Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 A Christmas Underground. (Autoconclusivo).

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Hellboy
B.P.R.D.
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Ficha de Personaje
Alias: Hellboy.
Nombre real: Anung-Un-Rama.
Universo: Marvel

MensajeTema: A Christmas Underground. (Autoconclusivo).   24th Diciembre 2015, 16:36

OCC:
 


24 de Diciembre de 1989.
22:30 de la noche.
Wheldrake, afueras de York.
Inglaterra.


En un pequeño pueblo de Inglaterra, una anciana descansa en su cama. Sus últimas horas pasa en soledad, pues ningún miembro de su familia quedaba con vida ya. La noche caía, fría y oscura, y en las grandes cuidades la gente corría. La Noche Buena siempre era una locura. El belén estaba puesto, el árbol decorado, las luces fuera del cesto, todo estaba preparado. Mas el hombre que a la mujer cuidaba temía por ella, sabía que poco le quedaba. Sus conocimientos de medicina no la pudieron ayudar, tan solo un milagro ya podía esperar. Y así fue cuando el demonio llegó, solitario, silencioso, como una estatua apareció.

- No llegará a mañana. La enfermedad empeoró. Mucha sangre ha perdido, nada más puedo hacer yo.-

- No se preocupe doctor. Ha hecho lo propio, vuelva a casa y descanse, por favor.- El demonio subió las escaleras, observando cada rincón a través de nubes de polvo espesas. Entró en el cuarto de la mujer, con un crujido de la puerta. Ella se hirguió para ver quién la acompañaba, pero su presencia era incierta. Una enorme mole roja, pero no le produjo miedo ni congoja. Una vela titilaba en su pequeña mesilla de noche. Era la única luz que allí había, además de los ojos del demonio y el doctor que abandonaba la casa en su coche. La anciana sonrió, volviendo a tumbarse contra la cama. El demonio creyó ver una lágrima caer, aunque no estuvo seguro, pues en seguida escuchó la voz de la dama.

- ¿Es usted otro médico?- Preguntó. Mas la respuesta obtuvo en cuanto el demonio a su lado, sobre la cama se sentó.

- No, señora Hatch. El médico ya se marchó. Su familia le esperaba para celebrar la noche buena.- Contestó. Ella miró su rostro rojo, acariciándolo con cuidado. Tenía las manos frías como el hielo, y su repiración era lenta, seguramente calmada por las medicinas que el médico le había dado. Ella cerró los ojos con una ligera tos. La nieve caía al otro lado de la ventana, llenando todo de su denso manto, cubriendo hasta los riscos más altos. El sonido de un enorme reloj de pared les acompañaba, tocando las campanadas a cada hora que pasaba. Pero la mujer tenía algunos planes en mente. Suspiró largo, cogió al demonio por la mano de piedra, acercándosela lentamente.

- Un último deseo de Navidad tengo. Por favor, ayúdame. Sé que lo harás... Debes llevarle esta pequeña cajita a mi pequeña Annie. Sal de la casa, ve al cementerio. En seguida la encontrarás...- Una pequeña caja de metal al demonio entregó. Era lisa, ningún dibujo ni marca tenía. La guardó en su bolsillo de la gabardina, y por fin se levantó.- Crees que no te he reconocido debido a mi enfermedad. Pero por muy anciana que sea, es imposible no reconocer al padre Navidad.-

El demonio cerró con cuidado la puerta, y bajó con crujidos las mohosas escaleras. Abrió con cuidado la puerta, pues no deseaba que se rompiera. La cerró y se alejó de ella, dejando el porche marcado con sus huellas. Las campanadas en el pueblo resonaron, indicando que la última hora antes de la media noche había llegado. Un año más el día de Navidad hacía su entrada de manera discreta, resonando las felicitaciones en cada casa, cada calle o cada pequeño poblado. Las tumbas en el cementerio descansaban cerca de la ahora y siempre silenciosa casa. Andando entre ellas observaba la cantidad de personas que allí yacían, descansando eternamente, ignorantes del tiempo que pasa. Algunos ratones sobre las tumbas correteaban, mirando curiosos al demonio rojo que entre ellos caminaba. Al cabo de unos minutos encontró una pequeña tumba. Era lisa, como la caja, sin muesca ni marca. Solo el nombre "Annie" que de las otras la diferenciaba. Con un fuerte puñetazo en dos la partió, resonando el golpe por todo el lugar. Bajó de un salto, adentrándose en las profundidades de la tierra. A lo lejos algo divisó, unas pequeñas velas que un enorme templo se encargaban de iluminar. Una mujer salió a su encuentro, portando el candelabro del que provenía la luz. Lo alzó ligeramente, iluminando los ojos del demonio. Vio reflejados los faros amarillos, los trozos de metal de su gabardina, y el colgante en su cuello con forma de cruz.

- ¿Quién es el extraño que aquí se adentra? ¿Don Quijote? ¿Lancelot? ¿O quizá Cirano de Bergerac, caído de la luna?- Preguntó con una sonrisa, pero la mirada atenta.

- No. Sólo soy yo.- Respondió el demonio rojo.

- No importa. ¿Te quedarás un rato?- Preguntó mientras el demonio tocaba la cajita del cerrojo.- Pareces cansado, como si hubieses venido de muy lejos. Estarás hambriento. No te preocupes, los demás se unirán pronto y hablaremos de batallas y cuentos viejos.-

- Tú eres Ann Hatch, ¿verdad?- preguntó el demonio, captando la atención de la muchacha. Esta le miró de arriba abajo, suspirando, sonriendo mientras su cabeza agacha.

- Annie... Así es como mi madre me llama. O lo hacía hace tiempo, cuando yo aún vivía. La casa era grande, y tenía un jardín secreto donde yo solía ir a jugar. Los animales me acompañaban mientras allí me perdía. Caí en un agujero donde no pude ver nada y sólo sentía frío. Me asusté, pero una voz tranquilizadora me habló, y tras andar un poco, ante mí apareció un enorme navío. Las velas blancas y perfectas, y aquel hombre con su voz me tranquilizó. "Quédate a mi lado, se mi mujer y tendrás todo cuanto ansías." Le pregunté quién era, y como el segundo hijo de un rey se presentó. Me llevó a su palacio y me dio cuanto podía desear. Ahora soy suya, le pertenezco, y junto a él la eternidad debo pasar...- A pesar de su historia, no parecía triste ni deseosa de otra vida encontrar. Parecía sonreír, incluso disfrutar de su situación. ¿Quién era él para los deseos de una joven dudar? Mas el demonio de la mano la sujetó, y mirándola a los ojos, la pequeña cajita de su bolsillo sacó.

- Hoy es Nochebuena, ¿no te dice nada esa fecha?- Pero la mujer tenía la vista perdida, y de las palabras del demonio ni se percató. Este intentó captar su atención llamándola de nuevo por su nombre, pero tan solo una negación de los labios de la mujer salió.- Tu madre me entregó esto para ti. Es un regalo. Quería que lo tuvieses.-

La chica a sus manos miró, y la pequeña cajita contra ella apretó. La abrió, sacando de ella una cruz colgando de una cadena. Esta bailoteó, brillando con la luz que les rodeaba, y la cara de la chica se llenó de pena.

- Feliz Navidad.- Pero tan pronto dijo esto, un fuerte fogonazo en los ojos al demonio golpeó. La blanca luz se tornó roja y siniestra, y un oculto poder a todos los miembros que lentamente habían aparecido transformó. Sus viejos rostros fueron todavía más decrepitados, mostrando unos dientes afilados y putrefactos. Los ojos brillaban sin vida, secos y opacos, y lentamente se acercaron al invitado para atacarlo. Hellboy cargó su brazo de piedra, preparado para los fuertes impactos. No le resultó difícil acabar con aquellos seres, los cuales desaparecían con cada puñetazo. La mujer, por el contrario, había desaparecido, pero su anillo cayó al suelo, estrellándose como un bombazo. En una larga y brillante salamandra se transformó, y exhaló una densa bocanada de fuego que abrasó todos los cuerpos, y obligó al demonio a cubrirse. Cuando las llamas se apagaron, todo a su alrededor había cambiado. Se encontraba en lo que una alcantarilla parecía, y a juzgar por los acontecimientos era hora de irse. Sin embargo, un sonido gutural captó su atención, proveniente del final del largo pasillo. Una figura oscura, con dos brillantes ojos le observaba, y se agachó para recoger el de nuevo inerte anillo. El demonio lo reconoció como el príncipe de la historia de la chica, quien parecía haber venido a proteger su preciada pertenencia. Al salir a la luz mostró su verdadera cara. Un enorme demonio con aspecto de lobo, escalofriante y oscura era su presencia. El demonio los dientes apretó, y para la pelea que se avecinaba se preparó.- Vamos, ven aquí, que te estoy esperando.-

Los fuertes golpes comenzaron a resonar por todo aquel lugar, y en la sala de la mujer una joven apareció. La anciana la miró, reconociendo a su nieta entre toda aquella oscuridad.

- Annie... ¿Eres tú?- La chica sonrió, y la mujer en su muñeca pudo ver la cruz colgando, era un milagro de Navidad.- Tengo frío Annie...-

- Lo sé. Lo siento por eso. No tengas miedo, ahora ya nada nos podrá separar.- En las profundidades el demonio y la criatura seguían luchando sin descansar. Cada golpe, cada patada y cada puñetazo levantaban y rompían las paredes y la roca. Hellboy se crujió las manos, escupiendo a un lado mientras un fino y brillante rastro de sangre abandonaba su boca.

- ¿Eso es todo lo que sabes hacer? Tan grande y tan blandito. Ah cierto, lo olvidaba, a ti te va lo de delante de las mujeres hacerte el machito.- Dos fuertes zarpazos golpearon a Rojo, quien un grito de dolor emitió. En la lejanía, una campanada se pudo escuchar, y la criatura sus golpes y ataques cesó. Hellboy sonrió, mirando con sus brillantes ojos amarillos a su enemigo que abrió mucho los ojos sumiéndose en la oscuridad.- ¿Oyes eso? Son las campanadas de la misa del gallo. Ya es Navidad.-

La criatura emitió un agudo grito mientras su carne se deshacía y caía al agujero, convirtiéndose en humo y arena. El sacerdote con el que el demonio había hablado apareció a la carrera, proyectando su sombra en la nieve por la luna llena.

- La señora Hatch ha muerto... Su casa está en llamas, aunque no he tenido nada que ver.- El demonio volvió la vista a la enorme mansión, donde había estado hablando con la mujer. Largas y enormes llamas salían de las ventanas, perdiéndose en el cielo, iluminando el lugar. Hellboy se crujió la espalda, sacudiéndose ligeramente la ropa.

- No se preocupe. Algo me dice que de allí pudo escapar.- Y entre la densa nube de humo pudo ver la silueta de la señora con su hija, por fin ambas unidas de nuevo liberadad del demonio del cementerio. Tenía en su muñeca la cruz colgando, y no había rastro en sus dedos de la sortija. El demonio sonrió y lentamente de aquel lugar se alejó.- Feliz Navidad padre. Cuídese, y asegúrese de que quemen la casa. La les toca descansar un poco.- Sentenció. Y con las campanadas de media noche terminadas, nuestro héroe de aquel pequeño pueblo partió, llevándose consigo un bonito recuerdo. Los milagros existen, tanto en verano como en Navidad. Al final, todo se reduce a lo mismo. La incesante búsqueda de la felicidad.

The End

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