Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Prueba de Dr. Strange

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Stephen Strange
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Alias: Dr. Strange
Nombre real: Stephen Strange
Universo: Marvel

MensajeTema: Prueba de Dr. Strange   20th Noviembre 2016, 11:52

10 de marzo de 2018.
17:30 hora local.
Biblioteca del Sanctum Santorum.
177A Bleecker Street en Greenwich Village, Nueva York.



Aquel no era un día normal. De hecho, si nos ponemos quisquillosos, en el fondo ningún día era normal. Lo que para algunas personas podía tratarse de un día que pasaba desapercibido bajo sus frenéticas vidas laborales cuya mayor relevancia era la bronca de un jefe o que su equipo de fútbol había ganado un partido, para otros podía significar el final del camino, la muerte de algún ser querido o el inicio de una nueva vida. Todo dependía de la perspectiva con la que se mirase. Al igual que un caleidoscopio completamente lleno de dibujos y diferentes formas, el día a día de las personas variaba de tantas maneras que era imposible fijar uno como un día tranquilo, carente de posibilidades o de sueños rotos. Aquel, sin embargo, era uno de esos días que ponen en pie al mundo entero y les hacen llevarse las manos a la boca. Nadie podría haber previsto lo que estaba a punto de pasar. Nadie, ni siquiera una eminencia como Stephen Strange, también conocido como el Hechicero Supremo, quien tranquilamente pasaba las hojas de un libro en su biblioteca. ¿Quizá fue eso? ¿Que estaba distraído en otra cosa y por eso fue incapaz de percibir el inmenso cambio que golpeó el universo cual tsunami? Nunca lo sabremos, ni mucho menos él. Stephen tenía frente su Biblia personal, su libro de cabecera por excelencia desde que se convirtió en el equilibrador de la magia: el libro de los Vishanti, el mayor libro de hechizos de magia blanca que existía en la Tierra. El Doctor lo había leído varias veces, pero siempre lo volvía a hacer para consultar dudas o comprobar algún hechizo que llevase tiempo sin realizar. Se acarició el mentón mientras leía el último versículo de un encantamiento de clarividencia. Susurró para si las palabras y alzó las manos frente a él.

- "Por las Llamas de los Faltine, purificadoras y luz en la oscuridad, mostradme los sucesos que esta tarde me puedan acontecer"...- Hubo una luz que salió de sus manos, convirtiéndose en una pequeña bola blanca que avanzó unos pocos centímetros hasta salir disparada como un fuego artificial, dar varias vueltas y explotar en un montón de brillantes lucecitas que desaparecieron. Strange suspiró y negó para sí mismo.- Ya, típico.-

Se pasó la mano por la cara, intentando concentrarse. Sabía que era capaz de hacerlo sin tener que usar el orbe de Agamotto. Sabía que podía ser capaz de conseguir ver imágenes futuras a través de encantamientos, mas todos sus intentos habían sido fallidos hasta la fecha. Se encogió de hombros y cerró el libro. Tal vez ese no era el día donde lo consiguiese. Hizo girar su cuello describiendo un círculo con la cabeza, provocando que este crujiese un par de veces. Un segundo de dolor, como un latigazo, y después esa agradable relajación. Miró el reloj y tamborileó con sus dedos en la mesa.

- Wong, son las cinco y media pasadas. ¿Podrías preparar té?- No recibió respuesta alguna de su sirviente. Frunció el ceño y se giró.- ¿Wong?-

A menos que no se encontrase en la casa, era raro que el fiel Wong no respondiese al hechicero, de manera que tras sacar ligeramente el labio inferior se levantó y se dirigió a la cocina dispuesto a preparase él mismo el té. Los pasillos de la mansión permanecían sumidos en un silencio sepulcral roto por los pasos del Doctor. Era extraño, pensó, incluso en los mayores momentos de paz y tranquilidad siempre existía algún sonido de fondo. Mas no en aquel momento. Volvió a llamar a su sirviente, pero el resultado fue el mismo. Y entonces sucedió. Un murmullo lejano, proveniente del suelo inundó poco a poco los pasillos de la casa. Las cristaleras con la vajilla comenzaron a temblar, y los platos a moverse ligeramente, tan solo unos milímetros, al igual que las tazas o las bandejas. Los pasos del Doctor se ralentizaron hasta quedarse quieto en mitad del hall principal. Un jarrón se movía como por arte de magia horizontalmente hasta volcarse sin llegar a romperse. Los pequeños cristales que colgaban de las lámparas de araña chocaron entre sí, cada vez de manera más violenta. La sacudida fue tan inesperada y fuerte que mandó al Doctor al suelo, golpeándose la cara contra las losas de mármol blanco. Sintió un dolor agudo y caliente en el labio y frío en el lateral de la cara. Se tocó la boca y en seguida el sabor a hierro se la inundó. Sus dedos estaban teñidos ligeramente de rojo. Intentó levantarse pero otra fuerte sacudida le desequilibró de nuevo, trastabillando hasta aferrarse al marco de la puerta de la cocina. La capa llegó volando a toda velocidad, anudándose a su cuello. No tuvo tiempo de mirarse al espejo para ver el impacto sangrante que le había dejado un hinchazón en el labio inferior. Se dirigió a toda velocidad a la entrada principal y abrió la puerta. Fue como una explosión. Los gritos, los ruidos, los pitidos de los coches, los frenazos... La visión de Nueva York era verdaderamente desoladora. Las calles estaban abiertas por gigantescas grietas que hacían tambalear algunos edificios; tuberías rotas de las que salían violentos chorros de agua; coches en llamas volcados o estrellados contra alguna pared o farola... Aquella imagen era terrible.

Durante un par de segundos el Doctor se quedó tan estupefacto que no se dio cuenta de que su sirviente Wong le gritaba desde la acera, al final de unas pequeñas escaleras de piedra. Cuando salió del trance rápidamente corrió hacia él.

- Wong, ¿qué está pasando? ¿Qué es todo esto? ¿Quién lo ha provocado?- La lista de enemigos era grande, pero muy pocos los que fuesen capaces de algo así o que quisiesen algo así. El primer pensamiento del doctor fue alguien como Thanos, pero no podía ser. Él le habría sentido, habría visto que se acercaba. Dormammu operaba desde su dimensión y tampoco había sentido ningún tipo de alteración. Recorrió aquella lista varias veces y entonces se dio cuenta de que perdía miserablemente el tiempo. En ese momento el causante de todo aquello tendría que esperar.

- Sé lo mismo que usted, pero debemos hacer algo. Hay que proteger a esta gente y rápido.- Strange asintió y se alzó unos metros sobre el suelo, colocando sus manos con los dedos corazón y anular doblados hacia la palma y los demás extendidos.

- "Escudo de Serafín, escucha mi súplica y dame poder para proteger a estas personas".- Un fogonazo naranja salió de sus manos, extendiéndose sobre la calle. La gente corría en todas direcciones, cubriéndose de los cascotes que caían con fuerza del edificio colindante.- "Bandas Escarlatas de Cyttorak, envolved este edificio para evitar su derrumbe".-

Unas delgadas cintas de color rubí comenzaron a envolver el edificio lentamente, evitando el inminente derrumbe de este. El brillo en su mano derecha parpadeó un instante, y con él el escudo con el que protegía a la gente. Apretó los dientes, concentrándose en mantenerlo. Wong por su parte usaba también la magia para sacar a todas las personas que podía de allí. Strange sintió un punzante dolor en la sien que le hizo cerrar los ojos. Ambos hechizos desaparecieron al instante, y el edificio volvió a inclinarse peligrosamente sobre la calle. Invocó su magia de nuevo, esta vez concentrándose por completo en evitar que la enorme estructura cediese. La concentración era enorme. No recordaba haber tenido que concentrarse tanto desde hacía mucho tiempo... ¿Qué le estaba pasando? El dolor en la cabeza fue todavía mayor, y entonces un flashazo le llegó. Aquel rostro tan familiar y cruel le hizo abrir los ojos de golpe, asustado, dando un respingo que de no haber sido por la capa le habría mandado al suelo. Casi podía oír su risa malévola, esas estridentes carcajadas que helaban la sangre. No... No, Dormammu no podía ser... Movió la cabeza y volvió a concentrarse en aquel edificio, pero sus conjuros volvieron a fallar. Tan solo de una de sus manos salieron esta vez las largas bandas rojas, mientras que la otra parpadeaba. La agitó con fuerza apretando los dientes, intentando concentrarse de nuevo. Los gritos ahora le traspasaban los oídos como cuchillos fríos. Su corazón se aceleró y sintió una presión por todo el cuerpo, un cansancio equivalente a haber corrido durante una hora. El edificio se inclinaba hacia la calle sin que pudiese hacer nada. La sensación de aplastamiento era real, pues aquella mole medía casi cincuenta metros de alto. Gritó mientras alejaba las manos de su cuerpo todo lo que era capaz. Toda su concentración estaba puesta en el edificio, hasta el punto que no vio el cascote que impactó contra su cabeza. Un golpe seco, y el Doctor perdió el conocimiento en un fundido en negro.

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Las primeras imágenes que llegaron a su mente eran borrosas, como abrir los ojos bajo el agua. Se sentía mareado y confuso. Como cada vez que alguien despertaba, comenzó a mover las manos y los pies, intentando recordar. Abrió los ojos de golpe en cuanto las imágenes del edificio le vinieron a la mente, y el dolor llegó de imprevisto. Un pinchazo en la cabeza que le hizo apretar dientes y ojos. Se llevó la mano a la sien y notó algo. Una venda. La siguió con cuidado y vio que tenía una venda que le tapaba la parte derecha de la cabeza. Tocó con suma delicadeza el punto de donde el pinchazo había venido, y apenas ese roce le hizo ver las estrellas. Una arcada le subió desde el estómago provocada por el dolor y el mareo. Poco a poco fue enfocando la habitación en la que se encontraba. Era su cuarto. Estaba en su Sanctum Sanctorum. Los sonidos de las ambulancias llegaban lejanos, como escuchar a través de una tela. Se incorporó con cuidado, intentando no hacer ningún movimiento brusco. Sabía por sus conocimientos médicos que debía haber sufrido algún fuerte impacto en el cráneo, y por ello debía ir con cuidado. Ni siquiera intentó llamar a su sirviente, pues no se veía capaz de pronunciar palabra alguna. Dejó caer la cara hacia el lateral donde pudo ver la ventana. Era noche cerrada, y las luces de los edificios decoraban el color azulado de esta.

A los pocos minutos entró Wong quien dio las gracias y se colocó junto al hechicero. Sonrió al ver que parecía estar bien.

- Gracias a dios...- Strange hizo acopio de toda la fuerza que pudo reunir y le miró.

- Wong, qué... ¿Qué ha pasado? ¿Dó... Dónde...?-

- Le golpeó una piedra en la cabeza. Tenía una herida muy fea pero por suerte no hubo fractura. Solo una fuerte contusión. Ha estado cinco horas inconsciente...- Strange sabía que una contusión también podía tener repercusiones cerebrales, pero de momento intentaba concentrar sus fuerzas en hablar y en intentar comprender lo que su sirviente le decía.

- El edificio... No... La magia... No podía... No me o... Bedecía...- Wong suspiró y miró hacia abajo, para después mirar a través de la ventana. Los translucidos cristales no permitían ver imágenes nítidas, pero el sirviente sabía de sobra lo que había al otro lado.

- Intentó frenar la caída, pero en cuanto fue golpeado nada pudo pararlo... Se derrumbó por completo. La calle está llena de escombros.- Strange se incorporó un poco más. Ahora las energías eran mayores en él gracias a que parecía haber despertado del todo. Levantó la ligeramente temblorosa mano derecha hasta tenerla entre su sirviente y él y le miró a los ojos.

- Wong... La... Magia no me obedecía... De repente... No... No podía usarla a mi antojo... Era como si... Como si me hubiese abandonado...- Wong frunció el ceño y miró al Doctor a los ojos.

- A mí me pasó algo parecido... No me obedecía... Creía que era por mi culpa, que no estaba suficientemente concentrado...- Strange miró su mano e intentó hacer una simple invocación, algo sencillo, pero la cabeza le pegó un latigazo que le hizo olvidar cualquier idea mágica que tuviese. Se llevó las manos a las sienes con cuidado y resopló.

- ¿Has contactado con alguno de nuestros aliados?- Él negó.

- No, lo siento. He estado ayudando en todo lo que he podido ahí fuera y cuidando de usted todo este tiempo.- Strange asintió y apoyó su mano en el hombro de su sirviente. Una mano paternal, tranquilizadora.

- Has hecho lo que debías. No te preocupes... Yo mismo hablaré con... ¡AY!- Intentó levantarse de la cama pero un nuevo dolor punzante en la cabeza y otra arcada que no terminó en nada. Wong le sujetó por los hombros y la temblorosa mano de Strange se apoyó en él.- ¿Qué ha pasado Wong?-

- No lo sé señor... No lo sé...-

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MensajeTema: Re: Prueba de Dr. Strange   20th Noviembre 2016, 20:00

¡¡Hola Strange!!

Pocas cosas sabes que no te haya dicho ya, muy buena prueba, no olvides que si quieres que cuente para tu historia debes ponerlo en la cronología.

¡Puedes pasar a colgar tu ficha cuando quieras!

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