Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 [Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]

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Elissa Stavridis
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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]    23rd Marzo 2017, 19:55

Como si hubieran leído sus pensamientos, el baño la esperaba a su llegada al Palacio. Por un momento, la paranoia la golpeó en el pecho y la desazón cayó sobre ella como una jarra de agua fría. ¿Podía Arión realmente leerle la mente? ¿Era posible que lo supiera todo? ¿Era aquella su manera retorcida de demostrarle que no podía huir de él? Aferró el colgante de Lori, como si aquello fuera a protegerla de algún modo, y no dijo ni una palabra a los criados que la acompañaban, ni un simple agradecimiento.

Cuando se encerró en los baños, tenía la ansiedad a flor de piel. No podía ser, tenía que ser una coincidencia, una casualidad. Su mente intentó aferrarse a ello, convencerse de que sólo era azar. Pero su subconsciente rechazaba la hipótesis con violencia. Fue allí, en aquellas lujosas termas, justo cuando salía del agua, cuando tuvo la primera crisis de angustia.

No sabía qué había empezado primero, si la opresión, o aquella sensación de ahogo, como si lo hubiera oxígeno suficiente en aquella habitación caldeada; o tal vez fuera ella la que era incapaz de aspirar el aire por el que clamaban sus sedientos pulmones. En respuesta, el corazón empezó a galoparle en el pecho, como si tratara de abrirse camino hacia el exterior, y su estómago se revolvió con la misma determinación. Sintió que le fallaban las piernas, y un sudor frío le cubrió el rostro y las manos, que temblaban sin control. Estuvo segura de que moriría, o de que se volvería loca; o tal vez ambas cosas, una detrás de la otra, si es que aquello le estaba ocurriendo a ella y no a otra persona. Creyó que se caía, y se aferró a una de las columnas, boqueando y llevándose la mano al pecho.

La verdadera explicación no acudió a su mente hasta que empezaron a dormírsele los dedos. Entonces, la letanía de síntomas se ordenó en su cabeza, adquiriendo sentido. Ansiedad. Era ansiedad. Se iría… tenía que irse, no podía durar mucho más. Por todos los dioses, ¿cuántos minutos llevaba así?

Le pareció que el instante se dilataba para convertirse en eternidad, y pensó en huir, en correr, en pedir ayuda a los guardias, a Arión. Cuando, al fin, la crisis terminó, Elissa estaba tan empapada de sudor que tuvo que llenar un cubo de agua y volver a lavarse la piel. Sus brazos protestaron por el esfuerzo, drenados como estaban de adrenalina. Deseó irse a la cama, dormir, desaparecer. Agotada, miró la túnica que la aguardaba y supuso que era una elección de Arión.

El verde no era el color de Elissa; sino el de su esposa muerta, Chian. Mientras se la ponía y ocultaba el colgante de Lori entre sus pliegues, la psicóloga se preguntó si la túnica le había pertenecido a ella. Fue la primera de decenas de cuestiones que se arremolinaron en su mente abotargada. ¿Era aquello una buena o una mala señal? ¿Qué venía ahora? ¿Querría verla Arión? ¿Sabría lo sucedido aquella tarde con Lori Lemaris? ¿La castigaría a ella? Descubrió que no había nada que le apeteciera menos en aquel momento que reencontrarse con su anfitrión. Le tenía demasiado miedo.

Pero no tuvo demasiada elección. Los criados la esperaban fuera y, si alguno de ellos había encontrado el baño demasiado prolongado, no lo mencionó. La escoltaron por el bello palacio, mientras ella trataba de no estremecerse bajo la túnica prestada. En otras circunstancias, el colgante de Lori le hubiera dado más seguridad. Ahora, sólo podía temer lo que Arión le diría o le haría en cuanto la viera.

No esperaba una cena.

Elissa se quedó perpleja al entrar en el salón; el ambiente cálido y acogedor, la dulce música y la cortesía de Arión… nada de aquello encajaba en su agitado estado de ánimo. Por un momento no supo qué hacer, pese a ser evidente que aquel segundo juego de platos y cubiertos la aguardaba a ella. Murmuró un "buenas noches" y se sentó, de nuevo en tensión, evitando expresamente los ojos verdes del atlante, pero sintiéndolos fijos en ella de todos modos.

- Te sienta bien ese vestido... - comentó.

Nunca la había halagado físicamente. Elissa sintió que se ruborizaba, y no fue agradable en absoluto. ¿Debía darle las gracias? ¿Devolverle el cumplido? El miedo aún paralizaba su lengua, y sólo pudo hacer una inclinación de cabeza, deseando que fuera lo suficientemente cortés.

¿Cuándo le hablaría de lo que sabía? ¿Cuándo la confrontaría por su traición? Elissa esperaba el momento con temor, un miedo que no era tan distinto del que habría albergado de niña ante la amenaza de un castigo. La cadena de la lágrima de Lori pesaba, el colgante le quemaba contra la piel. Pensó en arrodillarse ante Arión y suplicarle perdón, confesarlo todo entre balbuceos. Pero no lo hizo, porque su aprensión era aún mayor.

Se llevó una cucharada a la boca, aunque no tenía hambre. Fue él quien volvió a hablar, rompiendo el silencio que se había acomodado entre los dos.

- Hum, y dime... ¿qué tal te ha ido en la ciudad? -preguntó, y fue la primera vez que Elissa percibió duda en él-. Me... alegra que hayas decidido volver. Si he de serte sincero, no pensaba que lo harías. ¿Puedo preguntar a qué se ha debido el cambio de opinión?

Se atrevió a mirarlo por encima del borde de su vaso de vino, buscando trazas de aquella misma inseguridad en su rostro. ¿Podía ser verdad que no lo supiera? ¿Había sido demasiado desconfiada? ¿Y si no sospechaba nada? ¿Y si el miedo la estaba volviendo paranoica?

- Ha ido… bien. He conocido a alguien. Lori Lemaris. - respondió, y estudió el fondo de su copa, como si allí se ocultaran las respuestas a todas aquellas preguntas. O tal vez las mentiras con las que iba a sustituir a aquellas respuestas. Si el colgante de Lori no la protegía ahora, nunca más volvería a hacerlo - Yo…Estuve hablando con ella. Se dirigió a mí como tu aprendiz. Me hizo recordar tu oferta.

Un grupo de bailarines empezó a danzar en el salón, capturando por un instante la atención de la griega.

- Sería una inconsciente si la rechazara. - prosiguió, despacio, dejando el vaso sobre la mesa - Puede que nunca tenga otra oportunidad de aprender.

Le hubiera gustado preguntarle algo. ¿Por qué aquella cena, vestidos con sus mejores galas, acompañados de música? La situación era confusa para ella, una mezcla de sensaciones agradables y desagradables, recuerdos que quería enterrar, emociones encontradas. Le pareció que aquella situación era una inquietante parodia de otra muy parecida, vivida muchos meses atrás; comida francesa en lugar de atlante, un violín y un piano en lugar del arpa; y, sentado al otro lado de la mesa… Dragoslav, en lugar de Arión. O tal vez era que los recuerdos sumergidos y reprimidos empezaban a aflorar en ella también.

Había una diferencia. Eclipse le había enseñado música. Arión podía enseñarle magia.

- Quiero dejar de temer la magia. Ser yo quien la controle. - explicó. Hizo otra pausa. Y volvió a hablar. - Y hay otra cosa. No soy una desagradecida. Sé muy bien que me has salvado la vida.

Una vida que, por otra parte, se había visto amenazada por él.

Arión de Atlantis era un enigma para ella. Atractivo, magnético, pero que también le causaba repulsión. Un hombre al que quería acercarse y del que no podía alejarse. Padre, demente, maestro, torturador, amigo, carcelero. Sentía por él respeto, lástima, afecto...

Miedo.


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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]    26th Marzo 2017, 12:50

Elissa no andaba demasiado errada en sus suposiciones. Por supuesto, era imposible recuperar las verdaderas prendas y objetos que habían existido 45.000 años atrás, así que Arión lo estaba recreando todo con magia a partir de sus recuerdos, pues ahora que había restablecido todo su poder con ayuda de la gema del tiempo era capaz de crear objetos de la nada y de tejer utilizando los hilos multicolor. Y la mayoría de sus recuerdos en cuanto a vestuario femenino procedían efectivamente de la mujer con la que más se había relacionado: su esposa, Chian.

Podía resultar extraño, y posiblemente perturbador, pero Arión no era precisamente un experto en moda femenina y no conocía prácticamente nada en la materia. Tampoco había tenido muchas amigas, y de las que tenía, la única que había suscitado en él el interés como para fijarse en lo que llevaba puesto había sido Chian, así que era su única referencia.

- Lori... -musitó, contemplando el fondo de su copa de vino como quien visualiza un océano imaginario-. Es una sirena... ¿lo sabías? Estaba enamorada de Supermán, y llegó hasta el punto de buscar la manera de que la alteraran mágicamente para poder vivir en la superficie y estar con él. La imbuyeron con un conjuro que hace que cuando su cola se seca se transforme en piernas, y cuando se moja, vuelve a convertirse en sirena. Sin embargo, a pesar de todos su sacrificios y esfuerzos, él la dejó para irse con otra... Igual que te pasó a ti con Drago -al mencionar el nombre alzó la mirada para encontrar una vez más la de la muchacha-. Tenéis mucho en común y me consta que es buena persona. Seguro que os llevaréis bien. Podría incluso invitarla a vivir en el palacio si eso te haría sentirte mejor, más... acompañada.

Con un suspiro, se levantó y salvó la distancia que le separaba de ella a través de la larga mesa para ir a sentarse a su lado.

- Mi pobre Elissa... No te he salvado la vida, tan sólo evité que corrieras el mismo destino que los demás porque no lo merecías -musitó acariciándole levemente la mejilla-. Sé que sólo lo dices porque me tienes miedo -al decir ésto, Elissa pudo ver una sombra de dolor atravesando sus ojos esmeralda, por lo general tan hermosos, pero que ahora se veían afligidos-. Es duro de aceptar, de reconocer... -añadió, mordiéndose levemente el labio inferior-. Pero todos en ésta ciudad me tienen miedo. Creo que incluso Lori, que una vez fue mi amiga cuando estaba en la Liga. Ellos... no lo comprenden. No tendría por qué ser así.

De un gesto, despachó a los músicos y bailarines, que se marcharon de la sala en silencio. Arión se puso de pie y empezó a vagar sin un destino determinado, con aire meditabundo.

- No consigo entenderlo. Les he librado de un rey irresponsable e inútil que estuvo a punto de hacer fracasar la misión de rescate de Atlantis durante la guerra contra Namor, y le he devuelto a su ciudad su antiguo esplendor, permitiéndoles una vez más caminar por la superficie. Han recuperado todo lo que les fue negado a causa de mi fracaso como Salvador y protector. Deberían estarme agradecidos pero en lugar de eso me tienen miedo. Y tú también... -dijo volviéndose de nuevo hacia ella-. Elissa, me duele verte así. ¿Qué tengo que hacer para que entiendas que no quiero hacerte daño? Eres parte de mí, de mis descendientes, y puede que seas una de las pocas personas que ahora mismo no me odia. Quiero que seas mi aprendiz, pero quiero que vivas aquí por tu propia voluntad, porque realmente quieras hacerlo, no por temor hacia mí. ¿Qué tengo que hacer para que seas feliz? ¿Quieres que te traiga de vuelta a tu hermana? ¿A ese hombre? ¿Que invite a Lori a vivir en el palacio? Dímelo y, si me es posible, lo haré.

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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]    3rd Abril 2017, 18:37

La sorprendió la revelación de Arión acerca de Lori. Sí, podía parecer evidente que había sirenas en Atlantis, pero no se le hubiera ocurrido que su recién descubierta aliada pudiera ser una de ellas. Cuando el atlante mencionó su cola, Elissa supuso que se trataría de una mujer pez, más similar a las nereidas que cabalgaban sobre delfines que a las aterradoras mujeres con cuerpo de ave que poblaban los cuentos de su infancia. Se preguntó si Lori sería capaz de hechizar a los mortales con su canto, de atraerlos hacia la orilla hasta hacerlos naufragar, y aquello la condujo a la parte de la revelación que más la extrañaba. ¿Una sirena enamorada de Superman? ¿Y el Hombre de Acero la había abandonado, pese al sacrificio que hizo por él...? Elissa sintió una honda simpatía por la mujer, seguida de una profunda desazón, motivada por la comparación del atlante. Él pudo verla en sus ojos cuando la miró; una reacción muda al nombre pronunciado en voz alta, el dolor de una herida no cerrada todavía. Elissa no hizo ningún comentario al respecto de la oferta de Arión, simplemente devolvió la mirada a su plato, y trató de seguir comiendo, de no pensar.

Él recorrió la distancia que los separaba, sentándose a su lado, como si pudiera percibir su dolor. Su cercanía, su inesperada amabilidad, frenaron un poco la zozobra que sentía Elissa; pero la caricia en su mejilla estuvo a punto de hacerla prorrumpir en llanto. ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía un simple nombre tener tanto poder sobre ella? ¿Lo sabía Arión cuando lo pronunciaba? ¿Era intencionado? ¿Utilizaba el recuerdo del bosnio como un conjuro, sabiendo que la hería y la desarmaba, ahogándola en culpa? ¿La estaba utilizando? ¿O se preocupaba de verdad por ella, ofreciéndole consuelo de la única forma que conocía?

- Mi pobre Elissa... No te he salvado la vida, tan sólo evité que corrieras el mismo destino que los demás porque no lo merecías. Sé que sólo lo dices porque me tienes miedo -buscó su mirada de nuevo, y la griega creyó leer en ella verdadedo dolor-. Es duro de aceptar, de reconocer... Pero todos en ésta ciudad me tienen miedo. Creo que incluso Lori, que una vez fue mi amiga cuando estaba en la Liga. Ellos... no lo comprenden. No tendría por qué ser así.

Arión indicó a los músicos que se retiraran. La sala quedó envuelta en un silencio que era ausencia de música, y también algo más. Elissa dejó a un lado los cubiertos. Era incapaz de seguir comiendo.

- No consigo entenderlo. Les he librado de un rey irresponsable e inútil que estuvo a punto de hacer fracasar la misión de rescate de Atlantis durante la guerra contra Namor, y le he devuelto a su ciudad su antiguo esplendor, permitiéndoles una vez más caminar por la superficie. Han recuperado todo lo que les fue negado a causa de mi fracaso como Salvador y protector. Deberían estarme agradecidos pero en lugar de eso me tienen miedo. Y tú también...

Él tenía razón, por supuesto, pero Elissa luchó por no apartar la mirada cuando sus ojos volvieron a encontrarse.

-. Elissa, me duele verte así. ¿Qué tengo que hacer para que entiendas que no quiero hacerte daño? Eres parte de mí, de mis descendientes, y puede que seas una de las pocas personas que ahora mismo no me odia. Quiero que seas mi aprendiz, pero quiero que vivas aquí por tu propia voluntad, porque realmente quieras hacerlo, no por temor hacia mí. ¿Qué tengo que hacer para que seas feliz? ¿Quieres que te traiga de vuelta a tu hermana? ¿A ese hombre? ¿Que invite a Lori a vivir en el palacio? Dímelo y, si me es posible, lo haré.

La griega bajó la mirada hasta posarla en sus manos, que descansaban sobre su regazo. Fue consciente del sutil temblor en ellas, y recordó su crisis de pánico en el baño, una hora antes. No estaba bien. Necesitaba estar sola, descansar. Pensó en responder con una evasiva, disculparse y huir a la seguridad de su habitación.

Pero, en lugar de eso, le contestó.

- Te pediría que libraras a mi hermana y a mi madre de tu maldición. Te pediría que detuvieras tu cruzada, que devolvieras su humanidad a los hombres chacal. Te pediría que me hablaras de mi padre. Te pediría que me arrebataras toda traza de magia, y que te quedaras con todos mis recuerdos acerca de Dragoslav Katich. Te pediría que destruyeras todos los que él guarda de mí, o que los vuelvas a enterrar en lo más profundo de su subconsciente, de donde nunca deberían haber salido. Te pediría que perdonaras al mundo que te ha traicionado, y que volvieras a ser el héroe de quien tanto he oído hablar. Pero… ¿cuántas de esas cosas podrías concederme? - si su voz sonó triste o amarga, Elissa no se percató de ello. Sus ojos regresaron a Arión; su tensa e inestable apariencia de serenidad haciéndose pedazos. - Tienes razón… Te tengo miedo. Pero te creo cuando dices que no quieres hacerme daño. Sé que lo dices de verdad.

Enmudeció de nuevo, llevada por la incerteza. Un peso sordo e inmóvil se había acomodado en su pecho, y las palabras que pugnaban por salir de ella componían el retrato más descarnado de su realidad, lo que nunca se había atrevido a contarle a nadie; ni a su madre, ni a June, ni siquiera a Lyz.

- Pero me haces daño, o tal vez me lo hago yo misma, no lo sé. Nunca me he sentido tan frágil como ahora. No sé quién soy. Nunca he sabido quién soy. - su voz temblaba ligeramente, como ondas en la superficie de un estanque - He pasado tanto tiempo en la mente de otros que soy incapaz de separar lo que sienten de lo que siento yo. Ahogo mis emociones en el torrente de las suyas, y así las olvido, como si sumergiera la cabeza en la Laguna Estigia. Pongo nombre a sus emociones: tristeza, miedo, alegría, dolor. Pero yo no sé lo que siento, ni me detengo a intentarlo, porque no quiero saber, no quiero mirar dentro de mí.

¿Por qué aquella catarsis, allí y ahora? Las palabras fluían sin que pudiera detenerlas, sin que quisiera o supiera frenarlas. En realidad, aquel derrumbamiento llevaba días, meses, años gestándose, pero ella no había sido consciente de su gravedad; no había sabido medir la fragilidad del suelo, ni la profundidad de la fosa que se abría bajo sus pies.

- ¿Y si no me gusta lo que veo? O, peor aún, ¿y si no veo nada? - en aquellas palabras había un atisbo de urgencia, de terror - La mayor parte del tiempo es como si fuera dos personas distintas… No, no dos, tal vez más, muchas más, como si el espejo en que intento mirarme estuviera roto en mil pedazos. Y no sé si son ellos, o soy yo...

Sus manos se aferraron al borde de la mesa; sentía un hormigueo en la punta de los dedos, y comprendió que estaba hiperventilando. La llenó una sensación de irrealidad.

- ¿Cómo puedo detener esto?- suplicó- Ayúdame, Arión...

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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]    4th Abril 2017, 01:36

Le dejó hablar sin interrumpirle, y sólo cuando hubo cesado le llegó su turno, y una vez que empezó ya no hubo forma de parar, como el río que se desborda por encima de una presa derruida.

Arión escuchó cada una de las peticiones que seguían en ordenada sucesión, una detrás de otra, y volvió a sentarse, sintiéndose abrumado al comprobar que la infelicidad de su involuntaria invitada era aún mayor de lo que había sospechado.

Podría haber respondido aprovechando el instante de silencio que siguió después, pero no lo hizo. Ella le había permitido hablar hasta el final y deseaba corresponderle de igual manera.

Y entonces llegó la peor parte, la que daba origen a todas sus ansiedades y preocupaciones. La suma de sus miedos era tal que resultaba sorprendente que la muchacha hubiera tardado tanto en estallar.

Arión no era médico, no sabía lo que era el dióxido de carbono y no conocía las características técnicas de la hiperventilación, pero sabía reconocer un ataque de pánico cuando lo veía, y sabía también cómo debía tratarlo... a su manera.

Desde el asiento en el que se encontraba cerró sus ojos físicos y abrió su tercer ojo, el ojo de Ra, que se dibujó de manera estilizada en la palma de su mano abierta, permitiéndole ver más allá de hasta donde podría llegar un simple mortal. A través de las nieblas de su segunda vista, fue capaz de alcanzar y acariciar la mente de Elissa, inundándola con una gratificante sensación de calma, relajación y paz. Bajo su cálido roce, la psicóloga sintió cómo la ansiedad y el miedo desaparecían como una burbuja de jabón al estallar, dejándola sumida en un agradable y tranquilizador estado de bienestar.

Una vez hecho ésto, Arión abrió de nuevo los ojos, y el que se había dibujado en su mano se cerró como si nunca hubiera estado allí. Avanzó hacia Elissa y apoyó una rodilla en el suelo ante ella, tomándola de las manos. Sus límpidos y hermosos ojos verdes se sumieron en los de ella al contestar.

- Elissa, vayamos paso por paso:

>>No puedo detener mi cruzada ni perdonar al mundo. Durante 45.000 años he tratado de mantener mi fe y mi esperanza en la humanidad, pero siempre ha sido en vano. Han demostrado que no pueden mejorar por sí mismos, y sabes sin necesidad de que yo te lo diga que el camino que estaban llevando no les hubiera conducido más que a su propia destrucción. Yo evitaré eso. Sé que para ti ahora mismo es difícil de ver, pero lo acabarás comprendiendo, con el tiempo.

>>No puedo devolver su humanidad a los hombres chacal. Ya te lo he explicado: esos hombres me odian y harían cuanto estuviera en su mano por destruirme. Ésta es la única manera que tengo de garantizar su lealtad, mi única alternativa. Ya te he hablado también de los enemigos que se dirigen hacia aquí para destruirme.

>>Tengo la facultad de absorber la energía tanto de objetos místicos como de magos que me la cedan de manera voluntaria. Podría por tanto privarte de tu poder si lo desearas realmente, pero te pediría, por favor, que lo reconsideraras. Ahora mismo estás muy alterada. Tómate unos días para pensar acerca de ello, dale una oportunidad al entrenamiento conmigo. Entiendo que le tengas miedo a tu poder, pero yo puedo ayudarte a controlarlo, para que no tengas que tenerle miedo nunca más. Si cuando haya pasado algún tiempo ves que no estás avanzando en el entrenamiento, o a pesar de todo sigues queriendo librarte de tu don, yo lo tomaré. El mismo consejo te doy para Dragoslav -agachó un instante la mirada, contemplando las manos que sostenía entre las suyas antes de volver a alzarla hacia ella-. Él ahora mismo es un hombre involucionado. Ya no te recuerda y no puede hacerte daño. Si es tu deseo, te arrebataré su recuerdo también, pero te pido que lo reconsideres... Yo he amado, más de lo que se puede amar a una mujer. Y he perdido. Y sólo los dioses conocen el dolor que atenaza mis entrañas -un dolor que era fácilmente visible en el océano esmeralda de sus ojos-. Sería muy sencillo acabar con él ahogando su recuerdo y el de nuestros hijos... pero no deseo hacerlo. Duele, sí... pero es un dolor hermoso. Su recuerdo... el tacto de su piel bajo mis manos... el sabor de sus labios... la suavidad de su pelo... el sonido alegre y musical de su risa... el brillo pícaro de sus ojos... -negó con la cabeza, apesadumbrado-. Atesoro todos esos recuerdos como mi bien más preciado y por nada del mundo querría perderlos, a pesar de lo mucho que me duele cada vez que pienso en ella y constato todo lo que he perdido... lo que ya nunca podré volver a tener... Prefiero mil veces haberlo vivido y haber sufrido antes que perder el recuerdo de haberla amado. Piénsalo bien, por favor, y si después de que hayan pasado unos días aún sigues queriendo olvidarle... me llevaré su recuerdo -afirmó, pero había tristeza en su voz y en su mirada. No pudo evitar pensar en Dalae, en aquél beso robado en las entrañas de las catacumbas de París. El tacto de sus labios era frío, y aún así él había sentido calor... un calor intenso y ardiente como hacía décadas que no experimentaba. Ella le había traicionado... pero, a pesar de todo, y por alguna extraña razón, no deseaba olvidarla.

>>Respecto a tu última demanda... -Arión se puso en pie y tiró suavemente de las manos de ella para hacer que también se incorporara-. Yo no conocí personalmente a tu padre, Patroklos. Pero sé de alguien que sí lo hizo. Acompáñame.

La llevó al exterior del palacio, y desde allí hacia la monumental figura de una esfinge maya tan colosal que empeñecía incluso el lugar que acababan de abandonar. Después de subir las escaleras que conducían hasta su interior, el mago la guió por largos pasillos bordeados de vigilantes estatuas con aspecto de aves o de antiguos guerreros olvidados, descendiendo interminables escaleras hasta llegar a un santuario. Frente a ellos, sobre un altar bordeado por dos incensarios extinguidos, se alzaba una especie de cápsula dorada con intrincados dibujos y runas que parecían también de origen maya. Arión avanzó hacia el receptáculo dorado y apoyó la mano en la pequeña abertura situada a la izquierda. Su mano comenzó a resplandecer irradiando una energía de color rosado que se filtró por la abertura y provocó la apertura de la cápsula, revelando lo que albergaba en su interior: un impresionante traje de color azul que irradiaba magia por cada una de sus hebras. Pero sin duda, lo más llamativo era la ovalada gema carmesí que resplandecía sobre su pecho como si tuviera vida propia. Y, en cierto sentido, así era...

La tomó con respeto, desprendiéndola de las cintas que cruzaban el torso, y se la mostró a la otra mística.

- Creo que Lori te contó parte de mi historia... 145.000 años atrás tuve que morir para evitar que mi madre completara un ritual que habría destruido el mundo -tomó las manos de Elissa para entregarle la gema y, al hacerlo, la psicóloga tuvo de nuevo una visión.

Música

En ella te viste a ti misma como un niño desvalido y asustado, asomado desde lo más alto de una pirámide escalonada mientras una terrible tormenta desgarraba el cielo. El viento te golpeaba el rostro, agitando tus cabellos y la tierra temblaba desde sus entrañas, presenciando como una mujer de tez oscura a la que reconociste como tu madre martirizaba a un hombre arrodillado al que identificaste como tu padre. La magia de la mujer era demasiado poderosa como para que el hombre pudiera defenderse. Doce cristales místicos giraban vertiginosamente por encima de su cabeza y sabes que es el origen de su poder. Sabes también que, de llegar a completarse el ritual por el que la mujer se estaba nutriendo de la energía de los cristales, el mundo entero perecería. Y, en ese momento, la voz de Caculha resonó en tu cabeza:

Escucha, Ahri'ahn... Escucha el pensamiento de un padre atormentado...

Te escucho, padre... ¿puedo aliviar tu dolor?

No, Ahri'ahn... sólo puedes aumentarlo si me obedeces.

Pero... no comprendo, padre...

Debo pedir el sacrificio supremo, hijo mío... ¡Tu vida para salvar al mundo! Majistra me vence con el poder de los cristales; tú romperás ese poder.

Por un momento, la confusión y la sorpresa te impidieron formular pensamiento alguno.

Pero el destino del que me hablaste... El Manto de Muchos Hilos...

Debe negarse, hijo mío. Pero, aunque jamás uses el Manto, tu sacrificio te convertirá en Salvador.

Tal era la fe ciega que tenías en tu padre, tal tu convicción, tal tu pureza y la nobleza de tu corazón, que no dudaste en ponerte en pie y acercarte hasta el borde del abismo.

Entonces, padre mío... si así se cumple el destino que me reservabas... ¡Pagaré gustoso con la vida!

Y, sin que tuvieras el menor control sobre las acciones del cuerpo en el que ahora te encontrabas, te precipitaste al vacío y, con tu caída, interfiriste la transferencia de energía de los cristales, sobrecargando el cuerpo de Majistra, que estalló al instante.

Cesaron los temblores, la tormenta se apaciguó, el cataclismo se detuvo, pero tú estabas a punto de pagar las consecuencias de tu valerosa acción, pues tu cuerpo no podía tampoco contener la increíble cantidad de energía que había absorbido de los cristales.

Resiste, hijo mío. ¡Sé fuerte... sé fuerte! -rogaba tu padre, con los ojos anegados en lágrimas y su mente vinculada a la tuya.

Lo intentaré, padre, pero... no creo... poder... -respondiste, sintiendo el agónico dolor de cada partícula de tu cuerpo a punto de estallar.

Y te hiciste pedazos...

Y volviste a la realidad, donde no habían transcurrido más que unos pocos segundos...

- Mi padre condensó mi energía vital en ésta piedra -estaba explicando Arión, que, absorto en el recuerdo y en la contemplación de la gema no se había dado cuenta de tu momentánea ausencia-, y la enterró en el corazón de una estrella hasta que tuvo el poder para crearme un cuerpo nuevo a partir de magia, cien mil años después. Entonces, arrancó la gema de su amarradura en los cielos y la devolvió de vuelta a la tierra, donde nací por segunda vez. La he conservado durante todos éstos milenios como un recuerdo... o un símbolo. Un señor del Caos llamado Mordru mató a la versión de mí mismo que había sobrevivido hasta ésta era, le robó su cuerpo y aprisionó su alma en su interior. A mí me trajeron desde el pasado, pero él vivió en tu época y conoció a Patroklos... Lo único que sé es que le ayudó a fundar un grupo de místicos conocido como Shadowpact. Quizá puedas hablar con él directamente y averiguar más cosas... Lo único que has de hacer es vincular tu mente a la suya.

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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]    28th Abril 2017, 19:13

La calmó, de una forma que escapaba a su entendimiento, de una forma tan antinatural que sólo el efecto de la magia impidió que naciera una nueva zozobra. Fue como si la adrenalina se disolviera al punto, como si acabara de recibir una sobredosis de benzodiacepinas, como si su angustia fuera una fina capa de polvo que Arión acabara de soplar. Fue desagradable en toda su serenidad, terrorífico en toda su paz. Falso, le repetía su mente. Incongruente con su yo de hacía un instante.

Era justo lo que necesitaba.

Artificial o no, Elissa dio la bienvenida a la sensación de calma y, si hubiera sido un brebaje, hubiera bebido gustosamente hasta la última gota. Se refugió en su serenidad comprada, dirigiendo una apagada mirada a Arión con los mismos ojos en los que, hacía tan sólo un momento, se desataba la peor de las tormentas.

Se arrodilló frente a ella y la cogió de las manos, como aquel padre que nunca había tenido. Pensó, traicionada por el extraño éxtasis mágico en que estaba sumida, que hubiera preferido las manos de Patroklos Sarantos, o el consuelo de Dragoslav Katich. ¿Por qué no era él? ¿Por qué no estaba allí? ¿Por qué había elegido a otra persona?

Conocía la respuesta a aquella pregunta, pero la descartó, como un objeto demasiado usado. ¿Por qué pensaba en dos hombres que la habían abandonado? Arión era el único que estaba allí, preocupándose por ella. El único al que parecía importarle si sufría o no. Por una vez, alguien trataba de calmarla, de consolarla, y no al revés.

Él le negó todos y cada uno de sus caprichos, con infinita dulzura y palabras amables. No se detendría. No devolvería su mente humana a su espantoso ejército. No le quitaría su magia… todavía. Era reacio a ello, por alguna razón que ella no comprendía. ¿Pondrías una daga en manos de un desequilibrado? No, claro que no. Pero Arión le ofrecía una y otra vez convivir con su talento, convertirlo en un aliado en lugar de en su enemigo. Le pedía que lo reconsiderara.

Decidió que lo haría. ¿Por qué no? En el fondo, Elissa sabía que la culpa no era de la magia, sino de ella misma. Su don no tenía voluntad, era sólo una herramienta, una que ella detestaba, como un cuchillo con el que uno se ha cortado demasiadas veces. Pero hubo un tiempo en que soñaba con usarlo, como hacían los magos en sus historias. Había sido una fantasía infantil, pero poderosa, durante una época… hasta que el miedo la había desfigurado, como sucedía siempre, dándole el aspecto de una pesadilla.

Asintió, sus manos lánguidas en las de Arión. Lo intentaría. Y si todo salía mal, se la regalaría para que hiciera con ella lo que quisiera, si tanto le gustaba. Y haría lo mismo, exactamente lo mismo, con Dragoslav.

Pensó en lo que sería ahora: un homínido, como el resto, reducido a los vestigios más primarios de su naturaleza. No deseaba aquello para él, aunque lo odiara por haberse ido… Y, de nuevo, Eclipse era un espejo que le devolvía su rabia. ¿Qué había hecho mal él? ¿Confiar en ella? ¿Abrirle las puertas de su subconsciente?

¿Cómo podía un dolor así ser hermoso?, se preguntó, mientras Arión hablaba con aquel tono lleno de pérdida. No, comprendió, no era lo mismo. Ella no tenía tantos recuerdos que atesorar; había ahogado la emoción antes de que respirara, apagado la llama antes de que prendiera. Y aún así, casi adivinaba lo que podría haber sido, suponiendo que aquella noche en el aula de música hubiera sido de verdad. Detestaba haberlo perdido, odiaba que la duda (o la certeza) la hubieran impulsado a apartarlo de su lado. Pensaba todo el tiempo en Alec Grant, en sus ojos vacíos y los “te quiero” huecos. ¿Había hecho mal?

- Respecto a tu última demanda... – dijo Arión, mientras la incorporaba - Yo no conocí personalmente a tu padre, Patroklos. Pero sé de alguien que sí lo hizo. Acompáñame.

Lo obedeció. Los últimos vestigios de su calma forzada se desvanecían, sustituidos por el agotamiento que sigue a una tormenta de emociones. Él la condujo, de la mano, a un lugar antiguo, cargado de historia y reverencia. La guió por corredores vigilados por bellas estatuas y la acompañó hasta el pie de un altar. Allí, hizo eclosionar el recipiente dorado que contenía, engarzada en un traje azul y dorado, la gema de la que Lori Lemaris le había hablado.

Elissa contuvo el aliento cuando vio que él se la tendía. ¿Estaba allí el antiguo Arión? ¿Hablaría con ella? ¿Le contaría quién había sido su padre? ¿Por qué se había marchado? ¿Le diría…?

La visión irrumpió en su mente, desnudándola de nuevo de su identidad, como había sucedido la primera vez. Elissa… no, Arión, un Arión pequeño y asustado, saltó al vacío para detener a su madre. El dolor al fin de la caída, el miedo, la nada, se apoderaron de ella durante el agónico final, devolviéndola jadeante y temblorosa a la realidad. Estaba de pie junto al mago atlante, con la gema roja entre las manos.

- Mi padre condensó mi energía vital en ésta piedra y la enterró en el corazón de una estrella hasta que tuvo el poder para crearme un cuerpo nuevo a partir de magia, cien mil años después. Entonces, arrancó la gema de su amarradura en los cielos y la devolvió de vuelta a la tierra, donde nací por segunda vez. La he conservado durante todos éstos milenios como un recuerdo... o un símbolo. Un señor del Caos llamado Mordru mató a la versión de mí mismo que había sobrevivido hasta ésta era, le robó su cuerpo y aprisionó su alma en su interior. A mí me trajeron desde el pasado, pero él vivió en tu época y conoció a Patroklos... Lo único que sé es que le ayudó a fundar un grupo de místicos conocido como Shadowpact. Quizá puedas hablar con él directamente y averiguar más cosas... Lo único que has de hacer es vincular tu mente a la suya.

Patroklos. ¡Shadowpact! Si Elissa hubiera podido aferrar aquellas palabras, examinarlas y exprimirlas hasta que le hubieran dado una respuesta, lo hubiera hecho. Pero aquel Arión no era el que podía despejar sus dudas. Contempló la refulgente gema como si su mirada pudiera penetrar sus secretos. Así pues, era cierto, su padre y el Arión de su era habían cruzado sus caminos… ¡El atlante le ayudó a fundar Shadowpact!

Su pulso se aceleró. Lanzó una mirada nerviosa al mago que ella conocía, y después devolvió la mirada a la piedra.

- ¿Vincular mi mente…? – repitió, sin saber exactamente lo que se esperaba que hiciera.

Deslizó los dedos por la lisa superficie de la gema, y cerró los ojos, aproximando su conciencia a la de aquel objeto que, en ese instante, ocultaba los secretos más preciosos para ella.

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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]    29th Abril 2017, 12:51

- Sí... Haz lo que haces siempre cuando entras al interior del subconsciente de los demás -recordó la manera simbólica en la que funcionaban los poderes de Psique y añadió-: Visualiza un túnel entre tu mente y la piedra. Abre el camino, yo te ayudaré -añadió, sujetando su mano diestra entre las suyas-. Cierra los ojos, relájate...

Elissa hizo lo que le indicaban y lo primero que sintió fue una corriente de aire que la impulsaba hacia delante flotando en un abismo de oscuridad.

La maga no lo sabía, pero al escudriñar dentro del cristal había abierto un portal a la mente y el alma de un demonio, y, mientras flotaba a través de sus recuerdos, pudo vislumbrar un sinfín de trémulas y vertiginosas visiones, imágenes que, como impresiones, habían quedado congeladas para siempre en la memoria de aquél ser.

Muchas de aquellas imágenes eran tan inquietantes que le infundieron un reverencial temor, otras eran demasiado vagas como para poder identificarlas, y otras no eran más que runas mágicas y símbolos desconocidos que transmitían un gran poder arcano, pero, entre todas aquellas figuras, había una que se repetía de manera constante: Majistra.

Majistra abrazando a Caculha; Majistra sosteniendo a un bebé entre sus brazos; Majistra danzando de manera sensual; Majistra yaciendo desnuda en una cama de oscuridad; Majistra muriendo a causa de Arión.

Arión era otra constante en aquellos recuerdos, pero casi siempre aparecía siendo torturado de mil y una maneras diferentes; Con el cuerpo desgarrado por la mordedura del látigo, encadenado a la pared, siendo descuartizado o devorado vivo...

Al final de aquella galería había otra estatua de Oscura Majistra, destacando en el centro de una enorme sala blanca, excepcionalmente ordenada y pulcra, en la que no había nada más con la excepción de un altar de sacrificios vacío a sus pies.

Y unos ojos, unos terribles ojos rojos que la observaban llenos de malignidad y astucia. Elissa había tenido la impresión de que la observaban durante todo su camino, apareciendo y desapareciendo a traves de los recuerdos, brillando en medio de la oscuridad.

Y ahora, una neblina verde se formó ante ella, y un horrible rostro, con orejas como aletas de pez, una boca que semejaba la mandíbula de un esqueleto y una corona de cuernos rodeándole la cabeza, apareció entre la bruma. Sus ojos eran los mismos que la habían acosado durante su viaje hasta allí.

- Alto, pequeña maga -pronunció con voz tenebrosa-. No deberías estar aquí.

Su voz era en apariencia tranquila y calmada, pero Elissa podía notar la terrible malignidad y el inmenso odio que rezumaban de él.

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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]    24th Mayo 2017, 12:27

La piedra se abrió para ella del mismo modo en que lo habían hecho las puertas de Atlantis.

Elissa notó la demasiado familiar sensación de ingravidez, como si la gema albergara en su interior un vasto subconsciente, un alma, una presencia. Había entrado, a ciegas, probablemente sin haber sido invitada. Sintió un breve pero punzante temor. No había esperado encontrarse dentro. ¿Sabría encontrar el camino de vuelta?

¿Éste es... Arión...?, pensó, confusa.

El paisaje que la rodeaba era caótico, salvaje, poblado de pensamientos que escapaban a su comprensión. No se parecía en absoluto a las ruinas que había contemplado en el subconsciente del atlante. ¿Podía ser su yo de la piedra tan distinto a él? ¿Tanto cambiaba una persona con el paso del tiempo?

Caminó entre los retazos, procurando no tocarlos, tratando de situarse en aquella oscuridad. No pudo sino reparar en las muchas veces en que los ojos de una bella mujer le devolvían la mirada. Sabía quién era; también estaba en los recuerdos del Arión que ella conocía. Majistra, su madre, tan bonita como venenosa... La misma que había ordenado torturarlo.

Y, como respondiendo a aquel pensamiento, también empezó a ver imágenes del atlante, todas crueles y teñidas de sangre. La incertidumbre que ya aleteaba en los márgenes de su mente se hizo más corpórea y tangible. ¿Por qué guardaría el propio Arión aquel tipo de recuerdos, de deseos, hacia sí mismo?

No puede ser él..., se dijo. Pero entonces, ¿quién?

Caminó, titubeante, en la única dirección posible, y entonces encontró la estatua y el altar.

- Ο ευγενικός Απόλλων - musitó, como si el dios del sol y la música pudiera protegerla.

No estaba sola. Alguien la seguía con la mirada, y llevaba mucho rato haciéndolo. Sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando sus ojos se encontraron con los de aquel ser, y dio un paso atrás cuando el demonio tomó forma ante ella.

- Alto, pequeña maga -dijo, autoritario-. No deberías estar aquí.

El temor se afianzó en la boca de su estómago. Se sintió pequeña y desprotegida, sin ninguna posibilidad de sobrevivir a su encuentro con aquel ser deforme. Su poder latía en la oscuridad, como un corazón hecho de tinieblas.

- Aceptad mis disculpas - Psique habló con aquella tonalidad etérea y que acompañaba a su proyección astral, mientras se inclinaba en señal de respeto. Reconocía a aquel ser como algo más fuerte y antiguo que ella. - Debo de haberme extraviado. Esperaba encontrar aquí a... - recordó las imágenes de Arión siendo torturado: aquel ser lo conocía, sin duda, y no lo apreciaba. En cambio, si aquella estatua era indicativa de algo, sentía veneración por su madre. - ... un antiguo atlante, a quien tal vez conozcáis.

Se aseguró de decirlo con la debida humildad. No quería ser atacada ni expulsada hasta saber qué estaba ocurriendo allí.

- Me llaman Psique... - se presentó, con suavidad. Era el nombre de su máscara, no el verdadero. Si algo sabía de las historias, es que no podía ir por ahí diciendo su nombre verdadero a entes tan poderosos como aquél. Y, sin embargo, aquella palabra era la que mejor definía a su yo de ahora. A veces, Elissa tenía la sensación de que ella y Psique eran dos personas diferentes - He llegado hasta aquí mientras buscaba respuestas.

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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]    28th Mayo 2017, 01:09

El demonio la observó con una mirada tranquila, escalofriantemente calculadora y calmada. Habría sido imposible saber qué se le pasaba por la cabeza.

- ¿Y qué respuestas son esas, niña? -inquirió con suavidad, manteniendo las distancias con respecto a Elissa.

- Sin duda sabéis que Arión me trajo aquí sin que yo lo pidiera -respondió la muchacha sin achantarse-. ¿Sois su aliado o su enemigo?

Durante un instante la miró con aquellos ojos rojos penetrantes que parecía que pudieran traspasarla hasta el alma, como si la estuviera evaluando.

- Sin duda ya conoces la respuesta a esa pregunta, pequeña maga -replicó entonces, en el mismo tono calmado. Elissa había sido testigo de sus deseos de venganza, no tenía sentido negarlo-. Pero quizá no conozcas el por qué. Oh, sin duda Arión te habrá contado su versión de la historia... Deja que yo te cuente la mía: Majistra era una mujer maravillosa, muy pocos llegaron a conocerla en profundidad. Yo lo hice, y me enamoré de ella. Juntos concebimos un hijo, Garn. Cuando Caculha lo descubrió, a ella la apartó de su lado y a mí me encerró en una prisión mágica durante 100.000 años, por el único delito de amar a su mujer. Años más tarde, Arión la mató, cuando yo no podía hacer nada para evitarlo. La mató. A su propia madre -enfatizó, con el odio ardiendo en sus ojos color sangre-. Y yo no pude hacer más que contemplarlo con impotencia desde mi prisión.

El demonio había optado por decir la verdad... a medias. Sí, había amado a Majistra, pero lo que no le estaba contando a Elissa era que había sido él quien la había corrompido, apartándola del sendero de la luz para adentrarla en las tinieblas. Él había llenado su cabeza con deseos de poder y gloria, convenciéndola de que podía tener cuanto quisiera. Había sido por su causa que Majistra había llevado a cabo el ritual que le permitiría encumbrarse a sí misma como diosa a costa de la destrucción del planeta, y había sido por tanto la causa indirecta de su muerte, pues aquella había sido la única manera que Arión había tenido de detenerla. Pero aquello no suponía diferencia alguna para él; Siempre culparía a Arión por lo sucedido.

- ¿Por qué estáis trabajando con él entonces, si tanto le odiáis? -inquirió entonces la hechicera en un tono completamente neutral, sin mostrar un posicionamiento claro hacia ninguno de los dos.

- No estoy trabajando con él -fue la respuesta-. Vine aquí para matar al Arión que estaba aquí atrapado, y después mi esencia quedó vinculada a la gema y ahora no me es posible abandonarla.

- ¿Y por qué no habéis matado entonces al Arión que aún sigue ahí, al otro lado de la piedra?

Muchas preguntas. Demasiadas para ser una simple mortal. Por fortuna para Elissa, el Demonio del Mundo Oscuro era un demonio paciente. Había permanecido cautivo durante 100.000 años; después de eso, bien podía soportar unos minutos de interrogatorio de alguien que no suponía ninguna amenaza para él. Además, era un manipulador; hablar se le daba bien. Y, por supuesto, también mentir.

- Porque no puedo -mintió-. Mi consciencia ha quedado vinculada a ésta gema. No me es posible influir en el exterior.

Al demonio le convenía que Elissa pensara que lo que estaba haciendo Arión era lo correcto, pues ésa era exactamente su venganza. Matarlo no habría sido suficiente, no. Él quería detruir toda la pureza y la bondad de aquél maldito corazón bendecido por los dioses. Quería hacerle daño a Caculha, que le había confinado en aquella prisión durante 100.000 años, pero Caculha estaba muerto. ¿Qué mejor forma de vengarse de él que destrozando todo cuanto se había esforzado tanto en construir? Su hijo había sido lo que más amaba, y su labor como Salvador había sido profetizada por él. Ahora, todo aquello sería destruido. Su legado. Y no quedaría nada. Nada.

Pero para que su vendetta pudiera culminarse, Elissa tenía que apoyar lo que Arión estaba haciendo. Evidentemente no podría convencerla de ser su aliado, pues había visto el odio que albergaba su corazón, pero podía conseguirlo indirectamente, de otra manera...

- Por favor, no le digas nada o me destruirá. No puedo suponer ninguna amenaza para él desde aquí, y yo a cambio podría proporcionarte aquello que más deseas...

El demonio señaló hacia su espalda y, cuando Lissa miró, lo que vio la dejó sin habla. Nunca había llegado realmente a conocer a su padre, pues las había abandonado a su madre y a ella cuando era muy pequeña. Y, sin embargo, supo sin ningún género de duda que el hombre alto, castaño y de ojos claros que la contemplaba con ternura y cariño era él.

- μικρό μου -dijo abriendo los brazos hacia ella-. Έχω περίμενε τόσο καιρό για αυτή τη στιγμή ... *




*Mi pequeña... He esperado tanto tiempo para éste momento...

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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]    Ayer a las 14:53


El ser no trató de ocultar el odio que sentía hacia Arión. En lugar de eso, pareció abrirse a Elissa. Le habló de la madre del atlante, la bella Majistra, cuya solemne estatua se erguía sobre ellos y los cubría con su sombra. Sus palabras estaban cargadas de un dolor y de una pasión auténticas, y Psique sintió lástima por él.

Pero aún recordaba el escozor de los latigazos en su propia espalda. Un hijo no debe matar a su propia madre… Y una madre no debe torturar a su propio hijo.

-Lamento oír eso... -dijo, y era cierto. No podía ni empezar a imaginar cómo se sentiría ella encerrada cien mil años en una prisión. Su experiencia en Belle Rêve podía servirle de guía, pero era como comparar la llama de una cerilla con el corazón del Sol.

El ser reconoció entonces que era prisionero de la gema, y que no podía hacer nada contra el Arión que estaba en el exterior.

- Por favor, no le digas nada o me destruirá. No puedo suponer ninguna amenaza para él desde aquí, y yo a cambio podría proporcionarte aquello que más deseas...

¿Le estaba pidiendo que guardara su secreto? No, estaba comerciando, pactando, ofreciendo algo a cambio de permanecer oculto a los ojos de Arión. ¿Por qué, si lo que su subconsciente gritaba a las claras era su deseo de venganza? ¿De qué le servía aquella posición sumisa e impotente, con su enemigo tan cerca? ¿No debería haberle pedido algo distinto, tal vez que lo liberara? Las piezas no encajaban, y Psique supo que debía tener mucho cuidado. No debía mover más fichas a ciegas en aquel tablero desconocido, porque no sabía dónde se estaba metiendo. Decidió que no aceptaría el regalo.

-No hay nada que... -empezó, pero entonces, el prisionero de la gema señaló a su espalda, y ella se volvió.

- μικρό μου -dijo el hombre, en fluido griego-. Έχω περίμενε τόσο καιρό για αυτή τη στιγμή...

-Πατέρας -susurró, con un hilo de voz.

Había entrado en aquella gema para encontrarlo a él, y allí estaba. Su rostro le recordaba a la fotografía que Elysia le había mostrado de su propio padre: tenía la misma sonrisa, y se le formaban las mismas arrugas alrededor de los ojos cuando la esbozaba. Parecía joven y era muy alto, como si aún lo viera desde el punto de vista de una niña.

Una parte de ella quiso correr a abrazarlo, y la otra se quedó enraizada al suelo, como Dafne al convertirse en laurel.

Tal vez fue la presión a la que había sido sometida los últimos días; tal vez fue el hecho de encontrarse en aquel mundo con reglas distintas… los deseos contradictorios tiraron de ella en una y en otra dirección, hasta que la desgarraron de forma literal, o eso creyó. Sentía un dolor sordo en el cuerpo, un dolor que mudó el rostro siempre impasible de Psique en una mueca de sufrimiento.

-Ψεύτης - “Mentiroso”. La acusación brotó de lo más profundo de ella, y fue pronunciada por la voz de su adolescencia. - Πού ήσασταν όλοι αυτή τη φορά; - “¿Dónde estuviste todo este tiempo?”

Patroklos no respondió de inmediato. Seguía sonriendo, como en aquella fotografía gastada que hablaba de la vida de Elysia, no de la suya.

No de la suya.

Algo iba mal. Algo no funcionaba en aquel rostro desconocido, vacío de nitidez, desdibujado e impreciso. Elissa se volvió hacia el ser que le había mostrado a su padre; confusa, asustada; luego, sus ojos regresaron a Patroklos. Una sospecha había anidado en su pecho, pero no quería que se reflejara en su expresión; todavía no.

-Πες μου τι συνεβη - “Cuéntame qué ocurrió”, suplicó.

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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]    

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[Minievento] El tiempo en sus manos - La Ciudad de la Puerta Dorada (Elissa Stavridis) [17/03/2019]
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