Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]

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John Constantine
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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   21st Mayo 2017, 21:47

Espera un segundo... mierda. ¡Mierda! ¡MIERDA MIERDA MIERDA! ¡¿Por qué no la había reconocido en cuanto la vio?! Era la que estaba delante de los tres. ¿Por qué no cerró la puerta de un manotazo al verle la cara? Esa era la actitud que solía salvarle el pellejo la mayoría de las veces: portazo a los que traen mierdas consigo y que al final siempre terminan salpicándolo. Y por no hacerlo ahora tenía una pregunta que le taladraba la cabeza: ¡¿Qué demonios hacía allí?! Puta mierda de curiosidad.

El inglés no tuvo que esperar mucho para averiguarlo: venían a buscar una llave rúnica inservible que, al parecer, el inglés tenía en su poder. Y del mismo modo que no reconoció a la bruja del hielo, también le estaba costando horrores acordarse de si tenía o no una llave rúnica entre sus cosas. ¿La había conseguido, robado, o se estaban equivocando de John Constantine? Eso último era imposible porque, después de las investigaciones que hizo sobre el efecto omega y su particular "dolor de cabeza" estaban metidos en una secuela cutre de los Inmortales: "sólo puede quedar uno". Así que estaban en la puerta adecuada.
Mientras su cabeza trataba de recordar dicha runa les echó un vistazo: a Dalae ya la conocía de aquella vez cuando se encontraron con Sueño y Pesadilla, y su opinión hacia la mujer no había cambiado ni un ápice. Razón de peso para cerrar la puerta y tirar la llave al monte del Destino.
El chico del pelo blanco y el parche parecía bastante... simplón. A juzgar por cómo se cruzó de brazos cuando Dalae propuso quedarse fuera y la forma en que la miró el tema de la sutileza no lo dominaba en exceso. John empezaba a formarse conjeturas bastante familiares con aquel dúo.
Y luego estaba la chica de atrás. Oh si, no se le había escapado la cara que puso cuando le echó un ojo al demonio disfrazado. Parecía que había visto un fantasma, o algo peor. Eso se lo guardó en el bolsillo, con una etiqueta que ponía "vigilar de cerca". Por lo general no le gustaba que gente que no conocía de nada o que no le eran de confianza tocaran la puerta de la Casa del Misterio. Aún así, como solía pasar en casi todas las veces donde John metía las narices, la curiosidad pudo con él.

- No, claro que no. Podéis pasar. Vamos a sentarnos y charlemos un poco. ¿Puedes traer algo para tomar? - le dijo al demonio más como una petición encubierta que una pregunta. No se fiaba de ellos y esperaba que el demonio tuviera una opinión parecida.
Any lo fulminó con la mirada. Tampoco se fiaba mucho de aquel trío y a juzgar por su cara no entendía que le había dado al inglés para hacerles pasar. Les echó un último vistazo antes de seguir al rubio, quedándose al lado de Garnet.

El salón era, dicho con palabras modestas, enorme. La chimenea crepitaba al lado de unos sofás confortables a primera vista, uno en frente del otro. John se dispuso a sentarse en el medio de uno de ellos, dejando el otro para que lo hiciera el trío visitante. En la separación de ambos sofás había una mesa de madera tallada con detalles muy refinados.

- Venga, no os cortéis y sentaos. Hablemos detenidamente sobre esa llave.

John abrió el debate tan sólo anotando el tema de conversación. Seguía sin recordar que tuviera aquella llave pero si era así, esperaba sonsacar la suficiente información para decidir si quedársela o negociar por entregarla.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   1st Junio 2017, 20:32

El muchacho de cabellos blancos no dijo nada una vez la puerta estuvo del todo abierta entre nosotros. Fue la morena la que dio el primer paso y nos dijo qué estaban buscando. Una llave. Intercalé la mirada de uno a otro mientras John, finalmente, les invitaba a la casa.

John. Nuestro John. El que había tardado un mes en confiar lo suficiente en nosotras como para dejarnos venir a esta casa, y que probablemente no lo hubiera hecho de no ser porque habían acordado aceptar aquella curiosa relación de maestro y alumnas que mantenían. Entrecerré los ojos sin intentar disimular la desconfianza que me hacía sentir aquella gente. De algún modo, estar ahí con John y Anya hacía que no pudiera actuar como lo hacía normalmente.

No quiero decir que no pudiera ser yo misma... Era más bien el contrario. Confiaba plenamente en mis facultades para la actuación, para fingir, mentir y ser quien no era. Sin embargo no tenía ni la más menor idea de cómo iban a reaccionar ellos ante dicha actuación y era un factor externo con el que yo no podía controlar, y por ende, que podía llevarme al fracaso. No me considero orgullosa, pero si hay algo que sé hacer bien, quiero hacerlo siempre bien. Puedo cometer errores, y aprenderé de ellos. Pero que sean terceros quienes lo cometan, y yo tenga que chupar... No tanto.
Así que lejos del desparpajo habitual, opté por mostrarme más cautelosa... Cautela que me duró hasta que estuvimos todos sentados en el sofá, como uno de esos culebrones malos de la tele en que la hija y el novio se sientan delante de los padres para decirles que están juntos, o que ella está embarazada.

John se sentó en un sofá, y yo hice lo propio a su derecha. Apoyé el codo en el reposabrazos y seguí mirandoles, debatiéndome entre ser sociable o seguir con el ceño fruncido y cara de malas pulgas. Y finalmente, opté por ambas. Al fin y al cabo, John no me había dicho que tuviera que estar en silencio. Y puestos a ser sinceros, aun de ser ese el caso, probablemente no le hubiera hecho caso y haría lo que me diera en gana de todos modos.

Por curiosidad, ¿hacen falta tres personas para ir a buscar una simple llave, "que no abre nada"? — me intenté imaginar al trío como tres amigos que estaban juntos tomando el café cuando uno de ellos les decía "oye, tengo un encargo, ¿me acompañáis y nos lo quitamos de encima en un momento?". Y siendo que era la que tenía el aspecto más frío y menos amigable de los tres. Claro que tal vez uno de ellos estaba ahí como guía, puesto que...

Fue entonces que me di cuenta. Me incorporé levemente, las palabras de John resonando en mi memoria.

"...Estamos a punto de entrar en otra dimensión controlada por la casa y su entrada, como habéis podido ver, la escoge al azar... Normalmente se mantiene cerca de la llave, la cual la tengo yo..."

Entonces la casa se mantenía cerca de la llave. ¿Cómo narices la habrían encontrado ellos? Estuve a punto de preguntarlo, pero las palabras murieron antes de llegar a mis labios. Si a John no le había sorprendido, ¿por qué tenía que sorprenderme a mí? Era él quien conocía aquél lugar, quien tenía la supuesta llave, y quien tendría que hacer las preguntas. ¿Mi papel ahí...? Ni puñetera idea. Volví a recostarme sobre el sofá, y clavé la mirada en la muchacha de los tatuajes. ¿Fruncir el ceño o sonreír? La comisura de mis labios se elevó levemente al contemplar sus brazos.

De repente, se me había antojado un tattoo.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   21st Junio 2017, 00:00

Al principio de la misión, Dalae había creído que la más problemática de sus acompañantes sería Verity. Cómo se equivocaba. De momento, la midgardiana parecía estar llevando razonablemente la situación, mientras que Arturo parecía a punto de buscar la acción que necesitaba por su cuenta. Dalae no tenía muy claro cómo pensaría la Casa del Misterio, pero estaba casi completamente segura de que se molestaría si cierto intento de mago tuerto decidía prenderle fuego. Por eso, se planteó muy seriamente dejarlo fuera, bien atado a un árbol, cuando Constantine demostró tener ciertas nociones de cortesía y los invitó a pasar. Era todo un detalle por su parte, había que reconocerlo: La aprendiz de Loki dudaba haber hecho lo mismo si el inglés y sus pupilas hubieran aparecido en las puertas de Niflheim. Y, curiosamente, parecía tan de acuerdo con las decisiones tomadas como la mujer castaña del fondo del pasillo: Nada en absoluto. -Yo no tomaré nada, gracias.-El mejor método para evitar ser envenenado pasaba, inevitablemente, por evitar las posibles oportunidades de envenenamiento. Era más que improbable que trataran de deshacerse de ellos así, pero recibir con una poción de verdad al grupo de intrusos que ha aparecido en la puerta era bastante razonable. Al menos, es lo que ella haría.

Cuando entraron, Dalae no pudo evitar mirar alrededor, buscando cualquier cosa que pudiera llamar su atención. Aún no había abandonado del todo la idea de que aquello fuera una trampa, pero esa insistencia en observarlo todo se debía también en gran parte a la curiosidad. Todo en esa casa, desde los cuadros del pasillo hasta el último tornillo de las puertas, estaba cubierto con un halo de misterio que invitaba a tocarlo para ver que pasaba. La magia que flotaba en el aire casi se podía tocar, y Raden tuvo que contenerse para no salir fuera del bastón para respirarla.

No tardaron en llegar al salón, una estancia que parecía igual o más grande que la propia casa gracias a las extrañas leyes que gobernaban esa dimensión. -Venga, no os cortéis y sentaos. Hablemos detenidamente sobre esa llave.-Después de dirigir una rápida mirada a la chimenea, Dalae optó por situarse lo más lejos posible de ella. No le suponía demasiado acercarse un poco más, por supuesto… Pero durante el tiempo que llevaba como portadora de Raden había cogido ciertas costumbres, y no era fácil abandonarlas de un momento para otro.

La conversación no empezaba mal, para tratarse de una cuyo interlocutor había tenido dos encontronazos con ella. Sin embargo, el midgardiano tenía sus reservas: Estaba dando la información mínima e imprescindible, eligiendo las palabras con cuidado para no dar ninguna pista a los enviados de Loki. O eso creía la bruja de hielo, que no podía ni imaginarse los “problemas técnicos” que había sufrido la memoria del Constantine. Para ella, era evidente que ambas partes sabían de qué estaban hablando.

Sin embargo, antes de que pudiera responder, la mujer pelirroja que había sonreído a Verity desde que la había visto se adelantó. No parecía una persona paciente… Ni amable, la verdad sea dicha.
-Por curiosidad, ¿hacen falta tres personas para ir a buscar una simple llave, "que no abre nada"?-De hecho, tenía pinta de no estar de muy buen humor… Por suerte, no era a ella a la que tenían que convencer.

-Solamente cuando hacen falta tres personas para entregarla.-Además, técnicamente ellos eran cuatro… Pero tampoco hacía falta que ellos lo supieran. No lo dijo en tono sarcástico en absoluto. Tan sólo se limitó a remarcar lo obvio: A ella no le importaría que toda la muchedumbre cogiera la puerta y se largara, si no fuera porque una parte de dicha muchedumbre era su polígrafo personal, y otra era el que se encargaba de salir herido en su lugar si las cosas se complicaban. Como mucho, podía prescindir de ese último. -Como iba diciendo… Esta llave abre cierta puerta que necesitamos atravesar.-Primera mentira. Verity sabía de sobras que lo que buscaban eran las llaves de un cofre… Y, aunque no lo hubiera sabido, lo habría notado igualmente. A medida que hablaba, una llave de hielo se iba formando en la palma de su mano. La morena procuró imitar el tamaño y la forma de las anteriores, pero sustituyendo las otras runas por Uruz. -Nos han dicho que su último dueño la dejó aquí, así que veníamos a tratar de llegar a un acuerdo para conseguirla, si es posible.-La asgardiana se esmeró en ser lo más educada posible, suavizando el hecho de que habían venido a llevarse algo que no les pertenecía. La idea, al fin y al cabo, era disfrazar ese robo para que pareciera un trato justo.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   21st Junio 2017, 13:25

- No, claro que no. Podéis pasar. Vamos a sentarnos y charlemos un poco. ¿Puedes traer algo para tomar? 

El mayordomo asintió y dejó pasar al extraño trío. Era cierto que N’all compartía la opinión de su dueño, y no confiaba en ninguno de los nuevos invitados, pero envenenar el té no era su estilo, así que decidió marcharse tranquilamente a la cocina mientras preparaba algo de galletas para picar y un buen té inglés.

Verity no le quitó el ojo de encima al demonio, y no se sintió tranquila hasta que le vio desaparecer por el pasillo. La chica se mordió el labio, y después asintió a la petición de Constantine. Ella y sus dos acompañantes decidieron sentarse en uno de los sofás, quedando en frente del dueño de la mansión de los misterios.

- Bonita casa… - confesó la señorita Willis, observando el amplio y acogedor comedor. La pelirroja se preparó para detectar las posibles mentiras que surgieran de aquella charla, y juntó sus manos, quedando su dedo índice y anular izquierdo por encima del anillo que tenía en la otra mano.

Arturo se sentó en el sofá como si estuviera en su propia casa, poco le faltó para que sus pies reposaran encima de la mesita de madera ornamentada que separaba a los dos grupos. El peliblanco esbozó una sonrisa cuando Garnet expresó su opinión en voz alta.

- Hemos venido a hablar con John Constantine. ¿Tu quien eres? ¿Su portavoz? - Arturo hizo gala de sus bromas inoportunas, y repasó a Garnet de arriba abajo, con una mirada apreciativa. La reacción de Verity fue agachar la cabeza en modo de disculpa, aunque más bien parecía que trataba de esconderla por la vergüenza ajena que estaba pasando. Y no solo eso… ¡Dalae ya había empezado a mentir! Y eso que la hechicera había empezado la conversación con buen pie. Supongo que era digna aprendiz de su maestro. Claro que, cuando Loki trataba con ella, jamás le había dicho una mentira, sólo había camuflado la información con medias verdades. A veces no sabía qué opción era la peor.

La pelirroja miró hacia otro lado, como si la conversación no fuera con ella, y dejó que Dalae y Constantine siguieran intercambiando información.

Por su parte, Arturo parecía aburrido. Quería entablar conversación, pero no quería meter la pata. Seguramente Dalae ya tenía su historia montada y no quería arruinarla, o que sus interlocutores descubrieran las posibles incongruencias por su culpa. Así que se dedicó a pensar en qué historia trágica contaría ahora su compañera. Que si tras esa puerta estaba su verdadero hogar, el que había estado buscando durante diecisete años, viviendo alejada de toda su familia y separada de su hermana gemela  a la que nunca llegó a conocer... Todo un drama, vamos. Si conseguía hacer llorar de pena a las dos damas que acompañaban a John, ya tendrían la llave ganada. O quizás les cuente que tras esa puerta se hallan los misterios inigualables de la magia, o la cueva de un enorme dragón rojo que de tanto dormir sobre su oro se le ha fundido en una cota de mallas. ¿Qué? Arturo no sería Arturo sin una referencia friki.

El mayordomo no tardó en volver, y dejó sobre la mesa un jugoso plato de galletas frutales y empezó a repartir el té, primero a los invitados, a excepción de Dalae, y después a los inquilinos. Arturo no se lo pensó dos veces y fue el primero en picar las galletas. Verity, en cambio, se tomó su tiempo mirando el fondo de su vaso de porcelana por si veía algún engaño en él.


FDI: Dejo a John la elección de si el té y las galletas son normales o llevan algún tipo de conjuro o algo xD

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   21st Junio 2017, 22:20

Cuanta más atención atendía al asunto de la llave, más desconcertado se encontraba. ¿Una llave que aparentemente no abre nada, pero que ahora resulta que abre una puerta? Y una que necesitan atravesar. ¿Ellos? ¿Ellos tres? Cuanto más los miraba más le parecía que se habían encontrado en un cruce de caminos y decidieron seguir el mismo hasta que se cansaran. Dalae era la que llevaba la voz cantante del "grupo", mientras que el chico del parche parecía ser el bravucón y el "estoy aquí y hago lo que quiero" a juzgar por la forma en que puso los pies sobre la mesa y el comentario que le lanzó a Garnet - comentario al cual, la única reclamación que hizo el inglés fue una rápida mirada al peliblanco. Si quería sacarle las pulgas a la pelirroja iba a encontrarse con un martillo la mar de flexible.
Y ya que estaba analizando de nuevo al grupo, tocaba volver a la otra chica, la de los tatuajes. Daba la sensación de que no pintaba nada allí, como si no quisiera estar ahí. Parecía incómoda por algo y John no sabía decir el qué. Esperó que con el tiempo lo descubriera.

N'all trajo té y pastas. Quien supiera que aquel mayordomo era en realidad un demonio, de seguro sentiría curiosidad el por qué era más inglés que el propio inglés. John no era mucho de tes, pero tenía que reconocer que el demonio tenía un don para prepararlos. Su mano no pudo negar una taza, así que se llevó una.

La perplejidad se dibujó en el mago cuando vio la forma de la llave con cuerpo cristalino. Un rápido flash se le clavó entre los ojos y le dibujó una imagen, un recuerdo sobre aquella "llave". ¡Lo recordaba! ¡Consiguió recordarla! O mejor dicho, creía que lo recordaba porque no estaba seguro que fuera él quien se topara con aquella llave.
John se llevó la mano a la parte derecha de su abrigo, justo encima del bolsillo interior derecho y lo palpó, sin apartar la mirada del té. Rápidamente sujetó la taza con ambas manos y le dio un sorbo.

- Entonces me estás diciendo que habéis venido a negociar por una llave que parece no abrir nada pero que abre una puerta, la cual queréis pasar, y que te basas en que su antiguo propietario se la dejó aquí, en ésta casa. - John dio otro trago calculado, dejando los ojos fijos en la asgardiana, pasando luego a Arturo y finalmente a Willis, volviendo con la bruja del hielo. - Vale, pongamos que he encontrado ésta llave. Pongamos que la tengo yo. ¿Con qué quieres negociar? Y sobretodo - John se encaró directamente hacia Willis - ¿Tú qué pintas en todo ésto?

Anya escuchaba la conversación desde su sitio, con una taza de té entre las manos más por tener algo que por beberlo, ya que no le había dado ni un triste sorbo. John quiso abordar otro frente, a ver por dónde salían ésta vez.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   3rd Julio 2017, 11:49

¿Quieres saber quién soy o te estás planteando lo que harías conmigo? — Respondí al instante, arqueando una ceja y utilizando el tono de voz más neutro y desprovisto de emoción que pude emular en ese momento. — Por si acaso, te digo yo que antes me acostaría con ella — Señalé a la pelirroja de los tatuajes con el pulgar. — que contigo. — Esbocé una sonrisa totalmente relajada, sin dar valor alguno a mis propias palabras, aunque todas y cada una de ellas eran totalmente ciertas. — Y soy heterosexual.

Me volví a recostar en el sofá, con mis ojos todavía fijos en el peliblanco. Miles de respuestas podrían haber respondido aquella pregunta impertinente, pero no iba a dar información más que la necesaria. Tal vez John les había dejado entrar en la casa pero eso no significaba, ni de lejos que yo fuera a confiarme y dejar ver quién era yo en realidad. Tal vez un simple “Y a tí que te importa” hubiera sido suficiente para acallar al bocazas que aparentemente estaba poniendo en evidencia al resto de grupo, a juzgar por las miradas de soslayo y de tierra trágame de sus compañeras.

Al menos eso dejaba claro que él no era el portavoz de su grupo. De hecho, parecía alguien de mecha relativamente corta. ¿Qué hacía ahí? John por su parte empezó a exponer sus propias preguntas y entonces ya me quedé más en segundo plano, pues aunque me gusta bastante mucho ser el centro de atención, al menos sé cuando hay que hacerlo. Miré de reojo al peliblanco. Y sí, me refería a ti.

Le di un trago al té y miré el líquido con una mezcla de decepción y desprecio.

John, cielo… Mi bebida no tiene alcohol. ¿Para qué narices me das esto? — susurré. Me daba igual si me escuchaban los demás, pero claramente no me estaba dirigiendo a ellos. — ¿Tenemos alguna otra cosa? — Me giré sobre mi misma, sin bajar del sofá, buscando al demonio con la mirada, a ver si le veía y entendía que a mi lo de beber hierbas pasadas por agua… Es que era como beber el agua que te sobra de hervir yo que sé, una patata.

Qué digo, hasta la patata tendría más sabor. Creo que de ahí se saca el vodka. Tendría que preguntarle luego a Anya.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   29th Septiembre 2017, 13:30

FDI: la user de Dalae me ha pedido que le pase el turno. El siguiente turno de posteo será libre. A ver si le damos un empujoncito a este tema. Cualquier duda que tengáis enviádmela por MP y os la resuelvo encantada.

¿Quieres saber quién soy o te estás planteando lo que harías conmigo? — respondió la pelirroja sin tapujos. Arturo abrió mucho los ojos, sorprendido, no estaba preparado para la total y aplastante sinceridad de Brooks — Por si acaso, te digo yo que antes me acostaría con ella que contigo..

A Verity le pareció de muy mala educación que la señalaran con el dedo, sobretodo para hacerle insinuaciones sexuales. Sin poder evitarlo, sus mejillas se sonrojaron ligeramente, sorprendida de que la conversación tomara aquel rumbo.

Y soy heterosexual. - afirmó la pelirroja para picar al peliblanco, y acto seguido, la chica de los tatuajes respondió como un reflejo.

Yo también… — no venía a cuento, pero sintió la necesidad de decirlo en voz alta antes de que la conversación subiera más de tono. Pero lo cierto era que teniendo delante de sus narices a una mujer tan sexy como Brooks, no sería raro que cualquiera se planteara de nuevo su sexualidad.

Estás buena pero no te lo tengas tan creído...— protestó Arturo, algo ofendido con las palabras despreciativas de Garnet. No entendía cómo alguien podía escoger a otra mujer antes que a él. El Dragón del Este tenía mucho que ofrecer, y ellas se lo iban a perder. Se encogió de hombros y atrapó una galleta y se la llevó a la boca, partiéndola en dos con los dedos.— Tu amiga parece mucho más interesante... — insinuó esta vez, fijándose en la rusa, que le dedicó en aquel instante una mueca de repulsión.—¿Qué hacen dos chicas tan guapas como vosotras con el viejo perro de John Constantine?

Verity ya no sabía cómo esconderse de la vergüenza ajena que sentía, y se llevó la mano a la frente, sin saber muy bien que hacer o que decir sobre las insinuaciones de Arturo. ¿Qué mosca le habría picado? Estaban allí para conseguir la llave y no para ligar con los anfitriones…

Se quedó en silencio hasta que Dalae terminó de hablar, y observó cómo el demonio volvía tranquilamente al comedor para servirle una bebida alcohólica a la otra pelirroja.

No, no, se equivoca… — apuró Verity al ver que Constantine se había hecho un lío.— No ha entendido bien a mi compañera. Lo de la puerta era una metáfora…

La pelirroja enmudeció cuando John trató de negociar con Dalae un intercambio equivalente, y Arturo dejó escapar una breve risilla. No habían traído nada de valor consigo, y tenían que inventarse algo antes de que Constantine decidiera quedarse la llave para él solito. Fue entonces cuando el inglés le hizo una pregunta directa a Verity y la dejó descolocada.

¿Eh? ¿Yo? — la señorita Willis ya no sabía hacia dónde mirar, y decidió mantener ocupada su boca con el té y las pastas, consiguiendo así unos segundos más para pensar en algo. Se llevó entonces a la boca una de las galletas frutales que había preparado el demonio y…

¿Pero qué diablos?— espetó, e inevitablemente N’all se dio la vuelta, dándose por aludido. Verity frunció el ceño con mucha rabia y alzó la galleta para que todos la vieran.— ¡Esto tiene droga! ¿Qué le has puesto? ¡Será posible! ¡Debería darte vergüenza! ¡Yo no enveneno a mis invitados!— exclamó, encarándose a John Constantine mientras esgrimía la galleta en el aire.

La mala noticia era que Arturo ya había comido tres o cuatro galletas con droga, y tuvieran el efecto que tuvieran, el Dragón del Este ya llevaba rato comportándose de forma rara...

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   29th Septiembre 2017, 13:57

Sonreí cual loba ante un conejo cuando vi las reacciones de Arturo. Cuán simple era a veces la mente humana y que con qué facilidad se transparentaba un hombre si le intentabas sacar de sus calzoncillos. Y la reacción del peliblanco había sido para mi un deleite. Oro puro y canela en rama. Así que en cuanto desvió la atención hacia Anya me carcajeé en voz alta y sin intentar ocultarlo en lo más mínimo. Le dediqué a la chica de los tatuajes la más encantadora de mis sonrisas. Yo ya había conseguido lo que quería, distraer la atención de aquél hombre al qué hacíamos ahí. Seguía interesado en por qué estabamos con John, pero no pensaba darle coba.

Perdona, no iba con mala intención. Estaba de guasa.

Y el mayordomo no me traía mi alcohol. Estaba segura que me había escuchado, pero aun así, té y galletas era todo cuanto teníamos sobre la mesa. Yo en esa conversación no pintaba absolutamente nada y lo cierto es que estaba ahí por si pasaba cualquier cosa, porque el orgullo me lleva a ser confiada y creer en mis propias capacidades… Y para que mentir… Puede que una pequeña parte de mí quiere, que si realmente pasa algo, estar cerca de John. Lo más cerca posible, para poder tender un brazo y volverle intangible de ser necesario, aunque para mi eso sea una necedad.

Pero no cambiaba el hecho de que en esencia, yo allí no pintaba nada. No sabía de qué llave hablaban y tenía poca idea, cercana a cero, sobre temas sobrenaturales. Si querían ofrecerle objetos a John, podría dar un valor tasativo pero no a la magia que pudieran traer consigo. Y a estas alturas, una vez dentro de ShadowPact, me había vuelto paranoica hasta el punto de ver magia en todos lados. Y al parecer no iba tan desencaminada.

En ausencia de una bebida digna, sin poder fumar, y ahora mismo, excluida - por bien que de propia voluntad - de la conversación, yo ahí era poco más que un florero. Así que más para distraerme que por hambre, tomé una galleta y sin más miramientos ni ceremonias, me la llevé directamente a la boca. No soy muy fan de las frutas, prefiero el chocolate y cosas no tan sanas y más caras, pero tampoco les hice muchos ascos, y cuando terminé la primera, atrapé mi propio índice entre los labios. Estaban ricas… sabían bastante bien.

Fui a por la segunda, distraída, sin darme cuenta siquiera de si John me miraba o no. Pero no hacía falta. En cuanto Verity se exclamó, me quedé quieta, a mitad de la segunda galleta. Encantadas. Envenenadas. Aparté esa mitad de mi y la miré frunciendo el ceño, girándome lentamente a mirar a John. Del desconcierto al enfado en tiempo récord.

¿¡John!? ¡Pero qué coño tio, avísame! — Tiré la galleta sobre el plato, casi con desprecio, y me levanté del sillón. — Encima soy tan putamente imbécil de quedarme cerca para protegerte. Como si necesitaras ayuda alguna. Puto canalla, pero que idiota soy.

Me alejé llevándome las manos a la cabeza. Manos que inmediatamente después bajaron a mi cintura, quedándose en jarra. No me encontraba mal. No me daban vueltas la cabeza, no estaba mareada. Si estaban envenenadas… Tal vez tardaran en hacer efecto. Tal vez todavía se podía hacer algo.

Lo siento por lo de canalla... No lo pienso realmente. Bueno, lo pienso, pero es algo que me gusta de ti así que no puedo quejarme. Bueno, a parte de... Ya sabes.

Y de nuevo, me quedé quieta. ¿Me he disculpado? ¿EN PÚBLICO? Y no solamente eso. Acabo de soltarle a John que me gusta algo de él. Caminé de espaldas hasta que dí con ella en la pared, una de mis manos aferrándose a la cómoda y la otra, con fuerza, tapándome la boca. Ahora misma podría gritarme a mí misma un “cierra la puta boca Brooks” y por una vez, me daría la razón en lugar de discutirme conmigo misma.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   14th Octubre 2017, 18:26

El mago volvió a hacer caso omiso del dragón y su "conversación" con las pelirrojas. Daban ganas de darle un puñetazo en los morros pero John tenía que centrarse y esperar a tener sus respuestas. No como Anya que con las insinuaciones de Arturo puso cara como si alguien le hubiera escupido en el vodka y le contestó algo en ruso que con tan sólo el tono ya daba a entender por dónde se podía ir el peliblanco.

La chica de los tatuajes quiso enmendar el error del inglés corrigiéndole sobre lo que había dicho su compañera, y cuando la conversación viró directamente hacia ella se quedó sin palabras, llevándose una galleta a la boca. Aquello John podría interpretarlo de varias maneras, y una de ellas podría bien ser "mantén la boca ocupada y no digas nada". ¿Algo que esconder? ¿No quería decir algo que pusiera en entredicho a sus compañeros? Verity destacaba demasiado con aquellos dos, como un perro entre jirafas. John tenía la constante sensación que aquella chica era clave para algo, pero no terminó de entender para qué.

Y entonces, se descubrió el pastel.

Las galletas estaban envenenadas dijo Verity, que llevaban droga. Como fue de esperar Garnet también se escandalizó al escucharlo. No podía decirle nada porque si lo hacía se habría descubierto a si mismo antes de que el demonio trajera las galletas. Luego tendría que pedirle perdón y todo el rollo que trae consigo haberla engañado a ella también, pero jamás habría puesto nada en la comida que perjudicara seriamente a ninguna de sus alumnas, especialmente a Garnet.

- Pero qué exagerada - le contestó el inglés a su acusadora con una sonrisa socarrona. - ¿Es que nunca habéis hecho pastel de maría con los amigos? Lo que me sorprende a mí es que lo hayas notado con un sólo mordisco cuando los demás no lo han hecho - apuntó el rubio mirando fijamente a los ojos de Verity.

La discusión que había tenido con el demonio sobre el tema había sido de proporciones épicas. En un principio el inglés quería tener esa carta bajo la manga untada en las tazas de té, por si aparecían sorpresas tras la puerta. El mayordomo como era de esperar se opuso rotundamente abogando al sacrosanto del té. Tras discutir durante casi media hora, al final hacer unas galletas era mejor idea que adulterar el té. Dios salve Inglaterra y su puto té.

Cuando el mago iba a seguir con sus acusaciones, se quedó sin habla cuando escuchó a Garnet. Se hizo un incómodo silencio y el inglés tuvo que girarse, coger la bebida que le había traído el demonio a la pelirroja y tendérselo para que, de momento, siguiera el ejemplo de Verity: "mantén la boca ocupada". Daños colaterales, por decirlo de algún modo. Ésto después le iba a pasar factura, y la cuenta sería de muchos números.

- Dejémonos de gilipolleces de una vez, ¿vale? Las cartas sobre la mesa. No sois mis invitados. Éste sitio no se llama la Casa del Misterio porque algún viejales adinerado quiso ponerle nombre a su propiedad. Aquí no se llega fácilmente, por no decir que no se llega. O te invitan o no encuentras ni la puerta, y vosotros habéis topado a la puerta, con lo que supongo que nos habéis seguido hasta aquí con ayuda de alguien bastante poderoso. No te ofendas cielo - le comentó a Dalae - pero no te veo con esas capacidades. Así que, o me decís exactamente para qué sirve ésta llave y qué abre o podéis iros a tomar por culo.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   18th Octubre 2017, 00:56

Arturo. ¿Por qué tenía que ser siempre él? El que quemaba el bosque, el que se enfrentaba a quien no podía vencer. El que no era capaz de cerrar la boca cuando tocaba… Y, de alguna manera inexplicable, no era capaz de darse cuenta de lo que realmente estaba haciendo. Tentar a la suerte, dar motivos a los amos del castillo para que los echaran al foso… O cualquier otra forma de defenderse a sí misma que tuviera la Casa del Misterio. Por lo que sabía, John Constantine no era un hombre violento, pero tampoco quería arriesgarse. Y menos aún si no sabía nada de las mujeres que lo acompañaban. Una de ellas, por cierto, no parecía poseer el don de la paciencia. La asgardiana sabía que Arturo podía ser desesperante en ocasiones, pero… Aquello debía ser algún récord, y además desvió ligeramente el tema de una conversación que Dalae dejó de escuchar bastante rápido.

Era posible que estuviera enfocando todo aquello de una manera incorrecta. John estaba sospechando con tanta fuerza que hasta parecía que iba a estallar… Pero, por lo menos, recordaba la llave. O eso era lo que Dalae podía deducir de su súbito cambio de expresión, y ese significativo toque en su bolsillo. Como si buscara algo. Dalae creía en las casualidades, pero aquello sería demasiado incluso para la situación en la que se encontraban. A menos que la casa también tuviera el poder de la oportunidad y ofreciera su contenido precisamente cuando era necesario, por supuesto. No es que fuera a comentar aquel detalle con su dueño, desde luego, pero siempre era interesante saber si estabas en un sitio que podía meter cualquier cosa en tus bolsillos.

Y, de hecho, aquella no era la última sorpresa de la noche. -¿Pero qué diablos? ¡Esto tiene droga! ¿Qué le has puesto? ¡Será posible! ¡Debería darte vergüenza! ¡Yo no enveneno a mis invitados!-A diferencia de Arturo, la amiga de Loki desempeñaba su función con una eficacia fantástica. La morena ni siquiera había hecho ademán de tomar una pasta, siguiendo su política de minimizar en lo posible cualquier posible envenenamiento. Por una vez, le había servido de algo. Justo después de que la mujer tatuada diera la voz de alarma, la asgardiana… Cogió una galleta de la bandeja. Pero, en lugar de llevársela a la boca como cualquier persona normal (o, al menos, dentro de la hipotética normalidad que posee alguien que come algo drogado con una sustancia desconocida), la sostuvo frente a sí. -Raden… ¿Qué es esto?-Musitó, su voz enmascarada por las sonoras quejas de una pelirroja que no había sabido del pastel hasta que se había descubierto. Un enfado totalmente lógico y racional, aunque perdía bastante intensidad al final, al decir también que aquello le gustaba de él.

Una voluta de niebla blanca, helada, surgió detrás de Dalae. Como si surgiera de su misma espalda, se mantuvo en su lugar, creciendo y espesándose pero sin tomar la consistencia de nada en concreto.  Si alguien se detenía a observarla, le parecería que dos pequeñas chispas rojas flotaban en su centro.  ”-Mmm… Creo haber olido algo así hace mucho tiempo, en el hogar de un alquimista. Fuerza a decir la verdad. Como si no hubiera suficiente...”-Respondió el fantasma, irónico. No le hacía demasiada gracia revelarse así, aunque fuera de forma incorpórea, pero era la única manera de poder percibir algo en concreto en aquel mar de rastros mágicos, de detalles entrelazados y diferentes entre sí.

Mientras tanto, la aprendiz de Constantine enfriaba sus ánimos con alcohol, y la escasa paciencia del inglés se iba por el desagüe. Perfecto, todo perfecto. Antes de que Arturo volviera a soltar algún comentario inapropiado, Dalae decidió tomar medidas drásticas: Un pañuelo verde lo amordazó, ocultando tras su ilusión que tan sólo era un fragmento de hielo que rodeaba la cabeza del elementalista. A la asgardiana no le gustaba demasiado mostrar la naturaleza de sus poderes: No había que ser muy listo para averiguar que la mejor manera de combatir el hielo era el fuego. Y, en la medida de lo posible, preferiría no morir quemada como las brujas midgardianas. Además, la ilusión no disimulaba el frío del hielo… Esperaba que eso reforzara el significado de su indirecta.

Hecho esto, se centró en las palabras del inglés. Por mucho que le desagradara, tenía toda la razón de todos los mundos. Ninguno de los tres era tan poderoso… Y esa certeza molestó ligeramente a Dalae. Seguía sin ser suficiente para lo que se esperaba de ella, y lo peor de todo era que… Resultaba obvio para los demás. -No, no las tengo. Y lo siento por los comentarios de Arturo… Sigue sin aprender a expresarse como debería.-Se disculpó, observando la pasta que aún sostenía entre los dedos, como si pretendiera analizarla de un vistazo. La verdad… Así que de eso se trataba. Llevaba demasiado tiempo a la sombra de Loki como para apreciarla, quizás incluso para comprender su naturaleza. Era irónico… Lo que estaban teniendo que hacer para conseguir la espada. Habían recuperado la primera llave a base de mentiras y violencia, mientras que la segunda… Así les estaba yendo.

Con esos pensamientos en mente, Dalae mordió el dulce, y tragó.

No notó nada diferente de inmediato. Ni sueño, ni visión borrosa, ni ninguna sensación extraña. Todo estaba bien. Y, lo mejor de todo, ahora podía garantizar que Constantine podía confiar en sus palabras. Además, la galleta estaba deliciosa. Nunca había probado un veneno que la hiciera querer repetir... -Bien… Gilipolleces dejadas de lado. Es cierto, no soy capaz de llegar a la Casa del Misterio sin permiso, como cualquier mago normal y corriente. Y sí, me ofende un poco.

… De acuerdo, aquello había sobrado. Mucho. Pero era como si le hubiera salido solo, como si las palabras hubieran salido de su boca por su propia cuenta. Su expresión se endureció un poco, no le gustaba. Pero, si quedaba alguna duda de su honestidad, debía de haber quedado descartada ya. -Esa llave sólo sirve para abrir el cofre de Garn, la espada de la Verdad. En total, hay cinco de ellas… Y poseemos tres.-Dalae dudaba que cualquiera de los tres ocupantes de la Casa del Misterio conociera la historia de Sigurd y su espada. Incluso para los asgardianos, era un relato tan antiguo que se confundía con las leyendas que envolvían al Primer Héroe de Asgard. Probablemente los midgardianos ni siquiera recordaran su nombre, si alguna vez lo habían conocido. -Conservar únicamente la llave de Uruz no supone ningún beneficio si se desconoce dónde están las otras… O el cofre. Y ni siquiera nosotros sabemos esto último.-La bruja casi podía notar la mirada penetrante de Raden en su nuca, desaprobando absolutamente todo lo que decía. No era que el lobo no apreciara la honestidad, tan solo era que… Sabía que en aquel momento estaba siendo excesiva. Los pálidos dedos de la aprendiz se crisparon ligeramente sobre el reposabrazos del sofá en el que estaba sentada.

-Si aún necesitas ayuda para decidirte, Constantine, te podemos ofrecer a cambio algún objeto mágico que sí puedas usar en realidad…-Fue entonces cuando Arturo comprendió. Dalae no se refería a la pulsera que mantenía oculta su armadura, o al extraño colgante de colores cambiantes que nunca se quitaba. Eran objetos de los que podía prescindir, a diferencia del bastón del que dependía en parte su supervivencia. Pero no, los objetos que mencionaba la hechicera eran los suyos. Los de Arturo Lizarraga, el Dragón del Este, que había trabajado lo indecible para reunir aquella extravagante colección. Ese mismo al que su aliada había amordazado por el bien de la negociación, y que probablemente saldría de aquella casa más bien ligero de equipaje.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   20th Octubre 2017, 11:20

A Verity le sorprendió ver que Garnet se levantaba del asiento para incriminar a John. Ella había probado también esas deliciosas galletas traídas por el demonio, y Arturo había comido el que más. Por tanto, la amiga de Loki pensó para sus adentros que nada malo podía pasarle si probaba solo una. Pero lo cierto es que no se había dado cuenta de que la palabrería de Arturo era por culpa de la influencia de la droga y no porque el chico fuera así de base. Pero claro, eso Verity no podía saberlo, puesto que no conocía de nada al Gran Dragón de Este, ni a Dalae, dicho sea de paso.

Le gustaba la naturalidad y el desparpajo que tenía Garnet, y empezó a pensar que de toda la gente mentirosa de esa sala, era la que mejor le caía en gracia. Pero el susto que se llevó la maquilladora al descubrir que John Constantine había adulterado las galletas, no la puso de muy buen humor. Dijo varias cosas que no entendió, y rápidamente se llevó la mano a la boca intentando tragar sus palabras. ¿Qué había dicho que tanto la alteraba?

El inglés trató de calmar los ánimos, pero no hizo más que encender la chispa que Verity llevaba dentro cuando añadió a su discurso más mentiras.

Esto no lleva María… — afirmó, cruzándose de brazos. — ¿De verdad crees que me lo voy a tragar? No sé para qué necesitas tanta chorrada para que hablemos con tranquilidad. ¡No te hemos hecho nada!  — La pelirroja le miró con ojos desafiantes, y fue entonces cuando Constantine se puso serio — Vale, genial. ¿Nos dices que nos dejemos de gilipolleces? Pues empieza tu. ¡Deja de tratar de intimidarnos con un demonio paseando por la casa como si nada!

Verity era una humana normal y corriente después de todo, y no estaba acostumbrada, como el resto de espectadores de la Mansión del Misterio, a ver criaturas monstruosas y demonios del infierno.

N’all se quedó tieso como un palo en cuando escuchó la incriminación de la señorita Willis. Por un instante, dudó de la veracidad de su camuflaje y decidió retirarse tranquilamente para no provocar ningún otro malentendido. Arturo, en cambio, tenía la boca abierta para darle un mordisco a otra galleta, y se quedó congelado ante la exaltación de la pelirroja. Decidió dejar los restos del postre en su plato, y tras mirar fijamente y de forma muy seria a Constantine, preguntó:

¿Dónde está el baño? — y antes de que el peliblanco pudiera decir o hacer nada más, un pañuelo de color esmeralda envolvió su boca y el mutante miró a Dalae como pidiéndole explicaciones. Arturo tampoco estuvo de acuerdo en la mención de su apreciada colección de objetos mágicos, y en aquel instante se arrepintió por primera vez de deberle un favor a Dalae, y de haber firmado un contrato con su maestro Loki. Dudó por un instante sobre su lealtad hacia el hijo de Lauyfey y se planteó la posibilidad de dejar que la misión fracasara estrepitosamente. Pero… ¿Le saldría más a cuenta enfrentarse a la ira del hechicero más poderoso de Asgard? Un objeto suyo a cambio de su vida… ahora que lo pensaba mejor no era un mal intercambio después de todo…

Después del nuevo intercambio verbal, Verity volvió a sentarse en el sofá y le pareció que el gesto que había hecho Dalae comiéndose una de las galletas drogadas había sido muy honrado. Después de todo, la única que había estado diciendo la verdad todo el rato había sido ella. Quizás iba siendo hora de que todos se sinceraran un poco.

¿Y como sabemos que de verdad tienes la llave? — preguntó con calma al inglés.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   30th Octubre 2017, 09:02

Me llevé una mano al rostro y me froté las sienes, molesta. El hecho de que John no hubiera hecho mención alguna a ninguna de mis interjecciones no me suponía alivio alguno. Bien podía significar que le había dejado en evidencia y trataba de ignorarme deliberadamente o bien que íbamos a hablar más tarde. O tal vez que no significaba nada. Y, ¿desde cuando me pienso yo tanto las cosas? Suspiré, intentando forzarme a calmarme. Si realmente sólo llevaban marihuana, no tenía que ser nada que no podía controlar. Dios sabía que habíamos llegado a peores en las calles. Serenidad, Garnet. Normalmente controlo tanto lo que digo y hago, que verme privada de filtros me había sobresaltado. Como un dique que pierde agua, la idea de tener una grieta en la presa de mi personalidad había hecho que se dispararan las alarmas. Pero Maria, puedo con ello. Aunque siguiera sin filtros, si sabía lo que lo causaba... estaba mucho más tranquila.

Observé los dos ojos rojos que parecían aparecer por un instante al lado de Dalae, y me llevé una mano al rostro por segunda vez, aunque en esta ocasión me froté los párpados en lugar de la sien. Había mucho que no entendía. Desde que acepté acompañar a John y aprender de él, era esa la primera puerta que se debía abrir. Aceptar que no sabes nada, que te tienen que enseñar todo de nuevo. Algo relativamente fácil si nadie te había enseñado nada para empezar.

Volví a la mesa, sentándome en el reposa brazos del sofá, de nuevo quedándome a escuchar. Sonreí para mí cuando Verity dijo lo de tragarse lo que había dicho John. Nah, Arturo, Dalae y yo era los que nos lo habíamos tragado. Lo del demonio ya me sorprendió más. Que Anya pudiera detectarlo era una cosa, ¿pero ella? ¿Tenía algún tipo de poder similar al de la rusa? Además, había percibido que las galletas estaban adulteradas sin casi probarlas. Si veía o sentía las cosas por lo que realmente eran... ¿Qué debía ver en mí?

Espera un momento. — dije, en cuanto el pensamiento cruzó mi mente. No me había planteado ni decirlo en voz alta, pero tampoco hice nada por detener la pregunta que había en mi garganta. — Si aceptas que no puedes llegar aquí por medios normales, ¿Cómo lo habéis logrado? ¿Qué o quién os ha traído?

No podía responder por John. Yo tampoco sabía si teníamos o no la llave, si el intercambio por un objeto mágico le iba o no a interesar, pero John tenía razón y nos lo había dicho antes. La casa cambia constantemente de lugar y necesitas la llave para poder acceder a ella y sólo John la poseía. ¿Nos habían estado siguiendo entonces? Si era así, ¿desde cuando? Sobretodo yo, que guardo celosamente mi vida privada y el lugar donde vivo, la idea de tener a alguien espiándome sin que yo me diera cuenta, me enfurecía. Clavé en Dalae mis ojos esmeraldas, acusatoria. Podía agradecer su buena voluntad al comer la galleta para demostrar que no mentía. Pero hay una diferencia entre no mentir y ocultar la información, y desde luego sospechaba que la morena era culpable de la segunda.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   12th Noviembre 2017, 21:06

Definitivamente, debían de estar llevando al límite la paciencia de Verity. Y eso, sabiendo que el dios de las mentiras la consideraba una amiga, era decir bastante. Al igual que Constantine, la mujer tatuada quería dejarse de tonterías, y no se molestó en omitir ninguno de todos los engaños que tanto la molestaban. Dalae esperaba que, al menos, la desaparición de escena del demonio la hiciera sentirse algo mejor. Pero no se detuvo ahí, claro que no. Puestos a ponerse dire-¿Y como sabemos que de verdad tienes la llave?

-No lo podemos saber con seguridad, pero… Esto está tan lleno de objetos mágicos que es difícil que no esté en algún lado, aunque ellos no lo sepan. Y, además, la primera vez que se ha nombrado la llave, él se ha llevado la mano al bolsillo. Quizás esté ahí.-La respuesta salió con naturalidad, sin pensar. Como si estuviera hablando del tiempo, vaya. Sin embargo, esa forzada naturalidad le duró más bien poco. -Espera un momento. Si aceptas que no puedes llegar aquí por medios normales, ¿Cómo lo habéis logrado? ¿Qué o quién os ha traído?-La verdad es que Garnet podría haberse quedado callada, bebiendo y enfadándose con su maestro por el truco de las galletas. No era una pregunta cómoda, desde luego, pero era inevitable que la cuestión aflorara tarde o temprano: La Casa del Misterio solía ser una fortaleza inexpugnable, y a sus dueños les interesaba que siguiera siendo así por mucho, mucho tiempo.

-Nos… Trajeron.-Hablar bajo los efectos de aquella cosa era muy parecido a esquiar. Ibas rápido, sin poder frenar, y con una posibilidad nada despreciable de chocarte con algo sin apenas haberlo visto venir. Lo único que se podía hacer era esquivar los árboles… Era más difícil de lo que parecía. -Fue un mago llamado... Serrure, es él quién busca la llave.-Apartó la vista, visiblemente incómoda. Había estado cerca. Afortunadamente, el Dios de las Mentiras tenía tantas caras, que se podía hablar de él a través de ellas sin faltar a la verdad en lo más mínimo. Además… ¿No había usado ese nombre en la reunión que convocó el Doctor Strange hace tiempo? Puede que alguno de los tres lo recordara, aunque era difícil. Ese día se habían reunido tantas personas, que era imposible siquiera haber visto a todas. -Os siguió a través de un estanque, creo que era un hechizo de clarividencia… Y después, simplemente, nos hizo aparecer cerca de la puerta por la que acababais de entrar.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   13th Noviembre 2017, 13:37

- Cielo, ¿no sabes cuando alguien está haciendo una alegoría? No llevan maría y en ningún momento he dicho que la llevaran. Si quieres luego te doy la receta para tu disfrute. - Cuanto más hablaba aquella chica más se convencía John de que éste no era su lugar. No tenía ningún sentido que formara parte de aquel grupo a no ser... Una idea le había estado bailando por la cabeza desde que puso los ojos en ella, nacida de la experiencia y de mal pensar de todo. Cada vez tenía más sentido, sobretodo cuando dijo que tenía un demonio cerca. Subió 50 puntos de repente en su marcador. - Mi amigo trabaja aquí. Si no te gustan sus servicios apechuga con ello. - No estaba siendo maleducado con ella por gusto. Verity estaba nerviosa, alterada. La única que mantenía el juicio era Dalae y tener dos bombas de relojería a su lado podría beneficiar a John.

Entonces la bruja del hielo hizo una jugada arriesgada: se comió un trozo de la galleta. Apostaba fuerte, o bien quería decir otra cosa. Que de verdad necesitaban esa llave por todos los medios posibles, incluso haciendo ver al mago John Constantine que iban de buenas. Tal vez esa necesidad provenía de algún problema que debía solventarse, o bien que alguien les apretaba las tuercas para que consiguieran su tesoro. La segunda teoría cobró fuerza con el relato de Dalae: una llave para una espada, Garn. Y luego un ofrecimiento.
Lo siguiente que vino fueron preguntas y acusaciones que provenían de ambos bandos. La mención de Dalae sobre el bolsillo de John... y luego Garnet preguntando quién les trajo y un nombre como respuesta: Serrune. No le sonaba de nada aquel nombre, pero una imagen le vino repentinamente a la cabeza: una reunión en un lugar apartado de todo. Estaba Zeta, estaba el que dirigía la reunión llamado Doctor Extraño. Estaba Dalae, la recordaba, y a su lado un hombre de avanzada edad... No entendía a qué venía aquel flash i por qué recordarlo en ese momento.

- Dadnos un segundo. - John se levantó del sofá y les pidió a ambas pelirrojas que le siguieran hasta otro extremo de la habitación, donde no pudieran escucharlos. - Ésto no me gusta una mierda, pero podemos sacar buena tajada si llevamos bien el asunto. Vamos a negociar, a ver qué nos dan. Estad preparadas por si acaso y antes de nada quiero asegurarme de algo. Y otra cosa más... - John les susurró a sus ayudantes tan bajito como pudo. Anya asintió y volvió hacia su sitio. John le cogió el brazo a Garnet antes de que pudiera volver también. - Eh, siento la jugada de antes. Luego hablamos de eso, ¿vale? Y de lo otro también. - El agarre se convirtió en una caricia afectuosa y una sonrisa ligera. Corta, pero significativa.

Habiendo concluida su pequeña reunión, John volvió a sentarse en el sofá y miró a los tres "invitados". "Al menos ya no tengo que aguantar al tuerto" pensó para sus adentros al ver que estaba amordazado. Después hizo su jugada: las cartas sobre la mesa, tal y como lo había hecho Dalae. Metió la mano bajo su gabardina y sacó una bolsa de tela hecha con un material muy poco común. Para los practicantes y sensibles a la magia, aquella bolsa era como un contenedor de magia que podía anular la esencia y el aura de su contenido.

- Aquí está - John dejó la bolsa sobre la mesa, frente a él, y apoyó sus codos en sus rodillas, adoptando una posición de negociación. - Vamos a negociar. Lo del objeto parece interesante, pero antes quiero saber dos cosas: qué me podéis ofrecer y para qué quiere la espada vuestro amigo. Si me decís ambas cosas os doy la llave. - Aquello era mentira, pero no podía saberse. John era un mentiroso de primera, controlando cada aspecto de su rostro, cada pauta de sus manos, el tono de voz... No por nada había conseguido engatusar a los príncipes del infierno y a más de uno de sus secuaces. - ¿Hay trato?

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   17th Enero 2018, 11:09

Verity Willis estaba muy alterada, pero sobretodo muy enfadada con la situación en la que se encontraba. Se sentía utilizada y engañada por la persona que creía haber sido su amiga, y además, debía ayudar a sus secuaces a encontrar una llave perdida en una casa encantada donde paseaban demonios con esmoquin y con un dueño estafador que quería drogarla.

Se cruzó de brazos, y se sentó de nuevo en el sofá dejando escapar un bufido. Ella no había hecho nada para merecer ninguna reprimenda, y menos viniendo de un maleducado y poco correcto anfitrión. No le gustaba nada el inglés ni su forma de hablar, pero empezó a sentirse más tranquila al ver que el demonio se había marchado a continuar con sus quehaceres del hogar.

Dalae volvió a hablar de la llave, y esta vez expresó sus pensamientos en voz alta, a oídos de todos los presentes, y dando a entender que posiblemente el objeto que estaban buscando se encontraba en el bolsillo interior de la gabardina de Constantine. Aquello le pareció muy arriesgado, pero aún así, la pelirroja consideró que lo más correcto para conseguir algo era ir con la verdad por delante. Si aquello era cierto, el inglés había quedado expuesto delante de todos y tendría que pensar mejor su nueva jugada.

Entonces, Garnet hizo la pregunta del millón. Verity tragó saliva, y escuchó atentamente lo que Dalae tenía que decir sobre el dios de las mentiras. No estaba segura hasta que punto aquella gente conocía al dios de las mentiras, o si habrían leído algo de la mitología nórdica, así que estaba muy nerviosa. Y es que cualquier palabra sobre la naturaleza de Loki sería el final definitivo de aquella negociación. Y si no había negociación, aquella mansión se iba a convertir pronto en una batalla campal...

Verity bebió un poco del té, que era lo único que no estaba adulterado, y se tranquilizó al escuchar el nombre de Serrure. Sí, lo recordaba perfectamente. No era ninguna mentira. Serrure era el nombre del muchacho francés en el que Loki se había reencarnado. Se acordaba de aquella historia, de como Thor había ido a buscarle para demostrarle que era en realidad un dios nórdico. La pelirroja recordaba con cariño las largas y animadas conversaciones nocturnas con los dos hermanos Asgardianos. Aún cuando pensaba en ello, le costaba creer que había tenido al dios de los truenos sentado en el sofá de su pequeño piso en Manhattan. Era extraño, en aquella época los dos hermanos aún se querían y se llevaban bien. Pero los buenos tiempos habían sido muy breves, y las cosas cambiaron de la noche a la mañana sin que ella lo supiera.

Verity Willis recuperó su aburrida y monótona vida cuando Loki Laufeyson desapareció cinco años atrás. Y ahora, en aquellos momentos, su antiguo amigo que creía muerto había vuelto a aparecer en su vida. Aunque en realidad, Loki había sido incapaz de presentarse en persona y más bien había enviado a dos compañeros suyos a pedir su ayuda. No sabía que le daba más rabia, si haberse pasado cinco años pensando que Loki estaba muerto o saber que estaba vivo y que no había venido a verla. Lo que si estaba claro, es que poco se parecía el dios embaucador al joven que ella había conocido…

Una vez terminaron las explicaciones de Dalae, John y sus tres compañeras se marcharon unos segundos para hablar en privado. A pesar de que todo el mundo le había ignorado, Arturo decidió buscar por su cuenta el baño de la Casa del Misterio, y tratar de vomitar lo que se había comido en el váter. Al dragón del Este tampoco le había gustado el engaño de John, y se quitó como bien pudo el pañuelo mágico de Dalae que le censuraba la boca.

Los ojos castaños de la chica tatuada se estrecharon cuando el inglés volvió a sentarse frente a ellos para poder negociar. Seguía sin gustarle John Constantine. Era un mentiroso, un embustero, un tramposo… y además pretendía engañarlos otra vez. Estaba mintiendo descaradamente, pero aunque la actuación del mago fuera de un diez, nadie podía eludir a la poderosa influencia de la magia de Andvaranaut, que fluía por la sangre de Verity desde su más tierna edad.

La pelirroja, que podía ver a través de cualquier mentira, acarició sus manos de forma casual y se frotó el anillo, esperando a que Dalae fuera consciente del gesto y se diera cuenta de que aquel trato no era más que un engaño en la eterna lista de trampas de John Constantine. Ni el inglés iba a darles la llave si le respondían, ni la llave se encontraba dentro de ese saquito de engañabobos.

No la quiere para nada— dijo Verity en voz alta, protegiendo a su amigo desde la ignorancia— El la creó y es suya por derecho propio. La perdió por culpa de esa colisión… y ahora sólo está tratando de recuperarla.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   8th Febrero 2018, 00:02

La caricia de John puso todo mi cuerpo en alerta. Se me erizó la piel de la nuca, y sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo. Me hizo sentir acalorada y a la vez me dejó fría. Me odió a mi misma por haber soltado semejante gilipollez, y odié mil veces más a John por haberse aprovechado de ello. Aquél hombre tenía en mi un extraña influencia, y era algo que me aterraba. Pero no me dio tiempo a responderle, y me limité a seguirle con un suspiro... Aunque sin darme cuenta mis propios dedos acariciaban aquél punto en donde los suyos me habían tocado.

Me senté de nuevo en el sofá, sin esconder, ni pretenderlo, el enfado y el malestar de toda aquella situación. No tenía nada en contra de aquella mujer, sus tatuajes me encantaban y había incluso planteado hacerme yo uno. Pero su comentario me hizo fruncir el ceño levemente.

Serrure tiene el poder de la clarividencia y de mandar a tres personas a la puerta de una casa mágica que nadie más puede encontrar, y aun así en lugar de presentarse él aquí, manda a los tres minions, — Los enumeré, señalando primero a la pelirroja, luego a la morena y finalmente tras mi hombro con el pulgar, haciendo alusión al que se había ido. — Kevin, Stuart y Bob. Lo siento pero creo que alguien que no tiene nada a esconder, no manda varios súbditos a recoger una llave a un lugar al que desde luego nadie os ha invitado. Todo esto huele a chamusquina.

Tal vez no podía evitar mentir y tenía que decir la verdad, pero seguía siendo capaz de expresarme con mis propias palabras. John no nos había enviado a otra habitación mientras él negociaba, más aun, nos habia dado pautas y puesto en alerta y eso podía significar dos cosas. Que él también desconfiaba y que quería que le cubriéramos las espaldas, o que nos quería ver participando en ello, como algun tipo de prueba extraña de ese rollo alumnas-maestro que nos llevabamos. También cabía la posibilidad de que  no fuera nada de las anteriores y fuera un despiste o que le importaba una mierda si estábamos o no, pero era mejor para mi ego pensar que eran las primeras opciones. En cuyo caso, dejar que las dichosas galletas se llevaran lo mejor de mí y hacerles hablar sin parar - o sacarles de quicio, una de dos - no era una mala idea. Y si John no quería que hablara y le estaba molestando, pues lo seguiría haciendo y lo consideraría mi dulce venganza por no dejarme saber la mierda de las galletas por adelantado. En cualquier caso, todos los escenarios me llevaban a mi a salir "ganando". O lo que era lo mismo en mi idioma, que no tenía absolutamente nada por perder.

Por mucho que la llave sea suya, tanto no le importa si manda a terceros a buscarla. — Me incliné hacia adelante, apoyando los codos en mis rodillas. — Sobretodo cuando esos terceros se presentan en una casa donde no han sido invitados, sin presentarse siquiera ni decir sus nombres, teniendo un conocimiento que a saber cómo han adquirido, de un stalker que ha estado espiándonos, y sin dar siquiera pruebas de que la llave es, como queréis afirmar, suya. — No pretendía ser desagradable con ellos, ni mucho menos. Pero tampoco me preocupé en cuidar como decía las cosas y me dediqué a sacar una verdad tras otra, como pequeños alfileres en un cojín y dejarlos bien visibles sobre la mesa. — Desde mi punto de vista, un porque es suya y tiene derecho es una muy mala manera de convencer a alguien de que os devuelva algo que está en su poder. En mi opinión, debería haber venido Gru a por ella, o daros al menos un modo de demostrar que la llave es suya.

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Dalae Darkle
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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   8th Febrero 2018, 16:08

-Dadnos un segundo.-Constantine decidió levantarse de la mesa de negociaciones, llevándose consigo a sus dos aprendices. Quizá hubiera decidido cambiar de táctica, pero ninguno de los enviados de Loki pudo escuchar qué decía.

Por un momento, Dalae se planteó enviar a Raden para que averiguara cuáles eran las intenciones del inglés. En su forma de bruma, era difícil que cualquiera de ellos notara la presencia del lobo… Pero, a pesar de todo, no lo hizo. Aún desconocía los límites de los tres magos, y cualquier posibilidad de negociación se iría al traste si se daban cuenta del truco. Era demasiado arriesgado. En lugar de eso, la bruja decidió entrecerró los ojos, pensando en todas las posibilidades que tenía a su alcance. Intentando averiguar las consecuencias de sus acciones, los sacrificios que tendría que hacer o no y los resultados que conseguiría con ello. Como una partida de ajedrez. Como tantas veces había visto jugar a Loki.

A su lado, Arturo se levantó, quitándose de mala gana la mordaza; mientras Verity permanecía en el sofá. No estaba de muy buen humor, sin embargo. Debía de haber perdido práctica durante los años que había pasado separada de lo mágico… Y sus segundos primeros pasos estaban siendo directamente en la cuerda floja. Dalae esbozó su sonrisa más sincera para ella, apenas elevando la comisura de sus labios. No era una sonrisa alegre, sin embargo. Era más bien la expresión de quien tiene una idea, no necesariamente buena. Pero, a pesar de todo… La asgardiana se sentía mucho más tranquila sabiendo eso, y pretendía tranquilizar a su compañera también. No le vendría mal retrasar el contador de al menos una de las bombas que tenía en su bando.

-Vamos a negociar. Lo del objeto parece interesante, pero antes quiero saber dos cosas: qué me podéis ofrecer y para qué quiere la espada vuestro amigo. Si me decís ambas cosas os doy la llave.-Un gesto tan noble y generoso no podía ser auténtico, no cuando provenía de alguien como John Constantine. Un vistazo a la mujer tatuada fue más que suficiente para confirmar esa sospecha, y empezar a preguntarse qué había realmente en esa bolsa. ”-No huelo nada, niña. Cuidado.”-Quizás no hubiera nada que oler… O quizás fuera una trampa, se dijo Dalae. Fuera como fuera, no creía que lo que buscaban se encontrara en el interior de ese saquito de tela. Pero antes de que la morena pudiera abrir la boca o extender la mano para comprobarlo… Recibió un nuevo aluvión de preguntas, entreveradas con varias acusaciones pobremente disimuladas.

¿Es que esa pelirroja no se iba a callar nunca?

La asgardiana suspiró, dejando salir una fina voluta de vaho helado de su boca, esperando a que se cansara o tranquilizara. No lo hizo. -La llave le importa tanto que envía a terceros a buscarla, más bien. Somos prescindibles, lo más probable es que nuestra integridad… O nuestras vidas… Le parezcan daños colaterales aceptables si le acercan a la recuperación de su espada. Si lo logramos, se dará por satisfecho. Si fallamos, sabrá que esta no es la manera, y buscará otra, facilitando el camino para conseguirla. Es ensayo y error. Es una manera de saber quiénes sois y qué podéis hacer.-La voz de Dalae sonaba inexpresiva y ligeramente monótona, como diciendo de carrerilla algo que se llevaba repitiendo un tiempo. No le suponía nada. -En cuanto a nuestros nombres, él es Arturo. Ella, Verity. Y yo soy Dalae. Es posible que no nos volváis a ver y nuestros nombres no son especialmente importantes para el tema que nos ocupa, así que no he creído necesario presentarnos. Mis disculpas.-Clavó su mirada azul en la pelirroja, masticando esas dos últimas palabras con ira contenida.

Pero en una cosa tenía razón. ¿Cómo iba a demostrar que la llave pertenecía a Loki? Había visto las otras tres, y no tenían ninguna inscripción, nada que pudiera conectarlas visiblemente al dios de las mentiras… Y mucho menos a esa misteriosa figura que representaba el mago Serrure. No creía que demostrar su pertenencia fuera a convencer al dueño de la Casa del Misterio y su acompañante, desde luego. Pero no poder hacerlo supondría un agujero más que podía socavar su posición a la hora de negociar. Tenía que encontrar una prueba de lo improbable, pero sin ofrecer demasiada información que pudiera hacerles retroceder.

-Tanto las llaves como Garn pertenecen a Serrure. No puedo mentir, así que, si he podido decirlo sin vacilar… Debe de ser cierto.-No tenían por qué confiar en ella, y de hecho, quizás lo mejor sería que no lo hicieran. Pero en lo que John sí que podía confiar era en sí mismo, en su propia habilidad a la hora de preparar lo que quiera que hubiera puesto en las galletas. Y, puestos a creer en alguien… ¿Quién mejor que uno mismo?-A cambio de la llave, puedo ofreceros tres de las piedras de Babel. Usándolas, no tendréis que levantaros e iros a otro sitio la próxima vez que queráis hablar en privado durante una negociación. Quienes las llevan hablan un idioma ininteligible para cualquiera, salvo para otras personas que utilicen una.-Casi podía oír cómo Arturo rechinaba los dientes ante la idea de perder sus cosas. Pero ese no era su problema. El albino había aceptado con entusiasmo su trato, y desde el principio se le había dicho que no sería fácil. A veces, lo único que se podía hacer era pagar el precio. Especialmente cuando el que pagaba era otro.-Si prefieres librarte de alguien que te odie a hablar en voz alta, podemos cambiarte la llave por una perla mágica. Métela en el oído de alguien, y podrás manipularlo para que olvide cualquier cosa por la que esté legítimamente enfadado contigo.-Dalae estaba segura de que había muchas criaturas incluidas en esa categoría, y no dudó en compartir su opinión con los presentes. Necesitaba encontrar un antídoto a esa cosa tan pronto como saliera de la Casa del Misterio… Antes de que uno de esos deslices la hiciera caer de verdad.

Pero antes… Necesitaba conseguir la llave. -Supongo que no os importará que la vea antes de cerrar cualquier trato, ¿no?-Bajo la ilusión que le proporcionaba la pulsera, la bruja conjuró un brazo de hielo que salía de la palma de su mano abierta, y se alargaba hasta la supuesta “llave” que había encima de la mesa. No pretendía tocar directamente algo que, a todas luces, parecía una trampa. Pero Verity era la única que podía ver todas esas precauciones. De cara a los demás, Dalae se había inclinado hacia delante, imitando la postura del inglés, y estaba abriendo la bolsita de tela para derramar su contenido sobre la mesa… Fuera lo que fuera.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   8th Febrero 2018, 23:38

Había días en los que John se levantaba con el pie derecho. No eran muchos, pero los había, y lo hacía pensando que aquel podría ser un buen día, que podría estar alejado del sincronismo suficiente tiempo para considerar disfrutar de unas bonitas vacaciones, que podría confiar en la gente porque sí, sin arrepentimientos.
Más tarde se daba cuenta de que él nació con dos pies izquierdos. Una ilusión de alguien que aún mantiene cierta mierda de esperanza en éste mundo fracturado. Ojo, nada de esperanza pura: mierda de esperanza. Eso según como se mire es peor que ser un cínico.

Mientras toda esa luz que busca todo misionero se iba por el putrefacto desagüe dentro de la cabeza de John, sus dos aprendices mantenían un juego conocido como "haz lo que el otro no hace". Garnet empezó a soltar un montón de preguntas sobre la visita, la llave y ese ser llamado Serrune, el cual parecía ser el dueño de la llave. Preguntas muy útiles las cuales podría haber dicho el mismo John, pero teniendo en cuenta que la ladrona estaba en su mejor momento dicharachero... Y por el otro lado estaba Anya, que se mantenía un poco distante, en silencio, observando y fulminando con la mirada. Vaya con la rusa y la mala leche que echaba por los ojos. Tal vez era un cabreo hacia John y lo estaba redirigiendo hacia los no-invitados. Quizás después le diera un puñetazo al inglés.
Constantine estaba en su propio mundo, en su propia visión de túnel centrado en la pelirroja que tenía delante. Tuvo que apartar la mirada hacia Dalae cuando ésta presentó al trío y le dio nombre a la mujer con gafas: Verity.

Lo que les dijo hizo que John mirara largamente la bolsa que había dejado sobre la mesa. Estaba pensando su jugada. Estaba calibrando toda la información que tenía ante él. Tenía poco tiempo para llegar a una conclusión, y para su suerte, su cabeza ya estaba funcionando mientras escuchaba las declaraciones de la bruja del hielo.

El inglés lanzó la mano sobre la bolsa que estaba abriendo Dalae, impidiéndole que terminara de abrirla. Sin apartar la mirada de los ojos de Dalae, recogió la bolsa, la ató bien y la volvió a guardar en su gabardina. Manteniendo el silencio y el suspense, se tomó su tiempo para sacarse un cigarrillo y encendérselo, disfrutando de esos pequeños placeres que te da tener la sartén por el mango.

- No sé por qué será, pero te creo en lo que dices, así que voy a ser amable contigo: acepto los dos objetos, tanto la piedra como la perla. Has conseguido que sienta cierta simpatía por vosotros, teniendo que arriesgar vuestros bonitos culos para que otro que no es capaz de mover el suyo propio recupere algo que perdió. Y puede que digas, ¿cómo puedes ser amable John, si me estás pidiendo las dos cosas? Porque la otra opción es llamar a mi amigo al que tanto le gusta a Verity y pedirle que, "amablemente", os eche a patadas por traer a un radar de mentiras que habla y caga. - Ésta vez miraba a Verity a los ojos como si fuera un maestro que ha pillado a un alumno haciendo trampas en un examen. - Tienes un don cielo, pero yo tengo otro y seguro que me vas a creer: yo puedo leer a la gente, y en cuanto has pasado por esa puerta he sabido que no estabas aquí porque habías sacado la pajita más corta. Tenías un propósito para estar aquí pero no lo hacías porque te saliera de ti. Así que, teniendo en cuenta tu don, y teniendo en cuenta frente a quién estás, el que te pidiera que vinieras ya me conocía, y para mí eso es como llevar una escopeta bajo la gabardina en una reunión de negocios. Sólo necesitaba una prueba para estar seguro y me la has dado cuando le has hecho ese gesto a tu amiga. Llevas toda la sesión rectificando cualquier cosa que he estado diciendo, y una mentida dicha en el peor momento seguro que debía tener la mayor de las prioridades, ¿no? - Tomó una calada, y ésta vez no miraba a ninguna de las dos en concreto. - Ésta es la amabilidad inglesa: vosotros me jodéis y yo os jodo. Así que aquí está el trato: dejáis los dos objetos y yo os dejo buscar la llave. O lo tomáis, o salid de mi puta casa.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   15th Febrero 2018, 19:16

Me gusta Kevin— añadió Verity casi en silencio. La pelirroja bajó la mirada con timidez cuando Garnet arrugó la nariz recriminándoles, y dejó escapar un pequeño suspiro. ¿A quién quería engañar? A nadie, supongo. No le gustaban nada los métodos de Loki y sabía que la pelirroja tenía parte de razón en lo que decía. ¿Qué hacía ella allí? ¿Porqué la habían enredado en esta farsa? Si tan sólo fuera capaz de olvidar todo lo que vivió junto a su amigo Loki… pero no podía. Dolía demasiado.

Dalae intentó animar a Verity con su sonrisa, algo que consiguió tan solo durante unos segundos hasta que la mujer de hielo hizo la siguiente confesión: el grupo era prescindible, y nada de lo que les sucediera importaría al embaucador. Aquellas duras palabras consiguieron que el rostro de la pelirroja se contrajera lleno dolor. No quería creer en ello, aunque Dalae no había mentido en ningún momento… ¿Es que a Loki ya no le importaba nada? ¿Era por eso que ni siquiera le había dicho que seguía vivo? ¿Había sido capaz de lanzar tan fácilmente a la basura la amistad de todos esos años?

Verity era una mujer fuerte, y luchó por contener las lágrimas que amenazaban por brotar de sus ojos castaños. Respiró hondo y dejó que la tristeza y los nervios la abandonaran, para seguir atenta a la conversación de su alrededor.

Dalae no parecía haber hecho caso de su advertencia, y estaba dispuesta a abrir el saco del mago delante de todos… pero el famoso John Constantine la detuvo a tiempo. ¿Por qué había hecho eso? ¿Qué escondía realmente aquel indefenso saquito de tela?

De pronto, la mujer de los tatuajes sintió la mirada penetrante del inglés, que no la dejó indiferente. Se sentía culpable y acusada, a pesar de no haber hecho daño a nadie. A pesar de que su manera de vivir fuera únicamente con la verdad por delante…¿Tanto daño les hacía la verdad a aquellas personas?

Arturo se quedó bastante indignado cuando Dalae usó SUS objetos como intercambio equivalente para obtener la llave, y no tuvo más remedio que acceder a pesar de estar en contra. Le daba mucho más miedo presentarse delante de Loki con las manos vacías.

Creedme cuando os digo que no querríais que Serrure hubiera venido en persona...— dijo en un susurro lleno de disgusto, y el Dragón del Este empezó a sacar los objetos de su bolsillo mientras miraba a la hechicera, como si le estuviera pidiendo permiso para dejarlos encima de la mesa.

Mientras los presentes terminaban de fijar los términos del acuerdo, una de las acompañantes de Constantine, Anya, se levantó de su asiento y cruzó todo el salón hasta el fondo de la habitación. Empezó a remover los cajones y las estanterías, hasta que finalmente encontró lo que andaba buscando…

Esta debe ser la llave de la que tanto hablais...— la rusa sacó del cajón con sus manos negruzcas una llave dorada con un dibujo extraño en el pomo. Dalae la reconoció al instante. Era la segunda de cinco, marcada por la runa Uruz, runa de la resistencia.

Anastasia Romanova también pareció recordar algo mientras miraba la llave con curiosidad. Los ojos azules de la rusa, se tornaron ligeramente verdosos y de pronto, perdieron su brillo.

Tráeme la llave... — susurró con una débil voz para sí misma, y nadie más del salón llegó a escuchar sus palabras. La rusa cruzó de nuevo la habitación, y cuando todos creyeron que Anya le daría la llave a Constantine, la pelirroja salió corriendo por la puerta de la entrada en dirección al exterior de la Casa del Misterio.

La puerta se abrió dejando paso a una pequeña playa de la costa este. La mansión había vuelto a cambiar de lugar y el grupo que siguiera a la rusa vería que el exterior de la casa era ahora una simple caseta de pescador.

La brisa marina azotó los cabellos de Anya hasta alcanzar, no muy lejos de allí, a una figura encapuchada que disfrutaba del sonido de las olas al romperse contra las rocas. Anastasia alargó la llave en dirección a la silueta misteriosa y esta le habló…

Bien hecho querida… ya puedes descansar...— la mujer se quitó la túnica que cubría su voluptuoso cuerpo y la dejó caer al suelo de arena con mucha elegancia. Agarró la llave con sumo cuidado y después besó la mejilla de la hipnotizada Anastasia.

Dalae y Verity fueron las únicas en reconocer a la misteriosa hechicera. Su cabello cobrizo la delataba y su infinita belleza no dejaba indiferente a ningún hombre o mujer que la mirara. Sus encantadores ojos verde-azulados se fijaron entonces en las personas que salían de la Casa del Misterio, y Lorelei esbozó una sonrisa entre sensual y divertida.

¿Qué necesidad había de entrar en esa casa encantada cuando puede hacerlo alguien por ti y traerte lo que quieres?

Los espectadores vieron como lentamente, Anya empezaba a petrificarse desde los pies a la cabeza, hasta que finalmente se convirtió en una preciosa estatua de granito.

FDI: Las acciones de los jugadores empezarán a partir de que Lorelei tenga la llave y Anya haya quedado petrificada. Ninguno de los jugadores podrá cambiar las acciones que se han narrado en este post ni prevenirlas. Lorelei es una hechicera experta en la seducción, y los hombres que la miren quedarán seducidos bajo su embrujo. Constantine deberá tirar un dado en su siguiente post para ver si es capaz de resistirse al conjuro de Lorelei. Como Arturo es un pnj, quedará también embrujado xD así que podéis tenerlo en cuenta para vuestros siguientes post.

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   15th Febrero 2018, 21:07

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   15th Febrero 2018, 21:07

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MensajeTema: Re: Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]   

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Segunda llave: Sólo la verdad y nada más que la verdad (Dalae, Arturo y Constantine) [13.3.2019]
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