Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 [Autoconclusivo] Una nueva página (Dalae y Sasha)

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Sasha Triger
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MensajeTema: [Autoconclusivo] Una nueva página (Dalae y Sasha)    18th Diciembre 2015, 18:48

Domingo, 25 de Octubre de 2018 hasta 7-11-2018

Con la pastelería cerrada podía disponer de todo el tiempo necesario para esto... No era algo que me hiciese demasiada ilusión, pero era totalmente necesario. Así que cuando me vi preparada, la llamé y quedamos. No sabía si después de todo iba a estar enfadada, triste, contenta, resentida... Iba a meter de nuevo a una desconocida a mi casa como metí a Serrune, y en ese momento me daba un miedo mortal. Sonó la puerta y me puse nerviosa. Llevaba todo el día en casa mentalizándome de a lo que me iba a enfrentar. Traté de distraerme con la limpieza, música, los malabares, dulces... Pero nada surtió efecto. Así que cuando se acercó la hora me puse unas mallas negras y una camisa blanca básica, no tenía pensado salir así que iba de andar por casa, normal y descalza. Abrí sonriendo y me quedé desde dentro, mostrando mi hogar con un brazo. - Hola, Dalae... Bienvenida, pasa por favor. Como si estuvieras en tu casa - dije cerrando detrás de ella.

Dalae no tenía muy claro que hacer. Nunca había tenido familia, y ahora no sabía cómo tratar exactamente a Sasha. Por eso, cuando la llamó esa tarde, le empezaron a entrar dudas y más dudas. Finalmente quedaron en su casa, para hablar tranquilamente de sus cosas, de todo lo que se habían perdido. Llamó con los nudillos a la puerta, y Celsit la abrió para dejarle pasar. - Gracias...- Se fijó entonces en que estaba algo triste, o eso le pareció. -Estas bien?-

Me puse tensa automáticamente, algo más de lo que estaba, si cabe. - Bueno... me...- Suspiré -Me cuesta un poco todo esto. No sé cómo tratarte, ni si quiera sé si saludarte desde lejos, darte un abrazo o recibirte con un beso... Se me está haciendo muy difícil todo esto- comenté sincera. No estaba la Sasha fuerte y dura del exterior, y tampoco la desconfiada. Era Sasha al más estilo puro, sin nada que perder.

Se sentó en el sofá, escuchando a la otra chica. Observándola fijamente, para no perderse ni el más mínimo detalle. Ella tampoco sabía qué hacer. -Entonces, creo que estamos igual... Tratar con otras personas nunca ha sido mi fuerte, y ahora... Qué decir. -De repente, se dió cuenta de que faltaba algo... O alguien. Por cierto, -¿Plana no está contigo?-

Le acompañé hasta el sofá, sentándome a su lado - Él tenía unas gestiones que atender, tampoco me ha dejado muy claro de qué se trataba...- removí el aire con la mano como quitándole importancia - ¿Puedo ofrecerte algo?- cualquier cosa, agua, comida, el baño, ropa...

-Ah, vaya. Bueno, ya lo veré otro día.- Cuando le ofreció algo, Dalae sonrió ligeramente. - ¿Hay chocolate?-

Me salió una sonrisa tierna y amable de manera totalmente sincera -En esta casa siempre hay chocolate- Me levanté a la nevera y traje seis tabletas. Tres normales, una de cada tipo de chocolate y luego las mismas pero con frutos secos. -Come cuanto quieras, no sabes lo barato que sale todo cuando pides al por mayor-  De nuevo otra sonrisa sincera. No tenía por qué ser incómodo. Estaba pidiéndole información como le hacían a ella con la mansión... ¿No resultaba raro no? .... Creo que eso fue en parte lo que más me descolocó. Que no era raro.

Se le iluminaron los ojos tan pronto como Sasha apareció con los dulces. Podría parecer una tontería, así visto, pero en Asgard Dalae apenas había comido ninguna golosina. Esas cosas eran caras, y ella no tenía dinero, así que simplemente no podía comprarlas. Por eso, ahora el sabor del chocolate le recordaba que todo estaba bien: Que estaba en Midgard, donde podía hacer más cosas aparte de entrenar o pudrirse en una celda. -No quería molestar... - De todas maneras, cogió una tableta de chocolate con leche y almendras. -Si que lo sé, he estado trabajando en una pastelería en Ginebra un tiempo, y es una maravilla. Aunque yo lo pasé un poco mal, quería probarlo todo-Sonrió, alegre. -En otro orden de cosas... Para que me has llamado? Pasa algo?-

- No molestas-  dije con una sonrisa de tranquilidad, relajando la postura colocando un codo en el respaldo y mirándola más calmada. Aunque mi gesto de paz duró poco al escuchar que había trabajado en una pastelería, pero primero me organicé la cabeza -Quería información... toda la que me puedas facilitar sobre ese sitio... Pero primero quería preguntarte¿Y buscas trabajo ahora? - Podría resultar más que interesante meter a una persona más en la pastelería. Si lo necesitaba a mí me venía bien, y tal vez no fuese ninguna locura. Había motivos de sobra para contratarla.

-Quizás me vendría bien, para seguir aprendiendo de este mundo. Es muy diferente a Asgard... Puedo contarte lo que quieras, tenemos todo el tiempo del mundo, ¿No?- La miró un momento, y decidió que, quizás, podrían hacer eso bien. Si que sabía tratar a una amiga, podía empezar portándose así con ella.

-Si quieres, yo te enseño a ti y tú me enseñas a mí...Y sí, claro, no hay prisa - Se estira para coger una fila del mismo chocolate y comérselo con calma. Esperé con las piernas cruzadas y la cabeza apoyada sobre la palma de la mano del respaldo.

-Me parece bien -  Sonrió, ya más tranquila. - Veamos... Asgard es parte de lo que llamamos "Los Nueve Mundos", un conjunto de mundos que están conectados entre sí. Tenemos Jötunheim, un mundo helado en el que viven los gigantes; Muspelheim, que se parece a lo que vosotros llamáis Infierno.... También está Midgard, este mundo. Y en la cima de todos, Asgard, el Reino de los Dioses. - Explica, mientras su expresión va volviéndose más y más pensativa.

Me acerqué un poco más a ella, escuchando con un gesto de concentración intenso sin dejar de mirarla a los ojos -Es decir que lo que nosotros conocemos como la tierra, o nuestro mundo, allí es conocido como Midgard... Vale - Asentí con la cabeza comiendo otro cuadrado más de chocolate, rebañando la comisura donde me habían quedado restos del anterior. -Sí, exactamente. Es curioso que los humanos sean la única raza que ignora la existencia de todo lo demás, en general - Carraspeé intensamente -En realidad no ignoramos la existencia de lo demás... Hay distintas corrientes, las religiones, que abarcan mundos como Asgard, pero hasta hace nada yo misma era un poco escéptica con eso. No creía en ninguna, en ningún mundo aparte y REAL donde se desarrollasen todos esos dioses, los ritos... No sé, nunca lo creí. El problema que hay aquí en la tierra es la cantidad de creencias distintas que hay, cada una con su "universo" propio... No sé si me explico-  Puse cara de duda, esperando que hubiese sido capaz de captarlo.

-He leído algo sobre eso... Pero se me hace raro pensar que pueda haber tantas opiniones distintas en un mismo planeta. Incluso hubo algunos humanos que creyeron en nosotros, aunque creo que idealizaron un poco a nuestros dioses. - Mordisqueó un poco más de chocolate al acabar. Si, esos humanos de habían pasado un poco diciendo que Odín era sabio y justo... No sabían lo equivocados que estaban.

-Sé que es complicado... Religión musulmana, cristiana, dentro de la critiana católicos, protestantes, luteranos y unas ramas infintias de matices pequeños que les distinguen entre sí. La hindú, el panteón griego, el romano, efectivamente y como dices el nórdico que érais vosotros... Las religiones africanas y de sudamérica... suspiré, no merecía la pena enumerarlo todo, creo que quedó claro que había demasiados- Siempre idealizamos a los dioses, es algo creo que viene con el ser humano - Agité la cabeza entonces, volviendo al tema que quería tratar. -...Y hay alguna manera física de acceder a Asgard?- comenté hablando más lento, insegura.

-Quizás deberías pensar en que tú también eres parte de ese "nosotros"- Sonrió, sin pizca de reproche. Antaño, ella habría sido una semidiosa, seguramente una heroína. Solo tenia que acostumbrarse a ello. -De momento, no. Antes había un puente, el Bifrost. Pero hubo una serie de... Problemillas con la Colisión, y se rompió.- No le gustaba mentir así a Sasha, pero era la única manera de no contarle todo lo que pasó. Era peligroso saber ciertas cosas, y no sabía que quería Loki -Además, Odín puso después una barrera mágica... Nada entra y nada sale de Asgard.-


Puse un gesto de dolor al escuchar eso -... Nestro mundo... -susurré. -Se rompió el puente...? Y... la barrera... Suspiré algo decepcionada, los ojos se me empezaron a humedecer - No hay manera...? Y si hiciese un llamamiento público..? Se me iluminó la cara con ilusión y locura a partes iguales Y si me hiciese pública? Tal vez llamase la atención de Odín con un mensaje en las grandes pantallas.. Tal vez si...- me quedé mirando su cuerpo en general sin fijarme en nada. Una sonrisa desesperada y unas lágrimas empezaron a caer por mis mejillas.

Su cara pasó por toda la escala emocional. Toda. Había empezado sintiendo tranquilidad, alegría incluso, por estar junto a su hermana. Pero aquello había caído en el terror más absoluto. -¡No puedes hacer eso! ¿Cómo te hago entender que en Asgard no somos bien recibidas? Tan pronto como llames la atención de Odín, vendrán a por tí.-  "Y Loki no se meterá", pensó para sí misma. No tenían muchas posibilidades, por no decir que no tenían ninguna de momento.

Sonreí, continuando ese gesto de locura -Es lo que quiero... Ya va a por mi, hermana... - Decir esa palabra me dolió más de lo que esperé que lo haría. -Sé que no soy bien recibida en Asgard, pero tampoco soy bien recibida aquí... Odín lleva enviando tropas desde el día en que nací. Prefiero morir hoy con el valor de enfrentarme a él que vivir una vida huyendo de lo que no conozco y lo que temo dos nuevas lágrimas cayeron por mis mejillas. Yo no puedo vivir así... No cuando se me persigue por algo que no he escogido yo... No otra vez.. - Los recuerdos de las palizas por ser mutante me vinieron a la cabeza, creándome un nudo en el estómago. Otra vez no... Y me abracé los brazos.

-Lo siento... No tendría que haber sido tan brusca. Pero no debemos hacer eso, no podemos dejar que te maten. He estado conviviendo con ellos mucho tiempo, y si algo he aprendido, es que ellos no olvidan estas cosas... No, se las guardan, y van acumulando odio, hasta que lo sueltan todo.... Te mataría, y nadie ganaría nada con eso... -Cuando empezó a llorar, Dalae la abrazó. Fue un impulso, un acto reflejo que aún no había conseguido domar. Igual que las lágrimas que se deslizaban ahora, fuera de la vista de su hermana mayor. Dalae intentaba negar que aquello le afectara: Tenía que mantener siempre la calma y el sentido común. por eso era útil, por eso estaba viva. Pero ahora, le daba igual. Dejó fluir sus emociones mientras abrazaba a la peligrís, aunque Dalae percibiera su piel como si estuviera cubierta de metal recalentado.

El torso empezó a subir y bajar en pequeños impulsos, intentando respirar con la ansiedad. Me hundí en aquel abrazo, notando el aroma particular de Dalae acompañado del aire frío, enfriando mi cuerpo automáticamente para ponerme a su misma temperatura -Que me mate, Dal... Que me mate de una vez...-

Comenzó a acariciarle suavemente la espalda, llevada por un oportuno sentimiento de ternura que no sabía que tenía. Parecía tan frágil... La morena procuró que su voz sonara normal al hablar, pero no lo consiguió. - No digas eso... He visto lo que hay más allá para nosotras, y no querrías acabar ahí por nada del mundo-

Ella estaba preocupada... ¿por mí?  Levanté la vista separando el abrazo y agarrando las manos de Dalae con delicadeza, acariciando el dorso de sus dedos con los pulgares. -¿Se puede ser feliz viviendo perseguida...?- dije para luego mirarla a los ojos -¿Qué pasaría si muriera? Mi alma iría al Muspelheim?- Entre la información que había recabado y leido hasta entonces me era fácil recordar los conceptos.

Dalae conocía bien la idea de vivir perseguida, y sabía que no era algo agradable. Pero era una vida, y cualquier vida es mejor que la muerte. Miró a los ojos a Sasha, mientras ella la cogía de las manos. Le resultaba extraño haber llegado a tanta intimidad en tan poco tiempo... O al menos, para ella eso era intimidad. -No, no. Ya sé que no se puede ser feliz así, pero hay dos soluciones. Dejar de vivir... O conseguir que dejen de perseguirte. Y recuerda, Sasha... Morir nunca es una opción. Nosotras iríamos a Nfleheim, el país de la niebla. Está desolado... Da miedo verlo. Es peor que cualquier vida-

Un escalofrío me recorrió la columna al escucharla hablar. Mis ojos verdes siguieron clavados en los suyos y me sentí vacía, una vez más por dentro. -Pero...-  suspiré -No sé qué hacer para que me deje de perseguir... - conseguí dejar de llorar, para mi sorpresa, aun no sé muy bien cómo. -No sé qué hacer, Dal..-

-Te voy a decir lo que me han dicho desde que empecé a entender las palabras.- Le apartó un mechón de pelo de la cara. - Mantente viva - ¿Qué más se le podía decir a una soldado?, pensó con amargura. - Yo me ocupo de eso. Confía en mí, por favor.- Se limpió las lágrimas con la manga de la camiseta. Empezaba a notar espesa la voz, y por un momento temió que ella no la hubiera entendido, por que no se veía capaz de repetírselo.

Miré con debilidad a Dalae. No podía terminar de asimilar lo que era para mí, ni por qué delante de ella me sentía tan natural, pero lo cierto es que lo necesitaba. -No puedo tenerte pendiente de mi protección ni de mis decisiones, hermana... Ne-necesito saber que soy capaz de enfrentarme a esto- Se dejó un poco de húmedo en su mejilla y se lo limpie con el pulgar.

-A veces, es bueno enfrentarte solo si sabes que vas a ganar -No se lo dijo, pero ambas sabían que ya era demasiado tarde. Por mucho que Sasha le pidiera a ella que no estuviera pendiente de sus cosas, Dalae iba a estarlo. Aunque fuera desde la distancia. Sasha se había convertido en un motivo por el que luchar para la maga, y no pensaba renunciar a él tan fácilmente. Cerró los ojos cuando sintió el dedo de la chica más mayor en su cara, instintivamente. -Solo te pido que seas prudente, y tengas paciencia. No puedes hacer todo hoy. -"Si se pudiera hacer todo en un día, ya lo habría hecho", pensó Dalae.

Me encogí de hombros con media sonrisa triste -Supongo que tienes razón...- Y aunque pareciera estúpido, mi hermana menor me había dado un consejo que  no había considerado. La calma, más reflexión, paciencia y prudencia a partes iguales... -Gracias, Dalae... - Y me lancé sobre ella, abrazándola por la cintura, encajando mi nariz en su cuello -Gracias por haber llegado a mi vida... Gracias por mostrarme la verdad de mi pasado y gracias por todo...-

Dalae no sabía quien debía dar las gracias a quien en esos momentos. Si Cels, a cambio de un consejo, o Dalae, a cambio del amor que no tenía desde hace demasiado tiempo. Junto con Planaria, Sasha era la única persona hasta la fecha que había que la había tratado bien desde el incidente. No, incluso más: Los únicos que habían pensado en ella como un ser sintiente. Ese cariño... No tenía precio. No había tiempo suficiente para agradecérselo como se debería. Así que ella lo resumió lo mejor que pudo. Abrazó a su medio hermana con todas sus fuerzas, que tampoco eran muchas, y acarició su pelo en un intento de transmitirle todo lo que sentía. -Gracias a ti... Estaba perdida, pero ahora todo tiene sentido... Llevaba toda la vida preguntándome cosas de mi familia, y al fin te he encontrado. Eso es lo mejor que me ha pasado...-

Me incorporé entonces con una lágrima por la cara, totalmente distinta a las anteriores. Era de felicidad y mi sonrisa y mi mirada lo demostraban. Le agarré la cara con ambas manos y apoyé mi frente en la suya. Suspiré profundo, tratando de asumir todo lo que me estaba pasando. -Te quiero, Dalae...-

Sus ojos se abrieron en un claro gesto de sorpresa, aunque no se apartó. No esperaba esa reacción por parte de Sasha, y no había tenido tiempo para prepararse. Y aunque lo hubiera tenido, tampoco habría sabido qué hacer. No había tenido tanta cercanía con nadie en toda su vida, no había sentido es electricidad entre ellas nunca antes. Y era una sensación fantástica. -Yo también te quiero... Hermanita. -Sonrió, con esa dulzura que tanto le faltaría más adelante.

Sonreí incapaz de reaccionar de otro modo. Me separé de ella y le miré con una ceja alzada y esa sonrisa imborrable, al menos por un tiempo. -No debería llamarte yo hermanita? dije mientras me secaba las manos sonriendo Técnicamente yo soy la menor... je...-

-Bueno.... Es verdad. No lo había pensado.- Era un poco extraño: Sasha era mayor, pero había vivido menos que Dalae. Esta última se apoyó en él respaldo del sofá, sonriendo. -Supongo que en el fondo da igual. No nos llevamos nada en comparación con lo que vamos los asgardianos vivimos-

Le sonreí y me recosté yo también. Entonces me acordé de algo y di un pequeño bote como si algo me hubiese pinchado el culo -Oye, por cierto. ¿necesitas sitio donde quedarte, trabajo...? Puedo conseguirte lo que necesites. No serás molestia de ningún tipo, me sentiría bien tenerte cerca...-

-B-ueno... He trabajado algún tiempo en una pastelería, en Europa. No se si contará como experiencia o no, pero me fue bastante bien... -Hasta que tuvo que irse a toda pastilla, claro. -La verdad es que no tengo un sitio fijo donde dormir, me vendría bien. Pero seguro que no os molesto?-

Se me iluminó la cara, sonreí como una estúpida y le di un abrazo entusiasmada y nerviosa ante la idea -POR FAVOR, NO!!!! Bienvenida a tu nuevo hogar! Y puedes empezar en la pastelería cuando quieras. Sin presiones. Mira, esta va a ser tu habitación- La agarré de la muñeca mientras con la otra mano cogía más chocolate y me lo ponía a modo cigarrillo. Tiré de ella enseñandole la habitación del fondo a la derecha, abriendo la puerta y mostrándole la cama, el armario, la cómoda, el escritorio y la gran ventana que daba a la escalera de incendios por la que solía salir.

Le dió un mini-infartito cuando oyó el grito de Sasha. -¿Que...?- Un segundo después, estaba siendo arrastrada por el pasillo hasta una habitación muy bonita. Estaba decorada con gusto, y tenía una hermosa salida rápida que podía usar. Benditas escaleras de incendios neyorkinas. -Guau... ¿Esto es todo para mí? De acuerdo, esa habitación era grande para lo que estaba acostumbrada. ¿Y qué pastelería decías?-

Sonreí como una estúpida al ver su cara -¡Claro! Para tí... Tampoco es tan grande, pero te apañarás, creo... - Me acerqué a la cama. Las sábanas eran nuevas, el armario estaba preparado y todo limpio. -Pasa por favor... y ah, la mía, claro. Mi pastelería. ¿Cuál si no? - pregunté directa, asumiendo que conocía esa información.

Entró despacio en el cuarto, deslizando los dedos por los muebles a su paso, con curiosidad contenida. Quizás ahora recordaría más a un cachorrillo recién llegado a su nuevo hogar que a una adolescente normal y corriente. -Es precioso- Abrazó a Sasha de improviso con una sonrisa de felicidad. -No sabía que tuvieras una pastelería-. Se encogió de hombros. Menuda casualidad.

El abrazo me pilló por sorpresa y se lo devolví con aprecio y firmeza. -Es tuyo. Puedes decorarlo como quieras.. Y sí, es mía. Así que puedes adaptarte al ritmo que lo necesites. En ese escritorio hay papeles de la pastelería. Si algo de lo que tengo aquí te molesta, solo dímelo y lo moveré vale?. Estoy para lo que necesites. Si quieres puedo llevar el coche a donde tengas tus cosas y traer lo que sea. De verdad. Estoy para todo.-  Me quedé mirándola a los ojos mientras sonreía como una niña en navidad.

-No creo que me moleste nada, no te preocupes- Sonrió y se acercó a los papeles para hojearlos por encima. Tenía muy buena pinta...-No hace falta que vayamos a ningún sitio, tengo lo puesto- Y era verdad. Sus posesiones se limitaban a la ropa que llevaba puesta, el bastón y el contenido ser la bolsa que llevaba al hombro, con algo más de ropa y algunos cuchillos, un botellín de agua y algo de dinero. Y ya está.

-E-en serio? Bueno, puedo prestarte lo que necesites... De momento ¿Quieres cenar? Plana llegará en no mucho- Dije apoyándome en el marco de la puerta, contenta y mirando el cuerpo de Dalae, imaginándome cómo le quedaría mi ropa. Le hice un movimiento de cabeza indicando la cocina.

La verdad es que iba a necesitar ropa nueva. La que llevaba puesta era la menos rota, ya que sólo la usaba para ir por zonas el las que otros podían verla. Sin embargo, practicar sus poderes había hecho que el resto de su ropa estuviera bastante destrozada. Al oír lo de cenar, miró la hora el su reloj. -Que rápido pasa el tiempo, creía que era más pronto. ¿Puedo ayudarte?-

-Bueno, aquí cenamos más pronto... quizá quieras esperar un poco.- Empecé a caminar a la cocina -¿Qué te gusta? Eres alérgica a algo? Algo que hayas querido probar siempre?

-No, si cenais a esta hora, a mi me parece bien. Tengo que acostumbrarme, de todas maneras- Se encogió de hombros. -La verdad es que hasta ahora, se había limitado a comer cuando tenía hambre y a dormir cuando tenía sueño, lo cual no era mucho. Bueno... Nunca he probado la pasta. ¿Tenéis?-

-Es una de mis especialidades... Has tenido suerte.- dije sonriendo. Saqué una olla, le eché agua y la pasta, me la coloqué en la mano y de un fogonazo la pasta estaba cocida. -Además tarda poco- Dije soltando la olla en la vitrocerámica.

-Vaya... ¿Cómo has hecho eso?- Mucho calor... Pero había sido tan rápido que apenas lo había notado. Mejor. No podía ver a Raden, pero sabía que estaba poniendo cara de "Ten cuidado, niña, que nos queman". La cara que ponía la mitad del tiempo.

-Oh, ehm... No es que controle el hielo y el fuego... Controlo las temperaturas extremas de todo cuanto me rodea y toco. Con el tiempo aprendí a controlar las intermedias hasta que aprendí a hacer cosas como esta. Y es muy práctico!- Le da un cuchillo a Dalae -Me echas una mano?-  Le di el bacon fresco y yo me encargué de los champiñones y la cebolla, sacando dos tablas de cortar.

-¿Te costó mucho?- Dalae cogió el cuchillo y comenzó a cortar. -¿Así o más fino?-

-La mansión X... habrás oído hablar de ella-  Terminé la salsa y la mezclé con la pasta, dejando que los sabores se mezclasen, removiéndolo todo bien, notando cómo el tintineo de las llaves de Plana sonaban en la puerta. Creo que falta poco para hacer esto oficial... ¿Estás lista?-

-Algo he oído... Pero muy poco. Salen de vez en cuando en las noticias- Observó a Sasha acabar de cocinar la pasta a la carbonara. Le gustaba como lo hacía, se notaba que tenía práctica. O al menos, más que ella. No había probado nunca la pasta, principalmente por que en Asgard no existía y el Midgard no había tenido ocasión, así que para ella era un alimento tan exótico como podría ser el corazón de dragón para un humano. -No me molestará, ¿No?- Miró a Sasha con cierta preocupación, pero algo en su cara le indicó que no iba a ser así. Así que sonrió y asintió con la cabeza. -Sí. Allá vamos.-

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