, me enfadé mucho. Tanto que cuando supe que se había ido a dormir ya borracho, bajé al establo de nuestro viejo rancho, cogí el cuchillo de limpiar los cascos a los caballos, y subí hasta su habitación. Lo único que hacía ese malnacido era roncar boca arriba, tan tranquilo, como si no hubiera hecho nada. Creo que eso fue lo que acabó por enfurecerme del todo. Me acerqué a la pierna que tenía fuera de la cama, flexionada, apoyándose en el suelo. Levanté el cuchillo y se lo incrusté con toda la fuerza que pude, con tanta suerte que le di en el hueco de la rótula. - hizo una pausa para tomar aire, y cerró los ojos. - Le rompí tres ligamentos, le astillé el hueso, y cuando se levantó, se desgarró de tal manera que se meó encima. Tratando de encubrirlo, tardaron tanto en ir al hospital que no pudieron salvarle la pierna. - finalizó separándose de él. Volvió a sentarse, apoyando los codos en las rodillas. Sus ojos estaban mirando mas allá de los invitados, de la boda, del convite. Estaban asomados directamente al pasado. - Ahora ya sabes porqué ese hijo de puta está cojo. - añadió, con un tono neutral que sin duda daba miedo.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   2nd Septiembre 2015, 11:38

Escuchó aquélla historia atentamente, sin perder detalle. Tal vez ella pretendiera asustarle o intimidarle de alguna forma con ello, pero lo cierto es que el efecto fue todo lo contrario. Esbozando una sonrisa satisfecha, observó la pierna robótica de Logan padre, y luego miró a su acompañante. Sin duda alguna el numerito del asiento del coche se quedaba corto ante lo que era capaz de hacer esa mujer, y ninguna duda cabía ya sobre su sospecha de que el espantoso crimen contra el viejo ranchero Mc'Donald también había sido cosa suya. Era una mujer a la que le gustaba hacer las cosas a su manera, una valquiria vengativa... Un maldito encanto.

Elevó su copa y la entrechocó con la botella que ella llevaba en las manos. Luego la miró con un deje que revelaba su naturaleza criminal, dándole un efecto escalofriante a su sonrisa siniestra.

- Para tu tranquilidad, te diré que existen vestidos más anchos y cómodos que el que llevas puesto cielo... Sobre el ambiente... Bueno. Soy un ave de ciudad, gozo con los lujos y la apariencia, y aunque no lo creas, hay cosas realmente buenas entre las toneladas de porquería que ves a simple vista. La ópera, por ejemplo. O poder conocer a personas de la vida pública que admiras, ver la otra cara del teatro... Si sabes cómo moverte, es un mundo fabuloso- Dio un largo trago al champán, y entonces vio a todos los invitados moverse hacia el área de aparcamiento- Creo que ya nos vamos. Y acerca de tu relato... Yo sólo veo un trabajo bien hecho. Excelente de hecho, para una cría de once años -Guiñó un ojo cómplice a su acompañante, levantándose del asiento, y dejando abandonada allí la copa, luego, puso su brazo en jarra gentilmente.

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MensajeTema: Re: ¡VIVAN LOS NOVIOS! (Penguin)   2nd Septiembre 2015, 14:12

Su reacción la sorprendido, en el mejor de los sentidos. Cuando le conoció, tuvo la sensación de que a pesar de las apariencias, ella y Oswald tenían bastantes cosas en común. Una de ellas es que ninguno de los dos se dejaba amedrentar, ni humillar por nadie. Otra, que les gustaba hacer las cosas a su manera. Oswald tenía sus métodos, y ella, su ley. Su respuesta, incluso con esa sonrisa de sierra que habría hecho que mas de uno se lo pensara dos veces antes de disgustarle o decepcionarle, le confirmó sus sospechas. Puede que no se parecieran en sus costumbres, sus círculos o sus modos. Pero el pingüino sabía apreciar que al menos sus voluntades, si eran iguales.

Habló con ella de todo lo anterior, sobre cómo se comportaban las altas esferas, sobre el lujo y las apariencias que a ella tanto le habían enfermado en otro tiempo, cuando sus padres trataban de doblegar su voluntad para hacerla encajar en sus círculos políticos y llenos de clasismo. Como si lo que acabara de oír no fuese mas que otro retazo de una tranquila conversación. Cuando al fin se pronunción al respecto, ella le correspondió con una juvenil sonrisa. Se levantó del banco y se colocó junto a Oswald.

- Gracias, Señor Coblepot. - dijo ella con un fingido tono afeminado, enlazando su mano en el brazo que ofrecía su acompañante. Mientras andaban, dejando atrás las glicinias, y a los paparazzis inadvertidos escondidos en torno a ellas, respiró profundamente el aire perfumado que desprendían las flores, acordándose de su amiga Hiedra, y caminó hacia la salida. - ¿Sabes una cosa? Jamás he ido a la ópera. - dijo con aire resuelto y distraído, cediéndole el mando al ritmo de su conversación. Seguro que a ese respecto, Oswald tendría mucho que decir...

[CONTINÚA AQUÍ ]

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