Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]

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Planaria Glámez
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MensajeTema: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   18th Mayo 2014, 15:46

- ¡Chicos, hora de dormir! Venga, id apagando las luces y todos a los cuartos.- las monjas iban acompañando a los pequeños chicos a sus habitaciones. Sonaron nueve campanadas por los pasillos del orfanato "Saint John". La ciudad de Ginebra, por el contrario, se llenaba de coches y gente que regresaba a sus casas después de una dura jornada laboral. Era un miércoles cualquiera. Nada había cambiado aparentemente desde el día anterior. Sin embago, yo me preparaba para una de mis escapadas nocturnas. Mi compañero Leroy, un niño prodigio experto en informática, había interceptado un mensaje hacía unos cuatro días. Iban a atracar uno de los bancos más importantes de la ciudad. Un golpe maestro.

Leroy estaba al tanto mis poderes, pues él también tenía los suyos propios: era un auténtico genio de las matemáticas y la informática. Él era un par de años menor que yo, y su naturaleza algo "friki" y callada le hacían ganarse muchos enemigos, especialmente matones. Yo le defendía de ellos y a cambio entablamos una fuerte y divertida amistad. Nos ayudábamos mutuamente. Antes de conocernos yo salía en busca de criminales totalmente a ciegas. Recorría las calles o perseguía a coches de policía en busca de algún ladrón o delincuente. Ahora era muy distinto. Leroy buscaba mensajes o códigos secretos usando internet y las frecuencias de radio. Era mucho más sencillo y conseguía detener muchos más delitos, a veces más de uno cada noche. Aquel robo parecía algo gordo, y ya habíamos ultimado los preparativos. Me dio un pequeño intercomunicador con el que me mantendría al corriente. Usaba las cámaras de la ciudad para seguir mis pasos. En cierto modo, él era mis ojos. Me guiaba por el camino más rápido para mí valiéndose de los cables de alta tensión o del tranvía.

- Bueno, todo listo. ¿Recuerdas el banco no? El "National Geneve Bank", justo a la orilla del lago. Esos hombres estarán armados y no dudarán en atacarte en cuanto te vean. En los últimos meses te has hecho muy famoso Plana, ten cuidado, ¿vale?- Leroy se colocó las gafas. Estaba sentado en su pequeño ordenador. Yo había entrado a su cuarto por la ventana. Mi cama estaba rellena con cojines y una pequeña grabadora con sonidos de ronquidos y respiración darían el pego, o eso esperaba. En los tres años que llevaba saliendo a combatir el crimen las monjitas no habían sospechado ni descubierto nada, excepto la hermana Sophie. Ella me pilló un día que volvía algo más magullado de lo normal. Tras un exhaustivo interrogatorio acabó sonsacándome mis poderes. Yo sabía que no debía hablar de ellos así como así, pues seguramente si la gente se enterase podrían experimentar conmigo o matarme incluso. Entonces ella descubrió su cabeza. Sus cabellos eran verdes y describían movimientos ondulatorios. Su piel cambió de color un par de veces, al igual que sus ojos. "No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo... No eres el único especial aquí, querido Planaria. Pero debes usar tus poderes para el bien, nunca para el mal. Hay gente que necesita personas como tú para defenderles y cuidarles. Nunca lo olvides." Desde entonces supe que había más mutantes a parte de mí. Que no estaba solo. Y por tanto también me di cuenta de que probablemente llegaría el día donde mis enemigos no fuesen solo ladrones de poca monta. Podría llegar el día donde mi enemigo fuese poderoso, igual que yo. Y aquello me excitó mucho más de lo que debería haberme excitado. Pero, ¿qué le iba a hacer? Me encantaba el riesgo y los retos.

- Que sí, que sí... Tú tranquilo, en menos de dos horas estaré aquí para darte un besito de buenas noches. ¿Te parece bien?- sonreí mientras me colocaba el intercomunicador a la altura del hombro izquierdo. Pulsé un pequeño botón y una luz azul parpadeó. Todo listo. Leroy negó con la cabeza y volvió la vista a su ordenador. Odiaba mi humor sarcástico y vacilón. Él era demasiado serio. Por eso me lo pasaba tan bien con él. Mis constantes bromas le ponían muy nervioso y se irritaba con facilidad. No había nada peor para un vacilón que alguien que entrase a todas tus provocaciones, irónicamente hablando.

- Sabes, había estado pensando... Ya que la gente empieza a conocerte y muchos ya te ven como una especie de guardián o protector, podríamos buscarte un alias. Así, cuando se hable de ti, tus enemigos te temerán y las personas a las que has ayudado se sentirán protegidas.-

- Mmm, un alias, ¿eh?- No me parecía una idea tan absurda. Un poco pretenciosa tal vez, pero al fin y al cabo Leroy tenía razón. Si no elegía yo mi apodo podrían empezar a llamarme mil cosas, posiblemente me pondrían algún nombre absurdo o estúpido como "calambres"... O peor aún, "Pila".- ¿Y qué tenías pensado? Qué te parece... ¿"Centella"? Ó "Rayo"... No, ese parece más bien un nombre de perro... ¿Qué me dices de "Relámpago"? Es fuerte, tiene clase (como yo) y describe mis poderes...-

Leroy miró hacia abajo.- Yo había pensado en "Positrón". Es una carga de la antimateria y el contrario del electrón. Suena científico y original.-

La cantidad de cosas que se me ocurrieron en ese momento fueron incontables: friki, cuatro ojos, ratón de biblioteca, físico venido a menos... Pero tampoco se trataba de herir los sentimientos de Leroy. La idea había sido suya al fin y al cabo. Y sabía que le había costado mucho armarse de valor para soltarme lo que sabía que a mí me parecería una auténtica tontería. Suspiré y le miré. Me miró, rojo como un tomate. Para él la física era algo más que una ciencia, era su vida. A mí también me gustaba, y de hecho estaba convencido de que estudiaría una ingeniería. Pero la finalidad de mi alias era que mis enemigos me temiesen, no que se riesen de mí al aparecer.

- Bueno, ya discutiremos el nombre. Ahora debo irme antes de que me pierda los fuegos artificiales. Cuidate Leroy, y no te pongas a jugar al buscaminas o al pinball, ¿ok?- Salí por la ventana de un salto y caí en el jardín del orfanato. La noche era cálida y el cielo nocturno se ocultaba tras unas pocas nubes. Me puse los cascos del mp3 y le dí al play.



Sonreí para mí. La noche no podía empezar mejor. Gracias a mis años practicando "parkour" por las calles para ganar agilidad mis pies se posaron en la acera en cuestión de segundos. La noche esperaba a que el gran Planaria entrase en acción una vez más. Crucé de una carrera la calle y trepé al edificio más cercano. Saltaba de azotea en azotea, usando los cables que colgaban entre los edificios como puente de vez en cuando. Yo era el guardián de Ginebra, su protector. Y esa noche tenía trabajo que hacer.

El guardián de Ginebra:
 

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   18th Mayo 2014, 19:51

Era bien entrada la noche cuando alguien llamó a la puerta trasera del orfanato Saint John, en Ginebra. No era un par de golpes en la puerta de alguien que quería dejar allí algún mocoso; era más bien una señal. Tal y como quedamos, la hermana Sophie abrió la puerta, enfundada en su hábito de monja. Me invitó a pasar a la pequeña cocina en cuyo fregadero se agolpaban los platos y ollas a la espera de que alguien al día siguiente los colocase en su sitio. Aún olía al estofado de la cena. Me cedió asiento en torno a una mesa de madera en el centro de la sala.

- ¿Un té? –ofreció con falsa amabilidad. Mis visitas no eran de su agrado. Ni las mías, ni ninguna que tuviera algo que ver con gente extraordinaria. Buscó una tetera en la alacena, dándome la espalda.

- Centrémonos y acabemos esto cuanto antes –me repantingué en la silla, agotada tras el viaje en avión desde mi nuevo hogar en Berlín - ¿Algún ingreso nuevo?

- Unos gemelos que hemos derivado al hospicio adecuado –pese a mi negativa, la hermana Sophie se preparó té para ella.

El hospicio estaba en silencio, con todos sus habitantes en la cama y las monjas vigilantes caminando en silencio por los pasillos. Sólo había un sonido que sobresalía por encima del silencio sepulcral: un ronquido profundo y seco que las paredes apenas podían ahogar. Guardé silencio, sorprendida. Sophie me leyó el pensamiento:

- Es uno de los internos de más edad –explicó sin girarse.

- Ya veo –proseguí -. ¿Algún “despierto”?

 Sophie se sentó frente a mí después de servirse el té. Se lo tomaba con tanta calma que me exasperaba. Tamborileé la superficie de la mesa con los dedos como muestra de mi impaciencia. ¿Tan difícil era decirme si había algún chaval con poderes en ese antro? Claro, ¿cómo iba a decírmelo si hasta prácticamente ayer La Organización se dedicaba a secuestrar a sus niños? Nadie se creyó su final, nadie se creyó que ya no habría más adoctrinamiento, ni secuestros, ni asesinatos velados. Nadie relacionado con el mundillo tenía claro si la calma que había sobrevenido tras la caída de la Orden nos situaba en el ojo del huracán o realmente había pasado la tormenta. Ser una desertora no ayuda en estos tiempos. Puedo verlo en la manera en la que me mira. En cómo me habla. Hay cierto tono de reproche en su voz. Sólo yo tengo clara mi lealtad.

- No, ninguno –bajó la vista al líquido que  removía con parsimonia de manera hipnótica. Mentía. Pero tampoco tenía pruebas para discutírselo.

Sentía que estaba perdiendo el tiempo. Estaba ante un callejón sin salida que se cerraba sobre sí mismo. ¿Qué más podía hacer? No quería volver al lado de Lord Rick y decirle que había fracasado, que haber delegado en mí había sido un error. Me incliné sobre la mesa y dejé que las gafas de sol se escurriesen un poco hasta la punta de mi nariz. Quizás tomando un cariz algo más hostil…

- ¿Qué me estás ocultando, “Analista”?

Esperaba que haciéndole recordar cuál era su papel antaño reblandeciera sus defensas. Alzó la vista por fin, con un deje de terror al reconocer su propio nombre. Frunció los labios:

- ¿Quién me asegura que si hay nuevos individuos especiales estarán a salvo si te revelo sus identidades?

Se movía con pies de plomo, pero sus palabras ya la habían delatado. Había alguien.

- Si los escondes y ocurre algo, no podré ayudarte a tiempo –me subí las gafas y endulcé mi voz –. Hay rezagados. No podemos permitir que la Organización resurja de sus cenizas usando a nuevos chicos como sacrificio.

Pareció recapacitar. Se tomó su té sin decir ni una palabra, y yo tampoco dije nada. Dejó la taza de nuevo con ambas manos.  Había tenido tiempo de sobra para pensar.

- Puede que haya alguien…

- Nombre.

- Le falta poco para cumplir la mayoría de edad. En cuanto tenga los dieciocho, tendrá que marcharse de aquí. Puede que entonces ya no tengan interés en él… -su voz tembló. Ni ella misma se lo creía.

- ¿Y qué hará entonces? ¿Le contarás lo que pasa? Estaría huyendo durante las veinticuatro horas que dura el día. ¿Cargarás con eso en tu consciencia?

- ¿Y qué alternativa das tú?

Abrí la boca para contestar y me di cuenta de que no podía responder con certeza. Nadie estaba a salvo.

- Les protegeré yo misma. Es la mayor garantía que te puede dar alguien que ha hundido a la Organización.

Esperé tan firme como pude. Le tenía que dar la sensación de seguridad que ni yo misma tenía. Sophie mordió el anzuelo, dando un hondo suspiro y agachando la cabeza en señal de rendición.

- Son buenos chicos. No se merecen sufrir lo que sufrimos nosotras.

Sonreí comprensiva.

- Puedo quedarme una noche y volver mañana para que me los presentes. Es bastante tarde –miré de reojo el reloj de la cocina, una vieja obra artesanal en madera en forma de gato que miraba a los lados cada segundo. No teníamos luz suficiente para distinguir la hora exacta.

- No creo que sea necesario. Esta noche tenía una salida. Han dejado un señuelo en sus camas y se han marchado, seguramente a cometer una heroicidad. Si consigues dar con ellos…

Me levanté de un salto y me marché a paso rápido, maldiciendo a la monja por lo bajo. Tenía que buscar una heroicidad. En plena noche. En una ciudad que desconocía. ¿Por dónde empezar? ¿Qué es lo que les gustaba a los adolescentes que tiene superpoderes y se sienten como los más poderosos del mundo? Si. Los tejados y azoteas. Con ayuda de Suzaku, me alcé por encima de los edificios y sobrevolé la ciudad en busca de algún adolescente saltimbanqui con ganas de llamar la atención.

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   18th Mayo 2014, 22:14

"¿Que quién soy? Permitidme que me presente: me llamo Planaria Glámez, y soy un héroe. Sí, como los que salen el los comics americanos esos, con poderes y todo. Increíble, ¿verdad? Los obtuve cuando, a los siete años de edad, mis padres me llevaron a la central eléctrica en la que ellos trabajaban aquí, en Ginebra. Yo estaba emocionado, pues iba a ver las cosas de las que hablaba papá siempre al llegar a casa. Grandes máquinas, rayos de electricidad, enormes ordenadores con miles y miles de números... La verdad, admiraba mucho a mi padre. Me parecía el tío más listo del mundo y más valiente también, pues la electricidad no es cosa de tontos. Puede llegar a ser peligrosa si no se toman las debidas precauciones. El caso es que alguien tocó algo que no debía allí en la central, o hubo un atentado, no lo recuerdo bien, y yo caí de lleno en el núcleo que alimentaba toda la planta donde trabajaba mi padre. Según parece el núcleo estaba hecho con algún tipo de metal extraño y desconocido y, sin comerlo ni beberlo, se metió en mí y obtuve la capacidad de generar y controlar la electricidad. Mola, ¿no os parece? Desgraciadamente también está la parte mala de la historia: mis padres murieron en el accidente.

Durante dos meses estuve ingresado en el hospital mientras me curaba de las heridas y quemaduras que sufrí. Según los médicos, no debería haber sanado tan rápidamente, y debería haber quedado marcado por toda clase de cicatrices de heridas y quemaduras. Pero no, nada de nada. Mi piel seguía teniendo las marcas de nacimiento, y nada más. Hasta desapareció una pequeña cicatriz que tenía en la barbilla porque me caí mientras mi padre me enseñaba a montar en bici. Los médicos no daban crédito, y no entendían este comportamiento. Me sacaron algo de sangre y encontraron algo inaudito. Mis células habían mutado. Habían cambiado por completo. Las plaquetas tenían una altísima concentración magnética gracias a lo cual las heridas cerraban a una velocidad vertiginosa, y no dejaban marca alguna. Sin embargo, jamás salió nada de eso a la luz. En su momento no lo entendía, pero ahora soy consciente de que habían descubierto el otro poder que obtuve: un factor de curación acelerado debido a esa atracción magnética que existía entre mis células. Además, mis glóbulos blancos eran tan fuertes que eliminaban cualquier enfermedad que pillase. ¿La gripe? Dos minutos de tos. Alguien no quería que toda esa información viese la luz, y lo hizo a la perfección.

Como aún era muy pequeño fui enviado a un orfanato, el "Saint John", donde he vivido los últimos nueve años. Con el tiempo me di cuenta de que tenía un poder sobre la electricidad. Podía controlarla, y a veces de los enchufes salían rayos azules que se metían en mi cuerpo. Cuando esto sucedía, sentía unas enormes fuerzas que me recorrían el cuerpo y me sanaban. Esto fue varios años después. La primera vez que me pasó acababa de cumplir los doce años. Gracias a dios nadie se dio cuenta de esto, excepto mi amigo Leroy. Él era el típico niño con gafas con el que se metían los matones del orfanato. Un día, le defendí de tres pegándoles un calambrazo que los dejé tumbados en el suelo. No nos volvieron a molestar nunca. Leroy siempre ha estado a mi lado, ayudándome con mis poderes a entenderlos mejor, a usarlos y a aprender de ellos. Me contó que él también tenía un poder. No sólo era un tipo extremadamente inteligente. Además, a veces, era capaz de mover objetos con la mente. Pero eran cosas pequeñas, como cucharas o vasos. Yo quería que él se lanzase y se atreviese a mover cosas más grandes. Pero decía que le fatigaba mucho y que le daban dolores de cabeza.

Entonces me di cuenta de que podía ser como los héroes de los comics que yo había leído todos esos años. Podía defender a los inocentes, a los más necesitados de criminales o atracadores. Y decidí lanzarme a las calles de mi ciudad en busca de acción. Y así lo hice. Con trece años y tras un montón de ejercicios de autocontrol y manejo de mis poderes, allí estaba yo, luchando contra ladrones y delincuentes. La gente me subestimaba mucho, pues no era más que un chaval de trece años. Lo usaba en mi favor, y gracias a eso y la ayuda de Leroy, conseguimos reducir muchísimo el crimen nocturno de la ciudad. Con el paso del tiempo las misiones eran más peligrosas, frenando robos y delitos cada vez mayores. Yo sabía que tarde o temprano encontraría a alguien como nosotros y la monja Sophie. Alguien con poderes que nos daría problemas. Pero no me preocupaba. En realidad, casi lo estaba deseando.

Y esto nos trae a esta noche. Uno de los robos mejor preparados y planteados de los últimos años, según palabras de Leroy. Espero que no se equivoque. Ya me he hecho a la idea de que voy a tener acción para rato."

Allí estaba yo, en lo alto de un enorme edificio de relojes, vigilando la pared trasera del banco. Un pequeño grupo de personas vestidas de negro se había congregado y cuchicheaban entre ellos. Dos eran delgados y como de mi estatura; un tercero algo más bajito y gordo; y el cuarto era una auténtica mole. Debía medir unos dos metros, y sus brazos eran tan anchos como yo. Aunque bueno, no era la primera vez que me enfrentaba a un mastodonte y le había dejado K.O. con un movimiento. Por muy grande que seas, todo el mundo tiene un límite de voltios que puede soportar antes de caer al suelo inconsciente.

El enorme hombre se acercó a la pared, y puso su mano derecha encima de ella. Para mi asombro, los ladrillos y el cemento empezaron a moverse, cayendo alrededor de él. En cuestión de segundos, había un enorme agujero en el muro. ¡Lo sabía! ¡Otro mutante! Leroy tenía razón, aquella aventura nocturna iba a ser de las buenas. Me asomé para no perder detalle de lo que estaba pasando. De los bordes del agujero salía un pequeño humillo blanco, y en seguida pude notar el olor a quemado. Aquel tipo debía ser capaz de controlar el calor o algo así. Por eso la pared se había derretido ante él como si fuese queso en el microondas. Los cuatro tipos entraron a toda prisa.

- Empieza la acción.- y sonreí para mí mismo mientras miraba mi reloj de pulsera.- Cinco minutos y entro para pillarles con las manos en la masa. Esto va a ser divertido.

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   19th Mayo 2014, 19:11

Ajenos a radares y detectores aéreos, Suzaku sobrevoló la ciudad. Era una noche tranquila y no coincidimos con ningún avión, por suerte. Si algún curioso miraba a los cielos, sólo vería un fogonazo lumínico que se movía igual que un avión. No distinguiría la forma del pájaro, y nadie les creería.

Bajo mis pies, a pesar de la nocturnidad, las azoteas no estaban tan vacías como pensaba. Una hormiguita que estaba tomando el aire porque trabajaba hasta tarde en su oficina. Otra que tendía la ropa. Otra que admiraba la ciudad. Otra que se fumaba un cigarrillo. Creí ver una sirena a lo lejos, pero se trataba de una ambulancia. No había señales de la policía que pudieran guiarme, ni bomberos.

- Maldita Analista…

Suzaku coincidió conmigo con un graznido. “No pierdas el tiempo pensando en eso”, parecía querer decirme.

Entonces lo vi. Había organizado mi búsqueda en sentido de espiral, empezando en el centro de la ciudad y volando en círculos hacia fuera. Empezaba a adentrarme en la periferia cuando vi a alguien correteando por una azotea y detenerse justo en una cornisa, al acecho. Distinguí que se frotaba las manos.

- Desciende, por favor, pero pon distancia entre él y yo. Si nos equivocamos, no nos conviene que nos vea.

Suzaku obedeció, dejándome en un solar a una manzana de distancia. Lo desconvoqué y, con las manos metidas en el bolsillo, me paseé por las calles hasta llegar al lugar donde había visto a aquel individuo sospechoso. Sólo los gatos salían a mi encuentro, más pendientes de una posible caza entre la basura que se acumulaba en las aceras, olvidadas por su distancia al centro visible de la capital. A lo lejos alguien gritaba, bastante enfadado. Aceleré el paso hasta que por fin llegué a mi destino. Doblé una esquina, vi lo que tenía delante y volví a ocultarme detrás de la pared. El chico no estaba sólo: a ras de suelo, un grupo de hombres entraba en el edificio que el muchacho vigilaba. También podía ser que no fuese el muchacho que buscaba, sino de otra persona que, al igual que el tipo que había salido a fumarse un cigarro, estuviera allí por otro motivo.

Pero cinco hombres en plena noche, entre semana, entrando en un edificio en cuya fachada en letras grandes podía leer “Banco” no era algo normal. De hecho, el del tejado fue el último en entrar, esperando a que todos los demás estuviesen dentro antes de bajar, oculto bajo la columna de humo blanco que emergía del agujero en la pared que uno de los hombres había derretido. El único testigo que tenía era una solitaria farola que no tenía ganas de ver lo que iba a ocurrir, y parpadeaba como si quisiera taparse los ojos y olvidarse de todo. Acaricié la empuñadura de las cuchillas que llevaba ocultas en el cinto, pensando qué hacer a continuación. Tenía pinta de que me quedaría a oscuras en cualquier momento. Podía hacerles frente. Echaría un vistazo, si la cosa se ponía fea, llamaría a la policía y que se encargasen ellos. Eso es lo que iba a hacer. Yo tenía que encontrar al muchacho del orfanato. No más embrollos.

Caminé de puntillas, con la espalda pegada a la pared y agazapada entre las sombras, hasta el agujero por el que habían entrado. Me asomé despacio, procurando no tocar el ladrillo que aún humeaba, y eché un vistazo al interior…

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   19th Mayo 2014, 21:58

-... ¡Cero! Que comience el show.- cogí carrerilla y salté al callejón. Siete pisos de caída. Eso no era nada. Aterricé con fuerza levantando un poco de polvo a mi alrededor y me erguí mientras me sacudía las mangas. Se oían las voces de los hombres provenientes del interior del banco, en la lejanía. Pulsé un botón del intercomunicador y me lo acerqué a la boca.- Leroy, voy a entrar. Ya sabes el protocolo: si no sabes nada de mí en una hora avisa a los bomberos y a la policía, ¿entendido? Ya me las apañaré para escapar del calabozo o donde sea. Deséame suerte. ¡Cambio y corto!

Tras un pequeño zumbido, el intercomunicador se apagó. En las misiones lo llevaba siempre desconectado para evitar que me delatase. Una interferencia o una llamada repentina de Leroy para avisarme de algo podían alertar a mis enemigos y revelar mi posición. Y teniendo en frente al mastodonte que había derretido una pared de hormigón y acero como si fuese mantequilla no me apetecía nada lo de que me descubriesen.

De alguna manera, los cuatro hombres habían desconectado la alarma del edificio. O tal vez fuese una alarma silenciosa de esas, quién sabe. Avancé silenciosamente por el pasillo de mármol. Las cámaras repartidas por las columnas y paredes tenían una pequeña luz roja encendida. Sin embargo, no parpadeaba. Si mal no recordaba, cuando parpadeaban era que estaban grabando. A lo mejor habían hackeado el sistema. Desde luego esos tipos tenían que ser unos profesionales. Nadie atraca un banco de esa magnitud sin tener todos los cabos atados. Me oculté tras una columna blanca y me asomé. A unos treinta metros estaban los cuatro individuos ante una gigantesca puerta acorazada. Era igual que las típicas que salen en las películas. No me imaginaba que en la realidad fuesen así. El tipo grande volvió a poner la mano encima, y alrededor de esta la puerta empezó a ponerse de color rojo. ¡La estaba derritiendo! Una enorme puerta blindada empezaba a deshacerse como si fuese una "fondue". Los otros tipos esperaban tras de él, con unos fusiles de asalto AR-15. Iban muy bien armados. Estos no eran unos delincuentes normales y corrientes. Este atraco tenía mucha historia por detrás. Entonces, empezaron a hablar.

- Vamos, "Tectonio", date prisa... No me gusta este sitio.- uno de los hombres delgados se dirigía al enorme hombre que derretía la puerta.

- Ya estás otra vez con tus paranoyas Dimitri. ¡No va a pasar nada! Siempre tan pesimista...- el otro tipo delgado negaba con la cabeza ante la interacción de su compañero.

- Bueno, hasta que no tengamos todo lo que hemos venido a buscar y hayamos salido de aquí no estaré tranquilo...-

- Está bien, lo preguntaré porque me da la impresión de que sino no vas a estar calladito... ¿Tienes miedo de que aparezca el chaval de los rayos?-

El chaval de los rayos. Vaya, sí que era famoso. Ahora hasta estos delincuentes me tenían respeto. Sonreí para mí. "Cuando se lo cuente a Leroy no se lo va a creer". El otro hombre delgado dio un respingo y siseó con la boca mandando callar a su compañero.

- ¿Quieres hacer el favor de cerrar la bocaza? No es ninguna tontería. Ese niñato ya ha frenado más de cincuenta robos en esta ciudad. No me fío ni un pelo. Puede que a ti te de igual, pero a mí me gustaría llegar de una pieza y sin quemaduras a casa...-

El otro tipo profirió una sonora carcajada.- Venga ya Dimitri, ¿para qué crees que hemos traído los fusiles y a "Tectonio"? Si ese tipo aparece acabará como un rayador de queso, que no te quepa la menor duda.-

Me moría de ganas de entrar en combate con ellos y callarles la boca. ¿Armas de fuego? Tan sencillo como activar mi escudo y se acabó. Las balas rebotaban contra él como si fuesen pelotas de goma. Pero me había intrigado qué era lo que buscaban. No era oro ni dinero, estaban detrás de algo más gordo. Sino no tenía sentido tanto misterio y despliegue de equipo. Dentro de aquella gigantesca caja fuerte había algo más, algo muy valioso para ellos, y por tanto muy peligroso para la seguridad de mi ciudad. No podía permitir que se lo llevasen, fuese lo que fuese. El enorme tipo terminó por deshacer la puerta, y quedó a la vista un enorme agujero de unos dos metros de diámetro. Entró girándose y el tal Dimitri con él. Vi al tipo bajito. Estaba tecleando a toda velocidad en un pequeño ordenador portátil metido dentro de un maletín metálico. Él debía ser quien mantenía el sistema de vigilancia apagado. La voz de Dimitri salió del interior de la caja.

- ¿Cómo es esto posible? ¡Maldita sea Johan!- salió dando fuertes pasos y se dirigió al tipo con el ordenador.- Dijiste que era aquí donde estaba. ¡Y aquí no hay nada! ¿Se puede saber de qué vas? ¿Acaso nos has traicionado? ¡CONTESTA!- apuntó con el arma al hombre, el cual ni se inmutó.

- Si no está es que alguien se ha chivado. Han debido enterarse de que veníamos y lo habrán movido... En cualquier caso, ¿has mirado bien? Recuerda que es un pequeño CD, puede que no lo hayas visto...-

Un Cd, ¿eh? Así que lo que buscaban era algún tipo de documento o información, probablemente algo acerca de la ciudad u otro banco. O algo peor, como los diseños de un arma. En realidad, podía ser cualquier cosa. Y con la información de que disponía no podía sacar nada en claro. Dimitri comenzó a gritar a su compañero y a acercarle cada vez más el fusil a la cara. El otro le replicaba que cómo podía haber supuesto que iban a moverlo. El golpe había sido planeado en menos de una semana, era casi imposible que se hubiesen enterado los dueños del banco. Sólo un chivatazo podía explicar semejante contratiempo. La cosa se estaba poniendo muy tensa así que decidí actuar.

- Vamos, vamos Dimitri, no deberías cabrearte tanto por un CD... ¿Qué había en él? ¿Fotos indecentes? ¿Tal vez la discografía de "Shakira"? Venga tío, ¡si eso lo venden en el top manta!- aparecí en medio del pasillo, y todos se volvieron hacia mí sobresaltados. Dimitri no paraba de señalarme y decir que sabía que les iba a encontrar. Me apuntaron y abrieron fuego. Con un rápido movimiento, activé un enorme escudo ovalado con mi mano derecha contra el que impactaron todas las balas. Al cabo de unos segundos sus cargadores estaban vacíos y recargaban a toda prisa. El tal "Tectonio" salió de la caja por los tiros y rugió con fuerza. El hombre del ordenador cerró a toda prisa el maletín y buscó una pequeña pistola que llevaba en su cintura. Sonreí y me arqueé hacia alante mientras mis manos se llenaban de electricidad.

- Mi turno.

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   20th Mayo 2014, 14:52

Los murmullos se acrecentaban a medida que me acercaba por el pasillo. Al doblar una esquina, abrieron fuego contra el muchacho que había entrado el último cayendo desde la azotea. Las balas que pasaban de largo de él se encallaban en las paredes. O se habían acabado traicionando entre ellos, o se habían visto sorprendidos por el chico, que evitó resultar herido en el tiroteo acumulando electricidad en su mano y proyectándola ante él en forma de escudo.

Tenía ganas de darme una palmada en la frente. Maldito novato. ¡¿Puedes darles más pistas de lo que eres?!

- Mi turno.

 Se arqueó hacia atrás con los puños apretados, y cuando volvió a recuperar la compostura, de la punta de sus dedos surgieron rayos que se extendieron como culebras por al aire hasta alcanzar a los atracadores, que cayeron inconscientes.

Hubo uno que aguantó. El de mayor envergadura, y que se volvió hacia el chico con cara de pocos amigos. Me di cuenta de que ninguno llevaba pasamontañas, lo cuál me decía una cosa: que si alguien les veía, no dudarían en quitárselo de en medio para salvaguardar su identidad. ¡Y el muy idiota seguía en medio haciéndose el héroe!

Que el tipo aguantase la descarga era aún peor señal. Se acercó al muchacho arrastrando la mano por la pared. Bajo su contacto, el muro se fue derritiendo emitiendo una gran humareda. ¿Cuánto le iba a durar el novato bajo esas enormes manazas? ¿Medio segundo? Debía intervenir.

En un abrir y cerrar de ojos, con una cuchilla en cada mano, cogí carrerilla a zancadas, pasé por el lado del muchacho y aparté al grandullón con un par de cortes de aviso. El factor sorpresa hizo más que mi fuerza, y el tipo retrocedió, pero no iba a amilanarse por la presencia de una chica.

- Acabar con un puñado de atracadores y ahora tener que salvar a una muchacha. Qué bien  –me llamó la atención el muchacho. La punta de sus dedos chisporroteaba, cargada de electricidad.

Me moría de ganas de responder, pero no era el momento. No se habla en combate. Nada de distracciones. Nunca sabes por donde puede salir el enemigo. Por eso, de haberle respondido, no habría podido esquivar con un paso atrás el bofetón cargado que el tipo quería darme. Su manaza chocó contra la pared, dejando un boquete. No quería pensar como hubiese acabado yo si me hubiera dado a mí. Tenía que alejarle más del chico para evitar accidentes innecesarios, así que lancé algunas cuchilladas hacia delante con la idea de que la amenaza en sí bastase para que el enemigo retrocediera lo suficiente.

No contento con el resultado, el tipo se abalanzó sobre mí con intención de agarrarme. Al ser tan grande, sus movimientos eran bastante previsibles. Le esquivé subiendo por su brazo hasta saltar a su espalda, donde le hinqué las cuchillas y las retiré antes de que se girase. El pobre debía de ser un poco tonto, porque volvió a intentarlo. Al menos, ya había perdido el interés en el novato. Aprovechando su peso en su contra, le hice perder el equilibrio con una voltereta y empujándole con los pies. En cuanto volví a tocar el suelo, me propulsé y le golpeé la cabeza con las empuñaduras para dejarle inconsciente. Rápida y precisa. No era necesario alargar el enfrentamiento, y mucho menos con testigos. Las paredes del pasillo que el grandullón había tocado se habían derretido y entraba el aire de la calle como Pedro por su casa. Ya iba siendo hora de irse.

Me acerqué al novato guardando las dagas en el cinto y con el ceño fruncido. No iba a tolerar la más mínima tontería.

- ¿Qué? ¿Has terminado ya? Tanto movimiento de cuchillos me aburre –parecía molesto ante mi intervención.

- ¿Eres del orfanato Saint John? –encima de novato, bravucón. Podría haberle derribado allí mismo junto a los otros y fingir que no existía. Sin embargo, la voz de Lord Rick me resonó en la cabeza: “¿Cómo has podido hacer eso con un posible aliado, Tanith, querida…?”

Se caló el gorro de lana como si aquello fuera una respuesta. Encima actuaba a cara descubierta. ¡¿Es que nadie le había dicho el peligro que corría?! Maldije a Sophie una vez más. Si cuidase mejor de esos niños no estaría metida en esto…

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   20th Mayo 2014, 23:35

- Vaya, no sabía que tenía fans que sabían dónde vivía... ¿Por qué quieres saber si soy del orfanato? ¿No serás una fan loca de esas que me persigue a escondidas, no? ¿Acaso pretendes adoptarme? Desde luego tienes mejor pinta que todos los que se han pasado por ahí...- le guiñé un ojo. Había algo extraño en ella. Su apariencia era la de una adolescente, de unos dieciséis o diecisiete años más o menos. Pero de alguna manera tenía un algo que me daba a entender que era mucho más de lo que aparentaba. Una cosa era decirle que era del orfanato, pero no pensaba decirle nada más por el momento. No al menos hasta saber qué andaba buscando o qué quería.

- No tienes ni idea de lo que se mueve más allá de la ciudad. Los estás atrayendo con tu temeridad y contigo acabarás arrastrando a los demás -haciendo ondear el abrigo, la chica pasó por mi lado con aire espectral. Tras el cristal oscuro de las gafas de sol pude ver un pequeño destello rojo.- Me llaman Paradox. Y he venido para contarte de qué tienes que guardarte si quieres sobrevivir con esos poderes tuyos.

- ¡Oh bueno, perdóneme doña "qué discreta soy con los cuchillos"!... ¿Crees que voy disparando mis rayos así como así? Estamos dentro de un banco cuyo sistema de vigilancia está hackeado y no hay ningún testido. Aunque bueno, si prefieres dejo que me llenen el cuerpo de balas. Eso sí que no sería llamar la atención, ¿no te parece?- ¿Qué creía la chica esta, que no sabía que había algo más que simples atracadores? ¡Claro que había más gente! Pero eran mucho más difíciles de encontrar... Los enemigos de esta noche eran un claro ejemplo. No buscaban oro ni joyas ni nada de eso, sino algo más gordo que no encontraron. Ya había tenido un par de encuentros así antes, pero aquella vez era la primera que veía a otro mutante como yo. La cosa empezaba a ponerse interesante. En cualquier caso, había defendido mi ciudad durante años y nunca había tenido problemas. Tal vez fuese algo temerario, pero no era tonto ni por asomo. Sabía perfectamente cuando algo andaba mal, y al final era muy precavido con cosas serias. Nadie conocía mi identidad, lo cual era un logro en una ciudad como Ginebra, donde todas las calles están vigiladas las veinticuatro horas del día. Di un par de vueltas y me volví a la chica.- Vale, está bien... Soy todo oídos. ¿Qué es lo que se me está escapando?

- ¿Te crees que eres el único? -se cruzó de brazos -Hay más como tú, más como él -señaló al grandullón que derretía cosas -¿Crees que esta gente son ladrones de poca monta? No. Trabajan para un pez más gordo. ¿Crees que eres el único con poderes por estos lares? No. Hay más, muchos más -se acercó hasta que solo un palmo los separó. Sus cejas se inclinaban, desafiantes -. Ya has conocido a Sophie. Ya me has conocido a mi. ¿No te preguntas por qué hemos salido ahora? ¿Por qué no se dedican a hacer el "bien" por las noches como haces tu?

- ¡Claro que no pienso que sea el único!- "¿por qué iba a ser yo el único? Si yo existía podían perfectamente existir más así. No hay más que ver a Leroy y a Sophie." Mis dos compañeros del orfanato tenían poderes. Tal vez no tan agresivos o fuertes como el mío, pero poderes al fin y al cabo. El personaje ese que derretía los materiales era otro claro ejemplo de personaje con poderes. Lo de que habían salido ahora me desconcertó un poco. ¿Acaso me estaban vigilando? Eso no me gustaba ni un pelo. Pensar en que alguien podía estar siguiendo mis movimientos era algo con lo que no contaba, por lo menos no desde que Sophie me dijo que en el orfanato estaría a salvo. De repente, me di cuenta.- Un momento... ¿Has dicho Sophie? ¿De qué conoces a Sophie? ¿Me has estado espiando?- Todos mis sentidos saltaron a la vez. ¿Estaría ella en peligro? Si lo estaba por mi culpa no me lo perdonaría. Ella me había dado cobijo y apoyo durante estos años, protegiéndome y cuidándome como una madre haría. Siempre había pensado que era por mi naturaleza mutante, pero ahora... ¿Y si me usaba? ¿Y si ella era miembro de alguna organización que buscaba aprovechar los poderes de los mutantes para el mal o para su propio bien? Prefería ni pensar en esa posibilidad.

- Se te ve venir... -suspiró - Sophie y yo trabajamos juntas una vez. Ya va siendo hora de que le preguntes por qué tu orfanato es tan condenadamente normal.

¿Condenadamente normal? No entendía nada. Desde que había empezado a hablar con esa chica un millar de dudas me asaltaron la cabeza. A lo mejor no estábamos tan a salvo como siempre había creído. La chica me había dicho que había un pez más gordo detrás del atraco. Eso lo había supuesto, pero parecía asustada, tensa. ¿Sabría ella quién era? Por regla general solía confiar en la gente, y esta tal "Paradox" no había hecho nada para no creer en ella. Lo que estaba claro es que si ella decía la verdad quería ayudar. Quería participar en esa guerra o lucha contra esa especie de organización que ponía en peligro no sólo mi ciudad, sino por el tono de voz de la chica posiblemente otros países, incluso Europa entera. Allí en Ginebra se guardaban archivos y documentos cuyo valor era incalculable, y peligrosos como ellos solos. Diseños de armas nucleares, de bases estratégicas, de antiguos regímenes ya extintos... Y alguien que andaba husmeando en busca de algo así no podía ser bueno. Suspiré. Ella había ganado, por el momento.

- Muy bien. Soy todo oídos. Pero salgamos del banco, no me gustaría que la policía se nos echase encima.- Con una rápida carrera salimos al callejón. Le indiqué una escalera de incendios que había en frente de nosotros. Una azotea sería el mejor sitio para hablar tranquilamente sin ojos curiosos, ni la policía acechando. Podría haber subido en un momento impulsándome con los cables, pero preferí acompañar a la chica. Disparé un pequeño rayo a la sujeción de la escalerilla y esta cayó a nuestro lado. Tenía miles de preguntas que hacerle a la chica, y esperaba que pudiese resolvérmelas. Después de todo, si iba a echarle un cable necesitaba algo de información.

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   21st Mayo 2014, 18:56

Al ascender a la azotea la temperatura descendía un poco. Las sirenas empezaban a acercarse. Allí estaríamos seguros siempre y cuando no se nos ocurriera la genial idea de asomarnos. Me había sorprendido la disponibilidad del chico a escuchar. Esperaba encontrarme con alguien mucho más gallito y crecidito al que tendría que darle una lección y devolverlo a casa en brazos. Fue una grata sorpresa que no fuera así. Caminé por la azotea pensando por donde empezar: lo mejor que podía hacer era contarle lo que se le venía encima. Advertirle sin andarme con pelos en la lengua. Leo me había dicho antes de salir que no le pegase mi paranoia a nadie, pero ¿qué otra cosa podía hacer? Ninguna organización bien montada desaparece de la noche a la mañana, por mucha guerra que se le plantee.

- ¿Tendrás nombre, no?

- Bueno, eso depende... Digamos que lógicamente tengo un nombre, pero una cosa es que esté dispuesto a escucharte, y otra muy distinta que te diga mi nombre así como así... Aún no sé ni lo que quieres de mí. Has dicho algo acerca de una organización o no se qué que puede encontrarme si no tengo cuidado. ¿Cómo puedo fiarme de ti? ¿Y si eres tú un miembro de esa organización e intentas engañarme? ¿Qué tal si empezamos por tu nombre primero?

Al menos, sabía que hablábamos de algo serio. Iba con pies de plomo. Me senté en el borde de la azotea, al otro extremo de por donde habíamos subido.

- Como ya te he dicho, me llaman, Paradox. Al igual que tu, tengo ciertas… “capacidades” que no suelen ser comunes en la gente corriente –dejé que las gafas se me escurrieran hasta quedar colgadas en la punta de la nariz. Mis ojos rojos quedaron al descubierto, clavados en él –Puedes fiarte de mí tanto como te fías de Sophie.

El chico se quedó dubitativo un momento. Finalmente se acercó a mí y se sentó a mi lado.

- Puedes llamarme Positrón.- dijo mientras me tendía la mano. Se la estreché - Bueno, ya me imaginaba que había más gente como tú y como yo, y como Sophie. Para mí es algo más que un simple poder, es una responsabilidad que tenemos para con el resto, sobre todo los más necesitados. La razón por la cual yo estaba aquí esta noche, que sé que seguramente te lo estés preguntando, es que suelo escaparme a defender y luchar contra crímenes que de otra manera quedarían impunes... Pero todavía no has contestado a mi pregunta. ¿Qué es lo que quieres de mí?

Para empezar, que dejes de darte autobombo.

Mi pensamiento se exteriorizó alzando una ceja. Él no supo como interpretarlo, supongo, porque permaneció esperando a que respondiera. Suspiré y me eché un poco hacia atrás.

- Antes éramos muchos. Gente que desarrollaba poderes como los tuyos y no sabían qué hacer con ellos. O no terminaban de controlarlos y acababan hiriendo. O los usaban para otros fines mucho menos… “heroicos”. Así que nació un organismo que los tomase bajo su protección y los educase. Que los mantuviera lejos del circo mediático que pudieran provocar. Que les enseñase a vivir con ello.

Me levanté. La policía ya había llegado y las voces de su rastreo llegaban hasta nosotros. Me quedé mirando fijamente la escalera de incendios por la que habíamos subido. Dudaba de que su investigación les llegase hasta nosotros, pero era una tierra extraña para mí. No quería cometer el error de confiarme demasiado.

- Al principio, la idea funcionaba de maravilla. Pero, como ocurre siempre, el sistema se corrompió. Los métodos de adiestramiento cambiaron, se hicieron más duros. La idea ya no era enseñar; sino ocultarnos como armas, como el último bastión al que se aferrarían en caso de que estallase una amenaza que pusiera en riesgo su vida o su estabilidad. Y la manera en la que nos alistaban… -callé cuando noté un escalofrío recorrerme la espalda al recordarlo.

- Me ha encantado la clase de historia, ha sido realmente instructiva y preciosa, se me han saltado unas lágrimas y todo... ¡Pero sigues sin responderme para qué me quieres! A ver con todo lo que has dicho supongo que es para avisarme de que puedo estar en peligro o que esa organización de tarados quiere matarme o algo así. Entonces, ¿qué me propones? ¿Que vayamos juntos a salvar el mundo por las noches en plan dúo dinámico? No es por nada, pero dudo que pudieses mantener mi ritmo- esto último lo dijo con una sonrisa.

Alcé la vista al cielo, exasperada. Más que contestar, lo que quería era darle una lección. Pero no podía. No mientras aquello fuera un encargo oficial de Lord Rick. Me acerqué a zancadas y me encaré con él, quitándome las gafas de sol directamente.

- Lo que intento decirte es que si sigues mostrándote en público y dedicándote a jugar a superhéroes por tu cuenta, llamarás su atención, la atraerás hasta ti, y créeme, no tendrán remordimientos por tener que matar a tus amiguitos del orfanato, Sophie incluida.

Al instante me di cuenta de que estaba perdiendo los papeles. Recuperé la compostura y me aparté un poco de él. Había invadido demasiado su espacio, estaba siendo demasiado agresiva. La policía encontró a los delincuentes y nos lo hizo saber gritándose entre ellos.

- Ya no pertenezco a ese grupo. Tanto Sophie como yo nos dedicamos a proteger a gente como tu, que aún no está en su punto de mira. Pero no podemos hacerlo si te dedicas a ir mostrando tus poderes al más mínimo atraco. Y si no quieres hacerlo por ti, piensa en que si cometes un mínimo error, pondrás en peligro a todos los del Saint John. Puedo acudir en tu ayuda si me necesitas, pero no hago milagros. ¿Lo entiendes?

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   21st Mayo 2014, 19:39

Lo que me dijo Paradox me dejó algo preocupado. Llevaba ya más de tres años limpiando las calles de mi ciudad de ladrones y criminales, y empezaba a hacerme famoso. Pero nunca había considerado el hecho de que, tarde o temprano, alguien se enfadaría si estropeaba uno de sus planes, y podría atacar a aquellos que me importaban con tal de hacerme daño o para chantajearme. Por primera vez desde hacía mucho, sentí miedo y preocupación. Yo era capaz de defenderme de cualquier cosa. O al menos de cualquier cosa que me habían mandado hasta el momento. Pero, ¿y Sophie? O Leroy... Sophie únicamente podía cambiar su forma para pasar desapercibida, pero si la capturaban de poco le serviría eso. Y Leroy era un genio, pero no era capaz de combatir contra nadie. Tal vez Paradox tuviese razón, tal vez debía intentar controlarme más, o al menos dejar que ella me ayudase.

- Está bien. Entonces, ¿qué es lo que me sugieres? ¿Que no defienda este lugar? Son los míos Paradox, no puedo abandonarles y menos ahora que sus esperanzas son mayores desde que soy conocido. La gente confía en que yo les salvaré llegado el momento de necesidad. Lógicamente no puedo ayudar a todos, pero si yo no lo hago nadie lo hará. Todos esos crímenes quedarán sin ser condenados, cientos de delincuentes pasearán por las calles como si nada. ¿Acaso debería sacrificar a todas esas personas sólo por conseguir algo mayor?- Me paseaba en círculos. Ella me miraba, expectante, silenciosa. Estaba analizando mi reacción, sin duda alguna. Su cara de "niña buena" me estaba matando. Hablaba de cosas muy serias y de muertes y traiciones... Pero esa cara me desconcertaba mucho. ¿Acaso se estaba riendo de mí? Quería pensar que no, pero había ocurrido tan repentinamente que no podía sino sospechar. ¿Por qué esa noche y no unas semanas antes, o incluso meses antes?

- ¿Qué edad tienes? ¿Diecisiete? Antes de que tu nacieras ya existía la policia. Su trabajo es atrapar delincuentes, el tuyo, educarte y prepararte para que cuando tengas la mayoría de edad te busques un trabajo y hagas tu vida.- me mostró las palmas de las manos -¡Pero entiendo lo que significa tener poderes! Creo que tu causa es justa, pero por que te mantengas un tiempo fuera de circulación no te va a pasar nada. Espera un mes, o dos. Lo suficiente para que confirme que ya no corres peligro. Sólo eso.

Tal vez tenía razón. Desde luego tenía pensado hacer una carrera y tener un trabajo, y de alguna manera intentar convivir en una vida normal con la vida de héroe. Aunque he de reconocer que me sentó algo mal el cariz que estaba tomando la conversación. Me daba la impresión de que me consideraba un inútil o demasiado niño. A los catorce años ya atrapaba a ladrones y delincuentes sin problema alguno, y estaba de vuelta en el orfanato para el desayuno. La única razón por la cual ahora era más conocido era porque cada vez los crímenes eran mayores y mejor organizados, de manera que me costaba mucho más mantenerme en la sombra. Igualmente, muchos ladrones de poca monta se lo pensaban dos veces antes de cometer sus crímenes desde que sabían que había un guardián en la ciudad.

- Vale, muy bien. Imagina que lo hacemos a tu manera: yo me quedo esperando estos dos meses a que me digas si estoy a salvo o no... ¿Qué se supone que debo yo hacer durante ese tiempo? ¿Quedarme de brazos cruzados? Me da la impresión de que te fastidia que salga a las calles a pasármelo bien, a la par que ayudo. ¿Es posible que sea porque lo hago estupendamente y a ti te costase mucho más ser capaz de hacer lo que yo he hecho en tan poco tiempo años?- No pensaba ni de lejos así, sólo intentaba picarla. Ya había visto que había perdido parcialmente los papeles unos minutos antes con mi última arrogancia. Quería saber qué era realmente lo que ella sabía, y tal vez si la conseguía cabrear lo suficiente me lo espetase enfadada o volviéndome a tratar como un crío. Todo era cuestión de esperar y cruzar los dedos. Tampoco quería pasarme de listo.

- ¿Por qué no pruebas a aplicarte en tus estudios, salir con tus amigos, y sobre todo, no llamar la atención? Te recuerdo que te estas jugando la vida de tus amigos, no solo la tuya. Así que decidete: seguir con esa actitud y esperar a que en cuestión de días maten a todos los que conoces y te secuestren, o portarte bien, esperar a que no haya moros en la costa, y luego seguir haciendo el cafre.

No había colado. Era más lista de lo que pensé. Decidí no darle más vueltas al asunto y encendí de nuevo el intercomunicador. Un pequeño pitido y la luz azul parpadeó. Pulsé el pequeño botón para hablar con Leroy. Los policías y demás medios de seguridad que estaban en el banco ahora habían sido avisados por él sin duda. Siempre le pedía que me diese más o menos entre una y dos horas para llevar a cabo las misiones antes de meter a la policía de por medio.

- Leroy, hoy tenemos algo de compañía. Me va a acompañar porque aún hay cosas que quiero resolver con ella, así que cambiate y ponte algo decente, ¿vale? ¡Cambio!- esperé unos segundos pero no escuché su respuesta.- Leroy, ¿me has oído? Quítate ese pijama de perros que llevas puesto y ponte algo de ropa normal, una chica se viene conmigo, ¡Cambio!- de nuevo silencio. "¿Se habrá quedado dormido el muy ceporro?". Desde luego esperaba que no. Si estaba hecho un lirón y me había intentado comunicar con él sin éxito podría haber sido peligroso.

Entonces se quebró el silencio de la noche con una voz muy distinta a la de mi compañero. Era una voz profunda y siseante, como si llevase algún tipo de máscara o algo sobre la boca. Se limitó a decir una única frase.- Me temo que el señorito Leroy no está disponible en este momento. ¿Quiere dejarle algún mensaje?

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   22nd Mayo 2014, 01:05

No estábamos solos. Positrón llevaba un micro encima, y empezó a hablarle a su interlocutor. Más le valía que no hubiera escuchado nuestra conversación al que estuviera al otro lado…

De pronto, el rostro de Positrón cambió. Empalideció como si hubiera enfermado de repente. Tenía los ojos como platos y la boca abierta. Susurró algo y de pronto, apretando los puños, se preparó para saltar a otra azotea. Le detuve:

- ¿Qué es lo que ha pasado?

- Tenemos que volver al orfanato. ¡Deprisa!

No había ningún tono de broma por una vez en su voz. Lo decía en serio, y en sus ojos se reflejaba la urgencia. Había pasado algo.

- En ese caso, tengo un “transporte” más rápido que ir a saltos… ¡Suzaku!

Tras de mí se materializó Suzaku, que inclinó la cabeza inquisitiva en cuanto vió al muchacho. Le acaricié el pico para tranquilizarle.

- Es aliado. Tienes que llevarnos de vuelta a Saint John, ¿vale?

El ave se agachó para facilitarnos la subida. Yo iba delante, por supuesto. El chico se quedó embobado al principio, y Suzaku no pudo evitar hacerse el remolón dando un par de pasos sacando pecho. Le di un golpecito con la mano para llamarle la atención:

- Ahora no, Suzaku. Tenemos prisa –me dirigí a Positrón y le tendí la mano para ayudarle a subir -¿Subes o qué?

Consiguió subir a lomos de Suzaku y echamos a volar dejando atrás la escena del crimen rápidamente y ocultándonos de las miradas indiscretas en el cielo estrellado. Espolee un poco a Suzaku transmitiéndole la sensación de emergencia que teníamos, y en la mitad de tiempo que habríamos tardado en llegar andando o a base de saltitos como había él, Suzaku llegó al tejado del orfanato y se posó a la espera de una recompensa. Un par de caricias en la cabeza le bastaron mientras el muchacho bajaba a trompicones y se deslizaba tejado abajo hasta encaramarse en un alfeizar.

Suzaku desapareció y me dejó a solas con el silencio, un silencio que era más bien un creciente zumbido en los oídos y que acabaría por explotar en el grito agónico de alguien que lo ha perdido todo sin remediarlo. Desconvoqué a Suzaku y acudí al encuentro de Positrón, que se había colado por la ventana. Le imité y el espectáculo con el que me topé de bruces era… dantesco.

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   22nd Mayo 2014, 10:55

"Por favor que Leroy esté bien, por favor que esté bien y sólo sea una broma...". Las palabras resonaban en mi cabeza mientras sobrevolábamos la ciudad en el enorme pájaro de la chica. Me intentaba convencer en vano, Leroy no bromeaba nunca. Algo no iba bien. Algo le había pasado. No pude sino sospechar de la chica. Nunca había pasado nada así antes de que ella apareciera, y tan pronto como lo había hecho se pone a hablarme de una organización u otros personajes malvados que pueden matarme a mí y a los que quiero. No me gustaba nada lo que estaba pasando. Solo deseé que Leroy estuviese bien. Si le había pasado algo malo...

El enorme pájaro aterrizó en el tejado del orfanato y yo salí como una exhalación hacia la ventana del cuarto de Leroy. Mis años de parkour y carreras por los tejados me habían dado una agilidad y velocidad enormes, gracias a las cuales fui capaz de descolgarme por la fachada sin peligro alguno. Vi la ventana de mi compañero a lo lejos. Estaba abierta y con la luz apagada. No era buena señal de ningún modo. Me detuve a mitad de camino. "¿Y si aún hay alguien ahí dentro?". Unos pequeños rayos azules comenzaron a recorrer mi cuerpo en dirección a las manos. Mejor prevenir que curar. Estaba preparado para luchar si era necesario. Tras un par de saltos alcancé la ventana y entré ágilmente, con las manos cargadas de electricidad, emitiendo una pequeña luz azulada.

El cuarto de Leroy estaba patas arriba. Todo desordenado y tirado. El ordenador tenía la pantalla en blanco. Entre todas las cosas del suelo había algo más grande tirado. Era Leroy. Me agaché a toda prisa y le di la vuelta, dejando a la vista su rostro pálido y frío.

- ¿Leroy? Leroy, vamos colega despierta... ¿Leroy?- la voz se me quebró. Estaba muerto. No había sangre, ni heridas, ni marcas de estrangulamiento. Apreté los dientes y varias lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas. Cerré sus azules ojos sin vida y me santigüé. No podía ser. Mi compañero, mi amigo... Había muerto, y yo no había podido hacer nada. Sabíamos que las misiones eran peligrosas, que podía pasar algún día algo. Pero yo siempre imaginé que si alguien resultaría herido sería yo, no Leroy. Él estaba en el orfanato metido en su ordenador ayudándome. ¿Quién podía pensar que alguien querría matarlo? En un acto de desesperación le pegué un par de descargas en el pecho intentando reanimarle. Pero fue en vano. Pasados un par de minutos que me parecieron horas me di por vencido. Mi cara estaba totalmente mojada por las lágrimas que no cesaban de caer. Un llanto silencioso, con algún que otro sorbo de nariz. Apoyé mi frente sobre la suya.

Esa chica tenía razón. Mis constantes salidas nocturnas y estupideces de niñato finalmente habían causado daños, irreparables de hecho. Creía que el bien siempre triunfaba sobre el mal, que al final los buenos acababan salvándose siempre y que sus amigos resultaban ilesos tras una amenaza o ataque. Pero esto era la vida real. Aquí no valían los finales felices ni las historias que has leído o visto desde pequeño. Aquí cada acto que haces queda grabado para siempre, a veces con consecuencias terribles e irreparables. Me desplomé contra una pared y quedé sentado, con la cabeza entre mis rodillas y los brazos abrazándolas.

¿Por qué había sido tan estúpido? ¡Claro que se iban a acabar dando cuenta de quién era! Por favor, cada vez que salía a la calle y me enfrentaba a gente así terminaba por hacer algún tipo de chiste tonto o broma fácil para picar a mis enemigos. Nunca pensé que podrían llegar tan lejos ni ser tan crueles. ¡Leroy no era más que un chaval al que le gustaban los ordenadores, por amor de Dios! ¿Quién sería tan ruin y rastrero de matar a un pobre chaval indefenso?...

- Tenías razón... No soy más que un estúpido y patán héroe de mierda... Por mi culpa, mi mejor amigo ha muerto. ¿Sabes lo que él me decía siempre? Que le daba igual, que hacía esto porque sabía que estábamos haciendo el bien, que sabía que si algo le pasaba sería por haber hecho lo correcto... Yo no salía por las noches a luchar contra el crimen porque sí Paradox. Lo hacía porque había gente como Leroy que creían en mí, en que tenía un poder lo suficientemente fuerte como para hacer cambiar las cosas y traer a esta ciudad seguridad... Y ahora mírame. ¿Qué voy a hacer si le fallo a los que confían en mí?- Terminé por mirar a mi compañera con los ojos llorosos. Había notado su presencia en el momento en que me desplomé contra la pared. No sabía que hacer. Por primera vez en mi vida me sentía perdido, desorientado, confuso... Y por primera vez en muchos años, sólo.

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   26th Mayo 2014, 00:40

Había llegado demasiado tarde. Quien fuera que se había fijado en el chico ya había movido ficha y nos demostraba así que no tenía remordimientos. Si le hubiera hecho caso a Lord Rick y me hubiera presentado allí unos meses antes…

Pero no había tiempo para pensar en ello. El cadáver del muchacho aún estaba caliente. Cabía la posibilidad de que el asesino o asesinos aún anduvieran por ahí. No podía correr riesgos, no podía dejar a Positrón allí, por mucho que le doliera la muerte de su amigo. Me acuclillé frente a él:

- Tanto tu como tu amigo le habéis plantado cara a gente peligrosa. Sabíais lo que os jugabais desde el principio. Si te ha acompañado hasta aquí, Positrón, dudo que se arrepintiera. No eres un héroe de pacotilla -Positrón alzó la vista. Por un momento me ví reflejada en él. Basta decir que me conmovió -¡No eres un héroe de pacotilla! No le has fallado a nadie -le tendí la mano -. Sigues aquí. Aún puedes hacer algo por él. Por todos. Así que levántate por él.

Mis palabras hicieron efecto. Se limpió el mismo las lágrimas y le ayudé a levantarse cuando me tomó de la mano. Le echó un último vistazo a su amigo:

- ¿Y ahora qué voy a hacer…?

- Ven conmigo -se me escapó antes de pensarlo siquiera. Estaría a salvo conmigo y el grupo, si, pero no sabía hasta que punto era buena idea llevarme a alguien que aún rozaba la mayoría de edad a la vida que llevábamos -. Si aún quieres seguir parando a los malos y que no haya más como tu amigo Leroy. A eso me dedico.

La decisión era suya. Si decidía quedarse no le iba a culpar. Su amigo acababa de morir. Yo era una total desconocida que en cuanto apareció se cernió la desgracia sobre él. No me impediría acudir en su ayuda si me necesitaba. Pero si decidía seguirme… ¿qué podía ofrecerle? Sólo somos tres personas contra el mundo, con él pasaríamos a ser cuatro.

Me percaté en cuanto se levantó del suelo de la señal que había tapado con su cuerpo. Unas palabras manuscritas en el muro que, en penumbra, no sabía a ciencia cierta que clase de tinta habían usado, pero cuyo mensaje helaba la sangre. Por suerte, Positrón aún no lo había visto, y esperaba que no lo hiciese. Me puse delante con bastante disimulo, ocultándoselo a la vista, y esperé su respuesta.

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   26th Mayo 2014, 01:26

¿Irme? ¿Y a dónde iría? ¿Dejaría mi amada ciudad? Yo era el "Guardián de Ginebra", no podía abandonarla a su suerte. La gente creía que en Ginebra no había nada de valor a parte del dinero, y había tantas cosas que necesitaban a alguien que las cuidase... No podía irme así como así. Pero lo que me ofrecía la chica esa era ayudar más allá de los límites de mi ciudad. Eso también era algo que quería, no iba a estar toda la vida viviendo en ese orfanato salvando Ginebra hasta de los que roban caramelos en una tienda. Ella podía darme un hogar, un sitio donde vivir y crecer.

Me levanté lentamente y me alejé de la pared. Miraba a mi compañero caído. Tenía que hacerlo por él, por nosotros y nuestros sueños de algún día ser capaces de luchar contra el mal de verdad. Cuando me giré para hablar con la chica ella estaba en el sitio donde yo había estado apoyado segundos antes. Parecía algo preocupada o asustada, no sabía decirlo con certeza. Pero eso no importaba. Suspiré.

- Quiero ayudar a la gente. Quiero ser un héroe y ayudar a quienes me rodean y quienes necesiten de mí. Pero esta es mi ciudad y no puedo abandonarla. Soy el "guardián de Ginebra". Si voy contigo a luchar, debes entender que alguna vez tendré que volver para defenderla, que me preocuparé por ella.- realmente era la única pega que le pondría a la chica. Para mí era muy importante aquel sitio, y más ahora que mi mejor amigo había muerto por mantenerla a salvo.- No pretendo que lo entiendas o que lo compartas, es solo que debo hacerlo. Puedo ayudarte, no soy un inútil. He peleado con otros como nosotros antes, con muchos ladrones y criminales. Además de controlar la electricidad tengo un factor de curación muy elevado, así que soy bastante difícil de matar. Soy un chulito y bastante vacilón, pero tengo buen corazón, y si me das amor, recibirás amor a cambio. También debes saber que soy bastante impaciente. Es mi naturaleza. Entiéndeme, soy un héroe capaz de controlar la electricidad. Eso activa a cualquiera. Y me gusta mucho fanfarronear. Pero ante todo, has de saber que mi búsqueda por el bien y la justicia me llevarán allí donde se me necesite, pero evitaré matar a menos que sea totalmente necesario. Muchas veces la gente que comete atrocidades son tan víctimas como aquellos que las sufren. Yo no soy nadie para juzgar a aquellos que persigo.- Esperé un momento. Si iba a confiar en ella, tenía que ser totalmente. Puede que llegase el día en el que me arrepentiría de lo que iba a hacer, pero si iba a luchar a su lado, quería que fuese basado en una amistad al menos. Y no puedes ser amigo de alguien si no sabes su nombre. Le tendí la mano e hice un esfuerzo sobre humano por sonreír.- Pr cierto, me llamo Planaria Glámez.

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Tanith Blackwood
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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   27th Mayo 2014, 19:08

Alcé una ceja. ¿No había otro sitio para hablar de estas cosas? Suspiré.

- Te ampliaremos las miras. Podrás volver cuando quieras, pero evitaremos más sucesos como este. Tu “búsqueda del bien y la justicia” -hice comillas con las manos -necesita un lugar donde dormir y comida para llenar el estómago. Eso si puedo dártelo. También puedo enseñarte a esquivar a la gente que ha hecho esto. Y ya que me das tu auténtico nombre, supongo que es una manera de empezar -le estreché la mano -Tanith Blackwood. Invocadora.

Con las presentaciones ya hechas, poco más nos quedaba por hacer. Quedarnos allí era demasiado arriesgado. Me asomé al oscuro pasillo: no encontré nada, ni siquiera a alguna monja vigilante. Ni una luz tampoco. Con la oscuridad crecía algo, se escondía en las sombras y se paseaba por ellas como si fuera su propia casa.

- Sé que era tu amigo, pero no podemos quedarnos más tiempo -el mensaje de la pared se me había grabado a fuego en la mente -. El que ha hecho esto es muy superior a nosotros. Tenemos que irnos y tenemos que hacerlo ya.

- ¿Qué pasará con Leroy? ¿Con Sophie? ¿Con el orfanato?

- Llama a la policía. Da parte. Pero hazlo cuando ya estemos fuera -le tomé de las manos -Sé que duele, creeme que lo sé. Pero quedarnos no va a resucitar a los muertos. En todo caso, te unirás a ellos. ¡Hazlo por Leroy! ¡Venga!

Entendió la gravedad de la situación y se sobrepuso al dolor. Volvimos a subir al tejado, donde convoque una vez más a Suzaku. Esta vez, la convocación estaba mucho más inquieta que cuando llegamos. Notaba la desgracia sobrevolando nuestras cabezas. Subimos a su lomo una vez más y emprendimos el viaje por los aires de Ginebra en dirección a la base. De cuando en cuando le echaba una mirada furtiva a mi nuevo compañero. Las luces de la ciudad se reflejaban en la nostalgia de sus ojos. No dejaba atrás un rincón apestado del mundo al que habías ido una vez para cumplir una misión y ya no tendrías que volver. Dejaba atrás su hogar, el lugar en el que había nacido, en el que se había criado, donde había trabajado y donde había conocido a sus amigos. Dejaba todo eso atrás sin nada en el petate, con prisas. La punzada de la culpabilidad era más insistente que las voces de las invocaciones cuando querían salir al aire libre todas a la vez.

- Lo siento…

Su mirada se clavó en mi nuca. No me atrevía a volverme hacia él por temor a lo que fuera a encontrarme. ¿Reproche? ¿Ira? Tardó una eternidad en responder.

- Tu mensaje nos ha llegado -me dió un escalofrío al escuchar de sus labios las palabras escritas de la pared. Las había conseguido ver a pesar de mis intentos por ocultarselas -. ¿Es esa gente de la que hablabas?

- Eso creo -me sinceré -No suelen firmar sus crímenes. Matan, cogen al especial y se van.

- ¿Y qué pasará con los demás?

- Es Sophie -sonreí, aunque no pudiera verme -. Ya les plantó cara una vez y les venció. ¡Imagínate lo que será capaz de hacer ahora que tiene algo por lo que luchar!

- Algo por lo que luchar… -le oí pensar en voz alta. Tenía por delante las peores noches que iba a pasar en su vida, noches donde su enemigo no sería una banda de atracadores de tres al cuarto, sino él mismo. Sus pensamientos más oscuros. Y yo no podría ayudarle.

- Mañana por la mañana contactaré con Sophie si así te quedas más tranquilo. Ya te habrás dado cuenta de que no trabajo sola. Si necesitas cualquier cosa puedes contar con cualquiera de nosotros. Somos pocos, lo sé. Pero nos tenemos los unos a los otros. No pretendo que sustituyas a tu amigo. Sé que esto es.. confuso, agobiante, irreal. Pero eres el “Guardián de Ginebra”. Te sobrepondrás -le dediqué una sonrisa de apoyo y total convencimiento-. Lo sé.

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   28th Mayo 2014, 23:12

La noche velaba nuestros actos. El vuelo del gigantesco pájaro se tornó como algo secundario bajo el gran mar de dudas que me asaltaban en ese momento. Tanith me ofrecía un lugar donde vivir, uno más seguro que el orfanato ahora que iba a enfrentarme al auténtico enemigo. Lo que le habían hecho a Leroy no tenía perdón. ¿Qué había hecho él para merecer la muerte? Todo se desmoronaba ante mí. Pero Tanith tenía razón, debía ser fuerte y anteponerme a esto.

Miré hacia abajo y vi que ya no sobrevolábamos Ginebra. No se veían casi luces. Únicamente las típicas farolas de carretera dibujaban una serpiente sinuosa y brillante muchos metros más abajo. Las nubes ocultaban un cielo estrellado y una gigantesca luna llena que tenía con una luz azul los campos y montañas que se veían en la lejanía. Toqué suavemente el hombro de mi compañera. No se volvió, pero hizo un gesto con la cabeza dando a entender que me escuchaba.

- Oye, ¡no me has dicho a dónde vamos!- La velocidad del gigantesco pájaro me obligó a gritar, mientras el viento agitaba la capucha de mi sudadera y la camiseta que llevaba debajo.

- Al único lugar que considero seguro. Nuestro centro de operaciones y hogar. Acostumbrate a partir de ahora -Suzaku ascendió un poco cuando a sus pies empezaron a aparecer las formaciones montañosas.

Una base secreta. O algo por el estilo. Bueno, si ella decía que era seguro debía creerla. No me quedaban muchas más opciones. Decidí guardarme el resto de preguntas para cuando aterrizásemos. Sería más sencilla la comunicación. Además, el pájaro ese no me inspiraba mucha confianza. Me recordaba al ave fénix, con las plumas rojizas y brillantes como pequeñas luces.

Unos minutos después, vi a lo lejos una pequeña luz en mitad de las montañas. Aquello eran los Alpes sin duda alguna. Si eran la parte suiza, alemana o italiana ya no tenía ni idea. Miré mi reloj. Llevábamos más o menos una hora y media de vuelo. Podrían ser cualquiera la verdad. Tanith me hizo un gesto como advirtiéndome de que aquel era nuestro destino. Noté como el gigantesco pájaro maniobraba y descendía a gran velocidad. Instintivamente me aferré a la chica. No tenía por qué pasarme nada si caía, pero tampoco era plato de buen gusto estrellarse contra la falda de la montaña.

Aterrizamos suavemente en un gran jardín. Un camino de cemento iba desde una gran verja negra de barrotes hasta la entrada a un enorme garaje con una puerta grisácea. Aquella mansión era casi tan grande como el orfanato donde vivía. Calculé cuatro pisos, y a saber lo que habría por debajo. De unas grandes ventanas salía luz, y parecía haber movimiento en el interior de esta. El jardín estaba cuidado al milímetro. Parecía un campo de golf. Vi a lo lejos una piscina con forma de lágrima y un par de setos apostados en un enorme muro de ladrillo de cuatro metros de altura. Me dio escalofríos ver el agua.

Tanith acarició la enorme cabeza del pájaro antes de que este desapareciese con un destello rojo y amarillo. Avanzó en dirección a la enorme casa. Un porche con varios sofás y butacas de mimbre descansaban allí, silenciosos. Dimos la vuelta por un camino de losas y llegamos a lo que supuse sería la entrada principal. En ese lado de la casa unas escaleras de piedra subían hasta una enorme puerta negra de madera de unos dos metros y medio de alto. La entrada al jardín delantero, mucho más pequeño que el trasero, era otra gran verja, algo más pequeña que la trasera. Mientras subía por los grandes escalones de piedra pude apreciar la mansión con más detalle. Piedra, ladrillo y madera. Los mejores aislantes contra el frío. La localización era algo remota, pero era lógico. Después de todo se trataba de una base secreta.

Antes de entrar, Tanith se volvió hacia mí haciendo ondear su abrigo y con gesto dramático, se quitó las gafas de sol dejando ver sus ojos rojos:

- ¡Bienvenido a la base de los "Abyss Knights"!

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   30th Mayo 2014, 15:49

No podía evitarlo: ¿hacía cuánto tiempo que no venía nadie de visita? Es más, ¿alguna vez habíamos tenido visitas? Planaria me seguía como un corderito, con los hombros caídos. No se le iba de la mente su amigo. Se me partía el alma verle así. Me había parecido un tanto prepotente cuando hablé por primera vez con él, pero ya no quedaba ni rastro de ese Positrón. Le enseñé la mansión por dentro, pero ninguna de las maravillas que guardabamos le hacían salir de su ensimismamiento. Para más inri, Lord Rick estaba en uno de sus períodos de meditación: su música clásica nos acompañaba como si fuera una banda sonora y, en esos momentos, nos prohibía importunarle bajo cualquier circunstancia. Estaba sola ante la adversidad, porque con George no podía contar para animar al pobre Planaria. Y Leo…

Leo no era el más adecuado para animar a nadie. Yo porque le conocía y la lucha contra la Organización nos había unido, pero… no, mejor descartarlo por ahora. Le llevé hasta uno de los dormitorios amueblados y vacíos que teníamos, al otro extremo del pasillo donde estaba el mío. Quizás las cortinas de terciopelo no eran las más adecuadas para el cuarto de un adolescente, pero al menos, podría descansar un rato. Entró y miró sin ver lo que tenía delante. Se sentó en el borde de la cama y acarició las pulcras sábanas, antes perfectamente hechas. Su silencio me ponía nerviosa.

- Pues bueno… -enseguida me sentí estúpida. No sabía qué decirle.

- Te agradezco todo lo que has hecho, en serio. Pero me he dejado mis cosas en el orfanato. ¿Podré volver?

Eso. Directo al grano. Al menos, ya había dicho algo. No me sentía especialmente bien siendo acompañada por alguien que no dice nada y me deja a solas con los susurros que las invocaciones vertían en mi cabeza. Me quité el abrigo y lo dejé en el respaldo del butacón del cuarto, donde me senté acto seguido.

- Si, pero te diría que esperases a mañana por la noche -no sabía muy bien cómo decirle aquello -Seguramente la policía entrará mañana por la mañana en acción, si es que no acuden esta noche. Mañana te acompañaré si quieres para hablar con Sophie, recojas lo indispensable y… bueno, te despidas en condiciones de tu amigo…

Se le veía realmente hundido. Ahora, con la cabeza fría, lejos de todo, lo único que podía hacer era pensar en lo que había ocurrido. Me acerqué al borde del asiento para tomarle la mano. No se me dan bien estas cosas. Lo mío no es la psicología, y las voces lo dejaban más que claro. Al menos, no se podía quejar de que lo intentase:

- Sé lo duro que es… -era un comienzo -Es todo muy brusco, ya lo sé, pero cuando te digo que puedes confiar en nosotros, en mí; lo digo muy en serio -silencio era su única respuesta. Así no podía saber si lo estaba haciendo bien o mal… -. Puede que no sea como Analis...digo, Sophie -reconocí a regañadientes -Pero si te digo que te protegeré, es que voy a hacerlo.

Carraspeé notando como me ardían las mejillas para hacer juego con el color de mis ojos. Aquella frase dicha por mí se me hacía tan… rara.

- Si vas a quedarte con nosotros, lo mínimo es que sepas quienes somos. Como te he dicho a la entrada, nos hacemos llamar los “Abyss Knights” -me levanté para ilustrar mis palabras con una pizarra imaginaria. El cuadro de la pared que tenía detrás y que representaba un mapamundi me serviría -Siempre han existido gente con capacidades especiales, ya sean creaciones, alienígenas, accidentes, que han nacido así… el orígen da igual, lo que nos importa es que están ahí. Gente que podía controlarse, gente que usaba sus cualidades para el bien y otros en beneficio propio.

»Añade al caldero al ser humano en general, que desconfía de lo que desconoce. Que le aterra lo que escapa de su control. ¿Y qué sale? Episodios como la Inquisición, por ejemplo. Pero las capacidades que nos hacen sobresalir por encima del resto no nos convierte en monstruos. Seguiamos siendo humanos. Seguiamos queriendo trascender. Así nació la Organización.

»Un complejo entramado ideado por nadie sabe quién. Sus funciones eran sencillas: prestaba su ayuda a personas especiales, les enseñaban a aprovechar su potencial, y a cambio, les aseguraba un puesto en la sociedad para poder convivir. La idea era buena, y los primeros siglos iba de lujo. Era un organismo secreto del cual sólo tenían conocimiento los altos cargos de las naciones pertenecientes al continente europeo.

 »Sin embargo, ahí estaba el ser humano. La raza bélica por excelencia. El único animal que mata a los de su propia especie. La Organización acabó participando en guerras, mandando hombres y mujeres a luchar sin miramientos aprovechándose de su superioridad en cuanto a habilidades se refiere. Se perdió el norte, y por mucho que acabasen las guerras y enfrentamientos, la Organización se volvió hostil. Se habían perdido a muchos por inmiscuirse en asuntos como esos, así que había que nutrir de nuevo a las filas. ¿Cómo? Reclutando a más miembros. Como fuera. A cualquier coste.

»Los métodos de alistamiento han variado mucho, pero se echaba mano de hospicios como el Saint John, donde niños que desarrollaban sus poderes rápido acababan, ya fuera porque sus padres no querían tener nada que ver con ello, o por siniestros accidentes…

Hice una pausa. Recordar la historia era realmente escalofriante. Se me vinieron a la mente algunos de los “accidentes” que tuve que presenciar. Auténticas sangrías encubiertas de las que nadie se extraba en absoluto. Mantuve la compostura. El chico no me había interrumpido, así que solo podía pensar que estaba asimilando lo que estaba contando. Eso esperaba yo.

- Llegó a un punto en el que algunos de los miembros de la Organización no aguantaron más. Seguimos siendo personas, después de todo, y no todos podíamos ser complices de aquella locura. Nos rebelamos. Formabamos pequeños grupos de resistencia que no servían para nada. La Organización contaba con muchos más miembros a su favor y los iban aplastando, uno a uno. Parejas, hermanos, hermanas, primos, incluso padres e hijos.

» Los “Abyss Knights” somos los últimos y a la vez, los primeros. Nuestro líder, Lord Rick, encabezó la rebelión. Le conocerás pronto, es buen tipo. Es el que escuchaba música clásica cuando hemos llegado -le especifiqué -. Luego está Leo, que perdió a todo su equipo en las revueltas y se unió a nosotros. Estará en su laboratorio. Les conocerás en los próximos días, no te preocupes. No es que no quieran conocerte, es que hay muchas cosas por hacer… Vigilar que los orfanatos permanezcan a salvo y lejos de la mano negra de la Organización es solo una de tantas tareas pendientes.

» Volviendo al tema de la Organización… Nuestra pequeña rebelión se saldó con muchas bajas, pero conseguimos quitarla de en medio. No acabar con ella, porque eso es imposible. Tiene bases por toda Europa, incluso fuera de ella, pero al menos, ya sabe que su tiempo de vida ha expirado. Al menos, mientras estemos nosotros aquí. Sofocamos cada intento de recomposición que hace, al menos, de los que tenemos constancia. Y como no dejamos de tener una deuda para con la sociedad, de cuando en cuando, nos hacemos cargo de algún que otro asunto menor, como tus ladrones de bancos, por ejemplo. Sé que tanta información de golpe y porrazo te estará dando vueltas a la cabeza. También sé que no vas a dormir esta noche, así que ya tienes algo en lo que pensar. No voy a obligarte a pertenecer al grupo, pero ten por seguro que aquí, ahora mismo, estarás más seguro. Si es la Organización quién te busca y le ha hecho eso a tu amigo, esta base es el lugar más seguro de todo el universo. Y si no me crees, puedes preguntarle mañana a Sophie. Estoy segura de que estará encantada de hablarte de la Organización.

Me dejé caer en el asiento para recuperar el aliento. Había resumido todo lo que había vivido. Esperaba que el esfuerzo valiese la pena. Aguardé su respuesta, aún con el miedo de que nos rechazase de pleno. De que fuera demasiado tarde. De que la muerte de su amigo le impidiese tomar la decisión.

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   31st Mayo 2014, 17:33

Me acerqué a la ventana del pequeño cuarto. Vi las montañas, grandes y majestuosas, y el firmamento parcialmente cubierto por toda clase de nubes azuladas. Todo lo que me había dicho Tanith me animaba a seguir y querer quedarme allí. Sin embargo había tantas preguntas que me asaltaban la cabeza… ¿Podía fiarme de ellos? ¿Daría la talla? ¿Por qué me buscaban ahora y no hace años? ¿Quién era ese tal Lord Rick que parecía ser una especie de mesías o algo por el estilo por el cómo hablaba de él? Para ser una orden tener nada más cuatro miembros no parecía gran cosa. Deduje que habían habido más como ellos antes, pero que por una cosa u otra acabaron por abandonar la orden… o habían muerto. Mejor no pensar en eso.

- No soy tan poderoso como creéis. Únicamente soy capaz de controlar la electricidad y curarme casi todas las heridas. Pero por las cosas que dices ellos parecen ser mucho más poderosos que nosotros… ¿Crees que podré luchar contra ellos? Tú misma me has mirado con recelo cuando me estaba enfrentando a los atracadores. No lo niegues, conozco esa mirada. Sophie me la ha echado muchas veces cuando volvía al orfanato magullado y herido… Además, no me conocéis de nada. Podría ser peligroso o inestable. Podría llegar a ser una amenaza para vosotros.- Aquello era estúpido. Estaba claro que llevaban mucho tiempo siguiéndome la pista y seguramente conociesen hasta mi último defecto y virtud. Suspiré y me volví a la chica que permanecía sentada, expectante.- Lo único que deseo es tener una familia donde pueda sentirme querido y contento. No quiero enrolar en vuestra organización si únicamente voy a ser un arma o un peón. No estoy diciendo que seas una madre para mí. De hecho, aparentas ser más pequeña que yo y todo… ¿Qué edad tienes? Es igual, no es de buena educación preguntar eso a una chica…-

Tanith no se movió. Estaba allí tranquila, escuchando lo que le decía. En parte odiaba a la gente así. Sophie hacía exáctamente lo mismo. ¿Por qué no me decían algo? Simplemente se limitaban a escuchar hasta que más o menos terminaba por contestarme yo mismo a mis preguntas. Acababan por regla general con una frase lapidaria casi mostrándose superiores. ¡Qué rabia me daba eso! La gente que no hace más que ocultar su forma de ser. Y esta se creía que no la había calado ¡Já! No caerá esa breva guapita de cara… Puede que estuviese más metida en el mundillo de "luchar contra el mal" que yo, pero eso no significaba que fuese más lista. Finalmente, abrió la boca.

- Como ya te he dicho, somos una organización. Nuestro poder se basa en varios miembros, no en el potencial de uno solo. Nuestros enemigos son poderosos porque actúan como uno solo, como un gran enemigo único. Nosotros debemos hacer lo mismo. No estás aquí solo por tu potencial, sino por el potencial que puedes conseguir cuando seamos varios los que luchemos.- Se levantó y se dirigió a la puerta. Bueno, ahí tenía razón. Siempre me había gustado más la imagen de varios héroes que la del héroe único. Por eso tenía a Leroy en mi retaguardia. Sin él mis hazañas habrían sido mucho menores, y desde luego no habría conseguido frenar ni a la mitad de criminales. En fin, ¿qué podía perder por intentarlo?- Aquí encontrarás cariño y un entorno familiar, si es lo que buscas. No seremos como tus padres, pero desde luego estarás más atendido que en el orfanato. Si no tienes más preguntas, deberías descansar para mañana.

- No, por ahora creo que estaré bien… Oye Tanith,- Ella ya había salido del cuarto pero se volvió ante mi llamada.- gracias, por la comprensión… Y por darme esta oportunidad.

Ella asintió levemente y cerró la puerta tras de si. Allí estaba yo. En una mansión perdida en los Alpes sin conocer a nadie. Acababa de perder a mi mejor amigo y mi futuro se presentaba prometedor pero muy lioso. Tal vez fuese mejor así. Tal vez necesitaba un cambio de aires para conseguir profundizar más en mis poderes y mi potencial. Si como ella había dicho había más héroes como yo en esta organización, tal vez el contacto con ellos me ayudaría a mejorar. Suspiré. Abrí la cama y me arrodillé al lado de esta.

- Dios mío, sabes que no suelo pedirte muchas cosas… Mucho me diste al concederme estos poderes y un lugar donde vivir. Nunca me has dado más de lo que soy capaz de soportar, ni me has exigido más de lo que pueda conseguir. Pero ahora tengo miedo, estoy asustado. Leroy ha muerto, y me siento culpable en parte por ello. Sé que él eligió ese destino y que quería ayudar, pero no puedo evitar pensar que debería haber cuidado mejor de él. Sólo te pido que me des fuerzas para no defraudar a los que creen en mí, como Leroy o Sophie. Esta gente dice que me puede ayudar, y quiero creer en ello. Pero el dolor aún es fuerte. Te pido que me des la fuerza y la serenidad para salir de esto y ser mejor persona. Ayúdame a convertirme en lo que estoy destinado a ser. Ayúdame a ser un héroe.- Continué con un par de oraciones y me santigüé. Me tumbé en la cama, y finalmente el cansancio se apoderó de mí. Los párpados pesaban como si fuesen de metal. Mis miembros fueron entumeciéndose poco a poco. La vista se me nubló, y el pensamiento de un nuevo amanecer terminó por mandarme al mundo de los sueños. Todo iba a cambiar para siempre, pero ya pensaría en ello mañana.

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   4th Junio 2014, 15:09

Es triste, pero la política ocupaba el primer plano de las noticias del día siguiente. Me peleé con el mando en una intrincada búsqueda por los cientos de canales que teníamos sintonizados en la televisión, y en ninguno se dedicó más de un minuto a informar de lo que pasó en Ginebra. Un pie de pantalla, a lo sumo, que pasó fugaz, informaba de que una banda de ladrones había sido detenida en pleno atraco. Era lo más que podíamos atisbar en los medios públicos.

Estaba sola en el comedor con lo poco que había podido saquear de la cocina antes de que George me reprendiese y me echase de allí: un vaso de leche y una sosa tostada. No tenía estómago tampoco para nada más sabiendo que iba a tener que volver a tener una conversación con Sophie. Durante la noche estuve hablando con Lord Rick, que llegó a la misma conclusión que yo: podíamos cuidar del chico. Otro agente de campo no nos vendría mal. Había que pulirle un poco, claro, pero apuntaba maneras. Ese sería el argumento con el que me presentaría ante Sophie, y cada minuto que me acercaba a ese encuentro, me hacía dudar de mi misma. George se había encargado de llamarla, de hacerle saber que íbamos, y de paso, se enteró de cómo iban las cosas por allí con el amigo del nuevo. Planaria se presentó temprano, sobre las ocho en punto de la mañana, ya vestido y listo para partir. Sin embargo, su tez estaba pálida. Le había estado dando vueltas durante toda la noche, pobre chico…

- Ya hemos contactado con la hermana Sophie -decidí saltarme los saludos cordiales. No tenía mucha pinta de que su día fuera bueno, y desearselo se me antojo de mal gusto -. Descubrieron el cuerpo minutos después de que nos marchásemos. La policía ha estado toda la noche allí y seguramente acaben esta tarde con el escenario del crimen.

Me ahorré contarle el detalle de que Sophie había borrado el mensaje de la pared antes de que llegase la policía. En un principio me pareció una jugada estúpida que se interpondría en la investigación, pero luego pensé que de esa manera evitabamos daños colaterales. Nunca es bueno que un “mortal” sepa de asuntos relacionados con gente especial.

- Te llevaremos esta tarde de vuelta al orfanato. Así podrás hablar con ella tu mismo, preguntarle lo que quieras -Planaria tomó asiento frente a mí. Tenía la mirada un poco perdida -. Si… has tomado una decisión, y quieres quedarte con nosotros, Lord Rick pondrá en orden los papeles que necesitemos. Si por el contrario vas a volver al orfanato, no te molestaré más. Y tal y como te dije, estaré ahí para cuando me necesites. Es lo único que puedo hacer.

- Me gustaría hablar con ella antes de tomar una decisión definitiva, Tanith.

Asentí. No podía culparle, todo había pasado muy rápido incluso para mi. George fue quien nos llevó a Ginebra aquella tarde haciendo uso del helicóptero de la base. Era más normal que surcar los cielos de Ginebra en pleno día con un gigantesco pájaro de fuego. Las hermanas se sorprendieron cuando vieron llegar al Saint John al hijo pródigo, pero ninguna dijo nada excepto Sophie, por supuesto. En cuanto le vio entrar por la puerta le dió un abrazo y a mi me dedicó una mirada de odio intrínseco que no podía reprocharle. Todas estaban de luto y ya sólo quedaban un par de policías rezagados terminando de levantar la escena. Empezaba a sobrar allí, así que me despedí de Planaria en un aparte:

- Voy a dejaros a solas. Poneos al día y llamamé cuando acabeis. Tanto si tomas una decisión como si no -me apresuré a aclarar. Podía verle en la cara cuanto le agobiaba estar ahí. La oleada de recuerdos de su amigo que tendría que estar pasando por mente debía de ser insufrible -. Sophie sabe mi número. Aunque sólo sea para saber que estas bien… -tragué saliva. Era evidente que no estaba bien, ¿pero qué otra cosa le iba a decir?

Me despedí de él y salí a las calles de Ginebra. George me estaba esperando fuera y juntos, decidimos tomarnos un pequeño descanso hasta que Planaria diera señales de vida.

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MensajeTema: Re: Héroes en la noche [Marvel, Pre-Omega, Tanith Blackwood]   5th Junio 2014, 10:08

En cuanto Tanith abandonó la sala, Sophie se abalanzó sobre mí y me abrazó. Parecía asustada, preocupada, pero feliz de tenerme allí junto a ella. Le devolví el abrazo.

- Estaba muy preocupada Plana…- Noté un pequeño sollozo lo que me hizo darme cuenta de que estaba a punto de llorar. Cuando dejó de abrazarme y vi sus ojos llorosos descubrí que estaba en lo cierto.- Ayer, cuando subí al cuarto de Leroy para ver qué tramabais esta vez y encontrarme con aquello, yo…- Unos pesados lagrimones cayeron por sus mejillas. La abracé y le ayudé a sentarse en una silla.- Gracias querido… Es solo que… Bueno, no era más que un niño, y hacerle eso a un niño es repulsivo…-

Yo todavía tenía la imagen de Leroy tumbado en el suelo reciente. Su cara asustadiza había desaparecido, dejando en vez de ello un rostro de paz y serenidad. Cuando llegamos no parecía que tuviese ninguna herida en el cuerpo. Sin embargo aquel mensaje en la pared… Preferí no pensar más en ello pues sentí dolor y asco. Asco por aquel capaz de asesinar a un chaval a sangre fría sin siquiera temblarle el pulso. Esa era la gente que yo perseguía, desalmados que se jactan de la oscuridad de la noche para cometer sus crímenes más sádicos y oscuros, y por mucho que me esforzase, siempre había más y más que no podía resolver. Al fin y al cabo, no era más que un adolescente. No podía estar en todos los sitios a la vez.

- Él fue un héroe Sophie… Su muerte fue a manos de alguien que estaba cansado de que les estuviésemos frenando todo el día los pies… Murió por aquello que defendía.- La mirada de Sophie fue dura y causativa.

- Os dije que no os metieseis, que no erais más que unos críos Plana… Y ahora vuestras aventurillas le han costado la vida a un pobre chico inocente.- Entendía su acusación. Estaba dolorida, como yo. Y en parte se sentía responsable por no haber podido proteger a mi compañero.

- Sophie, tú misma me dijiste que mis poderes debían ser usados para el bien… ¡No podía quedarme aquí sentado sin hacer nada mientras todos esos criminales llenan las calles de nuestra ciudad! Sería injusto para aquellos que no pueden luchar ni defenderse… La culpa de Leroy no es tuya, tú no podías saber lo que iba a pasar… Nos has cuidado como nadie en este mundo, te has convertido en una especie de madre para nosotros… Y deberías sentirte orgullosa y no dolida después de lo que hemos sido capaces de conseguir todos estos años.- Ella se calmó un poco y asintió ante mi afirmación. Leroy había muerto, pero los pasados dos años el índice de criminalidad se había reducido en un 35%, y hasta un 42% desde que se me asignase el título de "Guardián de Ginebra". Yo sólo no habría sido capaz de conseguirlo. Leroy tenía gran parte de la culpa, al igual que Sophie. Me acerqué a ella, me senté a su lado y le cogí la mano.

- Bueno, ¿y ahora qué vas a hacer?- Sus lagrimas habían dejado un rastro húmedo en sus mejillas, que llegaba hasta la base de la mandíbula. Me miraba expectante, como cuando una madre le pregunta a si hijo si se va a ir a otro lugar a hacer la carrera y por tanto no lo verá en una larga temporada.

- Bueno, están los "Abyss Knights" estos… Me han ofrecido un lugar donde vivir, una gran casa con más chavales como yo, al menos uno más. Está en las montañas, creo que en la zona de los Alpes alemanes si mal no me equivoco por lo que vi ayer… Podría ir a Munich a estudiar la carrera y estaría más cerca.- Lo que me explicó Tanith el día anterior me había marcado. Pertenecer a un grupo de héroes que se dedican a limpiar las infestadas calles europeas de la chusma y basura que las llenan era algo que me motivaba mucho. Además, tal vez pudiese dar con la pista del asesino de Leroy y descubrir para quién trabajaba, y por qué habían matado a mi compañero. Intenté no dejarme llevar por el sentimiento de venganza, pero era duro y difícil.- Además, también ayudaría a mejorar mis poderes y potenciarlos enormemente… Pero quería saber tu opinión antes de tomar ninguna decisión.

Ella se incorporó y resopló.- Eso depende de ti Plana, no de mí… Yo coincidí en el pasado con Tanith, la chica con la que has venido. Puede que parezca dura, y lo és, pero tiene un gran corazón. Es valiente y aguerrida, y sabe cuidar de los que le importan… Pero, ¿tú por qué quieres ir con ellos Plana? ¿Es porque quieres ayudar y convertirte en un hombre de provecho? ¿O es más bien porque quieres que todos te conozcan como el gran héroe europeo que salva ciudades?- Su pregunta era justa y lógica. Realmente ser conocido no era algo que me comiese la vida. Salvar a mucha más gente a escala continental por el contrario sí que me atraía. También tenía la oportunidad de convertirme en un ingeniero y aprovechar mis poderes para construir y diseñar toda clase de gadgets y artilugios que me sirviesen, como habíamos hablado tantas veces Leroy y yo. La fama no era algo que me motivase tanto como podía creer la gente. El título del guardián me hacía gracia, pero tampoco iba constantemente diciéndolo a cada persona que me encontraba. Sí que me gustaba de todas formas que mis enemigos me reconociesen, más que nada para aumentar mi popularidad entre ellos, y así frenar muchos crímenes sólo por el miedo de que apareciese.

- Creo en lo que me dijiste Sophie, en que tengo el poder para hacer cosas grandes y ayudar a mucha gente… Y creo que con ellos puedo conseguirlo. Tú te has portado muy bien conmigo todos estos años, y eso es algo que jamás voy a olvidar.- Me levanté y me puse a su altura, rodeándola para mirarle a la cara.- Tú fuiste quien me motivó para luchar contra el crimen y las injusticias, la que siempre ha creído en mí cuando más lo hizo… Sé que es duro para ti, créeme que lo sé… Pero estoy seguro de que me entiendes…-

Ella apoyó su mano sobre mi mejilla. Noté el contacto húmedo de sus manos, mojadas por las lágrimas que se había secado mientras yo hablaba.- Eres un buen chico Plana. Pero a lo que te quieres enfrentar es mucho más grande de lo que crees. No sería enfrentarse a delincuentes en la noche, ni a atracadores de pacotilla con un par de pistolas cada uno. Debes entender que si tomas la decisión de unirte a ellos, la responsabilidad que caerá sobre ti será mucho mayor. Tendrás que sacrificar muchas cosas y dejar a mucha gente atrás para conseguir objetivos mayores. Tu vida peligrará mucho más de lo que ha peligrado nunca, y posiblemente encuentres enemigos mucho más fuertes que tú…- Sus palabras mostraban preocupación, y la entendía. Sabía que eso iba a pasar, pero tarde o temprano tenía que pasar. Tarde o temprano encontraría a gente más poderosa que yo y mejor preparada. Pero si me unía a los "Abyss" mi potencial aumentaría enormemente, así como mis conocimientos del combate, tanto cuerpo a cuerpo como en el uso de mis poderes.

- Lo sé, pero en algún momento tendré que abandonar el nido, ¿no crees?- Le sonreí. Era duro para ambos, pero tenía que ser fuerte. Tenía que luchar por lo que creía que estaba bien.- En cualquier caso, siempre vendré a esta ciudad. Necesitan un protector, y mejor que yo pocos va a haber. Y pase lo que pase quiero seguir manteniendo el contacto Sophie…-

Ella sonrió y me acercó hasta ella, dándome un último abrazo maternal.- Parece que ya has tomado una decisión… Pase lo que pase a mí siempre me tendrás aquí, ¿vale? O a donde vaya. Pero en mí siempre habrá alguien que te cuidará y recibirá cuando haga falta.- Me apretó con fuerza contra su pecho. Yo le devolví el abrazo mientras cientos y cientos de recuerdos me recorrían la mente. Las veces que ella me cuidó y me ayudó a tomar decisiones. Siempre había sido un encanto conmigo y me había cuidado como nadie, como aquella noche que volví con casi todos los huesos rotos. Mi factor de curación trabajaba recomponiéndolos aquí y allá, y mientras ella me trajo sopa caliente y un paño frío para la frente. Siempre había sido buena conmigo, y siempre había estado allí cuando la había necesitado.- En fin, no hagamos esperar más a Tanith ni al resto. Suficiente nerviosa debe estar ya con nuestra ausencia.

Salimos a la calle y Tanith se volvió a nosotros. La cara de alegría que llevaba Sophie la preocupó un poco, pero entonces me acerqué a ella y apoyé mi mano sobre su hombro.

- Espero que mi cuarto esté mejor que en el que he dormido esta noche, esas cortinas eran feas como un pie.

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