Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.

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Gabriel Leblanc
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MensajeTema: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   6th Enero 2017, 21:03

Cuartel General del GCPD, Gotham, 11:17 de la mañana. 31 de marzo de 2019.

Se acabó. Llevaba desde la noche anterior, y no había dejado de decírselo ni por un momento. Estaba encerrado, él mismo lo había visto, inconsciente y esposado. El teniente Thompson se encendió otro cigarro más, y se lo llevó a los labios. Valjean iba a conseguir que muriera de cáncer de pulmón, a ese paso. Otro muerto más en su ya de por sí inmenso historial, y eso que aún estaban negociando con las autoridades franceses para obtener sus antecedentes completos. Era imposible que lo dejaran libre.

El policía dejó que su mente, consumida por el exceso de trabajo, divagara de la mano de la nicotina y el whisky. Nunca había imaginado al asesino de George así. Había conocido a muchos criminales a lo largo de su carrera, pero... Ninguno le había desesperado tanto. Ninguno se había molestado en matar cada vez de una manera diferente, pero siempre ofreciéndoles un patrón que seguir. Como si considerara necesario darles una guía para que no se perdieran. Y, a decir verdad... Había sido necesaria. Casi toda su investigación se había tenido que basar en esas pequeñas muestras de cortesía, ya que las pistas en escenas de los distintos crímenes brillaban por su ausencia. ¿Y todo para qué? Para que Batman atrapara a su hombre, un joven que podría ser tranquilamente su hijo.

Había oído todo tipo de comentarios sobre lo que había pasado, a cuál más extraño: Los novatos más impresionables rumoreaban sobre los detalles escabrosos, como el estado en el que habían encontrado a la última víctima, o el hecho de que sólo hubiera muerto una mujer; mientras que los veteranos, curtidos ya en centenares de crímenes perpetrados por los más variopintos psicópatas, preferían mantener la boca cerrada. Thompson sólo tenía clara una cosa: No llevaba ni un mes persiguiendo a Valjean, pero se sentía como si hubiera dedicado a aquel caso diez años de su vida.

Y, por encima de todo, necesitaba creer que no volvería a tener que preocuparse por ello nunca más. Aunque era cierta, al menos, parte de los rumores: El doctor Rhodes había sobrevivido, a duras penas. Thompson no lo había visto bien cuando llegaron al lugar de los hechos, pero el informe médico compensaba sobradamente su falta de atención a esa clase de detalles. Le habían cortado la lengua, y había estado a punto de ahogarse con su propia sangre. Tenía un brazo roto por varios sitios, las muñecas dislocadas... Y un estrés post-traumático del que sólo tienen las personas que han visto la muerte muy de cerca. Eso, por no mencionar los dos cadáveres que había en aquella nave abandonada a la que el murciélago les había llamado. Dos agentes, con sendos disparos en la parte de atrás de la cabeza. Hacían un total de trece víctimas en poco más de una semana.

Recogió los últimos folios que había en su mesa: Las fotografías de los muertos le sonreían desde aquellas páginas. Pero era una sonrisa artificial y desagradable, como la que se adueñaba del rostro de los cadáveres cuya piel se tensaba a medida que se pudría. Como la de las muñecas de la hija pequeña de George. Suspiró, y se bebió lo que quedaba en el vaso de un trago. El alcohol descendió por su garganta e inundó su pecho con una ola de calor, pero sin lograr desterrar el mal presentimiento que venía rondando su cabeza desde hacía días. Tenía que volver a casa.

Arkham Asylum, Gotham. 12:03 de la mañana. 31 de marzo de 2019.

-Ugh...-Había tenido resacas muchísimo peores, desde luego. Pero aquello no estaba mal: Notaba perfectamente cómo su cabeza estaba siendo partida por la mitad con una sierra. Conocía la sensación de sobras, aunque solía deberse al alcohol, y no a una sobredosis de murciélagos.

Abrió los ojos con lentitud, para encontrarse con el techo de la sala. De él, colgaba una lámpara de luz temblorosa, acompañada de un par de telarañas. Esbozó una sonrisa torcida, saboreando el recuerdo de la noche anterior. Los gritos de Cassandra aún permanecían frescos en su memoria, de donde no desaparecerían nunca. Suspiró, le dolía todo el cuerpo. "-Las mujeres van a acabar conmigo..."-No le preocupaba en absoluto, sin embargo. Ahora ya sabía que, la próxima vez que encontrara a Kasumi, tendría que desnudarla más rápido, antes de que consiguiera llamar al resto. Se incorporó y se sentó en el borde de la cama, llevándose una a mano a la sien. Sus ojos aún no enfocaban bien del todo, pero pudo distinguir los barrotes de la celda... Y el hombre con bata blanca que había al otro lado. Estaba apuntando algo en un portafolio. En el fondo del pasillo, Cédric detectó otra mente más, que seguramente pertenecía a un vigilante. Y juraría que, más allá, había alguna otra celda ocupada...

-Hey, tú.-El médico se tensó al oír su voz. Sabía lo que el nuevo interno era capaz de hacer: Infligir dolor psíquico a otras personas... Notó cómo se le hacía un nudo en la garganta. Estaba convencido de que, entre la llave de Batman y la medicación que se le había aplicado nada más llegar a Arkham, tardaría mucho más en despertarse. Creía que estaba fuera de peligro. -Vamos, no te pongas así. No te voy a hacer nada.-Se apartó con los dedos un mechón de pelo de la cara, sonriendo con sorna. -¿Sabes? Me muero por un cigarro. Seguro que puedes conseguirme algo de tabaco y un mechero.

-¿Quién demonios te has creído que...?-El vigilante se acercó a paso ligero, el sonido de sus botas marcaba el ritmo de unos pensamientos tan simples como sólo podían ser los de un idiota con algo de autoridad. Uniformado, calvo y con fusil; parecía simpático. No llegó ni a ponerse a la altura del doctor antes de desplomarse con un grito, como si le hubiera partido un rayo. Se retorció en el suelo, sintiendo en sus propias carnes lo que era ser víctima de una silla eléctrica sin demasiada potencia. Después, se quedó quieto. Cédric se pasó la lengua por los labios: Ese había sido uno de los "tratamientos" favoritos del doctor Elliot. El empleado de Arkham dejó caer el portafolio y el bolígrafo de la impresión. No podía apartar la mirada de su compañero, horrorizado. -Ah, se me olvidaba. Tráeme también algo para el dolor de cabeza, ¿quieres, John? Y que sea rápido. No tengo mucha paciencia.-El médico ni siquiera se dio cuenta de que lo había llamado por su nombre, a pesar de que no lo ponía en su placa. Se limitó a asentir, y salir corriendo en dirección a la salida.

-Vamos a ver qué tenemos por aquí...-En cuanto se vio solo, el mutante se levantó y se acercó a la reja de acero. No tuvo que estirarse mucho para alcanzar las notas que el doctor había estado tomando y el bolígrafo. Tuvo que contenerse para no echarse a reír al leer los comentarios sobre él. Escribió un par de cosas en la primera página, y se lo enseñó a la cámara que había en una esquina de su celda, en el techo. Quizás tendría que darle las gracias a Batman: Arkham estaba llena de posibilidades, y pensaba explorarlas todas, antes de reducir el Asylum a cenizas. En el centro de control, uno de los empleados de seguridad tragó saliva al ver que el recluso más reciente miraba directamente en su dirección. Por si fuera poco, aún se sintió peor cuando leyó lo que había escrito en el bloc de notas: “Traéme al director.”

Arkham Asylum, Gotham. 22:19 de la noche. 1 de abril de 2019.

Cédric exhaló una última bocanada de humo, y después apagó el cigarro en el suelo. Estaba tumbado en la cama de su nueva y acristalada celda, en el fondo del agujero más infecto del que disponía el psiquiátrico. Había sido sencillo que cedieran a sus exigencias. Una pequeña charla con Quincy Sharp, el regente de aquel distinguido tugurio, había bastado para hacerle cambiar de opinión en cuanto a su alojamiento. Se había dado bastante prisa, de hecho, en cubrir de espejos las paredes de aquella celda, y en meterlo en ella.
Lástima que también se hubieran dado prisa en preguntar a Rhodes cómo contenerlo. Tendría que haberle cortado también las manos, para que no pudiera escribir tampoco. Ya se imaginaba que, si aquel hijo de puta sobrevivía, buscaría la manera de vengarse. Pero no hacía falta que fuera tan rápido. Ahora, una pieza negra cubría sus ojos todo el día, a todas horas. Y, cómo no, estaba unida por la espalda al uniforme la mayor parte del tiempo, de manera que no podía quitársela él solo. Eso limitaba sus poderes, cierto... Pero la gran mayoría del personal (y ni uno solo de los presos) sabía cómo, ni qué poderes eran esos exactamente. Así que, en la práctica... Seguían en las mismas.

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Última edición por Cédric Valjean el 25th Agosto 2017, 16:54, editado 2 veces
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Cloe
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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   8th Enero 2017, 19:29

Arkham Asylum, Gotham. 22:30 pm

Aquella noche estaba siendo un infierno. No es que los días trabajando en Arkham sean la gloria bendita con todos aquellos criminales lunáticos encerrados en sus jaulas, por no hablar de las alas más profundas del manicomio donde los celadores debían ir protegidos por guardias de seguridad siguiendo un estricto horario y una conducta aun más estricta. Por no hablar de lo cortos que solían ser los contratos: o trabajabas lo justo para tener una nota en tu currículo digna de ingresar en cualquier otra institución o te pasaba lo que le pasó a la doctora Harleen Frances Quinzel, alias Harley Quinn, o algo peor... o mejor, según cómo lo viera uno.

Se estaba volviendo una noche la mar de especial para el jefe de celadores. Por un lado tenía que cuadrar de nuevo todos los horarios por la llegada de un nuevo paciente. Uno que nada más llegar lo habían etiquetado como sumamente peligroso y había tenido la visita del jefe, además de un trato preferencial. Eso solo pasaba con aquellos que era mejor mantener contentos para que no tuvieran que llamar a la policía, a los grupos especiales o rezar para que apareciera Batman o uno de sus pupilos.
Por otro lado tenía en sus manos una ficha que no estaba esperando. Una que parecía estar mejor cualificada de lo que requería el puesto, por lo que lo hacía aún más sospechoso. Y lo peor era que, a pesar de no cuadrar, todo parecía estar en regla. Nadie le había notificado aquella recién llegada pero ahí estaba, sonriéndole con esa sonrisa encantadora, con esa cara de porcelana y ese pelo negro bien sujeto, sentada como si la propia invención de la posición más básica de descanso hubiera sido creada con su molde. Y el uniforme de celadora no hacía más que realzar esa belleza tan antinatural.

- Su ficha es excelente - le dijo el jefe de celadores - por lo que no puedo evitar hacerle ésta pregunta: ¿por qué Arkham? Según su registro podría estar en cualquier lado. ¿Por qué aquí?
- Verá... estoy aquí porque debo estar aquí. No hay más. - La voz de aquella mujer representaba en sonido todo aspecto visual de su perfecto hipnotismo. No podía dejarla entrar así como así: se la iban a comer viva.
- Con esa respuesta no puedo entender por qué-
- Hoy les ha llegado un paciente. Uno sumamente especial. Creo que comprenderá la situación dada las circunstancias.

Acababa de tirarle un cubo de agua fría por encima con un yunque dentro. Por si las cosas no podían estar peor ahora le metían esa presión encima. Una celadora especial para un paciente especial. El pobre hombre no pudo más que suspirar, frustrado, abriendo la verja que daba paso al pasillo que conectaba con el ala del paciente.

- Va usted hacia el infierno.
- Pues abandonaré toda esperanza.
...

El característico sonido de la alarma que sonaba cuando abrían las puertas de seguridad llamó la atención del rubio encerrado en su habitación de barrotes. No entró ningún guardia. Tampoco entró ningún doctor. En su lugar una hermosa mujer de cabellos azabache vestida de celadora cruzaba el umbral con total serenidad. La sonrisa en su rostro y la seguridad en sus ojos hacían de ella un clavo en un pajar: no debería estar allí, y tampoco pertenecía al otro lado de las rejas. Era lo que todo "experimentado de la vida" podría leer en su rostro.

La mujer llevaba consigo una carpeta y un bolígrafo colgando del bolsillo izquierdo de su camisa. Agarró una silla y con toda la delicadeza de un camión de mercaderías arrastró sus patas al son de sus tacones, posicionando la susodicha silla delante de las rejas de Gabriel o, en éste caso, Cédric.

- Así que al final han encerrado al ratoncito. Oh bueno, eso sería si hubieran atrapado al ratoncito en cuestión. Pero no lo hicieron, ¿verdad que no? - Con una sonrisa de curiosidad, se sentó frente al rubio, cruzándose de piernas y apoyando su mano en su fino rostro. - ¿Eres mi hijo, rubito? ¿O ya vivías dentro del ratón como un parásito? Lo que hiciste en esa azotea... Aaaah... Casi noto palpitar mi corazón...
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Gabriel Leblanc
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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   11th Enero 2017, 18:16

A medida que Cloe caminaba por el pasillo, pudo notar que los pacientes la seguían con la mirada, atentos. Algunos se levantaban y se acercaban a ella tanto como sus camisas de fuerza, rejas y sujecciones varias les permitían. Ni siquiera parpadeaban, como si no quisieran perderse ni el más mínimo detalle. Y todos, salvo uno, se habían quedado totalmente callados, a pesar de que unos instantes antes ella juraría haber oído a través de la puerta el escándalo que cabría esperar de una casa de locos. El único que no la miraba estaba agazapado en un rincón, tapándose los oídos con las manos. Sus susurros ininteligibles y asustados eran la única banda sonora de aquella escena. Cuando la supuesta celadora pasó a su lado, levantó la cabeza, e hizo ademán de decir algo. De sus labios solo alcanzó a salir un débil gemido, antes de que él mismo se tapara la boca y volviera a su posición original.

Los guardias que la habían dejado pasar torcieron el gesto: Nunca se podía saber qué esperar de los internos. Un día estaban gritando y queriendo destrozarlo todo, y un momento después... Perdían la cabeza por la nueva, aunque de una manera bien distinta. Había que reconocer que era una mujer impresionante, de las que deberían estar en la portada de alguna revista y no entre aquellas paredes. Pero eso no explicaba en absoluto la situación, teniendo en cuenta que la mayoría de los internos de aquel ala no conservaban demasiados lazos con la realidad o con otros seres humanos. Además, ellos rara vez reaccionaban igual al mismo estímulo. Era... Raro. Pero, ¿había ocurrido en algún momento algo normal en el Asylum? En aquel sitio, la línea entre los pacientes y los empleados podía llegar a ser muy difusa. Incluso uno de sus mayores benefactores, Batman, era tachado de loco cada tanto. Quizás al jefe de celadores le pareciera extraño que se presentara una candidata atractiva, inteligente y dispuesta a hacer el trabajo más duro. Pero aquellos guardias habían visto de primera mano demasiadas cosas como para sorprenderse demasiado por la aparición de la francesa.

Cuando Cloe llegó a la altura de su celda, se encontró con que su "paciente especial" estaba esperándola. Estaba de pie, apoyado en los barrotes que los separaban. Desde luego, no parecía demasiado molesto por la situación. Tras él, los espejos que cubrían las tres paredes restantes de su celda multiplicaban su imagen una y otra vez. A pesar de que tenía los ojos tapados, la miraba a la cara, como si no tuviera nada. -Tu hijo o un parásito... Siento decirte que no soy ni lo uno ni lo otro. Soy el príncipe que antes era una rana.-La sonrisa era la misma, sin duda. La misma que había echado por tierra la fuerza de voluntad de aquellos matones, la misma que Cloe había visto antes de morir por enésima vez. -Por cierto... Gracias por el beso, princesa. Me alegro de que lo disfrutaras también.-Hubiera sido gracioso que también fuera su madre... Cédric tenía cierta experiencia con progenitores muertos. Aunque esa sería la primera vez que uno se levantara de nuevo después de recibir un balazo.

-Supongo que te quedarás una temporada por aquí. ¿No? No te hubieras resignado a ponerte eso si no...-Sacó un cigarro y un mechero de Dios sabe dónde, e hizo un gesto vago hacia ella antes de encenderlo. -Oh, perdón. Dónde estarán mis modales... ¿Quieres? La mitad de los que están aquí matarían por uno de estos. Ver sus caras es mejor incluso que fumar por fumar.-Ah, la envidia... No era ni de lejos lo mejor de Arkham, pero no estaba mal del todo para pasar un rato. Afortunadamente, se le acababa de presentar otro pasatiempo mucho más entretenido, y más peligroso que la nicotina o las ansias homicidas de sus compañeros.

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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   13th Enero 2017, 20:21

Un príncipe que antes era una rana... ¿O un príncipe que AHORA es una rana? No sabía con cual de las dos referencias quedarse. Aquel que tenía ante sus ojos no podía catalogarse como un príncipe, y si hubiera que hacerlo el puesto se lo quedaría el otro, con corona y un corazón de honor clavado en el pecho. El que tenía delante era... más bien un cocodrilo. Uno con muchos dientes y una sonrisa predispuesta antes de hincar el último bocado.
Y el recuerdo de aquel beso... ¡Oh! Cloe aún se estremecía al recordar aquel momento. Por costumbre su mente suele olvidar todo cuanto estuviera relacionado con su muerte. Pero aquella vez quien le quitó la vida fue la escopeta de ese matón, accionada por la propia morena. El rubio que tenía delante "tan sólo" le abrió un agujero del tamaño de una canica en el vientre y la hizo sangrar hasta que se quedó sin fuerzas. Y cómo disfrutó de aquel balazo: la mirada en sus ojos; la resolución en sus manos; el tono de su voz... Un dulce escalofrío le recorrió los brazos y tuvo que sujetárselos a modo de abrazo para no temblar mientras observaba a su nueva presa, siempre con una sonrisa en sus carnosos y rojizos labios.

Cloe dejó que el muchacho se presentara. Sus acciones, su forma de hablar, el cómo lo hacía... la morena lo estaba analizando de cabo a rabo. Encontrar así un diamante en medio de un colchón demasiado blando era casi como un regalo de los dioses, si es que existían. Había tantas preguntas en su cabeza, tanto por investigar... Pero tenía que ser paciente. Poco a poco, y con calma, disfrutando de todo momento.
No respondió a su pregunta sobre el cigarrillo ni hizo ademán de coger uno. Estaba de pie, quieta, mirándolo, casi como una lechuza fijando su objetivo. Otro depredador nocturno.

Como un resorte la morena volvió a respirar, recordando que seguía viva y que debía actuar como tal. Las estatuas eran bonitas de ver, pero un tostón ser una de ellas.

- La verdad es que me apetecía vestirme de ésta forma. Siempre me han gustado los uniformes, sobretodo cuando no deberías llevarlos. - La mujer se acercó hasta donde estaba el guardia más cerca. Lo suficiente para que pudiera escuchar su voz. - ¡Eh, los de ahí fuera! Venid aquí.

Tras dudar un momento y mientras Cloe volvía a situarse frente a la celda del rubio, dos guardias siguieron los pasos de la mujer, no muy seguros de seguir allí donde estaban y no en sus puestos.

- ¿En qué podemos ayudarte?
- Liberadlo.

Sendos hombres se quedaron petrificados al escuchar las exigencias de la mujer y se miraron el uno al otro, y Cloe ya estaba preparada para cortarlos antes incluso de que la duda asomara por sus bocas.

- ¿Es que sois sordos, tontos o vuestros padres eran hermanos? He dicho... liberadlo. Y si tenéis alguna queja id a ver al director y decidle que habéis tenido a su invitada especial esperando durante la media hora que tardaríais en ir a buscarle, aguantar su bronca y volver. Mejor nos saltamos esos pasos y hacedle caso a la puñetera "celadora", ¿queréis, cielos?

Cloe se acercó a la jaula, sujetando los barrotes con sus delicadas manos como si fueran su pastel de cumpleaños y no pudiera esperar el momento de soplar sus velas.

- Hazme un favor ma cherie y pórtate bien al menos... durante un ratito, ¿oui? Y demos un paseo bajo el amparo de los lu-ná-ti-cos... - Se apartó para que los guardias se acercaran al recluso y pudieran hacer su trabajo mientras ella observaba la escena algo apartada. - Me pone nerviosa hablar con alguien sin poder verle los ojos. Quiero verlos... mientras el encantador príncipe rana se va presentando a su queridísima celadora.
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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   5th Febrero 2017, 02:21

¿Cuándo había dejado de respirar? El francés había tenido mucho tiempo para pensar esos últimos días, y había llegado a la conclusión de que quizás Cloe no estuviera realmente viva. Al fin y al cabo, no sería tan raro, teniendo en cuenta la cantidad de muertes y mutilaciones que había sufrido últimamente, y lo improbable que le parecía que fuera miembro de la Mano, como había dicho Elektra. Y sin embargo, siempre reaparecía sana y salva... Cédric obligó al interno de la celda de enfrente a inclinarse un poco más, para verla mejor. A través de los ojos de aquel lunático, podía ver todo aquello que la venda le ocultaba. Una chispa de dolor le llegó a través de la conexión que mantenía con él, pero la ignoró. No era su problema que las ligaduras de ese tipo estuvieran demasiado apretadas.

La conversación que escuchó entonces le hizo alzar una ceja. ¿En serio iban a caer en eso? O bien Cloe tenía poderes mágicos, o bien esos tipos eran auténticos imbéciles. O quizás fuera por su figura en general, no estaba muy seguro de hasta que punto llegaba la resistencia de ese par a los encantos femeninos. Apostaría a que estaban al nivel de un perro en celo. En cuanto Cloe acabó de repartir órdenes, él se apartó de los barrotes en los que había estado apoyado todo el rato, y se acercó a la puerta. No quería que se perdieran buscándolo por la celda. -Siempre me porto bien, encanto... Cómo se nota que no me conoces.-Sus palabras destilaban ironía, mientras uno de los vigilantes le soltaba la venda de los ojos. Al principio, la luz de los fluorescentes le cegó, haciéndole parpadear para acostumbrarse. En cuanto pudo volver a usar sus propios ojos, salió, pasando olímpicamente de los hombres armados como si no existieran. Al fin y al cabo, Cédric había visto muchos imbéciles a lo largo de su vida, pero solo a una Cloe. Eso la convertía automáticamente en el centro de su atención, por encima de personas con la capacidad de volarle la tapa de los sesos en ese mismo momento. -Y gracias, por cierto. Ha sido todo un detalle. Por cierto... ¿Vosotros dos no teníais que ir a hacer algo a otra parte? No pensaréis quedaros aquí todo el día... ¿Verdad?-Aunque resulte difícil de creer, pillaron la indirecta a la primera, y se fueron a paso ligero, a hacer su trabajo en algún pasillo en el que nada sospechoso estuviera pasando. Y, si en algún momento alguien les preguntaba por lo que acababan de ver, dirían que nada de nada. Que ellos estaban muy ocupados contando las grietas de la pared.

-Veamos... ¿Por dónde íbamos? Ah, sí. Las presentaciones y todo eso. Soy Cédric Valjean, encantado de volver a verte viva. Aunque te recordaba un poco más alta. Supongo que al verte en el suelo me hice una idea equivocada.-Continuó, con cierta sorna. Una vez estuvieron solos, comenzó a caminar en dirección contraria a la que habían tomado los otros dos. Si su orientación no fallaba, pronto llegarían a una zona en la que realmente podrían pasear al amparo de los lunáticos. -¿Me dirás qué se te ha perdido por aquí si te lo pregunto? Ya sé que es un lugar fascinante, pero... No es muy turístico. ¿Algún trato con algún mafioso? ¿O sólo has venido a hacerme compañía?

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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   5th Febrero 2017, 19:20

Cloe se mantuvo en tercer plano, como la sombra del rincón de una habitación, observando cómo los guardias liberaban a su pequeño ratoncito de indias. Solo que como intuyó la última vez que se vieron, al abrir la jaula no se encontró a su "adorado" ratoncito, sino a una sonriente hiena que se sentía el amo de aquel agujero. Los labios de Cloe se alargaron mientras sus párpados se iban cerrando poco a poco hasta quedar una simple rendija por la que disfrutar del espectáculo. No había pasado nada, no iba a pasar nada, pero dentro de la cabeza de Cloe se iban moldeando ciertas escaleras que conducían a un desván oculto, con un baúl sombrío y un secreto bien escondido.

Se quedaron solos los dos, uno frente al otro. Si, era cierto, el rubio era más alto que la morena, pero tampoco mucho. Tal vez fueran sus tacones. Tal vez fuera su presencia que no menguaba ante nadie. Tal vez era una competición entre ambos carroñeros.

- Enchantée... - le respondió al rubio, dándole un buen repaso de arriba a abajo, con los ojos bien abiertos y mostrando parte de sus dientes a través de su sonrisa.

El sonido de los tacones siguieron de cerca los pasos del propio Cédric. No le importaba a dónde iban, o si iban a algún sitio. No le importaba si estaban solos, si alguien les espiaba... Acababa de quitarle el lazo a su regalo, e iba a disfrutar de lo lindo todo el proceso de quitarle el papel, abrir la tapa y jugar con su nuevo juguete.

- Siendo sincera y directa, vine a buscar un pequeño ratoncito al que juré hacerle la vida imposible después de que me puteara, pero resulta que en su jaula me encontré con su cadáver, o sus restos. El caso es que se lo había zampado una hiena con demasiados dientes. Tengo los restos delante y me pregunto, ¿puede que aun siga vivo ese agente de SHIELD, o ya puedo ir despidiéndome de él? Y volviendo a ser sincera y directa, me importa una mierda lo que le haya pasado a tu amigo, o tu hermano, o lo que seáis. Tampoco me importa. Pero siento cierta curiosidad por ti, Cédric. Me pareces todo lo contrario a tu antiguo yo. ¿Eres su antítesis? ¿De dónde has salido? ¿Y durante cuánto tiempo voy a disfrutar de tu compañía? Quiero saberlo TODO sobre ti astuta hiena. Así que ve preparando una lista de todo lo que vayas a decirme y cómo me lo vas a decir, porque no pienso irme hasta que lo sepa.
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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   7th Febrero 2017, 20:22

-Sospecho que lo he matado al salir.-No parecía muy afectado, en realidad. De hecho... Quizás Cloe creyera ver una especie de brillo satisfecho en sus ojos, la marca de la locura que se había instalado al otro lado. -No puedo oírlo, ni siquiera ha intentado moverme como hacía antes. Y no tenía otro sitio a dónde ir, así que... Te has quedado sin él.-Era verdad: Antes, ambos habían compartido el mismo cuerpo. Gabriel nunca había reparado en él porque no sabía que había alguien dentro de su mente. Pero, por más que Cédric lo había buscado, no había encontrado ni rastro del otro. Sus recuerdos aún estaban ahí, borrosos y confusos, pero aún así visibles. Sin embargo, no había una identidad que correspondiera a esas experiencias, no había otra voz compitiendo con él por el control. Se había quedado solo.

-Y por favor, no pienses en... Eso, como si fuéramos amigos ni nada parecido. Por no ser, no era nada más que un programa. Una mezcla de recuerdos convencida de que era una persona.-El pasillo torció un par de veces, y se dividió otras tantas. Desde luego, el arquitecto de aquel lugar podría haber sido un paciente más del Asylum. Quizás hubiera estado en alguna de aquellas celdas, reducido a un cuerpo agazapado y babeante, encerrado en su propio mundo de pasillos y escaleras, ventanas y más pasillos. -Ni siquiera existía de verdad. Imagínatelo como una prótesis que te han puesto, aunque no la necesitabas. Sólo que, en lugar de estar atada a un brazo, o una pierna... Te la ponen dentro. Eso era tu ratoncito, nada más.-A medida que avanzaban, el murmullo que había hecho su aparición hacía un rato se intensificaba. Se cruzaron con algún otro celador, pero ninguno parecía especialmente dispuesto a preguntar qué estaba pasando allí. La ignorancia da la felicidad, se dice, y también te libra de la bronca si la morena estaba haciendo algo que no debería. -Supongo que podrás disfrutar de mi compañía hasta que uno de los dos se aburra. No pienso morirme próximamente, y a tí te da igual hacerlo, así que tenemos tiempo de sobra para conocernos a fondo, y terminar por cansarnos el uno del otro.

Después de unos minutos y alguna escalera ascendente, llegaron a una enorme sala, de techo abovedado. Esa zona tenía dos pisos: La parte de arriba, formada por pasarelas metálicas que pendían a varios metros del suelo, por las que caminaban; y la parte de abajo, con un bloque de jaulas metálicas en el centro, y un pasillo alrededor. El murmullo se había convertido ya en un ruido considerable, pero tan inintelegible como cuando hacía falta prestar atención para escucharlo. En un lateral había una puerta, guardada por dos armarios roperos pertrechados con chalecos antibalas, cascos... Lo que alguien llevaría para vigilar una catástrofe a punto de ocurrir, vaya. Aquí y allá, los doctores y enfermeras hacían sus quehaceres, procurando no acercarse a los barrotes tras los cuales estaban las personas a las que tenían que ayudar. Los gritos amortiguaban sus pasos sobre el suelo metálico, listo para ser electrificado en caso de que algo saliera mal. -Por cierto... Bienvenida a Arkham. Supongo que no te han enseñado todavía las partes interesantes, ¿no?-Se apoyó en la barandilla de acero, que chirrió débilmente en respuesta a la presión. Algunos de los internos dirigieron sus ojos inyectados en sangre hacia arriba, hacia ellos. La mayoría tenía la piel pálida, sucia y cuarteada, apenas diferente de la tela de las camisas de fuerza con las que estaban vestidos.

-Aquí es donde meten a los locos de verdad... A los que no tienen remedio. No saben lo que tienen, así que... Los dejan aquí. En realidad, es como visitar un zoológico.-Cualquier telépata medianamente empático estaría vomitando, o llorando, o ambas cosas a la vez. Sobra decir que no era el caso, por supuesto. Esos... "pacientes", los lunáticos, no solo eran desagradables de ver con los ojos. Sus mentes, destrozadas de mil formas diferentes, apenas podían pensar en nada que no fuera comer, dormir, y destruir cualquier amenaza. Cédric aún no sabía qué les había pasado exactamente, pero se jugaría lo que fuera a que alguien se había puesto a jugar con lo que no debía dentro de sus cabezas.

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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   21st Marzo 2017, 21:54

Así que el pequeño ratoncito estaba muerto, pensó la morena mientras acompañaba los pasos del rubio por aquel laberinto donde hacía mucho tiempo se había perdido la cordura. Decir que se había quedado sin él en parte era cierto, porque durante los últimos encuentros su motivo de venganza se había convertido en un divertido sistema interactivo donde Gabriel era el juguete principal y Cloe, la niña. Tan sólo esperaba que aquel que había ocupado su lugar lo entretuviera de la misma forma o mejor. Las expectativas eran altas según las suposiciones que se formulaba la francesa con cada mirada indiscreta que le echaba al tal Cédric.

- Me parece a mí que te empeñas demasiado en remarcar la posición del ratoncito. Como se suele decir, "con una vez, basta". ¿No será que tienes miedo que realmente no esté muerto y que algún día vuelva y te quite el control? ¿No te agobia el recuerdo de volver a estar encerrado, con la única fuga de una ventana para tus gritos? Oh, pagaría tanto por conseguir un asiento en primera fila para ver todo el espectáculo...

Acabaron por llegar hasta unas pasarelas por encima de un grupo de jaulas donde mantenían encerrados a los más maníacos de toda Arkham. Cloe echó un vistazo sólo para poder darse el gustazo de saborear tanta originalidad compactada en una sola sala y se preguntó si aquel que tanto había hecho por Gotham estaría por allí. Un delicioso escalofrío le recorrió la espina dorsal, mordiéndose el labio inferior mientras flexionaba los dedos de los pies, gustosos. Eso último, Cédric no podría notarlo.

- Un zoológico... - El rostro de Cloe se tornó en una máscara de escasez emocional, con sus ojos fríos fijos en las jaulas y luego, en Cédric. - Pfff, menuda gilipollez. A los pintores se les da un lienzo y un pincel. A los escultores un trozo de mármol. A los fotógrafos una cámara tan cara como sus pisos de mierda y a éstos artistas los tienen aquí metidos, sin poder divertirse a su antojo. Dime, ¿tú qué piensas? - le preguntó al rubio, acercándose a él, rodeándolo para tener su pecho de frente y su espalda contra las barandillas. - ¿No sería divertido poder soltar a todos éstos por Gotham? ¿No sería divertido ver todo lo que podrían hacer? Dime... ¿puedes leerme la mente? - Cloe sonrió, divertida y traviesa, ronroneando mientras sus dedos escalaban de forma horizontal su pecho como si fueran las piernas de una persona. - ¿Sabes que en los zoológicos hay accidentes?

Cloe empujó a Cédric con todas sus fuerzas contra la barandilla para que cayera encima de la primera jaula que tenían debajo. Una jaula con un tipo la mar de simpático: ojos salidos, boca llena de espuma, manos prensiles y un fuerte parentesco a un simio cabreado.
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Gabriel Leblanc
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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   4th Abril 2017, 00:16

-Miedo... No, creo que no. No recuerdo la última vez que tuve de eso.-No era mentira, pero, desde luego, no era una verdad absoluta. El francés había sentido el terror de más personas de las que podía recordar en ese momento. No, más bien... Le gustaba regodearse en su propia libertad. Como otras tantas cosas, lo hacía por el mero placer de hablar de ello. No había palabras para describir cuánto le gustaba el sonido de su propia voz, y más aún si se trataba un tema tan agradable como la desaparición de ese monstruito de Frankenstein que le habían metido dentro. No había estado consciente todo el tiempo, pero durante esos cuatro años, había tenido mucho tiempo para aburrirse. Y para él, cada instante de aburrimiento era demasiado. Al contrario de lo que Cloe decía, no había gritado ni una sola vez. No, más bien se había dedicado a forcejear todo lo que había podido. Al principio, no había servido de nada, pero más adelante... Gabriel se había encontrado haciendo cosas que juraría que no quería hacer. Pequeños gestos que no había ordenado realizar a sus manos, y que había achacado a ese supuesto accidente que había sufrido durante una misión hacía cuatro años.-No sé por qué no me cuesta imaginarlo. Aunque sería una lástima que te quedaras como espectadora, me gustaba más cuando jugabas.

Desde su inestable posición, el mutante podía contemplar con toda comodidad a su compañera y a los artistas que se retorcían y aullaban a sus pies. Parecía que él no era el único compacido por el espectáculo: Aunque no podía leer la mente de Cloe, no hacía falta ser un genio para encontrar la huella de esa retorcida pasión que tienen unos locos por otros en sus palabras. Por los locos... O por el caos que los acompañaba. -Opino que deberías estar en una de esas jaulas, preciosa.-Era verdad, desde luego, pero Cédric moldeó esa verdad en forma de broma. Como si no fuera obvio. Se echó un poco hacia atrás, como invitando a Cloe a acercarse más. No la comprendía del todo, pero, a pesar de eso (o gracias a eso, precisamente), le apetecía hablar con ella. Eso sí, hacía muchas preguntas. ¿Tan ansiosa estaba por saber? Como si tuvieran prisa... -Lo sería, sí. Pero me gusta ir por partes... Si los soltara ahora, armarían un buen jaleo, sí. Pero acabarían tiroteados por la policía, y ya no podría volver a disfrutar de ellos leyéndolos. Estarían perdidos para siempre.

Había una diferencia fundamental entre el pensamiento de Cloe y el de Cédric. Donde la primera veía artistas, artífices del caos que tanto adoraba; el segundo veía obras de arte. Forjadas por la vida, únicas en su especie, conservadas en vitrinas de acero para su uso y disfrute, eso es lo que eran. Juguetes nuevos de los que se desharía cuando los rompiera del todo. Solo entonces saldrían por esa puerta, si de Cédric dependía. Claro que, para su disgusto, no todo dependía de él en aquel asilo. No todavía.-Dime... ¿Puedes leerme la mente?-Ah, la pregunta del millón. Si el "sexto sentido" de Cédric fuera parecido a la vista, Cloe sería como un esbelto punto ciego en su visión, que sin embargo pujaba por atraer su atención por encima de otras figuras que sí podía ver. Leerla era como meterse en la mente de una araña. Y como una araña se deslizó sobre su pecho, arrancándole una sonrisa tan afilada que podría cortar los barrotes de las jaulas por la mitad. -Creía que te gustaba jugar. ¿Por qué no lo averiguas sobre la marcha?-No poder leerla hacía todo más interesante, desde luego, pero la causa de ese interés se debía, en gran medida, al peligro que entrañaba. El telépata estaba acostumbrado a predecir con cierto margen lo que iba a hacer cada persona a su alrededor. Por eso la reacción de Cloe le pilló totalmente por sopresa.

Sin embargo, lo que llegó a los oídos de Cloe fue el sonido de una risa, en lugar de un grito. Cédric tenía muchos motivos para odiar a los responsables del programa que lo había sustituido por Gabriel. Pero les podía agradecer una cosa: Gracias a ellos, había ganado una resistencia al dolor considerable. Por ello, la caída le dolió más bien poco. Y, en cuanto al lunático que estaba a punto de ponerle las manos encima... Hay pocas cosas más rápidas que el pensamiento, y pocos pensamientos más rápidos que los de una persona que los utiliza como si fueran un miembro más de su propio cuerpo. Por eso, tan pronto como Cédric se dió cuenta de dónde iba a ir a parar su cuerpo, su mente comenzó a trabajar. Buscó la mente de ese hombre, y entró en ella derribando la puerta de una patada. Ese tipo la mar de simpático se lanzó a por la figura que había aterrizado ruidosamente sobre su jaula, con la intención de destrozarle los huesos contra los gruesos barrotes. Sin embargo, una convulsión lo paró en seco a mitad de camino, tirándolo al suelo.

-Eso no ha sido justo, Cloe. No estaba preparado ni nada...-Se incorporó un poco, llevándose una mano a la cabeza. Sin embargo, no alzó la cabeza para mirar a la morena. Tenía la vista fija en el paciente sobre cuya celda se encontraba. Se había agachado en el suelo, con las manos alrededor de la cabeza, como protegiéndose de un monstruo que nadie más que él podía ver. Al cabo de unos segundos, levantó la cabeza de golpe, como impulsado por un tic nervioso.-Yo... ¿Dónde...? ¿Qué me ha...?-Aquel hombre miró a su alrededor, parpadeando. Asimilando dónde se encontraba... No, no, tenía que ser un sueño. La peor de las pesadillas. Ni siquiera se le ocurrió mirar arriba, donde un joven rubio le miraba con ojos ardientes, deseosos. En los ojos de aquel hombre destrozado ahora relucía un brillo distinto. La luz de la cordura, la peor de las enfermedades, se había hecho con su mente destruida.

Uno de sus "compañeros" se arrojó contra la reja que los separaba, sumando a su propio alarido el ruido del metal al estrellarse contra su cuerpo. Aquello no era un sueño. No, era mucho peor. Aquella era la realidad en la que llevaba viviendo tantos años sin darse cuenta. Por instinto, miró sus propias manos. Descarnadas, sucias, llenas de pequeñas heridas de sus propias uñas, pálidas por la ausencia de sol y aire fresco. Corrió a trompicones hasta la reja exterior, tan rápido como sus piernas, atrofiadas por las restricciones que había llevado durante todo este tiempo, le permitieron.Sacadme de aquí! ¡Por favor! ¡Que alguien me ayude!-Sin embargo, nadie acudió en su ayuda. Al menos, no a dejarle salir, como él pretendía. Los médicos y enfermeras, que hasta hace un momento estaban tan tranquilos (o todo lo tranquilo que se puede estar en el Arkham Asylum), miraban horrorizados a los dos. Al cuerdo entre locos, y... Al chico que se había sentado encima de la jaula, con una sonrisa inmensa en la cara. El loco entre cuerdos. Los guardias, atraídos por los gritos, se habían ersonado allí con una eficacia digna de elogio, y ahora les apuntaban con sus respectivas armas. Sin embargo, por muy profesionales que fueran, los gritos del lunático que ya no lo era los habían hecho estremecer.

Cédric hacía sufrir a los demás, siempre. Incluso cuando parecía que hacía un favor, en relidad lo único que buscaba era infligir un dolor que revirtiera en algo placentero para él. No quería curar a ese hombre.-...Por favor... Alguien...-Lo único que buscaba de él... Era volverlo a hacer caer en las garras de la demencia. Quería saborear el terror de saberse encerrado, el descubrir que se había convertido en algo peor que un animal... Y la desesperación de notar como todo eso volvía una vez más, sin que nadie pudiera ni quisiera ayudarle. Cuando más tarde el alcaide interrogara a los médicos que lo habían visto todo, le asegurarían que habían visto llorar a ese paciente a medida que su voz se apagaba, ahogada por un creciente gruñido. Habían hecho bien en no acercarse. Una nueva convulsión después... Quien hace unos segundos era Eric Stevens, padre de dos niños y dueño de una pequeña tienda en Gotham, volvió a sumirse en la oscuridad de su estado original. Con fuerzas renovadas, alargó las zarpas, buscando algo que agarrar, que destruir. Estaba asustado, y no sabía por qué. Claro que... Ahora, no lograba razonar lo suficiente para averiguarlo.

Sintiendo todas las miradas sobre él, Cédric bajó de la jaula por una de las paredes laterales, alejado de la máquina de pulverizar cosas en la que se había vuelto a convertir su amiguito. No había manera de que se le borrara la expresión de felicidad de la cara. El sufrimiento de ese hombre... Ah, quien decía que no había nada mejor que el sexo, era porque no había probado eso. Miró disimuladamente hacia arriba, en busca de la espectacular figura de Cloe. Quizás hubiera desaparecido, aunque Cédric estaba por apostar a que se había quedado mirando. -Oh, por fin encuentro al servicio de habitaciones... He salido a dar un paseo y no encuentro la mía. ¿Me podéis indicar dónde está?

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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   10th Abril 2017, 16:21

En el instante en que Cédric cayó por la barandilla, las alarmas se dispararon. No sonaron sirenas ni se iluminaron los faros rojos en la sala. Los que gritaron fueron los propios médicos que vigilaban a sus "pacientes" y los guardias que vigilaban cada rincón de cada gramo de aquella mega-estructura. Uno de esos guardias estaba cerca de Cloe cuando ésta arrojó a su nuevo conejo de indias contra la jaula de más abajo, y pese a estar tan próximo no pudo ver lo que hizo la francesa. En su lugar vio las consecuencias y se acercó lo más rápido que pudo a la morena.
De haber girado la cabeza unos segundos antes la situación sería muy distinta, y en lugar de socorrerla estaría atándola a la barandilla para luego entregarla al jefe de seguridad y que la interrogaran por lo que había hecho. Sin embargo esos escasos segundos fueron suficientes para no descubrir el pastel demasiado pronto.

- ¿Qué ha pasado? ¿Se encuentra bien?
- Yo si, ¡pero mi paciente se ha caído! ¡Rápido, necesita ayuda!
- ¡Tú, tú y tú! ¡Asegurad al paciente! - les gritó a los tres guardias que estaban más cerca de la jaula con el paciente violento.

Mientras recorrían la pasarela hasta donde se encontraban las escaleras al nivel inferior, el guardia no pudo evitar echarle el ojo un par de veces a la morena, preguntándose si la expresión que había visto en su cara, una mueca horrible entre diversión y oscuro placer había sido una ilusión de su cansada mente o de verdad... Desestimó lo segundo cuando ésta vez vio preocupación y profesionalidad en lugar de aquella máscara más propia de estar al otro lado de las rejas.

Se esperaban un espectáculo de furia y golpes, gritos y un coro de violencia con el paciente de la doctora en medio de toda la vorágine, y en su lugar vio algo que hacía tiempo no veía dentro de aquel sitio: cordura.
El paciente violento parecía confuso dentro de su conocimiento, de su coherencia. Hacía mucho tiempo que el guardia rondaba la misma pasarela y la misma zona a diario, por lo que conocía todos los pacientes que estaban bajo su custodio. Aquel no era de los que razonaran y pedían piedad por una existencia que no comprendían. Las babas y la mirada perdida habían sido sustituidas por ojos llenos de terror y súplicas.

Aquella obra de Dios duró poco, y el hombre cayó de nuevo en una locura irrefrenable. Se golpeaba contra los barrotes y apretaba tanto los dientes que las fracturas en éstos se abrieron un poco más. Pronto se quedaría sin dientes y tendrían que arrancarle los fragmentos afilados que quedarían en su lugar.
Y encima de aquella pobre bestia estaba Cédric, tranquilo y sosegado. El guardia se lo quedó mirando sin comprender. Su instinto más primario le indicaba que apretara el gatillo allí mismo. A la larga, todos se lo agradecerían. Un pensamiento cuerdo en un mar de locos.

- Por favor, que lo lleven a la enfermería y le hagan una revisión. Ha caído desde una buena altura contra una superficie extremadamente dura. Puede que tenga contusiones internas o algún hueso fracturado.

La calma que desprendía la morena rozaba la fina línea que separaba lo profesional de lo irracional. El guardia estaba hecho un manejo de nervios por lo que había visto aquel día y sin embargo, tanto la mujer como el paciente estaban... tranquilos. Casi parecía que existieran en el mismo plano de existencia, excluidos del resto de mortales.

- Ya habéis oído a la señorita - acotó el guardia para que los otros tres hombres se encargaran de todo. Aquel guardia tenía un asunto importante con una llamada telefónica y unos días de permiso... o acabaría tras las mismas rejas que custodiaba.
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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   10th Julio 2017, 03:25

Si había que reconocerle una cosa a Cloe, era que se lo sabía montar muy, muy bien. No sólo hacía lo que le daba la gana, sino que además, se las arreglaba para quedar perfectamente de cara a la galería. Cuando hizo su aparición, poniendo orden en el incidente que ella misma había creado, Cédric no pudo evitar sonreír. Si así se iban a quedar más tranquilos... Él no tenía inconveniente en dar un paseo hasta la enfermería. Entretanto, se dedicó a disfrutar de la confusión y el horror que habían infectado las mentes de los empleados. Incluso se permitió guiñar un ojo con complicidad al tipo que había estado a punto de dispararle. Chico listo, se quedaría con su cara. Nunca se sabía cuándo se podía necesitar a un hombre lo suficientemente inteligente como para descubrir la opción correcta, pero lo suficientemente cobarde para no llevarla a cabo. Aunque... ¿Quién podía culparle? Mucha gente habría perdido los nervios con menos de lo que ese hombre había visto aquella tarde. Y la situación sólo iba a empeorar a partir de entonces.

Si alguno de los celadores esperaba que Cédric opusiera resistencia, se llevó una decepción monumental. De hecho... Caminaba bastante más deprisa que ellos, como si no quisiera perder el tiempo con algo tan nimio como curarse alguna contusión interna o un hueso fracturado. Al fin y al cabo, no tenía que moverse demasiado mientras estuviera en Arkham, y el dolor no le molestaba siempre y cuando pudiera suprimirlo mentalmente. Curarse no era una preocupación para él.

Sin embargo, los médicos que lo esperaban en la enfermería no opinaban lo mismo. Bajo la mirada aburrida de su paciente, los empleados del Asilo se aseguraron de que no se había hecho nada con la caída. Nada más de lo que ya llevaba, al menos. La primera vez que Cédric había ido ahí para el "examen médico inicial", como les gustaba llamarlo, sus cicatrices habían levantado algún murmullo de más. Murmullos inservibles, por otra parte. Podía leer directamente en sus cabezas lo mucho que les extrañaba que a alguien le hubieran abierto la nuca, como buscando alcanzar el cerebelo, y realizado lo que parecía una operación a lo largo de toda la médula espinal.

En aquella ocasión, los murmullos no hicieron acto de presencia. No, cedieron su lugar a las miradas de reojo, a las indicaciones rápidas y a la eficacia de un proceso tan riguroso como una cadena de montaje. Visto lo visto, nadie quería que pasara más tiempo del necesario fuera de su celda.

Y no lo pasó: Cerca de media hora después, el 24601 estaba de nuevo entre rejas. Había acabado magullado, con la atención de Sharp puesta sobre él, y con la mitad de guardias sobre aviso de que tuvieran aún más cuidado. Podría decirse que había sido una de las peores jugadas de su carrera. O lo habría sido, si no hubiera aprovechado para robar la tarjeta de seguridad de uno de esos mismos guardias. William Jones... Uno de los armarios empotrados que solía vigilar a los lunáticos. Eso debería permitirle el acceso a las partes más divertidas del Asylum, por lo menos.

Era increíble lo útil que había resultado pasar el final de su adolescencia metiendo las manos en bolsillos ajenos. Ya fuera para sacar dinero o meter todo tipo de mercancías, era algo que no se olvidaba con facilidad. Y resultaba más divertido, incluso, si podías facilitar tu propio trabajo manipulando la percepción de la persona en cuestión. Pero a Cédric le gustaban demasiado los retos como para darse una ventaja tan grande, así que.... Decidió confiar la suerte de esa pequeña pieza de su plan de fuga a la suerte y a su propia habilidad. Y si hubiera salido mal, lo habría intentado de nuevo. Una, y otra, y otra vez, hasta que tuviera la dichosa tarjeta consigo. No tenía nada mejor que hacer con su vida, al fin y al cabo.

Después de asegurarse de haberla escondido bien, el francés se tumbó en el catre de su habitación, dispuesto a hacer el vago hasta que Cloe volviera. Porque iba a volver, estaba seguro. Había vuelto siempre cuando era Gabriel, al fin y al cabo. Además... ¿Quién se toma tantas molestias para sólo divertirse un rato? Nadie. Ni siquiera ella estaba tan loca.

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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   2nd Agosto 2017, 00:53

El francés no tuvo que esperar mucho a la llegada de Cloe o más bien, la propia Cloe estaba esperando el momento adecuado mientras lo esperaba en algún rincón oscuro y poco iluminado de aquel agujero llamado manicomio. Los tacones anunciaron su llegada y Cédric escuchó murmullos muy bajos para poder escucharlos bien. Eran dos personas, tal vez tres. Una de las voces hablaba más que las otras. Después se escuchó el resonar de las botas de los guardias alejándose de la celda. Fuera lo que fuera lo que estaban discutiendo, la voz cantante ganó la disputa.

El perfil de la morena apareció ante la vista del paciente/recluso 24601, observándolo con sus preciosos y tenebrosos ojos, alargando una sonrisa placentera cubierta por el carmín. Sus dedos jugaban con una tarjeta de seguridad sin saber muy bien qué hacer con ella.
Oh, pero la francesa estaba segura de lo que iba a hacer.
Se acercó a la puerta de Cédric, abrió rápidamente su celda y sin esperar se metió dentro, cerrando tras de si. Con algún juego de manos Cloe ya no llevaba la tarjeta encima. En su lugar tenía su otra mano con los dedos entretejidos con sus gemelos, moviéndolos con la elegancia y el ansia de un zorro acechando a su presa.

- Vaya, ¿qué te ha pasado? ¿Te has caído jugando con los otros niños en el arenero? - bromeó Cloe con cierto deje punzante en su tono.

Un momento estaba de pie y al siguiente la morena se echó encima de Cédric. Las manos estaban a ambos lados de su cuerpo. Sus piernas abiertas se apoyaban en sus rodillas y se desplazaba con movimientos felinos, con una seductora calma hasta quedarse cara a cara con el rubio. La sonrisa que profesaba su rostro había cambiado: podía enmarcarse en un cuadro del Louvre en una exposición dedicada a la locura en su estado puro.

- No me queda mucho tiempo. Los guardias ya empiezan a sospechar y están haciendo preguntas así que me daré prisa: lo que has hecho antes ha sido... interesante. La de jugadas que se pueden montar con un juguetito tan jugoso como el que tienes en tu cabecita loca. - Sus ojos atravesaban su cráneo, fijos más allá de su carne, su cerebro... Miraba de cara al futuro. - Quiero hacerte una oferta única, sólo porque eres tú y sólo tú. Quiero darte un contrato único, de un sólo uso, sin que me tengas que pagar una mierda. Cuando salgas de aquí quiero que me busques, y que te traigas un juego bien preparado. Sé que no vas a decepcionarme y que harás que me divierta. No quiero escusas...

Apartó su flequillo con un gesto entre cariñoso y despótico. Ésta vez, lo que taladraba su mirada eran los ojos del francés.

- ¿A que no habrán escusas, pequeña hiena?
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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   12th Agosto 2017, 15:42

Ni siquiera le dio tiempo a empezar a aburrirse. Apenas llevaba unos minutos tumbado, pensando en sus cosas, cuando empezó a escucharlos. O, más bien, a escucharla: Tacones, una voz imperiosa, unos murmullos en plena retirada estratégica de una conversación que no podían ganar. Sólo faltaban una explosión o dos para completar la banda sonora de Cloe... Pero era pronto, demasiado pronto para ese tipo de caos. Aún había que imaginarlo, que construirlo poco a poco. Pero la maquinaria se había puesto en marcha, y ya no había manera de detenerla.

El francés se incorporó un poco para observar mejor a su particular celadora de pega. O maga, vista su habilidad para hacer desaparecer cosas en el aire. Aunque no debería sorprenderse: No era, ni de lejos, lo más impresionante que Cloe podía hacer por lo que había visto. Correspondió a su broma con una breve sonrisa, que habría sido seguida de algún comentario si ella no se le hubiera tirado encima, literalmente. Qué rápido ha escalado la situación, se dijo. Cédric se puso cómodo bajo ella, admirando aquella expresión que mostraba hasta la última brizna de locura que anidaba en su interior. Una dulce golosina que, hasta ese momento, había sido del todo inalcanzable para él. Sin embargo, era poco más que un aperitivo de lo que esos labios rojos prometían.

Un reto. Uno que, además, llevaba consigo una jugosa recompensa: Poder pedirle al genio de la lámpara un pequeño e insignificante deseo… O la Luna si le apetecía. Era un premio más que tentador, como la propia Cloe, pero el mutante no aceptaría por eso. No, él sólo jugaba por amor al propio juego, por ver hasta dónde era capaz de llegar. Cloe podría haberse ahorrado la parte del contrato, y Cédric habría sonreído de igual manera, jugueteando con la identificación que pendía de su uniforme. Con toda la confianza del mundo, como si fuera su amiga… O su compañera de juegos.

-¿Por qué te iba a poner excusas? Seguro que, desde que lo has pensado, ya sabías que te iba a decir que sí. No me puedo resistir a una dama que me pide que la entretenga.-Ironizó, divertido. Y menos todavía si ese entretenimiento significaba, además, toda la diversión que fuera capaz de procurarse. Pero no era lo único interesante que podía extraerse de lo que la mujer le había dicho… Se le estaba acabando el tiempo. Eso significaba que su capacidad para convertir al personal del Arkham Asylum en completos imbéciles que contrataban y confiaban en cualquiera tenía un límite. Era una lástima… Él pensaba utilizar ese episodio de estupidez aguda para sus propios planes. Aunque mentiría si dijera que le desagradaba del todo: Siempre estaba bien que las cosas tuvieran cierta dificultad, cierta emoción. -Supongo que todo vale, ¿no? No llevo bien lo de seguir normas… Y no creo que sea algo que te guste a tí tampoco.-De hecho, se le empezaban a ocurrir algunas ideas bastante divertidas. Ninguna lo suficiente, por supuesto, pero por algún sitio había que empezar. Sería mucho más fácil, eso sí, si no tuviera el apetecible cuerpo de la morena encima. Su movimiento constante, prometedor, le distraía, haciéndole recordar ese deseo que aguardaba en la casilla final. Aunque no había nada de malo en soñar despierto un poco…

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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   19th Agosto 2017, 13:42

Cloe sonrió. Sonrió hasta que las comisuras de sus labios no pudieron más. Sus ojos esmeralda fijos en los de Cédric brillaban con el destello de lo imposible, de la cordura rasgada y masticada por una fuerza sobrenatural de origen desconocido para una persona cuerda. Sonreía al ver pequeñas piezas conectándose para formar un puzle hermoso y adictivo. Sonreía al imaginar su mano poniendo la primera ficha, con el rostro de un joven rubio francés armado tan sólo con intenciones que, al fin y al cabo, es el arma más potente de todas.

- Oh pequeña hiena: me sentiría bastante defraudada si no lo hicieras, y me entrarían ganas de arrancarte los huevos de un mordisco si fuera así. - La tranquilidad y la naturalidad con que dijo aquella amenaza daba a entender que lo haría, tranquilamente y sin remordimientos.

Sobre sus cabezas se escuchó la alarma de emergencia. Eso podían significar dos cosas: o bien algún preso o un invasor la estaban liando parda, como solía ser el caso del manicomio de Arkham, o bien que ya la habían descubierto y se estaban preparando. Cloe levantó levemente el rostro para mirar por encima de su hombro. No parecía haber nadie aún tras la verja, pero no sabía el tiempo que tardarían en llegar. Era hora de hacer su salida de escena.

- Bueno pimpollito, la visita ha terminado. Te dejaría una hoja con un test para que valoraras mis aptitudes como cuidadora pero, a ninguno nos gusta seguir las normas, ¿eh?

Volvió a sonreír, ésta vez mostrando aun más sus perlados dientes, abrió la boca y se agachó hasta que esos mismos dientes atraparon la piel de su cuello. Succionó envolviendo sus labios alrededor haciendo de ventosa y luego apretó los dientes hasta que el metálico sabor de la sangre tocó su paladar. Se levantó, poniéndose a horcajadas sobre Cédric, con un ligero tono rojizo en su labio inferior que resaltaba de forma húmeda sobre el carmesí de sus labios. Se relamió y se secó los labios con sus delgados dedos, se apeó del rubio y fue directa hacia la verja. Sacó la tarjeta y la abrió. Por suerte no habían descubierto de quién había robado su llave de plata.

- Haz que me sienta orgullosa, pequeña hiena. - Le guiñó un ojo y cruzó la puerta, dejándola abierta hasta desaparecer por la derecha.

Los guardias no tardaron en llegar y cuando vieron la verja abierta se lanzaron a cerrarla de inmediato. Miraron el interior de la celda, asegurándose que el prisionera no se hubiera escapado, y habiendo hecho "su trabajo", siguieron los pasos de la morena.

¿La cogieron al final? Quien sabe. Sólo se supo que unos minutos después la alarma calló y que su perfume permanecía en los pasillos del manicomio.
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Gabriel Leblanc
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MensajeTema: Re: El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.   25th Agosto 2017, 16:50

-Oh pequeña hiena: me sentiría bastante defraudada si no lo hicieras, y me entrarían ganas de arrancarte los huevos de un mordisco si fuera así.-¿Lo estaría haciendo adrede? Probablemente no. Seguramente fuera así con todo el mundo, y fuera sólo él el que encontraba palabras como esas atractivas. Quizás estaba en aquel psiquiátrico por una buena razón. -No me parece tan mala idea, pero… ¿Podríamos saltarnos la parte del mordisco? Hay partes de mí que aún necesito, y no puedo regenerarme como tú.-Sonrió, repasando con la yema del pulgar el contorno de su rostro. Sabía que eso tendría que esperar, pero Cédric se sentía extrañamente paciente con ella. Habría que ir por partes: Primero Gotham, después Cloe… Y, por último, ¿quién sabía? Quizás el mundo entero.

Las sirenas empezaron a sonar, avisándoles de que eran las doce y Cenicienta tenía que marcharse de vuelta al agujero de donde quiera que hubiera salido. El mutante se preguntaba si no sería más fácil enviar a los guardias para que los rodearan, sin hacer ruido ni darles tiempo para hacer nada. La estupidez no se les habría acabado de ir todavía. Pero no podía quejarse: Así podían despedirse en condiciones. El rubio entrecerró los ojos al notar los labios y, después, los dientes de la mujer sobre su cuello. Con tan sólo un pensamiento, podría haberse ahorrado el dolor de la herida. Pero aquella era una de esas pocas ocasiones en las que había algo dulce en el sufrimiento, algo que le hacía querer más y más. -Vienes, me dejas a medias, y te vas… Qué bonito. No creía que fueras de esas.-Se incorporó después de ella, llevándose las manos al cuello instintivamente. La sangre, aún caliente, reptaba sobre su piel y se perdía bajo el uniforme de Arkham. Hacía mucho que nadie lo hería.

Siguió con la mirada a Cloe mientras ella se marchaba. La sirena seguía sonando, insistente, atronadora, pero a ninguno de los dos les importaba. Como si no significara que todo Arkham tenía la mira puesta en esa celda. -Dalo por sentado. Nos veremos pronto, princesa… Mucha suerte.-Sonrió, irónico, a medida que lo decía: Cloe no necesitaba suerte para salir de allí. Sólo necesitaba una bala, y un dedo que la disparara.

Cuando los vigilantes llegaron, el 24601 estaba totalmente solo. Eso era una buena y una mala noticia, sin embargo: La extraña celadora que había hecho saltar las alarmas había huido… Pero, al menos, ese “paciente sumamente especial” por el que se había hecho contratar no se había ido con ella. Y no porque no pudiera. La puerta estaba abierta de par en par, casi como si invitara a todo aquel que la viera a atravesarla. Pero el rubio del otro lado parecía más interesado en estar sentado, mirándolos con una sonrisa sardónica pintada en los labios, que en salir.

Los guardas no perdieron el tiempo: Cerraron de un portazo, y siguieron con su búsqueda con la mayor celeridad que sus pesadas protecciones les permitían. Cédric habría jurado, por sus expresiones y sus pensamientos, que la mitad estarían rascándose la cabeza si no llevaran casco. Hubo alguno que otro que lo hizo a pesar de todo.

Pero ninguno se dio cuenta de que había un pequeño cambio en la escena. Un pequeño e insignificante detalle que, en un futuro, le sería muy útil. Apenas unos minutos antes de que aquel batallón de vigilantes llegara, Cédric había salido de su celda… Y había girado la cámara para que dejara de apuntarle a él, y en su lugar hiciera un plano general del pasillo hacia el otro lado. Ni siquiera en la sala de control se dieron cuenta: Toda su atención estaba puesta en buscar a la morena, y en bloquear las posibles salidas que pudiera usar para huir de ese bloque. Cloe había sido útil hasta el último momento… Y Cédric ya empezaba a echarla de menos.

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"Todo está en tu cabeza, Gabriel. Todo, menos yo. Yo soy real, y voy a acabar contigo."

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El diván no es una opción. (Cloe) 1/4/2019.
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