Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)

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Solaris
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MensajeTema: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   11th Noviembre 2016, 03:30

25 de Noviembre del 2018
02.36 de la noche
Nueva York
Mansión X


La habitación que nos había sido asignada había sido por completo de mi agrado. Las ventanas estaban aseguradas y no era posible abrirlas desde fuera. El interior tenía un pestillo que, si bien no era el más seguro, si hacía necesario forzar la puerta para permitir el paso, lo cual me mantendría alerta de ser necesario. Durante nuestra primera semana de estancia, habíamos disfrutado de esa ubicación, y a pesar de costarme un día, había sido capaz de conciliar el sueño. No muchas horas, cinco o seis, pero las suficientes como para considerarme descansada. Esa habitación presentaba un único problema que comprobamos después de hacer uso de ella. Estaba ubicada al fondo, en la última planta, y el ajetreo diario, mas el esfuerzo de subir las escaleras estaba volviéndose un problema para Björn. Es cierto que en la MKL su nivel de actividad era alto, pero también era cierto que la mayoría lo ejercía desde su clase o su despacho, y que tras haber llevado a cabo nuestra expedición a Nuevo México, tantas emociones estaban obligándole a estar muy pendiente de la medicación. Tras hablar con él, nos decidimos a pedirle al equipo si era posible reubicarnos. Se mostraron tan amables como se habían mostrado desde el momento en que bajamos del mismo coche. No hubo problema, salvo por el factor de que las cristaleras de las plantas bajas eran abismales, y podían abrirse en ambas direcciones. Aún había pestillo, pero era ver esa enorme amplitud de ventanal, y todos mis intentos de conciliar el sueño desaparecieron. La noche anterior, tras hablar con Alice, sólo conseguí dormir tres horas después de, tras mucho dar vueltas, coger varias mantas y dormir en el suelo del interior del baño, tras cerrarlo. Björn llamó por la mañana, al querer hacer uso de él. No es la primera vez que dormía en el suelo en malas condiciones, pero en cualquier caso, siempre es preferible disponer de una cama cómoda y un buen descanso. Ya habituada a los estragos de dormir poco, durante el día, observando las clases, me mostré tan calmada como siempre, incluso cuando bostezaba, lo cual solucionaba la ilusión que mantenía en actitud severa, pero tranquila.

Era la segunda noche en nuestra nueva ubicación. Llevaba tres horas y media tumbada en la cama, escuchando la tranquila respiración acompasada de Björn. Al menor sonido que creyera oír en el perímetro de la ventana, me levantaba como un resorte y observaba la oscuridad del patio, que no mostraba nada. Se me aceleraba el corazón, bombeándome en los oídos, y después volvía a tumbarme, tratando de convencerme de que no sucedía nada. Que había sistemas de seguridad, que la situación estaba controlada en la medida de lo posible. Pero en cuanto conseguía relajarme escuchando a mi hermano y tratando de acompasar su respiración a la mía, para al menos descansar el cuerpo si no era capaz de conciliar el sueño, las sospechas volvían a mi, y me mantenían en vigilia, esperando el siguiente sonido.

A mitad de la noche, tuve la certeza de que no conseguiría dormir. Era desesperante, pero no había nada más que yo pudiera hacer por mi cuenta, excepto ingerir químicos, y no estaba dispuesta a nublar mi capacidad de reacción intoxicándola con ellos. Pensar que por estar entre los tuyos estas a salvo es uno de los errores primordiales que puedes cometer, para acabar sufriendo una situación desafortunada.

Me puse mi centai, y proyecté mi ilusión, después de haber valorado en profundidad mis opciones. Proyectar una imagen pulcra produciría sospechas a causa de la noche cerrada, y podía dar a entender que mi incapacidad para dormir era habitual, algo que prefería evitar de ser posible. Por otro lado, no me gustaba la idea de mostrarme informal, pero la situación parecía requerir algo más desenfadado, así que pensé en mi pijama de franela favorito con una camisa de manga larga lisa azul, y unos pantalones sueltos con cuadros escoceses azules, lo adapté a mi ilusión, y luego coloqué sobre esa imagen la de un batín sencillo y unas zapatillas. En lugar de un moño, una coleta rizada, y las gafas. Salí de la habitación. El pasillo se encontraba en penumbra, salvo por la luz de emergencia. Me guié por ella, y alumbré con la linterna del móvil. Bajé a la cocina y bebí un vaso de agua. Los salones estaban apagados a excepción de uno de ellos, que mantenía encendida la chimenea. Me senté ahí durante unos minutos, dispuesta a leer, pero no fui capaz de concentrarme.

Dándome cuenta de que mi nerviosismo provenía de algo mas que mi insomnio, me decanté por hacer una de las cosas que siempre suponía para mi un alivio. Música. No iba a ponerme a tocar a esas horas, mi educación no me habría permitido ser tan desconsiderada. Pero no siempre hay que interpretar para oírla. Puse rumbo a la habitación de música, y la encendí, cerrando la puerta tras de mi. Localicé el estuche que, con permiso, había dejado guardado en uno de los armarios. Abrí el estuche, y me senté en una de las banquetas, posando el instrumento sobre mis rodillas. Coloqué mi mano sobre las teclas, y tome respiraciones profundas cinco veces, antes de tragar y colocar mi otra mano como si portara el arco, que aún descansaba en su lugar en el estuche. Cerré los ojos y presioné las teclas haciendo un suave sonido al martillearlas, apenas audible, mientras con la otra mano movía el arco imaginario que interpretaba la música que sonaba en el interior de mi cabeza.
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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   17th Noviembre 2016, 13:58


Drago estaba sentado en el jardín trasero de la mansión, mirando fijamente a la piscina desierta con sus ojos huecos. La tranquila serenidad del bosque que los rodeaba le arrullaba con los sonidos de las aves nocturnas, pero su corazón estaba inquieto. Tanto o más que el de Sieglinde, aunque por motivos distintos.

Cinco días atrás se había decidido finalmente a aceptar el consejo de Xavier para ir a la consulta psicológica de la doctora Stavridis. ¿La razón? Su estrepitoso fracaso la noche de Halloween, cuando por primera vez en su vida su fobia a la oscuridad le había resultado verdaderamente incapacitante de resultas del apagón. Había estado a punto de fallar a la ciudad, a sus amigos, y eso era algo que no se podía permitir. Pero había habido algo más, otra razón escondida en el fondo de su subconsciente que su parte consciente no había llegado a asimilar del todo: la mujer que luchaba bajo el símbolo del murciélago.

Aquella mujer había aparecido de la nada, irrumpiendo en su vida como un huracán, y aunque era breve el tiempo que había pasado con ella, el brillo penetrante del ojo carmesí que había podido vislumbrar a través del visor roto de su casco se le había clavado con fuerza en el alma, y, en aquella gélida madrugada de noviembre, el recuerdo del roce cálido de sus dedos enguantados sobre sus heridas encendía un volcán dentro de su pecho.

De ella sólo tenía un nombre clave: Batwoman. Nada más.

Eclipse, el mutante que controlaba la luz, tenía miedo a la oscuridad. No tenía ojos, se los habían arrancado los miembros de un cártel colombiano cuando trabajaba como cazarrecompensas, la fatídica noche en la que se habían revelado sus poderes. Sólo podía controlar su mutación mientras estaba consciente, y exigía de él un continuo estado de tensión, como cuando Coloso adoptaba su forma de metal. Significaba que si bajaba la guardia en lo más mínimo, si se relajaba, volvería a recuperar su forma humana. Y quedaría ciego. La mera idea le llenaba de pavor, el mismo temor irracional que le asaltaba día tras día cuando despertaba en su cama sin poder distinguir nada hasta que su cerebro adormilado reaccionaba y activaba su poder. Drago no podía relajarse nunca. Por esa razón no bebía (además de por el hecho de que su religión no se lo permitía), no fumaba y no se permitía vicios de ningún tipo, ni tan siquiera el instante de liberación que suponía la culminación de la unión física con una mujer. Ni siquiera eso le estaba permitido, pero hasta ahora no le había supuesto ningún problema particular, porque hasta ahora no había conocido a ninguna mujer que le produjese una impresión tan grande como su misteriosa salvadora de Halloween.

Y aquella tensión constante le mataba, especialmente en las noches como aquella en las que no dejaba de dar vueltas a sucesos concretos que le habían ocurrido, y aquella focalización obsesiva le impedía dormir. En noches como aquella desearía poder fumarse un cigarro, o beber hasta perder el sentido. O poder darse un baño relajante y dejar que los problemas desaparecieran bajo la espuma. O dejarse ir con la magia de la música...

En noches como aquella.

Porque cuatro días atrás, había ido con la doctora Stavridis al cine. A pesar de la inconveniencia de desarrollar actividades con un paciente fuera de la consulta, a la doctora le había parecido conveniente iniciar la terapia con exposiciones graduales al objeto de su aversión, acompañadas de estímulos gratificantes como, en el caso concreto de Drago, la música. Había pensado que sumirse en la oscuridad de una sala de cine mientras de fondo sonaban los melodiosos acordes de la música que Michael Nyman había compuesto para la película "El piano" ayudarían a Drago a abstraerse de su fobia y disfrutar de aquellas dos horas de oscuridad sin apenas darse cuenta. Había sido una gran idea... en teoría.

Porque más o menos hacia la mitad de la película, en el momento en el que el personaje de Harvey Keitel había empezado a tocar a la protagonista sin su consentimiento mientras los ojos inocentes e infantiles de la pequeña Flora observaban a través de la cerradura, algo había despertado en su interior. Algo oscuro y terrible, tan voraz que amenazaba con devorarle desde dentro. Se había empezado a sentir mal; mareos, náusas, sudor frío... y había tenido que salir prácticamente huyendo de la sala de cine.

Eh, mirad todos, el peligroso Eclipse, líder de los X-Men, huyendo como una niñita asustada después de darse cuenta de que el abrigo de Cruella de Vil estaba hecho con la piel de inocentes perritos desvalidos. El recuerdo le mortificaba tanto o más que el de el sentimiento de pavor e indefensión experimentado durante la noche de Halloween.

Drago se había criado en Europa, cierto, pero siempre había tenido muy arraigados los cánones religiosos y culturales de su país de origen, y tenía muy claro que aquél no era el comportamiento que nadie esperaría de un hombre adulto.

Había intentado arreglarlo, recuperar la compostura, y se había llevado a Elissa a cenar. Durante la cena había conocido la faceta más personal de la doctora, la que se ocultaba detrás de la fachada de médico, y había descubierto, muy a su pesar, que se trataba de una mujer inteligente además de hermosa, con sentido del humor y la ironía y con una sensibilidad marcada para la música. Y decía "para su pesar" porque Elissa era su psicóloga, y el código deontológico debería haber hecho imposible para él pensar siquiera en esas cosas. No le estaba permitido verla como otra cosa más que como su terapeuta. Además, la conocía de hacía tan sólo cinco días, por el amor de Dios. Cinco días en los que la había estado viendo a diario, y para más inri, fuera de la consulta, porque habían acordado una peculiar forma de pago para la terapia: ella le trataba, y a cambio él le daba lecciones de piano en el aula de música de la mansión. Por la noche, cuando no había clases.

Drago estaba seguro de que estaban violando todas las regulaciones existentes en materia médico-paciente. Porque lo peor era que, en esas últimas noches, durante las sesiones, se estaba sintiendo cada vez más atraído por ella. Y no tenía claro de si se trataba de la maldita transferencia, o si sus sentimientos eran reales. Y para colmo estaba la otra mujer, que no abandonaba sus pensamientos ni un sólo segundo.

Elissa se había marchado hacía varias horas. La había acompañado hasta la puerta y se había quedado allí, en el jardín, sin poder quitarse todo aquello de la cabeza. Estaba muy confundido y no sabía qué hacer. Si debía cancelar las malditas sesiones, o seguir, o hablar todo aquello con la doctora, o no hacerlo...

En un momento dado se giró y descubrió algo que le desconcertó: La luz del aula de música estaba encendida. ¿No la había apagado al salir? ¿Qué hora era? Casi las tres de la mañana, diablos... Subió las escaleras, abrió la puerta del aula de música y se disponía a apagar la luz de manera automatizada cuando reparó en la persona que se encontraba allí: Sieglinde.

Una vez más, se maravilló ante el nivel de detalle de la ilusión que había construido a su alrededor. Se había molestado en trabajar hasta la última y minúscula particularidad de su conjunto para reflejar una imagen acorde a la de alguien que se acababa de levantar de la cama, pero sin resultar en modo alguno desastroso, sino con el punto justo de informalidad. Era increíble cómo debía de funcionar aquella mente, el nivel de complejidad de sus procesos cognitivos, cómo lo meditaba y analizaba todo en profundidad. Ni siquiera Drago era tan cuidadoso. Por lo general únicamente se limitaba a reflejar la mirada de unos ojos de verdad en sus vacías cuencas oculares, principalmente porque lo contrario habría resultado extremadamente desagradable para todos, pero también porque no soportaba la idea de que se compadecieran de él. Pero la ropa, a menos que fuera un día en el que estuviese especialmente hecho un desastre, solía ser la misma que llevaba, al igual que su apariencia general. Salvo cuando salía de la mansión. En aquellos casos adoptaba diferentes aspectos para desplazarse de un lado a otro y que así nadie pudiera averiguar en dónde vivía realmente. Ni siquiera su casero conocía su identidad real. A la vista de cualquiera, Dragoslav Katich no abandonaba nunca la mansión, y nadie podría nunca relacionarle con el africano musulmán que habitaba en aquél desastroso piso de la zona más marginal del Bronx.

A diferencia de Sieglinde, no se molestó en ocultar que todavía no se había acostado. Llevaba pantalón y camisa negros y su característica gabardina que indicaba que venía de haber estado en el exterior.

La alemana tenía los ojos cerrados, y estaba tan concentrada en la música que tocaba en su cabeza que no debía de haberle oído abrir la puerta. Por un momento se planteó cerrarla de nuevo y volver por donde había venido. Celoso como era de su propia intimidad, respetaba mucho la de los demás, y sabía mejor que nadie cuando las circunstancias te hacían desear estar solo, como le acababa de ocurrir a él mismo. Pero, por otro lado, aquellos últimos meses desde la Colisión le habían obligado a abrirse más y a mantener más contacto con sus compañeros. Había hecho nuevos amigos y se había vuelto un poco más sociable. El antiguo Drago se habría ido sin dudarlo, pensando que aquél no era su problema. El nuevo Drago no podía evitar pensar en las lágrimas que le había notado a la mujer por debajo de la ilusión el primer día, o en los muchos interrogantes que le habían asaltado acerca de por qué se esforzaba tanto por ocultar su aspecto. El nuevo Drago no podía evitar pensar que Sieglinde tenía algún problema. Él los había tenido, en una época en la que la oscuridad amenazaba con devorarle, y allí, en la mansión X, había encontrado apoyo y comprensión. Le habían ayudado, y ahora era un poquito más feliz, entre personas a las que consideraba su familia.

Por eso, en lugar de marcharse, cerró la puerta tras él procurando hacer ruido para alertar a la alemana. Y, por eso, preguntó, en el tono de voz más amable que pudo conseguir:

- Sieglinde... ¿Estás bien? ¿Ocurre algo?  

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Última edición por Eclipse el 23rd Noviembre 2017, 11:13, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   28th Noviembre 2016, 02:23

Sonaba en el interior de su cabeza la repetición inicial de la que después emergían el resto de las notas que formaban una melodía que había aprendido a base de repetición, cargada de toques tradicionales, pero con un aire más oriental al acostumbrado. Así, mientras movía el arco invisible sobre sus dedos, las notas fluían a través de la partitura de su cerebro, y rememoraba su sonido con tanta nitidez como si la melodía brotara de verdad del instrumento, que salvo por la sutil percusión de las teclas, permanecía en un estado de reposo silencioso. Como toda buena canción, estaba abierta al debate y a la interpretación de cada persona que la escuchara, en mi caso, esta pieza concreta me servía para desahogar mis pensamientos. No sólo era una magnifica partitura con la que ensayar el movimiento fluido de los dedos, si no que también estaba cargada de unos extravagantes contrapuntos en los que veía una metáfora de mis problemas, como si cada una de sus notas fuese el punto de una red de telaraña, de la que colgaban como moscas incautas mi ansiedad, mi nerviosismo y la inseguridad que con tanto celo guardaba para que pasara desapercibida por todos los demás. En el centro de esa tela imaginaria que se formaba en mi imaginación cada vez que rasgaba esa melodía de las cuerdas de mi Nyckelharpa esperaba una inmensa araña, sola, expectante y voraz, que se alimentaba de todo aquello que detestaba de mi misma. El resto de notas se convertían entonces en gotas de lluvia, y una tras otra, barrían los hilos que formaban esa tela, y cuanto más pequeña se volvía, menos colgaba de ella, mejor me sentía, y mas decrépita se volvía esa araña. Hasta que al final, la lluvia arrasaba con todo, lo cubría de rocío, y quedaban solo las gotas cristalinas de agua. Era una visualización. Un truco de relajación que había aprendido tiempo atrás, y que gracias a mi viva imaginación, me servía para relajarme. Había tenido que aprender a hacer uso de ella utilizando la música como medio. Siempre había sentido algo especial por ella. Me acompañaba. Siempre estaba conmigo, en mis mejores y peores momentos. Había aprendido a apreciarla como una compañera de vida, y me hacía sentir libre.

Aunque eso no bastara para ayudarme a dormir, hacía las largas noches de insomnio siempre mucho mas llevaderas. Me daba algo que hacer, algo a lo que recurrir cuando me sentía sola. Era uno de mis métodos favoritos para transmitir todo lo que día a día me veía obligada a guardar para mí. En mi posición de representante, un error podía significar la diferencia entre nuestra supervivencia y el hundimiento de todo por lo que habíamos luchado. La opinión pública podía machacarme o encumbrarme, y por tanto, un desliz era algo crucial que no podía permitirme de ninguna manera. Estar bajo el constante escrutinio y juicio era agotador para cualquiera, sobretodo si, como yo, tienes el añadido de poseer un secreto que deseas mantener oculto para todos los demás. No permití que mi mente se centrara en la presión, en el hecho de que pronto amanecería y yo había sido incapaz de afrontar la imagen de esos amplios ventanales. Me centré tan sólo en eliminar hasta la última conexión de la tela de araña. Al menos hasta que oí el sonido de la puerta.

Alcé la cabeza, saliendo de mi estado de concentración, antes incluso de que la persona pasara al interior. Dragoslav Katisch, líder de la patrulla de los X-men. Cerré los ojos con rapidez, antes de que él me remitiera una mirada y se percatara de que le había visto. Mi constante estado de alerta resultaba revelador para quienes tiene algo de formación. La atención constante se convierte en un síntoma de nerviosismo, o incluso de paranoia. Me obligué a permanecer con los ojos cerrados, hasta que escuché el ruido de la puerta con más sonoridad, y entonces abrí los ojos de nuevo, simulando cierta sorpresa bien calculada.

- Profesor Dragoslav. - detuve el movimiento del arco de mi mano y apoyé los dedos enguantados sobre el cordaje del instrumento, con delicadeza. - Disculpeme, estaba tan concentrada en mis ejercicios que no le he oído entrar. - aseveré, manteniendo una postura erguida y correcta. - Me he desvelado, y no he sido capaz de volver a conciliar el sueño. - ese sutil matiz le daría a entender una situación que distaba de la realidad que vivía en esas noches interminables. - Por lo que puedo ver, ha pasado usted una noche muy larga. ¿Se encuentra bien?- pregunté con deferencia.

Llegué a esa conclusión, sobretodo, por su aspecto. Vestimenta de calle, incluida una gabardina que tenía signos de estar un poco húmeda, lo cual daba a entender que había estado durante un rato en el exterior, a temperaturas bajas, propias de la madrugada. Los zapatos tenían restos frescos de tierra y barro, y su expresión mostraba un sutil agotamiento. Cuando lideras un equipo de espionaje secreto durante tantos años, y no tienes cualidades como las de Björn, no tienes mas remedio que acentuar tus capacidades de razonamiento deductivo. Pero ahora, estaba centrada en Dragoslav, o como había observado que le llamaban en la mansión, Drago. Sabía qué me mantenía despierta a mi, pero no a él. También había recabado cierta información durante mi estancia, que me inquietaba respecto a su persona. Entre otras cosas, que parecía muy introvertido, y celoso de sí mismo. Yo, mejor que nadie sabía lo que eso podía llegar a suponer. Y no puedo negar que mi curiosidad hace que todo lo envuelto en misterio me resulte tentador como elemento a estudiar. Esta podía ser una buena ocasión para intentarlo.
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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   30th Noviembre 2016, 20:21

Drago siempre había sido extremadamente perceptivo y atento para los detalles. Quizá el campo emocional no fuera su fuerte, pero aquél ámbito era su especialidad, por lo que fue perfectamente capaz de seguir los veloces movimientos que la mujer hacía sobre las cuerdas del violín. No llegaba a tanto como para reconstruir con detalle la melodía en su cabeza, pero tenía claro que se trataba de una pieza de ritmos rápidos, ágiles, sin duda alegres y posiblemente tradicionales, aunque... ¿de dónde? El violín no era un instrumento tradicional de esa tierra.

La manera en la que tocaba, con tanta entrega y pasión, le recordaba al modo en el que él mismo se dejaba llevar cuando se sentaba al piano, y, sin embargo, aquél estado cambió en el mismo momento en el que se apercibió de su presencia. Sieglinde pasó de estar en un estado de completa armonía y fluidez con la música a un repentino estado de alerta, aunque lo ocultó a través de la ilusión para parecer sorprendida, cuando Drago sabía que no había sido así. Incluso en el caso de que no hubiera sido capaz de ver a través de aquella ficción no se le habría escapado la manera en la que había alzado bruscamente la cabeza cuando había abierto la puerta. Para alguien como él, aquella clase de reacciones resultaban tan familiares como la cola para un gato. Sin duda a cada minuto que pasaba la señorita Vorgrimler Müller le parecía más fascinante, y de repente la idea de regresar a su habitación para dormir unas horas antes del comienzo del día no resultaba tan apremiante.

Escuchó su comentario acerca de su insomnio y su apreciación sobre su propia noche y avanzó, tomando con delicadeza el violín de entre sus manos.

- No sabía que era usted aficionada a la música... Como imagino sabrá, yo soy el profesor de dicha asignatura en la escuela. Soy pianista, y usted violinista, ¿no? ¿Ejerce o es sólo como hobby? -inquirió mientras lo depositaba de nuevo en su estuche. Le interesaba hablar con ella y pensó que le resultaría más cómodo con las manos libres, aunque se aseguró de dejar el instrumento cerca de ella por si en algún momento le interesaba recuperarlo-. No he reconocido la pieza que estaba tocando, así que imagino que no será de las más famosas. Me ha parecido que era algo tradicional, ¿me equivoco?

Se apoyó en la banqueta del piano con las manos en los bolsillos y la miró con total naturalidad.

- Y sí, en efecto, no se equivoca -asintió con una sonrisa cansada-. He tenido una noche larga y tengo demasiadas cosas en la cabeza ahora mismo como para poder dormir.

No contó más; ¿qué le iba a decir? ¿Que se debatía entre continuar enamorado platónicamente de una mujer que no era más que una ilusión, un fantasma de la noche de Halloween, y ceder a los deseos dolorosamente reales pero de naturaleza incierta que estaba empezando a sentir hacia su terapeuta? No era algo que contarías a la ligera, ni siquiera a tu mejor amigo, mucho menos a alguien a quien sólo conocías de hacía unos días.

- Imagino que lo mismo le ocurrirá a usted... Por lo general cuando aparece el insomnio suele ser siempre por una razón. Sieglinde... Ya lleva dos semanas en la mansión y estamos trabajando para construir algo estable. Algo duradero. Sé que no nos conocemos desde hace mucho, pero vamos a ser aliados, y espero que sepa que puede contar con nosotros para lo que haga falta. Veo poco probable que pueda ya dormir ésta noche, y a juzgar por lo que veo, tampoco usted. ¿Por qué no me cuenta lo que la está perturbando? ¿Hay problemas con la organización?

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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   10th Diciembre 2016, 01:03

Seguí con la mirada su recorrido, tras cerrar la puerta de la estancia. Su rumbo le dirigió derecho hacia mi. Cuando vi que no se detenía en las proximidades, si no que continuaba acercándose, me puse en alerta y a medida que nuestra distancia se recortaba, mi cuerpo se tensó de manera involuntaria. Mi mano se aferró de manera sutil al arco y al instrumento que sostenía con cada vez más presión. Tragué saliva en absoluto silencio, haciendo que mi ilusión permaneciera tranquila, sin ser capaz de evitar que su cercanía me provocara el estrés que la posibilidad del contacto me generaba. Se detuvo muy cerca, se inclinó hacia mi, y extendió una de sus manos. Nos encontrábamos a una distancia que estaba muy alejada de mi zona de confort. Lo que para cualquier otra persona hubiese sido un mundo. Nuestros rostros estaban separados por apenas cuarenta centímetros, quince si calculábamos la distancia de nuestras manos, una vez la suya se deslizó a través del mástil del instrumento para cogerlo. Hice el mayor de mis esfuerzos para que no oyera el suspiro aliviado que salió de entre mis labios, cuando depositó el instrumento en su estuche, y se alejó para tomar asiento en la banca del piano. Me concentré en la conversación, de manera que despejé la mente de la tensión que acababa de vivir, a causa de su cercanía.

- Si, estoy al corriente. - asentí con la cabeza, al tiempo que desviaba la vista un instante para depositar el arco también en el estuche, y luego remitirle una mirada directa a los ojos, utilizando ese recurso como siempre lo hacía para aparentar seguridad. - Me gradué en el conservatorio, en piano, canto y Nickelharpa. Es este instrumento que acaba de ver. Pertenece a la familia de los cuerda, y aunque es primo del violín, no se le considera como tal. No sabría tocar el violín. Antes solía actuar, pero en la actualidad mi carrera no me permite ejercer la música de manera profesional.- adoraba los instrumentos de cuerda. El porqué una Nyckelharpa en lugar de cualquier otro, tenía un motivo que iba mas allá del puro romanticismo, de su condición extravagante o de la belleza étnica. La nyckelharpa, junto con el piano, eran los únicos instrumentos de esa familia para cuya interpretación no era necesaria la destreza digital que sólo se conseguía con las manos desnudas. La guitarra, el violín, el arpa, el laud... cualquier otro instrumento de cuerda hacía esencial que los dedos interactuaran con la cuerda en contacto directo, si se quería obtener la sonoridad óptima, para ejercer la presión adecuada. Durante el aprendizaje, es inevitable que el maestro corrija la postura del alumno, algo que para mi, era intolerable. La existencia de la nyckelharpa, y la casualidad de que mi maestro supiera tocarla, habían supuesto para mi un regalo. - Efectivamente. Polska Dalaska. Debe tener usted un gran talento para la sutileza y la atención al detalle, si es capaz de reconocer tantos matices en una pieza silenciosa, interpretada en un instrumento que no es el suyo. - resultaba de verdad impresionante, que en base a la observación de mis dedos hubiera llegado a captar una aproximación de la melodía que estaba ensayando. Eso me dió a entender muchas cosas, entre otras, que era un hombre que prestaba gran atención.

Su siguiente afirmación, recibió una respuesta a modo de gesto con un asentimiento, para que tuviera la certeza de que había comprendido a qué se refería. Preferí no indagar más sobre la causa, considerando que el profesor, por la información que había podido obtener, era introvertido y gustaba de su privacidad. Mi viaje estaba sustentado en entablar relaciones con los miembros y alumnos de la mansión, y quizá profundizarlas en el futuro. Con Eclipse, líder de la patrulla, deseaba que se llevaran a cabo en muy buen término. Algo que, pensé, no conseguiría si cometía el error de caer en una prematura familiaridad que me hiciera indagar en el terreno personal demasiado pronto, lo cual podría hacerle sentir incómodo o contrariado por mis intenciones.

Aunque mi ilusión continuó mostrando la expresión serena y severa que me había dado el sobrenombre de Iron Maiden II, me sorprendí al darme cuenta de que no sabía desde qué punto responder las preguntas de Eclipse. Cuando tienes una posición de cara al público la gente tiende a hablarte a través de lo que, como tal, representas. Te convierten en un icono, en una figura representativa de una causa. Es difícil recordar que tras esos ideales existe una persona. Y que esa persona eres tu. Así que en ese momento, me encontré a mi misma preguntándome si el líder de los X-men me estaba hablando como Directora de la MKL, o por el contrario, trataba de acceder a mi como Sieglinde.

- No negaré que nuestra situación se ha complicado bastante con los últimos acontecimientos. Existe una gran cantidad de energías, fuerzas y seres en el mundo, con todo lo que ello implica y tras lo que llaman en Europa "la colisión" su afluencia se ha triplicado, o incluso cuadruplicado, en unos pocos meses. Hay grandes desequilibrios, estados enteros en alerta, espectros y parámetros nuevos que ahora son factibles que antes eran inverosímiles. En un mundo previo con grandes problemas, la integración y coexistencia resultaba una causa difícil. En la actualidad, sería equiparable a tratar de atrapar el humo con las manos. - no me mostré pesimista, ni tampoco soñadora. Traté de expresarme de la manera mas objetiva posible. - Entiendo que tampoco ustedes han debido vivir una situación mucho más favorable, en américa existe una gran condensación de gente con poderes y capacidades sobrehumanas. Tomar las medidas necesarias para mantener la mansión en un estado de seguridad aceptable aplicando la readaptación pertinente a la realidad post-colisión, añadido a la gran afluencia de nuevos alumnos que han debido tramitar, ha debido ser una tarea de lo mas exhaustiva. - expresé, y en esta ocasión, mi ilusión y yo nos mostramos a la par, ofreciendo al profesor una sutil sonrisa. - Fíjese. Casi se diría que Björn tampoco puede dormir. - mi hermano y yo pasábamos tanto tiempo conectados a través de ese extravagante canal de comunicación en línea directa con mi mente, que usaba cuando le apetecía, que ya se me estaba pegando hasta su manera de expresarme. - ¿Eso es lo que le mantiene a usted despierto, profesor? Espero que de haber algún problema en la mansión, no lo haya causado nuestra presencia. No pretendemos dificultarles su labor en absoluto. Si nuestra estancia les está generando problemas, disponemos de contactos, recursos y podríamos tratar de ayudarles a solucionarlo. - expresé, mostrándome colaborativa en respuesta al ofrecimiento que instantes antes él me había hecho.

- Se que para una institución como la suya, comenzar una colaboración con nosotros podría llegar a suponerles un lastre. De ser así, eso contravendría todo por lo que he venido aquí. Ustedes tienen una posición y una reputación que han ganado con esfuerzo, en una lucha diaria que les ha llevado años. Entiendo que muchos pensarán que hemos venido aquí a buscar la sombra de su renombre, para beneficiarnos. - expuse, de nuevo, objetiva. - Pero su confianza en este proyecto, su respuesta, su colaboración, es lo más valioso que hemos obtenido en esta visita, y no lo dude, profesor, nuestra intención es mantener toda comunicación abierta. Si hubiera problemas con nuestra institución que debieran conocer, o situaciones que no pudiesemos afrontar y en las que ustedes pudiesen sernos de ayuda, serían los primeros en saberlo. - le aserguré, clavando mi mirada mas determinante en los ojos de Eclipse, denotando una seguridad que me hacía merecedora de mi apodo.
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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   11th Enero 2017, 23:35

Nacido en Bosnia y criado en Francia, Drago estaba tan acostumbrado a la cercanía física que en ocasiones se le olvidaba lo violento e invasivo que podía llegar a resultar una proximidad excesiva en América, y según tenía entendido (y la reacción de Sieglinde lo confirmaba), para los alemanes era igual. Sin embargo le resultó curioso que utilizara la ilusión para disimular su incomodidad. ¿Acaso no era un rasgo propio de su cultura? ¿O es que había algo más?

- Vaya, disculpe -dijo una vez se hubo sentado en la banca del piano. Aunque ella no había dado muestra aparente de incomodidad, le pareció adecuado explicar su comportamiento, por simple educación-. En mi país es normal que las personas se acerquen mucho. Más que los mediterráneos, según me han dicho. Y en Francia... bueno, ya se sabe -añadió con una suave sonrisa-. No parece haberle molestado, pero siempre que me doy cuenta me disculpo, pues sé que aquí las costumbres son otras. Uno podría pensar que me habría habituado después de ocho años viviendo en América, ¿no cree? -su actitud era distendida, cordial. Intentaba ayudar a la mujer a relajarse después de haberla perturbado inintencionadamente-. Es curioso cómo las raíces culturales están tan profundamente arraigadas en nuestro sistema. Llevo ya más años fuera de mi país que los que pasé en él, y sin embargo hay cosas que nunca se olvidan...

Por norma general, hablar del hogar y de los recuerdos asociados a él solía ayudar inconscientemente a que las personas se relajaran, o al menos eso era lo que había observado.  

- Es una pena, me habría gustado verla tocar -comentó ante la explicación de ella, estudiando con curiosidad el instrumento que reposaba dentro del estuche-. La verdad es que no conozco dicho instrumento y todo lo referente a la música me provoca interés profesional, así que me gustaría aprender más sobre él. De hecho, tengo una idea: De vez en cuando hago sesiones de presentación de instrumentos nuevos y desconocidos a los alumnos, las llamo "Músicas del mundo". ¿Le gustaría participar en la próxima sesión? Podría presentar a los alumnos la nyckerlharpa, dar una breve presentación del instrumento y su historia y tocar alguna pieza breve. ¿Qué le parece?

Sonrió con sencillez ante el halago de la mujer y agachó la mirada.

- Dicen que los músicos profesionales son capaces de analizar la música cuando la escuchan, y la perciben como una secuencia de notas organizadas en compases de una duración determinada, mientras que el resto de la gente simplemente aprecian la melodía en su globalidad. Algo así como el lenguaje hablado, que se compone de una secuenciación de fonemas, asignando palabras a conceptos, pero normalmente la gente lo procesa como un todo y lo interpretan en función del tono, los gestos o el contexto -se encogió de hombros-. Deformación profesional, supongo.

Se quitaba mérito. Era obvio que, además de un oído y una vista entrenados para reconocer e interpretar las sutilezas de la música, se trataba de un hombre muy perceptivo y observador, pero la manera en la que habían evolucionado tales capacidades no tenían nada que ver con algo tan hermoso como el amor por la música, sino más bien al afán que propiciaba el deseo de venganza. Drago había crecido cultivando el odio hacia los que le torturaron y masacraron a su familia, y ese odio le había hecho desarrollar interés hacia todo lo que pudiera ayudarle a meterse en las mentes de sus enemigos y detectar sus flaquezas y sus miedos, pero eso no era algo bonito de decir, y mucho menos ante alguien a quien apenas conocía.

Por alguna razón, sus preguntas parecieron pillarla por sorpresa, como si no las esperara o no supiera cómo reaccionar ante ellas, aunque, una vez más, la ilusión permaneció incólume. Eclipse ya no sabía cómo tomárselo, si es que la usaba simplemente porque como líder de la MKL quería mostrarse siempre fuerte ante los demás, sin vacilaciones de ningún tipo, o si de verdad todo aquello encerraba un mayor problema de fondo. Él no era ningún psicólogo a fin de cuentas, por más que le apasionara dicha ciencia.

- Sí, bueno... La Colisión ha provocado grandes perturbaciones, sin duda. Muchos de los nuestros han desaparecido sin dejar rastro, de otros hemos conocido versiones alternativas, incluso varias al mismo tiempo -mencionó, recordado lo chocante que había sido ver a dos Magnetos diferentes visitando la mansión en días consecutivos-. Por tanto no diría que hemos experimentado una afluencia tan grande de alumnos, más bien diríase, por duro que pueda resultar, que hemos sufrido... "intercambios". Los que han desaparecido a cambio de los que han desaparecido, aunque sí, es posible que haya aumentado ligeramente nuestro número, no me he parado a hacer los cálculos.

No, él no era del tipo racional o analítico; de los cálculos y las interpretaciones científicas se ocupaban otros, como Hank o el Profesor.

- En mi caso, supongo que he tenido suerte; mis amigos continúan siendo los mismos de antes de la Colisión. No he tenido que encontrarme de repente con conocidos desconocidos, si entiende lo que quiero decir.

Gracias a Dios, Lobezno seguía siendo el mismo viejo cascarrabias con el que acostumbraba a quedarse hasta tarde bebiendo cervezas en el porche de la mansión. Sus alumnos, Sasha, Dianne y los demás, seguían siendo los mismos, así como sus compañeros de siempre. El Profesor, Hank, Bobby, Ororo... Con lo difícil que le había resultado siempre hacer amigos no quería ni pensar lo que habría supuesto para él que sus compañeros no le reconocieran.

- Pero sí, sin duda el número de amenazas potenciales se ha incrementado, y hemos tenido que buscar nuevos aliados para afrontarlas.

Villa Fábula, la Liga de la Justicia, los Jóvenes Titanes...

- Por fortuna, el número de aliados se ha incrementado por igual -suspiró-. Así que, no, debo reconocer que no son los problemas derivados de la Colisión los que me mantienen despierto. En ese sentido supongo que soy más irresponsable que usted, o más egoísta, ya que mis desvelos pertenecen por completo al ámbito de lo personal. No hay... grandes preocupaciones profundas y heróicas por el destino del mundo que me mantengan despierto ésta noche, y tampoco hay ningún problema nuevo en la mansión, y muchísimo menos uno provocado por vuestra presencia aquí. Quédese tranquila, Sieglinde, como ya os dijimos, usted y su hermano sois más que bienvenidos.

Ante su último comentario, negó suavemente con la cabeza.

- Para nada, Sieglinde. Como ya le dije, nuevas amenazas implican nuevos aliados. En éstos momentos, toda ayuda que podamos conseguir es bien recibida, para nada un lastre. Quizá nosotros seamos más conocidos, pero ello no desmerece en nada vuestra labor. La MKL es antigua, y el trabajo que habéis realizado para favorecer la integración y aceptación de los mutantes, místicos y alienígenas es verdaderamente loable, posiblemente más elaborado y profundo que el nuestro. Somos nosotros los que tenemos que aprender de vosotros, no al revés -finalizó con total sinceridad-. ¿Tiene hambre, Sieglinde? Quizá podríamos tomar algo en la cafetería, un desayuno anticipado o una cena tardía, antes de que bajen los primeros alumnos.

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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   13th Marzo 2017, 01:05

Entorné los ojos con sutileza ante sus explicaciones. Consideraba mi capacidad para analizar, vigilar y controlar mi entorno una de mis mejores cualidades, y siempre que había alguna manera de proceder que me pareciese incorrecta o sospechosa, quería saber de dónde procedía esa alteración. En eso era muy posible que compartiera el gusto con mi hermano, aunque él se dedicaba a la observación pasiva, y yo, si tenía oportunidad, intervenía o corregía. En este caso, dudé por un segundo de sus motivos. ¿Había mostrado incomodidad? Estaba convencida de que no, a menos que mi ilusión hubiese empezado a descontrolarse. Repasé con mucho cuidado los detalles mentales, sabiendo que estaba proyectándolos de una manera dedicada y milimétrica. Sin embargo, y por esclarecedoras que pretendieran ser sus palabras, recurrí a una de las numerosas indicaciones que a menudo mantenía muy presentes en mi vida: “Excusatio non petita, acusatio manifiesta” que venía a significar que cuanto más esquivos eran sobre una cuestión que ni habías planteado, más estaban incriminándose de algo. En este caso, de haber percibido en mi alguna alteración. No era mi ilusión, así que me aclaré la garganta, predispuesta a medir mucho más mi entonación, ya que era lo único que, se me ocurría, podría estar fallándome.

- Las costumbres con las que hemos crecido son difíciles de variar, si bien es cierto que estamos preparados para adaptarnos, sólo hay que remitir a una persona a su hogar para percatarnos de lo mucho que la distancia puede cambiarnos. - afirmo, segura de ello.

Pienso en lo mucho que he socializado desde que entré en la mansión, en lo nerviosa que estoy al pasear a través de sus ilustres pasillos cargados de historia, todo un ejemplo para nosotros. Pero también pienso en lo fácil que me resulta ser amable y comedida aquí, donde no soy mas que una invitada, no respondo ante nadie que pueda causar un daño tan grande como para arruinar aquello por lo que lucho y donde mis responsabilidades parecen tener un final. Aunque no es del todo cierto, la ilusión de ello me produce cierta serenidad que no he tenido desde hace tanto que ni lo recuerdo.

Su ofrecimiento me sorprende, aunque no varía mi expresión. El hecho de que el instrumento le sea interesante es un motivo más que me aproxima al que yo creía mas inaccesible de todos los X-men. Su líder, nada menos. Alguien de quien, en la mansión, lo que se oye remite a términos como hermético, introvertido y severo.

- Le agradecería mucho poder formar parte de una de sus clases, profesor. Estoy convencida de que participar me hará tanto bien a mi como a sus alumnos. Hace tiempo que no ejerzo como docente, no podría negarme a retomar la profesión, sobretodo si es por la música. Yo también tengo gusto por los instrumentos étnicos, tengo una pequeña colección de la que estoy orgullosa. - incliné la cabeza en un gesto desenfadado, pero bien medido. - Gracias por su ofrecimiento. Estaré encantada de aceptarlo. - añadí con un suave asentimiento agradecido, para luego retornar a mi postura anterior.

- Diría más, Señor Katich. Hace falta un oído bien entrenado para obviar en las piezas musicales de mayor complejidad lo que yo llamo el “efecto cóctel”.- argumenté, procurando analizar su respuesta ante lo que parecía un gesto de humildad, tratando de restarse mérito. - así es como se llama el fenómeno de ser capaz de discernir un estímulo auditivo particular entre un conjunto mucho mayor. En el caso de la música de una orquesta, si cada instrumento fuese un conversador, estoy segura de que sería usted capaz de atisbar entre toda la sala al mas tímido de los triángulos. - aquella pequeña broma me hizo sonreír, y así lo traduje en mi ilusión. Resulta fácil de mantener cuando su actitud es acorde a la mía, y mas difícil cuanto menos se asemeja.

La colisión... hablar de ella aún me cuesta. Sufrir tanto por los desaparecidos, asumir la aparición de nuevas criaturas, e incluso personas, en aquello que considerábamos nuestro. Las repercusiones aún estaban a flor de piel, y yo había hecho un esfuerzo que me había costado casi la salud para sobreponerme y hacer lo que se esperaba de mi. De nosotros. A veces creía que me mantenía sedada de la realidad, sin permitirme reflexionar sobre ello, por miedo a perder el juicio, y ser incapaz de mantener las razones que me hacían levantarme por la mañana, y tener falta de sueño por las noches.

Hizo mención a temas personales, e hice lo único que sabía hacer cuando esas eran las circunstancias. Lo dejé pasar. En general, me costaba mucho adquirir el nivel de intimidad necesario como para que tratar temas de esa índole no me pusiera en una situación comprometida. Planaria quizá había rebasado esa barrera en mi juventud, y con toda seguridad, el hecho de que se sincerara como mutante, su carácter abierto y aquello que nos había unido y que manteníamos en común había propiciado esa situación. Pero la edad te va enseñando ciertas cosas, y poco a poco no había podido evitar mantenerme mas en alerta sobre las personas a las que me acercaba, y que por tanto, por mucho que quisiera evitarlo, también se acercaban a mi. No era muy buena haciendo amistades, y sin duda, ese sería un motivo de peso.

- Le agradezco que diga eso. - dije apreciando el cumplido. - No debería, me irá directo a las caderas. - comenté, y esta vez, reí con suavidad. Me levanté del banco con cierta brusquedad para que este crujiera un poco, aunque mi ilusión se encargó de suavizar el gesto. - Pero no voy a negar una invitación como esa. - tomé las precauciones necesarias para dejar mi instrumento a buen recaudo, depositándolo en el estante que me habían asignado, al que sólo Dragoslav, por ser profesor del aula, podría llegar a tener acceso. - Cuando quiera, profesor. - dije permitiéndole paso con un gesto de la mano, dispuesta a esperar que saliera para salir a continuación, y esperando a que apagara las luces, cerrara, y nuestros pasos nos llevaran a la cafetería. Puede que pareciese reacio y callado al principio, pero ahora que estabamos a solas, podía entreverse un hombre culto, sensible y atento, que era muy posible que se empequeñeciera en grupos grandes, no sabía si de manera inconsciente o con algún propósito que aún no había llegado a esclarecer.
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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   15th Marzo 2017, 00:59

- Yo también tengo gusto por los instrumentos étnicos, tengo una pequeña colección de la que estoy orgullosa. -dijo Sieglinde.

- En tal caso, creo que ésto le gustará -respondió él, dándose la vuelta para ir hasta uno de los armarios cerrados de la clase, aprovechando la oportunidad que se le brindaba para escapar del elogio que le había hecho la mujer.

Drago no estaba acostumbrado a destacar en nada ni a llamar la atención, y mucho menos aún por su talento para la música, puesto que nunca lo mostraba ante nadie. Que la alemana hubiera sido capaz de notarlo con tan pocos indicios decía mucho acerca de su propio conocimiento en la materia, y esperaba que su reacción hubiese sido lo suficientemente natural como para que no se diese cuenta de lo incómodo que le había hecho sentir, aunque el mero hecho de no responder al comentario quizá diese a entender algo, si resultaba ser tan perspicaz como parecía.

Del interior del armario Drago extrajo dos instrumentos (ambos bastante parecidos aunque con diferencias sutiles que una aficionada a los instrumentos de cuerda como ella podría seguramente apreciar) y se los mostró:

- Éstos son instrumentos bosnios tradicionales: la Šargija y la Tambura -el primero estaba hecho de madera y tenía cuatro cuerdas. El segundo estaba tallado en una calabaza cortada y guardaba cierto parecido con la bandurria y la mandolina-. La Šargija data de los tiempos del Imperio Otomano y se utiliza por lo general para acompañar al violín en las danzas folclóricas. El sonido se parece mucho al del saz turco, que quizás le suene más.

Estuvo a punto de decirle algo cuando hizo el comentario acerca de sus caderas, pero se contuvo a tiempo, por más que le sorprendiera el esfuerzo constante que hacía la mujer por aparentar unas dimensiones corporales que no eran tal. Se recordó que no tenía derecho a inmiscuirse, no cuando él mismo se había comportado de una manera muy similar durante años.

- Se me ocurre algo -dijo, iniciando el movimiento para poner la mano en su brazo e impedirle así que situara el instrumento en la estantería, pero se detuvo antes de llegar a tocarla, recordando lo incómoda que se había sentido cuando se había acercado a ella más de la cuenta-. Hum... Recoja de nuevo la Nickelharpa, por favor. Creo que podemos hacer de ésta velada algo mucho más entretenido, asumiendo el hecho de que dudo que ninguno de los dos vaya ya a dormirse.

Una vez hubo vuelto a recoger el instrumento de la estantería, dejó que saliera primero y se quedó atrás un momento para apagar las luces y cerrar con llave la puerta del aula. Ella le invitó a pasar delante para guiarla y así lo hizo, conduciéndola hasta una estructura semicircular completamente forrada de cristaleras tanto en las paredes como el techo, permitiéndoles disfrutar de una vista privilegiada del bosque que rodeaba la mansión, la piscina, el lago y las estrellas.

- Por favor, coja lo que desee del buffet-invitó él tomando asiento en una de las sillas y colocándose la Šargija sobre el regazo-. Puesto que a los dos nos gusta la música y disfrutamos de lo insólito o peculiar, ¿qué mejor manera de pasar lo que queda de noche que compartiendo lo que para nosotros es tan especial? No le digo de salir fuera por el frío y porque sería más fácil que el sonido llegara a las habitaciones de las chicas, que no están lejos. La cafetería está relativamente bien insonorizada. Le advierto que los instrumentos de cuerda no son mi campo de especialización, pero recuerdo con nostalgia las fiestas a las que me llevaban mis padres y siempre me interesé por aprender.

Drago había sido uno de los pocos que habían sobrevivido a una masacre que había arrasado un pueblo entero y le había arrancado de su país, su cultura y sus orígenes. Había pasado la adolescencia y la mayor parte de su vida adulta en otro país, pero se había propuesto no olvidar nunca de dónde venía y llevar siempre a los suyos en su corazón. Por esa razón conservaba la religión de sus padres; le confortaba, de la misma manera que lo hizo cuando pasó sus ágiles dedos por las cuerdas de la Šargija.


Descubrió que le resultaba más sencillo de lo que había supuesto arrancar las primeras notas; la ventaja que tenían las melodías populares era que, por lo general, no solían ser más que alegres y sencillas piezas pensadas para ser interpretadas en ocasiones festivas, sin más pretensión que la de divertirse y pasar un buen rato entre amigos y familiares, por lo que no llevaban la carga emocional, tan íntima y privada, que vuelca un compositor en cada nueva creación.

A Drago le costaba muchísimo interpretar melodías a piano ante nadie, porque depositaba demasiado de sí mismo en cada nota que sus dedos pulsaban, y desvelaba demasiada información para aquél que estuviera dispuesto a escuchar con los oídos del corazón, lo cual no habría hecho más que perjudicar la fachada fría, tenebrosa y distante que le gustaba mostrar para mantener alejados a los demás.

Aquello no le pasaba con aquellos instrumentos, quizá también porque no los consideraba como algo "suyo" personal, o porque aquellas piezas no habían sido compuestas por él.

- Y ésta es la Tambura, un instrumento que sirve de unión entre la cultura popular y la oficialidad, entre la política y el corazón. Se utiliza tanto en bailes tradicionales como en ocasiones más formales...


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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   16th Marzo 2017, 00:07

Antes de que pudiera llegar a depositar el instrumento en la balda asignada, presentí cómo se movía por la sala, y a medida que se aproximaba noté como mi cuerpo se preparaba, mis músculos tensándose de manera imperceptible bajo mi piel, un aumento ligero de mi respiración cuyo sonido había aprendido a mantener a raya, y el sutil disparo del ritmo cardiaco en mis oídos. Todo ello con el único objetivo de responder con rapidez a un posible ataque inminente. Sabía que si echaba la vista atrás, me recordaría a mi misma entrenando para controlarme lo suficiente como para mantener la calma ante cualquier situación, por dura que me resultara, y cómo me había esforzado para que mi control del entorno, de los que me rodeaban y de mis propios reflejos diera como resultado un estado de alerta constante. Pero también asumía que resultaba absurdo pensar en cómo había castigado mi mente hasta el punto de generar de manera instintiva esa reacción ante cualquier acercamiento, y lo mucho que me alejaba de ser sociable la necesidad de pensar que hasta mis mas allegados podían volverse en mi contra. En lo mucho que me dificultaba eso tener una vida mas allá del papel, de los méritos académicos o las reuniones con ministros, educadores y políticos. Era un mal que me consumía, me dejaba agotada en el terreno físico y mental, pero también era necesario. Porque podían hacer daño, y Sieglinde se resistiría, lloraría e incluso pediría clemencia. Pero Solaris no lo haría. Eso era lo que nos diferenciaba. Sin embargo, en lo mas profundo de mi, no podía obviar que esa identidad alterna que había creado para omitir todos los ataques de una sociedad que nos oprimía había hecho que cambiara. Encontré mis ojos con los suyos, y mi rostro se enfrió un poco, al volver a repetírmelo. Está bien crear lazos, pero no dejes que sean demasiado profundos.

- Claro, profesor. - fue lo único que respondí antes de poner rumbo a la cafetería, dejando atrás la sala de música, cargando con solemne severidad mi instrumento sobre mi espalda, dentro de su estuche.

No se oía nada mas allá de los ruidos habituales que podían generarse en una casa como esa. Algún crujido de la madera, tuberías al desaguar, y en un momento, una suave tos que hizo que mi gesto se volviese algo menos serio. Como si el hecho de escuchar a la gente haciendo vida me hiciese sentir algo más acogida.

La cefetería estaba silenciosa, y la encendimos al entrar. A pesar de que aún no había ninguna persona en cocina, si que había una especie de buffet frío ya preparado, sin duda por si a algún alumno le entraba algo de hambre durante la noche. Sandwiches fríos, bebidas, fruta y otras cosas de aspecto bastante saludable. Alargué la mano y me serví una botella de agua, un sandwich frío de queso de untar con pavo, y un pequeño racimo de uvas. Nos sentamos en una mesa, y de nuevo volví a dejarme caer para que el mueble hiciera el sutil quejido de esfuerzo que reforzaba mi ilusión. Al fin y al cabo siempre había creído que los pequeños son los que conforman el todo creíble.

- Tienen un curioso acabado. El segundo me recuerda un poco a la bandurria aunque su mástil es mucho mas largo, por la forma de la caja imagino que tendrá una cadencia parecida. ¿Conoce la bandurria? Pertenece a la familia de los laúdes, de origen español. Un buen amigo mío me habla de ella, cuando menta algo llamado "la tuna". Es un grupo de hombres que interpretan canciones clásicas con instrumentos de cuerda, vestidos con atuendos que recuerdan al siglo de oro. Al parecer es bastante popular y es una especie de actividad extraescolar en las universidades Españolas. - le comento, interesada por el instrumento. La bandurria que poseía fue un regalo de Lorenzo. Aquel detalle me sorprendió mucho en su momento, ya que parecía un hombre más interesado en mirarse al espejo, que en conocer a nadie. Pero las primeras impresiones no siempre son las mas acertadas. De hecho, interpretando frente a mi, tenía una de ellas. Dragoslav Katich parecía un hombre de lo mas sobrio, pero si entablabas conversación con él, te dabas cuenta de que había bajo esa severidad una amabilidad volcada en la corrección. Era algo muy de agradecer, para alguien como yo, obligada a moverse siempre en ese terreno. Aunque lo fuera por exigencias del guión. Al finalizar la pieza di unas palmadas simbólicas, ya que ni quería montar estruendo, ni tampoco los guantes de algodón blanco me lo permitían.

- ¿Está seguro? Tiene una gran calidad digital. Sé que cualquiera diría que sabiendo tocar el piano es de esperar, pero no creo que haya color entre la pulsación de tecla y de cuerda. Lo se bien. - dije haciendo un suave gesto con la cabeza hacia atrás, como si señalara a mi espalda, donde todavía pendía la Nyckelharpa. La descolgué y coloqué la funda sobre la mesa, procurando alejarla de la comida. - Debe tener una muy buena memoria. - sonreí con suavidad.

Entonces cogió el otro instrumento, y yo realicé un gesto concreto. Coloqué las manos sobre mis ojos, y paseé mi mano hacia atrás, pasando por mi frente y llegando hasta la parte posterior de la cabeza. Lo llevé a cabo con cierta rapidez, y maestría. En mi ilusión parecería algún tipo de gesto cansado o para preparar la concentración. Sin embargo, a mi me servía para retirar toda la zona facial del centai, dejando libre mi rostro de manera que ahora se arrugaba por detrás como si de el colgara una capucha. Aunque estaba acostumbrada, no dejaba de ser incómodo llevarlo a diario. Además, para comer siempre prefería sentir mi rostro sin limitación de movimientos. Alargué la mano para coger una uva y la mastiqué, procurando mantener los huesos en el interior de mis carrillos para después, sacarlos con disimulo y dejarlos en una servilleta. Escuché la música maravillosa que el profesor estaba interpretando, tomándome una licencia arriesgada y de lo más peligrosa. Mi ilusión se mantenía como siempre, pero bajo ella, yo cerré los ojos. Ladeé la cabeza y mis cejas se fruncieron y arquearon, mientras paladeaba los sonidos procedentes del curioso instrumento, hasta que de nuevo se hizo el silencio entre los dos.

- Impecable. - abrí los ojos. No creo que hubiera necesidad de añadir nada mas. - ¿Le gustaría oír la Nyckelharpa?- pregunté, alargando la mano y sacando el instrumento. Coloqué la correa en torno a mi hombro, y cogí el pequeño arco con delicadeza estudiada, dando la impresión de que cualquier movimiento brusco lo partiría. - Comenzaré con algo de Bach, de manera que la melodía le sea familiar, para que pueda analizar en profundidad los matices del sonido y el funcionamiento del instrumento, si le parece. - relajé mi cuerpo, y realicé unas respiraciones. Tuve en cuenta mantenerme de puntillas, de manera que el instrumento estuviese en consonancia con el regazo de la ilusión, y tras acariciar algunas cuerdas para asegurarme de que su sonido era adecuado, comencé a interpretar.



Lo interesante era que la pulsación de las cuerdas se llevaba a cabo mediante las teclas, y al efectuarla, se oía un sutil sonido del mecanismo, que se convertía casi en una percusión sutil improvisada. También atraía en cierto modo el nivel de dificultad, que parecía muy elevado, aunque como todo, una vez adquirías la maestría, era cuestión de práctica. Pero no llegué a terminar la pieza de bach, si no que la corté a medias.

- Si ha tenido suficiente con esta muestra para la observación técnica, preferiría ofrecerle otra cosa. Creo que un hombre como usted debe estar cansado de oír a los mas grandes, en el mejor sentido de la palabra. - comenté desenfadada, intentando que entendiera mi punto. Un profesor de música con su capacidad habría estudiado esas melodías hasta la saciedad, y aunque siguiera considerándolas hermosas o exquisitas, también era hermoso encontrar algo nuevo. - Aún no está acabada, pero tiene ya unos cuantos años. Creo que es algo que inicié con el ejercicio de imaginar la banda sonora que tendrían los libros que leía.  Quizá pueda darme su opinión sincera como compositor. Se lo agradecería. - añadí, antes de cerrar los ojos, y precalentar de nuevo los dedos. Para este ejercicio fue necesario una aproximación mayor a las teclas, así que me demoré unos minutos. - Disculpe la espera, pero estoy algo oxidada con esta. - me disculpé, antes de mirarle por última vez, volviendo a celebrar mi temeridad, observando mi instrumento.


A medida que la música fluía a través de mis dedos, sentía como si mi cansancio se aligerara, mis dedos se volvían cada vez mas rápidos, y el arco vibraba entre mis dedos. Podía sentirlo incluso a través de los guantes, que no me impedían arrancar de sus cuerdas la historia escondida que hacía mucho tiempo había transcrito a notas musicales, según mi criterio. Reviví la época de la facultad, donde de vez en cuando se entremezclaban entre mis libros de termodinámica y física aplicada algunos títulos de ciencia ficción o fantasía. Recobré la imagen de sus tapas duras, y el aroma a libro nuevo. Mientras la melodía flotaba en el aire, mi rostro bajo la ilusión se dejó llevar por las emociones y sensaciones que volvían a mi. Volví a ver a Nordüin, el maestre cuervo, surcando la noche a través de los desolados campos de East-Razhar en busca del último ángel alado. Su búsqueda inagotable, su captura, el rescate de la pequeña pluma Erideth y su marcha frenética hacia la salida del laberinto del Esit hasta los muelles de Kirlm, donde ambos embarcaron y desaparecieron a través del horizonte.

Entonces abrí los ojos. A pesar de que no tenía recuerdo de cuándo los había cerrado.
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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   25th Marzo 2017, 01:03

- Pues lo cierto es que no -contestó él mientras se aseguraba de tensar las cuerdas de los instrumentos-. No he estado nunca en España y conozco poco de sus tradiciones. Aunque sí que conozco el láud, y puedo afirmar que, en efecto, guarda cierto parecido. Es curioso como se pueden encontrar instrumentos similares en distintas regiones del mundo. Supongo que el instinto musical es común a todos, sin importar las barreras de la etnia o la religión. Es el idioma de la paz... -musitó, reflexivo, como un pensamiento en voz alta mientras, sin pretenderlo, su memoria retrocedía en el tiempo hasta el momento de la masacre de Srebrenica y sus labios se tensaron levemente, aunque nada de ello se dejó ver a través de la ilusión. Para los serbios la Šargija era también un instrumento tradicional, una de tantas cosas que compartían. Pero les había dividido la religión y habían optado por dejar de lado la música para permitir que hablaran las armas-. Por lo que cuenta, parece interesante. Quizá debería viajar a España algún día. Nunca es tarde para conocer lugares nuevos -dijo, haciendo que la ilusión sonriera con amabilidad.

Supo que no podría evadir el nuevo halago con la misma facilidad con la que había eludido el primero, pues, en éste caso, su falta de respuesta se podría interpretar como una muestra de descortesía, y no era su intención ofender a la líder de la MKL, así que agachó la mirada, evitando la de la mujer pero procurando que la ilusión no lo reflejara para que no quedara patente lo incómodo que le hacían sentir las alabanzas.

- En efecto, sí... Dios tuvo a bien bendecirme con una muy buena memoria.

"O maldecirme", pensó para sí, porque no había noche que no se despertara empapado en sudor recordando la noche fatídica en la que habían matado a su madre.

Aquella misma buena memoria era la que le había permitido estudiar psicología de manera autodidacta y utilizar esos conocimientos para saber encontrar y explotar los puntos débiles de sus enemigos. Sí... Eclipse era un muy buen observador, y tenía buena memoria, una combinación que podía utilizarse para atormentar a tus enemigos o, simplemente, para visualizar la manera correcta de tocar un instrumento.

- También, según me han dicho, tengo un don para la música -comentó, recordando lo que le había dicho Xavier el día que había ido a buscarle a su casa y le había propuesto unirse a los X-Men y a la mansión como profesor: "Alguien que es capaz de componer melodías tan hermosas no puede ser un monstruo".

El gesto que inició entonces Solaris interrumpió el hilo desbocado de sus pensamientos. Observó fascinado como fingía pasarse la mano por el pelo cuando en realidad se estaba retirando la extraña prenda que le tapaba la cara, mostrando, al fin, su rostro.

Sieglinde era una mujer de constitución robusta, de mirada firme y expresión severa, pero no era para nada fea. Al contrario, había belleza en su fortaleza, y a Drago no dejó de sorprenderle que una mujer que aparentaba ser tan contenida y disciplinada fuera capaz de dejarse ir de aquella manera tan maravillosa con la música.

Porque sí, el gusto por enmascarar su verdadero ser bajo ilusiones y la predilección por la música no era lo único que los dos líderes compartían, sólo que, a diferencia de él, Sieglinde era capaz de relajarse para tocar. Para él era imposible, y de hecho tenía que tener cuidado para no dejarse arrastrar demasiado por aquella música maravillosa, pues, para mantener la ilusión activa necesitaba estar en un estado de tensión constante. Si se descuidaba y se relajaba demasiado, ésta desaparecería, y Sieglinde tendría que enfrentarse al horror de sus ojos huecos, y él, al espanto que le inspiraba la oscuridad.

Pese a todo lo disfrutó, pues la pieza que estaba tocando Sieglinde era una de sus favoritas del famoso músico alemán, y además la mutante lo interpretaba con una pericia digna de encomio, por no hablar que el sonido de la nickelharpa no desmerecía en absoluto al instrumento para el cual fue concebida. Era un tanto más aguda de lo que él estaba acostumbrado, pero seguía siendo magnífica aún así, y lo demostró con una amplia sonrisa (que por una vez no era fingida) cuando ella concluyó.

- Oh, no podría cansarme nunca de oír ésta pieza -le dijo con sinceridad-, pues sucede que Bach es, junto con Beethoven y Schubert, uno de mis tres compositores favoritos. Pero la verdad es que me ha picado la curiosidad. Por favor... -y, con un gesto, la invitó a iniciar la segunda pieza.

Drago había tenido de niño una gran imaginación, pero las circunstancias de la vida le habían hecho volverse pragmático. Aún así, era un hombre de profundas y tempestuosas emociones, y aquella música fue capaz de trasladarle a otra época más antigua, de reminiscencias medievales, quizá a los viajes de un juglar de taberna en taberna hasta que, en un momento dado, los acordes le recordaron al sonido de un violín desgarrado y le hicieron pensar en alguna posible amenaza o tribulación solventada de manera exitosa hacia el final.

- Bravo -le dijo aplaudiendo-. Me ha encantado. Me ha recordado al estilo de maestros de la talla de Phillip Glass. ¿Ha pensado alguna vez en grabar alguna maqueta? Creo que algo así podría tener muy buena acogida. Yo también compongo en mis ratos libres, pero... no me gusta mostrarlo. Es algo... muy mío. Muy personal.

A través de la música, Drago dejaba salir sus sentimientos más profundos, aquellos que normalmente ocultaba tras ilusiones, y la idea de tocar ante los demás le hacía sentirse expuesto, vulnerable, por eso nunca lo hacía.

- Antes ha elogiado mis dotes para la música... Pues debo decir que usted no se queda atrás... No debe de resultar nada fácil tocar con semejante agilidad y pericia llevando guantes...

Sus ojos huecos se alzaron para buscar los de la mujer, expectante. ¿Cómo reaccionaría ante la noticia de que había descubierto su secreto? Quizá fuera una locura, o quizás se estuviera metiendo donde no le llamaban, pero no pudo evitarlo. Después de aquél momento que acababan de compartir, de la comunión alcanzada a través de la música, le era imposible continuar manteniéndose al margen pretendiendo que no le importaba. Había descubierto que se parecían mucho, demasiado. No podía continuar engañándola; Sieglinde no se lo merecía.

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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   25th Abril 2017, 13:44

- Yo he estado en pocas ocasiones en España, y durante poco tiempo. Pero no cabe duda que tiene lugares impresionantes, y una riqueza cultural muy variada. Desde el calor y el "salero" como ellos lo llaman, de la zona mas al sur, hasta la sobriedad y los tortuosos caminos de montaña de la zona de Asturias. - comenté, recordando los fortuitos viajes que me habían llevado allí. Conocer a la familia de Lorenzo había sido una experiencia... curiosa. No sabría como definirlo de otro modo. Sin embargo era cierto que aunque había estado en casi todos los continentes, ya fuera por misiones, reclutamiento, o viajes programados, nunca solía tener tiempo para visitarlos como me gustaría. No iba de vacaciones, ni por motivos de placer. Aunque siempre procuraba no marcharme de los sitios sin haber visto al menos uno de los edificios emblemáticos. Era una especie de imposición. No invertía demasiado en el ocio, pero tampoco podía limitarme a cumplir mis deberes para con todo el mundo, obviando por completo mis intereses. Así que siempre arañaba para mi algunos minutos. Aunque fuese en visitas cortas.

- No es difícil comprobarlo. Recuerda usted detalles fortuitos de manera muy significativa. Eso le convierte en un gran observador, y por norma general, quien mucho observa bien memoriza. Créame, lo se bien. Björn también es así. Si bien es cierto que su mutación le permite tener increíbles capacidades mentales, siendo niño ya gustaba por la recopilación de datos. Si le mostrara alguno de sus cuadernos de campo de cuando era niño, quedaría impresionado. - aseguré. Tenía cajas y cajas de esos cuadernos, guardados, etiquetados, con fechas, datos, dibujos. Para la edad a la que los inició, resultaban impactantes los niveles de calidad y cuidado que poseían. - ¿Puede creerse que pasó todo un verano recopilando datos acerca de los diferentes tipos de ceniza? Tiene mas de 94 tipos sólo de tabaco. - la ilusión denotó una sutil sonrisa, igual que la que poseía en ese momento. Durante sólo un instante, mis ojos se ausentaron, volviéndose nostálgicos. Algo que mi ilusión por suerte no mostró. A medida que se crece, se echan de menos las cosas mas inverosímiles. Yo añoraba el modo en que mi hermano parecía mirarlo todo, con una mirada pura y azulada, y trataba de captarlo todo para que no cayera en el olvido. Ahora aún miraba, pero a menudo los datos se repetían a su alrededor. Veía en el una necesidad de buscar algo nuevo. A diferencia de los demás, el no podía redescubrir nada. No podía dejar esa canción pegadiza hasta que su recuerdo quedara enterrado y escucharla de nuevo años después, y sonreír como la primera vez. Su don le había privado de eso. Él nunca olvidaba.

- En tal caso, me alegro de haber hecho esa elección. - asentí, tras terminar la pieza de bach, y continuar con la siguiente. Cuando me alabó, retiré un instante la mirada, algo azorada. Dejé que aquello se transmitiera a la ilusión, no sólo como muestra de educación y decoro, dejándole claro que esos cumplidos tenían para mi una gran validez, si no también porque después de tanto tiempo había aprendido algo. Mantener una actitud comedida, fría o imponente no sirve de nada, si no dejas escapar de vez en cuando un atisbo de sentimiento, emoción o sensibilidad. Mi ilusión era una máscara, pero incluso a través de ellas se pueden oír voces, o intuir la forma de la boca o de los ojos. Eso es lo que la convertía en el disfraz perfecto. Siempre debes ofrecer lo suficiente para que la gente recuerde que sigues siendo humana, porque nadie es estoico ante cualquier situación y para siempre. Medir esa especie de extraño "tempo" era lo que me había convertido en quien era. - Le agradezco sus palabras, profesor Katisch. - fue al hablar de la música que vislumbré con claridad el carácter intimista que todos parecían asociar a él. "-Muy mio. Muy personal-" había dicho. Le entendía a la perfección. La música que componemos forma parte de nosotros. Yo le había mostrado una pieza antigua por algo. - No tiene que excusarse. Es comprensible. Quien tiene oído para la música, quien compone, sabe que vuelca parte de sí mismo en las notas. Es hermoso, si. Pero vuelve al artista vulnerable. La música, como bien ha dicho, es un lenguaje, y quien es capaz de leerla lo hace mas allá de ritmos, compases y notas. Es como un secreto encriptado, que corres el riesgo de desvelar al compartirlo. - divagué un poco, algo muy atípico en mi. Mi cerebro se fue directo a las misiones, a todas las veces que la gente había pretendido mantener algo alejado de nuestros ojos, traduciéndolo a unos y ceros, a otros idiomas, a formas, colores, e incluso notas musicales. Nada había servido. Al final, no hay secretos a salvo.

- Oh, es cuestión de acostumbrarse. Al final, no resulta tan complicad...- la frase se me atragantó cuando miré mis manos posadas sobre mi regazo. De manera habitual, no solía dar importancia a mis manos durante la proyección de mi ilusión. Siempre llevaba guantes, y como tal, lo transmitía. Sin embargo, de algún modo, hoy no estaban allí. Mi ilusión mostraba una manos desnudas, un poco mas gruesas que las que yo tenía, quizá por el automatismo de proporción que había aprendido a generar. Mis guantes estaban ahí, sobre mi piel. Pero Drago Jamás debió verlos.

Levanté la vista y encontré mis ojos con los suyos. Mi cuerpo entero notó de pronto una presión acuciante, como si mi zentai hubiese empezado a estrecharse y quisiera envasarme al vacío. No quería respirar. No quería moverme. O quizá no podía. Escuché un pulso extraño en el oído, hasta darme cuenta de que era el latido frenético de mi propio corazón. El color abandonó mis mejillas de una manera tan repentina que cualquiera se habría asustado al ver lo mortecino de mi piel. Cuando eso sucedió, las ojeras que tenía se hicieron aún mas evidentes, dándome un aspecto enfermizo. El pánico extendió la adrenalina a través de cada poro de mi piel. Una parte de mi quería rendirse al horror que me producía verme de una forma tan repentina expuesta por completo a ese hombre que, por otro lado, apenas conocía de nada. Para mi era como estar desnuda a sus ojos. Peor que eso. Ahora tenía poder sobre mi. Aquello me hizo sentir violada, incapaz de reaccionar al control que acababa de adquirir sobre mi.

Apreté mis manos para evitar que pudiera evidenciarse cualquier tipo de temblor. Mi cerebro valoró cientos de posibilidades en apenas un segundo. Nunca había tenido que enfrentarme a eso. O al menos no que supiera. Nadie había detectado nada a través de mi ilusión nunca antes. Reaccioné entonces respirando por fin de manera profunda, apretando mis labios hacia dentro y repasando mi ilusión, tratando de encontrar alguna falla. Pero no la había. Temía haber convertido esa parte de mi en algo tan automático, que hubiera dejado de prestar atención a los detalles.

Mi cerebro no dejaba de repetir lo que siempre resonaba en el cuando tenía problemas o dudas: "No puedes dejarte dominar por esto, Sieglinde. No dejes que te supere. No le des más poder. Mantente firme, Iron Maiden II. Mantente firme."Decirlo es más fácil que hacerlo. La ilusión era difícil de equilibrar bajo periodos de insomnio o estrés extremos, y el esfuerzo que estaba ejerciendo para mantenerla amenazó con quitarme las fuerzas. Sólo durante un segundo, la idea de huir resultó tentadora. Levantarme, ponerme la capucha y marcharme, sin mediar palabra. Pero era inútil. Ya me había visto sin la capucha durante tiempo suficiente para memorizar mi rostro. Tampoco podía evadir a Drago, y aunque tuviéramos donde ir, habría tenido que dar explicaciones. Además no podía permitirme manchar así mi reputación. Las náuseas me apretaron el estómago con tanta fuerza que tuve que tragar, a pesar de tener la boca tan seca como si estuviese llena de polvo. Mi expresión se endureció bajo la ilusión, mis ojos se enfriaron y afilaron como si no quedara ni gota de esa amabilidad o pasión que la nyckelharpa producía en mi. A través de las luces que me rodeaban, Dragoslav Katisch pudo percibir por primera vez a la mujer de la que todos hablaban. Y a la que algunos temían bajo el sobrenombre de Dama de hierro.

- Aquí no. En privado. - susurré, levantándome y cogiendo la bandeja y los utensilios, recogiéndolos como si no pasara nada. No podía dejarme llevar por el miedo. La determinación volvió a mi a modo de conciencia. Tenía demasiado que perder, y mucho que arriesgar dejándole vivo. Los siguientes minutos serían cruciales. Me dejé guiar de nuevo, y desandamos lo andado en silencio hacia el aula de música. Al llegar, cerró la puerta con llave una vez atravesado un umbral del que ya no podríamos regresar ninguno de los dos. - Profesor, me veo en la obligación de explicarle en qué situación se encuentra ahora mismo. La información que ha compartido conmigo tiene un carácter exclusivo, y como tal, necesito hacerle unas preguntas. Eso implica que estas deben ser respondidas con total sinceridad. En caso de no hacerlo, estoy dispuesta a hacer lo que haga falta para acceder a esa información. ¿Comprende lo que le estoy diciendo? - pregunté, mientras me colocaba frente a la puerta, controlando así la única salida de la sala y procurando mantenerme lo mas correcta posible, pero a su vez, sin dejar que mi tono dejara de transmitir un cierto matiz de peligrosidad. Mi mirada se mantenía clavada en él, como la de un felino famélico sobre una presa ciega que tan sólo pudiera ser capaz de percibir el peligro de oído. - Primera pregunta. ¿Cómo ha percibido que llevo guantes?- inquirí, adoptando una posición erguida, con las manos sujetas frente a mi cadera, una postura habitual en agentes de la seguridad y el orden. No era la primera vez que hacía un interrogatorio, y en este momento, el rango del profesor me colocaba en una posición delicada, pero si no conseguía confirmar lo que creía, se convertiría en irrelevante. Luz, sombra, no importaba. Había oído que las cualidades de ese mutante dependían de ello, pero jamás había considerado lo que eso podía significar para mi. De haberlo hecho, habría tomado precauciones. Como una pesadilla recurrente, volvía a sucederme. No importa lo mucho que te prepares. Siempre hay algo imposible de prever.
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Eclipse
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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   28th Abril 2017, 00:12

Sieglinde se convirtió en ese momento en la primera persona capaz de entender por qué se negaba a tocar sus composiciones en público. No intentó hacerle ver que se equivocaba con aquella elección, ni trató de convencerle de que se trataba de un problema que tenía que solucionar. Lo entendió, simplemente. Entendió su punto de vista y lo apoyó, y fue entonces cuando Eclipse terminó de constatar lo mucho que tenían en común.

Y fue esa constatación lo que le llevó a tomar la decisión final de arriesgarse a revelar a la mujer que conocía su secreto. El efecto de aquella revelación no tardó en hacerse notar...


Sieglinde se interrumpió de golpe, como si su cerebro acabara de procesar sus palabras, y se quedó allí sentada, muy quieta y muy rígida, hasta que su mirada se encontró con la de sus falsos ojos ilusorios y el color abandonó por completo su tez, dejándola tan pálida que por un instante Drago pensó que se desmayaría.

Conocía aquella mirada, la había visto infinidad de veces; en los largos y agónicos días que duró la masacre de Srebrenica, durante sus días como soldado y cazarecompensas, en los ojos de sus víctimas momentos antes de que se les parase el corazón, y en sus propias pesadillas: era una mirada de horror.

Horror... ¿por qué? Él sabía por qué no quería que nadie le viese sin su ilusión, porque no soportaba la idea de que la gente se compadeciese de él o le mirara con lástima, como quien se apiada de un perrillo abandonado. En su caso, era una simple cuestión de orgullo mezclado con la certeza de que no resultaba agradable para nadie la visión de sus cuencas vacías y prefería ahorrar al mundo ese mal trago. Si le vieran sin su ilusión se sentiría humillado, pero... ¿asustado?

No pudo más que percatarse de que estaba muy lejos de entender los motivos por los que ella se ocultaba bajo una ilusión. Había creído que serían motivos similares a los suyos, que, quizás, debajo de aquél zentai se ocultaba alguna deformidad o alguna mutación horrible, algo de lo que la teutona se avergonzaba, como le ocurría por desgracia a muchos mutantes, pero jamás habría pensado que podría desencadenar una reacción así. De haberlo sabido se habría llevado su secreto a la tumba.

Hizo el amago de extender la mano hacia las que ella apretaba de manera obsesiva sobre su regazo para comprobar si se encontraba bien, pero entonces recordó lo mal que se había tomado aquél gesto la primera vez y se refrenó.

- Sieglinde... ¿está usted bien? -inquirió con preocupación.

Entonces, su gesto cambió. Cualquier rastro de emoción que hubiera creído ver en él desapareció hasta volverse frío y cortante como una roca.

- Aquí no. En privado. -le amonestó mientras se levantaba y recogía sus cosas con perfecto orden y pulcritud, como si la tormenta emocional que la acababa de invadir hacía escasos segundos jamás hubiera existido. Su temple y autocontrol eran realmente admirables; a Drago le costaba mucho más tranquilizarse cuando algo le alteraba.

- Por supuesto... -eso era capaz de entenderlo-. Volvamos al aula de música. Está amaneciendo, pero las clases no empiezan hasta por la tarde.

La escuchó hablar en silencio, todo cuanto tenía que decir, y únicamente se permitió elevar ligeramente una ceja (aunque la ilusión no lo reflejó) cuando se dio cuenta de que le estaba amenazando. En el mismísimo corazón de la mansión X, un lugar abarrotado de mutantes compañeros y amigos, siendo ella y su hermano únicamente dos. Y lo que era más sorprendente, se ponía frente a la puerta para bloquearle la salida. ¿En serio? Drago no daba crédito. Debía de tener mucha confianza o mucha fe en sus habilidades, fueran cuales fuesen, si creía que podía anularle tan fácilmente.

Drago era profesor de mutantes adolescentes; durante ocho años había tenido que lidiar con muchos problemas generados por los poderes, problemas que habitualmente venían relacionados con el aspecto físico, por culpa de alguna mutación visible, o con alguna otra consecuencia incapacitante resultado de la acción del gen X, como la que impedía a Pícara relacionarse físicamente con otros. Había tenido que presenciar mucho sufrimiento y muchas lágrimas en un sector de la población mutante que, a causa de su edad, tendía a dramatizar y a magnificar unos problemas que, aunque fueran importantes y reales, eran vivenciados como si del fin del mundo se tratase. Sí, Drago había tenido ocasión de observar muchas reacciones extremas, pero ninguna como aquella. ¿Qué problema podía ser tan grave como para atreverse a amenazar al líder del grupo de mutantes con el que pretendías aliarte en su propia base de operaciones?

Realmente no estaba preocupado. No es que se creyera a sí mismo invencible, no. Tormenta, Lobezno y Bobby habían conseguido derrotarle y era muy consciente de que existían poderes inimaginables entre los mutantes, como el de Fénix, capaces de destrozarle en un momento. Pero estaban en su territorio, y si Sieglinde iniciaba alguna acción agresiva contra él, estaba seguro que Xavier o Jean lo notarían y tomarían medidas. El Profesor era perfectamente capaz de anularla telepáticamente a distancia, y si no, cualquier compañero que estuviera de guardia podría acercarse a ayudar al escuchar el ruido. Había decenas de mutantes en aquella mansión, y dentro de poco empezarían las clases, abarrotando los pasillos, así que, técnicamente, las amenazas de Sieglinde no tenían sentido.

Tampoco estaba realmente molesto o enfadado, no. La amenaza sólo le había sorprendido, pues no la esperaba considerando lo bien que habían sido recibidos y acogidos Sieglinde y su hermano. Pero Drago había sido durante mucho tiempo un hombre de secretos y tenía suficientes traumas como para rellenar la fosa en la que había sido enterrado de niño, así que era posiblemente el más adecuado para entender cómo podía haber afectado a Sieglinde que él averiguara más de la cuenta. Lo entendía, y por eso iba a hacer algo más que responder a sus preguntas. Él le había arrebatado algo que era privado y valioso para ella. No había sido intencionado; simplemente era capaz de ver el auténtico espectro de la luz y por tanto la ilusión de Sieglinde no podía engañarle, pero a pesar de eso entendía que le había arrebatado algo muy preciado y lo justo era que estuvieran en igualdad de condiciones, así que hizo algo que sólo había hecho con Elissa Stavridis, y porque había sido necesario para la terapia: dejó caer la ilusión que le cubría y de repente Sieglinde se encontró contemplando el horror de dos cuencas vacías. El contorno de sus ojos estaba cubierto de cicatrices de quemaduras, evidenciando que habían sido arrancados con alguna clase de herramienta al rojo.

Para hacer aquello, para poder mostrarle su auténtico aspecto en forma humana, había tenido que abandonar su forma mutante, lo cual quería decir que ya no tenía acceso a las fuentes de luz. Estaba ciego, y, a pesar del increíble esfuerzo que le estaba costando, le permitió a Sieglinde unos segundos para poder asimilar aquella información, una información que no era para nada fácil.

Un mes atrás, conseguir aquello habría resultado imposible por una sencilla razón: Eclipse, el mutante que controlaba la luz, tenía fobia a la oscuridad desde que, siendo niño, había sido arrojado a una fosa común y enterrado vivo bajo el cadáver de su madre. Cuando la luz se apagaba, sentía como que se asfixiaba, y de inmediato le llegaban los olores de la tierra mojada y la sangre y le asaltaban las náuseas. Normalmente no podía estar más de unos segundos despierto en forma humana, pero gracias a las sesiones con Elissa ahora podía alargar aquél tiempo un poco más, aunque a costa de un sufrimiento más que visible.

Realizó inspiraciones largas y dejó salir el aire lentamente por la boca para tranquilizarse y que remitieran las náuseas. Después, lentamente, se quitó la gabardina, dejándola caer al suelo sin ceremonias, y se sacó la camiseta negra por la cabeza mostrando a Sieglinde su torso repleto de cicatrices.

Que Drago había sido soldado era algo que podía deducirse fácilmente de su disciplina y su comportamiento. Que actualmente era un guerrero era algo que todos allí conocían. Pero la mayoría de aquellas cicatrices no habían sido obtenidas en batalla. Eran demasiado regulares, demasiado calculadas, demasiado simétricas. Cortes realizados en paralelo, quemaduras en zonas muy separadas de su cuerpo, heridas profundas en puntos no vitales y, en general todas las marcas que evidenciaban que aquél hombre había sido torturado y que se habían ensañado con él.

- Éste es mi verdadero aspecto, Sieglinde -musitó con los dientes apretados por el enorme esfuerzo que estaba realizando al mantenerse a sí mismo en la oscuridad y no ceder ante el apremiante impulso de "encender la luz"-. Sólo lo conocen los que me han visto inconsciente. Y mi terapeuta. Nadie más. Ni siquiera aquellos a los que considero mis amigos -volvió a ponerse la camiseta-. Parece apropiado, ¿no? -añadió con una mueca amarga mientras lo hacía-. Ya hemos desnudado nuestro corazón, después de todo, y eso debería ser lo más valioso. ¿Qué importancia tiene lo demás?

Cuando hubo terminado de ponerse la camiseta, activó su poder mutante y Sieglinde pudo ver cómo un intenso brillo se iniciaba en el centro de su corazón. Ese brillo se extendió en intensidad y poder, abarcando rápidamente todo su cuerpo, haciéndolo resplandecer con una luz tan intensa que resultaba casi azulada, mientras la de su pecho continuaba siendo del color del fuego, latiendo al ritmo que palpitaba su corazón. Su cuerpo irradiaba llamaradas de luz azul, y dos intensos focos resplandecientes se encendieron en los huecos de sus ojos. Su pelo se transformó a su vez en llamaradas de luz, y una serie de veloces ondas lumínicas le envolvieron como cometas, otorgándole un aspecto majestuoso.

- Y éste soy yo en forma mutante -explicó. A pesar de la transformación, su voz no había cambiado, salvo por el hecho de que ahora, al poder ver de nuevo, se le notaba mucho más aliviado-. Controlo el espectro lumínico. Puedo absorber y crear luz -como para demostrarlo, extendió una mano y una brillante esfera de luz se formó sobre ella-. Puedo ver la luz exactamente en la manera en la que se refleja sobre las superficies. Por tanto, soy capaz de ver a través de ilusiones que utilizan el espectro lumínico. No ha sido algo intencionado. No he tratado de invadir a posta su privacidad. Simplemente lo veo, como usted me ve ahora mismo a mí.

En un instante, la forma de aquella especie de "ángel de luz" había desaparecido para ser reemplazada por el aspecto habitual de Drago, el hombre con el que había pasado las últimas horas.

- Ésta es la ilusión que uso cada día para evitar a los demás la incomodidad de verme como realmente soy. La ilusión que uso para ahorrarme a mí su compasión o su lástima. Son muy pocos los que saben que estoy ciego, y aún menos los que saben las circunstancias que me dejaron en tal estado -añadió, refiriéndose al hecho de haber sido torturado-. Como verá, soy la clase de persona que entiende perfectamente que alguien quiera guardar un secreto, por eso no le dije nada a los demás a pesar de que me di cuenta desde el principio de que estaba ocultando algo. Quise confiar en usted, y en Planaria, a quien he llegado a apreciar como un amigo, y decidí que tenía derecho a ocultar lo que fuera que quisiera ocultar. Me habría sido muy fácil no decir nada, hacerle creer que también había conseguido engañarme a mí, y, de no haber coincidido con usted esta noche posiblemente habría sido así. Pero la música para mí supone un vínculo sagrado, una forma de expresión que va más allá de las palabras -hizo un gesto de negación con la cabeza-. Lo que hemos compartido hoy... ha sido como si nuestras almas se tocaran... No podía seguir ocultándole la verdad.

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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   5th Junio 2017, 01:19

Mi cerebro bullía de tal modo que creí que me saturaría, hasta ser incapaz de pensar en nada conexo nunca más. La situación no podía ser mas delicada, ni mucho menos mas decisiva de lo que había resultado ser en ese momento. El hecho de que Dragoslav fuese capaz de ver a través de mi ilusión no sólo suponía un nivel de exposición que no podía tolerar en ese momento, además me ponía en una posición de total desventaja respecto a la mayoría de mis sistemas de defensa. Muchas de mis capacidades se basaban en el camuflaje, en la variación, e incluso en la aparente transformación de criaturas que había aprendido a emular a lo largo de los años. Pero ahora, no disponía de ninguno de esos recursos, y cualquier cosa que supusiera un enfrentamiento directo, culminaría en un enfrentamiento físico, o bien, en el peor de mis temores. Me vería obligada a utilizar mis capacidades tacto-estimuladoras. La mera idea de hacerle eso al líder de los X-men me causaba un rechazo brutal. No sólo porque era una persona a quien quería agradar e impresionar, si no por lo que instantes antes habíamos compartido. Mi inexistente vida social no dejaba espacio para disfrutar de los placeres que muchos daban ya por supuestos. Cosas como la compañía, la diversión, o gozar de un momento para compartir una pasión a los niveles a los que Dragoslav parecía ser capaz de compartir la música eran para mi inaccesibles la mayor parte del tiempo. Él se lo había ofrecido de una manera desprendida, y amable. Pero ahora todo había cambiado. Me había expuesto, y con ello, también a él y a todos los que dependían de mi. La gravedad potencial de la situación había sido de dimensiones que en mi estado emocional no podía calcular. A pesar de haber estado esforzándome en medir mis reacciones, el miedo se había hecho patente en mi expresión, y de nada habría servido ocultarlo. El malestar al respecto había tenido que percibirlo, pues si no, no me habría preguntado como estaba. Ahora sólo disponía de un trayecto hasta la sala de música, y tendría que tomar una de las decisiones mas difíciles de toda mi carrera.

Aquello podía suponer la ruptura total con la mansión X. Podía suponer tirar por tierra todos los esfuerzos que había hecho, y alejarme de manera definitiva de quienes habían iniciado e inspirado la labor que sus padres iniciaran años atrás. Significaba un jarro de agua fría en nuestras expectativas. La pérdida de una oportunidad que había sido nuestro objetivo primordial. Todo dependía de como se desarrollara aquel momento crucial.

Era tenerlo todo, o perderlo por un simple desliz. Todo por mi. Por no ser mas precavida. Por haber sido laxa en mi anticipación. Por haber dejado que mis emociones interfirieran en la planificación de un encuentro tan esencial.

El hombre que tenía frente a mi se mantuvo en silencio, mientras me miraba. Mis ojos se clavaron en los suyos con determinación, procurando mantenerme fría. No podía permitir que creyera que estaba tan fuera de control como en realidad lo estaba. Si continuaba sometida a tanta presión, no dudaba que acabaría por cometer un error. Recordé cómo había hecho el mas absoluto de los ridículos al encontrarme con Hellboy, y el dolor de la humillación me insufló fuerzas para no volver a ceder. Apreté los dientes, esperando la respuesta, que llegó...

A modo de un increíble y terrible vacío.

Sus ojos desaparecieron, dejando en su lugar la horripilante realidad de dos cuencas negras, enmarcadas en sendos zarzillos que piel abrasada. Mis ojos se abrieron, y contuve el aliento, abriendo la boca, incapaz de asimilar la cruenta verdad que en este momento se desvelaba ante mis ojos consternados. Incapaz de pestañear como si el hacerlo le fuese a convertir en un espectro que se desvanecería en un instante, ni siquiera fui capaz de avergonzarme ante la visión de su torso que ahora desnudo, privado de la prenda que lo mantenía cubierto, se me ofreció para completar la brutalidad de esa visión, que hizo que mis ojos se humedecieran sin poder evitarlo, y diera un paso hacia atrás, poniendo mis manos hacia delante en una postura defensiva, como si se tratara de un ataque inminente.

Mil pensamientos surcaron mi mente en ese momento. ¿Y si no era mas que un truco? ¿Y si era una ilusión que me impulsara a creerle? Una parte de mi, quería creer que era eso. Quizá para no asumir que existiera un nivel tal de barbarie en el mundo. Pero otra, la mas experimentada y fría, la que mas preocupada estaba por que Dragoslav Katisch conociera la verdad de mi rostro, sabía lo que significaban aquellos cortes simétricos. Las heridas en sus puntos alejados. Las quemaduras. Los puntos vitales intactos. Lo conocía, porque me había visto obligada a ejercer ese tipo de violencia. Porque estaba inmersa en el modelo de vida que dependía de forma directa de la información... y de la importancia que tenía hacer lo que fuese necesario para conseguirla.

Me hubiera gustado decir que me tomé aquella revelación con entereza. Que colaboré de alguna manera a que él no se sintiera tan expuesto y vulnerable como se estaba mostrando. Que aporté algo para tratar de aliviar la carga que sabía que había colocado, de manera inintencionada, sobre mis hombros, cuando había visto a través de mi ilusión de un modo accidental. Pero soy mas humana de lo que me gusta admitir. Y no pude evitar un jadeo breve, de pura angustia, cuando él explicó la dureza de la discapacidad con la que convivía. Del brillante destello que le convirtió en una supernova viviente, allí mismo, abriéndose a mi. Desvelando cada íntimo detalle de su naturaleza, mientras yo, sobrepasada por todo lo que estaba compartiendo conmigo, sólo podía dejar que mis ojos, amenazando con desbordarse de un momento a otro, se otorgaran un lujo que yo no podía permitirme. Me limpié con rapidez pasando el nudillo del dedo índice de mi mano derecha sobre ellos. Arrastrando la humedad de ellos, purgándome de mi debilidad.

No creía haber visto mi tapadera tan dañada como en aquel momento, ni tampoco haber enfrentado esa acuciante necesidad que experimentaba en ese instante. En mis pensamientos, todo el temor se había desplazado, y había quedado un gran poso que no me dejaba razonar sin pasar por él. Culpa. Quería pedir perdón a Dragoslav, por haberle obligado con mi modo de proceder a exponerse de esa manera. Porque lo había hecho sólo para que yo pudiera tener esa herramienta. Para saciarme. Para compensarme. De ese modo, creía, equiparaba las cosas.

Durante más de un minuto sólo pude negar de forma leve con la cabeza, mientras pestañeaba, y observaba al hombre que acababa de adquirir una dimensión trascendental que lo cambiaba todo. Abrí y cerré la boca en varias ocasiones, como si quisiera balbucear algo que no terminaba de materializar en palabras nunca.

- Profesor Katisch...- por fin fui capaz de pronunciar su nombre. Hablé sin quererlo de un modo trémulo, así que me obligué a callar. A cerrar los ojos, y respirar con profundidad, antes de volver a abrirlos, y suspirar con el propósito de imbuirme algo del temple que la verdad sobre él me había arrebatado, al desarmar por completo todo lo que yo esperaba de ese interrogatorio. Volví a mirarle, sabiendo que bajo esos ojos sólo había un gran pesar cicatrizado, pero en esta ocasión, mi determinación consiguió traspasar la  idea que se había grabado en mi mente de esas cuencas vacías, para volver a observarle como lo había hecho. Aunque la pasión de las emociones había vuelto a mis ojos azules, convirtiéndome en alguien mas cercano. - Tengo que enseñarle algo.- expliqué, resuelta a las medidas que iba a tomar. Aunque el miedo que me provocaba mi propia decisión se anudaba en mi estómago como una mano de acero que me apretaba las entrañas. Pero sólo podía agarrarme a la perspectiva de mostrarme por primera vez. De confiar a alguien ajeno al equipo el mayor de nuestros secretos, con la esperanza de que él comprendiese mi situación. No tenía alternativa.

Me aproximé a las ventanas. Las cerré por completo. Bajé las persianas, dejando la habitación sellada, y busqué posibles cámaras de seguridad. Pero no encontré nada. Luego volví a mi lugar entre la puerta y el profesor Katisch, al que estaba a punto de confiarle la totalidad de los aspectos de mi vida. Pensar en ello hizo saltar todas mis alarmas, casi hasta el pánico que amenazó con echarme atrás. Respiré hondo, y le devolví una expresión que mantenía bajo control, pero que dejaba ver en mis ojos enrojecidos que estaba lejos de estar tan serena como la que estaba habituado a ver en mi.

-  No creo que entienda la gravedad de la situación a la que se ha visto expuesto. Pero ya no tengo mas alternativa. - Tomé de nuevo aire y suspiré. Sentí un vértigo, como si el mundo amenazara con desaparecer. - Espero que lo que voy a mostrarle no salga jamás de esta habitación. - informé, aunque en mi cabeza, aquello era mas un ruego que una orden. Mi rostro se endureció, cuando mi ilusión se deformó y adopté la primera forma. Un hombre de gran tamaño, musculado y con identificativos tatuajes de origen nazi se representó ante el mutante. Esvásticas, hojas de laurel, águilas, todo ello coronado con una calavera de color rojo, que parecía envuelta en llamas. Se le relacionaba con el tráfico de drogas, desorden público y varios cargos de violencia en los que siempre quedaba en libertad. Le permitió unos segundos, antes de cambiar de forma de nuevo. Una mujer negra vestida de cuero negro, y con un físico excepcional. Tenía aspecto de trabajadora sexual, y no era para menos, pues se trataba de una de las dominas mas cotizadas en las altas esferas. Grandes cargos la habían llamado, con el propósito de divertirse. Era capaz de desenterrar los secretos mejor guardados con tan sólo unas palabras. Bajo la ilusión, mi rostro se enrojeció al verme obligada a mostrarle esa silueta provocadora. Luego el rostro se suavizó, la piel se volvió blanca, y el pelo negro azabache enmarcando un rostro de voraces y helados ojos verdes, cuando adopté la tercera apariencia. Aquel rostro se encontraba entre los más buscados de América. Se atribuía a una asesina profesional con mas de cuarenta cargos de asesinato. Sabía lo que toda esa información podía suponer para Dragoslav, y de hecho, contemplaba la posibilidad de que desconociera todos esos rostros. Pero no el último. Habría sido imposible no reconocerlo tras la retransmisión mediática que había recibido el caso, apenas un año atrás. Frente a él se materializó un rostro ya superado, pero que jamás sería olvidado por los americanos. Joseph Gillham había sido encerrado tras desmontarse toda una trama de asesinatos, corrupción e investigación llevada a cabo por la CIA y el FBI. El caso había sido retransmitido por la televisión. Era el líder de toda una célula terrorista que había estado operando entre la frontera de México y USA. Había sido detenido días antes de cometer un terrible atentado en la ciudad de Nueva York. Todos sus secuaces habían sido abatidos o detenidos. Pero para él se reservó lo que muchos creyeron que fue su merecido. Fue condenado a la pena de muerte. Aquel fantasma que ahora había materializado frente a los ojos de Dragoslav había vuelto a la vida tras más de 9 meses olvidado en un rincón de mi mente en el que guardaba con celo las apariencias que había adoptado a lo largo de los años. Permití que el hombre asimilara esa información visual, antes de retomar por inercia mi antigua apariencia obesa, que ya era casi mas familiar para mi que mi propia piel.

- Debe saber que jamás les mentí al decirles que no se nos está permitido entrar en cuerpos de seguridad. Si hubiéramos tratado de hacer de manera abierta una patrulla, como la que ustedes tienen aquí, nuestra organización habría sido desmantelada en cuestión de meses. - me vi en la necesidad de justificarme, como si lo que más me preocupara fuera que él me tomara por una mentirosa. - Pero hay cosas que deben hacerse, y ningún inocente debería verse obligado a pagar los daños colaterales por ello. Todo el trabajo que se ha hecho... no podemos permitir que sea en vano. Pero tampoco podíamos quedarnos quietos. No podíamos dejar que las amenazas constantes nos expusieran a los designios de unos locos que han tejido su red a través de sus influencias y gobiernos. - apreté los puños, con fuerza. - Así que nos convertimos en la enfermedad. Nos introdujimos en su torrente sanguíneo. Nos alimentamos de ellos y como la gangrena, les pudrimos desde dentro. - expresé, con una mirada dura, acerada. Cargada con vivencias que no le deseaba ni a mis enemigos. Vivir con la constante impresión de que te descubrirán a cada paso. -  Lo que ha sucedido esta noche le ha convertido en una terrible amenaza para mi. Porque mientras nadie sepa lo que reside aquí, siempre podré encontrar cómo salvar la situación. Sólo debo confiar en mi. Pero ahora...- me aproximé a el con paso decidido, hasta estar frente a frente, a menos de un metro. Una distancia que ya comenzaba a incomodarme, pero que necesitaba adoptar para poder mirarle con la intensidad que pretendía. Tenía que entenderlo. Tenía que hacerlo. - Ya no importa cómo ha sucedido. Tiene que entenderlo, Dragoslav. Este incidente me ha obligado... - tragué saliva. De todo lo que había hecho esa noche, eso era lo más difícil. Tardé un par de segundos, y una respiración temblorosa, en deshacerme de la cobertura que portaba siempre encima mostrando por primera vez en años a un extraño mi verdadero ser. a confiarle mi vida entera.
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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   9th Junio 2017, 12:19

Ahí estaba, la reacción que cabía esperar y por la que siempre se ocultaba tras la ilusión, para evitar precisamente eso: horror. Piedad. Lástima. Odiaba sentirse así de expuesto. Así de vulnerable.

Ella al principio no dijo nada, y aquello fue casi peor que la reacción inicial. Después, fue metódicamente cerrando cada ventana e inspeccionando las esquinas en busca de cámaras de seguridad que él sabía que no había. El aula de música no era un lugar tan importante como para eso, pero la dejó hacer, totalmente intrigado y a la expectativa. ¿Le habría contentado su explicación? ¿Habría cejado en su intento de atacarle? Si no era así, podría tener un problema hasta que acudiera alguien, pues la costilla rota aún le dolía bastante a causa de su reticencia a guardar reposo y no sabía cuánto podría aguantar en combate, especialmente sin saber en qué consistía la naturaleza de las habilidades de su invitada.

Pero Sieglinde no le atacó, sino que comenzó a hablar en un tono grave y, entonces, le llegó el turno a él de quedarse boquiabierto. Reconoció las dos primeras formas de cuando había sido cazarrecompensas especializado en temas de tráfico de drogas y trata de personas, de haber visto sus informes en la comisaría; El primero tenía un nombre que no sonaba alemán, pero no conseguía recordar cual. En cuanto a la mujer, se trataba de una prostituta de lujo relacionada con asuntos turbios. Los dos operaban en la zona de México y Estados Unidos y podría haberse dedicado a perseguirlos de no haber estado tan obsesionado con el asunto de los Escorpiones en Colombia. La otras dos apariencias habían sido también casos muy sonados de los que había tenido constancia a través de los medios, pero una vez más estaba demasiado ocupado con su venganza como para hacer justicia.

Abrumado por la carga de sus pecados, que las revelaciones de Sieglinde habían vuelto a sacar a flote, se llevó la mano inconscientemente a la zona dolorida de su costado, apoyándose en uno de los pupitres de manera involuntaria.

- Ya no tiene sentido seguir hablándonos de usted, ¿no te parece? -dijo con una sonrisa suave, en un intento por restar gravedad a la situación, pero volvió a ponerse serio casi de inmediato-. No tenías... no tenías por qué hacer ésto. Yo no tenía manera humana de relacionarte con todas esas personas ni de saber que nunca llegaron a existir realmente, y aunque lo hubiera sabido, estoy seguro de que eres plenamente consciente de la enorme cantidad de mutantes o magos hay capaces de alterar su aspecto; Nunca habría podido llegar hasta ti. Me temo que me has sobreestimado. No soy tan inteligente como para atar esos cabos. Si lo fuera, jamás habría tenido cicatrices que mostrar, para empezar. Si me disculpas, necesito sentarme un momento -dijo apartando una de las sillas para sentarse.

Demasiada tensión. Demasiado cansancio. ¿Qué hora era ya? No sólo había estado ignorando sistemáticamente las indicaciones de Henry de guardar reposo, sino que encima había estado descansando incluso menos las últimas noches. Seguía pensando en la mujer misteriosa que había conocido en Halloween, aún no había llegado a asimilar muy bien la verdadera naturaleza recién descubierta de sus poderes, y no paraba de darle vueltas a lo de Elissa. Aquella noche en vela, junto con toda aquella tensión emocional y el peso de sus pecados tenía que pasarle factura.

Negó con la cabeza, tratando de asimilarlo todo, abrumado por la magnitud de cuanto implicaba.

- Qué puedo decir... -dijo al fin con honestidad-. Había pensado que existía cierta similitud entre los dos, pero ésto no hace más que demostrar la diferencia abismal que existe en realidad. En todos los sentidos -suspiró con pesar-. Cuando descubrí mis poderes mutantes yo podría haberlos aprovechado para un buen fin, como hiciste tú. Para proteger a los inocentes. Pero lo que hice los primeros años fue dedicarme a castigar a los responsables de la masacre de Srebrenica, mi ciudad natal. Pude haber utilizado mis poderes de formas más nobles, sobretodo considerando que durante muchos años fui cazarrecompensas, pero no... Lo que hice fue utilizarlos para aterrorizarlos hasta la muerte utilizando ilusiones. Sembraba el pavor en sus corazones hasta que ya no podían soportarlo más. Les devolvía lo mismo que le hicieron a mi pueblo multiplicado por mil. Yo maté a Slobodan Milošević y fui el responsable de la locura de Ratko Mladić.

Milošević había sido encontrado muerto en su celda sin que nadie se explicara cómo, hasta que la autopsia había revelado que el causante había sido un paro cardíaco, y Mladić, apodado "El carnicero de Srebrenica", cuando finalmente lo encontraron se dejó arrestar sin oponer resistencia a pesar de llevar dos pistolas encima. Testigos presenciales afirmaron que tenía todo el aspecto de haber visto un fantasma, y que parecía haber envejecido varios años de golpe. También tenía una mano incapacitada, al parecer a causa de un infarto cerebral, y apenas era capaz de hablar.

Ahora, a la luz de las revelaciones de Drago, todo cobraba un escalofriante sentido. El mutante se puso en pie.

- No soy la persona que crees que soy -confesó a la alemana-. La persona que todos creen que soy. No merezco ocupar el puesto que ocupo y no merezco la oportunidad que el Profesor insistió en darme. No soy digno de la confianza que depositas en mí... pero quiero que sepas que trataré por todos los medios de honrarla y daré mi vida por ella si es preciso. Tienes mi palabra.

Con su confianza Sieglinde se había ganado su lealtad, y una vez que Drago le entregaba a alguien su lealtad, ésta era para siempre.

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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   10th Noviembre 2017, 02:02

- Resultaría ridículo seguir haciéndolo. - admití, con un asentimiento leve, para después mirar durante un par de segundos hacia la puerta cerrada, como por instinto. Solía hacer esas cosas cada poco tiempo, lo había asumido como parte de mi rutina, y cualquiera que como Dragoslav fuese capaz de ver a través de mi ilusión, podría percibir que comprobaba las salidas y entradas de manera constante. Siempre alerta. Siempre pendiente de lo que me rodeaba, para controlar lo que estaba en mi mano. La única manera de anticiparse de verdad es aprender a improvisar. Teniendo siempre en cuenta tu entorno, para no facilitarles que se acerquen. Controlar tu espacio. Eso es lo esencial.

Pensé en eso quizá por que era el modo de reposar el cerebro. Interiorizando la rutina en la que vivía, repasarla durante un momento. Me hacía seguir segura. No como hace unos minutos, cuando había estado dispuesta a hacer lo que hubiera hecho falta para conseguir la información del líder de la patrulla X. No como en este momento, en el que me veía inmersa. En la que un hombre a quien admiraba se había visto obligado a desnudar cada parte de si mismo para demostrarme su confianza. Un hombre con quien apenas había convivido y a quien apenas conocía. Dispuesto a hacer eso con el único propósito de demostrar su lealtad.

Agradecí que tuviera la necesidad de sentarse, distrayéndonos de el profundo escrutinio que habíamos forzado, el uno sobre el otro. El ambiente estaba cargado por el hermetismo del cuarto. O tal vez sólo era una percepción mía, alterada por cómo me sentía en ese momento. La información que habíamos intercambiado era demasiada para decir que la había asimilado, comprendido, y salvaguardado. En ese momento, aún estaba procesando. A pesar de que mi corrección solía ser bastante buena, e incluso podría llegar a considerarme una buena compañía, nada solía trascender mas allá de lo profesional, de lo cortés, o de lo momentáneo. Pero ahora estábamos muy lejos de esa burbuja personal que nos hacía sentirnos seguros. Por lo que sabía del profesor Katisch, era muy introvertido. De algún modo, siempre te preguntas porqué una persona es así. Porque no es jovial y abierta, como suelen ser aquellos que tienen una personalidad magnética, que siempre tienen gente a su alrededor, atraídos por su luz. Ahora lo sabía. Puede que no conociera del todo su pasado, sus anhelos o su vida. Pero solo había que abrir los ojos y mirar lo que Dragoslav le había enseñado para leer en las cicatrices de su cuerpo los tormentos de un pasado que, sin duda, no era fácil de revelar.

Quizá, podía llegar a tener una leve idea de cómo se sentía. Como yo. Expuesto. Retorcido. Dañado por un pasado que era imposible dejar atrás, porque era un recordatorio de lo que éramos ahora. Tampoco yo había hecho nada para hacerle mejor el mal trago. Seguro que mi reacción le había hecho sentir pequeño, y miserable. Si alguien me mirara con lástima, o con dolor... Yo también me sentiría así. Si hubiera sido capaz de prever la magnitud de lo que iba a ver, me habría preparado. Habría intentado de todo, con tal de evitar que el se sintiese de ese modo.

Pero ya no había nada que pudiera reparar ese daño, como tampoco lo había por su parte para enmendar lo que no había podido evitar. Seguir preguntándonos qué nos había llevado allí no produciría nada que fuese a sernos de alivio o ayuda. Lo que debíamos procurar, llegados a ese punto, era darnos cuenta de que, tanto si queríamos como si no, los dos nos habíamos visto forzados por las circunstancias a alcanzar un nivel de intimidad que si bien no nos podíamos permitir, nos había sido impuesto por lo sucedido. Pero había algo fundamental que no podía obviar como si nada. Un detalle esencial que debía tener en cuenta de ahora en adelante. Dragoslav podría haber salvaguardado su identidad, haber continuado con su propia ilusión, y haberla despachado de un modo mucho menos comprometido. Pero de algún modo, un sentido de la justicia, o del equilibrio, o de la moral, le había impulsado a revelar todo lo que le parecía relevante de su pasado, todo lo que le había resultado terrible, doloroso, lo que había castigado su cuerpo, y sin duda su mente, hasta convertirle en el hombre que demostraba ser ahora. Con el sentimiento a flor de piel, mis ojos se endurecieron sin pretenderlo, cuando el habló con tal desprecio de sí mismo. Era extraño idealizar a algunas personas a niveles que escapaban la mera admiración o el respeto y luego oírlas hablar de sí mismas como si lo que hicieran no fuese mas que algo irrelevante. Quería haberle interrumpido, para explicarle porqué se equivocaba, al menos a mis ojos. Pero cuando me pidió un momento, no me vi capacitada para negárselo. Aquellos instantes de silencio sirvieron para reordenar mis pensamientos, y tratar de interiorizar poco a poco el torrente de información que ahora estaba a disposición de ambos. Pero no se detuvo. Continuó, palabra tras palabra, revelando un pasado de terrores que en nada tenía que envidiar al suyo, salvo porque en su caso, el daño que le habían hecho era tal que le extrañaba que aún pudiese comportarse con la humanidad que demostraba. Mis facciones se relajaron de un modo muy leve, y mientras confesaba haber sido él el autor de todos aquellos asesinatos que habían empezado a investigar, por la rareza de sus circunstancias, algunas cosas empezaron a encajar. Era triste valorar que, en realidad, muchos de esos casos en "circunstancias extrañas" acababan teniendo que ver con seres sobrenaturales, magos poco capacitados para controlar las fuerzas que desataban, o mutantes que descubrían sus límites demasiado tarde. Era algo que tampoco podía omitir, y comprendía porqué la mayoría de las personas que eran contrarias a ellos lo utilizaban como arma de filo para herir sus ideales. Pero ahora la causa parecía algo que permanecía encendido de una manera tenue, como una luz ambiental que tan sólo propiciaba la escena principal.

- No digas idioteces. - una afirmación tan cortante, con palabrota incluida, sin duda sería sorprendente para Drago. Aunque me conociera desde hace muy poco, era fácil adivinar que no era el tipo de cosa que solía decir a menudo. - Ningún expediente esta limpio. Ambos acabamos de demostrarlo. Yo misma he quebrantado las leyes de mi país. Oculto muchos de los datos negativos. Investigo crímenes, sucesos extraños, y encuentro la manera de acceder a material clasificado. Trabajo dentro de organizaciones terroristas, de cárteles de la droga. Produzco prototipos de armas ilegales que mi propio gobierno me compra. - cada mención de todo aquello me revolvía el estómago. Tener que pasar por encima de la ley por lo que me parecía justo no me convertía en alguien distinto a cualquiera de esos grupos anarquistas que creían tener la razón en lo que hacían. Pensar que tenía la verdad absoluta, apoyar sin una pizca de autocrítica mi propia causa, llegando a pasar sobre inocentes, eran pensamientos que de manera constante me quitaban el sueño. Me aterraba despertarme un día, y descubrirme como una fanática de algo que ya no me representaba, ni a mí, ni a los que luchaban a mi lado para conseguir nuestros objetivos. Mis pasos me aproximaron a Dragoslav, dejando un espacio mas que respetable entre ambos, pero enfrentándonos, de tal modo que pudiéramos mirarnos a los ojos. O al lugar en que su ilusión encubría los resquicios de una ceguera terrible que ocultaba para los demás. - Lo difícil no es cometer errores, Drago. Lo difícil es aprender de ellos, y poner todo nuestro empeño en no volver a cometerlos. - dejé que esa frase, que era parte esencial de mi filosofía de vida, quedase registrada en su cerebro con unos segundos de silencio. - Tienes toda la razón al decir que no eres la persona que creía que eras. No lo eres. - cogí aire en profundidad, preparada para continuar. -  Te admiraba cuando creía que no había en ti mácula alguna. Cuando te creía un líder firme, un hombre misterioso y dedicado con un ideal que defendías con una X sobre el pecho. Pero has demostrado mas que eso. Has enfrentado un infierno, te ha consumido la venganza, has hecho un viaje a toda la miseria que hicieron sufrir a tu pueblo, e hiciste algo. No puedo decir que lo apruebe, pero no puedo reprochártelo. Eres humano, y tomaste una decisión visceral. Hiciste lo que creías que debías hacer para que los culpables pagaran los crímenes atroces que cometieron. Pero aquí estas. Pudiste haber dejado que esa espiral te consumiera. Pudiste haber continuado utilizando tu capacidad para tu beneficio. ¿Porqué no lo estás haciendo ahora? ¿Porqué estas aquí, si crees que no lo mereces? Incluso si alguien impulsó en ti ese cambio, tengo comprobado que nadie cambia si no es por sí mismo. Tú decidiste cambiar. Tu eres quien te ha convertido en alguien digno de estar en la posición en la que estas. - durante un solo instante mi rostro se dulcificó con una sonrisa sutil, y suavizó mi mirada, que solía ser severa, con una inesperada calidez. - Eres mucho, mucho mas de lo que podía llegar a imaginar, Dragoslav Katisch. - mi dulzura se desvaneció para dar paso a una expresión digna y segura. - Y tu franqueza me ha probado que la admiración y el respeto que siento por tí no son en vano en absoluto. - Era cierto. No sólo me había probado que Dragoslav tenía férreos principios, si no que había incrementado esos sentimientos por él. - No existe palabra en la que esté mas dispuesta a confiar que en la tuya, Dragoslav. - mis ojos se fijaron en el vacío encubierto que ahora sabía que eran los suyos. Le dije eso con el pleno convencimiento de lo que estaba diciendo.

No podía evitar estar nerviosa por lo que ese desliz podría suponer en el futuro. Pero estaba dispuesta a tomar las medidas que fuesen necesarias. Siempre lo estaba. Sin embargo, por algún motivo, quería creer que era posible. Quería conservar la fe en que lo que nos había sucedido esa noche podía tener algo de positivo.

Lo que estaba claro es que después de esa noche, sería imposible que la presencia del líder de la patrulla X fuese intrascendente para mi.
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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   20th Noviembre 2017, 12:53

La mujer continuaba manteniendo esa actitud de alerta constante tan propio de personas que han tenido que pasar por situaciones de tensión extrema, como la guerra. Él mismo solía comportarse así, pero no en la mansión. Aquél lugar ya lo tenía catalogado como seguro, uno de los pocos sitios en los que podía estar tranquilo. Suponía que el equivalente para Sieglinde sería su base de la MKL. Aquél lugar era aún nuevo y desconocido para ella, era normal que no lo viese de la misma manera.

Y entonces, la siempre educada alemana, cuya imagen hasta el momento había sido impecable, se permitió romper su fachada de corrección para hablarle con una franqueza tan absoluta como sorprendente, dejándolo anonadado. Durante unos instantes, el silencio se abatió en la sala de música, hasta que el mutante finalmente se decidió a responder.

- Voy a contarte algo -empezó, despacio-. Uno de los hombres a los que "visité" cuando estaba buscando a Ratko Mladić era un soldado joven que había ido ascendiendo posiciones después de la guerra hasta convertirse en uno de sus hombres de confianza. Pensaba que podría darme información relevante acerca de su escondite. No tenía intención de matarle... Cuando le tenía allí, aterrorizado y suplicando por su vida me decía una y otra vez que no había sido más que un soldado cumpliendo órdenes -el rostro del mutante se fue ensombreciendo conforme hablaba, de una manera tan sutil y gradual que resultaba imposible saber si se trataba de algo natural o de un producto inconsciente de sus poderes, que tan influidos estaban por sus emociones y su estado de ánimo-. Yo he sido un soldado en la Legión Extranjera -admitió después-. Sé lo que es seguir las órdenes de tus superiores. Luchar por algo que consideras justo. Cuando estás dentro, el bien y el mal se difuminan y es mucho más difícil juzgar tus acciones con la perspectiva de alguien que lo ve desde fuera. Sé distinguir cuando un hombre aterrorizado dice la verdad o miente... -dijo alzando la mirada, hasta entonces gacha, hacia Sieglinde-. El miedo tiene algo... visceral. Algo genuino y auténtico. Me dio lo que quería y le dejé vivir. Después me enteré de que se había suicidado, incapaz de soportar sus acciones durante la guerra. Acciones que yo le había mostrado en toda su crudeza. Acciones que, durante años, se había negado a ver por lo que eran en realidad, amparándose en el sentimiento de haber estado haciendo lo correcto porque era lo que le decían sus superiores que hiciera. Yo hice que su conciencia despertara lo suficiente para pegarse un tiro...

Se puso de pie y le dio la espalda a Sieglinde mientras todas las sombras de la habitación parecían confluir hacia él, arremolinándose a su alrededor.

- Tenía mujer... y dos hijos -apretó imperceptiblemente los puños y su rostro permanecía oculto-. Soy creyente musulmán. Como bien sabrás, la idea y concepto de las mutaciones no está tan extendido ni reconocido en Europa como en Estados Unidos. Cuanto todo ocurrió, yo no tenía una idea clara de lo que eran los mutantes ni suficiente información al respecto. Tampoco me había molestado nunca en buscarla. Mis poderes despertaron a raíz de la tortura -Xavier había leído ésto en su mente, pero Elissa era la única persona antes de Sieglinde a quien se lo había confesado. Resultaba mucho más sencillo de contar estando de espaldas, sin tener que mirar a la mujer a la cara-. Inicialmente pensé... que Dragoslav había muerto y que yo era un ángel que se había reencarnado en su cuerpo para cobrarse venganza porque... no podía recordar nada de lo que había pasado en las últimas horas. Simplemente desperté... en un charco de sangre en el suelo. Después me dijeron... que no había sido capaz de aceptar lo que me habían hecho y que mi mente había creado una segunda personalidad, fuerte, poderosa, invulnerable e inmortal para protegerme. Una personalidad a la que no podrían hacer daño como le habían hecho a Dragoslav. Bajo esa identidad me dediqué a vengarme sistemáticamente de todos los que me habían hecho daño a mí o a mi pueblo. ¿Sabes? El Corán es diferente a la Biblia. El Corán no aconseja poner la otra mejilla ni practicar el pacifismo. Se nos enseña a perdonar y a devolver el mal con el bien cuando las circunstancias lo permiten, pero también se nos enseña a combatir el mal. Según nuestra fe es justo aplicar a los delincuentes castigos tan grandes como el daño que hayan ocasionado. Yo me veía como un ángel de Dios enviado para impartir su justicia... Cuando me enteré de que el hombre había muerto, pensé que esa había sido la voluntad de Dios. Pero entonces, Xavier me encontró... me hizo ver la verdad: que yo no era ningún ángel, sino un mutante. Y entonces comprendí... que ese hombre que sólo cumplía órdenes y que había luchado según lo que él creía justo había muerto... no por la voluntad de Dios... sino por la mía.

Se volvió de nuevo a mirar a Sieglinde. Nunca antes había contado aquello a nadie y se sentía... liberador. Las sombras parecían haberse apartado un poco, liberando su rostro.

- Me has preguntado que por qué estoy aquí... Estoy aquí por ese hombre -musitó con franqueza-. Por aquél soldado joven que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo y que no fue capaz de soportar el peso de los actos que yo le revelé. Y por los dos niños que dejó atrás.

>>Estoy aquí porque comprendí que había estado actuando mal. Que me había erigido a mí mismo en juez, jurado y verdugo, pero Dios es el único que tiene la potestad de hacer eso. Milošević y Mladić merecían la muerte por lo que hicieron, pero ese soldado no la merecía, y por mi culpa la obtuvo, porque jugué a ser algo que no era, algo que me superaba. Comprendí que era peligroso y acepté la oferta de ayuda que me brindó el Profesor. Desde entonces he estado intentando cambiar... ser mejor persona. Por esos dos niños. Se lo debo. Agradezco tus palabras, pero dime, Sieglinde... Has admitido haber quebrantado las leyes de tu país y haber realizado actos moralmente cuestionables; ¿Nunca te arrepientes de nada?

De nuevo se acercó hacia ella, mirándola desde su posición ligeramente inferior.

- ¿Alguna vez has estado en la guerra? Me ha parecido reconocer en ti algunas actitudes y comportamientos propios de soldados habituados a la batalla. Y... ya que estamos de confesiones... ¿Puedo preguntarte por qué cubres todo tu cuerpo? Imagino que tendrá que ver con la naturaleza de tus poderes, que involucrarán el tacto. Tenemos una alumna en la mansión cuyo contacto directo puede llegar a ser letal, y por eso siempre se cuida mucho de que nadie pueda tocarla. No hace falta que respondas si no quieres. Imagino lo duro que debe de ser si se trata de algo parecido...

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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   22nd Noviembre 2017, 17:46

El silencio se aposentó entre los dos, como una neblina que parecía a punto de asfixiar el diálogo. Era complicado para mi saber si Dragoslav también manipulaba con su propia ilusión las emociones de su rostro, pero durante esa quietud cargada de intensidad, me pareció que se debatía en su interior, hasta que por fin, volvió a hablar. Su modo de hacerlo, el tono... de alguna manera me hizo sentirme muy incómoda. Era natural. hacía mucho tiempo que había renunciado a un contacto de ese tipo con nadie, alcanzar la intimidad me resultaba cada vez mas ajeno, y no sabía cómo comportarme en ese tipo de situaciones, no sólo en lo social, también en lo personal. De algún modo, yo lo había automatizado tanto, que no creía posible que una persona fuese a confiarme tanto de sí misma. Como si todos tuvieran que proteger con el mismo celo sus vidas como yo lo hacía. Percatarme de cómo me sorprendía ser capaz de conectar con otro ser humano a ese nivel... me hizo darme cuenta de lo desabrida que debía parecer mi amistad a las personas de mi alrededor. Aquello me hizo sentir una lástima que no creí que jamás sentiría hacia mí misma.

Observé como Dragoslav me ofrecía a modo de explicación un pedazo de su vida, algo que yo jamás habría hecho de no haber sido esas las circunstancias. Si no hubiera sido capaz de colarse a través de la ilusión de la que dependían las múltiples vidas que me había visto obligada a vivir, puede que jamás hubiesen tenido esa conversación.

El peso de sus acciones pasadas era tan grande como para evitar que alzara la vista, y cuando lo hizo, sintió la necesidad de darme la espalda al levantarse. Yo permanecía quieta, de pie. No hice nada por acercarme a él. Sólo permití que se explayara. Que me explicara las circunstancias, cómo veía su vida a través de esos ojos desgarrados que en un alarde de inhumanidad le habían arrancado de las cuencas. Las sombras se arremolinaron en su entorno, y entendí, que de alguna manera, ese hombre era capaz de manipular tanto la luz, como la oscuridad, mediante el uso de la primera. Podría haber convertido aquello en un agujero oscuro en el que no quedara nada. Sólo la oscuridad absoluta ya resultaba, para quien veía, algo lo bastante aterrador como para alterar a cualquiera. Para mi, una de las peores cosas que podía sucederme era la privación sensorial, ya que dependía mucho de mis sentidos para analizar el entorno de manera constante. Era lo que me mantenía alerta y lo que había educado, por muy agotador que fuera.

Al pensar en ello, entendí lo mucho que un poder como el de Dragoslav podía resultar una bendición, pero también, una pesadísima carga. La mente de los hombres esconde horrores que se traducen día a día en las peores actos cometidos. Lo que alguien fué capaz de hacerle era la prueba clara de que el ser humano podía llegar a alcanzar cotas infinitas de crueldad e infamia. Y no pude evitar pensar en todo el dolor que ese hombre había padecido, y lo mucho que una cosa así habría trastocado mi mente. En los horrores con los que yo habría correspondido en venganza a todo lo que había padecido. Querría haberle explicado lo mucho que se equivocaba al pensar que el era responsable de la muerte de ese hombre. Era él, con sus actos, quien se había condenado. Ser inconsciente del daño que haces no remite tu culpa, vivir engañado por las circunstancias no te hace irresponsable de las mismas. Pero a medida que avanzaba su historia, que comprendía no sólo sus creencias, porqué se había creído ejecutor de Alá en la tierra, porqué la mano salvadora del profesor le hizo retomar el virtuosismo que una vez se había visto ensombrecido por los horrores de la guerra, de la tortura y de la venganza, entendí que nada de aquello habría resultado útil para él. Había encontrado en esa muerte de la que no era responsable la causa para iniciar una redención que ahora le había llevado a ser quien era, a liderar un grupo de personas que luchaban para ser aceptadas por una sociedad que las rechazaba, a arriesgar la vida por una causa que consideraba justa.

La salvación procede de los lugares mas insospechados. A veces tras andar los caminos más escarpados, es la caída accidental la que nos proporciona el descanso que merecemos. Nosotros no lo veremos como tal, siempre nos lamentaremos de no haber continuado con los huesos rotos.

Sus ojos volvieron a los míos, mientras finalizaba su historia. Pero no se limitó a eso. Su pregunta hizo que mis parpados descendieran con sutileza sobre mis ojos, y mi mandíbula se apretara. No era el gesto adusto de alguien que se encuentra incómodo, o mera seriedad. Durante un instante, fue el de un capitán general.

- No. - el silencio volvió a instaurarse entre los dos, durante unos segundos en los que esa afirmación fue cobrando fuerza, con un simple monosílabo. - El arrepentimiento es un lujo que pueden permitirse sólo algunos. Tomo las decisiones que tomo, y vivo la vida que vivo, tal cual creo que es necesario y me parece correcto. Es mi decisión sacrificar lo que haga falta por la posibilidad de una pequeña mejoría para el bien común. Como individuo, no tengo valor alguno si no soy capaz de hacerlo. La única pregunta que me hago siempre, es: ¿Lo hago por mí, o lo hago por ellos? - durante toda mi vida... la carrera que había elegido, dónde la había hecho, las personalidades que había creado, las distancias que había colocado con mi entorno, las disciplinas que había explotado y aprendido. Todo estaba enfocado a la MKL. Aquel lugar era mi vida entera. Una vida que cientos y cientos de otros pasaban padeciendo infiernos en la tierra por su condición de mutante, o de híbrido, o de poseedor de la magia. Sólo quería que sus existencias dejaran de ser miserables por una condición que ellos no elegían. - Lo cual no significa que no me equivoque, que esté orgullosa de todas mis decisiones, o que las consecuencias de las mismas no me pesen. - admití. - El arrepentimiento es sólo una ilusión que pretende crear una línea alternativa, siempre mejor, a los sucesos de nuestras vidas. Pero no había alternativa. Nunca la ha habido. Nuestra vida es nuestra por las decisiones que tomamos, con nuestros errores, algunos mas terribles que otros. Algunos de una gravedad tal, que no podemos esperar el perdón ni de la misericordia de Dios, o Alá. Pero nuestras decisiones son nuestras, y son las que nos han llevado a ser quienes somos. Buscar justificación en las alternativas, es tratar de encontrar el punto en que una persona comenzó a degradarse, hasta que se convirtió en un monstruo, como si éste consistiera en dar un sólo paso en falso. Asesinos, violadores, traficantes, no importa. Todos ellos se conformaron durante su vida para ser lo que son. Puede que esta se viera truncada en un punto álgido, pero su degradación, lo que les llevó a ese instante definitivo en sus vidas, no fue algo instantáneo. Yo no puedo optar al arrepentimiento, porque supondría que había algo mas que podía hacer, y que no estuve capacitada para hacer. No puedo arrepentirme, porque no soy tan fuerte.- admití, obligándome a mantener la mirada, que se había cubierto de una sutil película acuosa, aunque no lo bastante como para formar lágrimas en mis ojos. Jamás me habría perdonado algo así.

- Cada día. - admití, en un alarde de sinceridad que me parecía imposible. No entendía cómo podía estar compartiendo esas cosas con él, cuando instantes antes había creído que no sería capaz. Que ese nivel de confraternidad no estaba hecho para mi, por la exposición personal que suponía, y llevaba años intentando evitar. - El mundo entero es un campo de batalla. Desde las incursiones de la guerrilla a punta de machete y ametralladora, hasta los duelos a pluma y sello que se llevan a cabo en gobiernos y tribunales. Todo es una conjuración de bandos cuyas fronteras no están nunca bien delimitadas, y todos ambicionan las de los demás. - y entonces llegó, como cabía esperar, la pregunta que no deseaba contestar. La que nunca deseaba contestar. Guardé silencio, pero de algún modo, la ilusión de sus ojos empezó a pesarme con la misma intensidad que si fueran reales. Miré mi mano derecha, enguantada, y tragué saliva en silencio. Respiré en profundidad y cerré después los dedos en un puño. Reviví durante un instante el modo en que mi poder había afectado a mi vida, cómo de pequeña mi padre había tratado de abrazarme y había gruñido en mi oído, cuando acarició la piel de mis hombros, mientras yo lloraba. Cómo mi madre me besaba de manera accidental. Cómo me había sentido por primera vez al ponerme esos guantes de algodón sobre las manos. También el alivio del abrazo de Björn a través de la sábana, o el modo en que mi madre, con mucho cuidado, me trenzaba el pelo cuando lo tenía largo. Cómo mi padre se despedía de mi, besándome la cabeza a través de las sudaderas con capucha. Cómo había cambiado mi vida el reducir el contacto humano a esas pocas interacciones que requerían estrechar unas manos desconocidas. - Cubro mi cuerpo, porque no soy capaz de controlarlo. Cualquier contacto, por accidental que fuera...- las palabras se me atragantaron, y me vi en la necesidad de carraspear, para encontrar fuerzas. Pestañeé varias veces, procurando no centrarme en las sensaciones negativas que me producía ese hipócrita rechazo hacia mí misma. - Parece algo inocuo. Pero no lo es. Jamás lo hubiera usado de manera indiscriminada si lo hubiera sabido antes. Expone a la gente. La desacredita. La desarma. Muestra una parte de ellos que jamás debería exponerse sin permiso o consentimiento. Les priva de intimidad. - mis ojos se levantaron hacia los suyos, con el ceño fruncido, y una seguridad que casi atemorizaba. - Procura por todos los medios evitar tocar mi piel, a menos que estés dispuesto a asumir las consecuencias. - no quería darle mas detalles.

Lo que la gente no entendía, es que en papel, mi poder parecía algo sin importancia. Nadie comprendía las verdaderas implicaciones, las bromas que se habían derivado de las pocas personas que lo sabían, que se convertían en intentos de darme suaves toques, sin entender el brutal daño que a mi me hacía que frivolizaran con eso. Que me utilizaran de ese modo, aunque sólo fuese con un objetivo lúdico, o lo hicieran "de broma". Nadie sabía lo que era saber que mis fuentes de información estaban abiertas a causa de explotarlo, de generar dependencia en personas que tenían lo que yo necesitaba. No habría podido reprocharle a Dragoslav nada en absoluto.

Porque yo era igual que el. O mas bien, seguía siendo como él había sido.
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Eclipse
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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   23rd Noviembre 2017, 12:55

Asintió al escuchar su respuesta. Era la clase de contestación que habría dado un militar, lo cual no hacía sino reafirmar la impresión que tenía sobre ella. Drago habría podido decir eso mismo cuando estaba en el ejército, y estaba seguro de que sus superiores habrían respondido algo similar si les hubiera preguntado.

- Supongo que el arrepentimiento, cuando tienes fe, es algo que viene de serie, quieras o no -reflexionó, pues se trataba de un concepto al que las religiones daban siempre mucha importancia, por lo que era imposible no tenerlo en cuenta.

Imaginaba que Sieglinde, por su profesión y carácter, no era alguien de fe, y lo aceptaba. Casi ninguno de sus compañeros de la Patrulla lo era. En realidad, había muy poca gente que de verdad fuera creyente en aquella era. Le entristecía, pero no le correspondía a él hacer proselitismo. La fe, tal como él la entendía, era algo muy personal, una comunicación directa con tu Dios. Si no la sentías por tí mismo, nadie podía obligarte o forzarlo. Pero eso no significaba que estuviera de acuerdo con sus palabras.

- De todas formas creo... que estás equivocada en un punto -la miró con seriedad-. No existe pecado demasiado grande como para que Dios no sea misericordioso con quien se arrepiente. Existe una historia que habla de un hombre cuyos pecados parecían ser demasiado grandes como para que pudiera tener jamás esperanza de misericordia o redención. Éste hombre había matado a noventa y nueve personas, y se dirigió hacia un ermitaño que, según le dijeron, era la persona más sabia del mundo, y confesó su crimen, preguntando si podía ser perdonado. El ermitaño le dijo que no, así que le mató, llegando a las cien víctimas. Volvió a preguntar quién era la persona más sabia del mundo y fue dirigido hacia un erudito. Le dijo que había matado a cien personas y le preguntó si podía ser perdonado, y el erudito contestó: "Sí. ¿Qué podría interponerse entre el arrepentimiento y tú?". Le dijo que fuera a una ciudad donde se adoraba a Dios, y que se uniera a los fieles, así que el hombre partió, pero cuando estaba a medio camino, el ángel de la muerte le alcanzó. Los ángeles de la misericordia comenzaron a discutir con los ángeles de la ira acerca de él. Los ángeles de la misericordia dijeron: "Éste hombre se había arrepentido y estaba buscando a Dios", pero los ángeles de la ira respondieron que en toda su vida jamás había hecho una obra buena. Entonces, un ángel en forma humana se les acercó y les dijo que midieran la distancia entre su ciudad natal y la ciudad hacia la que se dirigía, diciendo que su alma pertenecía a la ciudad que se encontrara más cerca del punto en el que murió. Resultó que se encontraba más cerca de la ciudad hacia la que se dirigía, así que los ángeles de la misericordia se lo llevaron.

>>¿Qué quiero decirte con ésto? -guardó silencio un momento, meditando la mejor manera de decirlo sin que sonara a estúpida palabrería religiosa para alguien que no compartía su fe-. Los seres humanos somos imperfectos -dijo al fin, mirándola a los ojos con la falsa ilusión que ilustraba los suyos-. Equivocarnos, ser negligentes en nuestras obligaciones, mentir y cometer pecados forma parte de la naturaleza imperfecta de la humanidad. Ningún ser humano es infalible; por tanto, ninguno está libre de pecado. Pero Dios es nuestro Creador, y conoce su obra a la perfección; Nos conoce, con nuestras virtudes y nuestros defectos, y nos ama por como somos. El Corán dice: "Dios extiende Su mano en la noche para aceptar el arrepentimiento de quien pecó durante el día, y extiende Su mano en el día para aceptar el arrepentimiento de quien pecó durante la noche, hasta que el Sol se eleve por el occidente". La misericordia y el perdón de Dios son tan grandes que Él seguirá perdonando incluso aunque tú no te perdones, Sieglinde.

Acercándose a ella atrapó con delicadeza un mechón de cabello suelto que asomaba por debajo del zentai de la alemana, acariciándolo entre sus dedos.

- Esos hombres que mencionas, asesinos, violadores, traficantes... Da igual que no haya sido algo automático. No importa que su degradación se haya construido a lo largo de los años. La clave está en el arrepentimiento. Si se arrepienten sinceramente del daño que hicieron y dedican el resto de su vida a compensarlo y a no volver a caer en los mismos errores, entonces Dios les perdonará. Eres... demasiado dura contigo misma, y créeme, porque soy todo un experto en el tema -dijo, rozando suavemente la zona de la barbilla que estaba cubierta por la pieza de tela para obligarla a alzar aquella mirada cubierta por un sutil velo de lágrimas soñadas que nunca llegaron a existir.

>>El mundo entero es un campo de batalla, sí... Pero es más llevadero cuando tienes algo por lo que luchar. Unos ideales, un objetivo, la ilusión de un futuro mejor, o gente con la que sobrellevarlo. Yo estaba solo... y entre los X-Men encontré una familia. Un hogar. Ahora mi vida vuelve a tener sentido, y tú deberías abrirte más, Sieglinde... Sé que es muy irónico que yo te diga ésto, precisamente yo, que me cubro al igual que tú con una ilusión para mantener apartados a los demás y que rehúso tocar en público para no exponer mis sentimientos, pero, precisamente por eso, sé de lo que hablo. Quizás no nos sea posible abrirnos ante los demás, por nuestros propios motivos privados y personales, pero las circunstancias han hecho que nos encontremos, dos almas iguales. Tal vez no creas en una consciencia superior, pero yo... no puedo creer que ésto ha sido simple azar. No puede haber sido casualidad.

Con muchísimo cuidado extendió su mano izquierda para tocar la diestra enguantada de ella. Todos sus movimientos eran deliberadamente lentos y calculados, para no sobresaltarla y asegurarse en todo momento de que nunca llegaba a tocar su piel. Ahora todo cobraba sentido; su renuencia a la cercanía, lo celosa que era de su espacio personal... y él lo respetaba, pero precisamente porque de repente era dolorosamente consciente de que aquella mujer nunca recibiría ninguna clase de contacto humano comprendía que aquello era necesario. En su caso, se trataba de una elección personal, y lo extrañaba muchísimo, pero ella, que nunca había tenido realmente la opción... No podía ni imaginar cómo se debía sentir. Ni siquiera podía permitir que la gente se le acercara demasiado o notarían las incongruencias de la ilusión con respecto a su constitución real, pero él no tenía ese problema. Con él no tenía que fingir, y, por eso, entrelazó sus dedos con los de ella, para ofrecerle, al menos, ese pequeño confort. Ese pequeño calor.

- Ahora que nos hemos abierto el uno al otro, no tenemos por qué fingir entre nosotros. Mientras estemos juntos, podemos permitirnos un instante de paz para ser quien realmente somos, y eso, en éste mundo, en éste campo de batalla continuo... es una bendición.

No pensaba preguntarle cuáles eran las consecuencias exactas del contacto directo. Era algo grave y era doloroso para ella, con eso le bastaba.

- Quiero que sepas que puedes contar conmigo para cualquier cosa que necesites, Sieglinde. Aunque sólo sea para algo tan nimio como desahogarte o hablar con franqueza con alguien que no va a traicionar tu confianza. En mí tienes un amigo.

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MensajeTema: Re: Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)   

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Al principio, no había nada. Y se hizo la música. [Eclipse] (25 de Noviembre del 2018)
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