Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 [Autoconclusivo] Encomendarse a la suerte

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Tanith Blackwood
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Alias: Paradox
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MensajeTema: [Autoconclusivo] Encomendarse a la suerte    28th Diciembre 2016, 16:01



Entré en coma, y el camino de vuelta desde Bucarest me pareció un sueño, donde caminaba de puntillas sin sentir nada. Cuando recuperé el conocimiento, consulté el reloj del móvil. En el último ramalazo antes de que la batería se agotase, vi que habían pasado dos días. Dos días durmiendo. Me sentía pastosa y pesada, como si me hubieran dado una paliza. Me levanté torpemente y caminé hasta el frigorífico, vacío. Las persianas estaban echadas, no había luz. Poco a poco, los hilos fueron presentándose. Los ignoré, como siempre. Las voces reanudaron una conversación en la que me dejaban de lado. El río de la vida y el Más Allá seguía su curso…

Con los primeros pensamientos lúcidos llegó el recuerdo de la familia Sheen Woo. Me asaltaron las dudas. ¿Por qué me fui? ¿Por qué no les di una sola explicación? Me tanteé el bolsillo. Ni siquiera me había cambiado para dormir. En el bolsillo trasero encontré la tarjeta con el número de teléfono. Aún estaba a tiempo de…

- No, no lo estás.

Dejé caer los brazos, flácidos junto al cuerpo. Me giré lentamente… y allí, plantado a los pies de la cama, en un espacio libre de desorden, estaba él. Chernobog. Su oscuridad era distinta, como si poseyera sentido propio.

- ¿Qué quieres? ¿No has tenido bastante con el numerito de Bucarest?

De haber estado más espabilada no le habría hablado así al “Mal Dios” ni en broma. Chernobog se deslizó hasta situarse frente a mi, a mucha menos distancia. Se deslizaba por encima de la superficie, por encima de las prendas tiradas de cualquier manera. Era imponente, y cuanto más cerca estaba, más me invadía la sensación de ahogo. Era como si me robase el oxígeno, la vida, la esperanza…

- ¿No estas conforme?

Su voz dividida había ocupado el hueco de las demás. Sonaba dentro y fuera de mi cabeza. A lo lejos, en la calle, sonó una sirena que pasó de largo.

- ¡Claro que no estoy conforme! Sé que le has hecho algo a esa mujer. Lo sentí. Me ayudaron, ¿sabes?

Chernobog guardó silencio. Estaba tan cerca que podía verle la cara. Las cuencas vacías. El rostro azulado, de un ahogado. Estaba fuera de este mundo, no podía esperar que comprendiera algo tan complejo como los sentimientos humanos. Podía verlo en su falta de expresión. Me aparté de él, fingiendo estar embargada por la ira. En realidad, no aguantaba más la visión de esa cara antigua como el tiempo. Le di la espalda, cruzandome de brazos. De nada me servía enfadarme con él. Era igual que enfadarme con Jack. Esas criaturas tenían sus propias reglas, sus costumbres. Su concepción de las cosas difería de la mía, de la de la humanidad en general. ¿Qué iba a echarles en cara?

- ¿Y ahora qué, Chernobog? ¿A quién vas a maldecir a continuación?

- A quién tu ordenes. Y bendeciré a quién tú me digas…

Le miré, incrédula, a distancia prudencial. No mucha, porque estaba acorralada contra el frigorífico, con Chernobog parado en el hueco de la barra americana que separaba la cocina del salón-dormitorio.

- Ajá. ¿Y dónde está la trampa?

- Pensé que serías más… poderosa.

Me quedé muda. Pero bueno, que estaba invocandole yo solita, sin rituales ni nada. ¿Cómo que pensaba que sería más “poderosa”? Me tendió una mano enguantada, entre cuyos dedos se escondieron unos pequeños hongos con tan mala pinta como los que tenía alrededor de los bajos de la túnica.

- Pero eres la única que nos escucha. Que nos mira. Estoy unido gracias a ti. Y por ello te debo mi nueva vida. Tienes mi nombre. Tienes mi poder…

Tenía cierto reparo en estrechar esa mano. Sus palabras tenían algo más de sentido que cuando hablé por primera vez con él. Sabía su nombre y podía distinguir su hilo del resto. Reconocía el cosquilleo que sentía en la boca del estómago cuando se trataba de él. Aunque no se la estrechase, se marcaría un Jack Frost. Así que acabé cediendo.

- Está bien. Te… permito que camines a mi lado.

La fuerza de la naturaleza, la fuerza de un dios antiguo, chocó contra mí, lanzándome al suelo. Se había deshecho en hilos, tan negros como él mismo, que reptaban y se enroscaban alrededor de los dedos de mis manos y me subían por el brazo. Fue desagradable durante el segundo exacto que duró, que para mí fue mucho más tiempo. Su ausencia hizo que la penumbra recuperase cierto aire inocente, menos tenebroso que cuando estaba él. Las voces regresaron, se asomaron por la puerta de mi mente para comprobar que estábamos solos. Hablaban con menos aspavientos que de costumbre, porque un nuevo tono se había unido a ellos. Un tono oscuro, un tono ciego, que reverberaba como si fueran varios a la par, y hablaba en rumano.


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