Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 So sweet, so cold... (Cassandra Cain) 8/2/2019 [+18]

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Gabriel Leblanc
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MensajeTema: So sweet, so cold... (Cassandra Cain) 8/2/2019 [+18]   24th Abril 2016, 01:46

El un toque en el brazo hizo que el profesor saliera bruscamente de sus cavilaciones, tensando todos los músculos de su maltrecho cuerpo y profiriendo un grito ahogado por su garganta ajada por la edad. El ayudante lo miró un segundo, extrañado, y repitió lo que había dicho hacía unos segundos, ya que estaba claro que Edward no le había escuchado. Era un hombre muy viejo, pensó el joven ayudante de laboratorio, cuyo nombre no nos importa. Demasiado. Pero se negaba a retirarse, y trabajaba con un ahínco increíble. Siempre conminando al resto a trabajar más duro con esa voz tan suave que resultaba empalagosa, con esa sonrisa de oreja a oreja. Pero ahora su sonrisa era tensa, sostenía una tranquilidad de cartón piedra. Y el chaval de bata blanca lo sabía. Realmente, todos estaban muy inquietos. Desde hacía más de una semana, cada día iba menos gente a trabajar. El último había sido Johnson. Los perros con los que experimentaba medicamentos en un departamento cercano se habían lanzado sobre él, para después quedarse dormidos pacíficamente, cada uno en su jaula. Con la sangre de su cuidador aún goteando en los colmillos, y las vísceras alfombrando el frío suelo blanco. Y en el collar de uno de ellos, una nota. El ayudante no se había enterado bien de qué ponía en ella, pero tampoco sentía la necesidad de oír más detalles. Cuanto más alejado se encontrara aquel asunto de él, mejor. Sin embargo, las ideas de Edward Rhodes tomaban un rumbo radicalmente distinto. Sabía que era el siguiente. Igual que sabía su nombre, igual que se sabía el padrenuestro. Dios sabía si tendría que utilizar esos conocimientos. Sabía que sólo había sobrevivido un sujeto, después de todo, había certificado la muerte de la mayoría de los otros. El 06. Rubio, ojos rojos, sangre A-. Recordaba cada detalle de él. Como si lo tuviera delante, con ese aspecto de bestia encerrada tras unos barrotes de acero. La primera vez que lo había visto, le había engañado, sí. Parecía hasta tranquilo. Mientras sus compañeros de desesperaban a su alrededor en la celda, él simplemente estaba apoyado en la pared del fondo, con los brazos cruzados. Como su aquello no fuera con él. Y lo cierto era que no iba con él. Con esa mirada insolente, con ese je ne sais quoi como diría él mismo, se mantenía al margen de todo. Tan pronto como llegó a las instalaciones, se dio cuenta de quién mandaba allí, y no era precisamente el doctor Elliot. Al menos durante algún tiempo, Cédric había evitado que nadie pusiera un pie en la celda de los sujetos, al menos mientras él estuviera en pie. La única manera de sacar a cualquier sujeto para hacerle pruebas era sedar antes a Valjean... O intentarlo. Sus colegas estaban aterrorizados, y no era para menos. Acercarse era arriesgarse a sufrir un dolor difícilmente soportable. Nadie había contado con que uno de los objetos de estudio fuera mutante, y estaban pagando su imprudencia. Hasta que llegó él, por supuesto. Un día entero de observación bastó para saber lo que tenía que hacer con él. Desde entonces, se había convertido en su favorito. Y ahora volvía para vengarse...

Su reloj indicaba que ya se había acabado la jornada. Y que probablemente, le quedaba poco tiempo de vida si la policía no era algo más eficaz con él que con sus ocho predecesores en el papel de víctima. Habían redoblado la vigilancia, en su afán de detener a quienquiera que fuera el asesino. Por que él tenía los labios sellados. No podía decir ni una palabra sobre el sujeto 06, o empezarían las preguntas incómodas. Y... ¿Qué hay más irritante que la horda de periodistas que ya estaba metida en el asunto? Una horda aún más grande, metida en un asunto que fácilmente lo podía llevar a la silla eléctrica. Así que sólo restaba esperar la llegada de su criatura, y la intervención de la policía o un enmascarado... Se pasó la lengua por los labios resecos: No le gustaba confiar su suerte a algo tan poco fiable, tan impredecible. Pero también tenía ganas de volver a ver a su chiquillo. Seguro que seguía tan salvaje como el primer día, pensó con nostalgia. Ah, los buenos tiempos...

El anciano salió renqueando ligeramente del edificio. El nombre de Wayne Enterpises decoraba la fachada del moderno rascacielos, aportando aún más luz a la escena. Rhodes se reunió con los policías que lo esperaban para llevarlo de vuelta a su casa en un furgón, bien protegido. Acostumbrados como estaban a que en Gotham sucedieran esta clase de cosas, tenían los ojos bien abiertos para detectar la más mínima señal de alarma. Cualquier tontería podía hacer que algo explotara, o activar una trampa, o llenarlo todo de algún gas. Pero por mucha cautela que tuvieran, no podían verlo todo, y Cédric sí. Cuando el grupo de hombres se subió a los coches, el pequeño pájaro que había posado en la farola de al lado los siguió con la mirada antes de salir volando.

Cédric parpadeó, volviendo su atención a lo que realmente tenía delante. Estaba en una fábrica abandonada, de las que aún quedaban en las afueras de Gotham, a media hora del edificio del que acababa de salir su víctima. Esperando. No había sido difícil sobornar a ese par de policías: Llevaban la palabra "corrupto" escrita en la frente. Como se suele decir, todo el mundo tiene un precio, y el de ese par era ridículamente bajo. Una generosa cantidad de dinero por llevar a un hombre a las afueras de la ciudad, a un edificio concreto. Parecía un encargo sencillo, pero... Cédric había conocido gente lo bastante idiota como para dejar a Rhodes al otro lado de la ciudad por equivocación. Esperaba que estos fueran algo más capaces de lo que parecían a simple vista. El francés se sentó en la silla de metal negro que había en medio de la sala, y paseó la mirada por la misma: Las paredes grises de cemento basto mostraban signos de corrosión, el suelo aún tenía manchas de aceite y otras sustancias desconocidas para el rubio, y aquí y allá se encontraban los enormes tanques y las tuberías que antiguamente habían contenido productos químicos, de los cuales ya sólo quedaban los nombres escritos en los recipientes vacíos. Del techo colgaban aún algunas lámparas, que brillaban con una luz blanca, mortecina. Como los focos de un teatro. La de atrás a la derecha echaba chispas naranjas de vez en cuando, que crepitaban en el aire como mariposas de fuego antes de morir en el charco que las esperaba en el suelo. Fuera, la noche tampoco era mucho más alegre, por lo que contrastaba vivamente con el inmejorable humor de Cédric. Gotham se había cubierto de niebla, tan blanca y tan espesa que recordaba a un sudario puesto sobre los negros huesos de la ciudad. De pronto, un par de luces blancas surgieron de la bruma, acercándose a la puerta que se había dejado abierta. Un ruido de neumáticos seguido del sonido de la conversación que se traían los dos hombres indicó que su paquete había llegado ya. Así que se acercó, les pagó y les dio las gracias por hacerle el favor. Entre los dos, bajaron a Rhodes a empujones, y Cédric hizo que se desmayara y cayera al suelo antes de que dijera nada. Los dos policías se dieron la vuelta para subir al coche de nuevo, guardándose los billetes. Bang, bang. Una bala en la cabeza para cada uno. Cédric lo había visto, lo iban a decir al día siguiente. Ni de los corruptos podía fiarse uno ya. Así que se agachó en el suelo, recogió sendas carteras y se las guardó en un bolsillo de la chaqueta. Sólo entonces se giró hacia donde estaba el profesor. Desmadejado en el suelo, recordaba vagamente a una marioneta a la que alguien hubiera cortado la hilos para dejarla caer sobre el escenario. Parecía tan muerto como los otros dos. Pero no, aún no...

El profesor Edward Rhodes despertó un buen rato después. Al principio, el mareo no le dejó apenas abrir los ojos, pero poco a poco remitió hasta un nivel más soportable. Intentó fijar la vista a través de las gafas rotas por el golpe, y se dio cuenta de que seguía en la fábrica. Eso en un primer momento lo asustó. Intentó soltarse, pero estaba atado a una silla, como comprobó al mirar hacia atrás. La silla de metal en la que se había sentado su captor poco antes. En torno a sus muñecas y sus pies había cables de cobre rígidos, que le impedían moverse y le apretaban sus ya dañadas articulaciones. Eso no le preocupaba demasiado, en relación al menos con su principal problema ahora. Estaba solo. ¿Dónde.... Dónde estaba el 06?

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MensajeTema: Re: So sweet, so cold... (Cassandra Cain) 8/2/2019 [+18]   17th Junio 2016, 19:50

La lluvia cae con fuerza, casi como si fura un presagio. Miro al cielo oscuro de donde viene el agua, el traje es impermeable pero me recuerda la primera vez que pisé Omega, hace ya tanto tiempo cuando me sentía sola, llegando aqui con nada más que el traje que tenía puesto y la esperanza de que la muerte de Alfred y de todo mi mundo no hubiesen sido en vano. Cuando pasaba caminando y oia la cama de Bruce crujir suavemente en las noches de lluvia, me preguntaba por que le temía tanto y me había hecho esa misma pregunta durante años. Ya no tengo la duda, ahora entiendo por que se ponía tan nervioso, y no sé si queria entenderlo, pero lo hago.

El comunicador de mi casco me indica con un suave pitido que tengo comunicación pendiente, me atrapa pensando un momento en Dragoslav, suspiro y me llevo los dedos al boton táctil para recibirla. - Aqui batwoman...- - Acabo de encontrar una pista muy importante, ¿Tienes tiempo de investigarla? - - Claro, ¿Caso? - - George Brown...- Me quedé un momento pensando en ese nombre pero nada me vino a la mente, no teniamos ningún caso de esa persona. - No recuerdo...- -...No tendrías por qué hacerlo, él vivía en Nueva York, pero estuve revisando los periódicos y nuestras bases de datos, cotejando con Oracle y encontré una pista preocupante...- Hizo silencio un momento, había aprendido a comprender los tiempos de este Bruce, cuando dejaba un espacio sin su voz era porque vendría algo importante. - George Brown no es Gothamite, pero formaba parte de una proyecto denominado "Redemption", y no es el único asesinato vinculado a ese proyecto que he encontrado...- - ¿Cuantas victimas? - - Once...- Hizo silencio denuevo, abrí los ojos por la sorpresa. Once cuerpos, once victimas, once vidas que habia silenciado, es demasiado, aún para un asesino. - Es un asesino...en serie...- - Si, estamos lidiando con un demente...- El tono de la conversación se habia vuelto parco, hacía tiempo que no oía de tantos asesinatos por un mismo perpetrador. - ¿Causas...probables...? - - Venganza, imagino que estás pensando lo mismo que yo, el problema es que no hay información sobre el proyecto, salvo porque todas las victimas están vinculadas...- - Y el siguiente...vive aqui...- No era dificil imaginar eso, sino no me contactaría. - Edward Rhodes...- Tecleé en mi guantelete y una pantalla holográfica me mostro su perfil. Cientifico, entrado en años, había trabajado en redemption, y ahora...

-...Wayne Enterprises...- -...estaba bajo custodia policial por sus implicaciones con ese proyecto, Lucius acaba de confirmarmelo...- Me llegaron al guantelete unas coordenadas, seguramente las del vehiculo que lo transportaba. Llamé a la Batcycle y cargué las coordinadas en la computadora remotamente para cuando me subiera. Desplegué el mapa holográfico, solo para chequear su posición. - No...- ya ha comenzado...- El vehiculo...se desvió...hace unos momentos...- - ¿necesitas ayuda? - Sonreí ligeramente, esa diferencia entre los dos Bruce que conocí me agradaba. - No, puedo sola, gracias Batman...- Corté la comunicación y un pitido me indicó que la Batcycle estaba cerca. Tomé carrera y salté sin pensarlo desde la azotea de aquel edificio, precipitandome hacia el pavimento rapidamente pero abriendo mi capa en el momento justo y planeando hacia la motocicleta que avanzaba por aquella calle, ubicandose para poder recibirme en movimiento. Caí suavemente sobre el asiento, llevé mis manos a los manillares y aceleré a fondo, siguiendo las coordenadas que teníamos. Me imagino lo que diría Jim de que tengamos intervenidos sus sistemas de rastreo vehicular. Probablemente se molestaría.

Aceleré a fondo, la señal se habia desviado, pero ahora estaba quieta en un edificio cercano a Wayne Enterprises. Un error hacerlo de esa manera, estaba demasiado cerca del lugar del hecho, haciendo mas sencillo atraparlo. ¿Primera vez? Puede ser, el motivo, la manera de asesinarlos, todo concuerda, no puede ser un profesional, y tiene que cometer algún error, pero este sería muy obvio, tengo que tener cuidado. Cuando alcancé el lugar dejé la motocicleta en un callejón y disparé mi gancho a una azotea para subirme rapidamente y tener vista panorámica del lugar: Una fábrica abandonada, completamente normal, ¿Por que un lugar tan obvio? Miré mi guantelete en pantalla indicaba que la fábrica habia estado abandonada desde hacia tiempo. Me lancé hacia el vacío y abrí mi capa para planear veloz hasta caer suavemente en el techo, caminando en cuclillas y con cuidado de no hacer sonido alguno hasta el borde, buscando una escalera de emergencia a la que pude bajar tras unos minutos. Probé abrirla, pero la puerta estaba cerrada con llave. Moví mi mano repentinamente para que el guantelete me proporcionara automaticamente un batarang y me arrodillé. Había hecho esto una y mil veces, pero cada cerradura es diferente, es un desafío distinto, es...

...lo logré, por suerte era vieja y los mecanismos eran bastante simples. Abrí con cuidado y cerré detrás de mi, asomandome por el barandal. No habia nada apenas algunas manchas y quemaduras en el suelo luces que brillaban intermitentes de a momentos, e inclusive una que chispeaba en perpetuo cortocircuito. Me trepé al barandal y observé el lugar hasta dar con lo único llamativo: Un hombre atado con cables de cobre a una silla, mirando al suelo, resignado. Salté y abri mi capa para caer con suavidad, mi casco escaneó el suelo, nada estaba alterado, no habían trampas, o eso parecía. Me acerqué caminando al hombre lentamente, para que pudiera elevar la vista y verme claramente.

- ¿Rhodes?- Busqué en la pantalla del guantelete la información de las victimas abriendo el expediente de una "Angie". Leí un poco los detalles antes de mostrarle la foto. Asesinada con café envenenado, habia tenido sexo con un hombre rubio antes, no habian señales de violación, habia sido consentido, pero el veneno sugería que quizás la hubiese drogado, también habia dejado dos notas, "Buenos Días" y "Esto es un suicidio, se lo merecían". Cerré el puño que tenía libre con fuerza, ahora sabía dos cosas: Era rubio y era una persona horrible. - ¿La conoces? - Amplié la imagen de Angie y se la mostré. - ¿Es seguro liberarte de las...ataduras? - Necesito saber si las manipuló en alguna forma, el silencio es absoluto, realmente se ha ido, pero no me importa me concentro en obtener información, no tiene sentido pensar en otra cosa de momento. - ¿Quien es el siguiente...? - Quizás lo sepa quizás pueda ayudarme a dar con el asesino. Respiro agitada, me noto tensa, hay algo en estas muertes, en esta cantidad, en este método, que me llena de ira. Tanta frialdad...
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Gabriel Leblanc
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MensajeTema: Re: So sweet, so cold... (Cassandra Cain) 8/2/2019 [+18]   19th Junio 2016, 12:45

El científico notó cómo su debilitado corazón se aceleraba al escuchar el sonido amortiguado de alguien cayendo al suelo, no lejos de él. Y pocos instantes después, el sonido de pasos que se aproximaban, lentamente. Alzó la cabeza y contuvo un grito, al ver la silueta borrosa y oscura ante él. Sin embargo... La figura lo llamó, con una voz femenina y suave que indicaba que se trataba de otra persona. Su visión terminó por aclararse completamente, definiendo la poco tranquilizadora silueta de la mujer. Aunque siempre sería mejor que el joven rubio. -Gracias al cielo...-Susurró, sin fuerzas. Estaba asustado, Cassandra podía leerlo en cada pequeño gesto, en cada mínima inflexión de la voz. Aunque el científico había estado esperando a que un enmascarado lo salvara, cosa que había ocurrido, y por ello estaba algo más tranquilo de lo que debería. La desconocida le puso una pantalla delante de la cara, con la imagen de Angela Prince en ella. ¿Es que no entendía que tenían que irse ya? -Sí, sí... La conocía... Ahora, suéltame...-El científico trató de soltarse por su cuenta, con lo que sólo consiguió hacerse más daño. Los cables, rígidos y cubiertos de óxido, no iban a ceder ante la escasa fuerza del anciano. Se escucharon pasos, cuyo origen parecía situarse al otro lado de una puerta entreabierta que había al fondo. Si Rhodes hubiera estado consciente todo ese rato, sabría que se trataba de la puerta que daba al garaje en el que estaba el furgón de la policía y sus dos difuntos ocupantes. Pero no necesitaba haber visto nada para saber quien se acercaba antes de verlo. Cédric había detectado a la intrusa tan pronto como había entrado por el techo, y ahora estaba de brazos cruzados, apoyado sobre un hombro en el desvencijado umbral, con toda la tranquilidad del mundo. -Oh, vaya... Buenas noches, señorita.-Descruzó los brazos, y se acercó a ellos, despacio. A medida que caminaba, los sentidos de Cassandra se iban embotando cada vez más, como si un sueño repentino la invadiera. Su respiración se hizo más lenta, y sus músculos se relajaron, a pesar de que sabía que tenía que moverse... -La verdad, no esperaba visitas a estas horas... Pero qué se le va a hacer. -Batwoman se desplomó cuando el francés ya estaba casi a su lado. Cédric se arrodilló a su lado, observando las formas de su traje antes de cogerla en brazos y levantarse. Le había costado un poco más de lo normal dormirla, se había resistido, dejándole una ligera molestia en la cabeza. Pocas veces le había pasado. -¿La has llamado tú? Ya sabes que no me gusta que me interrumpan.-Comentó, como quien no quiere la cosa, mientras depositaba a la mujer en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared. No tardó mucho en atarla con los brazos bien separados a dos tuberías diferentes, usando las esposas que había quitado a los dos policías muertos. Así, podría ver bien cualquier movimiento que hiciera, si es que se despertaba. Aunque, a decir verdad, no dio mucha importancia a la heroína: Quizás su orgullo le hacía infravalorarla... Y quizás se arrepintiera de eso más adelante.

Volvió al centro del recinto tan pronto como acabó, jugueteando con algo que se acababa de sacar de la manga. Rhodes lo miró, confundido: Tardó un poco en darse cuenta de que ese pequeño objeto de color plateado era un bisturí. -Te veo muy callado, viejo amigo...-Susurró el asesino, con una sonrisa feroz en la boca. -¡¿Qué vas a...?! -Rhodes se tensó instintivamente e intentó mover la silla hacia atrás, sin éxito. -¡No...!-Su voz sonaba estridente, agudizada por los nervios. Ahora, con su única esperanza dormida y atada en un rincón, la escasa calma que aún conservaba se hacía cada vez más débil, hasta desaparecer por completo. -Ssssh... No grites, vas a despertarla...-Susurró Cédric, sentándose sobre el regazo del anciano, ignorando sus quejidos. -Además... Me parece muy injusto que sólo hables con la chica murciélago, y no conmigo...

Efectivamente, Cassandra se despertó poco después, con un grito inhumano resonando en sus oídos. Tan fuerte, que podría haber quebrado con facilidad las ventanas del recinto, de haber quedado alguna con cristales. Era esa clase de sonido que helaba la sangre en las venas, y fue seguido de un ruido húmedo, de los que hacen querer vomitar. Una cosa había caído al suelo, a pocos metros de los dos hombres en la silla. Si Cassandra se fijaba bien, vería que se trataba de una lengua humana, aún sangrante.

Cédric mentiría si dijera que no lo estaba disfrutando. Delante suyo, tenía al hijo de perra que había destrozado a sus amigos y le había torturado a placer. De sus labios apergaminados brotaban torrentes de sangre, y sus ojos turbios se inundaban de lágrimas de dolor. Su respiración agitada y entrecortada, jadeante, sonaba como música para sus oídos. Se levantó de encima suyo, después de limpiar la hoja del bisturí en la chaqueta de Rhodes. Se quedó observándolo, como un pintor miraría su obra, pensando cómo continuar. -Bien, muy bien... ¿Por dónde íbamos?

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MensajeTema: Re: So sweet, so cold... (Cassandra Cain) 8/2/2019 [+18]   4th Julio 2016, 05:56

Me di la vuelta en cuanto oí la voz de aquel hombre. Había un frio en su mirada y una confianza en su movimiento que me dejaron azorada por un instante. Había visto confianza ciega, pero no, él sabia quien era caramente lo hacia, y aun asi, estaba caminando tranquilo hacia mi. Me giré para caminar hacia él, confrontarlo con calma antes de la tormenta que seguramente seria este encuentro con un ser tan terrible, pero a medida que daba esos pasos, sentía como si la energia me abandonase, como si el sueño me abrazara luego de una noche larga de saltar por los tejados. - Quien...- Tambaleé, pero me mantuv en pie, ¿Seria...? Ah no puedo pensar, nada es claro, trato de mantener abiertos los ojos. -...eres...tú...- Trato de resistirme a lo que sea que se esté apoderando de mi, pero para cuando mis rodillas tocan el suelo frio, las siento ajenas completamente a mi, como todo aquello sucediera en la distancia. Hace frio, pero la calidez del embotamiento puede conmigo, y caigo en la oscuridad, abandonandome completamente...

...un grito me devuelve a la vigilia. No me muevo, he aprendido de sobra a no moverme si despierto en mi traje, y sin levantar la mirada remuevo muy sutilmente mis manos. Estan esposadas, lo imaginaba, pero no es un planeador infalible, solamente meticuloso. Cuando deslizo una garra en el mecanismo, me doy cuenta de que son esposas comunes y corrientes. Alzo poco a poco la mirada a medida que noto los pernos internos cediendo, tratando de evaluar la situación, y tengo que contenerme de perder la concentración cuando veo la lengua ensangrentada rodando por el suelo. El mecanismo se abre caigo en la cuenta: Acaba de silenciar al unico que podía darme algún dato una pista que seguir, y si no actuo, va a matarlo, lenta, deliberadamente. Giro sobre mi espalda agilmente, poniendome de pie al mismo tiempo que con un latigazo de mi brazo derecho disparo un batarang directamente a su rostro, aprovechandome del instante en que el oscuro proyectil corta su mejilla superficialmente para correr hacia él y, en su distracción momentánea, tomarlo por los hombros y hundir mi rodilla con fuerza en su estómago. Apenas trata de defenderse, pero aun con la fatiga que todavía me aquejaba, puedo desviar un golpe y asestarle un Puño de Dragón, con mi dedo medio fuertemente flexionado sobre su mismo en una punta que impacta de lleno en su nariz, desorientandolo lo suficiente para que caiga al suelo y pueda quedar sobre él mis piernas abiertas sobre su pelvis, mis manos aferrando su camiseta, el bisturí rueda por el suelo con un tétrico sonido metálico.

- Quien...eres...- Susurro, con mi voz distorsionada por el casco, deliberadamente parecida a una criatura de la noche. - ¿Por que haces...esto? - Mi agarre es firme, no doy lugar a dudas, le haré sufrir si intenta algo, especialmente si vuelve a tratar de embotarme como lo habia hecho hacia unos minutos. Tenía que ser él, no habia manera, pero estoy tranquila, calmada, en control de la situación, la lengua de Rhodes es algo que no podría haber evitado, pero sí me asegurare de que siga con vida, solo necesito algunas respuestas antes. - George Brown, once victimas...- Mi voz dejó salir parte del veneno que se había estado acumulando dentro mio desde que habia oido los macabros datos que figuraban en nuestras bases de datos. - Quiero saber...por que...- En definitiva lo tenía a mi merced, estaría en Blackgate dentro de apenas unas horas tiene sentido que al menos intente averiguar su motivación. - Tu...nombre...- Musité para rematar, acercando el visor de mi casco amenazadoramente a sus ojos, hablandole con ese mismo tono frio y distorsionado por la tecnologia, como si no tuviese alma.
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MensajeTema: Re: So sweet, so cold... (Cassandra Cain) 8/2/2019 [+18]   14th Julio 2016, 15:34

Hay una sensación que pocas personas en el mundo han sentido jamás. El placer de saberse causante del dolor de otros. Algo tan simple, tan natural. Tan bello. Quizás esta escasez  se debía al miedo a que realmente a la gente les gustara al probarla, o por simple temor a que esto hiciera que otros les odiaran por ello. Realmente, no importaba la causa. Cédric no tenía miedo a nada ni a nadie. Por eso era de los pocos que se distinguían del resto de las personas. La gente. Ese rebaño gris e informe de criaturas de usar y tirar, tan reemplazables y carentes de interés como tornillos y tuercas en un engranaje gigantesco. Tan aburridos. El francés siguió hablando, adoraba el sonido de su propia voz. -Ah, es verdad...-Con un movimiento casi casual, dio una patada a la silla en la que el profesor estaba atado, tirándola de lado sobre un charco de agua hedionda, algo profundo. Un sonido metálico y penetrante acompañó al gemido inarticulado de dolor del anciano y el chapoteo de su caída. -Iba a fundirte el cerebro hasta que me dijeras como curarme.... Casi me olvido. -Cédric se puso de cuclillas junto a él, inclinando la cabeza ligeramente para verle bien. Con las gafas torcidas y rotas, la boca llena de sangre y los ojos desorbitados, apenas parecía ya él mismo. Le sonrió y le acarició la mejilla, con ternura. Lloraba de dolor y miedo. El hombre más joven se llevó dos dedos a los labios, para beberse esas lágrimas.-Vamos, no estés triste... Si eres bueno, no dolerá.-Era mentira, y Edward Rhodes lo sabía. Conocía de sobras esa crueldad disfrazada de ternura que el 06 mostraba indistintamente a amigos y enemigos, con consecuencias a menudo desastrosas. Aunque nunca para él. De pronto, un objeto de color oscuro pasó junto a la cara del psíquico, cortando el aire. Cédric reaccionó con rapidez, incorporándose al tiempo que llevaba su mano izquierda al corte, mientras sostenía en su diestra el bisturí. -¿Pero qué...?-La murciélaga se había soltado, cómo no. Y aunque no podía verle la cara al otro lado del visor negro, se podía adivinar que no estaba nada contenta. El agarre a sus hombros fue seguido de un rodillazo dirigido al estómago. La chica no pegaba mal, se dijo él. "-Pero yo encajo los golpes mejor."-La única cosa que podía agradecerle al hijo de perra que ahora gemía y sangraba como el cerdo que era en el suelo era, precisamente, esa insensibilidad al dolor. Podían hacerle daño, sí... Pero, ¿de qué servía, si él no lo notaba apenas? Tenía demasiada práctica. El golpe lo echó algo hacia atrás, más por inercia que por que él quisiera retroceder. Aprovechó el impulso para tratar de asestar una patada baja a la heroína, quien la esquivó. Joder. ¿Por qué siempre en la cara? Fue lo único en lo que Cédric se le ocurrió pensar a continuación. Y encima, en la nariz. Como se la hubiera roto... De hecho, aquel asunto dejaba otros como una preocupación menor, en comparación. Se cayó al suelo, y Batwoman se apresuró en acompañarle. La verdad es que, visto desde el ángulo desde el que veía la situación Cédric, la cosa no estaba nada mal. Quizás un poco plana para su gusto, pero las superheroínas solían ser guapas.

-Podría preguntarte lo mismo, preciosa. De hecho, podría preguntarte exactamente lo mismo a todas y cada una de las cosas que me has dicho...-No parecía tenso, de hecho. Cassandra podía notarlo perfectamente relajado bajo ella, lo cual no dejaba de resultar inquietante. Para él, la situación no era peligrosa, no era digna de alarma. Sólo un juego. -Yo soy yo. Y hago esto por que quiero. ¿Por qué si no?-En sus labios se dibujó una sonrisa amable, como la del adulto que explica algo obvio a un niño que no lo pilla. De fondo, se escuchó un nuevo intento del profesor por liberarse. El asfalto del suelo estaba frío, polvoriento y áspero contra la espalda del francés, aunque este no le prestara atención.

En peores sitios había dormido. No, ahora estaba mucho más interesado por otras cosas. Concretamente, por la mujer que había tenido la mala suerte de pensar que ponerse encima suyo había sido buena idea. Ah, como le gustaban las incautas. Podría haberla vuelto a dormir, pero eso no habría tenido gracia, o eso contaría el telépata más adelante. Quién sabía. -Está bien, está bien... Veo que quieres los detalles.-Si hay algo que no debes hacer jamás ante alguien como el rubio, es mirarle a los ojos. No es por eso que dicen de que no hay que sostener la mirada a los locos. Eso es una locura, ¿no? Además, Cédric estaba perfectamente cuerdo. Quizás demasiado. Pero esa no es la cuestión.

¿Alguna vez os han dicho que los ojos son el espejo del alma? Seguro que sí, eso lo sabe todo el mundo. Es mentira. Los ojos rojos de Cassandra no eran un espejo para Cédric, a pesar de ser parecidos a los suyos propios. No, eran un puente, un camino. Una puerta hasta su mente. Abierta de par en par, sólo para él. ¿Cómo podía rechazar tal ofrecimiento, cuando Cassandra tenía tanto dolor dentro en el que Cédric podía regodearse? -Soy Cédric Valjean, a mi servicio.-Entró dentro de su cabeza, y se puso cómodo. Un lugar extraño lo acogió, en el centro de un enjambre de recuerdos, movimientos y palabras. Aún así, no era tan confusa como la mente de Cloe. Dedicó un breve pensamiento a la morena, tenía ganas de verla de nuevo. Habría resucitado ya, seguramente.

La herida de su mejilla lloraba sangre caliente y amarga, que sin embargo palidecía al lado de los ojos del mutante, invadidos de un brillo febril e hipnótico. -Y los maté, por que ellos me mataron antes a mí. ¿Es lo justo, verdad?-Un castigo diferente, para actos diferentes. Dolor para los monstruos, el amor más profundo para los ángeles. Y la agonía para Rhodes.

O eso era lo que pensaba Cédric acerca de sí mismo. Desconocía (o ignoraba deliberadamente) su mayor defecto. Era insaciable. Una vez acabara con todos los responsables de su cambio, no estaría tranquilo. Nunca habría demasiada sangre en sus manos. Ni siquiera suficiente. Nunca habría demasiados gritos de desesperación en sus oídos, su sed de lágrimas no cesaría con las de aquel anciano. Podría haberse limitado a dormir a Cassandra, levantarse, cortar la garganta del profesor e irse. Desaparecer sin más. Podría. Pero no lo hizo. No, cuando ya la tenía en sus redes.

Batwoman notó una ligera molestia en su cabeza, a la altura de la sien. Y justo a continuación, un apasionado beso en los labios. El criminal no se había movido ni un centímetro, seguía llevando puesto el visor que cubría toda su cara. Y sin embargo... Había perdido el aliento. La sensación era tan realista como inesperada, no tenía nada que ver con la situación. Una caricia dada por una mano invisible descendió por su espalda, dejando a su paso un rastro de fuego. No se parecía a nada que Cassandra hubiera experimentado antes, por que no había droga, suceso o persona capaz de provocar aquello. Ni siquiera Drago.-Te veo un poco... Incómoda. ¿Todo bien?-No, no lo estaba. No con alguien jugando con la parte de su cerebro encargada del placer.

Rhodes hubiera querido gritar, si hubiera tenido fuerzas. O lengua. Podía imaginarse lo que Valjean se traía entre manos... Había leído los periódicos, había visto la fotografía de Angie. No podía dejar de pensar en ella, y en todos y cada uno de los demás. El profesor nunca había creído en Dios sinceramente. Pero en aquel momento rezó para que la mujer de negro no cediera como lo habían hecho aquellas once personas antes que ella.

La sensación de agravaba por momentos. Virulenta como una enfermedad, se propagaba a lo largo del cuerpo de la mujer, minando su voluntad lenta pero inexorablemente. Cuando el agarre de su mano sobre la camiseta de Cédric se aflojó lo suficiente, este último se incorporó hasta quedar sentado con un movimiento lento y tranquilo. No tenía nada de lo que preocuparse.

-Creo que hemos empezado mal...-Cédric ahora sonreía amigablemente. Se quitó con el dorso de la mano unas gotas de sangre que insistían en rodar por su mejilla, despreocupado. -¿Por qué no empiezas diciéndome tu nombre?

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Última edición por Cédric Valjean el 7th Agosto 2016, 12:54, editado 3 veces
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MensajeTema: Re: So sweet, so cold... (Cassandra Cain) 8/2/2019 [+18]   27th Julio 2016, 08:23

Una vez, hace mucho tiempo, Joker habia convertido a todos los criminales de Blackgate en dementes desquiciados, él lo llamaba "Jokerificar". Había tenido que combatir con Shadow Thief, que intentó matarme con una técnica secreta que solo él conocia, sin saber que con solo verla, podría imitarla. No sabía que era mortal para quien la recibiera, y cayó al suelo con el corazón detenido, los pulmones vacios, me arrojé a su lado, llorando implorando que no fuese asi como acabaria mi tiempo como Batgirl, habia pensado cosas terribles, y cuando Stephanie llegó y le hizo resucitación para salvarle la vida, no cabia en mi misma de alivio. Habia cometido un error por apresurarme, por no pensar, un error que nunca más creí que cometería, hoy me doy cuenta de que estoy en un error. - Estoy bien...pero tú no lo est...- Mi voz murió, volviendose un hilo hasta perderse. Me besan, primero con dulzura, luego con intensidad, mis labios se amoldan a unos que me doy cuenta no existen cuando miro hacia arriba y al frente. Vuelvo a mirarlo, mago o psiquico, tengo que dejarlo inconsciente, pero una mano vuelve a levantarme la mirada con una caricia, y se siente cálida, real, tanto como la de Dragoslav cuando me acaricia mientras me besa, pero no puede ser real, que sea mago o psiquico no significa que pueda...tengo que...

- Ah...- Exhalo con fuerza, en un largo suspiro que deja escapar un leve gemido, y lo que habia sido un beso, una caricia y una molestia en la sien se convierten en fuego, bajando por mi espalda, haciendo que me arquee hacia atrás, efusiva, sincera. Es real, tiene que serlo, es como si un dedo indice me recorriese la espalda y la encendiese en llamas imposibles de apagar, era extremo, no como las caricias dulces de Drago, era crudo, intoxicante, inevitable. - ¡Ah...! - Un quejido mezclado con gemido, el placer me invade de una forma horrible, pero también deliciosa, son dos palabras que nunca deberian estar juntas, pero que ahora lo están mas que nunca. No puedo concentrarme, solo arquearme hacia atrás y hacia adelante, apenas puedo mantenerlo sometido, y repentinamente, está sentado, con calma, mirandome aun con esos ojos penetrantes, rabiosos, completamente enfocados en mi. - Que...me estás...ah...- Suspiro y gimo suavemente, estoy completamente perdida en la sensación, y puedo moverme, pero todo se me hace neblinoso, como cuando me uní a mi amado aquella anoche después de discutir, pero de una forma que me llena de temor, no hay confianza, no hay cariño ni entrega, me siento vulnerable, pero esta vez también sé que me vulnerará si se lo permito. - No...Cédric...no...lo es...ungh...- Trato de contener los gemidos, pero mis manos ahora están tomando con suavidad sus hombros, es un trance terrible del que no puedo escaparme, tiene que ser psiquico, pero es tan real que me cuesta incluso enfocarme en que ahora conozco su nombre. Y en cuanto a nombres, ahora quiere el mio, y deberia darselo, porque él me está dando placer, me está haciendo sentir plenamente como una mujer, deberia...deberia...no...no...

- ¡Bas...ta...! - Lo empujo con todas mis fuerzas para que caiga sobre sus codos y yo pueda arrojarme al suelo y arrastrarme lejos suyo, pero no consigo levantarme al primer momento, me arrastro, me arqueo una vez mas, suspiro y mi mano enfundada de metal se desliza por uno de mis muslos, rumbo a algo que está destinado a no ser cuando cierro mis dedos en un puño y me concentro todo lo que puedo en resistir lo que me pasa. No va a derrotarme asi, no va a denigrarme, a violarme en lo mas intimo que tengo, en mi mente. Me giro y me pongo trabajosamente de pie, dandome la vuelta para verlo. Puedo reunir la resistencia para no caer completamente en su poder, para erguirme y alzar mis puños para defenderme si me ataca, pero no puedo resistirme del todo, si solo pudiera...- Mi nombre...ah...- ...no...no se lo digas,  tienes que ser fuerte, tienes que...-...mi nombre es...- Me llevo las manos a la cabeza, camino hacia atras, trastabillando, pero en mi confusión, en el placer que me está embargando, hay dos cosas, dos cosas fundamentales, que logro hacer: Presionar el sector táctil de mi casco que envia la señal de auxilio...-....Kasumi...-...y mentirle acerca de mi nombre. Si no lo dijo, no puede verlo, y aunque no pueda pelear mas que para sobrevivir, al menos puedo proteger lo poco que es esencial, lo poco que realmente podria destruirme si lo digo. - Alejate...ahn...- Me llevo una mano al vientre casi por instinto, el placer es exagerado, solo puedo caminar alejandome de él lo mas posible, los quejidos ya son gemidos a estas alturas, reunir toda la fortaleza mental que me queda me impide resistirme a lo que me está haciendo. No es real, pero no puedo no entregarme, no deslizarme poco a poco en este pozo sin fondo al que me lleva dulcemente. No voy a morir, me niego, no asi, no pateticamente, no ahora, por favor, Bruce, Carrie...
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MensajeTema: Re: So sweet, so cold... (Cassandra Cain) 8/2/2019 [+18]   16th Septiembre 2016, 00:59

Cédric se dejó empujar hacia atrás, con una sonrisa complacida en la cara. La mujer había perdido gran parte de su fuerza en un instante, que ahora apenas le alcanzaba para apartarlo un poco. Un gesto inútil, por otra parte. Cédric se incorporó, sacudiéndose despreocupadamente el polvo de la chaqueta, y caminó hasta donde había logrado arrastrarse con el paso tranquilo de quien tiene toda la noche para alcanzarla. De hecho... La dejó levantarse, recreándose en su debilidad. Era tan dulce ver a una cazadora convertida en presa... Batwoman levantó sus puños, aunque ambos sabían que no iba a ser capaz de dar un golpe digno de ese nombre. Él se limitó a avanzar, dejando que ella le siguiera el juego al retroceder. Pronto, llegarían a la pared, y ya no tendría a dónde escapar. "-Eso si aguanta hasta entonces."-Se dijo, con sorna, mientras redoblaba su influencia sobre la ya debilitada psique de su víctima, que empezaba a tener incluso problemas para respirar con comodidad. -Así que Kasumi... Es un nombre bonito.-Kasumi... Qué apropiado. Cédric no lo sabía, pero esta palabra en japonés significa "neblina". Niebla, como la que ahora invadía el razonamiento y los sentidos de Cassandra, dejándola a solas con sus ojos y su voz, atrapada dentro de un cuerpo que ya no le obedecía apenas. Aunque la mujer detuvo su mano a tiempo, cerrándola en un puño, Cédric se encargó de que la sensación llegara de todos modos a su sistema nervioso.

Sin embargo, algo de todo aquello le chocaba. Si hubiera estado menos concentrado en mantenerla en ese estado de indefensión, posiblemente se habría dado cuenta de que mentía. Sin embargo, ahora sólo podía contar con esa intuición informe. Las manos del mutante se cerraron en torno a sus muñecas, con el cariño de un padre que detiene a su hija cuando se pone a jugar con fuego. El gesto sería el mismo, si Cassandra no tuviera el fuego dentro y Cédric le acabara de echar gasolina. Ella notó su contacto, convertido en caricia, como si no llevara guantes. En lo que a Cédric respectaba, no había kevlar suficiente en el mundo para protegerla de él. Si Cassandra trataba de soltarse, no tardaría en darse cuenta de que, simplemente, no podía. El asesino en serie la retenía con la firmeza de unos grilletes de acero, obligándola a permanecer a su lado. Aunque, para horror de la morena, esto era cada vez menos una obligación y más un deseo que nacía de ella. En algún rincón de su cabeza, una vocecilla que se hacía pasar por su conciencia le susurró "¿Realmente vale la pena luchar?". Bien pensado... Aquello no era tan malo. Nunca se había sentido tan bien... ¿De verdad quería que Cédric parase?

Mientras estos pensamientos inundaban la cabeza de Cassandra, Cédric tenía otras ideas en mente. Cassandra empezaba a gustarle. O mejor dicho, le gustaba lo que había dentro de Cassandra. Aunque no comprendía sus primeros recuerdos, codificados en movimientos en lugar de palabras; el resto sí que podían ser leídos con total claridad. Y de hecho, quizás fue eso lo que inspiró al francés. Deslizó una mano de la muñeca de Cassandra hasta su cintura, acercándola a él se manera que sus cuerpos encajaran. Cassandra en ese momento quizás escuchara una risa baja, divertida, o quizás los latidos de su propio corazón desbocado le impidieran oírla. -Mírame...-Le susurró al oído, con esa voz hipnótica que podría enloquecer a cualquiera, que sonaba como un ruego pero no dejaba de ser una orden en realidad. Cassandra quizá se resistiera, pero no pudo evitar alzar la vista, obligada en parte por la otra mano de Cédric. Y tan pronto como sus miradas se unieron, Cédric comenzó a trabajar. Con el entusiasmo de un artista inspirado, empezó a tejer, provocando un placer y un dolor indescriptibles a Cassandra. En realidad, sólo en ese momento Cédric estaba revelando parte de su propio ser. El tormento y el éxtasis, convertidos en la misma cosa. Y Cassandra no lo sabía, pero... No sólo  se lo estaba mostrando.

No, estaba plantándolo en su interior, como una semilla que algún día germinaría. Estaba buscando todas las grietas que podía en su mente, para llenarlas con fragmentos de locura. Al tiempo que sus manos acariciaban el cuerpo de Cassandra, él hacía lo propio con su subconsciente, moldeándolo hasta convertirlo en algo... Diferente. Monstruoso. Nada más y nada menos que un reflejo del de Cédric. Ocupado como estaba, ni siquiera se dió cuenta de que la compañera de Batman había pulsado el sensor que traería allí al resto de la familia para que la rescatara. Si quedaba algo de Cassandra que rescatar, claro. Poco a poco, fue deformando parte de su mente, hasta transformarla en un monumento a sí mismo, enterrado bajo una fina capa de consciencia racional que se desvanecería en el peor momento. Y después de eso... Poco quedaría de la compañera de Bruce, o de la novia de Drago. Tan sólo quedaría un cúmulo de rabia, sufrimiento y deseo insaciable. La mujer perfecta para él, tal y como la había estado queriendo desde hace tiempo. Y Cédric siempre conseguía lo que quería.

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MensajeTema: Re: So sweet, so cold... (Cassandra Cain) 8/2/2019 [+18]   10th Diciembre 2016, 08:02

Mi cuerpo se pega al suyo. Soy poco más que una muñeca de trapo en sus manos, doy unos pocos débiles golpes contra su pecho, pero cuando me pide que lo mire, su mano se vuelve irrelevante, porque alzo la vista obediente, enamorada de sus ojos, asqueada por ese sentimiento que sentía como injertado en mi pecho sin compasión alguna. Sus ojos son hermosos, él es hermoso, y horrible, y lo amo con todo mi corazón, y lo odio tanto que podría matarlo, esto que siento es maravilloso, es terrible, es...lo único que puedo sentir. Creía que ya no podía hacerme nada más, pero es allí cuando veo algo, entre la realidad y la pesadilla, y sus ojos se vuelven del color de la noche, y todo él, y estoy pegada a la oscuridad. - Ah...Cedric...ah...¡¡¡Ahhhhhhh!!! - Es un estallido de dolor, y un gemido, y un millón de otros sonidos, pero solamente uno, mezcla de todos ellos, es lo que mana de mis labios mientras me aferro a unos hombros que no puedo ver entre la oscuridad, mi cuerpo brilla contra ella, recortándose, y me agito, violenta, contra él, o contra lo que creo que es mi adorado torturador, porque solo me veo a mi misma, brillante, desnuda completamente, contorsionándome, hasta que el sustento de esa figura se desvanece completamente, se asimila a la negrura, y caigo a un suelo que no existe, arqueándome con violencia, abriendo las piernas y a la vez abrazándome el abdomen, porque tanto el dolor como el placer me estaban desgarrando a partes iguales.



- ¿Realmente vale la pena luchar? -



- No...- Niego, y en ese mundo de oscuridad, por fin puedo hablar, como si fuese perfectamente compatible con gemir y llorar salvajemente, como si hubieran dos Cassandras en una. Tengo que negarme, tengo que resistirme, está tratando de destruirme, me toma con amor y me destruye porque me ama, ¿No es así? ¿No es esa su forma de quererme? Dojos en castillos, paredes de armas, la Batcave, mi habitación, la mansión X, todas se forman a mi alrededor y se descomponen en pedazos al instante siguiente, y Bruce me mira junto a Caroline, y Drago me susurra palabras que se vuelven ininteligibles cuando Alfred se suma y todos comienzan a girar violentamente, tanto, que sus voces se mezclan en un balbuceo incoherente, y yo, patética y obediente, por amor a Cedric, me arqueo frente a ellos, y me aferro a mi abdomen, mostrándoles mi placer y negándoles mi dolor, dejándome llevar por ese estado febril cargado de emociones que me causa, Me apoyo en mis plantas de los pies y me arqueo todavía más, él me ama, y como lo hace, me da tanto placer que no necesito tocarme, me permite generosamente aferrarme a mi abdomen para que el placer no me destruya por dentro, no puedo hacer nada por el resto de mi cuerpo que arde, que siente un dolor imposible de describir con palabras, pero las palabras no importan, soy suya, y lo que tengo que hacer son dos cosas: Mostrarle mi placer a la masa informe de personas que giran hasta desvanecerse junto con los trozos de mis recuerdos y contestar una pregunta, una simple pregunta, ¿Cual era...?



- ¿Realmente vale la pena luchar? -



- No...no lo vale...- Mis propios gemidos y gritos llegan desde lejos, como detrás de un velo, ahora mi voz es clara, y abro los ojos, y oigo esa voz, su voz, no puedo verlo, pero sé que está ahi, mirándome con sus ojos repletos de amor por mí, del único amor que he conocido y que voy a conocer, porque soy suya. - Tómame, hazme tuya...- Pero lloro cuando digo eso, ¿Por qué? No importa, la respuesta llega a mí sin que tenga que pensar nada: Soy sucia, no soy lo que él quiere, lo que él necesita, este cuerpo pálido es poca cosa para alguien tan hermoso, tan dulce y generoso conmigo, y si lo amo de verdad, tengo que cambiar. A decir verdad, estaba asustada, porque no haber sido suficiente para él habría sido lo peor de mi vida, pero me alivia, de verdad quiero llorar solo del alivio que me provoca que haya una manera de poder ser suya, esas son mis lágrimas, no sé por qué estoy pensando que podrían ser de dolor o angustia, son de alivio, al fin... -...Hazlo, sé lo que quieres, por favor, no me dejes sin ti...- Ni siquiera me cuesta hablar a estas alturas, el silencio es toda mi respuesta, hasta que me arqueo casi como si un brazo pasara por debajo mío, y me inunda un placer absoluto, hermoso, solo me abro de brazos, como abrazando lo que vendrá, mientras que mi piel se reseca, y motas oscuras comienzan a aflorar, y sonrío entre el dolor, y alzo mi mano derecha cuando comienzo a sentir el cambio, pero él está ahi aunque no pueda verlo, y me evita el dolor cuando mi mano se desgarra violentamente y un brazo terminado en afiladas garras oscuras es todo lo que hay frente a mí, mi antigua piel desgajada como un envoltorio de papel. Siento lo mismo en mi otro brazo, lo miro, y mis piernas, por fin, por fin voy a poder ser digna de él, y voy a traerle el corazón de sus enemigos, y haremos el amor sobre los cadáveres de quienes lo ofendan, no habrá otra, yo voy a ser suya, su elegida, su mascota, su...



Tac

Tac

Tac

Tac



- ¡Ahhh! - Me levanto como propulsada por un resorte, gotas de agua caídas del techo en mi frente, dos manos me retienen por los hombros con cariño. Mi cabeza es un caos, y me duele horriblemente, mi visor está abierto, todo es borroso. - ¡Jefe! ¡Ha despertado! - Enfoco la mirada y veo a Carrie frente a mi, su rostro pasando rápidamente del susto al alivio. Una figura oscura se acerca, arrastrando un cuerpo que deja en el suelo, inconsciente, Bruce me ayuda a levantarme, mirándome a los ojos, está preocupado.

- Recibimos la señal de auxilio y vinimos cuanto antes...¿Qué ocurrió? - Lo miré, y a ella, y al hombre inconsciente que ahora estaba esposando. - El...- Ese hombre, el del cabello rubio...¿Cuál era su nombre? - ¿Quién es? - - Si lo supieras, nos ahorrarías un problema, porque no trae ningún ID encima...- Me separo de Bruce y me yergo cuanto puedo, el cuerpo me arde, pero a decir verdad, no recuerdo nada. - Estaba siguiéndolo, porque...lo ví arrastrando a ese hombre a una van...- El recuerdo llegó a mí de inmediato, estaba recuperando la memoria sobre lo sucedido. - Vine hasta aquí porque imaginé...no...- Ahora todo había regresado a mi mente. Miré a Bruce a los ojos. - Es Edward Rhodes...este...hombre quería...asesinarlo...traté de detenerlo, pero...- ...Me hizo algo, algo importante, algo fuerte, algo...¿Además de este dolor que siento en mis músculos? -...me atacó, es...metahumano...capaz de infligir...dolor psíquicamente...- Sí, eso era, y había sido víctima de un ataque psíquico que me había causado un colapso por el dolor, la mirada de Bruce tenía un remoto destello de terror. - ¿Sientes algo además de dolor físico? - Negué con determinación todo lo que mi adolorido cuello me permitía.

- Quizás quería matarla, suerte que llegamos justo a tiempo...- Miré a Carrie, pero ella se dio cuenta de lo que iba a preguntarle antes de que dijera nada. - Te tenía tomada por los hombros, disparé con mi resortera para darle en la cabeza y distraerlo, fue cosa de un segundo para que el jefe le saltase encima y lo mandara a ver los murciélagos...- Bruce asintió, poniendo su mano con cuidado en mi brazo. - Tuvimos suerte de llegar, probablemente sostener la conexión le habría permitido matarte, colapsaste justo cuando el proyectil de Robin interrumpió la conexión...- - Yup, te miraba como si fuese a comerte...todo un psycho de manual, si me lo preguntas...- Se acercó a mí y me regaló una sonrisa, tomando mi guantelete entre sus manos y palmeándolo suavemente. - Rhodes está vivo, seguramente quería terminar el trabajo en la intimidad, primero ibas tú, solamente luego él...- Miré a Rhodes, también inconsciente, asentí, todo tenía perfecto sentido. - Si ustedes...no hubiesen llegado..a tiempo...-- Pff, no pienses en eso, Batman y Robin siempre llegan a tiempo...- Los miré a ambos y sonreí suavemente, cerrando el visor de mi casco.

- Yo...--...iras a la casa a recostarte y recuperarte del estrés muscular, ha sido suficiente por esta noche...- Hice silencio un momento, y quizás en otra situación habría discutido con él, pero era cierto que no me sentía capaz de nada en este momento, el cuerpo me dolía como si estuviese completamente acalambrado. - Robin, acompáñala al Batmobile y pon curso a la Batcave, mientras la lleva, nosotros llevaremos a esta basura a Arkham y a Rhodes al GCPD para que registren el incidente y lo lleven a su casa...- La pelirroja asintió y me tendió la mano, que yo le dí con cariño, asintiéndole a Batman en despedida y retirándome con ella de aquel lúgubre lugar.

Quiero llegar a casa y llamar a Dragoslav, es una buena oportunidad para compartir mi semana con él, es temprano en la noche aún, hacer algo que hable de vida luego de haber estado a punto de morir. Suerte que solamente fue dolor, si hubiera sido algo más...no importa, estoy bien...

...¿Verdad?
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