Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Beati homines quibus bibere vivere est ( Autoconclusivo)

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Roy Harper
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Universo: DC Universe

MensajeTema: Beati homines quibus bibere vivere est ( Autoconclusivo)   27th Junio 2016, 16:23

13 de Marzo de 2018

El alcohol y yo tenemos una trayectoria muy larga juntos. A día de hoy puedo asegurar que es la relación más larga que he tenido. Llevo bebiendo desde los ¿doce?, ¿trece?, ¿catorce? Los recuerdos sobre mi adicción me suelen bailar. No sé si es que o quiero o no puedo afrontarlo. Si creo que desde los catorce años. Porque una copa es para quitar los nervios y no pasa nada. Estás en una fiesta y ¿Cómo no vas a beber? Porque todos los adolescentes beben. Todos los adolescentes transgreden las normas de sus padres y mentores. No quiere decir que tengan ningún tipo de problema. Ni una adicción que de vez en cuando te tomes una copa. Es sólo que es una época confusa. Una época en la que te toca ser rebelde y uno se suelta un poco más de la cuenta. ¿Quién no ha llegado a casa con una tremenda borrachera? ¿Quién no se ha levantado con una horrible resaca al día siguiente de salir de fiesta? Porque es una época de rebeldía y el chico está muy estresado con las clases, con las fiestas, con los problemas con las chicas, con las hormonas, con tus proyectos en las empresas Queen y mil excusas más que te ocultan a las personas que te quieren que tienes un problema. Esas mismas monsergas que se dicen ellos para no aceptar que eres un alcohólico te las repites una y otra vez a ti mismo para  no aceptar lo evidente.

Pero luego empiezan los gritos y las riñas. Porque el muy frecuentemente, de vez en cuando y una para calmar los nervios se han convertido en habitualmente, a todas horas y dos o tres botellas.  Desde fuera ya no pueden hacerse los ciegos, los sordos y los mudos. Algo huele realmente mal en Dinamarca y eres tú lo que lo está apestando todo. Has llegado a un punto que de tanto mentirte a ti mismo no puedes ni creer cuando alguien te dice que bebes mucho y que tienes un problema. Ya es demasiado tarde para que lo aceptes por las buenas y estás demasiado metido en el agujero para poder ver la luz. Piensas que no bebes tanto y que el problema es de los otros pero no puedes recordar cuando fue la última vez que disfrutaste sin tomar un trago.  Día y noche la botella siempre te acompaña a dónde quiera que vas.  No sabes cuando empezaron a acrecentarse las copas ni cuando empezaste a dejar de controlarlo. Antes pensabas que todo era difícil pero no tenías ni idea de lo caótico que se iba a volver todo. Cada vez que abres los ojos te das cuenta que el alcohol se ha tragado tu vida. Ya no sabes  y no puedes dejarlo porque es más fuerte que tú. Porque hasta tomar la más mínima decisión te cuesta un imperio sin una copa en la mano. No piensas en otra cosa más que en el alcohol. No hay nada más importante. A nada le darías más prioridad. Sabes que has caído muy bajo cuando ya nada de lo que haces te genera ningún tipo de pudor o vergüenza. Has recorrido tantas veces el camino de la vergüenza que ese trayecto podría llevar tu nombre. Te has despertado en centenares de lugares desconocidos envuelto en una amalgama de vómito, sudor, sangre, orina y fluidos corporales que no tenías ni idea de si eran tuyos o de cualquier desconocido que se convierto por una noche en un “amigo”. Hay momentos de lucidez  en que realmente te apenas y te sientes decepcionado contigo mismo. En esos momentos te das cuenta de en lo que te has convertido y lo poco que te gusta lo que eres. Te sientes decepcionado y miserable. Has caído hasta el fondo y en muchas ocasiones te sientes  como escoria.   Pero no sabes que hacer. No sabes cómo enmendar tu camino. No encuentras ni el apoyo ni las fuerzas suficientes para sobreponerte y dejarlo. A cada día que pasa la carga es más pesada y tu esperanza se va consumiendo. Lo admites: no puedes salir ni quieres pedir ayuda. Te va consumiendo y sabes que acabarás mal pero deja de importarte. Estás muy roto. Sabes que hay algo que está verdaderamente mal pero no puedes arreglarlo. Eres un genio de la informática y electrónica pero eso da igual. No puedes solucionar tu problema con la precisión y rapidez que sueldas una pieza. Te avergüenzas de ti mismo y eres tan arrogante que no puedes reconocerlo ante los demás. Estás mal pero no quieres que nadie vea el quiebre.  Sientes la desesperación y la angustia. Una fuerte quemazón te recorre todo el cuerpo y lloras a solas en tu habitación vacía y oscura. No quieres que nadie sepa que estás roto pero la sangre de tus heridas es muy palpable. Ha llegado a un punto en el que te sientes tan sólo, aislado y separado de la gente que amabas que no tienes ni las fuerzas ni el valor para pedir ayuda. No sabes que hacer y repites una y otra vez la misma rutina en la que estas preso. Tan sucio, tan vacío tan miserable y tan roto.  Ese momento en cuanto más necesitas una mano amiga que te apoyo y consuele pero sabes que no llegará porque les has alejado a todos. La risa se escapa irónica y amarga de las cuerdas vocales. Y en el fondo te sientes tan culpable de lo que te pasa que no quieres ser salvado porque no te crees merecedor de la compasión de nadie.

Desde que naciste todo el mundo se ha dado cuenta de que eres brillante; un genio dicen. ¡Qué ironía! Nunca pudiste prever que tus acciones conducirían a un final tan dramático. No pudiste ver que estabas al borde de un precipicio hasta que saltaste al vacío y ya fue muy tarde. Nunca es tarde se dice. ¡Qué gran mentira! Hay acciones que no pueden corregirse. Hay acciones, hechos y palabras que duelen y que nunca podrán borrarse. Hay heridas que abres y que marcan de tal forma a la otra persona que destruyen totalmente el vínculo que tenías. Cuesta mucho construir una relación y es tan fácil que todo se destruya en un instante. Cuanto el dolor es más fuerte que el amor todo está perdido.  Es realmente sencillo dañar al otro porque el ser humano es frágil. Romper siempre es más fácil componer. Siempre vamos a lo que nos cuesta más esfuerzo y esa senda es la que perjudica nuestra relación con el otro. Hacer lo correcto siempre conlleva un precio.
Suspiras y  recuerdas todo eso al mirar la copa que tienes  delante. Una copa de vino barato pedida en un bar cualquiera. No tienes mucho dinero como para pedir un alcohol más caro. Cada tiempo haces ese mismo ritual. Pides algo con alcohol y te quedas mirando fijamente el vaso de cristal sin siquiera tocarle. Pasados unos minutos pagas tu consumición y te vas. Sin haber bebido tu bebida. Es como un recordatorio. Un ritual del que sueles salir más fuerte. Eres más fuerte que tu adicción, ya no te controla. A veces es duro porque en cada bache y cada traspié te urge tomarte un trago, como si fuera el remedio mágico para cada uno de tus pesares. Sabes que no es un remedio sino una maldición que agrava más tus males.

Sales de aquel local y miras al horizonte. Un escalofrío recorre tu espina dorsal. Estas de nuevo en esa ciudad a la que has regalado seguramente  los peores años y momentos de tu vida. Allí no hay nada que te traiga buenos recuerdos. Respiras hondo. Eres más viejo que antes y quieres pensar que más fuerte e inteligente. Estas un tanto inseguro. El lugar que es tu infierno personal. Allí terminaste cuando no eras otra cosa que un cascarón vacío y roto sin otra cosa que ofrecerle al mundo que la versión más malograda, degradante y endeble de ti.  Como un desastre anduviste llegaste hasta Gotham cuando perdiste hasta el último de tus amigos. Sin hogar,  sin dinero,  sin ánimos ni esperanzas.  Vivir en las calles es duro. Cuesta mucho seguir respirando cada instante que permaneces en la calle. Conseguir comida, sobrevivir al frío y la hipotermia y no contraer enfermedades quizá sean Un lugar tan bueno para morir como cualquier otro. Una vez que eres consciente que te has perdido hasta a ti mismo y no puedes continuar adelante. En aquel tiempo pensabas que era bueno dejar tu mísera existencia y no entendías cómo habías fallado tantas veces al intentar quitarte de en medio. Creías firmemente que si tú no puedes, quizá alguien con más experiencia en eso de la muerte y la brutalidad pudiera acabar con tu sufrimiento.

En las cloacas y los subterráneos donde vivía la gente como tú se hablaba de un monstruo violento con apariencia de cocodrilo que atenazaba la ciudad. Alguien fuerte, sanguinario, violento, brutal y demente. Supusiste que era un buen rival. Justo lo que tú necesitas. Siempre has tenido mucha resistencia física a los golpes pero sabes bien que nada puedes hacer contra alguien que ostenta una fuerza tan descomunal. Una sonrisa surcaba tu rostro cuando pensabas que era un plan perfecto. Provocar el odio de un engendro que podría despedazar tu cuerpo sin ningún tipo de remordimientos. Con eso en mente te encaminas a aquel lugar donde se esconden las aberraciones. Aquel punto de la oscura ciudad que da cobijo a los mayores inadaptados  y moralmente decadentes. Esa zona que sólo los muy dementes están dispuestos a pisar. A lo lejos le ves. Sabes que esa especie de lagarto mutado y repelente es el tipo al que buscas.

-Eh grandote- le llamas con un tono de voz chulesco, medio pavoneándote. Te agachas hasta coger una piedra del suelo y se la tiras. Le da de lleno en su fornido cuerpo. Siempre has tenido una puntería perfecta. Le ves y te quedas impresionado por su gran tamaño. Gruñe con una ferocidad animal y piensas que es realmente imponente pero sigues avanzando. Siempre te han dicho que eres muy cabezota, siempre pensaste en ello como una cualidad positiva. La llamabas determinación ahora ya no sabes si esa determinación no era más que un subproducto de tu extrema idiotez.  

Killer Croc te lanza un golpe. Justo en la mandíbula. Escupes sangre y tienes suerte de que no se te haya saltado ningún diente. Tu labio empieza a sangrar, te le ha reventado. Le encaras y no te amedrentas. Porque puede que estés buscando la muerte pero no eres ningún cobarde para dejarte caer sin al menos presentar algún tipo de batalla. Te giras evitando que te dé un segundo golpe, te agachas y le lanzas una gancho bajo. Eres más rápido y ágil que tu contrincante pero sus golpes son más fuertes. Eres como un niño intentando romper a golpes un muro de acero. Te da un golpe por debajo de las costillas. Notas como todo el aire de tus pulmones sale de ellos. No puedes respirar y te ahogas. Como haría cualquier persona de la calle lo aprovecha y no para de pegarte mientras estas imposibilitado. Te da un golpe en la cabeza muy cerca del oído. Ha dado en ese punto que controla el equilibrio. Notas un pitido en tu oído y te sientes muy turbado. Notas una sensación de mareo y vértigo. Tu cuerpo no se mueve como quisieras y no sabes bien como redireccionarlo. Ahora no eres ni tan ágil ni tan rápido y una lluvia de golpes cae sobre tu cuerpo. El enemigo no espera nunca a que el contrario se restablezca,  ataca cuando más vulnerable eres. Duele. Sientes como te está destrozando. Cuando se te pasa un poco el aturdimiento, reacciones y tratas de atacar. Cada movimiento que haces te duele como si te clavasen mil alfileres. Aguantas el dolor y la expresión de dolor que intenta mostrarse en tu rostro. Levantas tu pierna con rapidez y precisión. Es un golpe certero, tu pie golpea su pecho. Intentas volver a pegarle pero no tienes tanta suerte. El cocodrilo te coge por la camisa, te levanta y estampana tu cuerpo contra el suelo. Al impactar sientes como tu cuerpo se mella y tu boca tiene un regusto a sangre y tierra. Con suma dificultad te levantas. Todo tu cuerpo tiembla. Estás aguantando a duras penas. No puedes mantener el equilibrio y todo tu ser se bambolea. Tu energía esta consumida y lo único que te mantiene en pie es tu férrea voluntad. No tienes casi fuerzas para mantenerte de pie. Sientes que en cualquier momento tu cuerpo va a volver a estar en el suelo. Sangras por tantos sitios que ni siquiera puedes contarlos. Tu vista empieza a fallar. En ocasiones se te nuble la visión. No percibes más que sombras borrosas.

-Chaval, ¿No crees que esto es caer demasiado bajo?- Dice ese ser abominable dándose cuenta de que le estás utilizando para terminar con tus miserias. Y te ríes porque hace tiempo ya que dejó de importarte esas consideraciones sobre la autoestima, el autoconcepto y el orgullo personal.

-Estás de broma, Killer Croc. Yo soy Roy Harper y nadie cae más bajo que yo.

Te caes pero no sientes el impacto contra el suelo. Sientes que alguien te sostiene. Y recuerdas que en ese momento de la inconsciencia soñaste con aquel final de cuento cursi donde el humano y el monstruo enlazan sus manos y nunca jamás vuelven a tener miedo. En el fondo los monstruos son muy humanos y los humanos muy monstruos. Estamos tan asustados los unos de los otros que no vemos lo que verdaderamente importa. Tenemos tanto miedo que no sabemos reconocer cuando alguien nos tiende su mano para ofrecernos su ayuda.

Esa fue la primera vez que viste más allá de lo evidente.  Cuando viste a Waylon Jones y no al ser que todos llamaban Killer Croc. En tu cabeza resuena esa frase de Hunamuno  “no es luz, más luz lo que el mundo necesita, sino calor, más calor humano, que nos morimos de frío y no de oscuridad; La noche no mata, lo que mata es él frío hielo del odio, el egoísmo y la mezquindad “. Una lágrima ce de tus ojos cansados. Hace mucho que tan sólo sientes el frío de la soledad en tus huesos. De improvisto te desmayas y  todo se queda como en blanco, todo es vacío.

El síndrome de abstinencia es duro, quizá lo más duro que hayas pasado nunca. Sientes fuertes dolores recorrer todo tu cuerpo y tu mente no está muy lúcida.  Tiemblas y no puedes evitar vomitarte encima una y otra vez. Te duele fuertemente la cabeza y escuchas voces, no sabes muy bien de quien son. Es como si Oliver y tu padre biológico fueran la misma persona. Sueñas con tu madre. Qué raro piensas. Nunca te habías planteado siquiera quien era esa mujer que  os abandonó mucho antes de que pudieras tener un recuerdo de ella. Tienes la boca reseca y el estómago totalmente vacío. Te quema la garganta y por un segundo estás seguro que es por expulsar bilis. Oyes un suspiro y alguien se te acerca. Arrima a tus labios un vaso de cristal y  te da de beber agua. No sabes quién diablos es esa persona. Puede que sea un ángel o la muerte. En tu estado poco te importa ya. Sólo quieres que todo termine. Por un instante ves a tu grupo de amigos de la adolescencia, no les puedes poner nombre pero te miran con cara de decepción. Ese recuerdo fugaz se vuelve a perder en la maraña de tu mente y se esconde en lo más recóndito, en un lugar de muy difícil acceso.  Ves una habitación donde todo el mundo está muy triste. Te sientes extraño. Al fondo de esa sala blanca, llena de gente vestida de negro hay un ataúd de madera  de castaño blanco. Te acercas, quieres saber quién está dentro.  Siempre has sido muy curioso. Cuando llevas y te inclinas sientes un profundo dolor en tu alma. Esa persona que yace inmóvil en aquel ataúd es uno de tus mejores amigos. De repente oyes a toda esa gente recriminarte. Una oleada de culpa te hace estremecer. Si no hubiera bebido tanto, sino hubieses estado tan centrado en tu adicción quizá él seguiría vivo. Sientes mucho frío y tu cuerpo no puede parar de temblar. No paras de pensar que tú le has matado. Uno tras otro, tú les has matado a todos. Te cuesta respirar. Toses y casi te atragantas con tu propia saliva.  Tu estupidez es la responsable de que su cuerpo esté frio y yerno en un ataúd. Sus bellas facciones palidecerán y se pudrirán bajo tierra. Su recuerdo será olvidado y tú eres el único que merecía aquel nefasto destino. Quieres que las voces se callen. ¿Qué? Preguntas ahora con una apariencia infantil cuando la directora dice algo que no has oído. Tu padre está a tu lado y te mira con pesadumbre. Otra vez has vuelto a hacer algo que no estaba bien considerado y has roto todas sus expectativas sobre ti. En su mirada se nota la resignación. Como si ya se hubiera acostumbrado a que mermes sus sueños y esperanzas. Muchas veces te has preguntado si tu padre te quería o sólo se hizo cargo de ti porque era su responsabilidad. De repente tienes mucho calor y ves unas puertas de madera. Es una madera oscura y te viene un olor pestilente a quemado. Las puertas se queman y el barniz se resquebraja. El fuego marca las puertas de madera y deja su esencia en ellas. Ves los grabados a fuego. Son miles de personas agonizando. Miles de pecadores sufriendo y lamentándose. Sientes que te quemas. Tu cuerpo está sudado y pegajoso. Abres los ojos y ves aquel cuarto mugriento. Esta una habitación deprimente, pequeña, sin ventana alguna, llena de polvo y suciedad. Crees ver un ciervo correr y tu corazón palpita desbocado. Una voz que proviene de alguien que es como un borrón pelirrojo. Otra persona a la que has fallado pero no tienes ni idea porqué. No lo recuerdas pero sabes que hay algo que no encaja. Algo que no logras hacer funcionar y te sientes frustrado. Te sientes débil, sucio, perdido y desorientado. No tienes constancia ni del tiempo ni del espacio.Despiertas un buen día, tu cuerpo se siente cansado hasta el extremo y tu mente está más ágil. Respiras y un hedor llega a tus fosas nasales. Sabes muy bien que es. No es la primera vez que despiertas manchado de vómito, micciones y heces.

- Date una ducha, chico – ves a esa figura monstruosa en el quicio de la puerta y te levantas del camastro que quien sabe por cuánto tiempo has estado ocupando. Tu cuerpo se siente realmente pesado y tú estás agotado. Te duele hasta el alma y respirar es bastante trabajo. Caminas con gran parsimonia hasta el retículo donde esta la ducha. Te metes en aquel rectángulo minúculo y sin mucho miramiento abre el grifo del agua. El agua recorre tu cuerpo arrastrando esa suciedad que te ha estado pudriendo por dentro.

- Creí que ibas a dejar un cadáver en esta casa – Oyes decir a Waylon y te ríes porque tú también has estado pensando constantemente que la fase de delirium tremens iba a acabar contigo. Piensas que quizá subestimastes el aguante de tu cuerpo. Al enjabonarte sientes dolor y te miras de arriba abajo. Tu cuerpo está cubierto de heridas y moratones que no tienen muy buena pinta. Tu cuerpo está destrozado tanto por fuera como por dentro. Tu mente se siente débil, no recuerdas cómo era actuar libre del influjo mágico del alcohol. Hace mucho tiempo que no estás tan limpio. Mientras el agua sigue recurriendo tu organismo recapacitas sobre tu vida. No hay nada reseñable. Tienes ganas de una copa y ríes irónicamente.

Cuando sales de la ducha, tú nuevo amigo Waylon te ha dejado una ropa. Esa ropa te queda un poco grande pero al menos esta limpia. Te pasas los días siguientes escuchando  a la parte más humana de Killer Croc. Él te ayuda con tu adicción porque él también ha sido alcohólico y con su aspecto no puede acudir a las reuniones de ayuda que ofrecen en multitud de centros cívicos. Ese al que antes veías cono un ser despreciable y monstruoso se convierte en tu mentor, apoyo y tu amigo. Es como una especie de cuento al revés donde el dragón rescata al caballero que creía ser un héroe pero era quien más ayuda necesitaba.

Estás rozando la ilegalidad, como la mayoría de veces que haces algo. Has conseguido un uniforme de guardia de Arkham  de tu talla sobornando a uno de los encargados de la lavandería. No es tu problema que se pague tan mal al funcionario público en Estados Unidos de América. Ves tú reflejo en un cristal y sonríes. Es una sonrisa cargada un ligero sentimiento de decepción y nostalgia. Te quedan bien los uniformes y quizá si no hubieras torcido tanto tu camino serías alguna fuerza del orden que ayudase a tus conciudadanos. Un chico responsable, digno, justo y bueno. Sin tanta culpabilidad sobre tus espaldas.  Miras la acreditación que es la llave de los sistemas de seguridad y vigilancia del lugar. Suspiras, te sientes un poco culpable por haber acudido a métodos poco ortodoxos para conseguirla. Esperas  que el hombre al que se la robaste, sedaste, maniataste y mantienes encerrado en un sótano para que no descubra tu tapadera,  no se vea muy perjudicado por tus acciones. Toda la situación es complicada. Entrar, ver a Waylon y salir de Arkham se dice rápido pero no es nada fácil. Ahora más que nunca necesitas su consejo y saber que está bien.  Te sientes tan perdido y realmente no sabes cuánto tiempo vas a poder aguantarte no llevarte un vaso lleno de alcohol a tus labios de nuevo. Necesitas hablar con alguien que pueda comprender tu situación. Alguien con quien hablar sin tapuchos. Porque él es tu tutor de alcohólicos anónimos y conoce, quizá, tu vida mejor que tú mismo. Te da la visión de una persona que escucha los hechos externamente y que no está marcada por el remordimiento, la culpabilidad y la excesiva autocrítica. No hay nadie más a quien puedas acudir; Dick está muerto, Kory te abandonó miserablemente, hace más de siete años que no tienes una conversación seria con Oliver y Jayson no tienes ni idea donde está. Si hay alguien más de tu absoluta confianza que pudiera ayudarte no tienes ni la más mínima idea.

Miras al cielo. Parece que va a llover. Caminas a paso ligero e intentas serenarte y centrarte. No hay nada ahora que pueda detenerte en tu propósito. Ya nada puede hacer uqe te heches para atrás en tus propósitos. Tienes que cruzar tu Rubicón y salir victorioso, cual digno imperator.  Alea iacta est.

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“No hay nada noble en ser superior a otra persona, la verdadera nobleza radica en ser superior a tu antiguo yo” Ernest Hemingway

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