Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 El Pepperdilema (Virginia Potts).

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Tony Stark
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MensajeTema: El Pepperdilema (Virginia Potts).   19th Septiembre 2016, 17:11

¿Conoces esa sensación?

Esa sensación que nace en una parte indeterminada del bajo vientre y que acompaña a la necesidad urgente de dormir escoltada por el conocimiento de que te va a ser absolutamente imposible hacerlo durante las próximas horas. Es parecida al hambre, pero mucho peor, como un hueco en el lugar donde deberían estar tus entrañas o como mínimo un montón de carne y vasos sanguíneos. Es angustia líquida estancada y coagulada, a la espera de empezar a pudrirse.

¿La enfocas? ¿Sabes de qué sensación hablo? Bien. Entonces multiplícala por diez y añade muchísima tensión muscular acumulada en la pierna derecha. Entenderás a grandes rasgos cómo me encuentro yo ahora mismo tras más de dos horas de prolongado sufrimiento ininterrumpido y parcialmente voluntario. Y con "parcialmente voluntario" quiero decir que podría ponerle fin si quisiese con tan solo marcar un número de teléfono. El problema es la destinataria de la llamada.

Verás, ciertas situaciones desembocan en lo que yo he acabado denominando "el Pepperdilema": momentos en los que me apetecería sostener en la mano una calavera mientras me planteo la disyuntiva sobre si debería recurrir a Pepper o no. Aunque la tesitura suele prolongarse durante lo que llegan a ser horas de pura batalla entre orgullo y autosuficiencia, lo cierto es que a cálculo rápido solo una de cada cuatro veces consigo salir adelante sin su ayuda. Y es un ratio que me gustaría mejorar, sinceramente. Que nadie me malinterprete, adoro a Pepper. En serio. Es como una especie de Pepito Grillo con agenda y cuerpo de mujer. El problema no es ella, es esa sonrisita suya de "no-te-preocupes-Tony-ya-sé-que-habrías-muerto-sin-mí", que me resulta insoportable. Insoportablemente irritante e insoportablemente encantadora, pero ese no es el caso. El caso es que soy Iron Man. Iron. Man. Es muy probable que si te pasases por un colegio público y le preguntases a los chavales de cinco años quién construyó las pirámides te respondieran que lo hice yo. La gente cuenta con que soy perfecto y hago cosas perfectas. La mera idea de que dependa de Pepper cada vez que se me plantea un programa aparentemente irresoluble es no solo estúpida, sino además inaceptable.

Cuando pones el telediario, ¿qué es lo que te encuentras? ¿"Pepper Potts evita el atraco a un banco salvado a decenas de rehenes"? No. ¡No! ¡Sería absurdo! Por eso el titular suele ser "El guapísimo Tony Stark evita el atraco a un banco salvando a decenas de rehenes". Porque yo no necesito ayuda, yo soy el que la da. Soy Tony Stark, genio multimillonario hecho a sí mismo. Soy Iron Man, uno de los mayores superhéroes del mundo y Vengador de pleno derecho. En cualquiera de mis dos facetas debería ser ampliamente superior a una triste asistenta personal con título de secretaria. Porque, como he dicho, soy Tony Stark, soy Iron Man…

...

...y necesito a Pepper.

-Jarvis, haz la llamada.

-Ya era hora, señor.

Nueve "pips" de marcado automático y el primer "piiiiiip" largo. Odio cuando el mundo se pone en mi contra.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   26th Septiembre 2016, 12:34

Salí de casa temprano, como cada domingo. Hacía algo de frío pero, por no cargarla después, había dejado la sudadera en casa. Me puse los auriculares, la música ya sonaba. Apreté la coleta con la que había recogido mi cabello, respiré profundamente un par de veces y emprendí una marcha suave. El domingo era el único día de la semana en el que realmente contaba con la tranquilidad para salir a correr, para despejar la mente. Me gustaba mi trabajo, se me daba bien, pero eso no quitaba que el ritmo frenético en el que este se desarrollaba a veces me dejara algo fuera de juego, sobre todo cuando se trataba de cerciorar que Tony seguía vivo tras alguna de sus misiones. Por eso apreciaba especialmente estos momentos en los que me podía dedicar a mí misma.

Las calles de Manhattan estaban vacías e incluso se respiraba un aire ligero, alejado de la carga del tráfico que pocas horas después las invadiría. Aumenté el ritmo paulatinamente. Sin fijarme en absolutamente nada más que el camino que se sucedía delante de mí. Ni tan solo me marcaba objetivos, correr por correr. Sin minutos, sin kilómetros, sin prisas. Una hora y media después estaba de vuelta en casa. Me quité las deportivas en la entrada y, sin hacer ninguna otra parada a lo largo del camino, me fui al baño para ducharme.

Tras vestirme, me puse la toalla en la cabeza y salí directa hacia a la cocina mientras tarareaba la canción que sonaba de fondo, desde los altavoces del salón. Abrí la nevera y la repasé un par de veces. Y entonces vi como la pantalla de mi móvil se iluminaba. Lo había olvidado en casa antes de salir a correr. Eso no tendría que suponer problema alguno, la gente podía dejarse el móvil en casa sin pensar que nada malo iba a ocurrir con aquel descuido. Pero no, aquello de “el mundo no va a desmoronarse por una hora que no tengas el teléfono a mano” no tenía sentido alguno si, como yo, tenías de jefe a Tony Stark.

Descolgué enseguida.

Sabes que es domingo, ¿verdad? – Cogí una manzana del frutero y le di un bocado mirando la hora. Recordaba que incluso una vez me había tomado la molestia de facilitarle una lista muy detallada de lo que se podría considerar una urgencia y lo que no. Que me llamase un domingo a las nueve de la mañana debería referir a alguno de esos puntos. Pero también hacía tiempo que había aprendido a no alarmarme cada vez que me llamaba en horas como esta, era algo así como una autodefensa. Estaba segura de que él ni siquiera había llegado a leer la mitad de aquella lista.  - ¿Qué sucede? – Me senté sobre la encimera y encendí la cafetera. De pronto, cuando terminé de pronunciar la pregunta, comprendí que mi domingo acababa de llegar a su fin.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   26th Septiembre 2016, 13:35

Incluso a pesar del agotamiento y del dolor, admito que cierta sensación de confort ha asaltado mi cuerpo tras la prolongada tesitura previa a la llamada. Pensándolo en términos filosóficos, recurrir a Pepper es, al igual que otras grandes decisiones difíciles del día a día como pasarte la cera o ensamblarte un reactor ARK en el pecho, un mal breve por un bien mayor. Te cuesta decidirte, duele cuando lo haces, pero en cuanto acabas notas que todo va a salir bien, que no hay de qué preocu…

-La señorita Potts no ha cogido la llamada, señor. ¿Desea que deje un mensaje en su contestador? –me pregunta Jarvis, diligente.

-No. Cuelga y vuelve a llamar.

Nueve "pips" de marcado automático y el primer "piiiiiip" largo. El segundo "piiiiiip" largo. El tercer "piiiiiip" largo…

-No lo coge, señor.

-Tengo oídos, Jarvis.

-Ha saltado el contestador. ¿Desea que deje esta vez algún mensaje?

-No –le replico. Me duele mucho la pierna derecha –Cuelga y vuelve a llamar.

-Entendido, señor.

Cinco llamadas hasta que se digna a cogerme el teléfono. No dos, ni tres, ni tan siquiera cuatro. Cinco. ¿Qué tiene que hacer Pepper un domingo a las nueve de la mañana que sea más importante que yo? Como es una pregunta que evidentemente carece de respuesta lógica decido pasar por alto la excesiva espera, ignoro de plano su comentario sobre la susodicha fecha y, cargando mi voz de la máxima naturalidad posible, procedo a exponer mi humilde petición:

-Pepper, te necesito –si voy a bajarme los pantalones será mejor que lo haga rápido –Te necesito ahora. Ya. Lo antes posible –hablo de forma atropellada, me doy cuenta, y eso me molesta –Es innegociable y necesito que vengas sola. Por favor.

Conociendo a Pepper como la conozco, entre poco, mucho y absolutamente nada, refunfuñará y con casi total certeza me recordará unas catorce veces como le habré estropeado su maravilloso día libre, pero vendrá. El "por favor" final es una garantía absoluta de que lo hará. Solo me queda esperar y rezar porque no tarde demasiado.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   27th Septiembre 2016, 17:49

Parpadeé un par de veces. Había ido directo al grano. Tomé aire, dispuesta a emprender un monólogo con tal de hacerle entender las situaciones en las que él pudiese “necesitarme” un domingo por la mañana. Mi domingo por la mañana. Me quedé callada en ese instante. –  Está bien…  – aquel "por favor" fue suficiente para hacerme apagar la cafetera y bajar de la encimera.  

Busqué las llaves en mí bolso mientras aguantaba el móvil contra mi oreja con el hombro. – Al menos dime dónde estás. – Por lo pronto solo saqué en claro que estaba en la Torre, luego me colgó. No soportaba cuando hacía eso. Salí de casa de forma apresurada, no sabiendo en qué grado de necesidad estaba moviéndome.

Teniendo en cuenta el poco tráfico y la velocidad a la que fui, llegué en menos de quince minutos al edificio. La Torre estaba de una pieza, lo cual era una excelente señal, dicho sea de paso. Frené delante de la entrada y emprendí el camino hacia los ascensores. El problema con ese hombre es que era prácticamente imposible deducir que podría estar pasándole y si realmente se trataba o no de una urgencia.  Salí del ascensor y eché un rápido vistazo por el salón.

¿Tony?

–  Buenos días, señorita Potts.  –  La voz de Jarvis se hizo presente cuando llegué al último piso de la Torre Stark.  –  El señor se alegrará de verla. – arqueé una ceja.

–  ¿Dónde está? –  Aunque realmente no necesitaba respuesta a esa pregunta, ya me encontraba de camino a su taller. No podría ser tan grave. Por un lado, me había llamado él mismo y no un agente de S.H.I.E.L.D o una recepcionista de urgencias. Por otro lado, si me había pedido que acudiese sola tampoco podría ser el asunto tan complicado de resolver. Negué con la cabeza y marqué el código de acceso.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   28th Septiembre 2016, 03:01

La espera es larga, a pesar de que sé que Pepper se habrá puesto en marcha nada más colgarle el teléfono. Estimo veinte minutos de tardanza, tal vez treinta, pero incluso media hora es un plazo de tiempo considerable cuando te duele, tienes sueño y no puedes moverte del sitio. Con el paso de cada lento segundo me arrepiento más y más de haber prolongado tanto el Pepperdilema en mi inútil afán de autosuficiencia. Un día mi arrogancia me acabará costando la vida, como procuran recordarme periódicamente Jarvis y ella. O eso o la bebida. O tal vez sea Iron Man.

-Señor, la señorita Potts ha llegado al edificio.

-Abre la puerta y déjala pasar. En cuanto entre la cierras de nuevo.

El alivio en mi voz es palpable incluso para mí mismo, de modo que lo corrijo de inmediato sustituyéndolo por fría indiferencia, como si mi situación fuese la habitual de cualquier domingo por la mañana. Conforme Pepper cruza el umbral de mi taller me llevo rápidamente las manos a los bolsillos y arqueo los hombros hacia atrás, adoptando una pose que sería capaz de traslucir la más absoluta normalidad de no ser por mi situación de cintura para abajo: a la pata coja sobre un pie derecho atrapado en la bota metálica de mi armadura, a su vez todavía enganchada a la pequeña plataforma del sistema de mecanismos automáticos que la comunica con la galería subterránea donde se almacenan los diferentes modelos del diseño Mark. Por debajo de mí se extiende una apertura circular de metro y medio de radio repleta de maquinaría y engranajes, la cual debería haberse cerrado dejando paso a suelo sólido si algo no hubiese salido mal en el proceso de extracción de la maldita bota. La otra pierna se halla extendida en el aire en una posición bastante similar a la de su contraria, pero con un temblor que delata el cansancio general de la misma al no haber ningún punto de apoyo sobre el que dejar reposar los músculos. Salvo por el citado calzado, el resto de mi cuerpo se hallaba libre de metal, dejando al descubierto un pantalón y una camisa bastante corrientes y algo sudados.

-En primer lugar… sí, es lo que parece –no tiene sentido intentar aparentar demasiada dignidad, dada la situación –Tengo el pie atrapado en mi propia armadura.

Si he llamado a Pepper no es solo por su alarmante eficiencia, que en condiciones normales sería causa más que suficiente para seleccionarla como mi primera opción, sino que además la considero la única persona entre mis conocidos cercanos que jamás se reiría de mí en una situación así. No demasiado, al menos. No si sabe que lo estoy pasando mal.

-Estaba probando un nuevo modelo cuyas medidas son ligera, casi imperceptiblemente mayores a las del Mark II, y traté de quitármelo sin adaptar la maquinaria de desacoplamiento a las actuales dimensiones. Las demás piezas salieron más o menos bien, pero la bota derecha… se ha quedado enganchada. No consigo sacar el pie, y lo que es peor, el resto de la armadura ya está almacenada abajo, así que el sistema también se ha atascado y está a la espera de que me suelte para hacer descender la plataforma y cerrar las compuertas metálicas del suelo. Eso significa que no puedo reiniciar el proceso ni pedir ayuda a Jarvis, ya que es un problema mecánico, de modo que estoy atrapado aquí física y espiritualmente hasta que alguien me eche una mano.

Noto que jadeo un poco al hablar. Al fin y al cabo llevo más de dos horas sosteniéndome sobre un único pie encajado en metal. En un par de ocasiones me he permitido el lujo de relajar un poco mi postura, aunque corro el riesgo de inclinar demasiado la espalda, perder el equilibrio y partirme la rótula al caer hacia atrás. De hecho el peligro sigue presente, y cada vez un poco más cerca, pues no voy a poder aguantar así eternamente. Mi forma física es buena, pero esto empieza a parecerse a un triatlón estático.

-Si conozco tan bien estos trastos como debería, ya que yo mismo los creé, hay un tornillo un poco por debajo de la suela, a la derecha, que tendría que aflojar la carcasa lo suficiente como para concederme un centímetro o dos más de margen. Eso seguramente bastará para sacar el pie –de no ser así habría que emplear el soplete, pero eso ella no tiene por qué saberlo antes de tiempo –Voy a necesitar que sueltes ese tornillo.

El objetivo principal ya ha sido expuesto y, en honor a la verdad, no es lo peor que le he pedido a Pepper hasta la fecha. Dudo que entre siquiera en mi top 5 personal. El problema reside en que la información más importante y trascendental de su labor no se la he dicho todavía, puesto que no quiero que entre en pánico. En cuanto haga acopio de valor y acepte la tarea se lo soltaré.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   28th Septiembre 2016, 22:00

No sabría bien como describir mi cara en el preciso instante en el que crucé la puerta de acceso al taller de Tony. Ahí estaba él, sosteniéndose sobre una única pierna e intentando hacer de aquella pose algo normal. Yo no pude evitar pensar en los flamencos del zoológico de Central Park. Arqueé las cejas, completamente desubicada. ¿Qué hacía así? Me adentré en la sala mientras mis ojos recorrían centímetro a centímetro el agujero en el suelo que rodeaba a mi jefe.

¿Pero qué te…? – Apenas elevé la voz o terminé de formular la pregunta cuando él me señaló el problema. Esta vez, mis ojos fueron directos hacia esa bota. Dejé las llaves del coche y el móvil sobre una de las mesas y me acerqué más. Me detuve cerca, a una distancia prudencial del espacio abierto que rodeaba a Tony. No era la primera vez que veía aquella maquinaria, ni tampoco el sitio que ocupaba en el taller, pero normalmente el tiempo que esta tardaba en desmontar el traje no era el suficiente como para que en algún momento me hubiese detenido a analizar la estructura como tal. Asentí mientras se tomaba el tiempo para explicarme con detalle el porqué de su situación. Tampoco pregunté, el punto estaba en cuánto debía llevar así y que, al parecer, yo era ese “alguien” que iba a echarle una mano.

Y… ¿y qué puedo hacer yo? – Tomé una bocanada de aire ante la respuesta. – Tony, la mecánica se escapa a mis competencias… – Musité. Estaba segura de que aquello que él llamaba “tornillo” no sería nada parecido al que alguien podría aflojar o apretar en el armario del salón de su casa. ¿Cómo iba a servir un simple destornillador para quitarle el tornillo a la bota de Iron Man? Debí haber llamado a alguien en ese instante, un cerrajero de urgencias, por ejemplo, pero aquello ni siquiera podría considerarse una idea a poner en práctica. Tony preferiría cortarse aquella pierna con una sierra antes de que un humilde ciudadano americano lo viese de esa guisa. Puse los brazos en jarra, apoyando las manos en mi cintura mientras seguía analizando la situación. Me acerqué un poco más y asomé la cabeza para mirar hacia abajo.

Probablemente mi cara era un poema en ese momento.

¿Esto es seguro? – torcí de nuevo el gesto. La pasarela no era muy amplia, pero tampoco excesivamente estrecha. Para alguien que no se bloquee cuando hay un vacío bajo sus pies aquello sería más sencillo, pero yo no era ese alguien. Yo detesto las alturas y, aunque lo racionalizo bien, no es agradable. Tomé otra bocanada de aire. Después solté ese mismo aire despacio. – Está bien… – me quité los tacones y los dejé a un lado. Decidí que lo mejor sería no echar la vista abajo. Por muy poco alarmante que pudiese parecer la altura, era suficiente como para hacer que mis piernas temblasen. Por Dios, odiaba cruzar puentes, aquello no era para nada mejor. -Bien, allá voy…- Y fui, torpemente, pero fui. Me paré en el otro extremo de la pasarela, que medía tranquilamente sus 60 cm de ancho, pero a mí me parecía estar en una cuerda cual funambulista. Miré a Tony. - Dime que no va a ser tan complicado como parece.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   6th Octubre 2016, 02:10

La presencia de Pepper, dejando su belleza aparte, siempre consigue producirme una sensación, excitaciones ocasionales también a un lado, relajante. Hacerle perder los nervios, sin embargo, podría considerarse una siniestra variación de efecto estimulante. De algún retorcido modo tenerla bajo mi mando vuelve a convertirme en dueño y señor de la situación, independientemente de que permanezca todavía atrapado en mi bota metálica a expensas de partirme una pierna o matarme. Lo sé, a veces puedo ser bastante perturbador.

-Es perfectamente seguro, pero por lo que más quieras, no te caigas. Sería muy desagradable para ambos –tuerzo el gesto mientras la contemplo desde mi posición, algo más elevada que la suya –Sobre lo que tienes que hacer… Tonto, pásame el destornillador –el robot aludido, una pequeña grúa multifunción con un capirote de asno en lo alto, vira hacia un lado, engancha la herramienta y me la acerca solícitamente… a metro y medio de mí, donde no puedo alcanzarla –Dios… Pepper, cógelo tú.

El destornillador no tiene las medidas habituales propias de un modelo estándar, sino que se parece más bien a un punzón o en todo caso a un picahielos. Las diferencias más sustanciales con este último residen en su mango, firme y alargado, y la punta, roma. En manos de Pepper tiene las cualidades perfectas para convertirse en un arma blanca, pero confío en que la sencillez de la tarea sea suficiente como para que el remedio no resulte peor que la enfermedad.

-Mmm… Antes de que empieces, hay algo que he olvidado decirte. Un pequeño detalle, una minucia –noto el corazón bombeando con fuerza en el pecho. Por increíble que parezca me pone más nervioso explicarle a Pepper los riesgos de la situación que el propio peligro en sí –Tienes que girar el tornillo hacia la izquierda, en el sentido contrario a las agujas del reloj. Si lo haces hacia la derecha lo que se soltará será la suela de la bota, perderé el equilibrio y me caeré.

Miro hacia el agujero y contengo el impulso de tragar saliva. Pepper necesita verme confiado. Yo necesito verme confiado. Soy Tony Stark. Si miro a la muerte a los ojos la muerte aparta la vista para buscar papel en el que pedirme un autógrafo.

-El problema no es que me caiga ahí abajo, sino que conforme lo haga la plataforma de la bota se replegará y el resto de la estructura se cerrará hacia el interior conmigo dentro. Probablemente me haga pedazos en menos de tres segundos, cuatro si he ganado algo de peso –comento con la misma calma que emplearía para decirle que los engranajes me van a ensuciar la ropa –Pero eso solo ocurrirá si lo giras hacia la derecha. O si lo giras demasiado a la izquierda, así que para en cuanto oigas el primer clic. Ah, y tiene que ser el tornillo grande y dorado que hay más o menos… –me agacho y tanteo como puedo la bota, con cuidado de no perder el equilibrio –…aquí –no llego, así que señalo una zona indeterminada entre mi pie y el agujero –Si giras uno más pequeño y de color amarillo que hay debajo también se soltará la suela y me caeré.

Conforme acabo de hablar Tonto hace un movimiento afirmativo con la cabeza, suponiendo siempre que el gancho en el que termina sea su cabeza. El muy mamón llegar a ser casi listo cuando le conviene.

-Es muy fácil, Pepper. Tornillo grande y dorado, hacia la izquierda, solo hasta que oigas el primer clic. Y no caerte tú, claro. Facilísimo.

Le dedico mi mejor sonrisa, la cual sin duda le llenará de confianza y determinación de cara a su misión.

-Tú puedes.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   9th Octubre 2016, 12:18

Detestaba aquella clase de situaciones. Porque no, no era la primera vez que Tony me llamaba para que lo sacase de un apuro. Torcí el gesto, visiblemente disgustada. - Debería cobrar esto como horas extra... - Con un par de cuidadosos pasos logré alcanzar el destornillador y volví a posicionarme junto a él. - Está bien, vamos allá. - Me agaché para examinar la bota, en busca de aquel tornillo del que él había hablado. Hasta ahí podría decirse que tenía la situación controlada. Agacharme, aflojar el tornillo, liberar a Tony. Pero no. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que volver a abrir la boca? Con el destornillador a medio camino entre mi mano y la bota, alcé la mirada en cuanto las palabras "pequeño detalle, una minucia" llegaron a mis oídos, claras y perturbadoras. Fruncí el ceño.

...

- ¿Q-qué te... caerás? - Tomé una bocanada de aire y mi mirada volvió otra vez a la bota. Lo que hasta el momento me había parecido una tarea no tan complicada se terminó. Ahora sentía como el pulso se me había acelerado y la mano que sujetaba la herramienta había empezado a temblar ligeramente. - Te caerás... - Repetí y miré hacia abajo. En ese momento sentí un leve mareo. - NO estás ayudándome.  - Localicé ambos tornillos. - Está bien... hacia la izquierda y hasta escuchar el clic. - Miré hacia arriba y después al brazo mecánico que asentía. La sonrisa de Tony podría llegar a parecerme encantadora en muchas ocasiones, pero aquella no era una de ellas. En este instante el gesto en sus labios me parecía de un cinismo aterrador, por mucho que el mismo estuviese destinado a presentarme la situación como algo completamente seguro. Por enésima vez volví a mirar la bota y en apenas un segundo me puse en pie de nuevo.

- ¿Sabes? N-no puedo hacer esto. ¿Y si me equivoco de tornillo? Son prácticamente iguales. - Señalé la bota con el destornillador - ¿Y si es el correcto pero con los nervios me paso del clic? ¿Y si..? no sé, por un momento no distingo la izquierda de la derecha. - Bien, aquello podría no haberme pasado nunca, pero para todo había una primera vez, ¿y si era aquella? - Lo mejor será que llame a alguien. - Miré la pasarela por la que había llegado hasta allí. - Sí, eso será lo más sensato, Tony. P-puedes aguantar un poco más, ¿no? Sí, claro que sí. - Fui a sacar el móvil de mi pantalón pero recordé entonces que lo había dejado en una mesa del taller, junto a la puerta. - Dame un minuto.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   9th Octubre 2016, 20:41

Durante apenas un instante impreciso de entre uno y cinco segundos he llegado a permitirme el lujo de pensar que lo había conseguido a la primera. Es decir, Pepper tenía ya la herramienta en su mano y estaba agachada junto a la bota, dispuesta a desatornillar lo que se le pusiese por delante. Había protestado, sí, pero no sería ella si no sincerase su descontento conmigo una o dos veces antes de cumplir cualquiera de mis órdenes. El problema ha llegado después, cuando le he aclarado los riesgos de su misión, se le ha descompuesto la mirada, ha empezado a temblar ligeramente e incluso a pesar de mi sonrisa me ha dicho que no es capaz de hacerlo. Ya había previsto de antemano que lo más probable sería que alcanzásemos este punto, y no puedo culparla. Si todo el mundo gozase de mi valentía y autocontrol la palabra "superhéroe" se devaluaría y perdería su significado. En cuanto me da la espalda para buscar ayuda chasqueo los dedos e inicio la segunda parte de mi plan.

-Me temo que no puedo permitirlo, Pepper –le digo conforme señalo la puerta –Jarvis, cierra la salida. Tonto, coge su móvil.

El pequeño robot-grúa gira lateralmente al oír mi orden y, contra todo pronóstico, atrapa el teléfono al primer intento entre sus pinzas y lo aleja de su legítima propietaria, alzándolo por encima de la altura a la que ella podría llegar de puntillas. Eso casi merece incluso que le quite el capirote de asno durante un par de días, a la espera de su próxima trastada. El umbral de la salida emite entonces un sonido mecánico y en menos de un segundo se extiende la compuerta metálica que hace las veces de puerta, cerrando el paso al exterior. En condiciones normales Pepper gozaría de acceso automático dentro y fuera de mi taller solo con poner el código de acceso. En condiciones normales.

-Parece que te quedas sin opciones –sonrío a Pepper, cruzándome de brazos –Podemos estar así todo el día de ser necesario. Bueno, en realidad no, no creo que aguante ni treinta minutos más, así que, si haces el favor… -apunto a la bota con el índice mientras arqueo las cejas significativamente.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   11th Octubre 2016, 13:27

¿En qué momento pensé que mi brillante y muy cabezota jefe iba a ponerme las cosas sencillas? Estaba a punto de alcanzar mi móvil. Un paso más y hubiese estado en mi poder. Pero no, ese robot con sombrero tuvo que hacer algo bien a la primera por una vez en su mecánica vida. Se adelantó sin vacilar ante mi absoluta y plena estupefacción. Acorté en dos pasos más la distancia que me separaba de la puerta, en un estúpido intento por abrirla antes de que Jarvis cumpliese con la orden dada por Tony. Contuve una profunda bocanada de aire.

Cerrada.

...

Completamente cerrada.

- ¿Sabes que esto se considera secuestro en cuarenta y ocho estados? - mascullé mientras giraba sobre mí misma, con tal de encarar a Tony otra vez. No tenía móvil. La salida estaba bloqueada. No, definitivamente no tenía muchas más opciones. Y lo peor de todo, era imposible razonar con aquel hombre. Me negaba en rotundo a ser cargada con una responsabilidad como aquella. Si fuese un simple tornillo en un mueble no le vería el problema, pero no, Tony se había encargado de ponerme bien al corriente de los riesgos que conllevaba lo que pretendía que hiciese. Él quería que aflojase un tornillo que podría liberarlo o enviarlo directo a una picadora. No estaba dispuesta a pasar a la historia de aquel país por ser la mujer que convirtió a Iron Man en puré. Definitivamente se había vuelto loco y no pensaba formar parte de sus locuras.


-Creo que no entiendes la de riesgos que conlleva lo que me pides.- Alzando el pequeño destornillador que aun tenía en la mano aquella sentencia perdía toda la gravedad de la que pretendía cargarla. Opté por bajarlo de nuevo mientras caminaba hacia él. Era evidente que yo no era la persona adecuada para ayudarle, ¿por qué demonios no podía verlo? Suspiré, entre frustrada, cabreada y algo asustada por estar dudando todavía si hacerlo o no en lugar negarme en rotundo, ya me había visto en situaciones parecidas y sabía perfectamente como iba a terminar esto, eso era lo peor. - Tú mismo has dicho que esos engranajes podrían hacerte picadillo si cayeses. Es más... - me posicioné al principio de la pasarela y me crucé de brazos. - ¿Has pensado bien en ello antes de confiarme tu vida de esta manera? - Esta vez no pude ocultar el titubeo en mi voz, realmente me preocupaba que aquello de la media hora fuese cierto y no una forma de presionarme todavía más.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   12th Octubre 2016, 16:28

Acción, reacción, Peppercusión; un tópico reiterativo en los juegos de karma, destino y la eterna parábola del efecto mariposa según la cual alguna de mis muchas cagadas eclipsará por completo hasta el último de mis grandes logros. Aplicando la teoría al caso práctico con el inestimable apoyo de la ley de Murphy tenemos la acción (el heroico Tony Stark, con la mejor de sus intenciones, desarrolla una nueva armadura para llevar a cabo una protección más eficaz del planeta), que conlleva una reacción (los crueles hados mueven sus hilos para que se le quede el pie atrapado en la bota durante el proceso de extracción de la misma), y ésta a su vez una Peppercusión (situación actual) que suele ir encaminada a la desaparición del segundo elemento y la corrección del primero.

Pero no nos engañemos, la Peppercusión no es un animal que uno pueda domesticar a su gusto, sino un hurón o mofeta de bosque, desconfiado y traicionero con la mano que le da de comer. La señorita Potts no viene, me ayuda con una sonrisa y se va como un servicial robot de cocina. La señorita Potts viene, se queja, me señala mis evidentes defectos, me indica cómo habría afrontado ella mejor la situación, se queja de nuevo, suspira, me mira, se queja otra vez y ya si eso salva el día. Afortunadamente soy un cazador astuto y por eso siempre tengo preparada la conveniente trampa para hurones, tejida con sonrisas, armada con una imagen de dependencia y reforzada con el discursito alentador que reservo para el clímax de nuestra discusión. O, lo que es lo mismo, me dispongo a ser sincero con ella.

Sonrío sin poder evitarlo ante la acusación de secuestro, bastante fundada pese a lo crecientemente ridículo de la escena.

-Estoy casi seguro de que no serán más de cuarenta y cinco –espero a que prosiga. Si mis cálculos no fallan ahora me dirá que no entiendo los riesgos de… ah, ahí viene –Sé cuáles son los riesgos, de lo contrario no te habría llamado –a continuación toca recordarme lo irresponsable que soy y lo mucho que… ah, pues no, ha ido directa al grano. Mi estado debe haberle despertado cierta compasión –Lo he pensado perfectamente.

Detesto que Pepper afirme que hago las cosas sin pensar solo porque así sea en el noventa por ciento de las ocasiones. ¡Como si ella no se hubiese equivocado nunca! ¿Se habrá equivocado alguna vez? Suspiro. Noto que se acerca el momento del monólogo alentador. Ya está aquí.

-Eres la persona que más cerca está de mí –me interrumpo y lo pienso un segundo –Física y laboralmente –una vez hecha la aclaración prosigo –Sabes que no confío tanto en nadie más. Ni en Happy, ni en SHIELD, ni en el Capitán América… ni siquiera en Rhodey. No sé qué haría si te perdiese, Pepper… pero si vas a seguir a mi lado tendrás que aprender a lidiar con cosas así –señalo la bota –más de lo que te gustaría a ti y más de lo que desearía yo. Me encontraré en situaciones peores, seguro, y eres la mejor... la única capaz de aguantar todo esto, de aguantarme a mí.

La miro a los ojos. Quiero que se de cuenta de que estoy siendo completamente sincero y transparente con ella.

-Por eso necesito que seas capaz de girar ese tornillo. Porque eres el 45% de Iron Man.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   15th Octubre 2016, 02:17

Solo él. Solo Tony Stark era capaz se sacarme de casa un domingo por la mañana para pedirme que desatornillase su bota de Iron Man, con los riesgos que aquello conllevaba, por supuesto. Y no contento con ello, era capaz mantener una sonrisa tan tranquila y segura como la que no borraba de su cara. En el fondo envidiaba esa capacidad para mantener el tipo incluso cuando estaba a la pata coja y totalmente a merced de otra persona para no ser hecho papilla.

Me mantuve en pie, de brazos cruzados y con una mirada que no debería dar lugar a muchas objeciones sobre mi negativa. No debería. Mi decisión estaba tomada. Era firme. No pensaba ceder. Y...

Y mi determinación cayó en picado en cuanto él sacó el arsenal pesado. Llegados a este punto solo podía escuchar y asumir mi derrota. - Ese es un porcentaje aceptablemente alto... - le miré a los ojos solo para encontrar una aplastante y transparente sinceridad. Si solo lo decia para que me rindiese... Bien, sabía como hacerlo. -Está bien... - Tomé una gran bocanada de aire y di un paso, luego otro. De nuevo crucé la pasarela, con precavida lentitud hasta que llegué a su lado. Llevaba años junto a él pero los últimos meses habían marcado un antes y un después. Ahora debía asumir que frases como "Me encontraré en situaciones peores" eran del todo ciertas. Las probabilidades de que algo malo le sucediese eran tan altas que ni tan solo me paraba a pensarlo, para mí era un estrés innecesario que se sumaba a mi día a día.

- Yo siempre estoy a tu lado, Tony... - dibujé una breve sonrisa en mis labios y me toqué un poco el pelo. -Pero procura ahorrarme malos tragos innecesarios. - Me puse en cuclillas para dedicarme a liberarlo de una vez por todas.  Presté debida antención para diferenciar ambos tornillos. Una vez estuve segura de que era el correcto, encajé el destornillador en su centro. Respiré hondo mientras me aseguraba de que recordaba perfectamente hacia donde debía girar y lo hice hasta que escuché el click. Paré en seco, me quedé congelada, sin respirar siquiera.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   17th Octubre 2016, 16:34

Sincerarse es una de las actividades con menos margen de beneficios que conozco: siempre tiene un precio, pero solo a veces una recompensa. Personalmente trato de evitar abrirme a nadie a menos que sea imprescindible, pero si tengo que recurrir a ello (cosa que con Pepper se está volviendo más rutina que hábito) procuro ser, como en todo lo que llevo a cabo, el mejor. Y, al fin y al cabo, mi blanco es una diana de diez metros de radio; no puedo fallar. Por mucho que ella intente ocultarlo a veces siento que necesita ayudarme tanto como yo necesito que me ayude, y eso me encanta y me asusta a partes casi iguales.

-Es un muy buen porcentaje. Lo vas a hacer genial.

Sonrío y dejo de distraerla en cuanto se agacha junto a la bota. La verdad, me encuentro bastante relajado, teniendo en cuenta las circunstancias. No hay nada que dependa de mí, no soy yo el que puede fallar, no se perdería nada por mi error o inacción y no soy responsable de modo alguno de lo que ocurra a partir del momento en el que le paso la herramienta con su inherente obligación de ayudarme. Y ella... ¿cuales han sido sus palabras? "Yo siempre estoy a tu lado, Tony". En realidad, si me paro a pensarlo fríamente, ni siquiera estoy asustado. Pepper jamás haría algo tan vulgar como equivocarse de tornillo…

"Clic"

¿O tal vez sí?

-Oh, n-no… No era ese tornillo, Pepper… Me voy a caer, ¡me caigo! ¡AAAAAAH! Que no, que es broma, anda, dame la mano.

Se la cojo sin esperar permiso y la utilizo de punto de apoyo para impulsarme al frente, dando un saltito y aterrizando limpiamente en la pasarela. La bota se abre al paso de mi pie como si de un enorme calcetín metálico se tratase, y conforme me veo libre de ella la plataforma que la sostenía se retrae hacia abajo, desapareciendo entre el sistema de engranajes y mecanismos de extracción sobre el que nos encontramos. Suspiro, dejando escapar la tensión acumulada, y rápidamente me dirijo a una mesa para apoyarme, sintiendo que me voy a desplomar en cualquier momento. La pierna derecha me arde, presiento que la rótula se va a quebrar con cada paso y arrastro el pie izquierdo, que se me ha dormido. En cuanto consigo dejar caer el peso de mi espalda y de mi culo perfecto encima de la madera adopto una postura algo más digna y me permito por fin relajarme del todo.

-Bueeeeno… –la miro como si la estuviese evaluando. De hecho es justo lo que voy a hacer –Del 1 al 10 te pongo un 8,5.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   18th Octubre 2016, 22:49

Por un efímero momento, sentí que el corazón se me paraba. Y debí imaginar que haría algo así, que intentaría hacerme creer que se caía. Pero yo, Virginia Potts, alias Pepper, caí como una chiquilla en su estúpida bromita. Por un instante estuve muy tentada a soltarle la mano y dejar que se cayese, esta vez de verdad. Pero eso quizá se consideraría homicidio y no tenía planteado mi ingreso en la cárcel en los próximos cinco años.

Así que me limité a negar con la cabeza con gesto de desaprobación. ¿Servía de algo? No. Pero al menos le hacía ver que algunas bromas suyas no tenían nada de gracia. La bota volvió al lugar que le correspondía y Tony emprendió un camino que yo seguí para salir de la plataforma. Verle caminar desde detrás hizo que una sonrisa divertida apareciese en mi rostro, parecía un pobre pato cojo. En cuanto se giró borré esa sonrisa, por supuesto.

- Un 8,5… - repetí mientras me cruzaba de brazos y ponía los ojos en blanco. No contento con darme la mañana en mi día libre todavía tenía la cara de ponerme un notable. Me apreté la coleta y después llevé mis manos a la cintura, poniendo los brazos en jarra. Me giré un instante, echando un último vistazo al taller antes de volver a mirarle a él. Torcí levemente el gesto, suponía que con el resto del día de descanso se recuperaría del cansancio de la pierna. Aun y así… no pude evitar preguntar. - ¿Será todo, señor Stark?

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   20th Octubre 2016, 23:18

Repaso de la situación: trampa mortal, eludida; pierna derecha, salvada; bota metálica, intacta; Pepper, irritada… Misión cumplida y objetivos adicionales completados, diría yo. Su enfado, aunque ligeramente camuflado bajo la correctísima expresión estándar de secretaría modélica que lleva esculpida en el rostro, es evidente; y su reproche, palpable. La verdad, no me arrepiento de nada. Peor que una mirada acusatoria sería una mirada triunfante.

Oigo la puerta de salida abriéndose y deduzco que Jarvis ha considerado que ya no poseía ningún motivo para seguir reteniendo a Pepper una vez cumplida su función aquí. Es lo bueno de crear inteligencias artificiales: pueden tomar tus propias decisiones antes de que pienses en ellas, lo cual ahorra tiempo y palabras. Otros robots de esta sala, sin embargo, no son tan espabilados.

-Tonto, devuélvele el móvil –conforme doy la orden el aludido baja obedientemente la cabeza y me tiende el teléfono –A ella –corrige el rumbo, gira ochenta grados y lo posiciona frente a su legítima propietaria.

Noto la rodilla como si hubiese un congresista mordiéndola y emponzoñándola con el veneno de sus caninos ahora mismo, pero disimulo el dolor lo mejor que puedo. Ya es bastante dramático que Pepper me encuentre en semejantes fregados sin que además sepa lo mal que lo paso a veces. La miro, con sus brazos en jarras y esa conocida expresión a medio camino entre el fastidio y la falsa complacencia, y me pregunto si se sentirá realmente aliviada por dentro de que todo haya salido bien. Si me ayudará la próxima vez que la necesite. Si de verdad estará a mi lado siempre, como ha dicho.

Ante la duda voy a presuponer que la respuesta es un sí a las tres.

-No, hay algo más. Creo que dejé un botiquín por allí –señalo en dirección a una pila de herramientas, cajas, planos, piezas desechadas y desperdicios de todo tipo –Coge algo para el dolor y tráemelo. Y quítale el capirote a Tonto, se ha ganado un poco de dignidad hoy –ya es más de lo que podría decirse de mí en este momento –Después puedes irte.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   24th Octubre 2016, 18:42

Miré al pobre y torpe robot escuchando como Tony lo llamaba Tonto, aquel brazo daba incluso pena. Alcancé mi móvil y lo guardé en uno de los bolsillos del tejano, la puerta se había abierto. Mi encierro había terminado, así que por último me acerqué a por el botiquín. - Tony, esto es un auténtico desastre… - en un momento me vi organizando por encima aquel caos de mesa hasta que caí en la cuenta de que no debería estar haciéndolo. No era que no me gustase ayudarle, era mi trabajo, pero a veces sentía que me extralimitaba en mis obligaciones y eso no era tampoco una ayuda para él. – Deberías poner algo de orden – sentencié al final mientras cogía el botiquín y caminaba de nuevo hacía él. Normalmente cuando le decía "deberías" quería dar a entender algo más que una simple sugerencia. Rebusqué dentro hasta localizar una pomada para el dolor muscular y leí el prospecto, para lo que tenía con esto bastaría.

- Échatela ahora, cuando me vaya, y esta noche otra vez – le tendí el tubo, con la mirada entrecerrada. No se acordaría, evidentemente. – Te enviaré un mensaje más tarde para recordártelo, ¿vale? - Junté mis manos un momento dando por finalizada mi tarea. – Oh, el capirote, sí. Casi lo olvido. – Una vez había pasado todo podía permitirme ciertas licencias, como siempre. Me acerqué al robot y le quité el sombrerito de papel con la palabra “burro” escrita en vertical. Si me marchaba sin hacer lo que se me acababa de pasar por la cabeza no me lo perdonaría en años. Me giré hacia Tony y terminé por colocarle el capirote en la cabeza. Esta vez no contuve la sonrisa, verle con ese sombrero como compensación por la bromita de caerse al vacío me valía perfectamente. - Definitivamente él se ha ganado ese poquito de dignidad - me giré antes de darle tiempo a replicarme nada.

- Me marcho – eché un último vistazo a su pierna, carecía de sentido decirle que si necesitaba algo no dudase en llamarme, porque lo haría de todas formas. Lo cierto era que, por mucho que pudiese llegar a quejarme a veces, tanto Tony como yo sabíamos que siempre sería la primera en acudir cuando él lo requiriese. – Recuerda que mañana a las ocho y media pasará Happy a por ti, tienes reunión a las nueve – abrí la puerta, pero antes de salir me giré una última vez – Tienes todo preparado en tu despacho, solo has de estar presente. Nos vemos mañana.

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MensajeTema: Re: El Pepperdilema (Virginia Potts).   31st Octubre 2016, 18:58

El problema de una buena organización, aparte de su inherente carga de compromiso, es la previsibilidad que conlleva. En cuanto mantienes un determinado orden los demás pueden gozar de acceso superficial a tus rutinas de comportamiento, tus hábitos o incluso tu personalidad. Por eso toda mi estructuración, a ojos del mundo exterior, se limita a las armaduras; porque lo único que la gente necesita saber sobre Tony Stark es que está hecho de acero y dispara misiles desde los brazos. Si dentro de mi hábitat hace falta limpiar algo sólo requiero que Pepper lo vea. Como he apuntado al comienzo, su organización la vuelve tan previsible co… Espera, ¿no está ordenando mis cosas?

No, no lo ha hecho.

-Una vez ahora y otra esta noche. Entendido –afirmo cuando me tiende la pomada. Sí, definitivamente será mejor que me mande ese mensaje de recordatorio, porque lo voy a olvidar –El capirote puedes dejarlo en esa… –no. No. ¡No!

Sí.

Dejo caer la cabeza conforme me pone el sombrerito de papel con la palabra “burro” escrita a un lado. Debí prever una traición final por parte de Pepper, su particular beso de Judas, solo que sin beso ni treinta monedas de plata como remuneración (le pago yo, y bastante más). Suspiro. Es la parábola del Tony de Schrödinger: hasta que la señorita Potts no sale por la puerta el señor Stark permanece en dos estados simultáneos de salvación y castigo. Tonto se gira convenientemente hacia mí y, a pesar de que sé que no cuenta con la capacidad de interpretar la escena, siento que está burlando de algún modo. Pagará cara esa afrenta más adelante.

-No quiero ir a esa reunión, tengo derecho a una baja por le… –nada, es inútil, no me va a escuchar –La pierna… –Happy, la hora, el despacho… no, parece que no voy a librarme –Yo no… –se va. ¡Se va! Tal vez debería probar suerte –Podrías quedarte un rato conmigo…

Tarde, ya se ha ido. Y no he hablado lo bastante alto. Y aun podría llamarla al móvil. Y…

-Jarvis, saca de nuevo la bota.

-Señor, dado el estado de su pierna debo sugerirle...

-Oh, estaré bien, tengo… esta cosa –miro la pomada y la lanzo por encima del hombro –Tonto, pásame la caja de ibuprofenos –ordeno, señalando la torre de objetos que Pepper había estado a punto de ponerse a organizar. Después de varios segundos me acerca un paquete de paracetamoles. Tendrá que servir –Jarvis, ¿sabes qué significa esto?

-¿Que tendré el mismo éxito que la señorita Potts tratando de hacerle entrar en razón?

-No –aunque eso también es verdad. Me tomo tres cápsulas a la vez y devuelvo el capirote de asno al lugar del que jamás tendría que haber salido –Que durante un par de horas no voy a beber alcohol, así que saca la bota y manos a la obra. Tenemos mucho trabajo por delante.

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