Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.

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Hailey Sullivan
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Mar 6 Dic 2016 - 0:35

Por supuesto, todo lo bueno es breve y no pude disfrutar adecuadamente del hermoso y rico paisaje que se extendía ante mí. Tan pronto como las palabras de John levantaban la losa de mi pecho, bajaban a apuntarme sus lanzas y me incliné levemente, dispuesta a lanzarme con uñas y dientes. Sin embargo John alzaba sus manos, y apartaba los miedos con una de sus bromas y por el rabillo del ojo vi cómo el resto de nuestro equipo hacía lo propio. Tardé un instante, mirando desafiante a los que nos habíamos rodeado, haciendo un esfuerzo por reprimir el instinto de abrirse paso a golpes para huir. Pero… No podía dejar a John ahí. Tampoco podía abandonar al resto. Sí, podría llevarme a John conmigo pero… Nada en su actitud parecía indicar que quisiera esa respuesta por mi parte. Mi maestro era bien consciente de mis aptitudes, y si quería que hiciera uso de ellas, bien podría indicármelo.

Así que intenté relajar la espalda y alzar las manos, con la misma desgana con la que respondería a alguien intentando convencerme de dejar de fumar o de beber, y aproveché tanto como podía la “visita guiada”, mientras mentalmente intentaba recordar todo lo que veía, pues una parte de mí seguía empeñada en no irme de la ciudad dorada con las manos vacías… Cosa que podía meterme en problemas a mí y a mi grupo. Pero no dejaba de ser una idea demasiado tentadora como para descartarla sin más.

Conseguí mantener las manos quietas durante todo el trayecto, dedicando miradas algo nerviosas al resto hasta que vi al grupo inicial del que nos habíamos separado.

… No esperaba veros tan pronto,— susurré genuinamente sorprendida y arqueando las cejas, recuperando parte de mi carácter desenfadado.— Veo que a vosotros también os han invitado a hacer turismo por la zona.

Reparé en que una de ellos parecía ligeramente herida, pero consciente de mis nulas capacidades para aportar nada a su recuperación, decidí dejarles espacio y que se encargara de ella otra persona, pues yo ya tenía suficiente de lo que preocuparme… o al menos eso pensaba. Seguimos el mismo procedimiento hasta que nos llevaron a un templo y vi… Una de las construcciones más hermosas y maravillosas que jamás había contemplado. Era algo que, puesto que sé que soy incapaz de tener el vocabulario para hacerle justicia, directamente no lo voy a intentar. Era precioso. Sin más.

Y luego las vi a ellas. A ella. Sentí un escalofrío y todo el vello de mi espalda se erizó, haciéndome desviar la mirada a mis pies. Necesitaba un instante, un momento para procesar lo que estaba sucediendo, recordando un recuerdo que había intentado olvidar, algo que había apartado a un rincón de mi memoria durante meses, asegurándome a mí misma que jamás la iba a volver a ver. Pero ahí estaba, junto a la visión de la muerte preconcebida como todos en algún punto de nuestra vida la habíamos imaginado, una parca con guadaña y rostro de calavera - aunque también hubiera aceptado una capucha sumida en sombras-, la muchacha pálida que meses atrás me había reconocido a través de mis máscaras para pedirme una moneda.

Las palabras de John en mi cabeza, Anya, Rasputín, la ausencia de broma y seguridad en su voz, y la muerte delante de mí. Ruby. Sentí que todo se me venía encima, aspiré el aire por la boca, buscando mi propio aliento pero no fue suficiente. Necesitaba apartarme, tener un minuto de calma para poder recobrar el control de mis pensamientos, que una vez más se habían disparado. Probablemente por que Ruby se sentía doblemente inquieta y me instaba a huir como alma que llevaba el diablo. Así que no respondí a Jota cuando se dirigió a mí, limitandome a mirar fijamente a las muertes, y con la sensación de que dar un sólo paso me haría perder el suelo bajo los pies y derrumbarme, pero a la vez sintiendo que quedarme quieta me consumía, como si estuviera de pie sobre unas brasas. “Necesito un momento” quise decir, pero las palabras morían antes de llegar a mi garganta. Sabía que si hablaba, gritaría a la muerte de la moneda por respuestas. Quería gritar, quería lanzarme a por ella, exigirle su conocimiento. Quería llorar y quería irme. “Necesito un momento”, repetí en mi cabeza y todo cuanto pude hacer fue dedicar una mirada confundida a mis amigos antes de dar media vuelta y emprender el lento caminar hasta las escalinatas.

No podía irme, desde luego. Tampoco tenía nada que decirles que tuviera una mínima relación con lo que estabamos haciendo allí. Mis intenciones para volver a encontrarme con Death eran totalmente egoístas y de carácter personal. Y para qué negarlo, en ese momento, tampoco tenía el buen corazón de hacer nada por nadie que no fuera yo misma. Y había intentado hablar dos veces, y había quedado claro que ahora lo único que iba a salir de mi eran palabrotas y gritos y exigencias. Y puestos a no aportar, prefería no intervenir. Así que decidí irme. Tal vez no de la ciudad, pero sí de aquella momentánea e improvisada reunión. Tal vez los nativos no me iban a permitir abandonar la ciudad, pero nadie, enemigo o aliado, me iba a impedir sentarme en un escalón a esconder el rostro entre las manos y tener mi pequeño momento de pánico. Y si alguien intentaba detenerme, se vería en la encrucijada de intentar agarrar a un fantasma, como si intentara captar una brisa entre las manos y recibir una patada en la entrepierna. Lo que surgiera primero en el momento, puesto que dejaría que el destino y el instinto decidiera por mí. Como si se tratara de la cara y la cruz de una moneda.

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Elissa Stavridis
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Jue 8 Dic 2016 - 13:37

Mal de altura. Claro. Era coherente, obvio, y ni siquiera había pensado en ello. Estaba lenta, confusa y cansada. Tal vez su propia mente estaba más falta de oxígeno de lo que pensaba.

El hecho de que Hellboy tomara a la vaquera en brazos la tranquilizó un poco. Las lanzas de sus escoltas, no tanto. Por algún motivo, había esperado que la ciudad estuviera desierta... Salvo, tal vez, por la propia Muerte. Se dejó conducir en silencio, e hizo el resto del camino dirigiendo breves miradas a la agotada Rebecca y comprobando que Lyz se encontrara bien.

Pronto convergieron con otro grupo de indígenas. La sorprendió y no la sorprendió a la vez ver, en su centro, a John Constantine, su pelirroja discípula y la muchacha de cabellos negros. El aspecto de ésta última le recordó al de Rebecca poco antes de desmayarse; blanca, y con el rostro perlado de sudor. Por su parte, el inglés parecía no haber perdido su sentido del humor, pero Lissa se dijo a sí misma que aquello no era indicativo de nada. Lo había visto bromear a las puertas de la muerte, y bueno, para qué mentir, ahora que estaban (metafóricamente, esperaba) al otro lado de las mencionadas puertas, le hubiera decepcionado que fuera de otro modo.

- Me alegro de volver a veros – dijo, en voz baja. Hubiera querido decir "me alegro de que estéis bien", pero tal vez no era la mejor frase en aquellas circunstancias. Suponiendo que hubiera una "mejor frase" para momentos así.

No dijo mucho más. Sus escoltas ya los conducían a su inesperado destino.

Y allí, en Shambhala, a plena luz del día, Elissa Stavridis contempló a la Muerte por primera vez.

O tal vez "Muertes", en plural, hubiera sido un término más preciso.

Hay quien dice que la muerte tiene dos caras. En aquel momento, la expresión podía interpretarse de modo literal. Muerte número uno: lo que esperas ver. Una figura vestida con túnica, con el rostro cadavérico y la voz procedente de un lugar muy, muy lejano. Muerte número 2 (y le puso el dos, no porque le gustara menos que la primera, sino porque tardó un rato más en comprender que aquella muchacha era la Muerte, también): dulce, menuda, con unos rasgos que se le antojaban familiares, aunque creía no haberla visto con anterioridad. Ambas habían sido atacadas, dijeron, y le costó imaginar que aquel hombre emplumado hubiera sido capaz de intentar algo así. ¿Suplantarlas? ¿Cómo? ¿Por qué?

La reacción de Garnet la distrajo, y se volvió para ver adónde se dirigía. Se sentó en un escalón a unos metros de ellos, con un lenguaje corporal que decía, a gritos, que nadie se acercara. Elissa se mantuvo en su sitio, dirigiéndole una última mirada preocupada, mientras Hellboy y Constantine interrogaban a la Muerte. A todos les estaba afectando aquel viaje más de lo esperado. Se apartó varios mechones de cabello castaño de la cara, que se le pegaban a la frente húmeda de sudor, y trató de seguir el hilo de las palabras de Rojo y John. Ellos parecían entender mejor lo que sucedía que todos los demás, y aún así estaban confusos y nerviosos.

- ¿Rasputín? – repitió, como un eco.

Elissa estaba segura de que la definición de Rasputín en su Enciclopedia terminaba con un "fallecido en...". La reacción de Hellboy parecía confirmarlo, aunque las causas de la muerte (Muerte por BPRD) parecían distintas a las que la griega recordaba. Pero... ¿no era una figura histórica? ¿Por qué lo mencionaban como si hubiera sucedido ayer? ¿Era el mismo Rasputín, o el presunto invocador se llamaba así por casualidad? No era un nombre que Elissa pensara poner a sus hijos, pero... ¿hasta qué punto era coherente que se tratara de la misma persona?

Ah, sí, que ahora se codeaba con magos y entidades sobrenaturales. Cualquier cosa debería ser posible. Incluso que aquellas Muertes fueran de verdad.

Constantine había hecho unas cuantas preguntas interesantes. Esperaba que le dieran una respuesta, aunque no le gustaba ninguna de las opciones descritas. ¿Juicio Final? No estaba preparada para morir, pero mucho menos para ser juzgada. Había... tantas cosas que no había hecho, tanta gente con la que no se había disculpado, tantas dudas acerca de sus orígenes...

Sus dedos se cerraron alrededor del reloj de cadena, tensos, y esperó.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Lun 12 Dic 2016 - 23:28

Apenas era capaz de mantener los ojos abiertos, y las voces sonaban distorsionadas, llenando su cabeza de murmullos que para todos los demás eran frases completas, y con sentido. Pero no para la Sheriff, cuyo cuerpo había empezado a temblar sin control, y no respondía ni a algo tan sencillo como mantenerse en pie. Sintió como unas manos la manipulaban para levantarla, siendo incapaz de hacer nada para evitarlo. Puede que su mente estuviera medio ida, pero aún con todo, escuchó su propia voz en la cabeza, aclarándole que en cualquier circunstancia que no fuera tan beneficiosa como estar rodeada de un equipo que ahora le brindaba su apoyo, habría estado en serios problemas. La ley no podía permitirse semejante deshonra. Notó como le colocaban algo en la lengua, y descendía por su garganta acompañada de un líquido frío que le heló los huesos, al bajar, a causa del destemple. Tragó por inercia, y no porque tuviera ninguna gana, aunque es cierto que el agua le despejó algo los sentidos.

Su cuerpo se levantó, y comenzaron la marcha, aunque no era ella quien caminaba. La mantenían sujeta un par de brazos fuertes, que sólo habían tenido que cargar con ella de ese modo en otra ocasión. De hecho, la primera vez que lo hicieran todavía permanecía grabada en su mente, como si la hubieran marcado con un hierro al fuego. Tras visitar la caverna del alma. Tras encontrarse, cara a cara, con lo que eran. Tras encontrar la salida, todo para enfrentar a la criatura que había dado comienzo al ciclo mas complejo y ajetreado de su vida. El reto mas duro al que había tenido que enfrentarse como representante de la ley y el orden. Los jinetes del apocalipsis.

La máscara de oxígeno resultó de mucha ayuda para hacerle recobrar el ritmo. Poco a poco, lo que eran siluetas difusas, empezaron a cobrar forma, color y tamaño. Hasta que fue capaz de distinguir el prominente mentón de hellboy sobre ella, y a los miembros del resto del grupo. Cuándo se habían unido el inglés y su compañera, y el resto, se le escapaba. Unos hombres armados con lanzas los escoltaban, a través de una especie de paraíso tropical que no había visualizado hasta entonces, en dirección a una enorme estructura dorada con una gran cascada que rugía, rompiendo el agua a sus pies. La vaquera se apoyo contra el torso de Hellboy, haciendo un esfuerzo por empezar a captar detalles y matices, que con su habitual capacidad observadora no le habrían pasado desapercibidos. Los detuvieron frente a dos figuras, y entonces sus ojos azules como el hielo se abrieron como nunca antes, tratando de asumir lo que veía.

La parca, tal y como la imaginaban todos, junto con una pequeña joven que más parecía una adolescente que una mujer. Tenía una extravagante marca facial, y su palidez contrastaba con la de la nieve de las montañas por las que habían viajado hasta llegar allí. Su mente adormecida comenzó a espabilar. ¿Qué significaba aquello? ¿Acaso los jinetes eran dos? ¿O era otro truco, como con victoria, y uno de ellos sería jinete y otro caballo? ¿O ninguna de las dos? Las mujeres comenzaron a hablar, y sus palabras enmudecieron sus conclusiones. Acallaron incluso sus sospechas mas internas. Verlas allí frente a ella, lejos de causarle el miedo que era natural en todos los seres, le produjo un extraño nerviosismo excitado. Una fascinación pura y genuina, que no recordaba haber sentido ni por los animales.

Y entendió de donde procedía. De haberlas sentido a su lado, tan de cerca, en otras ocasiones. Con cada grito ahogado que había dejado flotando en el cielo el nombre imborrable del "horror tejano". En el fondo de los ojos del líder de aquella banda que osó entrar en su rancho sin permiso, mientras su pierna se plagaba de gangrena, destrozando sus defensas en una agonía lenta y dolorosa. Reflejadas en las lágrimas del viejo McDonald, mientras caían a través de sus ajadas mejillas, colgado de aquel árbol. En los mugidos espantados del ternero separado de su madre. En el último relincho de Trenza, antes de que su padre le disparara entre ambos ojos, sin que siquiera le temblara el pulso...

Sus compañeras en el arduo y duro viaje que suponía el cumplimiento del deber.

Las revelaciones que compartieron con ellos no fueron muy esclarecedoras para la Sheriff, que a falta de contexto, sólo podía llegar a imaginar la gravedad de la situación por las reacciones de sus compañeros. Y estas no fueron nada para tomarse a la ligera. Que Rojo estuviera contrariado no iba a ser bueno, como tampoco lo era que la única criatura que podía ofrecerles respuesta estuviera conmocionada en el suelo. Si hubiera tenido fuerzas, le hubiera cosido a latigazos, hasta que respondiera de algún modo. Pero Hellboy se le adelantó, y tanto él como Constantine frieron a la criatura inconsciente a preguntas.

- No resolveréis nada, preguntando a un hombre muerto. - sentada en el suelo, donde el demonio la había depositado, alzó sus ojos fríos con renovado carácter, ahora que poco a poco se encontraba mejor, al encuentro de las muertes. - ¿Podéis dar, o sólo quitar? - inquirió, para desviar la mirada después a esa especie de criatura cadavérica, que parecía muerta. Puede que no quisiera darlas, pero estaba claro que sólo él tenía las respuestas que necesitaban.

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Elysia Stavridis
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Miér 14 Dic 2016 - 13:23

Lo sabía. Sabía que ella estaba mal cuando había respondido “si” a mi pregunta. No fue una afirmación creíble, pero insistir en ello no era una opción. La vaquera estaba tendida en el suelo, jadeante, mientras el grupo la rodeaba para ayudarla y recomponerla de sus mal de altura. Mis ojos se clavaron en su figura, fuerte pero también frágil. Por un instante me vi reflejada en ella. El silencio, era la manera que teníamos de no preocupar a los demás, de seguir a delante pasara lo que pasara. Y si no fuera por la túnica mágica que me protegía de los elementos externos, seguramente estaría como ella.

Había conocido a Rebecca en esta misma misión, y a pesar de que tan sol habíamos intercambiado un par de palabras y éramos completas desconocidas… sentí una punzada en mi pecho. Preocupación, empatía. Aunque demostrara lo contrario con mis silencios y mis bruscos gestos, siempre estaba pendiente de los demás. No era capaz de dejar a nadie atrás.

Hellboy la cargó en sus brazos y desvié la mirada en dirección a mi gemela. Ella estaba más tranquila al ver a la vaquera descansaba en los brazos de demonio. Y yo también.

Creía que el Shambala sería una ciudad perdida, inhabitada… pero mis pensamientos estaban muy lejos de la realidad. Cuando avanzamos por el terreno selvático, unas figuras enmascaradas surgieron de los arbustos y nos apuntaron con sus afiladas lanzas. Estaba claro que no éramos bienvenidos por mucho que dijera aquel Yeti parlanchín que nos estaba esperando.  Pegué un bote del susto tras sentir la helada lanza en mi espalda, incitándome a continuar caminar.

-¡Oye! ¡Ten cuidado!, ¿quieres? – fruncí el ceño al encontrarme con la tallada máscara de madera. No había un rostro al que mirar, solo unos ojos escondidos bajo sombra. Esperaba que no me hicieran enfadar más, o se encontraría con la ira de la mismísima Circe.

A la mitad del camino nos encontramos a los miembros que creíamos perdidos. Me alegré de verles con vida. Parecía que su viaje también había sido entretenido. Juntos, subimos unas escaleras y traspasamos un umbral dorado que llegaba a una enorme edificación antigua. No podría definir el estilo arquitectónico, pero era muy parecido a una construcción Maya fusionada con un templo Tailandés.  La edificación se dividía por la mitad, donde nacía una cascada de agua pura y cristalina. La fuente despertaba mis sensores de magia arcana y mi piel comenzó a erizarse. El frío se instaló en mis huesos y sentí una punzada más intensa en mi pecho al ver a las dos figuras que caminaban en nuestra dirección.

La conversación se volvió un eco, y mis ojos le mantuvieron la mirada a la muerte. No tenía ojos, solo cuencas vacías con una profunda e intensa negrura que me atravesaba y me arrastraba a lo más hondo de mí ser, traspasando la dura coraza que creía irrompible.

¿Cuántas veces a lo largo de mi vida había pensado en la muerte?

Hubo un tiempo en el que vivía en un infierno, y el miedo me dominaba. Era pequeña, débil, incapaz de hacer nada por mi misma. Temía a todo y a todos, y lo único que deseaba era quedarme en casa, llorar, cerrar la puerta de la habitación y no dejar entrar a nadie. Quería desaparecer, sumirme en las tinieblas y dejar de sentirme miserable. Dejé de comer. No sabía como pedir ayuda. ¿Cuántas veces deseé que mi sufrimiento terminara? ¿Cuántas veces le susurré a la muerte? No era nadie, y nadie me echaría de menos si me iba.

La dulce sonrisa de la mujer pálida me despejó, como una cálida brisa de verano. La sentía cercana, como si fuera familiar. Como si ella hubiera escuchado todas mis plegarias de cuando era niña. Las dos muertes parecían el día y la noche, tan diferentes, eternas, conectadas por un hilo invisible al ciclo de la vida.

La pelirroja se marchó a tomar un respiro, y John Constantine había cogido todas las preguntas que brotaban en mi cabeza y las había expuesto con palabras. Me mantuve en silencio, esperando con intriga las respuestas de ambas muertes. Pero había una pregunta incapaz de responder, ni siquiera por mi misma. ¿Qué hacía yo allí?

Moví la cabeza con lentitud, mirando el rostro calmado de Elissa, y busqué su mano, para aferrarla con fuerza. Creía que con el paso del tiempo le vencería, pero seguía alojado en mi corazón, aguardando. El miedo nunca se había ido.

Dime, Lissa… si yo muriera… ¿Al menos tú me echarías de menos?

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Sáb 17 Dic 2016 - 2:29

"-El soñador... El soñador..."-Tardó unos instantes en recordar quién podía ser, a quién se refería. Quién podía ser parte de la familia de Muerte. Pero pensar se había convertido en una ardua tarea con aquel calor...-Morfeo...-Era difícil olvidar la imagen del hombre de piel blanca como la leche, vestido con un manto tan negro como su cabello de alambre y ojos sin rastro de expresión, tan vacíos como las cuencas de una calavera. El Señor de los Sueños, que se había enfrentado con Pesadilla por el control de el plano que ahora ambos compartían. Y había vencido. Tenía sentido que fuera alguien parecido a Muerte... Otra fuerza más allá del control de los dioses que gobernaban los mundos a su antojo, pero sin dejar de ser parte de ellos. Y por tanto, sujetos a las leyes que la Muerte o el Sueño hacían cumplir.

Dalae se habría quedado pensando en ello todo el día si no hubieran llegado ellos. Antes de que nadie reaccionara, se vieron rodeados por un grupo de personas armadas, cuyos rostros estaban cubiertos con máscaras. Se tensó inmediatamente, llevando instintivamente la mano a la empuñadura de la espada que pendía de su cintura. Desde muy pequeña, le habían enseñado que, al ver una amenaza, la mejor opción era, en la mayoría de los casos, atacar. Golpear primero y preguntar después: Así era como funcionaban la mayoría de los asgardianos.

En esos momentos, se sentía un poco como un animal herido y acorralado, hostigado por las lanzas de los hombres y el sol inmisericorde. Y si hubiera podido contar con alguien más... Pero, en el fondo, sabía que estaba sola. Rodeada de gente, sí, pero gente que no le transmitía nada, que no le importaba. No podía oír la voz de Raden, Loki estaba demasiado lejos para cuidar de ella. Y sabía que no podía fiarse de ninguno de los presentes. Abe y Liz trabajaban con Hellboy, y aunque el demonio rojo había demostrado ser alguien más o menos predecible y por tanto, fiable, no estaba muy segura de qué pensar de sus compañeros. Por otro lado, Constantine y su alumna... Podían llegar a ser más peligrosos que los propios nativos. Sin embargo, fue el inglés el que reaccionó con más sensatez. Levantó las manos, como pidiendo paz, y Garnet lo imitó. A Dalae le costó un poco más, pero en aquella ocasión, tuvo que admitir que el inglés había tenido la mejor idea.

Los soldados hablaban en un idioma imposible de entender, pero no era necesario saber qué decían para llegar a la conclusión de que debían dejarse guiar. No dijo nada mientras caminaban por las calles, y mucho menos respondió a la a broma de John: Estaba demasiado concentrada dejando que su vista paseara por los edificios de aquella ciudad oculta, por los rostros de sus habitantes. Todo aquello… parecía sacado de una fantasía, de un relato demasiado hermoso como para existir en el mundo real. ¿Sería un sueño?

O peor aún… ¿Estarían muertos?

Pero no, no podía ser… A ella le esperaban los lúgubres páramos de Nfleheim, y aunque desconocía las bondades y las maldades del resto del equipo, se apostaba una mano a que Constantine tampoco estaba destinado a vivir para siempre en ningún paraíso. Al fin y al cabo, si su reputación hacía honor a sus actos... Merecía el Infierno sin lugar a dudas.

No tardaron mucho en reunirse con la otra mitad de la expedición. Estaban aproximadamente en la misma situación que ellos, “escoltados” por decenas de soldados enmascarados. -¿Habéis caído en alguna trampa?-Su voz sonó un poco entrecortada, enfermiza. El aspecto de Rebecca revelaba que algo había pasado, y a ojos de la asgardiana, ella era la más débil. Humana, sin poderes, tan sólo con sus armas de fuego. Una presa fácil a la que la aprendiz de Loki hubiera atacado en primer lugar de ser la agresora.
Siguieron avanzando por Shambala, que parecía volverse más y más hermosa cuanto más tiempo pasaban en ella. Flanqueados tanto por los guerreros como por los curiosos que aún se arriesgaban a acercarse, llegaron a un inmenso edificio dorado que la dejó sin aliento nada más verlo. Era inmenso, y el sutil parecido con el palacio de Asgard no pasó desapercibido a los ojos de la hechicera. Sin embargo, aquel monumento estaba partido por la mitad. Y en su base… -La Fuente…-Susurró, con la vista perdida en la danza del agua cristalina, que se deslizaba por aquellas rocas milenarias hasta caer en un pequeño estanque. Ante la Fuente había tres figuras. Dos mujeres que vestían de negro, y un ser yacía inerte en el suelo, a sus pies. Ese ser… Llevaba también una máscara. ¿Sería parte de los habitantes de Shambala? Pero había algo raro en él, algo que hacía dudar de su humanidad. Sin embargo, la inquietud que causaba el cadáver palidecía en comparación con lo que las mujeres transmitían con su mera presencia. A su alrededor, el frío y la quietud se apoderaban de todo, aliviando un poco a la mujer de hielo. Cuando empezaron a hablar con Hellboy, Dalae lo comprendió.

Las dos eran Muerte.

Las había visto antes, las había sentido. Había nacido de ellas. Y ellas la habían convertido en lo que era ahora. Eran ellas las que dormían en el filo de su espada; en sus manos, capaces de helar la sangre en las venas de un inocente. Las había llamado en vano hace ya mucho, mientras el hambre y la soledad la devoraban en su celda de Asgard en castigo de un crimen que nunca había querido cometer. Eran ellas las que se habían llevado a sus padres antes de que pudiera aprender a quererlos. Y ahora… Ellas eran lo único que sabía hacer. Lo único que le daba valor. Porque, en el fondo… Dalae no era más que una asesina. Por mucho que intentara cambiar, por mucho que los remordimientos no la dejaran dormir… Aquellas dos figuras, la Muerte cruel y la Muerte dulce, la habían marcado para siempre.

Escuchó lo que decían, sin poder dejar de darle vueltas. Comprendiendo. El vacío de poder, las conspiraciones, los demonios… El asesinato. Todo aquello le sonaba tan cercano y tan lejano a la vez… Como si hasta ahora hubiera estado jugando con muñecas, y ahora de repente le pidieron hacer lo mismo con personas de verdad. Lo mismo, todo igual… Sólo que a una escala infinitamente mayor.
En un momento dado, miró de reojo a Constantine: También parecía conocer a una de ellas, la más joven. Pero esa aparente seguridad se desvaneció a medida que las explicaciones avanzaban, y la certeza del peligro de cernía sobre los presentes. Garnet se apartó, abrumada por la situación, y Dalae la hubiera seguido con gusto, si su deseo de saber no se hubiera impuesto. No conocía a Rasputín, pero no era difícil sacar conclusiones a partir de lo que el resto decía: Seguramente, sería algún mago del pasado. Uno de esos hechiceros que hacen historia… Para bien, o para mal.

-No sería la primera vez que alguien volviera de entre los muertos… O quizás nunca lo estuvo.-“Volver de entre los muertos…” ¿No era eso lo que ella deseaba? ¿No era esa vaga esperanza la que la hacía escrutar las nieblas de Nfleheim en busca del fantasma de su padre? Miró a ambas, la Muerte tal y como la había imaginado, y la Muerte que deseaba para sí; para añadir algunas preguntas más a las formuladas por Constantine.

-Habéis sido debilitadas… ¿Verdad?-Aquella frase cayó como una losa, a pesar de que Dalae habla intentado suavizarla por todos los medios a su alcance. Pero era el único razonamiento que Dalae concebía para explicar por qué algo tan nimio como un demonio había podido desafiarlas.-¿Qué consecuencias tiene eso? Un mundo en el que la Muerte no existe no puede durar mucho, y si vosotras estáis en peligro… Nosotros también.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Miér 21 Dic 2016 - 23:29

OCC:
 

Ambas se giran a observar al demonio cuando alcanza al ser que había pretendido reemplazarlas y comienza a zarandearlo, exigiéndole respuestas que acabaron en una pregunta que casi parecía un reproche. La calavera se fija en Hellboy, inexpresiva, pero restregando sutilmente sus manos, como disfrutando de su indignación y de su sufrimiento. La otra se acerca a él, con una expresión compungida, acariciando su hombro suavemente. Al notar el contacto, el demonio cesó el movimiento sin levantar la cabeza. Negando con la cabeza dejó caer el cuerpo pesadamente.

- Está vivo, pero no va a despertar pronto, ella lo retiene en este plano para que ustedes vean que no hemos sido nosotras las responsables de esto...- Sigue acariciando su hombro, serena en sus palabras, atenta en su mirada, la otra casi de inmediato se da la vuelta y camina escuchando las preguntas del inglés, pero no contesta, solo pasa a su lado, lo rodea lentamente, mirándolo con sus cuencas vacías, hasta que, a sus espaldas, toma su hombro, primero con suavidad, luego su agarre se vuelve algo más insistente, hasta que la más baja la mira con el ceño fruncido y una expresión seria, y su agarre se suaviza, mientras que un dedo esquelético señala la fuente.  

- La vida eterna, John Constantine...- Lo suelta, dejando que lo abrace el frío que ella desprende. - Una mentira piadosa, una que él buscaba, creyendo que entre aquello y nosotras, ascendería a algo superior...- La otra Muerte se asegura de que Hellboy esté más tranquilo y haya soltado al demonio antes de mirar a los demás.

- Nos dijo que uno de ellos había visto a Victoria, y luego dejó de saber de él, los demás cayeron uno a uno, pero no por la mano de los jinetes, ellos...no son exactamente como ustedes los comprenden, no es tan simple como lo explica el apocalipsis...- Eso explicó el por qué la vaquera se vio afectada por algo tan poderoso. Victoria sí era el jinete, y seguramente furioso por enterarse de que había otro ser intentando hacerse pasar por ella decidió atacar Marrakesh, y después ayudarles contra Guerra. La otra Muerte se desprende de Constantine, caminando entre los demás lentamente, con parsimonia.

-Esos son secretos...- Pasa por el lado de las Stavridis, y cuando lo hace, lo que sale del otro lado es una alta mujer, grácil y elegante, pero de ojos muertos y voz seca. -...vedados a ustedes...- La otra se cruza de brazos, suspirando.

- No te ofendas, John, pero hay cosas que no pueden saberse, además, no necesitan saber eso...-

- Ya se te ha dado la vida...- Se agacha frente a la mujer rubia, tomándola por su menton y mirandola fijamente. -...y aún falta mucho por quitar...- Aunque haya susurrado eso, la mirada de la más baja de ambas es de reproche, como si la oyera claramente. Se concentra en su alocución.

- Es posible suponer que al ser quien los invocó, Rasputin tendría algo que ver en todo esto...- Aquel nombre hizo que el demonio mostrase ligeramente los dientes, apretándolos claramente.

- No solo vive, demonio, también planea en contra de todos, como puedes ver...- Hay un distante tono de hastío en su voz, como si acabara de repetirse varias veces para hacerse entender.

- Si así lo desea, Rasputin podría desencadenar un apocalipsis, pero sería apenas una réplica, una...representación, por así decirlo; los demonios son poderosos, pero causar el verdadero día del juicio es algo que solo los verdaderos jinetes pueden hacer...-  Hellboy pensó en sí mismo al hablar acerca del Apocalipsis y como él tenía literalmente en su mano la capacidad de destruir también el mundo. Sigue su trayecto la mujer de rostro pintado, caminando hacia Garnet, pero deteniéndose al lado de Dalae, dándose la vuelta para mirar a su par, la cual baja las escaleras y pide al rojo que se acerque para que todos puedan girarse a mirarlas.

- No entiendo del todo bien lo que me sucede...- Suspira, algo abatida. - Pero...alguien me hirió cuando estaba llegando a este universo...- Su herida es discreta, pero lo suficientemente notoria, atravesando el centro de su pecho, expuesta a cualquiera que pudiese ver lo místico. - Nunca lo pensé posible...-

- Me siento más débil desde que llegué...- Y cuando finaliza esa frase, su tono deja en claro que no piensa revelar nada más.

- Dalae, la verdad es que yo...nosotras...- Se corrige en seguida la de cabello desordenado. -...somos necesarias, sin nosotras, el universo perdería su balance, y en el estado caótico que se encuentra en este momento...-

-...el deterioro podría ser irreversible...- La más alta parece impertérrita ante el peso de lo que acaba de decir, la más baja la mira, y se nota tensión en su mandíbula, aunque se refrena de sus nervios y los mira.

- Hay mucho de este universo nuevo que no comprendo, las reglas que ordenaban la creación...-

-... Son historia...

-...y es difícil adaptarse a esta situación...- La otra muerte camina hasta salirse del grupo y regresa lentamente hacia la fuente, dejando solo a la más baja de ambas.
- Puede que esté herida y confundida, pero ustedes han pasado por mucho más solo en este viaje, de eso estoy segura, y aquí están...- Les sonríe a todos, amable, sincera. - Lo menos que puedo hacer es obligarme a mí misma a no rendirme - Asiente como para agradecerles el haberla escuchado y da un medio paso como para irse, pero recuerda algo de súbito y rebusca en su bolsillo tranquilamente, ahora sí acercandose a Hellboy y Constantine. - Los tiempos que vendrán serán desafiantes, no lo dudo, pero ustedes, su grupo, todos son valientes, y tienen vidas que defender, cada una un regalo único que de ninguna manera pueden perder por ambiciones ajenas...- Toma una banana del bolsillo de su chaqueta, materializada dentro de este para no asustar a nadie, y toma el sobretodo del británico, abriéndolo solo un poco para colocar la banana segura en un bolsillo interior.

- No desesperes, Hellboy, no estás solo...los tienes a ellos, a todos...- Se acerca y toca dos veces con su dedo el pin sonriente que lleva en su chaqueta. - ¿Recuerdas las palabras? - Sonríe enigmática y acaricia su puño un momento antes de despedirse con una última sonrisa, subiendo las escaleras para reunirse con la otra muerte frente a la fuente de la eterna juventud. Hellboy miró a ambas figuras subir hacia la fuente y se volvió al resto.

- Bueno, al menos ya sabemos quién está detrás de todo esto... Rasputín es un antiguo enemigo del B.P.R.D. Un brujo psicópata y loco que solo quería destruir el mundo...- Se miró la mano de piedra un momento y suspiró.- Fue quien me sacó del infierno... Se llamaba el "proyecto Ragnarök". Buscaban otorgar a Hitler un poder tal que destruiría a los aliados sin ningún tipo de piedad... Por suerte eso no fue lo que pasó. Un destacamento militar entre los que se encontraba el profesor Broom me encontraron y me cuidaron... Ese fue el origen del B.P.R.D, una organización que buscaba proteger al mundo de las amenazas mágicas y sobrenaturales que lo asolan...

>> Años después el brujo volvió a la carga, buscando otro modo de traer el Apocalipsis al mundo a través de un ser ancestral conocido como el Ogdrú Jahad. Frustramos sus planes y acabamos con él, pero el daño y dolor que causó fue enorme...-
Aún recordaba encontrar a su padre muerto a manos de aquel cabronazo y pensar en que volvía a estar suelto por el mundo no le hacía ni pizca de gracia.- Y ahora nos toca encontrar a ese cabrón...-

El viaje había finalizado. Por fin tenían las respuestas que tantas veces habían buscado sin éxito. Todo había sido una patraña. Excepto Victoria ninguno de aquellos seres había resultado ser uno de los jinetes. Simplemente eran una distracción para que el B.P.R.D no se diese cuenta de lo que realmente se estaba fraguando. Pero ahora había una nueva incógnita en la ecuación. ¿Quién le había entregado semejante poder a Rasputín? ¿Quién le entregó aquellos demonios con un poder así? Tal vez lo había hecho él mismo abriendo un portal al infierno como hizo con él. Fuera como fuese el tiempo corría en su contra y debían volver a la base para informar de todo y comenzar la verdadera búsqueda. Llevaban un año de retraso, y en todo ese tiempo estaba seguro de que el brujo había sido capaz de reunir gran parte de su poder y fuerza. Por suerte ellos también contaban con nuevos aliados. Era el momento de ponerse en marcha.

- Será mejor que nos vayamos. Aún nos queda un largo camino hasta casa...- Miró a Abe quien todavía seguía con la mirada perdida y consternado por las nuevas recibidas. Hellboy le dio un suave toque en el hombro y le ofreció una mirada seria pero cargada de confianza. Si ya habían sido capaces de vencer antes a Rasputín podrían volver a hacerlo. Dejaron que el resto del grupo hablase con las muertes o con quien necesitasen y se dirigieron de nuevo a la entrada de aquel reino, escoltados por los guardias.

--------------------------------------------

Cuando cruzaron el portal la oscuridad era total. Incluso con las linternas la visibilidad era muy reducida y el frío que hacía era mortal, colándose entre las ropas y llegando hasta los huesos. El vapor se condensó en las respiraciones de todos como pequeñas nubes de color blanquecino. Revisaron que todos estaban allí y caminaron hacia el final del tunel. Pudieron ver a través de algún hueco que había en la cueva que el cielo se había cubierto de estrellas. Liz frunció el ceño y miró su reloj.

- ¿Pero qué dem... Cuánto tiempo hemos estado ahí?-

- Pues... Al parecer mucho tiempo... Creo que allí todo funciona de distinto modo... Aquí es tarde...-

- Y tan tarde... En Nueva York son casi las ocho de la tarde...- Aunque la sensación que tenían era de que apenas habían estado un par de horas en Shambhala el tiempo había volado fuera de ese lugar. Cuando cruzaron el umbral de aquel portal eran alrededor del medio día, y ahora era noche cerrada. Una de las primeras cosas que sintieron todos fue un hambre atroz y sacaron la comida que tenían guardada en sus mochilas. Entre todos charlaron acerca de lo que habían encontrado mientras el grupo avanzaba, pero Kate se quedó atrás. Tenía el teléfono en la oreja y lo miró un par de veces con el ceño fruncido. Abe se percató de ello y la esperó.

- ¿Va todo bien?- Kate murmuró algo ininteligible y volvió a marcar, levantando la mano pidiéndole un momento a su compañero. Este esperó frotando sus manos. Tras mirar de nuevo la pantalla se encogió de hombros.

- Qué raro... Nadie coge el teléfono en la base...- Abe se extrañó y sacó su teléfono, marcando varios números. Nada. No había respuesta. Con algunos teléfonos de hecho ni siquiera recibían señal. Hellboy vio a los dos rezagados y se acercó a ellos. Le explicaron la situación y él miró a Liz y a los otros agentes. Todos sacaron sus teléfonos y comenzaron a llamar, pero nadie recibió respuesta alguna... Hasta que un agente respondió al joven becario.

- ¡Sí! ¿Michael? ¿Hola...?- Su rostro fue lentamente encogiéndose hasta que su boca se convirtió en una mueca de lo que parecía horror. Miró al resto y pulsó el botón de altavoz. Escucharon lo que parecían gemidos de dolor, alguien que agonizaba entre la vida y la muerte. Una tos desagradable y una aspiración que dejaba patente el dolor que esta llevaba consigo.

- La... La... Muerte... Es... Aquí...- Y entonces se cortó la comunicación, dejando unos pitidos intermitentes resonando por la cueva. Hellboy salió a toda velocidad hacia el exterior de la caverna y Abe gritó.

- ¡Rojo! ¡Rojo, espera! Dios mío... ¿Qué ha pasado?- Algo había pasado, de eso no había duda. Pero estaban a casi un día de distancia y no había manera... Una luz se encendió en la cabeza de Abe y se volvió hacia Lyz.- ¡Lyz! Tú tenías poderes, ¿verdad? Podías pintar lo que deseases y convertirlo en algo real, ¿no? ¿Podrías crear una puerta? Algo con lo que salir de aquí rápidamente.-

Ella dudó unos segundos, seguramente valorando lo que el hombre pez le acababa de pedir. Hellboy se alejaba cada vez más de ellos. Abe sabía a dónde se dirigía: al aeropuerto más cercano que le llevase lo antes posible a la base. Su padre estaba allí y si algo había pasado tenía que estar ahí para ayudarle. Abe volvió a preguntar a la hechicera y esta asintió.

- ¡Rojo, vuelve! ¡Lyz puede ayudarnos! ¡Puede hacer un portal!- El demonio frenó en seco y volvió a toda velocidad hasta estar a la altura de la gemela con los poderes artísticos. Él la miró con aquellos brillantes ojos amarillos, casi suplicando.

- ¿Puedes abrir un portal a la base? Has estado ahí, recuérdalo.- Ella parecía confusa por la petición, pero pudo ver en el rostro del demonio que lo que le pedía era algo que necesitaba urgentemente, que la vida misma le podía ir en ello. Ella asintió, pidiendo algo de paciencia. Dibujaría una puerta en una de las paredes, pero tenía que recordar dónde y cómo era la base para que la puerta funcionase. Tras unos segundos de reflexión tomó un lápiz y comenzó a dibujar un arco en la pared. Poco a poco fue tomando forma, y la impaciencia recorría el cuerpo de Hellboy. Rezaba para que aquello funcionase, y cuando finalizó el dibujo este brilló, convirtiéndose en una ventana al otro lado. No dudó ni medio segundo y se lanzó a través de ella.


Lo primero que notó fue que la temperatura subió de golpe. Lo segundo, sus pies pisando la hierba del campo que rodeaba la enorme base. Tardó un par de segundos en ubicarse y encontrar el edificio donde vivía... Y sus ojos se abrieron de par en par. Allí había muchísima gente congregada. Pero no eran agentes del B.P.R.D. El sonido de las sirenas llegó a sus oídos. Varios camiones de bomberos lanzaban agua sobre el edificio en llamas que iluminaba todo como una gigantesca antorcha. Varias decenas de coches de policía habían acordonado la zona y un par de helicópteros grababan todo desde lo alto. Había varias ambulancias y un sinfín de personas que corrían de un lado para otro con bombonas de oxígeno bajo los brazos. El demonio tardó unos segundos en asimilar todo, momento en el que el resto del grupo fue cruzando la puerta. Liz se llevó las manos a la boca, ahogando un grito. Abe abrió tanto los ojos que casi se le salen de sus órbitas. Kate calló sobre sus rodillas sin poder creer lo que veía. Krauss se quedó quieto cual estatua. Hellboy salió corriendo como una exhalación hacia los policías, quienes al verle cabalgar le apuntaron. Uno lo reconoció y le dijo que se detuviese, pero cruzó el cordón, quedándose frente a las ruinas de la base. El fuego estaba bastante controlado, pero todavía quedaban algunas llamas que bailaban en mitad de la noche.

- ¡Alto! ¡Levante las manos y no se mueva!- Hellboy se volvió hacia los policías con la boca entreabierta.

- ¿Qué ha pasado...?-

- ¡He dicho que levante las manos!-

- ¡¿Acaso es imbécil?! ¡¡Soy Hellboy, joder!! ¡¿No me reconoce?! ¡Vivo aquí! ¡¿Qué demonios ha pasado?!- Los agentes se miraron entre ellos y levantaron poco a poco las armas. El que parecía el capitán se acercó a él.

- Recibimos una llamada... Al parecer un comando o algo así ha atacado el edificio y lo ha dejado en este estado... Apenas hay supervivientes... Los únicos que hemos encontrado están ahí y...- Pero el demonio ya corría en dirección a las ambulancias, mirando por encima de los médicos y enfermeras que les atendían. Tenían quemaduras horribles, y muchos gritaban agonizantes. Otros estaban inconscientes, y una larga pila de cadáveres cubiertos con unas mantas doradas se amontonaban paralelamente. Cogió a uno de los médicos y le volvió hacia él.

- ¿Está mi padre aquí? ¿Han encontrado al profesor Broom? ¿Profesor Trevor Bruttenholm?- El hombre estaba asustado y dio un respingo al ver al enorme ser de color rojo y ojos amarillos. Un par de enfermeros miraron hacia los policías, pero estos no se movieron. Hablaban entre ellos mirando al demonio y negando con la cabeza.

- ¿C... Cómo?- Hellboy le zarandeó ligeramente, repitiendo el nombre, y el capitán se llevó la mano al arma, pero una de las enfermeras cogió a Hellboy por el brazo.

- ¡Tranquilo! ¡Tranquilo, por favor! No hay ningún profesor... Aunque no sabemos si hay más gente ahí dentro... A quien sí hemos encontrado... Es al director.- Rojo soltó al médico y miró a la enfermera. Esta entendió perfectamente lo que sus ojos decían y le dijo que le siguiese. Dos ambulancias más allá había un hombre tendido en una camilla cuya respiración era costosa y tenía un suero en su brazo. El demonio reconoció al director de la organización. Tenía la camisa manchada de sangre y parte del cuerpo quemada. Le habían vendado y un cardiograma mostraba unas pausadas pulsaciones. La enfermera dejó al demonio con él, quien se acercó hasta que el director le miró. Sonrió y al hacerlo tosió sangre, manchándose las vendas. Hellboy se agachó hasta quedar casi a su altura.

- Hola Rojo... ¿Qué tal? Siento que te hayas perdido la fiesta...- Claramente los analgésicos estaban actuando sobre el director, pues de ningún otro modo habría bromeado en esa situación. Hellboy miró el cuerpo del hombre y las máquinas que medían sus constantes vitales.

- Manning qué... ¿Qué ha pasado?- El hombre tosió de nuevo y respiró forzosamente, carraspeando y apretando los dientes.

- Todo sucedió muy deprisa... Alguien llamó a la puerta y antes de que nos diésemos cuenta nos estaban atacando... Fue él Rojo... Rasputín... Ha... Vuelto.- El demonio apretó la mano izquierda con fuerza. Tal y como temía, el hechicero se les había adelantado. Manning alargó el brazo, intentado alcanzar a Hellboy, quien tomó su mano con la izquierda, apoyándole. Respiró de nuevo con dificultad y le miró a los ojos.- Vinieron a por él... Se han llevado... A tu padre... Quieren... Obligarte a ir tras él y forzarte a abrir el infierno... No... No sé a dónde le han llevado, pero no puedes permitir que... Le hagan daño...-

Pronunciar cada palabra era un mundo para el director y el demonio apretó su mano con cuidado.

- Manning, tranquilo. Descanse. Su estado es...- Pero él negó con la cabeza mientras una sola lágrima abandonaba sus ojos. Tragó saliva.

- Rojo, siento todo lo que te he dicho... Las cosas... Horribles que te he dicho a lo largo... De mi vida... En el fondo... No las pensaba.- Las alarmas del demonio saltaron de golpe con aquellas palabras. Inconscientemente sonrió, intentando calmar al director.

- No se preocupe... Seguiré ignorándolas la próxima vez que me las diga...- Pero el director negó con la cabeza.

- Nunca he dudado de ti... En el fondo al menos... Eres... Eres un gran hombre... Siempre lo he... Pensado... Sólo quería que lo supieses... Antes de...-

- No, no. Manning, te vas a poner bien, ¿vale? Todo va a ir bien...- Dijo Hellboy cortándole. El director cerró los ojos. Sus palabras cada vez se oían menos.

- Recuerda quién eres... Tú... Eres más de lo que se... Supone... Sé que no abrirás el infierno... Se avecina... Algo muy gordo... No os rindáis... Sé que podéis hacerlo... Confío en ti... Eres el mejor... Sabrás guiarlos... Mejor que yo, espero... Siento... No haber sido... Sólo intentaba dar lo mejor... De mí...- El cardiograma se paró, convirtiéndose en una línea recta con un penetrante pitido.

- No... No, no... ¡Un médico!- Pero antes de que terminase la frase un doctor y un enfermero habían entrado a toda velocidad, apartando al demonio para intentar revivir al director. Le bombearon oxígeno y usaron las placas, pero la línea no se movió. Lo volvieron a intentar mientras el demonio observaba aquella desoladora situación. Liz y Abe aparecieron a su lado. Liz tenía los ojos rojos de llorar y se apoyó en el enorme cuerpo del demonio dejando que las lágrimas cayesen como un torrente. El médico suspiró, miró el reloj y negó con la cabeza. Se volvió a los tres agentes y se mordió el labio inferior.

- Lo siento... He hecho todo lo que podía hacer...- Y se marchó para intentar salvar a otros pacientes que corrían la misma suerte que Tom. Los tres se acercaron y al poco se les unieron Kate y Krauss. Los cinco miraron la camilla donde el director yacía con el rostro en paz y el corazón parado y viendo como su hogar se desmoronaba cual castillo de arena al ser golpeado por el mar.

El gran y triste final:
 

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John Constantine
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Ficha de Personaje
Alias: JC
Nombre real: John Constantine
Universo: DC Universe

MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Jue 22 Dic 2016 - 19:40

Que Garnet dejara el grupo y se encerrara dentro de si misma despistó a John durante un momento. Conocer su situación y estando... en la "posición" en la que estaba el rubio respecto a la pelirroja lo hacía susceptible a errores tan comunes como ausentarse momentáneamente si la otra hacía algo fuera de lugar o que le susurrara en el oído. Errores que, como en aquel caso, hacía que la muerte te hiciese una visita.

John no podía decir que fuera la primera vez que tenía a la muerte tan cerca. La había abrazado tiempo atrás, e incluso hablado con ella como era el caso de la otra Muerte, la de la marca en el ojo, sonrisa cándida y tamaño "cuqui". Y pese a todo era una sensación desagradable sentir el paso de los años en una simple palma. Notar las vidas pasadas siendo los restos en una mano huesuda y fría. John no quería morir. Joder, ¡hay que ser idiota para morir! Los más desesperados de todos son los más idiotas, o al menos eso pensaba el mago. Si vives siempre tienes otra oportunidad. Un pequeño y escueto as bajo la manga, dentro del pantalón o entre tus manos. Morir era el fin de todo, y que le colgaran de las pelotas si se dejaba llevar por el frío tacto de la muerte.
La muerte no es la salvación. La muerte es simplemente el final. Punto. Sin nada a parte.

Ambas Muertes relatan dos historias que hacen una. Al parecer iba en buen camino cuando pensó en unos farsantes. ¿Pero era por eso? ¿Por la vida eterna? ¿Tan mal estaban los demonios como para querer sustituir, o mejor dicho, intentar ser cuatro pesos pesados de la creación y salir impunes? Uno no paga por el mejor de los platos si no está dispuesto a pagar, y la cuenta en éstos casos suele salir en números rojos. ¿Cuántos iban en su lista de "amigos" que habían intentado pagar sin saldo? ¿Y cuántos salieron con una sonrisa en la cara en lugar de un bonito agujero de mierda donde pudrir sus almas? No se puede jugar con todo.

- Tranquila. Ya estoy acostumbrado... - mentira como una catedral de grande, pensó el rubio mientras veía la nueva forma más "humana" de la otra Muerte. Si algo le tocaba la fibra sensible al bueno de John era no saber.

La conversación vuelve hacia Rasputín, hacia el nuevo universo y hacia algo que el mago creyó que nunca vería: la Muerte, herida. Así que era cierto, que en éste nuevo universo hay fuerzas capaces de enfrentarse a la misma muerte y herirla. Puede que quien no lo conociera bien supondría que al inglés le gustaría saber de ello, que podría incluso frenar a la muerte si tuviera el conocimiento adecuado. Sin embargo, John era de los que torean, no de los que clavan la espada y esperan a ver el fatídico resultado. ¿Burlar a la muerte? Las veces que hiciera falta. ¿Herir a la muerte? "La gilipollez puede ser una epidemia muy profunda". Como habían dicho, sin ellas todo orden se vendría abajo, y el que busque esa clase de caos sólo puede tratarse de algún nihilista masoquista ido de la olla. Alias, Rasputín.

John sonrió a Muerte cuando ésta se le acercó - "¿Quién puede decir lo mismo?" - y le dejó su regalo en el bolsillo de la gabardina que llevaba colgando a las espaldas, viendo que el momento de su encuentro llegaba al final. Las cosas estaban claras: un gilipollas intentaba recrear la obra del "Fin del Mundo" con actores de segunda, y les tocaba a ellos detenerlo. Un guión demasiado cliché, pero funcional, y para John mientras tuviera un final redondo ya le parecía bien.

Mientras Rojo explicaba al grupo quién era Rasputín, John se giró y anduvo de espaldas sal demonio, escuchando cada palabra de lo que decía mientras se acercaba hasta donde estaba la pelirroja. Metió la mano en uno de los bolsillos de su gabardina, buscando el tabaco. Una banana se interpuso en su camino, giro a la derecha hacia su otro bolsillo y lo encontró, tendiéndole un pitillo a Garnet y otro para él. No iba a pedirle que hablara con él. No iba a decirle "eh, ánimo: estoy contigo" o alguna cosa así. Ya estaba con ella. Se conocían los suficiente como para no decirse las cosas, y además, eran demasiado orgullosos para mediar palabra. Simplemente, se sentó con ella, esperando a que el grupo decidiera marcharse. John tenía las cosas claras, y lo primero que iba a hacer al volver sería encontrar a Anya.

El grupo se puso en marcha, como esperaba, y se levantó, girándose hacia atrás, despidiéndose con la mano de su pequeña amiga.

- Recuerdos a la familia. - Esperó a que todo el mundo pasara, antes de ponerle la mano en el hombro a Garnet y agacharse para hablarle. - Volvamos a casa.

Una vez fuera...

El cielo mostraba noche cerrada, pese haber entrado con la luz del sol sobre sus espaldas. ¿Tanto tiempo había pasado? Entonces sí que era un portal hacia otra dimensión distinta. Un universo de bolsillo sería plausible... Pero ya habría tiempo de pensar en aquello más tarde... si es que existía un más tarde.
De vuelta al pueblo, hacia su billete de vuelta a casa, el grupo de Rojo parecía bastante nervioso. Miraban sus móviles, intentando contactar con alguien que no parecía contestar. John se paró un momento, viendo la escena y sin perderse detalle. Los nervios estaban a flor de piel, y vio como Rojo se convirtió en un tren de mercaderías sin parada, pasando "casi" por encima de ellos. Había pasado algo y era algo gordo. Abe le pidió a Lyz que abriera una puerta para ellos. Ese "ellos" no les incluía a John y Garnet: tenían otro sitio donde ir. Alguien con quien hablar.

- Vámonos. - El tono seco de su voz quiso darle a entender a Garnet que no tenían tiempo que perder. Rojo y su equipo tenían que coger una puerta. Ellos debían volver a Nueva York.

.........

Era tarde. Muy tarde.

Las puertas del ascensor se abrieron y John entró en el ático como si fuera el propio Rojo con su ataque en las montañas nevadas. El salón estaba vacío, así como la cocina y los dormitorios. Garnet y John estaban completamente solos.

- ¿Anya? - El mago sentía un pálpito en la sien. Ese pequeño tambor que uno escucha dentro de su cabeza cuando tiene un pálpito del tamaño de Manhattan. - ¿Any?

"Tal vez ha salido a beber otra vez" pensó el mago. "Seguro que está por ahí fuera, pasándoselo bien, distraída" siguió intentando autoconvencerse. "Puede que le hayan salido alas y esté probándolas ahora mismo antes de volver y enseñarnos su nuevo don". Cuando uno salta a las gilipolleces, es mala señal.
El rubio, hecho un manojo de nervios, entró en la habitación de Anya. Allí no estaba y la cama estaba deshecha. Había dormido allí por la noche, pero ya no estaba. Todas sus cosas seguían en su sitio. No había hecho las maletas ni había ningún signo de violencia. Sin embargo, algo le fallaba. Algo no estaba bien en aquella habitación. John entró a paso lento, empapándose con los muebles, los armarios, la cama, la silla... "La cama...".
Un recuerdo de su vida en las calles hizo que le viniera otro pálpito, el cual tomó forma cuando vio en la parte baja del colchón una cosida con no mucha habilidad. Deshizo el hilo y abrió el colchón. Dentro encontró algunos libros que reconoció de su biblioteca. La que guardaba el irlandés del barucho a donde llevó a la rusa la primera noche que se conocieron. Los fue sacando uno a uno y todos hablaban más o menos de lo mismo: entidades superiores. Poderes más allá de la imaginación. Pactos.

Uno de esos libros consiguió que le saltara el resorte de su corazón, bombeando con más fuerza que nunca. Era un libro que había utilizado en varias ocasiones para buscar información sobre los hijos de puta que vivían en la otra cara de la moneda, bajo los cielos y la tierra.
Un pequeño papel sobresalía, abriendo el libro por una página en concreto, sobre una entidad en concreto y con cierto hechizo en concreto.

John se puso furioso. Cerró el libro de golpe.

- Pequeña idiota... ¿Qué has hecho, Anya?

Spoiler:
 

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Dalae Darkle
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Sáb 31 Dic 2016 - 3:14

A medida que las dos Muertes hablaban, la expresión de Dalae mudaba a una mucho más grave. Habían sido engañados, y la aprendiz no estaba acostumbrada a estar en esa posición. Dentro de su cabeza, había un orden natural de las cosas, y ese orden natural implicaba que ella tenía la sartén por el mango, más o menos. Desgraciadamente, ese era el menor de sus problemas ahora mismo. A diferencia de las de Constantine, su pregunta sí encontró respuesta: No la que quería oír, pero sí la que esperaba. Siguió con la mirada a ambas, perdida en sus propios pensamientos. En el fondo de su corazón, allí donde su ya de por sí escasa moralidad no llegaba, acababa de nacer una idea. Una idea que se apresuró a ocultar, antes de que Raden se diera cuenta. Además, era imposible... ¿No? La propia Muerte lo había dicho: Aunque estuvieran débiles, nadie podía...

Sus pensamientos quedaron interrumpidos cuando Ella dijo que Hellboy podía contar con todos. ¿Con todos? No era la primera vez que ese grupo se veía envuelto en algo así... ¿Ella lo sabría? ¿Los habría visto devolver a Midgard al presente? ¿Habría seguido su camino hasta el Infierno de los Devas, buscando a Arión? Le hubiera gustado preguntarles todo eso y más, pero ambas se retiraron hacia la Fuente, y Hellboy se interpuso entre ellas y el grupo para explicarles quién era el culpable de todo aquello y cuál era su objetivo. La asgardiana jamás comprendería por qué un mortal querría destruir su propio mundo, pero eso no le impediría tratar de detenerlo... Aunque ella tuviera otra dimensión a la que ir si Midgard dejaba de existir, no podía decirse lo mismo de su familia. Como Muerte había dicho, todos tenían vidas que defender, y eso era un motivo como cualquier otro para unirse en el mismo bando, salvando las diferencias. Quizás no compartieran nada más que las ganas de vivir en paz, pero... Eso ya era más que suficiente. Ya comenzaba a ser costumbre lo de trabajar en una manada de lobos solitarios, en lugar de en un equipo de verdad.
Dirigió una mirada a ambas Muertes antes de salir por donde había venido, como si no se hubiera despedido del todo de ellas. Al fin y al cabo, si lo que se había dicho ante la Fuente de la Eterna juventud era cierto... No tardarían en volver a verse. Sólo esperaba que no la vinieran a buscar a ella.

El camino de vuelta se le hizo muy corto. Los guardias que los escoltaban permanecieron en silencio, y entre ellos tampoco hubo mucha más conversación. El calor volvió cuando volvieron al corazón de la ciudad de Shambala, pero por suerte, duró poco. La noche gélida del Himalaya los recibió en el exterior, en Midgard el tiempo transcurría a un ritmo mucho más rápido que en el interior de la montaña. Quizás fuera la influencia de la Fuente, o algún tipo de hechizo... Ese tipo de magia se le escapaba completamente. Las linternas de sus acompañantes no eran de mucha utilidad, así que la chica creó entre sus manos una esfera de luz mágica. Seguía sin verse con toda la claridad que sería deseable para descender con seguridad, pero eso no sería necesario. Al fin y al cabo, el tiempo apremiaba, y contaban con varios magos. No sería raro que ellos también usaran un portal, como Constantine y Garnet... "-Algo no va bien..."-Raden sonaba tenso, y eso hizo que Dalae se girara. No había estado prestando mucha atención a las llamadas de los miembros del BPRD, pero ahora... -Espera... ¿Qué...?-No tenía ni idea de qué había puesto tan nerviosos a Abe y Rojo. Pero si el demonio que va a traer el mismísimo Apocalipsis a Midgard estaba asustado, probablemente ella también debía estarlo. Quizás Rasputín hubiera empezado ya a actuar. A Abe le costó un poco hacer que Rojo volviera para usar el portal de Elysia en lugar de buscar otro medio de transporte, pero finalmente lo consiguió.

Dalae nunca había visto a una maga que fuera capaz de dar vida a sus dibujos, como había dicho Azul, pero sí que estaba algo más familiarizada con los símbolos y las runas que se usaban para componer portales, entre otras cosas.Se acercó a la griega con la luz entre las manos para que pudiera dibujar mejor, y cuando acabó, atravesó la puerta junto al resto.

Hubiera preferido quedarse en el Himalaya.

Estaban en un campo lleno de gente, en torno a un edificio en llamas. Estaba lleno de gente. Policías, bomberos, personas que Dalae no sabía ni a qué se dedicaban. Hacía mucho calor, demasiado. Los médicos iban de un lado para otro, atendiendo a los numerosos heridos. ¿Ese era el poder de Rasputín? ¿Era capaz de borrar del mapa en unas horas una agencia que se dedicaba precisamente a detener gente como él?
"-No lo ha hecho solo..."-El calor hacía imposible que Raden saliera al exterior, pero incluso dentro del bastón podía notarlo. "-¿Quién?"-Siguió con la mirada a Hellboy, Abe y Liz, que corrieron en busca de sus compañeros. "-No estoy seguro de quién, pero... Usaba magia oscura. También noto el rastro de demonios, diferentes a Hellboy... No me gusta nada, Dalae. Tenemos que avisarle de esto. Ahora."-El tono de su voz no admitía réplica, y la asgardiana no podía hacer otra cosa que darle la razón. Por suerte o por desgracia, todo el mundo tenía algo que hacer, y estaban demasiado ocupados como para fijarse en ella. Sacó de su bolsillo el anillo de plata y esmeraldas, que había estado ahí guardado desde el inicio de su periplo por el Himalaya, y se lo puso en el dedo mientras se alejaba del escenario de la tragedia. "-Loki..."-Sabía que, seguramente, le esperaba una bronca por desaparecer durante tantas horas, así que escogió bien sus palabras para desviar la atención de su maestro. Si se centraba en la información que había conseguido, quizás ella se librara de las consecuencias de su pequeña escapada. "-Necesito hablar contigo, he encontrado algo que… Te puede interesar, creo."-Casi inmediatamente después, una luz verde la hizo desaparecer, como si nunca hubiera estado ahí.

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Elysia Stavridis
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.   Miér 4 Ene 2017 - 20:13

La tensión crecía cada vez más ante las duras revelaciones de las dos muertes. Había participado en el final de una gran historia. Un relato muy doloroso para el resto de mis compañeros, pero en especial para el demonio rojo Hellboy.

No dije nada más, y en cuanto todos salimos del templo enterrado bajo la corriente del tiempo, la historia empeoró. Yo solo quería volver a casa.

Me quedé clavada en el sitio cuando Abe casi me suplicó su ayuda. Tenía miedo, me sentía inquieta, y Hellboy estaba tan alterado que contagiaba su estado de ánimo a todos los demás.

- Si… creo… creo que puedo hacerlo.- tragué saliva y recordé las enseñanzas de Aureole. El miedo y la inseguridad eran los que bloqueaban mis poderes. Si no los disipaba no sería capaz de hacer nada por mis compañeros. Estaba aquí para ayudar. Era la decisión que había tomado en el momento en el que me convertí en su aprendiz. Quería usar mi magia de control de la realidad para ayudar a los demás… para hacer justicia…

Saqué rápidamente la tiza de mi riñonera y tracé cuatro líneas en la pared más cercana. Estaba nerviosa, todos confiaban en mí, necesitaban mi ayuda. Me necesitaban…

Apoyé las manos en la pared y dejé escapar un largo suspiro para tranquiliazrme y regular mi respiración. Cerré los ojos y traté de encontrar la calma, olvidar los sonidos, las voces, el frío… y concentrarme. Tenía que concentrarme. En mi mente dibujé la base del BRPD. Me imaginé el tamaño del edificio, su color, la forma de sus ventanas, la puerta principal, el paisaje que lo rodeaba… hasta que lo tuve claro en mi mente. Lo podía ver, lo podía sentir. ¡Era real!

Mis manos golpearon la pared y de pronto el cuadrado empezó a brillar, abriendo una ventana hacia la otra punta del mundo. ¿Lo había conseguido? Eso solo podía saberlo si…

-¡Espera! - grité en una advertencia, pero ya era demasiado tarde. Hellboy se había adelantado para saltar en dirección al portal. Tragué saliva y le seguí, esperando que el hechizo hubiera funcionado. Y funcionó demasiado bien… ojalá hubiera podido olvidar lo que vino después.

Las llamas devoraban el gran edificio, los cadáveres adornaban el ensangrentado pavimento… el sonido de las sirenas de las ambulancias, los coches de policía y los gritos de auxilio era la única melodía del lugar. El BRPD olía a humo y a muerte…

- Lo siento… - fue lo único que escapó de mis labios antes de llevarme las manos a la boca y reprimir un sollozo. Ver a Hellboy tan destrozado me partía el corazón. Toda esa destrucción... las muertes que había traído consigo... era horroroso. No podía soportarlo. Y ya no había nada más que pudiera hacer para ayudarle…

Sólo quería abrazar a Lissa y llorar.

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[Mini-Evento] La muerte no es el final. Vida en el hielo. (John Constantine, Rebecca Logan, Elysia Stavridis, Elissa Stavridis, Dalae Darkle, Garnet Brooks, Promethea [NPC]). 28 de Marzo de 2019.
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