Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)

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Dalae Darkle
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MensajeTema: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   9th Enero 2017, 16:05

Un grito seco y breve cortó el aire de esa tarde de primavera, seguido de un golpe de metal contra metal. En la Ciudad Dorada, el clima solía ser benigno, pero aquel día en particular era especialmente cálido y luminoso. En el patio de la Academia, los entrenamientos continuaban, como de costumbre.  Los niños y no tan niños tenían que aprender el uso de las armas para servir a su reino, y sólo había una manera de enseñarles: Por la fuerza. La canción de las espadas resonaba al ritmo que indicaban los maestros: Habían puesto a los futuros soldados en parejas, con una espada sin filo cada uno: Los más pequeños aún usaban armas de madera, y los más mayores habían cogido las de metal.

Dalae era uno de ellos. Era una de las huérfanas que allí vivían, sin familia cercana que pudiera hacerse cargo de ella. De hecho, la mayoría no sabían exactamente de dónde había salido. Había llegado cuando apenas era un bebé, y había crecido rodeada de guerreros. No conocía otra cosa... Y se le notaba en la manera de vestir, de moverse, de atacar. No era muy fuerte en comparación con los demás, nunca lo había sido. Pero era rápida, y eso compensaba... La mayor parte de las veces. En más de una ocasión se había llevado un golpe que le había hecho más daño de la cuenta. Pero eso solo conseguía que le pusiera más ganas.

Esa tarde, tenía por oponente a un chico que era una cabeza más alto que ella. Pero era lento y pesado... Manejaba la espada como si fuera un hacha. Sin embargo, Dalae no iba a quedarse quieta, como si fuera un árbol esperando a ser talado. Se movía todo el rato hacia atrás, para inmediatamente después pincharle con la punta. Estaba haciéndole perder la paciencia y se le notaba: Parecía un toro enfurecido, en busca de alguien a quien embestir. En una de estas embestidas, sin embargo, la chica le hizo la zancadilla.

Para cuando se quiso dar cuenta, estaba en el suelo, y con la punta de una espada en el cuello. Dalae sonreía, triunfal, pero sin un atisbo de la malicia que la infectaría al crecer. En sus ojos grises no había burla alguna, solo un brillo juguetón y algo descarado. Cuando el instructor dio su aprobación, la niña envainó su arma, y se dio media vuelta, en busca de algo más que hacer. Iba vestida con la misma ropa que los chicos, con el pelo castaño recogido en una trenza que le caía por un hombro y la vaina de la espada al cinto. No faltaba mucho para que el entrenamiento acabara, pero tampoco quería esperar sin hacer nada.

Tenía que haber algo que pudiera hacer…

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Última edición por Dalae Darkle el 24th Febrero 2017, 19:53, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   21st Febrero 2017, 23:34

Tras días en el campo de batalla, lejos del hogar, entró henchida de orgullo y triunfante en la ciudad. Cabalgaba a lomos de un rocín color canela tan disciplinado como ella. Detrás de Brunilda venían las poderosas y bravías valquirias a las que comandaba. Estaba tan orgullosa de sus guerreras como lo estaba de sí misma. No había mayor satisfacción para un guerrero que traspasar las murallas con el cumplimiento de su deber para con el pueblo y para con el rey.
Tenía un poco de nostalgia. Se bajó del caballo y pidió a una de sus valquirias que le llevara al establo para que el animal descansase. Empezó a caminar por las calles de aquella ciudad, la Ciudad Dorada, la capital del reino, Asgard. No era su ciudad natal pero era el lugar donde más había estado en su vida. Era allí donde estaban sus amigos y su hogar. Caminando despacio llegó al emplazamiento de la Academia.

Aquel sagrado lugar donde se formaban los guerreros. Al acercarse más pudo distinguir a un hombre alto y fornido. Era el típico vikingo pelirrojo de pelo largo. Sus cabellos estaban amarrados en dos trenzas que le llegaban hasta debajo de la cintura. Sonrió, aquel hombre era su viejo maestro. Algunas cosas en Asgard no cambiaban. La rubia se dirigió hacia su antiguo profesor y le sonrió.

-Oh, sí aquí tenemos a Brunilda el mejor guerrero que he tenido el placer de entrenar.-

- No digas eso. ¿Qué dirían nuestros venerados príncipes?Sería una golpe demoledor para sus egos.- Dijo con fingida humildad, a modo de broma.

- Siempre tuviste un cariño muy puro por Balder, así que supongo que dices esto por Thor y Loki.-

- Sí por mis queridos arrogante y pretencioso.-

-Creía que arrogante era tu mejor amigo en esta y mil vidas.-

- Eso dice mucho de mí.-  ella se rió y contagió de risa a su antiguo mentor.

Miró a las futuras promesas de su pueblo. Unos mostraban más destreza que otros. Quizá en un tiempo las tornas se invirtieran y aquellos que tenían menos dominio del arma se volvieran los más diestros en el futuro. No había piedra que no salvase el fruto del duro esfuerzo. Sus ojos azules se posaron sobre una joven morena. Una mujer entre sus compañeros hombres. Pocas eran las féminas que elegían la vida guerrera. La miró con mucho interés durante un largo rato. Ella había estado ahí, en ese suelo. Había mordido la tierra tantas veces y se había levantado tantas obras. No es que en Asgard se vea mal a las mujeres guerreras pero las cosas era mucho más difíciles para ellas. Los compañeros no solían ayudarte sino que te ponían multitud de trabas.  Tú te levantabas, les sonreías para que no notaran que sus jugarretas te afectaban y si podias, en la próxima ocasión les dabas el golpe más fuerte. Resistir para poder embestir más fuerte que el rival. Ahora ella estaba ahí, era una líder de grupo y de sus compañeros en la academia ni se acordaba. ¿Habrían muerto en batalla? ¿Habrían dejado la vida de guerrero? No lo sabía y sinceramente, no le importaba.

Desde la perspectiva de Brunilda, que siempre fue una alumna muy destacada en el uso de los útiles de combate, la muchacha de castaña no parecía un prodigio en el manejo de las armas. Pero era rápida y ágil. Era joven aún pero tenía mucho potencial. Sus características aún se podían pulir y moldear convertirla en una guerrera de élite.

- Uber tu hacha.- dijo a uno de los instructores que estaban allí con un tono de voz tranquilo. Era un alto mando y estaba acostumbra a ser temida y obedecida. El guerrero le entregó sin ninguna demora ni ninguna pregunta su arma. Nunca nadie le negaba nada. Cuando la rubia tuvo el arma en sus manos la lanzó en dirección a Dalae. Para conseguir el máximo nivel de las destrezas de un guerrero había que forzar hasta conseguir un modo supervivencia.

-BRUNILDA - dijo el antiguo maestro de armas con ese tono de regaño que había usado con la rubia en sus tiempos mozos. Si bien era un gran instructor, no le gustaban las técnicas ni muy violentas ni muy crueles ni forzar a los jóvenes hasta hacerlos desfallecer. Sabía que el entrenamiento de la mujer que tenía delante había cambiado sustancialmente cuando fue elegida para unirse al cuerpo de valquirias. El entrenamiento de esas sagradas mujeres era uno de los peores de todo el reino. Pero aun así, él consideraba que no eran las mejores tácticas para enseñar y menos a unos niños.

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   26th Febrero 2017, 15:25

Desde el momento en el que la valkiria había entrado en el recinto, Dalae la había estado mirando de lejos, con el leve brillo de la admiración encendiendo sus ojos ojos del color del acero. Sabía quién era, todos lo sabían. Una valkiria, una de las más valientes guerreras de Asgard. Una de las mujeres que guiaban al campo de batalla al resto de hijos de Odín en vida, y al Vallhalla después de que ocurriera lo inevitable. ¿Cuántas veces habría oído historias sobre ellas? Junto al fuego, cuando el pálido sol de invierno moría en el horizonte, los más mayores narraban sus hazañas junto a los príncipes y los Tres Guerreros. Era lo que aspiraban a ser. Porque… ¿Qué niño no desearía ser un héroe, algún día? La hija de Caleb no era muy diferente en eso a sus compañeros. Ella también soñaba con una armadura brillante y batallas que hicieran historia. Quería proteger la ciudad en la que había nacido de los peligros que acechaban en el exterior, ocultos en las sombras. Aún no sabía que, al crecer, se convertiría en uno de ellos. Cegada por el odio hacia el Padre de Todos, que había asesinado al suyo. Todavía no se había manchado las manos de sangre, y era feliz así.

La niña no esperaba que Brunilda advirtiera su presencia. Y menos aún que le lanzara un hacha. Dalae la atrapó al vuelo, cerrando los dedos en torno al áspero mango de madera. El peso de un arma en su mano la ponía alerta, indicando la presencia inminente de un conflicto. Pero también la tranquilizaba. Sabía que, fuera una espada, un hacha o un arco, podía usarlo para defenderse. Brunilda… ¿Pretendía… Entrenarla ella misma? Un escalofrío recorrió la espalda de la asgardiana, al ver a la rubia justo en frente de ella, armada con una espada y una lanza. Ya se había hecho a la idea de que eran imponentes, pero… Nada en el mundo podría haber preparado a Dalae para aquello. Uber, el instructor que había estado hablando con la valkiria, gritó su nombre, como siempre hacía cuando algún aprendiz hacía algo mal. Pero, a diferencia de un aprendiz cualquiera, la mujer rubia no tenía por qué hacerle caso. Estaba por encima de él desde hacía mucho tiempo.

La pequeña se puso en posición. Piernas separadas, agarre firme con las dos manos. Ya no miraba a los ojos a la mujer, como haría con una persona con la que quisiera hablar. Tampoco agachó la cabeza, respetuosa, por mucho que la posición de la valkiria lo exigiera. Nunca le habían gustado las reverencias, y ahora, aquella mujer era tan sólo su contrincante. No, ahora su vista estaba fija en todas partes y en ninguna, a la espera de que hiciera o dijera algo. No creía que atacara directamente, pero… Como siempre decía Uber, “en medio de una batalla, nadie te avisa”. Por eso era por lo que siempre tenían que estar preparados.

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   6th Marzo 2017, 22:08

Algunos de esos niños habían tenido una vida difícil. Eran huérfanos de diferentes guerras y no tenían disponían de una familia extensa que pudiera acogerlos. Otros casos eran más crueles, niños, a los que habiendo fallecido sus padres, su familia no quería hacerse cargo de ellos. Al maestro de armas no le parecía correcto un entrenamiento extensivo y rudo parar esos menores a los que la vida había vapuleado descaradamente. Además, se sumaba el hecho de que eran todavía unos niños en todo el sentido de la palabra. Aún no habían salido al campo de combate real. No habían tenido que matar a nadie ni ver morir desangrado en el suelo a tu mejor amigo. No habían sido curtidos por el combate real y el feroz enemigo. Muchos de ellos teñirían la tierra con el rojo de su sangre en su primera batalla. Porque por muy bien que les hubieran preparado los instructores de la academia, nada te enseñaba la verdadera cara de la lucha real.

La guerrera sonrió cuando la muchacha atrapó su arma al vuelo. Estar alerta era una buena cualidad. ¿Quién sabía hasta qué nivel podría llegar la joven? El hombre que había llevado las riendas de la educación guerrera de Brunilda desde que llegó a Asgard se sentía un tanto inseguro en esa situación. a la valquiria no le gustaban los niños y hacía tiempo que había pasado esa edad. ¿Sabría cómo entrenar a alguien que distaba mucho de ser un adulto con tácticas de lucha y patrones de batalla bien asimilados? Uber se sentía un poco responsable de las discrepancias entre el viejo maestro de armas y la valquiria. Él había dejado su hacha a Brunilda y esto había ocasionado una escena que había causado la desaprobación del que fue el maestro de la guerrera.


-¿Vas a castigarme como si fuera una niña?- bromeó descaradamente

- Aún eres un cría.- En cierta forma era cierto. La edad que se sacaban era considerable. El maestro de armas suspiró. La generación de Thor, Loki, Brunilda, Balder, Amora, Siff, Vollgstad, Fandral, Hogun y demás era una de las que contaba con más guerreros vanidosos. Le había costado mucho esfuerzo y tesón meterlos en vereda pero sus personalidades de la adolescencia no habían cambiado mucho en la mayoría de los casos.


- No te preocupes, maestro. Hace tiempo que sé muy bien lo que hago.-

El asgardiano estaba un poco preocupado. Si bien era cierto que ella había sido su alumna, la valquiria tenía un rango y una autoridad mayor que la suya. Se cruzó de brazos pues sabía lo testaruda que era aquella mujer y que si no había tenido en cuenta sus anteriores consideraciones era muy probable que no se detuviera ante nada. Cabezota y testaruda. como todos en su promoción.

La rubia entró al recinto donde los jóvenes asgardianos estaban practicando con altivez y gallardía e invocó a su lanza sin nombre. Aunque tenía colgada su espada en la espalda, decidió usar la lanza en la que tenía una destreza envidiable. también su decisión se debía un poco a la nostalgia. La lanza era una arma a la que tenía mucho cariño pues había ganado muchas batallas tanto dentro de las murallas de asgard como fuera de ellas. Su pose era altiva y digna como si fuera dueña de todo lo que allí había. Miró de arriba a abajo a la chica castaña que la hacía frente. La curtida guerrera sonrió con prepotencia. La postura que había adoptado no estaba nada mal. Brunilda hizo girar su lanza como si fuera lo más fácil del mundo. Marcó algunos golpes sin llegar a tocar a la pequeña. Apenas la pasó rozando.

-Vamos, pequeña muéstrame que puedes hacer.-


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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   2nd Abril 2017, 02:51

Cuando creciera, Dalae estaría de acuerdo con el maestro de armas, sin duda. Años más tarde, cuando ya estuviera sirviendo a su propia rama de la familia real y recordara aquel día, se daría cuenta de hasta qué punto Brunilda seguía siendo una cría, mientras ella había crecido. Rápido y mal, cierto, pero al menos nunca había pecado de ese orgullo iluso, casi infantil, como ella. Afortunadamente, no todos los asgardianos acababan con ese carácter engreído y confiado, a pesar de que casi parecía algo que viniera por defecto. Por supuesto, la niña que ahora agarraba el hacha, preparada para reaccionar a cualquier movimiento, no pensaba nada de eso. No, para ella era normal que los que estaban por encima se comportaran como quisieran. Ese comportamiento aún no había tenido ninguna consecuencia para ella. No tenía nada de qué preocuparse... No todavía.

-Vamos, pequeña muéstrame que puedes hacer.-Ni siquiera respondió con palabras. Los primeros golpes de Brunilda no parecían buscar su cuerpo con ganas, pero a pesar de eso, Dalae los esquivó: No sería la primera vez que alguien usaba fintas antes del ataque real para pillar con la guardia baja a su oponente. Por el contrario, la morena aprovechó esos primeros momentos para valorar cómo de rápida era Brunilda, cómo se movía. Demasiado alta, demasiado rápida, demasiado fuerte. Pero también con las piernas demasiado abiertas, al menos desde su punto de vista. Atacó hacia su rodilla, con la cara roma del hacha. Sabía de sobras que un golpe cualquiera no le haría daño... Tenía que buscar los sitios en los que le podría doler de verdad. Y todo el mundo sabe el daño que hace un golpe en la espinilla, y más si te lo propinan con un objeto metálico.

Por poco que le gustara, tenía que mantenerse cerca de ella. La lanza era un arma de largo alcance, que le alcanzaría con facilidad si se alejaba aunque fuera unos pasos. Sin embargo, a corta distancia... El peligro era mucho menor. A menos que Brunilda decidiera usar el asta como bastón, esa sería la mejor manera de evitar la punta metálica. Intercambió un par de golpes con ella, pero pronto se dio cuenta de que estaba perdiendo terreno. A pesar de que se las estaba arreglando para rechazar sus embestidas, la valkiria la estaba haciendo retroceder, y eso no le convenía. Si seguían así, pronto llegarían a uno de los muros del patio, y Dalae se quedaría sin escapatoria.

Miró a su alrededor por el rabillo del ojo, buscando algo en su entorno que le pudiera ser útil. Por suerte para ella, lo encontró rápido: Uno de sus compañeros, un chico más mayor llamado Ulfric, llevaba una daga en el cinto. Estaba distraído, hablando con otro unos metros más allá. Tan sólo tenía... Bloqueó con el filo de su arma la última lanzada de la mujer, y aprovechó esos instantes entre un ataque y otro para deslizarse hacia un lateral, y sustraer descaradamente el arma al chico, armando así su mano izquierda también. -¡Eh! ¿Qué haces?-Sin embargo, esa protesta fue seguida de una pequeña carcajada y una exclamación de ánimo cuando el joven asgardiano vio lo que estaba ocurriendo. Dalae desvió el siguiente golpe con el hacha y atacó con la daga: Así se sentía mucho más cómoda, a pesar de que ese tipo de arms seguía sin gustarle nada en absoluto. Hubiera preferido mil veces una espada, pero no le habían dado a elegir. Por otra parte, sabía que tenían que aprender a usar cualquier arma de la Academia, así que no había lugar para quejas.

Si sus cálculos no fallaban, podría romper la lanza de Brunilda si usaba sus dos armas a la vez sobre la parte de madera. Así que lo intentó: Con un poco de suerte, la desarmaría y ahí acabaría el combate. Y con muy mala suerte... Se tropezaría, se caería, y Brunilda se reiría un rato de ella, junto con unas cuantas personas más. Todo podía pasar.

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Última edición por Dalae Darkle el 21st Agosto 2017, 20:42, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   2nd Abril 2017, 02:51

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   9th Abril 2017, 19:44

Brunilda era muy consciente de la diferencia de habilidades entre ambas. Ella era una guerrera entrenada, consumada y validada por sus años batallando por el bien de Asgard. Una de los guerreros más fuertes de la ciudadela y del rey Odín. En la Dorada ciudad sólo Thor y Balder podían ganarla. Mientras que Dalae era apenas una niña que no tenía muchas nociones tácticas ni había salido al campo real de batalla. Sin embargo, su visión sobre el entrenamiento y la enseñanzas de combate no era nada amable. En el campo de batalla nadie tiene compasión y tienes que ser lo más duro, resistente y fuerte que puedas.

La valquiria tenía la firme creencia de que la rabia, la ira y el odio a nuestro rival podían ser grandes aliados para desarrollar todas nuestras habilidades. Eso era lo que pretendía mostrarle a esa joven castaña. Porque esos sentimientos negativos y saber encauzarlos de la manera correcta significaba poder hacer uso de una gran fuerza. Marcaba en ocasiones la diferencia entre la vida y la muerte. Quería mostrarle todo aquello porque era un fémina. Una mujer en un mundo mayoritariamente de hombres. El n mundo en el que te tenías que abrir camino y demostrar cada día ser mejor que tus compañeros. Porque siempre se ha van a mirarte y hacer sentir inferior por tu sexo. El camino del guerrero era infinitamente más difícil para ellas que para ellos. Por eso, era tan importante saber encauzar ese resentimiento y usarlo en tu favor para medrar.

Bostezo mientras la joven se movía en pos de atacarla. Su actitud era Muy relajada. No se estaba tomando los ataques de su rival en serio. Estaba demostrando que no tenía ningún tipo de preocupación real. Sus gestos y su actitud eran casi como desprecios. Su actitud era tan arrogante y presumida como cualquiera de los de su raza. ear un menosprecio a las habilidades y los ataque de la joven. Ni siquiera se puso a detenerlos.

- Si quieres tirarme hazlo más duro, hazlo más fuerte.- dijo al sentir los golpes de la muchacha en su espinilla. Habían sido golpes fuertes pero no lograron hacerla tambalearse. Su cuerpo estaba acostumbrado a aguantar embistes de personas mucho más grandes y robustas de la muchacha que ahora era su adversaria. Ella copió el movimiento de la joven y la asestó una patada en el tobillo. - Haz que tu enemigo se quiebre.-

A partir de ese momento la valquiria empezó no sólo a marcar el golpe sino a propinarle golpes con la lanza. Sus movimientos era muy gráciles y rápidos. Empezó a mover la lanza como si fuera una prolongación de ella misma haciéndola girar, deslizándola en sus manos delante y atrás para contrarrestar las cortas distancias. Aunque no era un arma que estuviera especialmente diseñada para combatir en distancias cortas, Brunilda, que era un prodigio en el manejo de la lanza y combatía prácticamente todas las batallas ayudada de ese instrumento, sabía paliar las situaciones donde el uso de resultaba desfavorable.

La rubia comenzó a hacer uso de sus habilidades físicas desarrolladas y entrenadas desde que era prácticamente desde el inicio de su existencia. Sonrió con prepotencia al mostrar cuán rápida y precisa era marcando y asediando al enemigo. Cuando la muchacha robó una daga a un compañero de entrenamiento se preguntó qué estaría pensando la joven. A Dalae aún le quedaban muchas cosas que aprender, muchos años de entrenamiento pero cada vez estaba más segura que mostraba buenas cualidades para ser una digna guerrera de élite. Brunilda se relajó, pausó sus movimientos y dejó una abertura para que la castaña la atacara.

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   9th Abril 2017, 19:45

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   9th Abril 2017, 19:45

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   9th Agosto 2017, 00:35

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   21st Agosto 2017, 21:13

Si la idea de Brunilda era enfadar a la niña, podría darse por satisfecha. Dalae había tenido que soportar que no la tomaran en serio muchas veces, pero siempre había podido desquitarse cerrándole la boca a la persona en cuestión. Con una espada, preferentemente. Pero aquella era la primera vez en la que realmente se sentía pequeña e impotente frente a un rival que la superaba por mucho. Era una sensación a la que se tendría que acostumbrar con el tiempo, y que acabaría por utilizar a su favor cuando llegara el momento. Pero, por aquel entonces, aún le quedaba mucho por aprender. En lugar de eso, sólo podía pensar en lo mal que estaba quedando, en lo injusto que era que una valkiria se hubiera metido donde no la llamaban. ¡Así no le estaba enseñando nada a nadie!

La niña trasbilló y retrocedió, con el tobillo algo dolorido, después de recibir semejante patada. Sin embargo, se las arregló para no caer. No iba a ceder tan fácilmente. Al contrario que Brunilda, la futura bruja no dijo nada: No le gustaba hablar mientras hacía algo que solía gustarle tanto, y que ahora no estaba disfrutando en absoluto. En lugar de eso, esquivaba y bloqueaba las acometidas de su enemigo con expresión hosca. Porque en ese momento, la valkiria no era su compañera, ni su profesora. No era alguien con el que fuera a estar todos los días, con el que fuera a jugar después de acabar las clases. Nada de eso. La mujer de la lanza era simple y llanamente eso: Un enemigo que, además, no la tomaba en serio. Y Dalae quería cambiar eso lo antes posible.

Se había fijado en la manera que tenía Brunilda de acortar y alargar la jabalina a su conveniencia, cogiéndola más o menos cerca de la punta. Nunca lo había visto hacer así, pero después de unos cuantos intentos, logró acostumbrarse al ritmo… Y saltó hacia un lateral cuando estaba retraída, evitando la pared que tan sólo estaba a un par de pasos de su espalda e ignorando el dolor que poco a poco se iba desvaneciendo en su tobillo. Tan sólo tenía que guiar a Brunilda hacia donde quería… Aunque eso era más fácil de decir que de hacer. Por suerte, estaban cerca.

Una sonrisa se dibujó en los labios de Dalae cuando vio el carro con los barriles por el rabillo del ojo. Tenía que ser rápida, y no podía distraerse: Desvió por última vez la embestida de la rubia con la cabeza de su hacha, y cogió la daga que se reservaba en la mano izquierda por la punta. Fue entonces cuando cortó la cuerda que mantenía sujetos los toneles, haciéndolos rodar sobre su contrincante.

Era un truco bastante sucio, y lo sabía. Pero jugar limpio en una pelea injusta tan sólo podía llevarla a perder de la peor manera posible.

También sabía que eso no detendría a Brunilda. Pero no era eso lo que buscaba: Tan sólo quería una distracción para demostrarle una de las habilidades de las que más orgullosa estaba. El lanzamiento de cuchillos. Estaban tan cerca que apenas tuvo que apuntar para lanzárselo, con toda la fuerza y la rabia que fue capaz de reunir.

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   28th Agosto 2017, 19:16

Brunilda siempre recurría a la rudeza y la provocación. No era amable ni compasiva en sus entrenamientos. Era hasta cruel porque intentaba enseñar lo mismo que a ella le habían transmitido, control. Ponerte en una situación desesperada y poder hacerla frente. Resistir y golpear. Porque el mejor guerrero no era el más fuerte, ni el más tenaz ni siquiera el que tenia mas suerte, sino aquel que sacaba partido de las inclemencias de la situación, resistía y golpea al rival en el momento preciso. En mitad de la batalla, el enemigo podía enfurecerte, humillante y quebrarte pero no te podías dejar envolver por esas emociones. Tenías que saber utilizarlas en tu favor. Sabía que las habilidades de los novicios eran muy inferiores a las suyas y se aprovechaba de esa ventaja para dejarlos en evidencia. También para que aprendieran humildad, obediencia y respeto a quien eran tus figuras superiores.

La joven trastabilló un poco con su patada pero en vez de dejarse abatir y vencer, resistió el dolor y la adversidad manteniéndose de pie. Cosa que Brunilda apreciaba. Pues era básicamente lo que ella propugnaba y lo que trataba de enseñar cada vez que tenía un combate de entrenamiento.  El aguante, la perseverancia y el esfuerzo eran cualidades que te ayudaban a sobrellevar y salir de situaciones muy peliagudas que frecuentemente se daban en el campo de batalla. Brunilda con su actitud trataba de preparar lo mejor posible para enfrentar el gran salto que era la práctica de la realidad a las jóvenes almas que le encomendaban. La valentía de enfrentar lo imposible sin perder la confianza en uno mismo. vi ese alarde de decisión de orgullo y dignidad en la joven que tenían frente a sí y eso la agradó.

Una joven delgada, de apariencia juvenil con el pelo corto y rubio se recostó sobre la cerca de madera que delimitaba la zona de entrenamiento.  Con la mano y de forma eufórica saludó a los maestros de la academia, que antaño también se habían ocupado de su entrenamiento. Miraba con una sonrisa en sus labios la interacción entre Dalae y Brunilda.

- ¿No te las quieres unir, Mist?- dijo una mujer rubia y fornida al llegar al encuentro de la muchacha.  Le dió unas palmaditas en la espalda para animarla a salir al ring.

La muchacha se rió alegremente.- Ya tengo suficiente con barrer con mi cara el suelo en los entrenamientos matutinos, Hilda.- Contestó con su timbre de voz risueño, entusiasta y juvenil.


Brunilda dirigió su mirada hacia el lugar donde la futura maga había lanzado la daga que había robado al muchacho anteriormente. Vio como la cuerda se rompía y liberaba unos barriles que venía directamente a ella. Una buena jugada. Una distracción y una forma de impedir el movimiento del contrario. Brunilda fue rauda, lanzó su lanza, clavandola a  varios metros de donde se encontraba la castaña, para poder ejecutar su maniobra de manera más tenaz. Lo que hizo la valquiria para detener el movimiento de los barriles fue algo sencillo pero eficaz. Golpeó fuertemente el primero. Destrozando por completo la madera de la que estaba hecho. haciendo que todo el contenido del barril, que eran los suministros alimenticios para la academia, esto provocó que todo se desparramara por el terreno impidiendo que los otros barriles siguieran rodando. Al haberse desprendido de su arma, la obligaba a seguir combatiendo únicamente cuerpo a cuerpo. Se giró y apartó en el momento preciso haciendo gala de una cualidad que la había llegado tan alto en su carrera militar, estar siempre preparada para la batalla.  El cuchillo que le había lanzado Dalae pasó a su lado.

La mujer de mediana edad aplaudió para llamar la atención de las contrincantes, en especial la de la afamada valquiria.- Brunilda, se acabó el juego- dijo la segunda mujer entrando a la zona de combate.- Valtrauta dice que no te piensa esperar más, que si no llegas pronto va a darle tu comida a los perros y te hará dormir en el establo.- El tono de Hildegarde trataba de ser serio pero dejaba ver que aquella amenaza no era muy seria. Sabía que la exlider de las valquirias nunca cumpliría esas amenazas que le hacía a la actual líder. No sólo porque Brunilda era su favorita, sino también porque tenía un cierto carácter permisivo  cuando las faltas eran leves.

Valtrauta era la anterior líder de las valquirias. La predecesora de brunilda, quien la había enseñado a cumplir cada una de las obligaciones del cargo. Se iba haciendo mayor y antes de no poder liderar al escuadrón había buscado una digna sucesora y cedido el puesto. Aunque ya no ostentaba un alto cargo de mando entre la guardia de élite de Odín, ella seguía siendo muy prestigiosa y honrada. Sus mandatos eran un deber para el resto de sus hermanas. Dictaba muchas de las reglas que se seguían en la residencia de las valquirias. Le gustaba que después de cada batalla, las guerreras asgardianas se reunieran a comer y beber, celebrando la victoria o la vuelta a casa con vida, si se había perdido la batalla.  Brunilda era una líder joven aún y le debía respeto y obediencia a quien fue su mentora. Por eso, Valtrauta no dejaba de corregirla, aconsejarla, reñirla o recriminarla cuando creía que había cometido alguna falta.

-No ha estado mal muchacha.- Brunilda miró a Hildegarde. Recogió su lanza y se dispuso a acompañar a su hogar a sus compañeras valquirias.

-Si tienes la suerte de estar con nosotras, muy pronto vas a poder partirle la cara a Mist. - Comentó Hildegarde con un tono jocoso. Mist era muy joven aún. Llevaba muy poco con las valquirias y era una novata. Sus entrenamientos eran inferiores al resto de sus compañeras porque aún no alcanzaba el nivel y el ritmo de las más veteranas.

-Hilda- Respondió a la provocación pronunciando el nombre de su compañera de manera airada, puso sus manos en sus caderas y hizo un gesto de protesta bastante aniñado.

- Día a día pruebas tu valía Mist. No permitas que el comentario de Hilda te ofenda.- comentó Brunilda en un tono afectuoso. Sus formas cambiaban ligeramente dentro y fuera del campo de batalla. Sin llegar a ser muy cariñosa la líder asgardiana mostraba en al intimidad el afecto que les tenía a sus hermanas valquirias.

- Supongo que Brunilda tiene que resarcirte por su arrogancia y prepotencia- Hilda cogió a Dalae como si fuera un saco de patatas.- Te invitamos a comer. La comida de la academia es basura chica. Pasan los años y aún recuerdo lo mala que es y mira que soy casi la Valquiria más vieja.-


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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   1st Septiembre 2017, 18:59

No había funcionado. Al menos, no como esperaba: Brunilda había evitado que la daga le diera en el ojo, a donde estaba apuntando Dalae, y había impedido que los barriles cayeran del carro y entorpecieran su avance. Pero, para ello, había tenido que sacrificar uno de ellos, sembrando el suelo de manzanas rojas, y más importante aún… Había apartado de sí su lanza. Ahora a la valkiria sólo le quedaban sus puños, mientras que la chica morena podía volver a armar la mano que había liberado al tirarle el cuchillo. Y, de hecho, ya estaba apuntando al pecho de Brunilda con ella cuando las interrumpieron. La más joven de las dos combatientes se giró para ver de dónde venían las palmadas, para encontrarse con dos mujeres rubias a las que no reconoció inmediatamente. La figura de Hildegarde le era más familiar, aunque jamás hubiera hablado con ella antes. Pero… ¿Quién no conocía a la antigua líder de las valkirias? Era uno de esos nombres que aparecían inevitablemente en la gran mayoría de historias que circulaban de boca en boca, junto con los de otros héroes como Sigurd, los Tres Guerreros o incluso miembros de la familia real. No ocurría lo mismo con Mist: Al igual que Dalae, la joven aspirante tenía que labrarse su propia leyenda todavía.

Fueran quienes fueran, habían interrumpido su entrenamiento para recordar a Brunilda que debía ir a comer. Dalae resopló, cansada: El tobillo le había dejado de doler prácticamente, pero iba a necesitar un respiro antes de resarcir su orgullo con alguien de su nivel. Porque eso pensaba hacer tan pronto como su respiración se normalizara y su pulso retomara un ritmo más o menos razonable. Miró a las tres guerreras por el rabillo del ojo mientras se agachaba para coger una de las manzanas que habían rodado por el suelo después de que la valkiria rompiera el barril de un golpe. Tras cercionarse de que estaba intacta, la limpió con la manga para quitarle el polvo, y le dio un mordisco. No quería responder a Brunilda, sabía que no iba a poder disimular lo mucho que le había ofendido ese “no ha estado mal”. No se conformaba con nada que fuera menos que “muy bien”, y mucho menos si la misma persona que había estado riéndose de ella tenía palabras amables para otras que no habían demostrado ser mejores que ella. No era justo.

Así que se dio media vuelta, aún llevando la lanza en una mano y el hacha en el cinto. Aún quedaba un poco para que los llamaran a comer, y quería aprovechar ese tiempo. Sin embargo, Hilda tenía otros planes. -Supongo que Brunilda tiene que resarcirte por su arrogancia y prepotencia. Te invitamos a comer. La comida de la academia es basura chica. Pasan los años y aún recuerdo lo mala que es y mira que soy casi la Valquiria más vieja.-Eso hizo que Dalae volviera la cabeza, con la incredulidad pintada en la cara. No esperaba que aún se acordaran de que ella estaba ahí… Igual que no esperaba que sus pies se despegaran del suelo justo después. -Eh… Gracias por la invitación, pero ¿no debería...?-Hizo un gesto hacia el otro lado del patio, donde el resto de los aspirantes a soldado seguían entrenando. Pero Hilda no parecía tener intención alguna de dejarla ir, así que Dalae suspiró, sonriendo, y procuró acomodarse para ser lo menos molesta posible. -Uber dice que así es mejor. Si la comida estuviera mejor, nos acostumbraríamos, y al final acabaríamos tan gordos como Volstagg y tan perezosos como Fafnir.-No pudo evitar soltar una pequeña risa al recordarlo. -Pero yo no le creo… Los comandantes y los príncipes siempre comen bien, y aún así son los mejores de entre nosotros. Igual tendría que buscarse una excusa mejor...-Dijo, mientras el pequeño grupo emprendía el camino de vuelta hacia el hogar de las valkirias. Dalae nunca había estado allí, así que mentiría si dijera que no estaba intrigada por conocer qué le deparaba aquella visita. Pero no era la única duda que pasaba por su cabeza en aquel momento. Cuando Hilda la depositó de nuevo en el suelo al cabo de un rato, Dalae no pudo evitar preguntarlas en voz alta. -Por cierto… ¿Cómo elegisteis a Mist para ser una valkiria? ¿Cuánto tiempo hay que entrenar para ser una de vosotras?

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   10th Septiembre 2017, 22:28

Un sonido captó la atención de la rubia asgardiana. Una de sus hermanas la llamada. Hildegarde le transmitió con desparpajo la “amenaza” de su predecesora. Ante la intervención de Hilda, Brunilda dio el combate por finalizado. Hizo un gesto de asentimiento y deferencia hacia la joven castaña, dio por acabado en juego, se  alejó un poco para dirigirse a recoger  su lanza. Una vez con el arma en sus manos, se dispuso a ir con sus hermanas de batalla. No dijo mucho. La valiente guerrera no era de aquellas personas  que se deshacían en halagos y lisonjas. Ella siempre había sido tratada con rudeza y obligada a esforzarse más y más cada día sin ningún gesto de aprobación o palabra de aliento. Esa forma áspera de entrenar era la que ella prodigaba.

Aquel enfrentamiento podría calificarlo como un ejercicio bastante satisfactorio. Había comprobado que aquella muchacha tenía un gran potencial que podía ser pulido y enlucido. Podía convertir a aquel diamante en bruto en uno perfecto y glorioso. Se alegraba de que los jóvenes de la academia, los futuros guerreros de Asgard estuvieran recibiendo una educación adecuada. Una sutil sonrisa surcó su serio rostro. Se alegró de que la anterior líder requiriera su presencia. El mandato de Vaultrata no era más que una forma de expresar lo que la había extrañado y que demandaba su compañía. Aunque ya no era la líder, la veteranía, las enseñanzas, los consejos y el favor que siempre la había mostrado Vaultrata.

El maestro de armas negó con la cabeza en desaprobación. Todo el suelo sucio y toda aquella comida desperdiciada. Como se notaba que la imperiosa líder de las guerreras de élite de Odín era amiga del imprudente y osado heredero del trono. Siempre hacían y tomaban aquello que querían, dejando a los demás limpiando y encargándose de los desastres que dejaban tras su paso. Llamó a Uber y le encomendó que limpiara el lugar junto con los demás alumnos de la academia. Un resoplido genial y un gritillo de hastío se escapó de las jóvenes bocas de los estudiantes. mantener en condiciones la academia era una de sus obligaciones pero aquel desastre no le habían propicia ellos y generaba cierto sentimiento de indignación tener que recoger y arreglar las responsabilidades de otras personas.  La rubia le dio un ademán de disculpas al viejo maestro. Lamentaba un poco haberle aumentado el trabajo a  los profesores y estudiantes de la academia de guerreros pero así era la vida en la Ciudad Dorada. Ella no podía detenerse a recoger los destrozos menores que causaba.

Al escuchar las excusas que daba Uber para el sistema de orden jerárquico que regía la vida de cada asgardianos desde el momento de su nacimiento, se rió. Le parecía una explicación muy estúpida la arraigada sociedad basada en la función y lo que cada uno aporta a la sociedad.

-Tonterías - Bramó la aguerrida rubia. Ella sabía muy bien por qué el valiente guerrero asgardiano Volstagg tenía esa apariencia física. Supo del suplicio que vivió y cómo este cambio radicalmente su metabolismo y la percepción de la comida. - Yo también comí esas mismas bazofias en mi época escolar. Es el mismo designio el que nos aguarda a todos-  Comentó Brunilda. La valquiria conocía de primera mano, como casi todos los asgardianos, cómo era la vida en la academia. Era muy consciente de cuál era su disciplina y los duros castigos a los que te sometían los maestros si no eras alguien ejemplar. Ella que había sido una de las alumnas más castigadas en su época juvenil, solamente superada por Thor y los Tres Guerreros.

-Es por humildad y retribución. El guerrero cuando es novato y está aprendiendo tiene que pulirse, desprenderse de las imperfecciones del carácter y esos se hace a base de  esfuerzo.  Trabajando duro, malcomiendo y pasando penurias. Además, los afamados y bravos guerreros asgardianos salen a la batalla día a día exponiendo sus vidas por el pueblo y por nuestra ciudada Asgard. No sabemos si volverán a casa con su escudo o sobre él. Celebran, ríen, bailan, beben y disfrutan de deliciosas comidas porque no saben si el día de mañana no van a volver al hogar y no podrán gozar de nuevo con el calor de casa. Comen tales delicias porque nunca sabes si esa va a ser su última cena. Pero a los jóvenes también os llegará el turno. Muy pronto saldréis a dar orgullo a Asgard y también disfrutareis de los placeres de ser victoriosos combatientes. Tendreís en el paladar las mejores mieles y la mejor hidromiel mientras que los niños comerán la maltrecha comida de la academia.-

-La recomendó Vaultrata- Dijo Brunilda con ese tono que usaba regularmente, como con desinterés. - Las valquirias son elegidas por su destreza en la batalla, por su fidelidad y por su honor. Las elige la líder del grupo pero también pueden ser recomendadas por otras valquirias.-

Y hay otras como Brunilda a las que escoge especialmente Odín- comentó Misty con un tono de admiración por la valquiria al mando.

-Nunca se deja de entrenar. Esfuerzo y trabajo es lo que a mí me hizo medrar. -


Iban dialogando las cuatro mujeres mientras subían por la senda que conducía al palacio. Era un camino muy familiar para las tres valquirias.Al llegar a la entrada los guardias les hicieron una  reverencia a las guerreras de élite de Odín. Una vez dentro del lujoso y prestigioso palacio se adentraron en el una ala privada. Esa sección especial de castillo era donde habitaban las prestigiosas y honorables valquirias. Era un lugar de acceso restringido para otras personas de Asgard. En aquella zona sólo podían estar las guerreras y sus invitados. Ese rincón del palacio real estaba, como todo el edificio, decorado con objetos de lujo. Los tapices con ilustraciones de mujeres valerosas y valquirias prestigiosas impregnaban todo el lugar. Había también escenas de caza  protagonizadas principalmente por mujeres y un inmenso mural dedicado a las tres Diosas del destino que regían cada una de las vidas de Asgard, en especial el sino de las Valquirias, Las Nornas.

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   15th Septiembre 2017, 23:16

La chiquilla se sintió un poco mal cuando mandaron a sus compañeros recoger todo. Estaban cansados de entrenar, y ni siquiera era culpa suya aquel desastre. No era justo que ellos lo recogieran. Pero Brunilda no tenía intención alguna de dejar su lanza a un lado y unirse a ellos; y Hilda tampoco planeaba demorar la vuelta del grupo al palacio. Así que allí los dejaron, pagando el pato por los caprichos de otros. Era una buena metáfora sobre el funcionamiento de todo el reino, aunque en ese momento la futura guerrera no lo entendiera del todo.

Durante el corto trayecto, las tres mujeres fueron respondiendo a sus preguntas de una manera que le satisfizo bastante. Nunca había creído la versión de Uber sobre lo de la comida, pero hasta ese momento tampoco había encontrado una explicación válida. Tenía cierto sentido, sí… Era normal que los que peor lo pasaran también pudieran disfrutar más mientras pudieran. Eso no le impediría poner mala cara la próxima vez que tuviera que comer en la Academia, por supuesto, pero ahora sabía que había una razón para que su estofado pareciera recién recogido de un charco lodoso.

Dalae se sorprendió un poco cuando le explicaron cómo se elegían las valkirias. Sabía que sólo las mejores de las mejores tenían cabida en sus filas, pero ser elegida por el propio Padre de Todos… Era un honor enorme. Eso hizo que la castaña mirara con nuevos ojos a la mujer que tanto le había enfadado antes, cuando se habían medido en la arena del patio. Una guerrera de semejante habilidad… Y su idea para combatirla había sido hacerle caer algo pesado encima para distraerla. Se habría sentido avergonzada, de no haber sido por el gesto que la rubia le había dedicado al final. Había sido tan breve que casi lo había pasado por alto, pero le había quedado claro: Era un gesto de deferencia, de aprobación. Por mínima que fuera, ya era más de la que creía poder conseguir. Y eso le daba ánimos, uno de los mejores regalos que un niño podía recibir.

Se acercaban cada vez más al palacio, hasta que llegó un momento en el que Dalae se tuvo que cubrir los ojos con la mano. El sol del mediodía se reflejaba en los muros dorados, cegándola con su brillo. Pero, a pesar de todo, ella quería verlo. No quería perderse ni un sólo detalle de aquel lugar al que, con mucha esfuerzo, quizás pudiera volver en un futuro. Observaba a los guardias que vigilaban cada puerta y cada pasillo, vestidos con armaduras tan brillantes o más que los muros de la ciudadela. Puede que, algún día, fuera uno de ellos… O incluso algo mejor.

-Es… Precioso.-Murmuró, sorprendida, cuando las puertas se abrieron y mostraron espacio que había al otro lado. El ala de las valkirias estaba ricamente decorada, como los palacios de las historias. Aquí y allá había divanes de madera con cojines, mesas con copas y jarras de metal pulido, bandejas llenas a rebosar de fruta madura… Pero lo que más llamó la atención de la invitada de las valkirias fueron los tapices que pendían de las paredes. Tejidos con la lana más fina y ornamentados con hilos de oro y plata, narraban las historias que habían forjado la Ciudad Dorada tal y como la conocían. No era una sorpresa que todos ellos estuvieran protagonizados por mujeres, al fin y al cabo estaban en los aposentos de las valkirias. Allí, no había lugar para nadie más que para ellas y sus invitados, si es que decidían traerlos; y esa norma se extendía hasta la última hebra de tejido. Dalae creyó reconocer entre las figuras dibujadas los rasgos de Hildegarde y Brunilda, aunque no se atrevió a preguntar si realmente eran ellas. No quería quedar mal si su suposición era incorrecta.

Y, finalmente, se detuvo ante la imponente imagen de las Nornas. Allí estaban la anciana Urdhr, que tejía el pasado; Verdandi, de mediana edad y cabellos claros, la que regía el presente; y Skuld, la más joven de todas ellas y responsable de lo que aún estaba por suceder. El hilo de la vida unía a las tres diosas, que tejían sin cesar los tapices en los que quedaba sellado el destino de todas las criaturas. Desde la más pequeña de las hormigas, hasta el más orgulloso de los dioses… Nadie podía resistirse al ritmo que marcaba su rueca, y que sólo finalizaba cuando una de ellas daba la última puntada.
-¿… Las habéis visto alguna vez?-Preguntó Dalae, con la voz impregnada de una curiosidad que distaba mucho del fisgoneo travieso propio de los niños de su edad. No, en aquel momento la castaña se sentía un poco abrumada, pero eso no le impedía querer saber más y más sobre lo que la rodeaba. -A las Nornas, quiero decir… ¿Y no hay ningún tapiz sobre las primeras valkirias? Ya sabéis… Ellas.-Las Dísir. La futura bruja intentó hacerse entender sin usar el nombre que habían recibido después de quedar malditas por Bor: Sabía que, si lo hacía, ellas aparecerían y la matarían por llamarlas. Esa era su leyenda, el recuerdo que habían dejado entre los que antaño fueron sus hermanos. Convertidas en devoradoras de almas, olvidadas, desterradas para siempre… Parecía increíble que en algún momento hubieran caminado por aquellos mismos salones en los que  iban a comer.

Pero era algo natural, Dalae lo comprendería con el tiempo. Las valkirias, al igual que los dioses, estaban demasiado altas… Y eso sólo significaba que su caída era mayor si alguna vez perdían el equilibrio.

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   25th Septiembre 2017, 18:28

Brunilda sonrió ante el asombro de Dalae. Hacía tanto que no se maravilla por nada de lo que encerraban esos muros. Que a otra persona le causase esa impresión las cosas que a ella día a día le resultaban indiferentes le generaba una sensación refrescante, era como ver el lugar con nuevos ojos, aquellas cosas que con la monotonía y la rutina se te pasaban siempre por alto.Le hacía cuestionarse lo poco que se valora en la cotidianeidad los objetos que vemos y tenemos en nuestro hogar cada día. La rubia no se impresionaba con facilidad por los lujos. Había nacido como princesa de una zona aledaña a la Ciudad  de Asgard, rodeada de riqueza y ostento. No había conocido ni la miseria ni la pobreza en su propia piel. Desde su primer día en el mundo había estado rodeada de confort, aprecio y afecto. Como si su nacimiento fuera el de un mesías predestinado. Ella era una fuente de adoración, primero para su padre y luego para los asgardianos.

Desde las pinturas hasta los jarrones del lugar, toda decoración de ese ala del castillo estaba dedicado a las mujeres asgadianas. Al ser una zona habitada únicamente por ellas, todo se centraba en la rememoración de su pasado, su historia, su cultura y sus honores.
Aquella jovencita le causaba una grata impresión a la valquiria. Se alegró de que Hildegarde la hubiera invitado a comer con sus hermanas. Así podrían conocer un poco a Dalae. De esta forma podían descubrir un poco más sus aptitudes  y determinar si podría encajar entre las valquirias

Dalae era muy joven a ojos de Brunilda y sus preguntas sin aquella malicia que tantas veces otorga la adultez o la maduración temprana, despertaban en la atlética rubia cierto sentimiento cálido. La niña interior de la afamada guerrera pugnaba por salir. Le recordaba a cuando ella misma había sido tan joven cuando sus ojos se posaban con sorpresa y se maravillaban de todo cuanto captaban. Aquel fulgor  que había ido perdiendo brillo a medida que la rutina, la responsabilidad y los años consumen tu vida.


- Las Valquirias suelen estar al  servicio de las Nornas en muchos momentos así que en ocasiones coincidimos. No es infrecuente verlas y hablar con ellas. Cuando entras a formar parte de la hermandad de las Valquirias aprendes que sirves a algo mucho más grande que nuestro Rey y Asgard. Somos Doncellas de la muerte e hijas del destino. -

Un incómodo silencio reinó unos momentos en el ambiente. La curiosidad juvenil a veces llevaba a temas que no se podían tratar. A verdades ocultas y misterios de los que nadie sabía o que deliberadamente olvidaban. Hilda y Brunilda se miraron. Misty debido a su juventud no pudo interpretar muy bien las palabras de Dalae. La valquiria mayor decidió atajar la materia para conducirla por sendas más claras. Contando sólo aquello que se podía saber.

- Cuando Bor murió, Odin era poco más que un adolescente y sus hermanos un poco más que niños. Estás buscando a una persona que sea entre diez y veinte años mayor que nuestro actual Rey. No hay nadie de tal edad en las Valquirias.-

- ¿Sabes lo que es el olvido?- Brunilda no supo entonces que en los años precedentes ella sería castigada con aquello. Sería desterrada y condenada al olvido y al silencio. No puso suponer el futuro amargo que le deparaba a Brunilda. En un futuro, la condena por subordinación aplicada  a la honorable valquiria  sorprendería a todos. Destinada a la  expulsión de la tierra que desde su más tierna infancia había custodiado y protegido. Despojada de todo honor y toda gloria. Alejada de sus hermanas y sus conciudadanos. - Me refiero a cuando eres repudiado y exiliado, ¿ Sabes que ocurre en Asgard? Todo lo que fuiste desaparece, como si nunca hubieras estado allí. Todo el mundo calla y con el paso del tiempo lo que fuiste y lo que hiciste se olvida para siempre. Desapareces como si nunca hubieras existido. Al cabo de los años no eres más que un recuerdo lejano si tienes suerte y si no la tienes acabas siendo nada.-

Llegaron al gran salón. Ese era el lugar donde las valquirias comían en comunidad. Era una estancia digna de la presencia de dioses. Era un enorme comedor donde se disponían mesas y sillas de madera con gloriosos motivos y ornamentos tribales. En las mesas, ocupadas por valientes y hermosas guerreras asgardianas, había dispuestos multitud de manjares: Cordero asado, jabali con manzanas, frutas confitadas, salsas de miel y hierbas, pequeños panecillos de belletos y nuez … y jarras de metal labradas con su correspondiente   gran jarra de cerámica llena de hidromiel. Sus suelos de madera noble estaban enmoquetados con terciopelo rojo. Sus paredes estaban cubiertas de hermosos murales sobre la vida y obra de mujeres prestigiosas de Asgard.

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MensajeTema: Re: [Preomega] Once upon a time... (Brunilda.)   15th Octubre 2017, 04:30

Algo mucho más grande que Odín, más grande incluso que Asgard… A Dalae, una niña que había nacido y crecido a la sombra de sus murallas, le costaba concebirlo. Todo lo que sabía del mundo exterior venía dado por las historias que había escuchado, y las ocasionales excursiones a los alrededores de la Ciudad Dorada. Más allá de los confines de la capital, no había más que praderas, ríos plateados y alguna ciudad menor, como el hogar de Brunilda. Nada que pudiera siquiera compararse al corazón del reino, a lo que la familia real había levantado con sus propias manos a lo largo de su reinado. Por eso, sus ojos se abrieron aún más cuando Brunilda le explicó que las valkirias eran cercanas a algo tan abstracto como las damas que cortaban el hilo de la vida de todos y cada uno de los habitantes de los Nueve Reinos. Hablar con ellas, servirlas para cumplir con lo que quisiera que el destino dictara. De alguna manera, eso le sonaba incluso más fantástico que la creación de los Nueve Reinos a partir del cuerpo del gigantesco Ymir. Pero, en el fondo, sabía que podía ser cierto. Alguien como Brunilda nunca mentiría con algo así, ¿verdad?

No, no lo haría... Pero eso tampoco significaba que las mujeres estuvieran dispuestas a contarle todo lo que quería saber. Las Dísir eran un tema infinitamente más delicado, ya que su leyenda se remontaba a un error mucho más antiguo que las personas que en aquel momento estaban hablando de ellas. Sin embargo, las tres valkirias reaccionaron de un modo muy diferente. Mientras que Misty no dijo ni una palabra, Hildegarde comenzó a explicarle ir qué aquel tema era un callejón sin salida para ellas. En cambio, Brunilda... Brunilda tomó un camino distinto.


-¿Sabes lo que es el olvido?-No, Dalae aún no lo sabía, aunque estaba más cerca suyo de lo que creía. De hecho, su propio nombre evocaba el recuerdo de una de las peores condenas que Asgard reservaba a quienes lo decepcionaban. "Dalae" nunca había sido su nombre, sino una antigua palabra usada para nombrar a las cosas abandonadas, perdidas... Olvidadas. Porque sus padres ni siquiera le habían legado una identidad, y era así cómo sus primeros tutores habían decidido llamarla. Los asgardianos sabían mejor que nadie el poder que reside en la palabra, y habían elegido esa para plasmar el ínfimo relato de aquel bebé que se había quedado solo en el mundo nada más nacer. Lo que no sabían, sin embargo, era que esas cinco runas no sólo describían su pasado, sino que también perfilaban un futuro que no tardaría mucho en amenazar con sofocar la vida de la joven asgardiana, como había hecho con la de su padre. La gravedad de las palabras de Brunilda hizo que la niña bajara la mirada, perdiendo la alegría que hasta aquel momento parecía haberla envuelto como un halo imborrable.

Hasta que llegaron al salón, Dalae se mantuvo en silencio, reflexionando sobre lo que su oponente de esa mañana había dicho. ¿Cuántas personas habrían desaparecido así? Hasta ese momento, la hija de Caleb había creído que la gran mayoría de sus conciudadanos eran buenas personas. Que entre ellos no había nadie que mereciera el olvido eterno. Pero, ahora que lo pensaba... Si las primeras valkirias habían resultado ser malvadas, eso significaba que otras personas también podían serlo. Y ya no se trataba de demonios, gigantes o enanos; criaturas que apenas se parecían a ellos en nada y con las que acababan enfrentándose cada cierto tiempo. No, estaban hablando de asgardianos como ellas, como los aprendices que habían tenido que recoger el patio de la Academia. ¿Y si alguno de ellos acababa cometiendo un error, o decidía abandonar todo lo que era y enfrentarse a Asgard? ¿Ella lo olvidaría también? No quería que ninguno de sus amigos desapareciera... Eran como su familia, a falta de una de verdad.

Finalmente, las cuatro mujeres hicieron su entrada en el espacioso salón en el que tendría lugar la comida. O más que comida, festín, a juzgar por los alimentos que allí esperaban. Pero eso no fue lo único que llamó la atención de ese ávido par de ojos grises. La estancia estaba atestada, ocupada por todas las valkirias que en ese momento servían a Odín... O a las Nornas. Todas parecían conocerse: Charlaban entre sí sobre lo que había pasado desde la última vez que se habían visto, reían a carcajadas y empezaban a llenar sus copas para regar en vino y aguamiel la comida. Cuando se acercaron a la mesa, Dalae se sentó cerca de Misty. Era la única de su edad, más o menos, y también la única que, al igual que ella, no era una guerrera de leyenda. Eso la convertía por mucho en la persona menos intimidante de la sala, y eso era todo un alivio. Después de mirar a su alrededor, Dalae se decidió por el cordero. No se parecía en absoluto a la carne que había en la Academia todos los días, ni en aspecto ni muchísimo menos en sabor. De hecho... Aquello estaba delicioso. La invitada de las valkirias no se molestó en disimular su agrado, entrecerrando los ojos con un ligero murmullo de satisfacción. -Quizás tendría que venir aquí a comer más veces... Creo que nunca he probado nada tan rico. Muchas gracias por invitarme, de verdad. -De alguna manera, Dalae consiguió hilar una broma con un agradecimiento en ese breve espacio de tiempo, coronándolo todo con una sonrisa sincera. -Por cierto, Misty... Nunca te he visto por ahí fuera. ¿Te quedas aquí siempre?-Preguntó, junto antes de empezar a mordisquear un panecillo. -Creo que nunca te he visto por los alrededores de la Academia, ni por la ciudad...

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