Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.

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Hellboy
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MensajeTema: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   25th Junio 2016, 08:43

Viene de aquí.

La expedición cruzó el enorme marco de madera con forma rectangular que hacía las veces de entrada o salida de la aldea. Estaba hecho de madera tallada y tenía varios dibujos y símbolos grabados en él. Unas largas tiras unían sus extremos superiores con los edificios colindantes y de ellas colgaban un montón de banderas de colores con forma triangular. El sol brillaba con fuerza, haciendo que los millones de pequeños copos que había acumulados en algunos trozos de nieve brillasen como una bola de discoteca blanca. Zentin les indicó que les siguiese con un movimiento de mano, valiéndose de un cayado que llevaba más por costumbre que necesidad. Abe y Liz iban inmediatamente detrás y luego el resto de la comitiva, con el agente Coblet cerrando el grupo. Este estornudó sonoramente y se limpió la nariz con la manga. Abe aún estaba conmocionado ante la posibilidad de visitar un lugar sagrado y mágico, oculto al resto del mundo durante milenios. Y si realmente era cierto lo que el señor Williams había dicho y en el corazón de la ciudad se hallaba la fuerte de la eterna juventud no sabía qué podrían encontrar. Tal vez hubiese algunos habitantes todavía viviendo en aquel lugar. Fuera como fuese lo único que podían hacer de momento era especular, al menos hasta que encontrasen lo que realmente había en aquellas cavernas.

- ¿Crees en lo que ha dicho ese hombre?-

- ¿Te refieres a si creo que existe tal ciudad? Bueno, la experiencia nos ha mostrado que en muchas ocasiones cosas que creíamos imposibles han resultado luego ser reales, así que por qué no iba a ser real esta vez?- Seguramente fuese una de las cosas más raras a las que el B.P.R.D se había enfrentado a lo largo de su vida, pero después de que Hellboy les hablase de sus viajes, y de historias como lo que vivió en África* cualquier cosa era posible. El agente azul se giró hacia el resto del grupo, con una sonrisa en los labios.- ¿Vais bien? Recordad que si necesitáis parar no dudéis en decirlo. Esto no es una carrera.-

- यहाँ । बायाँ ।- Liz frunció el ceño, pero como a las palabras del serpa les acompañó un señalamiento con el dedo supuso que se refería a que debían seguir por ese camino. Tomaron el sendero de la izquierda en la bifurcación. El entorno cada vez se llenaba más de nieve, aunque de momento el camino de tierra estaba despejado. Los árboles desaparecieron rápidamente, quedando tan solo arbustos a los lados del camino, así como rocas que sobresalían del manto blanco como espolones de barco en el mar. Las huellas del grupo decoraban la rojiza tierra y una brisa bastante fresca les golpeaba la cara. Estarían a unos veinte grados bajo cero, pero gracias a los equipos resistían bien el frío.

- Si alguno tenéis frío decidmelo para que os caliente.- Liz guiñó un ojo al grupo mientras una llama azul bailaba en su mano. Encontraron un par de rocas talladas y apiladas que indicaban que el camino seguía por ahí, ya que una vez la nieve había cubierto todo era complicado saber por dónde debían tirar. Zentin les indicaba por dónde debían seguir con palabras en nepalí que ninguno, ni siquiera Abe, podían entender. A lo sumo las interpretaban por los gestos que el hombre hacía. Y así, tras una caminata de una media hora, la nieve ya había cubierto por completo todo su alrededor, el viento era más desagradable, golpeando la cara como miles de pequeñas cuchillas pero sin llegar a hacer herida, y el hombre señaló a lo alto. Allí, a unos cincuenta metros de altura pudieron ver lo que parecía una entrada en la ladera de la montaña. Unas escaleras tan verticales que casi era como escalar un muro aparecieron talladas en la roca, dándoles una poco calurosa bienvenida, en todos los sentidos. Escalar eso iba a ser una verdadera aventura. Abe ordenó que todos sacasen sus arneses y una vez estuvieron bien atados y amarrados, el serpa comenzó el ascenso. Indicó a la gente dónde debían apoyarse y agarrarse, dando un par de golpes con el pie para dejarlo bien claro. Aquello sin duda iba a ser una escalada complicada.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   26th Junio 2016, 13:34

- Ya que te ofreces, ¿puedes encenderme éste pitillo? Si me quito los guantes se me caen los dedos.

Mientras Liz le encendía el pitillo, John se quedó mirando la llama como inmerso en un sueño separado del tiempo y el espacio, y no dejaba de repetirse el mismo nombre una y otra vez: Shambhala.
Si uno busca en google maps el nombre de Shambhala, lo primero que suele salir es una ubicación en España, concrétamente cerca de Tarragona por una popular montaña rusa de un parque de atracciones llamada "Shambhala: viaje al Himalaya". Claro estaba, ni estaban en las costas mediterráneas ni hacían cola para subirse a la atracción.
Pero John no estaba pensando en la atracción de Port Aventura, no. Estaba pensando en la leyenda de Shambhala. ¿Realmente era real? ¿La ciudad perdida? ¿La fuente de la vida? ¿Y por qué no? Como había dicho Abe. John había visto cosas que tan sólo salían en los libros de fantasía y se había enfrentado a demonios sedientos de su alma y cuerpo. Había visto cosas que harían a uno volverse loco y, ¿acaso no lo estaba ya el propio inglés? Porque, recapitulemos: se había embarcado en una misión hacia el Himalaya con la premisa de encontrarse con la propia Muerte en una ciudad de leyenda. Si se lo contase a alguien, lógicamente lo tacharía de loco y lunático.

Con el cigarrillo encendido volvió al mundo real, y se giró hacia Garnet por si quería usar su cigarrillo para encenderse uno. Y con eso tenemos otro punto al que no paraba de darle vueltas John: la pelirroja. Todo aquel que conozca mínimamente la larga historia del inglés sabía de sobras el destino que le deparaba a las mujeres que decidían acompañarlo o ayudarlo. O muertas o peor aun, hechas mierda. Destrozadas para siempre. ¿Sería aquel un buen momento para decirle que se largara? "Qué tonterías estás pensando, John. Si, dile que se vuelva a Nueva York habiendo llegado hasta aquí. ¿Qué crees que dirá? ¿Gracias y nos vemos mañana? La has traído contigo, o mejor dicho, ha venido contigo, así que apechugo John, y por lo que más quieras, no la cagues ésta vez".
Y para rematar la faena, estaba esa chica morena de las otras veces. ¿Cómo era su nombre? ¿Dalea o algo así? Lo que tenía claro John era que si esa chica estaba allí, no sería como "parte del grupo". Habían tenido sus más y sus menos, pero John la había "conocido" lo suficiente como para saber que no era trigo limpio. "Entre trileros nos saludamos".

La nieve se acumulaba bajo sus pies y alrededor. Era como si la propia montaña quisiera tragarse al pequeño grupo que ascendía sin detenerse. John dejaba que el cigarrillo se consumiera poco a poco en sus labios y la ceniza cayera por si sola. Ni muerto se quitaba los guantes sólo para quitarse el pitillo de los labios... Ni muerto... Eso tuvo gracia e hizo que se acordara de algo.

- Puede que ésto llegue algo tarde pero, espero que la Muerte que nos encontremos sea la Muerte que conocí hace mucho tiempo. Una chica muy agradable. No como su hermano...

Llegaron así hasta un punto donde les era indispensable escalar para seguir. John miró lo que tenían por delante y casi se tragó su cigarrillo. En momentos de vida o muerte se había visto colgando de rocas y peñascos, y gracias a la bendita adrenalina no le aflojaron las piernas ni las manos. Esperó que aquello fuera igual.
Se ató bien el seguro, los arneses, y cuanto más lo pensaba más rápido le latía el corazón. En menudo lío te has metido, John. Echó un vistazo a su pupila, recordando el cuerpo entrenado que tenía bajo tantas capas de ropa y de alguna forma, se tranquilizó. "Aquí no será, John. Tenlo seguro".

Cuando fue su turno, empezó a seguir al guía, y con el primer pie un trozo de su agarre cayó al vacío. De la impresión y el susto se agarró con fuerza a lo primero que tuvo cerca de sus manos y vio como su cigarrillo desaparecía en la nada.

- Hubiera preferido la montaña rusa... - se dijo a si mismo, y emprendió la marcha de nuevo.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   26th Junio 2016, 15:23

En contrapunto con el carácter serio y precavido de la expedición, yo me encontraba enérgica y feliz. Hacía un frío impresionante, eso era innegable, y no estaba acostumbrada a llevar tantísimas capas de ropa, por lo que a menudo me sentía torpe al moverme por la nieve. Pero las noticias de Shambhala hacían brillar mis expectativas. No porque tuviera idea de lo que era ni hubiera nunca oído hablar de dicha ciudad. Si no porque las palabras Legendaria ciudad, así juntas, me hacían fantasear con grandes ruinas repletas de tesoros por los que museos y otros ricos podridos de pasta podían pagarme maravillas. Y ya que ShadowPact no iba a pagarnos por ir perdiendo el culo por salvar al mundo, no me venía mal la perspectiva de tener algún beneficio por el camino.

Nos indicaron cómo iban a separar los dos grupos y sonreí socarrona a John, sin sorprenderme en absoluto que nos tocara ir juntos. Sin embargo el inglés parecía distraído en sus propios pensamientos como para hacer caso a ninguna de las atenciones que yo le dedicaba, así que me limité a darle algo más de espacio y empecé a ojear a la gente con la que iba a acompañarnos, que básicamente eran el pescado, la chica que parecía poder controlar el fuego - cosa que me incomodaba, reavivando recuerdos de otra persona con control de dicho elemento y a quien guardaba cierto rencor personal -, la muchacha morena que había venido a nuestro encuentro al aterrizar, y el propio John.

Iniciaron la marcha guiados por el tal Zinte, quien no hablaba ni pizca de inglés y se comunicaba en su propio idioma, a veces acompañando las indicaciones con gestos. Dejamos atrás los bosques y los arbustos, hasta el punto de caminar por un eterno manto de nieve, con un frío que parecía abrasar la piel de nuestras mejillas. Casi me planteé hacer uso de mis poderes para intentar protegerme de aquel tiempo hostil, pero sin saber lo que nos podía esperar más adelante, me parecía una manera absurda de cansarme y malgastar mi tiempo. Así que apreté los dientes, e intenté racionar el alcohol que llevaba en la petaca con tal de no acabarlo todo en un absurdo intento de entrar en calor.

John le pidió a Lyz que le encendiera un cigarrillo, y les contemplé distraída, hasta que John se acercó para ofrecerme que me prendiera uno. Le sonreí, agradecida de que se hubiera acordado de que yo también estaba ahí. Coloque el tubo sobre mis labios y me acerqué a él hasta que los extremos se tocaron y juntos dimos una calada, él para prender el suyo, yo para encender el mío. Al enderezarme, ahora con el cigarrillo dandome una agradable dosis de nicotina, tendí un brazo para darle una breve caricia a John en el brazo, a modo de agradecimiento.

John comentó entonces haber conocido previamente a Muerte. O otra muerte. ¿Cuántas muertes había?

Igual le caíste en gracia y por eso no te haces viejo.

Entonces llegamos al primer tramo verdaderamente complicado del viaje. Contemplé la subida desde los pies, y una vez más estuve tentada a subir haciendo “trampas”. Pero el mismo motivo que me retuvo antes, me paró una vez más. No sabía qué podía encontrar en la cima, y mi poder no era ilimitado, así que antes que arriesgarme… Decidí intentar ser legal. Até el arnés entorno a mi cuerpo, y seguí al resto pared arriba. Aunque en lugar de seguir los pasos del guía yo preferí subir un poco a mi rollo, para poder llevar mi propio ritmo. Era probable que me hiciera parecer temeraria, pero si hasta ahora no me ha importado lo que la gente pensara de mí, no iba a empezar ahora.

No llevábamos mucho tiempo escalando cuando escuché el sonido de la piedra al partirse y caer al vacío, y casi por inercia tendí el brazo hacia John, mientras él buscaba algo a lo que aferrarse. Su mano se cerró en torno a mi muñeca y la mía sostuvo la suya. Clavé mi mirada en sus ojos azules, sin poder evitar que se me viera el susto y la preocupación que por un instante se habían asentado en mi estómago. Intenté poco a poco convertirlo en una sonrisa, hasta que pudo colocarse en condiciones y soltar mi brazo.

Retiro lo dicho, John, te haces viejo. — Con mucho cuidado, y de nuevo mostrando una temeridad digna de cualquier imbécil desenganche el mosquetón de la cuerda en donde estábamos todos sujetos. Sentí algo de adrenalina corriendo por mis venas al saberme sujeta a la nada, aguantando al muro sólo con mi brazo libre y mis pies. — Pasa delante de mí, anda. Prefiero quedarme detrás, por si pasara algo. Si te caes, o si alguien más la caga, puedo pararles la caída.

Tal vez tendría que haber pensado eso antes. Podía quedarme la última para evitar la caída de otro compañero si la cosa se complicara. Pero no estoy acostumbrada a pensar en beneficio de los demás, más que en mi beneficio propio. Y a juzgar por la cara de John, no le hizo demasiado gracia que me descolgara. Arqueé una ceja, esperando a que pasara delante de mí, testaruda a salirme con la mía. Y cuando finalmente pasó de largo, volví a engancharme a la procesión de escaladores, siguiendo los pasos del resto a regañadientes.

En el fondo, lo había pensado más de una vez desde que hubiera empezado este viaje. Lo había pensado por primera vez tras la reunión de ShadowPact y era un pensamiento que a menudo se repetía y volvía a mi mente. Tal vez ahora que iba a jugar por un “equipo” me empezara a tocar aprender a seguir al resto, y a hacer las cosas como los demás. Y aunque el pensamiento me provocara fastidio, luego pensaba en Ruby.

Y, quien algo quiere, algo le cuesta.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   27th Junio 2016, 02:14

Respondió a Hellboy como solía hacer, de una manera lo bastante convincente como para mantenerle tranquilo y lo bastante vaga como para no revelar detalles innecesarios. Aunque, en esta ocasión, no tuvo que alejarse mucho de la verdad: Realmente, no estaba haciendo nada que debiera ser ocultado necesariamente. Tan sólo estaba descansando, aunque la asgardiana se dio cuenta nada más oír al demonio de que su descanso había sido interrumpido irremediablemente. Las pocas palabras que Hellboy le había dirigido a Dalae bastaron para llamar totalmente su atención. Los jinetes del Apocalipsis... Había oído, o más bien leído, muchas cosas sobre ellos. Peste, Victoria, Guerra y Muerte, nombrados por primera vez en la Biblia, y aún en la boca y la memoria de muchos, dos mil años después. Una especie de personajes que provocarían el Ragnarok tal y como lo habían imaginado los midgardianos: Único e irreversible. El final, sin día de mañana, al menos para las personas malvadas.

Como más tarde pensaría Constantine acertadamente, Dalae no iba a ser parte del grupo, pero eso no significaba que no fuera con ellos. Tras las explicaciones dadas en  la casa, ella ya había marcado la ciudad de Shambhala como un lugar interesante, y esa era la única razón por la que se había unido al extraño grupo. Y más aún, si en su interior aguardaba la misma Muerte. Tenía algunas preguntas que hacerle, si tenía ocasión... Aunque en el fondo, la joven la temiera tanto o más que cualquiera. Y la fuente de la Eterna Juventud también le convenía enormemente, aunque no la necesitara para sí misma. No sólo por la posibilidad de usar el agua que consiguera como moneda de cambio más adelante, sino por que no sabía cuanto duraría la vida de su hermana. Podía ser tan longeva como el resto de asgardianos... O consumirse como una mortal. Y quería la solución, si al final resultaba ser lo último. Ahora que lo pensaba... Resultaba extraño que Muerte hubiera elegido como lugar para aparecer en el mundo aquel, en el que se conservaba una de las maneras de huir de ella. ¿Tendría algún significado? ¿Lo había hecho adrede?

Siguió discretamente al primer grupo, ella no necesitaba preparación alguna. Durante el trayecto entre el poblado y las escaleras, se dedicó más a observar que a hablar, al menos en voz alta. El entorno, salvaje e inhóspito para algunos, aparecía ante sus ojos como una suerte de jardín del Edén blanco y gris, con una temperatura que contrastaba con el desagradable calor del interior de la vivienda en la que habían oído los detalles de la misión, si se la podía llamar así. -No, gracias. Creo que prefiero quedarme con el frío.-De hecho, ella ahora estaba en su hábitat natural. No necesitaba precisamente fuego cerca. Aún así, su voz sonó relajada, como si no tuviera importancia. Aunque a ella la idea de quemarse le diera un miedo atroz.

"-No me fío de ninguno de ellos."-Raden parecía mucho más molesto que su portadora. Seguía oculto en el báculo, que Dalae había reducido y guardado en su bota derecha. Prefería guardarlo como "sorpresa", por si las cosas se complicaban. Lo cual, bien pensado, no sería tan raro. "-Yo tampoco. Pero ¿Desde cuándo eso importa? Casi nunca estamos con alguien de fiar."-En ese momento, el guía al que nadie entendía se detuvo frente a una gran pared de roca, con muescas que parecían querer imitar unas escaleras. Y al final de ese camino vertical, una abertura en la roca, a la cual se dirigían. "-Ten cuidado."

Mientras el resto tomaba los arneses que habían traído consigo, Dalae hizo desaparecer la ilusión, revelando la armadura que llevaba puesta en realidad. Una espada a la espalda, varios cuchillos al cinto y algún frasco oculto en las mangas completaban su aspecto, muy diferente al que había mostrado en la aldea.

-Os veo arriba.-Sin más, hizo aparecer un par de alas de hielo en su espalda, y alzó el vuelo. Su forma recordaba vagamente a las de un pájaro, pero se molestó en cubrirlas con una ilusión para hacerlas parecer más "reales": No podía permitirse desperdiciar ese recurso, cuando apenas habían empezado.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   4th Julio 2016, 15:41

La pequeña expedición iba lentamente ascendiendo por la pared de la montaña, con cuidado de aferrase bien a la roca y el hielo. Zentin clavaba con fuerza los garfios por los que pasaba la cuerda para que tuviesen un buen sustento. Abe cerraba el grupo, arrancando como podía el metal de la roca para guardarlo y usarlo más adelante. El viento sopló con fuerza, llenando el costado de los presentes de nieve y golpeando sus rostros con copos de nieve que eran como cuchillas. El sol brillaba con fuerza. La joven maga ascendió flotando, dejando al resto del equipo colgando como una ristra de chorizos en la ladera de la montaña. Aunque la subida no era totalmente vertical, sí era muy empinada, y un resbalón podía acabar con quien cayese en el fondo de la montaña. Por suerte, lo que le pasó al inglés fue solo un susto y una piedra que cayó al vacío. Abe miró la piedra y luego a la pareja que hablaban entre ellos. La mujer se liberó de la cuerda un momento antes de volver a atarse después de que John la adelantase. Abe tenía ahora la vista del trasero de la pelirroja sobre él, y no pudo evitar sonrojarse ligeramente.

- Garnet, no vuelvas a soltarte de la cuerda. Es demasiado peligroso. Por favor.- Y arrancó con fuerza otro de los clavos que había metido el serpa, provocando que unos pequeños trozos de hielo saliesen despedidos con el tirón.

El viento les azotó con más fuerza a medida que subían, hasta que casi una hora después consiguieron alcanzar la base de unas escaleras que llegaban hasta la cueva. Zentin fue el primero en alzarse sobre el saliente, y ayudó a los demás a encaramarse a este. La primera fue Liz, quien se sacudió la nieve rodeándose de llamas y convirtiendo las manchas blancas en agua al instante. Dejó un par de surcos con los pies en el suelo causados por el fuego celeste. Alzó la vista ante una estatua rota que parecía vigilar aquel mirador. Se acercó a esta y limpió la roca con la que estaba hecha de nieve con un par de sacudidas con la mano. El paso del tiempo y la intemperie habían hecho mella en esta, rascando sus antiguos colores y dibujos, dejándola casi lisa. Medía unos cuatro metros de alto con la forma cilíndrica de una columna. Abe fue el último en encaramarse y se recolocó las gafas tras sacudirse las ropas.

- ¡Abe! ¡Por aquí!- Unas largas escaleras de piedra serpenteaban por la montaña hasta llegar a la cueva que habían visto desde abajo. Estaba ahora a tan solo unos cincuenta metros, y pudieron ver a la joven hechicera esperándoles. El nepalí volvió a ponerse el primero en la fila y subió los escalones con cuidado y agilidad. En cuanto pisó el primero Abe, el pie le patinó y tuvo que aferrarse a la roca para evitar resbalar. Liz frunció el ceño y se colocó la primera. Sus pies se convirtieron en dos botas de fuego y fue derritiendo el que cubría los escalones poco a poco. La roca quedó al aire, gris y mojada por el agua. Sus pasos levantaban una pequeña nube de vapor, como si tuviesen algún tipo de maquinaria. Tras un paseo de unos quince minutos llegaron a la entrada de la cueva. Era un arco de dimensiones colosales. Mediría veinte metros de alto más o menos y varios rayos de sol se colaban a través de enormes grietas y huecos que había en el techo. Las gigantescas estalactitas de hielo casi tocaban el suelo, afiladas como cuchillos. Aquella entrada parecía una enorme boca que les invitaba a convertirse en parte del menú. El nepalí dijo algo en su idioma y luego entró con cautela, dejando enormes huellas en el suelo de nieve, la cual llegaba por las rodillas a los mimebros de la expedición. Liz volvió a ponerse la segunda y fue abriendo un camino a través del blanco manto para el resto y así reducir el esfuerzo del resto. Abe miró al techo, entusiasmado con aquel lugar. Se volvió a la hechicera cuando el resto se habían ido y le susurró.

- Es posible que tu amigo pueda echarnos una mano si nos encontramos con algún peligro... No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo... Pero puedo sentir esta clase de seres... Cierro yo el grupo, ¿ok? Vamos, Muerte no debe estar lejos.- Avanzaron a través de la enorme caverna, con cuidado de donde pisaban, pues en un par de ocasiones un pequeño empujón a un montón de nieve provocó una mini avalancha que dejó ver una caída brutal hacia las profundidades de la montaña al lado del camino. Liz tragó saliva al verla y se asomó por el hueco. La caída era mortal. Unos cincuenta metros hasta el suelo donde afiladas rocas y estalagmitas les observaban en silencio. Agitó la cabeza y continuó la marcha hacia las profunidades de la cueva. El serpa frenó en seco y señaló hacia adelante, cuando todos alcanzaron la posición del hombre, pudieron ver qué había llamado su atención.

- Vaya... Esa debe ser sin duda la entrada que buscamos...-

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   4th Julio 2016, 16:58

Recién habiendo empezada la aventura, John ya había sacado algo en claro: odiaba escalar. La primera vez que una piedra se despegó de la montaña y casi hace que el mago se despeñe hacia el vacío había conseguido que el inglés tuviera los huevos de corbata. Fue pura suerte que su aprendiz pudiera sostenerle y que inmediatamente después le dijera que pasara él delante.

- Oye, si quieres mirarme el culo, no tienes que poner tu vida en riesgo - comentó John para sacarle hierro a la situación, aunque estuviera muerto de miedo.

Con la escalada John tenía la sensación de tener su vida prácticamente y literalmente en sus manos: a cada piedra que se agarraba, cada grieta o saliente donde apoyaba el pie y con cada empuje que realizaba para seguir escalando, sonaba como si fuera el último movimiento de su partida particular y que en cualquier momento su vida caería como si fuera un rey cualquiera en el ajedrez. El corazón le latía a mil por hora y tenía que apretar bien fuerte los dientes para no ponerse a gritar como un crío asustadizo. Se obligó a mirar hacia arriba, siempre hacia arriba, a despejar su mente de cualquier cosa que no fueran las rocas que tenía delante y a pensar de forma positiva. "Voy a llegar. Voy a llegar. Voy a llegar..." Dicho pensamiento prosiguió incluso cuando sus manos y sus pies, tras casi una hora de subida, por fin estuvieron sobre tierra firme.

La experiencia de la escalada lo había dejado tocado. Una cosa es enfrentarse contra una muerte segura ofrecida por un grupo de demonios encabronados y otra muy distinta era una muerte en una escalada: con la primera John tenía ventaja gracias a su inteligencia y astucia. Con la segunda era una cuestión de habilidad y pura suerte. El mago carecía tanto de lo uno como de lo otro, aunque a veces la suerte se disfrazaba con un manto negro y se reía de él.

Con el húmedo pasillo de Liz, llegaron hasta donde les esperaba Dalae y donde se alzaba un arco gigantesco, emulando la boca de alguna criatura gigante congelada por el frío de la montaña y el tiempo.

- El decorador de éste lugar se lo ha currado mucho. Casi siento el aliento en mi cara. - Se giró un momento para asegurarse de que su aprendiz estaba bien, y luego siguió al resto por el interior de aquella garganta de piedra y hielo hasta que el sherpa señaló otra entrada más arriba, y más majestuosa que la primera. - Pase lo que pase, estate siempre cerca de mí - le confió John a Garnet. - No sabemos lo que hay ahí dentro pero si nos encontramos con alguna trampa mágica puedo cubrirte, y lo mismo puedes hacer tú por mí si la trampa no resulta ser mágica. - Le estaba confiando su vida a Garnet, así mismo como le estaba pagando con la misma moneda a la pelirroja. Un quid pro quo se podría decir, o mejor visto, un buen equipo. Estaba seguro que Liz y Abe estaban acostumbrados a trabajar en equipo y no le preocupaba la maga que iba con ellos: ya había demostrado tener más de un as en la manga y que, sobretodo, parecía estar en su territorio. - Que nadie toque el timbre. A saber si hay mayordomo y si es de los que te sirven "galletas".

Entre dientes, John formuló varios encantamientos de protección: uno de detección en un área a su alrededor, y otro preparado por si tuviera que levantar un escudo. Mejor ir preparados. No era de los que utilizaba la magia diariamente así que debía darse cierto tiempo para prepararse.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   5th Julio 2016, 00:54

FDI:
 


En cuanto John bromeo queriendo alegar que mi intento de ser amable era el de poder alegrarme la vista mientras subíamos, me tomé toda la libertad del mundo en alzar una mano de la pared y darle una sonora palmada en el trasero, dejando ahí mi mano un instante para asegurarme de que no le hacía perder el equilibrio.

Entonces escuché una voz bajo mí y bajé la mirada para encontrarme con los ojos del hombre pez y… ¿Estaba sonrojado? Arqueé una ceja sin dejar de mirarle, preguntándome qué debía pasarle por la cabeza en ese momento. Luego me imaginé cómo debían ser las hembras de su especie, y cavilando en mis propias tonterías, proseguí la escalada. Al llegar arriba sentía los músculos en caliente por el esfuerzo, y el contraste con el frío del temporal era casi doloroso.

Intenté cubrirme las mejillas con disgusto, intentando en vano cubrir el frío que sentía. Contemplé con curiosidad a la mujer que había logrado volar hasta la cima, con la sombra de una sonrisa en la comisura de mis labios. Yo podría haber hecho lo mismo, pero había preferido guardar fuerzas para la aventura que nos esperaba. Pero eso no mermaba mi curiosidad para con la morena. Si primero había pensado que sería alguien normal y corriente, había tardado más bien poco en cambiar mi percepción de ella. Me permití contemplar su atuendo con calma. Era la primera vez que veía a alguien tan… cubierto en armaduras, fuera de la televisión. La caja tonta daba mucha información innecesaria y poco fiable, y en este caso también fallaba en recrear las armaduras reales. La verdad es que era hasta atractiva.

La armadura.

El camino hasta la entrada, no era demasiado más agradable, aunque la ayuda de la pirómana al ir descongelando y derritiendo la zona a su paso era de muy agradecer. Pese a que nos dejaban los bajos de los pantalones y las botas completamente empapadas de agua.

En cuanto estemos en seco… Voy a pedirte que me seques la ropa, Liz. No he llegado tan lejos para que me gane un catarro.

Cuando al fin nos disponíamos a cruzar el arco al santuario, volví a sentir la presencia de John junto a mí. Estaba acostumbrada a estar con el rubio en situaciones mucho más íntimas, y era la primera vez que nos encontrábamos de misión. Así que aunque normalmente me hubiera acercado a él, tal vez a robarle un beso juguetón “para la suerte”, esta vez decidí mantener un aire ligeramente más profesional, y me mantuve con una sonrisa tranquila en el rostro, sin hacer ademán de acercarme más de lo necesario.

- Pase lo que pase, estate siempre cerca de mí - Estuve a punto de reír y bromear, pero John prosiguió. - No sabemos lo que hay ahí dentro pero si nos encontramos con alguna trampa mágica puedo cubrirte, y lo mismo puedes hacer tú por mí si la trampa no resulta ser mágica.

Le miré en silencio, largo y tendido. No estaba del todo segura de si hablaba en serio o no. Eso me dejó desarmada durante un instante, en que mi semblante quedó libre de expresión. Asentí, con aire ligeramente ausente y volví a mirar hacia adelante, dirigiéndonos a la segunda entrada… De repente el lugar me hacía sentir pequeña. John, que hasta ahora se había mostrado más como el tipo solitario que no acepta ayuda, acababa de pedirme sinceramente que estuviera a su lado. Para protegerme. Para que le protegiera. De nuevo la noción de unos compañeros se me hacía ajena. Pero había trabajado con otra gente, si me pagaban por ello. ¿Qué tan difícil podía ser eso?

Claro, John… Cuenta conmigo. — Vale, había respondido tarde. Pero me pareció mejor idea decir algo que seguir quedándome callada. Todo esto era nuevo para mí y ahora de verdad empezaba a tener la sensación de que tenía que tomarme las cosas algo más en serio. — Oye, Liz… ¿Te importa? — Me señalé la ropa húmeda, siendo ahora todavía más consciente del frío.

Aunque lo hubiera dicho en broma, una parte de mí parecía tomarlo en serio. No me importa morir si es lo que espera de mí la muerte, pero me cabrearía un cojón y medio si fuera por una puñetera hipotermia.

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Dalae Darkle
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   6th Julio 2016, 00:45

El viento fluía sobre sus alas, casi transparentes bajo la luz del sol. Bajo ella, los otros miembros del equipo ascendían por la pared vertical. Dalae alcanzó a ver cómo uno perdía agarre y estaba a punto de precipitarse al vacío, pero no llegó a percatarse de quién era. Más adelante, había unas escaleras, que se aferraban en torno a la montaña, y constituían la última etapa del camino hasta la entrada de la cueva por la que debían pasar. Una vez llegó a la caverna, entró y se posó, deshaciendo las alas.

El arco tallado mostraba que ahí había habido algún tipo de civilización, aunque el interior apenas había sido alterado. Los enormes colmillos de hielo que pendían del techo no habían sido creados por nadie más que el tiempo y el agua, eso estaba claro, al igual que la mayor parte del paisaje. Sus pies no se hundieron en la nieve apenas, por lo que dejó tan sólo unas huellas muy poco profundas. No creía que nadie fuera a seguir el rastro: Aunque sus huellas eran leves, las del resto eran bien visibles. Más bien, lo hacía para moverse con mayor rapidez por el lugar. En un momento dado, Raden salió del bastón sin previo aviso. De su hocico salía un vapor helado, y parecía incluso más corpulento que de costumbre. Quizás sólo fuera impresión de Dalae, o quizás el clima lo había fortalecido, nadie sería capaz de asegurarlo. La cuestión es que el lobo blanco se puso a caminar sobre la nieve, buscando algo que pudiera ser de utilidad. Aún había tiempo: La asgardiana había ascendido muy rápido el comparación con la hora de escalada y el ascenso por las escaleras que esperaba a sus compañeros.

Dalae había ascendido volando principalmente por comodidad, y por que esperaba tener las circunstancias a favor en todo momento: Mientras se mantuvieran en un ambiente así de frío, corría un menor riesgo de agotarse. Raden encontró algunas otras estatuas enterradas en la nieve, pero ninguno de los dos supo leer lo que ponía en sus bases, ni interpretar qué significaban sus formas. Esperaban que eso les diera alguna pista de dónde se encontraban o a dónde se dirigían sus pasos, pero no encontraron nada más útil que un par de representaciones de lo que Dalae creyó que eran dioses midgardianos.

Para cuando el resto llegó, la hechicera les estaba esperando, sola, al final de las escaleras. Continuó por la caverna junto al resto, aunque bien alejada de Liz: No es que tuviera nada en contra de ella, era tan sólo que... Sus pies estaban cubiertos de llamas anaranjadas, a las que la asgardiana dirigió una mirada de sano temor antes de dejarla pasar primero. No tenía inconveniente en seguir el camino sin nieve que ella iba dejando, desde luego, pero siempre y cuando estuviera a una distancia saludable.

Aunque dejaba el camino resbaladizo y traicionero detrás de sí, y eso era algo muy poco deseable. Dió un mal paso, y estuvo a punto de resbalar y caerse, aunque logró recuperar el equilibrio. Vió por un segundo el precipicio a su lado, y decidió que le convenía no resbalar ni una vez más. Ya había caído así una vez antes, y tenía comprobado que no le daba tiempo a alzar el vuelo en plena caída. Y ahora, no tenía a Arión cerca para ayudarla a salir indemne de cosas como esa.

Seguía sin querer mostrar todas sus cartas, entre ellas a Raden, y quizás por eso lo que Abe le susurró la sorprendió tanto. -¿Cómo lo sabes?-Ella había esperado que notaran la magia helada del bastón, reducido y escondido, pero que estaba vivo... Más bien, que contenía un no-muerto... Francamente, no se lo esperaba. Pero Azul no parecía molesto por ello, sino más bien al contrario. Con expresión extrañada, la joven aprendiz asintió con la cabeza y se adelantó, dejando el último lugar en la fila para el hombre pez.

El inglés y la pelirroja también intercambiaron unas palabras, aunque la morena no alcanzó a oírlas. Pero podía imaginarlas. Seguramente algún consejo, algunas palabras de ánimo. Esa clase de cosas que los maestros dicen a sus aprendices cuando están a punto de enfrentarse a algo importante. El anillo de Loki, que se había quitado para no ser vista por él, pesaba como una piedra en uno de sus bolsillos cuando llegaron a la puerta.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   26th Julio 2016, 17:23

La comitiva rodeó una enorme columna de piedra a través de un pasillo que habían tallado. Su anchura era la de una enorme secuoya, y Abe estaba seguro de que habrían podido hacer un hueco en ella lo suficientemente grande como para que un camión lo atravesase. Allí había más luz, pero también era más peligroso el camino. Al final del pasillo había un camino que unía la columna con la entrada que presentaba varios huecos en él, producto del paso del tiempo. Era como caminar sobre un delgado muro con una caída de unos cincuenta metros. Zentin fue el primero en cruzarlo, pidiendo con gesto al resto de la comitiva que esperasen. Caminó con cuidado por el delgado pasillo hasta llegar al otro lado sin demasiados problemas. Tendría un metro y medio de anchura, pero en cualquier caso imponía bastante. Liz se giró cuando la pelirroja la llamo y tras cubrir sus manos con unas llamas azules secó todo lo que pudo los ropajes de la otra mujer. Ella fue la segunda en cruzar, y poco a poco todos lo fueron haciendo, quedando Abe en último lugar de nuevo.

Tras cruzar la puerta llegar a una gran sala con forma elipsoidal, donde pudieron ver lo que parecían varias entradas. En cuanto contaron vieron que eran seis si incluían por la que acababan de pasar. Una en cada extremo de la sala y dos a cada lado. El serpa les llamó al centro de la sala, señalando un mapa que tenía en las manos. Abe se acercó y miró el papel que le señalaba el hombre. Ahí estaba dibujada la sala con todas las entradas menos una. Por desgracia, a diferencia de en la realidad, en el dibujo la sala era circular, de manera que era difícil saber cuál era la salida correcta. En el mapa había dibujadas calaveras en todas las salidas menos en una que tenía una especie de fuente o algo así. Debajo de las puertas había varias escrituras en un idioma prácticamente imperceptible. Zentin explicaba a Abe algo mientras señalaba las entradas y este se frotó la cabeza intentando pensar. Podía entender palabras sueltas de ese mapa, pero no todo a la perfección. El hombre parecía sí saber qué ponía, aunque no le entendía a él tampoco del todo. Sacó entonces un pequeño libro de su cinturón y comenzó a ojearlo, comparando lo que encontraba en él con lo que ponía en el mapa. Se mordió el labio un par de veces y negó con la cabeza.

- Abe, ¿va todo bien?-

- Si... Dame un segundo... Estoy intentando... Traducir esto... Es muy antiguo...-

- Tranquilo, no hay prisa... ¿Verdad?- Pero Abe no tardó mucho en suspirar y levantar la cabeza al resto del grupo.

- Vale, al parecer es una especie de acertijo... Hay unas pistas y debemos usarlas para descubrir el camino correcto... के यो एक पहेली छ भन्न ?-

हो, हो । यो बाटो खोज्न हल हुनुपर्छ। तर मृत्यु सावधान , अन्य नेतृत्व ।...- Abe asintió, y negó ligeramente con la cabeza.

- Solo hay un camino correcto, y para evitar saber cuál es la entrada por la que hemos llegado no está dibujada... Zentin dice, o eso creo, que los otros caminos llevan a la muerte... Pero estos símbolos... Es lo que no sé qué son...-

- ¿Eso no es brahmí?- Todos se volvieron al joven becario que llevaba los anticongelantes en una mochila más grande de lo normal. Se rascó la cabeza y se acercó a mirar el mapa.- Sí, es brahmí, o algo muy parecido... La profesora Corrigan me enseñó a leer un poco de nepalí antes de que viajásemos. El brahmí es como la lengua originaria de aquí, como el latín del que provenieron un montón de lenguas después... Hay algunas de estas palabras que conozco... Mira, esta por ejemplo significa "pez". Y esta otra "piedra"...-

Abe abrió mucho los ojos y comenzó a comparar lo que sabía con el joven. Liz alzó una ceja, sorprendida por que uno de los becarios se sacase de la manga conocimientos como aquel de repente. Asintió ligeramente mientras se cruzaba de brazos. Tras unos minutos los dos sonrieron y miraron al grupo.

- Vale, ya lo tenemos... A ver... "En un pequeño pueblo vivía una familia formada por el abuelo, la abuela, el padre, la madre y el hijo. Cada miembro tiene su propia casa y sus gustos. El abuelo vive en la casa de madera; la abuela tiene un perro; el padre bebe té; la casa de paja está a la izquierda de la de piedra; la persona que vive en la casa de paja toma licor; al miembro al que le gusta la primavera tiene un cuervo; al dueño de la casa de corcho le gusta el verano; el que vive en la casa de en medio bebe leche; la madre vive en la primera casa; la persona a la que le gusta el otoño tiene un vecino con un gato; el miembro que tiene una vaca vive junto al que le gusta el verano; al que le gusta el invierno bebe manzanilla; al hijo le gustan todas las estaciones del año; la madre vive junto a la casa de barro; al miembro que le gusta el otoño tiene un vecino que bebe agua. Todos viven en armonía unos junto a otros, pero solo hay una casa en la que pueden dormir cuando llega la noche de los muertos, y es en el que tiene de mascota un yak... ¿Quién es el dueño de esa casa?"-

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   31st Julio 2016, 18:33

La respuesta de Garnet se hizo esperar. John le dedicó una sonrisa ladina como contestación y siguió la marcha sin aportar nada más. Conocía lo suficiente a su aprendiz como para saber lo que le pasaba por la mente, o al menos una aproximación, y en su mayor parte la comprendía y compartía. John Constantine no era famoso por ser un hombre de equipo, y se había labrado esa reputación a base de sudor, traición y lágrimas. Algunas veces se sentía un miserable. Otras un superviviente. Unas pocas las olvidaba para nunca volver la mirada atrás. Ir por tu cuenta era un camino solitario y parco, pero te asegurabas que ninguno de tus compañeros sería un peldaño en tu escalera de descenso hacia el infierno.

Y a pesar de eso, allí estaban.

Cuando Garnet pidió fuego a Liz, John se fijó más de cerca en los poderes de la morena, las manos de ésta y en la distancia que marcaba Dalae con la piromante, y aprovechó ese pequeño momento para observar el camino que tenían delante. Si eso había sido cortado por la mano del hombre podría asemejarse al trabajo con las pirámides. ¿Devoción? ¿Esclavismo? Y luego estaba la mítica ciudad. ¿Qué sería? ¿Una ciudad real? ¿Un portal? ¿Una metáfora? La curiosidad era una mala consejera para tomar decisiones, y aquel día estaba trabajando a toda velocidad y con todo lujo de detalles para cejar a sus víctimas con el delicado placebo que daba el deber. John empezaba a ver la misión de encontrar a la Muerte como algo secundario, y la visión de la ciudad se estaba haciendo más grande y más brillante. Y el inglés sabía lo que significaba eso. "Concéntrate John. No te desvíes. Ya sabes lo que pasa".

La marcha prosiguió, cruzando un estrecho y alto pasillo que desembocó a habitación mucho más grande con seis salidas contando la propia entrada. John chasqueó la lengua al ver dónde se habían metido.

- Ya empezamos... - Una sala. Varias salidas. Eso en un idioma universal solía significar "varias puertas, una única salida". El mago se cruzó de brazos buscando por las paredes si había algún tipo de inscripción que les diera alguna pista por dónde seguir, pero ésta vino por si misma.

Abe confirmó lo que John había supuesto, y la sorpresa llegó con la aportación de uno de los chicos de Rojo que al parecer sabía leer aquel idioma. Bien, eso iba a ser de grata ayuda. El mago esperó plantado donde estaba a que los tres se pusieran de acuerdo en traducir el mapa y, como no, les llegó un acertijo que tendrían que resolver si querían seguir adelante.

- Venga clase, formemos un círculo y pongamos manos a la obra. - John sacó una libreta y un lápiz. A diferencia del bolígrafo, el lápiz era mucho más útil en zonas con unas temperaturas tan bajas y además, con todo su trabajo como exorcista se le había quedado la manía de llevar un lápiz y una libreta consigo siempre. Gajes del oficio se podría decir. El inglés dibujó la sala y seis círculos, marcando la entrada que habían usado con una X para sacarla de la ecuación. - Entonces, tenemos una familia de cinco, con cinco tipos diferentes de bebidas, cinco casas, cinco animales y cinco puertas. Al hijo le gustan todas las estaciones así que se descarta a la hora de colocarlo según las estaciones. La madre vive aquí - el mago marcó la puerta inmediatamente a la izquierda de la entrada - por lo que sólo nos falta colocar los otros cuatro en sus casas. Si nos ponemos lógicos, el que bebe leche tiene que ser el que tiene la vaca o el yak, pero al ser un acertijo popular apostaría por la vaca...

John siguió hablando en voz alta, esperando que entre todos pudieran unir las piezas de aquel puzle para poder seguir con la expedición hacia la ciudad perdida y no perderse en el camino.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   3rd Agosto 2016, 01:56

Seguimos avanzando por aquel increíble lugar y no pude evitar caminar mirando el techo y las paredes. Había viajado bastante y tenido mis pequeñas aventuras, pero en estos últimos meses mis pasos me llevaban a sitios todavía más increíbles. Paris era hermoso, pero no se podía comparar a lo que te hacía sentir verte en un lugar tan antiguo y grande, que te sientes pequeño y fuera de lugar, como si no debieras estar pisando aquél frío suelo de piedra.

Finalmente llegamos a una sala ovalada, y nos vimos rodeados de puertas, y seis puertas y un acertijo. Uno de los chicos que nos acompañaba ayudó a desentramar su traducción y luego Abe nos ofreció la adivinanza.

Escuchamos en silencio y John fue el primero en romper nuestros pensamientos.

- Venga clase, formemos un círculo y pongamos manos a la obra. - Giré los ojos en blanco, dejando escapar un leve gruñido de desagrado ante la palabra “clase.” - Entonces, tenemos una familia de cinco, con cinco tipos diferentes de bebidas, cinco casas, cinco animales y cinco puertas. Al hijo le gustan todas las estaciones así que se descarta a la hora de colocarlo según las estaciones. La madre vive aquí - el mago marcó la puerta inmediatamente a la izquierda de la entrada - por lo que sólo nos falta colocar los otros cuatro en sus casas. Si nos ponemos lógicos, el que bebe leche tiene que ser el que tiene la vaca o el yak, pero al ser un acertijo popular apostaría por la vaca…

Me quedé en silencio contemplando las marcas de John… Y de nuevo pensé en el acertijo.

Espera… ¿Padre, madre, abuelo abuela e hijo? ¿Porque narices viven cada uno en una casa? Quiero decir, entendería los abuelos y los padres por un cada uno por su lado, dos y dos, incluso del hijo si es mayor pero, ¿porqué iban a vivir cada uno en una casa? Eso no tiene lógica. Que tampoco soy una entendida en temas familiares, pero si tan bien convivían todos juntos, ¿porque iban a tener cada uno una casa? Es que me parece absurdo, por no hablar ya del tema de las casas. Pudiendo construirlas todas de piedra y — durante dos segundos, dejé los labios levemente abiertos. Y de nuevo los cerré.

Tenía mil quejas, y razones de sobra para quejarme. Y todas ellas iban a contradecir la “lógica” que John había intentado aplicar al resolverlo. Pero me había prometido a mí misma que intentaría ayudar, que me esforzaría a trabajar en equipo. Y encima… Era John quien me había traído ahí. Era oficialmente su aprendiz, y no iba a dejarle bien visto que alguien a quien él había juzgado suficiente útil como para unirse a ShadowPact, se quedara de brazos cruzados quejándose de todo sin aportar… nada. Porque, hasta entonces, yo no había aportado nada. Podía al menos, intentar ayudar a resolverlo, ¿no?

Esta vez prendí el cigarro con mi propio mechero y contemplé todas las puertas, intentando imaginarme en ellas distintas texturas. Madera, Barro, Paja… ¿Piedra?

¿Puedes repetir el enunciado, Abe? — Miré al hombre pez fijamente, seria. Esperando poder volver a escuchar todas y cada una de las cosas que decían. — Si la del centro bebe leche… Queda descartada como paja, puesto que tiene que beber licor. Yo también la descartaría como casa de la madre, puesto que tiene que estar a la izquierda de la madre, y ella vive junto al barro. Como mucho podríamos asumir que la piedra es la madre, y a la izquierda — señalé la puerta con la mano. — paja. Aunque eso tampoco sería seguro. La casa a la izquierda de la madre podría ser piedra y la siguiente paja, dejando… corcho para la madre, puesto que madera corresponde al viejo. ¿Te parece que empecemos por aquí? — Me acerqué a John, dando una larga calada a mi cigarro e intentando embotellar el aburrimiento y el cansancio mental que me producía tener que pensar posibles soluciones.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   26th Septiembre 2016, 02:00

La vista se le iba de un rincón a otro de la enorme construcción por la que avanzaban. En cierto modo, aquel lugar le recordaba a Asgard... Aunque esas ruinas no tenían el brillo y la vida de la Ciudad Dorada, se adivinaba el mismo aire de grandeza y solemnidad en cada piedra. Quizás más, incluso, ya que aquella columna sin fin, al igual que el estrecho puente de más adelante, habían sido esculpidos por simples humanos, no por dioses. Dalae ni se imaginaba lo que tendría que costar aquello. En tiempo, en dinero... O incluso en vidas.

Caminó por la cuerda floja de piedra que cruzaba el abismo con aparente tranquilidad. Por dentro, estaba lista para hacer aparecer sus alas de nuevo si se caía: Cada vez era un poco más consciente de que aquello iba para largo, y había decidido empezar a ser más cauta a la hora de gastar sus energías. Cuando llegaron a la habitación de la encrucijada, Dalae miró los símbolos tallados con suspicacia. ¿En serio? ¿Un enigma? Creía que esa clase de cosas no pasaban... Al menos, no en la realidad. En las leyendas antiguas, había adivinanzas casi en cada rincón, pero la asgardiana nunca se había enfrentado a una situación así antes. Al parecer, las historias y la realidad estaban más cerca de lo que pensaba. Lo cual no era precisamente una buena noticia. Escuchó en silencio el acertijo que habían conseguido traducir, pensativa. Si ella hubiera construido aquel lugar, posiblemente solo hubiera dejado eso ahí para distraer a los posibles invasores de algo realmente importante. Pero estaban en Midgard y los hombres no solían ser tan retorcidos.

-Yo no creo tampoco que la casa en la que se bebe leche sea el yak... Suena demasiado fácil dejar la solución en algo así de lógico.-Miró a la pelirroja sin mostrar ninguna emoción. Hablando de cosas lógicas... -Es un juego solamente. En lugar de miembros de una familia, animales y todo lo demás podrían haber puesto números. Eso da igual, o eso espero.-Comentó, mientras se acercaba a la primera puerta. "-Raden... ¿Notas algo al otro lado?"

Adivinanza o no, le gustaría saber si había algo tras las puertas. Aunque sólo fuera por descartar alguna si detrás se veía claramente que había una trampa. Raden podía detectar olores como un lobo cualquiera, además de fuerzas mágicas... Y eso quizás podía ayudarles. Caminó cerca de las puertas, haciendo como si las examinara para que el resto no sospechara nada, salvo Azul, que parecía saberlo todo. Raden le diría mentalmente si había algo merecedor de ser tenido en cuenta. Cuando acabó, volvió a acercarse al grupo.

-Sea como sea... La casa de corcho tiene un dueño al que le gusta el verano. Y al lado tienen una vaca... Que quizás sea la casa en la que se bebe leche.-No estaba muy segura de esto último, sin embargo. Pero no les quedaba otra que hacer suposiciones. Miró por encima del hombro de Constantine lo que iba escribiendo en su libreta, para orientarse un poco. Dioses, qué poco le gustaban estas cosas.

Al cabo de un buen rato, durante el cual estuvieron discutiendo acerca de cuervos, primaveras, leche y abuelos entre otras cosas, llegaron a lo que parecía ser una conclusión más o menos lógica. -Entonces... ¿Creeís que es esta?-El dibujo de Constantine, lleno de tachones, mostraba al yak en la casa del hijo. Paja, licor, todas las estaciones, cuarto contando desde la madre. Era una respuesta un poco extraña, y sin ninguna lógica. Pero, a decir verdad, parecía la única posible. Volvió a repasarlo una vez más, como para asegurarse de que no se habían equivocado en nada. Miró con cierta cautela a su alrededor algo suspicaz. -La cuarta, entonces...

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   6th Noviembre 2016, 16:16

Mientras Abe recitaba el acertijo, tanto John como el joven becario dibujaron en sendas libretas un mapa de la sala, intentando colocar cada cosa que sabían con cierta lógica. El becario decidió hacer una pequeña tabla debajo del dibujo de la sala. Marcaron aleatoriamente la puerta que era la entrada, la cual quedaba descartada como una de las posibles opciones... A menos claro que prefiriesen desandar lo andado y volver por donde habían venido, olvidándose de cualquier ciudad perdida en mitad del Himalaya y regresando a sus cálidas casas. Pero aquel no era el plan de ninguno de los presentes, al menos no de los miembros del B.P.R.D. Llevaban un año con toda aquella aventura de los jinetes y por fin parecía que tenían la respuesta al alcance de la mano. Tan solo un último esfuerzo, y todas las respuestas llegarían, tal y como les había dicho el profesor Broom. Su aparición poco después de todos los sucesos de Guerra en Metrópolis fue algo que absolutamente nadie habría podido preveer. Su salud era crítica, y aunque su edad hacía que fuese más peligroso su tratamiento y cualquier intervención que tuviesen que llevar a cabo, mejoraba día a día. Lejos estaba ya de ese encorvado y casi helado profesor Broom que apareció aquella noche a las puertas de la base, pero todavía necesitaba algo de reposo. Un par de semanas y como nuevo. Volvería a andar sin bastón ni nada y a ayudar a llevar la organización mano a mano con Tom Manning como habían hecho durante tantos años. El mazazo más gordo se lo había llevado Rojo, quien todavía no podía creer que su "padre" estuviese vivo, allí, junto a él, recobrando la salud poco a poco. Abe hacía mucho tiempo que no le veía tan feliz, pero al mismo tiempo estaba de algún modo obsesionado con la salud y protección de su padre. No quería que le pasase nada malo, lo cual era comprensible, pero no debía olvidar sus tareas. Nadie podía hacer lo que él hacía por el mundo, ni siquiera tras la colisión, y tenía que recordar eso.

Como era de esperar, al principio un pequeño caos reinó entre los miembros del grupo, y Abe sonrió ante el enfado que mostró Garnet. Entendía perfectamente que no entendiese nada y que estuviese frustrada. No la culpaba. Ellos llevaban décadas enfrentándose a esa clase de contratiempos, peligros o situaciones. Sin embargo, fue Liz la que tomó la palabra. Abe lo agradeció, pues estaba intentando organizar bien el dibujo con el becario.

- Sé que no es fácil para ti Garnet... Para ninguno de vosotros. Estas cosas son el pan de cada día para nosotros, y sé que es raro cuando lo haces por primera vez... Y la segunda, y tercera... Lo que quiero decir es que te comprendo. Cuando yo entré en el B.P.R.D no era más que una niña asustada, y la primera vez que fui a una misión me sentí totalmente fuera de lugar. No entendía cómo podían existir criaturas como ogros o gnomos o esas cosas. Eso era cosa de cuentos de hadas. Y cuando entré en un templo lleno de maldiciones... Creía que me estaban tomando el pelo. No te fuerces a entender aquello que es ajeno totalmente para ti. Lo mismo digo por los demás, aunque sé de sobra que tú estás más metido en estos mundos John. Pero no debes frustrarte. Es comprensible, y es humano no entender estas cosas... Yo a la larga, después de muchos años he comprendido que hay cosas en este mundo que escapan a mi comprensión, y tengo dos opciones: aceptarlas o revelarme contra ellas. Hagas lo que hagas, que sea siempre lo que tú decidas y lo que creas que es lo correcto...- Su mirada era sincera, y empatizaba con la pelirroja. Ella siempre se había sentido un bicho raro, y por mucho que Abe y Rojo fuesen para ella una familia, no dejaban de ser seres mágicos y sobrenaturales. Ella parecía una simple humana, aunque lo que habitaba en su interior fuese algo mucho más agresivo, destructivo y peligroso. Y el B.P.R.D la había acogido como si fuese una más de la familia, como unos padres adoptivos que quieren y aceptan a la chica rara y distinta que han elegido, sólo porque saben que de algún modo esa persona tiene más potencial que nadie en todo el mundo. Guiñó un ojo a Garnet y luego arqueó las cejas.- Y por cierto, olvidaos de aplicar la lógica en estos acertijos. El que bebe leche podría ser perfectamente el que tuviese de mascota al cuervo. Esta clase de adivinanzas lo único que buscan es confundir a cualquiera que entre con ánimo colonizador o destructivo, y para guiar a los que vivían en esta ciudad. No guardan relación lógica. Podría tener relación tal vez con algún cuento popular, pero no intentéis pensar que el que bebe leche tiene que ser el que tenga el yak o la vaca. Como dice Dalae, podrían perfectamente haber sido números. ¿Tienes algo profe?-

Dijo refiriéndose a John tras su comentario de la clase. Durante media hora estuvieron comparando resultados, ideas, ocurrencias,... Todo lo que ayudase a corregir algo el mapa o cambiarlo. El becario tenía su propio mapa, y John otro distinto. Ambos parecían estar resolviéndolo de forma distinta pero intentado cubrir de la manera más eficaz todo lo que encontraban. Tuvieron que tachar y corregir muchas opciones, y volver sobre sus pasos porque uno de los tachones no debería haberlo sido. En estos casos nunca sabes a ciencia cierta si lo que has escrito o valorado será real o será mentira, al menos no hasta que lo compruebas. Al igual que en ciencias como la física o la medicina, la teoría estaba ahí, los cálculos estaban ahí. Ahora tocaba comprobar si daría resultado. La cuarta puerta, la casa del hijo era la que tenía al yak. Las pequeñas nubes de vaho abandonaban sus bocas con cada respiración, y podían asegurar que estaban mentalmente exhaustos, lo cual no tenía mucha lógica. Sólo habían resuelto un pequeño acertijo. Pero claro, no debemos olvidar que estaban a más de seis mil metros sobre el nivel del mar, donde el oxígeno es más escaso y las bajas temperaturas suponen un auténtico reto. Raden no pudo notar nada especial tras ninguna de las salidas. Era como mirar en cinco sacos vacíos. Por mucho que metieses la mano y la movieses por el fondo no aparecería nada por arte de magia. No era sencillo, pero todo cuadraba en el mapa. Abe levantó la cabeza hacia las puertas y señaló la que era la cuarta.

- Por allí... Todos estamos de acuerdo, ¿verdad?- La mano le temblaba ligeramente por el frío, y tras el asentimiento general, se dirigieron a ella. Azul seguía dándole vueltas al acertijo a pesar de que parecía claro. Hay que tener en cuenta que un fallo supondría la muerte del grupo, y en esos momentos él era el responsable. La decisión estaba tomada, era el momento de la verdad. Cruzaron el arco de la entrada, sumiéndose en una oscuridad que parecía ahogarles. La presión y la tensión era palpable. Oyeron un fuerte ruido. Un ruido seco y sordo que resonó por todo el lugar. Se quedaron helados en el sitio, sin mover ni un músculo. Y entonces todos lo sintieron al mismo tiempo. Un fuerte tirón en mitad del pecho, como si un garfio invisible les hubiese atravesado y les arrastrase al fondo de la gruta con una violencia y fuerza a la que habría sido imposible oponerse. El frío les golpeó la cara como un vendaval. Y entonces, un golpe seco. Todos estaban en el suelo. Se levantaron y miraron a su alrededor. A su espalda no había nada, tan solo oscuridad total. Abe se acercó un poco y volvió a sentir ese tirón. Cuando todo cesó estaba de nuevo en la entrada que habían elegido. Respiró entrecortadamente pero algo más consciente de la situación. De nuevo al final y otra vez el mismo proceso. Cuando volvió a aparecer los demás miembros del grupo estaban de pie, limpiándose el polvo de la ropa. Liz se acercó y le ayudó a levantarse.

- Es... Es un portal... Una especie de portal... Por eso no hay manera de ver...- Abe se calló casi al instante. Liz le miró a los ojos. Tenía la vista clavada al otro lado de la cueva, y la mujer se volvió para ver lo que había dejado sin habla a su compañero. Una enorme figura les observaba con unos brillantes y amenazadores ojos rojos. Tenía el cuerpo cubierto de un pelo grisaceo claro, con armas modernas y antiguas a sus pies, junto a algunos huesos raídos. Había ametralladoras, misiles, bombas y granadas, pero también  había espadas, hachas, escudos, armaduras... El ser sonrió mostrando unos grandes y amarillentos dientes. El hedor a podrido era bastante fuerte, y una de las cosas que notaron todos ellos fue el calor. Allí hacía calor. En el Himalaya, minutos antes estaban a menos de veinte grados bajo cero. Ahora la temperatura rondaba los treinta grados. La diferencia era de cuarenta grados de golpe. El sudor provocado por los ropajes gordos y la temperatura perló las frentes de los presentes, y el becario se quitó el abrigo, aún sin ser consciente del ser que les observaba.

- Madre mía, pero qué calor. ¿Se puede saber qué demonios ha...? ¿Va todo bien chicos?- Se giró lentamente hasta ver a aquel ser y se cayó al suelo del respingo que dio. Se alejó de la figura arrastrándose como pudo hasta estar a la altura de los demás. El ser se levantó, y pudieron ver su enorme tamaño. Mediría unos tres metros de altura. Era extremadamente musculoso, como ver a un gorila gigante. Se acercó hacia ellos lentamente hasta quedar a unos cinco metros de distancia. Las manos de Liz estaban llenas de llamas azules y sus ojos brillaban con fuerza. Tenía los dientes apretados, preparada para lanzar unas llamas que habrían derretido el acero sin dudarlo ni un segundo en caso de que el ser les atacase. Sin embargo, este comenzó a reír con una voz ronca y profunda, más todavía que la de Hellboy.

- Podéis estar tranquilos, no voy a haceros daño. Por suerte para vosotros he comido esta mañana... Sabía que veníais. Me lo dijo ella. Os está esperando. Sois... Distintos a lo que me esperaba. Ahora estáis en un lugar sagrado, y por tanto debéis ser respetuosos... Yo soy el guardián de este lugar. Si lo amenazáis no seré tan amigable y os mataré, ¿lo habéis entendido? Mi familia y yo llevamos defendiendo este lugar de amenazas desde hace más de dos mil años, y nunca nadie ha sido capaz de salir airoso de una mala decisión. Así que sed buenos niños y no me enfadaré... Y ahora, adelante.-


El enorme ser se apartó, estirando su brazo derecho hacia el final de la gruta, tras la cual una luz entraba con fuerza. Podían ver montañas y un claro cielo azul, completamente opuesto a las nubes que cubrían el Himalaya. Poco a poco fueron avanzando mientras el enorme ser sonreía. Algo les decía que no debían cabrear a un ser así, y era más que evidente que les habría arrancado la cabeza de un mordisco sin ninguna dificultad. Fueron quitándose la ropa hasta quedar en las camisetas o camisas que llevasen bajo aquellos abrigos. Se los colocaron a las espaldas o bajo el brazo, o en la mochila que llevasen. Abe llevaba una camisa negra térmica y unos pantalones gris oscuro. Su otro traje fue guardado en la mochila que colgaba de su espalda. Liz una camiseta de tirantes azul marino y una chaqueta fina y corta. Se encendió un cigarrillo con su propio fuego y le dio una calada. Zentin se quitó el sombrero con la boca abierta y los ojos casi fuera de sus órbitas ante la sorpresa y la majestuosidad de lo que se abría ante ellos. Cuando alcanzaron el final de la cueva se tuvieron que cubrir los ojos hasta que se acostumbraron a la luz. En cuanto lo hicieron y miraron ante ellos lo vieron. Una gigantesca ciudad hecha de piedra y oro en mitad de una jungla que llegaba hasta donde alcanzaba la vista. Unas enormes escaleras bajaban toda la ladera de la montaña desde donde ellos estaban hasta la entrada de aquel gigantesco lugar. Había un enorme puente que cruzaba un caudaloso río cuyas aguas resonaban por todo el valle. Había pájaros de todos los colores volando sobre ellos, cuyos cánticos y graznidos no se parecían a nada en belleza ni variabilidad de lo que hubiesen escuchado jamás. Era como una gigantesca orquesta que decoraba aún más si era posible la ciudad perdida que ahora se encontraba ante ellos.

- Jamás deberéis hablar de este lugar a nadie. No lo hagáis. Destruirían toda la belleza que aquí hay.- El ser les miraba desde el interior de la cueva sonriendo, pero con una seriedad palpable en aquellos ojos. El descenso comenzó lentamente, con todos los presentes sin creer lo que estaban viendo. Tocaron las enormes hojas de forma ovalada tan grandes como un coche, de un verde brillante. Los árboles llegaban hasta el cielo, llenos de monos que aullaban o cantaban entre ellos, saltando de rama en rama. Abe sonrió, admirando la belleza de aquella ciudad.

- Es... Es real...- Y no pudo regocijarse más al saber que una de las más famosas leyendas que existían desde el inicio de los tiempos se encontraba frente a ellos, tan real que lo podían tocar. En medio de la ciudad se erigía un enorme edificio con una cúpula del que salía un rayo de luz hacia el cielo. El rostro de Abe se volvió serio y asintió, mirando al resto del grupo.- Vamos, resolvamos esto de una vez por todas.-

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John Constantine
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   6th Noviembre 2016, 16:59

Por más tachones, garabatos y rectificaciones que hicieran en sus dos mapas respectivamente, John no dejaba de pensar en lo mismo una y otra y otra vez, como una letanía, un mantra o una canción de cuna. Se estaba convirtiendo en una obsesión para el inglés que no conseguía sacarse de su cabeza:

"¡PUTO YAK! ¡PUTO, PUTO YAK!"

Ese maldito Yak había conseguido que John perdiera los estribos en más de una ocasión. Cuando ya creía que lo tenía aparecía el Yak y se lo jodía todo. Daba igual dónde lo pusiera y con quién. Le jodía toda la ecuación y vuelta a empezar. Tuvo que ponerse junto al becario para comparar ambos mapas y así no tener que empezar desde el principio, ajustar las respuestas que les parecía que eran las correctas y hacerles un círculo, como si eso evitara que más adelante tuvieran que volver a tacharlo - "por el puto Yak"-.
Al cabo de... no sabían ni cuánto tiempo les había costado, parecía que todos habían llegado a la misma conclusión. La misma y jodida puerta, y Abe lo hizo patente. John se sentía cansado, agotado más bien. Su cuerpo estaba bien, pero su cabeza le palpitaba con fuerza y a penas podía pensar con claridad. La sensación era la misma que sentía un chaval que se había pasado varias noches estudiando sin parar ni dormir, o como si acabara de ejecutar un hechizo que necesitara de toda su concentración para no cagarla y de toda su energía física para materializarse. Era una sensación bastante jodida, pero al menos... al menos tenían una respuesta.

Que fuera la correcta o no sólo Dios lo sabía. Se iban a arriesgar a una carta. Si se equivocaban, bueno, no tendrían tiempo para preocuparse. Y para John, aquella sensación en su pecho, aquel tirón fue casi como un buen presagio. ¿Por qué? Por la familiaridad que sintió. El mago se permitió sonreír en aquel momento, cabalgando entre la felicidad y la locura, y su cuerpo fue arrastrado a través del portal.

Una vez al otro lado, besó el suelo sin poder desdibujar esa sonrisa victoriosa de su cara. Se giró, boca arriba, y todos pudieron escucharle reírse a pesar de que Abe no las tenía todas. Se quedó tirado simulando una cruz hasta que sintió el calor subirle por todo el cuerpo. "Nos ha trasladado a un lugar más cálido". Eso significaba que ya no estaban en la montaña nevada. A saber dónde estarían...
Poco a poco se fue poniendo de pie, empezando a desabrocharse el abrigo. Le echó una mirada a Garnet para ver cómo estaba y fue en ese instante cuando se dio cuenta del silencio tenso que se había generado en el grupo. Se giró poco a poco y-

"¡HOSTIA PUTA! ¡EL PUTO YAK!" fue lo primero que pensó.

La visión no era para nada tranquilizadora, con todas aquellas armas bajo la mole peluda que tenían delante, ni el hedor a podredumbre tan característico de las bestias carnívoras. Y aun así, se sentía... tranquilo. Su cabeza intentaba razonar con el resto del cuerpo diciéndole que eran unas pruebas, que tal vez aquella era otra y que les iba a dar otro acertijo...
Pero no: el yeti les comunicó que "ella" le avisó que vendrían. Ella... Sintió como toda duda se quedaba atrás, junto al gigante peludo mientras se adentraban en la ciudad perdida de Shambala. En su cabeza se repetía "ella" una y otra vez, y la cara de aquella chica pálida y morena le vino a la cabeza. Se guardó el abrigo en la mochila, así como la bufanda y los guantes, y se cargó la gabardina al hombro para no terminar de morir de calor.

- El portal debe habernos trasladado a otro punto del planeta. O eso o era un portal temporal y estamos en otro tiempo. Y si no es ninguna de las dos estamos dentro de la montaña y hay tanta magia a nuestro alrededor que ha convertido un clima gélido en uno selvático. ¿Cual os gusta más? - preguntó al grupo estando al lado de su alumna, casi como si intentara tranquilizarla si el viaje le había puesto la cabeza del revés.

Estaban en el paraíso. Lástima que su guardián les había advertido que si se pasaban, lo iban a lamentar. ¿Ni una foto de recuerdo? Eso no era justo...

- Hey azulillo, deja que vaya yo primero. Si es quien creo que es, tal vez le guste ver una cara conocida - le pidió John a Abe, adelantándose unos pasos. - Quién sabe. Igual nos invita a unos cuantos plátanos...

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Hailey Sullivan
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   7th Noviembre 2016, 00:56

Dejando de lado la ocasional intervención tocapelotas, y la bienintencionada predisposición inicial, en su mayoría dejé el acertijo para mis acompañantes y me limité a fumar, dando discretos tragos a la petaca de vez en cuando. Perdí la noción del tiempo mientras intentaban resolverlo, así que era difícil decir cuánto. Pero mucho. Demasiado. Fue un tiempo que se me hizo infinitamente largo. Cuando al fin decidieron avanzar por una de las puertas, tiré el cigarrillo al suelo y lo pisé hasta que dejó de arder, refugiando las manos en los bolsillos. Decisión que iba a lamentar en cuestión de segundos.


Cruzamos el arco de piedra, dejando tras de nosotros el acertijo del yak. Estaba jodidamente oscuro, demasiado, y justo busqué con la mirada a Liz, dispuesta a proponerle que encendiera un fuego o algo para ver por dónde nos movíamos que se escuchó… Algo. Me mantuve en silencio, agudizando el oído para intentar adivinar de qué se trataba cuando sentí como si una mano gélida se aferrara a mi esternón. Contuve las ganas de gritar, y para cuando quise hacerlo, golpeé la fría roca del suelo. Aspiré entre dientes, pero mis pulmones todavía estaban llenos de mi intento de hablar con Liz, así que terminé forzando una especie de jadeo. Caer, y el consiguiente golpe mandó un alegre aviso desde mis costillas a la punta de todas mis extremidades, recordándome felizmente un par de costillas fracturadas. Y obviamente, mis manos bien resguardadas del frío dentro de mis bolsillos no pudieron hacer nada para amortiguar dicha caída. Todavía en el suelo, me encorvé protegiendo torpemente mi propio cuerpo, y me mordí los labios con fuerza, negándome a gritar o quejarme delante de un grupo de desconocidos. Fui la última en levantarme, y lo hice malhumorada y dejando un brazo entorno a mi torso, por debajo del pecho. Y estuve a punto de blasfemar y quejarme de la peste que emanaba del lugar, pero la mirada preocupada del resto del grupo me advirtió en su contra. Así que me giré, y lo vi.


Lo primero que pensé fue que me había golpeado la cabeza y estaba viendo visiones. Pero no sabía hasta qué punto una alucinación por un mal golpe podía oler de ese modo, y miré de soslayo al resto del equipo, que parecían mirar al ser con un aire reverencial. Así que lo miré de nuevo y esta vez me fijé más. Vi su tamaño, los restos a su alrededor, las armas. Su voz, porque sí, habló, y volví a coger aire, cosa que lamenté por partida doble. Primero, porque sentí que me escocía en los ojos el olor, y segundo porque eso envió un segundo pinchazo de dolor a mis costillas. Aun así, apreté los labios juntos y decidí, por una vez, guardar silencio. Aunque por dentro no dejaba de gritar “¡He visto al yeti!” y me moría de ganas de señalarlo, como si no fuera obvio a todos los que estábamos ahí. Dos, tres veces me repetí que era mejor no decir nada, y no cabrear a esa mole de pelo y músculo, mientras nos ofrecía amablemente la oportunidad de no provocarle. A veces puedo ser insensata, pero creo que nunca llegaré a serlo tanto.


Y para colmo habíamos pasado de un frío insoportable a un calor insoportable. Al menos el frío me ayudaba a conservar mi petaca fresca y eso también implicaba que la bebida me iba a durar menos. Miré a John parpadeando muy lentamente. Sobraban las palabras. Eso no me había gustado, en absoluto. Me encontraba fuera de mi ambiente, completamente alejada de mi zona de confort, en un mundo del que no sabía nada, y en el que no podía hacer nada. Y esta vez, tampoco tenía modo de huir de él. Así que cuando John se acercó a mí, me limite a quitarme la ropa en silencio, y como él guardé las capas de abrigo en la mochila, quedándome únicamente con la camisa que llevaba debajo, que no era precisamente de manga corta, aunque lo suficientemente fina como para no agobiarme del calor. Cuando hube terminado… aproveché que John se había acercado para apoyar la frente en su hombro y suspirar. Ahora mismo, Jota era toda mi familiaridad con mi mundo y mi hogar, y aunque odiaba sentir cualquier tipo de dependencia a otra persona… Agradecí contar con su presencia. Tras 10 segundos de apoyarme en él, volví a enderezarme, aunque no logré recuperar mi sonrisa despreocupada. A esas alturas, dudaba que nada me la fuera capaz de devolver por lo que quedaba de misión…


… y de nuevo, me equivocaba. En cuanto abandonamos la cueva la belleza de Shambala me entró por los ojos y anidó en mi corazón. Al principio quise contener las ganas de gritar de emoción, quise comportarme de un modo maduro como el resto del equipo y simplemente contemplar ese oasis con una sonrisa de satisfacción y orgullo. Pero tardé dos segundos en mandar ese pensamiento al cuerno y girar sobre mi misma, intentando captar la totalidad de ese lugar en una sola mirada. Reí, y dejé que las carcajadas brotaran de manera natural, de mi estómago, sin forzarlas en lo absoluto. Había ignorado por completo las explicaciones de John sobre qué era ese portal o dónde nos había llevado, demasiado llena con mi propia euforia para pensar en nada más.


El resto del equipo se movía en conjunto, avanzando hacia… “ella”. Pero yo me movía a mi aire, caminando de un lugar a otro, mirándolo todo pero sin perderles de vista, y obviamente, sin tocar nada. Como bien he dicho, soy insensata, pero no tanto.


Y fue en una de estas que dos pensamientos fugaces cruzaron mi mente. La advertencia del yeti me había hecho pasar por alto un pequeño, minúsculo e inofensivo detalle. ¿No hablar de Shambala incluía no poder llevarnos NADA? ¿Ni la más pequeña piedra de oro? Y… ¿Se daría cuenta si me la llevaba de todos modos?


El segundo pensamiento me hizo girar sobre mis talones y volver corriendo junto a John, agarrándome a su brazo como tan a menudo hacía últimamente.


John, tengo un problema. — Bajé la voz para que no nos escucharan los demás, todavía algo recelosa con mi propia vida. — ... No tengo testamento. Como tampoco tenía signatura ni nadie a quien dejar las cosas, nunca me había importado. Y ahora, si la palmo, ¿qué pasará con todas mis cosas? Quiero decir, ¿se las queda el estado o como va la cosa? — Miré a John, frunciendo el ceño, totalmente seria. Y la verdad, es que no sabía cómo me había pasado por alto un detalle tan importante.

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.   11th Noviembre 2016, 16:53

La verdad, Dalae no era muy habladora. Y menos, cuando estaba trabajando. Y menos, cuando estaba en una situación así de complicada. Sin embargo, esta vez no tenía más opción que tratar de colaborar con el resto del extraño grupo que ahí se había reunido. Afortunadamente, a la piromántica se le daba bien llenar el silencio de palabras tranquilizadoras para que la pelirroja se mantuviera entretenida mientras el resto trabajaba en el acertijo, que parecía estar mermando las fuerzas de Constantine, Azul y el becario. Aunque el frío no mermara la concentración de Dalae en absoluto, la falta de oxígeno sí que lo hacía, y no la ayudaba a ayudar a los demás, precisamente. Era un poco como la sensación que se instalaba en su cabeza cuando llevaba volando demasiado rato y demasiado alto, solo que mucho, mucho peor, porque además tenía que concentrarse en algo.

Para colmo de males, Raden no había conseguido detectar ninguna pista útil al otro lado de las puertas. O mejor dicho... Había descubierto que, fuera lo que fuera aquello que los esperaba al otro lado, estaba muy bien escondido. Si se fiara de lo que había percibido Raden, pensaría que todos los caminos daban directamente a un barranco o un pozo. Pero no lo hacía, así que se dirigió junto al resto a la cuarta puerta. Era la única pista que tenían, al fin y al cabo. Se detuvo un momento. Debería estar nerviosa. Debería. Después de todo, estaba a punto de internarse aún más en unas ruinas que parecían tener escrita la palabra "trampa" en la entrada. Sin embargo, estaba con la cabeza como en otra parte. Concretamente, en un lugar a muchos kilómetros de allí... Aunque el más que posible peligro estaba delante de sus narices, al fondo de ese pasillo más oscuro de la cuenta. La morena parpadeó, un par de veces, tratando de acostumbrar la vista a la penumbra que los rodeaba.

Cuando sonó el ruido, ella ya estaba preparando una esfera mágica para iluminar la escena. La débil luz que apenas había aparecido entre sus manos parpadeó y se apagó, reflejando la inquietud de su creadora. "-Algo se acerca..."-Nadie dijo nada: Sólo querían escuchar. Porque aquello sonaba más bien como un aviso de la montaña, anunciando que algo iba a derrumbarse dentro de poco; o quizás como la pisada sobre la roca de algo muy, muy grande.

No les dió tiempo a prepararse. De hecho... Se podría haber esperado casi cualquier otra cosa. Pero cuando notó el familiar tirón de un portal entrando en funcionamiento, le saltaron todas las alarmas. Echó la vista a los lados, en busca de las otras personas que habían venido con ella, pero ya era tarde.

No fue un viaje agradable, y acabó casi tan bruscamente como había empezado. El golpe contra el suelo dejó a Dalae dolorida, pero ilesa, gracias a la armadura que se escondía bajo la ilusión de su ropa. Lo que la dejó sin respiración, sin embargo, fue el hedor... Y el calor. El cambio de temperatura hizo que su vista se enturbiara, pero la sensación abrumadora de estar en peligro la hizo actuar con rapidez. Se levantó apoyándose en la pared, y se quitó sin muchos miramientos la capa, los guantes, y la parte superior. Debajo llevaba una camiseta de tirantes de color verde pálido, serviría. No se dio cuenta hasta unos pocos segundos después de que su pulsera, que mantenía la ilusión de la ropa normal, se había caído al suelo. Afortunadamente, ahora tampoco importaba demasiado que la vieran con aquel traje negro. A diferencia de los aldeanos del Himalaya, probablemente para ellos no resultaría tan raro ver a alguien vestido así. Pero tenía que recuperar la pulsera, por supuesto.

Buscándola, miró un poco más lejos, aún deslumbrada... Y se encontró con ese ser, que parecía el guardián de la ciudad. O, al menos, uno de ellos. Sin embargo... No parecía particularmente agresivo en sus formas, a pesar de su aspecto y las armas que había a su alrededor, muestra de que eliminarlo no era la opción más sensata.

Mientras recogía la ropa que se había tenido que quitar en una mochila en la que a duras penas cabía todo, se detuvo a pensar cómo podían haber sabido que venían. Y quién. No sabía si preocuparse más por la respuesta a esas preguntas o por su propia condición ahora mismo. Se sentía enferma, indefensa... Pero, sin embargo, había algo en aquella ciudad que la hacía sentirse en paz. Quizás fuera la magia de Shambala… O quizás porque, de alguna manera, le recordaba a Asgard. -Yo creo que era un portal temporal, más bien... O quizás estemos en otra dimensión.-Se llevó instintivamente una mano a la frente. Ardía, se le estaban empezando a notar las primeras señales de que algo no iba bien. En sus ojos empezaba a asomar el brillo de la fiebre, y sus mejillas se llenaban poco a poco de color. -¿La conoces?-Preguntó, sin dejar de mirar a todos lados. No debería extrañarle, ahora que lo pensaba. El inglés debía ser tener amigos (y enemigos) en cada esquina... Pero... "Ella" tenía toda la pinta de ser Muerte, el Jinete al que habían ido a buscar. Y a Dalae le costaba imaginar que el mago, pues muy bueno que fuera en lo suyo, la conociera. Y tuviera la confianza de ponerse a la cabeza. Era sencillamente... Imposible. "-O no. Los dioses saben en qué están metidos esos dos..."-Raden, tan amigable y poco suspicaz como siempre. El comentario dirigió la mirada de la chica hacia el maestro y su alumna. Hablaban en susurros... Esperaba que no estuvieran planeando nada entre ellos. Lo último que necesitaban era que alguien hiciera enfadar al guardián... O a "ella". Y fuera Muerte o no, no hacía falta ser muy listo para saber que no les convenía. Al menos, no de momento.

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[Mini-Evento] La muerte no es el final. Límite vertical. (Abe Sapiens, John Constantine, Garnet Brooks, Dalae Darkle). 28 de Marzo de 2019. Nepal.
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