Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]

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Anastasia Románova
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MensajeTema: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   21st Diciembre 2015, 19:00

Nueva York no era una ciudad nueva para mí, llevaba ya unos años viviendo allí por mi cuenta, sola y sin la ayuda de nadie. Supe apañármelas gracias a mis poderes y a fantasmas simpáticos que me avisaban de las cosas que veían o que habían visto para que pudiera escaparme o salirme con la mía.

Habían pasado siete años desde que me quedé sola con mis espectros, con los que vagaban por las calles, los que estaban ligados a otras personas… Me pasaba la vida de un lado a otro, no paraba más de dos días en el mismo sitio, usaba los baños públicos para limpiarme y evitaba hablar con demasiada gente. Excepto en este caso.

Este era ya el quinto motel de mala muerte en el que entraba, obligándome a entablar conversaciones con desconocidos que no me hacían ninguna gracia y, además, llamaba la atención de la gente que había ahí, lo cual era casi peor. Mantuve la calma cuando más de un hombre que olía a sudor, alcohol y soltería. Además de a tabaco. ¿Todo los que habitaban esos lugares olían igual? Era como una marca de identidad, señor. Por no hablar de las condiciones del lugar, el olor a moho y el crujir de la madera a mis pies no me daban seguridad alguna, las manchas de las paredes no se sabía ya si eran de algún líquido -por llamarlo de algún modo- o sangre, lo cual no me extrañaría lo más mínimo.

Sin embargo, esta vez presentía que estaba cerca. Tenía que estarlo. Me acerqué al hombre del mostrador que me miró de arriba abajo relamiéndose el sudor que tenía sobre su labio superior y me sonrió de una manera que me hizo sentir no asco, si no repugnancia. Podría tener bien la edad de mi padre o incluso de mi abuelo. Fruncí el ceño y arrugué la nariz.

-¿Se aloja aquí un hombre rubio, más bien alto, y que apesta a tabaco?- pregunté lo más cordial que supe.
-¿Qué apeste a tabaco? ¡Ja! Niña, aquí todos apestamos a tabaco. ¿Quieres apestar a tabaco tú también?- si las miradas matasen ese hombre habría muerto más de diez veces. Miré a mi alrededor buscando algún libro de visitas o algún rubio por ahí, ignorando el comentario de ese animal.
-El hombre al que busco podría mandarte al infierno, según dicen- volví la mirada al estúpido del mostrador. -Déjalo, buscaré-- corté la frase a la mitad pues lo que vi según me giré hizo que esa desagradable conversación en ese tugurio mereciera la pena.

-John Constantine, al fin te encuentro.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   21st Diciembre 2015, 21:05

Lo bueno que tenía no tener casa era que siempre visitabas nuevos lugares. Lo malo era que siempre se acababa en el mismo agujero de mala vida que Dios hizo para guardar toda la basura del mundo, rodeado por los desperdicios más nefastos y la compañía de las horas al pasar, golpeando las manecillas del reloj con perseverancia e ímpetu. El hedor que podía respirarse en aquel estercolero sabía a fracaso y depresión. El alcohol no era suficiente buena compañía para olvidar el lugar donde caían tanto hombres y mujeres, ni el tabaco era suficientemente reconfortante, pues era una muerte lenta, demasiado lenta.

Y justo dentro de aquellos agujeros, levantados con los sueños rotos de miles de personas se alzaban los moteles de mala muerte que solía frecuentar John últimamente por varias razones: la primera era la más obvia de todas, llamada dinero. Cuanto más decadente y ruin, menos hay que pagar. Y si por un casual los trucos del mago no servían o lo pillaban y le tocaba pagar, dolía menos pagar diez dólares por noche que cincuenta.
La segunda razón era por la afección mental que sufría desde aquella reunión con otros magos y entidades, pues en su cabeza tenía mil y una direcciones, y no sabía cuál era la suya. La Casa del Misterio también había desaparecido de su cabeza, o mejor dicho, la dirección. En una vida estaba en Orlando, mientras que en otra estaba en una dimensión paralela por donde sólo se podía acceder con la llave de no se sabe qué ente.
Es decir que, resumiendo, no tenía un sitio fijo donde dejarse caer muerto. Además, podría ser el único en todo el motel a quien no le importaba lo olvidado y dejado que estaba, ni la mala vida que allí dentro se respiraba, pues él había visto cosas que pintarían de color de rosa aquellas paredes llenas de mugre.

La noche había caído sobre la ciudad hacía ya varias horas, y la botella llegaba a su fin. John no tenía nada que hacer ya en aquella habitación, por lo que se aferró el nudo de su corbata, se puso la gabardina y se encendió un pitillo, dejando atrás la puerta de su habitación. Intentaría pasar delante del recepcionista con toda la naturalidad del mundo, aspecto que ya había utilizado otras veces, para así pensara que volvería aquella noche para quedarse otra vez. Casi siempre funcionaba, mientras que no apareciera el listillo de turno.
Mientras bajaba las escaleras que gritaban bajo sus pies con la agonía de los años y el maltrato, la cabeza de John viajó momentáneamente a Shade, preguntándose si sería buen momento para seguir con la sesión. Habían pasado suficientes días desde la última vez, y si quería que mejorara tendrían que acortar los plazos de los días, para reducir la resistencia de su mente y su carne.

Fue entonces, entre pensamientos y la puerta de salida que John se topó con una joven pelirroja, quien parecía conocerlo. Por un momento se la quedó mirando con buenos ojos. Desconfiando pero con buenos ojos, hasta que vio sus manos... "Y una mierda". Puso pies en polvorosa, hablando con rapidez.

- Sigue buscando, monada.

Si alguna vez queréis ver lo rápido que puede andar un hombre, esperad a verlo huyendo de la misma muerte.

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Anastasia Románova
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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   22nd Diciembre 2015, 10:18

John me miró de arriba a abajo, haciendo un pequeña pausa en mi manos, las cuales me miré, y me mandó a paseo diciendo que siguiera buscando. Y un cuerno. Ya había hecho muchos esfuerzos para encontrarle y me había tragado a gente asquerosa por los lugares que frecuenta como para que ahora me de este corte.

-¿Qué?... ¡No!- grité yendo tras él antes de que se marchara, ya que me quedé quieta como una pasmada mientras él se alejaba cuando en mi cabeza estaba echando humo. Cuando le alcancé me puse delante de él para cortarle el paso.

-No, John. No te vayas, llevo mucho tiempo buscándote- alcé mi mano entre nosotros y se la mostré. -No sé por qué me pasa esto, pero me parece que tú sí. No te vayas, John, ni si quiera sabes quién soy- acabé casi suplicándole. Después del trabajo que me costó encontrarle no podía permitirme que se fuera y echarlo todo a perder. No sabía exactamente qué quería de él, pero estaba segura de que John sabría por dónde empezar.

Me quedé donde estaba sosteniéndole la mirada y respirando muy hondo. Cerré loso ojos e hice un esfuerzo por sincerarme porque a pesar de que, aunque le estaba buscando, no me fiaba de él. No me fiaba de nadie de buenas a primeras. Suspiré y volví a mirarle con más seriedad, pero John ya no estaba. Continuó andando. Gruñí por lo bajo y fui a por él, cogiéndole por el antebrazo con mi mano adrede -si le hizo no querer saber nada, seguro que le hace pararse y al menos mirarme.

-Tengo ciertas... habilidades. Quise informarme del tema y di con tu nombre, y con el de varios farsantes y estafadores, pero por algún motivo tú eras diferente. Sentí que tenía que buscarte a ti, y eso he hecho. Ahora, si no te importa, por favor, no te vayas- le pedí con seguridad. En ningún momento puse tono de súplica, lo que probablemente me hacía quedar como una arrogante o estúpida. Y eso le haría largarse de nuevo, así que le cogí de nuevo del brazo con más suavidad. -Por favor.

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Última edición por Anastasia Románova el 23rd Diciembre 2015, 16:46, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   22nd Diciembre 2015, 18:21

La mujer no se rendía. Pese a que John había dejado claro que no quería saber nada de ella ni de su mano, ella insistía. A pesar de extender la distancia entre ambos y salir del motel de mala muerte bajo la atenta mirada del recepcionista, el cual no sabía si salir y decir algo o quedarse allí para no parecer un completo imbécil, ella insistía. Se le puso delante, mostrándole la mano negra que había sido el causante de su fuga. Le suplicó, confesándole que había tardado mucho tiempo en encontrarle. "Menos de lo que tardé yo en perderme, seguro". Dijo que no sabía por qué le pasaba eso, a lo que el mago no pudo evitar esbozar una sonrisa ladina, como de soberbia o incredulidad. Él si sabía por qué tenía la mano así, y olía a mentira.

Aprovechando que apartó la mirada, el mago probó un nuevo quiebro para despistar a la joven pelirroja. "Tsk... menudo desperdicio..." pensó al tener la imagen de la joven en la retina sabiendo de antemano cuál sería su destino. Y absorto que estaba entre sus pensamientos que no pudo evitar que la chica volviera a pararlo, ésta vez agarrándolo por el brazo.
Confesó tener habilidades. Si, eso ya lo había intuido John, porque no se llega a tener la mano así a menos que juegues con cosas prohibidas. Conocimientos que no son de éste mundo. Le habló de lo que había pasado para encontrarle, y que tenía que buscarlo a él, entre todos los farsantes del mundo. Eso, tuvo que reconocerlo, le hizo mucha gracia. Cogió el cigarrillo con la mano libre y sacudió el cilindro para dejar caer la ceniza.
Con ese tono entre los labios, más afectivo y de súplica, tal vez John se ablandó o tal vez estaba cansado de que le siguiera. No tenía ninguna necesidad de agregar un nuevo fantasma a su colección particular, pero...

- Así que sentiste que tenías que encontrarme a mí, ¿no? Ya... claro... Y no sabes por qué tienes la mano así. Está bien, te lo diré. - John agarró el brazo de la mujer por la muñeca y la levantó. No lo hizo con fuerza ni violencia, pero la levantó para que la viera bien y se fijara. - Ésto que tienes aquí, preciosa, es la señal que deja la muerte cuando se juega a las casitas con ella. No sé si lo sabes, pero la muerte es como un niño caprichoso y con quien no se puede razonar. Pone sus propias reglas y son inamovibles. Y ésta marca se la deja a quienes juegan con sus reglas cuando no están preparados. Y lo mejor de todo es que no parará aquí: se extenderá por todo tu cuerpo hasta que no te quede nada, y entonces cogerá unos hilos, te los coserá a la piel y te convertirá en su nuevo juguete. - Soltó la mano de la mujer, porque seguramente ya le había puesto demasiada presión a su mente como para seguir agarrándola. - Siento decirte ésto monada, pero me da a mí que, si sigues tonteando con la muerte, no llegarás a los treinta, y sería un milagro si lo haces.

Una pequeña chispa brotó del hombro, sobre la gabardina de John. Una nueva y otra que le siguió. John miró al cielo, negro como era, y puso ese clásico rostro del que piensa "oh, bien. Genial: ahora se pone a llover".

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   22nd Diciembre 2015, 20:19

Dejé que me cogiera del brazo y me hablara y me dijera lo que quisiera, y en qué momento. Según las palabras salían atropelladas de su boca mis ojos se iban abriendo cada vez más por el miedo, el horror, la confusión... Fruncí el ceño, enfadada.

-¡Yo...! ¡Yo no tonteo con nadie!- me acerqué más a él cogiéndole por la corbata para poder bajar el tono, quedando a pocos centímetros de su cara, dejando que la lluvia comenzara a mojarme y permitiendo que John viera cómo me sonrojaba un poco por vergüenza, un poco por rabia. -Yo no elegí esto, John. Lo tengo desde que falleció mi abuela, pero a ella esto no le pasaba. Y no tonteo con la muerte, durante mucho tiempo cuando lo usé fue de manera involuntaria.

Le miré fijamente a los ojos y me alejé de él y de su rostro, dejando su corbata en su lugar y alisándole un poco la tela. Carraspeé para aclararme la garganta y los pensamientos. Esa reacción no fue adecuada ni típica de mí.

-Lo siento, John, pero no puedo irme de aquí sin algo bueno... ¿No puedes ayudarme? ¿Enseñarme algo?- realmente me creí en su momento que el rubio inglés que tenía delante iba a ayudarme, que sería tan cordial como dicen que son los ingleses, que tendría buenos modales... Algo. Tenía algo de esperanza, que se iba minando poco a poco con cada palabra que John articulaba. ¿No llegaría a los treinta? ¿Era ese el legado de mi abuela? Sentí cómo se me hundieron un poco los hombros, era algo que no me esperaba, y puede que algo que no quería saber, también.

Miré hacia abajo y observe mis pies. Mis zapatos estaban desgastados, sucios, el cuero se había rajado, ya no eran negras si no grises... No como mis manos. Sorbí por la nariz y miré a John. Si había alguien a quien quería más que a nadie era a mí misma, y haría cualquier cosa por salvar mi vida.

-¿Qué puedo hacer? Debe haber algo que pueda darte a cambio, debe haber algo que pueda hacer por ti a cambio de... No lo sé, de tu ayuda- me abracé a mí misma. -Tienes que ayudarme.

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Última edición por Anastasia Románova el 23rd Diciembre 2015, 16:47, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   23rd Diciembre 2015, 15:15

De ser otra persona, tal vez se habría sentido intimidado por la cercanía de la joven, o habría sentido pena por la chica al contarle su turbulento destino. Habría querido ayudarla de forma desinteresada, pero John había visto y vivido demasiada mierda como para recordar lo que era sentir lástima por los demás. Claro que podría, pero la sombra de la muerte sobre aquella mujer era tan tangible que ahogaba cualquier sentimiento que pudiera ofrecer su podrido corazón y lo pintaba de negro.

Le pidió ayuda, que le enseñara cuando la lluvia empezó a caer de forma torrencial. No pasó ni diez segundos antes de quedar ambos totalmente empapados, al igual que el cigarrillo que tenía John en la boca. Lo escupió al suelo, ya imposible recuperarlo, y le echó un vistazo de nuevo a la chica. Allí, temblando bajo la lluvia y ya sabiendo lo que le esperaba... No, quizás habría un modo pero... "Piensa un poco John. ¿Es conveniente meterse donde no te llaman?"
De nuevo el pensamiento de Garnet, de su hermana y el tema de la magia. Eran muchas cosas en las que pensar y una cabeza demasiado loca que usar. Bien podría ayudarla un poco, recomendarle a alguien que la examinara y la pudiera guiar. Bien podía hacerlo él mismo e intentar recuperar... No, eso estaba descartado. Gran parte de la mierda que recordaba estaba ligada a esa casa. Mejor dejar el pasado atrás y no volver a buscarlo como un subnormal.

"¿Qué hacer?..." En otras circunstancias John sabía que uno de sus yoes se habría aprovechado de la mujer, llevándosela a la cama para pasar una buena noche y luego, si te he visto no me acuerdo. Otro yo habría reprendido a ese John. Por ello, tantos Johns y tantas posibilidades...

- Te diré lo que haremos: nos metemos en ese pub de ahí hasta que pase la lluvia. Mientras tanto me lo cuentas todo, de pe a pa y decido si ayudarte o no. - No era negociable: o lo tomaba o lo dejaba. Sin más.

John dio grandes zancadas hacia el pub para resguardarse de la lluvia. A diferencia del resto de la calle, tenía estilo. O bueno, su propio estilo. Al abrir las puertas unas luces de neón les dieron la bienvenida, haciendo que todo lo blanco que llevaran brillara con ese toque espectral. Azul y magenta reinaban sobre las sombras repartidas por el local. La música era la típica que se podía encontrar en cualquier pub moderno, sólo que en aquel se sentían tan modernos que la música en inglés les parecía demasiado común, y por ello la música era europea. A John le sonaba a ruso, pero tampoco se paró a escucharla. Buscó una mesa que estuviera algo apartada de los altavoces para poder hablar tranquilamente sin que el volumen les molestara. Optó al final por subirse a uno de esos taburetes tan altos como las piernas de una persona al lado de una mesa algo más alta y pequeña. Totalmente inútil al parecer de John, pero era su opinión.
Se quitó la gabardina y la colgó en el taburete. Se sentó, rebuscó entre sus bolsillos y sacó su paquete de tabaco, mojado. Calado hasta el fondo. Maldijo por lo bajo y esperó a la pelirroja. Era su decisión seguirle o no seguirle.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   23rd Diciembre 2015, 17:50

Esa información que John me había dado era totalmente inesperada. Sabía que esas marcas de mis manos tenían que ver con los poderes, lo sabía. Pero lo que no sabía era que acabaría por matarme. Eso era algo que no me esperaba…

Me quedé mirando a John, viendo cómo me observaba, cómo deliberaba… Se lo estaba pensando, eso al menos lo estaba haciendo , lo que hacía de mi búsqueda algo no tan desastroso. Se lo estaba pensando y, parecía que, por el momento, era lo mejor que podía esperar de él. La lluvia no daba tregua y parecía que no iba a darla en mucho tiempo, eran lluvias casi torrenciales, más el frío de febrero, terminamos los dos calados de arriba abajo. Yo ya estaba tiritando y John tuvo que tirar su cigarrillo, el cual vi caer al suelo hasta un charco que se había formado en cuestión de segundos. Por la cara que puso John, eso no debió hacerle mucha gracia. Ensimismada que estaba, las palabras de John me sacaron de mi mundo.

¿Contarle mi historia de pe a pa? ¿Estaba preparada para hacer aquello? Quería la ayuda, pero seguía sin fiarme, mas se me iluminó la mirada y esbocé una sonrisa como hacía mucho tiempo que no lo hacía, viendo cómo el inglés sin esperar una respuesta por mi parte avanzaba y se metía en un local con un letrero en ruso que había en la calle de enfrente. Me abracé de nuevo con las ganas y la esperanza renovadas, yendo tras él. Al entrar, todo eran luces de neón, manchas moradas y azules que correspondían a las prendas o accesorios blancos que llevaban los clientes del bar, música moderna rusa que me resultó sencilla de memorizar y que terminé por tararear mientras buscaba a John. Finalmente le encontré en una mesa algo apartada, mirando asqueado su paquete de tabaco que tenía pinta de estar más que mojado. Entonces se me ocurrió una cosa que quizás relajara un poco el ambiente entre él y yo, o no. Pero no perdía nada por intentarlo.

Busqué con la mirada una máquina de tabaco dentro del local y lo encontré justo en la otra dirección, en una esquina un poco oscura y muy concurrida, con gente fumando y creando una nube de nicotina. Vivir en la calle y de aquí para allá hacía que ganaras ciertas habilidades, rapidez con las manos, hacía que mentir fuera el pan de cada día… No fue difícil trucar la máquina para que, con un golpe en la zona adecuada del lateral derecho por la parte baja soltara un par de paquetes del botón que estaba pulsando. No acostumbraba a robar, y de hecho no robaba a menos que fuera necesario, pero bueno. Con los paquetes en la mano volví al lugar donde me esperaba un John mojado y asqueado sin tabaco.

-Para ti. Es la marca que fumaba mi madre- le dije, dejando los paquetes uno encima de otro sobre la mesa y arrastrándolos con delicadeza hasta su lado. Después de eso, recogí mis manos en mi regazo y evité sacarlas de ahí, no quería incomodarle. En eso que me acomodaba dejando mi abrigo llegó un camarero preguntando qué tomaríamos con una sonrisa cordial y un acento ruso que no podía con él.

-Я хочу водку с лимоном, благодаря- miré a John para que pidiera él y esperé a que tuviesemos las bebidas para empezar a relatar mi historia. O la de mi abuela. Ya casi no sabía de quién era la historia… Di un trago a mi Vodka.

-Todo empezó cuando los bolcheviques atraparon a mi familia en 1918, y les torturaron y les masacraron. A todos, excepto a mi abuela, Anastasia. Mi madre me puso su nombre porque dice que soy su viva imagen. En cualquier caso, mi abuela consiguió escapar de los bolcheviques y se ocultó entre los muertos que había en el palacio, pensando que así no la pillarían. Y no la pillaron. El problema fue que, aunque ella pensaba que estaba viva, en realidad había muerto debido a las hemorragias internas que le provocaron esas torturas. Para ella fueron segundos en el mundo de los muertos, pero transcurrió mucho tiempo en el mundo de los vivos: el suficiente para que los bolcheviques y la guardia Blanca abandonaran el palacio dándolos a todos por muertos. Cuando despertó había adquirido su habilidad, o su poder, o como quieras llamarlo. Huyó por toda Rusia con la ayuda de sus poderes hasta que una familia de la montaña la adoptó y cuidó de ella. Vivió, amó y tuvo una hija. Mi madre, quien a su vez vivió, amó y tuvo una hija: yo. Dicen que los sucesos extraños dentro de las familias siempre se saltan una generación y, en este caso, los poderes de mi abuela se traspasaron a mí el día en que murió. ¿En qué consisten esos poderes? Veo espíritus, hablo con ellos. Los invoco también. Tengo a cinco guardias de la realeza que murieron protegiendo a mi abuela a los que puedo invocar siempre que quiera, pero tiene un coste. Están ligados a mi alma, y cada vez que los invoco mi alma se divide. También puedo fusionarme con ellos, pero… es algo que no he hecho nunca, y espero no tener que hacerlo- di un buen trago a mi vodka, dejando el vaso bajo mínimos.

-Ese podría ser un buen resumen. ¿Algo de lo que quieras que te hable en concreto?- le pregunté, mirando al camarero con la señal de que quería otro igual, para devolver mi mirada azul intenso debido a las luces hacia John. Muchos pensarán que bebía el Vodka como si fuera una borracha, pero lo cierto es que los rusos tenemos práctica con esa bebida.


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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   24th Diciembre 2015, 02:41

La pelirroja decidió seguirle el juego, entrando en el pub y sentándose con él. Lo que no se esperaba eran esos paquetes de cigarrillos secos que le presentó a modo de regalo, sustituyendo al mojado que tenía bajo los dedos. Le miró a los ojos levantando ambas cejas, y sin decir gracias tiró el paquete mojado al suelo, cogió uno de los que había traído y se llevó un pitillo a la boca, encendiéndolo con las cerillas que, gracias a Dios, no se habían mojado.
El barman se les acercó, preguntando qué querían. Fue cuando escuchó a la pelirroja hablar en... ruso, tal vez. "Ésto tiene que estar trucado" pensó al comprender que había llevado a una rusa, o eso creía, a un pub ruso. Para morirse de la risa si uno se paraba a pensarlo... pero John en ese momento no tenía humor ni para reírse de si mismo.

- Tomaré lo mismo que ella - ni puta idea de lo que había pedido, pero si se podía beber sería bienvenido en el gaznate de John Constantine. Y si lo hacía entrar en calor, mejor que mejor.

Fue entonces, después de que trajeran dos vasos con un vodka bastante duro que casi hizo toser a Constantine cuando la pelirroja comenzó a contar su historia. "Bolcheviques... Anastasia... Venga ya..." John no pudo disimular una sonrisa ladina, escapándose a su control por unos escasos meros segundos pero los suficientes para ser visible ante los ojos de Annastasia. Sin embargo siguió escuchando su historia, con más interés sobretodo cuando llegó a la parte de sus supuestos poderes heredados.
Que se saltasen una generación era posible. Muchos no lo sabían pero los genes y la magia suelen estar ligados con lazos tan profundos como el negro. Hay teorías que dicen que ese minúsculo tanto porciento del ser humano sin clasificar es el alma, y el alma en los viejos grimorios se describe como el núcleo vital de la magia en los seres vivos. Si se toma eso en serio, se intuye que la magia está tan ligada a la ciencia natural como ésta a la magia.

Al finalizar su historia, John iba por la mitad de su vaso y Anastasia... esa mujer se estaba pidiendo otro vaso. John tenía un problema con la bebida y lo aceptaba... pero eso no era ni normal. "Rusa tenía que ser..."
Llegó pues el turno de las preguntas. El mago dejó caer la ceniza de su cigarrillo al suelo con un gesto totalmente despreocupado, mirando su vaso como si fuera algo más importante que la pelirroja o como si no tuviera nada en lo que pensar. Pero en realidad, estaba repasando el relato que le acababa de contar.

- En resumidas cuentas: eres médium, y la herencia de tu abuela fueron esos cinco soldados que te siguen, ¿no? - Más que una pregunta, fue una afirmación. Tomó otra calada del cigarrillo, buscando las palabras para su siguiente pregunta... pero no tenía ni pies ni cabeza así que lo soltó tal cual. - Vamos a ver, aclárame una cosa, encanto - la señaló con los mismos dedos con que sujetaba el cigarrillo. - Dices que puedes fusionarte con los fantasmas que te siguen, pero que jamás lo has hecho. Entonces, ¿cómo demonios sabes que puedes hacerlo? - No hacía falta preguntar qué pasaba si se metía cinco fantasmas dentro del cuerpo: en las posesiones siempre acababa con las mismas consecuencias. No había vuelta de hoja. - Por cierto, No sé si te lo he dicho pero me llaman JC y no es por John Constantine sino por JesuCristo: convierto el agua en vino, ¿qué te parece?..... si no me quieres contar tu vida no lo hagas. No hace falta que me cuentes el cuento de la perdida hija del Zar. Hasta Disney la contó para los niños con final bonito y todo.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   24th Diciembre 2015, 03:20

Sonreí observando a John probar el Vodka que había pedido y que él mismo quiso tomar. Me alegró no haberme equivocado al hablarle al camarero en ruso, dando por hecho que no me traería ese Vodka cutre que se bebían los americanos.

También observé mientras relataba la historia cómo el rubio ponía los ojos en blanco durante unos pocos segundos, como si no se creyera que de verdad le estaba contando todo aquello. O como si fuera una de esas farsantes que dijeron ser mi abuela. No pude evitar sonreír levemente, porque ciertamente era para reaccionar como lo hizo él.

-Tienes razón, no debería saber que puedo hacerlo, pero simplemente me fío de la palabra de mi abuela. Ella en algún momento recurrió a ello, y yo la creí. Y de algún modo, siento que puedo hacerlo- me revolví inquieta en el asiento. Él tenía su parte de razón, pero tras todos estos años con los poderes no iba a poner en duda a mi abuela. -Creo que... Podría mostrártelo, pero según me dijo mi abuela, es algo un poco radical. Después de usarlo se pasó al menos tres días inconsciente, creo recordar. ¿Te harías cargo de mi cuerpo si lo intento?- le pregunté alzando una ceja e intuyendo que la respuesta sería que no.

-¿Por Jesús el de la Biblia? Me parece que querré una muestra de esa habilidad para cambiar el agua en vino- le guiñé un ojo sintiéndome más cómoda con él. Quizás conocer gente no estaba tan mal, después de todo.

Llegó entonces el camarero con mi nueva copa, de la que bebí como si no llevara alcohol, pero no como si estuviera sedienta. Empezaba a sentirme más a gusto, esa bebida me estaba ayudando a entrar en calor, y apostaba a que a John también. Con el comentario del inglés sobre la película de Disney no pude sino llevarme una mano a la cara y reírme dulcemente.

-Por favor, no me recuerdes esa película. No sé ni cómo aceptaron producirla- me mordí el labio inferior recordando la vergüenza ajena que sentí viéndola. Nefasto. Horrible. Nunca más. -Y, en cuanto a mi vida, no hay mucho que contar salvo que estoy sola. Fanáticos siguieron el rastro de mi abuela hasta aquí y mataron a mis padres mientras estaba en el instituto. Desde entonces... Me tengo a mí misma y a mi ingenio- me encogí de hombros. Era algo que tenía ya superado y no me importaba contarlo o hablar de ello. Miré cómo John se llevaba el cigarro a la boca y aspiraba para después expulsar el humo con ese olor tan característico para mí.

Alargué la mano y cogí un cigarro del mismo paquetillo que John y le hice señas para que me lo encendiera o que, al menos, me dejara una cerilla.

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John Constantine
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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   24th Diciembre 2015, 16:10

- Evitemos llegar a eso. Digamos que te creo - comentó John cuando Anastasia le habló sobre su posesión múltiple y los posibles daños colaterales. Lo primero porque no iba a encargarse de una mujer que, aun sabiendo lo peligroso que era dejarse poseer por cinco espíritus lo hiciese porque si, porque quería demostrar algo. Muchos magos han perdido la vida por querer demostrar algo, ya fuera por un simple hechizo o por puro ego. John no tenía intención alguna de cuidar de alguien tan suicida si fuera a hacer semejante idiotez.
Por suerte, la sonrisa que se le dibujó a John en la cara fue mensaje suficiente para la pelirroja de no hacer ninguna estupidez.

Y le mandó un guiño. En serio, le mandó un guiño. Esa chica, ¿de dónde había salido? John no había sido precisamente un encanto con esa mujer. Más bien le había enseñado el por qué la mayoría de personas con las que se topa suelen llamarlo por muchos nombres excepto por el que le puso sus padres. Y sin embargo, esa mujer cogió el veneno de la boca de John y lo convirtió en una broma. "O es una mujer extremadamente optimista, o ha comido tanta mierda como negra tiene la mano." Fue la conclusión a la que llegó el mago. Si decidía ayudarla, el tiempo diría si tenía razón o no.
La idea de hacer un truco de magia como cambiar el agua en vino se le estaba haciendo bastante... jugosa, por así decirlo. Luego recordó que los magos siempre alardean de sus trucos y van por ahí enseñándolos a todo el mundo. Luego llega alguien interesado en sus conocimientos y como ha visto lo que sabe hacer el mago, le contrarresta y adiós mago. Esa era una de las razones por las que, a pesar de ser una biblioteca ambulante de sabiduría mística no utilizaba la magia para el día a día. Por esa razón y porque le daba un palo de tres pares de narices. Aunque eso... eso es lo que quería creer.

La pelirroja siguió con el cuento de que era la descendiente de Anastasia Romanov. "He visto locos que se creían sus propios cuentos durar menos con su farsa". Algo dentro de él empezó a creer que de verdad era descendiente de la mítica Anastasia, hija del Zar, y en lugar de la historia sobre la perdida heredera, lo que le vino a la cabeza fue otra historia: la del brujo Rasputín. Se contaban muchas historias sobre aquel brujo, sobre sus conocimientos de la magia negra y sobre el misterio de su muerte y resurrección. Sin embargo a John le llamaba más otra historia: los conocimientos escritos del brujo, escondidos en algún lugar recóndito, esperando que alguien le echara el guante. "Son cuentos John. Cuentos y más cuentos". Ya pero ahora, estaba viviendo uno de verdad.

Ante sus señas, John se acercó a Anastasia por encima de la mesa, sacó la caja de cerillas y encendió una, acercándola al cigarrillo de la pelirroja, tapándola con la otra mano por si aparecía una corriente de aire inesperada porque alguien hubiese abierto la puerta.
A aquella distancia, pudo ver mejor el rostro de la joven que se iba secando según pasaban el rato en aquel pub, y confirmó algo que ya sabía: era bastante guapa, y bastante joven. Y esa combinación, unida a su situación le hizo recordar a la otra pelirroja. "Los males siempre llegan de dos en dos" bromeó dentro de su cabeza.
La canción cambió, y pasó de aquel estilo entre pop y erótico a uno más melancólico, acorde a la historia de la pequeña Romanov. John no entendía una palabra de lo que decía la canción, pero la música es música: no se entiende, sino que se siente.


- Vale Annya, pongamos que te creo. Pongamos que me creo que eres la nieta de los Romanov y que te persiguen. Pongamos de paso que te ayudo con tu pequeño problema. ¿Qué saco yo a cambio? Has dicho antes que harías cualquier cosa que te pida. Eso no me vale de mucho, ¿sabes? Ésto es como un negocio: ofréceme algo que no pueda rechazar y entonces, sólo entonces, tendremos trato. - Presionó a la joven, estirándose hacia atrás sobre ese taburete con su típica pose de calma y pasotismo, esperando a ver qué le decía Anastasia. No tenía claro que pudiera ofrecerle algo que le interesase pero, dependiendo de lo que le dijera, haría su siguiente movimiento.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   24th Diciembre 2015, 17:20

Inhalé el humo del cigarro al tiempo que John me encendía el cigarro y escuché lo que tenía que decir al respecto de mi historia bebiendo con calma de mi Vodka sin apartar mi mirada azul de la suya.

¿Qué podría yo, Anastasia Románova II, ofrecerle a John? No tenía nada de valor que pudiera interesarle, ninguna joya de mi familia, nada que tenga algún valor mágico para él... Si lo pensaba bien, no tenía nada que ofrecerle a John que él no tuviera ya. Sólo era una huérfana más que había tenido la suerte o la desgracia de heredar unos poderes que acabarían por matarla. Alcé las cejas pensando que eso podría estar bien. Tampoco era yo tan mala compañía, ¿no?

-¿Qué puedo ofrecerte a cambio de que me ayudes?- repetí su pregunta y le di una calada más a mi cigarro, igual que lo hacía mi madre, mirando un poco a ninguna parte pensando en la respuesta adecuada. Entonces, solté el humo en su dirección. -Si ayudarme significa que no voy a morir a los treinta años, si es que llego a vivir tanto, te deberé la vida. Mucho más que la vida. Soy desconfiada por naturaleza, John, pero si hay algo que no soy es desagradecida- me terminé lo poco que quedaba de mi vaso y chupé la rodaja de limón antes de continuar. -Si me ayudas, ganaras una amiga fiel. Para lo que necesites, cuando lo necesites.

No podía ofrecerle nada más si realmente quería algo de mí. Podría haberle vendido mi cuerpo, pero ese no era mi estilo y me parecía que tampoco sería el estilo de John. Así pues, lo descarté y seguí con mi cigarro, pensativa.

-Y... no me importa si no me crees, John. De hecho, es casi mejor que no me creas, así me ahorraré que pueda llegar a oídos de indeseables cerdos fanáticos que la sangre de los Románov sigue viva- le confesé seria, acercándome a él por encima de la mesa, se supone que para intimidarle. Aunque lo más probable es que se riera lejos de sentirse intimidado por mí.

-¿Vas a querer otro vaso o es mucho para ti?- le pregunté con una sonrisa ladina. Yo quería otro. Hacía mucho tiempo que no probaba el buen Vodka, y algo me decía que pasaría mucho tiempo hasta que volviera a probarlo, pues no me sobraba el dinero.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   25th Diciembre 2015, 17:14

John, por primera vez en toda la noche, se puso de buen humor. No un humor carismático como solía ser el de un galán inglés: el suyo rozaba más lo ácido e hiriente, pero después de ver con qué fervor intentaba la mujer en intimidarle... oye, uno no puede evitar hacerle gracia lo que sea que le haga gracia. Dejó escapar el aire por la nariz con una carcajada silenciosa e invisible, pero que ahí estaba. No podía negarle que le echaba valor, por así decirlo, y tal vez fuera eso lo que terminara decidiendo la resolución del mago.

- Por mi parte no temas: no iré por ahí diciendo que tengo delante a una princesita desaparecida, y mucho menos me codeo con fascistas... aunque alguna vez sí con algún fanático. - Cogió con ambos dedos el cigarrillo de su boca, se reincorporó apoyando los codos sobre la mesa y dejó caer la ceniza con un suave toque. - Está bien encanto, me has convencido. Te ayudaré. Pero antes quiero que tengas ciertos puntos claros. Primero: es posible que encontremos una forma de repelir tu maldición, pero tienes un 90% de posibilidades de terminar igual si permaneces a mi lado. - Las cosas claras. No era la primera que se le acercaba buscando conocimiento y estaba seguro que no sería la última. Y así como el aceite y el agua no pegan, todos y cada uno de los que se han acercado al mago han terminado muertos o algo peor. Quien avisaba no era traidor. - Segundo: si vamos a trabajar junto harás lo que te diga y cuando te lo diga, ¿conforme? Por muy rara que te parezca mi petición o las ganas que tengas de tirarme una silla en la cabeza. Si crees que no podrás aguantarlo, hay más exorcistas por ahí con mejores ganas y modos. Por último, el tercer punto: yo no hago las cosas gratis, ya te lo he dicho. Te ayudaré y tendrás una gran deuda conmigo, vale, - el tema del amiguismo le resbalaba. Vale que no le sobraban las amigas, y vale que ella sería, tal vez, la única que tuviera en esos momentos, todo dependiendo del humor de las otras... sobretodo el de Zeta, pero con la muerte, ser amigos superchachis de toda la vida no se salva de la guadaña - pero vas a tener que ganarte que te siga ayudando. No creas que me he olvidado de la mano negra y el yuyu de tu destino, y vas a tener que compensármelo y con creces.

Terminados los puntos, apagó lo que quedaba de su cigarrillo, observando a la pelirroja que tenía delante, analizando su reacción y comportamiento ante las pautas que le había marcado para su cooperación. Tal vez durara unos días, tal vez unos meses antes de que le entraran ganas de marcharse por la puerta para no volver jamás, pero si la cosa duraba y seguía adelante, tal vez en algún momento sacara a relucir la pequeña carta que se guardaba en la manga, relacionada con su abuela y Rasputín. "Quién pudiera echarle el guante a ese libro."

- Y para finalizar: no seré ruso, pero soy un inglés de barrio bajo con una muy mala vida. Un vaso más no me va a matar - sino que sería el cáncer, o los demonios, o alguien con muy mala hostia que le debía una.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   25th Diciembre 2015, 18:10

Suspiré cuando John se rió de mí en silencio, echando el humo por la nariz. Se me hundieron los hombros y me quedé mirando cómo el calor consumía mi cigarro y lo convertía en ceniza. Di otra calada al tiempo que el rubio empezó a hablar, haciendo que me atragantara con el humo y que intentara quitármelo de encima con un movimiento de mano.  

-¿De verdad? ¿Me ayudarás?- quise cerciorarme antes de ilusionarme, aunque era tarde pues en mi rostro sólo se veía la sonrisa más grande que jamás había esbozado. Me controlé y volví a mi posición, asintiendo cuando me preguntaba si estaba conforme con sus condiciones. -Haré lo que sea, John. He venido buscándote a ti- acepté sincera.

Mi búsqueda al fin había dado no frutos, sino toda una granja, si me entendéis. Había encontrado al inglés, quien había aceptado escucharme y pensarse si me ayudaría o no, acababa de decirme que sí que me ayudaba y, encima, ¡estaba bebiendo Vodka! ¡Salud! Mi humor había pasado de cero a diez con sólo una frase.

-¿Estás seguro de eso? Es importante que tomes la rodaja de limón si no quieres que te suba tanto, truco de rusa. Es Vodka a palo seco, al fin y al cabo...- le guiñé un ojo y fui a por más copas. Podría ir a cualquier parte en el estado en el que estaba.

Volví de buen humor a la mesa con las copas, me acomodé en la silla y me desabroché la parte superior del vestido que quedaba atado a la cintura por el cinturón, dejando al descubierto una camiseta de tirantes que llevaba debajo. Ya no tenía frío, sino que me había aclimatado al local y empezaba a tener calor. Por no hablar de las bebidas.

-Bien. ¿Cómo lo hacemos?- le pregunté a John ladeando la cabeza y pasándole su copa.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   26th Diciembre 2015, 18:40

"Haré lo que quieras, John". Dentro de su cabeza, cierto John habría sonreído y lo habría dispuesto de tal forma que podría aprovecharse de la pelirroja para pasar un buen momento y después, desaparecer como buen mago que era. Como decía el refrán que nunca se dijo, "soy mago: te hecho unos polvos mágicos, y desaparezco". Pero ese John era uno de los Johns encerrados en su cabeza, y que el actual John no dejaría salir a ninguno hasta que no se comprobara cuál de todos los Constantines era el que tenía delante la pelirroja. Sólo le faltaba tener problemas de identidad, o cambios de personalidad y esos truños para adobar por completo la fantástica y maravillosa vida de John Constantine.

- Un consejo que me hubiera ido de perlas cuando no sabía ni lo que era el vodka ni la marcha rusa. - Eso último le hizo sonreír al volver uno de sus recuerdos... o eso pensaba, rodeado de botellas de vodka en un pequeño rincón del mundo perdido con un grupo de rusos y rusas. Menuda "marcha rusa" se montó...

Anastasia, o Anya como empezó a llamarla John en su cabeza, volvió con varios vasos más de vodka y limón. ¿Qué pretendía? ¿Montarse la juerga padre en aquel pub? John cogió su vaso y se lo acercó para seguir bebiendo. La lluvia seguía insistiendo así que tendrían tiempo de tomarse unas cuantas más antes de poder salir.
La insistencia de Anya le iba de perlas para matar el tiempo. Si, en algún momento tendrían que hablar sobre cómo iría el tema de sus poderes y de la ayuda de Constantine, y ese era tan buen momento como cualquier otro, sumándole que gracias a la música que tenían alrededor, nadie metería las narices en su conversación a menos que se pusieran a hablar muy alto... cosa que no pasaría.

- Eh eh, relájate princesa. Ésto no es como unas clases de verano o una charla entre amigos. Antes de hacer algo en concreto tengo que saber exactamente cuáles son tus límites y la disposición de esos fantasmas, el lazo que os mantiene unidos... Primero que todo vamos a esperar a que amaine la lluvia, y cuando nos terminemos los vasos quedaremos en un día y una hora, volveremos a vernos y te examinaré, ¿vale? - John cogió el limón, le dio un mordisco y después el trago. Para dentro en seco. Notó que los ojos se le ponían un poco llorosos, pero era de esperar. - Lo que sí me podrías decir es quiénes son esa gente que te persigue. Los fanáticos. Han pasado ya muchos años desde lo de tu abuela como para perseguiros los mismos... - a menos que la magia negra estuviera de por medio pudo haber concluido... pero no, en otra ocasión.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   26th Diciembre 2015, 19:37

Sonreí cuando dijo que no era una charla entre amigos. Tenía razón. No lo era. Me lo estaba pasando bien, estaba bebiendo, tenía la leve sensación de estar bien acompañada por el inglés... pero, desde luego, no eramos amigos. Sólo eramos dos personas con unos intereses en común y otros no tanto. Seguía sin fiarme de él, pero no le había mentido cuando le dije que si me salvaba la vida haría lo que fuera por él. Pero tenía que salvarme la vida.

Por lo pronto actuar de manera amigable funcionaba, y algo me decía que si funcionaba con John... Funcionaría con cualquiera.

-Está bien, en otro momento me examinarás. Y no sé quiénes son, nunca me paré a mantener una conversación con ellos, ¿sabes? No es que ellos quisieran hablar tampoco. El único idioma que entienden es acabar con los Románov. No sé si siguen siendo parte del Ejército blanco, si es cosa de Rasputín -del cual nadie supo nada nunca más-, o qué, John- me encogí de hombros y cogí mi copa. -Siento no ser de mucho ayuda en eso- y le di un trago a mi Vodka mirando al inglés. Entrecerré los ojos dándole vueltas a Rasputín, su magia negra...

El sonido de mi vaso contra la mesa al posarlo allí retumbó un poco, lo suficiente para que John me mirara con interés.

-¿Por qué quieres ayudarme? No será por Rasputín, ¿no?- le pregunté acercándome a él sobre la mesa con una voz muy suave. Demasiado suave. Esta vez no quería intimidarle, sino que esta vez me había puesto a la defensiva. Si sólo quería usarme para llegar a él y después olvidarse de nuestro acuerdo bien podía buscarse a otra chica que diga ser nieta de la famosa Anastasia.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   28th Diciembre 2015, 18:41

Los ojos del mago se iluminaron con una sonrisa interna cuando la pelirroja nombró a Rasputín. Se podía ver tras su rostro el interés en el antiguo consejero de los Romanov. Anastasia había hablado sobre él, no cabía duda, porque tal y como se puso cuando le pasó la idea por la cabeza de que Rasputín estuviera tras tantos años involucrado y que John tan sólo la quería utilizar... La muchacha no podría saber si el interés que desprendía John era de verdad o tan sólo una fachada para seguir con aquel juego que acababa de empezar.

John dejó el vaso a un lado, como si ya no le interesara la bebida, puso ambas manos sobre la mesa y se inclinó hacia atrás, en una posición totalmente pacífica y de seguridad en si mismo, como si pasara lo que pasara, o dijera lo que dijera, nada malo pudiera pasarle.

- ¿Qué crees tú? - Una pregunta de doble filo. Podía ser una pregunta donde dejara a Anya decidir en qué creer, y si ésta creencia se deslizara hacia la desconfianza podría dar por perdida su relación, su trato, y seguramente a la misma Anya. Eso perjudicaría enormemente a la pelirroja porque, como bien dijo ella, le estaba buscando a él y sólo a él. Si lo dejaba marchar por una sospecha podría ser su ruina, y habría perdido las fichas apostadas.
Por otra parte podría ser una pregunta afirmativa, como negando que la estuviera ayudando sólo por Rasputín. En ese caso bien podría favorecer su relación, o que mantuviera sus sospechas al mínimo.

Fuera cual fuera la reacción de Anya, era decisión suya creer o no creer "en los magos".

- Grigori Yefímovich Rasputín, conocido también por el sobrenombre de "el monje loco". Venido de un pueblo analfabeto, devoto de Dios. Ya de pequeño llamaba la atención por sus tics, los espasmos repentinos y por sus mensajes sobre "el reino de Dios" y su mensaje. Gracias a su mujer entró a la familia real de los zares cuando el heredero se estaba muriendo y el monje lo sanó, por hipnosis se especula. Influenció a toda la familia y se buscó la ruina. Al final lo envenenaron, le dispararon varias veces, lo apalearon y para asegurarse de que estaba muerto y bien muerto, lo encadenaron y lanzaron al río. Encontraron su cadáver y lo enterraron, y durante la revolución exhumaron su cadáver y lo quemaron. Eso es lo que se sabe pero hay otras historias donde se comenta que pese a todo eso, Rasputín consiguió volver, y que no era a Dios a quien veneraba sino al de ahí abajo - señala hacia el suelo, claramente refiriéndose al Infierno. - Si es así y Rasputín aun vive, y para colmo es un brujo de lo más poderoso y fanático, ten por seguro que si, me interesa bastante toparme con él. Me interesa tanto como que me den una patada en los huevos con una bota tejana. - John volvió a por su vaso e ignorando el trozo del limón, le dio un buen trago, carraspeando y sacudiendo su cabeza.

No, no quería toparse con Rasputín ni loco si de verdad seguía vivo. Sus escritos eran otra cosa, toda su bibliografía. ¿Pero él? Como si el príncipe del infierno decide llamarlo para convertirlo en su putita. Le harían un gran favor.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   28th Diciembre 2015, 23:45

No me gustó demasiado la postura que tomó John. Demasiado confiado. Demasiado provocador. Demasiado enervante. Tsk. Miré inexpresiva a John, estaba muy molesta con él y muy preocupada por nuestro trato, cogiendo con fuerza mi vaso, ejerciendo presión sobre este. No quería que me utilizara. No quería dejarme utilizar.

Adopté la misma postura que él algo más recatada, recostada sobre la silla sin abrir las piernas y con las manos sujetando mi vaso sobre la mesa. Mi rostro no era tan tranquilo como el suyo, por supuesto: tenía el ceño fruncido, la boca tensa, los dientes apretados y unas ganas terribles de tirarle el vodka a la cabeza. Respiré hondo, sin embargo. Esta visita a John me estaba costando muy cara. Pensé que sería más fácil, que sería como los demás... Pero claro, él no era como los demás, y por eso mismo estaba ahí sentada aguantándome las ganas de abrirle el cráneo.

-Quiero creer que aunque te las das de tipo duro e insensible, encanto, eres un buen tío que cumple con su palabra cuando se compromete, y que no se va a aprovechar de una chica como yo. Porque yo me tomo mi palabra muy en serio, John. Llevo siete años sin estar para juegos ni para hacerle favores gratis a nadie, y de eso tú sabes más que nadie en este antro- dije con sequedad.

Suspiré justo cuando empezó a relatar la historia de dominio público de Rasputín. Cerré los ojos incómoda al escuchar su nombre. Sin embargo, me relajé cuando dijo que no quería conocerle. Solté el aire de manera que John y casi cualquier persona que se fijara un mínimo en mí sabría que había estado aguantando la respiración, esperando liberarme de una manera o de otra. Miré fijamente a John a los ojos.

-No te niego que me alegra oír eso, John- volví a colocarme con naturalidad sobre la mesa, codos sobre la tabla y mi rostro aboyado en mis muñecas. Di una calada al cigarro sin apartar mi mirada de John. Evaluando... No sabía exactamente el qué, pero estaba analizándolo. -Nadie sabe con exactitud qué pasó con él. Mi abuela me decía que estaba bien muerto, para reconfortarme por las noches cuando no podía dormir, supongo. Pero hace tiempo que no pienso lo mismo. ¿Después de tantos años sigue habiendo fanáticos? ¿Quién aviva su sed? ¿Quién mató a mis padres? ¿Quién me observa y estudia para saber quién soy y de dónde vengo? Tantos años huyendo hacen que te replantees todo cuanto conocías y creías conocer. Dejas de confiar en la gente, te aíslas, es mejor así... y... al final, te quedas solo. O sola, en mi caso- reí con amargura dando un trago al Vodka. -Pero es mejor así- dije sin mirarle, concentrada en los círculos que estaba haciendo con mi dedo índice en el borde de mi vaso, siguiendo la circunferencia.

Y tanto que lo era. Me había evitado cargar con pesos que me habrían resultado problemáticos: el abandono, la pérdida, el enfado, la culpa... Ya no conocía nada de eso. No tenía nadie a quien dejar atrás, no tenía a nadie con quién enfadarme o quién  fallar. Estaba yo sola luchando contra mis fantasmas. "Irónico, ¿eh?"

Sonreí a John para que no se aburriera y que pensara que todo estaba bien de verdad. No necesitaba compartir mis problemas con nadie, menos aún con él, que pensaría que no soy más que una cría llorica que se cree muy grande para la vida tan pequeña que le ha tocado vivir. Lo pensaría él y el 98% de la población. El otro 2% intentaría matarme porque creería mi historia.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   29th Diciembre 2015, 16:21

John, al parecer no había perdido si particular tacto. Le había tocado la fibra sensible a Anya y reaccionó como si le acabaran de robar la cartera y le dijeran que tenía que pagar la cuenta. Por un momento John se planteó si seguir picándola o no, ya que al parecer bajo esa carita dulce se escondía una sombra con tanto veneno que le entraría urticaria a uno con tan sólo mirarla. Luego descartó la idea, ya que si se rompía el acuerdo, se quedaba sin premio.

El mago fue a responderle cuando las luces del local parpadearon, y cambiaron de golpe. Los colores fríos se esfumaron y dieron paso a unas luces blancas que envolvieron todo el local. La gente más asidua a dicho pub levantaron sus vasos llenos de alcohol en un brindis colectivo, gritando y sonriendo como si acabaran de empezar las fiestas del barrio o a saber qué.
Incluso la música cambió: dejó atrás aquel estilo pop a uno más acorde con el bebercio y la juerga nocturna.


John se quedó como si fuera un conejo a quien le acababan de meter las largas. No se esperaba que aquel local tuviera ese estilo. Miró la hora que era, ya bastante entrada la noche y la madrugada, y se anotó mentalmente la localización del mismo para otra ocasión. "Perfecto para olvidarme hasta del nombre". Los parroquianos empezaron a levantarse de sus asientos, a bailar y brindar como locos. La música les había calado hondo y John, como no, también se levantó, pero con otras intenciones.

- ¡VAMOS A OTRA PARTE MÁS TRANQUILA! - Con la música tan alta era imposible hablar, y aun tenía varias cosas que preguntarle si iban a seguir adelante con aquel trato.

Evitando que lo tiraran al suelo, John recogió sus cosas y salió del bar, esquivando codos, pies y gente en general. Con aquella fiesta montada estaba seguro que el barman se olvidaría que tenía a una pareja empapada en un rincón que no habían pagado lo suyo. Por su parte John no iba a sacar un sólo dólar. Anya ya vería lo que quería hacer.
Una vez fuera la lluvia seguía, pero no era tan intensa como cuando se encontraron. Se había convertido en una cortina transparente que caía y caía sin cesar. El rubio se planteó hacia dónde ir, cuando se le ocurrió una idea la cual podría ser buena o bastante mala.

- Hay un sitio bastante lejos donde quiero ir. Si me acompañas, quizá podamos avanzar un poco en nuestro trato. ¿Qué me dices?

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   29th Diciembre 2015, 17:03

Miré hacia arriba y a mi alrededor cuando se encendieron las luces, parpadearon y los clientes profanaron gritos de júbilo y disfrute al mismo tiempo que la música cambiaba por otra algo más... estruendosa. Demasiado ruido para mi gusto, pero pareció que a John le gustó porque se levantó junto a los parroquianos de aquel lugar y... No. No parecía que le gustase. Alzando la voz para poder escucharle sobre la música y el ruido me dijo que buscásemos otro sitio más tranquilo.

Busqué a mi alrededor de nuevo un sitio tranquilo, pero la música llenaba la sala por completo. Cuando me giré para decirle que habría que marcharse le vi encaminado hacia la puerta, sin pagar ni nada. Estaba bien eso, yo no iba a ser menos y tampoco iba a pagarle nada, pero como mínimo dejaría una nota de disculpa. Cogí una servilleta y un bolígrafo de mis bolsillos y escribí "Прости!" - Lo siento. Posé un vaso encima y me fui hacia la puerta fingiendo bailar y saltar con la gente hasta llegar a la puerta y salir.

La lluvia no había cesado, no. Había empeorado. No era capaz de ver a más de dos metros de distancia, lo cual no me gustaba lo más mínimo, si bien me sentía algo más segura por estar al lado del inglés que, quiera admitirlo o no, imponía mucho más que yo.

-¿Acompañarte a un sitio? ¿Tienes idea de la hora que es?- le miré de arriba a abajo sabiendo que me vería hacerlo y alcé una ceja al llegar de nuevo a la altura de sus ojos. -Está bien. Tú guías- le dije sonriendo con naturalidad y cogiéndome a su brazo. No me gustaba no saber lo que podía haber a mi alrededor, pero eso no se lo diría a John ni en broma. Que pensara lo que quisiera.

-John, espera. Dame el tabaco. Lo guardaré yo, así evitaremos que se te empape de nuevo y que pongas cara de malas pulgas. Créeme, he pasado muchas horas bajo la lluvia y no me he calado ni un poquito por dentro del abrigo- le tendí mi mano para que lo hiciera esbozando una cara de buenas intenciones.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   29th Diciembre 2015, 23:48

Si antes se fiaba poco de la pelirroja con el tema de la mano negra y el trato con los espíritus, ya con esos cambios tan radicales de actitud echaba más monedas a la hucha, y ésta estaba a punto de llegar al precio justo. Primero lo trató como si fuera su salvador, luego un amigo con quien tomar algo y charlar, seguido de una posición defensiva que mataba con la mirada para terminar como una chica servicial. Pensándoselo un momento, John sacó el paquete de tabaco y se lo tendió a la pelirroja para que lo guardara, sin mostrar que por dentro la maquinaria estaba funcionando a pleno rendimiento para sacar un perfil lo más exacto posible de Anastasia.

De momento, sólo podía especular.

- Con ésta lluvia vamos a ir demasiado lentos por no hablar de quedar empapados. Vamos a buscar un salvavidas.

El mago junto a la rusa pelirroja sostenida de su brazo, emprendió la marcha bajo esa tromba de agua que les golpeaba con contundencia y sin cesar sobre sus cabezas. De poco le sirvió llevarse la otra mano sobre la sien, porque iba a terminar igualmente empapado. Lo mismo pasaría con Anya si no tenía algo para remediarlo.
Corrió lo mejor que pudo hasta la calle principal más cercana. Eran pocos los que como ellos, andaban bajo la lluvia, y muchos menos los que no llevaban paraguas. John se detuvo en una esquina, miró a ambos lados y levantó el brazo con dos dedos extendidos, mirando calle abajo. Uno de los taxis que había allí paradas se les acercó, abriendo John la puerta de atrás para que se metieran ambos dentro. Una vez a resguardo, John llamó la atención del conductor golpeando la ventanilla, indicándole la dirección a donde iban. Por el acento y la contestación del mismo, no sabría decir mucho más en inglés que "gracias", "si señor" o "págame, hijo de puta", con todas sus palabras.

- Como tenemos un largo viaje, voy a decirte lo que pienso. Creo que tienes dotes de médium, y serías la segunda que conozco estos días si no fuera por un detalle: eres una farsante, y no porque tu quieras. - John le cogió la mano ennegrecida e hizo que la mirara, abriendo sus dedos y haciendo que girara ésta para ver tanto la palma como el dorso. - Ésto a simple vista parece necrosis, pero un ojo experto te diría que es una maldición, porque lo es. Con lo que me has contado está claro que ni tu abuela ni tú sois médiums, porque no sois capaces de soportar una posesión sin tener consecuencias negativas. Es decir, que tu abuela, o bien se trajo ese don del más allá, o alguien se lo puso como un estigma que ha pasado a ti. - Soltó la mano de Anya, dejándola sobre sus rodillas. - A menos que ésta maldición esté relacionada con lo que pasó con tu familia, puede que haya alguien más detrás de ti además de los fanáticos. ¿No te sientes un poco como una estrella del pop?

El taxi llegó a su destino. John le pagó el viaje al taxista, ya que con esa gente era mejor pagar y no ponerse quisquillosos. Al bajar aun seguía lloviendo, pero al menos estaban resguardados bajo el umbral de otro local, ésta vez irlandés a juzgar por el inmobiliario, el ambiente que había dentro y ese extraño sabor a añejo que se te mete en el paladar cada vez que entras a un irlandés.


El ambiente allí dentro era tremendamente familiar a pesar de la hora que era. No era que hubiera mucha gente, sino todo lo contrario: los pocos que bebían algo en aquel local estaban diseminados en tres grupos, uno de tres personas, otro de cuatro y uno era una pareja. La familiaridad que se respiraba en el ambiente tal vez procedía de la música, o tal vez del hombre que había tras la barra, con una de esas miradas nubladas por las cejas pobladas y una boca desaparecida tras un mostacho considerable. Un hombre corpulento con una cara afable.
John pasó de largo la barra, hacia la derecha saludando al hombre. Éste le respondió al saludo con un deje con la cabeza mientras el mago se metía por una puerta que ponía "sólo servicio". Tras ella unas escaleras bajaban a un sótano, con una puerta cerrada a cal y canto. De su gabardina el mago sacó un llavero cargado de llaves. Pasó una tras otra por sus dedos, buscando la que abría aquella puerta. "Y yo que pensé que en otra vida era un fetichista de las llaves..." Sonriendo por aquel recuerdo, John abrió la puerta y entró, esperando que Anya le siguiera para cerrar la puerta tras ellos.

Encendió la luz, parpadeó un par de veces y luego iluminó el sótano. Era una estancia tan grande como el propio pub, pero lleno de trastos, dos mesas rectangulares en medio y taburetes. Tal vez lo que más llamara la atención de aquel sitio eran las estanterías justo a la izquierda de la puerta, llenas de libros de ocultismo, bastante viejos y ajados, los trastos que reposaban encima de las estanterías y cajas extrañas con cerrojos aun más extraños.

- Ve quitándote la ropa - le pidió John mientras éste se quitaba la gabardina y la dejaba sobre la mesa. - Hasta la ropa interior bastará.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   30th Diciembre 2015, 02:19

Seguí a John a donde fuera que nos llevaba sin soltarle y dejando que la lluvia me mojara sin taparme como lo había hecho él, era inútil con esa cantidad de agua por metro cúbico cayendo sobre nosotros. Llegamos a una calle donde el inglés llamó a un taxi que había allí aparcado, algo alejado de nosotros. Entré con cuidado detrás del inglés y dejé que hablara él con el conductor, perdida en las gotas que se estrellaban contra el cristal de la puerta.

John empezó a hablar, le escuchaba pese a no estar mirándole: estaba perdida en la lluvia de fuera. Hasta que me llamó farsante. Dijo que no porque yo quisiera, pero no me gusta esa palabra. No me gusta que me la apliquen a mí. No era una farsante. Llevaba con esos poderes mucho tiempo. John procedió a cogerme de la mano y a darle una vuelta para que pudiera ver la palma con el revés mientras explicaba lo que según él eran esas marcas, y dejando mi mano sobre mi rodilla al terminar.

-¿Una estrella del pop? ¿Tan guapa soy que me siguen por mi aspecto y no por mis poderes de farsante?- le pregunté con algo de veneno en la lengua. Tsk. Hice una mueca y posé mi mano en su rodilla, de manera inocente y sin segundas intenciones. -Perdona. No me gusta que me llamen farsante después de TODAS las farsantes que se hicieron pasar por mi abuela. Mi sangre es la de verdad, la real- aparté mi mano con rapidez para que no tuviera que ver la "necrosis" volviendo mi atención a la ventana.

-Si resulta que de verdad soy una farsante, si consigues ayudarme, ¿qué será de mí? ¿Seré una humana normal y corriente? ¿Moriré? ... Quizás sea Rasputín el que está detrás de esta... maldición- le confesé a John. Tenía mis dudas, pero nunca se sabía si lo único que hacías era huir y sobrevivir.

Finalmente llegamos al lugar donde John quería llevarme. Un pub irlandés. Hice una mueca al no sentirme sorprendida y, para qué negarlo, sentí también un pequeño pinchazo de decepción. El local estaba bastante vacío en comparación con el que acababan de dejar, y no pude evitar sentir alguna mirada sobre mí mientras John avanzaba por la estancia, llevándome a una escalera secreta hasta una habitación en el sótano. Me abracé a mí misma pues allí abajo hacía frío y el escalofrío que me recorrió la columna vertebral me dejaron algo confusa. Sin embargo, entramos, John encendió las luces y cerré la puerta detrás de mí.

-¿Cómo?- alcé mucho las cejas, sorprendida. ¿Qué pretendía? Pero al ver que me ignoraba cedí, rezando que al menos fuera gentil... Fuera lo que fuese que iba a hacer conmigo. Fui quitándome poco a poco la ropa: primero el abrigo, que dejé apoyado al lado del de John; después me quité los zapatos y los aparté a un lado para que no estuvieran en medio. Suspiré. Me desabroché el cinturón del vestido y los botones de este último para quitármelo dejándolo caer, quedando en medias y en camiseta interior. Me sonrojé al quitarme la camiseta sin pensarlo dos veces, rezando para que John quisiera ayudarme. Por último: las medias, quedando así expuesta casi al completo para el inglés, con un sujetador negro y unas braguitas negras también a juego, sin estampados ni nada especial. Me miré a mí misma, dándome un repaso mental y me abracé, algo avergonzada. No es que no me gustara mi cuerpo, era consciente de que llegaba al menos a la etiqueta de mona, pero no estaba muy hecha a mostrarme así con nadie. Me mordí el labio.

-¿...Y ahora?- me dio un pequeño escalofrío a causa del pelo mojado que tenía, que apenas tenía ropa puesta y que me encontraba en un sótano de un local irlandés que no había visto en mi vida, con un inglés al que había conocido ese mismo día. Debía tener tendencias suicidas, sin duda.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   1st Enero 2016, 16:03

Mientras Anastasia se quitaba la ropa, Constantine abría un armario al fondo de la habitación, algo vacío con tan sólo unas camisas colgando de las perchas. Sin embargo lo que él buscaba estaba en los cajones, y al abrirlos sacó dos pantalones de chándal y dos sudaderas. Por la marca de las mismas y su aspecto se podía saber que eran algo viejas y desgastadas, cosa que al mago no le importó lo más mínimo ya que, sacadas ambas prendas empezó a desvestirse, quedando a espaldas de la pelirroja con tan sólo sus gallumbos. Se puso el chándal gris, quedando descalzo, subiendo la cremallera de la sudadera.

- Ahora, dame un segundo. - El mago cogió el otro chándal y dos toallas, dejándolas cerca de Anastasia pero sin pedirle que cogiera nada. En lugar de eso se acercó a uno de lo estantes donde habían varios libros, leyó por encima los nombres escritos en los lomos hasta que encontró el que buscaba. - Así terminaremos antes.

John sacó un libro viejo, con la tapa dura y desgastada, escrito en seudolatín. Pasó las páginas una a una, hasta que su dedo se paró encima de unos versos y un símbolo rodeado por un círculo, el cual a su vez estaba rodeado por más símbolos, pequeños e indescifrables. El mago recitó en voz baja parte de los versos, pasando dos dedos por encima mientras se acercaba a la pelirroja. Se detuvo cuando estuvo justo delante, y la miró a los ojos.

- Vas a sentir un poco de frío, cielo. Intenta aguantar un poco.

El símbolo del libro se iluminó cuando John posó la palma de la mano encima, con una luz azul particularmente fría, y del en el cuerpo de Anastasia se dibujaron los mismos símbolos que rodeaban al círculo, escalando por su pierna y su cuerpo como una serpiente. Según iba subiendo la rusa pudo sentir el frío apuñalar su piel. Era una sensación extraña, porque no era aquel frío de invierno o del agua enfriándose en tu cuerpo: eran los escalofríos de una mirada, de una mano cuando rozaba tu cuerpo, examinándolo. Pudo sentir como si la sensación de intimidad, la seguridad de no estar expuesta a nadie se quebrara, subiendo por su nuca y estallando en los hombros.
Duró escasos segundos, casi no llegó al minuto, y los dibujos desaparecieron, así como la luz del libro. John cerró los ojos. Inspiró y expiró... y su rostro se relajó.

- Bien. Entonces, ya hemos terminado. - Cerró el libro, lo puso sobre la mesa más cercana, cogió el chándal sobrante de un color negro gastado y se lo pasó a Anastasia. Sería algunas tallas más grande y le quedaría holgado, pero era mejor que nada. - Sécate la cabeza con ésto - Terminó por pasarle una de las toallas que había sacado del armario, mientras que se puso la otra en la cabeza para que se secara.

Sin esperar a que la princesa se vistiera, se acercó al segundo armario que había en aquella estancia, lo abrió y cayó un colchón con su somier. Tenía una manta bastante doble alrededor del colchón así como una almohada. Luego se acercó al otro extremo de la habitación y tiró de la sábana blanca que cubría el sofá que escondía, viejo y raído, pero aun en pie.

- He echado un ojo a tu cuerpo para asegurarme que no tienes otros estigmas o marcas. Por suerte para ti, sólo tienes que preocuparte por la mano negra. - "Lo que es jodidamente raro: si la maldición estuviera ligada a su alma, lo más normal sería que empezara en el pecho... Joder, cada vez me gusta menos..." - voy a serte sincero: lo tuyo es lo más raro que he visto desde hace mucho tiempo. No sé ni por donde empezar. - culminó, tirándose sobre el sofá, sentado, con el cuerpo hundido en los cojines y las piernas estiradas sobre el suelo.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   1st Enero 2016, 17:47

John también se desvistió haciendo que me sonrojara un poco, pero después se vistió con un chándal que había sacado del armario del fondo. Dejó otro chándal y un par de toallas cerca de mí pero no me dijo nada, sino que se fue a una estantería y escogió un libro sin mediar palabra conmigo. Yo le seguía con la mirada, abrazándome a mí misma y concentrándome en ayudar a John en lo que pudiera.

Finalmente, el inglés fue acercándose a mí recitando algo en voz baja que leía en el libro, y me advirtió que probablemente pasaría frío y que aguantara un poco. Asentí y cogí un poco de aire, viendo cómo algo en el libro que sostenía mi compañero se iluminaba y un frío escalofrío me recorría el cuerpo empezando desde la pierna. No aparté la mirada de la de John en ningún momento, aguantando el frío que sentía, soportando el acto reflejo de mis poros que me obligó a girar la cabeza y entrecerrar levemente los ojos. El mago por su parte cerró los ojos y respiró hondo cuando la luz del libro se disipó y la sensación de frío me abandonó.

-¿Ya?- pregunté alzando las cejas sorprendida. ¿Ya estaba? ¿Con qué había terminado? Me pasó una toalla para que me secara el pelo con ella y el chándal para que me vistiera con ropa seca. Después se movió por el lugar, descubriendo una cama que parecía un armario con su manta y su almohada, sorprendiéndome. Por último, tiró de una sábana blanca que destapó un sofá viejo sobre el que se dejó caer aparentemente confuso y cansado.

Me puse el pantalón y lo até bien fuerte ya que era varias tallas más grande que la mía, me coloqué el jersey y cerré un poco la cremallera sin llegar a cerrarla del todo y cogí la toalla para secarme el pelo, aunque tras las palabras John quise secarme las lágrimas que no derramé.

Me senté a su lado en el sofá con los pies encima y la toalla al rededor de mi cuello, y posé mi mano sobre su pierna.

-Está bien, John. Al menos sabemos que sólo hay que preocuparse por... Esto...- dije mirándome la mano. Hice una mueca algo triste, pero me sentía un poco esperanzada: no tenía nada más de lo que preocuparme además de las manos. -Gracias- le di un apretón en la pierna y me solté el pelo para comenzar a secarmelo en silencio. Entonces me acordé y fui hasta mi abrigo para coger el tabaco y dárselo a John, por si le apetecía fumar.

-¿Dónde estamos?- le pregunté al rubio mirando a mi alrededor. No sabía qué tenía planeado él, pero si me dejaba dormir allí estaría aún más agradecida. Y más con la que estaba cayendo en la calle.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   3rd Enero 2016, 00:12

El sofá no era nuevo, y se notó cuando Anastasia se sentó junto a John: los cojines se aplastaron bajo su peso, sin oponer resistencia, y el mago se inclinó hacia la pelirroja sin que pudiera remediarlo. Incluso saltaron algunas motas de polvo que decidieron quedarse cuando las demás se convirtieron en un lejano recuerdo, llevadas por la inmundicia que les rodeaba. Se quejó, incluso, por el peso de dos personas. Definitivamente, le quedaban dos telediarios a ese sofá.

Con la mano sobre la pierna de John, Anastasia le dio las gracias, y el mago sin mirarla asintió. No es que quisiera dejarla de lado, sino que su mente en ese momento estaba en otras cosas. Notaba que algo se le escapaba. Algo vital, por así decirlo. Algo en lo que no había pensado. "Una maldición... pero no tendría mucho sentido... ¿Heredada? ¿De quién? No, estoy haciéndome las preguntas equivocadas. No sería ni quién, ni por qué, sino el qué. El qué es lo importante. Lo demás..."
Un paquete de marca rusa cortó sus pensamientos. Los ojos de John enfocaron la mano que sostenía aquel paquete, y la siguió hasta la joven que lo sostenía, con el pelo rojo, suelto y mojado, con esa leve sonrisa. "... ¿Y tú de dónde has salido?..." No era que no recordara la conversación previa con la rusa. Era más una pregunta para si mismo. Aun le estaba costando aceptar que la famosa Anastasia Romanov escapó de la muerte, vino a vivir a los Estados Unidos, tuvo una hija y ésta otra hija, la cual recibió la maldición de su abuela... y la tenía justo delante.

Cogió el paquete de tabaco, lo abrió y se llevó un pitillo a la boca. No tenía la caja de cerillas a mano y estaba algo lejos para recogerla. Notaba como la humedad le estaba calando hasta los huesos, así como el cansancio. No tuvo más remedio: cerró las manos alrededor de la punta del cigarrillo y recitó un hechizo sencillo que había aprendido de Zeta, con el cual encendió el susodicho pitillo. La chispa prendió el tabaco por dentro, tras lo cual John la ayudó aspirando y dejando salir una bocanada. Si, eso le ayudaría...

- ¿Has visto al cejas de arriba? Hace tiempo me pidió que le echara un vistazo a su hija, creyendo que estaba poseída. Resultó que tenía problemas mentales, pero igualmente le hice el exorcismo. Le di una receta de hierbas para calmar las idas de su hija y desde entonces me deja usar éste sótano. - John levantó los brazos, extendió las manos y se encogió de hombros. - ¿Qué puedo decir? Gracias Irlanda por tener una gente tan creyente y corta de midas - culminó el mago, mostrando el poco respeto que tenía sobre aquella gente que anteponía su fe a todo lo demás, incluso a la razón. - Así que gracias a la fe, ésta noche tenemos un lugar donde dormir. Tienes ahí una cama para ti. Yo me quedaré el sofá. Yo de ti aprovecharía lo que queda de noche para descansar. Mañana, con la mente despejada, ya hablaremos sobre nuestro trato.

John se puso algo más cómodo si se podía en ese horrible sofá. Había estado en lugares peores y más incómodos, por lo que su espalda agradecía no tener el suelo como colchón esa noche.

- Buenas noches princesa. Que sueñes con angelitos y que no te piquen los demonios.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   3rd Enero 2016, 01:18

John aceptó el tabaco que le ofrecí, pero se me olvidó acercarle las cerillas, si bien debían estar más que caladas de agua. Iba a reprenderme a mí misma por ese fallo de no ser porque lo que hizo el inglés a continuación me llamó demasiado la atención.

-¿Puedes...? ¿Haces... fuego?- sabía que tenía ciertas habilidades muy interesantes pero no sabía que podía "conjurar" fuego. Me entraron ganas de compartir un cigarro con él y todo, pero no esa noche. No después de saber que, de momento, el mago no sabía como ayudarme. No es que estuviera decepcionada, pero sí me entristeció un poco a pesar de haberme dado algo de esperanza. Tenía un remolino de emociones dentro mí, me sentía confusa por la información que me dio John, y además se me estaba pasando el poco efecto que me había causado el Vodka del bar.

-O sea, que más o menos, le has estafado...- le dije terminando de secarme el pelo lo suficiente para que se quedara húmedo y no mojado. Sonreí a John. -Quizás por eso te dejó este viejo sofá. Deberías conseguir otro, ¿sabes? Cuando me he sentado casi te quedas encima mía porque el sofá ha cedido a mi peso...- dije sonrojándome un poco. Habría sido una situación violenta para mí dado que no estaba acostumbrada a esa clase de actos, y que sabía a John no le agradaban del todo mis manos. Seguramente sólo pensar en ellas le daba escalofríos de mal rollo. Miré la cama rascándome el cuello cuando el inglés se acomodó en el sofá y éste se quejó por su peso.

-John... Sé que probablemente esto no te guste, pero... Puedes dormir en la cama conmigo. Es lo bastante grande para los dos y no tenemos por qué tocarnos si quiera. Podemos dormir de espaldas, o... No sé, bueno. He dormido en lugares peores que ese sofá y una cama siempre es bien recibida, además del calor, ahora que hace frío... Si quieres dormir en la cama conmigo, te dejaré el espacio- me sonrojé un poco y me fui a la cama, tapándome con la colcha en uno de los lados, dejando hueco suficiente y de sobra para John. -Buenas noches... Y gracias, John- me despedí de él ya con los ojos cerrados.

Esa noche soñé con mi abuela, y con alguien más. Alguien a quien no reconocí porque no tenía rostro, era oscuro y se reía. Se reía de mí, de mi familia, de mis manos.

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MensajeTema: Re: El que convierte el agua en vino (John Constantine) [22/02/2019]   

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