Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Un pacto entre caballeros [15 de septiembre](Hellboy, Papa Legba)

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Rebecca Logan
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MensajeTema: Un pacto entre caballeros [15 de septiembre](Hellboy, Papa Legba)   6th Noviembre 2016, 14:37

El motor del helicóptero resonaba dentro de la cabina, a pesar de los cascos, no podía evitarse cierta reverberación constante y ese vértigo en el estómago que causaban los pequeños altibajos que iban sufriendo a medida que el piloto hacía las correcciones pertinentes para mantener la nave estable. Desde esa altura, el desierto parecía un océano de arena, con sus dunas dibujando extraños paisajes bajo la luz del sol. El día era claro, limpio como una mañana después de las lluvias de verano. El calor había empezado a descender, pero no en esa zona, donde el sol era un castigo constante. Sentada en uno de los asientos del aparato, con las piernas afianzadas en noventa grados, se encontraba el Sheriff.

Portaba su sombrero de ala ancha, su poncho, sus botas, sus pistoleras. Pero además de todo aquello, sobresalían los tubos y piezas de metal anexionadas a sus piernas, que de vez en cuando arrancaban algún destello cuando las iluminaba la luz que entraba por el ventanal lateral. La operación había sido relativamente sencilla, su curación, excepcionalmente rápida, pero la rehabilitación había exigido un ejercicio de largas semenas constantes sin parar. Las veces que había apretado sus fijaciones de más que habían estado a punto de costarle un par de dedos del pie. Las rozaduras que había hecho el aparato en su cuerpo, cuando se le había olvidado quitárselo para dormir. Los rituales constantes de colocación, con el dolor que eso implicaba. El tiempo que había tardado en ser capaz de levantarse, de sólo mantenerse en pie. El tiempo perdido en largas horas de exorcismos e intentos fallidos, mientras aún continuaba sometiéndose a esas sesiones de espiritismo con Krauss en las que parecían a punto de echar a Victoria de su cuerpo, pero a las que siempre les faltaba el último intento. El constante subir de esas marcas a través de sus piernas, y el recordatorio de que tenía que detenerlas antes de que le subieran por el tronco.

Unas pequeñas turbulencias hicieron que el aparato temblara, pero el Sheriff permaneció sin moverse, con las manos cruzadas frente al pecho. Estaban en el tiempo límite que Hellboy había pactado con el dios. Quince de septiembre. El fin del verano. Había sido imposible acudir antes, a causa de la cirugía y le rehabilitación. Decisiones que había tomado bajo su cuenta y riesgo con el único propósito de poder andar. En el ámbito médico, se consideraba un caso totalmente excepcional, e incluso llegaron a tacharlo como psicosomático. Una mancha más en un historial que al Sheriff no le importaba. Lo único importante es que había recuperado su capacidad de caminar. Que volvía a tener piernas funcionales.

Alzó la cabeza, encontrándose con hellboy, que indicaba constantemente al piloto, pues el lugar al que se dirigían no aparecía en los mapas. El palacio de hueso del Dios del Voodoo Papa Legba. Ese nombre le sonaba de una manera lejana. Le recordaba por sel es desvergonzado que había violado su santuario, aunque en ese momento le pareciera oportuno aceptar sus disculpas, aquello no volvería a repetirse. Podía estar seguro de que la benevolencia del sheriff se había endurecido, ahora que el mundo se había vuelto mas cruel e inhóspito. Ahora que la antigua ley había demostrado ser tan laxa con algunas criaturas y acontecimientos que se vislumbraban de cara al futuro. No volvería a cometer ese error. No volvería a tolerarlo.

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MensajeTema: Re: Un pacto entre caballeros [15 de septiembre](Hellboy, Papa Legba)   13th Noviembre 2016, 14:09

[OCC: Respuestas habladas y pactadas con la user de Rebecca Logan]

18 de agosto de 2018.
12:45 hora local.
Base del B.P.R.D.
Ala hospitalaria.


Dos meses. Dos meses habían pasado desde todo lo de Victoria. Cualquiera lo diría, pero parecía una eternidad y al mismo tiempo que hubiese sido ayer. Para algunas cosas el tiempo no tenía misericordia, arrollándolas sin piedad, como una ventisca primaveral con las primeras flores. En cambio, con otras cosas parecía tomárselo con calma, como si disfrutase de lo que sucedía. Este era el caso de la recuperación de la vaquera. Mientras ella se esforzaba día y noche en volver a andar y en librarse de aquel ser que se había asentado en lo más profundo de su alma sin muchos resultados el tiempo para ir a ver al dios Voodoo se agotaba. Cada vez quedaba menos. El demonio sabía que todavía les quedaba casi un mes, e intentaba demorar lo máximo posible aquel encuentro por lo que pudiese pasar y por darle una oportunidad a Rebecca de recuperarse del todo, o todo lo que pudiese. Miró el reloj una vez más antes de dirigirse a su encuentro. La rehabilitación estaba siendo larga y pesada, sobre todo para ella. Aunque le habían colocado unas prótesis en las piernas que le ayudaban a la hora de andar todo el proceso de colocación y regulación era arduo y aburrido. La joven no terminaba de acostumbrarse y más de una vez maldijo fuertemente ante la situación en la que se veía envuelta. Pero era hora de aclarar todo, así que el demonio se levantó de la cama y se puso en camino.

Aquel día los pasillos parecían más oscuros, como si supiesen lo que sucedía, como si fuesen conscientes de lo que Hellboy tenía que decirle a la rubia. No iba a ser fácil ni agradable. Tratar con un dios siempre era un contratiempo enorme, y más aún cuando se trataba de alguien como Legba. Ese ser era inteligente, mucho, y siempre guardaba un as en la manga, como cualquier demonio o dios que se preciase. Y ahora a él le tocaba ir de nuevo a su castillo para cumplir su parte del trato. No tenía ni idea de qué quería. Le había asegurado que Rebecca no sufriría daño alguno, pero nunca había que confiar en un ser así. Les encantaba la letra pequeña y complicar las cosas. La cabeza de Rojo estaba llena de pensamientos de todo tipo, pero intentó aclarar sus ideas. Tenía que hablar con ella y lo que le iba a decir no sería sencillo.

Cuando entró en la zona hospitalaria varias personas le miraron y le saludaron con un gesto. Él devolvió el saludo y se dirigió a la zona de rehabilitación. La sala tenía varias máquinas o barras para lentamente ir recuperando la movilidad, los reflejos o cualquier cosa que requiriese el paciente. Allí pudo ver a la joven, caminando entre dos barras horizontales con cuidado. Se sujetaba con cuidado de ellas y cada paso parecía un mundo, al menos para el demonio. La veía tan frágil, tan pequeña después de todo lo que había pasado... Suspiró y se acercó a ella y a la enfermera que le acompañaba.

- Buenas tardes chicas. ¿Qué tal estáis? Tienes buen aspecto hoy Rebecca... ¿Cómo van esos ejercicios?- Ella miró al demonio y suspiró.

- Como un potro aprendiendo a caminar... ¿Necesitas algo?- Su tono denotaba amargura. Aquello le estaba costando y no le gustaba sentir que necesitaba ayuda, o esa era la sensación que le llegaba al demonio cuando intentaba echarle una mano. Este tomó aire y lo expulsó, armándose de valor para el mal trago que le tocaba.

- A decir verdad, sí. Necesito hablar contigo de algo importante... ¿Puedo llevármela 15 minutos?- La enfermera asintió y ambos se dirigieron a unos sitios apartados de las miradas indiscretas. Hellboy llevaba mucho tiempo pensando cómo contarle todo esto a la vaquera y no había encontrado un modo bueno. Era una situación complicada y no sabía cómo se lo tomaría Rebecca, así que decidió ser directo.- Verás, hay algo que tengo que comentarte... Después de todo lo de Victoria Marrakesh quedó destrozada. Hubo muertos y heridos, y muchas de las calles por donde pasó la estampida quedaron en ruinas. Mucha gente perdió sus negocios. Tuvimos suerte de encontrar los rastros de Victoria poco antes de que atacase, y a pesar de ello las bajas fueron considerables. Yo sabía que aunque habíamos conseguido frenar de algún modo al jinete la suerte nos había acompañado, al igual que con Peste. Pero no podíamos jugárnosla contra Guerra y Muerte.-

El demonio se tomó un par de segundos para que la mujer fuese situándose poco a poco. Tuvieron que contarle el final de toda la aventura en el norte de África días después de que sucediese, cuando poco a poco iba recuperando la consciencia y la salud. No había visto aquella ruina.

- Hay seres en este mundo con poder y conocimientos suficientes como para saber cuándo va a suceder algo, o cuya precisión es bastante buena a la hora de prever un acontecimiento. No son totalmente fiables, pero suelen acertar en la mayoría de los casos. Uno de ellos es el dios del Voodoo conocido como Papa Legba, un dios que vive en las profundidades de un desierto en Zambia en un castillo hecho de hueso. Su poder es enorme y a regañadientes fui a hablar con él para ver si sabría dónde atacaría Guerra... Se ofreció a ayudarnos, a cambio de algo...- Ella le escuchaba atenta, todo lo atenta que podía estar pensó Hellboy. Llegó al punto de inflexión de aquella conversación, a la verdadera razón por la que tenía que hablar con la rubia. Suspiró y se rascó la cabeza. Repentinamente sintió un picor en la zona posterior de esta que le resultó más desagradable de lo que era en realidad por la situación.- Me dijo que haríamos un pacto. Yo obtendría la información de Guerra y a cambio debía presentarme contigo antes de dos meses en su castillo. Sólos tú y yo. Al principio me negué, pero me aseguró que no te pasaría nada, que tan solo quería verte... Y yo accedí... Estaba cansado y entre la espada y la pared... Siento... Haberte metido en todo esto... Otra vez.-

Bajó la cabeza, pues su disculpa no era solo por lo del dios, sino por todo lo que había pasado con Victoria. Seguía convencido de que aquello era su culpa, y cuando veía las piernas de la vaquera no podía sino maldecirse por dentro. ¿En qué estaba pensando? ¿Cuándo llevar a una joven de diecinueve años le había parecido una buena idea? Todos los que le habían increpado aquella locura tenían razón. Todo eso del nuevo universo y demás le estaba pasando factura, estaba convencido. Notaba que no era el mismo de antes, que algo había cambiado en él. Tal vez ahora fuese más temerario o simplemente estaba harto de todo. Fuera como fuese ahí estaba, sin saber qué le depararía el mañana.

- Conozco a ese hombre. Se coló en mi casa.- Hellboy frunció mucho el ceño y la miró a los ojos.

- Espera. ¿Qué? ¿Cómo que se coló en tu casa? ¿Un tío alto, de tez morena, con una calavera pintada en la cara de color blanco?- El demonio no podía creérselo. ¿Qué puñetas hacía aquel tío en la casa de la vaquera? ¿Acaso ya se conocían y solo quería jugar con él? No, tenía que haber algo más detrás de todo aquello. Nunca es tan sencillo con un demonio.

- Y con mucho humo. Le dispare en plena cara, pero ni siquiera se inmutó. Claro que no se inmutó. Era un dios, un ente sobrenatural que seguramente habría usado su forma astral para presentarse a la vaquera. Lo que ahora al demonio le rondaba la cabeza como una abeja a la miel era qué demonios quería de ella. ¿Por qué se habría presentado justo en la casa de la vaquera?- Trajo una interesante información sobre el señor Logan y su boda. Hice buen uso de ella.-

- ¿Pero tú contactaste con él o algo o simplemente se presentó en tu casa? ¿Cuándo sucedió esto y por qué no me habías comentado nada?-

- Se presento. Dijo que quería ofrecerme la información a cambio de confiar en el. Y le di una oportunidad. Sirvió bien. No hice ningún pacto o contrato. Solo charla. No se me ocurrió que fuera una amenaza. Si lo hubiera sido, te lo habría dicho.- La vaquera era sincera en cuanto a lo que le dijo se refería. El demonio podía ver en sus ojos que lo que le contaba era lo que ella había vivido tal cual. No tenía sentido ocultarle algo ahora que estaban hablando del tema. Ella apoyó su mano en el hombro del demonio y este la miró a los ojos.- No sabia que fuera una especie de deidad, pero no importa. Si quiere Sheriff, tendrá Sheriff. No tienes que disculparte. es mi trabajo, hijo.-

El demonio asintió, sin dejar de darle vueltas al asunto. La enfermera volvió y preguntó si eso era todo. Ambos se levantaron y ella volvió a la barra para continuar con sus ejercicios y él se dirigió hacia la puerta.

- Cuando estés algo mejor viajaremos a su castillo... De momento procura cuidarte bien y hacer lo que te manden los médicos. Sé que es engorroso y un coñazo, pero lo hacen por tu bien... Ya sabes dónde estoy por si necesitas algo vaquera... Y no te preocupes por Legba,

2 de septiembre de 2018.
11:30 hora local.
Espacio aéreo de Zambia.
Zambia, África.


... Yo cuidaré de ti.-


Aquellas últimas palabras resonaban en la cabeza del demonio mientras miraba a través de la ventana el desierto que parecía no acabar. "Yo cuidaré de ti." El demonio había estado hablando con la vaquera desde que se enteró de que Legba había ido a hablar con ella, explicándole de qué iba y qué cosas era capaz de hacer, previniéndola, allanando el terreno. Parecía tranquila, expectante, como el guerrero antes de la batalla, esperando lo que era inevitable pero si que esto le afectase los nervios. Hellboy estaba convencido de que ella no era consciente de la situación que tenían entre manos, y que ignoraba los peligros que podían correr en el interior de aquel castillo. Esa era su casa, y por tanto sus reglas y su juego. Deberían amoldarse a lo que sucediese, y lo que no sabía el demonio es qué harían si en algún momento al dios se le iba la mano e intentaba matarlos. La vaquera no podía correr en su estado, así que si algo así pasaba le tocaría cargarla a su hombro y rezar por que fuese lo suficientemente rápido como para salir de allí. Existía la posibilidad de que todo fuese como la seda y no pasase nada malo, pero prefería ir con un par de planes por si la cosa se torcía.

Habían aterrizado en Lusaka y ahora se dirigían a las profundidades de aquel país. Tras una hora de vuelo el demonio indicó al piloto que aterrizase allí mismo. Este le dijo que no veía ningún castillo y que si estaba seguro de que aquel era el lugar.

- Ese castillo sólo puede ser alcanzado a pie. Tendremos que andar. No te preocupes, no está lejos.- Sabía que tal vez le tocase en algún momento cargar con la vaquera, pero no le importaba. Tenía fuerza de sobra para levantar un coche, y Rebecca pesaba bastante menos que uno. Lo más probable sería que ella se negase en rotundo, pero si la arena se metía entre las juntas de sus prótesis tal vez no le quedase más remedio que ceder. Llevaban aceite para evitar que esto sucediese y para engrasar las juntas, pero ante una tormenta de arena era lo mismo que llevar una bonita pamela para cubrirse la cara.

El helicóptero se posó sobre la tierra algo más violentamente de lo que le habría gustado al piloto por el fuerte viento. Hellboy abrió la compuerta y este le golpeó en la cara con fuerza, haciendo que miles de pequeños granitos se estrellasen en su piel. Entrecerró los ojos y ayudó a la vaquera a bajar. Miró al piloto y gritó que le avisarían cuando todo terminase. Cerró la puerta y se volvió hacia la inmensa explanada de arena que les daba la bienvenida. Al menos la tormenta no era ni la mitad de fuerte que la última vez que estuvo allí. Ahora era más bien molesta, pero la vaquera entre su sombrero y unas gafas protectoras estaría bien. Se pusieron en marcha en dirección a aquel aterrador lugar que el demonio habría deseado no tener que pisar de nuevo.

- ¿Cómo te encuentras? Si necesitas que paremos lo hacemos. No tenemos prisa.- Llevaba una bolsa con bebida y comida por si la cosa se alargaba o a la vaquera le entraba hambre. Frutos secos y bebidas revitalizantes así como agua para mojar alguna toalla o paño por si el sol pegase demasiado fuerte. A él no le molestaba ni le afectaba, pero para una persona normal podía ser catastrófico y causarle deshidratación o una insolación. Hellboy paró un momento oteando el horizonte y luego continuaron su marcha. No era fácil ubicarse cuando todo a tu alrededor es arena, y aunque había pasado mucho tiempo viajando por aquel continente en el pasado había muchas cosas que todavía se le escapaban.

Una media hora después, paró a lo alto de una enorme duna dorada. Suspiró y asintió con la cabeza.

- Bueno, aquí estamos...- A lo lejos pudieron ver alzándose majestuoso y tenebroso sobre la arena un enorme castillo de huesos que les daba la bienvenida.

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MensajeTema: Re: Un pacto entre caballeros [15 de septiembre](Hellboy, Papa Legba)   31st Diciembre 2016, 13:38

El extenso puente aguardaba la llegada del demonio y del sheriff, esperando paciente con los dos guardias que permanecían inmóviles, cada uno con una lanza que apuntaba al cielo. Vieron a lo lejos dos figuras y el dios, que descansaba en su trono hasta entonces con la frente apoyada en el puño, se alzó con una sonrisa en los labios, entusiasmado para luego recolocarse en una posición más cómoda y serena. Cuando las dos figuras llegaron al inicio del puente uno de los soldados giró el rostro súbitamente noventa grados, clavando el vacío de sus cuencas en los ojos de Hellboy con facilidad, ya que eran aproximadamente de la misma altura. Sin mover ninguna facción de su rostro, del cuerpo de ese guardia empezó a surgir la voz del dios que ambos conocían, como en la primera visita del demonio  - ¡Rojo! … Viejo amigo… Esto es jugar con los límites, ya creía que tendría que acabar por ir a buscarte - En su salón, mientras tanto el dios se frotaba los ojos con el dedo índice y el pulgar - Bienvenido Sheriff…- dijo sonriendo. La inspección sobre su historial había merecido la pena y la intriga brillaba sola sobre por qué una posesión había aumentado su trastorno.

El rostro del guardián recuperó su posición original y las altas puertas al final del puente se abrieron dejándoles ver cómo no sólo era de hueso el castillo sino también sus entrañas. En cuanto pusieron un pie dentro las puertas volvieron a cerrarse solas con suavidad dejando el único sonido de los granos de arena que había entre las puertas y el suelo. Nada más entrar había un gran recibidor. A cada lado, tres escaleras de caracol y al fondo de frente una amplia escalera que se dividía en dos. Todo el ambiente olía a cerrado, polvo, arena, ceniza y sal. Quizá también quedase un ligero aroma a vela quemada en algunas zonas.

Antes de que se les implantase la duda de hacia dónde ir una de las chamanas agarró el brazo de Rebecca, siendo ese el primer momento en el que se percataron de su presencia - Dentro de ti hay una fuerza poderosa que sin duda culminará…- Los ojos en blanco parecían poder mirarlo todo dentro de ella - El guardián está ansioso por verte- Dijo entonces liberando su brazo y empezando a caminar con su sencilla desnudez y todos los complementos que colgaban de su cuerpo subiendo una de las escaleras de caracol de la derecha. Algún tramo más de escaleras más hacia arriba, giros en esquinas que parecían no ser posibles, puertas que se abrían… y al fin la sala del trono, ambientada para la ocasión. Cristaleras amplias con balcón, altas bóvedas y arcos árabes en las ventanas. La iluminación a pesar de ser otorgada por velas era más que clara y suficiente para ver nítido sin esforzarse. -Bienvenidos- dice él, acomodado en su trono con las piernas cruzadas. Detrás de ambas figuras surgieron dos asientos, más modestos que el trono pero cómodos, que se acercaban a donde estaba el dios lentamente buscando acomodar a los invitados. Legba clava los codos en sus propias rodillas y juega frotando la palma de ambas manos entre sí. -Creo que tenéis mucho que contarme- Sonríe, mirando una de las piezas que sobresalía del mecanismo ortopédico de la rubia - ¿Puedo ofreceros algo? Una copa, un tentempié? Seguro que estáis sedientos… ¿Zumo de Bissap?- No estaba solo. A su alrededor había seis soldados exactos a los dos de la entrada pero en cuanto pronunció la bebida Guineana una nueva figura apareció de un recoveco con una bandeja vacía. Era un cuerpo flacucho compuesto de parches de esparto que vivía con la cabeza gacha y la cabeza entre los hombros. Aguardaba paciente las peticiones de los invitados para marcharse y traer todo lo solicitado cuanto antes.

- Así que… ¿Quién empieza?- dice sonriendo ampliamente mientras los ojos rojos brillaban en dos pequeños mares negros.

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MensajeTema: Re: Un pacto entre caballeros [15 de septiembre](Hellboy, Papa Legba)   22nd Mayo 2017, 18:36

El Sheriff descendió del aparatoso trasto mecánico, satisfecho de poder volver a posar los pies en el suelo. Desde que había recobrado la facultar de andar, se había vuelto uno de sus mayores placeres. A pesar de que la arena era un terreno traicionero para transitar, y el viento la levantaba hasta que te hacía arder los ojos, rozarte la piel, y secarte la garganta. Carraspeó y se arrebujó en su poncho, inclinando la cabeza de tal modo que el ala del sombrero la protegiera de la arena en la medida de lo posible. Tenían que avanzar a pie, bajo el sol abrasador, pero no era nada que pudiera espantarle. Había hecho cosas mucho peores para impartir justicia, y había aguantado torturas mucho mayores. Eso, en comparación, sería como un paseo.

Una de las juntas se atascó tras verse obligada a bajar a media carrera un montículo de arena, pero consiguió desencallarla para que volviera a circular como debía. Los serbos eran de una calidad muy buena, así que era difícil que tuvieran problemas severos que no se arreglaran con facilidad. Se detuvieron a beber agua, y tras media hora, afrontaron la imponente mole de huesos que, según hellboy, era el castillo del Dios llamado Papa Legba. Recordó la socarrona sonrisa del joven cuando le disparó en plena cara. Incluso aunque ahora contara con munición bendecida, era posible que nada fuese capaz de dañar a ese ser. Pero no importaba. Nada le había amilanado hasta entonces, y no empezaría a hacerlo ahora. Se detuvo al llegar a una entrada que daba pie a un largo puente, de nuevo compuesto por huesos. Alguno de ellos tan grande, que se preguntaba de que tipo de animal o criatura podrían provenir semejantes esqueletos. Frente al comienzo del puente había dos criaturas que recordaban vagamente a pájaros. Su piel era tan negra que parecían dos desgraciados condenados al alquitran, y sus facciones ocultas tras una máscara no permitían vislumbrar si eran personas, o si por el contrario, eran criaturas. Una de ellas giró la cabeza de forma repentina, dirigiéndose a hellboy, y permitiendo después el paso de ambos hacia la entrada del castillo. Las enormes puertas se abrieron con un ruido chirriante y en su interior, una enorme sala daba pié a una tríada de escaleras que se retorcían hacia el interior del palacio.

La inercia jugó un papel esencial en su reacción. En cuanto la mujer negra la cogió por el brazo, un colt salió de su funda en menos de un parpadeo, y apuntó directa a la cabeza de la chamana. Su extraño mensaje hizo que los ojos acerados del Sheriff, enrojecidos por la tormenta de arena, se entrecerraran con suavidad estudiada, sin permitir que pudiera entrever los verdaderos pensamientos que había concluido de esa especie de advertencia. Tenía un sonido especial, el taconeo de las botas sobre el hueso. Como dos maderos quemados al frotarse.

Encontraron al Dios sentado en su salón, con un porte magnánimo y una apariencia señorial, como el de una Madame de burdel que no espera la última visita, y está dispuesta a ofrecerse en caso de que no queden chicas disponibles. Al aproximarse a la mesa, dos sillas aparecieron como por embrujo, ayudándoles a sentarse, deslizándose sobre el suelo. El Sheriff dirigió una mirada indómita al Dios del Voodoo. Todo allí parecía supeditado a los deseos de su señor. Era un terrateniente. Un potentado. En la mayoría de los casos, eran mala gente que había conseguido lo que tenían de maneras fraudulentas, o sacrificando a sus familias, y explotando a sus jornaleros. Por lo que podía ver del mayordomo, podría tratarse de cualquiera de todas esas cosas.

- Whisky doble. - gruñó a la penosa criatura compuesta de trapos, que apenas si parecía capaz de tenerse en pie. Todo su cuerpo transmitía una sensación inmensa de miseria. Por el rabillo de los ojos percibió el creciente interés que sus implantes despertaban en el Dios. Arrugó la nariz con cierta desgana, y luego, le remitió una mirada endurecida. - ¿Hemos venido para tener una charla de viejas?- preguntó al Dios, y luego miró a Rojo. Tras una pausa suficiente, volvió de nuevo la mirada a Legba. - A diferencia de nuestro primer encuentro, esta vez se me ha invitado. No irás a decirme que me has hecho venir hasta aquí sólo por el placer de mi compañía. - añadió, sacándose el sombrero para retirarse el poncho, y luego volver a ponerse el sombrero. - Tu dirás que quieres saber. - finalizó, para después acomodarse en la silla, con las rodillas en 90 grados, la posición mas cómoda para mantenerse sentada, y entrelazando ambas manos sobre su regazo, observando la extraña arquitectura de la sala.

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MensajeTema: Re: Un pacto entre caballeros [15 de septiembre](Hellboy, Papa Legba)   9th Junio 2017, 11:06

Los últimos metros fueron los más difíciles. A medida que se acercaban a aquellas enormes puertas, la tensión del demonio iba en aumento. Tenía que estar sereno, tranquilo. "Recuerda, Papa Legba es un dios que os ha invitado a su casa. Debes ser educado y cortés en todo momento. Al fin y al cabo, es vuestro anfitrión." Las palabras de Abe resonaban en su cabeza. Lo habían estado ensayando durante las últimas semanas: templanza, tranquilidad, buena actitud... Cosas con las que Hellboy estaba poco familiarizado a decir verdad. Su modus operandi era ser terco y hacer las cosas a su manera. Efectivas sin duda, pero a veces es mejor cerrar la boca y bajar un poco la cabeza, y más aún si estás en la casa de un dios que podría convertir tu vida en un sufrimiento eterno con un simple muñeco y un alfiler. Recitó las palabras en su cabeza de nuevo, memorizando bien el significado de cada una y recordando lo mal que podría ir si se comportaba como solía hacerlo él.

Cuando casi habían llegado a la puerta, uno de los soldados que la guardaban hizo un movimiento brusco con la cabeza que causó que el demonio diese un respingo y el corazón le diese un bote en el pecho. La voz del dios salió a través de la extraña criatura que carecía de ojos y boca, y Hellboy puso los ojos en amarillo, contando internamente hasta diez para relajarse. En cualquier otra situación eso no le habría importado, pero con los nervios a flor de piel no pudo evitar asustarse.

- Dije que vendría y aquí estoy. Siempre cumplo mi palabra.- Dijo con una sonrisa que hasta él habría sido capaz de ver lo forzada que era, pero por lo menos lo estaba intentando. El soldado volvió a adoptar la posición original y las puertas se abrieron ante ellos. Tras cruzarlas y dejar un pequeño rastro de arena en el pasillo, estas volvieron a cerrarse lentamente. Estaban dentro. Ahora sí que no había vuelta atrás. Solo quedaba esperar y ver cómo acababa todo. El demonio apoyó los dientes inferiores por delante de los superiores, sacando ligeramente la mandíbula inferior mientras observaba la arquitectura del castillo. Era realmente impresionante, macabro, pero impresionante. Por el rabillo del ojo vio otro movimiento brusco, esta vez por parte de la vaquera, quien apuntaba a la cabeza con su arma a una mujer que había aparecido casi por arte de magia. Sus ojos blancos miraban a la rubia con atención mientras le hablaban de lo que guardaba en su interior. Legba lo sabía pues, que Victoria vivía en el interior de Rebecca. Eso podía ser muy bueno o muy malo. Tal vez quisiese ver hasta dónde alcanzaba el poder del demonio o simplemente quisiese usar a la vaquera como su jinete personal. Helboy agitó la cabeza, decidiendo no pensar en esas cosas y esperar a ver qué sucedía en realidad. La mujer les guió a través del castillo y la siguieron.

Rojo estaba seguro de que habían recorrido todo el castillo antes de llegar a la sala donde les esperaba Legba. Estaba completamente perdido, y habría jurado que el camino hasta la sala del trono había sido distinto cuando él fue solo. El dios les dio la bienvenida y les ofreció algo de beber. La vaquera, ni corta ni perezosa, le pidió al improvisado camarero un whisky doble. Tal vez un poco de alcohol le ayudase a relajarse un poco, así que le indicó a la criatura que fuesen dos los que trajese. Se sentaron y el demonio apoyó su mano izquierda sobre la mesa, mirando al dios que parecía complacido con la presencia de sus dos invitados. Rebecca le contestó, en un tono que al demonio le pareció demasiado seco para la situación en la que estaban, aunque también podía ser eso. Al estar tan tenso todo le parecía demasiado cortante o borde, pero no le faltaba razón en sus palabras, y volvió la mirada al dios.


- Nosotros hemos cumplido nuestra parte del trato. Estamos aquí, como pediste. Ahora nos queda saber qué es lo que quieres de nosotros...-

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MensajeTema: Re: Un pacto entre caballeros [15 de septiembre](Hellboy, Papa Legba)   28th Julio 2017, 17:58

El ambiente enrarecido desaparecía poco a poco con los primeros instantes. El muñeco gigante y esmirriado, sin levantar la vista, asintió ante la petición de la rubia, a quien el dios miraba con rostro neutral pero un genuino interés. En el preciso instante en el que la rubia abrió la boca, el dios esbozó una sonrisa brillante y sincera, destacada por lo oscuro de su piel. - No, claro que no- Se recuesta en el trono, acariciando con una mano la calavera que funcionaba de reposabrazos. Ninguno de los dos accedió a contarle absolutamente nada sobre el alma mística que yacía en el cuerpo de la joven, así que supuso que no era plato de buen ver ni de agrado, y con insistencias sólo conseguiría incomodarles. -Yo cumplí mi parte del trato hace tiempo, Rojo… No alardees, mantén orgulloso a papá- dijo guiñándole un ojo haciendo referencia a Manning. -Efectivamente, esto no es una reunión de señoras- dijo mirando a Rebecca, fijando sus pupilas en los ojos lapislázuli. - Le veo diferente, si me lo permite, Sheriff- Y a partir de ese instante, todo se convirtió en un debate de diálogo doble, en el que Legba trataba con ella mientras el demonio y el dios mantenían una conversación paralela, telepática, que se desarrollaba con indirectas y comentarios de lo más sutiles. - Quise que su amigo nos presentase por varias razones- En ese preciso instante, el siervo vuelve, con un vaso de puro whisky doble, seco y cargado. Durante los instantes que ese siervo estuvo presente, Legba enmudeció, aguardando que volviese a marcharse. -Cheers…-dice en perfecto inglés americano, asintiendo para que lo pruebe y con él, la sorpresa que le ayudaría para cuando consiguiera lo que quería. Porque lo iba a conseguir. -La primera, el interés. No todos los días se conoce a un verdadero Sheriff… la mayoría de los otros condados están más que echados a perder- Eso era cierto. Aunque la figura del sheriff seguía existiendo, la mayoría eran policías gordos de pueblo que no podrían andar una milla sin ahogarse en el intento-La segunda, tu talento…- dijo clavando los ojos en ella mientras se quitaba un alfiler del sombrero, lo limpiaba frotándolo contra la solapa y lo volvía a poner, dándole a entender que se refiere a su talento subterráneo. Desconocía si Rojo sabría lo de aquel día, pero si no, no tendría por qué entender de lo que hablaban. -Y la tercera… Que puedo ayudarte. Y siempre merece la pena ayudar a los necesitados- Una mirada fugaz a sus piernas, luego a rojo, sonriendo de medio lado-Quiero proponerte un trato… Como bien sabes, son sencillos- Que se presentasen en el castillo, fácil de conseguir, y que le diese la oportunidad de confiar en él, cosa que incumpliría si no estuviese dispuesta en ese instante a escucharle.

-Conozco ciertas cosas por las que habéis pasado- En ese momento desvía por una milésima de segundo la pupila hacia rojo- Y por mi parte humana, conozco perfectamente bien lo que es vivir con un parásito... - A partir de ese instante, el entendimiento telepático adquirió un nuevo nivel para el dios y la joven. Hellboy empezó a ser un adorno junto a ella, ni siquiera importaba su presencia -La incomodidad, sentir que te retrasa, que te entorpece en tus verdaderos propósitos… Es cuanto menos frustrante. Pero yo sé que quieres estar bien, y sé que si pudieras, te liberarías de esa gran carga- Los ojos del dios parecían durante todo su diálogo, más humanos, comprensivos. El dios que mira por encima del hombro, que vacila y que ríe con la indefensión, desaparece y abre paso uno piadoso y comprensivo que sin embargo no refleja la más mínima intención de sentir misericordia o lástima por ella. Sólo conexión, como dos heridos de guerra.-Pero imagino que el demonio te habrá informado sobre que no trabajo gratis. Por suerte, lo que quiero a cambio de este trabajo no es mucho- Se inclina hacia delante, con los codos apoyados en los muslos, acariciándose las palmas de las manos entre ellas. Alza la cabeza y la señala un par de veces, para luego recuperar la postura- Tu parásito. Quiero quedármelo. Ese sería todo el precio de mi trabajo, íntegro- Su rostro está tranquilo. No es el rostro de un depredador de los negocios ni el de un trilero. Sino la de un hombre que realiza un trueque como parte de su rutina, como una venta más. Respira hondo y mira con el ceño levemente fruncido a la rubia, citando al brillante Clint Eastwood en una de las películas más famosas del oeste- El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado y los que cavan- Y le añade su toque personal - Y tú tienes mucho que enterrar… Tú decides- se recuesta, volviendo a cruzar la pierna en perpendicular, volviendo a reposar el codo en el trono mientras la punta del dedo índice resbala por su labio inferior, pensativo.

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