Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]

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Eclipse
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MensajeTema: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   14th Enero 2016, 01:51


El despacho era tan adusto y vetusto como el resto de dependencias de la antigua y lóbrega mansión.

Si Drago hubiera sido hombre de avezado conocimiento, quizá habría podido reconocer la antiguedad del mobiliario que llenaba la sala, o el valor de la extensa biblioteca que tapizaba la pared que se encontraba frente a ellos. Habría podido distinguir que los sillones de roble en los cuales se sentaban databan del siglo XVIII, al igual que la mesa de madera de haya y cuero sobre la que se apoyaba, el reloj de bronce dorado o los candelabros que se encontraban sobre la chimenea, pero no lo era, y aunque hubiera sido de otro modo, su mente estaba demasiado ocupada con los acontecimientos de los últimos días como para perder el tiempo en consideraciones artísticas o estéticas.

Pero para entender qué estaban haciendo el líder de los X-Men y la reputada Batwoman en el despacho de la mansión de un renombrado mago como Arión, habría que remontarse a varios días atrás.

Todo había empezado el 31 de enero, cuando, en el transcurso de una misión en Hong Kong, la mutante Blair Van der Woodsen le había hablado acerca de una especie de suero milagroso procedente de Industrias Stark que, según la mujer, era capaz de sanar cualquier herida física hasta el punto de llegar a regenerar miembros amputados. En teoría, restituía el ADN a su configuración original, reconstruyéndolo tal como marcaba su código genético, eliminando cualquier alteración, por lo que podría devolverle los ojos que le habían sido arrancados durante su período en Colombia.

Drago había meditado mucho sobre aquello, y, finalmente, la noche del cumpleaños de Bruce, el 18 de febrero, se había decidido a dar el paso y hablar con Tony Stark. Habían concertado una cita para iniciar el tratamiento una semana más tarde.

Antes de ir, lo había hablado con Cassandra, como hacía siempre con todas las cuestiones importantes. A ella no le importaba su ceguera, pero había sido capaz de entender lo mucho que significaba para él la posibilidad de recuperar la vista. Para él, poder ver antes del tratamiento había supuesto tener que estar siempre en forma mutante, una forma que habitualmente sólo se activaba durante el combate, y que exigía de él un estado de tensión constante. Tomar un baño relajante, disfrutar de una hermosa pieza de música clásica, salir a beber y divertirse con los amigos o pasar una noche romántica con su pareja suponían inmensos retos, porque en el momento en el que se dejaba llevar su forma mutante desaparecía, regresando a su apariencia humana normal, lo cual, además del hecho de revelar ante todo el mundo las terribles marcas de sus ojos ausentes, implicaba el horror de tener que enfrentarse a uno de sus mayores miedos: su fobia a la oscuridad.

Cassandra había tenido una inmensa paciencia con él en el tiempo que llevaban juntos. Había sabido comprender sus problemas personales y aceptar sin reservas sus particularidades, pero era algo que deseaba hacer no sólo por ella, que se merecía un novio que pudiese entregarse por completo sin tener otra cosa en la cabeza que no fuera procurarle placer y hacerla feliz, sino también por él. Sentía que no podría sentirse completamente realizado mientras no recuperara la visión y pudiera permitirse volver a ser humano de nuevo, vivir la vida y darle a Cassandra la clase de felicidad que ambos buscaban y que ya le había anticipado la noche del cumpleaños al pedirle matrimonio. Formar una familia, tener hijos...

Así pues, se había presentado en la Torre Stark la tarde del 25 para someterse al tratamiento, y, después de pasar un par de días de extremo agotamiento sin casi poderse mover, finalmente su organismo había terminado de regenerarse por completo. Las terribles cicatrices que cubrían su cuerpo, recordatorio de las torturas y heridas que había recibido a lo largo de su vida, habían desaparecido dejándole la piel completamente suave y lisa. Las lesiones que habían quedado de antiguas batallas se habían esfumado y, lo más importante de todo... Había recuperado los ojos, y con ellos la visión... y algo más...

Los sueños habían empezado la misma noche del 25, tras haberle sido inyectado el Extremis. Extraños sueños eróticos que involucraban, no a la mujer de su vida, sino a la doctora Stavridis, la psicóloga que le había estado tratando desde el pasado Halloween por su fobia a la oscuridad. Se trataba de sueños muy intensos, muy reales, y siempre al despertar tenía la sensación de que había algo que faltaba, algo que no conseguía recordar.

La primera noche no le había dado mayor importancia, pues es sabido que los sueños encierran contenido simbólico y no deben ser interpretados al pie de la letra. Tener sueños eróticos con tu terapeuta no implicaba necesariamente estar enamorado, o siquiera albergar deseos físicos hacia ella. Sin embargo, cuando el sueño se había repetido de manera incesante todas las veces que había tratado de dormir, le había parecido que debía mencionárselo a Stark durante la revisión del día 28.

Stark le había hecho pruebas neurológicas y había descartado cualquier origen físico para su problema, y le había aconsejado, si los sueños persistían, visitar a un amigo suyo que era mago, un tal Arión. En un principio no lo había pensado mucho, especialmente con los problemas que vinieron justo después, con el secuestro del mutante que Tony Stark había dejado a su cargo, pero después de hablarlo con Cassandra, ésta había realizado algunas averiguaciones y había resultado que el pasado de la doctora Stravridis no era tan limpio y transparente como aparentaba...

Al parecer, tenía poderes que le permitían manipular las mentes de sus víctimas, y los había estado utilizando de maneras cuestionables. Batman había tenido un encontronazo con ella que había terminado con la psicóloga ingresada en Belle Reve hasta que Amanda Waller la había utilizado para formar parte del Escuadrón Suicida.

Elissa Stravridis era, o había sido, una supervillana con la habilidad de manipular las mentes de sus víctimas, y se dedicaba a tratar los problemas psicológicos de los héroes que acudían a su consulta. No podía ser una casualidad. Sí, el Profesor Xavier se la había recomendado, pero Elissa pertenecía al otro universo; ¿cuánto podía realmente saber de ella el Profesor? ¿Y hasta qué punto habría podido leer en su mente teniendo quizás ella habilidades capaces de enfrentar o bloquear las suyas?

Eclipse era el líder de los X-Men, y Elissa lo sabía. ¿Y si pretendía utilizarle para acceder de alguna manera a la Patrulla? Ya la había tenido dentro de la mansión los últimos meses, enseñándole clases de piano. Si realmente albergaba malas intenciones, le había cedido en bandeja la seguridad de la mansión. ¿Y si había insertado aquellas imágenes de él y ella involucrados de una manera tan íntima para inducir en él, de manera subliminal, una total confianza y buena disposición hacia ella? ¿Le estaba manipulando o acaso sus experiencias durante la guerra y en los años posteriores le habían vuelto paranoico?

Lo había consultado todo con Cassandra, le había comentado sus dudas, sus preocupaciones, así como la recomendación de Stark de visitar a Arión, y resultó que ella misma conocía al mago por ser miembro de la Liga de la Justicia. Incluso habían cooperado una vez, y se mostró de acuerdo ante la idea de visitarlo. Así que habían cogido el primer vuelo a París que habían podido encontrar y allí estaban, sentados en el despacho del mago, esperando a que les atendiera...

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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   7th Febrero 2016, 17:33

- ¿Estás segura? -

- Si...-


- Es un riesgo...- Musitó Bruce, abandonando la Batcomputer luego de buscar el perfil de la terapeuta de Dragoslav. Una criminal convicta nunca lo hubiera podido imaginar notaba el lenguaje de su cuerpo sbaia adonde queria llear Batman. -...Tenemos que buscarla y monitorearla preventivamente, no sabemos que pueda haber hecho con la mente de Dragoslav...- Fruncí el ceño, no enfada, sino pensativa. - No ha cometido ningún crimen desde que llegó a Omega...-- Pero lo hizo en el pasado, y Dragoslav está mostrando signos de alteración psiquica...- Me senté sobre una caja de repuestos del Batmobile, dandole vueltas al asunto con cuidado. Está preocupado por Dragoslav, ansioso de ir tras de Elissa, lo noto, esa ansiedad de la caceria que duerme en él, esa necesidad de ir tras de cualquiera que pueda suponer un peligro para los que quiere verdad o no, lo averigua sobre la marcha, siempre quiere llegar antes, aunque no siempre sepa del todo a que.

- Me ha pedido...- Bruce dió un largo suspiro y se llevo la mano al rostro un momento antes de volver a dirigirse a mi. - Arión podrá ayudarlo, es tu caso, lo trabajas a tu manera pero...- Se detuvo un momento, pensativo, acomodaba palabras, transmite demasiado con su cuerpo cuando no esta vigilando Gotham, baja su guardia. -...Ten en cuenta esto: La mente es un lugar muy dificil de penetrar, es una lugar confuso, donde te enfrentas a tus angeles y a tus demonios a partes iguales, y si indagan en la mente de Dragoslav, no sabes con que te encontrarás...- Espero a que volviera a ponerme de pie para continuar. -...Tienes que estar lista para lo imprevisible...-- Eso...no es posible...- Bruce caminó hasta el Batmobile, activando los motores para que calentasen. Me miró una ultima vez fijamente a los ojos.


- Ahora lo entiendes...-



...Me sobresalté cuando oí los pasos de Dragoslav a mi lado, pasando hacia la oficina de Arion. Habia sido un vuelo muy largo hasta aqui, pero casi no habiamos descansado. Hacia dias que estaban persiguiendolo sueños, y que se despertaba agitado, preocupado, tratando de encajar una pieza que no conseguia en un rompecabezas que no comprendia. No se de que se tratan esos sueños, fue escueto en detalles, me habló de la Doctora Stavridis, unas pocas impresiones de sus sesiones juntos, pero no mucho mas, lo que me preocupaba era lo que veia en él: Temor, incertidumbre, pero...también habia...culpa, no se por que, no encajaba, pero alli estaba, su rostro, su manera de moverse, habia culpa en su cuerpo y no habia hecho ninguna pregunta acerca de esa culpa, no quiero inmiscuirme, pero creo que tampoco quiero saber de que se trata. Cuando me pidió ayuda, le di toda la que quiso, y asi acabamos aqui.

La casa era antigua, pasaba las yemas de mis dedos por las maderas de los muebles, no habia una sola mota de polvo, todo estaba impecable, a pesar de la antigüedad pero podia sentirse el tiempo en la madera, en las pinturas, en los mecanismos de los relojes. Quien supiera escuchar, oiria el latir de los siglos escondido en aquella casa, y entenderia que todo alli era mucho mas valioso de lo que podia aparentar, y que habia mucho mas en ese lugar de lo que se veia a simple vista. Traté de no desviarme mucho, pero logré ver largos corredores y hermosas puertas talladas, estabamos rodeados de belleza. Tomé la mano de mi novio con intensidad, sonriendole a pesar de la preocupación que llevaba dentro mio. Un destello, la luz de una lámpara arrancandole un girón de luz al anillo que llevaba en mi mano derecha. No sé como explicarlo, no puedo poner en palabras la sensación de que alguien quiera pasar la vida a tu lado, la manera en la que mi corazón se desbocó cuando me hizo la pregunta, cuando me acerco la cajita, cuando la abrió, todo eso aun daba vueltas en mi cabeza, y no podia ponerlo en palabras, de ninguna manera, me llenaba de una calidez abrazadora y hermosa por dentro, como si dos manos afectuosas sostuvieran mi corazón con mucho cuidado. Y en medio de toda esa felicidad y promesas de futuro, y de las preocupaciones que ese futuro me traia, esto. Ver al hombre que me habia declarado su amor y me habia prometido un futuro juntos tan preocupado me partia el corazón, me afligia.

Lo dejé sentarse en lo que debia ser el escritorio de Arion y volví a pensar en aquella mujer. Aun no estoy segura de que no sea buena idea rastrearla, Bruce tenía un buen punto pero no quiero convertir esto en otro caso, en otra misión, no quiero tener que ser una detective persiguiendo a una sospechosa, o una justiciera persiguiendo a una fugitiva, solo quiero intentar otra forma, la de las personas normales, las que no tienen trajes que ponerse ni resuelven sus problemas con violencia. No quiero cargarlo con el estress de la forma que tenemos de hacer las cosas nosotros, no quiero que esté tranquilo, que Arion utilice su magia y podamos resolver esto. Confió en el hombre que amo, confío en el mago al que acudimos, sé de su buen corazón, puedo verlo en todo él. Finalmente, trato de despejarme y por fin me siento en aquella silla que ni tan siquiera cruje tratando de despejar mi mente, de estar atenta a la situación para poder apoyar a Drago en lo que necesite no es dificil relajarse en un lugar como este casi invita a hacerlo.
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Ahri'ahn

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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   11th Febrero 2016, 01:58

Había transcurrido un mes desde el incidente en China, y aunque su cuerpo se encontraba plenamente recuperado a nivel físico desde hacía dos semanas, su alma permanecía gravemente dañada, de una manera que iba más allá de las habilidades de cualquier médico.

Arión vivía bastante recluido en aquella mansión a las afueras de París, por lo que sólo los que mantenían un trato diario con él, como su sirviente, Trykhun, habían podido notar los pequeños y sutiles cambios que se habían ido produciendo en su personalidad; Había pasado de la candidez y la ingenuidad a estar permanentemente serio, como si recelara continuamente o estuviera casi siempre enojado con el mundo en general, y su actitud, por lo general bondadosa y entregada a los demás, había pasado a ser más cerrada y enturbiada por un cierto velo de egoísmo. Parecía que ya no le importaban los problemas de la gente, y sólo buscaba su propio bienestar, interviniendo sólo cuando podía obtener algún beneficio.

De hecho, lo único que había hecho que aceptase ver a la pareja que ahora aguardaba en su despacho era la curiosidad de saber que uno de ellos era Cassandra Caín, la mujer que tanto se parecía a su amada muerta.

Adentrándose en la habitación, estudió detenidamente a sus dos invitados. Ella estaba igual de hermosa que la última vez que la había visto, aunque parecía preocupada por algo. El hombre era alto, no tanto como él pero sí más fornido. De largos cabellos oscuros y ojos marrones, podría decirse que no carecía de cierto atractivo.

Experimentó de inmediato el poder místico que emanaba de la gema que Cassandra lucía en el dedo; No era mágica, por supuesto, pero era bien sabido que algunas piedras y minerales poseían ciertas propiedades a nivel espiritual, y la Piedra Luna era una de ellas. Pese a no tratarse del clásico anillo de compromiso, para Arión estaba claro su significado, tanto por la disposición de la piedra en el engarce como por su ubicación específica en el dedo anular de la mujer.

Su mirada regresó al hombre que la acompañaba y un ramalazo de odio le recorrió con una intensidad tal que a él mismo le sorprendió. No tenía ningún motivo para estar celoso, ya que tan sólo había visto a Cassandra una vez, y, durante un confuso instante, no fue capaz de comprender el por qué de aquél sentimiento tan irracional.

Seguramente se debía a una mezcla de factores, resolvió. Por un lado estaba el increíble parecido físico que aquella mujer tenía con Chian, poseedora de la misma belleza sencilla y fiera, y por el otro, el hecho de que no había conseguido terminar de adaptarse a aquél mundo. Las cosas no habían hecho más que ir mal para él: había estado a punto de morir en varias ocasiones, le habían traicionado otras tantas, y, para colmo, todas las mujeres que le habían atraído habían terminado rechazándole.

- Cassandra, Drago... -saludó con una inclinación de cabeza antes de tomar asiento ante el escritorio-. ¿En qué puedo ayudaros?

Entonces procedieron a explicarle el problema. Desde hacía algunos días, el hombre estaba experimentando extraños y recurrentes sueños con una mujer en particular que no alcanzaba a explicar y, una vez despertaba, quedaba en él la sensación de que había algo que permanecía oculto, algo que no conseguía recordar... Las pruebas neurológicas no habían podido determinar nada, y los telépatas de la mansión X no habían sido capaces de detectar en él ninguna clase de manipulación mental, pero los sueños persistían, y dado que habían descubierto que la mujer que aparecía en ellos poseía alguna clase de poderes místicos habían decidido descartar ésta última posibilidad acudiendo a él ante el temor de que el mutante pudiera estar bajo el influjo o control de algún encantamiento.

- Lo que deseas, pues, es que mire en el interior de tu mente, averigue si te encuentras bajo alguna clase de influencia mística y, de ser así, que la deshaga, ¿no es cierto?

- Me gustaría que Cassandra formara también parte de ésto -respondió el hombre, extendiendo la mano diestra para tomar la mano izquierda de la mujer, la que lucía el anillo de compromiso, y acariciar con ternura sus dedos-. Acabo de comprometerme con ella y no deseo comenzar ésta nueva etapa de nuestras vidas ocultándole nada. No quiero que haya ningún secreto entre nosotros.

Enternecedor. Aunque hubo una época en la que Chian y él habrían hecho exactamente lo mismo...

- Está bien... Venid por aquí.

Arión se puso en pie y, apartando un poco la mesa y las sillas consiguió un hueco libre sobre la alfombra del despacho.

- Sentáos frente a mí, por favor -indicó, haciendo él lo propio con las piernas cruzadas ante sí.

Se concentró mientras la pareja obedecía y, durante algunos instantes, permaneció en silencio y con los ojos cerrados.

- Noto perturbaciones místicas en tu interior... Algo quiere emerger pero hay fuerzas mayores que se lo impiden. Relajaos los dos. De ésta manera podremos unir nuestras mentes, mas es mi deber advertiros: una vez haya conseguido deshacer las barreras místicas, mi acceso será completo. ¿Estáis seguros de que deseáis llegar hasta el final?

Cassandra y Drago se miraron y asintieron.

- Está hecho, pues -el mago sacó de uno de los innumerables bolsillos ocultos de su atuendo un pequeño saquito repleto de unos extraños polvos blancos que dejó caer sobre la palma de su mano, para, acto seguido, soplar en dirección a sus invitados. El blanco polvo les alcanzó... y todo fue oscuridad.

...............................................

Cassandra flotaba en el vacío de su propia mente dormida, libre de las tribulaciones del pensamiento o el cuerpo.

Una dulce sensación de serenidad la envolvía como un cálido y tierno abrazo hasta que notó la presencia del mago a su lado. Él le ofreció su mano y la guió en dirección a un punto de luz distante, el acceso que había abierto hacia la mente de Drago. Llevando consigo a Cassandra se deslizó sin esfuerzo a través de la abertura, con la facilidad de la arena que se filtra entre los dedos.

La parte difícil vendría ahora.

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Elissa Stavridis
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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   13th Febrero 2016, 15:56



Les dio la bienvenida un cielo gris y tormentoso. El aire estaba impregnado de humedad y olor a sal; el mar, bajo ellos, se agitaba inquieto, rompiendo contra las rocas en una lluvia de agua y espuma. El viento agitaba sus cabellos con furia. Y, aún así, un profundo silencio presidía la escena, un silencio antinatural, incongruente, como si alguien hubiera acallado el romper de las olas y la voz del viento.

Había una figura en la distancia, en pie sobre un acantilado, recortada contra el lúgubre cielo. Llevaba una capucha de un color azul mortecino echada sobre el rostro, y sostenía algo entre las manos. Algo que, tras un breve instante de duda, dejó caer al vacío.

El peso del objeto lo arrastró hacia abajo, precipitándolo hacia el mar, que abrió sus hambrientas fauces para recibirlo. Pronto desapareció bajo las aguas.

La silueta en el acantilado permaneció allí un rato más, mirando cómo el océano se arremolinaba cientos de metros más abajo, hasta que también ella se desvaneció, como si nunca hubiera existido.

---

Cuando la imagen del pasado hubo desaparecido, Ahri'ahn descendió con Cassandra hacia la superficie de las aguas.

El océano pareció calmarse alrededor del Sumo Mago de Atlantis, como si reconociera silenciosamente su título, y el Reino Sumergido del que provenía. Bajo los pies de Ahri'ahn, el mar recobró su color azul, y se abrió a su orden, escupiendo con reticencia el secreto que trataba de ocultarle.

Ambos viajeros lo vieron emerger. Se trataba de una caja, una pyxis griega. La cerámica había sido decorada en negro y, sobre aquél fondo oscuro, destacaban dos figuras en ocre. Una de ellas representaba a una mujer con una vela, cuya luz iluminaba el cuerpo dormido de un joven alado. La caja estaba rodeada por varias cadenas, atadas firmemente a su alrededor para impedir que se abriera.

Ahri'ahn hizo flotar la pyxis hacia él, hasta que estuvo descansando sobre sus manos. Pudo ver entonces que,  tal y como imaginaba, no se trataba de cadenas corrientes. Sobre ellas, como si estuvieran hechos de agua, se deslizaban caracteres arcanos, de un tono azul desvaído. No, de hecho... las propias cadenas no eran otra cosa que letras entrelazadas, que se aferraban la una a la otra, dando forma a los eslabones. El mago trató de leerlas.

"αυτό το πλαίσιο πρέπει να παραμένουν κλειστά"

Era griego... "Esta caja debe permanecer cerrada". Parecía un deseo... pero era algo más que eso.

Era un hechizo.

El atlante hizo un gesto, y las cadenas se rompieron. Al hacerlo, los eslabones parecieron cobrar vida, convirtiéndose en decenas de mariposas azules, que trataron de volar en todas direcciones... Pero sus alas se deshicieron en el aire, y fueron engullidas por la noche.

La caja se abrió lentamente, y aquello que ocultaba salió, por fin, a la luz...


---

Habían trascurrido semanas desde que Dragoslav Katich había entrado al despacho de Elissa Stavridis por primera vez.

Desde entonces, habían establecido una relación poco convencional. Psicóloga y paciente, profesor de música y alumna de piano. Tanto la terapia como las clases solían transcurrir en un aula de Mansión X, a puerta cerrada, cuando las clases habían terminado. Se veían al menos dos veces por semana; ella iba poniendo a prueba su resistencia a la oscuridad, él iba dirigiendo con paciencia el movimiento de sus manos sobre el teclado.

Elissa se había dado cuenta de que, si quería llegar a él, tendría que hacerlo de aquella manera. El mutante no soportaba sentirse vulnerable; había erigido cien barreras, conscientes e inconscientes, a su alrededor. Sólo se permitía bajarlas cuando se sentaba, a solas, delante del piano. Entonces, Eclipse desaparecía y sólo quedaba Dragoslav.

Pero la terapia no avanzaba tan deprisa como él hubiera querido. Habían hecho progresos importantes desde la primera sesión, pero se habían estancado allí. Algo bloqueaba a Drago, algo que él no lograba identificar, por mucho que lo intentara. Era como si, llegados a un determinado punto, no pudiera mejorar más. Y aquello era una fuente de frustración para el mutante... y también para su terapeuta.

Elissa estaba más implicada en aquel caso de lo que estaba dispuesta a admitir. Desde el primer día, el sufrimiento de Drago había resonado en ella, impulsándola a ayudarlo. Con el paso de los días, se había convertido en algo más. No sabía explicar qué era, pero sí lo que no era. No era compasión, como había creído en un principio. La compasión no haría que el pulso se le acelerara, ni que fuera tan dolorosamente consciente de su proximidad. Tampoco explicaba la facilidad con la que la hacía sonreír, ni la paz que sentía cuando lo oía tocar. Cuando Drago se hundía en las sombras, la angustia se apoderaba de ella. En aquellos momentos, las palabras le parecían vacías, y tenía que luchar contra la necesidad de abrazarlo.

¿Por qué le pasaba aquello? No podía verlo sufrir. Quería ayudarlo, pero... ¿a cualquier precio? Elissa se lo había preguntado en más de una ocasión. Y ya conocía la respuesta.

Aquella noche, cuando él enterró el rostro entre las manos, agotado e impotente, la última reserva de la psicóloga zozobró.

- Dragoslav... - musitó, poniendo la mano sobre el hombro del mutante - Sé lo que piensas... Pero no es así. Aún quedan cosas por hacer. Aún no... lo hemos intentado todo.

La psicóloga se sentó frente a él y lo obligó, con dulzura, a alzar la cabeza.

- Creo que hay algo que te bloquea. Algo que tú has olvidado, pero tu subconsciente no. ¿Lo recuerdas? Tú mismo me lo dijiste... "Supongo que hay más dentro de mi cabeza de lo que yo siquiera alcanzo a imaginar" - buscó inconscientemente la mirada de Drago, aunque supiera que contemplaba únicamente la ilusión con la que se vestía el mutante.

¿Podría decirlo? ¿Podía dar ese paso? La simple idea la aterrorizaba.

"Sólo lo haré una vez".

¿Y si cambias algo? ¿Y si le cambias a él? Ya ocurrió en el pasado.

"Esta vez no. No voy a volver a ser Psique. Sólo quiero ayudarle".

La última vez que intentaste "ayudar", acabaste en una celda de Belle Rêve.

"Me equivoqué. Pero ya no soy así".

Elissa volvió a dirigirse a Dragoslav, esta vez en un tono más bajo, casi un susurro.

- Te he explicado muy pocas cosas de mí. Pero yo era... fui... una de vosotros. Tenía una habilidad especial...

"¿Se puede bloquear? ¿Se puede sellar?".

"Sí. Pero arrebatarte tu magia podría volverte loca".

"El collar que llevábamos en Belle Rêve... Anulaba nuestro poder. June, tiene que haber algún hechizo que haga lo mismo...".

"Si quieres poner límites a tu poder, hazlo tú misma. Has nacido con el don de la magia, Lissa. Tu cuerpo y tu mente han crecido a su alrededor. Si cortas la conexión, las consecuencias son imprevisibles. El collar de seguridad es algo temporal. Y tú me estás pidiendo una solución definitiva.".

"Pero...".

"Pon en práctica lo que te enseñé. Bloquéala. Limítala. No la uses si no quieres. Pero no la apartes de ti. Es parte de quién eres. Y tal vez... un día la vuelvas a necesitar".

Elissa tomó aire y lo soltó, despacio, buscando las palabras para proseguir.

- ... puedo viajar a tu subconsciente, Drago. Contigo. Averiguar dónde está el origen de tu miedo a la oscuridad. Saber qué es lo que te está bloqueando. Pero... - Elissa dejó un instante de silencio - Pero sólo lo haré si tú quieres. Tiene riesgos. Y a nadie le gusta que otro se adentre en lo más profundo de su ser. Entenderé si no quieres hacerlo.

De hecho, si él se negaba... tal vez fuera lo mejor para los dos.

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Eclipse
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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   23rd Febrero 2016, 01:16


Fue algo muy extraño... Primero estaba allí, con Cassandra y el mago y de repente todo pareció volverse irreal... intangible... Los veía a todos pero como si se tratase de un reflejo traslúcido, una ilusión, como si lo único verdaderamente real allí fuera él... Como en un sueño, se levantó, sólo porque sintió que debía de hacerlo. Avanzó hasta la puerta que daba salida al despacho, que curiosamente parecía mucho más sólida y tangible que todo lo demás. Algo le decía que tenía que cruzar esa puerta, pero, durante un instante, vaciló y se volvió para contemplar a Cassandra. Ella yacía tumbada en el suelo, al lado de su propio cuerpo, aparentemente sumidos en un profundo sueño los dos... Arión, frente a ellos, se encontraba sentado en la posición del loto con los ojos cerrados, inmerso en su meditación. Nada se movía... Todos parecían petrificados, congelados en el tiempo, y la puerta le llamaba...

Cuando la atravesó, un escenario muy distinto le esperaba; Reconoció perfectamente su aula de música en la mansión. Los violines, las flautas y demás instrumentos pequeños distribuidos ordenadamente en los armarios y estanterías, y los pianos y violonchelos en un extremo, con las sillas de los alumnos situadas en semicírculo alrededor...

El piano grande de cola tenía la tapa de la caja abierta, como si se hubiera utilizado recientemente para practicar. Él estaba sentado en una de las sillas. Con la cabeza hundida entre las manos y los dedos enterrados en el cabello, parecía sufrir profundamente. La doctora Stavridis se encontraba de pie frente a él, con una mano en su hombro.

Al igual que en la mansión, la imagen parecía congelada en el tiempo, y recubierta de una cierta sensación de insustancialidad e intangibilidad.

Sabiendo de alguna manera incomprensible lo que tenía que hacer, avanzó hasta cubrir la forma de su cuerpo, penetrando en su interior y recubriéndolo por completo...

Y el mundo volvió a continuar con su avance. El color, la luz, todo volvió a su ser, como si alguien hubiera estado presionando un invisible botón de pausa y acabara de soltarlo.

Drago alzó la mirada, impelido por el gentil contacto de la hechicera, pero ya no era el mismo Drago cuyo inconsciente acababa de abandonar la mansión del mago atlante, sino aquél que había estado sentado realmente en aquella silla del aula de música de la mansión varios meses atrás.

Miró a la psicóloga con esperanza. No llevaban tanto tiempo con la terapia, menos de un mes en realidad, pero se habían estado viendo prácticamente cada día y ambos tenían la sensación de que había sido mucho más tiempo... Además, desde aquella noche en la sala de cine se había forjado un vínculo muy profundo entre ambos, fomentado por la intimidad y la cercanía de las clases de piano.

Drago no había experimentado antes esa clase de cercanía con nadie que no fuera Nadine, y el hecho de tener que abrirse por completo a ella durante las sesiones lo volvía todo mucho más profundo. Sabía que debían estar violando todos los códigos éticos que exigía la profesión, que su relación no debería ser tan estrecha, ni tan personal, y ahora ella le ofrecía una manera de averiguar el origen de su fobia que le haría abrirse todavía más y revelarle hasta el menor de sus secretos, aquellos que ni siquiera él conocía...

Pero, por otra parte, no estaban avanzando prácticamente nada. Una y otra vez se encontraban ante la misma pared que les impedía continuar, y cada vez resultaba más frustrante. Drago sabía que, en demasiadas ocasiones, a la gente le llevaba toda una vida de terapia el poder resolver sus conflictos internos, y él no tenía tanto tiempo. Se obligó a recordarse a sí mismo por qué había acudido a la consulta de Elissa en primer lugar. Sí, había sido en parte por su sentido del deber y responsabilidad para con aquellos a quienes se suponía debía proteger, y ante lo cual había estado a punto de fracasar estrepitosamente el 31 de octubre, pero también, en mayor medida de lo que le gustaría admitir, por ella, la mujer misteriosa, aquella que le había arrebatado el corazón y que no había desaparecido de sus pensamientos ni un sólo día. Si lo que Elissa proponía les permitía llegar al origen del problema más rápido, valdría la pena el precio.

- Elissa -dijo, devolviéndole la mirada y refiriéndose a ella por su nombre de pila, algo que nunca antes había hecho durante las sesiones-: Ya has visto más de mí de lo que nadie ha visto jamás. Te he contado cosas que no había compartido nunca antes con nadie. Me has visto tocar... Si para curarme es preciso viajar más profundo aún, no podría pensar en nadie mejor que tú para hacerlo -la tomó de las manos con la intención de transmitirle una seguridad que aparentemente ella no sentía, sonriéndole con confianza-. Adelante, hagámoslo.

Elissa le miró durante un instante más y tomó aire, armándose de valor para lo que se disponía a intentar, algo que no había vuelto a hacer desde hacía años... Cerró los ojos y se concentró, sin soltar las manos de Drago, utilizando la cercanía y el contacto para facilitar el acceso a la apertura que le abriría el camino al interior de su mente...



La noche les atrapó perdidos en las enrevesadas callejuelas de lo que parecía ser una especie de aldea medieval, pero todo estaba distorsionado, confuso. Los tejados de las casas se curvaban hacia delante como impelidos por una fuerza invisible, y los pendones que colgaban de las paredes creaban retorcidas sombras que se deslizaban como si tuvieran vida propia...


- Shhh... ¡mirad quién está de regreso en casa! -exclamó una de las sombras, y el nombre del mutante comenzó a dejarse oír, repetido por cien voces invisibles: "Drago, Drago, Drago...".

- ¡Te hemos echado tanto de menos!

Drago se llevó las manos a las sienes, presa de un evidente tormento.

- ¡No, vosotras no! ¡No de nuevo! ¡Vosotras ya no existís! ¡Os había desterrado de mi mente!

- No, Drago... Sólo nos enterraste más hondo, pero no puedes deshacerte de nosotras porque somos parte de ti, mali*...

- ¿Deberíamos mostrarle?

- Sí, mostrémosle... ¿Puedes escucharlo, Drago?

- ¿Escuchar? ¿Escuchar qué...?

Un súbito sonido rasgó la noche, desagradable y chirriante como una nota desafinada: Scratch... scratch... Sonaba como si alguien estuviera arañando algo de manera incesante, sin pausa...

- ¿Qué...? ¿Qué es...?

No sabía por qué, pero aquél sonido despertó un profundo terror en su interior. Un sudor frío comenzó a brotar de su frente al tiempo que se giraba para tratar de localizarlo.

- ¡No hay tiempo! -susurraron las voces.

- ¡No hay tiempo!

- ¡No hay tiempo!

- ¡Ya vienen!

- ¡Vienen!

- ¡Huid!


Tras el último grito las sombras se distorsionaron alargándose hasta extremos imposibles formando agudos chillidos ante la luz de las antorchas que portaban sus agresores; los suelos temblaban bajo el envite de cientos de poderosas patas que Elissa inicialmente pudo haber confundido con retumbar de cascos de caballos, pero la luz de las antorchas reveló algo mucho más siniestro e infinitamente más aterrador... Una horda compuesta por jinetes escorpión y terroríficos demonios armados con hachas, recorriendo el pueblo, prendiendo fuego a las casas, destrozando todo cuanto encontraban a su paso. Los gritos de pánico y dolor retumbaban en sus oídos a pesar de no haber visto a nadie en aquél pueblo con la excepción de las sombras... ¿De dónde venían los gritos? ¿Dónde estaba la gente? ¿Y por qué sentía tanto pavor irracional e inexplicable?

Cogiendo a la doctora de la mano, inició la huida por las calles, tratando de alejarse del camino de aquellos seres de pesadilla. Al cabo de varias vueltas acabaron en un callejón sin salida, pero Drago echó la puerta abajo de la casa más cercana y corrieron a refugiarse en su interior.

Dentro, el sonido se detuvo, y el mutante se detuvo en seco al darse cuenta de en dónde se encontraba... El familiar salón... el acogedor fuego en el hogar... Los muebles de su infancia...

- Ésta... ésta era mi casa -musitó, avanzando por el pasillo como enfebrecido.


Al fondo, en una pequeña habitación, brillaba la luz de una vela y, frente a ésta, se arrodillaba una mujer de largos cabellos oscuros. Iba vestida tan sólo con un camisón que parecía flotar en el mar de sangre en el que se había convertido el suelo, y musitaba una oración en árabe. Drago extendió una mano trémula hacia ella.

- Madre...

La mujer alzó la mirada ante el sonido de su voz pero, cuando empezaba a volverse se desvaneció en el aire sin que pudieran llegar a verle el rostro.

Y de nuevo aquél sonido, tan insistente, que no paraba de sonar...

Scratch, scratch, scratch...  

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*"Pequeño", en bosnio.

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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   4th Marzo 2016, 19:14

...Oscuridad...


Una calidez me abraza el cuerpo, las palabras del mundo, las cosas, todo parece desvanecerse en la oscuridad. Sueño, pero no, me percibo a mi misma, alzo mi mano la miro, la rodea una muy tenua luz que luego se desvanece, ahora se ve como siempre, y tengo a Arion a mi lado, y lo miro, y siento en él a alguien, lo siento familiar, conocido en alguna manera, pero todo se siente asi, con esa distancia corta pero inacabable que tiene todo en los sueños. Me ofrece su mano, y por alguna razón, es como si no tuviera que pensarlo, la tomo con confianza y caminamos hacia un punto de luz en la distancia, y repentinamente el sonido, las gotas de agua, la brisa salina del mar, todo se volvió real enseguida, mas rápido de lo que podria haberme acostumbrado, y sin embargo, todo me parecia absolutamente normal, como si estuviera en un trance del que no podia salirme. Vi la figura, y vi como el objeto se desprendia de sus manos trémulas y caia rápidamente hacia las aguas, y extendí mi mano, pero las palabras no salieron de mis labios, en el fondo sentia una extraña certeza de que todo funcionaria, nada era como cuando estaba despierta, pero tampoco sabia a ciencia cierta si dormia.

Bajamos lentamente hacia las aguas, ahora me daba cuenta de que no caminabamos, levitabamos, y a medida que nos acercabamos, las aguas se calmaban, como dandonos la bienvenida. Todo era el rumor del mar removiendose, ya mas calmado, y de entre sus aguas una extraña caja comenzó a desprenderse del mar acercandose a Arión. Tenia cadenas y unas letras grabadas en una especie de energia brillante que yo no podia entender, pero enseguida volvi a mirar y noté como en verdad eran las propias letras las que formaban la cadena. Estaba confusa, ansiosa, era como si mi corazón estuviese poco a poco comenzando a despertarse del letargo. Al mago no le costó casi nada deshacer las cadenas de letras, que se descompusieron en bellas mariposas que estaban hechas cenizas antes de que pudiese tocarlas. No comprendia donde me hallaba, ni por que en la mente de Drago algo podia tomar esta forma, pero cuando la caja se abrio y el destello nos colmo por completo, me dejé llevar y no lo pensé más...

...El Sol de la tarde me acaricia el rostro, ocaso, esta por acabarse el dia. Instrumentos por toda la habitación, perfectamente ordenados. Sonrio, lo recuerdo, esta era la sala de música de la Mansión de Charles Xavier, donde habia ido a ver a Dragoslav la primera vez cuando por fin decidi que no podia soportar la idea de la distancia, de no saber quién era en verdad. Aun recuerdo cuando tomé el telefono y llamé cuando le pregunté todas aquellas cosas a Ororo, y cuando tuve que dar yo mis propias explicaciones, y a pesar de todo eso, habia valido la pena, habia conocido a un hombre maravilloso, repleto de cosas buenas, pero también con muchas heridas algunas que conocia, otras que callaba hasta conmigo, poco tiempo de conocernos para expresar tantas cosas. Nunca imaginé que lo conoceria, que encontraria a alguien que habria pasado por cosas similares a las que yo habia vivido, que habia estado tan perdido y se habia encontrado. Alguien...alguien que me amara de verdad, ¡Que me amara...!

Una hoja metálica atravesaba mi corazón, el frio me acariciaba con sutileza. No se introducia con violencia, aun en sueños, no era real, no existia, era solamente la sensación, la de que estoy siendo herida. Es casi imposible alcanzarme con un arma de filo, menos aun con una daga, pero cuando lo veo tan cerca de ella, sus manos guiandola en el piano, compartiendo aquello que nosotros no habiamos compartido. Negué con la cabeza una y otra vez, ¡Que infantil! ¿Por que deberia aprender yo piano con él? Si compartieron eso como terapeuta y paciente, entonces es algo que es de ellos, y no mio, pero no todo puede ser mio, no todo tiene que ser mio, él debe ser libre de compartir las experiencias que desee con quien...

-...¿Que? - Fue la primera palabra que me oí decir a mi misma desde que estaba con Arion en este recuerdo escondido en un sueño.

No, no era que ella quisiera adentrarse en su mente, era...él, que le decia estas cosas, y el pulso de ella, y su respiración, y su mirada, su cuerpo lo decia, lo deseaba, estaba prendada de él, enamorada, y alli estaba él, Dragoslav, diciendole...todas esas cosas, que le habia visto tocar, que le habia mostrado mas de si a ella que a nadie...¿Nadie mejor que ella para hacerlo...?

Me llevo las manos al pecho. Cuando las suyas tocan las de ella, es casi como si entre ambos las usaran para hundir el filo de la daga hasta el mango atravesandome el corazón de una forma que nunca habia sentido antes. No hay sangre, ¿Como va a haberla? Nadie me ha herido y sin embargo acaban de hacerlo de una forma que jamas crei que nadie podria. Una lágrima resbala por mi mejilla y me olvido de pensar en que es infantil y que no esas palabras ya no tienen sentido, solamente puedo sentir el dolor que me embarga cuando los veo de la mano, cuando veo la confianza, la intimidad, rodeada de todas esas señales imperceptibles para todos salvo para mi. Solamente habia una cosa que faltaba para quebrantarme, una cosa que faltaba: Dragoslav no estaba enamorado de ella como ella de él, le agradaba, pero no veia en su cuerpo el amor como lo veia conmigo. El dolor era agudo, pero podia soportarlo.

- ¿Debemos...se...seguir? - Pregunté al mago atlante luego de girarme a mirarlo, tratando de secarme las lágrimas. Solamente se acercó a la otra puerta de la habitación y la abrió, y yo, con la misma adormilada obediencia que subitamente regresaba a mi, pasé por el umbral. Solo me detuve un momento, acariciandome el nacimiento del pecho, donde ahora habia un bello emblema rosado que reconocia como una flor de cerezo, como si realmente pensara que podia haber sido real la herida. Una ultima vez miré a los dos, y entorné la mirada para fulminar a la griega con ella. No tengo por que hacerlo, pero ahora, es como si verla acallara el dolor, y lo envolviese en llamas, en unas llamas que no abrazan con calidez, sino que queman todo impetuosas, pero que aunque agresivas, al menos me permiten olvidar el dolor. Aprieto los dientes un momento, diria algo, pero no es ella, no es él, no en verdad, o eso creo, asique me giro y corró a través de la puerta...

...Mis pies chapotean en aguas negras, un diminuto charco. Los veo en la distancia, en medio de un pueblo de horrores que no podria existir en la Tierra. Todo esta oscuro, como distorsionado, mancillado, si es un recuerdo, es uno muy malo.

Los seguimos por las callejuelas, el atlante en silencio, observando, pero es como si nunca pudieramos darle alcance, o como si yo misma me estuviera frenando de hacerlo, nada tiene sentido ya aqui, solamente me dejo llevar y trato de entender que es todo lo que estoy viendo. Llevo un traje verde parecido al que usaba cuando practicaba en el dojo con mi padre, es ligero, verde como el jade no entiendo de donde salió, pero me permite correr con ligereza tras de ellos, hasta que oigo los chillidos cerca de unas sombras con las que hablaba y comienzo a oir el incesante quejido, como si alguien arrastrara las uñas sobre una mesa. Las hordas se acercan, horribles demonios y criaturas mitad escorpión bajan por las calles, algunos los ven, corren, trepo con agilidad por los póstigos que sostienen la estructura de la casa mas cercana y me subo al tejado, comenzando a correr y saltar para seguir su ruta desde arriba, los monstruos se acercan, los escorpiones son demasiado rápidos, empiezo a sentir los nervios subir por mi espalda, ¿Si lo hieren aqui...?

Busco en mi nuevo traje, y encuentro firmemente aferrado por el cinturon amarillo que rodea mi cintura la funda, tomo el mango y desenvaino enseguida una hermosa katana. La brisa choca con mi rostro, hay una cierta humedad que se hace bastante tangible y real en este lugar, pero solo ahora noto que hay luz de Luna, y que sus sombras se recortan contra el suelo aunque ellos no las vean. Giran un último recodo, parece que él ha visto algo, ¿Un refugio? El escorpión se acerca, alza su arma y sus tenazas, no tengo tiempo. Salto, giró en el aire para detener la inercia y caer desde el aire exactamente donde quiero. Mis pies se apoyan en su torso negro, mis manos firmes la hoja de la espada se hunde hasta el fondo en su craneo y torso, no hace un solo ruido, se desvanece en volutas de humo. No hay tiempo: me giro y alcanzo a los otros dos escorpiones, corto una tenaza al saltar para esquivar su golpe y de ahi un tajo al cuello lo acaba, pero no podria hacer a tiempo de detener a la otra criatura si no fuese porque arrojo la katana y esta se clava en su estomago, dandome los segundos que necesito para girarme y a la carrera tomar la katana de su vientre y hacerle un corte a través de todo su torso. Es como si el filo del arma no pudiera ser detenido por nada, irreal, pero se siente...comodo.

Los demonios se vuelven sombras, sombras que se detienen, como respetuosas de alguien que ha podido con ellas pero no hay tiempo, el horrible sonido de las uñas se intensifica, me giro sobre mis talones y los sigo justo cuando están entrando en una casa. La puerta cae sin dificultades solo me vuelvo hacia atras una última vez para asegurarme de que nadie nos persigue. No veo a nadie, asique los sigo, y por ese mismo impulso que viene conduciendome gentilmente a lo largo de todo este tiempo, me quedo de pie envainando mi nueva arma, mirandolos, a ellos a la mujer, al lago de sangre que tenemos bajo nuestros pies, demasiada para ser ella sola la que está herida. ¿Su madre? Me tiento de acercarme, pero cuando doy un paso, ella se vuelve hacia él y desaparece, solo queda una casa inundada de ese mismo horrible sonido, y denuevo siento que no debo intervenir, que debo protegerlo, pero no tocarlo, y lo miro con preocupación, y luego al atlante, pero él solo me mira a mi y a la escena alternativamente, no parece estar preocupado. ¿Que es ese ruido?
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Ahri'ahn

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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   8th Marzo 2016, 00:53


La presencia de la luz del día y el fragor de las olas le sorprendieron. Siempre que realizaba aquél hechizo para producir una alteración inducida del estado de conciencia en forma de trance en los sujetos que carecían del entrenamiento místico necesario para alcanzarlo por ellos mismos lo que solía recibirle era habitualmente oscuridad y paz. De entrada, aquél mar tempestuoso que se agitaba bajo un cielo que amenazaba tormenta no era lo normal, pero es que además tenía la completa certeza de que aquella imagen no formaba parte del subconsciente de Drago. Podía notar su esencia, una poderosa energía mágica que él no poseía.

Su mirada se clavó sobre la silueta que se alzaba de pie sobre el acantilado. Tenía el rostro oculto bajo una capucha y sostenía entre sus manos lo que Arión rápidamente identificó como el hechizo que habían venido a deshacer. Por un momento se planteó ir a su encuentro, pero sabía que ella no estaba realmente allí, sino que aquello no era más que una impronta, un eco del pasado.


Tras un instante de duda, la hechicera dejó caer la caja y Arión descendió junto con Cassandra a la superficie del agua para arrebatarle al lecho marino aquél tesoro robado que entregó renuente.

Reconoció lo que era por los conocimientos de historia y arte que había adquirido de su versión más vieja y experimentada, los mismos que le permitieron identificar la imagen grabada en la porcelana.

- ¿Eros y Psique? -musitó, confundido.

Según el mito griego, Psique era la menor y más hermosa de tres hermanas, hijas de un rey de Anatolia. Afrodita, celosa de su belleza, envió a su hijo Eros para que le lanzara una flecha que la haría enamorarse del hombre más horrible y ruin que encontrase. Sin embargo, Eros se enamoró de ella y lanzó la flecha al mar; cuando Psique se durmió, se la llevó volando hasta su palacio.

Para evitar la ira de su madre, Eros visitaba siempre a Psique durante la noche, amparado por las sombras, prohibiéndole a su amante cualquier indagación sobre su identidad. Una noche, Psique le contó a su amado que echaba de menos a sus hermanas y quería verlas, y Eros se lo permitió, por lo que, a la mañana siguiente, marchó a visitarlas. Éstas, llenas de envidia, le preguntaron quién era su maravilloso marido, y Psique, incapaz de contestar a sus preguntas, acabó confesando que realmente no sabía quién era. Así, sus hermanas la convencieron para que en mitad de la noche encendiera una lámpara y observara a su amado, asegurándole que sólo un monstruo querría ocultar su verdadera apariencia. Psique les hizo caso y encendió una lámpara para ver a su marido, provocando que una gota de aceite hirviendo cayera por accidente sobre la cara de Eros dormido, el cual despertó y, decepcionado, abandonó a su amante.

¿Qué significaba? Estaba claro que no podía ser fortuito. El acantilado, la caja... Todo aquello había surgido del subconsciente de la hechicera que había tejido el hechizo, por tanto, la elección de la pintura debía tener algún significado.

El muchacho alado era Eros, encarnación del amor según la mitología griega. ¿Qué relación guardaba con Drago? ¿Eran las sombras de las que se revestía cuando visitaba a la mujer o era algo más? El hecho de representarlo dormido podía significar su ignorancia del recuerdo suprimido, en cuyo caso, por alguna suerte de increíble ironía, podían estar viviendo el momento en el que la gota de aceite hirviendo le hiciera despertar...

Estudió las cadenas, conformadas por caracteres en griego que también fue capaz de entender gracias a la sabiduría de las eras, y comprendió que en ellas era donde residía realmente el hechizo. Para liberar los recuerdos almacenados dentro de la caja, aquellos que hacían que el joven alado permaneciera dormido, tendría que romper los mágicos eslabones. No tendría que ser algo muy difícil; El hechizo estaba bien trazado, pero no era perfecto, albergaba máculas que quizá pasarían desapercibidas para un mago de menor poder, mas no para él.

Un simple gesto le bastó para romperlas; lo que no esperaba era lo que sucedió después, las mariposas azules que surgieron de improviso, inundando la noche con una explosión de vívido azul un instante antes de desintegrarse en el aire.

Y el recuerdo se abrió ante ellos...

El escenario cambió totalmente. Ahora se encontraban en el interior de un aula de música de lo que parecía ser un conservatorio o una escuela. Drago estaba allí junto a Elissa, la mujer que, aparentemente, era la poseedora de aquella forma de magia tan peculiar. Le estaba enseñando a tocar el piano, algo que, a primera vista, no debería resultar nada raro, pero al reparar en la manera en la que Cassandra negaba con la cabeza envuelta en atónita consternación comprendió que no era así. Ella debía conocer a su pareja mejor que nadie, y sin duda era capaz de entender las verdaderas implicaciones de aquel gesto en apariencia tan simple.

La observó con atención, analizando sus gestos y reacciones cuando Drago tomó de las manos a la doctora y la animó a continuar adelante con lo que pretendía. Vio cómo se llevaba las manos al pecho, como si acabaran de atravesarla con una hoja invisible, y un doloroso recuerdo, de cuando había visto a su mujer reencontrarse con un antiguo amante, asaltó su memoria. Recordó la impotencia que había sentido entonces, la tristeza, la baja autoestima y la ira. Su cara de entonces había debido parecerse mucho a la que ahora ponía ella, ¡y se parecía tanto a Chian!

- ¿Debemos...se...seguir? -preguntó ella, con la voz desgarrada por el sufrimiento.

El antiguo Arión habría mostrado empatía y comprensión ante su dolor y habría tratado de consolarla, pero éste nuevo Arión, más egoísta, el mismo que se había sentido celoso y resentido ante la dicha de la pareja cuando los había visto en su despacho, albergó el deseo de ir más allá, de ahondar en el secreto cuya naturaleza, a la vista del grabado encontrado en la pyxis, empezaba a sospechar, anhelando encontrar en su dolor consuelo para su propia desgracia. Y, quizás, con un poco de suerte, ella iría a buscar en sus brazos aquello que su hombre había ido a buscar en los de otra mujer...

Así que avanzó directamente hacia la puerta que les permitiría descender un nivel más en los recuerdos del mutante y la abrió.

Lo que encontraron se parecía más a lo que habría esperado encontrar en el subconsciente de Drago. Sin decir una palabra, se dedicó a seguir a la pareja a través de las retorcidas callejuelas de aquél pueblo deforme, sin inquietarse lo más mínimo ante los inquietantes chirridos o las espeluznantes sombras.

Entonces, se acercaron las hordas de criaturas de pesadilla, y Cassandra se encaramó ágilmente por un tejado antes de que tuviera la ocasión de decirle que nada de aquello era real...

Suspiró, permitiendo que la horda pasara al galope a través de él, como simples fantasmas que se deshacían en oscura bruma al tocarle, y continuó tranquilamente su camino, sin apresurarse.

Cuando finalmente la alcanzó, ella ya estaba dentro de la casa, con la doctora y con él. Con calma, avanzó por detrás y apoyó las manos sobre los hombros de la menuda guerrera.

- Cassandra, sólo son reales en la medida en que tú los percibas... -le susurró-. Piensa en todo ésto como si se tratara de un sueño, pues no son más que recuerdos... Los enemigos de tus sueños pueden hacerte daño siempre y cuando tú pienses que son reales y que pueden afectarte, pero en el momento en que eres consciente de estar soñando, dejan de tener poder sobre ti. Pues ésto es lo mismo... Si interiorizas lo que son, simples imágenes creadas por el subconsciente de Drago, no podrán dañarte. No serán más que fantasmas... A él pueden hacerle daño, pero sólo mientras permanezca en éste escenario, y sólo porque él está convencido de que son reales, pero no pueden matarle... Nadie puede morir en un sueño. Además, todo ésto ya ha pasado. Lo que estamos viviendo no es más que un recuerdo, y no puedes influir sobre él ni cambiarlo.

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Elissa Stavridis
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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   2nd Abril 2016, 15:46


La palabra en griego era κάθαρσις. Catarsis. La purificación del alma al contemplar la tragedia, a través del miedo y la compasión. Phobos y Eleos.

Bajo la caricia de la magia de Elissa Stavridis, las metáforas podían convertirse en dolorosa realidad.

La griega acompañó a Dragoslav a través de las callejuelas, del horror sutil que se agazapaba en la aldea de sombras. Ella era incapaz de aprehender todos los matices, los dolorosos detalles que se adentraban en su paciente como una puñalada. Pero su sufrimiento era casi tangible para ella.

¿Era realmente necesario que sufriera tanto para alcanzar la paz?

Elissa tuvo que obligarse a recordar que aquello estaba continuamente allí, en el inconsciente del mutante; que no era ella quien lo había conjurado. Sólo le había dado las llaves al sótano y le había tendido la mano al cruzar la puerta. Con la intención de apaciguar su miedo, trataba de sostener una lámpara para él. Pero cuanto más potente fuera la luz, más oscuras se harían las sombras.

- Dragoslav... - susurró - No escuches las voces. Ven... - empezó Psique, tratando de alejarlo de ellas. Quería enfrentarse, cuanto antes, a lo que habían venido a buscar, acortar la agonía del hombre al que quería. Pero la psique del bosnio era terriblemente inestable. Cuando Elissa oyó el eco de los cascos, supo que no sería tan sencillo navegar por ella.

Dragoslav no la soltó. Huyeron a través del pueblo de los jinetes escorpión, surgidos de leyendas y pesadillas, pero tan reales para él como para haber podido sentir la mordedura de su acero, de haberlos alcanzado.

Tal vez el dolor de las cimitarras hubiera sido más piadoso que el retorno al hogar.

- Ésta... ésta era mi casa - musitó Drago. Elissa aferró su mano con más fuerza.

Sus pasos los condujeron a una habitación, a una figura, a una oración musitada.

- Madre...

La voz de Dragoslav sonó temblorosa, y el eco devolvió la misma palabra, pero pronunciada por un niño. Y, lentamente, la mujer se volvió...

Para desvanecerse en el aire, dejando únicamente el suelo cubierto de sangre como recuerdo de su presencia.

El sonido que los había perseguido desde su llegada al pueblo se repitió y, en el profundo silencio que había seguido al desvanecimiento de la mujer, ambos pudieron escucharlo con claridad. Sonó de nuevo, y después una vez más, como una letanía.


- Vamos - musitó Elissa, tirando con suavidad de la mano de Drago. Tuvo la sensación de que el mutante la seguía automáticamente, como si acabara de sacarlo de un hechizo.

Avanzaron por el corredor que daba a la salida, con la sensación de tener el ruido delante, pero también detrás, como si los persiguiera. Una fina lluvia de polvo cayó sobre ellos mientras buscaban la puerta de salida, haciendo que dirigieran una mirada inquieta al techo. Psique apremió un poco más a Eclipse, ansiosa por encontrar la fuente del sonido, pero también por abandonar aquel lugar.

Sus pasos los condujeron fuera de la casa, y después fuera del poblado. Ante ellos, un terreno yermo se extendía en todas direcciones hasta donde alcanzaba la vista. Varios árboles secos se aferraban con sus nudosas raíces a la tierra sin vida, como si fueran las garras retorcidas de algún animal. Sus ramas muertas parecían arañar el cielo plomizo.

A los pies de uno de ellos encontraron la pala. Estaba cuidadosamente apoyada en el tronco, como si alguien la hubiera dejado allí para volver a recogerla después.

- Es aquí - dijo Elissa. Drago no respondió. Tenía una expresión ausente en el rostro, y la psicóloga supo que tendría que hacerlo sola.

Los rodeaba un olor a tierra removida y húmeda. Era intenso, pero no bastaba para ocultar el hedor, distinto, que yacía bajo él. Metálico, insidioso, penetrante. El olor de la sangre.

Psique soltó la mano de Drago, dio dos pasos hacia el árbol muerto, y tomó la pala. Al aferrarla sintió un poco más de seguridad y, al tiempo, un miedo atroz. Era consciente de haber llegado al centro de la espiral, al corazón del laberinto. Un trueno retumbó en la distancia, y el cielo se iluminó unos instantes, a lo lejos. Elissa hundió la pala y empezó a cavar.

Se hundió sin esfuerzo, como si en lugar de tierra se tratara de arena. O como si bajo ellos sólo hubiera vacío. El suelo empezó a ceder debajo de sus pies; las débiles defensas de Drago, el intento de anegar el recuerdo, se convirtieron en escombros que se precipitaron a la oscuridad,. Elissa gritó para advertir al mutante, pero era tarde. La tierra se hundió bajo ellos, arrastrándolos al sumidero que se había abierto en lo profundo del inconsciente de Dragoslav y sepultándolos en la más completa negrura.

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Eclipse
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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   11th Abril 2016, 14:33


Eclipse estaba muy pálido, más aún de lo que era habitual en él. Tras el desvanecimiento de su madre dejó de responder, como si el monótono y macabro sonido le hubiera dejado petrificado e incapaz de reaccionar. De hecho, si Elissa no hubiera tirado de él, posiblemente se habría quedado clavado en el sitio, pero la psicóloga le hizo avanzar y él se dejó llevar, como si fuera un niño.

Cuando la arena cayó sobre él, se estremeció y alzó la mirada, sintiendo el embate del recuerdo que pugnaba por aflorar.

Una vez fuera, Elissa le condujo hacia un descampado a las afueras del pueblo, un terreno yermo y desolado donde sólo los árboles muertos permanecían, mudos testigos de la tragedia acontecida. Y, apoyada en el retorcido tronco de uno de ellos, se encontraba la pala.

Drago fijó la vista en ella, con los ojos muy abiertos, repentinamente aterrorizado. Quiso decirle a Elissa que no lo hiciera, que no la cogiera, que no desenterrara lo que no debía ser desenterrado, pero no fue capaz de articular palabra ni de hacer otra cosa más que observar cómo la pala se hundía en una tierra que apestaba a sangre y muerte...

La pala no encontró resistencia, el suelo se deshizo bajo sus pies y los dos fueron engullidos por las tinieblas.

Silencio. Oscuridad.

Al menos el terrible sonido había cesado, pero el hedor a muerte que les envolvía era casi peor. Y el tacto... bajo sus manos y sus rodillas... blando, cálido, pringoso...

Había cosas, cosas... arrastrándose en la oscuridad, susurrándole cosas... dentro de su cabeza.

Drago temblaba violentamente. Quería, deseaba desesperadamente activar su poder, invocar la luz, disipar las sombras, pero sabía lo que encontraría si lo hacía. Con los ojos fuertemente apretados, comenzó a rezar una oración en árabe, balanceándose hacia adelante y hacia atrás como un demente.

- Bienvenido a casa -repetían las voces.
- Ya estás en casa...
- Drago, mi niño... Bienvenido...
- ¿Ahora ya no te marcharás? -esta voz, femenina, parecía más infantil que las otras-. ¿Te quedarás conmigo? ¿Con nosotros? ¿En casa?
- Basta, basta, ¡BASTA!

Drago se incorporó de golpe, resplandeciendo de pura luz en un mecanismo inconsciente que le habría sido imposible reprimir. Las sombras se disiparon con la misma violencia, permitiéndoles contemplar el dantesco espectáculo sobre el que se encontraban:


Decenas de cuerpos se apilaban bajo sus pies, muchos de ellos desnudos y en una situación lamentable, todos asesinados por un disparo en la cabeza, ejecutados por una mano inmisericorde. Drago se mesó los cabellos y ahogó un grito, la mirada fija en uno de los cadáveres, uno en concreto, que pertenecía a una mujer. Tenía el cabello largo y negro, como el de la mujer que habían visto minutos antes en la casa, pero la cara estaba tan grotescamente deformada por un disparo en el rostro que era imposible reconocer sus facciones. Sin embargo, Drago parecía saber muy bien quién era...

No demasiado lejos había un niño, arrodillado entre los cadáveres, contemplando el cuerpo de la mujer muerta con una expresión muy parecida a la que ahora tenía Drago. Llevaba el cabello largo y negro, humedecido por la lluvia, y a Elissa no le costó demasiado deducir que se trataba del propio Drago de niño. Tenía unos ojos bonitos, aunque ahora estuvieran anegados en llanto.

Tan absorto estaba en la contemplación del cadáver de su madre que no reparó en la repentina aparición de una figura oscura que se había materializado detrás de él. Un demonio, gigantesco, de largos cuernos, cubierto en sombras.

- No... -musitó Drago.

Tenía los ojos muy abiertos, desencajados, a medida que el recuerdo, durante tantos años enterrado, comenzaba a tomar forma en su memoria.

- No, no, no...

El demonio se arrojó sobre el niño desde atrás, empujándolo contra el suelo. El niño gritó y pataleó, pero era inútil... El demonio era mucho más grande y fuerte. Una de sus manos se cerró con fuerza sobre su garganta mientras la otra le apresaba dolorosamente el brazo y le inmovilizaba junto al cadáver de su madre. Apretaba, le asfixiaba...

Repentinamente, Drago gritó. Fue un grito desgarrador, teñido de rabia y desesperación, el grito más doloroso que Elissa hubiese oído jamás.

La visión, aquella visión de pesadilla se desvaneció, y de nuevo se encontraban en la consulta improvisada en el aula de música de la mansión. Drago sollozaba como nunca antes lo había hecho. Las lágrimas, liberadas por fin, corrían por sus mejillas sin ninguna clase de contención, agitando su cuerpo entre sollozo y sollozo.

- Yo no quería... -gimió-. Era muy grande y fuerte... Intenté resistirme, pero no podía... Me agarró... por los pies y las manos, con fuerza... Era tan fuerte... ¡y yo no era más que un niño! No pude hacer nada, no pude...

Drago había recordado al fin. El verdadero origen de su fobia a la oscuridad y todos sus sufrimientos pesaba como una losa sobre él. Su dolor era tan grande que, por un momento, Elissa se planteó si no habría sido mejor mantener aquél secreto enterrado...

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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   23rd Junio 2016, 22:34

Escuché las palabras del mago con atención. En el fondo, creo que lo sabía, eran poco más que recuerdos interpretados a través de sueños, y que ninguno me podía hacer daño. Suspiré, llevando una mano al pomo del mango de la katana, mirandolos mientras se iban, buscando la salida. - Si, no son...reales...- Me di la vuelta lentamente para mirarlo, resuelta. - ...pero si puedo ahorrarle...dolor...- No necesitaba decirle mas, y tampoco podía porque ellos se alejaban, y denuevo comenzaba a sentir esa necesidad irrefrenable de seguirlos, guiada denuevo por la mano invisible que me había llevado a través de todo aquello. Discurrían por la casa, se perdian en las esquinas, y yo lo único que podía tener en mente era la puntada de dolor que había sentido cuando la había visto tirar de su mano y que él la siguiera tan obedientemente, estaba adolorido azorado de todo lo que estaba experimentando, pero ella de todos modos seguía adelante. No puedo decirle que no, Arion tiene razón, esto no puede ser cambiado, pero el ritmo al que van no le está haciendo bien, lo noto y sin embargo sigo en silencio, conteniendo todo lo que llevo dentro, todo ese fuego, ese deseo de decir tantas cosas, de reaccionar de tantas maneras y trato de llegar a una tregua con mi impotencia para cuando los sigo por la puerta trasera y a través del descampado hacia las afueras del pueblo.

Caminamos bajo el abrigo de la noche, pero lo que pensaba que seria un bosque o colinas es poco mas que un yermo  con apenas algunos árboles resecos habitandolo, y bajo uno de ellos, una pala abandonada como si el dueño fuese a volver mas tarde. Drago no podía moverse estaba demasiado embotado por todo lo que estaba experimentando. Era demasiado para él, y ahi iba ella denuevo, tomando la pala sin cuidado y poniendose a remover la tierra. - No...- Abrí los ojos repentinamente, mirando a Arion y a ella alternativamente sabía que no podían escucharme ninguno de los dos, pero es que estaba excavando sobre tierra demasiado reseca, y notaba bajo los pies...- ¡No...! - Pero siguió en lo suyo, y el suelo se abrió, revelando que era en verdad un techo que se habia desplomado, y por un momento cuando me sentí caer sobre una masa dura, dejé de pensar en que no era real, y el aroma me invadió repentinamente, mientras abria los ojos y me ponía como podía de pie. No había luz, pero sabía que era esto, reconocía de sobra el aroma. Trato de moverme hacia ellos, de romper con el agarre de la mano invisible de gritarles. ¡No, Drago, mi amor, no...!

La luz embarga todo el lugar, es demasiado tarde, ha cedido ante algo quizás se ha asustado, es un acto reflejo, lo noto, pero eso es lo de menos, lo peor es lo que yace a nuestro alrededor, y que ahora veo en la distancia que un Dragoslav mucho mas joven mira con lágrimas en sus ojos. Ellos no lo pueden entender, pero yo si yo veo el dolor en su piel, en sus musculos, en todo su cuerpo que sufre, que siente una rabia y una impotencia inocentes, puras, dificiles de contener, pero embargadas por una angustia sobrecogedora, y trato de dar un paso hacia él, pero enseguida aparece un enorme demonio, del negro de la noche, con cuernos, y lo tomó para someterlo junto a un cadaver de una mujer que él habia estado mirando tan dolorido y se acercó a él en cuanto lo tuvo firmemente sometido por el cuello y...no...no...¡Drago! ¡No...!

...El sol vuelve a acariciar mi piel, estamos denuevo en la sala de música, pero me toma tiempo darme cuenta. Solo estoy de rodillas en el suelo, el traje verde, la marca de loto, todo ha desaparecido, vuelvo a estar vestida como al principio, y mancho la ropa con lágrimas que caen desbocadas de mis ojos. Taparme el rostro con las manos no sirve, solamente sollozo durante minutos, hasta que escucho la voz de Dragoslav, y trato de contenerme de calmarme y recuperarme de lo que acabo de ver, pero es imposible, me acompañará siempre, como lo ha hecho con él.

- Drago...- Me puse de pie como mejor pude, mirandolo conversar con Elissa. Cuando habia visto su nombre en la Batcomputer, solamente habia visto palabras, pero ahora, "Elissa Stavridis" estaba encadenada a muchas emociones, todas ellas dentro de mi pecho. Sus lágrimas me ardian, sus sollozos me dolían, veia el dolor en él, y sin embargo, solo podía conectar cada lágrima con la pala hundiéndose en la tierra reseca, por la mano de aquella mujer que había entrado con tan poco cuidado en una mente tan atribulada. Cierro mi puño con fuerza un momento, tratando de contener lo que siento, es difícil expresarlo, pero me lastima el solo llevarlo dentro.

- ¿Es...el final...de los recuerdos...? - Me giré y miré al mago a los ojos. Había estado allí todo ese rato, pero no parecía demasiado afectado por lo que sucedía. Yo lo miraba con firmeza con una fiereza que me costaba contener. Estaba demasiado conmovida por todo esto. Solamente quiero salir de esto y abrazar con fuerza al hombre que amo, agradecerle por permitirme ver todo esto, y acariciarlo hasta que ya no vea mas el rastro de tensión que veo ahora en su yugular.
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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   25th Junio 2016, 00:20

A Arión no le importaba el sufrimiento de Drago, de la misma manera que no le había importado el sufrimiento de los ciudadanos de París cuando aquella criatura que era medio hombre-medio bestia se había dedicado a sembrar el terror en sus calles dos semanas atrás, o el sufrimiento de la propia bestia, a la que había estado torturando hasta hacía muy poco. No dejaba de ser chocante, considerando la experiencia por la que el propio mago había pasado hacía poco más de un mes, pero la frialdad que se había ido apoderando de su corazón desde aquél día había continuado avanzando de manera imparable, como el hielo adueñándose de un lago cuando se presenta el invierno.

Y, sin embargo, contra todo pronóstico las lágrimas de Cassandra despertaron algo en su interior.

¡Cómo podía haber sido tan estúpido! Se había preguntado por qué las ropas de Cassandra se habían transformado al irrumpir en la mente de Drago, y hasta aquél mismo instante no se había dado cuenta de por qué le había recordado tantísimo a Chian, pero en aquél momento cayó en la cuenta: ¡eran sus mismas ropas! Las que usaba para el entrenamiento. ¡Incluso llevaba la misma marca en el pecho! Pero... ¿cómo era posible? No tenía ningún sentido que la mente de Drago la hubiese caracterizado de aquella manera porque, entre otras cosas, el mutante no había conocido jamás a su esposa. Era él, no había otra explicación posible. Como conductor del hechizo, de alguna manera había influido en el aspecto de Cassandra de manera inconsciente al arrastrarla dentro, remarcando aún más el parecido que tenía con su fallecida esposa. ¿Por qué había hecho eso? ¿Acaso era porque ella... le atraía? Aunque sólo fuera por lo mucho que le recordaba a Chian... Y ahora, verla allí, destrozada y llorando era más de lo que podía soportar. Drago no le importaba en lo más mínimo en aquellos momentos, sólo podía pensar en ella... y en lo mucho que se parecía a su mujer. Y de repente, ya no estaba Cassandra. Sólo Chian.

Había pasado mucho tiempo, y aunque una parte de él sabía que tendría que haberlo superado, lo cierto era que la seguía añorando con toda la fuerza de su eterno corazón.

- Shh... tranquila... -musitó abrazándola, acunándola entre sus brazos. ¡La había echado tanto de menos!-. No estás sola, estoy contigo...

Y, sin darse apenas cuenta de lo que hacía, intentó besarla.

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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   26th Junio 2016, 14:02


"Las hermanas de Psiqué, llevadas por la preocupación, o quizá por la envidia, le dijeron a la muchacha que no podía seguir ignorando la identidad de su amante. Durante muchos días y muchas noches, insistieron, hasta que la princesa tomó la lámpara de aceite que ellas le ofrecían. Al abrigo de la noche, esperó a que su esposo se durmiera. Entonces, prendió el quinqué y, a la luz temblorosa de la llama, reveló el rostro de Eros, el hijo de Afrodita, diosa del amor."

"Mientras ella lo miraba, maravillada, una gota de aceite se derramó sobre el pecho desnudo de Eros. El joven dios despertó de inmediato y miró a Psiqué lleno de dolor; no por la quemadura en su piel, sino por el destino que ahora iba a separarlos."

"... ¿Por qué me has desobedecido? Sin la oscuridad que nos proteja, no puedo continuar a tu lado. Has visto mi rostro, sabes quién soy. Y por eso ahora tendré que marcharme."


"Pero... si él la quería... ¿por qué se marchó?"

"Porque hay secretos que nunca se deben revelar, y verdades que nunca se deben conocer."

La voz de Dragoslav desgarró la oscuridad.

"... ¿por eso nunca hablamos de papá...?"

Elissa jamás había oído un grito así. Penetró en su alma como una cuchilla, llenando su pecho de angustia y terror. Apenas quedaba metáfora en aquel recuerdo, ahora desenterrado, expuesto a la luz, como los cadáveres deformados de la fosa. La realidad se filtraba en el embate del demonio, en el horror del muchacho; trepaba en torno a Elissa y aferraba su cuerpo como una serpiente constrictora, manteniéndola inmóvil y muda, sin aliento, con los ojos muy abiertos y fijos en la tortura que tenía lugar ante ella.

Hubiera querido gritar como Dragoslav, pero no había aire en sus pulmones. Sólo agua en sus ojos, que se deslizó por sus mejillas en completo silencio.

Por piedad... por una suerte de irónica piedad, deshizo el hechizo. Y devolvió a Eclipse a la consciencia. Pero el daño ya estaba hecho, y ambos lo sabían.

- Yo no quería... - Dragoslav temblaba; su voz estaba quebrada por el dolor -. Era muy grande y fuerte... Intenté resistirme, pero no podía... Me agarró... por los pies y las manos, con fuerza... Era tan fuerte... ¡y yo no era más que un niño! No pude hacer nada, no pude...


No tenía ninguna palabra para brindarle consuelo. Su voz no acudiría en su auxilio por mucho que la llamase; no aún. Traspasada por el dolor que emanaba de él, Elissa rompió la línea invisible y lo rodeó con sus brazos.

"Porque hay secretos que nunca se deben revelar, y verdades que nunca se deben conocer."

Temblaba... Parecía tan frágil, tan débil. Hubiera sido mejor que jamás hubiera recordado. Lo abrazó más fuerte, acariciando sus cabellos oscuros, tratando de brindarle un consuelo que ni siquiera sabía si existía.

- Lo siento... - susurró, débilmente. ¿Era un pésame? ¿Una disculpa? Ambas cosas... Elissa cerró los ojos con fuerza, y sintió el escozor de las lágrimas al bajar por sus mejillas. Se sintió culpable incluso por ello; él ni siquiera podía llorar, sólo gritar de dolor. Y su sufrimiento ni siquiera encontraría eco en los pasillos de la Mansión, atrapado en la insonorizada aula de música - No tendría que haberte llevado allí... no podías estar preparado... nadie... nadie puede estarlo...

El olvido le había permitido sobrevivir. Pero el recuerdo enterrado tampoco lo dejaba avanzar. ¿Cómo se suponía que se resolvía aquel rompecabezas? ¿Cómo podía ayudarlo sin causarle dolor? ¿O estaba roto para siempre?

- Perdóname... - musitó. Le apartó el cabello del rostro y lo besó en la frente, temblando también. Habría una forma de solucionarlo. Tenía que haberla. - Lo arreglaremos... Te lo prometo... - le dijo, casi al oído, enterrando su rostro entre sus cabellos.

Y supo que aquella promesa no se la hacía únicamente a él.

- Todo volverá a estar bien...

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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   27th Junio 2016, 20:17


Hay momentos que no pueden ser descritos con palabras. El contacto de su cuerpo fue como un chorro de agua fresca para una garganta reseca, como un bálsamo sobre la herida abierta. Le acarició el cabello, le besó en la frente. ¿Lloraba? ¿Por qué? ¿Por él? Como en un trance, sostuvo su rostro entre las manos, secó sus lágrimas con los pulgares. La miró a los ojos, aquellos enormes orbes azules como el mar, resplandecientes a causa de las lágrimas. Lágrimas de dolor, de pena, de compasión... Y un poderoso sentimiento nació en su corazón.

Y suave, lentamente, acercó sus labios a los suyos sin encontrar oposición. El beso fue largo, cálido y dulce. No quería que el momento terminara jamás.

Déjalo. Márchate -dijo una voz en su cabeza-Ni siquiera sabes si es realmente amor o un intento vano de encontrar consuelo mutuo.

Sí, porque ella también estaba herida, herida por un padre que la había abandonado siendo niña, herida por los errores que había cometido en su pasado, y era la única que había visto su verdad. La única que podía compadecerlo a él. Pero se sorprendió descubriendo que no le importaba. Le daba igual.

Y, todavía unidos por aquél beso, la tomó por la cintura para sostenerla y empleó el peso de su cuerpo para empujarla suavemente hacia atrás, hasta depositarla en el suelo. Utilizando los brazos para sostenerse sobre ella, volvió a enfocar la mirada en aquellos preciosos ojos y, sin usar palabra alguna, le habló:

Te lo he mostrado todo... has podido ver todos mis miedos, mis flaquezas, mis vulnerabilidades... Ya no guardo secretos para ti, ni tú para mí. Estamos igualados... Y has hecho tanto por mí... Quiero formar parte de ti...

Una parte de él todavía pensaba en Cassandra, pero no había vuelto a verla desde la noche de Halloween. No conocía su nombre, ni cómo encontrarla, y ni siquiera sabía si ella se habría fijado también en él, aunque a aquellas alturas resultaba poco probable.

Había podido conocer a Elissa en aquél tiempo y había demostrado ser una persona inteligente, brillante, compasiva, divertida... Alguien con quien podría conectar. Alguien que podría tener un lugar para él en su corazón.

Y la necesitaba, la necesitaba tanto...


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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   28th Junio 2016, 12:55

Está mal.

Los dedos de Dragoslav secaron con dulzura sus lágrimas, trazando un delicado sendero de humedad bajo sus ojos. Elissa lo miró, viendo más allá de esa ilusión con la que él se revestía. El hombre que caminaba a tientas por la oscuridad, el niño que aún tenía sangre y tierra en la piel. ¿Por qué la consolaba él a ella? ¿Cómo podía permitir siquiera que lo hiciera? Si el que sufría más era él...

Está mal.

Lo sabía bien, pero el beso acalló cualquier protesta, ya hubiera nacido de su mente o de su voz. Elissa sintió como la frágil muralla que había construido a su alrededor se desmoronaba con la caricia de sus labios. Por segunda vez sintió la falta de aliento, pero en aquel momento apenas importó. Suave, dulcemente, él la acostó sobre el suelo. Las manos de Lissa, aún enterradas entre sus cabellos, descendieron despacio por su espalda, en una suerte de mudo abrazo.

Está mal.

Él la miró a los ojos, hablando sin palabras. Ella lo besó de nuevo, ahogando así la punzada que sentía en su pecho.

Elissa... Esto está mal.

No es verdad...

Recuerda quién es él. Quién eres tú.

Basta... por favor...

La gravedad hizo que las lágrimas se perdieran entre sus cabellos. Las manos de Elissa tomaron con dulzura el rostro de Drago, sus dedos trazaron con suavidad la forma de sus labios. Besó de nuevo su frente, rozó dulcemente sus párpados, con la levedad de una pluma de pájaro. Y de nuevo encontró su boca, fundiéndose con ella en un beso más profundo, casi angustiado, dándose cuenta de lo mucho que había necesitado sentir el calor de su cuerpo.

De lo vacía que se quedaba la habitación cuando él se marchaba.

Tienes que parar esto.

Sus manos recorrieron su cuello y descendieron sobre sus hombros, oscilando un instante sobre la línea de su clavícula. Bajaron silenciosamente por su torso y rozaron la orilla inferior de la camiseta, como pidiéndole permiso. Se la quitó despacio, sin abandonar nunca sus labios, salvo para besar delicadamente su cuello.

¿Es esto lo que quieres?

Yo...

Elissa no quería luchar. Ni contra la voz de su razón, ni contra lo que estaba ocurriendo. Se sentía agotada, dominada aún por los últimos restos del dolor con el que había conectado en el subconsciente de Dragoslav. Y, a la vez, la guiaba un deseo que iba mucho más allá de la necesidad de su cuerpo, un vínculo que apenas tenía que ver ya con la compasión. Se rindió a sus caricias y devolvió cada uno de sus besos, buscándolo con la silenciosa desesperación de un hombre sediento ante un manantial.

Dragoslav...

Lo arreglaremos... Te lo prometo...

Todo volverá a estar bien.

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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   3rd Julio 2016, 06:08



Sus brazos me envuelven, me acunan. No es lo que había pedido, pero por primera vez veo en el mago alguna cosa que no sea absoluta indiferencia, algo le interesa, lo leo en su cuerpo, en la forma en la que se inclina, en la que sus...- ¿Que...? - Hago mi cuello hacia atrás, aferrando sus costados para tratar de alejarlo pero se acerca a mi y en el forcejeo aun así encuentra un beso, que tan solo dura hasta que acomodo mis manos para empujarlo de mi y abofetearlo, pasándome el dorso de mi mano por mis labios, ¡Como puede...! - No...estoy sola...estoy con él...es mi pro...- ..."metido" muere tan pronto como me doy la vuelta para señalarle con indignación al hombre que amo, al único que quiero que me acune en sus brazos, que me bese, pero la escena a la que señalo nada tiene que ver con la que hubiera querido pensar. Está besando su frente, había llegado a escuchar la frase anterior, otra vez esa sensación punzante, ardiente, que me abraza por dentro. Frunzo el ceño, otra vez se equivoca, otra vez está diciéndole las palabras equivocadas, no hay nada que arreglar, de que disculparse. Yo lo sé, sé lo que significa para él no recordar una parte de sí, lo que significa para él la oscuridad, el temer a algo sin saber por qué, la sensación de estar indefenso ante el terror, y poder conectar con esa parte de si mismo, aunque sea terrible, era necesario porque solo cuando nos conocemos por completo, podemos ser libres, y crecer, y allí estaba, tratando a algo tan delicado tan importante para Dragoslav como si fuese un error, como si...

-...No...- Un patético murmullo, es todo lo que escapa de mis labios, y me veo paralizada, con los ojos abiertos plenamente. El beso que le da está repleto de deseo, pero eso ya lo había notado, lo comprendía, es solo que había algo más, algo que empezaba a nacer entre todo eso. Cuando caen al suelo, es como si estuviesen cayendo sobre mi con todo su peso, aplastándome, dejándome sin poder respirar, hay calma en ese beso, su yugular, su espalda, se calman, ella, ese beso, alejan el dolor, y no hay solamente deseo, hay entrega, pero si lo suponía si la sola idea de leerlo en su cuerpo me dolía, sus próximas palabras terminaron de abrir la herida en mi corazón. No puedo pensar, solamente los veo juntos, él sobre ella, y escucho sus palabras y veo la entrega, la calma, el deseo en sus cuerpos. Se hacen bien en este momento, se están haciendo bien el uno a la otra. No tiene sentido seguir queriendo pensar que está equivocada, ni querer pensar nada más. Una lágrima resbala por mi mejilla derecha, otra por la izquierda y no se detienen ya en su marcha sus palabras una sentencia, pero una que va dirigida a mi. ¿Que puedo hacer yo, rota, eternamente perseguida por la tragedia, ante un vinculo como este? ¿Que puedo darle si ni siquiera puedo hablar bien cuando me pongo nerviosa? Cualquiera vería en esto un rapto de pasión, incluso un malentendido, yo puedo ver mucho mas en ellos que cualquiera, pero por esta vez, maldigo mi don, maldigo poder verla calmarse, poder ver en los músculos de su rostro una plenitud momentánea y mucho mas grande de la que quiere mostrarle, y en él algo que raya el sosiego mas absoluto. Yo no le estoy dando esa sensación, y no significaría tanto, ni me desgarraría tanto como lo hace si no fuese por el momento en el que esta ocurriendo. No estamos en el presente, sino en el pasado...

...¿Y si este recuerdo hubiese siempre existido para él? ¿Y si este momento se hubiese convertido en otro, y terapeuta y paciente en amantes? ¿Que queda de mi ahora que veo todo esto? Elevo la mano y observo mi anillo, otrora símbolo de un vinculo irrompible que adoraba con el alma, ahora una reliquia de un tiempo en donde no sentía yo que solo existía por este recuerdo enterrado. Nada era cierto ya, no puedo decirme a mi misma que soy la dueña de su corazón, no cuando los veo de esta manera, no cuando veo semejante calma, semejante necesidad, deseo, sosiego que se dan entre ellos, y comprendo que esto ocurrió antes de que visitara la mansión, que solo este encuentro, de recordarlo mi prometido, podría haberlo cambiado todo, podría haberme dejado sola, y a él al lado de Elissa, ¿Y como puedo escapar yo de esa realidad si además los veo tan bien juntos en un lenguaje tan directo, tan imposible de negar como el de los cuerpos? Y me desplomo, de rodillas ante el altar de una de las mas hermosas verdades de mi vida resquebrajándose, cayendo, convirtiéndose en una incertidumbre, y mi mano trata de secar un caudal de lágrimas que bajan desde mis ojos pero afloran en mi corazón. Todo este tiempo, estábamos viviendo una mentira él y yo, creyendo que solo habían existido noches de soñar con el otro, de pensar en su compañía, en remontarse a aquella noche de Octubre. No era así, antes estaba ella, Elissa había ocurrido, y toda una historia ahora se desmoronaba sobre mi espalda, mientras mis brazos se apoyaban por completo en aquella alfombra en un momento de una consciencia que dolía como nada antes en todo este sueño, atacada por la claridad y la consciencia a traición, hecha una criatura sollozante en el suelo, jadeante de impotencia. ¿Todo había sido una mentira? ¿Su amor solo había existido por este recuerdo que había quedado enterrado?

Me pongo temblorosa de pie, no quiero seguir mirando, no puedo, me destruirá por completo verlos cuando consumen esto que sienten. Las piezas flotan en los limites de mi mente, queriendo acudir a mi y encajar, pero ahora no puedo pensar, la angustia atenazante es la que me lleva por mis hilos a caer frente al mago aferrando su capa con una mano trémula. - Por...favor...- Musito con un hilo de voz y lo repito una, y otra, y otra vez. Solo quiero salir de aquí, volver a la realidad, correr, hasta donde sea capaz, hasta donde nadie pueda verme llorar, ni tan siquiera Dragoslav. No se si es amor, pero la sola idea de que pudiera haberlo sido me quiebra mucho peor de lo que podría haberlo hecho el mas vil de los criminales en Gotham. Mi mente repleta de dudas, mi pecho en llamas, consumiéndose, al menos quiero arrastrar las piezas que quedan de mi de regreso a la realidad.
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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   5th Julio 2016, 13:55

Nota:
 

La bofetada le sacó con crudeza de su enfebrecida ensoñación devolviéndole a la dura y seca realidad. Un peligroso destello relumbró en sus ojos pero se apaciguó casi al instante al vislumbrar la expresión que lucía su rostro. En silencio siguió la dirección que marcaba con su dedo y lo que vio no fue más que la consecuencia lógica que habría podido esperarse del rumbo que estaban tomando los acontecimientos entre el mutante y la psicóloga.

Observó a Cassandra con desprecio cuando cayó sollozando a sus pies. ¿Cómo había podido, por un sólo segundo, confundirla con Chian? Aquella muchacha frágil y rota no podía equipararse mínimamente siquiera a la poderosa guerrera que había conquistado su corazón. Chian era una mujer fuerte con las ideas muy claras, que sabía lo que quería y no dudaba en cogerlo cuando podía. Chian se había sentido atraída por él muchísimo antes de que él se apercibiera de su existencia, cuando no era más que la guardaespaldas asignada por su rey, y ¿qué había hecho? Cansada de que él se comportara siempre como si no existiera, le había abordado una noche en su tienda de campaña y se había metido directamente en su cama. Así era ella. Lo que quería, lo tomaba, y no había discusión. Si Cassandra amaba a aquél hombre con la intensidad que aseguraba, tendría que aferrarlo con fuerza y no permitirle soltarse en lugar de derrumbarse ante la primera eventualidad. Chian podría haberse rendido cuando creyó que la bruja Icestarr había hechizado su corazón, pero no lo hizo. Armada únicamente con su espada, había viajado hacia la mismísima cima helada del mundo, afrontado las adversidades del clima inclemente y se había enfrentado contra monstruosos engendros de hielo, encarándose incluso con la propia Icestarr a pesar de saber que su acero de poco o nada podría servir contra su magia. Ésa era Chian. A su lado, aquella criatura patética y sollozante no era más que un despojo débil y vulnerable.

Cuando ella se aferró a su capa, tomó con rudeza su brazo, para acercarla y obligarla afrontar su mirada.

- Deja de llorar y de rogar -le espetó-. Éste es el hombre al que quieres, ¿no? Tu "prometido" -dijo, repitiendo con desprecio la palabra que ella había empleado como argumento para apartarle-. Pues compórtate como la guerrera que eres y lucha por lo que quieres.

¡Ah! Si Cassandra hubiera conocido mínimamente a Arión, si hubiera tenido la oportunidad de luchar a su lado alguna vez, se habría dado cuenta en ese instante de que aquél hombre no era el mago bondadoso y compasivo al que todos conocían en la Liga de la Justicia. Sí, quizás habría podido comprender que algo no funcionaba bien con él, y habría podido dar la voz de alarma que habría de evitar lo que sucedería poco después. Pero por desgracia no le conocía lo suficiente, y bien podría confundirse su desagradable actitud con resentimiento por la manera en la que le había rechazado hacía tan sólo un momento.

Nada más lejos de la realidad, no obstante, ya que el verdadero Arión había pasado por una situación muy similar a la que ella atravesaba, peor incluso, pues había visto cómo su mujer le abandonaba para irse con otro a raíz de una discusión entre los dos, y los miedos e inseguridades que le habían asediado entonces habían sido muy similares a los que ahora la invadían a ella, por lo que habría podido empatizar perfectamente con la guerrera.

En cambio, y tras soltarla, se volvió con hastío hacia la escena que se estaba desarrollando tras ellos e hizo que se desvaneciera con un gesto. No lo hacía por Cassandra, ni porque le escandalizara lo que veían. Después de todo, la sociedad de la antigua Atlantis era mucho más liberal que la actual, y ni el cuerpo humano ni la sexualidad se contemplaban como algo malo que hubiera que ocultar o censurar, sino como algo hermoso, natural y puro. Pero independientemente de ello, reconocía y respetaba el derecho a la intimidad de los amantes. Había hecho lo que le habían pedido, todo lo demás era gratuito, un recuerdo que tan sólo Dragoslav conservaría y atesoraría en su totalidad al despertar.

De ésta manera, la sala de música se desvaneció junto con sus ocupantes, y el mutante, la guerrera y el mago abrieron los ojos de regreso en la mansión. Arión los contempló en silencio, expectante. Vio como una mezcla de aturdimiento, sorpresa y temor se dibujaba en las facciones del mutante y casi sintió pena por él cuando se volvió hacia su amada y la llamó, inseguro de su reacción ante lo experimentado:

- ¿Cass...?

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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   19th Agosto 2016, 19:47



El maltrato, las palabras, todo lo que hace y dice el mago son poco más que olas que llegan a mi orilla desde un lugar muy lejano, y cuando despierto de esa pesadilla, lo hago en el suelo. La cabeza duele, probablemente caí durante el final de aquella fantasía desgarradora, y no me muevo, el fuego que había en mi pecho es ahora algo frío y pesado que me ancla al suelo, cierro los ojos y trato de reunir las fuerzas, pero todo lo que logro es que más lágrimas recorran mis mejillas hasta precipitarse al suelo. Su voz es la que me llama a la realidad, y no le dirijo la mirada, solamente miro al techo unos segundos que se hacen eternidad. Poco a poco, tomo fuerzas y me levanto, ignorando las puntadas de dolor en la cabeza, ignorando a todos y a todo por un instante, el instante que me toma reunir las fuerzas para mirarlo con el rostro de una persona que se siente fría por dentro, rota. Me miraba con una mezcla de sorpresa y de temor, pero yo todo lo que puedo ver es a ese hombre que sereno se entregaba a aquella mujer, y detrás de los contornos de su bello rostro pálido, casi puedo tocar el borde luminoso de una vida normal, de una vida mejor, una que vive con ella, una que no es oscura, que no es en una vieja ciudad de plomo, un piano sonando en una casa en algún suburbio apacible, un coche deteniéndose frente a una consultorio, una noche en la ciudad juntos, y en ese momento, yo soy oscuridad, yo no puedo darle eso. Extraño cuando estaba furiosa, extraño ese fuego consumiéndome, ahora que se apaga, el mundo deja de tener colores.

Niego lentamente, cerrando los ojos, y para cuando los abro, mi expresión quebrada es la de la chica adolescente que nada podía decir, es esa expresión desprovista de calor, retirada, pero no puedo hacer nada para evitarlo, es como si ahora mi corazón tirara de hilos que me conducían. Siento el cuerpo laxo, me siento una pasajera dentro mío, y doy un paso hacia atrás, y otro, y me doy la vuelta para salir de allí caminando, primero despacio, luego rápido, y no miro a nadie, solo camino hasta que mi mano puede abrir una puerta y mi cuerpo sale a la calle, y comienzo a trotar, lejos de allí, tomando la primer calle que encuentro, es de noche, no hay nadie, nadie que pueda detenerme ahora que corro desbocadamente calle arriba, ahora que me aferro a la esperanza de que si me muevo lo suficientemente rápido, pueda ganarle la carrera al frío que llevo dentro, pero me oprime, sigue atenazándome, y poco a poco, mis piernas se cansan, y me aferro a un farol, deslizándome lentamente hasta que mis rodillas tocan el suelo con calma, y libero lo que llevo en mi interior, lloro, gimo, grito por algo que nunca me había sucedido, por una sensación que creía imposible. No estoy herida, nadie me ha asestado un solo golpe, pero duele, duele de verdad, físicamente, aquí, en mi pecho, y a mí, que me creía intocable, me toca ahora sufrir así.

Boqueo, respiro agitada, trato de decir algo, aunque sea de hablarme a mí misma. No escucho pasos, él no viene, y es lo mejor, ¿Para qué continuar con esta farsa? Es injusto. Puede que su amor haya sido una ficción, algo que solamente vivió a la sombra de un verdadero amor que no podía recordar, pero el mío no, mis sentimientos habían sido reales, eran reales...son reales, y arden, las llamas vuelven a encenderse dentro mío, pero ahora no queman, consumen ferozmente, y solamente puedo llorar y abrazarme a mí misma. Fui débil, nunca quise oír a Bruce en aquello de que el amor nos hacía vulnerables, quería tener lo que todos, quería alguien a mi lado, y cenas, y paseos, y besos, y palabras de amor, y esa sensación, muy en el fondo, de que por fin se está completo, quería todo lo que decían que significaba el amor, y por esa testarudez es que ahora sufro, y en el fondo, me odia por mi inocencia. Apoyo la cabeza en el frio metal y miro al cielo, las estrellas están disipadas por las luces de Paris, pero son suficientes, no necesito más que las dos o tres que puedo ver. Cierro los ojos con fuerza, dejo que las lágrimas corran, no me esfuerzo en detenerlas, solo me pongo de pie como puedo y tambaleo durante minutos, apoyándome en lo que encuentro, hasta que por fin veo el agua corriendo, y puedo aferrarme al barandal y mirar al Sena, y buscar una calma que no puedo encontrar. Tomo mi teléfono móvil y presiono una tecla, guardándolo de nuevo. No quiero estar ya más aquí, detesto este lugar, detesto el dolor, la impotencia, y aun más a Arion.

- Soy...una...guerrera...- Musito una vez. El no puede decirme que hacer, no comprende que nadie puede vencer a las emociones como ahora lo hago yo. - Soy una guerrera...- Mi cuerpo sigue en perfecto estado, es solo el fuego que arde dentro mío y me lastima, pero es un fuego cruel, porque me permite seguir viviendo. - Una guerrera...- No lo necesito, no necesito sentir amor, Bruce tenía razón, había abierto una puerta, y había resultado herida. - Guerrera...- Pero por dentro, una frágil doncella, porque no hay bloqueo alguno que entrene y prepare para algo como esto, porque en el instante en que lo vi tocando el piano en la mansión, quede indefensa...



- ¡¡¡Ahhh!!! -


...No sé en qué momento tomé esa roca, solo sé que rebotó sobre el agua con la violencia con la que la había arrojado, y que aun con toda mi fuerza, apenas hizo una o dos ondas en el rio, insignificante. Caigo de rodillas de nuevo, sollozando. Escucho el motor apagándose detrás mío y me pongo de pie trabajosamente para acercarme al coche y entrar mientras el chofer cierra la puerta.


...Adios Paris...

...Adios Psique...

...Adios...

...Eros...
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Eclipse
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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   22nd Agosto 2016, 12:57

- ¿Cass?

Su propia voz le resultó irreconocible, teñida por un sentimiento que había experimentado demasiadas veces en su vida, pero que en muy raras ocasiones se había visto reflejado al exterior: miedo.

Porque ella no decía nada, no respondía, y ni siquiera daba muestras de haberle oído.

Tenía los ojos enrojecidos por las lágrimas y actuaba como si se encontrara presa de un profundo shock.

Asustado, más de lo que le habría gustado admitir, quiso alargar la mano para tocarla, pero fue como si, a pesar de estar a su lado, estuviera muy lejos, tan lejos que por más que lo intentara no lograría alcanzarla jamás. Y, como si todavía se encontrara en el hechizo del mago y la realidad continuara discurriendo a cámara lenta, la observó apartarse de él y retroceder hacia la puerta. Sin mirarle. Como si no pudiera verle. Como si de algún modo hubiera muerto y estuviera presenciándolo todo desde más allá de su cuerpo, sin poder hacer nada para influir en su entorno.

Se alejaba. Despacio. Terriblemente despacio. ¿Por qué no podía alcanzarla? ¿Por qué? En su mente se veía a sí mismo corriendo para abrazarla, apretarla contra su pecho y no volver a dejarla marchar nunca más. Pero en la realidad, él mismo se había quedado petrificado, en shock. Impactado, por todo lo que acababa de revivir, retazos y fagmentos de recuerdos olvidados que habían resultado ser algo muy diferente a lo que él esperaba; por la expresión de absoluto padecimiento y dolor en el rostro de la mujer a la que amaba; por la mayor de las traiciones que había recibido por parte de una persona a la que había entregado toda su confianza, a la que se había entregado por entero; por los sentimientos redescubiertos de golpe, con una intensidad abrumadora.

La amaba; no, la había amado, de la única manera que él sabía amar: profunda e intensamente. Posiblemente nunca habría alcanzado con ella el nivel de complementación que tenía con Cassandra, pero no cabía duda de que habrían sido felices, quizás incluso lo suficiente como para hacerle olvidar su delirante obsesión por la mujer misteriosa a la que había conocido en la noche de Halloween. Sí, quizás. Pero nunca lo sabrían porque ella había realizado lo impensable privándole de los dos mayores privilegios que definen a un ser humano: sus recuerdos y la capacidad de elegir. Por eso, no podría perdonarla nunca (o eso pensaba entonces). Pero no habrían de terminar ahí los estragos provocados por la imprudencia de la doctora, no. Porque, durante un breve, minúsculo, pequeñísimo instante, le hizo dudar.

Fue nimio, lo estrictamente razonable para quien acababa de redescubrir un nivel de vinculación tan íntimo y profundo con otra persona, pero fue lo justo como para que Cassandra llegara hasta la puerta y la traspasara.

Después se maldeciría por ello, porque, de no haber sido por aquél mínimo instante de vacilación, posiblemente habría podido impedir que se marchara. Pero no fue capaz, y para cuando finalmente se abalanzó sobre la puerta, ella ya no estaba en su rango de visión.

- ¡Cassandra! -gritó, pero fue en vano. El jardín de la mansión era enorme, laberíntico, y más allá de la verja aguardaba el verdadero laberinto que conformaban las calles de París.

Una vez más hubo que culpar a su estado de confusión y a la impresión que acababa de llevarse, pues para cuando cayó en utilizar su poder para generar distorsiones en forma de espejos en el espectro visible y enviar ondas de luz rebotando de uno a otro para ampliar su rango de visión y permitirle hacer un mapeado rápido de la zona, ya era tarde.

Ella estaba de pie, sobre el puente más cercano, con la mirada perdida en las oscuras aguas mientras las lágrimas caían incesantemente por sus mejillas.

- Cassandra... -repitió para sí.

Su visión ampliada le permitía verla como si la tuviera delante y era difícil reprimir el deseo de extender su mano y tocarla, porque en realidad se encontraba muy lejos de él, tanto en sentido real como metafórico. ¡Qué ironía!

Por desgracia, su poder no le permitía ir más rápido, y para cuando pudo llegar al puente, ella ya no estaba. Y, al igual que ella, gritó. Gritó de furia, de impotencia, de rabia. Sus puños golpearon la barandilla del puente, y una onda de pura luz ardiente irradió de sus manos calcinando piedra, metal y roca.

Estaba furioso. Furioso con Elissa, que le había traicionado y le había privado de la capacidad de decisión. Furioso con Cassandra, que se había marchado sin un mísero intento de explicación. Y, por encima de todo, furioso consigo mismo y lleno de impotencia porque no había sido capaz de impedirlo.

Pero esa sería solo la primera parte. La ira pasaría, seguida por un estado de incredulidad e incomprensión a medida que fueran pasando los días sin que le fuera posible contactar con Cassandra. Y, al final, lo único que quedaría sería un vacío absoluto, una profunda nada carente de emociones o sentimientos conforme la cruda certeza de que la etapa más feliz de su patética y miserable existencia posiblemente acababa de finalizar se instalaba pesadamente en su cerebro.

Sin embargo, no podía estar más equivocado, pues aquella historia, su historia, estaba lejos de terminar, y haría falta una invasión alienígena para probarlo.

Pero, como se decía en un famoso libro: esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

OOC: ¡Gracias por todo, lo he pasado genial roleando ésta historia y creo que ha quedado preciosa! I love you

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MensajeTema: Re: Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]   1st Septiembre 2016, 13:02


επίλογος (Epílogo)

Arión hizo que la visión se desvaneciera. Cassandra, llena de miedo y dudas, buscó la seguridad en el abrazo de las sombras. Dragoslav corrió tras ella, sólo para descubrir que no hay forma de dar caza a quien no desea ser encontrado.

El mutante sería el único que conservara el recuerdo completo de aquella noche en el aula de música. Había sido su memoria lo que Arión había proyectado para Cassandra y para él.

Pero lo que Eclipse no sabía, no lo podía recordar.

Sólo había una persona que recordaría cómo había terminado aquella historia; y el recuerdo la perseguiría como un fantasma durante mucho tiempo.

De hecho, lo hacía todavía.


***

En la Grecia Antigua no existía el concepto de pecado. No tal y como lo conocemos, al menos. La transgresión voluntaria de la norma moral, la que acarrea la culpa, la que ensucia el alma; es una herencia del judaísmo. Ofende a un Dios que es considerado perfecto.

Pero los dioses griegos distaban mucho de ser perfectos. Y lo más parecido al pecado era el error. No hacer lo correcto, no cumplir las reglas. Los antiguos tenían una palabra para eso: Hammartia. "No dar en el blanco". "Errar la meta". "Desatinar".

Sorprendentemente, antes de que la lengua griega se consolidara, la palabra "pecado" se refería también al "olvido".

Qué curiosa coincidencia.


***

Nunca supo delimitar en qué momento empezó a albergar la duda. Sólo podía explicar que se había hecho más y más fuerte, a medida que sus raíces penetraban en su mente, se ramificaban y se hacían cada vez más profundas, regadas por una conciencia intranquila y un sentimiento de culpa que se extendía como un veneno.

Así, de hecho, fue como la duda se convirtió en verdad. Su verdad, al menos.

Había rozado el subconsciente de Dragoslav. Había caminado por él. Quién sabía cuánto de ella misma había proyectado. Cuánto de sus propios deseos, de su propia necesidad.

¿Cuántas normas no escritas habría roto? ¿Cuántas líneas invisibles habría cruzado?

¿Cuánto de lo que había leído en los ojos de Dragoslav estaba allí sólo porque ella lo había plantado en su subconsciente?

Lo que había sucedido era culpa suya.

Y él... al recordar, al recuperar aquellas verdades que tanto había luchado por enterrar, se había roto. Ella lo había roto. ¿Cómo iba a seguir adelante ahora, sabiendo lo que la guerra le había arrebatado? Mientras ella lo acariciaba, él había temblado descontroladamente, recordando el tacto rudo del soldado, la falta de aliento, la tierra metiéndosele en la boca.

No podía dejarlo así. Agrietado, deshilachado, a punto de hacerse pedazos.

Con el tiempo, también le costaría recordar cómo tomó la decisión. Fue un proceso lento e inexorable... y, al mismo tiempo, la conclusión lógica de todo aquello. La solución inevitable al problema. No le preguntó, ¿por qué iba a hacerlo? En aquel momento, se creyó con el derecho y el deber de solucionar lo que había hecho.

Aquella noche, de principio a fin, debía desaparecer para siempre.

Él dormía, vencido por el esfuerzo físico y el agotamiento emocional. La griega retiró mecánicamente un mechón de cabello azabache que le caía sobre la frente. El gesto hubiera sido dulce, de no ser fruto de la resolución silenciosa que la llenaba. Las barreras de Drago habían caído; y Psique pasó por encima de ellas sin siquiera mirarlas. Fue allí, en pie entre las ruinas, lejos de la realidad del aula de música, donde dejó que su túnica azul la cubriera. Con expresión distante, se echó la capucha sobre el rostro y empezó a caminar.

No tardó en encontrarlo. Era un recuerdo reciente, aún en las capas más superficiales del alma. Dos cuerpos desnudos, aún levemente entrelazados, reclamados por el sueño. Se concedió un instante para contemplarlos, en silencio. Ella parecía...

... parecía tranquila. Y feliz.

Sus manos se cerraron firmemente; una alrededor de su brazo, la otra de sus cabellos, tirando sin miramientos de la trenza deshecha. Los ojos azules de la mujer se abrieron súbitamente, de par en par, y el gesto de paz en su rostro se disolvió en una expresión de dolor y miedo.

- ¿Qué haces? ¡No, déjame, suéltame! - gritó.

Pero Psique no aflojó la presa que ejercía sobre ella, pese al dolor sordo que se le había instalado en el pecho. En lugar de eso, apretó más fuerte y la arrastró lejos de él, casi con rabia. Tenía que hacerlo de una vez. Tenía que acabar; disolver el nudo que sentía en la garganta, apagar el grito que pugnaba por escapar de sus propios labios.

La arrastró consigo por el camino que ya conocía. Esta vez, el trayecto se le hizo más corto; sabía adónde iba. El olor a tierra removida la alcanzó enseguida; lo aspiró, casi con avidez. Era un olor agradable, que lograba enmascarar, al menos en parte, el olor a sangre y podredumbre que flotaba en el aire.

La fosa común aún no estaba tapada, aunque ya estaba lista. Los cuerpos se alineaban en ella, las palas se encontraban en los márgenes, parcialmente hundidas en la tierra, como esperando.

Psique miró por última vez a los ojos al recuerdo, sin darse cuenta de la forma en que temblaban sus manos, ignorando deliberadamente el escozor de sus ojos. Tenía que hacerlo.

- Συγνώμη - susurró, una disculpa para sí misma, una disculpa para él. Una disculpa por lo que nunca debería haber sucedido.

-συγχώρεσέ με- la respondió... no, se respondió, en el silencio, con los labios aún cálidos por el aliento del hombre que debía olvidarla.

Ya no se debatía. Ya lo comprendía. Se dejó caer en la zanja.

Psique aún temblaba descontroladamente cuando cogió la pala.

Cerró los ojos en la oscuridad. La tierra y los cuerpos que la rodeaban estaban húmedos y fríos pero, de algún modo, se sintió bienvenida.

La levantó, la hundió en el suelo y la alzó de nuevo, cargada de tierra.

La arena se le derramó sobre el rostro; el barro la envolvió como una sábana, tintando su piel desnuda.

Y volvió a hacerlo, una y otra vez, enterrando de nuevo los recuerdos de Dragoslav en el lugar de donde no debería haberlos sacado. Y, con ellos, enterró la noche que nunca debería haber sucedido.

Cuando terminó, estaba agotada y llena de barro. Jadeaba por el esfuerzo. Tardó varios minutos en recuperar el aliento. Lo necesitaba; aún no había terminado.

Cerró con fuerza los ojos, musitó unas palabras y el escenario cambió. La fosa común había desaparecido; Psique, de pie, sostenía en sus manos una pequeña caja de cerámica. Varios metros más abajo, el mar rompía con fuerza sobre el acantilado en que se hallaba.

- αυτό το πλαίσιο πρέπει να παραμένουν κλειστά - murmuró. Era un deseo, pero también un hechizo.

"Esta caja debe permanecer cerrada".

Las palabras adquirieron forma tan pronto salieron de sus labios; las letras griegas se entrelazaron unas con otras, formando una larga cadena que rodeó al recipiente, sellándolo para que no pudiera volver a abrirse.

Psique lo miró una última vez, dudando. Entonces, hizo acopio de todo el valor que le quedaba, y arrojó la caja al mar que se arremolinaba a sus pies.

Permaneció allí, con el viento azotando su rostro, hasta mucho después de haberla visto desaparecer bajo las aguas.


τελικός (Fin)

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Eros y Psique (+18) (Arión, Cassandra Caín, Elissa Stavridis) [05-03-2019]
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