Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)

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Sloan Jenkins
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MensajeTema: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   6th Agosto 2015, 15:26

Nueva York. Once y media de la noche. Las calles concurridas, las luces de la ciudad se mezclan con la de los coches. Pitan y maldicen al viandante extraviado que no se ha dado cuenta que el semáforo estaba en verde para vehículos, rojo para peatones. Las parejas salen de los restaurantes, de los bares, de las tiendas de comida rápida negociando su siguiente parada, ya fuera para seguir saliendo o ir directamente a casa.
Eso en las calles principales. En los callejones las sombras cubrían los pasos de los carteristas, de los ladrones y violadores. De las ratas que esperaban el mejor momento para chivarse de sus jefes a la policía o éstos siendo sobornados para que dejen pasar una evidencia fundamental en alguno de sus casos. Un cadáver espera en un rincón a la mañana siguiente para que unos niños lo descubran y se lo digan a las autoridades.
En uno de dichos callejones, un grupo de mafiosos esperan la llegada de su anfitrión. Una carta anónima diciéndoles que sus sueños podrían hacerse realidad.

La familia Verdetti, una parte de la mafia italiana en Nueva York recientemente había sufrido el acoso y derribo de la policía en todo su esplendor. La idea de un traidor entre sus filas, de un chivato se hizo cada vez más popular, pero por culpa de los polis la familia no tenía casi tiempo para defender sus locales y sus transacciones, menos aun de centrarse en encontrar al susodicho topo. La última redada les había jodido bastante, diezmando sus filas y encerrando a su jefe.
El segundo al mando de la familia Verdetti, conocido como "Viggo" estaba de pie, frente a las luces de su coche, con sus guardaespaldas esperando tras las puertas del mismo, con las pistolas preparadas por si habría que freír a alguien a balazos. Viggo tiraba ya su tercer y último cigarrillo de la noche al comprobar que no le quedaban dentro del paquete. Frunció el ceño y se cabreó.

- Aquí no va a venir nadie. Vámonos chicos.
- ¿Tan pronto te rajas? Pensé que eras un hombre con más garra.

La terciopelada voz de Cloe surgió de entre las sombras, seguido del sonido de sus tacones y el rodar de su maleta. Viggo se giró, encontrándose con una mujer bella, radiante, con la malicia escrita en sus ojos. Decidió quedarse, pero de mala gana.

- Llegas tarde.
- No cielo, he estado aquí todo el tiempo.
- ¿Eres tú la de la nota?
- ¿Y si no lo fuera, qué? Dile a tus chicos que guarden las pipas. Aquí lo único que se va a derramar son lágrimas de agradecimiento cuando acabe contigo.  
- Habla. Dinos qué nos ofreces. No tenemos todo el día.
- Tus mejores sueños.
- Mis mejores sueños son que todo el cuerpo de policía de Nueva York muera.
- Eso no te lo puedo dar, pero sí que te puedo ayudar a llegar a ese fin.  
- ¿Cómo?
- Verás, voy a contarte un sueño. MI sueño. ¿Tienes un momento? Por supuesto que tienes un momento. ¿Dónde vas con tantas prisas? ¿A que te arresten? Es lo que pasará si dejas éste callejón así que atiende, escucha. ¿Conoces Gotham? ¡QUÉ PREGUNTAS! Por supuesto que si. Vives del crimen. ERES el crimen. Yo soy fan profunda y acérrima de la diversión. El caos. En otra palabras: el crimen bien organizado no tiene por qué ser el que no se ve, sino el que está a simple vista y no puedes hacer nada por evitarlo. Te arrastra, como el caos. Oh si querido, te traigo mi sueño para tu querida Nueva York. Te traigo Gotham. ¿Quieres probar un poco de mi delicioso sueño? Entonces desfrunce ese ceño y acércate: tengo un largo catálogo para ti, para que cates y me digas que es la mejor ensalada que has probado en tu vida.  

El hombre titubeó un momento, pero se acercó. Cloe abrió la maleta y sacó una larga, larga lista, que rodó hasta debajo del coche de los mafiosos. El hombre leyó con interés y se le iluminaron los ojos.

- ¿Todo ésto? ¿A qué precio?
- Digamos que hoy me siento generosa. Tan sólo voy a pedirte algo a cambio: que extiendas ésta noticia por todas las ciudades de la costa este en las que tengas contactos. Que me busquen y yo haré que cada noche mojen las camas. Haré que sus ciudades sean SUS ciudades. Haré que no le tengan envidia a Dios. ¿Qué me dices? ¿Trato echo?

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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   12th Agosto 2015, 20:28

La mafia de Nueva York jamás aprendería. Aunque detuvieras mil veces al jefe, aunque le pusieras cuatrocientos topos. La policía de había puesto las pilas para borrarlos del mapa, pero a pesar de todo los Verdetti no se rendían, tal y como atestiguan los últimos tiroteos. La cosa no habría involucrado a SHIELD de no ser por que la susodicha banda había contactado con alguien. Nunca habían visto con quién se comunicaban, pero siempre era el mismo patrón: Aparecía una nota de papel siempre en el mismo sitio, y Viggo la leía, escribía la respuesta en el anverso y la dejaba tal cual. Al cabo de un rato, el papel desaparecía, sin que nadie supiera cómo.

Y cómo no, habían enviado a un agente a investigar el encuentro que se produciría esa noche entre el emisor de las cartas y los Verdetti. En la azotea de un edificio cercano, Gabriel estaba inclinado sobre su francotirador. La mira de visión nocturna mostraba a los mafiosos en un fantasmal color verdoso. Se estaban impacientando, igual que Sparrow. ¿Había salido algo mal? ¿Podían haberles descubierto? El topo estaba mucho más cerca de lo que Viggo suponía: Nada más y nada menos que tres pasos detrás suyo, camuflado como guardaespaldas. "-Smith, ¿Qué pasa ahí abajo? "-El agente tardó unos segundos en responder."-Cómo odio cuando haces eso."-Costaba acostumbrarse al contacto telepático, sin duda."-Lo sé. ¿Ha pasado algo?"-Algo se movió en las sombras del callejón, y Viggo se acercó hacia allí. Había aparecido una mujer con una maleta. No se la distinguía bien, pero sí lo suficiente como para reconocer algunos detalles .

"-Creo que es ella. "

Apenas lo hubo pensado su compañero, Gabriel apuntó y disparó a Viggo primero y al otro guardaespaldas después, dejándolos tirados en el suelo. SHIELD se empeñaba en capturar a ese par con vida, por lo que había cargado ahí no eran más que dardos tranquilizantes. El plan era simple: Smith se llevaba a los mafiosos, mientras que Gabriel se dejaba caer con una cuerda en la boca del callejón para atrapar al contacto misterioso. Justo después del segundo disparo, el rubio se deslizó por la cuerda que había preparado antes. Podría parecer que esa misión era pan comido...

Pero desde luego, no lo era. Tan pronto como sus pies tocaron el suelo, se dió cuenta de que algo marchaba espantosamente mal. Smith estaba igualmente tirado en el suelo, y la mujer estaba de pie ahí en medio. Gabriel la evaluó rápidamente: Vestido negro y gabardina, taconazos, pelo recogido, ojos verdes y piel de porcelana. Labios rojos fumando con boquilla. El conjunto en general daba la impresión de ser el de una actriz en una película antigua de cine negro. Y lo mejor de todo, iba desarmada, o eso aparentaba, pero si cara de furia bastaba para matar a alguien.

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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   12th Agosto 2015, 21:31

"Trato hecho". Habría pagado mil millones de dólares por escuchar esas bonitas palabras dichas con la boca de Viggo, en lugar de verlo caer contra el suelo como un cadáver. No estaba muerto a juzgar por el dardo que le salía de la espalda, pero sí que lo estaba el trato que tenían que hacer. Un segundo hombre cayó y un tercero se tiró al suelo. Cloe observó aquella coreografía con la misma expresión de un muerto. Poco a poco los labios se le fueron frunciendo hasta mostrar por fin una mueca de ira contenida. Sus ojos despedían pequeñas centellas de ira fría, y sus dedos apretaban con rabia la boquilla.

Ésto no iba a acabar bien.

Un hombre apareció de la nada, saltando desde el tejado, descendiendo por una cuerda. Entonces Cloe clavó sus verdes ojos en aquel hombre. Mejor dicho, en aquel chico. Grabó a fuego su cara, su figura. Guardó en el registro más hondo de su memoria la fotografía del tipo que le había arruinado la mejor diversión que podría haber tenido en años. Hubo unos segundos en que se tensó por completo, para luego relajarse y sonreír, como si nada hubiera pasado. Se llevó la boquilla a los labios, aspiró y dejó escapar el humo con una sonrisa sensual y unos ojos que te llamaban a perderte en su laberinto.

- Bueno bueno, ¿qué tenemos aquí, chico? Un joven de buen ver de SHIELD. ¿Me equivoco? No, claro que no. Diles a los de arriba que no son tan buenos ocultando su rastro cuando espían a una señorita. Eso si, una cosa buena tengo que decir y es que han sido más rápidos de lo que esperaba. Eso no me lo esperaba. - Dio otra calada, miró hacia abajo y echó el humo sobre el cuerpo de Viggo. Le dio una patadita para luego subirse encima y caminar por su espalda hasta bajar por sus pies y plantarse delante de Gabriel, muy muy cerca. Podía verse reflejado en sus ojos de jade. - Acabas de joderme la diversión, chaval. ¿Sabes lo que eso implica? No, claro que no. Deja que te ilustre: significaba que, a partir de hoy, voy a ser tu sombra. Voy a seguirte allá donde vayas. Voy a ser la puñetera piedra de tu zapato. La cremallera que te pilla la chorra cuando vas a mear. La gota de sudor que se te pone en el ojo cuando apuntas a tu objetivo y te escuece. Voy a ser el diablo con tacones, y al final, suplicarás para que te perdone. - Cloe levantó las cejas, tomó una nueva calada y sonrió. La otra mano, que estaba oculta cruzada bajo su pecho apareció con un aparatito y un botón rojo. Sin pensarlo, lo pulsó, y aquella cosa emitió un extraño pitido.

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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   19th Agosto 2015, 18:09

Gabriel retrocedió un paso instintivamente cuando la mujer misteriosa comenzó a caminar. Dejando su vieja maleta a un lado, y caminando como un acróbata en la cuerda floja por la espina dorsal de su socio inconsciente, la mujer sonreía con una ferocidad que no parecía corresponderle del todo. Había algo en ella... Algo que estaba mal. Algo en esa voz magnética, en esa mirada envenenada, en ese suave acento que le recordaba a casa. ¿En qué clase de lío de había metido esta vez? En uno muy, muy gordo. Sabía que era agente de SHIELD, aunque no lo había visto venir. ¿Cómo...? Tenía pinta de espía, pero por alguna razón Gabriel no la imaginaba hackeando el sistema y mirando los secretos que encerraba. Cuando acabó su paseo, se plantó justo delante suyo, a apenas un par de centímetros. El rubio tenía ganas de darle una respuesta tajante, tirarla al suelo e irse al Triskelion para entregarlos a todos y ver que le había pasado a su compañero, pero simplemente no podía. Algo lo había paralizado por completo, y entonces se dió cuenta de que estaba conteniendo el aliento. En ese momento, ella empezó a hablar, mascando las palabras cargadas de odio y desprecio. Dando forma a una de las amenazas más graves y rocambolescas jamás oída en el mundo de Omega.

-¿Quién... Quién demonios eres tú?-Gabriel respondió, crispado por la tensión acumulada. Seguía clavado al suelo, y al tratar de sondear los pensamientos de la morena, sólo se encontró con que iba muy, muy en serio.

"-Mierda."-En cuanto vislumbró el botón rojo, lo que quiera que lo mantenía quieto aflojó, y dió un salto hacia atrás para alejarse lo máximo posible de esa cosa. Era cierto que no parecía una bomba, y que alejarse un par de metros no serviría de mucho de ser así, pero por otra parte... Prefería poner distancia entre esa mujer y él. Como un continente o dos.

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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   19th Agosto 2015, 20:11

"¿Quién demonios eres tú?" Con esa pregunta, Cloe sonrió de forma canónicamente misteriosa y pretenciosa. Podría haberle contestado de mil y una formas, darle mil y un nombres. Podría haber hecho que bailara según su pauta o se debatiera entre lo que era cierto y lo que no. Sin embargo tan sólo sonrió. Simplemente, sonrió.
El pitido del artefacto, insistente, iluminaba de rojo el bajo rostro de Cloe y ésta lo tomó con ambas manos, lo giró, y el pitido se paró. Uno habría esperado que tal vez, y solo tal vez, esa cosa fuera una especie de bomba, como le había dictado el instinto de Gabriel. Pero no estalló. Ni siquiera salió un rayo láser ni nada por el estilo. Cloe se lo llevó a los labios y se los pintó con el lápiz de carmín que sobresalía por el otro extremo de cilindro.

- ¿Que quién demonios soy? - contestó mientras se pasaba el pintalabios para intensificar el color rojo de éstos. - Sólo soy una chica normal y corriente. - Volvió a sonreír, mostrando sus blancos y perfectos dientes, escondiendo la barra dentro del cilindro.
>> Ahora mi querido y apuesto joven agente, tienes una encrucijada. Está claro que no me ves como una chica normal y corriente. Se te ve en la mirada, querubín. Puedo leerlo. Puedo untarme con el color de tus ojos y sentir la duda crecer en mi interior, como un pequeño orgasmo al bañarte en nata pura. ¿Nunca lo has hecho? Te lo recomiendo. ¡JA! Es puñeteramente relajante, ¿sabes? Además, cuando sales puedes notar la nata en cada rincón de tu cuerpo moverse y deshacerse, corriendo por tu piel. En cada, maldito, rincón de tu cuerpo. Mola, ¿no? ¿Por dónde iba?... ¡Ah si! Ya me acuerdo. Perdona, a veces tengo éstos arrebatos. Como decía, la encrucijada: ¿me entregas a tus superiores o me pegas un tiro aquí mismo, entre ceja y ceja? Si me entregas nada te asegura que no haga alguna trastada que no vierais venir, pero estarías haciendo tu trabajo. Sin embargo puedes pegarme un tiro y adiós al peligro inminente. ¿Qué será?

Cloe se acercó a Gabriel, con paso lento, levantando las muñecas muy juntas, en pos de sumisión. Ese gesto lo hacían aquellos que iban a ser esposados, sólo que Cloe no mostraba el típico rostro de quien va a pasarse una larga temporada en la sombra: seguía sonriendo.

- De cualquier manera, hagas lo que hagas... no me voy a despegar de ti, capullín.

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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   24th Agosto 2015, 16:45

Era un pintalabios. ¿¿Qué leches hacía esa mujer pegándole semejante susto para nada?? Y aún se reía, la muy... A ver, respiremos. O eso se dijo el agente, por que la práctica era mucho más difícil que la teoría, a decir verdad. Él solía ser bastante más tranquilo pero es que a ver... No había entrenamiento en el mundo que te preparara para aquello.

-Me gustaría saber qué es normal para tí exactamente. -Entonces, siguió con su pequeño discurso. Había empezado hasta bien, y podría haberse convertido en algo terrorífico... Si no hubiera comentado tan gráficamente el hecho de bañarse en nata. Si de verdad lo hacía a menudo, no le sentaba nada mal. Esa piel blanca impoluta no se conseguía sin esfuerzo, y... Rodó los ojos. Leches, que ese era un momento serio. Si los dos se lo tomaban a cachondeo, menudo asco de detención. Pese a todo, la mujer recapacitó antes de que él tuviera que decirle que se estaba yendo por las ramas. Y se entregó.

...

"-Menuda cabrona."-Algo dentro de él se preguntó si seguiría sonriendo con una bala en la sien. Probablemente sí. Había dicho que lo iba a perseguir de todos modos, la matara o no. Puede que fuera un farol como una casa, pero prefería no arriesgarse. Fuera lo que fuera esa mujer, era posible que pudiera regenerarse o hacer algo inesperado. Y Gabriel no quería darle esa oportunidad tan fácilmente. Se llevó una mano al cinturón, y extrajo las esposas. Cloe (Leyó su nombre en su mente más como un gesto mecánico que como algo consciente) extendió las manos, y se acercó despacio, manteniendo esa perenne sonrisa que le ponía de los nervios. No hizo ningún ademán de moverse mientras el rubio cerraba las esposas en torno a sus finas muñecas. El silencio había cubierto por un segundo ese rincón del mundo, tan espeso que resultaba molesto, aunque no era mejor que las palabras de Cloe. Se apartó un poco, y paseó la mirada por la cara de ella, deteniéndose en los ojos, que chispeaban con diversión. Ella sabía desde un principio que no tenía que temer por su vida. Agh.

-Bien... Vas a pasar una buena temporada encerrada, me parece. - "-A menos que pase algo raro más."-Sin dejar de mirarla detenidamente, se llevó el comunicador a la oreja para pedir que los recogieran.

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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   27th Agosto 2015, 15:35

Cloe sonrió con su ya típica sonrisa de suficiencia, mientras Gabriel la esposaba. Incluso hizo un gemido de dolor y placer cuando las cerró, muy cerca de su oído. ¿Fue un gemido real? ¿Fue tan solo para ponerlo nervioso? ¿Para pincharlo? A saber.

Los vehículos no tardaron mucho en llegar, y mientras tanto Cloe se empolvaba la cara como bien podía, como si se preparara para una gran actuación o una presentación en sociedad. Cuando la vieron los demás agentes la apuntaron sin vacilar, lo tomaron por la espalda y las manos y la condujeron hasta el vehículo con el cual la llevarían hasta la central para interrogarla. Además, también tomaron a Viggo y lo metieron en otro vehículo distinto al de Cloe.
Los agentes dieron palmaditas y felicitaciones tanto a Gabriel como a su compañero en ésta redada, y les pidieron que subieran a los vehículos para marcharse de ahí y terminar con la misión. Uno de los agentes se ofrece a llevar a Gabriel.

Una vez en marcha, el convoy se dirige a la calle principal para luego tomar la mejor salida hacia la base de SHIELD más cercana. Cloe va dentro de un furgón especial para detenidos, con las esposas atadas al suelo por unas cadenas. En el mismo furgón van dos agentes preparados con armas automáticas y uniforme de combate.
Cloe mira fijamente al que tiene delante mientras se mueve de un lado a otro por culpa del traqueteo del vehículo. Al final el agente también la mira a los ojos. Sus rojizos labios se separan durante unos segundos.

- Oye, ¿puedes hacerme un favor? Verás, ay pobre de mí, creo que voy a quedar muy mal con el agente rubio que me ha puesto las esposas. ¿Le conoce? Bueno, es que verás, antes le he asustado con mi pintalabios porque al pulsarlo emite un pitido y una luz roja parpadeante. Si le hubieras visto la cara... En fin, ¿le podrías decir de mi parte que, por favor, no era mi intención que creyera que era una bomba cuando en realidad es un localizador? Me harías un gran favor.

Cuando el agente se da cuenta de lo que le está diciendo Cloe, se levanta y mete mano a los bolsillos de Cloe para encontrar el susodicho localizador. Cuando lo saca ve que aun emite ese pitido y la luz. Grita con fuerza para que el vehículo se detenga, y se detiene... sólo que por culpa de otro vehículo que se ha cruzado en su camino.
En cuestión de segundos el convoy es rodeado por varios vehículo civiles: tres coches por delante, una furgoneta por detrás y varias motos. Los tipos que salen llevan pasamontañas y van armados, y empiezan un tiroteo contra los agentes de SHIELD.
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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   2nd Septiembre 2015, 01:49

No pudo evitar poner una cara de incomodidad absoluta cuando Cloe le gimió al oído. Seamos sinceros, Gabriel podía lidiar con mutantes descontrolados, terroristas varios y organizaciones con ansias de dominación mundial, pero no con eso. Cloe estaba tan relajada como si estuviera esperando para que la llevaran de paseo, ajena en apariencia a las miradas furtivas del rubio. O ignorándolas, más bien. Cuando al fin llegaron los coches, los compañeros que se habían quedado cómodamente sentados y las felicitaciones, Gabriel se empleó a fondo para sonreír y quedar bien. Por pura precaución, separaron a los prisioneros en distintos vehículos, como era habitual. El inconsciente Viggo y el matón acabaron juntos en el coche más grande, Cloe en el segundo y Gabriel se metió en el tercero. No le apetecía estar ni un segundo más del necesario en el mismo sitio que esa mujer, y tenía motivos para sospechar que el interrogatorio correría a su cuenta. Que ilusión.

-Como te decía, el otro día estaba mi vecino por la calle, y no te vas a creer...-El resto hablaba despreocupadamente, pero había algo que reconcomía a Sparrow. Se habían dejado algo, algo importante..."-Oh, no."-El pintalabios. Cloe estaba pensando en él, así que dudaba mucho que no fuera nada más que lo que aparentaba a simple vista.-Chicos, deberíamos parar. Creo que algo va mal...-los otros agentes callaron de golpe al oír su tono de voz preocupado, pero no dio tiempo apenas a reaccionar cuando empezaron los disparos.

El vehículo se paró con un frenazo, y Gabriel saltó fuera con sendas pistolas en las manos. No sabía como lo había hecho, pero podía apostar que era culpa suya. Sabía desde el principio que seguramente se estaba metiendo en una trampa, pero lo había considerado un riesgo necesario. Mira que llegaba a ser tonto. Se cubrió detrás del coche para empezar a disparar: Era de SHIELD, le costaría explotar aunque dieran en el motor. Los atacantes eran irreconocibles: Todos ellos con pasamontañas sin uniforme, montados en motos y coches corrientes. Así que solo quedaba una cosa por hacer: Pelear, aunque los otros parecían bastantes más. El grupillo que tenía en frente estaba dando problemas, y tenían una farola encendida detrás... Gabriel cogió de su cinturón una bomba de humo, y se la lanzó. Pararon de disparar, tosiendo, y él salió de su escondite para disparar en la cabeza a las siluetas que se veían al contraluz. Como un tiro al blanco. Como un juego.

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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   3rd Septiembre 2015, 13:50

30 minutos antes...

- Entonces, a ver que me entere yo, porque algo se me escapa. La tipa ésta cuyo nombre no sabemos viene, nos deja un maletín con pasta y éste aparato, y nos dice que cuando se encienda sigamos la señal, ¿no? ¿Para qué?
- Dijo que sería el atraco de nuestra vida. Que íbamos a sacar mucha más pasta.
- ¿Pero qué vamos a asaltar?
- No lo sé. Tan sólo dijo que fuéramos bien armados.
- Vale vale... Estamos todos, ¿no?
- Fisher no va a venir: lo trincaron ayer.
- ¿Qué? ¿Cómo?
- Estaba con su chati y les derribaron la puerta. Tenían cuatro rayas sobre la mesa.
- Ese gilipollas... ¿Sabes qué? Que se pudra.
- Eh Gary, el aparato se ha encendido.
- Bien, tomaré eso como una señal. ¡Vamos chicos!


La banda de Gary casi al completo preparó sus armas, gritaron al cielo y se pusieron sus pasamontañas, así como los cascos aquellos que iban en moto. Aceleraron por el callejón hasta salir a la calle principal, y de ahí derechos hacia la señal que recibía el transmisor. Gary iba delante, con el susodicho aparato cada dos por tres en frente de sus narices, para no perderse. Por un momento le pareció que estaban llegando hasta el destino pero éste empezó a moverse a una velocidad casi como la suya. Hizo una señal a sus chicos para que aceleraran.
Pasaron el puente de Brooklyn y a lo lejos pudieron ver un convoy de coches que iba completamente junto. Gary hizo otra señal, ésta vez para que se dispersaran. Todo el mundo sabía lo que tenían que hacer. Así funcionaba la banda de Gary.
Una parte de la banda siguió por detrás el convoy mientras que el resto tomaron otra ruta para cerrarles el paso justo frente a los morros. Fue en un cruce más adelante cuando el primer coche de la banda se puso delante del convoy, seguido del resto. Antes de que los agentes se preguntaran qué estaba pasando los miembros de la banda sacaron escopetas, pistolas y fusiles y empezaron a disparar al convoy, seguros de que llevaban algo valioso.
El primer agente en caer fue el que conducía el primer vehículo. Los demás se parapetaron en sus coches y en las puertas del mismo, devolviendo el fuego. Por detrás llegó el resto de la banda, que acompañó la sonata con sus cañones. En medio de la adrenalina uno de los de la banda cayó al suelo con un balazo en la cabeza. Otro dejó de disparar un segundo y se fijó en un símbolo que había visto, no sabía si en el hombro de alguien en su pecho, o algún vehículo. Se le puso la cara blanca.

- ¡SON DE SHIELD!

Una bomba de humo fue su respuesta, y posteriormente un balazo. Gabriel hizo tiro al blanco con los miembros de la banda, diezmándola. Entre ellos estaba Gary, con un agujero donde antes tenía un ojo. Al ver esa masacre el resto de la banda se subió a sus vehículos y salió por patas, dejando a más de la mitad de los suyos muertos.

¿Y Cloe? Cloe se las había ingeniado para sacarse unos auriculares del bolsillo de su chaqueta para escuchar música mientras permanecía en el asiento de su vehículo, como si no pasara nada.
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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   7th Septiembre 2015, 13:21

Iba por la tercera recarga, cuando los atacantes comenzaron a retirarse a toda prisa. Parecían ¿sorprendidos?¿No esperaban que los agentes les respondieran o qué? Se escuchaban gritos, pero al parecer nadie salvo él se había molestado en poner silenciador a su arma, por lo que no se pudo escuchara nada. Para colmo, algunas ventanas de las casas  se iluminaron: La gente se despertaba al oír los disparos. Eran las dos y media de la madrugada, como para no despertarse. Si es que los de la banda eran imbéciles, ¿A quién leches se le ocurría...? "-Mierda."-La chica.

Le faltó tiempo, para ir al coche donde la habían metido, abrir la puerta y comprobar que estaba en su sitio, esposada y sentada donde la habían dejado. Ya que había causado todo ese lío, al menos podría haber tenido la decencia de escaparse. Pero ni eso. Estaba escuchando música tan tranquila, como si nada. Le entraron tentaciones de coger un arma de algún asaltante muerto y volarle la cabeza. Total, luego podría poner la excusa de que estos tipos habían aparecido para matarla y dar el tema por cerrado. Al menos, era más fácil de creer que la otra explicación: La banda había aparecido así, por que sí, y no habían hecho nada. Simplemente disparar, morir la mitad, huir. O era una nueva modalidad de suicidio colectivo, o no se lo explicaba.

Cuando reemprendieron la marcha, Gabriel se sentó directamente en frente de Cloe. Por poco que le gustara, alguien tenía que vigilarla, o volvería a hacer de las suyas. Su cara en esos momentos quedaba entre el cabreo más absoluto y la concentración propia de quien está buscándole el sentido a algo que, o bien no lo tiene, o bien lo tiene pero no lo encuentra. Mientras tanto, el agente de al lado hacía una llamada para asegurarse de que cuando llegaran los heridos pudieran recibir atención médica, además de que alguien se ocupara de retirar los cadáveres y demás.

Afortunadamente, nada más ocurrió hasta que llegaron al Triskelion. Al menos para Gabriel, el camino fue casi eterno. A pesar de la hora, la central de la agencia estaba a pleno rendimiento: "Si el mal no descansa nunca, nosotros tampoco", parecía ser la idea. Antes de que se diera cuenta, Cloe estaba en una sala totalmente blanca, sentada en una silla a la cual estaba también esposada. Gabriel se quedó fuera un momento, observando.

-¿Qué vas a hacer?-Un agente bastante más mayor que él había ido allí, únicamente para decirle que no tenían nada. Nada por dónde pillar a esa chica, como si hubiera aparecido en este mundo esa misma noche.

-Lo de siempre.-Entró en la habitación. Se sentó enfrente de la chica, mirándola detenidamente a la fría luz del fluorescente: No parecía menos extraña que en esa callejuela. De hecho, ahora mismo podría pasar por una modelo en plena sesión de fotos.

-Cuanto menos intentes mentir, antes acabaremos. Así que dime: ¿Qué relación guardas con los Verdetti?

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Última edición por Gabriel Leblanc el 15th Septiembre 2015, 16:46, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   7th Septiembre 2015, 14:25

El viaje no fue para nada tan movidito como esa pequeña parada: no hubo más incidentes de ningún tipo, ni disparos, no vehículos que de repente le cortaban a uno el paso y te pedían con la amabilidad que suelen tener las balas que se detuviera porque si. Eso si, para Cloe el viaje se le hizo más ameno, interesante o como uno quiera cualificarlo pues Gabriel se subió a su vehículo para vigilarla. La morena si ya sonreía con la presencia del joven agente sonrió aun más.

- Oh, me encanta ésta canción. Es una versión que hicieron hace algunos años por un juego y la verdad, me gustó el estilo. No tiene tanta profundidad como la original donde los tonos son graves, la música instrumental es ambiental y la los coros te ponen la piel de gallina pero aun así, es una buena versión. ¿Sabes cual es? Claro que no. Te la canto si quieres.


No esperó a que Gabriel le contestara y sus labios quedaron sellados mientras su cabeza se movía al ritmo metálico de la canción. Pronto comenzó a tararear la tonada hasta que llegó la parte de la letra.

- O, Death
O, Death
Won't you spare me over til another year
Well what is this that I can't see
With ice cold hands takin' hold of me
Well I am death, none can excel
I'll open the door to heaven or hell
Whoa, death someone would pray
Could you wait to call me another day
The children prayed, the preacher preached
Time and mercy is out of your reach
I'll fix your feet til you cant walk
I'll lock your jaw til you cant talk
I'll close your eyes so you can't see
This very hour, come and go with me
I'm death I come to take the soul
Leave the body and leave it cold
To draw up the flesh off of the frame
Dirt and worm both have a claim
O, Death
O, Death


...

Llegaron hasta Triskelion, donde bajaron a Cloe agarrándola por el brazo justo bajo la axila y siendo escoltada por dos agentes que le sujetaban los brazos, aun cuando ésta iba esposada. No se fiaban un pelo de aquella mujer después de lo que había pasado en la carretera. Si había sido ella la culpable lo tenían claro tras el informe del agente que vio el aparato que tenía entre manos. ¿El por qué? Eso sí que no lo tenían claro.
La metieron en una habitación esposándola a la mesa. Era blanca como la leche. Si las paredes fueran acolchadas se sentiría como en un manicomio. Sabía de qué iba la cosa y se mantuvo tranquila, esperando a que llegara su interrogador, y cuando se abrió la puerta sonrió de lado a lado al ver al rubio de marras. Cuando se sentó frente a ella se mantuvo callada, con los ojos fijos en su rostro. Uno pensaría que, con esa intensidad sus ojos no parpadeaban.

Gabriel comenzó con el interrogatorio yendo casi al grano: los Verdetti. Cloe, por su parte, se mantuvo en silencio, observando. No se movía ni un sólo músculo. Parecía una estatua de cera. Pero entonces se sacudió, cogió aire mirando hacia un lado, como pensando.

- ¿Has estado alguna vez en París? O en Francia en general, pero preferiblemente en París. Yo si, como se nota en mi acento. Tengo un buen recuerdo de las barras de pan francesas, concretamente las de una pequeña tienda parisina, llevada por un viejo algo gruñón pero simpático. ¿Te gusta el pan? Y a quién no. Ese hombre hacía las mejores barras de pan de la historia, y por supuesto tenía competidores que no le llegaban ni a la suela del zapato. Hacían el pan como quien se hace una manola un día de apretón: con prisas y a lo bruto. Pero ese hombre no, porque le daba todo el amor que tenía que darle.
>> Un día las barras de pan empezaron a salir mal. ¿Por qué? Eso se preguntaba el hombre y, encolerizado, destrozó el horno que tantos buenos años le había dado. Lo que no sabía era que su propia hija estaba saliendo con uno de los hijos de sus competidores, y éste quería tener el monopolio del pan, y la niña tonta no le daba importancia a las barras de pan de su padre porque siempre las había tenido en casa. Así pues, boicoteó la remesa de pan de aquel día, y provocó la ira destructiva de su padre. Todo lo demás vino por su propia mano: la gente dejó de ir a la panadería y los demás panaderos empezaron a rifarse quién se quedaría con aquel pequeño negocio. El hombre, como no tenía a nadie que le ayudara, terminó por quemar la panadería, con su casa, su familia y él mismo. Y colorín colorado, éste cuento se ha acabado.


Mentira. Una mentira como una roca de río. Nada de eso pasó en realidad. Todo era mentira pero, dentro de su historia, se escondía cierta verdad, con la cual estaba respondiendo a la pregunta de Gabriel. Acto seguido, puso las manos sobre la mesa y se quedó mirando al chico con aire de superioridad, como quien tiene cogida la sartén por el mango.

- Bueno panadero mío, ¿cómo te sientes al acabar con toda una familia de panaderos con tus propias manos? Terrible, ¿verdad? El pan ya no volverá a ser el mismo. Todo se va por el desagüe como la mierda, como las uñas mal cortadas y el pelo del culo que se te cae. Y todo por ti. Pero por suerte aquí estoy yo, la eterna vengadora, que da una razón de vida a las pequeñas personas repartiendo caramelos y retretes donde potar si se dan un empache. ¿Y tú? Tú pequeño ratoncito de pelo amarillo intentas agujerear mis preciosos caramelos y sembrarlos de gérmenes. ¿Qué haré contigo, pequeño ratoncito?
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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   11th Septiembre 2015, 11:28

Cuando Cloe comenzó a cantar, Gabriel la escuchó detenidamente. Si, le sonaba... Pero de hace mucho tiempo. De todas formas, la sensación de déjà vu se le pasó tan pronto como lo hizo la canción, aunque lo dejó algo inquieto. Y la morena no hacía más que acrecentar esa inquietud con su mirada fija y su expresión burlesca.

Podría haberse negado a responder, haberle mentido. Podría haber pedido un abogado. Alguna vez pillaban a criminales in fraganti, y era como para darse de cabezazos contra la pared cuando hacían eso. Pero era un derecho que tenían, y había que cumplir la ley. Después de todo, la estaban defendiendo. Pero Cloe no dijo nada de eso. Le contó una historia de lo más extraña, sobre panaderos, hijas traidoras y competidores. Y lo remató todo con una amenaza que a Gabriel le sonó peor que mal. Casi podía oír a los otros tragando saliva detrás del cristal. Intentó buscar alguna pista en su mente, pero fue imposible. Estaba pensando en... ¿Gofres? ¿Por qué gofres? En fin... De pronto, algo encajó en su maltrecha cabeza. Aquello solo era cierto a medias. Tras las máscaras de los personajes de ese cuento ser ocultaban personas reales.

-Entonces... El panadero es Leo Verdetti. El capo, el mejor de todos que ha sido derrotado por sus competidores por que alguien cercano lo ha traicionado. Su hija es nuestro topo.-Más que contárselo a Cloe, hablaba para sí mismo. Ella ya lo sabía de sobras. -Y nosotros... Somos sus rivales. Por eso nos odias, por que hemos acabado con algo que te gusta, el pan del panadero... Los delitos de Verdetti. ¿Es por eso? ¿Te gusta que haya crímenes, y por eso quieres vengarte? -No tenía sentido. ¿Qué ganaba con eso? Nada, nada en absoluto. Tampoco tenía pinta de que fueran socios ni nada parecido.

Pero había cosas más inmediatas de las que preocuparse. Como por ejemplo, mantenerla a buen recaudo. El hecho de que lo había llamado "ratoncito de pelo amarillo" llamaba a gritos a una comparación muy poco agradable: No hacía falta demasiada imaginación para ver en esa mujer un enorme gato negro.

-Si me fueras a hacer caso-Respondió, aunque estaba clarísimo que era una pregunta retórica. -te diría que podrías estarte quieta, confesar y luego esperar a ver qué hacemos contigo, pero, como no es el caso...

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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   11th Septiembre 2015, 13:31

Cloe esperó, esperó y esperó, escuchando los razonamientos del joven agente de SHIELD sobre la historia que le había contado. La verdad es que había sido una historia muy, pero que muy falsa: ella de pequeña poco había pisado París y poco sabía de sus panaderos, de sus historias y de sus vidas. Las pocas veces que había estado en la capital francesa había sido ya de mayor y no precisamente para holgazanear: había mucha gente que "necesitaban" de sus cuidados y no iba a ignorarlos.

Esperó.. esperó.. y esperó.

Entonces estalló en carcajadas. No una carcajada psicópata como la del Joker o una risa burlona de un payaso de circo. Era una risa que daba gusto escuchar, con una voz melodiosa, atrayente. Era la risa de una mujer a la que le habían contado uno de los mejores chistes de su vida, pero la carcajada duró mucho. Demasiado quizás. Parecía que en cualquier momento iba a caerse, desmayarse, por la falta de oxígeno. Y en el último momento paró, se recompuso y miró a Gabriel con los ojos entornados y la comisura de sus labios afilada.

- Ay mi pequeño, adorable y tierno ratoncito amarillo. ¿No lo comprendes, verdad? No, no lo comprendes. ¿Cómo ibas a hacerlo? No estás en mi cabeza. No puedes leer lo que tengo dentro. Si lo pudieras leer, sabrías lo que quería decir con mi historia. - Se miró las uñas, una a una, y después volvió la atención hacia Gabriel. - Está bien chico, voy a confesar. Prepara boli y papel porque la lista puede ser algo corta pero yo me explayo demasiado, o eso dicen. Atiende bien, sácate lo mechones de las orejas y presta atención. ¿Estás listo? Bien... - Se agachó levemente, acercándose más al joven agente. Lo miró directamente a los ojos, con una sonrisa fina ya sin pizca de humor, pero si con un veneno letal. - Yo no os odio. Al contrario, aprecio vuestro trabajo. Sin vuestro trabajo el mío sería totalmente aburrido. ¿Crímenes? ¿Y qué importancia tienen los crímenes si no hay alguien que quiera pararlos? ¿Qué diversión hay en ellos? Si dejas que alguien haga lo que quiera y nadie lo detiene es una monotonía constante: hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere, y sabes perfectamente que lo conseguirá. Entonces, ¿dónde está el caos en todo ésto? No lo hay, simplemente. Por mucho que la gente sufra, que muera, que les pinta la cara con un rotulador permanente no hay caos, porque todo sigue un mismo patrón y es todo orden. Yo, chico, proporciono los juguetes y los medios necesarios para que vosotros podáis seguir con vuestro trabajo y alegrarme el día. Me preparo un buen tentempié, me siento en la ventana de un hogar y observo la escena. Es una comedia, es un drama, es un film de terror, suspense o simple acción. Es una delicia para mis paladar y lo disfruto. ¿Odiaros? No, para nada os odio.

La morena se retiró, recostándose contra el respaldo, sin apartar su mirada de la del rubio. Entonces, con el desdén que le permitían las esposas atadas a la mesa, levantó una mano y lo apuntó con el dedo índice.

- A ti en cambio, te odio. Te odio muchísimo, más que la suciedad al agua. Más que la ropa al aceite. Más que nada. Tú, pequeño ratoncito, estropeaste mi diversión antes de que empezara. Tú, amigo mío, me has quitado lo que más amo en éste mundo, y ahora pienso hacerte la vida imposible hasta que te pongas de rodillas, beses el suelo que pise y pidas perdón mil y una veces. Ni una más, ni una menos. Es así de simple... - Bajó la mano. Sus labios eran un rictus de furia. Sus ojos dos gotas de fuego frío. Y volvieron a mostrar una sonrisa cándida y una mirada simpática. - ¿Pero cómo debo llamar al pequeño ratoncito? Ya sabes, para ponerte en mi lista.
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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   15th Septiembre 2015, 17:01

Su razonamiento fue seguido de medio segundo de silencio. Y después, risas. No habrían sido para nada desagradables si no fuera por que se prolongaron innecesariamente. Cuando paró, Cloe lo miró de nuevo, como perforándolo, y dijo que normal que no lo entendiera. Que no podía leerla.

-¿Cómo sabes que puedo leer mentes?-La gente corriente no notaba nunca cuando Gabriel los espiaba. Cloe debía ser una telépata, o igual era parecida a la Viuda Negra en el sentido de bloquear intrusiones mentales. O un alien. Vete tú a saber. Entonces, dijo aire iba a confesar. "-Al fin..."-Gabriel tamborileó con los dedos sobre la mesa, mientras la morena se explayaba con los preámbulos. Total, él ya había asumido que esa noche no iba a dormir. Cloe se aseguró, sin embargo, de que no pudiera dormir a gusto en varios meses. Dejó claro que, para ella, todo era un juego. Todas las personas, todas las cosas. Cada bala y cada gota de sangre en el asfalto. Ni siquiera estaba a favor de un lado o de otro. Sólo era la directora de la obra y la única espectadora, el resto no eran más que forzados actores. Salvo él. Realmente, Gabriel no había pensado en toda la noche en él mismo como individuo. No se había planteado ni siquiera que aquel asunto pudiera ser personal. Pero lo era, y mucho más de lo que él pensaba. A medida que ella escupía las últimas palabras, Gabriel palidecía poco a poco.

-Solo he hecho lo que tenía que hacer. Justo como ahora. -No iba a pedirle perdón, igual que no iba a volver a verla. Hizo un gesto hacia el cristal, y, acto seguido, dos agentes entraron y se la llevaron. Pasaría esa noche en alguna celda, y luego los jefes ya verían qué hacer con ella. No era su problema. Una vez hubieron salido, el francés se levantó y los siguió después de cerrar la puerta. No era momento de irse a casa, así que se limitó a ir hasta las habitaciones para echarse una siesta durante las pocas horas que faltaban para el amanecer. Esa era una de las mejores cosas del Triskelion (Si no era la mejor): Había de todo. "-Asco de día."- No mucho después, se quedó dormido, confiando en que todo estaba en orden...

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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   16th Septiembre 2015, 12:23

La morena se quedó con los ojos bien abiertos y una larga y amplia sonrisa se fue dibujando en su rostro. Los guardias entraron, le soltaron de la mesa y la levantaron. Cloe no opuso resistencia en ningún momento, y no dejaba de mirar a los ojos de Gabriel con el fulgor de la sorpresa. Mientras se la llevaban, el rubio pudo escuchar a la morena claramente decir:

- Lee los pensamientos... ¡Menuda sorpresa! ¡Jaaaaajajajajaja! ¡No me lo esperaba, en serio!

El comentario que dijo Cloe sobre que no podía leer sus pensamientos era simplemente eso, un comentario. No sabía la morena que el agente tenía esa capacidad y cuando se lo soltó así de golpe, como pensando que ella lo sabía... Se podría considerar una obra maestra del engaño si no llega a ser porque en ningún momento buscó dicha verdad.
Los agentes la llevaron hasta su celda, quitándole las esposas y metiéndola dentro de un empujón. Cloe bufó, comentando algo sobre que no era esa la forma de tratar a una dama. Poco les importó a los agentes, sabiendo que esa mujer había sido la artífice de la muerte de algunos de sus compañeros.

- Los agentes de la ley, con tan poco sentido del humor... - Cloe echó un vistazo a su celda, dando una vuelta y otra, hasta quedarse frente a una pared. - Si... ésta servirá.

...

A la mañana siguiente, la alarma saltó por todo el complejo, pero no una alarma de fuga sino una alarma que pasó de boca en boca: cuando fueron a llevarle el almuerzo a Cloe y prepararla para un siguiente interrogatorio, se encontraron a la mujer tirada en el suelo sobre un charco de sangre, muerta al haberse desangrado cortándose la lengua con los dientes. Pero lo más llamativo de todo era el mensaje escrito con su propia sangre en la pared.

"Nos vemos, ratoncito"

Cuando fueron a coger el cadáver, escucharon una canción que se repetía una y otra y otra vez. Salía de los auriculares de su reproductor, y la canción estaba puesta en loop. Aún sabiendo eso, no pudieron evitar mirarse los unos a los otros, preguntándose dónde se habían metido y si ésto sería el final o tan sólo otro principio.

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MensajeTema: Re: En el momento justo [Gabriel Leblanc] (20-01-2019)   17th Septiembre 2015, 17:04

Se estaba luciendo. No sólo no había podido evitar que algunos de sus compañeros murieran por culpa de esa mujer, para su diversión; sino que además no podía hacerla pagar por lo que había hecho. Y por si fuera poco, le había soltado a la cara lo que él creía que era su mayor secreto: Su "don", lo que lo convertía en alguien especialmente útil para SHIELD. No eran unos pensamientos agradables para finalizar una noche poblada por sueños extraños y una sensación de angustia creciente. Ni ninguna otra. Gabriel se incorporó y miró su reloj: Era bastante tarde, pero después de lo sucedido no esperaba que le encargaran una misión ese día. Ni siquiera Fury haría algo así. Se dirigió al baño conectado a las habitaciones aún adormilado, se quitó la poca ropa con la que había dormido y se pegó una ducha bien larga y bien fría. De hecho, solo salió cuando el frío comenzó a dejarle insensible la piel. Necesitaba algo bien fuerte para despejarse esa mañana.

Pero nada en el mundo podría haberle preparado para lo que le aguardaba fuera.

Apenas abrió la puerta de las habitaciones, vió a tres de los forenses corriendo a toda velocidad, camilla en mano. En el Triskelion, el corazón de SHIELD, el imperio del orden, se había desatado la locura. Gabriel jamás supo qué fue lo que le obligó a seguir a esos hombres con mascarilla y bata. ¿La curiosidad, el instinto? ¿O simplemente aquella fuerza poderosa que Cloe personificaba en ese mundo? Los pasillos, habitualmente mecidos por el murmullo de las conversaciones a media voz, resonaban ese día con gritos aterrados que no hacían más que escalar en intensidad a medida que Gabriel caminaba hasta el origen de el caos. Muchos le miraban. Algunos le señalaban. Pero él no preguntó nada a nadie, ni una palabra. Siguió a los médicos hasta la zona de las celdas, allí donde la confusíon se podía tocar con los dedos. Y entonces, la vió. Una canción que él ya conocía amenizaba la escena, haciéndola aún más grotesca si cabe. La fuente del sonido estaba cerca del cadáver: El reproductor que ella le había enseñado en el coche reposaba junto a su mano inerte. Cloe estaba tumbada boca arriba, los ojos verdes abiertos, la boca llena de sangre torcida en una mueca burlona. "-Parece demasiado viva para estar muerta."-No era una idea muy cabal. Pero todo aquello parecía de locos. La mujer yacía ahora en el frío suelo de la celda, desmadejada como una muñeca a la que hubieran estrellado contra un muro. Pero antes de morir, había escrito algo en una pared. Una carta de suicidio, sólo para él. Gabriel tragó saliva. "Nos vemos". El juego no había hecho más que empezar entre ellos dos, y él no quería jugar bajo ningún concepto.

Algo se posó sobre su hombro, haciéndole girarse bruscamente. Uno de sus compañeros lo miraba ahora de hito en hito. La escena que se había visto desde fuera de la celda parecía sacada de una película de terror, con él en medio de la sala, impasible ante el cuerpo mutilado de la prisionera. Dijo que tenían que hablar con él, y Gabriel se limitó a seguirlos, sumido en un silencio mortal. Por que claro...¿Quién le iba a creer si decía que, de alguna manera, seguía viva?

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