Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]

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Eclipse
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MensajeTema: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   30th Marzo 2015, 02:50

209 West Houston Street, en Lower Manhattan, exactamente en el extremo contrario de donde vivía él. Había tenido que coger la línea dos en el Parque Este y le había llevado exactamente 55 minutos llegar hasta su parada en Hudson Square. Había dedicado aquél tiempo a investigar el lugar designado por la doctora para la cita utilizando la tarifa de datos de su teléfono móvil. No es que hubiera podido avanzar mucho por culpa de la cobertura, pero había conseguido averiguar algunos datos interesantes: El Film Forum era un cine sin ánimo de lucro que se había fundado en 1970 como un lugar alternativo en el que visionar películas independientes, habiendo crecido exponencialmente desde entonces hasta el punto de abrir una filial en Greenwich Village hacía 30 años. Por lo visto era el único cine autónomo sin ánimo de lucro existente en Nueva York, y uno de los pocos en Estados Unidos. Impresionante. Considerando la profesión de la doctora Stavridis era de suponer que tendría una gran formación cultural, pero por lo que parecía se trataba de una persona intelectual con interesantes aficiones. Era una pena que hubiera estado siempre demasiado obsesionado con la venganza como para permitirse tener algún interés más allá de la música, aunque ésta última, más que una afición había llegado a convertirse en una válvula de escape para él. Quizá ahora podría empezar a cambiar eso, a descubrir nuevas aficiones e intereses... un paso más en su proceso de socialización.



Subió las escaleras que le conducirían hasta la boca del metro y, una vez fuera, localizó con la mirada la marquesina del cine. Sencillo y modesto. No habría esperado otra cosa. El nombre, "El piano", estaba anunciado en uno de los laterales, junto con otras películas que tampoco reconoció. Lo único que conocía de la que iban a ver era la espectacular banda sonora obra de Michael Nyman, con temas tan emotivos y bellos como Big My Secret, The Heart Asks Pleasure First, The Promise, The Scent of Love, The Sacrifice, All Imperfect Things... Nyman no le gustaba especialmente (siempre le había parecido que Philip Glass era en general bastante mejor), pero no cabía duda de que aquella banda sonora era su mejor logro, y no podía negar que le suscitaba cierta curiosidad ver por fin la película.

Se encontró a la doctora justo en el semáforo antes de cruzar la calle, tan puntual como habría cabido esperar. La saludó de manera cortés pero manteniendo una respetuosa distancia, ya que entendía aquello como una manera de continuar la terapia en un lugar alternativo más que como una improbable reunión de amigos, y no quería meterla en problemas con el asunto del código deontológico.

Una ráfaga de aire frío les sacudió mientras cruzaban la despejada avenida y Drago se metió las manos en los bolsillos de la gabardina para resguardarlas.

- He estado pensando en lo que me dijo ayer acerca de que le gustaría oírme tocar... -dijo, por iniciar conversación, ya que era la segunda vez que la veía y no tenía muy claro de qué hablarle. Aquella situación era totalmente nueva para él. No estaba acostumbrado a relacionarse con la gente en ambientes que no fueran de trabajo, y el hecho de que Elissa fuera su doctora lo volvía todo un poco más extraño-. En realidad... nunca he tocado para nadie -evitó mirarla mientras lo decía, simulando estar pendiente del tráfico y las luces del semáforo, pero la verdad era que imaginaba que aquella confesión debía resultar extraña para Elissa viniendo de un profesor de música y prefería no ver su reacción de sorpresa-. Considero la música un vehículo de expresión más acertado incluso que las palabras... Las palabras pueden mentir, pero la música... la música siempre es verdadera.

>>Imagino que conocerá la historia de Beethoven. Odiado y criticado por su carácter huraño e irascible cuando en realidad poseía un corazón capaz de albergar las más intensas y apasionadas emociones... Cuando murió, solo y sin amigos, se encontró entre los papeles de su testamento una carta dirigida a una tal "amada inmortal". Se trataba de una carta de amor que jamás llegó a ser enviada, y encerraba unos sentimientos tan puros y hermosos que los abogados que la leyeron apenas cabían en sí del asombro. No parecía posible que la hubiera escrito Beethoven, pero la letra era indiscutiblemente la misma, así como las iniciales con las que firmaba. Y yo me pregunto: ¿cómo esos necios no pudieron darse cuenta de la verdad? No hay más que escuchar su música para saber que alguien capaz de componer piezas tan hermosas no podía ser un desalmado sin corazón, sino más bien todo lo contrario... Un animal herido que se refugió detrás de una coraza de hostilidad incapaz de soportar la amargura que le producía su sordera. Murió sin que la gente supiera cómo era de verdad.

Se detuvo al llegar ante la cola del cine. Al menos, era gratuito, lo cual evitaría momentos incómodos a la hora de pagar sin saber si estaría fuera de lugar invitar al otro o si quedaría mal pagar sólo su entrada...

- Si la gente me escuchara tocar... -continuó al cabo de un instante, pensativo-, llegarían al fondo de mi alma, averiguarían la verdad. Verían que soy... vulnerable. Sé que... me he estado protegiendo. El profesor logró convencerme de eso, y de la necesidad de tocar ante otros, pero aún no reuní el valor para hacerlo. Estuve a punto, una vez, en la gala benéfica de Coney Island que iba a tener lugar en abril, pero el evento se canceló por culpa de un chiflado pirómano. No sé si lo vio... salió en las noticias. Salió ardiendo todo el parque. Y creo... que una parte de mí se alegró por ello, por la válvula de escape que me proporcionó el ataque, porque han pasado varios meses desde entonces y no he vuelto a intentarlo, ni siquiera con mis alumnos. ¿Me equivoco al suponer que al igual que el Profesor piensa que debería afrontar ese miedo? ¿Que debería... cambiar mi actitud, aprender a abrirme a los demás? Pero... ¿cómo combatir el miedo?

El miedo a que la gente descubriera que en realidad no era tan duro como pretendía ser, que albergaba un gran pesar y dolor en su corazón, que era vulnerable... y que ese descubrimiento le volviera débil.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   7th Abril 2015, 19:45

- No es ninguna cita, Lyz... - repitió la psicóloga, por enésima vez.

- Vas al cine con un hombre, lo mires por donde lo mires, es una cita - replicó Elysia, sin siquiera levantar la mirada del dibujo que estaba entintando.

- Voy a hacer terapia, con un paciente; lo mires por donde lo mires, me voy al trabajo - parafraseó Lissa, con una nota de ironía.

- Sí, claaaaaro, ahora lo llaman así. - resopló Lyz.

- Oh, entonces, ¿qué tengo que pensar de tus clases de magia con Brad? - fue la burlona respuesta.

Lyz emitió un extraño sonido, y la psicóloga se apresuró a salir por la puerta antes de que la dibujante encontrara algo que responder.

Elissa se sabía el camino al cine de memoria. Aunque llevaba un libro con ella, la chica fue incapaz de concentrarse en lo que leía. Estaba preocupada. Aún recordaba la crisis de ansiedad que había tenido Dragoslav en su consulta, y temía haber ido demasiado lejos al proponerle la visita al cine. Tenía claro que el mutante podía pasarlo mal, y ya tenía decidido dónde se sentarían: bastante cerca de la salida, por si Eclipse se acercaba al límite. La psicóloga quería ayudarlo, no causarle problemas. Ojalá la película le gustara lo bastante como para alejar el miedo de su mente, al menos durante los 121 minutos que duraba el metraje.

Lissa llegó la primera al punto de encuentro, pero su paciente no se hizo esperar demasiado. Dragoslav la saludó, con cortesía, pero sin demasiada familiaridad. La psicóloga supuso que sería tan extraño para él como para ella, de modo que se limitó a sonreír con naturalidad y devolverle el saludo.

Un viento helado acudió a su encuentro mientras avanzaban hacia el edificio, haciendo que Lissa se estremeciera y Eclipse se metiera las manos en los bolsillos. Dado el carácter reservado del que solía hacer gala su acompañante, la psicóloga había esperado ser ella quien rompiera en silencio. Sin embargo, para su sorpresa, fue Eclipse quien lo hizo.

- He estado pensando en lo que me dijo ayer acerca de que le gustaría oírme tocar... - dijo -. En realidad... nunca he tocado para nadie - la psicóloga lo miró, extrañada por la revelación, pero él tenía los ojos fijos en el semáforo. ¿Cómo era posible que un profesor de música no tocara para sus alumnos? ¿Se limitaba a enseñarles, sin actuar de ejemplo? -. Considero la música un vehículo de expresión más acertado incluso que las palabras... Las palabras pueden mentir, pero la música... la música siempre es verdadera.

Lissa creyó atisbar, por un instante, el interior de Eclipse, y la sensación se hizo más intensa cuando él le narró la historia de Beethoven. Nunca había escuchado tantos detalles acerca del compositor, ni a nadie que hubiera hablado de la persona que había tras la música con tanto respeto y delicadeza. Para bien o para mal, Dragoslav sentía una profunda conexión con aquel músico, y no era de extrañar. Un hombre con una discapacidad física, con un interior que era incapaz de demostrar; los paralelismos existían y, para Lissa, el vínculo estaba tan claro como el agua.

- Si la gente me escuchara tocar... - dijo el hombre, cuando al fin se detuvieron en la cola del cine -, llegarían al fondo de mi alma, averiguarían la verdad. Verían que soy... vulnerable. Sé que... me he estado protegiendo. El profesor logró convencerme de eso, y de la necesidad de tocar ante otros, pero aún no reuní el valor para hacerlo. Estuve a punto, una vez, en la gala benéfica de Coney Island que iba a tener lugar en abril, pero el evento se canceló por culpa de un chiflado pirómano. No sé si lo vio... salió en las noticias. Salió ardiendo todo el parque. Y creo... que una parte de mí se alegró por ello, por la válvula de escape que me proporcionó el ataque, porque han pasado varios meses desde entonces y no he vuelto a intentarlo, ni siquiera con mis alumnos. ¿Me equivoco al suponer que al igual que el Profesor piensa que debería afrontar ese miedo? ¿Que debería... cambiar mi actitud, aprender a abrirme a los demás? Pero... ¿cómo combatir el miedo?

- Bueno, estamos aquí para combatir el miedo, ¿no? - dijo Lissa, mientras ambos esperaban para poder entrar en la sala donde se emitiría la película - ¿Sabes...? Para Elisa es una de las pocas canciones que sé tocar con un piano... Mi madre me la enseñó. De hecho, era su canción favorita. Cuando era pequeña, le añadí una "s" al título de la partitura, y le cambié la "e" final por una "a". Pensaba que estaba mal escrito. - explicó, con una sonrisa nostálgica - Mi nombre es fenicio, me lo pusieron por la Reina Dido, de Cartago. No es el mismo nombre de la mujer a quien Beethoven escribió... pero yo adoraba esa melodía, de todos modos.

Lissa se obligó a detenerse. Ya había hablado demasiado de sí misma.

- Lo que quiero decir es que podríamos tocarla juntos. O podría tocarla yo primero, para que me digas lo muy oxidado que tengo mi piano después de doce años - rió, sintiéndose un poco culpable por ser un desastre a las teclas - En cualquier caso... el Profesor te conoce bien, y comparto su opinión. Pero hay muchas formas de afrontar el miedo. Yo hubiera sugerido empezar con menos audiencia, y... oh, ya entramos.

La cola en la que estaban había empezado a moverse hacia el interior del edificio, y Lissa y Eclipse entraron en el vestíbulo del cine. Aún quedaban quince minutos para la hora oficial en que empezaba la película. Por todo el lugar flotaba el delicioso olor del maíz.

La psicóloga no pudo hacer menos que volverse hacia Dragoslav con una amplia sonrisa, casi de niña pequeña.

- ¿Querrás palomitas? Yo invito.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   16th Abril 2015, 02:14

OOC: Aviso de Spoiler de la película "El Piano".

Eclipse sonrió. El período romántico era sin duda su favorito dentro de la música clásica, y en concreto Beethoven era de sus preferidos.

- Tiene usted buen gusto, doctora Stavridis, aunque mi sonata predilecta es la número 14, el "Moonlight". Debo decir que es una buena idea. El "Para Elisa" se suele utilizar en las lecciones de piano para principantes por tener una estructura de base bastante simple. Casi toda la música del período romántico se presta a ello, la verdad, y creo que me resultaría más sencillo tocar con público si lo hacemos en un entorno tan conocido y familiar para mí como el de una clase. Me sentiré menos... "evaluado" si soy yo quien la examina a usted. Y, además, así habrá menos audiencia...

Se interrumpió al ver que las puertas del cine se abrían y la cola se desplazaba hasta el hall de entrada. Incluso allí se notaba que no se trataba de un cine convencional, y que estaba dirigido a un público reducido y concreto. La sala era circular, con cómodos sofás pegados a las paredes para amenizar la espera hasta la hora en que empezara la película. El puesto de venta de las bebidas, palomitas y demás golosinas también era de forma circular y se encontraba justo en el centro de la sala. Como cabía de esperar, aquella parte no era gratis, y de hecho, según pudo observar, el precio de los productos era incluso algo más elevado que en otros sitios. De alguna parte tenían que sacar los beneficios, supuso. Se encogió de hombros.

- Soy totalmente inexperto en todo esto del cine, doctora. Por favor, haga lo que crea conveniente para conseguir que ésta experiencia sea lo más auténtica posible.

Procuraba continuar refiriéndose a ella por su apodo profesional para dejar clara cuál era la relación que existía entre ellos. La compañía de la psicóloga era tan agradable que podía llegar a olvidarlo en aquél contexto, y eso sin duda no resultaría nada adecuado, dadas las circunstancias.

- Además, no me parece mal dejar algo de dinero para fomentar que sigan existiendo actividades culturales gratuitas.

Lo creía de verdad, aunque la cultura nunca hubiese sido lo suyo. No por nada, en realidad. Sencillamente nunca había tenido tiempo para dedicarle a nada que estuviera más allá de la venganza, aunque últimamente se preguntaba si no habría estado desperdiciando su vida.

La psicóloga compró las bebidas y las palomitas y después se dirigieron por unas escaleras que había a la izquierda y que conducían hacia la sala de cine.

- Es un bonito nombre, por cierto -le dijo una vez estuvieron acomodados en sus respectivos asientos, con las luces todavía encendidas-. El suyo, quiero decir. No sabía que era fenicio, no conozco nada de historia antigua. Quizá algún día pueda contarme la historia de la reina que lleva su nombre.

Se arrepintió nada más decirlo. Se estaba metiendo en un terreno demasiado informal, y tenía que recordarse que ella no era su amiga, sino su médico. No podía tomarse aquellas confianzas, pero resultaba extremadamente difícil continuar comportándose como si se encontraran en un contexto formal cuando estaban allí sentados compartiendo un cartucho de palomitas.

Afortunadamente las luces menguaron relativamente pronto, aunque sin desaparecer por completo, sumiendo la sala en una semipenumbra que volvía la situación mucho más sostenible de lo que había sido en la consulta. La bellísima música que acompañaba los créditos de inicio también ayudó, por supuesto. Justo después, la voz en off de una niña con un marcado acento escocés comenzó la introducción de la historia de una mujer muda que utilizaba su piano como una forma de lenguaje. ¡Qué oportuna resultaba ahora la metáfora que había utilizado al principio con Beethoven! Dos músicos con alguna incapacidad para comunicarse que utilizaban la música como un medio de expresión, de la misma manera que él lo hacía, sólo que en su caso procuraba que ese lenguaje secreto no llegara a oídos de nadie, dejándole a él como único testigo de sus propios sentimientos.

Al principio, todo iba bien (más allá de alguna que otra dificultad para entender el acento). La historia y la música le absorbían lo suficiente como para que no fuera consciente de la escasa luminosidad. Hasta que las cosas se empezaron a torcer.

Comenzó en el momento en el que el señor Baines le propuso a la protagonista su retorcido acuerdo. Le permitiría tocar el piano, que era lo más importante en su vida, su única forma de comunicación, a cambio de permitir que él la tocara a ella. Le vendería el piano a cambio de disfrutar de su cuerpo. Tantas "visitas" como teclas tenía el instrumento.

Una sensación extremadamente desagradable comenzó a invadir al mutante, acompañada de un leve inicio de náusea. Por fortuna, la escena pasó rápida y pudo seguir viendo la película, pero ya no hacía comentarios, y se le iba notando gradualmente más tenso con cada nueva visita que la joven protagonista hacía al personaje interpretado por Harvey Keitel. "Levántate la falda". "Quítate el vestido". Con cada nueva petición sus labios se tensaban más y más hasta formar una fina línea blanquecina en su rostro. Clavó los dedos en el reposabrazos de la butaca en el momento en el que Baines desgarraba la camisa interior de la muchacha, y se puso pálido cuando la obligó a recostarse a su lado.

Ella tumbada boca abajo en la cama, claramente a disgusto, pequeña e indefensa mientras el hombre, más grande y fuerte, se encuentra tras ella y le acaricia de manera lasciva la espalda... Algo hizo "click" en su cerebro, y un recuerdo reprimido durante décadas pugnó por aflorar, arrebatándole el aliento y reproduciendo los mismos síntomas que le asaltaban cuando le atrapaba la oscuridad.

Pero una vez más la escena pasó rápido y se produjo un ligero descenso en el nivel de ansiedad, aunque seguía manteniéndose tenso en anticipación del próximo encuentro... que se produjo cuando él la recibió completamente desnudo y la forzó a acceder a sus demandas. Los ojos de Eclipse comenzaron a brillar con furia contenida, estallando en el mismo momento en el que la pequeña hija de Ada se asomaba por la rendija de la puerta para ver... lo que ningún niño debería presenciar jamás. Fue en ese preciso instante cuando la luz del proyector se apagó repentinamente al tiempo que las luces de los laterales incrementaban su intensidad, iluminando a un público perplejo y confuso.

- Parece que ha habido una pausa para el receso -comentó con voz ronca a su acompañante-. Será mejor que salgamos. No me encuentro muy bien.

Sin aguardar respuesta se puso en pie y salió de la sala, dejando un rastro de sudor allí donde sus manos se habían aferrado al reposabrazos. Le temblaban tanto las piernas que tuvo que apoyarse en el marco de la entrada a la sala para esperar a la doctora, y estaba tan pálido que realmente parecía que fuera a vomitar allí mismo.

- Lo... lo siento -dijo una vez ella se hubo reunido con él-. Se ve que no podía soportar la oscuridad por más tiempo.

Eso dijo, pero quizás, si la doctora era lo suficientemente perceptiva habría podido darse cuenta de cuáles habían sido los momentos en los que había comenzado a manifestar síntomas de ansiedad, y quizás también notaría que la película había vuelto a reanudarse en el momento en el que él había salido de la sala. Exactamente igual que cuando había utilizado sus poderes en su consulta.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   31st Mayo 2015, 18:59

- Tiene usted buen gusto, doctora Stavridis, aunque mi sonata predilecta es la número 14, el "Moonlight". Debo decir que es una buena idea. El "Para Elisa" se suele utilizar en las lecciones de piano para principantes por tener una estructura de base bastante simple. Casi toda la música del período romántico se presta a ello, la verdad, y creo que me resultaría más sencillo tocar con público si lo hacemos en un entorno tan conocido y familiar para mí como el de una clase. Me sentiré menos... "evaluado" si soy yo quien la examina a usted. Y, además, así habrá menos audiencia...

Lissa se guardó otra sonrisa culpable. Eso de "lecciones para principiantes" se le aplicaba muy bien. Y Dragoslav había dado en el clavo, ese "sentirse menos evaluado" era lo que la psicóloga buscaba. Pese a la cortesía del hombre, pese a su disposición a iniciar la terapia, Lissa lo notaba distante. Era muy reservado. Y aquella relación cordial que se había establecido entre los dos, aunque no la molestaba, tampoco la permitía avanzar. Él la había colocado en una especie de posición up; se lo recordaba cada vez que la trataba de usted, por más que ella se empeñara en pasar al tú. Tal vez se equivocara, pero Elissa tenía la sensación de que eso la dejaba "fuera". No era una psicóloga que olvidara los límites de su profesión; no buscaba una cercanía más allá de lo necesaria con sus clientes, de hecho, tenía bastante miedo a establecer relaciones estrechas, ya fuera en lo personal o en lo profesional. Pero Dragoslav...

No había estado en su cabeza, pero si su subconsciente era tal y como ella lo imaginaba, tenía que estar lleno de muros. Y Lissa tenía la sensación de que, desde el otro lado de aquellos muros, ella no podría ayudarlo. Sin embargo, si él dejaba de verla como alguien distante (aunque para ello tuviera que reñirla sobre su forma de maltratar un piano); si él se abría un poco más, tal vez...

- Soy totalmente inexperto en todo esto del cine, doctora. Por favor, haga lo que crea conveniente para conseguir que ésta experiencia sea lo más auténtica posible. Además, no me parece mal dejar algo de dinero para fomentar que sigan existiendo actividades culturales gratuitas.

Impresionante. Formal hasta la médula, incluso para pedir palomitas. Lissa decidió que le compraría unas grandes.

Buscaron sus butacas, y tomaron asiento.

- Es un bonito nombre, por cierto - dijo él, mientras esperaban que empezara la película. La psicóloga parpadeó, sin comprender, hasta que Dragoslav le aclaró a qué se refería -. El suyo, quiero decir. No sabía que era fenicio, no conozco nada de historia antigua. Quizá algún día pueda contarme la historia de la reina que lleva su nombre.

Ella sonrió.

- Cuando quieras. Es una historia de amor. Bastante triste, me temo. - sintió una punzada al decirlo, sin saber la razón.

Se había hecho un silencio extraño entre ambos. Dragoslav parecía algo ausente; probablemente, sumido en sus pensamientos. Lo que seguía no iba a ser fácil para él. Al pensarlo, Lissa volvió a sentir aquella fuerte corriente de empatía, la misma que la había golpeado en su despacho, en la primera sesión. Ojalá todo aquello funcionara. Quería ayudarlo de verdad.

Las luces menguaron, y ella lo miró de reojo, mientras fingía poner su atención en la pantalla. Se sintió bastante aliviada al no verlo tenso y rígido, como había esperado. La música llenó sus oídos, el prólogo acudió a su encuentro. El metraje se desarrollaba lentamente ante sus ojos, y Lissa, más tranquila por su compañero, fue dejándose absorber por la historia.

Al principio, invadida por su propio malestar ante la escena del trato, no fue consciente del cambio en Eclipse. La película avanzaba, la angustia de Lissa crecía... y los dedos de Dragoslav se cerraron con fuerza alrededor de los reposabrazos de la butaca.

La psicóloga notó el cambio de postura y ladeó la cabeza. Todo el cuerpo del hombre emanaba tensión. Lo oyó tomar aire abruptamente, mientras sus nudillos palidecían. Pensó en susurrarle que salieran. Sin embargo, la escena terminó, y él pareció calmarse. Aún así, Lissa no volvió a centrarse en la pantalla. En lugar de eso, siguió mirándolo a él.

Y vio cómo perdía el control, el proyector se detenía, las luces regresaban y la gente parpadeaba sorprendida, todo en rápida sucesión. No fue capaz de hacer nada por impedirlo; cuando el resto del público empezó a recuperarse de la sorpresa, él ya se estaba levantando de la butaca.

- Parece que ha habido una pausa para el receso. Será mejor que salgamos. No me encuentro muy bien. - le dijo.

Su voz había sonado ronca, llena de emoción contenida. Cuando lo alcanzó, en la puerta de la sala, estaba mortalmente pálido.

- Lo... lo siento -se disculpó, mirándola -. Se ve que no podía soportar la oscuridad por más tiempo.

Elissa negó con la cabeza. Llevaba el tiempo suficiente mirándolo como para saber qué escenas habían terminado por desgarrar su autocontrol. Tras ellos, en la sala, las luces volvieron a apagarse. Parecía que la sesión iba a continuar.

- Tendría que haber escogido otra película - susurró ella, poniéndole tentativamente una mano en el hombro. Sintió un temblor casi imperceptible bajo sus dedos; las emociones se retorcían dentro de él, como animales en una trampa- Vamos, nos irá bien un poco de aire. - murmuró. Lo tomó del brazo, obligándolo con cierta firmeza, no exenta de dulzura, a acompañarla.

Salieron del cine, y ella buscó una calle lateral. La gente con la que se cruzaron apenas les prestó atención, demasiado embebidos en sus prisas o sus propios asuntos como para preocuparse de los demás. Al fin, Lissa dio con un banco, esperó a que él se sentara, e hizo lo propio a su lado. No rompió el silencio; escuchaba la respiración de Dragoslav, esperando el momento en que se normalizara. Tampoco le soltó el brazo, aunque relajó la presión que había ejercido sobre él.

Lo había forzado demasiado, de nuevo. El hecho de que algo así hubiera sucedido únicamente confirmaba la hipótesis de Lissa. La oscuridad era sólo una de las formas que tomaba el pasado de Eclipse para torturarlo. La exposición progresiva podría ayudarlo a aguantar en una habitación en penumbra, sí, pero... ¿de qué le serviría todo aquello? La psicóloga no era ni la fan número uno de Freud, ni una defensora ferviente del psicoanálisis (lo cual no dejaba de ser curioso, en alguien con el potencial de visitar subconscientes) pero no creía que Dragoslav pudiera seguir adelante mientras no hiciera las paces con su pasado. La guerra que lo había marcado seguía librándose allí, en algún lugar de su mente, y si tan sólo ella pudiera...

Pero... Ella podía, podía entrar ahí dentro, podía intentar...

Lissa se detuvo, aterrorizada por el curso que estaban tomando sus pensamientos. Ya no era Psique. No sabía ayudar a la gente cuando caminaba por sus mentes. Había manipulado sentimientos, había borrado recuerdos, había hecho daño y había terminado en la cárcel. Por mucho que deseara salvar al hombre que había ante ella del pasado que lo perseguía, no podía hacerlo.

No podía salvar a nadie.

La impotencia la golpeó, como un bofetón en pleno rostro. ¿Por qué se estaba convirtiendo en algo personal? ¿Qué le estaba pasando?

- ¿Estás bien?- murmuró, obligándose a volver a la realidad.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   4th Junio 2015, 01:25

A dos minutos andando desde la sala de cine había una cancha de baloncesto donde un grupo de muchachos se había reunido para jugar al hockey sobre patines. Drago se quedó sentado durante largo rato observando cómo los chicos se iban pasando unos a otros la pelota, escuchando el ruido de los patines sobre la pista y el entrechocar de los palos, permitiendo que su mente se alejara de todo aquello que la había perturbado hacía unos minutos. Cuando se encontró mejor y notó que habían desaparecido las sensaciones de náusea y angustia, se volvió a mirar a la doctora.

- Perdona... Antes has dicho que deberías haber escogido otra película, y no me encontraba entonces en condiciones para responder... No ha sido culpa tuya -dijo, mirándola fijamente a los ojos en un tono de absoluta seriedad, para que viera que no era una simple respuesta diplomática, sino que realmente lo sentía así-. Escogiste la película perfecta para tratar a alguien con fobia a la oscuridad. La idea de la música realmente estaba funcionando, pero supongo... Supongo que hay más dentro de mi cabeza de lo que yo siquiera alcanzo a imaginar. Algo que va más allá de una simple fobia. No puedo explicar lo que sentí. Nunca he podido soportar las violaciones, pero ésta vez... Ésta vez había algo más.

Negó con la cabeza, confundido y frustrado. No iba a seguir pretendiendo que no había ocurrido nada. Estaba claro que su reacción había tenido que ser evidente para la psicóloga. Tratar de hacerle ver que estaba bien habría sido insultar su inteligencia.

Sin embargo, había algo más de lo que Drago no se había dado cuenta, y era que, en aquél momento de profundo malestar, y mientras se sinceraba con la doctora, había olvidado mantener las distancias. Porque era imposible continuar tratando de usted a quien se encontraba sincera y genuinamente preocupado por uno, y la preocupación era palpable tanto en la expresividad de sus ojos claros como en su voz...

Y, durante un par de minutos, fueron algo más que un paciente y su doctora. Eran dos amigos compartiendo algo. Y era agradable. Pero entonces Drago consultó su reloj de pulsera y volvió al mundo real, rompiendo la momentánea conexión que se había establecido entre los dos. Se puso en pie.

- Se ha hecho muy tarde, y yo... me siento un poco mal por cómo ha terminado todo. Creo que me gustaría... invitarla a tomar algo, pero no sé si debería... si deberíamos... Hummm... ¿Estaría muy mal visto si la invito a cenar, doctora? Exclusivamente dentro de la terapia, claro... Sin compromiso ninguno, me parecería bastante lógico si se negara.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   5th Junio 2015, 23:33

Hubo un largo silencio. Dragoslav miraba sin ver a los jugadores de hockey, Lissa aguardaba. No supo cuánto tiempo había pasado cuando él volvió a hablar.

- Perdona... Antes has dicho que deberías haber escogido otra película, y no me encontraba entonces en condiciones para responder... No ha sido culpa tuya.

Elissa despegó los labios para replicar, pero él la miraba directamente a los ojos, y hablaba en serio. En algún lugar de su mente, la psicóloga registró el hecho de que hubiera empleado el "tú".

- Escogiste la película perfecta para tratar a alguien con fobia a la oscuridad. La idea de la música realmente estaba funcionando, pero supongo... Supongo que hay más dentro de mi cabeza de lo que yo siquiera alcanzo a imaginar. Algo que va más allá de una simple fobia. No puedo explicar lo que sentí. Nunca he podido soportar las violaciones, pero ésta vez... Ésta vez había algo más.

- Eso me ha parecido - musitó Lissa, con suavidad. No sabía exactamente desde cuándo creía que había "algo más", como él decía. ¿Había sido un descubrimiento de aquel día, o ya lo había intuido en la primera sesión? Él no debía de recordarlo, por eso era incapaz de definirlo, incapaz de explicárselo. ¿Qué más podía haber en él, qué era lo que tan enterrado estaba... pero tan presente era? ¿Cómo de profundo llegaban sus raíces? ¿Cómo podía ayudarlo?

Ausente, retiró la mano que aún tenía sobre el brazo de Dragoslav. Se deslizó por encima de su manga al hacerlo, pero Elissa apenas fue consciente de la intimidad del gesto; seguía perdida en sus reflexiones, preocupada por él.

Entonces, Dragoslav miró el reloj y se levantó del banco.

- Se ha hecho muy tarde, y yo...

Elissa miró su propio reloj, el que colgaba de la cadena de su cuello, casi por inercia. Tenía razón. Era tarde.

- Me siento un poco mal por cómo ha terminado todo. Creo que me gustaría... invitarla a tomar algo, pero no sé si debería... si deberíamos... Hummm... ¿Estaría muy mal visto si la invito a cenar, doctora? Exclusivamente dentro de la terapia, claro... Sin compromiso ninguno, me parecería bastante lógico si se negara.

La psicóloga parpadeó. Dragoslav parecía apurado, incluso... incómodo, por el simple hecho de hacerle aquella propuesta. Por consideración hacia él, hizo lo que pudo por no sonreír. Seguramente tuviera que ver con su educación, pero aquella caballerosidad y aquella corrección suyas le resultaban graciosas y, a la vez, encantadoras.

- No ha sido culpa tuya. Sabía que esto podía pasar. Y, de hecho, es normal que haya sucedido. Sólo llevas dos días de terapia, Dragoslav. No te exijas tanto.- dijo, volviendo a ponerse seria - Siento que te hayas perdido el final de la película. Tal vez podamos volver, más adelante. - añadió, mientras se levantaba del banco. Quería transmitirle que ella creía en la terapia, en que aún era demasiado pronto para rendirse - Me gustaría aceptar tu invitación. No creo que haya nada malo en cenar juntos. De todos modos, soy yo la que debería invitarte, dadas las circunstancias. Soy yo la que te ha hecho pasar por esto.

Tenía la sensación de que él no querría ni oír hablar de que ella pagara la cena... pero, al menos, tenía que intentarlo.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   12th Junio 2015, 01:40

- Doctora... Elissa -corrigió tras una pausa. A decir verdad, estaba bastante confuso con todo aquél tema. Ella era su terapeuta y por tanto no debería tomarse ese tipo de confianzas, pero resultaba demasiado extraño ir a cenar con ella y no llamarla por su nombre-. No sé si es correcto o no que te tutee, pero a estas alturas ya tampoco importa mucho... Supongo que podemos dejar el trato formal para cuando estemos en consulta, pero en éstos momentos agradecería un momento de respiro. Éstos dos días han sido muy intensos para mí -dijo frotándose levemente la sien-. ¿Podemos... simplemente... ser dos personas pasando un buen rato juntos en un restaurante? Sin mayores implicaciones que eso, sólo... necesito desconectar durante unas cuantas horas.

>>Y no, no voy a permitir que tú invites. Lo único que has hecho hasta ahora ha sido tratar de ayudarme. Lo que ha pasado ahí dentro no ha sido culpa tuya. Déjame compensarte.

Se dio la vuelta y examinó la calle en la que se encontraban. Drago no conocía aquella zona, por lo que no se le ocurría ningún lugar específico al que ir, pero, como era habitual en Nueva York, la oferta de restaurantes disponibles era increíblemente variada. Simplemente pasando la cancha de baloncesto había un jamaicano, dos japoneses, un italiano, un ruso y un francés. Supuso que podrían probar suerte con alguno de ellos. Le preguntó a Elissa por sus preferencias, pero respondió que le daba igual, de modo que, en ausencia de algo mejor, escogió el francés, que era lo que más familiar le resultaba. Además era el que más cerca se encontraba, justo en la esquina de la cancha.

Necesitaba un ambiente seguro y acogedor en aquél momento, y el Chez Jacqueline, en ese aspecto, cumplió todas las expectativas. Faltaba un mes para Navidad y sin embargo ya tenían puestas las luces decorativas. Los americanos y el Adviento...

- Bonsoir -les saludó la agradable muchacha que acudió a recibirles a la entrada-. ¿Tienen mesa reservada?

- Bonsoir -respondió Drago, utilizando de manera natural el francés-. Non, nous avons pas de réservation. Est-ce un problème?

- Du tout -negó la muchacha con una amplia sonrisa-. Préférez-vous à l'intérieur ou en terrasse?

- Nous préférons la terrasse, merci.

La chica les guió hacia la parte trasera del restaurante, donde tenían una pequeña terraza rodeada de árboles y resguardada del viento. Además, las lámparas halógenas prendidas a las paredes irradiaban calor, consiguiendo una temperatura general bastante agradable. Al fondo había una pareja de músicos tocando una bonita melodía a piano y clarinete.


La maître les condujo hasta una de las mesitas para dos y les ofreció la carta.

- Qu'ils vont prendre?

- Nous voudrons le foie de veau grand-mère, epinards et ratatouille à partager, et, pour moi, daube niçoise, merci.

- Buvez-vous ce qu'ils veulent?

- Avez-vous Pacific sans alcool?

- Bien sûr. monsieur. Et pour la dame?

Una vez que Elissa hubo respondido lo que quería, la maître se marchó y llegó una camarera para servirles el vino.

- El clarinete -comentó Drago observando al músico que tocaba al fondo de la terraza-. "La belleza de su timbre lo hace apto para interpretar pasajes como solista además de ser un instrumento de enorme agilidad y sonoridad, en especial para la ejecución de trinos y cromatismos" -recitó antes de echarse a reír y llevarse la copa a los labios-. Y aquí está la parte aburrida de salir a cenar con un profesor de música -bromeó-. Creo que va a ser mejor dejar el trabajo a un lado. ¿Puedo hacerte una pregunta? No he podido dejar de observar que llevas el mismo colgante que ayer. Sin embargo tanto la ropa como los zapatos e incluso los complementos son distintos, lo cual me dice que no te lo has puesto simplemente porque era lo que tenías más a mano. Detecto un cuidado esmero en todo lo que haces, difícilmente podría atribuirse alguna de tus decisiones a la desidia o al simple azar, ¿me equivoco? Lo cual me lleva a pensar que, quizás, se trata de algo que tiene un valor especial para ti...

Eclipse había sido siempre muy observador, lo cual, combinado con sus conocimientos en Psicología y un cuidado estudio previo de sus víctimas, le había permitido siempre acertar en lo que más les podía aterrorizar. Durante años había creído que "las sombras" le hablaban, revelándole los puntos débiles de sus enemigos, cuando en realidad no era más que su subconsciente diciéndole lo que sus capacidades de observación le habían permitido intuir. Por fortuna aquellos tiempos habían quedado atrás, y quizá, con la ayuda de Elissa, lograría erradicar para siempre las sombras...

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   29th Junio 2015, 20:45

Normalmente, era Elissa quien mantenía las distancias. Se sentía cómoda en su... ¿cómo llamarla? Proximidad profesional. No se mostraba fría, ni distante, ni hermética. Sonreía, demostraba interés... no, sentía interés. Era cercana, incluso cálida. Pero no se abría. Ella no.

Estaba bien en su trabajo. Las murallas invisibles que rodeaban a la psicóloga impedían que se implicara demasiado, que sufriera demasiado, y que se convirtiera en un lastre en lugar de una ayuda. La protegían a ella, y protegían a sus pacientes. El problema era que Elissa se sentía demasiado cómoda dentro de la burbuja, demasiado protegida en su cercanía unidireccional. Le gustaba conocer a los demás, pero no que la conocieran. Sabía ofrecer su ayuda, pero no pedir ni aceptar la que le ofrecían los demás. Y se llevaba las murallas con ella cuando salía de la consulta.

No creía que fuera grave. Al fin y al cabo, había descubierto que la mayoría de la gente estaba conforme con eso. Si alguien trataba de acercarse demasiado, ella volvía a establecer la distancia. Era muy poco habitual que decidiera salir de su fortaleza. Pero Dragoslav... él era igual que ella; apostado en una distancia cordial. En cierto modo, era frustrante. Uno de los dos tendría que acercarse, o no habría manera de que pudieran trabajar.

La psicóloga había decidido, casi inconscientemente, iniciar aquella aproximación. Había hablado un poco de ella misma, ofreciendo un resquicio en su caparazón. Sabía que era lo que tenía que hacer para ayudarlo, y no había dudado al tomar la decisión. Se preguntaba si llegaría el momento en que se arrepentiría de ello.

- Doctora... Elissa - Dragoslav pronunció el nombre con cierta vacilación. Sonaba bien en sus labios. -. No sé si es correcto o no que te tutee, pero a estas alturas ya tampoco importa mucho... Supongo que podemos dejar el trato formal para cuando estemos en consulta, pero en éstos momentos agradecería un momento de respiro. Éstos dos días han sido muy intensos para mí... ¿Podemos... simplemente... ser dos personas pasando un buen rato juntos en un restaurante? Sin mayores implicaciones que eso, sólo... necesito desconectar durante unas cuantas horas.

Como respuesta, la psicóloga fingió consultar su reloj de cadena, arqueando las cejas con suavidad.

- Bueno, son las nueve. Diría que ha terminado mi jornada laboral.- sonrió con naturalidad, quitándole importancia a la situación.

- Y no, no voy a permitir que tú invites. Lo único que has hecho hasta ahora ha sido tratar de ayudarme. Lo que ha pasado ahí dentro no ha sido culpa tuya. Déjame compensarte.

Elissa hubiera podido protestar, pero decidió que un intento había sido suficiente. Probablemente se embarcaran en una interminable, aunque sin duda civilizada (con él no podía ser de otro modo) discusión acerca de quién debía pagar la cena. Suspiró. Ya encontraría la forma de devolverle la invitación. Cuando él le preguntó por sus preferencias, la psicóloga se encogió de hombros.

- Mientras no sea un griego...- bromeó, aunque no sabía si él captaría la referencia. No había mencionado su nacionalidad, y solía hablar un perfecto inglés... salvo cuando estaba nerviosa, asustada o enfadada, claro. En aquellas ocasiones, su lengua madre acudía a sus labios con pasmosa facilidad. En cualquier caso, "Stavridis" era un apellido lo bastante helénico como para que sus orígenes pudieran adivinarse sin esfuerzo.

Dragoslav escogió uno de los restaurantes, y Elissa decidió que no iba a contarle los detalles a Lyz. Si había algo que realmente sonara a cita, era cenar en un francés.

- Bonsoir. ¿Tienen mesa reservada? - preguntó la chica que salió a recibirlos.

- Bonsoir. Non, nous avons pas de réservation. Est-ce un problème?

La camarera pareció algo sorprendida cuando Dragoslav se dirigió a ella en perfecto francés, pero de inmediato los obsequió con una sonrisa. Elissa apenas entendió unas palabras sueltas del intercambio. Sin saber muy bien cómo disimular su expresión de completa pérdida idiomática, se puso a alisar los pliegues de su falda con profundo interés.

- Du tout. Préférez-vous à l'intérieur ou en terrasse?

- Nous préférons la terrasse, merci.

Afortunadamente, la psicóloga captó la palabra clave. Terrasse. Siguió a Dragoslav y a la chica a la parte trasera, donde se encontraba el lugar en cuestión. Una agradable música acudió a su encuentro mientras la camarera los acomodaba en la mesita, tendiéndole a cada uno un ejemplar de la carta.

- Qu'ils vont prendre?

- Nous voudrons le foie de veau grand-mère, epinards et ratatouille à partager, et, pour moi, daube niçoise, merci.

- Buvez-vous ce qu'ils veulent?

- Avez-vous Pacific sans alcool?

- Bien sûr. monsieur. Et pour la dame?

Elissa, quien a aquellas alturas estaba completamente distraída, parpadeó al ver que tanto Dragoslav como la muchacha se la habían quedado mirando con expectación.

- Eh... tomaré lo mismo que él.- afirmó, sintiéndose extrañamente orgullosa de sus reflejos. Esperaba poder sentirse igualmente orgullosa de su intuición porque, para ser franca, no tenía ni idea de si era aquello lo que le habían preguntado.

Disimuló un suspiro de alivio cuando la mâitre asintió con una sonrisa y se retiró con la carta. Al parecer, había acertado con su suposición.

- El clarinete - comentó Dragoslav, haciendo que Elissa centrara de nuevo su atención en él -. "La belleza de su timbre lo hace apto para interpretar pasajes como solista además de ser un instrumento de enorme agilidad y sonoridad, en especial para la ejecución de trinos y cromatismos" - la psicóloga arqueó ligeramente las cejas, y él se echó a reír, tomando un sorbo de vino -. Y aquí está la parte aburrida de salir a cenar con un profesor de música.

- ¿Cuál es la parte divertida? - bromeó ella, con suave ironía, al tiempo que esbozaba una sonrisa. Se alegraba de ver que, pese a los eventos de la tarde, Dragoslav conservaba su sentido del humor.

- Creo que va a ser mejor dejar el trabajo a un lado. ¿Puedo hacerte una pregunta? No he podido dejar de observar que llevas el mismo colgante que ayer. Sin embargo tanto la ropa como los zapatos e incluso los complementos son distintos, lo cual me dice que no te lo has puesto simplemente porque era lo que tenías más a mano. Detecto un cuidado esmero en todo lo que haces, difícilmente podría atribuirse alguna de tus decisiones a la desidia o al simple azar, ¿me equivoco? Lo cual me lleva a pensar que, quizás, se trata de algo que tiene un valor especial para ti...

El hecho de que se hubiera dado cuenta sorprendió a Lissa, pero fue la idea de que se hubiera fijado tanto en ella la que la obligó a refugiarse tras su copa de vino. Siendo sincera, hubiera querido abofetearse por aquello: acababa de tener una absurda e inexplicable reacción de quinceañera.

κορίτσι, se reprendió.

Aún así, le llevó unos segundos responder. Era una pregunta complicada, y personal. No era que le molestara... Pero se sentía rara, hablando de ella misma en un restaurante francés, y con orquesta de fondo.

- Eres muy observador - dijo, como si no fuera lo bastante obvio. Lentamente, dejó la copa a un lado (no solía beber, así que no era tan buena idea hacerlo con el estómago vacío) -Tienes razón. Tiene un valor especial para mí. - sus dedos recorrieron el objeto, sintiendo bajo las yemas el relieve de la letra grabada en su reverso. -Es un recuerdo de mi padre. Aunque llamarlo "recuerdo" es un poco inexacto; no lo conocí. - volvió a encogerse de hombros, como quitándole importancia - Mi madre me dijo que este reloj le pertenecía. - lo hizo girar con los dedos, mostrando la parte posterior - Es una psi griega. Se lee "ps". Siempre he creído que mi padre hizo una especie de juego de palabras con sus iniciales. P.S. Probablemente sea lo único que sé de él. - su tono sonaba casi a disculpa. Era posible que Dragoslav hubiera esperado una historia mucho más interesante, pero Lissa no tenía mucho que ofrecer. De hecho, a veces no entendía por qué sentir tanto apego por lo que, al fin y al cabo, no era más que el objeto personal de un desconocido.

Freud tendría mucho que opinar al respecto, supongo., concluyó, para sí misma, dejando caer de nuevo la cadena que compartían el reloj y la llave sobre su pecho.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   5th Julio 2015, 01:36

Drago no conocía la historia de la reina Dido, pero había conocido algún que otro griego en la Legión Extranjera y sabía que el apellido de Elissa lo era. Sonrió cuando ella hizo la referencia acerca de la clase de restaurante que prefería.

- Cuando estaba en el ejército, un compañero quiso invitar a cenar a una chica asiática que le gustaba. El pobre no tenía mucha experiencia con mujeres, por aquél entonces éramos todos unos críos, y no se le ocurrió nada mejor que llevarla a un restaurante Chino pensando que eso la complacería. Ya se sabe que los asiáticos tienden a ser extremadamente corteses, de manera que la chica no puso ninguna objeción a la idea, pero cuando mi compañero llegó al restaurante, se encontró con que ella ya había cenado por su cuenta, y después de mucho indagar logró que ella le admitiera que lo que se comía en Europa "no era comida China" -sonrió suavemente al recordarlo-. Por supuesto la cosa no acabó bien, pero fue un bonito intento.

A él le había ido algo mejor. Resultaba que su naturaleza melancólica, callada y misteriosa, sumada a un nada desdeñable atractivo masculino y a un cuerpo bien entrenado, había obtenido un cierto éxito en las noches de taberna en París, pero nunca había sido capaz de comprometerse en nada serio, porque lo único en lo que pensaba en aquél entonces era en la venganza. Y después de su... "renacimiento", había estado tan convencido de que se trataba de un ángel y de que estaba por encima de aquella clase de necesidades que no había vuelto a intentarlo.

Sólo una vez se había enamorado, pero se había marchado pensando que ella estaría mejor sin él, sabiendo que nunca podría proporcionarle la clase de vida que ella merecía. Nadine era un alma inocente y pura, mientras que él tenía el alma llena de oscuridad. Había tenido miedo de hacerle daño de manera involuntaria, de... "absorber" su luz, de la misma manera que hacía para alimentar su poder, mancillando su pureza.

Habían pasado ocho años desde entonces. Lo último que había sabido de ella era que se había casado con un exitoso abogado y que vivía felizmente en Bélgica con dos niños. ¿Qué habría podido proporcionarle él? Noches de insomnio y angustia pensando que si se retrasaba más de la cuenta quizá fuera porque estuviese herido o moribundo en algún callejón.

Lobo le había dicho que había sido un estúpido por comportarse así. Le había llamado cobarde, y le había hecho prometer que no volvería a hacer lo mismo si alguna vez se volvía a enamorar. Que no volvería a tomar una decisión de manera unilateral asumiendo lo que sería mejor para la otra persona sin consultarle primero. Esa era una de las razones que le habían inducido a ponerse en contacto con la doctora.

Sin pretenderlo, volvió a pensar en la mujer misteriosa del pasado Halloween, en la preocupación reflejada en su mirada cuando le había visto malherido, en el tacto suave y gentil de su mano sobre sus heridas... Y sin embargo, una de las últimas cosas que ella había hecho antes de perderse en la noche había sido rechazar su contacto. Y, aunque le había dicho dónde podría encontrarle, había transcurrido casi un mes y aún no tenía noticias suyas. Tendría que ser realista. La felicidad no estaba hecha para él. En toda su vida jamás le habían ocurrido cosas buenas. ¿Qué motivos tenía para pensar que ella podría haberse interesado en lo más mínimo por él? Sólo se habían visto una noche... Y no habían estado juntos mucho tiempo. Posiblemente a aquellas alturas ya ni siquiera le recordaría...

Se dio cuenta de que se había quedado repentinamente en silencio, así que hizo la broma sobre el clarinete para distender de nuevo el ambiente y ella le siguió el chiste:

- ¿Cuál es la parte divertida?

- Pues... supongo... que si el profesor en cuestión, en lugar de ser yo, realmente fuera un tipo divertido, podría quitar de en medio a esa pianista y tocar algo para ti. O sacarte a bailar... -la observó durante un instante, como pensativo, y acabó por bajar la mirada al tiempo que esbozaba una suave sonrisa-. Pero me temo que has salido a cenar con el profesor equivocado. Yo no soy el tipo divertido, soy el que tiene miedo a tocar el piano en público. Quizá deberías pensar en poner una reclamación -añadió en tono de broma-. ¿Sabes? Ahora en serio... Quizá podríamos pedirle al dueño que nos permita quedarnos un rato cuando toda la gente se haya ido. Me gustaría escucharte tocar para ver cuál es exactamente tu nivel antes de empezar las lecciones...

El camarero llegó entonces con los entrantes y depositó entre ellos un surtido de patés de hígado de ternera con vinagre balsámico, ajo y perejil, un salteado de espinacas con manzanas, pasas y piñones y una especie de pisto de verduras que tenía un aspecto delicioso. Después de dejar las bandejas, el camarero les puso a cada uno un plato, cubiertos y una cuchara grande para apartar. Para terminar, vertió dos dedos del  licor que había traído en sus vasos rellenando el resto con agua fría de una botella hasta que el ámbar transparente de la bebida se tornó de un amarillo más claro.

- Bon Appétit -les dijo con una sonrisa, encendiendo una vela que había sobre la mesa antes de marcharse.

Seguramente debía de haber pensado que eran pareja, pero bueno, no era la única situación extraña que llevaban en toda la noche, de modo que Drago decidió no darle mayor importancia y comenzó a untarse el paté en una rebanada de pan.

- Ésto es todo para compartir -explicó-. Deberías probar el ratatouille, está realmente exquisito.

Escuchó con atención la explicación que ella le daba sobre el colgante y asintió.

- Sí... te entiendo perfectamente. Yo no conservo ningún recuerdo de mis padres... Nuestra casa fue destruida durante la guerra, y cuando la ONU me rescató, me trasladaron directamente a un orfanato en París. Supongo que lo único que guardo de ellos son los valores que me inculcaron, tanto religiosos como morales. Soy musulmán, pero no hago ostentación de ello. Pienso que la fe debe de ser vivida como algo íntimo y personal, más como una conversación privada con Dios. Supongo que también influirá que haya vivido entre Europa y América desde los 14 años. En fin, me gusta mantener vivas esas creencias y actitudes. En cierto sentido es como mantener vivo el espíritu de mis padres... Supongo que ese reloj significa algo parecido para ti. Es... curioso cómo nos aferramos a todo lo que nos recuerda cuanto nos fue arrebatado... Tu padre... ¿os abandonó?

No sabía si la psicóloga respondería a esa pregunta, pero le parecía justo plantearla, ya que ella sabía ya tanto de su vida... Quid pro quo, doctora Stavridis...

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   30th Julio 2015, 15:29

- ¿Cuál es la parte divertida?

- Pues... supongo... que si el profesor en cuestión, en lugar de ser yo, realmente fuera un tipo divertido, podría quitar de en medio a esa pianista y tocar algo para ti. O sacarte a bailar...

Elissa nunca sabría si fue la naturalidad con la que él había pasado al "tú", la mención de dedicarle un baile o una canción, o tal vez el gesto tímido que siguió a la propuesta... Por primera vez en la noche, su corazón decidió saltarse un latido.

. Pero me temo que has salido a cenar con el profesor equivocado. Yo no soy el tipo divertido, soy el que tiene miedo a tocar el piano en público. Quizá deberías pensar en poner una reclamación - añadió él, bromeando.

- Si las hojas de reclamación no estuvieran en francés, podría intentarlo. - fue la respuesta divertida de Elissa.

. ¿Sabes? Ahora en serio... Quizá podríamos pedirle al dueño que nos permita quedarnos un rato cuando toda la gente se haya ido. Me gustaría escucharte tocar para ver cuál es exactamente tu nivel antes de empezar las lecciones...

La psicóloga ignoró valientemente el leve nerviosismo que se había apoderado de ella.

- ¿Como no te ves capaz de "quitar de en medio a la pianista", esperarás agazapado en las sombras a que ella abandone el piano... y entonces atacarás? - preguntó, arqueando las cejas - Por mí está bien - continuó, esta vez en serio. - No seas muy duro conmigo. Hace mucho que no me siento delante de un piano. - terminó, mientras el camarero dejaba la comida en la mesa, encendiendo una vela antes de irse.

Elissa decidió que tenía que ser todo aquello lo que la ponía nerviosa. Como si fueran actores, tanto ellos como el ambiente que los rodeaba parecían decididos a hacerla pensar que estaba en una cita (era gracioso, no había estado en una cita en siglos, por no hablar de que nunca había pisado un restaurante francés). Dragoslav, por su parte, parecía tomárselo con completa naturalidad, por lo que la psicóloga decidió que seguiría su ejemplo, mientras pudiera. Al fin y al cabo, ¿por qué iba a tomárselo de otra manera?

- Ésto es todo para compartir -explicó-. Deberías probar el ratatouille, está realmente exquisito.

Elissa hizo caso del consejo, y tuvo que reconocer que, efectivamente, la comida no podría estar mejor. Hizo un par de preguntas para satisfacer su curiosidad acerca de los ingredientes, y probó todo cuanto habían pedido.

- Sí... te entiendo perfectamente. - dijo Dragoslav, cuando ella le habló del colgante - Yo no conservo ningún recuerdo de mis padres... Nuestra casa fue destruida durante la guerra, y cuando la ONU me rescató, me trasladaron directamente a un orfanato en París. Supongo que lo único que guardo de ellos son los valores que me inculcaron, tanto religiosos como morales. Soy musulmán, pero no hago ostentación de ello. Pienso que la fe debe de ser vivida como algo íntimo y personal, más como una conversación privada con Dios. Supongo que también influirá que haya vivido entre Europa y América desde los 14 años. En fin, me gusta mantener vivas esas creencias y actitudes. En cierto sentido es como mantener vivo el espíritu de mis padres... Supongo que ese reloj significa algo parecido para ti. Es... curioso cómo nos aferramos a todo lo que nos recuerda cuanto nos fue arrebatado...

Dragoslav acababa de ofrecerle otro retazo de su vida... fuera de la consulta. Elissa era agnóstica, pero admiraba y respetaba a la gente de fe. El fanatismo iba contra sus principios, pero aquellos que practicaban sus creencias de forma respetuosa merecían todo su respeto.

Iba a mencionarlo, pero la pregunta de él la detuvo. Era cierto, no estaba en su despacho, eran... ¿cómo lo había definido Drago?... "dos personas pasando un buen rato juntos en un restaurante". Eso le daba derecho a querer saber de ella, suponía. Algo así como un intercambio de información personal.

Tal vez eso hacía la gente normal cuando cenaba con un amigo.

- Tu padre... ¿os abandonó?

Elissa se tomó un instante para contestar. Probablemente, aún intentaba encontrar una respuesta que no fuera necesariamente "sí", aunque esa respuesta no existiera.

- Mi madre nunca ha hablado mucho del tema. Ni siquiera quiere decirme su nombre de pila. Aventuraré que... debió de quererlo, porque decidió seguir adelante con el embarazo, y quedarse conmigo cuando nací... También guardó varias de sus pertenencias, incluidos el reloj y la llave. - explicó - No sé exactamente por qué se fue. Cuando era pequeña, le pregunté a mi madre por su partida. Me dijo que mi padre "tenía que ir en busca de algo". Probablemente le pareció una explicación tan buena como cualquier otra para una niña de siete años. Supongo que la razón podría haber sido cualquier otra... "No nos quería", "tenía a otra mujer esperándolo en alguna parte", "no podía hacerse cargo de una hija"... Lo cierto es... que no sé si vive, o ha muerto, ni qué fue de él en general. - se encogió de hombros, tratando de quitarle importancia a uno de los principales dilemas de su existencia.

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Última edición por Elissa Stavridis el 9th Agosto 2015, 12:25, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   8th Agosto 2015, 00:48

Sonrió al constatar cómo la psicóloga, tan habitualmente seria y profesional cuando estaban en la consulta, le seguía la broma, y hasta le sorprendió la faceta irónica que mostró a continuación. Era curiosa la cantidad de aspectos desconocidos de su personalidad que estaba descubriendo aquella noche, y le estaba gustando. Agradecía haber tenido aquella oportunidad para conocerla mejor, fuera del estrés de los problemas que se trataban en la consulta y la tensión del estar siendo evaluado.

Elissa le había caído bien desde el principio; le gustaba la manera que tenía de encauzar la terapia y la manera en que se dirigía a sus pacientes, con ese afán de romper las distancias que no muchos se atrevían a hacer por miedo a los efectos negativos de la transferencia emocional, pero que tanto contribuía a generar un ambiente cálido y agradable en el que sentirse seguro y aprender a confiar. Sin embargo, ahora estaba descubriendo que, además de encantarle la Lissa "profesional", ésta Lissa "informal" estaba empezando a agradarle mucho, también. Era simpática, considerada, dulce, divertida, y por encima de todo, extraordinariamente inteligente, como demostraba el uso de aquella forma de humor y sus ingeniosos y ocurrentes comentarios.

Drago no se consideraba un hombre particularmente inteligente. Astuto sí, y mucho para según que cosas, pero se había obsesionado siempre tanto con la venganza que nunca se había molestado en estudiar una carrera o fomentar su cultura. Quizá no eran más que inseguridades, pues siempre se había sentido un poco inferior comparado con otros compañeros más cultivados, como Henry, Planaria o el Profesor, pero el caso era que le atraía la compañía de personas que podían llenarle en ese tipo de aspectos.

- Tranquila, estoy acostumbrado a tratar con alumnos de nivel básico que nunca en su vida han visto un piano. No puede ser mucho peor -bromeó.

No se dio cuenta de que se había quedado mirando fijamente a la psicóloga, quizá durante más tiempo del que habría sido necesario. En el rostro de ella afloró algo parecido a un rubor y, sin saber por qué, apartó la mirada, algo turbado él también, y se entretuvo en hurgar con el tenedor en su plato de salteado de espinacas.

Escuchó lo que le contaba sobre su padre mientras saboreaba la exquisita mezcla de dulce y salado de su plato, muy concentrado en su relato.

- ¿Y nunca te has planteado la posibilidad de buscarlo? -inquirió después-. ¿Averiguar qué fue de él?

La familia era algo fundamental para Drago, posiblemente una de las cosas más importantes que podían existir, y uno de los grandes pesares de su existencia había sido el saber que nunca podría formar una como tal y vivir una vida normal como cualquier otro. Pero si sus padres aún vivieran y él nunca hubiera conocido a uno de sus progenitores, tenía claro que habría removido cielo y tierra hasta encontrarlo y comprender por qué les abandonó.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   9th Agosto 2015, 15:12

- Tranquila, estoy acostumbrado a tratar con alumnos de nivel básico que nunca en su vida han visto un piano. No puede ser mucho peor

- Me ofendes, no es la primera vez que veo un piano. Porque eso de ahí es un piano, ¿verdad?

El hecho de bromear con él logró relajarla un poco. No excesivamente, pero sí un poco, y Elissa lo agradeció. Hacía mucho tiempo que no se sentía así; aún tenía que decidir si le gustaba o no aquella sensación. En cuanto a si él le gustaba o no, ahí no tendría mucho que decidir. Aquel tipo de dilemas no se solucionaban con la lógica.

No, no, no. ¿Cuándo habían tomado aquel rumbo sus pensamientos? Necesitaba centrarse.

Y lo hizo, aunque le costó. El tema de su padre, más serio, menos casual, la ayudó a recobrar la serenidad... a la vez que removía unas aguas que había dejado tranquilas mucho tiempo atrás.

- ¿Y nunca te has planteado la posibilidad de buscarlo? - fue la pregunta de Dragoslav -¿Averiguar qué fue de él?

Aquella pregunta. Cómo temía aquella pregunta, de entre todas las posibles. ¿Cuál era la mejor forma de responderla? Hiciera lo que hiciera, terminaría exponiendo mucho de ella misma.

- Muchas veces - respondió. Apartó la mirada de los ojos de Drago, como si su vaso de licor hubiera capturado repentinamente todo su interés - Me lo he planteado docenas de veces. Pero, para ser sincera... Tengo miedo.

Entrelazó los dedos, pero el gesto traicionó sus emociones. Lejos de mantener la postura, empezó a juguetear con sus manos, mientras buscaba las palabras adecuadas.

- Una mala costumbre que tengo como psicóloga... es reflexionar acerca de mis propios rasgos. Y soy... muy evitativa - continuó - Me da miedo averiguar la verdad... y que no me guste. Ahora aún puedo engañarme como cuando era niña, pensar... "papá se fue porque tenía algo muy importante que hacer". Pero si descubro sus verdaderos motivos... o, peor aún, si lo encuentro a él, si me siento delante de él y le pregunto, "¿por qué nos abandonaste?"... Tendré que dejar de mentirme. Para siempre. - hizo una breve pausa - Y, aún así, quiero saberlo. Quiero entenderlo. Y por eso he decidido tantas veces ir a buscarlo. Tantas veces como las que me he echado atrás.

Odiaba tanto aquella ambivalencia... Se sentía tan cobarde. Durante su adolescencia, se había jurado que, si no lo buscaba, era porque no le importaba. No necesitaba la figura de un padre, ¿cómo vas a necesitar algo que nunca has tenido? Pero, cuando sus poderes habían despertado, el viejo interrogante se había hecho aún más candente. Las habilidades de Lissa no podían provenir de su madre. ¿Quién, entonces, había sido su padre en realidad? ¿Qué secretos se había llevado consigo? Pero, por aquel entonces, lo único que la chica había hecho había sido cerrar los ojos con obstinación, y seguir adelante.

¿Y qué había conseguido? Nada. La eterna pregunta siempre regresaba.

- Puede que algún día encuentre el valor. Podría... buscar entre las cosas que dejó. Encontrar alguna pista que seguir. Intentar llegar hasta el final de esto. - Elissa suspiró. No sabía cuándo llegaría ese día, si es que realmente lo hacía. Tal vez continuaría huyendo, hasta que todo rastro de su padre se enfriase y tuviera la excusa perfecta para no volver a intentarlo jamás.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   10th Agosto 2015, 19:51

Eclipse hizo un gesto de dolor y se llevó las manos al pecho, como si le hubieran acertado de un disparo en el corazón.

- Está bien, me has ganado -dijo entre risas mientras el camarero retiraba los platos y situaba ante cada uno de ellos un jugoso estofado de carne de ternera a las finas hierbas provenzales-. No volveré a batirme en un duelo verbal contigo, palabra. Por cierto, aún no has probado tu bebida -observó señalando el vaso aún completo de la psicóloga-. No tienes de qué preocuparte, por motivos obvios no tiene alcohol -añadió, refiriéndose a lo que acababa de explicarle de que era musulmán-. El pastis es un licor muy típico de Marsella y Provenza hecho con extracto de anís natural. La marca concreta que he pedido yo no tiene alcohol, y gracias al sabor fuerte del anís y al hecho de estar diluido en agua apenas se nota la diferencia. No sé tú, pero yo desde luego no lo hecho de menos -cogiendo su vaso lo alzó para proponerle un brindis-. ¡Por las causas perdidas!

Aquella frase tenía más lecturas de las que podía parecer a simple vista, pues bien podría referirse a la broma hecha por la doctora acerca de su incapacidad para tocar el piano, o alcanzar cuestiones más complejas, como los problemas de Drago, o los interrogantes que la mujer albergaba acerca de su padre. E incluso podía ir más allá y tocar asuntos más problemáticos, como la peligrosa química que se estaba empezando a desarrollar entre los dos. ¡Elissa nunca sabría cuán proféticas resultarían ser sus palabras!

Escuchó todo cuanto le dijo, todos sus dilemas y preocupaciones, con gesto serio y concentrado mientras iba cortando la carne. No se le escapó el nerviosismo que sin duda invadía a la doctora, mezclado con miedo e inseguridad, y que se dejaba traslucir en el modo en el que jugaba con sus manos. Cuando llegó al final del relato, las cubrió con la suya propia, en un gesto tranquilizador que tenía por objetivo detener su errático movimiento, y la miró a los ojos.

- Si alguna vez necesitas mi ayuda para ello... No dudes en pedírmela. Sé lo importante que es una familia. Yo perdí la mía, pero si puedo ayudarte a encontrar la tuya, el mundo será un poquito mejor. Además, así podría agradecerte todo lo que haces por mí.

Había terminado ya su plato. Dejó los cubiertos dispuestos sobre el mismo para indicar al camarero que podía retirarlo y se puso en pie.

- Voy a buscar al gerente para preguntarle lo del piano. ¿Vas a querer algo de postre?

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   5th Septiembre 2015, 11:37

- ¡Por las causas perdidas! - dijo Dragoslav.

- ¡Por las causas perdidas! - convino Elissa, alzando su vaso. Hubo un melodioso tañido cuando se tocaron ambos cristales, y luego un breve silencio mientras ambos bebían un sorbo, la mente de la psicóloga aún prendida en sus palabras.  

Hacía tanto tiempo que no hablaba de su padre... Lissa tenía la sensación de que el viejo fantasma griego había cogido una silla y la había arrimado a su mesa, tomando asiento entre ellos. Era la primera vez que reconocía su miedo a buscarlo, un temor que había justificado o ignorado durante años. Se sentía extraña, vulnerable, al haber reconocido aquella debilidad. Y temía lo que Dragoslav pudiera pensar de ella ahora que la había puesto en palabras.

Pero él, lejos de mantener el cortés silencio que había acompañado a su monólogo, alargó la mano y la puso sobre las suyas. La psicóloga se quedó completamente quieta. El tacto la reconfortaba pero, a la vez, alimentaba aquel otro tipo de nerviosismo que llevaba toda la noche sintiendo. Y, aún así, se sentía profundamente agradecida, porque con aquel gesto, él acababa de acallar su miedo a ser juzgada.  

- Si alguna vez necesitas mi ayuda para ello... No dudes en pedírmela. Sé lo importante que es una familia. Yo perdí la mía, pero si puedo ayudarte a encontrar la tuya, el mundo será un poquito mejor. Además, así podría agradecerte todo lo que haces por mí. - le dijo, mirándola a los ojos.

- ... Gracias. - musitó ella, tras un segundo de pausa.

Dragoslav había terminado con su plato, y se puso en pie.

- Voy a buscar al gerente para preguntarle lo del piano. ¿Vas a querer algo de postre? - preguntó.

- La tarta de chocolate estará bien - dijo Elissa, con una sonrisa insegura, dejando sus manos sobre su regazo.

Miró como él se alejaba en dirección al interior del restaurante. Había querido acortar la distancia entre los dos para favorecer la terapia pero... ¿cuándo se había acortado tanto? ¿Por qué se sentía tan bien con él? Sus vidas habían sido muy distintas, pero le resultaba sencillo comprenderle... Y seguía queriendo ayudarlo, con una intensidad que la sorprendía. Él le había ofrecido su ayuda sin dudarlo hacía sólo un instante, como si no tuviera bastante con sus propios problemas y pudiera permitirse el cargar con los de los demás. ¿No era eso lo que hacían los héroes? ¿Y no era ése el camino que Dragoslav había elegido?

Lo admiraba. Supuso que no sería nada malo reconocerlo para sí misma. Lo admiraba, porque había esperado encontrar a un hombre roto, pero no era así. Ciertamente, los cimientos de aquello en lo que Dragoslav Katich se había convertido estaban agrietados, eran inestables y podían ceder, provocando que todo se derrumbase. Pero había construido, pese a todo. No era el hombre atrapado en el pasado que Elissa había imaginado al leer el informe, ahora lo veía. Sí, era cierto que los hilos del pasado seguían enrollados en torno a él, y tiraban un poco a cada paso que daba. Pero seguía caminando.

Y ella deseaba más que nunca cortar aquellos hilos.

¿Hasta qué punto era aquella necesidad estrictamente profesional? ¿En qué momento había decidido que quería ver feliz a aquel hombre?

"Estás olvidando a la mujer", se obligó a recordar Elissa. Había una mujer, claro. Él la había mencionado en la sesión, pero después se había escapado de la mente de la psicóloga, al no volver a referirse a ella. ¿No había sido el encuentro con aquella mujer lo que había desencadenado que él buscara terapia?

El regreso de Dragoslav la sobresaltó. Por alguna razón, se sintió como si acabaran de pillarla en una situación comprometida, aunque él fuera, lógicamente, incapaz de leer sus pensamientos (porque aquel poder no figuraba en su rango de habilidades, ¿verdad?). Esbozó, de nuevo, una sonrisa algo insegura (¿qué era, la segunda vez en unos minutos?) y se dirigió a él.

- ¿Ha habido suerte? Espero que omitieras que voy a ser yo la que ponga las manos sobre el piano. - rezó porque él atribuyera su nerviosismo al hecho de tocar el instrumento, y no al efecto que estaba empezando a tener sobre ella su proximidad.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   17th Septiembre 2015, 13:23

- Tranquila -sonrió él.

Llevaba tantos años como profesor que, efectivamente, interpretó el evidente nerviosismo de la doctora a la inminente prueba que debía realizar y no a la extraña conexión que se había formado entre ellos en el transcurso de las últimas horas. El propio Dragoslav entendía bien lo que suponía desnudar una parte de tu alma para dejar salir, a través de la música, lo que se ocultaba en tu interior, de manera que no percibió nada raro.

Cuando hubieron terminado el postre, y tras dejar pasar algún tiempo tomando una copa para dar lugar a que la gente se marchase, la invitó a levantarse y la condujo hasta el asiento del piano, retirándolo para ella en un acto reflejo.


Elissa tomó asiento y él se situó detrás de ella, apoyándose en el respaldo de la silla, muy cerca, casi sin darse cuenta.

- Empieza a tocar, por favor -le pidió-. Veamos primero cuál es tu nivel.

La escuchó en silencio mientras la psicóloga interpretaba vacilante los primeros acordes del "Para Elisa" de Beethoven. La dejó tocar durante varios minutos, pendiente del ritmo y las pequeñas imperfecciones que iba cometiendo antes de detenerla con un gesto suave.

- No, no... Para poder interpretar correctamente una melodía, debes aprender primero a escuchar... La música fluye... como un lenguaje...

Con delicadeza le pidió que se levantara para tomar su lugar en la silla.

- Escucha...


Y cuando sus manos se posicionaron sobre el teclado, cerró los ojos y la melodía, perfecta en su tonalidad, inició una bella danza repleta de armonía. El mundo exterior dejó de existir para el mutante, y aquella alma atormentada y dividida encontró en la música que sus dedos iban tejiendo un perfecto nexo de unión y equilibrio.

- Alegría -explicó mientras remontaba las partes más ágiles de la sinfonía-... Y tristeza... -aclaró al llegar a las más lentas y melancólicas.

Cada emoción que mencionaba se reflejaba a la perfección en la manera en la que sus dedos acariciaban las teclas, acelerando, decelerando, presionando con mayor o menor fuerza, imprimiendo en mayor o menor medida el sentimiento...

Y de ésta manera, el "Para Elisa", melodía de aparente simpleza, cobró para Elissa toda una gama de complejos y ricos significados en los que hasta entonces no había reparado. Parecía increíble que pudieran extraerse tamaña amalgama de sentimientos e interpretaciones de unas pocas notas repetidas...

Y comprendió que el mutante, tan instrospectivo y hosco en apariencia, poseía en su interior una sensibilidad excepcional, la misma que le hacía ser capaz de detectar y transmitir todas aquellas emociones a través de la música. Y el hecho de que el aspecto que ofrecía hacia el mundo no era más que una fachada cuidadosamente construida y trabajada para proteger esa sensibilidad se hizo más evidente que nunca. Y entendió por qué se había negado siempre a tocar ante los demás, ya que al hacerlo ponía en evidencia que la oscuridad que le rodeaba no era más que un espejismo... Ya que la luz brillaba con fuerza a través de él.

Los últimos acordes de la canción llegaron a su fin y Dragoslav pareció regresar a la realidad.

- Cambiar una sóla nota puede transformar la alegría en tristeza... -musitó para sí, como si no se hubiera dado cuenta aún de que no estaba solo.

Finalmente reparó en la presencia de la doctora a su lado y toda la maestría y la destreza que había demostrado hacía unos instantes se tornó de inmediato en una torpeza que provocaba la vergüenza de entender que se había dejado llevar. No tenía ningún sentido ocultarle a Elissa su mundo interior, ya que había acudido a ella para tratar sus traumas y sus problemas personales y para ello no debía ocultarle nada, pero acababa de compartir con ella la parte más privada de sí mismo, una que nunca antes le había mostrado ante nadie, y no era fácil.

Se puso de pie, avergonzado, y le cedió de nuevo el asiento.

- Tu turno.  

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   13th Diciembre 2015, 13:45

- Tranquila - dijo él, como si fuera tan fácil.

No lo hacía expresamente, claro. El hecho de actuar como un caballero, sin que por ello dejara de haber momentos en que se aproximara a ella, o tuviera aquellos gestos (sonreír con timidez, apartar la mirada) que a ella le parecían... ¿cuál sería la palabra? Adorables. No hacía nada de eso queriendo, pero aquello no facilitaba las cosas a Elissa. Aún así, la psicóloga no lo culpaba. Ella misma se había metido en aquel lío. Ella misma tendría que arreglárselas para salir.

- Empieza a tocar, por favor - pidió Dragoslav, a apenas unos centímetros -. Veamos primero cuál es tu nivel.

Elissa tuvo que dedicar unos segundos a respirar hondo, poner los dedos sobre el teclado e invocar a sus recuerdos para que las notas acudieran a su mente. Aquel piano era mucho más grande que el de su madre, por no hablar de la cantidad de años que habían trascurrido desde que Chloe y Elissa se habían sentado a tocar el tema de Beethoven por última vez.

"Expónte", pensó la griega, para sí, y sus dedos pulsaron las primeras teclas, con marcada vacilación.

No tocó durante mucho rato, pero casi agradeció que él la detuviera. Definitivamente, exponerse no se le daba bien.

- No, no... Para poder interpretar correctamente una melodía, debes aprender primero a escuchar... La música fluye... como un lenguaje... Escucha...

Elissa le cedió el asiento, y obedeció. Y le pareció que veía a Dragoslav por primera vez.

Necesitó unos segundos para centrarse en lo que realmente había venido a observar, porque la melodía despertaba muchos recuerdos en ella, como si las cuerdas pulsadas del piano tiraran de partes antiguas y ocultas de su propio ser. Recordó a su madre sentada al piano, mientras ella se sentaba en el suelo, con sus pequeñas piernas cruzadas, y miraba el reloj de su padre contar los segundos entre nota y nota. Recordó su primer intento de tocar sola, cuando Chloe había salido de casa para comprar: Elissa se había encaramado a una silla y había empezado a pulsar un montón de teclas al azar, mientras cantaba la melodía por encima de los acordes incorrectos y hacía ver que eran sus dedos los que le daban forma.

- Alegría. Y tristeza... - musitó Dragoslav, devolviendo a la psicóloga a la realidad con una punzada de nostalgia y dolor.

Lo miró. Era un hombre distinto al que había entrado en el despacho, un hombre distinto al que se había levantado de la butaca del cine en medio de una crisis de ansiedad. Estaba en su elemento, había paz en aquellas facciones mientras sus dedos se deslizaban ágilmente por el teclado. Había tantas emociones en él como en la música que tocaba.

Ahora lo entendía todo. De hecho, si cerraba los ojos, casi podía imaginar la arquitectura de su subconsciente. Elissa se reprendió mentalmente por el mal hábito, y continuó escuchando.

Finalmente, él se detuvo, y al mirarla pareció cohibido, preocupado. La timidez había regresado y, sin la música sonando, Dragoslav parecía sentirse desnudo. Elissa esbozó una sonrisa tranquilizadora, aunque aún sentía la zozobra en su interior. Demasiados recuerdos removidos y, sin embargo... sin embargo era ahora cuando estaban realmente cerca, cuando realmente podía atisbar su interior.

- Tu turno. - dijo él, y ella asintió.

- Ha sido precioso - el cumplido le salió en voz demasiado baja, pero fue perfectamente audible en aquel lugar silencioso y acogedor - Nunca me había dado cuenta de lo intensa que podía llegar a ser esta canción. Haces verdadera magia con esas manos.

Dicho esto, Elissa se sentó, sus ojos fijos en el amalgama de blancos y negros del teclado.

- Me gustaría aprender... - dijo entonces en voz alta, antes de que sus dedos se acomodaran sobre las teclas. Se volvió hacia él. - ¿Podrías enseñarme? Sería un buen pago, a cambio de la terapia.

De hecho, ayudaría en la terapia, la acercaría a su subconsciente sin tener que usar sus poderes, la ayudaría a desentrañar qué se ocultaba en realidad tras el miedo a la oscuridad de Eclipse. Pero aquello no se lo dijo. Podía entenderse como un doble beneficio para él, y Dragoslav nunca aceptaría un trato en el que fuera él quien saliera ganando.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   13th Enero 2016, 01:35

Incluso a pesar de la ilusión que le cubría, el sonrojo de Drago ante el halago fue visible en la manera en la que bajó la mirada, incómodo y avergonzado.

- Bueno, la música ha sido siempre... todo mi mundo -se volvió para acariciar la parte de la cubierta del instrumento que se encontraba justo encima del teclado con cierto aire ausente-. Después de la guerra, en el orfanato, yo... durante algún tiempo estuve sin hablar. Me llevaron a un psiquiátrico infantil, y allí utilizaron la música para llegar hasta mí.

Una nueva barrera superada, algo de lo que, una vez más, no había hablado nunca con nadie.

- Durante mucho tiempo fue todo cuanto tuve. Mi única compañía... Me acostumbré a verter a través de ella mis sentimientos, esos que no conseguía transmitir de ningún otro modo... Al parecer la guerra me dejó cierto... embotamiento emocional, o eso dijeron los psicólogos. La música evitó que me volviera completamente loco.

Se volvió de nuevo hacia la psicóloga con una sonrisa que pretendía aliviar la carga emocional del momento.

- Pero bueno, basta de hablar de mí, habíamos quedado en que la terapia había concluido por ésta noche. ¿Vamos, doctora? Se ha hecho algo tarde. Sé que no es apropiado que te acompañe hasta tu casa, pero tampoco me parece bien dejarte ir sola a éstas horas. El metro puede ser muy peligroso de noche.

>>¿Conoces la dirección del Instituto Xavier para Jóvenes Talentos? -le preguntó mientras se dirigían juntos a la salida del establecimiento-. Los fines de semana el aula de música se encuentra vacía y la mayoría de los muchachos salen a divertirse a la ciudad. Creo que podría ser el lugar idóneo para iniciar las clases...

La puerta se cerró tras ellos y sólo el silencio quedó como única compañía para el solitario piano.

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MensajeTema: Re: All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]   

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All Imperfect Things (Elissa Stavridis) [21-11-2018]
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