Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019

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Gabriel Leblanc
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MensajeTema: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Mar 18 Oct - 18:31

Nueva York, Casino Mirage. 2:36 de la noche. 27 de enero de 2019.

Cuando Elektra lo encontró, Gabriel (o la persona que era como él sin serlo) se encontraba en una de las zonas de paso que comunicaban las distintas salas de juego. Apoyado en una de las columnas de mármol con despreocupación y rodeado de gente, no podía estar en una posición menos llamativa. Sin embargo, parecía que todas las luces del casino se habían enfocado hacia él, buscando reflejarse en su traje níveo. Era muy diferente al Gabriel que Elektra recordaba. Lejos de la imagen que se había llevado de un agente joven e intimidado por su presencia, el rubio parecía más que cómodo al ser el centro de casi todas las miradas, ya fueran de los dos hombres y la mujer que lo acompañaban o no. No cuadraba con la información que había recibido de Nick Fury: Elektra sabía perfectamente cuál era el aspecto de una persona que ha estado a punto de ser asesinada hace pocos días, y desde luego no era ese. Y si sólo fuera eso...

Alguien tan observador como ella podía darse cuenta de que cada gesto, cada mirada seductora dirigida a la mujer del vestido verde que estaba a su derecha, no coincidía con lo que creía saber. Los ojos rojos del mutante se posaron unos segundos en ella, y poco después se despidió del resto. Daba la sensación de que había tardado un poco en reconocerla. Antes de caminar a su encuentro, sin embargo, le entregó al hombre más alto un maletín de color gris plateado que había permanecido hasta entonces apoyado en la misma columna en la que estaba él. Un asentimiento, una sonrisa, y una mirada decepcionada por parte de ella después, Cédric se acercó a la ninja.

-Qué coincidencia, Elektra...-Su voz sonaba algo más grave, y con un acento francés suave y agradable que no había notado la última vez que se vieron. -No esperaba encontrarte aquí. Pero tengo que decir que me alegro de ver una cara conocida, aún en un sitio inesperado. Aunque, ahora que lo pienso... Quizás no sea tan sorprendente.-Un camarero pasó cerca de ellos, y él aprovechó para hacerse con una bebida, que parecía a simple vista una copa de ginebra. -Quizás te ha traído aquí el deber, y no el placer.


Nueva York, ático del Casino Mirage. 1:03 de la noche. 27 de enero de 2019.

Un disparo, un grito ahogado, y el golpe de un cráneo contra la madera de la mesa. Uno menos. Quedaban tres.
Valjean sonrió, mirando el cadáver por encima del premio que pretendía conseguir aquella noche. Una cantidad obscena de dinero, en forma de billetes, joyas y otros objetos de valor. Ahora, estaban un poco más cerca de sus manos. A su lado, Marco se tensó, nervioso. Era un chico que apenas llegaba a la veintena, de rasgos ligeramente andróginos, piel bronceada y pelo oscuro. Sus nerviosos ojos color caramelo siguieron el viaje de la pistola de las manos del mafioso muerto hasta las del que metía la bala en el tambor. Marco tenía miedo, Cédric podía saborearlo. Miedo de perderle. Era incluso más delicioso que sus labios o su carne. Clavó sin darse cuenta los dedos en el hombro del rubio, en el que tenía apoyada la mano derecha. En la izquierda, no le quedaban ya.

El hombre con bigote que se sentaba a la derecha del francés se llevó el arma a la sien. Click. Se había salvado por esta vez. Su esposa, una mujer con un carísimo vestido verde, unos treinta años más joven que su marido, no estaba ni la mitad de preocupada que Marco por él. Sin embargo, lo disimulaba aceptablemente. Después de todo, ya tenía el testamento a su favor, por lo que el viejo podía morirse cuando le viniera en gana.

El revólver pasó a manos de Cédric. No le tembló el pulso cuando disparó hacia su propia cabeza. Click. Nada. El otro superviviente, un hombre de aspecto rudo que recordaba vagamente a un bulldog, ya estaba extendiendo la mano, cuando Cédric apretó de nuevo el gatillo, esta vez situando el cañón bajo su mandíbula. Click. Marco se tapó la boca con la mano buena, abriendo mucho los ojos. Con un movimiento ágil, el telépata pasó a su zurda el arma, y la disparó una última vez contra su otra sien. -Tu turno.

El siguiente en coger el arma estaba pálido. Su mano temblaba cuando apretó el gatillo. El que ponía las balas en el tambor era uno de sus hombres: Contaba los huecos para que no le tocara a él. Sin embargo... Ninguno de los dos esperaba que alguien pudiera enterarse de su pequeño juego. No le quedó más remedio que disparar el arma, sabiendo que lo mataría. Ya solo quedaba uno. Ahora que lo pensaba... Se giró para mirar a Marco mientras volvían a prepararlo todo. -Te veo un poco nervioso... ¿Estás bien, Marc?-Había una burla sutil en sus palabras, velada tras la mirada dulce que le dirigía al último de sus amantes. Se le notaba en la cara que no, no se encontraba nada bien. Y no era para menos. Llevaba tres días conviviendo con el francés, recibiendo su influencia perniciosa día y noche. Y era feliz. Ni se acordaba de que, al principio, sólo pretendía ganar lo suficiente para saldar sus deudas. De hecho, las primeras horas había pensado que Cédric sería su último cliente. Ahora, no podía imaginarse qué haría si la suerte le fallaba en aquel juego. A pesar del dolor, Marco sabía que nadie le haría sentir como el hombre de ojos escarlata. Nada merecía la pena si desaparecía.

-Yo...-Titubeó un segundo, antes de decidirse a responder. Click. El hombre del bigote se había arriesgado una ronda más, y se había salvado. Cédric recuperó el arma para hacer lo propio mientras le escuchaba.

-Necesito saberlo. ¿Por qué lo haces? No necesitas ese dinero... Nadie necesita tanto...-Esas palabras hicieron sonreír al mutante mientras tensaba su dedo índice sobre el gatillo. Click. -No lo hago por el dinero, encanto. La gracia de la ruleta rusa es la emoción de saber que estás a punto de morir. Es lo único que te hace sentir vivo, al fin y al cabo. ¿Verdad?-Dirigió una mirada al otro hombre que jugaba. Se llamaba Jones, y no había dejado de pensar en estos últimos momentos. Eran los dos últimos supervivientes de los seis que se habían sentado en esa mesa hacía lo que ya parecía una eternidad. Y el rubio había estado demasiado tranquilo toda la partida. Sin embargo.... Era imposible hacer trampas a ese juego. O tenía nervios de acero y mucha suerte, o estaba loco. La única respuesta que recibió el rubio por parte de su contrario fue un gruñido quedo.

-¿... Sólo por eso...?-Era difícil decir si Marco estaba asustado o fascinado. -Sólo por eso. ¿Quieres probar?-Marco ni siquiera se había dado cuenta de que le tocaba de nuevo a Cédric. -No sé si debería... Aunque... -Su voz tembló un poco cuando Cédric tiró ligeramente de él, haciéndole moverse de detrás suyo hasta su regazo. Ni siquiera tuvo que manipular nada dentro de su cabeza para que cogiera la pistola. Su mente se había roto el día anterior. No era de extrañar que se dejara llevar así.

-No va a pasar nada... Confía en mí.-Marco, a diferencia del hombre sobre el que se sentaba o el que contemplaba la conversación con incredulidad, cerró los ojos antes de disparar. Dejó de temblar cuando la bala destrozó la piel y el hueso sobre el que había apoyado el cañón, y se desplomó sobre el hombro de Cédric, quien se desembarazó de él sin reparos tirándolo a las tablas del suelo. Por suerte, no le había manchado el traje.

Era una pena que el pequeño Marco le hubiera durado tan poco. Al principio, había sido divertido. Pero poco a poco, Marcos se había vuelto... Manso. Como una muñeca de trapo, hacía todo lo que él le pedía. Sin pensar. Sin resistirse. Y eso era lo que lo había matado. Sonrió ampliamente, y miró al último hombre que quedaba en juego.

-¿Seguimos?

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Última edición por Gabriel Leblanc el Sáb 4 Feb - 18:52, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Miér 19 Oct - 0:11


Apoyada sobre uno de los taburetes cercanos a la barra de cócteles, Elektra observaba sosteniendo un Martini en la mano izquierda. Al igual que Gabriel, ella no pasaba inadvertida. Y es que, a pesar de tener un físico fibroso y una constitución más fuerte de lo que sería de esperar en una mujer tan esbelta como ella, lo cierto era que irradiaba sensualidad por todos sus poros, una baza de la cual era plenamente consciente y a la que no le importaba recurrir cuando la situación lo ameritaba.

Tampoco se podía negar que sabía cómo sacar partido a la belleza mediterránea que la caracterizaba, con aquél vestido largo color burdeos que parecía ceñirse a su cuerpo como una segunda piel remarcando sus curvas o el cabello recogido en un aire que era al mismo tiempo elegante y casual. No llevaba demasiadas joyas, tan sólo unos sencillos aros de oro y unas pulseras doradas. El bolso, a juego con los complementos, era pequeño y discreto. La clase era una de las cosas que había aprendido de su padre.

Perfectamente bien maquillada, con sombra de ojos y lápiz de labios del mismo tono del vestido, parecía una dama a la espera de su acompañante. Y, en cierto modo, así era.

Sonrió de medio lado cuando él se fijó en ella, y cruzó con aire provocativo las largas y sinuosas piernas cuando le vio acercarse. Se llevó la copa a los labios; su mirada parecía fija en él, pero estaba más pendiente en realidad del curioso intercambio del que acababa de ser testigo. Si quisiera podría haberles robado el maletín en sus mismísimas narices sin que ninguno de ellos se apercibiera, pero no estaba allí por el maletín, no... Estaba allí por él. Y estaba siendo tan amable de acudir sin que tuviera que ir a buscarlo.

- Qué coincidencia, Elektra... No esperaba encontrarte aquí. Pero tengo que decir que me alegro de ver una cara conocida, aún en un sitio inesperado. Aunque, ahora que lo pienso... Quizás no sea tan sorprendente. Quizás te ha traído aquí el deber, y no el placer.

Había algo extraño, algo... diferente, y, por un instante, una mínima muestra de confusión pareció enturbiar la seguridad de su mirada. Pero sólo duró un instante antes de que volviera a ser la misma de siempre. Qué curioso... Parecía más seguro de sí mismo, más... confiado. le gustaba aquél cambio. Se trataba de la misma persona y, a la vez, parecía alguien completamente diferente. Ya no era el ratoncillo asustado que conoció en Japón, y no podía decir que aquél nuevo Gabriel no le gustara. De hecho... Cogió una aceituna de un plato de la bandeja del camarero y se llevó el pincho a los labios mirando al agente con nuevos ojos. Era bastante guapo, ¿cómo no se había fijado antes? Y después de lo de Matt... La amarga conclusión de la noche de su reencuentro le había dejado un sabor agrio que aún persistía. Quizá le vendría bien algo que la ayudara a olvidar. Algo... o alguien.

- Touché. No como tú, según veo -replicó con malicia-. Alguien ha sido travieso, señor Leblanc... No has sido precisamente cauteloso. No me ha costado nada llegar hasta ti. Los rumores del chico rubio de ojos rojos que triunfa allá por donde pasa no han pasado desapercibidos... Furia te quiere de vuelta.

Directa y al grano, sin medias tintas. La sutileza no era una de sus virtudes.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Sáb 5 Nov - 2:00

Desde luego, el ser tan directa debía de ser una ventaja enorme para Elektra a la hora de intimidar, amenazar y el resto de variedades de violencia verbal. Pero en otras situaciones, con otra gente.

Porque, en ese mismo momento, mencionar a Furia y sus intenciones había sido un error fatal. Quizás Cédric hubiera tardado un poco en darse cuenta de qué pretendía. Pero ahora... Tenía claro lo que iba a hacer. De todas formas, tampoco se desviaba mucho de lo primero que había pensado al ver a la que, seguramente, sería la mujer más apetecible de todo el edificio. Entrecerró un poco los ojos, dejando que una sonrisa aflorara en sus labios. Había notado aquella duda, ese instante en el que Elektra había reparado en todos esos pequeños cambios. Ese momento en el que se había abierto una pequeña grieta por la que se filtraba el deseo. Y como toda herida, dejaba escapar gotas de sangre... Que atraían al depredador más cercano.

-¿Por qué debería ser cauteloso, Elektra? No estoy de misión, ni haciendo nada malo. A menos que Furia haya prohibido a sus agentes beber, jugar, y disfrutar de la vida. Lo cual tampoco me extrañaría tanto, viniendo de él...-Había cierto tono de burla en sus palabras. En el fondo, lo odiaba. Aunque no tanto como a Rhodes, o a Trémaine. Tan cuadriculado, tan tenso siempre... Pedía a gritos que alguien destrozara su orden perfecto, su control y se lo hiciera tragar. Por no hablar de que era de los pocos que sabía de su existencia, y no habían movido un dedo al respecto. Lo cual era algo molesto y estúpido a partes iguales.

-Y respecto a lo de triunfar... No puedo evitar mi propia suerte.-Se encogió de hombros, con gesto despreocupado. Si Elektra se fijaba bien en él, se daría cuenta de que no estaba en tensión en absoluto. No le tenía miedo, ni se preparaba para defenderse si ella atacaba para llevarlo de nuevo a SHIELD. No la veía como una asesina... Sino más bien como una conocida. Sin más. -No es culpa mía si las cartas ganadoras llegan siempre a mis manos... Tanto en la mesa de juego como fuera de ella. Y no veo por qué eso debería molestar a nuestro director. Yo lo veo bastante interesante... Además de que me sirve también para encontrar alguien con quien hablar de vez en cuando.

Ni siquiera se molestó mucho en disimular que se refería a ella. Aunque sabía de sobras que la griega había estado buscándole, a su modo de ver su encuentro de debía en cierta medida a la suerte. Como todo. Y no estaba para nada disgustado... La ninja era una mujer atractiva y feroz, pero fría como un témpano cuando se lo proponía. Cédric no podía esperar para descubrir cómo gritaba una mujer así. O si aguantaría en silencio... Esperaba que no fuera así.

-De todas formas... Si no te importa, preferiría no volver ahora mismo a SHIELD. Aún queda mucha noche por delante... Y sería un desperdicio irnos ya.-Hizo girar un par de veces el líquido transparente de su copa antes de beber de nuevo. Se pasó la lengua por los labios, deteniéndose unos instantes para sentir el alcohol cálido corriendo por sus venas. -No sé si tendrás tiempo o ganas de acompañarme, claro...-Sin embargo, a pesar de sus palabras... Aquello no dejaba de sonar a invitación.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Mar 8 Nov - 21:43

- Querido, la gente corriente suele tomarse a mal que le estafen; Si sistemáticamente tienes buena suerte en el juego acabarán pensando que haces trampas... o que eres telépata -respondió ella con una sonrisa que no dejaba escapar la broma acerca de Furia-. No me parece mal que le saques provecho a tu poder, pero cuanto más discreto seas, más tiempo podrás hacerlo sin que te pillen. ¿Has oído hablar acerca de mantener un perfil bajo? -añadió en tono de broma.

No pudo evitar fijarse en lo relajado que estaba a su lado. No era como si sus escasos amigos y aliados tuvieran motivos para temerla (a diferencia de lo que su reputación dictaba, Elektra no era ninguna psicópata desalmada. Se preocupaba por aquellos que le importaban y se esforzaba por protegerlos), pero Gabriel y ella no habían llegado nunca a ser aliados. Es más, la primera vez, Furia la había enviado para asegurarse de que el mutante no se salía con la suya, y ahora la enviaba para traerlo de vuelta, como quien se ocupa de devolver al redil a una oveja descarriada. Sin embargo, no parecía preocupado en lo más mínimo, y recordaba bien lo tenso que se había mostrado durante su aventurita en Japón, el respeto que le profesaba. ¿A qué se debía el cambio?

- Claro -asintió apurando lo que le quedaba de la copa cuando habló de aprovechar la noche-. No tengo nada mejor que hacer, ni ganas de ver tan pronto la fea cara de Furia... ¿Vienes?

Después de cambiar el dinero por fichas, la mujer se adentró en el casino, pasando de largo las máquinas recreativas y atrayendo todas las miradas hasta llegar a la zona de las mesas de juego, sentándose con todo el descaro encima de la mesa de la ruleta y colocando un pequeño montón de piezas rojas encima del 22 blanco.

- Señorita, no puede... -Elektra alargó sensualmente la mano hacia el puro que sobresalía del bolsillo de la chaqueta del crupier y se lo colocó entre los labios para callarlo, acercándose tanto que el hombre pudo oler su perfume a la perfección.

- Vamos, Niles -ronroneó leyendo el nombre que figuraba en la placa de su pecho-, sé bueno y gira esa ruletita tuya...

La cercanía de semejante mujer, su actitud agresiva, que recordaba vagamente a una pantera, así como el vestido que realzaba las sugerentes curvas provocaron que el crupier perdiera automáticamente el habla al tiempo que una gota de sudor comenzaba a resbalar por su frente impidiéndole hacer otra cosa que no fuera hacer girar la rueda.

- ¿Sabes? Tiene gracia, pero cuando Nick me encontró para hablarme del trabajito contigo en Japón me encontraba en un casino como éste en España -le dijo en un perfecto francés. Estaba evitando dar información reveladora, pero aún así prefería minimizar las posibilidades de que el crupier husmeara demasiado-. Es curioso que nuestro segundo encuentro se produzca en el mismo sitio en el que empezó todo... un casino -se volvió para mirar penetrantemente a Gabriel-. No me guardas rencor por lo que pasó... ¿verdad? No era nada personal, me limité a cumplir el encargo del cliente. No creas que le tengo un particular aprecio a nuestro mutuo amigo...

Se levantó, estirándose como lo haría un gato, se deslizó elegantemente fuera de la mesa de la ruleta y se acercó más a Gabriel, situándose a su espalda mientras le recorría el hombro con la mano con el pretexto de hablarle al oído sin que nadie pudiera pensar que era nada más que una mujer corriente musitando secretas palabras de seducción a su amante.

- Soy una mercenaria, trabajo para quien me paga, y no han sido escasas las veces en las que he tenido que enfrentarme a Furia...

Había perdido la cuenta de la cantidad de agentes inocentes que habían caído bajo sus cuchillas por tratar de interponerse en su camino. Hasta había derribado el helicarrier una vez.

- Simplemente, Nick me conoce y ha llegado a la sabia conclusión de que es preferible tenerme trabajando de su bando, así que me contrata de tanto en cuanto. Pero no me controla -advirtió con un relampagueo salvaje en su mirada-. Ningún hombre lo hace...

- ¡El 23 negro! -la exclamación del crupier atrajo de nuevo su atención-. Lo lamento, señorita...

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Jue 1 Dic - 1:49

-Creo que algo he oído sobre ello, sí... Aunque creo que no es lo mío. Prefiero cambiar de lugar cada poco tiempo, es mucho más lucrativo... Y no me hace falta limitarme. -Sonrió, divertido por el comentario. Límites... Era quizás una de las cosas que peor toleraba. Al fin y al cabo, siempre hacía lo que le placía...
En ese sentido, no parecía muy diferente a Elektra. No se imaginaba a la asesina recibiendo órdenes de buen grado, y en esos mismos momentos estaba demostrando que no era muy partidaria de cumplirlas con la celeridad que Furia esperaba de todos sus agentes. Casi podía oírlo lamentarse de que la griega jugara a otro juego, y no fuera una de sus cientos de "personas a las que mandar a arreglar las cosas si algo se pone feo". Aunque Cédric no podía culparlo. ¿Quién no querría tenerla para sí? El francés esbozó una sonrisa afilada cuando su acompañante se acercó a la ruleta. Desde luego, no era quién para dar lecciones de cómo evitar llamar la atención... Aunque, si ahora mismo sacaba un sai y asesinaba a alguien, poca gente se daría cuenta. Quizás podía contar como ventaja el que nadie se fijara en sus manos, precisamente. Aunque, por mucha ventaja que fuera, no la iba a ayudar a ganar a la ruleta. Un vistazo rápido a la memoria de Niles le reveló que el 22 blanco apenas salía, información que le llegó mezclada con detalles sobre el escote de Elektra.
-No me imagino a Nick en un casino... Aunque, si es por negocios, me creo cualquier cosa. Quizás sea lo único en lo que nos parecemos los tres.-A fin de cuentas, no parecía el tipo de sitio en el que uno se encontraría al director de SHIELD, siempre rodeado de pantallas y agentes, con el símbolo de la organización de fondo y una mirada sombría en su único ojo. A pesar del ambiente relajado que imperaba en la conversación, la griega aún estaba alerta. La paranoia de los espías, lo llamaban. Si así se sentía más cómoda... No sería él el que le llevara la contraria, por muy improbable que le pareciera que alguien los estuviera escuchando. Respondió en su lengua natal: Era agradable volver a usarla, para qué negarlo. Con gesto casual, dejó unas cuantas fichas sobre el 9 rojo. Cédric sabía de sobra que no podía controlar el azar, no directamente. Y por eso, de vez en cuando, tenía que dejar a la suerte hacer su trabajo. Por mucho que él supiera por los recuerdos que le rodeaban que normalmente salían los números de ese lado, no podía saberlo a ciencia cierta, igual que no habría sabido dónde estaba la bala que acabó en el cráneo de Marco si no hubiera escuchado los pensamientos del otro hombre. Aunque esto no resultaba ningún problema para él. Por mucho que le gustara ganar... Siempre había algo que lo impulsaba a jugársela. Ya fuera con dinero... O con sangre.
-¿Por qué iba a guardarte rencor? En este negocio, siempre he creído que es mejor no mezclar el trabajo con lo personal. Al fin y al cabo... Hacemos muy pocas cosas por deseo propio o por amistad hacia Furia. Lo que nos motiva es el dinero, como a cualquiera. Y no se puede culpar a alguien por ser de las mejores en su oficio.-Cédric hizo girar lentamente el contenido de su copa mientras dejaba caer ese piropo velado.
Elektra se incorporó y se situó tras él, perfectamente metida en el papel. O no. Pero, al fin y al cabo... ¿Realmente importaba si estaba fingiendo o si sus respuestas eran sinceras?
Cédric comenzaba a dudar ya sobre el funcionamiento de la máquina que había estado con ella la primera vez, utilizando su cuerpo para cumplir aquella misión en la que la había conocido. ¿Cómo había podido tener miedo de Elektra? ¿Es que no la había visto bien? Para él, percibir algo bello como amenazador sólo podía ser un error. Al fin y al cabo, todas las cosas bellas terminaban siendo placenteras. Y Cédric vivía para el placer únicamente. Sentirse así de incómodo en esa situación... La idea se le hacía completamente ajena. Sin embargo, el tren de sus pensamientos llegó a una estación cuando ella se acercó para susurrarle al oído unas palabras que, seguramente, solo le resultarían sugerentes a él de entre todos los hombres del mundo.

La melodía de su voz armonizaba con el bufido y la mirada envidiosa de Niles, para mayor regocijo del supuesto agente. El francés no pudo hacer menos que sonreír cuando su perfume lo envolvió, cómodo ante la cercanía de semejante mujer. -Veo que no os lleváis muy bien... ¿Con él sí que es algo personal, intuyo?-Ah... Ahí estaba. La primera grieta. Aquella breve pero incontrolable chispa de furia en sus ojos tenía nombre y apellidos, estaba seguro. Y una historia que quería averiguar detrás.

-Me alegro de no estar intentando nada más que hacerte compañía, entonces.-Su mano se deslizó por su cintura cuando él se giró ligeramente para poder mirarla a la cara, como reafirmando el gesto que ella había iniciado al susurrarle al oído. -No me gustaría que me odiaras así.

-¡El 23 negro! Lo lamento, señorita...-La voz del empleado llamó de nuevo su atención, atrayéndola de nuevo hacia la mesa de juego. -Vaya... Parece que nos hemos quedado sin suerte de momento. -No es que fuera precisamente una tragedia... Aunque tampoco era algo demasiado habitual para Cédric, quien acostumbraba a poder usar sus poderes para ganar cuando lo deseaba. -Si quieres, podemos ir a otro sitio... ¿Qué tal se te dan las cartas?-Inclinó la cabeza hacia un lado, señalando una mesa de juego algo alejada. -Aunque claro... Ya sabes lo que hay.-A Elektra le pareció que sus ojos llameaban por unos instantes al referirse a su pequeño "as en la manga".
-Si no te gusta jugar así, podemos buscar otras formas de entretenernos...-Pareció acariciar estas últimas palabras, dejando implícito lo que no hacía falta decir. Era curioso... A pesar del ruido de fondo, de los gritos de alegría y de rabia, del sonido de las fichas y las copas al chocar; la asesina le había oído perfectamente. Incluso podría asegurar que había susurrado, sólo para ella. -A menos que quieras salir a los jardines o a la azotea, o cualquier otra cosa. Por mí, tenemos todo el tiempo del mundo...

El mutante no había olvidado la barrera mental que había cortado el paso a Gabriel la primera vez que se habían visto, y no pretendía encontrarse esa dificultad ahora. Su acompañante estaba relajada, o todo lo relajada que podía estar una mercenaria de su categoría. Era su oportunidad para comenzar a echar raíces dentro de su cabeza, sin que se diera cuenta, para luego tener más libertad a la hora de jugar. De haberlo sabido, posiblemente ella se hubiera puesto en alerta: A nadie le gustaba que entraran en su único lugar realmente privado sin llamar a la puerta antes. Más adelante, sería la propia Elektra la que agradecería ese pequeño gesto.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Jue 1 Dic - 23:34

Bien. Gabriel no le había parecido del tipo rencoroso cuando le había conocido, pero estaba bien constatarlo. A decir verdad, ni siquiera parecía especialmente molesto cuando se había enterado de que Furia la había contratado para asegurarse de que no destruía aquellos viales. Sorprendido sí, pero no furioso. Ella desde luego se habría enfurecido más, pero si tuviera que participar con Gabriel en un concurso de bondad tenía claro que no sería la ganadora.

- Es una actitud muy sabia y muy positiva para tu salud a largo plazo. Yo también soy de la opinión de que no es conveniente mezclar negocios con placer...

Se mordió el labio inferior ante la última frase del francés pensando precisamente en sus propias palabras; Realmente no debería estar allí tomándose una copa con Gabriel, mucho menos estar pensando en lo que estaba pensando, pero no podía evitarlo, especialmente cuando él se volvió de esa manera deslizándole la mano por la cintura.

Elektra era una mujer muy pasional, y el hombre que la tenía entre sus brazos era sumamente atractivo... y de buen corazón. Tenía debilidad por los hombres de buen corazón, quizá porque inconscientemente anhelaba suplir la oscuridad que anidaba en su propio interior.

Sin embargo, también le gustaba que fuesen fuertes y osados, porque, sin darse cuenta, buscaba en los hombres con los que salía las mismas virtudes que caracterizaban a Matt Murdock, su primer y único amor. ¿Y acaso Daredevil no era conocido como "el hombre sin miedo"?

No dejaba de ser curioso viniendo de una mujer que necesitaba llevar el rol dominante en la relación, pero incluso eso tenía una explicación, una que se remontaba a la época en la que había servido a La Mano. La secta ninja era muy machista, y durante el tiempo que había pasado entre ellos había tenido que soportar un continuo trato discriminatorio y vejatorio. Tekagi, el hombre que la había tutelado durante sus primeros años en la secta la había sometido a la fuerza y ella había terminado cediendo porque se encontraba muy sola y echaba de menos a Matt, pero no la trató jamás como un hombre trataría a su amante; la humillaba y la maltrataba, refiriéndose a ella como "kunoichi", un término que significaba "mujer ninja" en japonés, pero también "prostituta". Elektra había aguantado, pero había alcanzado su límite el día en que otro de sus superiores había intentado violarla como castigo por haber fracasado en una misión. Le había ensartado como el cerdo que era y había escapado de la fortaleza, no sin antes jurar que jamás volvería a permitir que un hombre la dominara.

Así pues, le gustaba llevar el rol dominante, pero siendo como era una mujer ardiente necesitaba a un hombre que fuera capaz de seguirle el ritmo y estar a su mismo nivel, no un manso corderito que simplemente se dejara hacer. Por eso no se había fijado en Gabriel desde un principio, pues le había dado la impresión de ser un tanto apocado. Pero éste nuevo Gabriel... guau. Y ella estaba siempre tan sola... A causa de la persecución constante a la que la sometía la Mano no podía permitirse tener una pareja de verdad, o amigos que le importaran, pues las últimas veces que lo había intentado habían terminado muertos. Entonces, lo único que le quedaba, la única manera que tenía de conseguir un poco de calor humano, era a través del sexo.

Y hacía cuatro meses desde la última vez que había tenido compañía, así que no podía evitar la tentación.

- Oh, no le odio -le contestó con una sonrisa cómplice-. Pero hemos acabado en bandos enfrentados en varias ocasiones, y me ha mentido y tratado de manipularme más de una vez, motivos que hacen que no sea particularmente santo de mi devoción, aunque hemos colaborado cuando teníamos un objetivo común.

El crupier anunció su fracaso y entonces, el que ella creía que era Gabriel, le propuso variar de juego.

- Mmmm... -ronroneó siguiendo la línea de los botones de su camisa aprovechando la cercanía-. Las cartas se me dan bien. Si te parece, podríamos probar el bacarrá. No sé por qué, pero me apetece probar placeres franceses...* -añadió, sujetando las solapas de la chaqueta de Gabriel para pegar su cuerpo contra el suyo de manera fugaz. No demasiado, tan sólo un roce; lo justo para que pudiera notar su calor e intuir las formas que se adivinaban bajo el vestido. Elektra era toda una experta en volver locos de deseo a los hombres; había jugado con esa baza en numerosas ocasiones en su trabajo-. Respecto a tus trucos, no me importa, podemos ir al cincuenta por ciento con las ganancias que obtengas -le sonrió-. Y de todos modos no podrás saber mis cartas.

No sería la primera vez que la griega hacía trampas, ni sería la última. Nadie llegaba demasiado lejos en su profesión teniendo sentido del honor, ¿no?

El mutante susurró entonces las últimas palabras... Ella no le estaba mirando en ése instante, más pendiente de encontrar las mesas de bacarrá, y la manera en la que lo sintió fue como si se lo hubiera susurrado en la zona más sensible que va desde el oído al cuello. Un suspiro escapó de sus labios y se volvió para mirarle con complacida sorpresa.

- Vaya... fíjate... ¿quién eres tú y qué has hecho con Gabriel? -bromeó. Jamás se habría esperado que el francés fuera tan directo, pero la manera en la que le miraba dejaba claro que no le desagradaba para nada-. No me tiente, monsieur... ¿No decías algo acerca de no mezclar negocios con placer...?

*Lo dice porque el bacarrá es un juego de cartas de origen francés.

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Gabriel Leblanc
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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Miér 14 Dic - 0:38

-Placeres franceses, ¿eh? Me alegro de poder proporcionártelos. -Definitivamente, había echado de menos aquello. El juego, el roce de su chaqueta con su vestido. El fuego cruzado de insinuaciones y miradas cargadas de intención. "-Algo me dice que vas a tener de sobra, Elektra... Incluso más del que quieres."-Se cuidó de compartir ese pensamiento, sin embargo. Iba a ser una noche muy larga para la griega, pero Cédric prefería no ponerla sobre aviso. Al fin y al cabo, tenía que cuidar sus palabras. Estaba caminando por la cuerda floja y sin red: Cualquier cosa que hiciera que Elektra se pusiera en guardia podía suponer su fin: Aunque estaba empezando a entrar en su cabeza, no podría controlarla si se ponía seria. Ella había dicho que ningún hombre la controlaba… Y tampoco hacía falta demostrarle cuan equivocada estaba mostrándole abiertamente cómo podía manipularla desde su propia mente. No quería encontrarse de nuevo en SHIELD, y esa sólo era la menos mala de las posibilidades que podían ocurrir si Elektra se daba cuenta de que pasaba algo raro.

Pero... ¿Qué sería la vida sin riesgos?

-¿Un cincuenta por ciento? Me siento estafado, pero... No estoy en posición de negarte nada. ¿No es así?-Sus sonrisas eran reflejo la una de la otra, como si indirectamente estuvieran pidiéndoles unirse en un beso. El primer suspiro de Elektra sonó en sus oídos como música celestial, al igual que un depredador oía el primer jadeo de una presa exhausta por la persecución. La única diferencia, quizás, residía en que tanto Cédric como los dos animales conocían su papel en la escena... -Vaya... fíjate... ¿quién eres tú y qué has hecho con Gabriel?-Pero Elektra no, como acababa de demostrar. Y eso hacía el juego mucho más divertido. -¿Conmigo? Nada en absoluto. Simplemente, he cambiado un poco en estos cuatro años... ¿Sorprendida?-Si hubiera algún otro psíquico leyendo los pensamientos de Cédric, ahora mismo estaría sujetándose la cabeza, dolorido. La carcajada que había resonado dentro del criminal había sido de tal calibre que con facilidad habría podido aturdir a una persona, si la hubiera transmitido a alguien más. Ah, la ironía... No podía esperar a ver su cara cuando supiera hasta qué punto no era el mismo chico que había conocido, cuando Gabriel era poco más que un agente nuevo.
No había averiguado muchas cosas que no supiera ya desde el momento en el que había empezado a horadar la mente de la griega. Se sentía cómodo ahí, aunque aún no había empezado a buscar recuerdos concretos. Al fin y al cabo, quería tomárselo con calma: Elektra era un regalo, y no quería arruinar su propia expectación desenvolviéndola demasiado rápido.

-Ah, es cierto... Yo pensaba dejar los negocios para después. Al fin y al cabo... La partida está a punto de empezar. -Dicho esto, se acercó a la mesa, confiando en que ella le seguiría. Además, el baccarat le gustaba bastante más que la ruleta, al igual que el blackjack y el póker. Siempre era más entretenido jugar con las cartas que te daban, como en la vida misma, que dejar tu suerte en manos de los caprichos de una rueda.

Quedaban algunos puestos vacantes, y el francés se instaló en uno de ellos, justo a tiempo para recibir su par de cartas junto con el resto de participantes. Ahora, Elektra y él compartían mesa con el crupier, un par de hombres y otra mujer. El rubio subió un poco la apuesta incluso antes de ver sus propias cartas, nada más sentarse. Apagó la colilla en el cenicero, y miró sus cartas sin mudar lo más mínimo de expresión. Elektra tuvo la sensación, no, no era una sensación: La certeza de que Gabriel mantenía esa sonrisa de seguridad en cualquier situación. Podrían haberle tocado las peores cartas del mundo o las mejores, pero era imposible saberlo a simple vista: Hacía pensar que estaba acostumbrado a estas situaciones, a no mostrar tensión alguna para no dar pistas a los otros. Sin embargo, él sí que podía ver todas las otras cartas, salvo las de su acompañante si decidía usar la barrera mental que el entrenamiento ninja le había proporcionado. Por otra parte, no todos los jugadores mantenían la calma de igual modo: La cara de uno de los dos hombres era un poema, en su mano temblorosa había dos dieces que no le daban ni un mísero punto. El telépata tuvo que hacer un pequeño ejercicio de autocontrol para no reírse mientras pedía otra carta, en un intento de acercarse al menos algo al nueve. A los otros dos tampoco les había ido mucho mejor: Un tres y un cuatro les forzaron también a hacerse con un tercer naipe, aunque desde luego supieron llevarlo con más dignidad. El único que se había librado de la mala suerte era el crupier, quien tenía un siete en la mano. -La mitad era, ¿no?-Dirigió una mirada a Elektra, sabiendo que nadie más entendería esa pregunta. El crupier, un hombre de unos cuarenta años que había visto lo que había pasado con Niles, los miraba con cierta curiosidad mientras repartía las cartas extra a quienes las iban pidiendo. Esa pareja le intrigaba, aunque tampoco sabría decir por qué. Al fin y al cabo, no desentonaban con el ambiente del casino. Pero, sin embargo… Tenían algo.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Miér 14 Dic - 0:38

El miembro 'Gabriel Leblanc' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


#1 'Dado de 10' : 5, 10

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#2 'Dado de 10' : 10, 7

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#3 'Dado de 10' : 2, 5

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#4 'Dado de 10' : 8, 6

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#5 'Dado de 10' : 10, 10

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#6 'Dado de 10' : 5, 8

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Jue 22 Dic - 23:46

No había dicho lo del 50% porque le pareciera justo, y tampoco había esperado que él aceptara a la primera; lo había dicho simplemente porque estaba acostumbrada a afrontar la vida con descaro, y porque siempre era preferible apostar alto y tener la posibilidad de ganar antes que asustarse y no ganar nada en absoluto. Elektra no era la clase de persona que se amedrentaba o se echaba para atrás; Había tenido una vida muy dura, y un entrenamiento aún más duro. Le habían dado muchos golpes mientras estuvo con la Mano y después, así que, sencillamente, era difícil que se cortara por algo. Lo del 50% había sido un tiro al azar que, si tenía suerte y el agente lo aceptaba, le repercutiría sin duda en grandes beneficios. Y si no aceptaba... bueno, no se la podría culpar por haberlo intentado. Suponía que aún le trataba sin darse cuenta como el corderito manso que había sido (la verdad era que costaba asimilar aquél cambio), aunque, contra todo pronóstico, aceptó sin rechistar... Al menos no demasiado.

- Oh, querido... ahora es cuando aún estarías a tiempo de negarte -le dijo con aire juguetón-. No me responsabilizo de lo que ocurra después... Me gusta violento -terminó por susurrarle al oído antes de depositar un suave beso en su mejilla-. Pero gracias...

No dejaba de ser cierto lo que había admitido acerca de sus preferencias, sólo que la escena que la asesina tenía en mente difería posiblemente de la que estuviera acariciando Cédric... y ella no tenía ni idea de lo mucho que iban a cambiar las tornas aquella noche.

Sus siguientes palabras le dieron un poco en qué pensar... La personalidad no cambiaba tanto con el paso de los años, pero sí el carácter, o la manera en la que la persona se manifestaba ante el mundo. En esencia, Gabriel debía seguir siendo el mismo, pero lo que fuera que le había ocurrido le había hecho modificar su manera de comportarse. ¿Quizá como una estrategia de supervivencia o cómo protección? Furia le había dicho que habían intentado matarle hacía no mucho, y Elektra sabía de primera mano cómo podía cambiarte una experiencia cercana a la muerte.

- Furia me contó lo que ocurrió -comentó, recuperada la seriedad, al hilo de su comentario-. ¿Quieres hablar de ello? Sé que no ha debido ser fácil...

Una vez en la mesa, levantó las cartas y las examinó con cuidado. Un cinco. Estaba justo en el término medio, estadísticamente hablando. Si hubiera sacado un seis o un siete, las probabilidades habrían estado en su contra y su mejor opción habría sido plantarse. Por el contrario, con un tres o un cuatro la opción de una tercera carta habría estado muy clara. Pero con un cinco...

La mujer paseó la mirada uno a uno por los participantes de la partida, y utilizó su poder de control mental para ir saltando muy brevemente de uno a otro, el tiempo justo para echarle un vistazo a las cartas que tenían en las manos. Su poder no era exactamente telepatía, era algo más físico; literalmente invadía las mentes de otros, y no podía hacerlo durante demasiado tiempo porque su propio cuerpo entraría en coma al verse privado de su mente. Y había otra razón por la que no le gustaba abusar de él... Puesto que sus poderes se los había otorgado la Bestia, si los usaba demasiado o durante mucho tiempo, ésta podría localizarla. Elektra se pasaba la vida huyendo de la Mano y no tenía el menor interés en anunciar a bombo y platillo su posición actual. Por fortuna, no fue necesario mucho tiempo para hacerse una idea del panorama actual. Con Gabriel no lo intentó; ganara o perdiera habían acordado ir a medias con las ganancias, así que le daba igual. Además, era de prever que una mente entrenada ejercería mayor resistencia. Sin embargo, exceptuando al agente, por lo que veía tenía posibilidades bastante altas de ganar si pedía una tercera carta, así que decidió arriesgarse.

Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro al recibir la nueva carta, y, con gesto triunfal, extendió sobre la mesa su mano: un cinco, un diez y un cuatro. Nueve justo. Había ganado la partida.

O eso le pareció a todos excepto a Cédric, que pudo ver, quizá incluso con cierto grado de asombro, cómo el crupier pagaba a Elektra como si hubiese ganado la ronda cuando claramente había superado la cifra permitida, y nadie más parecía haberse dado cuenta. Ella le miró y le sonrió, guiñándole un ojo. ¿Qué haría el francés? ¿La delataría o le seguiría la corriente?

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Jue 22 Dic - 23:46

El miembro 'Elektra Natchios' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


'Dado de 10' : 6

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Dom 8 Ene - 18:08

Realmente, a Cédric no le importaba demasiado ceder ese dinero. Aunque la avaricia se encontraba entre sus innumerables defectos, palidecía frente al imperativo pincipal que regía su vida: Procurarse placer. Y, se mirara como se mirara, Elektra era alguien que podía proporcionárselo. ¿De qué servían unos cuantos billetes más en sus manos, si no podía convertirlos en algo mejor? Nunca había entendido a las personas que acumulaban riquezas por el mero placer de ser más ricos que el resto. Era tan absurdo... Lo que Cédric buscaba era la felicidad, nada menos. Y hasta un niño sabía que el papel y el metal no hacían feliz a nadie por sí solos.

-¿Negarme? En lo que va de noche, no he hecho nada de lo que tenga que arrepentirme... Y no planeo hacerlo.-Sonrió de lado al recibir el beso, satisfecho al menos en apariencia. Si Elektra lo conociera mejor, sabría que cualquier atisbo de satisfacción en él no era más que una máscara. Realmente, el mutante nunca tenía suficiente. Y, desde luego, no se iba a conformar con un eso en la mejilla, aunque eso fuera algo que la asesina ya sabía. -Mientras no traigas los sais, no tengo ningún problema con eso.-Al fin y al cabo, no era la única amante de la violencia de aquella mesa. Había oído que las habitaciones de aquel lugar estaban insonorizadas, y era un momento tan bueno como cualquier otro para ponerlo a prueba, ¿no?

La conversación cambió súbitamente de tema entonces. Parecía que, para variar, Furia sólo había compartido con Elektra el mínimo de información imprescindible. Era de esperar. Lo interesante de aquello era otra cuestión: ¿Sabían en SHIELD qué estaba pasando, o habían mandado a la ninja a ciegas adrede? Cédric dudaba que supieran qué había pasado en realidad la noche que Cloe lo había despertado. Esa mujer sí que sabía borrar sus huellas, y no resultaba tan ilógico que un grupo de criminales ligeramente enfurecidos decidieran acabar con un agente por la fuerza. Él mismo lo había hecho alguna vez. -¿Qué te contó? Seguramente te ha dicho más que a mí.-Su sonrisa se tiñó de una tristeza tan sutil que nadie más que ella podría percibirla. O eso le pareció a Elektra, que había visto esa esa expresión en cientos de personas que había conocido antes. Personas que, habiendo visto la muerte a la cara, habían conseguido sobrevivir y volverse más fuertes. Era esa la sonrisa que, de cuando en cuando, le devolvía su reflejo cuando se miraba en los espejos. -No me importa hablar de ello, ya lo tengo asumido. Ahora... Es como si lo viera todo más claro. No sé si a tí te pasó así en tu primera vez... Pero creo que he cambiado, y me gusta.-No había dicho ni una sola palabra que no fuera verdad, y sin embargo, seguía engañándola sin el más mínimo reparo. Al rubio le gustaba demasiado jugar con las personas como para resistirse a hacer algo así con su acompañante. Era superior a sus fuerzas.

El juego continuaba, y como era de esperar, la mayoría de sus contrincantes se quedaron atrás rápidamente. Un diez, un diez y un dos. Un dos, un cinco y un seis. Un ocho, un seis y un diez. Manos tan bajas que difícilmente superarían a lo que fuera que sacaran los dos clientes restantes y el crupier. Este último dejó las cartas sobre la mesa con un leve gesto de fastidio: Un dos, un cinco y un nueve. Más de uno de los presentes se preguntó por qué habría cogido esa última carta, teniendo un siete. Y, a decir verdad... Ni siquiera él lo sabía. Por unos momentos, lo había visto tan claro... Habría jurado que le iba a tocar un dos, o un uno. Cédric le habría podido explicar de dónde había salido ese arrebato, pero entonces no tendría la misma gracia. Además, eso dejaba a Elektra como única competidora. -Vaya... Qué mala suerte.-Depositó sus naipes enfrente suyo, uno a uno. Era el único que no había tenido que robar, así que sólo tenía dos: Un diez, que no contaba nada; y un siete. La mejor mano, desde luego... Al menos, hasta que Elektra mostró la suya.

No le costó darse cuenta de dónde estaba el truco. A diferncia de Gabriel, él no se molestaba en bloquear sus poderes para dejar de oír los pensamientos de los demás, y había notado un pequeño movimiento en la de los jugadores. No sería de extrañar que Elektra hubiera hecho trampa, como él. No le importaba, por supuesto: Al fin y al cabo, se quedaba con la mitad del dinero, y con la satisfacción de saber que era él el auténtico vencedor. -Al final, ha sido buena idea lo del reparto. Hay que ver... Qué suerte que tienes. Quizás debería jugar más a menudo contigo.-No se molestó en disimular el tono pícaro de esta última frase. Mientras hablaban, el crupier fue reuniendo y ordenando las fichas para entregárselas. Habían amasado una buena cantidad en aquel rato: La noche cada vez se ponía más interesante, y solo iba a mejorar. Al menos, para él.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Lun 16 Ene - 0:48

- Me contó que un grupo de criminales bien organizado trató de matarte cuando estabas en tu casa. Al parecer estaba todo orquestado y preparado por una enemiga tuya. La verdad es que me gustaría que me contaras más sobre esto, porque es posible que pueda ayudarte, pero no aquí... Luego... -le susurró, mordiéndose el labio inferior al tiempo que le dirigía una mirada cargada de promesas.

Lo que Furia le había dicho le había preocupado en cierta medida. No hacía ni dos días que había descubierto que La Mano había enviado a uno de sus agentes más poderosos, Kuroyama, a Nueva York, y ahora se enteraba de que una mujer supuestamente muerta había regresado de la tumba para atacar a Gabriel... Y daba la casualidad de que La Mano era experta en eso, la cicatriz de su vientre así lo atestiguaba.

Como si le hubiera leído el pensamiento, Gabriel hizo un comentario aludiendo a su primera "muerte" y ella le escuchó en silencio, moviendo levemente la cabeza.

- Si quieres saber la verdad... lo que sentí en ese momento fue... soledad.

Miró directamente a Gabriel a los ojos, y por primera vez en toda la velada no había seducción en su mirada. Quizá fuese de hecho la mirada más sincera que el mutante había recibido de ella hasta ahora, pues le permitió vislumbrar un poco de la verdadera Elektra, la niña que perdió a su madre mientras aún estaba en su vientre y vio cómo su padre expulsaba a su hermano de casa cuando era una niña, el mismo padre al que perdió con apenas dieciocho años en la universidad, haciéndola renunciar al único amor de verdad que había tenido o que podría tener jamás...

Sí, había sentido soledad, y, en sus últimos minutos de vida, se había arrastrado por las calles de la atestada urbe para poder morir a los pies de la persona con la que habría deseado pasar el resto de su vida.

Matt...

Un velo de tristeza enturbió su mirada al pensar en él. Supuso que la causa era el hecho de habérselo encontrado hacía dos noches. Siempre que se esforzaba por olvidarle volvía a aparecer y volvía a echar por tierra todo su mundo otra vez. Él no la quería, ella misma se había encargado de arruinar cualquier posibilidad hacía mucho. Y sin embargo no podía dejar de amarle, maldito fuera.

- Y sí, me cambió.

Había pasado de ser una asesina sanguinaria a ser una antiheroína que trataba de limpiar la basura que encontraba en el mundo, aunque en realidad el responsable de todo eso había sido Matt, no ella. Él había purificado la corrupción de La Mano cuando había interferido en el ritual de resurrección, transmitiéndole su propia energía vital.

- Pero basta de hablar de cosas tristes... Esta noche es para olvidarse de todo durante unas horas.

Y lo demostró poco después, cuando mostró su mano aparentemente ganadora y el rubio, que había sido el verdadero vencedor de la partida (no podía ni llegar a imaginar la ironía que encerraba eso) le siguió la corriente.

- Al final, ha sido buena idea lo del reparto. Hay que ver... Qué suerte que tienes. Quizás debería jugar más a menudo contigo.

Por toda respuesta, Elektra tiró de su corbata para atraerle repentinamente hacia ella y unió sus labios con los suyos en un beso largo, profundo y salvaje que hizo que se desparramaran por la mesa la mitad de las fichas que había acumuladas frente a ellos, ante la mirada atónita de los demás jugadores que se encontraban observando (con escándalo las damas, con envidia los caballeros).

- ¿Qué te parece si seguimos jugando arriba? -le dijo con la voz ronca y los ojos enturbiados por el deseo-. Ya me cansé de esperar...

*     *     *     *


La puerta de la suite real se abrió de golpe cuando Elektra, que tenía acorralado a Cédric contra la madera mientras le besaba apasionadamente, pasó la tarjeta por el lector, cediendo ante el impulso de la impetuosa griega.

Una vez dentro continuó besándole mientras le despojaba ansiosa de la chaqueta al tiempo que le iba dirigiendo hacia la cama, y no dudó en empujarle cuando estuvieron lo bastante cerca, haciéndole caer sobre la mullida superficie y situándose inmediatamente a horcajadas encima de él, con sus muslos a ambos lados de su cuello mientras le deshacía el nudo de la corbata, como si no quisiera dejarle escapar.

- Y dime... -musitó inclinándose sobre él para mordisquearle el labio echándose para atrás los mechones sueltos de su recogido para que no le supusieran un obstáculo-. ¿Qué te pasó realmente aquél día? ¿Cómo escapaste al final? Me dijo Furia que la mujer que te atacó había regresado de entre los muertos... -y se inclinó más para susurrar en su oído:- ¿Quieres seguir aquí o prefieres probar el jacuzzi?

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Dom 22 Ene - 15:36

Cédric se sentía tentado de mandarle a Fury un mensaje de agradecimiento, acompañado de un ramo de flores. Acostumbrado como estaba a mantener en secreto gran parte de los hechos, no había informado bien a Elektra... Y eso le dejaba vía libre a él, para contar su propia versión de la historia. Al fin y al cabo, conocer la verdad era algo importante... ¿Cuándo aprendería el tuerto? Si la mujer que tenía delante hubiera sabido qué había ocurrido aquella noche, qué podía tener Gabriel en la cabeza... Jamás habría aceptado su invitación. Ahora, le estaría mirando con frialdad al otro lado de un cristal o unos barrotes, de brazos cruzados. Haciendo lo que tenía que hacer, en lugar de insinuarse y, finalmente, confesar.

Cédric se aburría rápido de las personas. Tan simples, tan... Sin sentido. Tan poco interesantes. Se limitaban a vivir su vida, a esperar a que la muerte les llegara y haber hecho todo bien para aquel entonces. Por eso, cuando alguien tenía algo más, le resultaba imposible resistir la tentación de poseerlo. Le había pasado con su madre, con Ámelie... Y le estaba pasando con Elektra. Esa tristeza escondida debajo de su armadura de asesina implacable... El mutante podía verla. Podía ver cómo la ahogaba. ¿Por qué si no le contaría aquello? Sólo quería alguien que la comprendiera... Alguien en quien creer. Afortunadamente, no lo había encontrado aún. ¿O quizás lo habría perdido? No importaba: Fuera como fuera, nadie había logrado sanar sus heridas, por lo que ahora él podía disfrutar de ellas.

Justo después de terminar la partida, ella le besó, y Cédric le correspondió de buena gana. Él también había sentido cierta soledad, tenía que admitirlo. Pero eso no le había desagradado en absoluto, no le había empujado a buscar a nadie más como hacía Elektra: Con Gabriel muerto, volvía a ser dueño de sus propias acciones. Había ganado, todo volvía a ser como debía. Mordió el labio inferior de su compañera, provocándola. De fondo, escuchó el sonido de fichas cayendo, de sillas moviéndose, de pasos alejándose de ellos. El coro que acompañaba el final de aquel primer acto.

-¿Qué te parece si seguimos jugando arriba? Ya me cansé de esperar...-Cédric sonrió de lado, satisfecho con el resultado de sus acciones. Apenas prestó atención a las fichas: Se limitó a hacer un gesto vago a uno de los empleados del casino, a espaldas de la mujer. El dinero era importante, desde luego, pero tenía cosas mucho más importantes entre manos ahora.

-Por supuesto... Será un placer.-Acabó la frase dándole un beso en el cuello que la dejó sin aliento por un momento. El mero contacto le produjo una sensación extraña, pero placentera: Elektra sabía de sobras que Gabriel era capaz de usar la percepción y las sensaciones de otros, pero el chico que había conocido hace tiempo nunca habría utilizado sus poderes en aquella situación. Desde luego, el cambio no parecía tener más que ventajas.

...

El camino hasta la habitación se le hizo muy corto, gracias a su impaciente compañera. ¿Para qué esperar más? El segundo acto de aquella pequeña tragedia había empezado ya, y ambos se morían por actuar. A Cédric no le importaba ser el que estaba acorralado contra la puerta: Al fin y al cabo, la que estaba atrapada en realidad era ella. Respirar había dejado de ser una priridad hacía un rato, sustituida por aquellos besos que parecían buscar devorarse mutuamente.

El rubio se dejó empujar, sin oponer resistencia. Mientras Elektra se entretenía con su corbata, él deslizó una mano por su pierna, desnuda gracias a la apertura del vestido en ese lado. Su sonrisa se ensanchó en cuanto sus dedos rozaron el metal del sai, y lo sacaron de su lugar. -En realidad, fue muy fácil.-Clavó su mirada escarlata en Elektra, al tiempo que su mano elevaba el sai hasta la parte de atrás de su cuello. La morena pudo sentir el frío acero sobre su piel cuando él metió la hoja bajo la cinta que sujetaba su vestido, cortándola para dejar su torso al descubierto.

-Sólo tuve que matarla otra vez.-¿Qué otra cosa podía hacer alguien como él, cuyo amor por la violencia sólo se veía superado por el que se profesaba a sí mismo? No era verdad del todo, por supuesto: Si bien Cloe habría acabado muriendo de la herida que él le había hecho, había decidido morirse ella sola antes. Al menos se había ahorrado el sufrimiento de desangrarse lentamente, pero él no sabría eso hasta que la propia entidad se lo contara, días después.

-¿Realmente importa el orden?-Preguntó, juguetón, antes de tirar el arma lejos. No la necesitaba, no ahora. -Tenemos tiempo para todo...-Selló aquella frase con un nuevo beso, tan apasionado o más que los anteriores. Quizás Elektra no hubiera tenido compañía desde hacía meses, pero él había pasado años encerrado en su propia cabeza, solo. Y Marco, el anterior ocupante del puesto en el que se encontraba la asesina en ese momento, no había conseguido saciar su hambre. El telépata dejó a sus manos vagar por la cintura y la espalda de Elektra, recreándose en cada forma, en cada detalle. Como si pretendiera recordarla para siempre, al igual que hacía con todas y cada una de sus víctimas.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Lun 23 Ene - 0:13

off:
 

El tacto del frío acero contra la piel desnuda le arrancó un estremecimiento casi imperceptible al tiempo que la piel se le erizaba por la excitación que el peligro le provocaba, especialmente al tratarse de un sai... su sai. El mismo que le había dado muerte una vez.

La delicada seda cayó en cuanto el rubio cortó la única sujección que la había mantenido pegada a su piel, arremolinándose en torno a su cintura con reflejos irisados producidos por las luces de la habitación, dejando al descubierto la horrorosa cicatriz que tenía justo debajo del pecho izquierdo.

- ¿Y has pensado en que quizás pueda volver a revivir? -inquirió, pasándole el dedo índice por sus labios perfectos, la barbilla y el cuello, deteniéndose en la suave y cálida hendedura que había entre los omóplatos-. Existen antiguos rituales que lo permiten... Como el que me trajo a la vida a mí. ¿Crees que esa mujer podría tener alguna relación con La Mano? Si fuera así, podría ayudarte... Conozco una o dos cosas sobre ellos...

Sonrió cuando se deshizo del arma y echó mano al otro sai, el que descansaba en el muslo derecho, apoyándolo en el punto en el que un segundo antes había descansado su dedo. Quería que él también sintiera la frialdad y el peligro del mortal acero sobre su piel desnuda ahora que lo tenía bajo ella, acorralado y supuestamente indefenso...

- Tienes razón... -musitó al tiempo que lentamente iba bajando la hoja, haciendo saltar los botones de la camisa y rozando la piel lo justo para que pudiera sentirlo sin llegar a cortarle-. Tenemos tiempo...

Cuando hubo llegado hasta abajo, le abrió la camisa con las manos y se inclinó sobre él para besarle en el pecho. Poco a poco fue bajando hasta llegar a la cinturilla del pantalón, momento en el que introdujo el sai por debajo del pitón en la hebilla y lo hizo saltar, sin molestarse en aflojarlo según los cauces normales. Ella nunca se preocupaba por esa clase de cosas cuando hacía el amor, de la misma manera que no le había importado en lo más mínimo que él le rompiera el vestido. No sería la primera vez que tenía que salir cubierta únicamente por un abrigo por haber perdido la ropa en una noche desenfrenada... En aquellos momentos sólo pensaba en el aquí y el ahora; El cinturón era una obstáculo, así que se desharía de él.

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Gabriel Leblanc
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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Miér 1 Feb - 1:35

La seda del vestido y la piel de Elektra se confundían bajo sus dedos, cada una más suave que la anterior. Cédric había podido sentir esa pequeña turbación, ese momento en el que la muerte y el sexo se habían dado la mano dentro de la cabeza de su acompañante. Pero, lejos de frenarla, ese recordatorio en forma de caricia acerada sólo había echado más leña al fuego que la alimentaba. Al fin y al cabo, no eran tan diferentes... Placer y dolor, sexo y muerte. Ambos vivían jugando entre esos polos opuestos, en el canto de la moneda. Usándolos, y en ocasiones, dejando que fueran ellos los que guiaran sus pasos. A dónde los llevaran... Era algo que nadie podía saber.

Entreabrió ligeramente los labios como respuesta a su roce, suspirando cuando sus dedos descendieron, recorriendo el camino que conducía hasta su clavícula. -Nunca he podido conversar con ella, por desgracia... Pero tendría sentido, supongo. No puedo leer su mente, y siempre que se hace daño, se regenera de alguna forma... Aun antes de que resucitara, ya me imaginaba que tenía algo raro.-Los recuerdos que Gabriel había creado durante su breve existencia aún eran algo borrosos para él, cierto, pero ya podía distinguir con claridad las cosas que más le habían marcado. Y, entre esos retazos de una vida inventada, Cédric había encontrado varios que se referían a Cloe. De cómo se había roto los dedos para escapar de sus esposas, de cómo se había arrancado la lengua a mordiscos para ahogarse con su propia sangre. Desde luego, sabía morir con estilo. Se le daba mejor que matar, justo al contrario que Elektra. -Aunque sigo sin entender qué interés podrían tener en mí. De todas formas, siempre se agradece una compañía como la tuya...

Cuando la griega apoyó la punta del otro sai sobre su pecho, a Cédric le invadió esa sensación que tanto le gustaba, ese saber que estaba (y nunca mejor dicho) en el filo de la navaja. Había llegado al punto en el que se decidía todo: Si no había logrado seducir a la griega de verdad, si todo había sido un juego para atraerlo a un lugar apartado... Entonces, ella lo mataría en aquel momento. Y ahí se acabaría su historia, con la punta y final de ese puñal. Podía matarle, debía matarle. Desearía matarle, incluso, antes de que amaneciera. Pero eso Elektra no lo sabía, y ese era el seguro de vida del rubio, quien jugaba con las cartas marcadas desde el principio de la partida.

Uno a uno, los botones de su camisa iban dejando paso a la piel desnuda que se encontraba debajo. Aquí y allá, pequeñas cicatrices marcaban un cuerpo moldeado a partes iguales por el entrenamiento de SHIELD y la vida en la calle. Un chasquido y un tintineo metálico anunciaron la última baja en cuanto a vestuario se refería, otra víctima del sai que la asesina aún llevaba en la mano.

Esa misma asesina que, sin saberlo, estaba convirtiéndose poco a poco en víctima. Cada roce, cada beso, cada pensamiento dedicado a él... Todo ello eran grietas en la barrera que protegía a Elektra de personas como él. Grietas por las que podía entrar como una plaga silenciosa. Desde allí, podía preparar su siguiente movimiento sin perderse ni un sólo detalle de sucedía en aquel momento. Quizás lo más sabio hubiera sido acabar en aquel momento el juego: Podía hacerlo, sin lugar a dudas. Quizás. Pero Cédric era incapaz de dejar escapar algo así. La griega representaba algo demasiado apetecible, y él siempre se había dejado llevar por sus propias pulsiones. Para bien... O para mal.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Miér 1 Feb - 16:49

Elektra se soltó el recogido del pelo, permitiendo que el largo cabello se derramara libremente sobre sus hombros, y se recostó sobre él, disfrutando del contacto directo de la piel con la piel, sin la barrera de la ropa.

- Mmmm... ¿Capacidades regenerativas? Ése es un don que escapa a las facultades de La Mano. De lo contrario no sería necesario el ritual de resurrección...
-le mordió el lóbulo de la oreja, tentadora, ejerciendo la suficiente presión para que resultara excitante sin llegar a hacerle daño.

Clavó repentinamente el sai en el colchón, justo junto al rostro del que ella creía que era Gabriel, para tener las manos libres para recorrer sus brazos desde los hombros hasta las muñecas, elevándolos por encima de la cabeza del mutante y manteniéndolo inmovilizado contra las sábanas mientras le besaba lenta y largamente, sin precipitación. Le encantaba la sensación de tener a un hombre bajo su merced (de manera voluntaria y en un contexto de mutuo acuerdo, por supuesto). No soportaba la sensación contraria de sentirse indefensa y sometida a la voluntad del sexo opuesto, le traía demasiados recuerdos desagradables, de Tekagi, de La Mano... Sí, aquella posición la hacía sentirse más cómoda, más segura... en control de la situación.

- Se me ocurren muchas razones por las que alguien podría tener interés en tí, bebé -le contestó en tono pícaro acariciando su bien definido torso y descendiendo sobre los abdominales-. Y creo que estoy a punto de averiguar una de ellas...

La mano juguetona se perdió por dentro del pantalón y ella se inclinó sobre él para besarle una vez más.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Sáb 4 Feb - 18:19

Cuando todo hubo acabado, el silencio y la oscuridad se adueñaron de la habitación. Los muebles rotos proyectaban siluetas monstruosas contra las paredes, débilmente ilumindas por la luz de la ciudad que se filtraba a través de las cortinas. Fuera de aquella habitación, la ciudad que nunca dormía seguía su ritmo frenético de vida, imparable. No se podía decir lo mismo de Elektra. Su cuerpo desnudo reposaba sobre las lujosas sábanas de la cama, inerte salvo por el movimiento rítmico de su respiración. Sumida en un sueño sin sueños, incapaz de levantarse e irse nada más acabar como había planeado. Indefensa, atrapada. Vencida. Sus dos sais yacían en el suelo, inofensivos, junto con los restos de su vestido y una camisa blanca, igualmente desgarrada. Porque Elektra no estaba sola.

Un chasquido quedo anunció el nacimiento de una estrella roja en la punta de su cigarro. Cédric se lo llevó a los labios, y exhaló un poco de humo gris, que se perdió entre las sombras de la habitación. Tres hilos de sangre resbalaban por su espalda desnuda, coloreando el intrincado dibujo de sus cicatrices. Cicatrices a las que se iba a sumar la marca que la morena le había dejado al hundir sus uñas en su piel. El mutante  dejó que sus ojos pasearan por el cuerpo de su acompañante dormida, por su melena, que ensombrecía parte de su rostro. Por su mente petrificada, suspendida en el sueño forzado al que él la había arrastrado mientras se desfogaban. -¿Qué voy a hacer contigo, pequeña?-Susurró, a pesar de que sabía que ella no podía oírle. No podía oír nada. Igual que sabía que ella era algo más mayor que él. Pero ahora... Era tan frágil como la niña que nunca había dejado de ser, que siempre se escondía detrás de una máscara para que nadie le hiciera daño. -Te gustaría que te dejara marchar, ¿no es cierto? Mañana, yo ya no estaría aquí, tú le dirías a Nick cualquier cosa que él no se creería, y todo estaría arreglado. Volverías a donde quiera que te escondas ahora, y, con el tiempo... Me olvidarías. Y eso sería una pena...-Se incorporó, únicamente vestido con su cigarro y su permanente sonrisa. -Voy a hacer que no me olvides nunca... Ni tú, ni Fury.

...

El sueño abandonaba lentamente la mente de Elektra, como si se resistiera a dejarla despertar. No había descansado, a pesar de que las pesadillas que poblaban sus noches normalmente no habían hecho acto de presencia. Aunque quizás fuera un poco pronto para pensar eso... A medida que iba recobrando la sensibilidad, pudo darse cuenta de que ya no estaba sobre el cómodo colchón de la cama que recordaba. No podía moverse, y bajo ella podía notar algunos salientes duros. Le dolían las muñecas y los tobillos, la cabeza le daba vueltas, los párpados le pesaban. Una vez lograra abrir los ojos, su mirada desenfocada se toparía con un techo deteriorado, y una lámpara anticuada de la que pendía una telaraña. Sus pulmones se llenaron de polvo cuando trató de respirar, pero en esa bocanada de aire viciado también se podía distinguir un rastro que no le costó identificar. Era el olor del perfume de Gabriel.

¿Era él el responsable? ¿O habría sido la Mano, una vez más? No sería la primera vez que iban a por ella en cuanto se distraía... Y a por los hombres que compartían su dormitorio. Desde su limitado campo de visión, pudo ver con algo más de claridad en qué situación se encontraba. Se encontraba atada a una mesa, aún completamente desnuda. En torno a sus muñecas y sus tobillos, su captor había puesto alambre de espino, que ya había comenzado a morder su carne. Ese mismo alambre la mantenía sujeta con firmeza, ya que descendía por las patas de la mesa, y pasaba por encima de su vientre, a apenas unos milímetros de su piel expuesta.

-Bienvenida, Elektra. Ya empezaba a creer que no te ibas a despertar nunca...-Unos pasos sonaron a su izquierda, acercándose. Cédric acababa de entrar en la habitación, vestido con otro traje, fumando otro cigarro. Si Elektra había tenido alguna duda sobre el culpable de aquello, se pulverizó en aquel instante, cuando el rubio se sentó en la mesa, a su lado. -Espero que hayas descansado, preciosa... Te necesito con energías ahora.-Apagó el pitillo en la piel sensible de su cuello, quemándola. Quería hacer tantas cosas con ella... Y, por suerte, tenían todo el tiempo del mundo.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Dom 5 Feb - 12:18

Había dos motivos por los que Elektra nunca se quedaba a dormir con sus amantes, dos motivos con una clarísima razón de ser.

La primera es que era una fugitiva; La Mano no cesaba en su persecución, y ya había comprobado que permanecer durante demasiado tiempo en un mismo lugar, o con una misma persona, era arriesgarse a que descubrieran maneras de acceder a ella a través de las personas con las que se relacionaba. Ya le habían arrebatado a Nina, a Mac, a Locke, a Drake y a tantos otros inocentes cuyo único crimen había sido apegarse demasiado a ella.

La segunda era una consecuencia lógica de la primera; no poder pasar demasiado tiempo con una misma persona implicaba que debía recurrir a desconocidos cuando le apetecía desfogarse un poco, y realmente nunca podías saber cuándo una persona aparentemente normal podía ser un psicópata en potencia.

Por tanto estaba bastante segura de que sus planes no habían incluido quedarse a dormir abrazadita a Gabriel.

Pero incluso si lo hubiera hecho, estaba también bastante segura de que se habría despertado en algún momento entre que el mutante la sacaba de la cama y del casino, la tumbaba en aquella incómoda mesa y la sujetaba con alambre de espino.

Es decir, de por sí tenía un sueño muy ligero, fruto tanto de su entrenamiento, que hacía que sólo necesitase tres horas de sueño efectivo para descansar, como de una vida de persecución constante habiendo sido marcada como el objetivo de toda clase de grupos y organizaciones, desde La Mano a la Cofradía de Asesinos, pasando por mercenarios de todo tipo e incluso, de vez en cuando, la propia S.H.I.E.L.D. Cuando eres una asesina internacional con un número de muertes a tus espaldas como las que ella tenía era imposible no tener enemigos, y los de ella eran innumerables. Había perdido la cuenta de la cantidad de veces que habían intentado matarla mientras dormía. Si su sueño no fuera ligero habría muerto hacía mucho.

Eso, por tanto, sólo dejaba una explicación a lo sucedido: Gabriel se había metido en su cabeza. Y Elektra odiaba que se metieran en su cabeza. ¿Era así como había conseguido sacarla del casino sin que nadie se diera cuenta de lo que ocurría? ¿Mediante hipnosis? Iba a matarle por eso.

Clavó en él una mirada acerada, tan fría y gélida como el viento en el norte. De momento no intentó tirar de sus ataduras, aún no. Habían pasado años desde la última vez que alguien había conseguido atraparla, pero se hacía una idea bastante aproximada de lo que ocurriría si intentaba liberarse, y sabía que podía destrozarse las manos si lo intentaba. Si no podía volver a luchar no podría defenderse la próxima vez que sus enemigos vinieran a por ella, y eso sólo era sinónimo de una muerte segura.

- ¿Hydra te ha lavado el cerebro y por eso te has marchado de S.H.I.E.L.D.? -inquirió, tratando de conservar la sangre fría-. ¿O has sido un agente doble todo éste tiempo?

En aquél momento, él apagó el cigarrillo sobre la delicada piel de su garganta, haciéndole apretar levemente los labios. Elektra tenía un control absoluto sobre su cuerpo gracias a su entrenamiento, y eso incluía los receptores del dolor. Había recibido heridas de bala y de flecha en puntos no vitales de su organismo y había sido capaz de continuar luchando. Para ella aquello no era prácticamente nada... aún.

Pero el gesto del mutante le sirvió para darse cuenta de otra cosa; la crueldad de su acción, el sadismo en su voz, la manera en la que la miraba mientras se encontraba allí a su lado, más indefensa y expuesta de lo que se había sentido en su vida, y cómo parecía disfrutar de esa visión... De repente, todo cobró sentido.

- Tú no eres Gabriel -comprendió, sintiendo un escalofrío al pensar en lo que había ocurrido aquella noche entre los dos, lo que había compartido con él pensando que era otra persona completamente diferente...-. ¿Quién eres? ¿Para qué me has traído aquí?

Se le ocurrían varias hipótesis, ninguna agradable. Podía haber sido contratado por un familiar de alguna de sus víctimas para obtener venganza, estar directamente relacionado con alguna de sus víctimas, trabajar para La Mano y pretender entregarla a la Bestia, o ser un mercenario o un miembro de la Cofradía de Asesinos que quisiera cobrarse la recompensa por su cabeza.

O algo peor.

Stick ya se lo advirtió una vez: cuando recorres un camino sangriento sólo puedes terminar de manera sangrienta. Ya se había hecho realidad una vez con Bullseye. ¿Había llegado el momento de su segunda muerte?

- Si pretendes interrogarme pierdes el tiempo... Furia no me cuenta nada.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Dom 5 Feb - 19:01

Cédric se hubiera llevado una gran decepción si ella hubiera actuado de otro modo, a decir verdad. Si se hubiera roto por dentro nada más ver en qué situación se encontraba, no hubiera tenido gracia. No, a él le gustaba que se resistieran. Esa había sido una de las cosas que habían atraído el deseo de Cédric sobre ella: La certeza de que no se rendiría sin luchar hasta el último aliento. Había pocas cosas que le gustaran tanto como notar una mirada asesina dirigida hacia él, una promesa silenciosa de vengarse por lo que estaba a punto de ocurrir. -¿Hydra te ha lavado el cerebro y por eso te has marchado de S.H.I.E.L.D.? ¿O has sido un agente doble todo éste tiempo?-Estaba intentando juntar las piezas, dar un sentido a todo lo que percibía para actuar en consecuencia. Y el mutante estaba siguiendo de cerca todo ese tren de pensamiento, interesado, sin abandonar la mente de la ninja. Disfrutando de aquel torrente de pensamientos y recuerdos, de nombres y caras que ya le empezaban a sonar como si pertenecieran a su propia vida, en lugar de a la de ella. -Tsk... No es una mala deducción, chérie. Pero... Si me hubieran lavado el cerebro, no te lo diría. ¿No? No tiene mucho sentido preguntármelo.-No pareció importarle que apenas se inmutara al contacto con el cigarro. Elektra tenía una reputación, al fin y al cabo, y una fama como la suya no se conseguía siendo muy sensible al dolor. Pero toda resistencia tenía un límite, y él podía pasarse toda la noche buscándolo.-Por otra parte, lo del agente doble... No es mala teoría, de verdad. Podría ser. Pero malgastar cuatro años de mi vida en S.H.I.E.L.D no me compensa, sea lo que sea que fuera a hacer. Sigue intentándolo, muñeca.

Y, por fin, dio con el quiz de la cuestión. ¿Quién era realmente él? Desde luego, Elektra había notado que Gabriel había cambiado mucho desde la última vez que se vieron. Es más, le había gustado ese cambio. El joven agente que había conocido cuatro años atrás jamás se hubiera atrevido a mirarla con ese descaro, jamás la hubiera desnudado con impaciencia, deseando disfrutar de lo que ella le ofrecía. Pero, pese a todo, la griega siempre había creído que conservaba el buen corazón que había podido ver desde el primer momento. ¿Por qué iba a ser de otra manera? No había nada que le hiciera pensar que sus besos escondían algo más, que tenía planes más allá del casino y la habitación en la que habían acabado. -Al fin te das cuenta... Te ha costado un poco.-Apartó un mechón de pelo de la cara de Elektra, guiándolo hasta su cuello con una caricia que dejó tras de sí un rastro de fuego. Como si quisiera recordarle que estaba dentro de su cabeza, Cédric imprimió en esa caricia una sensación de placer que nada tenía que ver con la situación. Ni siquiera se molestó en atenuarlo, en modelarlo para que se pareciera a algo que ella conociera. La sensación, tan cruda como inverosímil, inundó su mente durante unos instantes, confundiéndola, perdiéndola unos instantes en un placer que no quería. Se fue tan rápido como había venido, cuando sus pieles volvieron a separarse. -Es cierto, no soy Gabriel. No exactamente, al menos. Pero... Créeme, mi identidad no es algo que ahora deba preocuparte. ¿Qué más da cómo me llame, si no sabes qué haces aquí conmigo? Es cierto que podría interrogarte, sí... Seguro que ganaría muchísimo dinero con todo lo que sabes sobre la Mano y la Casta. He sido agente de S.H.I.E.L.D. el tiempo suficiente como para saber que nadie sabe más de lo necesario, sería inútil buscar información en tí sobre ellos. Ni siquiera tú, que le das miedo hasta al mismísimo director, sabe tanto como para merecer un interrogatorio.

En ese momento, se levantó de la mesa, y caminó hacia la pared hacia la que apuntaba la cabeza de Elektra. Era imposible que ella lo siguiera con la mirada: Aquel era, precisamente, su punto ciego. La única guía que le permitía seguir sus movimientos era la ofrecida por sus pasos... Y por su voz, ya que no había dejado de hablar. -Lo cual me hace pensar que he logrado que Furia se desespere un poco, si te ha mandado a tí a buscarme. Eres uno de sus últimos recursos, ya lo sabes... Seguro que se llevará una sorpresa cuando vea lo que queda de tí mañana.-Los pasos volvían, sutiles, rítmicos. Cada vez más cerca. Cuando Cédric volvió a entrar en su campo de visión, lo primero en lo que se fijó Elektra fue en el martillo de cabeza metálica que sostenía en una mano. -Pero... Me estoy yendo por las ramas. No me interesa matarte, Elektra. No voy a llevar tu cadáver aún caliente ante nadie para que me pague nada.-No volvió a sentarse, sin embargo. Sin previo aviso, golpeó el antebrazo de la mujer con el martillo, justo en el punto bajo el cual estaba uno de los tacos de madera. Los huesos se rompieron con un crujido seco, desagradable. Como si fueran ramas secas bajo el azote de un huracán.

Se inclinó ligeramente sobre ella, como si fuera a besarla. Pero, en lugar de eso, sus labios se detuvieron junto a su oído para susurrarle, como buscando aún más intimidad. Cédric pronunció esas últimas palabra con deliberada suavidad, acariciándolas. Sabiendo de antemano que, seguramente, le harían más daño que el alambre de espino y los huesos astillados, que las cadenas y el ácido. -No pretendo hacer justicia por todas las personas a las que has asesinado. No voy a contribuir a que otros te conviertan de nuevo en una máquina de matar. Te he traído aquí para que sigas complaciéndome, kunoichi.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Lun 6 Feb - 14:08

La caricia de Cédric suscitó una oleada de fuego que se desplazó como una marea ardiente a lo largo de su columna vertebral activando sus centros de placer de manera repentina, cruda y sin atemperar. Elektra no estaba preparada para eso; esperaba dolor y lo que recibió en su lugar se abrió camino directamente hacia su objetivo provocándole un estremecimiento que no pudo controlar. Un jadeo suave escapó por entre aquellos labios que habían permanecido firmemente sellados ante el dolor, ahora levemente entreabiertos mientras en su mente se repetía una pregunta: ¿Cómo podía ser? Tenía un control perfecto sobre su cuerpo, no debería sentir placer si no era su deseo, lo cual significaba que no había sido algo físico, sino mental; todavía seguía dentro de su cabeza, y aquella certeza la hizo sentirse violada a niveles inimaginables. Se debatió contra él con todas sus fuerzas, pero, por alguna razón incomprensible, no fue capaz de expulsarle. ¿Por qué? Nadie debería poder permanecer en su mente una vez era consciente de la intrusión.

Elektra no lo sabía, pero el mutante se había tomado horas para poder afianzarse en el interior de su psique de manera firme e imbatible como las ramas de un roble, con la paciencia del que se permite saborear la recompensa que obtendrán sus esfuerzos, y ahora, ni siquiera la entrenada mente de la ninja era capaz de expulsarle. Lo que había sido capaz de hacerle sentir le repugnaba hasta el punto de hacerle desear el dolor. El dolor podía soportarlo; había sido entrenada para ello, pero saberse a merced de los depravados antojos de aquél psicópata le hacía sentirse enferma.

No me toques. No vuelvas a tocarme, asqueroso hijo de perra, pensó para sus adentros.

Él continuó con su perorata y sus jactancias, pero ella ya no estaba allí. Mentalmente se estaba preparando para lo que sabía que vendría a continuación, dejando la mente completamente en blanco y vacía, recurriendo a antiquísimas técnicas de meditación.

Aún así, el golpe dolió, mentiría si dijera que no lo sintió, pero nada en ella lo demostraba; ningún sonido, ninguna expresión. Y casi, casi habría logrado su objetivo si él no hubiera dicho lo que dijo a continuación: Kunoichi. Puta.

Por un momento fue como volver a sentir la mano de Tekagi apretándole la garganta, asfixiándola, mientras le susurraba sus insiosas palabras: "Toda esa charla acerca de controlar tus impulsos brutales y encontrar un foco no es más que una excusa; Lo que realmente te mueve es la excitación desenfrenada de librarte de lo mundano. Te has vendido a los extremos de cien maneras diferentes, y en el doble de posiciones, todo para asegurarte de que nunca te confundan con alguien corriente. Es por eso que estás aquí, y es por eso que eres una puta, Kunoichi".

Aquél recuerdo supuso una brecha en su cuidado autocontrol, una brecha por la que se filtró una lágrima, única muestra visible del dolor que atenazaba su brazo en el punto en el que Cédric la había golpeado. Aún así, supo reponerse rápidamente, y su expresión de padecimiento fue casi inmediatamente sustituida por una de furia salvaje.

- ¿Así que te pone cachondo infligir dolor, cabronazo? ¿Eso es lo que te excita? Pues escúchame bien, hijo de puta: soy un monstruo. A lo largo de mi vida he acabado con la vida de tanta gente que sus cadáveres apilados no cabrían en ésta habitación. Joder, posiblemente no cabrían en el edificio entero. He hecho muchísimo daño y he traído la desgracia a gente que no lo merecía, y lo único que deseo desde hace años es la muerte -las palabras le salieron con una facilidad que asustaba, admitiendo una verdad que no se había atrevido a reconocer hasta ahora-. He intentado suicidarme tres veces, porque sé que el mundo estaría mejor sin mí y porque no me queda nadie a quien le importe, pero siempre aparecía algo o alguien que me impedía terminar el trabajo, y mi propio instinto de supervivencia me impulsaba a seguir adelante. O quizás nunca tuve el valor suficiente para hacerlo, ¿quién sabe? -se echó a reír, y era una risa enfevrecida, desafiante-. Así que adelante, bastardo, adelante porque me estás haciendo un favor, y no hay nada que puedas hacerme que no me merezca una y mil veces.

Iba a hacerle daño, mucho daño, y no tenía manera de impedirlo, pero no le daría la satisfacción de verla llorar o suplicar. La diosa Némesis llevaba tras sus pasos desde el día en que había abandonado a Matt después del entierro de su padre, y cada uno de sus pecados no había hecho sino agravar el peso de su condena. Y ahora, finalmente, la había encontrado, y un extraño consuelo la invadió al saber que por fin iba a pagar, no sólo por todo el mal que había realizado, sino por el daño que le había hecho al hombre más justo y más bueno que había encontrado en su vida, un hombre que la amaba y con el que podría haber construido un futuro si sus deseos de venganza no la hubieran impulsado a destrozarle el corazón. Sí, al fin pagaría por eso.

Lo siento, Matt...

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Vie 10 Feb - 22:33

"-¿Y cómo piensas impedirlo?"-Susurró dentro de su cabeza, con esa voz ronroneante de quien saborea las palabras a medida que escapan de sus labios. Elektra casi podía sentir su aliento, el aroma del humo y el alcohol caro, junto a su mejilla. Como si hubiera vuelto a tenderse junto a ella, dispuesto una vez más a entregarse a sus besos. Pero no. Era sólo una ilusión, un juego. Una voz que disfrutaba haciéndole saber que ni siquiera dentro de su propia mente estaba segura. Elektra había llegado a decir que ni siquiera las estrellas estaban a salvo de ella en el cielo, pero ahora... Era ella la que no encontraba refugio.

Un jadeo y una lágrima fueron más que suficientes para hacer sonreír al mutante. Era curioso cómo el placer hacía mella en las más fuertes, aquellas que creían tener siempre el control de su cuerpo y de sus vidas. Siempre les dolía recordar que, en el fondo, sólo eran mujeres. Fueran hijas de importantes políticos, heroínas o criminales, no había nadie que pudiera resistirse por mucho tiempo al impulso de sus más bajas pasiones. La miró mientras explotaba, buscando en sus propias palabras las fuerzas para afrontar su caída. Para hacer que, al menos, él no pudiera disfrutarla. ¿No era irónico? Las cosas cambian cuando quien quiere hacer sufrir encuentra a alguien que ansía ese sufrimiento. Cuando el torturador se convierte en el redentor de una víctima tan culpable como él mismo. Quizás otra persona se hubiera detenido. ¿Estaría mintiendo? ¿Era lo suficientemente audaz, o loca, como para jugar esa carta? ¿O sólo sería parte de algo más cmplicado? Pero Cédric no dudaba. Había visto en esos preciosos ojos grises la verdad. Realmente... Deseaba sufrir. Pero, por mucho que ella creyera que se lo merecía, él tenía una opinión bien distinta al respecto: La única justicia que le interesaba era la que deseaba romper en mil pedazos, no la que castigaba a los que eran como ellos. Esperó a que acabara y, sólo entonces, acarició su mejilla, recogiendo entre sus dedos aquella lágrima que había logrado arrancarle.

-Ya sé que eres un monstruo. Si no lo fueras, seguramente no habríamos salido todavía de la habitación, ¿sabes? Me hubiera podido esperar un poco más, antes de jugar de verdad contigo. Y tampoco vas a conseguir que nadie te mate ahora. No seré yo el que te haga este favor. Al igual que no te haré el favor de limpiar esa conciencia llena de mierda que tienes.-Se la llevó a los labios, entrecerrando ligeramente los ojos al notar el sabor salado. -Tenía pensado algo diferente... Un tipo de dolor que no puedes asumir.-Deslizó la cabeza del martillo sobre el antebrazo en el que se había quedado varado, con una delicadeza que sólo podía tener un amante. El hueso roto no había sido gran cosa para ella, que había sido herida de mil maneras diferentes. Pero... -Ahora entiendo por qué siempre van a por las personas a las que quieres. Nina, Mac, Locke... Tu padre. Te da igual lo que te pase a tí, pero no lo que les pase a los demás. No me extraña que seas tan desgraciada.-Tenía que reconocer una cosa: Ir a por Elektra valía la pena, aunque sólo fuera por sus recuerdos. Ver cómo le arrancaban el corazón a su protegida, conocer hasta qué punto había amado a su padre, notar el sabor de la muerte de la mano de Bullseye... Cédric podría pasarse días contemplando todo aquello. Pero no lo iba a hacer… ¿Para qué conformarse con sus recuerdos, teniéndola ahí delante?

-Es curioso... Cuanto más entro en tí, más me doy cuenta de lo que nos parecemos. Antes, me has preguntado si me excitaba hacerte daño. Dime... ¿Te gusta matar? Notar cómo la sangre aún caliente te empapa, cómo gritan cuando se dan cuenta de que estás ahí... Sé que te gusta, que no te puedes aguantar las ganas. Por poco que quieras... Al final, siempre acabas cayendo en lo mismo. Es una pena que no sepas disfrutarlo, ¿eh? Y todo por un solo hombre... Qué desperdicio.-Se sacó algo del interior de la chaqueta, sosteniéndolo entre dos dedos. Quizás Elektra pensara al principio que era una carta como las que habían estado usando, pero cambió rápidamente de opinión al ver mejor la imagen. En el papel, ella sonreía, feliz. Sentada junto al hombre de su vida, lejos de la sordidez del mundo en el que normalmente estaba inmersa. Cédric la miró, pensativo por unos instantes, y la depositó sobre su vientre, casi rozando la cicatriz que la había matado.

-Me has mentido, Elektra. Sí que hay alguien a quien le importa. Aunque puedas aguantar todo lo que te haga, aunque creas que te lo mereces… Aún puedo hacerte daño. Porque aún lo tienes a él. Y Matt no se merece sufrir. ¿Me equivoco? No puedo esperar a ver su cara cuando te encuentre...-Lo siguiente que notó la mujer fue un nuevo golpe de martillo, seguido de un dolor agudo y penetrante en su estómago. Cédric acababa de atravesar la fotografía con un clavo, que también se había hundido en su carne. Quizás fuera menos doloroso, pero… El rubio ya casi podía oír cómo el autocontrol de Elektra se resquebrajaba. El pelirrojo aparecía por todas partes en su cabeza. Lo idolatraba, al igual que antes había adorado a su padre. Como Cédric había deseado a su madre, hacía mucho tiempo. Una coincidencia más entre aquellos dos. Ella no era la única que había sentido un… Cariño poco sano por uno de sus padres, que había acabado por marcarle para siempre. Edipo y Elektra… La tragedia continuaba, implacable. -Espero que no te moleste mucho que le haga un agujero…-Rodeó la mesa, rozando con las yemas de los dedos la madera, y se alejó un poco. Se detuvo junto a la pared, y se apoyó en ella, tan cómodo como si estuviera en el salón de su casa.Pero ya sabes. Quiero asegurarme de que él te reconozca.-Fue entonces cuando pulsó el interruptor de la luz. La electricidad viajó, rauda, por los viejos cables que hacían las veces de venas de aquella casa abandonada… Y por el alambre de espino con el cual la asesina había sido atada a la mesa. La descarga se apoderó de ella, tensando todo su cuerpo, empeorando aún más su brazo herido. Las espinas metálicas y el clavo no ayudaban tampoco. Parecía que había pasado una eternidad cuando Cédric volvió a pulsar ese botón, aunque solo habían sido cinco míseros segundos. Los primeros.

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Elektra Natchios
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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Sáb 18 Feb - 1:07

Cerró los ojos al sentir cómo las palabras se deslizaban, insidiosas, en su conciencia, sin poder escapar de él. Notaba su cercanía, su aliento, su olor, el calor de su cuerpo, como si aquellas palabras hubieran sido susurradas junto a su oído, pero sabía que no era así. El muy bastardo seguía dentro de su cabeza; no sólo su cuerpo se encontraba totalmente a su merced, sino que también su mente era suya para hacer de ella su patio de juegos, y eso era lo peor. Elektra era capaz de desvincularse de su propio cuerpo, anular el dolor, pero si Cédric no se lo permitía no conseguiría encontrar refugio en su mente.

El tacto de sus dedos sobre su mejilla le resultó repulsivo, casi tanto como el del jonin que había intentado violarla cuando estaba en La Mano, pero sus siguientes palabras aún lo fueron más.

- No te atrevas a mencionar a mi padre. No te atrevas, bastardo -musitó, con los ojos inyectados en sangre. Aquél nombre la encendió más que los demás. Incluso más que el de Nina, o que el de Mac. Hugo Natchios podía haber tenido muchos defectos, pero era su padre, y ella le había querido más que a nada en el mundo, lo suficiente como para abandonar a Matt tras su muerte, y eso que era difícil amar a alguien más de lo que ella había amado a Matt-. No nos parecemos -continuó, con la voz ronca, como si estuviese tratando de convencerse de ello a la vez que lo decía-. Yo no mato inocentes. No mato niños. Y, por encima de todo, siempre mato de manera rápida. No soy una sádica. No me regodeo en el dolor de los demás.

Pero lo que él decía tenía parte de razón; Era lo mismo que le había dicho Tekagi tiempo atrás, el motivo de que Matt no soportase estar a su lado. Elektra tenía una adicción, una adicción a matar, y funcionaba como todas las adicciones, provocando una descarga de dopamina que generaba una sensación de placer, satisfacción y euforia después de cada muerte. Eso la impulsaba a matar. Y, cuando trataba de dejarlo aparecía el síndrome de abstinencia, que a las dos semanas alcanzaba el punto más álgido. Una vez, estando sola y sin nadie que la ayudara a sobrellevarlo, había perdido el control de sus acciones y se había personado en un bar de pandilleros de Los Ángeles, asesinando a todos los que estaban dentro sin ser apenas consciente de lo que estaba haciendo, impulsada únicamente por la sed de sangre y el deseo de matar. Aquella había sido la primera vez que había intentado suicidarse. La primera, pero no la última.

Sí, matar... la excitaba. Notar la sangre aún caliente fluir sobre su cuerpo, escuchar sus gritos de terror, verles huir sabiendo que no tenían donde esconderse... Más de una vez había permitido que una presa escapara sólo para continuar la persecución un poco más, por la excitación que la caza le producía. Por eso era un monstruo. Y por eso merecía morir.

Entonces, él pronunció la frase: "Y todo por un solo hombre...". Y su cuerpo entero se tensó. Vio cómo sacaba la foto y una sensación de malestar se extendió desde su estómago. Sintió náuseas.

Se maldijo por ser tan estúpida.

Había encontrado la foto hacía tres días, entre las ruinas de su antiguo apartamento, y por alguna absurda razón no había querido dejarla en la base de Michigan. Porque era valiosa para ella. Porque, por estúpido que fuera, por mucho que se repitiera que el pasado estaba muerto, que lo que habían compartido hacía tantos años no había sido más que un amor fugaz de adolescencia, lo cierto era que, en su corazón, Matt siempre la derrotaba. Una y otra vez.

Estúpida.

La comprensión de lo que implicitaban sus palabras le llegó a la vez que el golpe del martillo, produciéndole el mismo dolor agudo e incapacitante en el alma.

Matt.

Estúpida.

Matt era un abogado de renombre, la dirección de su bufete podía encontrarse sin mayores problemas en Internet. Cédric podía llegar fácilmente hasta él, o hasta Foggy. Podía hacerle daño, de manera directa o indirecta. Era un telépata, Matt no podría anticiparlo, no podría defenderse...

Eran contadas las ocasiones en las que Elektra había sentido verdadero pavor a lo largo de su vida. La primera vez había sido cuando tenía nueve años y los enemigos de su padre habían intentado hacerle daño, antes de que Orestez la salvara. Le había parecido increíble la manera en la que se había deshecho de aquellos hombres; su habilidad con la espada, la fluidez de sus movimientos y su absoluta y completa seguridad. Le había hecho desear ser como él, y, en aquél preciso instante, había tomado la determinación de aprender artes marciales, para no volver a sentirse insegura o asustada nunca más.

La segunda vez que había sentido pavor fue cuando había visto cómo el cuerpo de su padre se agitaba convulsivamente a medida que los disparos le atravesaban por la espalda. Había sido un terror puro al ver cómo le arrebataban a la persona a la que más quería en el mundo.

La tercera vez había sido cuando se había dado cuenta de que, para impresionar a La Mano y lograr infiltrarse entre sus filas, había matado a su sensei sin pretenderlo, porque en aquél momento había comprendido que su alma estaba perdida sin posibilidad de redención. Porque Stick ya jamás la aceptaría de regreso en el Muro, y no le quedaba más remedio que quedarse con aquellos a los que en un principio había querido destruir.

Después de aquello no había vuelto a experimentar terror hasta que había descubierto, muchos años más tarde, que La Mano había fijado a Matt como su objetivo y no había llegado a tiempo para evitar que aquél ninja le arrojara la granada que le había dejado temporalmente indefenso y expuesto. Durante varios terribles segundos le había creído muerto, y habían sido los segundos más angustiosos de toda su vida.

Aquellos momentos de terror marcaban las etapas más cruciales de su vida.

Después de lo de Bullseye le había quedado, por supuesto, un cierto temor irracional a la muerte, e incluso inicialmente se bloqueaba cada vez que volvía a encontrarse con él, lo cual hasta cierto punto podría considerarse lógico por todo lo que llevaba asociado, pero nada era comparable con aquellos momentos.

No había sentido temor cuando Kuroyama le había arrancado el corazón a Nina, ni cuando La Mano había matado a Drake, ni cuando la habían obligado a atravesar a Locke con su espada. Lo que había sentido en cada una de esas ocasiones había sido una ira ciega, rabia, dolor, frustración. Pero no miedo. Ni siquiera había sentido miedo cuando se había despertado encadenada a aquella mesa.

Pero ahora estaba aterrorizada.

Tenía que salir de allí como fuera, tenía que avisarle. Comenzó a tirar del alambre de espino que envolvía la mano del brazo que Cédric no le había inutilizado, haciendo caso omiso al dolor que las aceradas púas le hacían al clavarse en su carne, como si de un animal atrapado en un cepo se tratara, y de haber seguido así, posiblemente habría terminado destrozándose la mano, pero la súbita descarga la azotó de repente, con la violencia y la furia despiadada de una tormenta en alta mar, bloqueando de inmediato cualquier movimiento.

Pareció que pasaba una eternidad, aunque sólo habían transcurrido cinco segundos. Y cuando terminó, cuando al fin Cédric lo detuvo, tuvo la satisfacción de ver cómo las lágrimas bañaban las mejillas de la mujer. No eran lágrimas de dolor, eran lágrimas de impotencia, porque sabía que no podía hacer nada. Estaba a su merced, si trataba de volver a huir a él le bastaba con pulsar de nuevo el interruptor de la luz. No había ninguna mente cerca a la que pudiera saltar para escapar.

No tenía manera alguna de avisar a Matt.

Su seguridad, su integridad... no le importaban. Pero las de él...

- Por favor... -dijo alzando sus bonitos ojos llenos de lágrimas hacia el mutante-. Déjale al margen. No le metas en ésto.

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MensajeTema: Re: La mano ganadora. [+18] (Elektra.) 16/03/2019   Dom 12 Mar - 1:57

¿Cuántas personas en el mundo habrían oído suplicar a Elektra? ¿Lo habría hecho alguna vez, acaso? El mutante lo dudaba mucho. Sus gestos, sus lágrimas… No era la primera vez que alguien lograba romperla. Pero aquella vez era la primera en la que de verdad estaba asustada. La griega era una luchadora: Si algo malo le ocurría, siempre se volvía a poner en pie para vengarse, consumida por la rabia. Siempre había tenido esa salida, esa vía de escape para volver a sentirse bien. Nunca se había encontrado cara a cara con la angustia de saber que no había nada que pudiera hacer. Por mucho que tratara de deshacerse de sus ataduras, sólo conseguiría hacerse más y más daño. Y aunque la Fortuna le sonriera y lograra soltarse… ¿De qué le serviría con Cédric cerca de ella? Estaba acorralada. Y Matthew estaba tan lejos… Tan fuera de su alcance como si hubiera estado al otro lado del mundo. En esos momentos, estaría durmiendo, feliz, sin saber qué le esperaba. Ignorando que su mundo estaba a punto de derrumbarse. -Eso ya me gusta más… Podrías haber empezado por ahí. Seguramente esto hubiera sido más rápido.-Por mucho que Elektra lo negara, por mucho que tratara de convencerse a sí misma, la verdad estaba ahí. Ella encontraba placer en la muerte, al igual que Cédric era adicto al sufrimiento. Pero sus caminos habían sido diferentes. Mientras que Elektra había recibido el regalo de la Bestia sin desearlo, el mutante había descendido sin ayuda cada uno de los escalones que lo habían llevado a la depravación, persiguiendo… ¿El qué, en realidad? Nadie sabría decir qué buscaba realmente en el fondo de cada botella, en el sabor de cada gota de sangre derramada.

Primero fue el alcohol, después el tabaco. Al principio, bastaban para satisfacerlo. Pero Cédric necesitaba estímulos cada vez más fuertes, nunca tenía suficiente. Y, por suerte o por desgracia, tenía muchas, muchas cosas con las que probar, gracias a sus “negocios”. Heroína, cocaína… Aturdían su mente hasta el punto que ya no oía los pensamientos de nadie, ni siquiera los suyos. Podría haberse pasado lo que le quedaba de vida así… Sino fuera porque, pasados unos meses, se había aburrido. Acostumbrado a los vaivenes que le proporcionaban, las drogas ya no tenían sentido para él. Tan predecibles… Tenía que buscar otra cosa que le proporcionara el placer que estaba buscando. Y lo había encontrado. ¿Había algo más impredecible, más interesante, que las personas? Era esa la razón por la que Elektra estaba allí esa noche. Cédric se tomó unos momentos para contemplarla, de lejos. Aunque de sus labios apenas hubieran salido unas palabras temblorosas, por dentro estaba gritando. Era hora de empezar a jugar de verdad. Dio un pequeño rodeo antes de volver junto a ella, tomando de la mesa de la que antes había cogido el martillo una botella de vodka y una copa de cristal, en la que empezó a verter el líquido a medida que caminaba. -Tendrías que agradecérmelo… Seguro que cuando te vea así, se dará cuenta de todo lo que te quiere. Una lástima que no vaya a vivir lo suficiente para demostrártelo.-Se sentó junto a ella y bebió un poco, tomándose unos instantes para disfrutar el sabor de la bebida. -De hecho… Me pregunto si llegarás viva a ese momento. ¿Tú qué crees?-No le dio tiempo a responder. Ni siquiera pudo encontrar las palabras para componer una frase. Acto seguido, el francés vertió el contenido de su copa sobre su brazo, cerca del hombro, sacó el mechero… Y le prendió fuego.

En esa ocasión, Muerte Perfecta no pudo contener un grito.

-Ya me parecía.-Las llamas se reflejaban en los ojos de Cédric, dotándolos de un brillo antinatural que acompañaba su sonrisa de tiburón. Quizás ella hubiera podido escapar al dolor concentrándose, como había hecho al principio. Pero su captor se había asegurado de que estuviera desconcentrada, incapacitándola para meditar. No había manera de que huyera del dolor que ahora devoraba su pierna. Solo quedaba esperar a que todo pasara. El alcohol no tardó demasiado en consumirse, aunque a la griega le pareció que había tardado mucho más. Sus sentidos ya no eran fiables, el del tiempo entre ellos. Y eso hacía que leer su mente fuera aún más divertido. Al principio, cuando Cédric había descubierto que disfrutaba el sufrimiento de los demás, había probado con animales. Pero ni los gatos, ni los perros, ni los pájaros podían sentir todo lo que pasaba por la cabeza de Elektra en aquel momento. No era solo dolor o miedo… Cualquier ser vivo podía sufrir de ambos. No, era algo mucho mejor. Era desesperación.

El francés sacó del interior de su chaqueta un objeto pequeño, metálico y alargado. Un bisturí. El mismo que una semana después cortaría la lengua al creador de Gabriel. -Espero que no te importa que me ponga arriba esta vez… No puedes ser tú la que monte siempre, hay que ser justos.-Comentó, pícaro, mientras se sentaba sobre ella, atrapando su cadera entre sus piernas. Con la precisión de un cirujano, el rubio comenzó a cortar la carne quemada, separándola del cuerpo deliberadamente despacio. Su mano contraria la sujetaba, obligándola a permanecer pegada a la mesa llena de salientes, que amenazaban con hacerle daño en la espalda. Quizás tratara de resistirse, de quitárselo de encima. Pero esa necesidad de alejarse de él desapareció en cuanto el frío acero mordió su carne, arrancándole un gemido de placer. ¿Cómo...? La morena reconoció de inmediato la sensación. No era la primera vez que él jugaba con su mente así. Pero hacerlo mientras la hería, mientras destrozaba su cuerpo… Era infinitamente peor. Cuanto más daño le hacía, más le gustaba... Y más despreciable se sentía. Era mejor que matar, o que hacer el amor. Era mucho más que eso, una sensación incontrolable y avasalladora, pero adictiva a su modo. Y eso era lo que la convertía en algo aterrador.

Cuando hubo cortado lo suficiente, Cédric arrancó con la mano el pedazo de carne quemada, dejando que la sangre resbalara por su brazo. Del tamaño perfecto, casi como una manzana, e igual de roja. Se pasó la lengua por los labios, en un gesto a medio camino entre la lascivia y el apetito, y la mordió. -Tan deliciosa como imaginaba… No decepcionas, Elektra.-No era la primera vez que lo hacía, ni sería la última. Pero sí era una de las mejores. Los músculos de la griega, entrenados hasta lo inhumano, tenían un sabor irresistible, muy diferentes a sus… “Presas” habituales. Atrás quedaban las largas noches que había compartido con Ámelie, consumiéndola hasta que ya no quedó nada de ella, y desde entonces había tenido que conformarse con lo que había ido encontrando. Policías, bandas rivales, algún niño… Apenas ganado en comparación con ella, por supuesto.

Siempre le había gustado cazar, como todo depredador que se preciase, y la ninja le había ofrecido una caza interesante. Eso significaba que debía aprovecharla: No podía retenerla tanto tiempo como desearía. Había sido enviada por Furia, y no cabía duda de que el tuerto comenzaría a sospechar si desaparecía de pronto. Quizás lo más sabio fuera matarla entonces y esconderse. Ya se había divertido a su costa y, si era rápido, podría perder a los agentes de SHIELD, de manera que no dieran con él. Pero Cédric no era un hombre sabio. Él no quería esconderse, estar a salvo, y empezar de cero.

No, él quería más.

Al día siguiente, Elektra desearía poder olvidar aquella noche. Especialmente, lo que ocurriría en las siguientes horas. Quizás le pidiera al Doctor Strange que se ocupara de esos recuerdos. Quizás acudiera al Profesor Xavier en busca de ayuda. Pero ni siquiera la magia o la telepatía más poderosa podrían curar completamente la cicatriz dejada en la mente de alguien que ha sido devorado vivo, y que, además, ha sido obligado a disfrutarlo. Cédric se tomó su tiempo para hacer de ella la obra de arte que merecía ser. Cortó algunos de sus dedos, para después guardarlos en una caja de madera. Dibujó el contorno de sus labios en sangre antes de besarlos, y ella le devolvió el beso. Se alimentó de sus brazos y piernas hasta que ya no pudiera moverlos sin que el dolor la paralizara. Cortó sus tendones, la electrocutó. Cuando acabó con ella, Elektra se había convertido en una muñeca de trapo sangrante, incapaz de hacer nada más allá de gritar, gemir, y mantenerse con vida. Para su desgracia.

Cuando finalmente se desmayó, Cédric encendió un cigarro, sonriendo con tristeza, lamentando no tener inyecciones de adrenalina para despertarla. En parte, había sido una suerte. No creía que pudiera resistir ni un minuto más. -Y ahora, Elektra… Vamos a hablar con tus amigos. Seguro que echan de menos...

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