Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.

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Hellboy
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MensajeTema: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Vie 17 Jun 2016 - 15:11

26 de marzo de 2019.
09:30 de la mañana.
Hangar principal de la agencia de investigación y defensa de lo paranormal.
Base de operaciones del B.P.R.D. Fairfield, Connecticut.


Tom Manning caminaba cerrando los ojos por el viento que se había levantado con el movimiento de los aviones y helicópteros al despegar. Se dirigía al hangar principal donde el equipo que viajaría al otro extremo del mundo se preparaba para despegar. Un grupo reducido de agentes, entre los cuales estarían los mejores de los mejores, para resolver por fin todo el asunto de los jinetes del Apocalipsis. Desde que apareció el profesor Broom la noche del veintiséis de diciembre del año pasado todo había cambiado. El hombre había estado en coma un par de meses, con las constantes estables pero sumido en el sueño. Balbuceaba de vez en cuando, agitándose o diciendo palabras ininteligibles. Pero entre todos aquellos ataques, pudieron sacar varias palabras en clave. "Muerte", "Himalaya", "fuente", "hijo", fueron algunas de las palabras que pronunció. Pero fue a principios de marzo cuando por fin el anciano despertó. Estaba débil y no recordaba muchas cosas. Lo único que fue capaz de decir a todos ellos era que se habían equivocado con los jinetes. Que debían hablar con Muerte y hallarían las respuestas. Reconocía a todos los agentes excepto a los nuevos que habían ingresado desde su muerte. No recordaba cómo había llegado al mundo. El primer recuerdo que tenía era despertar en mitad de la nieve unas horas antes de llegar a la base, donde debía ir a toda costa. Los médicos dijeron que era normal que estuviese aturdido. Entre su edad y la falta de nutrientes y proteínas era un milagro que pudiese siquiera hablar. En el B.P.R.D estaba a salvo, pero ahora tenían miles de nuevas preguntas. ¿Cómo había vuelto a la vida? ¿Qué quería decir con que se habían equivocado con los jinetes? Demasiadas preguntas que esperaban Muerte les resolviese. El profesor es lo que les había dicho, así que no tenían otra opción que creer a quien fue el director y fundador de la organización.

Hellboy fumaba un puro mientras miraba como cargaban con armas y todo el equipo necesario para un despliegue por si acaso. Más valía prevenir que curar, y no estaban dispuestos a arriesgarse a que les pillasen con las manos vacías. El demonio llevaba a la espalda atada a la legendaria espada Excalibur, la cual sólo respondía a él por derecho de nacimiento. Su hoja dorada, a pesar de parecer mellada, le había ayudado contra Guerra, hiriéndole de gravedad antes de que acabasen con él. Cuando vio al director acercarse asintió, volviendo la vista de nuevo al enorme avión.

- ¿Qué tal está mi padre?-

- Está estable. Ha mejorado considerablemente en estas últimas semanas. Poco a poco va recordando cosas, pero sigue sin recordar nada de cómo volvió a la vida. Sólo lo que nos dijo...- Hellboy asintió lentamente mientras una enorme bocanada de humo gris abandonaba sus labios y se perdía en el viento que les golpeaba. Llevaba puesta una gabardina distinta a la que solía vestir, más parecida a un grueso abrigo con lana al final de las mangas y las solapas de este. Se movía con el viento, levantando la parte baja de este. El símbolo del B.P.R.D dibujado en el brazo derecho. Sabía que, aunque no pasaba frío, era mejor ir con ropa más acorde al lugar donde viajaban, e iban a visitar la cúpula del mundo, a más de cuatro mil metros de altitud, donde se encontraba el pueblo más alto de todo el país y probablemente del mundo. Una vez allí deberían escalar al menos mil metros más hasta encontrar el lugar que buscaban: una caverna con un altar al final de esta donde en teoría les esperaba el último de los jinetes en un trono de piedra y hielo. Abe se acercó a los dos hombres proveniente del avión. Llevaba una especie de traje isotérmico que le protegería de las bajas temperaturas. Cruzó las manos en su espalda, estirando ligeramente esta.

- Estamos casi listos Rojo. Deberíamos ir entrando. Las hermanas y el resto de Shadowpact ya esperan dentro. Rebecca está revisando la munición y preparada para embarcar también. Señor Manning, informenos con cualquier novedad que haya aquí, ¿ok?- El director asintió. Hellboy apagó lo que le quedaba del puro en su mano de piedra y luego se lo dio a Manning.

- Tira esto, ¿quieres? Me están esperando...- El avión sería pilotado por Kate y un piloto en prácticas. Dentro de este viajarían los agentes y un par de helicópteros que les subirían desde el aeropuerto hasta el pequeño pueblo. Liz y Krauss aseguraban un par de montones de cajas antes de tomar asiento y abrocharse los cinturones. Los dos mejores agentes de la organización entraron los últimos en el enorme armatoste antes de cerrar las compuertas y colocarse los auriculares para poder hablar entre todos ellos. Kate les indicó que despegaban y que todos debían tomar asiento y abrochar sus cinturones. Tardarían casi un día en llegar hasta el pequeño pueblo. Pasarían la noche del 27 al 28 allí y luego comenzarían el ascenso. Rojo suspiró y miró a través de la ventanilla, meditando. No se sentía bien dejando al profesor solo, en la otra punta del mundo, pero había cosas más importantes. Los motores del avión cobraron vida, y todo el aparato comenzó a vibrar. Lentamente avanzó, dejando atrás el hangar, poniendo rumbo a la pista de despegue. La velocidad incrementó enormemente, y los ocupantes de este se aferraron a los reposabrazos de los asientos. Se elevó unos centímetros, y volvió a tomar tierra, hasta que el tirón fue inevitable, elevándoles sobre el cielo americano, poniendo rumbo al otro extremo del mundo.

28 de marzo de 2019.
09:20 de la mañana, hora local.
Helicóptero del B.P.R.D, aeropuerto de Katmandú.
1400 metros sobre el nivel del mar. Nepal.



El sol brillaba con una fuerza como pocas veces el demonio recordaba. Era un despertador de lo más agradable para quienes habían pasado la mitad de las últimas cuarenta y ocho horas metidos en un avión. Cuando llegaron el día anterior a la capital de Nepal durmieron como bebés en el hotel que habían reservado para todos. A la mañana siguiente, los relojes comenzaron a sonar a las ocho de la mañana, y un par de horas después subieron a los dos helicópteros para poner rumbo al último pueblo de la cordillera, Lingmug, para después adentrarse en la congelada caverna. Todos llevaban ropa de abrigo y los agentes metieron los armamentos y demás utensilios en las bodegas. Eran un grupo bastante reducido. Además de los miembros de Shadowpact y la vaquera, los cuatro agentes del B.P.R.D, Kate Corrigan y un par de becarios. Cuando todo y todos estuvieron dentro y cerraron las puertas los motores arrancaron. Las aspas comenzaron a girar con lentitud, acelerándose por segundo hasta desaparecer y convertirse en una pequeña neblina que difuminaba el cielo tras ellas. En uno de los helicópteros estaban Hellboy, Rebecca, Lissa, Lyz, la otra Liz y de piloto llevaban a Kate. En el segundo estaban John, Garnet, Abe y Johann, y les pilotaba el agente Smires, un becario de la rubia al que había enseñado a pilotar. El muchacho estaba algo nervioso y Kate pudo verlo a través de las ventanillas. Sonrió y activó el sistema de comunicación interno.

- ¡Tranquilo chaval! ¡Estaré vigilándote para que no metas la pata! ¿Cómo vamos por ahí atrás? ¿Todos bien? ¿Cinturones abrochados? ¡Pues vamos allá!- El polvo se levantó en grandes nubes alrededor de los dos vehículos, y muchas piedrecitas rodaron por el suelo. Las lonas de las tiendas cercanas bailaron, y los militares y pilotos que allí habían crearon sombras con sus manos para evitar el golpe del sol. No había ni una sola nube en el cielo y en cuestión de segundos la ciudad de Katmandú era una pequeña mota en el suelo. Kate y el otro chaval presionaron con fuerza la palanca hacia abajo, y los dos helicópteros volaron a toda velocidad en dirección a lo alto de la cordillera que se alzaba imponente ante ellos.

Apenas una hora después pudieron notar las fuertes corrientes de viento mover el helicóptero con violencia, pero ambos eran pilotos experimentados, especialmente Kate, y no iba a permitir que un poco de viento le asustase. De hecho, ella parecía disfrutar de la experiencia, tarareando para sí alguna canción ininteligible. Hellboy miraba a través de la ventana, pudiendo observar las faldas y enormes muros de las montañas, imponentes, con ese tono azulado que daba el oxígeno que había en el aire. Algunas manadas de yaks galopaban torpemente, asustados por las máquinas que llenaban el cielo con su ruido mecánico al que tan poco acostumbrados estaban los habitantes de aquel lugar. Hellboy comprobaba por tercera vez el mapa que habían cogido en la ciudad y las marcas que había hecho sobre él, con algún que otro dibujo de demonios y demás. Miró a sus acompañantes y sonrió ligeramente.

- ¿Creéis que nos encontraremos al Yeti?- Liz resopló y negó con la cabeza.

- HB, el Yeti no existe... Ya lo hemos comprobado varias veces...-

- Podría ser divertido... Siempre y cuando no sea un cabronazo con ganas de aguar la fiesta... En cuyo caso me tocará explicarle a golpe de puño que no hemos ido a molestar.- En realidad, aunque el demonio había intentado quitar hierro al asunto, se temía lo peor. No sólo estaba convencido de que seguramente se encontrarían a un yeti o algo por el estilo, sino que sería además agresivo y les tocaría romperle la nariz o un brazo para que se estuviese tranquilito. Aunque quería confiar en las palabras de su padre. "Tenéis que hablar con Muerte. Entonces se os abrirán los ojos...". Sacudió la cabeza y volvió a guardar en el bolsillo de su gabardina invernal aquel panfleto. Una nueva turbulencia sacudió el helicóptero con fuerza, haciendo que el demonio se golpease la cabeza con el techo. Farfulló algo y se frotó esta con la mano izquierda, maldiciendo.

En el otro helicóptero, Abe y Johann habían extendido un mapa que mostraban a la pareja.

- Este es el pueblo. El problema es que hay dos caminos a seguir para alcanzar la caverna. Tendremos que hacer dos grupos. En cuanto hayamos aterrizado lo decidiremos. Aún es pronto. Lo que está claro es que Rojo dirigirá uno de ellos y yo el otro. A ver qué tal se nos da... En el caso de que uno de los caminos sea impracticable por algún derrumbamiento u otro inconveniente deberá dar la vuelta e ir por el otro. Y todo esto sin contar con guardianes que pueda haber vigilando los templos... Se supone que esta cueva es un antiguo templo de más de dos mil años. Puede que nos encontremos con alguna desagradable maldición... Por suerte además de nosotros tenemos a John.- El personaje azul le dirigió una sonrisa amable al inglés. Sabía que era un experto en esa clase de magias oscuras, o bastante entendido al menos, así que tal vez tendrían suerte si se encontrasen con alguna incómoda sorpresa. Todos pudieron escuchar un crujido en sus oídos seguido de las palabras de Kate que anunciaba que iniciaban el descenso. Abe cerró el mapa y se lo guardó. Era importante saber en todo momento donde estaban, de manera que lo tendría a mano. Ambos helicópteros frenaron su marcha y se detuvieron a unos cincuenta metros sobre el suelo. Comenzaron a descender lentamente, alejados unos treinta metros el uno del otro. A través de las ventanas podían verse los tejados de madera y piedra del pequeño pueblo. Algunos niños corrían por sus calles, dirigiéndose a la zona de aterrizaje, una planicie decorada con nieve y algunas briznas de hierba que se asomaban a través de ella. La nieve comenzó a alejarse en un círculo bajo cada uno de los vehículos, anunciando que casi habían tocado suelo. La hierba se agitaba con fuerza, al igual que algunos árboles cercanos. Al cabo de unos segundos sintieron el suelo bajo sus pies con una pequeña sacudida de los aparatos. Las hélices siguieron girando un rato, pero el motor ya no hacía el infernal ruido que producía al estar en marcha. Abe y Hellboy abrieron las puertas hacia arriba, siendo los primeros en bajar, examinando el lugar. La pequeña aldea les daba la bienvenida con un fuerte aroma a coníferas y hierba. La mayoría de habitantes se había acercado al lugar, curiosos, observando a una distancia prudencial a los que se bajaron de los helicópteros. Muchos señalaban al demonio, y pudo ver tanto caras de miedo y sorpresa como sonrisas, sobre todo entre los niños. Uno de ellos gritó algo en su idioma y señaló a un yak que rumiaba tranquilamente cerca de ellos. Hellboy puso los ojos en amarillo y suspiró.

- Perfecto. Ahora soy un jodido yak.- El demonio sacó un puro de su gabardina y se lo encendió. Una vez estaban todos fuera, un hombre con la piel tostada pero que no pertenecía a la tribu se acercó a ellos con los brazos abiertos. Tenía el pelo cano y vestía las ropas típicas de las tribus del lugar. Un poncho ancho hecho de piel, unos zapatos de ante cosidos a mano y varios collares con bolitas de colores y pulseras que bailaban en su muñeca.

- ¡Bienvenidos sean todos! Bienvenidos. Mi nombre es John Williams. He hablado con el señor Manning de su viaje. Espero que no haya sido demasiado duro. Vengan, les llevaré a la casa principal. Podrán recuperar las fuerzas. Dejen eso por ahí. Eso es. No se preocupen, la gente de aquí son pacíficos, pero no están acostumbrados a ver tecnología punta. Cam'ca, यी मानिसहरू को लागि पेय तयार। तिनीहरूले अमेरिकी मित्र हो।.- Una mujer sonrió e hizo una pequeña reverencia mientras los agentes sacaban las cajas y demás aparatos de los helicópteros, apilándolas en la pared exterior de una pequeña casa de piedra. La fresca brisa golpeó a todos en la cara de una manera agradable. Aquel era, sin duda, un paraíso en el que más de uno se habría jubilado de buen grado.

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Dalae Darkle
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Sáb 18 Jun 2016 - 12:06

Dalae llevaba varios días en la aldea ya, y hacía uno entero que no había dicho ni una palabra a nadie. Había llegado diciendo a los habitantes del lugar que era una fotógrafa humana en busca de imágenes para un proyecto. A su maestro, por el contrario, le había dicho que iba a trabajar, a continuar buscando el Teseracto, con la excusa del aumento de energía visto en esa zona. Era tan mentira como lo de las fotografías. Había ido ahí, ante todo, para olvidarse de las últimas cosas que habían pasado. Necesitaba estar sola, y el Himalaya era el lugar ideal para ello. Los aldeanos no insistían en hablar con ella, Raden tampoco, y se libraba del ambiente opresivo que imperaba en Niflheim. Así, podía atormentarse a gusto. Los remordimientos por lo que había hecho no habían dejado de aumentar, a pesar de que el problema con Arión se había solucionado. Más o menos.

Estaba en su habitación de la casa principal cuando escuchó el sonido de helicópteros acercándose, así que salió a ver de quién se trataba. Raden, que estaba tumbado en el suelo, se levantó y la siguió, convirtiéndose en una pequeña nube de niebla que entró en el bastón a medida que la asgardiana se vestía con la ilusión que ocultaba su armadura bajo el aspecto de ropas abrigadas normales. De los aparatos descendieron varias personas, algunas de ellas conocidas para ella: El demonio rojo, Hellboy, era el más llamativo, siempre acompañado de la criatura azul. Allí también estaba John Constantine, con quien se había encontrado muchas otras veces, con peor o mejor fortuna. Iba acompañado de una pelirroja, las hermanas Stavridis y una rubia: A esta última no la conocía de nada, al igual que la pelirroja, pero supuso que tendrían algún tipo de poder mágico. Si no, no estarían ahí... Por que parecía que lo que les había traído a ese rincón del mundo era algo serio. Varios agentes con las siglas del BPRD en sus uniformes descargaban cajas y más cajas... Que contenían, a todas luces, armamento pesado. ¿Qué podía estar pasando? Realmente, ella no le había dado mayor importancia a las señales energéticas de la zona. Al fin y al cabo, estaban en Omega, y esas cosas pasaban con más frecuencia que antes. Podía ser cualquier cosa... Pero si la organización de Rojo estaba en ello, y había traído a tantos otros magos, debía de ser importante. Dalae ignoró las protestas de Raden, que le recordaba que no era buena idea llamar la atención, ni meterse donde no la llamaban, y se deslizó entre los aldeanos para situarse detrás del enorme demonio. Curiosamente, era uno de los seres que más confianza le producían de ahí, a pesar de su aspecto y su tamaño. -Buenos días, Hellboy...-Prefirió ir directa al grano: Después de todo, parecía que ellos no estaban para perder el tiempo. Además.... Había cogido la costumbre de no ser vista a menos que fuera estrictamente necesario, y aún no sabía si era el caso o no. -¿Ha pasado algo? No sabía que hubiera problemas en esta zona...-De hecho, parecía que iban a cazar un monstruo de gran tamaño, y la joven no había visto ni oído nada. O realmente no era eso, sino otra cosa, o el ser era lo suficientemente inteligente como para pasar desapercibido así. Y esa última perspectiva no era muy agradable.

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Última edición por Dalae Darkle el Lun 20 Jun 2016 - 11:52, editado 1 vez
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John Constantine
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Dom 19 Jun 2016 - 13:30

- ¿Es demasiado tarde ya para pedir la carta del menú de abordo? - bromeó el inglés ante la pregunta de la piloto del BPRD.

"¿Qué es lo que haces aquí, John? ¿Cómo te has metido en éste lío? Ah si... tu puñetero sentido del deber entre comillas y tu gran bocazas. Toma nota: igual sería buena idea preparar una cabaña de ermitaño".

El viaje estaba siendo de los más pesados de su vida. Quitando el hecho de dormir en incómodas situaciones, aunque el mago había estado en peores lugares, estar sentado durante tantas horas metido en una tartana de metal volando por los cielos durante horas y horas y horas... no es precisamente la mejor manera de pasar el rato. Las piernas le dolían una barbaridad, la espalda se le crispaba y tenía metido entre ceja y ceja un dolor tan punzante como un martillo dándole a un clavo. Un auténtico calvario.
Por suerte en el mismo helicóptero tenía a su aprendiz, Garnet, y quieras o no, tenerla cerca hacía que el mago se olvidara de dónde estaba y hacia dónde se dirigían. El asunto de los jinetes del Apocalipsis era algo serio, por no hablar que su misión era encontrarse con Muerte, el último de ellos. John no quería que pasara lo de siempre: joven inexperta en la materia muere trágicamente mientras el mago sobrevive por tener una flor en el culo y un ángel de la guarda las 24h de la semana. No se sabría decir cual de los dos permanecía pegado a quién, o si eran ambos los que no se separaban en ningún momento el uno del otro. Ésta se podría considerar la primera "aventura sobrenatural oficial" para la ladrona. Cualquiera con más de dos dedos de frente y en su situación sabiendo a lo que se iba a enfrentar estaría nerviosa y/o cagada de miedo.

- Eh - le llamó la atención el mago, moviendo la mano para que se fijara en él - ¿crees que Anya se enfadará con nosotros si cantamos "let it go" al llegar? - El rubio quiso mantener un semblante serio pero se le escapó una sonrisa ladina ante la pésima broma que había soltado, pero si servía para quitar hierro...

Abe sacó un mapa para que todos pudieran ver hacia dónde se dirigían y los caminos que iban a tomar ambos grupos. Cuando Azul comentó lo de los guardianes y las maldiciones, John tuvo ganas de llevarse un pitillo a la boca.

- Estupendo entonces. Genial. ¿Y nadie tiene el número de Indiana Jones para que se encargue de las trampas? - No le hacía ninguna gracia la posibilidad de maldiciones y seres antiguos que guardaban las puertas. Ya soportaba suficiente presión su corazón con tener que visitar a la propia Muerte como para tener que aguantar más chorradas. "Ojalá sea la del plátano. Con esa se podía hablar..."

Al aterrizar y salir del helicóptero John se cagó en todo lo cagable cuando la ráfaga de frío le congeló hasta los huesos. Había cogido un abrigo bastante grueso, guantes, bufanda para taparle el cuello y un gorro de esos de escalador. Incluso se había puesto unos pantalones dobles encima de los que ya llevaba y aun así, se estaba helando. Y por supuesto, ni muerto se separaba de su gabardina, la cual la llevaba cerrada bajo el abrigo.
Se frotó como pudo y sintió un repentino escalofrío en la nuca. Cualquiera lo habría achacado al frío, pero la experiencia hizo que mirara a diestra y siniestra, observando el poblado. Algo andaba mal por ahí...

- Espero que tengan un buen whisky y que suene "God save the queen" de los Sexpistols para hacerme sentir como en casa.

John no dejaba de temblar.

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Hailey Sullivan
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Lun 20 Jun 2016 - 1:47

Durante la mayor parte del viaje, me limité a ignorar a todo y todos.

Me encontraba en un avión con John, y con un ser azul que respondía al nombre de Abe. Nada fuera de lo común si lo comparaba con el resto de criaturas que había llegado a ver en el bar Oblivion. A pesar de su curioso aspecto, Abe era agradable y su manera de hablar era inefablemente educada. Lo cual no me impidió pasar la mayor parte del viaje con cara de póker y mirando por la ventana.

Había venido a acompañar a John. Más allá de eso, mi interés para con el resto del equipo y la misión era prácticamente nulo, a juzgar por el hecho de que, hasta donde yo tenía entendido, no me iban a pagar por ello. Y como no estaba allí ni por viaje ni por placer, no tenía necesidad alguna de intentar ser simpática. Bostecé, mirando de nuevo el paisaje a través de una de las ventanas. Pero al menos… había venido a acompañar a John. Lo cual implicaba que no estaba sola en el viaje. Aunque ninguno de los dos nos mostramos especialmente charlatanes durante el viaje, no dejaba de haber miradas cómplices, y de algún modo la sensación de que en el fondo, podíamos incluso intentar disfrutar del viaje.

- Eh - John movió la mano para atraer mi atención, manteniendo la misma mirada desprovista de sentimiento que había llevado durante la mayor parte del viaje. - ¿crees que Anya se enfadará con nosotros si cantamos "let it go" al llegar? - heché la cabeza ligeramente hacia atrás, frunciendo el ceño y con una mueca que bien dejaba claro que no sabía si me tomaba el pelo o me incitaba a intentarlo. Intentó mantenerse serio… Con pésimo resultado. Así que le obsequié relajando el gesto y sonriendo girando los ojos en blanco.

Abe sacó un mapa y empezaron a discutir los caminos. Ojeé por encima los dibujos, desviando inmediatamente la mirada al ver letras. Aunque fueran los poblados o el nombre de la montaña, me importaba tres pimientos. Estaba de letras hasta las narices, y no quería ver ni una durante todo el viaje.

Hasta cierto punto y dependiendo del tipo de trampas… Me tenéis a mí. - sonreí sin mirar al grupo, restándole importancia. De algún modo, el modo en que Abe mencionaba que teníamos a John con nosotros, me hizo sentir orgullosa. John sería muchas cosas, pero últimamente estaba demostrando tener fama de ser uno de los mejores en los temas sobrenaturales… Y saber que era su “aprendiz” de algún modo me hacía sentir bien conmigo misma. — Para todo lo demás, usen al inglés.

Cuando el fin aterrizamos, no pude evitar recordar las palabras de John, y literalmente bajé del avión tarareando la puñetera canción de disney. Al llegar a cierta parte en concreto, empecé a canturrearla en voz baja, agachandome a tomar la nieve entre mis manos y formando una pelota perfecta con ella.

It’s time to see what I can do, to test the limits and break through — lancé la bola de nieve al aire, para luego volver a cogerla antes de que cayera al suelo, y por un momento me sentí tentada a lanzársela a John. Le observé. Parecía tener frío y miraba a izquierda y derecha casi con nerviosismo.

Se supone que tengo una edad. Que hay ciertas cosas que ya no tengo porqué hacerlas. Tendí la mano con la bola encima, pensando que esta era una de ellas, y giré lentamente la muñeca para dejarla caer, aun con la canción metida en la sesera. - No right, no wrong, no rules for me… I'm free!

Busqué con la mirada a las hermanas Stavridis, a Hellboy, a Abe, al tio que hablaba en vete tu a saber qué idioma, y en los paisanos y transeúntes de la zona. Nadie de ellos parecía interesado en lo más mínimo en lo que yo hiciera o dejara de hacer.

La bola describió un hermoso arco antes de ir a impactar en el hombro de mi maestro. Sonriendo al fin de mejor humor, caminé hasta colocarme a su lado, como si no hubiera sucedido absolutamente nada. Del bolsillo interior de mi chaqueta retiré una pequeña petaca bien provista de Long Island y le di un largo sorbo antes de volver a guardarla y prender un cigarro. Y tras la primera calada, sonreí a John, como si ya hubiera pasado todo.

Y es que un viaje, sin fumar ni beber, podía llegar a ponerme de muy mal humor.

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Elysia Stavridis
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Mar 21 Jun 2016 - 12:36

Sabía que las cosas se complicarían en la reunión del Bar Oblivion, pero nunca pensé que se complicarían tanto. El desequilibrio en la magia, la aparición de demonios, los jinetes del Apocalipsis… explicándolo así parecía que fuera a llegar pronto el fin del mundo. Pues si llegaba, yo no quería estar ahí para verlo. ¡Tengo muchas cosas que hacer todavía! ¿Vale?

-¿Seguro que no queréis que os acompañe?- por primera vez, la expresión de Jake fue seria, como la de un niño que ha visto muchos horrores en su vida.

- Alguien tiene que encargarse del Bar Oblivion en nuestra ausencia… y vigilar que N no se meta en ningún lío…- dije mirando con un deje de ternura al novio perfecto hecho con papel y lápiz.

- ¡N protegerá a las Stavridis! - dijo el rubio entusiasmado, mostrando sus bíceps ahora en tres dimensiones. Tenía que reconocer que N era mucho más resistente que antes… y por no hablar de cuando paró aquel coche en medio de la carretera con su superfuerza. Pero a pesar del cambio, seguía siendo vulnerable a las temperaturas, y por mucho que protestara, no podía venir al sitio al que íbamos.

- Cuidad también de Lycos… y de Erin… ¿vale? – dije agachándome para acariciar a mi perro inventado y besarle encima del hocico, entre los ojos. El Malamute de Alaska ladró con entusiasmo, y Elissa y yo nos despedimos de nuestra familia.

Nos dirigimos a la base del B.R.P.D. dónde nos hicieron subir en un avión. Sólo había subido un par de veces en mi vida para viajar a Atenas a visitar a mi madre, pero era un vehículo que no me daba mucha confianza, aunque la ciudad se veía guay desde tan arriba. Eso sí, era mucho más seguro que ir en una alfombra voladora de las mías o con la capa planeadora. Había desarrollado un poco de fobia a las alturas por la de veces que casi me rompo la crisma por estar volando a treinta metros del suelo. Pasamos el día volando y descansamos mucho la noche del 27 para acumular fuerzas. No había madrugado tanto en mi vida desde que estudiaba bellas artes en la universidad, así que me costó bastante levantarme, y estuve de muy mal humor las primeras horas, pero una vez volvimos al avión empecé a sentirme otra vez persona.

Bajo el abrigo que me iba a proteger del frío del Himalaya, llevaba un traje especial con capa y capucha que me había diseñado especialmente para el grupo de Shadowpact, uno a juego como el que se hacía Lissa cuando era Psique. No iba a llevar el traje de Chroma dado que era mi identidad secreta como heroína, y aquí me conocía todo el mundo como Elysia Stavridis. El pacto de las sombras era algo mucho más serio, así que me tenía que preparar para la ocasión, sin vestidos de marinera, ni cascos espaciales. Llevaba los guantes que me protegían de mi propia magia, las botas resistentes a la fricción, el estoque al cinto, y un vestido de color turquesa con runas plateadas, capucha y capa planeadora, que me protegerían de los golpes y los proyectiles. ¡Y tampoco podía olvidarme de mi lápiz y mi libreta!

Durante el viaje escuché la conversación de mis compañeros de helicóptero, Elissa y Helboy, mientras dibujaba lo básico que necesitaba para una aventura con ese calibre. El grandullón me había causado una mala impresión la primera vez que le conocí… pero el chiste del Yeti me había gustado. Tenía un sentido del humor que no me esperaba viniendo de él. Volví a centrarme en los dibujos; placas con pinchos (¡Esas siempre aparecían!), rifles, bolas de fuego, cualquier cosa que se me ocurriera y que fuera útil en una batalla. Mientras mi mente trabajaba concentrada en los dibujos, escuché un murmullo provinente de mi cabeza. Una voz de mujer que luchaba por hacerse oír y que rápidamente se desvanecía. Maldita sea… ¡ahora no! Iba a costarme acostumbrarme a eso…

Me quedé bastante aturdida después de sentir las voces, y bajé del helicóptero siguiendo a los demás sin prestar mucha atención a lo que ocurría a mi alrededor.

- Vamos… Elysia… ¡Céntrate!- mis ojos azulados se posaron entonces en la recién llegada, una amiga de Hellboy que estaba haciendo turismo en el Himalaya. Me sorprendió que a pesar de su aspecto rudo e imponente, Hellboy tuviera tantos amigos y conocidos por el mundo.

Mi mirada se desvió a la gente que viajaba en el otro helicóptero. El capullo de John Constantine parecía helado hasta los huesos y la pelirroja de su aprendiz le lanzaba una bola de nieve con una sonrisa divertida. No habíamos venido aquí a jugar, pero entendía que la novata hiciera eso para relajar la tensión. Íbamos a conocer a la misma Muerte, así que era normal estar acojonados. ¿Quién me mandó a mi meterme en este lío?

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Miér 22 Jun 2016 - 19:52

θάνατος. Thánatos. Muerte. A Elissa no le gustaban los aviones, y pasar tantas horas encerrada en uno de ellos, con aquella palabra rondando su mente una y otra vez, estaba pasándole factura.

Para alguien que había intentado alejarse de la magia durante, al menos, los últimos cinco años, la psicóloga no lo estaba haciendo nada bien. No se puede pasar de blanco a negro con tanta facilidad. Desde noviembre, el mundo parecía empeñado en que Lissa se diera de bruces con lo sobrenatural. O tal vez era que, al romperse el dique, el agua había entrado a raudales, y ya le llegaba hasta casi la nariz.

Culpa suya. Había abierto la puerta al querer sanar a Dragoslav.

Después todo había sido encadenar un uso de su poder detrás de otro. ¿Un regalo de Navidad para Sloan Jenkins? ¡Por qué no! ¿Una versión alternativa de "Desde Rusia con amor"? ¡Por supuesto! ¿Reparaciones de emergencia para John Constantine? ¡Cualquier día! El recuerdo de su padre también había tenido a bien resurgir en aquel momento, con la aparición de Jake y el diario, con su llave encajando en la cerradura del Oblivion y con la fundación de Shadowpact. Por no hablar de su excursión a la Torre de Babel, o de cuando habían intentado ficharla para la secuela de "El Planeta de los Simios", de la mano de Ari'ahn de Atlantis (que no se había tomado la negativa demasiado bien).

Pero Elissa vivía al límite, y tal. Así que, cuando le ofrecieron viajar al Himalaya para conocer en persona a un Jinete del Apocalipsis (Muerte, en concreto), acompañada de un demonio rojo de cuernos limados, un pez que había leído más enciclopedias que nadie y una pirómana dudosamente rehabilitada, y con todos los gastos pagados... no pudo negarse. Es decir, en aquellos momentos quería estar en la otra punta del mundo, lo cual vendría a equivaler a los Estados Unidos de América.

¿Querías magia? Toma tres tazas. Y luego repite, por si te has quedado con hambre.

Oh, y no olvidemos a Promethea. ¿Cómo diablos se las habría apañado para meterse en tantísimos líos últimamente?

- ¿Creéis que nos encontraremos al Yeti?- la voz de Hellboy sacó a Elissa de sus pensamientos. Con la suerte que tenía últimamente, a Psique no le hubiera sorprendido encontrarse no con uno, sino con todo un comité de bienvenida yeti en el momento de aterrizar.

- HB, el Yeti no existe... Ya lo hemos comprobado varias veces...- dijo Liz Sherman, tras un resoplido.

- Podría ser divertido... Siempre y cuando no sea un cabronazo con ganas de aguar la fiesta... En cuyo caso me tocará explicarle a golpe de puño que no hemos ido a molestar.

Lo cierto es que la perspectiva de tener el puño de Hellboy de su lado tranquilizaba un poco a Elissa, aunque aquello no terminara de solucionar las turbulencias en el avión. Una sacudida hizo chocar la cabeza del demonio con el techo, y provocó una sensación igualmente desagradable en la boca del estómago de la psicóloga. Dioses, qué necesidad más imperiosa sentía ahora de preguntar "¿cuánto falta?".

No lo hizo. Pero se alegró sobremanera cuando llegaron. Salvo algún breve intercambio de palabras con Hellboy o Elysia durante el trayecto, la psicóloga había estado bastante callada, intentando distraer su mente con pensamientos más agradables (o más estúpidos). Cosas del tipo: si digo "liz", ¿se girarán las dos? Pero la palabra Thánatos siempre regresaba a su cabeza, de una forma o de otra. Necesitaba aire fresco.

La aldea era pequeña, pero agradable. Eso, unido al hecho de haber salido del avión, la animó un poco. Sonrió cuando compararon a Hellboy con un yak, y cuando Constantine se llevó una bola de nieve. Era una sonrisa algo nerviosa, pero ahí estaba. Además de ella, Lyz y John, con quienes estaba más familiarizada, y de los miembros del BPRD, también estaba la aprendiz de Constantine, una mujer rubia de cabellos trenzados y una muchacha morena que acababa de aparecer.

Y luego estaba John Williams, que aparte de ser un compositor adorado por Erin, también era su comité de bienvenida al Himalaya. Y bueno, al menos no había resultado ser un yeti.

- Gracias - dijo al no-compositor, no-yeti, cuando éste los recibió. Elissa se arrebujó un poco en su abrigo, y siguió a Hellboy.

La brisa agitó los cabellos rebeldes que habían decidido no amoldarse a su trenza, metiéndoselos en los ojos. Se volvió ligeramente, para ponerse de cara al viento, y pudo contemplar mejor el lugar en que se encontraban, y los picos de las montañas recortados contra el cielo.

El paisaje era precioso. Costaba imaginar que, en alguna parte, Muerte los estaba esperando.

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Rebecca Logan
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Sáb 25 Jun 2016 - 1:34

[OOC: Abe utilizado con el consentimiento de HB]

Todo había cambiado después del incidente. Ya no se veía forzada a llevar sus aparatos en las piernas, y era algo que le resultaba tranquilizador. Pero como un continuo recordatorio la placa unida a la parte baja de su espalda tenía la mala costumbre de darle alguna molestia puntual, que no hacía si no obligarla a rememorar todo aquello que había sido como un extraño sueño en el que no podía acceder a la parte externa de sí misma. La confrontación con su propia psique aún era reciente, y a pesar de que poco a poco había retomado su habitual carácter, éste se había resentido con la traumática experiencia que le había tocado vivir. De alguna manera su rostro parecía aún mas adulto, en el fondo de sus ojos azules vivía una especie de carga que los había vuelto experimentados en horrores, y eso chocaba con la natural juventud de su rostro.

Un asentimiento de cabeza, acompañado de un gesto de dos dedos sobre el ala de su sombrero vaquero había sido toda carta de presentación. Después de ocupar su asiento correspondiente junto a la ventana, se quedó en completo silencio, mirando a través de la ventana. Tres veces antes que esa había tenido que subir a ese aparato. La primera, hacía casi un año, les había arrastrado hasta los cerros de escocia, buscando al causante de un lío en la carrera del Grand National, el derby equino más popular del Reino Unido. Si echaba la vista atrás, aquello le parecía lejano, como si hiciera una eternidad. Así comprendió la vaquera hasta qué punto un maldito año daba para mucho. Su expresión adusta se perdió en la superficie del mar, y después, en las montañas, a medida que iban comiendo terreno. Lo único de ella que se oía durante el viaje eran los chasquidos del revólver, que era montado y desmontado una y otra vez por sus manos expertas, hasta que el frío convirtió esa tarea en algo imposible. Lo montó por última vez, y lo guardó en su funda. Sólo llevaba uno de ellos, por romanticismo. Allá donde iban sus armas eran inútiles a causa del frío, así que sólo le quedaba confiar en que el B.P.R.D se hubiera preparado en condiciones para el escenario en cuestión.

Sobre el resto de la expedición... no hubo preguntas. Abe y ella habían hablado acerca de quiénes consideraban necesarios. A ella no se le habría ocurrido cuestionar las decisiones de Abraham Sapiens. Era un hombre inteligente y sagaz, algo que había podido comprobar a lo largo del tiempo que había pasado instaurando la ley y el orden a su lado. Respecto a Hellboy... ahora mismo pasaba por momentos complicados. Su padre, aquel que le había criado y creía muerto había aparecido como por encanto, su identidad había sido publicada y calificada de realidad en los medios. Su mundo entero había cambiado, y por mucho que quisiera aparentar lo contrario, aún tenía que asumirlo.

Equipó la ropa de abrigo llegado el momento y volvió a su sitio. A medida que ascendían hasta el poblado, sus respiraciones de volvieron mas profundas, y en un punto, comenzó a hiperventilar de una manera superficial. Durante un par de tramos del trayecto, sintió como si le faltara el aire. Como si no se llegara a los pulmones a pesar de respirar. Echó la cabeza hacia atrás y trató de despejarse en la medida de lo posible, buscando otro foco de interés que le permitiera distraerse del malestar gradual en el que se había visto inmersa. No tenía muy claro porqué le sucedía, pero de ninguna manera pensaba dejar que una cosa así le separara de su objetivo. Ella lo había visto empezar, lo había sufrido con cada uno de esos bastardos, y no iba a dejar que otros acabaran, sin otorgarle las respuestas que estaba buscando. Porqué. La destrucción, el caos, el dolor y la manipulación. Porqué. Pero sobretodo, porqué a ella, y no a cualquier otro. Necesitaba saberlo para poder avanzar. Necesitaba resolverlo, para poder volver a ser quien era. Para sentirse de nuevo un Sheriff de pleno derecho.

De todos los presentes, quizá ella fuera la única a la que no atenazaba el miedo. Incluso afrontando la verdad de una naturaleza que les ataba a todos, y a la que habían querido arrastrarla, aún le quedaba esa verdad indiscutible de la que hacía gala. El Sheriff no moría. No importaba cómo. Siempre sobrevivía.

Abe había manifestado que deberían dividirse para cubrir las posibilidades. Varios caminos hacia la entrada de un mismo templo de dos mil años de antigüedad, del que con toda seguridad no se conocería nada mas allá de su exterior. Cuando descendieron del helicóptero sufrió un pequeño traspiés, y Abe la sujetó con expresión preocupada. Ante su inquisidora mirada, la vaquera respondió con un asentimiento, que no pareció dejar del todo satisfecho al hombre pez. Estaba cubierta de pies a cabeza con ropa de abrigo, eso si, el poncho había sido indispensable, y le habían conseguido uno de pelo de Yak que hacía las maravillas de guardar calor, por pesado que fuera. Tuvo que quitarse los guantes para calentar sus ojos, cuando se le congelaron las lágrimas de las pestañas y estas se quedaron adheridas entre sí. Después, volvió a ponérselos. Comenzó la carga y descarga, y ella permaneció junto al equipo. El hombre pez se colocó durante un momento a su lado.

- Deja que descarguen los chicos. Descansa un poco. - la sugirió. Le alcanzó un odre de piel lleno de agua fría que aún no se había helado. - Mantente hidratada. Te vendrá bien. - le aconsejó, y cuando acabó de beber le tendió un bálsamo labial para que no se le secaran, lo cual podía ser irritante y doloroso. - Asegúrate de que no se te cortan. Aquí no te hará ningún bien. - le aconsejó, para después dejarla vigilando el proceso de transporte del armamento.

No lo manifestaría en voz alta de momento, pero pegaría un ojo a los miembros del equipo. Había cosas que no siempre se podían prever, y llevando el traje térmico, le era mas difícil sentir las cosas a las que normalmente accedía mediante el tacto. Con tantas capas protectoras era imposible tener lecturas tan aproximadas.

- Buen trabajo, muchachos. - fue todo lo que manifestó la vaquera en voz alta desde que se iniciara el viaje, aunque su tono pretendía ser animoso y decidido, faltaba el tinte de determinación que a menudo mostraba la Sheriff. Al parecer, el viaje le había pasado factura.

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MensajeTema: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (Hellboy, Rebecca Logan, Elissa Stavridis, Elysia Stavridis). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   Sáb 25 Jun 2016 - 8:44

- Recordad dejarnos todas las armas qeu queráis llevar. Hay que aplicar el anticongelante antes de subir.- Kate Corrigan daba palmas para calentarse y animar a los presentes.

- Ja, ja, Ich weiss... Agente Sapiens, agente Hellboy, vayan hablando con nuestrro anfitrrión. Debo prreparrarrme para la expedición. Schnell, Herr Clobet.- Krauss caminó pesadamente en dirección a uno de las cajas que habían bajado del helicóptero y comenzó a sacar un traje especial para las bajas temperaturas, con una aleación de aluminio y acero, la misma que los aviones, preparada para resistir bajas temperaturas de hasta sesenta grados bajo cero. Hellboy no llevaba ninguna de sus armas encima, ni siquiera su cinturón. El problema del metal a bajas temperaturas es que tendía a encasquillarse y volverse frágil. No lo suficiente como para romperse en mil pedazos, ya que para eso habría sido necesario bajar el metal al cero absoluto, pero desde luego una explosión de bala en una pistola a sesenta grados bajo cero podía deformar el cañón volviéndola inservible. Y si pretendían usar arneses era bueno que todo el metal llevase un revestimiento de anticongelante y grasa para evitar que se partiese con la misma facilidad que una rama.

El B.P.R.D había preparado unos equipos de expedición de primera para los agentes y se ofrecieron a revisar lo que llevarían los demás, así como hacer algunos apuntes y sugerencias a la hora de elegir un traje apropiado. En general todos habían venido bastante preparados, al menos para el frío. Desde luego para lo que el demonio rojo no estaba preparado era esa voz dulce y femenina que sonó a su espalda mientras el señor Williams charlaba en nepalí con los habitantes del poblado. Cuando se dio la vuelta vio a la joven hechicera que se había encontrado apenas un par de semanas antes con todo lo de Arión. Arión. El demonio esperaba que estuviese bien, y se prometió buscarle en cuanto todo lo de Muerte terminase. Al fin y al cabo era su amigo, y por mucho que se le hubiese ido la olla sabía que algo más gordo había detrás de ello.

- ¿Dalae? ¿Qué haces aquí? La última vez que te vi fue... Bueno, ya sabes... Y con respecto a si ha pasado algo... ¿Conoces a los jinetes del Apocalipsis? Pues ya ha habido tres por el mundo. Se supone que Muerte está por aquí, y hemos venido a ver qué encontramos... Y ahora, si me disculpas...- Se dirigió a la cabaña principal siguiendo al hombre que les había dado la bienvenida. Miró por encima del hombro para asegurarse de que nadie se quedaba rezagado. El grupo era de lo más variopinto, aunque teniendo en cuenta cómo eran los agentes del B.P.R.D por norma general le pareció hasta adecuado. Garnet jugaba con John lanzándole una bola de nieve jugetona; las hermanas Stavridis estaban algo más centradas, aunque Lissa parecía concentrada y preocupada al mismo tiempo, y Lyz por su parte parecía cabreada. La vaquera animaba a los hombres que descargaban los helicópteros y luego se puso en marcha rumbo a donde se dirigían todos. A ver qué les contaba este hombre.

Para entrar en la casa Hellboy tuvo que agacharse evitando así chocarse con el marco superior. Desde luego las entradas a esas casas eran estrechas y pequeñas, como la mayoría de la gente de ese poblado. Los muebles eran enteramente de madera y no había ni un solo aparato eléctrico en la casa. Una chimenea apagada y estanterías decoradas con toda clase de adornos hechos con mármol, granito o cuarzo, o cualquier mineral o madera que se os ocurriese. La luz entraba creando unos haces diagonales desde las ventanas, donde podían verse pequeñas motas de polvo flotar. Un par de sofás rodeaban una mesa hecha de madera entrelazada delante de la chimenea, cubiertos por unas grandes pieles de vaca con manchas marrones sobre un fondo blanco. El olor a madera y cuero inundaba la casa, y la temperatura era bastante más agradable allí dentro. Al menos estarían a unos diez grados más que en el exterior. El hombre les condujo hasta una enorme mesa de comedor donde perfectamente cabían diez personas, seis a los lados y cuatro en los cabeceros. Las sillas cojeaban un poco debido a la irregularidad del suelo, hecho por tablones. La cocina variaba este suelo, mostrando varias losas de piedra superpuestas. El hombre cogió una pequeña tetera y sacó varias tazas, ofreciendo a la expedición. Hellboy cogió una y Abe otra, agradeciendo la invitación. Tras servir a los que querían y los que querían sentarse lo hubiesen hecho, el hombre hizo lo propio en uno de los cabeceros, resoplando cansadamente al hacerlo, casi dejándose caer contra el respaldo.

- ¡Ay! Perdonad la indiscreción, ya no soy lo que era. En mi juventud habría subido el Everest sin pensarlo dos veces. Pero los años no pasan en vano... Bueno... Aquí estamos. Leí que el B.P.R.D por fin había salido a la luz y que usted, el misterioso Hellboy era real. Quién lo diría. ¿Sabe? Yo siempre pensé que no era un personaje de cuento... De hecho, una de las razones por las que vine aquí fue para encontrar al legendario Yeti. Muchos de mis compañeros me tomaron por un loco y un estúpido, y cuando les decía que existías sus risas ya eran demasiado altas y descaradas como para tomárselas en serio. Al Yeti nunca lo encontré, pero es irónico las vueltas que da la vida al pensar que al final, Hellboy fue quien me encontró a mí.- Sonrió y tras estirarse un poco cogió un periódico bastante gastado donde aparecía en primera plana la noticia de la misteriosa agencia saliendo a la luz. Una foto del demonio junto a otra de Abe además del símbolo del puño y la espada y el director Manning. El periódico databa del 27 de diciembre del año pasado, la mañana después del comunicado oficial. El demonio se preguntaba si allí llegaría la prensa, pero era mucho más probable que el hombre hubiese bajado a la capital o a un pueblo más grande con electricidad para comprarlo. Al fin y al cabo se había puesto en contacto con Manning, así que debía haber bajado a la civilización para hacerlo. El hombre puso sobre la mesa entonces un mapa donde había varios símbolos e indicaciones cartográficas apuntadas. Lo colocó en mitad para que todos tuviesen una buena vista de este y se levantó para poder indicar bien todo.- Bien, esta es la aldea. Como podéis ver no es muy grande. La caverna donde se supone que está la Muerte es una que hay en la ladera de la montaña, a unos trescientos metros sobre nosotros. Naturalmente no podemos llegar hasta ahí arriba en línea recta. Tendremos que subir lentamente la ladera de la montaña y...-

- Un momento, señor Williams, ¿ha dicho "nosotros"?- Abe parpadeó un par de veces y el hombre se echó a reír.

- Claro, señor Sapiens. Yo también voy a ir... Por una sencilla razón. Verán, no sé si saben algo acerca de la cultura nepalí o la mitología asiática de esta zona, pero algunos dicen que el Himalaya es algo más que una simple cordillera... Hay muchas leyendas sobre criaturas ancestrales que guardan la entrada a un lugar mágico... La cosa es que yo he ido a esa caverna unas seis veces en toda mi vida, pero hasta hace unos pocos meses, poco antes de que hablase con el director Manning hubo una fluctuación extraña como ninguna se había visto antes en esta zona proveniente de ese lugar. Cuando volví no fui capaz de entrar, pues había cambiado todo. Era como si las ruinas de repente hubiesen cobrado vida y protegiesen lo que había dentro. Extrañado comencé a investigar y descubrí que no era la única caverna de la zona, sino que había otra entrada más, no muy lejos de esta primera. Su acceso era más complicado y tedioso, pero cuando llegué vi que el parecido era enorme... Y se lo comenté a los habitantes del pueblo... Al parecer... Esas cavernas no son cuevas sin más... Son una entrada.- El demonio y la piromántica fruncieron el ceño. ¿Una entrada? ¿Una entrada a dónde? Abe tenía los ojos muy abiertos, sin perder ni medio detalle de lo que el hombre contaba. Este señaló al mapa donde había dibujada una especie de piedra preciosa de color azulado, parecida a un zafiro. Alzó una ceja y asintió.- Una entrada... A la legendaria ciudad de Shambhala.-

Un silencio generalizado inundó la sala, y las miradas de asombro e incredulidad aparecieron en los rostros de la mayoría de los presentes. Abe sonrió sin dejar de mirar al hombre, y Hellboy frunció el ceño y se reclinó sobre la mesa para ver bien lo que este acababa de decir. Dibujado en el mapa junto a la piedra preciosa azul había una especie de edificio de color dorado con un sol detrás de él.

- U-u-u-u-un momento... ¿Shambhala? ¿La ciudad perdida en las montañas del Himalaya?- Como profesora de historia, Kate estaba más que emocionada por un descubrimiento así. Después del choque había descubierto que la Atlántida era real, y había intentado viajar allí un par de veces, pero con todo el lío que hubo fue imposible.

- No sé si es pura casualidad o no todo esto de los jinetes, pero lo que está claro es que si en efecto la Muerte ha elegido ese lugar para asentarse tiene todo el sentido del mundo... Pues en teoría en el corazón de Shambhala está la fuente de la eterna juventud.- Las piezas fueron lentamente encajando en la cabeza del demonio, quien no podía creerse que lo que aquel viejo les estaba contando fuese cierto. ¿Shambhala? ¡Venga ya! Eso no era más que una ley... ¿Y acaso ellos no habían descubierto durante décadas que las leyendas y las historias mitológicas muchas veces eran reales? Aún debía digerir la revelación que les acababa de dar aquel hombre, pero si era cierto lo que decía... A Kate se le puso la boca en forma de "o" y se llevó una mano para tapársela.

- Dios mío... ¡Dios mío! ¡Shambhala!- Su emoción parecía no tener límites.

- Bueno... ¿Y si solo es una cueva? A lo mejor eso de Shambhala y demás solo es un cuento chino (y nunca mejor dicho). ¿Cómo sabemos que vamos a llegar a una ciudad perdida durante milenios?- El hombre sonrió y asintió.

- La única manera de saberlo es llegando allí, y no voy a arriesgarme a perderme algo así.-

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- Muy bien, a verr, prréstenme atención ahorra todos. El prrimerr equipo saldrrá ya en dirrección a la entrrada superriorr. Es más complicada de llegarr y porr ello deberrán salirr cuanto antes. Este grrupo lo forrmarrán el agente Sapiens y la señorrita Sherrman, John Constantine y la señorrita Garrnet Brrooks y el agente Clobet. Sus arrmas y demás utensilios ya están prreparrados. Cójanlos y sigan a nuestrro querrido guía. El señorr Zinte les llevarrá a trravés de la laderra de la montaña hasta la entrrada. Venga, vayan saliendo. Nos comunicarremos a trravés de los walkies y los interrcomunicadorres que les hemos dado. Los demás esperrarremos a tenerr el rresto de los utensilios prreparrados y serrá el señorr Wiliams quien nos sirrva de guía. Viel Glück!- Hellboy permaneció en mitad de la aldea viendo como el primer grupo la abandonaba. En lo más profundo de su interior, no sabía por qué, se temía algo malo, una trampa o algo por el estilo. No le daba buena espina todo aquello y se le notaba en la mirada penetrante y los ojos entrecerrados. En cuanto giraron unas rocas y se perdieron suspiró y se rascó la nuca con la mano de piedra. El señor Williams estaba preparándose para salir, hablando con los habitantes de la aldea en un idioma imposible de entender. Se acercó al resto del grupo con la mandíbula inferior ligeramente sobresaliendo.

- Mantened los ojos bien abiertos, hay algo que no me gusta de todo esto... Nos pondremos en marcha en diez minutos, así que no os olvidéis de nada. Y echaos crema solar. Seguramente la necesitéis.-

- ¡Venga ya Rojo! ¡No seas aguafiestas! ¡Estamos hablando de un descubrimiento como el de la Atlántida! ¿Sabes lo que es eso para una historiadora como yo? ¡He leído muchísimo acerca de este lugar! Si es real... Si de algún modo existe de verdad...- Puso ojos de ensoñadora, bailando emocionada ante la posibilidad de que la ciudad de la que había leído tanto de niña y que pensó que no era más que otro cuento pudiese ser real. Un paraíso tropical hasta donde alcanzaba la vista en el que una civilización tan antigua como los romanos había vivido durante siglos, oculta a los ojos del mundo.

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Elysia Stavridis
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Mar 28 Jun 2016 - 12:00

Me quedé un poco rezagada mirando el temporal que asomaba por la entrada de la tienda. Las ropas mágicas me protegían del viento congelante, pero no podían ayudarme con la sensación de angustia que me invadía. Era algo peor que el frío, era la sensación de tener miles de agujas clavadas en el pecho, oprimiéndome. Sentía un profundo miedo, el miedo de morir aquella noche y perderme en la oscuridad. ¿Cuándo había llegado a sentir tanto miedo?

Cuando vivía sola en el apartamento de Nueva York, y llevaba una vida aburrida y monótona… no había experimentado antes el miedo tan intenso. De hecho, siempre me había dado igual morirme, no tenía nada que perder ni por lo que luchar. No tenía a nadie a mi lado que llorara cuando hubiera desaparecido, sólo recuerdos amargos de una vida injusta que me proporcionaban un desapego inusual a la vida. Y cuando las cosas se torcían y me enfrentaba a mis pesadillas no es que fuera una mujer valiente, es que no tenía miedo. No había nada que perder si fracasaba.

¿Y ahora? Ahora era todo muy diferente… en un año había encontrado una familia que me quería y unos amigos que me importaban. Ahora tenía miedo de perderlos a ellos, de morir y dejarles solos… Ahora sí que tenía miedo.

Me desperté de mi trance cuando vi a Constantine y a las dos chicas levantarse y despedirse. Ellos tomarían otra ruta hacia la cueva donde se encontraba muerte. Tenía un mal presentimiento, y esperaba que las cosas no se torcieran en el grupo del pescadito. Si algo les pasaba, estaba seguro de que él único en sobrevivir sería el inglés, tenía muy mala suerte para algunas cosas pero demasiada buena suerte para otras. No podía decir lo mismo de mí, la reina de la mala suerte.

- Así que… el Shambala, ¿eh? – La situación se ponía cada vez más interesante. Si era cierto que muerte nos estaba esperando en aquel reino mágico, lo íbamos a flipar en colores. Conocía muy poco de la historia del Shambala, de hecho sabía muy poco de cultura popular hinduista o budista en general. Había leído la historia de Buda en un cómic, y había leído otro que se llamaba igual que el texto más antiguo de la india, el Rgveda. ¡Oh! Y también era el nombre de una montaña rusa… pero ninguna de estas cosas tenía nada que ver con lo que íbamos a encontrarnos. Si llegábamos a encontrarlo, claro.

- Yo estoy lista.- dije levantándome y alisándome la túnica turquesa con las manos. Más bien creía estar lista, pero eso no iba a decirlo en voz alta.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Miér 29 Jun 2016 - 19:18

- Así que… el Shambala, ¿eh? – dijo Lyz.

Elissa escuchaba con fascinación las palabras de Williams, mientras jugueteaba en silencio con una de las cremalleras de su abrigo. ¿Shambhala? ¿La fuente de la Eterna Juventud? Comprendía perfectamente el entusiasmo de la mujer que acompañaba a Hellboy, su fascinación por el pasado. Mientras sus ojos vagaban por el mapa, Lissa fue capaz de olvidarse de la Muerte por un instante, mientras su imaginación poblaba aquellas cimas cortantes de palacios dorados resplandecientes. ¿Qué sería aquella hermosa piedra azul...? ¿En qué pico se ocultaban la ciudad legendaria y su fuente sagrada?

Se dio cuenta de que en ningún momento había cuestionado la teoría del explorador. Pero... ¿por qué iba a dudar de la existencia de Shambhala, cuando ella misma había paseado por la Atlántida de hacía cientos, no, miles de años? Aún deseaba que su encuentro con las leyendas que su madre le contaba hubiera sido de otro modo, pues la locura de Ahri'ahn había empañado el esplendor de su ciudad perdida, convirtiéndola en un recordatorio de los estragos que podía hacer la magia al invertir la corriente del tiempo.

Elissa asintió con la cabeza cuando los dividieron en dos grupos. Se despidió de los miembros del equipo de Abe y Liz Sherman. Sabía que John se las apañaría bien; y esperaba que Garnet tuviera la misma suerte. La muchacha de oscuros cabellos que había saludado a Hellboy antes también se unió a ellos, y pronto partieron hacia las montañas. Sintió cierto desasosiego al verlos desaparecer, y lo vio reflejado en el rostro de Rojo.

Hellboy era, ante todo, un tipo práctico. Pese al entusiasmo de Abe, de Williams y de Kate, el demonio parecía preocupado, y tenía un instinto de fiar. Elissa se alegraba de tenerlos a él y a Lyz consigo. En cuanto a la vaquera... bueno, no se conocían, pero había algo en la forma en la que se enfrentaba a aquella misión, algo en aquel silencio resuelto, que llamó su atención. En cualquier caso, era una amiga de Rojo y, al menos hasta donde ella sabía, él solía escoger bien.  

- Yo estoy lista.- cuando Lyz habló, Elissa captó en su voz aquel matiz... ¿cómo definirlo?... aquel deje que sólo podía significar que estaba haciéndose la fuerte. Elysia lo hacía muy bien, y tal vez sólo la psicóloga, de entre todas las personas, fuera capaz de notar la leve tensión en su barbilla y el tinte de indecisión en sus ojos.

Bueno, se conocía bien.

- Yo también – dio un suave apretón a la mano de su hermana, un gesto de complicidad que sólo duró un instante, un "estoy contigo en esto". Después, con la misma naturalidad, se volvió hacia Hellboy. Kate resplandecía de entusiasmo, y aquello arrancó una leve sonrisa a la psicóloga. Tenía la sensación de que podrían compartir unas cuantas historias sobre Atlantis durante el viaje - ¿Se supone que ellos se han pedido la entrada principal, y nosotros la puerta de servicio? – bromeó con suavidad - Mantendremos los ojos bien abiertos, Hellboy – prometió, esta vez en tono algo más serio.

Y lo decía de verdad. Porque no quería perderse nada.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Dom 3 Jul 2016 - 11:23

Le expedición estaba preparada. Los hombres trabajaban mano a mano, mientras la agente Kate Corrigan los animaba. Parecía mas emocionada que todos los demás, eso era seguro. Era muy posible que tuviera un extraño gusto por lo peligroso. Ella había sido quien les había llevado hasta Victoria durante su aparición en Marraketch. Victoria... Parecía que poco a poco el malestar se iba pasando, o puede que se tratara de que se iba aclimatando. Aunque lo mas probable es que el ejercicio físico y la actividad que veía a su alrededor la estuvieran distrayendo, desde niña, siempre había sido así. No había malestar suficiente cuando había tarea de por medio. Ahora que estaban de verdad en marcha lo estaba sobrellevando mejor.

La noche, sin embargo, fue agitada. Apenas si fue capaz de comer nada, a causa de las náuseas. Mientras todos descansaban, ella se aposentó en un duermevela exaltado que no le permitía el sueño profundo. Tenía sueños plagados de extrañas pesadillas con un vacío inmenso, y entonces sentía como si se ahogara. Se despertaba dando un respingo, agarrándose el pecho, como si una extraña mano le hubiera arrebatado la capacidad de respirar. Abe la encontró saliendo a dar un paseo en mitad de la noche, y le dijo aquello que le había vuelto a repetir un par de minutos antes. Mantente hidratada. No sabía porqué pero le pareció que era el consejo estereotípico que daría un hombre pez. Siguió su consejo, mientras bajo las mantas de pelo de Yak sudaba lo inimaginable, y por fin, después de muchas tribulaciones, consiguió dormir dos horas seguidas. Su aspecto al amanecer no era bueno, pero era mejor que el de la noche anterior. Sus ojos estaban ojerosos, e inyectados en sangre. Tenía los labios secos, a pesar de la loción protectora que todos se habían administrado, y en general, su aspecto delataba cierto agotamiento. Por contraparte, su respiración se había normalizado, y llegado el momento, fue capaz de alimentarse sin sentir esas terribles nauseas que habían amenazado con enfermarla el día anterior. No expuso su cuerpo al límite, de manera que controló su ingesta, por si acaso se tratara de algo que se agravara con el tiempo.

Se mantuvo aparentemente ausente durante la charla de su anfitrión, pero escuchó cada palabra al detalle en la medida que le fue posible. A veces se le escapaban ciertas palabras, y cuando por fin el hombre dijo que estaban buscando una ciudad perdida, ella alzó la cabeza en un gesto leve y breve. Kate parecía encantada, pero todos los demás demostraban un extraño clima de crispación. Abe se mantenía tranquilo, pero no verías a Abe alterado ni aunque estuviese a punto de caerse en una picadora de pescado. En cuanto a Hellboy, estaba aún mas ceñudo de lo que era habitual, lo cual era difícil, no pasaba muy a menudo y nunca era bueno. Por su experiencia.

La expedición se dividió en dos grupos, Abe se iba con el inglés, su aprendiz y un par de agentes. Hellboy, las gemelas y ella irían por otra parte. Se aproximó hasta el equipo y recogió todo lo que estaba destinado a llevar que habían preparado con anterioridad. El peso de las armas, por primera vez en mucho tiempo se hizo notar. Su cuerpo lo había normalizado, pero con esa especie de cansancio, y esa sensación como de que le faltaba el aire, percibía las cosas de otro modo. Quizá estuviera poniéndose enferma. Con ese frío no le extrañaría nada. Pero era la Sheriff, y nada le detendría hasta cumplir. Hasta acabar lo que había empezado casi un año atrás, con todo eso de la colisión.

Como única afirmación, la vaquera se acercó a su grupo, sacó una de sus armas, dió una vuelta al tambor y la guardó de nuevo en su funda, después de cerrarla dando un chasquido. Sus ojos azules eran aún mas fríos que el ambiente, y mantenía el ceño levemente fruncido. Levantó la vista mirando la ruta, y esperó a que se pusieran en marcha. Prefirió no decir nada. Las palabras iban a gastar un aliento valioso que le iba costando recuperar.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Lun 4 Jul 2016 - 15:41

- En realidad es al contrario, señorita Stavridis.- El señor Williams llegó ajustándose un guante y con un grueso abrigo de piel y pelo que inundaba la capucha. Se untó algo de crema por el rostro, especialmente la nariz, y luego sonrió. Aquel rostro tostado por el sol y risueño que solían tener las personas de cierta edad, a pesar de que el hombre aún no había cumplido los sesenta. Se frotó las manos después de un aplauso, uniéndose al grupo.- La ruta que ellos toman es la puerta de atrás, por llamarlo de algún modo. Está más cerca de la entrada a Shambhala en teoría, pero también su acceso es más complicado. Según la leyenda, es la entrada que usaba el guardián de la ciudad. Había en la entrada un ser mitológico que protegía la ciudad de las visitas inesperadas. Quién sabe, lo mismo es el famoso Yeti del que todo el mundo siempre ha hablado.-

Hellboy hizo una mueca con la boca, mostrando la parte inferior de los dientes del lado izquierdo y suspiró. Miró a las gemelas y asintió a ambas. Conocía más a Elissa, pero si ella le había dicho que su hermana, a pesar de su carácter fuerte era de fiar, no sería él quien la juzgase. Nunca juzgaba a nadie. Eso sí, si metías la pata con el demonio sería complicado que lo olvidase, y en adelante se encargaría él mismo de hacer lo que fuese que pudiese encargar a alguien. Miró a la vaquera y asintió también.

- Contamos con tu puntería si hiciese falta. Y con tu magia Lissa... No sé qué puedes hacer tú Lyz, pero sea lo que sea contamos también con ello... Vamos.- Krauss llegó con el último agente que faltaba y la expedición se puso en marcha. John era el primero, seguido de Krauss. Hellboy por su parte cerraba el grupo, cubriendo las espaldas de lo que pudiese aparecer. Cualquiera habría pensado que nada les podría atacar, pero el demonio estaba demasiado curado de espanto como para saber el riesgo que podían correr si algo les flanqueaba o rodeaba. Además, el hombre era el único que conocía el camino.

A medida que ascendían, los árboles fueron poco a poco desapareciendo, tomando el relevo pequeños arbustos y hierbas que crecían a los lados del camino y los huecos entre las rocas. El manto de nieve era cada vez más extenso, cubriendo el camino y obligando a los primeros a crear un surco para los demás. Por suerte Krauss estaba allí para usar sus piernas y brazos mecánicos para esa tarea. Algunos animales, como zorros y aves observaban a la comitiva con ojos curiosos, levantando la pata mientras lo hacían, para luego salir disparado como alma que lleva el diablo en dirección opuesta al grupo. La brisa de vez en cuando se aceleraba, golpeando a los presentes con mies de pequeños copos que se estrellaban en la ropa o la piel como minúsculas cuchillas. El demonio levantó el brazo de piedra, cubriendo gran parte de estos, quedando la parte exterior de este con una fina capa blanca que sacudió en cuanto la brisa terminó. El camino de tierra se convirtió en unas escaleras de piedra que subían serpenteando por la ladera de la montaña. No alcanzaban a ver el final de estas, que se perdía en la lejanía. Podía medir perfectamente un kilómetro la escalera antes de perderse en la lejanía. El ascenso fue lento pero tranquilo. A diferencia del otro grupo que casi debían ascender verticalmente, el grupo en el que iba el demonio debían recorrer mucha más distancia, pero con una pendiente mucho menos pronunciada. Tan solo pasada la media hora comenzaban a mostrarse los primeros síntomas de dolor en las rodillas o cansancio, el cual era mayor debido al poco oxígeno que allí arriba había. Krauss llevaba un par de botellas de oxígeno en la espalda por si alguien las necesitase en un determinado momento. Cuanto más subían, más fuerte era el viento que soplaba, hasta que se volvió constante, azotando sus cuerpos con más fuerza de manera cada vez más seguida.

Por fin, tras algo más de una hora de camino, llegaron a un arco de piedra construido dios sabe cuando. Era del tamaño de la entrada de una catedral, con varios dibujos y símbolos escritos por todo él. Cuando lo cruzaron pudieron ver varias estatuas con forma cilíndrica parecían vigilar la entrada, y una más grande que las demás estaba en medio. Esta parecía representar un ser con grandes colmillos y garras. John recobró el aliento mientras sacaba un pequeño cuaderno del bolsillo y pasaba las páginas.

- Bueno, ya hemos alcanzado la entrada principal... Esos símbolos que veis ahí fuera... Son para ahuyentar a los malos espíritus y cualquiera que no venga en son de paz. Este es un lugar sagrado, o lo era para ellos. ¿Veis estas estatuas? Simbolizan a los guardianes de los que os hablaba antes... Bien... Aquí dentro es fácil perderse, así que cuidado... También vigilad por dónde pisáis. La nieve cubre todo, incluso los huecos...- El demonio frunció el ceño mientras miraba al techo. Había huecos en él que permitían la entrada del sol en forma de rayos diagonales que iluminaban toda la cueva. Largas estalacticas que se asemejaban a los dientes de una enorme criatura colgaban del techo, volviendo aquel lugar una especie de boca que parecía engullirles. Kate movió algo de nieve provocando que esta se convirtiese en una mini avalancha y luego un remolino que se tragó parte del manto blanco, dejando al descubierto un hueco en el suelo a tan solo un par de metros del camino. El demonio se asomó y vio una caída que habría resultado mortal para cualquiera que tuviese la desgracia de desplomarse por ella. Continuaron su marcha hacia las profundidades de la caverna. El techo de esta se alzaba hasta casi veinte metros sobre ellos, y gigantescas columnas tan anchas como una secuoya decoraban los pasillos. El suelo estaba cubierto por roca tallada y había dibujos en las paredes y en estatuas. John sonrió y paró, alzando la vista después de una larga caminata. Cuando todos estuvieron a su altura observaron lo que el hombre se había parado a ver.

- ¿No os parece mágico?- Frente a ellos una pequeña entrada sin puerta apareció, con lo que parecía la cabeza de un dragón sobre ella. Mediría unos cinco metros de altura, y el camino que conducía hasta esta daba un pequeño rodeo por el lateral de la cueva. Era sinuoso y estrecho, pero parecía estable. John caminó el primero, dando lentos y suaves pasos. A ambos lados la caída era enorme, pero desde el centro del camino tenían un metro a cada lado que les separaba del borde. Si lo hacían con cuidado y paciencia, no debería pasar nada. El sonido de hielo desquebrajándose lentamente, parecido al de los glaciares llenaba la cueva, dándole un aspecto aún más sobrecogedor.- De uno en uno. Esto no es una carrera. Si notáis que el suelo se rompe o cede, quedaos quietos y avisad al resto.-

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Miér 13 Jul 2016 - 18:47

FDI: Perdonad la espera! No me había avisado de que Hellboy ya había contestado! o.o

Las piernas me temblaban, y no era por el frío precisamente. Pero el nuevo traje con túnica disimulaba mi nerviosismo. Sólo una persona de las presentes se dio cuenta de cual era mi verdadero estado de ánimo. El apretón de manos de Elissa me despejó un poco, y le di las gracias con suave sonrisa. Sabía que podía contar con ella, que siempre iba a estar a mi lado. Tanto en los buenos momentos como en los malos.

-Genial. Me encanta entrar a lo grande en los sitios nuevos.- comenté con ironía. Definitivamente, tenían que habernos dado la puerta de atrás.

Después, Hellboy me miró con su rostro serio de siempre, y me dio a entender que no tenía ni idea de lo que era capaz de hacer con mis poderes. Creí que Lissa ya le habría puesto al corriente.

- Puedo hacer realidad cualquier cosa que seas capaz de imaginar… - comenté con un deje burlón. La frase daba pie a segundas intenciones, pero eso era lo que quería provocar en el demonio. Que se pensara que era algún tipo de broma, que no me tomara en serio. Ya tendría tiempo de demostrarles a todos lo que era capaz de hacer.

Sin más dilación, seguí a los demás y me coloqué un poco por delante de dónde caminaba Elissa. Hellboy ya cubría la retaguardia, así que yo me encargaría de los golpes de frente junto con la vaquera y el resto del escuadrón. Subimos por la montaña a un buen ritmo, pero yo no estaba acostumbrada a  al montañismo o la escalada, así que fui de las primeras en quedarme agotada. Intenté no retrasar a los demás, pero a medida que íbamos cada vez más arriba, notaba que me faltaba el aire y me flojeaban las piernas. Madre mía, menuda impresión estaba dando. John se detuvo a mi lado una vez para darme oxígeno con de sus botellas mágicas. No es que fueran mágicas de verdad, es decir, eran botellas de oxígeno normales y corrientes… pero eran todo un alivio para mi. ¿Cómo hacían los demás para seguir el ritmo tan fácilmente? Seguro que hacían este tipo de excursiones cada fin de semana, a diferencia de mí, que no había pisado una montaña en mi vida.

Di gracias a dios en cuanto llegamos a la cima. Las escaleras de piedra serpenteaban en la nieve y nos conducían hasta un umbral de piedra grabada, rodeado de estatuas. Unos guardianes que vigilaban silenciosos la entrada a lo que fuera ese sitio. Sólo esperaba que ninguna de esas rocas despertara para impedir que los intrusos, es decir, nosotros entráramos en su templo.

- Ufff… menos mal… que ya... hemos… llegado…- dije recuperando el aliento mientras apoyaba mis manos en las rodillas. Tras descansar unos minutos, me acerqué a dónde estaban los símbolos gravados y los acaricié con la palma de la mano.- Espero que entiendan que venimos en son de paz…

Seguí al resto hasta vislumbrar el umbral con la cabeza de Dragón. Miré el precipicio con cara de pocos amigos. La situación no me gustaba nada, y conociendo mi torpeza ancestral seguro que me encontraba con algún escalón que me haría resbalar y/o tropezar y/o caerme al precipicio. Mi madre siempre me decía: “más vale prevenir que curar”, así que antes de seguir caminando, me paré un segundo a dibujar una red en una de las páginas de mi libreta. Si en algún momento alguien estaba en un apuro, podría utilizar la red en cualquier momento para evitar una caída mortal.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Mar 19 Jul 2016 - 17:44

Así que... la puerta principal. Por alguna razón, Elissa era capaz de imaginar al Yeti junto al umbral, con los brazos cruzados sobre el pecho, al más puro estilo de un portero de discoteca. Resistió la tentación de sacudir la cabeza para disipar aquella idea absurda. No tenía muchas ganas de conocer al Guardián, fuera quien fuese. Además, de estar operativo, ¿no hubiera tenido que impedir el paso a la Muerte? Suponiendo que decirle a la Muerte donde puede o no pueda entrar fuera, siquiera, algo posible.

- Sí, lo es – respondió Elissa, cuando Williams mencionó lo mágico del lugar.

Lo cierto era que la entrada tenía un aspecto intimidante, sobrecogedor... Y hermoso. El corazón de Elissa dio un vuelco al contemplar los antiguos grabados, las antiguas esculturas... las huellas de los que ya no estaban. Creyó sentir los ecos de su conciencia, que aún poblaban aún aquel lugar recóndito, como centinelas invisibles. O tal vez fuera sólo la mezcla de frío, miedo y respeto que había anidado en el pecho de la griega. O la baja concentración de oxígeno, unida a los crujidos del hielo en la oscuridad.

Como a Lyz, el ascenso se le había hecho penoso y agotador. Pero allí estaban, finalmente.

- De acuerdo – susurró Elissa, como respuesta a las palabras de John.

Williams predicó con el ejemplo y empezó a cruzar el hielo, despacio, afianzando su posición paso tras paso, pero sin detenerse mucho rato en el mismo sitio. Elissa esperó su turno y trató de imitarlo lo mejor posible. El terreno era resbaladizo y traicionero, y el frío se metía en sus huesos, pero se limitó a morderse el labio inferior, cortado por la ventisca, y mantener la concentración en el desplazamiento.

Cada paso los aproximaba un poco más a Shambhala.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Miér 20 Jul 2016 - 2:50

Todo el mundo estaba preparado. La expedición dio comienzo con Krauss a la cabeza, seguido del autóctono nativo, la Sheriff, las gemelas y para acabar, Rojo en la retaguardia. El alemán se había equipado con un traje especial para la nieve, sus enormes botas metálicas abrían paso a través del páramo helado con una soltura que dejaba suponer una excelente forma física, aunque probablemente se debía a que no cargaba con las limitaciones del desgaste de un cuerpo orgánico, como el resto de los presentes. Caminaban a través del sendero que marcaba el surco de sus botas, dejando atrás la sensación húmeda y helada, y procurando en su mente enfocar la situación tan a corto plazo como le fuera posible. La vaquera ni siquiera miraba mas allá del sombrero que le habían proporcionado, y había enfocado sus ojos en la espalda del alemán, procurando mantener a la vista un tornillo concreto que sujetaba las correas de las bombonas de oxígeno a su espalda. De esa manera controlaba la distancia entre ambos, procurando así no retrasarse. Su malestar parecía ir empeorando, pero con toda seguridad se trataría del cansancio acumulado. Tenía que ser eso. O al menos, creerlo el tiempo suficiente como para no joder la expedición.

Antes incluso de que la primera de las gemelas pidiese un poco de aire, ella había estado a punto de tropezar dos veces, pero había conseguido disimularlo. No era capaz de discernir los límites de su propio cuerpo, y notaba las piernas pesadas como dos fardos. Aprovechando la oportunidad, pidió la mascarilla de respiración con un gesto e inhaló unas cuantas veces. El aire entró a sus pulmones, abriendo sus alveolos y dándole, aunque sólo fuera durante unos segundos, la sensación de mejoría que necesitaba. Era la primera vez que sentía haber respirado bien en todo el tiempo que se había mantenido allí. Pero fue una sensación pasajera.

Habría admirado algo mas la magnificencia de la cueva, si no hubiese lindado con el esfuerzo de autocontrol que estaba teniendo que hacer para disimular su malestar. Aunque no era capaz de hacerlo del todo, el silencio en que había transcurrido la situación, y el paraje accidentado, habían ayudado a paliar a la vista de los demás los dejes de torpeza que había estado teniendo. Localizó su mirada en la enorme escultura de piedra sobre la puerta, procurando percibir el resto del escenario por la vista periférica, obligándose a concentrarse en un punto para evitar esa extraña película blanca que le nublaba un poco.

Aún era capaz de obtener esa especie de visión de túnel que había entrenado con mucho esfuerzo, aunque necesitaba más concentración que de costumbre. Lo que significaba que aún podía disparar, o eso esperaba. Abrió y cerró los dedos bajo los guantes, intentando percibir su sensibilidad. Con ese frío, e incluso a pesar del equipo, la sensación era muy distinta a las condiciones habituales en las que se había acostumbrado a usar su puntería. Debía ir poco a poco. La subida estaba hecha. Ahora era turno de la puerta de la caverna. A la Sheriff poco le importaba las repercusiones históricas que pudiera tener el Shambala, los tesoros que allí hubiera, o qué se encontrarían. Quería hallar a muerte, y preguntarle porqué había sucedido todo, acabar la investigación y volver a casa, dando por cerrado el caso de los terribles sucesos que habían azotado sus vidas el último año. Todo lo demás no importaba, ni el cansancio, ni la falta de aliento. Sólo seguir adelante.

Dentro de la cueva, la visión era impactante. Haces de luz que se reflejaban por el interior de los huecos, paredes antiguas iluminadas por las extrañas iridiscencias de la nieve, puertas talladas con viejos monstruos y letras que se confundían con dibujos. Kate Corrigan estaba totalmente fascinada, al igual que muchos de los presentes. Ella se limitó a intentar recobrar el aliento, procurando hacerse dueña de su cuerpo, intentando simular el porte abigarrado que solía tener. Pero si algo delataba, y a la vez disimulaba su mala condición, era su silencio. Aguardó su turno para cruzar, intentando centrar en sus ojos los puntos en los que los demás estaban apoyando los pies para cruzar. Pero cuando le llegó el turno, trató de no mostrarse demasiado tambaleante. Un pie tras otro, se aproximó hasta la mitad del puente, y un crujido mas alto que el resto que se percibía en la sala la hizo detenerse. Paró en seco y contempló el suelo. No parecía resquebrajado. Contuvo el aliento, y deslizó un pie algo mas adelante. Se quedó completamente quieta, para comprobar si seguía crujiendo, pero no se oyó nada más. Se detuvo durante unos segundos mientras recobraba el aliento, y con la sensación de que sus piernas iban a dejar de sostenerla en cualquier momento, haciendo que cayese al vacío. Cuando se vio capaz de continuar, así lo hizo, hasta que llegó a la puerta donde algunos del grupos ya aguardaban al resto.

Tosió, mientras cedía el sitio al siguiente, observando a los rezagados cruzar el puente, y mirando después la enorme escultura de piedra de la puerta. Por algún motivo, le llegaron recuerdos de la primera vez que se enfrentó a una cosa de semejantes proporciones. Peste había hecho que dos enormes gárgolas les atacaran. Una parte de ella se puso en guardia, esperando que de un momento a otro, la estatua cobrara vida. Quizá había empezado a habituarse a eso más de lo que creía.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Mar 26 Jul 2016 - 13:45

La expedición iba algo lenta pero avanzaba. En el fondo no podía culpar a ninguno de los presentes por pedir un pequeño descanso o la bombona de oxígeno. Al fin y al cabo no estaban acostumbradas a subir tan alto. Incluso el propio Hellboy agradeció uno de los descansos para aclarar las ideas. Parecía que por fin iba a poder resolver todo el tema de los jinetes, o por lo menos intentar descubrir el por qué habían salido al mundo para destruirlo, o por alguna otra razón. El profesor le dijo que era muy importante que hablasen con Muerte, que ella tenía las respuestas. Lo que no se imaginaba es que el cuatro jinete estaría en un sitio tan alejado en comparación con sus hermanos. Peste fue en el norte de Escocia; Victoria a las afueras de Marrakesh; y Guerra en Metrópolis. Y ahora Muerte en las profundidades de la cordillera más famosa del mundo. El qué encontrarían al final de aquella caverna solo el propio tiempo lo diría. Por lo menos las hermanas parecían dispuestas a llegar hasta el final, y algo le decía que si Lissa había dicho que su hermana podía acompañarla era por algo, aunque pareciese estar más perdida que un pulpo en un garaje.

Mientras cruzaban el pequeño pasillo de hielo en dirección a la entrada la vaquera se paró cuando creyó que el suelo estaba a punto de romperse y, tras dar un paso más largo, consiguió pasar. El demonio que cerraba el grupo lo vio, y decidió no arriesgarse, imitando a la rubia. No quería que le pasase nada malo, ni a ella ni a ninguno de los presentes. Se sentía responsable del pequeño grupo, especialmente de Rebecca. Ella se había ofrecido a llegar hasta el final, a pesar de lo que había pasado en los anteriores jinetes. Tal vez por orgullo, tal vez por querer resolver aquel extraño acertijo de una vez por todas,... Fuera como fuese, Hellboy agradecía que estuviese en la expedición. Después de todo lo que habían pasado ahora la consideraba una buena amiga y aliada, y tener a alguien así cerca le calmaba. Igual que Kate, incluso Krauss. Después de todo eran su familia, la cual sentía algo más cerca ahora que el profesor había regresado a ellos.

Cuando todos estuvieron bajo el arco del dragón, John sacó un cuaderno viejo con las hojas amarillentas en las que tenía miles de pequeños dibujos y anotaciones en algún idioma extraño. Kate le echó un vistazo por encima del hombro del hombre y sonrió.

- ¿Eso es brahmí?-

- Así es señorita Corrigan. Muy observadora.-

- ¡Increíble! Pero... ¿Usted sabe brahmí?- El hombre negó con la cabeza y sonrió.

- Oh, no, pero casi todas las lenguas nepalíes derivan de ella, y tienen muchos rasgos parecidos... Estos símbolos son los que he encontrado siempre en la montaña y las cavernas. Nadie lo habla ya, aunque muchos entienden parte de las escrituras. Llevo media vida intentando aprender, pero todavía me queda mucho por saber... Es por aquí, acompáñeme.- Subieron unas largas escaleras de piedra hasta llegar a una enorme sala que se abría frente a ellos. Al final de esta había una enorme puerta de metal de unos diez metros de alto. Tenía las juntas congeladas. El hombre se ajustó las gafas y se encogió de hombros.- Y aquí es donde me quedo siempre... No tengo ni idea de qué hacer en esta sala. La he revisado de arriba a abajo pero esa puerta es infranqueable... Parece estar cerrada con algún tipo de magia o algo por el estilo...-

Los presentes fueron recorriendo la sala, mirando el suelo lleno de pequeños símbolos y dibujos circulares. El centro del lugar tenía un pequeño círculo que se iba abriendo en forma de ondas a medida que se alejaba. Sobre la puerta tres estatuas vigilaban la sala, quietas, silenciosas. Johann se acercó hasta la puerta y pasó la mano sobre ella. Si hubiese tenido carne habría notado que estaba fría como el hielo. Kate se rascó la cabeza y se mordió el labio inferior. Aquella puerta se tenía que abrir de algún modo.

- En efecto, señorr Williams. Hay algún tipo de magia arrcana o algo porr el estilo manteniendo esta puerrta cerrrada... ¿Han prrobado algo? ¿Sabe qué dicen las escrriturras de las parredes?-

- Como ya le he dicho no entiendo bien el idioma. Son indicaciones, parecen estar en verso, como si recitasen algo...-

- ¿Y ha prrobado a leerrlo en voz alta?-

El hombre asintió, y volvió a probar. Sus palabras resonaron en aquel lugar, pero nada pasó. Entonces Kate frunció el ceño y se acercó al hombre.

- ¿Puede repetir esa última parte? La de र सी को पहिचान निर्धारण गर्न छ ; प्रत्येक प्रश्न एकल परमेश्वरको गरिनु पर्छ.- El hombre asintió y así lo hizo. Kate sonrió y negó con la cabeza.- Esa frase está mal dicha. Lo está leyendo como "ro sï kó pahicàna nirdhäna garna cha; pratyēka praśna ikala paramēśvarakō garinu parca", pero en realidad se pronuncia "ra sī kō pahicāna nirdhāraṇa garna cha; pratyēka praśna ēkala paramēśvarakō garinu parcha". ¿Me permite?-

Kate cogió el acertijo y lo leyó en voz alta.

- सुन्न , पुरातन देवताहरूको । म आफ्नो पहेली समाधान गर्न आएका छन्। मलाई , नश्वर , कुरा गर्नेछन् गरौं। म तीन प्रश्नहरूको जवाफ तपाईं सोध्नु छ , र मात्र "हो" वा "होइन" तपाईं उच्चारण गर्न सक्नुहुन्छ। यो पागलपन झूट र जो जसले सत्य परमेश्वर , को हो? मेरो मिसन समाधान र अनुमान छ।.- Tardó un poco en hacerlo, pero cuando terminó de pronunciar el musical himno las tres estatuas que descansaban sobre la puerta crujieron, y sus ojos se iluminaron. A la de en medio se le pusieron azules, la de su derecha rojos y la de su izquierda amarillos. Las runas de las paredes y el suelo se iluminaron y este se movió, dejando a los presentes en una enorme plataforma circular. El demonio apretó los dientes y desenfundó su arma.

- ¿Qué demonios has hecho Kate?- Pero ella sonreía fascinada por todo aquello. Miraba en todas direcciones y pasaba las páginas leyendo a toda velocidad. John hizo lo propio, sonriendo con los ojos brillantes.

- Es un enigma, un acertijo que protege la entrada al templo... Es...-

- Ahora lo entiendo... Claro, había usado la traducción más antigua cuando en realidad el brahmí se parece más al ranshana... Brillante señorita Corrigan.-

- En absoluto. Usted lo tiene todo aquí apuntado. Yo sólo he resuelto su bloqueo.... Vaya, es impresionante.-

- Si, bueno, todo eso está muy bien, ¿pero puede alguien explicarme qué demonios hay que hacer? Esto no me gusta ni un pelo...- El demonio estaba demasiado acostumbrado a las maldiciones y esa clase de cosas en los templos, y aunque los otros dos estuviesen entusiasmados a él no le hacía ni media gracia, y menos si tenían que resolver algo para entrar. Se le daban bien los acertijos, pero meter la pata era sinónimo de muerte o mutilación, y si la propia Muerte estaba detrás de todo eso no tenía ninguna gana de que les saliese el tiro por la culata.

John se aclaró la garganta y leyó lo que tenía escrito.

- "En un reino lejano había tres dioses: el de la verdad, el de la mentira y el de la locura. El dios de la verdad siempre dice la verdad, el de la mentira siempre miente, y el de la locura puede decir cualquier cosa. Desgraciadamente nadie sabe cuál es cual, y en un momento de caos, un hombre decide visitarlos para averiguar sus identidades. Los dioses acceden con la condición de que puede hacer cinco preguntas, las cuales sólo podrán ser respondidas por un único dios. Ellos solo pueden responder "sí" o "no". El hombre decide pensar con calma y pensar bien las preguntas. Además sabe que es posible formularle a un mismo dios más de una pregunta y por lo tanto puede ocurrir que a algún dios no se le haga ninguna pregunta; cuál es la segunda pregunta, y a qué dios se le realiza, puede depender de la respuesta que se reciba a la primera pregunta y en forma similar para la tercera pregunta; la decisión sobre si Locura responderá con la verdad o la falsedad puede ser pensado como que depende de arrojar una moneda dentro de su cabeza: si la moneda cae cara él hablará con la verdad; si cae cruz, hablará falsamente. Locura responderá 'da' o 'ja' toda vez que se le realice una pregunta Si-No"... Bueno... Y debemos deducir quién de las tres estatuas de ahí arriba es quien, y son a quienes debemos realizar las preguntas... ¿Alguna idea?-

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Última edición por Hellboy el Dom 6 Nov 2016 - 13:39, editado 1 vez
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Elissa Stavridis
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Dom 2 Oct 2016 - 11:27

- ¿Eso es brahmí?

- Así es señorita Corrigan. Muy observadora.

Si John Williams y Kate Corrigan seguían compartiendo aquellos niveles de entusiasmo, estarían casados antes de que terminara la semana.

Era un pensamiento totalmente aleatorio, y no tenía ni idea de dónde había venido; pero Elissa le dio la bienvenida tan pronto como apareció en su mente. Necesitaba desesperadamente algo que la distrajera del hielo resquebrajadizo, el frío penetrante y la ausencia de oxígeno que la rodeaban. El explorador había sacado un cuaderno y, manteniendo los brazos cruzados sobre el torso, en un intento de mantener el calor, la psicóloga se aproximó a él para poder echarle un vistazo. Se colocó junto al hombro contrario al que Kate había elegido como parapeto, mirando con curiosidad por encima de él. Las hojas de papel estaban cubiertas por una escritura fluida que Elissa era totalmente incapaz de descifrar, pero que le resultaba indescriptiblemente hermosa. Los caracteres se entrelazaban unos con otros, en una suerte de largas cintas, como si en lugar de escribirlos los hubieran bordado sobre el papel. Se preguntó qué dirían.

Después de otro breve intercambio, Lissa se unió a la pareja y al resto de sus compañeros en el ascenso de las escaleras, mientras trataba de poner nombre a la sensación que la embargaba desde que habían bajado del transporte aéreo. Era un sentimiento conjurado por las imponentes montañas, y que no hacía más que acrecentarse a medida que avanzaban. La sala a la que llegaron no hizo otra cosa que alimentarlo, como troncos arrojados a una chimenea encendida.

Dioses, la sola mención del fuego le resultaba tan atractiva como inalcanzable.

Estaban ahora en una habitación enorme; el lugar más lejano al que Williams había logrado acceder hasta aquel momento. Elissa contempló el lugar con renovado asombro, sin detenerse, mientras sus pasos trazaban un amplio semicírculo sobre el suelo grabado. Sus ojos siguieron un recorrido similar, con la cabeza alzada para poder observar mejor la inmensa puerta y las tres imponentes estatuas que se cernían sobre ellos, como amenazadores y silenciosos guardianes. La psicóloga se llevó las manos enguantadas al rostro y exhaló contra la pantalla que formaban, buscando calentar su nariz y labios. La bocanada de aliento se tradujo en una sensación de pinchazo en ambas mejillas; la protesta de sus músculos entumecidos por el frío. Bueno, siempre podía verlo por el lado positivo; aún no se había congelado del todo.

- En efecto, señorr Williams. Hay algún tipo de magia arrcana o algo porr el estilo manteniendo esta puerrta cerrrada... ¿Han prrobado algo? ¿Sabe qué dicen las escrriturras de las parredes?-

La atención de Lissa se dirigió inmediatamente a Krauss y sus labios repitieron, en silencio, la palabra “magia”. Se volvió hacia Williams, intrigada por su respuesta, y el explorador no tardó en complacerlos.

- Como ya le he dicho no entiendo bien el idioma. Son indicaciones, parecen estar en verso, como si recitasen algo...-

Krauss sugirió que las leyera en voz alta. No sucedió nada. Nada hasta que Kate Corrigan decidió darles una lección de pronunciación. Por Apolo, John Williams tenía que estar cada vez más impresionado con aquella chica. Al menos, Elissa lo estaba.

La psicóloga se dio cuenta de que estaba sonriendo, contagiada por el entusiasmo de John y Kate, cuando, realmente, no había una razón para sonreír. Las estatuas habían cambiado, pero eso sólo las hacía, si cabe, más inquietantes. Y el suelo bajo ellos también se había movido; dejándolos en una plataforma circular. A Elissa le recordó poderosamente a un tribunal.

El sonido del arma de Hellboy al desenvainarse hizo que el corazón de la psicóloga se saltara un latido. ¿Esperaba combatir a las estatuas brillantes con acero o balas? No, simplemente estaba intranquilo, igual que todos ellos. Y allí, bajo la mirada de aquellas imponentes figuras, Elissa pudo ponerle nombre, al fin, a la sensación que la había estado acosando desde su llegada al Himalaya.

Se sentía pequeña. Terriblemente pequeña e insignificante en unas montañas que acariciaban el cielo, más elevadas que el Olimpo; frente a una puerta por la que podría haber pasado un ser el doble de alto que Polifemo; bajo la hostil mirada de un triunvirato en el que no podía reconocer a Hera, ni a Atenea, ni a Zeus. Aquél era un mundo construido a medida de unos dioses antiguos y desconocidos. Y tenía miedo.

Hellboy interrumpió el nuevo intercambio de cumplidos entre John y Kate, urgiendo al aventurero a aclararles la situación. Elissa guardó silencio mientras Williams relataba la historia del hombre y los tres dioses. Allí tenían su particular versión de la Esfinge de Tebas. O, más bien, sus tres Esfinges de Tebas. La estatua central de ojos azules. La estatua de la izquierda, de ojos rojos. La estatua de la derecha, de ojos amarillos. Una de ellas correspondía al Dios de la Verdad. La otra, al Dios de la Mentira. La tercera, al Dios de la Locura.

Y ellos, como el hombre sabio del que hablaba la leyenda, tenían que averiguar cuál era cuál. Y sólo tenían cinco preguntas.

Elissa sintió que su pulso se aceleraba ligeramente. Un enigma. No podía negar que aquella clase de desafío la atraía mucho más que un combate a espada, e incluso que un combate mágico, para el que nunca terminaba de sentirse preparada.

Cinco preguntas. Tres dioses. Sólo podían confiar en uno de ellos… ¡no! No, no era cierto. Podían confiar en dos. Porque uno siempre diría la verdad, pero el otro… El otro siempre mentiría, y aquello era una valiosa garantía frente al caos que suponía el Dios de la Locura. Había una cierta seguridad en aquella respuesta falsa. Simplemente, debían recordar que “sí” era “no”.

Pero… ¿cómo encontrar al Dios de la Verdad? ¿O al Dios de la Mentira? ¿Qué clase de preguntas pondría en evidencia a, al menos, uno de ellos?

Ser griego de nacimiento le resta un poco de atractivo a pronunciar en voz alta la palabra “eureka”. Y, de todos modos, Elissa no estaba totalmente segura de haber encontrado la respuesta correcta. Aún así, era algo por lo que empezar. Se volvió hacia sus compañeros y, en un susurro, les explicó la estrategia, sólo para descubrir que era terriblemente difícil ponerla en palabras. Pronto necesitó la libreta que Lyz siempre llevaba consigo para hacer un esquema.

La idea era que una misma pregunta, realizada a cada uno de los dioses (es decir, tres preguntas de cinco) debería señalar al Dios de la Mentira, o al de la Verdad. La presencia del Dios de la Locura evitaría que supieran cuál de los otros dos era cuál. Por ello, deberían reservar las dos últimas preguntas para averiguar la naturaleza de las estatuas que faltaban.

Cuando el pequeño grupo se hubo puesto de acuerdo, Elissa tragó saliva y se volvió a las tres estatuas vigilantes. Era mucho más fácil ponerlo sobre el papel que someterse al escrutinio de aquellos dioses. Si era sincera consigo misma, tenía que reconocer que estaba aterrorizada. Le costaba respirar.

No podía evitar pensar qué sucedería si se equivocaban.

Se dirigió en primer lugar a la estatua de la izquierda, de ojos rojos como la sangre.

- ¿Eres el Dios de la Locura? – preguntó. Era incapaz de alzar la voz, pero la extraordinaria resonancia del lugar en que se hallaban bastó para que su pregunta resultara audible. Suponiendo que las estatuas tuvieran oídos.

La respuesta fue “sí”.

- ¿Eres el Dios de la Locura? – repitió Elissa, esta vez mirando a la estatua de ojos azules como el hielo.

La respuesta fue “no”.

La griega dejó escapar el aire en una bocanada temblorosa, que se convirtió en vaho tan pronto abandonó sus labios. Si la tercera estatua respondía “sí” (dos “sí”, un “no”), sabrían que el Dios de la Verdad tenía los ojos azules. Si, en cambio, les decía que “no”… Bueno, dos “no” y un “sí” significarían que el Dios de la Mentira veía el mundo bajo una mirada rojo rubí.

Fuera cual fuera el dios que respondiera diferente, en él recaerían todas sus esperanzas de descubrir la respuesta correcta.

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Elysia Stavridis
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Lun 24 Oct 2016 - 12:34

Al final tuve que guardar el dibujo de la red, y lo cierto es que me aliviaba no haber tenido que utilizarlo. Al menos, conociendo mi legendaria torpeza y/o mala suerte, no había tenido el placer de caer de cabeza en el precipicio. Guardé la libreta en mi pequeña bandolera, y cuando estuvimos todos bajo el arco del dragón, me sentí como si nos hubiéramos escapado de una película de Indiana Jones.

El papel de los arqueólogos lo tenían la señorita Corrigan y el señor Wiliams. Tras darse cuenta de un fallo de pronunciación en el texto en brahmi, Kate lo recitó en voz alta, y de pronto, las estatuas que descansaban encima de la puerta crujieron, y sus ojos se iluminaron con diferentes luces de colores. Y ahí va el acertijo de turno… claro que si. Un templo maldito no sería lo mismo sin un acertijo mortal, y de alguna forma era algo que ya esperaba que ocurriera.

Por mi, Kate y John podrían seguir haciendo conjeturas sobre como resolver el enigma. Me parecía que eran las dos personas más capacitadas para encontrar una solución. Bueno, y mi hermana Lissa. A ella se le daban bien las historias y los acertijos. A diferencia de ella, yo había sido criada en los Estados Unidos, y aunque había crecido con la cultura y la mitología Griega, nunca se me había dado bien la historia, y tampoco era muy lista, siempre sacaba suficientes en el colegio. Así que me quedé escuchando al grupo mientras frotaba mis manos, aún incómoda con la temperatura de la habitación.  

De pronto Elissa pareció tener una idea, y me pidió la libreta para poderla explicar en condiciones. La verdad es que tenía mucho sentido todo lo que decía, así que la miré orgullosa, como cuando una madre miraba a su hijo por haber sacado buenas notas. ¡Sabía que ella podría resolverlo!

Tuvo que explicármelo varias veces, porqué no estaba entendiendo nada de nada. Pero al final logré captar la intención de todas aquellas preguntas, y pensé que el planteamiento era la correcto. Vamos, no se me ocurría ninguna otra manera de hacerlo… así que confié ciegamente en lo que Lissa explicó. Cuando mi gemela hizo las dos primeras preguntas, decidí acercarme a la tercera estatua que quedaba sin responder.

- ¿Eres el dios de la Locura? –pregunté, mirando fijamente a sus ojos ámbar.

La respuesta fue “Si”.

Me giré para mirar a mis compañeros. Según el planteamiento lógico de Elissa, la estatua de en medio sería la que siempre dice La Verdad. Me aventuré entonces a hacer otra pregunta a la estatua de en medio.

- ¿La estatua que tienes a tu derecha, la de los ojos rojos, es el dios de la Locura?

La respuesta fue “No”.

Y con esto, en teoría, ya teníamos resuelto el enigma. Miré a mi compañera vaquera, que había permanecido callada durante todo el trayecto y le hice una breve inclinación con la cabeza. Recé para que después de todo este lío, el enigma fuera resuelto sin problemas.

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Rebecca Logan
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Dom 6 Nov 2016 - 13:11

Mientras el resto observaba la sala, la vaquera se aproximo hacia Krauss, y agarró una de las mascarillas del equipo procurando no parecer tan desesperada como en realidad lo estaba por tener una bocanada de oxigeno. Ignoraba por completo el modo en que los demás trataban de solucionar esa especie de escritura extraña recogida en el cuaderno que su guía les había facilitado, y que teóricamente, les ayudaría a encontrar la entrada de ese sitio perdido en el que aguardaba el último jinete. Su cuerpo le pesaba como si estuviera hecho de piedra, y el implante de su espalda, que aún no habían podido remover, empezaba a molestarla. No era consciente de hasta qué punto ese desajuste le había hecho tomar medidas extremas, como lo había sido habituarse el uso del exoesqueleto y someterse a la operación y la recuperación, que le habían exigido varias semanas. Ahora el implante era más un problema que otra cosa, aunque ya había hablado para que lo removieran, una parte de sí renegaba del todo de quitárselo, aunque no estaba segura de a qué se debía esa extraña incertidumbre.

Ahora no llevaba el exoesqueleto, pero para la pieza unida a su espalda no tenía alternativa. Quizá se lo quitara por fin después de que todo aquello acabara de una vez. Mientras respiraba, y ese pensamiento de conseguir justicia sobre todo lo que había empezado un año atrás, los miembros de su grupo comenzaron a leer algo en voz alta. Apenas era capaces de oírlo, porque su propia respiración y el susurro del gas saliendo de la mascarilla tenía toda su atención. Recobrar el aliento le llevó un rato, y sólo cuando la voz de mujer terminó de sonar, contempló como los ojos de las estatuas sobre la pared se encendían. Su gesto fue automático, aunque mas torpe que de costumbre. Desenfundó el arma y apuntó directamente a la estatua central, hasta que una voz profunda como una estampida reverberó en la sala, planteándoles una especie de enigma.

La Sheriff se apartó la mascarilla, cometiendo el error de dejar la válvula abierta. Dió unos cuantos pasos más decididos hacia donde estaban el resto y permaneció en guardia, por si a cualquiera de esas esculturas se le ocurría que bajar hacia donde estaban ellos era buena idea. Siempre enigmas. Siempre preguntas. Estaba empezando a hartarse de toda esa parafernalia en la que todo eran trucos de espejos, nada era lo que parecía a primera vista, y toda la información estaba tergiversada. Intentó recordar las palabras, pero sólo había sido capaz de retener una parte. Vamos, en tu ciudad vive ese estúpido acertijo. Su capacidad de razonamiento deductivo era muy buena, se trataba de un mero problema de asignación. Había hecho eso cientos de veces, pero por algún motivo, sus pensamientos se volvían vagos y difusos, y a mitad de deducción, olvidaba de dónde venían los datos que estaba barajando.

Se retiró un momento el gorro, secándose la frente, aunque a causa del frío no hubiera sudor en ella, a causa de un gesto automático. Volvió a colocarse el gorro, frustrada consigo misma, y por el embotamiento que parecía sufrir. Entonces una de las gemelas pidió un cuaderno y comenzó a dibujar sobre el toda una variable de posibles opciones. Intentó leerlo, pero su vista se nublaba con una bruma extraña. Entonces comenzaron a efectuar las preguntas, y recibieron las respuestas a modo de monosílabos. Cuando llevaban cuatro, una de las gemelas le remitió una mirada. Los ojos azulados del Sheriff se fijaron en los suyos, pero no mostraban la mirada determinada y limpia que solía haber en ellos. Las ojeras de la mala noche y el agotamiento se iba haciendo visible poco a poco, aunque la vaquera lo ignorara.

Apenas si había sido consciente de lo sucedido. Kate murmuró algo al guía, y también a hellboy. Seguramente la conclusión del enigma. La vaquera miró a la estatua del centro, a la que aún seguía apuntando, y en un alarde de temeridad que jamás habría cometido estando en plenas facultades se dirigió a ella.

- ¿Ya está?- preguntó, a causa de la ansiedad por acabar con ese estúpido preámbulo. La quinta pregunta, gastada en lo que era un absurdo golpe de suerte, dado que no había sido capaz de razonar la respuesta. Sólo había preguntado a la de en medio porque era en la que se había fijado en un principio. Kate tomó entonces el relevo con rapidez.

- Si es correcto, Los ojos azules nos muestran la verdad, los ojos rojos nos mienten, y los ojos amarillos nos enseñan su demencia. - expresó Kate de una manera un tanto rebuscada, como si de alguna manera quisiera sumarse al misticismo de la situación.

La resolución era sólo cuestión de tiempo, pero la vaquera no bajó el arma. No mientras esas cosas siguieran conscientes.

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Hellboy
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Dom 6 Nov 2016 - 16:16

- Supongo que habrá que resolver el acertijo, ¿no?- Hellboy bajó poco a poco el arma, pero sin dejar de mirar a las estatuas. Aunque eran de piedra sus balas tenían componentes mágicos y santos en ellas, de manera que algo habría conseguido, aunque sólo fuese volar la mitad de aquella cabeza. Lo malo de las estatuas de piedra que cobran vida es que carecen de órganos vitales a los que disparar y frenarlos. Hasta que no las reduces a escombros no te aseguras que te van a dejar en paz. Kate releyó el acertijo junto a John un par de veces más para asegurarse de que era eso lo que les pedían. Al parecer era correcto, pero claro, contaban con que su traducción fuese buena. Si habían errado en algo posiblemente lo que hiciesen después les condenase o les llevase a una muerte horrible, o algo peor... Hellboy era el que más tranquilo permanecía de todos, lo que no significaba que no estuviese tenso. No dejaba de mirar las estatuas, comprobando que ninguna se moviese más allá del brillo que salía de sus ojos. Estaba más que acostumbrado a esa clase de misiones en templos malditos o alejados de la mano de dios donde lanzas salen del suelo, este se abre en caídas que llegan hasta los cimientos de la tierra, picas envenenadas en fosos de piedra... Todas esas cosas estaban a la orden del día, por no hablar de criaturas que vigilaban el interior de aquellos lugares y que te habrían partido por la mitad sin dudarlo ni medio segundo, como el templo de la lluvia que habían encontrado hacía más de un año en África. Allí fueron varios guardianes los que les complicaron la vida, aunque por suerte para todos al final salieron bastante bien parados. Pero ese no era momento para pensar en cosa que habían sucedido en el pasado. Tenía que tener la mente abierta y pensar en el acertijo que se les había planteado. El tiempo corría en su contra, o tal vez no. Fuera como fuese sabía que cuanto más tardases en resolver esas cosas peor se ponía la situación.

Lissa se acercó a Kate y John y planteó una posible solución o modo de enfrentarse al problema. Era buena la idea sin duda, de hecho lo mejor que se les ocurría en ese momento. Kate asintió y comenzó a ver el dibujo que la otra chica les mostraba para poder ubicarse mejor.

- Vale, entonces, a ver... Tres preguntas, una a cada uno para saber o intentar localizar quién es quien. No hay duda de que es una buena idea. Lo más sensato sin embargo será hablar en voz baja. Si nos oyen es posible que se lo tomen como una respuesta... ¿Qué puede pasarnos si respondemos mal?- John se encogió de hombros, resoplando mientras ojeaba uno de sus cuadernos llenos de notas. Hellboy entrecerró los ojos y gruñó por lo bajo.

- Casi cualquier cosa. Desde que las estatuas cobren vida y nos aplasten hasta que absorban nuestras almas o el suelo bajo nuestros pies desaparezca...- Kate tragó saliva y se mordió el labio.

- Cuando estudié historia y cuando la estudio estas cosas nunca salen en los libros...-

- Si se cuentan pero nadie se las cree. Todos piensan que son leyendas. Estas trampas siempre se ponen para evitar que la gente entre a los templos o los invadan. Los egipcios eran unos expertos en esta clase de trampas. Por eso construían las pirámides como auténticos laberintos, para evitar que nadie pudiese escapar una vez habían entrado allí.- Hellboy miró el dibujo que una de las hermanas había hecho, pensativo y en silencio. Aportó alguna que otra idea al pequeño grupito que discutía y luego se volvió a la vaquera y a Johann. Rebecca estaba muy pálida, mucho más de lo que acostumbraba a estar. Puede que fuese la altura, el esfuerzo, el no haber terminado de recuperarse de todo lo de Victoria todavía... Quizá era una mezcla de todas esas cosas al mismo tiempo. Aún se sentía culpable por todo lo que había tenido que pasar por su culpa, pero luego pensó que no era momento para andar autocompadeciéndose. Tenían que resolver aquel acertijo y terminar de una vez por todas con todo el tema de los jinetes. Su padre le había dicho que por fin hallarían la respuesta a todo con Muerte, y que el tiempo corría en su contra. También le rondaba por la cabeza lo que había sucedido en la cárcel de Arkham la madrugada del 1 de noviembre del año pasado, tras todo lo que sucedió con aquel gas del miedo y esas cosas. Al igual que en su visión, estaban en lo alto de una montaña donde pudieron ver cómo el mundo entero se sumía en el caos más absoluto y se quemaban hasta los cimientos de la tierra. ¿Tendría algo que ver con todo eso? ¿Podría evitar ese desastre para el mundo? ¿Evitar destruirlo como lo había hecho hasta ahora? Sí, sabía que sí. Su padre le había educado bien, y ahora no luchaba sólo por él y por el mundo. Había hecho nuevos amigos, amigos que creían en él al igual que lo hacía el profesor. Gente que había puesto su vida en sus manos para ayudarle a cumplir con lo que se había jurado: nunca ser aquello para lo que había sido creado.

Lissa tomó la palabra, formulando las dos primeras preguntas con fuerza a las estatuas. Los ojos rojos de la estatua de su izquierda brillaron con la respuesta. Fue fuerte y atronadora. Sí. Después preguntó a la de los ojos azules, los cuales también brillaron con fuerza. No. Si el plan de Lissa funcionaba lo resolverían con las dos siguientes preguntas, o las tres. Por suerte disponían de preguntas suficientes para resolverlo... ¿Verdad? Johann cerró el gas que la vaquera se había dejado abierto mientras esta avanzaba hacia los demás. Lyz fue la que realizó las dos siguientes preguntas, una a la de los ojos amarillos y la otra a la de los azules. Se volvieron todos hablando entre ellos en murmullos.

- Ya está, ¿no? Es decir... La primera ha respondido sí a si es el dios de la locura, y la de en medio que no. Y después la de la derecha ha respondido que también es el dios de la locura y la de en medio que la de su derecha, es decir, la de los ojos rojos no es el dios de la locura... Eso es, ¿no? La de los ojos rojos es el dios de la mentira, la de los ojos azules el de la verdad y el de los amarillos el de la locura... ¿O nos dejamos algo? ¿Hemos considerado todas las opciones? ¿Rojo?- Este miraba a las estatuas y pensaba en lo que decían todos. Sí, con eso en teoría debería estar resuelto el acertijo. No había más vuelta de hoja. El único al que habían preguntado dos veces era al dios de en medio, y había respondido las dos veces con un no. Podía ser el de la verdad o el de la locura, pues era el único que tenía sentido si consideraban que el de la izquierda era el de la mentira. Pero al mismo tiempo podía no serlo y era una suposición... La vaquera dio dos pasos al frente y, sin dejar de apuntar realizó la última pregunta. Una pregunta tan aleatoria que no obtuvo respuesta alguna de ninguna de las estatuas, pues dependiendo de qué considerase por terminado podía ser cierto o falso. Los ojos de las estatuas permanecieron encendidos pero sin brillar tanto como cuando les hacían una pregunta directa. Hellboy frunció el ceño y miró a la vaquera, quien parecía aturdida y mareada. Kate hizo una mueca como si acabasen de romper un cristal en una misión de infiltración y John miró a las estatuas por si alguna hacía algo. Nada. Se quedaron allí quietas, sin moverse a pesar de la última y extraña pregunta. Kate tomó la palabra y se aclaró la garganta, hablando en el idioma de los dioses.- हामी पहिले नै आफ्नो पहेली हल छन्। रातो आँखा को मुर्ति झूट को भगवान छ। नीलो आँखा को मुर्ति यो पागलपन को भगवान छ सत्य परमेश्वर ... अनि मुर्ति पहेंलो आँखा छ ...। त्यो हाम्रो जवाफ छ।-

Hubo un silencio que pareció durar una edad. Y entonces las estatuas se movieron ligeramente. Sus ojos brillaron y bajaron la vista hacia ellos. Hellboy sacó su revolver, preparado para disparar. Apretó los dientes lo suficiente como para haber partido en dos una moneda y esperó. Las estatuas se levantaron muy lentamente, como si mover un solo brazo les costase una barbaridad. Los cuerpos de aquellos extraños seres eran grandes y delgados, hechos de piedra y roca. Con una voz potente, la estatua de los ojos azules se levantó y les miró.

- ... तपाईं सही जवाफ छ।- Kate suspiró y sonrió. Asintió al resto, indicándoles que lo habían resuelto bien. Todos parecieron calmarse y el demonio bajó el arma. Menos mal. No quería ni imaginarse qué habría sido de ellos si hubiesen respondido mal. Entonces los dos dioses de los lados dieron un salto y cayeron al suelo. Medían la mitad que las enormes puertas y se acercaron hasta la apertura de estas. Pusieron las palmas de las manos sobre estas y un brillo rojo y otro amarillo salió de debajo de ellas. Con un ruido sordo y fuerte abrieron lentamente hacia los lados las dos enormes hojas de las gigantescas puertas negras. Al otro lado sólo había oscuridad. Una oscuridad que casi se podría haber tocado. Cuando terminaron de abrirlas se quedaron allí, quietos, tanto como podría haber estado una estatua. De no haber sido porque las acababan de ver moverse habrían jurado que aquellas estatuas jamás moverían ni un dedo. Hellboy miró al grupo y asintió.

- Vamos. No hay tiempo que perder.- Fue el primero en entrar en aquella gruta, y esta vez fue Johann quien cerró el grupo.- A todo esto... Buen trabajo ahí atrás. Lo habéis hecho bien.-

Avanzaron a través de la gruta, sin ver absolutamente nada. Aunque encendiesen una linterna no verían nada. Había un extraño olor allí dentro. Un olor como... ¿A río? No pudieron saborear ese olor demasiado tiempo, pues repentinamente sintieron una fuerza invisible tan poderosa que habría sido imposible oponerse a esta tirar de sus pechos hacia el fondo de la gruta. Fue todo muy rápido. Fue como una caída libre. Apenas duró unos segundos, y entonces un golpe seco contra el suelo. No fue doloroso pero sintieron una superficie fría contra sus caras. Se levantaron y se encontraron al final de una larga gruta oscura. Al final había una luz que se colaba por lo que parecía la entrada. Pero el problema real era lo que había entre ellos y la salida. Una enorme figura les observaba con unos brillantes y amenazadores ojos rojos. Tenía el cuerpo cubierto de un pelo grisaceo claro, con armas modernas y antiguas a sus pies, junto a algunos huesos raídos. Había ametralladoras, misiles, bombas y granadas, pero también había espadas, hachas, escudos, armaduras... El ser sonrió mostrando unos grandes y amarillentos dientes. El hedor a podrido era bastante fuerte, y una de las cosas que notaron todos ellos fue el calor. Allí hacía calor. En el Himalaya, minutos antes estaban a menos de veinte grados bajo cero. Ahora la temperatura rondaba los treinta grados. La diferencia era de cuarenta grados de golpe. El sudor provocado por los ropajes gordos y la temperatura perló las frentes de los presentes. Hellboy se levantó maldiciendo por lo bajo y apretó los dientes, sacando su arma, apuntando a la criatura, asegurándose de que era el primero en la fila. El ser se levantó, y pudieron ver su enorme tamaño. Mediría unos tres metros de altura. Era extremadamente musculoso, como ver a un gorila gigante. Se acercó hacia ellos lentamente hasta quedar a unos cinco metros de distancia.

- Podéis estar tranquilos, no voy a haceros daño. Por suerte para vosotros he comido esta mañana... Sabía que veníais. Me lo dijo ella. Os está esperando. Sois... Distintos a lo que me esperaba. Ahora estáis en un lugar sagrado, y por tanto debéis ser respetuosos... Yo soy el guardián de este lugar. Si lo amenazáis no seré tan amigable y os mataré, ¿lo habéis entendido? Mi familia y yo llevamos defendiendo este lugar de amenazas desde hace más de dos mil años, y nunca nadie ha sido capaz de salir airoso de una mala decisión. Así que sed buenos niños y no me enfadaré... Y ahora, adelante.-


El enorme ser se apartó, estirando su brazo derecho hacia el final de la gruta, tras la cual una luz entraba con fuerza. Podían ver montañas y un claro cielo azul, completamente opuesto a las nubes que cubrían el Himalaya. Poco a poco fueron avanzando mientras el enorme ser sonreía. Algo les decía que no debían cabrear a un ser así, y era más que evidente que les habría arrancado la cabeza de un mordisco sin ninguna dificultad. Fueron quitándose la ropa hasta quedar en las camisetas o camisas que llevasen bajo aquellos abrigos. Se los colocaron a las espaldas o bajo el brazo, o en la mochila que llevasen. Hellboy se abrió la gruesa gabardina sin dejar de mirar al ser mientras avanzaba. Kate se quitó el abrigo, quedándose con una fina chaqueta y debajo una camiseta de tirantes azul celeste. Johann no varió su indumentaria pues lo único que necesitaba era tener el anti congelante a mano. Todos tuvieron que taparse los ojos al salir de la cueva pues el sol era radiante... Y entonces lo vieron. Una gigantesca ciudad hecha de piedra y oro en mitad de una jungla que llegaba hasta donde alcanzaba la vista. Unas enormes escaleras bajaban toda la ladera de la montaña desde donde ellos estaban hasta la entrada de aquel gigantesco lugar. Había un enorme puente que cruzaba un caudaloso río cuyas aguas resonaban por todo el valle. Había pájaros de todos los colores volando sobre ellos, cuyos cánticos y graznidos no se parecían a nada en belleza ni variabilidad de lo que hubiesen escuchado jamás. Era como una gigantesca orquesta que decoraba aún más si era posible la ciudad perdida que ahora se encontraba ante ellos. Las montañas que rodeaban aquel paraíso les observaban, con el paso del tiempo en sus laderas llenas de plantas y musgo, con sus cimas llenas de nieve como si fuesen los cabellos de un anciano que ha visto toda una vida pasar ante él. Hellboy entreabrió la boca maravillado. A Kate se le llenaron los ojos de lágrimas y miró a su compañero.

- La hemos encontrado... *snif* La... La ciudad perdida de Shambala... Existe de verdad...- Se limpió los ojos con el dorso de la mano y comenzó a reír como una tonta. Hellboy se permitió una sonrisa ante la emoción de su amiga. Para ella, quien estudiaba a diario la historia, que se había dejado embaucar por los libros a quienes consideraba sus amigos, quien cada día deseaba vivir aventuras que le llevasen a ligares inóspitos e inexplorados... Descubrir que algo así era real no tenía precio. Se agachó y pasó las palmas de sus manos por las enormes losas de piedra, asegurándose de que aquello era real. Y entonces, se lanzó a Hellboy, abrazándolo con fuerza.- Gracias...-

Él posó su mano en el hombro de la mujer y negó con la cabeza. Miró a la enorme ciudad llena de vida que les esperaba en el centro del valle. De entre todos los edificios uno sobresalía sobre el resto. Una enorme cúpula dorada de la que un rayo salía en dirección al cielo hasta perderse. Al fin, ante ellos, las respuestas que llevaban buscando desde hacía tanto tiempo. Por fin sabrían qué hacían los jinetes en la tierra. Por fin sabrían por qué todo aquel viaje. Por fin esa historia tendría su final. Aspiró con fuerza... Y todos comenzaron a bajar por aquellas interminables escaleras.

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Elysia Stavridis
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Jue 17 Nov 2016 - 11:23

La tensión podría haberse cortado con un cuchillo bien afilado. Kate Corrigan dijo en voz alta la conclusión del enigma, esperando que las misteriosas estatuas de ojos brillantes nos escucharan. Todos habíamos llegado a la misma conclusión. Mentira, Verdad y Locura. Bueno, quizá no todos. La Vaquera que venía con nosotras parecía tener la cabeza en otra parte. Me llevé un buen susto cuando la vi desenfundar y apuntar al entrecejo de la estatua de en medio. Su respiración era entrecortada y cuando nos dedicó una mirada tenía un aire pensativo, como si no nos estuviera viendo de verdad.

De pronto las estatuas temblaron y las rocas empezaron a moverse. Mi corazón estaba palpitando tan rápido que escuchaba las pulsaciones directamente desde mi oído. Cogí fuertemente el lápiz con la mano derecha y acaricié una hoja de papel con la otra mano, dispuesta a dibujar lo que fuera necesario si las cosas se torcían. Pero no hizo falta. Me desahogue dejando escapar un suspiro muy largo cuando Kate nos dijo que habíamos acertado el enigma. Menudo susto me había llevado.

La estatua de la mentira y la de la locura se desprendieron de la pared y saltaron hacia dónde estábamos, haciendo temblar el suelo. Sus manos de piedra abrieron la pared de puertas negras y nos invitaron a entrar al pasadizo oscuro.

- ¿Estás bien? – le pregunté a Rebecca con una pizca de preocupación, justo antes de pasar por el umbral. Subir aquella cuesta había sido mortal, lo entendía perfectamente. Yo misma había tenido que pedir el oxígeno varias veces, no estaba acostumbrada a viajar por las montañas. Sólo esperaba que no se encontrara mal por otros motivos.

Aquel pasillo era más oscuro que el carbón, y un pequeño escalofrío recorrió mi columna como si se dedicara a bailar alegremente por ella. No me sentía nada segura sin ver hacia dónde nos dirigíamos, aquello me daba muy mala espina… y la verdad es que mis sentidos tenían razón. Una fuerza invisible me empujó hacia delante y caí como si el pasillo se hubiera convertido de pronto en un precipicio. Mis morros encontraron el final en la fría piedra de la caverna. Si mi torpeza ya era legendaria, aquella caída había sido la más épica de mi carrera profesional.

Continuamos por el pasillo hasta que por fin distinguimos una luz y una figura…

- Venga ya, tanto hablar del Yeti y ahí lo tenemos… esto empieza a ser muy surrealista.- Vale, Elysia… ¿cuándo ha sido realista tu vida?

El bicharraco peludo tenía bajo sus pies un montón de armas y armaduras humanas, y ya me había figurado porqué. Muchos hombres antes que nosotros habían intentado entrar allí… pero el Yeti y sus parientes peludos se habían encargado personalmente de que no entraran. Lo único que quedaba de los invasores era todas aquellas ametralladoras y espadas…

- Tranquilo, amigo… venimos en son de paz… - aquel había sido nuestro lema desde que entramos en la montaña.

Sentí el agradable calor que desprendía la salida, y de pronto mis ropas empezaron a ser una molestia. ¿Cómo corcho había cambiado tan radicalmente la temperatura? Me deshice de mi capa y me quité los guantes. Después adapté mi traje mágicamente para que dejara de protegerme del frío.

Mientras el resto se desprendían de sus ropas de abrigos, yo saqué de nuevo la libreta e hice un esbozo de la bestia blanca que tenía delante. No todos los días podía conocer al Yeti en persona, y como no iba a dejarse fotografiar, lo mejor era hacer un dibujo rápido. Pero lo más alucinante del día no era eso, sino la gran ciudad dorada que nos esperaba en el exterior. El paisaje era espectacular… el más bello que había visto jamás… ¿Cómo podía existir un lugar tan bonito dentro de una montaña helada? Me sentía muy emocionada, casi como cuando descubrí por primera vez que podía usar la magia, pero no llegaba a los niveles de emoción de la señorita Corrigan. Ella estaba llorando de verdadera felicidad.

Miré a mi hermana con una sonrisa en los labios y avancé por las escaleras infinitas junto a ella, siguiendo al pintoresco grupo hasta la cúpula dorada. Ella nos estaba esperando…

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Rebecca Logan
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Sáb 19 Nov 2016 - 1:19

La mirada centrada en la zona central de esos ojos brillantes de color azul, como los suyos, con una determinación que habría sido capaz de atravesar la vieja piedra de la que estaban hechos. El dedo en el gatillo se afianzó con firmeza. Cuando la sheriff disparaba, lo hacía segura. No acariciaba el gatillo, lo sujetaba. Escuchaba el percutor del arma deslizarse por el mecanismo, el estallido de la bala, y el olor a pólvora. Ante la mas mínima duda, volaría la cabeza de esas cosas, o al menos lo intentaría. Si había funcionado hacía tanto tiempo con las gárgolas, nada descartaba que no pudiera hacerlo con esas estatuas. Recuerdos fugaces del inicio de todo ese infierno que había pasado se desarrollaron a través de su mente. La llegada del demonio. El caballo estallando. La criatura de dedo enhiesto señalándola. El viaje en helicóptero. Las gárgolas, los esqueletos, el pequeño ser de la máscara. La caverna del alma. Marraketch. Y las lagunas hasta encontrarse con los restos de guerra cara a cara, como si acabara de despertar de una especie de mal sueño.

Tras la afirmación de la exaltada Kate Corrigan, la tensión se instauró entre todo el grupo hasta que recibieron una respuesta afirmativa. Pero sus objetivos sólo cambiaron cuando dos de las estatuas descendieron a su nivel, con un sonido atronador que se escuchó por toda la estancia de piedra. Los cañones apuntaron entonces por inercia a la más cercana, y no perdieron detalle mientras abría la puerta ala que por fin, habían abierto acceso. Una de las gemelas se aproximó hacia la Sheriff, mientras colocaba el seguro del arma, sin retirarla del objetivo actual.

- Si. - Respondió en tono grave, en un alarde de fuerza para si.

La pesadez que sentía en los pulmones había empezado a derivar a los párpados, y ahora hasta mantener la imagen fija resultaba forzoso. El grupo se adentró a través de las puertas. Ni siquiera las luces químicas que formaban parte habitual del equipo del B.P.R.D eran capaces de abrirse paso en esa oscuridad, como si estuviese hecha de una materia densa como el alquitrán, cubriéndolo todo. Apenas si era capaz de percibir el brillo que producía la varilla sobre su propia mano. Su instinto, sin embargo, no se pronunció. En cualquier circunstancia que se hubiera dado de manera independiente, se habría negado en rotundo a entrar en un lugar que transmitiera esa sensación de privación sensorial. Para alguien como el Sheriff, cuyos sentidos estaban constantemente activados, era como quedarse de golpe ciego, sordo y mudo. Tanteó en la oscuridad, paso tras paso, hasta que le sobrevino una sensación difícil de describir. Un vértigo en la boca del estómago que derivo en un extraño mareo que le impidió percibir algo tan natural como donde estaba, o cual era su posición en el espacio. La negrura los devoró. Luego, perdió el conocimiento.

........

Las voces sonaron lejanas, como si fuesen un ruido de eco, que provenía de un sitio muy apartado de donde estaba. Entreabrió los ojos, incapaz de fijar su vista en nada concreto, mas allá de un montón de destellos y siluetas negras que parecían desfilar a través de sus ojos. Un sudor frío le recorrió el cuerpo de pies a cabeza, y sintió un montón de protuberancias clavándose en su cara. Haciendo un terrible esfuerzo se concentró en ubicarse. No sentía sus miembros, ni tampoco que estuviera tumbada sobre el suelo, desmadejada como un trapo. La sensación térmica le produjo extraños temblores, haciendo que fuese incapaz de controlar el cuerpo. Intentó pronunciarse en voz alta, pero sus labios tiritaban. El grupo de siluetas negras parecía alejarse. Respiró con dificultar. Por primera vez, el Sheriff se quedó sin palabras.

No comprendía que le estaba sucediendo.

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Elissa Stavridis
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Lun 21 Nov 2016 - 16:43

Elissa no se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento hasta que Kate sonrió levemente, y su cuerpo se relajó con brusquedad, dejándola virtualmente agotada. Contempló, casi hipnotizada, cómo las figuras de piedra inamovible se incorporaban y abrían la puerta para ellos. Cuando aquella clase de cosas sucedían, la psicóloga temía haber perdido el control de su poder, haberse dejado arrastrar al subconsciente de alguien y estar contemplando una de esas escenas irreales, propias de los sueños. A veces tenía que pellizcarse para estar segura.

Oyó las palabras de Hellboy, y una espontánea sonrisa de agradecimiento asomó a sus labios. Rojo no debía de hacer aquella clase de cumplidos muy a menudo.

Se adelantó un poco para cruzar la puerta, y no fue testigo del intercambio de palabras (tres palabras en total, de hecho) entre la vaquera y Elysia. Poco después, la alcanzó aquella fuerza que tiraba irremediablemente de ella, y que arrancó un juramento en griego de sus labios, justo antes de ser silenciada por el choque. Aunque no se había hecho verdadero daño, tardó casi un minuto en volverse a situar. Y el hecho de que incluso el clima hubiera cambiado no la ayudó.

- ¿Qué está…? Θεέ μου – se interrumpió a media pregunta, con el equivalente a “Dios mío” en su lengua natal, al ver a la enorme y simiesca criatura ante ellos. Por un momento, temió que el ser los atacara, algo para lo que no estaba (ni estaría nunca, posiblemente) preparada en absoluto. Miró a Hellboy y a los demás con los ojos muy abiertos; aún se sentía mareada, y el olor a podredumbre no la ayudaba en nada.

El hecho de que el ser hablara no le pareció reconfortante. Más bien al contrario.

- ¿Cómo que ha desayunado…? ¿Y qué se supone que ha desayunado? – repitió, en voz baja, y no pudo evitar que una imagen de John y los otros se abriera camino hasta la superficie de su mente.

No, no podía ser. Si realmente hubiera devorado a Constantine, aquella criatura estaría retorciéndose en plena indigestión. O eso se dijo, porque no le gustaba la idea de que el recién fundado Shadowpact hubiera perdido a dos miembros en la primera misión.

Claro que aún podían ser no dos, sino cuatro

Vale, míralo por el lado positivo. Es algo así como un yeti pacifista. No va a matarnos.

Sus compañeros empezaron a tomar la salida de la cueva. Elissa dio un paso y luego dos, por pura inercia. Su cabeza seguía en otro lado.

¿Y para qué va a matarnos, si vamos camino a la Muerte de todos modos…?

Se dio cuenta justo antes de franquear el umbral, cuando se dio la vuelta para dirigir una mirada furtiva a la criatura peluda que había al otro lado.

Y vio a la vaquera en el suelo.

- Rojo… Lyz… Kate… ¡esperad! – llamó, al darse cuenta. Los demás se habían adelantado un tramo considerable, empezando a contemplar la bella y exótica Shambala. Cuando la oyeron, Elissa ya retrocedía hacia el interior de la cueva, llena de preocupación. Si la muchacha rubia se quedaba allí, ¿quién garantizaba que el mono gigante no se la comiera de postre?

La griega llegó a su lado y la alivió comprobar que la chica aún respiraba, aunque con esfuerzo. Su piel estaba cubierta de sudor frío pese a lo templado de la estancia. Le puso una mano en la frente. No parecía fiebre, ni nada así. Le recordó más a un ataque de ansiedad, por la forma en que la vaquera trataba de recuperar el aliento.

- No sé qué le ocurre… – musitó, a la primera persona que llegó a su lado. Alguien le acercó la mascarilla y Elissa se la puso sobre el rostro, brindándole oxigeno a la rubia mientras los miembros del BPRD la examinaban. Oyó musitar las palabras “mal de altura”.

Tardaron unos minutos en lograr que la chica se recuperara lo suficiente como para enfocarlos con la vista y sentarse. La psicóloga se quedó allí, sosteniendo la mascarilla, hasta que fue seguro para ella ponerse en pie y sostenerla por sí misma. Cuando retomaron el camino, aún dirigió alguna que otra mirada preocupada a la chica. La belleza de Shambala cortaba el aliento, pero nadie necesitaba que esa frase adquiriera un sentido literal.

Mientras avanzaban, Elissa no pudo evitar recordar Atlantis. Aunque distintas, ambas ciudades tenían en común aquellos jardines llenos de exuberante vegetación y coloridos animales. Tal vez fuera por eso, reflexionó, el desasosiego que sentía. Atlantis, aunque maravillosa, había sido una jaula... una bellísima y fascinante jaula, puestos a decir, pero una jaula al fin y al cabo. Y Shambala…

Shambala podía ser de los lugares más hermosos que jamás había contemplado. Demasiado, incluso.  

Ya sabes… esa clase de sitio que tienes que visitar antes de morir.

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Hellboy
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Sáb 3 Dic 2016 - 19:56

OCC:
 

La llamada de Lissa hizo que los miembros de aquella expedición se diesen la vuelta. La vaquera estaba en el suelo, con la mirada perdida. Se acercaron y la observaron con cuidado. John miró sus oojos y colocó el dorso de la mano en su frente, girándolo después y colocando su mano. Chasqueó la lengua y asintió.

- Sufre mal de altura... La escasez de oxígeno y el frío le están pasando factura. Hay que quitarle el abrigo antes de que le suba la fiebre. Vamos.- Le quitaron con cuidado la gruesa chaqueta que llevaba. La mandíbula le bailaba con violencia y tenía el cuello y el pecho húmedo por el sudor. El hombre mojó un paño con agua fría y secó su cuello y frente. Acto seguido se quitó la mochila y rebuscó en ella durante unos instantes. Sacó unas pastillas y cogió una, metiéndosela en la boca a la rubia.- Es acetazolamida. Le vendrá bien. Tienes que tragar, ¿vale? Toma, bebe, te ayudará.-

Acercó la cantimplora a los labios de Rebecca para que diese un sorbo. En cuanto hiciese efecto (una media hora más o menos) se encontraría mucho mejor. Por suerte para ella se encontraban a mucha menor altitud que antes, gracias a lo cual también se reducirían los efectos de su estado. Pidió al muchacho del B.P.R.D que se acercase y le puso la mascarilla para que respirase algo de oxígeno. Hellboy se acercó y puso la mano sobre el hombro del novato.

- Yo me ocupo de esto. Dame la mochila.- Se colgó la mochila a la espalda y llevó en brazos a la vaquera. Para él era liviana como una pluma, y gracias a sus enormes brazos viajaría cómoda. Continuaron la marcha escaleras abajo, y antes de entrar en la ciudad unos seres con máscaras tribales y lanzas salieron de los arbustos a los lados del camino apuntándoles. Hablaban un extraño idioma, pero estaba claro que debían pararse. John se adelantó e intentó comunicarse, pero tan pronto como hubo dado un par de pasos hacia ellos le amenazaron con movimientos espasmódicos de las lanzas, haciendo que el hombre levantase los brazos en señal de sumisión. Uno de los soldados se adelantó, y les indicó que les siguiese.

- Será mejor que obedezcamos... No parecen muy contentos de tenernos aquí...- Apenas habían entrado, otro grupo de soldados se les unió desde el otro lado de la ciudad. En medio de todos ellos estaban los demás miembros de la expedición quienes habían ido hasta el paso más peligroso, en lo alto de la montaña.

- Me alegro de veros chicos... ¿Cómo ha ido? ¿Algún divertido acertijo?-

- Ni te lo imaginas...- El demonio se alegró de ver que estaban todos bien, y a diferencia de ellos parecían no tener ninguna baja, aunque la cara de Dalae indicaba que no le estaba entusiasmando el calor de esa selva. El líder gritó de nuevo y los soldados que cerraban el grupo volvieron a amenazarles con las lanzas sin llegar a herirles.

- ¡Eh, eh! Sin achuchar, joder. Que ya nos hemos enterado...-

Los poderosos rayos de sol se colaban a través de las sinuosas calles de la ciudad, decorando las paredes de los edificios con aquellos tonos dorados que parecían haber sido sacados de un cuadro. Los árboles formaban parte de la arquitectura también, y en algunos troncos podían verse escalones tallados que subían hasta las copas. Los habitantes de la ciudad se asomaban curiosos desde los balcones o las puertas, sin separar la vista de aquellos seres que habían llegado a su hogar. Los más curiosos se acercaban hasta los lindes de la calle, convirtiendo aquello en una especie de procesión. Algunos apretaban los dientes, otros mostraban simple curiosidad. Algunos incluso les ofrecían cosas como juguetes o comida o alguna corona de flores al grupo, pero no podían acercarse demasiado. Los guardias gruñían o les decían algo en ese ininteligible idioma y en seguida reculaban, volviendo a su sitio desde donde observar todo con cautela.  Los soldados rodeaban al grupo con las lanzas y sus armas preparadas para atravesarles si era necesario. El demonio no podía culparles, ni tampoco Abe ni Liz. Sabían que lo que allí se hallaba, si las leyendas eran ciertas, era nada más y nada menos que la fuente de la vida, capaz de sanar cualquier herida y otorgar la vida eterna a quienes la bebían. Siempre había algún tipo de maldición o efecto secundario por llamarlo de algún modo en esa clase de cosas, como el no poder abandonar nunca la ciudad o convertirte en algún tipo de monstruo o demonio. Las cosas nunca eran tan sencillas como en los cuentos, y menos aún si el premio era algo tan grande como la vida eterna. Siempre había un “pero”.


Tras unos minutos que parecieron horas un enorme arco dorado apareció al final de la calle. Del otro lado salía el haz de luz. Lo cruzaron y el demonio tuvo que taparse los ojos hasta que su vista se acostumbró a aquello. Frente a ellos se alzaron unas largas escaleras separadas en tres tramos, y al final de ellas un alto edificio dorado. Tenía una apertura vertical que venía casi desde la parte superior, y terminaba en una especie de triángulo del que emanaba un agua tan clara y limpia como ninguna antes hubiesen visto en sus vidas. Una pequeña piscina rodeaba el chorro, pero no fue lo único que captó su atención al llegar a aquella especie de plaza. Dos criaturas se volvieron hacia ellos, y el demonio murmuró por lo bajo.


- No me jodas…- Conocía a una de las figuras. Fue la chica a la que ayudó muchos meses atrás. Era la Muerte, aunque a decir verdad no se esperaba que fuese esa muerte el jinete. Y no fue el único que la reconoció. John también conocía a esa joven desde hacía mucho tiempo, y de haberlo sabido, el demonio habría apostado a que se había llevado la misma sorpresa que él. Miró entonces a la otra figura y frunció el ceño. ¿Dos muertes? Bueno, si es que ella también era la muerte, lo cual saltaba bastante a la vista. Al menos se parecía más a la muerte clásica que todo el mundo había visto representada que la muchacha vestida de negro. ¿Había dos muertes? Bueno, con el choque de universos podía haber sucedido, ¿pero acaso era posible? ¿Explicaría eso por qué la chica a la que él había ayudado estaba tan débil cuando la conoció? Quién sabe. Los soldados pararon al grupo y hablaron en un idioma extraño a las dos entidades que parecían aguardarles. Cuando lo hizo se puso de rodillas, seguramente consciente de lo que ellas eran.- Bien, esto sí que no me lo esperaba… ¿Acaso eres tú el último de los jinetes? Porque de ser así estamos jodidos ya que no tengo ninguna gana de matarte, no después de lo que hablamos en nuestro último encuentro… Y si no sois el último jinete… ¿Qué puñetas hacéis aquí?-


El demonio estaba confuso y no era para menos. En comparación a los otros jinetes, mucho más monstruosos y agresivos, aquellas dos mujeres (si se le podía llamar mujer a la figura cuya cara era una calavera) estaban allí tranquilamente, sin atacarles ni nada. Pero el demonio tenía demasiadas batallas a sus espaldas como para no valorar la posibilidad de que fuese todo un montaje y en el momento menos esperado les atacasen.


Ambas entidades se giraron casi al mismo tiempo, mirando al grupo que acababa de llegar. Cuando escucharon eso, la mas menuda de ambas soltó una sutil risita, sincera, hasta que la mas alta giró su rostro para clavarle sus cuencas vacias. La mas baja la miró un instante y se llamo a una silenciosa sonrisa.


- Extrañaba tu humor, Hellboy…- En verdad lo hacía, ella siempre ha querido a todos los seres vivientes, pero no así su involuntaria compañera, que ahora miraba alternativamente al grupo y a la chica de negro. - Disculpa si ella no te saluda, es de pocas palabras…- Apenas la había conocido, y el momento había sido increiblemente tenso, para ambas dos. - Verás, estaba caminando por la calle, yendo a hacer la compra para no levantar sospechas en mi edificio, hasta que fui atacada por unos seres de oscuridad, entidades bastante fuertes, me costó disuadirlas de seguir tratando de hacerme daño…-


- También fui atacada…- La voz de la primera era amable, dulce, mucho mas calida que la sensación de escozor que daba con solamente mirarla, pero la segunda hablaba con un susurro parco, que parecía venir de lejos.


- En cuanto se fueron, seguí la magia que desprendían hasta aquí, y me encontré con esto…- La de la túnica negra se aparto para que la de chaqueta pudiera apuntar con su dedo a la entidad en el suelo, completamente abatida e inconsciente, como en un letargo muy profundo. - Traté de preguntarle qué quería de mí, de convencerlo de no enviar más entidades a por mí, pero en seguida decidió atacarme, y entonces…-


- Me encargué de él…- La más baja miró a la otra y frunció un poco el ceño. Estaba en desacuerdo con su manera de hacer las cosas, pero la Muerte más alta ni siquiera se inmutó. Su rostro óseo es insondable en ese momento.


- Aproveché el momento para tratar de conseguir algunas respuestas…- Dió un paso y junto con su compañera, comenzaron a bajar escalón por escalón, mientras la temperatura en el templo se sentía bajar. Apenas uno o dos grados, pero lo suficiente para ser incomodo estar en presencia de ambas. - Hellboy, no es normal que alguien pueda invocar esa clase de entidades, o acceder a esta fuente, inclusive el mismo demonio que ves allí en el suelo tuvo que ser invocado para poder acceder a este plano…-


- Se hacía pasar por...nosotras…-


- Dijo que creía que si nos atrapaba y nos traía hasta aquí, podría transformarse en la verdadera Muerte…- Ambas dos se miraron en momento, y luego de nuevo a su interlocutor.


- Nadie puede convertirse en nosotras…- La de los cabellos agitados negó suavemente.


- Ella dice la verdad, es imposible, pero no ha detenido a muchos de intentarlo desde que ocurrió todo este choque dimensional…- Por un instante, es como si la luz se escapase del contorno de la entidad ósea, y su furia mal disimulada puede notarse en el ambiente.- Esto es...dificil para nosotras, pero no quisiera que hubieses venido hasta aquí con tus compañeros para nada, quizás…-


- Díselo…-


- ¿Que cosa? -


- El nombre…-


- Cierto…- La chica miró a los ojos al demonio, y su mirada tenía algo de preocupada. - El demonio mencionó un único nombre como resoponsable de traer a estos demonios a la Tierra…- Suspiró. - Rasputin…-


El corazón de Hellboy se paró en ese momento. Lo mismo sucedió con Abe y con Liz. Los tres abrieron mucho los ojos, sin dar crédito a lo que acababan de oír. En la mente de los tres fugaces imágenes se sucedieron, eventos que tuvieron lugar hacía ya mucho tiempo. Jamás creyeron que volverían a escuchar ese nombre, y Hellboy negó. Ella se percató de aquello, y frunció el ceño, mirandolo con gravedad. - Es un humano, o eso dijo el demonio, pero sin importar que sea, nada menos que un ser de enorme poder podría invocar a esta clase de demonios en este plano, hablo de seres que superan con mucho a los humanos, no es normal que alguien como ese Rasputin haya podido invocar a este demonio…-


- Es peligroso…- La chica asintió a las palabras de su homónima. Hellboy miró al ser que estaba tendido en el suelo, en un sueño tan profundo como sus negros ojos. Aquello carecía de total sentido. Rasputín estaba muerto. Ellos lo mataron. Ellos acabaron con aquel despreciable ser hacía muchos años. ¿Cómo había podido ser él?

- No... Eso es imposible... Rasputín está muerto... Lo matamos hace mucho... ¿Cómo que ha sido él? ¡Eh! ¡Habla! ¡Vamos!- Dejó con cuidado a Rebecca en el suelo y cogió al ser que dormitaba por los brazos, zarandeándolo con violencia, sin respuesta alguna de este. Hellboy apretó los dientes y miró a las muertes.- ¿Qué le habéis hecho? ¿Está muerto?-

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John Constantine
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Sáb 3 Dic 2016 - 22:41

John echó una mirada hacia su alumna, confiada y decisiva. Le sonrió como lo hacía cuando quería que su alumna se sintiera bien, estuviera tranquila. Una sonrisa con la firma "de JC para G".

- Nadie se va a llevar tus cosas, porque vas a volver de una pieza. Estás pisando pisando una legendaria ciudad escondida. Ten un poco de fe en tu maestro. Todo es posible. - Pero a decir verdad, John también había pensado alguna vez así, aunque si hiciera un testamento el estado se quedaría con un paquete de tabaco y una fotografía de una potada donde pusiera "para vosotros, con cariño: JC".

Dalae soltó aquella pregunta, directa y sin miramientos. John se giró lo justo para poder mirarla a los ojos: no tenía muy buen aspecto. Un dato a tener en cuenta en la ficha de la bruja de hielo.

- Oh si, y también a su familia. Si quieres te puedo presentar a su hermano el soñador. Todo un encanto de persona.

La conversación se vio terriblemente interrumpida mientras John se sacaba un cigarrillo y se lo llevaba a la boca al ser sorprendidos por un grupo de "nativos" pensó John, apuntándoles con lanzas. John se quedó allí quieto, mostrando su mejor cara de póquer cuando por dentro se desató un corcho sonando a un disparo. El perfecto momento sorpresa para la mejor de las situaciones. Levantó ambas manos lentamente cuando empezaron a hablarles en un idioma que no entendía ni Cristo. Y armado con la mejor de sus armas les dijo:

- Hola. ¿Tenéis fuego?

No tardaron mucho en ver hacia dónde los estaban llevando: otro grupo de nativos armados se cruzaron con ellos, junto al resto del grupo de exploración. John por un lado sintió alivio al verlos y por otro se maldijo por dentro, porque había pensado que de ser aquello algún tipo de trampa siempre podrían contar con los otros para que los salvaran. "Ésto no es una película y tú no eres Indi, John."

- Te puedo decir la respuesta: las vacas no siempre dan leche - contestó John a la pregunta de su compañero rojo. Un fuga de escape para la tensión que seguramente todos acumulaban en su interior, con esas lanzas apuntándoles en todo momento.

Lo siguiente que le llamó la atención al mago fue ver que "no estaban solos": como si de verdad ésto fuera una película de Indiana Jones, los nativos paseaban al grupo por las calles de aquella ciudad perdida, mientras los "civiles" les observaban desde sus casas, de lejos, y algunos de cerca. Se les acercaban dándoles regalos de flores y artefactos que de no aceptarlos en ese momento, jamás volverían a ver. Los nativos armados se mostraban hostiles ante el resto, sin dejar que se acercan al grupo de exploradores. "Tienes razón: las flores no me quedarían bien".
Llegaron a ver lo que se podría considerar como un templo, o un altar de sacrificio si estuvieran en la cultura maya, dorado y majestuoso. Y en lugar de sangre, corría una catarata de agua cristalina. Al inglés de repente le entró una sed terrible. Quería beber de aquel agua a toda costa. Su sentido de la autoconservación impidió que sus pies se movieran por si solos hacia su seguramente aniquilación. Se acercaron poco a poco, guiado por los nativos

Y allí estaba, tan pálida y dulce como la recordaba. Esa figura menuda que desprendía cariño siendo una paradoja en si misma si uno conocía su nombre. John sonrió satisfecho al estar en lo cierto: conocía ESA Muerte, pero no conocía a la otra figura, la cual sí representaba lo que uno esperaba que fuera la muerte. La figura de la parca. La confusión, al igual que con el gigante rojo también asomó en la mirada del inglés, pero su mente pronto la descartó: tenía múltiples Constantines en la cabeza. ¿Por qué no dos muertes?

- Hey - saludó el mago hacia su "conocida". - Ésta vez traigo fruta.

El inglés calló cuando ambas muertes comenzaron un relato que apuntaba a descifrar el enigma que los había llevado hasta allí: ambas muertes fueron atacadas. Y al parecer, el responsable era una tercera figura que restaba en el suelo frente a ellos. Un demonio que John jamás había visto, pero por su aspecto debía ser una especie de "demonio nativo". El cigarro sin encender que el mago llevaba en la boca repasó la línea de sus labios, nervioso, mientras su portador seguía escuchando el relato. ¡Que quería sustituir a la muerte! En la cabeza de John de pronto vino aquella conversación que tuvo con Hellboy tiempo atrás, donde le contó la llegada de los jinetes y las múltiples teorías que habían compartido, haciéndose una más patente ante las últimas revelaciones. Y para colmo un nombre: Rasputín.

- Cuando volvamos, tenemos que hablar con Anya - le susurró John a su compañera pelirroja, claramente preocupado. Ya no había ningún rastro de mofa ni cara de póquer en su rostro. La firmeza de su mirada y su mandíbula apretada daban por hecho la tensión que partía la cabeza de John en dos.

Hellboy se puso nervioso. Balbuceaba que ellos lo habían matado. ¿Rojo había matado a Rasputín? Eso sorprendió al mago, pero mantuvo la calma y dejó que el grandullón intentara encontrar respuestas gritándole a un cuerpo que no sabían si se volvería a alzar: no esperes volver a respirar si la parca se "encarga" de ti, o eso pensaba John.

- ¿Qué sabéis de los otros? - preguntó directamente a las Muertes. - Peste, Victoria, Guerra... ¿También fueron atacados? ¿A ellos consiguieron sustituirlos? - Era la teoría plausible de la que habían hablado Hellboy y John. El mago era escéptico a que aquellos fueran los auténticos jinetes, porque si así fueran se habrían saltado el "protocolo", y los de ahí arriba se lo toman muy a pecho faltas así de graves. - Dices que has sido atacada - ésta vez le hablaba a la Muerte que conocía. La otra... no tenía muchas ganas de que aquella muerte se fijara en él. - Sería posible que los demás hubieran tenido menos suerte, ¿verdad? ¿Y qué sacan con sustituiros? ¿El fin de los días? ¿El juicio final adelantado? ¿Por qué? ¿Y qué tiene que ver Shambala? ¿Solo es un escenario casual o hay algo más?

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"La magia es engañar al universo y hacerle creer una mentira increíblemente escandalosa"


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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   

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[Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.
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