Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)

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Alice Delaney
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MensajeTema: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   24th Febrero 2016, 00:08

Iban a cumplirse tres días desde ese último entrenamiento con Logan. Tres días desde que había abandonado las actividades que llevaba a cabo en la mansión tras verse incapaz de seguir mejorando su condicionamiento físico. Alguien había llegado a decirle que era normal, que a veces tras cambios muy súbitos el cuerpo encontraba un límite a su propio crecimiento y era necesario parar y volver a empezar.

Pero la ausencia de actividades en esos tres días estaba siendo insufrible. Había pasado de tener todas las horas del día ocupadas a tener todo el día para ella misma y cuando Dianne no se encontraba en la habitación, a menudo se quedaba largos minutos tumbada en su cama con la vista fija en el techo. Había sido como toparse con un primer fracaso, y aunque ese nombre no fuera del todo acertado para definir la evolución de la morena desde su entrada a la mansión, era ese el sentimiento que había anidado en su corazón.

Así pues decidió gastar el cuarto día en Nueva York, y a primera hora de la mañana preparó una mochila con su bien amada libreta, su móvil, su cartera con la documentación y su reproductor de música, y de camino a su objetivo paró en un supermercado a comprar una bolsa de frutos secos y una botellita de agua. Y antes de salir, seducida por su color granate, otra botella con zumo de frutas del bosque. La presencia de este pequeño capricho le robó una sonrisa que perduró hasta llegar a donde había decidido pasar, si no todo, gran parte del día. Central park.




Aunque fueran arbitrariamente distintos, Central Park le recordaba el paseo que seguía el río Avon, en Stratford, y esa sensación de familiaridad la relajaba y le hacía sentir una ligera calidez en el pecho, aunque el parque estuviera cubierto en una espesa capa de nieve. De algún punto del parque le llegaba el aroma del chocolate caliente recién hecho y decidió que iba a comprar un poco, olvidando por completo el zumo que descansaba en su mochila.

Minutos más tarde, la británica descansaba en un banco con una de estas extrañas tazas de cartón con las que Starbucks vendía sus cafés, y un humeante chocolate derretido del que robaba sorbos cortos pero constantes. El lugar era precioso, a la altura de los cientos de fotos que una y otra vez había contemplado en revistas, la televisión e internet, y el ambiente al completo estaban logrando maravillas para con el humor de la joven morena.

Desde donde estaba podía contemplar un árbol que se inclinaba ligeramente sobre un pequeño lago. El tronco desnudo de toda su copa se veía doblemente oscuro al contraste con la nieve, y tenía una belleza sobrecogedora. Hasta entonces no se había percatado, pero se trataba de un Sauce. Sus labios volvieron a tensarse en una sonrisa mientras recordaba un sauce, allá en Stratford e inevitablemente volvía a hacer la comparación.
Recordó Stratford, su familia, sus amigos… Y antes de darse cuenta, tenía la libreta en las manos y estaba anotando una canción, mientras los cascos reproducían sus canciones favoritas.

Había perdido la noción del tiempo cuando de repente dejó de escuchar la música. Si la melodía se hubiera perdido entre canción y canción, probablemente hubiera tardado un rato en darse cuenta. Sin embargo había sido un silencio repentino, abrupto, rompiendo la melodía y dejando caer las notas en un silencio innatural. Y cuando quiso mirar a su lado, donde debería estar el reproductor… Su mochila había desaparecido. Se alzó como activada por un resorte, mirando hacia todos lados, maldiciendo los cascos inalámbricos y en cuanto reconoció su mochila a la espalda de un desconocido a la fuga, se lanzó a la persecución sin pensarselo dos veces.
El paisaje se vio reducido a manchas difuminadas que pasaban a toda velocidad a su alrededor, concentrada únicamente en alcanzar al hombre que cargaba con su mochila. El hombre abandonó los caminos del parque, adentrándose en el césped y cruzando campo a través, hasta que finalmente abandonaron Central Park.

Al pisar el asfalto se vio desorientada por el cambio de paisaje, pero no dejó de correr en cuanto reconoció al carterista. Si antes gritarle ya le había parecido temerario, ahora que se veía rodeada por la muchedumbre de la gran manzana, lo consideraba del todo intolerable. Siguió a la carrera durante un par de manzanas y en el preciso momento en el que estaba logrando cerrar la distancia que los separaba, el carterista empujó al asfalto a una mujer, que cayó esparciendo el contenido de su bolso por la calle. A Alice se le heló la sangre al contemplar un niño bastante joven intentar recoger todos los objetos de su madre, caminando hacia la carretera sin pensar…

Tuvo que tomar una decisión en apenas un segundo. Abandonando la visión de su ladrón, Alice se giró a atrapar al niño. La carretera estaba helada, y un claxon impregnó el aire, erizándo el vello de la nuca a la mutante, quien tendía el brazo al chico que estaba frente a ella…
Empujó al niño para apartarlo del tráfico y perdió el suelo bajo sus pies, cayendo sobre su espalda y patinando sobre la misma, pero con el chico torpemente protegido entre sus brazos, hasta el otro lado del asfalto, donde paró su desliz apoyando ambas botas en el lateral de un neumático de un coche aparcado. Suspiró comprobando que el chico en sus brazos estaba a salvo y aun boca abajo miró atrás, cerciorándose de que no había causado un accidente de tráfico. No había escuchado ningún impacto y en efecto comprobó que aunque los vehículos se habían detenido repentinamente en mitad de la calle y miles de bozinas sonaban en son de queja, no parecía haber ningún accidente que lamentar. Excepto por su bolsa perdida. Suspiró, quedándose en el suelo y con los ojos cerrados, mientras el niño sollozaba en su pecho, probablemente asustado. Y aunque le fastidiara perder su mochila, no pudo evitar sonreír.

- ... Maldita sea...

FDI:
 

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   1st Marzo 2016, 01:11

Bang. El blanco se tambaleó una vez más, y Gabriel recargó su arma. La silueta negra sobre fondo blanco tenía un agujero más que hace unos segundos, haciendo compañía a todos los demás. Las orejeras que llevaba le impidieron oír el disparo, o el chasquido de su pistola al preparase para repetir la operación. Llevaba buena parte del día entrenando, y estaba bastante contento. Se le había dado bien, aunque estaba molido. Echó un vistazo al reloj de la pared, y puso el seguro a su arma, antes de dejarla en el soporte junto a la puerta. También se quitó los protectores, y si mundo volvió a tener sonido de golpe. Había acabado su trabajo, por así decirlo, ya podía irse a descansar. Saludó a un par de amigos que entraban en la galería de tiro, maldiciendo su mala suerte: Ellos eran más partidarios del combate cuerpo a cuerpo o del gimnasio, más que cualquier cosa que implicara distancia. Les deseó suerte, la iban a necesitar al fin y al cabo: La agente Taylor estaba supervisando el entrenamiento, y eso no suele ser una buena noticia.

Recogió sus cosas, y se dirigió a los baños con la acostumbrada arenga furibunda de fondo. Ah, que encanto de mujer. Unos litros de agua y champú después, y un par de lentillas verdes para disimular cierta mutación incómoda; Gabriel salió en dirección al ascensor que lo conduciría a los garajes y hangares de la planta baja. A través de las paredes de cristal pudo ver que la llovizna helada de por la mañana se había transformado en un manto de nieve que cubría toda la ciudad. El cielo y el suelo competían en palidez, dejando todo lo demás oscuro en comparación. Gabriel suspiró al subirse a la moto: Otras personas preferirían el coche para un día como aquel, con techo y calefacción. Pero él no: Prefería sentir lo que le rodeaba, aun a riesgo de resfriarse.

Abandonó el Triskelion a través del único camino gris que llegaba hasta sus puertas, siguiendo la senda que conducía hasta su calle. Pensando en sus cosas, se movía entre el tráfico con la soltura que tienen los peces pequeños al nadar entre los grandes. Pero, de pronto, el coche que tenía delante se paró en seco. Tres vehículos hacia delante, una chica y un niño pequeño estaban en el suelo, junto a un coche aparcado. Algo preocupado, el francés aparcó su moto en un hueco que había cerca de él, y se acercó a la pareja.

-¿Estáis bien?-Se agachó junto a ellos, ofreciéndoles una mano para que se levantaran. Aún con el casco en la otra, observó a los dos: Parecían estar bien a pesar del golpe, aunque algo asustados. El niño no tendría más de cinco o seis años, y la chica era mucho mayor. El pelo castaño le caía desordenado por la espalda, cubierto en parte por un gorro de lana. El niño tenía un aspecto más o menos parecido, con su bufanda y sus manoplas. Se alegraba de que no hubiera pasado nada al final, gracias a ella.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   1st Marzo 2016, 13:11

Alice volvió a abrir los ojos. Todavía tendida sobre el asfalto sentía el niño abrazado en su pecho y como el tráfico poco a poco volvía a circular con normalidad. A su lado, en el suelo, descansaba su gorro de lana que probablemente había caído al patinar ella. Desde luego no había sido un rescate elegante, pero eso no quitaba el hecho de haber salvado a una criatura de una posible colisión de tráfico. Al menos esta vez, no había aparecido otro super héroe a hacer una intervención estelar que fuera a atraer a los medios, otra vez, como había pasado meses atrás con Nova. Estaba claro que no disfrutaba ese tipo de atenciones, pues prefería el agradecimiento sincero de una persona al avasallamiento de las camaras y las avalanchas de preguntas.

Se incorporó, con el niño tendido en su regazo y abrazado a su cintura. Se caló el gorro hasta taparse la punta de las orejas y miró hacia atrás, buscando la mirada de la madre, quien lloraba en brazos de... A saber. Tal vez otro transeúnte con suficiente altruismo como para ayudar a calmar una madre asustada por su hijo. La joven morena acarició la cabeza del niño con aire distraído, sonriendo. "Si aquí es a donde me lleva el entrenamiento... Habrá merecido la pena."

En eso pensaba cuando escuchó una voz a su espalda.

-¿Estáis bien?

Se había agachado junto a ellos, y les tendía una mano para ayudarles a alzarse. En la otra descansaba todavía un casco de moto y se preguntó si debía ser alguien que iba a coger la moto o por el contrario uno de los conductores que se encontraba conduciendo cuando ella temerariamente había cruzado la carretera. Y para cuando quiso darse cuenta, Alice se había quedado mirando fijamente los ojos verdes de aquél muchacho. Tenía el cabello de un rubio dorado bastante largo, y unas facciones terriblemente delicadas que le recordaban por algún motivo a un ángel. Su mirada bajó de repente a la mano tendida, y sin pensarlo la tomó, intentando no dejar al chico esperando y ser descortés. El rubio tiró de ella y Alice se alzó con el chico todavía abrazado a su cintura, y consciente de que todavía no había respondido a su pregunta le dedicó una tímida sonrisa y asintió con la cabeza tras lo cual volvió a mirar al niño y se inclinó para cogerlo en brazos. Alice intentó que el niño pudiera ver a su madre al otro lado de la carretera, señalandola con el brazo e intentando que el niño siguiera su dedo, pero contrario a lo que ella pretendía la visión de su madre lejos de él sólo consiguió incrementar el llanto y el niño intentó bajar de los brazos de Alice.

Eso lo complicaba todo, pues había tres cosas a las que Delaney tenía miedo. El primero eran las alturas. El segundo era su propio poder y el descontrol que podía venir con él.

El tercero, era el llanto de los niños.

Así que cuando aquél pobre niño empezó a llorar y llorar, los ojos de Alice se tornaron verdes y empezó a buscar frenética algún lugar donde dejarlo. La única persona cerca de allí era aquél muchacho de rostro agradable que se había acercado a ayudarles, y Delaney buscó su mirada y dejándose llevar por el pánico se acercó más a él... Y aun sin pronunciar palabra, era obvio que estaba pidiéndole ayuda, e intentaba pasarle al crío para que lo sostuviera él mientras ella buscaba un paso de peatones para devolvérselo a su madre. Su respiración se había vuelto agitada, y sus pensamientos habían tomado un nuevo cauce... De pensar que había hecho algo bueno a lamentar el curso de sus acciones. Pensamientos que más tarde lamentaría, pero que por el momento, la hacían moverse con creciente nerviosismo, asustada.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   9th Marzo 2016, 00:14

Gabriel cerró la mano suavemente sobre la de la chica desconocida y la ayudó a alzarse junto con el niño. Sonrió con cierto alivio cuando vió a la chica asentir: El niño también parecía bien, no tenía heridas ni nada visible, y se agarraba bien a la morena... Habían tenido mucha suerte. La verdad, esa clase de sorpresas agradables era lo que le hacía falta a Gabriel. Ahora, sólo tenían que cruzar la calle, devolver al chico a su madre, y ya está. Si el niño no se hubiera echado a llorar. Si la chica que lo había salvado no se hubiera puesto nerviosa. Y si de repente no se hubiera encontrado con un crío lloroso en brazos, mientras la chica del gorro desaparecía en dirección a la acera de enfrente, separada de ellos por el recién reanudado tráfico.

-Ey, ey... Tranquilo, chico.-Dijo en voz baja y tranquilizadora, al tiempo que sujetaba mejor al pequeño y lo mecía un poco. Hacía mucho que no se encontraba en una situación parecida, pero creía que podía apañárselas. El chiquillo pareció calmarse un tanto, y el agente aprovechó para recoger su casco y encaminarse hacia el paso de cebra. Buscó con la mirada la silueta blanca, gris y negra entre el mar de abrigos que discurría por la calle, y la encontró junto a una pareja. "-Deben de ser los padres."-Cuando se acercó más, el niño movió las manos hacia su madre, ya más alegre, y Gabriel se lo dió.

Cuando la mujer acabó de agradecérselo a ambos, (el hombre resultó no ser el padre, aunque Gabriel lo había dado por supuesto casi) y se fue, el telépata se volvió hacia la chica, a la que aún no había oído hablar.

-Eso ha sido impresionante.-La verdad es que sí que lo era. Aparte de los reflejos nada desdeñables que tenía la muchacha, el mero hecho de reaccionar así ya resultaba llamativo. No hay muchas personas que se arriesguen a ser atropelladas para salvar a otro, a quien además no conocía. Y Gabriel sabía eso de sobras. -Por cierto, me llamo Gabriel Leblanc. Un placer. -Tras presentarse, le tendió la mano, esta vez para estrechársela con delicadeza. Seguía algo asustada, y el francés podía entender por qué. No debe de ser una sensación muy reconfortante el poder ser arrollado. -Si quieres y no tienes prisa, podemos ir a tomar algo. Conozco una cafetería que está aquí cerca a la que podemos ir.

¿Francamente? Le estaba entrando hambre, y quizás a ella también le viniera bien tomar algo, viéndola así. Además, algo había despertado la curiosidad del agente: Habría jurado que, en un momento dado, sus ojos habían cambiado de color ese color chocolate a un verde esmeralda muy extraño. Aunque bonito, la verdad sea dicha. Y además... ¿Quién era él para opinar sobre los ojos ajenos?, pensó, sonriendo por dentro. Pero había un motivo más profundo, aparte de todo eso. El rubio sentía la necesidad de hablar, sin más. De pasar un rato tranquilo, sin entrenar, trabajar, o intentar sobrevivir a lo que fuera. Dejar un rato a Sparrow y ser sólo Gabriel. Él problema era que difícilmente sería alguna vez sólo Gabriel, pero eso el mutante no lo sabía...

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   10th Marzo 2016, 15:17

Alice cruzó la calle para situarse junto a la madre, quien en reconocerla, la agarró por los brazos preguntando por su hijo. Todavía alterada por el llanto del niño, la joven apretó con fuerza la mandíbula forzándose a no decir una sola palabra. No era únicamente el miedo a usar su poder, no. Era la propia manera de pensar de la mutante la que a menudo la llevaban a dar mil y una vueltas a cada uno de los pequeños detalles. Su propio miedo a todas las consecuencias de sus acciones, a los remordimientos que podían venir con ellos. Y en concreto uno, la perdida de control ante el llanto de un niño.

Había dejado al pequeño en brazos de un rubio al que no conocía. ¿Y si el muchacho resultaba ser alguien peligroso? ¿Y si había dejado el crío en manos de un criminal? ¿Tal vez se había acercado con la intención de llevarse al crío? Sintió un calofrío recorrer su espalda y giró sobre sus talones con toda la intención de ir a buscar de nuevo al niño, aunque tuviera que llevar a la madre a rastras.
Pero él estaba ahí. El chico rubio con el niño en brazos había cruzado el asfalto y caminaba hacia ellas, mientras el niño tendía las manos en busca del abrazo de su madre. Alice se sintió avergonzada por lo que había pensado del joven y bajó la cabeza cuando este pasó a su lado, desviando la mirada de nuevo a los adoquines.

Había perdido de vista al ladrón. Quien fuera que tenía su móvil y su documentación podía estar ya muy lejos de aquella calle y aunque minutos antes se hubiera planteado que había tomado una mala decisión, ahora sentía remordimientos por haber contemplado siquiera la idea de que sus objetos hubieran sido más valiosos que la vida de aquél niño. Alzó la mirada para contemplar el reencuentro y sonrió. La madre besaba las mejillas de su hijo y lo rodeaba con ademán protector, como si quisiera empaparse del calor de su cuerpo para asegurarse de que estaba vivo, de que estaba ahí y no le había perdido, y el niño a su vez se aferraba al cálido abrazo como si no quisiera volver a apartarse de él.

¿Cómo había podido arrepentirse, aunque fuera un segundo, de salvarle la vida? Aunque fuera a costa de perder todo lo que llevaba encima...

Durante un breve instante, se distrajo escuchando los fragmentos de conversación de aquellos que, a su alrededor, comentaban lo que había sucedido. Un hombre había tirado a la mujer al suelo. El niño había salido sólo a la calle. Alice había aparecido de la nada para salvar al niño. Alice perseguía al hombre. El hombre perseguía a Alice...

-Eso ha sido impresionante.

Hubiera pensado que esa frase era otra de entre tantas, de no haber sonado tan cercana a ella. Se giró sobresaltada al encontrar al rubio todavía ahí, prestandole atención, y miró la mano que éste le ofrecía, y cómo no, se sonrojó hasta la punta de las orejas. Aunque ella no hubiera formulado en voz alta ninguno de sus pensamientos, ni su actitud hubiera dejado ver lo que había pasado por su mente, sentía como si le debiera una disculpa al muchacho por haber dudado de él y sus intenciones. Sobretodo de esto último. Todavía sonrojada, tendió la mano para encajarla con el muchacho cuando él se presentó y no pudo evitar permanecer en silencio, aunque en su fuero interno hubiera deseado poder presentarse en condiciones. ¿Que transmitiría su voz si hablaba ahora? ¿Remordimientos, por lo que había pasado por su cabeza? ¿Ansiedad, por verse sin movil, sin cartera, sin medios para comunicarse más allá del habla, al cual no podía recurrir en ese momento? ¿Tal vez un deje de tristeza al ver en qué se había convertido lo que había empezado como un hermoso día? Mala idea. Sin importar desde donde la enfocara, era una mala idea. Y para colmo, le ofreció de ir a tomar algo juntos. Y tal vez la hubiera aceptado. Como había aceptado tomar algo con Peter Parker una de sus primeras visitas a Nueva York. Como había aceptado ir con Nova a Central Tart, y más tarde a la Milano, el primer día de conocer al joven Guardián. Pero esta vez era diferente y Alice retiró la mano con delicadeza, su rostro teñido levemente de tristeza y decepción, mientras negaba levemente con la cabeza.

¿Cómo podía hacerse entender, cuando no tenía ni su móvil ni su libreta y no podía hablar? Alzó las manos indecisa, e intentó comunicar en lenguaje de signos que era muda. Pero sus gestos eran imprecisos, dudaba, y no parecía que el chico la pudiera entender... Así que bajó un instante la mirada a sus manos y frunció el ceño. Perdido todo lo demás, le quedaba una opción.
Alice alzó levemente los bajos de su jersey, de manera que pudieran verse todos sus bolsillos y los palpó, como si buscara algo en ellos, pero estaban todos vacíos. No, tal vez ese no era un buen lugar por el que empezar. Volvió a mirarle y sostuvo durante unos segundos su mirada, sonriendole algo más tranquila. Y entonces lo volvió a intentar. Con la mano derecha se palpó en el pecho a la altura de las clavículas y luego señaló en dirección a Central Park. No estaba demasiado lejos y desde ahí todavía podía ver las copas de los árboles, teñidos de blanco por encima de los coches y las cabezas de los transeúntes. Le dió tiempo al muchacho de mirar hacia donde ella había señalado antes de intentar proseguir la interpretación. Luego hizo el gesto, como si intentara colocarse unos cascos y se pusiera a escribir algo. Finalmente fingió ajustarse una mochila invisible a los hombros, con ambas manos intentó hacer la forma de un bulto y con la mano izquierda simuló tomarlo y señaló en dirección a la calle, por donde había huido el ladrón. La mano derecha repitió el gesto de apuntar a su pecho, y siguió la misma dirección, como si quisiera perseguir a su mano izquierda.

Ridículo.

Se sentía como si estuviera haciendo el ridículo, gesticulando en mitad de la calle como si se tratara de algún juego. La gente a su alrededor había vuelto a la normalidad, caminando hacia donde fuera que iban, y nadie prestaba atención a los dos jóvenes que charlaban en la acera. O bueno, a la joven que gesticulaba intentando contar una historia sin palabras. Con las mejillas todavía coloradas bajó la mirada y se apartó un mechón de cabello de la frente, colocándolo tras su oreja. No sabía donde estaba la comisaría, o dónde poner una denuncia para el robo, y tampoco tenía dinero para ir a tomar algo, o pedir un taxi y volver a la mansión... Miró tímidamente al muchacho, preguntándose si habría conseguido hacerse entender, y si había algún otro modo en el que pudiera intentarlo. De lo contrario... Tal vez empezaría a caminar en dirección a la Escuela Mutante.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   19th Marzo 2016, 02:50

La gente ya había vuelto a sus asuntos después del incidente, pero Gabriel no. Todo el mundo había reanudado su marcha hacia cualquier sitio que mereciera la pena el paseo, salvo el rubio y la joven de pelo castaño, que se quedaron de pie en la acera, parados. Cuando eres un telépata, hay ciertas cosas que ves, quieras o no. Quizás no estuviera leyendo los pensamientos de nadie, y ya hubiera aprendido a eliminar las "voces" que oía cuando era un niño. Pero aún así, podía notar el ruido que hacían las ideas al moverse dentro de las cabezas de otras personas. Y ahora mismo, había una estampida en la de la chica. No sabía exactamente en qué pensaba, pero era algo importante, seguro. Podía ver la sombra de todos aquellos pensamientos, entrelazándose, negándose y uniéndose entre sí. No hacía falta más para saber que tenían relación con lo que acababa de ocurrir. Su reacción había sido muy extraña: Parecía como... Si hubiera huido del niño. O de él. Pero llevaba las lentillas, no tenía por qué resultar extraño a nadie. ¿No? Miró con algo de preocupación a la morena, más aún cuando se sonrojó después de que él hablara con ella. Únicamente le estrechó la mano, sin presentarse. Ni decir nada, en realidad. Aunque su rostro en forma de corazón resultaba lo bastante expresivo como para hacerse a la idea de las emociones que sentía, sin necesidad de recurrir a las palabras.  Una mezcla de miedo, vergüenza y culpa teñía sus ojos del color del chocolate, enturbiando el brillo que se adivinaba en ellos. Todo ello, emociones negativas acompañadas de una negación de cabeza. Cuando Gabriel iba a volver a hablar para preguntarle algo, alzó las manos para gesticular. Lenguaje de sordomudos... Claro. Quizás fuera eso lo que le impedía comunicarse normalmente. El agente no sólo no conocía el lenguaje de signos, sino que no entendería nada ni aunque lo supiera. La joven hacía gestos vagos, como si no supiera qué decir o cómo decirlo. O quizás aún no se hubiera recuperado lo bastante como para aclararse con los símbolos.

Todo esto hizo que al francés le entrara la duda: No le gustaba leer las mentes ajenas si no era por un buen motivo, simplemente era algo que sabía que era injusto para los demás. Sin embargo... Aquello era un buen motivo. La chica se palpó los bolsillos, buscando algo... Y Gabriel decidió que sí, iba a recurrir a eso. No pensaba tocar nada importante, sólo ver la superficie, lo que ella quería decir... La verdad, aquella chica había llamado su atención fuertemente. Así que apartó el fino velo que cubría sus ideas, con cuidado. No iba a entenderle así, pensó, y cambió de estrategia. Pero lo hizo con una sonrisa, que él le devolvió. Se alegraba de que ya estuviera más calmada. Intentó explicar su historia con ánimos renovados, esta vez con gestos más simples. "-De acuerdo... Central Park."-Tuvo cuidado de no transmitir ese pensamiento para no asustarla. No todo el mundo está acostumbrado a oír voces en su cabeza de repente. Miró en dirección al famoso parque, comprendiendo. Conforme la iba recordando, Gabriel iba conociendo la historia tal y como la había vivido ella... "-Alice. "-Su nombre le vino como si lo hubiera tenido escrito en la frente, a pesar de que había intentado meterse lo menos posible en su cabeza.

-Así que... Alguien te ¿robó? tus cosas mientras estabas en Central Park, escuchando música y escribiendo. Y lo perseguistes...-Procuró que pareciera que lo sabía por los gestos: No quería que la chica supiera que le había leído la mente. Muchas personas no reciben bien a los mutantes, por mucho que traten de ayudar, y más si es posible que se hayan metido en tu espacio privado... Era mejor actuar con cuidado. Pero ya tenía el aspecto del ladrón, gracias a los recuerdos de la británica. Y pensaba atraparlo. -Veré que puedo hacer.-Y se giró, buscando con la mirada en la dirección que ella había señalado. No miró si le seguía o no, sencillamente caminó hacia allí... Y bingo.

El sujeto en cuestión estaba parado en uno de esos semáforos eternos, bastante lejos. No era difícil reconocerlo, una vez conocías tan bien como su propia dueña la mochila femenina que pendía de su hombro. Metiéndose entre la multitud, se acercó, y dio un pequeño toque en el hombro al ladrón.

-Disculpa, pero esa mochila es de mi amiga. ¿Me la devuelves, por favor?-Se puso hasta educado con el ladrón. Era un hombre normal, de los que se suelen decir del montón. No respondió a eso: El semáforo se puso en verde en ese momento, y el tipo intentó aprovechar para continuar su carrera. Una lástima que el agente le pusiera la zancadilla, haciéndole caer al suelo de bruces. -Muchas gracias.-Se inclinó hacia él, agachándose un poco, y le quitó el botín con no demasiada delicadeza. Normalmente, prefería hacer las cosas "bien": Poner una denuncia, hacer el papeleo, y esas miles de cosas. Pero en este caso, lo más efectivo era actuar, además de que no quería que alguien saliera así de perjudicado por salvarle la vida a un niño.
La gente alrededor debió ser interpretar que ese hombre de había caído, por que no hubo revuelo. Mejor. Se echó la mochila a la espalda, y regresó al lado de la chica. -Creo que esto es tuyo... Espero que no falte nada.-Se la entregó con una sonrisa, contento de haber podido recuperarla. Quizás ahora tuviera los medios para comunicarse mejor: Una libreta, un móvil o cualquier otra cosa que le permitiera llevar una conversación.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   19th Marzo 2016, 19:47

El alivio arrastró los nervios y la angustia a una parte más recóndita de su mente. Había logrado comunicarse, y Gabriel la había entendido en absolutamente todo. "Bien Alice. Cambia tu carrera, dedícate a ser mimo". Le dedicó una sonrisa triste y bajó la mirada, apartándose una vez más el cabello. Aclarada su situación, el joven entendería el porqué se había negado a acompañarle a tomar algo. Y así se disponía a hacérselo saber cuando alzó la mirada y se encontró con los ojos verdes del muchacho.

-Veré que puedo hacer.

Y dicho y hecho, el joven dio media vuelta y empezó a caminar decidido entre la multitud, siguiendo la dirección que ella le había indicado al relatar lo que había sucedido. Intentando no quedarse pasmada más tiempo del necesario, la morena intentó ponerse a la altura del agente, siguiendo su paso entre la muchedumbre sin discernir concretamente hacia dónde se dirigían. Y justo cuando iba a tender la mano para tocarle en el hombro y hacerle detenerse, el rubio cambió ligeramente la dirección de sus pasos, dirigiéndose a un semáforo.

La mano de Alice se quedó levemente tendida en el aire, mientras el agente tocaba ligeramente el hombro del ladrón, llamando su atención. Su mochila era demasiado pequeña para ser adecuada a un hombre, y era definitivamente de mujer. Pero la seguridad con la que Gabriel le habló, asegurando que esa mochila era de una amiga... La británica contempló anonadada cómo él recuperaba su mochila, y todavía seguía intentando encajar la situación cuando le devolvió la mochila. Había algo que no terminaba de convencerla, y no terminaba de ver el qué. Sin embargo la sonrisa del muchacho la devolvió a la realidad, y se la devolvió automáticamente, recuperando todas sus cosas.

O casi todas, pues su libreta no estaba ahí. Claro, si se llevaron la mochila mientras ella escribía... Al salir corriendo tras el ladrón, probablemente había tirado la libreta sin darse cuenta. Aunque entrecerró los ojos un leve instante al darse cuenta, no hizo ademán alguno de volver a por ella. Suficiente había hecho Gabriel por ella como para ahora arrastrarlo a recoger cosas extraviadas. Lo primero era lo primero, ya que no había podido ni presentarse como era debido, y buscó entre los objetos de su mochila hasta que pudo tomar el teléfono móvil, cerró la mochila, y la colocó a su espalda. Desbloqueó el aparato colocando el dedo índice sobre el botón central y en un instante ya tenía abierto una aplicación para tomar notas.

"¡Gracias! Te debo una enorme, si tuviera que rehacer todos los papeles no sabría ni por donde empezar. Mi nombre es Alice Delaney, es un placer conocerte, LeBlanc. Y ahora que he recuperado la cartera y con ella mi dinero, creo que me estabas ofreciendo de ir a tomar algo, y creo que te lo debo."

Escrito esto, Alice le ofreció el teléfono móvil, esperando que el muchacho leyera la pantalla. Confiaba en que alguien que acababa de tomarse tantas molestias por devolverle sus cosas no iba siquiera a plantearse robarlas.

Y sin embargo, algo seguía rondando su mente, como si hubiera unos engranajes moviendo la pieza del puzzle que le quedaba e intentara encajarlo sin lograr darle un sentido. ¿Cómo había sabido Gabriel que aquél era el hombre que buscaban? ¿Se había arriesgado a poner la zancadilla a un completo desconocido sin preguntarle a ella antes si era el hombre en cuestión? Intentó buscar la respuesta en aquellos ojos verdes, y finalmente la dejó ir... Pensando que ya la resolvería.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   29th Marzo 2016, 01:57

Gabriel sonrió al ver la alegría de la chica desconocida. Empezó a buscar entre sus cosas, como para comprobar que todo estaba en su sitio, y sacó el móvil. Empezó a teclear rápidamente, ante la mirada curiosa del agente. Al final, le mostró el texto que había escrito. -No me las des, Alice. Ha sido todo un placer.-Le devolvió el aparato cuando acabó de leer la nota. Sí, debía de ser muda... Si simplemente hubiera sido tímida, posiblemente en ese momento hubiera empezado a hablar, más segura. Pero no había sido así. -Y sí, podríamos ir llendo si ya está todo arreglado.-Podía notar como los pensamientos de Alice continuaban rondando por su mente inquieta. ¿Desconfiaría de él? Al fin y al cabo, era un desconocido...

Pese a todo, la condujo hasta la cafetería a la que iba de vez en cuando para almorzar. Era un local medianamente grande, con un aire antiguo que encantaba al francés. Las paredes, de color vainilla, iban a juego con el olor que impregnaba el local. El suelo de madera antigua, oscura, combinaba con las mesas de roble y hierro, cada una con un dibujo floral diferente grabado en su superficie. Estaba medio vacío a pesar de la hora, y el murmullo que brotaba de las mesas apenas alcanzaba a hacer sombra a la música, baja y relajante. Gabriel no reconocía al propietario de esa voz profunda y aterciopelada, pero tenía algo que le gustaba. Un par de camareras circulaban entre las mesas, cargadas con bandejas redondas de madera, llenas de cafés humeantes, zumos y pasteles. Aquí y allí, plantas de aspecto exótico florecían en macetas igualmente decoradas, el verde de sus hojas más brillante gracias a la luz del día que entraba por los amplios ventanales en forma de arco. No había relojes en ningún sitio, a aquel lugar se iba a relajarse y olvidar el estrés de vivir en la jungla de cristal de fuera. Incluso había unos sofás de color chocolate en el rincón más alejado de la puerta, junto a una mesa baja. -Si te parece bien, podemos ir a sentarnos allí.-Sugirió, señalando con la cabeza esta última parte del café.-Así estaremos más cómodos.

Al poco rato de sentarse, llegó una de las camareras. Gabriel pidió un café con leche y un pastelillo de limón en primer lugar. Alguna vez los había probado, y estaban deliciosos.

-Si me dejas, te invito yo. Al fin y al cabo, has sido la que te has lucido hoy.-Aún no se explicaba cómo lo había hecho. Es decir... La gente por la calle no tenía esos reflejos ni ese tiempo de reacción. Ni el valor de tirarse en medio de una calle concurrida, ni la entereza de hacerlo por salvar a otro. Realmente, la heroína de ese día había sido ella.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   30th Marzo 2016, 13:17

Alice entró en el local devorando su entorno con la mirada. Sus grandes ojos curiosos volaban de uno a otro rincón mientras una tímida sonrisa se tensaba en la comisura de sus labios. El color pálido de las paredes no hacía si no resaltar la luminosidad que se filtraba por los ventanales en forma de arco. El contraste de la madera oscura del suelo y los muebles y el grabado de los mismos daban un aire elegante al lugar, y el suave murmullo de las voces que no lograba acallar la música de ambiente no era si no un añadido a la escena. ¡Y las plantas! Había plantas esparcidas por el local, y ella era incapaz de reconocer sus nombres. Alice pasó junto a una de las mesas y sus manos resiguieron la forma del relieve floral, dejando escapar un breve suspiro, y cuando se apartó de la mesa sus manos se movieron instintivamente al cuello, tocandose la garganta con el índice y el pulgar, casi como si quisiera pellizcarse la nuez.

Gabriel llamó su atención y la dirigió a una zona del establecimiento donde había unos sofás y una mesita baja de café. Alice se colocó junto a él en un par de pasitos rápidos y bajó la mirada al pasar a su lado, levemente cohibida con la compañía del rubio. La vez que había coincidido con Peter Parker en un café, había sido ella quien dio el primer paso para mantener una conversación y relacionarse con el muchacho. En cuanto a Nova, la situación había sido algo distinta y el joven guardián era más joven que ella. Gabriel... Gabriel la había invitado, aunque ella no entendía la razón y era evidentemente mayor que ella.
Así que en cierto modo, la situación era nueva para ella. No sentía miedo de estar con un desconocido, pues confiaba en el entrenamiento que había recibido para protegerse a sí misma, pero dudaba que fuera a necesitarlo. El rubio se había mostrado de lo más educado, el lugar era precioso, y en el fondo estaba deseando quedarse y disfrutar de aquél día que, finalmente se estaba torciendo en la dirección correcta. O eso quería creer...

Cuando al fin se sentaron, Alice se quitó el chaleco negro y lo dejó a su lado, junto a la mochila. El jersey gris le quedaba algo grande y tapaba casi la totalidad de sus manos. Una vez despojada de los guantes, la joven británica constantemente recogía y retorcía las mangas del jersey, en una constante insconsciente propias de la rutina, casi como si se tratara de un tic. Cuando les tomaron nota, ella esperó paciente a que él hubiera pedido y luego señaló con el dedo el menú, indicando que quería un chocolate caliente.

La camarera se retiró de la mesa y Gabriel se ofreció nuevamente a pagar las consumiciones... y mencionó cómo ella se había lucido. Alice desvió la mirada, sonrojándose y negando con la cabeza. No podía aceptar el cumplido, no sabiendo lo que había llegado a pensar de la situación. Vale, había salvado la vida a un crío, pero era probable que el chico no se hubiera visto en peligro en primer lugar si ella no se hubiera empeñado a perseguir a aquél ladrón, así que se sentía parcialmente responsable por la situación. Directamente, se sentía culpable, y no hacía falta ser un genio para darse cuenta de ello, pues su rostro ya era expresivo por si solo. Pero aun así, Alice intentó sonreír y buscó de nuevo su teléfono móvil para intentar ofrecer una explicación.

"El hombre que me robó empujó a una mujer a la carretera. Su bolso se vació y algo salió rodando a la carretera, no vi lo que era. El niño fue a buscarlo... Yo estaba corriendo tras él, pero iba un par de metros por detrás, así que vi cómo sucedía. Si no hubiera intentado atrapar al ladrón por mi cuenta en lugar de ir directamente a la policia, probablemente no hubiera sucedido nada, así que no deja de ser en parte culpa mía..."


La británica deslizó el aparato sobre la mesa para que él lograra leer en la pantalla, y mientras tanto Alice se quitó el gorro y se recogió el pelo en una trenza. Segundos más tarde, la misma camarera que les había atendido depositaba entre ellos el café, el chocolate, y el delicioso pastelito de limón. Ella tomó la taza entre sus manos y sopló en su superficie pensando en cómo se habría visto el accidente desde fuera... Y era fácil entender porqué él había pensado que ella era la heroína en escena, aunque esa realidad se alejaba de lo que ella sentía. Así que tomó de nuevo el móvil, y volvió a teclear su superficie, escribiendo un nuevo mensaje para el rubio.

"Lamento lo que hice con el niño... Mi madre es médico y trabaja en un hospital. Yo solía ir a ayudarla, pero nunca fui capaz de pasar por la planta de maternidad. El llanto de los niños... Se supone que es así para llamar la atención de las madres, para que ellas les atiendan y les hagan dejar de llorar. Pero en mi caso, creo que es superior a mí, les tengo pánico. Por eso, lo siento. Te acercaste a ayudar y te cargué una responsabilidad que no era tuya. Y ahora estás aquí... Espero no estar molestando, si tenías otras cosas que hacer."

Volvió a dejar el aparato entre ambos y se centró en su chocolate. Se sentía nerviosa, y tenía la sensación de que Gabriel no debería estar ahí. ¿No había aparecido con un casco de moto? Lo más probable es que estuviera conduciendo cuando ella cruzó la carretera y desbarató el tráfico. Gabriel podría haber sufrido un accidente por su culpa, como tantos otros conductores que habían tenido la mala suerte de estar ahí cuando pasó. Dio un sorbo de su taza, y sintió el calor del chocolate en su estómago y de algún modo eso ayudó a calmar sus ánimos. Tímidamente volvió a buscar los ojos verdes de aquél muchacho de rostro hermoso que en mitad de la carretera le había tendido la mano y poco a poco una sonrisa dulce y tranquila volvió a su mirada.

Entonces pensó que sí, que el día había terminado volviendo a su cauce. A un día tranquilo en que podía relajarse, y tal vez al caer la noche, escribir una canción.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   7th Abril 2016, 01:28

Los gestos de Alice hablaban por ella, así como su ropa y su manera de mirarlo todo. Gabriel supo que había acertado con el lugar poco después de entrar, y eso lo alegró mucho. Quería que se sintiera lo mejor posible, y parecería que lo estuviera consiguiendo si no fuera por los movimientos de sus manos en las mangas. ¿Estaría nerviosa? Pero el gesto parecía repetitivo, como una pequeña manía, así que el agente descartó eso para empezar. Procuraba no observarla directamente, aunque su propia curiosidad le instaba a hacerlo.

Siempre era mejor mirarla así que leer sus pensamientos privados, por mucho que llamaran su atención ahora. Fluían a toda velocidad dentro de su cabeza, casi igual de rápido que la sangre llegaba a sus mejillas para permitirle sonrojarse a la vez que sus rasgos esbozaban una expresión extraña: A medio camino entre la vergüenza y la sonrisa cordial que todo el mundo lleva pintada en la cara normalmente. Fue en ese momento en que empezó a explicar lo que había ocurrido, siempre a través del móvil. Parecía que había sido ella misma la que había provocado, indirectamente, que el niño acabara en la carretera.

-No creo que te tengas que sentir mal por esto...-La miró directamente a los ojos, nadando en su mirada intranquila. Su atención resbaló por su pelo, que se fundía ahora en una trenza poco a poco. Resultaba curioso cómo Alice parecía mimetizarse con el ambiente, o quizás más curioso fue ese propio pensamiento de que ella se camuflaba.

-Lo importante es que ahora está todo arreglado: El niño está a salvo, y has recuperado tus cosas. Si piensas demasiado estas cosas, no te dejan tranquilo: Siempre podrías haberlo hecho mejor, o haber dejado de hacer algo...-En ese momento, trajeron lo que habían pedido: Un café, un chocolate caliente y un pequeño cupcake de limón.

Tenían una pinta espectacular, casi le apetecía probar el chocolate, a pesar de sus sabía que no debía gracias a cierta alergia. Y Alice ya se había metido en bastantes follones en un día como para que estuviera en otro más. Así que empujó ligeramente el plato con el cupcake hacia ella, ofreciéndole. -¿Quieres probar?-Para cuando quiso darse cuenta, Alice estaba de nuevo con el móvil, tecleando algún otro mensaje. Se notaba que lo hacía a menudo, escribía muy deprisa, por lo que Gabriel tuvo en un momento la pantalla delante otra vez para leer lo que Alice no podía decir.

No conocía mucha gente que se preocupara tanto por los demás, ahora que pensaba. De hecho, a muy poca gente. -La verdad es que sí que me sorprendió un poco lo del niño, pero no fue un problema. A mí, los niños me gustan mucho, y este en particular se portó bastante bien... Al menos, bien para la situación en la que estábamos.-Echó todo el sobre de azúcar a su café y continuó hablando mientras tanto. -Pero nunca había oído eso del llanto de los niños... Debe de ser muy difícil de sobrellevar, y más si antes has estado a menudo en un hospital...-Por que aunque no lo parezca, hay niños llorando en cualquier sitio, no sólo en ciertas salas de los centros médicos. En el cine, en el parque, en la calle, en cualquier cola para esperar...

Pero Gabriel no creía que fuera solo debido a eso el estado de Alice. Ni sus pensamientos, ni su aparente incomodidad. Se tomó un trozo de pastelillo, pensativo. ¿Qué podía pasarle...? Se decidió finalmente, cuando del cupcake ya quedaba menos que nada. -¿Estás bien? Te veo algo preocupada. -En su voz había una intención de ayudarla clara y transparente como el agua. Después de todo, le apetecía estar un rato con Alice: En su casa no lo esperaba nadie.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   8th Abril 2016, 02:05

Si la reacción de Alice había sido clara al entrar en el local, la sonrisa que se le pintó en los labios cuando trajeron el café y el chocolate era como contemplar directamente el sol. Ambas manos se alzaron al rostro de la británica, cubriendo con delicadeza su sonrisa mientras sus ojos devoraban la presentación de las tazas y el cupcake, con la misma ilusión con que un niño pequeño recibiría un regalo. Y cuando Gabriel le ofreció si quería probar el cupcake, Alice bajó lentamente las manos, mordiéndose levemente el labio inferior.

Normalmente hubiera rechazado la oferta. Pero el cupcake tenía una pinta impresionante, y toda la situación estaba siendo de película. De hecho, si a Gabriel le salieran alas y afirmara haber ido a buscarla tras el accidente de tráfico, Alice no hubiera dudado un sólo instante en alzarse y seguirle de camino al cielo. Si es que merecía el cielo. Al menos ese pequeño y delicioso cupcake parecía hecho con pedacitos de nube... Así que tomó la cucharita de su chocolate, que todavía estaba limpia y con muchísimo cuidado partió un pedacito de pastelito y se lo llevó a los labios, quienes no tardaron en curvarse en una sonrisa satisfecha ante el sabor y la textura del postre.

- Mhm... - A Alice se le escapo un suspiro de satisfacción. Que le cubrió las mejillas de un leve rubor.

Todavía sonriendo con timidez, escuchó con atención a Gabriel, aunque sabía muy bien cómo reaccionar a todo lo que decía. Se sentía... bien, contenta de tener a alguien preocupandose e interesandose por ella. Saboreó el cupcake y cuando lo terminó, volvió a buscar su teléfono movil, y lamentando no poder mantener la conversación mirándole a los ojos, intentó darse brío al escribir le mensaje, intentando mantener el dialogo lo más fluido posible.

"Supongo que sigo algo nerviosa por lo que ha pasado. No llevo mucho tiempo en Nueva York, siento que las amistades avanzan muy despacio y no es la primera vez que me meto en problemas."

Le mostró la pantalla un instante mientras ella ganaba tiempo para pensar en qué podía contarle. No quería dar información de más y parecer desesperada por conocer gente, pero podía ser tan buen tema de conversación como cualquier otro. Pero de nuevo, tenía el temor de parecer demasiado abierta a contar su vida y la posibilidad de aburrir o asustar a Gabriel no se le hacía especialmente agradable. Al final, como tantas otras veces en los ultimos meses, Alice respiró profundamente, y tomó de nuevo el aparato.

"Soy de Inglaterra, vine en Octubre para estudiar. Pero más allá de mi compañera de cuarto, creo que no he hecho ningún 'amigo'. Tengo unos profesores estupendos, pero no creo que jamás se llegue a romper esa barrera de profesor - alumno... Aunque he tenido la oportunidad de conocer un montón de gente interesante."

Le parecía una tontería intentar fingir según qué cosas. Al fin y al cabo, Nueva York era una de las ciudades donde el efecto Omega estaba más presente, tanto por la superpoblación como por los desperfectos causados por todos los seres mágicos que habían surgido con el choque de los mundos. Pese a todo... No se veía en condiciones de añadir a Nova o Rocket en la lista de amigos. Tal vez Groot, quien de algún momento había logrado fascinarla con su mera existencia... pero no. Tampoco le parecía muy prudente escribir sus nombres a alguien a quien acababa de conocer.

"Es solamente eso... Todavía tengo que adaptarme."

Había algo que había dejado sin escribir. Algo que no podía compartir todavía con Gabe, puesto que no tenía la suficiente confianza. Tener estos momentos con gente desconocida, a veces le recordaba que no tenía con quién hacerlo. Y aunque estaba conociendo a gente maravillosa, todavía había veces en las que se sentía terriblemente sola.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   20th Abril 2016, 18:32

Aunque pudiera parecer indiscreto, Gabriel siguió con la mirada los gestos de su acompañante, sintiendo como su felicidad resonaba en él. Deslizó los ojos por sus manos de pianista, ágiles y delicadas; por sus ojos tan expresivos que casi no le hacía falta hablar... Por su sonrisa, que iba ganando fuerza y brillo poco a poco, como el sol al amanecer. Suspiró, dejando a Gabriel con la duda de si los mudos podían suspirar, o es que ella no era realmente muda. Cogió su propia cucharilla, y probó entonces el pastelillo: Era dulce aunque no empalagoso, en el punto justo que tan difícil resultaba alcanzar cocinando. No le extrañaba nada que hubiera hecho sonreír a Alice, como le había hecho a él.

Poco después, ella volvió a coger el móvil, y Gabriel leyó lo que había escrito, esperando a que acabara también la segunda parte. -Creo que te entiendo un poco... Cuando yo llegué de Francia, me pasó un poco lo mismo. Todo era muy raro, muy diferente.-Salvo que sus amistades no avanzaron tan despacio, y él se metió posiblemente en más problemas. La gran mayoría provocados por él mismo, al menos al principio. Hasta que finalmente recapacitó y decidió hacer algo para ayudar a los demás. Había sido cuestión de tiempo, y ganas... Y Alice parecía tener de ambos.

-Pero con el tiempo, todo se arregla... Si eres con todo el mundo como estás siendo conmigo, no tardarás en tener muchos amigos, ya lo verás.-Sonrió, afable, y tomó un sorbo de café cogiendo la taza con las dos manos para quitarse el frío que se había instalado en ellas. Si podía, luego le gustaría ir a Central Park, aunque fuera solo a ver la nieve por primera vez en mucho tiempo. En París, pocas veces nevaba, y a Gabriel siempre le habría gustado que esto sucediera más a menudo.

-Por cierto... ¿Compañera de cuarto? ¿También has venido aquí a un internado?-Se le hacía cuanto menos curioso, parecía que en los últimos años los padres europeos se habían puesto de acuerdo para mandar a sus hijos al continente de al lado. Aunque no veía ningún motivo por el que nadie querría tener a Alice tan lejos. Pero los estudios eran los estudios... Y ella tenía aspecto de ser muy buena estudiante, así que eso no resultaba tan extraño.

-Yo vine con dieciséis años, y creía que el mundo se me caía encima.-Sí, lo recordaba bien. O eso creía, por que ninguno de esos recuerdos había ocurrido en realidad. Ni sus padres, ni sus compañeros, ni sus profesores. Ni siquiera él había estado ahí para vivirlo. Pero eso era algo que nadie debía saber, y mucho menos él. Porque... ¿Cómo afronta alguien la realidad de que no existe, de que nada de lo que él recuerda ha pasado? ¿Que su casa nunca se llegó a construir, y que todo lo que creía saber de unos años hacia atrás había sido solo un sueño de datos y corrientes eléctricas?

Pero de momento, Gabriel no sabía nada de eso. Y para él, era mejor así. Su principal preocupación ahora residía en intentar pasar un rato agradable con la morena, y relajarse en la medida de lo posible. Que tampoco es mucho en su situación, a decir verdad. Pero... -Por cierto... ¿Luego tienes que ir a algún sitio? Por que me gustaría ir a dar un paseo y ver Central Park nevado... Y me preguntaba si querrías acompañarme.-Era bastante posible que dijera que no, después de todo. Alice era una chica muy tímida, se le notaba a la legua, pero por otra parte Gabriel quería intentarlo. Quién sabe... Quizás lograra saber más de la mujer misteriosa que tenía delante, y con la que tanto se identificaba en parte.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   22nd Abril 2016, 15:11

Alice se recostó en la silla, con la taza alzada ante su rostro, cubierta por ambas manos. Le sorprendió descubrir que el rubio era francés, pues no había percibido acento alguno en su manera de hablar. Aunque para ella todos los americanos sonaran ligeramente toscos a sus finos oídos británicos. Y sin embargo una vez supo que era de ahí, percibió ligeramente los cambios. La manera en que pronunciaba las "erres", como casi imperceptiblemente alargaba las "i"s, o la leve cadencia de su voz al pronunciar las palabras. Entonces mencionó Gabriel que si era con todo el mundo como estaba siendo como él... Si, lo era. Normalmente. Y a la vez no, se dio cuenta, sonrojándose levemente, pues era la primera vez que se fijaba tanto en los detalles de alguien. Su acento, su forma de moverse, cómo sus ojos se deslizaban por la pantalla de su movil cada vez que le comunicaba algo...

Aun soplando la taza de chocolate, pensó en la otra gente con la que había decidido ir a tomar algo al conocerse, analizando cada una de aquellas... citas. Había convertido aquello en una rutina, una manera de forzarse a conocer gente y adaptarse al nuevo entorno que desde hacía unos meses era su hogar. Pero en la mayoría de los casos había sido un trato cordial, a veces incluso distante. A excepción de Nova, pero él tenía quince años y no hacía falta ser un lince para darse cuenta de que Gabriel tenía muchos más, siendo un adulto con todas las de la ley. Esa sonrisa afable...

Luego le preguntó por Dianne y Alice volvió a tomar el móvil, navegando esta vez por la galería y buscó una foto que le había enviado días antes a sus padres, para presentarles a Dianne, por extraño que pudiera sonar el hacerse una foto con una persona ciega, a ella le había echo muchísima ilusión... ¡Y casi había conseguido que Dianne sonriera! Casi. Por lo cual se entreveía la sonrisa escondida en la comisura de sus labios, y no estaba totalmente seria del todo, aunque en la foto no sonreía abiertamente. En ella, Alice estaba obviamente sosteniendo el teléfono móvil mientras sacaba la fotografía, y sonreía tímidamente, con la sonrisa fácil que tan fácilmente afloraba en su rostro, mientras que Dianne, de cortos cabellos dorados y unos ojos de un extraño verde, miraba la camara sin verla realmente.

Tras mostrarle la foto, y dejarle observarla durante unos segundos, lo recuperó para escribir nuevamente en la pantalla.

"Algo así. Estoy preparándome para hacer el exámen de ingreso a Harvard, para estudiar medicina. Y mientrastanto vivo en una mansión que acoje gente con problemas similares a los míos. Esta es Dianne, mi compañera de cuarto..."

De algún modo cuando Gabriel le contaba que habían vivido situaciones parecidas, no podía evitar sonreír con cierto alivio. Pues unido a todo lo demás, había encontrado a alguien que, al menos en gran parte entendía su situación... Por bien que Gabriel no parecía tener problema alguno en comunicarse, y parecía un humano normal y corriente. Se terminó la taza de chocolate, y la dejó con cuidado sobre el plato con el que lo habían servido, planteándose qué hacer a continuación, pues desconocía si Gabriel tendría que hacer alguna otra cosa, y era consciente de que cuando no hablaba no era la compañera más... dinámica del mundo. Pero a Gabriel parecía no importunarle su incapacidad para mantener una conversación fluida y le pidió que la acompañara a Central Park. Se sonrojó levemente, bajando la mirada, y de nuevo tomó su teléfono móvil, escribiendo dos únicas palabras en él.

"Me encantaría."

Mientras Gabriel las leía, ella volvía a deshacerse la trenza, y a trenzar de nuevo para colocar la melena al otro lado de su rostro, ligeramente nerviosa. Se caló de nuevo el sombrero y fue a pagarse su chocolate, tras lo cual espero que él pagara también su consumición y juntos volvieron al frío de Nueva York. Durante el trayecto, Alice se guardó el móvil en el bolsillo del pantalón, pues no quería tenerlo todo el rato entre sus manos. Caminó a su lado con paso tranquilo, y cuando sus miradas se cruzaban le dedicaba una tímida sonrisa, tras lo cual volvía a mirar hacia el parque, o hacia sus botas, haciendole parar para atarse los cordones para dejarlos completamente simétricos en una ocasión.

Temía que el joven pensara que era rara, ¿pero qué otra cosa podía hacer? Quería adaptarse, quería hacer amigos, pero no podía evitar ser como era, y en situaciones en las que se encontraba levemente nerviosa, no podía contener los tics, ni evitar no hablar. Aunque eso pudiera cambiar en un futuro, entonces Alice no sentía preparada.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   30th Abril 2016, 01:22

Leyó la respuesta de la morena con una sonrisa revoloteando en sus labios. Era curioso como dos simples palabras podían decir tanto, como una sonrisa o una mirada.  -Entonces, podemos ir yendo por mí.-Se acabó lo que quedaba del cupcake, casi lamentando que se hubiera terminado tan pronto, y pagaron lo que habían tomado. Volvieron a ponerse los abrigos antes de salir de nuevo al exterior, d dejando atrás la calidez y la música de la cafetería.

Definitivamente, Gabriel pensaba volver más a menudo en un futuro. El tiempo no había cambiado lo más mínimo en ese rato. Una brisa fría revolvió el pelo de los dos a su paso, mientras comenzaban a caminar hacia el parque. Aquí y allí había charcos de nieve sucia y aplastada bajo las pisadas de los centenares de personas que circulaban por esa calle a lo largo del día, y volvían resbaladiza la acera. En un momento dado, tuvieron que parar unos momentos para que ella se arreglara los cordones de los zapatos, aunque no estaban desatados, y retomaron la marcha como si nada.

Gabriel y Alice pasearon por la calle, cruzando sonrisas y miradas que hablaban más rápido de lo que ellos podían decirse con palabras. De alguna manera, Gabriel se sentía cómodo a su lado. Por extraño que pudiera parecer, a veces las palabras no resultaban tan... Necesarias. Todo aquello daba lugar a una sensación muy extraña, aunque agradable, o eso pensó mientras llegaban al parque. Central Park estaba precioso ese día, había sido buena idea ir. No había demasiada gente paseando entre los árboles vestidos de blanco ni por el camino de grava, por lo que la nieve estaba prácticamente intacta. Gabriel inhaló, llevándose una bocanada de aire helado a los pulmones. Parecía un gesto muy sencillo, algo tan simple como respirar tranquilo. Pero tal y como le iban las cosas últimamente... No era tan fácil. Si tan sólo tuviera más momentos como aquel, sin presiones, sin la responsabilidad de mantener todo en orden... Aún no tenía ni idea de que en un futuro, tendría que esforzarse mucho más de lo que ya hacía en mantener el equilibrio, dentro y fuera de sí mismo.

-¿Habías venido antes aquí alguna vez?-Probablemente así fuera, pero nunca estaba de más preguntar. Él, por ejemplo, había tardado un tiempo en ponerse a hacer turismo por su nueva ciudad, y no sabía si ella había empezado ya o no. Fuera como fuera, merecía la pena: Era muy diferente al ambiente que se respiraba en París, aunque Gabriel no hubiera sabido decir por qué exactamente. Sin darse cuenta apenas, sintió un poco de nostalgia. Apenas había vuelto a Francia un par de veces desde el accidente, y comenzaba a echar de menos su hogar, a pesar de que se encontraba bien en Nueva York. -Por cierto... ¿Echas mucho de menos Inglaterra?-Prefería no agobiarla con preguntas, para así darle tiempo para responder. Una cosa que también le llamó la atención entonces fue el hecho de que escribía bien, aunque eso la hiciera ser un poco más lenta. No resumía, no se dejaba ni un punto. Resultaba... Curioso. Aunque claro, la mayor parte de ella era un misterio para el rubio en esos momentos.

Poco después, llegaron al borde de un gran lago helado. La superficie era prácticamente transparente como el cristal, aunque estaba herida por las cuchillas de los patinadores. A Gabriel se le notaba en la cara que aquel sitio le encantaba. Seguía con la mirada los movimientos de los patinadores más ágiles, los que hablan empezado a hacer piruetas en el aire con tanta facilidad que parecía que habían nacido sabiendo hacerlo.

-¿Te apetece patinar? Debe de haber por ahí algún sitio para alquilar los patines... -Aunque Gabriel no sabía, parecía muy fácil, y esperaba poder aprender rápido. No podía ser tan difícil, ¿no?

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   1st Mayo 2016, 14:14

Hay distintos tipos de silencios.

Los hay que cubren mentiras, silencios incómodos que denotan una falta de confianza. Son silencios tangibles, espesos, de aquellos que tratas de ignorar a la espera de que desaparezcan por sí solos. Silencios dolorosos, muestra del desinterés y la indiferencia, tan afilados que no te percatas de su corte. Silencios plagados de emoción, como aquellos que preceden un regalo o una sorpresa, el silencio entusiasta de la inocencia.

A ellos les envolvía un silencio cómodo, dulce y cálido que les rodeaba como un manto en mitad del frío de la nieve. Ninguno de los dos parecía incómodo ante el mero hecho de caminar en silencio, intercambiando miradas y sonrisas. A ella, desde luego, no. Central Park estaba incluso más hermoso como la primera vez que había pasado por ahí, horas antes. Ahora había más nieve y el lugar parecía más mágico que antes… O tal vez sólo era que acompañada, todo le parecía más vivo.

-¿Habías venido antes aquí alguna vez?

Alice sonrió, divertida y traviesa. Parecía mentira que se hubieran conocido ese mismo día en lo que casi había resultado ser un accidente de tráfico. Tal vez Gabriel se había olvidado de que Alice había mencionado que había sido aquí, que le habían robado su mochila. Mochila, que había recuperado gracias a él… Y en algún punto de Central Park debía seguir tirada su libreta. Descartó ese último pensamiento y se centró en mantener la conversación, buscando de nuevo su teléfono móvil.

Sólo una vez, y no ha terminado demasiado bien. Mi suerte me precede.

La siguiente pregunta fue algo más inesperada. ¿Que si echaba de menos Inglaterra…? Sí y no. Echaba de menos la seguridad que sentía en su hogar, encerrada en la burbuja particular de su família y en un entorno más o menos acogedor. Pero aquí estaba aprendiendo cosas, algo que no podía aprender en Inglaterra, algo que quería tener a toda costa. Se planteó francamente si echaba de menos Inglaterra. Le habían sucedido muchas cosas desde su llegada a la gran Ciudad y no todo eran buenos recuerdos. Se había visto involucrada en un asesinato, y había estado a un paso de ser secuestrada. Había conocido a gente de lo más rara y había viajado al espacio.

A veces. Sobretodo echo de menos a mi familia, mis padres. Las cosas ahí eran más fáciles, y era mucho más… acogedor. ¡Nueva York se me hace tan distante! Mis padres a menudo me escriben y dicen que quieren que vuelva, pero hay ciertas cosas que quiero aprender e Inglaterra no tiene lo que busco. Así que… quien algo quiere algo le cuesta. Y en mi caso, es esto. Era o venir y probar suerte en Harvard, o quedarme e irme a Escocia, a la facultad de Dundee. Así que puestos a vivir al extranjero, vengo a América y vivo una buena experiencia.

Parte de lo que había dicho no era del todo verdad. Pero no podía decirle a Gabriel que estaba practicando bajo la tutela de distintos mutantes y otras personas para aprender a defenderse física y mentalmente. Primero, porque la obligaría a explicar su naturaleza mutante y segundo, porque… Acababa de conocerle, y al menos de momento, estaba disfrutando de tener algo parecido a un amigo con el que caminar, pasear y pasar un buen día. Y era demasiado pronto para estropear eso.

Fue entonces cuando llegaron al lago y Alice se llevó, inconscientemente, una mano al pecho mientras sofocaba un suspiro. Era como estar de vuelta en Stratford, y el paisaje ahí era tan familiar como arrebatador. En la cristalina superficie de hielo se desdibujaban miles de formas vectoriales esculpidas por el desliz de los patines. Era increíble lo fácil que parecía visto desde ahí, cada vez que uno de los patinadores tomaba impulso y saltaba, girando sobre sí mismo como una veleta arremetida por el viento.

-¿Te apetece patinar? Debe de haber por ahí algún sitio para alquilar los patines…

Un poco más, y casi respondió en voz alta. Cerró con cuidado los labios, pues había estado contemplando el lago boquiabierta. En su lugar, asintió enérgicamente y buscó con la mirada hasta encontrar la caseta donde un cartel indicaba que había patines en alquiler. Y pese a que fuera de mala educación, puesto que Alice no tenía muchos otros medios para comunicarse, tendió el brazo para señalar, sonriéndole a Gabriel.

El proceso para escoger los patines fue una pequeña odisea mental para Alice. Algunos de los patines eran desiguales entre sí o tenían cordones diferentes. Temiendo parecer descortés, se dirigió a la zona donde estaban todos los patines colocados y se tomó la libertad de escoger los suyos, en lugar de esperar que el chico que atendía el lugar pudiera entregarle aleatoriamente cualquiera de esos patines dispares. Y abrazando los patines contra su pecho, — Unos patines blancos, cuyos cordones eran iguales, aunque se veían ligeramente desgastados — esperó junto a Gabriel para pagarlos y ponerlos. Eso, fue otra pequeña aventura. Alice deshizo completamente los cordones para poder asegurarse de que quedaban perfectamente simétricos y los ató con delicadeza. De vez en cuando, se le escapaban tímidas miradas por el rabillo del ojo, casi preocupada de lo que pudiera pensar su compañero de su curiosa conducta.

Nunca había patinado sobre hielo… Pero sí en línea. ¿Qué tan diferente podría ser?

Se acercó al lago y con mucho cuidado dio los primeros pasos, al principio en precario equilibrio y poco a poco con algo más de confianza. Al final, se dio la vuelta y sonrió a Gabriel, esperando que se uniera a ella.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   17th Agosto 2016, 01:26

La verdad era que la suerte parecía ir en un sentido o en otro según la persona. Gabriel no sabía cómo le iría a Alice, pero él, no tenía demasiada. Se lo habían dicho alguna vez. Siempre estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, como si un gracioso le hubiera cosido un imán para problemas a la espalda. Y aunque la mayoría de las veces acababa sacando cosas buenas, otras... Un escalofrío acompañó al recuerdo de Cloe. No, desde luego la suerte no le acompañaba últimamente. Menos mal que en la mayor parte de los casos podía arreglárselas de otro modo... Su hilo de pensamientos fue interrumpido por la nueva respuesta de la inglesa, esta vez más larga y detallada. Seguramente, si hubiera escuchado sus pensamientos en los segundos anteriores, no estaría tan tranquilo. Alice no tenía, a primera vista, aspecto de haberse involucrado en nada más peligroso que el accidente de aquel mismo día, y mucho menos en un asesinato y un secuestro. Pero, tuviera el aspecto o los pensamientos que tuviera, Gabriel procuraba no leer la mente de los demás. Tenía que hacer un esfuerzo consciente para ello, pero merecía la pena. Desde muy pequeño, había tenido problemas al oír voces en su cabeza, y se había acostumbrado a reprimirlas. Era ya... Como una costumbre o un tic. Salvo que en lugar de retorcerse un mechón de pelo, como Alice; o parpadear, o cualquier otra cosa; se aislaba de la marea de imágenes, sonidos y sensaciones ajenas que podía percibir y que le abrumaban si no las ordenaba. -A mí también me pasó algo así... Aunque me tomé que me enviaran lejos más como un castigo que otra cosa. Luego me acostumbré, y me quedé.-Aunque quizás lo pasaron peor mis profesores incluso, pensó. No se hacía a las idea de hasta qué punto había sido un enfant terrible. Además... Sus primeros años de vida resultaban borrosos y distantes, como si hubieran sucedido a otra persona. Realmente... Ni siquiera añoraba demasiado París. Tenía ganas de ir, pero... No era exactamente nostalgia. Era más interés que otra cosa. Como un niño al que le habían dicho siempre que había un lugar increíble al pie del arcoíris, lleno de tesoros y cosas maravillosas; y de mayor lo pensaba a veces. Lo recordaba, y se preguntaba sí era así, o sólo una imagen idealizada y difuminada por el tiempo.

No tardaron mucho en encontrar dónde conseguir los patines, aunque conseguirlos propiamente resultó algo más difícil. Gabriel se conformó con los primeros que le dieron, negros, de su talla y con buen aspecto; pero Alice tardó un poco más. El mutante pudo ver cómo ella se fijaba en todos y cada uno de los detalles que puede tener un patín, algunos de los cuales Gabriel ni siquiera hubiera imaginado que pudieran existir. Al final, se quedó con unos cuyo color y forma de la bota y los cordones eran exactamente iguales, sin lugar a dudas. Prefirió no comentar nada, ni siquiera cuando su acompañante volvió a atar los cordones desde el principio. Ignoró la mirada extrañada del dependiente adrede y le pagó, para dirigirse al cabo de unos momentos al lago con Alice. -Por cierto... Yo nunca he patinado. ¿Y tú?

La respuesta de la inglesa fue casi innecesaria. A pesar de que al principio había vacilado un poco, se notaba que se defendía bastante bien sobre el hielo. Gabriel aún tenía que probar si se podía decir lo mismo de él. El primer pie que puso en la superficie del lago casi consiguió hacerle caer de bruces, pero, de alguna milagrosa manera, consiguió recuperar el equilibrio. A falta de nada mejor, se fijó en cómo lo hacían los demás, y se las arregló para llegar a la altura de la morena.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   21st Agosto 2016, 12:35

A menudo, se sentía invisible. Tal vez inherente al carácter discreto que había heredado de sus padres, siempre había sido una chica capaz de pasar desapercibida, hasta el punto de que su presencia a veces era tan pequeña como una maceta en una habitación concurrida, a la que la gente había asimilado como parte de la decoración, y no como un pequeño y diminuto ser vivo que respiraba del mismo aire. A menudo, Alice se sentía invisible. No porque lo fuera realmente, si no porque sentía que pasaba inadvertida a los ojos del mundo. Era por eso, entre otros tantos motivos, que a pesar de conocer gente y rodearse de compañeros, a menudo sentía que nadie la veía realmente, como una flor creciendo por debajo de sus hermanas.

Tal vez era ese uno de los motivos por los cuales, pese a su timidez, su introversión y su poca disposición al contacto ajeno, Alice había aceptado en diversas ocasiones las invitaciones de desconocidos. A menudo eran pequeñas conversaciones, interacciones esporádicas que terminaban cuando se derramaba la última gota de café, y cada uno se alzaba y caminaba, alejándose de la mesa. ¿Recordarán esas personas a la joven tímida que una tarde les había acompañado? Seguramente no. Pero ella les recordaba a todos, nutriéndose de los encuentros como si se tratara del rocío que la ayudaba a crecer, aceptándolos porque, de ese modo se sentía bajo el sol. Se sentía un poco menos invisible.

Para ella, ese día no era diferente. Grababa cada preciado instante en su memoria, consciente de que podía ser breve y efímero, un día que no auguraba en repetirse. Era la primera vez, sin embargo, que el encuentro dejaba atrás la ocasional cafetería para seguir un poco más allá. Una situación nueva en la que no podía seguir trabajando según el manual de la cordialidad y las normas de etiqueta ya no marcaban las pautas para seguir adelante. Se adentraba, entonces, en terreno inexplorado, con la cautela y la emoción que ofrecían las aventuras a cualquier joven que se precie.

Así que cuando Gabriel se acercó a ella, sus labios se tensaron, forzándose por no dejar ver una sonrisa, tal vez un poco demasiado entusiasta. Mientras el rubio cerraba la distancia que les separaba, Alice tendió una mano sin pensarlo, ofreciendo apoyo si le era necesario, empujada por las palabras del francés en el momento de entrar a la pista de patinaje. Con la mano libre hizo un gesto que pretendía ser un “más o menos”, colocando la mano plana entre ellos e inclinándola levemente a ambos lados. Se fijó entonces en la posición de él, intentando pensar en aquello que ella sabía sobre el patinaje, cualquier pequeña ayuda que pudiera brindarle. Alice flexiona levemente las rodillas, y su mano izquierda bajó a acariciar sus rodillas, ofreciéndole a Gabriel que prestara atención a su posición, con los pies ligeramente abiertos en V, las rodillas flexionadas y así, poco a poco y con la más dulce e inocente de las intenciones, intentó enseñarle lo poco que sabía.

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MensajeTema: Re: Nada sucede por casualidad - Gabriel LeBlanc - (23 de Febrero de 2019)   26th Octubre 2016, 17:25

Menos mal que le había tendido la mano. Gabriel no tenía demasiado sentido del ridículo para estas cosas, cierto, pero siempre preferiría apoyarse en la mano que la chica le había tendido antes que caerse, como iba a hacer con toda seguridad. Se alegraba de estar con alguien que le enseñara... No, mejor dicho. Se alegraba de estar con ella. Asintió, y trató de imitarla. Bien mirado, no era tan difícil como parecía a simple vista... -Vale... Creo que ya estoy.-Sonrió con calidez, agradecido por la ayuda que Alice le brindaba. -¿Quieres que vayamos un poco por allí? Creo que puedo arreglármelas ya.

Mientras se deslizaba sobre la superficie helada, Gabriel empezó a pensar casi sin darse cuenta en un detalle en el que no solía reparar. Normalmente, no se juntaba mucho con personas ajenas a SHIELD, y siempre que lo había hecho la relación había durado poco. Esperaba que esta vez no fuera así. Aunque quizás fuera difícil disimular el hecho de que la entendía gracias a sus poderes... Si se distraía, podía meter la pata, y aunque la inglesa no parecía el tipo de persona que odiaba a los mutantes, nunca era agradable darse cuenta de que te habían estado leyendo la mente sin permiso. Gabriel lo sabía de sobras por experiencia, al fin y al cabo. Solía evitar esas situaciones bloqueando su propio poder, pero Alice le obligaba indirectamente a abrirse. Quizás eso fuera lo que le hacía sentirse tan cómodo a su lado.

Poco a poco, la morena pudo notar cómo su acompañante se iba moviendo con más soltura y velocidad. No faltó algún que otro resbalón, por supuesto, pero podría decirse que lo estaba sobrellevando con la suficiente dignidad como para no parecer un pato mareado. Conforme los minutos pasaban, iban "hablando" cada vez más en su peculiar manera. Ahora no contaban con el móvil de Alice para hacer de intermediario, pero no tardaron en darse cuenta de que no hacía falta. La siguiente vez que Gabriel reparó en el cielo, se encontró con que ya estaba atardeciendo. -Creo que tendríamos que volver... Se nos va a hacer de noche.-Emprendieron el camino de vuelta hacia la orilla del lago, esquivando de vez en cuando a algún otro patinador. El hielo brillaba anaranjado con los últimos rayos de sol, casi como si se hubiera convertido en un espejo que los reflejaba a ellos también. Por el rabillo del ojo, creyó ver que su imagen le sonreía. Sin embargo, cuando volvió la cabeza, todo estaba en su sitio. ¿Cómo no iba a estarlo? Debía de habérselo imaginado. -Por cierto... ¿Quieres que te lleve a casa? No me importa, de verdad.-Preguntó, mientras volvían al puesto donde se alquilaban los patines para devolverlos.

No había querido, así que se despidieron un rato después. -Espero que nos veamos alguna otra vez, Alice.-Dijo, antes de darle un beso en la mejilla. -Cuídate mucho.

Así, Gabriel se dirigió él solo (o al menos, todo lo solos que podían estar ellos) de vuelta al lugar donde había aparcado su moto. Cuando pasó cerca de un banco, sin embargo, se fijó en que había una libreta olvidada en él. Miró hacia los lados antes de cogerla, no había nadie cerca que se la pudiera haber dejado. Y cuál fue su sorpresa cuando, en la primera página, se encontró con el nombre de Alice Dalaeny. Negó ligeramente con la cabeza, sonriendo, y secó con la manga las tapas, que habían resistido bastante bien la humedad. Se pensó por un momento leerlo, pero al final decidió que no lo iba a hacer. Llevaba toda la tarde evitando leer en profundidad sus pensamientos para respetar su intimidad, no tendría sentido que meterse en algo que seguramente también sería privado. Ahora solo tenía que encontrar a Alice de nuevo para devolvérsela. Y, aunque sonara casi imposible, Gabriel presentía que iba volver a verla muy pronto...

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