Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 De safari por la city (Roy Harper y Elysia Stavridis)

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Roy Harper
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MensajeTema: De safari por la city (Roy Harper y Elysia Stavridis)   11th Enero 2017, 14:24

15 de marzo de 2019


Nueva York era una de las ciudades más importantes y destacadas del planeta.  La urbe es uno de los principales centros neurálgicos del comercio y finanzas mundiales.La influencia artística y cultural de la ciudad es de las más fuertes del mundo. Influye decisivamente en en los medios de comunicación, en la política, en la educación, en el entretenimiento, las artes y la moda. Por su ubicación era un punto clave en las relaciones internacionales y en ella, se encuentra la sede central de la Organización de las Naciones Unidas.

A pesar de todos los aspectos positivos de esta floreciente y dispar, al pelirrojo no le agradaba mucho aquel núcleo de población. Uno de sus principales motivos era el clima. A Roy no le agradaba pasar frío. Nueva York tiene un clima húmedo continental debido a los constantes vientos que traían consigo el aire frío. Sus inviernos son fríos, la primavera y el otoño son erráticos, y pueden variar desde frío y nevado a cálido y húmedo y el verano es templado y húmedo.

Miró el cielo y suspiró. No hacía un día demasiado frío pero el cielo estaba algo nuboso. Arrugó la nariz y sus ojos se entrecerraron un momento. Un gesto sutil de desagrado. Una mueca infantil fruto de una reacción involuntaria a su aversión a todo aquello que denotase una bajada de las temperaturas. El arquero era muy transparente y expresivo, con lo cual siempre dejaba escapar estas pequeñas micro expresiones que denotaban lo que pensaba sobre las cosas del día a día. Esperaba que el tiempo se mantuviera y no cambiara a uno peor.

Harper se encontraba en la ciudad para comprar materiales que necesitaba en uno de sus proyectos de ingeniería. No eran materiales muy específicos o extraños de encontrar. Pero daba la casualidad de que en todos los desguaces de la ciudad en la que vivía había preguntado  y no tenían  nada de lo que necesitaba. Así que el pelirrojo había contactado con un amigo de las afueras de Nueva York, que conoció cuando trabajaba en un garaje arreglando coches y motos, Para ver si podía ayudarle a localizar las piezas que necesitaba.  Este hombre  le indicó un desguace  que siempre trabajaba con los repuestos que necesitaba Roy.  Su amigo le dio la dirección del lugar donde podía encontrar  aquello que andaba buscando.

Como no era una ocasión para vestir de punta en banco, Roy llevaba un look bastante casual y desaliñado. Se había puesto un pantalón vaquero de color claro, que tenía ciertos desgastes por los bajos, una camiseta blanca sin mangas que le mascaba sus definidos músculos, sobre esta prenda de ropa se había puesto una camiseta estilo leñador de cuadros rojos y blancos, que lucía desabrochada, y unas botas camperas de un marrón oscuro. Se había desenredado su media melena pelirroja pero de ponerse su habitual gorra con el mensaje impreso de ¿Qué haría Tesla? estaba un tanto despeinado.

Caminaba con parsimonia con un café para llevar mientras buscaba la ubicación del desguace. Estaba habituado a caminar por grandes ciudades así que esperaba no perderse.  Por su lado pasó una despampanante belleza rubia con un vestido muy ceñido y corto. a la vez que caminaba giró su cabeza para seguir mirando a la exuberante fémina. Esto provocó que el arquero distrajera un momento y no viera lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
El pelirrojo abrió sus ojos verdes con estupefacción al impactar con alguien. Su café salió volando de su mano derecha e impactó en el luego, derramándose por completo. El choque lo pilló por sorpresa y tardó unos segundos en comprender lo que había ocurrido.

- Perdón - dijo con una sonrisa de arrepentimiento. En su cara se mostró una expresión arrepentida. - ¿Estás bien?¿Te he hecho daño o lago? Mi café se ha caído, ¿Te he manchado?

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MensajeTema: Re: De safari por la city (Roy Harper y Elysia Stavridis)   11th Enero 2017, 19:23

Viernes, 15 Marzo 2019

Aquella mañana fue la primera vez que pude levantarme de la cama. Llevaba varios días que me dolía absolutamente todo, incluso en lugares que jamás pensé que me podrían doler. Que asco de vida. Esto de ser una heroína y salvar la ciudad era más difícil de lo que pensaba. Y lo mejor de este trabajo es que nadie iba a saber que has sido tú quien les has salvado el culo.

Cuando eres una persona altruista y te dedicas a dar la vida por los demás, nunca piensas en una recompensa, y no te importa que la gente no te lo agradezca o te reconozca el trabajo bien hecho. Ya te sientes satisfecho con el hecho de haber resultado de utilidad para los demás. Cuando has conseguido provocar un cambio en sus vidas o inclinar ligeramente la balanza de los buenos. Pero claro, cuando luego te pregunta tu jefe porque no les has entregado las páginas de esta semana no le puedes decir: “¿Es que no has visto las noticias? ¡Un bicho gigante con un ejército de monstruos ha atacado Nueva York! ¿Y ves esa chica de la falda tan mona con el casco? Bueno, jefe, pues esa soy yo.”

No, claro que no. Nadie se lo iba a creer cuando lo contara. Para Michael solo tenía un gripazo de la leche que me iba a durar toda la semana. Y cuando las vecinas me preguntaban por los golpes y los moratones de la cara, les decía que me había caído por las escaleras. Podría apostar a que las muy cotillas pensaban que mi “novio”, “ese chico tan raro que venía a veces por casa”, me pegaba. Claro, para empezar tengo alergia a los hombres, y para seguir no quería ni por asomo a una entidad extraterrestre chunga como novio. ¿Qué otra cosa podía decirles?

Mi compañera de piso, Elissa Stavridis, se había ido al trabajo temprano. Casi le había provocado un infarto cuando el mismísimo Capitán América la había llamado diciéndole que me habían dejado en el hospital. No es que estuviera hecho un cromo, más bien el ataque que recibí del Adversario fue mágico, y me dejó hecha polvo por dentro.

Por suerte ya me encontraba bastante mejor, aunque seguía con ese humor de perros que me caracterizaba. Y hablando de perros… Lycos se moría de ganas de salir a la calle, no le había sacado a pasear desde el sábado, y no iba a molestar a Lissa que ya tenía bastante con sus propios problemas. Menos mal que Lycos no era un perro de verdad, y no se iba a morir si no salía de casa en una semana.

Me vestí con un jersey gris de cuello alto y mis queridos shorts tejanos con los leggins. Todavía hacía mucho frío en la calle, así que me coloqué mi bufanda turquesa favorita alrededor del cuello y cogí el abrigo negro de botones que terminaba por encima de la rodilla. Necesitaba algo de aire que me despejara, así que aprovecharía para sacar a Lycos ya de paso.

El malamute de Alaska me tiraba de la correa más de lo normal, estaba muy entusiasmado por salir a la calle y tenía que dar pasos agigantados para poder seguir su ritmo. No me di cuenta de lo que se me venía encima hasta que choqué con él.

- ¡Γαμώτο…! - empecé a protestar en mi idioma materno cuando tropecé con una persona y dejé caer la correa por culpa del tirón del perro. Joder, ¿es que la gente no mira nunca por dónde va? Vale que yo tampoco estaba mirando mucho pero...

- Perdón - dijo el chico con una voz cálida. Entonces me fijé bien con quién había chocado. Era un joven pelirrojo más alto que yo, con una gorra de esas que usaban los raperos y una camisa de cuadros. Parecía bastante majo por la expresión de su cara, y estaba realmente arrepentido de haber chocado conmigo, así que… mi mirada furtiva se suavizó en el instante en que nuestros ojos conectaron. - ¿Estás bien?¿Te he hecho daño o lago? Mi café se ha caído, ¿Te he manchado?

-¿Café? ¿Qué café? - dije sin entender nada. Pero cuando miré hacia abajo me di cuenta de que el abrigo tenía una mancha en el pecho, pero como no había traspasado al jersey no me había dado ni cuenta. También era porque el abrigo era negro, y casi no se veía que aquello era café.

- Un momento… ¿Dónde está mi perro? - me giré a tiempo para ver como el maldito chucho de papel cruzaba alegremente todos los semáforos en rojo, provocando un pequeño alboroto automovilístico. Lycos corrió en dirección hacia el centro comercial y lo vi desaparecer en una esquina.

- ¡LYCOS! ¡Vuelve aquí! ¡La madre que te…! - Mi primera reacción fue correr hacia dónde había huido el descerebrado animal, pero el perro me llevaba mucha ventaja y yo era de esas personas que corrían dos manzanas y ya se estaban ahogando. Pero tenía que darme prisa si no quería que mi perro de mentira se metiera en algún lío…

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MensajeTema: Re: De safari por la city (Roy Harper y Elysia Stavridis)   20th Enero 2017, 21:02

El pelirrojo pensó que seguramente esa mujer tan atractiva era un fallo de matrix porque no podía existir una mujer físicamente tan perfecta  en este mundo. Aunque pensándolo bien a él siempre le habían gustado más las morenas pero quizá no era el momento de ponerse a divagar sobre el color de pelo que más atractivo le parecía en una mujer.

Roy dejó de mirar a la buenorra rubia para centarse en la persona con la que había chocado accidentalmente.  Era una chica bajita o el menos de una estatura menor que la de él. Era castaña con media cabeza teñida de un color azul turquesa, que tenía los ojos azules e intensos. Justo cuando habían colisionado había pronunciado una palabra en un idioma que para él era totalmente desconocido. Miró si el café había caído sobre la castaña y efectivamente, el café había manchado el abrigo oscuro de ella. Era una mancha casi imperceptible pero el arquero se percató de ella gracias a sus cualidades naturales y a la práctica diaria con el arco. Esto hacía que  tuviera una excelente visión y percepción de las cosas.

Roy se quedó pasmado con el comportamiento de la chica. Casi no le había dado tiempo a ofrecerle una disculpa y una compensación como llevarle el abrigo a la tintorería o invitarla a un café. Parecía que estaba un poco despistada. Se había ido del lugar como si Sería por la vida ajetreada y el ritmo alocado de la gran manzana.  Si no había querido una compensación pues cosa suya. Roy se encogió de hombros. Un problema y una disculpe menos con la que lidiar. Sea justó la mochila donde llevaba sus cosas indispensables y se dispuso a volver a caminar.

El arquero estaba por continuar su camino, olvidándose de aquel percance, cuando se percató de que la joven no corría sin rumbo ni sentido. La chica perseguía un enorme y peludo perro. Entonces el pelirrojo se dio cuenta de que el causante de que a Lyz se le hubiera escapado el perro era él. Se llevó una mano a la frente. Siempre originando problemas debido a que no podía pasar por alto  a las mujeres. Suspiró pesadamente. Ahora que se sabía culpable de la situación no podía abandonar a la desconocida a su suerte.

El alascan malamute cruzaba la calle a todo correr y los semáforos estaban en rojo para los peatones. Lo que ponía al perro y a Lyz en serio riesgo de ser atropellados. Por la tasa de personas atropelladas en la ciudad y la velocidad a la que iban los coches en ese momento, sin tener en cuenta los límites de velocidad, podía asegurar que el porcentaje de que un coche diera de lleno al animal y a la muchacha era bastante alta. Roy se sintió culpable. Si algo les pasaba indirectamente era su culpa.

La chica gritaba como una posesa y a Roy le hacía un poco de gracia. Se rió ligeramente. Era una situación un tanto cómica desde afuera. Sin pensarlo más empezó a correr detrás de la chica que corría detrás del perro que era tan grande como un oso.

Lyz salió corriendo mucho antes que el pelirrojo y le sacaba una distancia considerable. El arquero daba gracias de tener una buena forma física debido a su entrenamiento matutino.  Muchas eran las ocasiones en las que tenía que salir corriendo hacia algún lugar, ya fuera para capturar a un criminal, en pos de ayudar a alguien,  intentando salvar su vida o huyendo de la policía. Correr era algo muy habitual en su vida así que era algo que se le daba considerablemente bien, no era un atleta que fuera a ganar una medalla olímpica en atletismo pero se defendía bien en ese terreno.
Al alcanzar a la mujer puso una malo en su espalda. El de ojos verdes se había percatado del sobresalto en la respiración de la castaña.

- ¿Te encuentras bien?- dijo mientras corría a la par de la chica.- Supongo que esto ha sido un poco culpa mía … je jeje.

Cruzaron completamente la calle, dejaron atrás un gran centro comercial y siguieron un trecho más. El hombre se extrañó de lo que corría el perro. Era un animal enorme y sin embargo corría con una gran celeridad. Tras un rato de perseguir a Lycos por los callejones de la zona se paró. Roy abrió los ojos sorprendido pero ese perro era o superinteligente o había sido entrenado por la policía. Quizá la joven con la que había chocado era una agente encubierta. Lycos les había conducido justamente a la escena de un robo. Su mirada se dirigió de nuevo a la muchacha que había corrido con él.

El perro se encontraba sentado en la acera y justo delante de él había una chica morena, escuálida, con unos ojos verdosos de un brillo apagado, vestida con ropa sucia y medio rota, que apuntaba una ancianita con una pistola. La venerable ancianita que parecía la Emma Webster de la vida real. Esa venerable señora de dibujos animados que cuidaba de Silvestre y Piolin. A Roy le dio un vuelco el corazón. Esa viejecita de apariencia amable y bondadosa estaba siendo atracada por una raquera. La vida en las calles era dura pero joven se podía buscar un trabajo antes de estar robándole la pensión a una mujer mayor. Le parecía un poco despreciable hacer eso. Sabía que las calles eran duras pero no podía robar a alguien rico como Tony Stark o Bruce Wayne u otro millonario pedorro al que el dinero le llueve a miles con sólo respirar.

Se quitó la mochila que llevaba y sacó de ella su arco plegado. Cuando se disponía a desplegar el arma e intentar disparar para desarmar a la bandolera, la joven el miró con una furia infinita. Hizo un gesto y un ademán de que si hacía cualquier movimiento más mataría a la anciana. Roy se quedó quieto.

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MensajeTema: Re: De safari por la city (Roy Harper y Elysia Stavridis)   13th Febrero 2017, 12:24

-¡Estupido perro! ¡VUELVE AQUÍ! - pero mi mascota de mentira se pasó las órdenes por su pelaje negro y blanco.

Mis gritos resonaron por lo largo y ancho de la avenida cuando cruzaba a toda prisa la carretera, siguiendo el rastro del incansable Lycos hasta a saber donde. Los semáforos brillaban en un rojo intenso, y los coches trataron de frenar al verme cruzar la calle a toda prisa y sin mirar. En mi cabeza sonaba una pequeña plegaria pidiendo que no me atropellaran. Y yo no era muy religiosa.

-¡Cuidado! - gritó un conductor frenando justo a tiempo. Casi vi su coche encima de mi, pero apoyé mis manos en el capó y conseguí saltarlo por encima. Cuando mis pies volvieron al asfalto seguí corriendo como si la vida me fuera en ello.

-¡Lo siento!- me disculpé sin mirar atrás.

¡Estas loca! -gritó otro conductor frenando antes de tocar la línea blanca del paso de peatones. Los coches se fueron deteniendo uno a uno, hasta colapsar la avenida y llenarla de pitidos y protestas. Algunos de los conductores incluso se bajaron para saber lo que estaba ocurriendo. Otros me insultaron a voz en grito y pensaron en llamar a la policía. Pero yo no podía detenerme.

Me metí por una de las callejuelas, dejando el centro comercial a mis espaldas. Empezaba a sentir cómo las piernas ya me flojeaban por el esfuerzo. Nunca había corrido tan intensamente durante tanto rato, sin tener en cuenta mis esporádicos entrenamientos como Chroma, o las improvisadas patrullas por la ciudad. No era una persona realmente deportiva, mis poderes me sacaban del apuro en más de una ocasión, y si en momentos puntuales hacía acrobacias inimaginables era porque usaba el poder de la imaginación. Todo provenía de mi cabeza. Pero en esta ocasión, dudaba que la imaginación pudiera impedir que sacara mis pulmones por la boca...

- Maldito chucho… esto no es el put* Central Park para que puedas correr a tus anchas… - protesté, intentando buscarle un sentido a que mi perro no hiciera caso de mis órdenes. Mi primer pensamiento fue que Lycos estaba tan contento de salir por fin a la calle después de una semana encerrado en el piso, que le daba igual desquiciar a su dueña.

De pronto, una mano rozó mi espalda y me sobresalte al ver el rostro del desconocido pelirrojo, haciendo que tropezara torpemente con mis propios pies y cayera de morros al suelo, arañándome las rodillas y la barbilla con la acera.

-Estoy bien, estoy bien… -dije a toda prisa mientras me levantaba del suelo sin ayuda y retomaba la carrera. Miré de reojo al hombre que tenía a mi lado, con esa sonrisa de disculpa y esos ojos verdes tan amables. No me había dado cuenta de que me había seguido… ¿cómo había llegado hasta aquí tan rápido? No se le veía cansado en comparación a mi me faltaba el aliento.

- Mi perro… - jadeé.- Se ha ido…-volví a coger aire.- Por allí... -señale al fondo de la calle. El malamute acababa de girar la esquina.- Se meterá en problemas...

Pensé que el chico se adelantaría para detener a mi perro, pero se puso a correr a mi lado, adaptando su ritmo al mío. En el fondo se lo agradecí. Con mi aspecto desaliñado por la carrera, el sudor, el café en la chaqueta y los arañazos en la barbilla y las rodillas… debí de darle un poco de pena.

Cuando giramos la esquina por la que había pasado Lycos, nos adentramos en un callejón que quedaba lejos del centro comercial. De pronto escuchamos el gruñido de mi perro y nos encontramos con la escena de un atraco. Frente a nosotros había una chica delgada, con ojos perturbados y aspecto de vagabunda. Lycos no dejaba de gruñir, puesto que la joven estaba apuntando a una pobre ancianita con una pistola.

La atracadora se asustó al vernos, y nos dedicó una mirada turbia y llena de furia. Mi cuerpo se tensó de pronto y tragué saliva. Vi cómo el pelirrojo se agachaba con rapidez y sacaba un arco moderno de su mochila... ¿En serio? ¿Es que hacía tiro olímpico o algo? ¿De verdad pensaba disparar una flecha?

La morena nos miró amenazante y acarició el gatillo con el dedo índice, advirtiéndonos de que si hacíamos un movimiento en falso le volaría la cabeza a la anciana. Teníamos que impedir el atraco y/o posible asesinato, pero no se me ocurría nada decente sin que tuviera que exponer mi magia ante ojos desconocidos… ¡A la porra!

-¡No dispares! - mis manos se alzaron solas, y antes de que la mujer apretara el gatillo, el frío metal del cañón se transformó en un suave ramo de rosas blancas. La atracadora se asustó ante la transmutación del objeto, y dejó caer las flores al suelo con una expresión entre terror y asombro.

- ¡AHORA! - indiqué a mi compañero arquero.- ¡Disparadisparadisparadispara!

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MensajeTema: Re: De safari por la city (Roy Harper y Elysia Stavridis)   11th Marzo 2017, 16:13

El animal seguía corriendo descontroladamente en busca de libertad. Estaba un poco preocupado por el perro pero la joven no tenía tampoco muy buena pinta. Se la veía bastante cansada y sofocada.Le daba un poco de cosa dejarla atrás viéndola en aquel estado. Ella decía encontrarse bien pero de lejos se veía que la faltaba el aliento y su respiración estaba alterada como si hubiera hecho un ejercicio muy intenso. ¿Es que no estaba acostumbrada al ejercicio físico?  ¿Sería asmática? No lo sabía pero había miles de posibles causas para aquel estado de puro desfallecimiento.


Casi sonrió por la situaciones locas de la vida. Crees que vas a tener un día normal hablando con tipos llenos de aceite de motor y grasa sobre piezas y coches. Pero se cruza en tu camino una joven y todo cambia. Haciéndote perseguir un perro por todo el centro de la ciudad hasta llegar a las afueras. Donde está ocurriendo un atraco a una señora de edad considerable. Y ahora allí se encontraban en una situación compleja y tensa: una chica, una anciana, una adolescente pendenciera, un perro y él.

Para el arquero la situación se había vuelto peliaguda. Por muy rápido que fuera, no podía desarmar a la atracadora sin arriesgarse a que esta disparase a la anciana. El pelirrojo no calculaba unas probabilidades muy favorables para su jugada. Había un tanto por ciento de error y muy grande. Por lo que él casi prefería que la delincuente se saliera con la suya y que la abuelita siguiera con vida. No podía soportar la muerte de una adorable y entrañable señora sobre su conciencia. No valía la pena exponer la vida de alguien por salvar unos miserables dólares. La situación era desfavorables para la justicia pero unas veces se ganaba y otras se asumía como buenamente pudieras que habías perdido.

Despacito hizo un gesto de espera con una de sus manos para que la asaltante no pensase que sus movimientos para dejar el arco en el suelo eran movimientos de ataque. Roy posó su arco en el suelo y se preparó para de ver huir a la criminal de la escena del crimen. Sin embargo, aquel futuro que era predecible en una situación así, no ocurrió. De buenas a primeras la pistola que llevaba la delincuente juvenil se convirtió en un ramo de flores. Fue algo épico y mágico al mismo tiempo. Al pelirrojo le recordó a aquel graffity de Bansky donde los pandilleros disparan flores. Todo ocurrió tan de prisa que el arquero se quedó un poco traspuesto. ¿Cómo se había transformado aquel arma en flores? ¿Era fruto de la magia? ¿Quien era el responsable de aquel acto? Miró al perro y luego miró a la joven con la que había chocado. no entendía mucho de lo que estaba ocurriendo.

Roy estaba visiblemente impresionado ante la transformación de la pistola en un ramo de flores. No se lo esperaba para nada y tardó un poco en reaccionar por la sorpresa. Cuando Lyz le instó con su voz a disparar, Roy tomó de nuevo su arco y le disparó a la chica una flecha trampa. Era un tipo de flecha que tenía una cabeza cuadrada en la que estaba prensada una red muy fina y construida con un material muy ligero y compacto.  Al chocar contra el objetivo la cabeza cuadrada se abría dejando escaparse la red de su interior. La red envolvía a la presa como un cazamariposas a una mariposa. Para evitar que los capturados en la red pudieran librarse de ella, Roy impregnó la red con una especie de resina muy pegajosa que te dejaba más pegado y enroscado en la red cuando tratabas de quitártela. Era como una especie de tela de araña pero artificial y a escala humana.   De esa manera, la joven criminal acabó inmovilizada y la ancianita a salvo.



- ¡Qué locura de día!- Casi no se podía salir de casa sin tus herramientas de justiciero pensó el arquero. - ¿Se encuentra bien señora.?- dijo Roy asistiendo a la mujer mayor. La ancianita se  notaba un poco alterada por todo lo acontecido pero físicamente parecía estar bien.

- Gracias jovencitos, no siempre se encuentra una a la juventud tan dispuestos a ayudar a las personas mayores. No queda tanta gente valiente en las nuevas generaciones. Esos niños de hoy en día son casi todos unos granujas y unos sinvergüenzas como la muchacha que intentaba llevarse mi pensión. Ese dinero que a mi marido y a mi nos ha costado toda la vida ahorrar para tener un fondo de pensiones digno.- Hizo un aspaviento.- Queda muy poca gente que respete a los mayores y los sacrificios que hemos hecho por este país.- La anciana se fue despotrincando de la juventud  y su falta de moral y ética.

- Soy Roy.- le dijo a Lyz con una sonrisa en su amable rostro..- Y por meterte en todo este lío creo que te debo una disculpa. ¿Te pago la lavandería del abrigo? La verdad es que iba un poco distraído y no te ví.- el pelirrojo acarició al perro.

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MensajeTema: Re: De safari por la city (Roy Harper y Elysia Stavridis)   13th Junio 2017, 18:50

FDI: Perdonaaaaa!! DDDD: No había visto tu respuesta!! Siento mucho la espera! >o<

No debería ponerme nerviosa  en este tipo de situaciones, es decir, se supone que soy una justiciera. Recalco lo de justiciera, porque a veces no me lo creo ni yo. No llevaba demasiado tiempo dedicándome a esto de salvar abuelitas, pero tampoco se me daba tan mal. Tengo unos poderes que fliparían a cualquiera (como era el caso de mi compañero de sprint), y estaba dispuesta a hacer un buen uso de ellos ahora que sabía más o menos cómo hacer que funcionaran. Al menos, ya no aparecían villanos en el parque cuando dibujaba duendes, ni transformaba en monos a los visitantes del museo de Gotham, ni cambiaba los colores de los edificios con solo mirarlos, ni las aceras se convertían en caminos de baldosas amarillas a mi paso... vale, admito que aquel día estaba muy inspirada por culpa de la película.

Pero para qué voy a engañarme. Era inevitable que me pusiera nerviosa cuando me encontraba en situaciones de riesgo. Y para mi, que debo de ser la persona que más fácilmente pierde los estribos, era todo un reto. Aureole siempre me decía que necesitaba meditar más y pensar dos veces antes de actuar. Que las cosas que imaginaba serían más fieles a los objetos originales. Y sobretodo, que no perdiera la concentración cuando tocaba la realidad sino quería liarla parda. Pero eso es muy fácil de decir y muy difícil de hacer cuando te encuentras en una situación donde el tiempo va en tu contra.

Por suerte, los pequeños trucos como el de las mariposas, y el de cambiar armas o balas por flores, ya me habían dado buenos resultados antes, y eran conjuros faciles de realizar. En aquellos momentos me sentí como si estuviera en un escenario, y hubiera dejado boquiabiertos a mis espectadores sacando un conejito blanco de una chistera. La anciana alucinaba, el pelirrojo flipaba y la atracadora se cagaba en todo.

Entre la tensión y los gritos, el chico reaccionó a tiempo para coger de nuevo su arco y lanzarle una flecha a la delincuente. De la punta salió una red que atrapó a la agresora y la dejó inmovilizada. Guau, aquello había molado mucho.

- ¡Toma ya! ¡Eso ha sido genial! - Di un mini saltito y aplaudí tres veces en el aire. Aquella reacción me salió del alma, estaba muy emocionada por el éxito de la inesperada misión “salva a la abuelita, salva al mundo”. ¡Y menuda puntería tenía el chico! ¡Qué destreza tenía con el arco! ¿No era para emocionarse?

Me acerqué a la señora mayor una vez pasado el peligro y nos dio un pequeño discurso sobre la juventud de hoy en día. Eso era buena señal, tantas ganas de parlotear significaba que se encontraba bien. Nos despedimos de la amable pensionista, y acto seguido el chico se presentó con una sonrisa encantadora. Guau, tenía que reconocer que era guapo.

- Encantada, yo soy Elysia… - dije algo tímida mientras recogía un mechón de mi pelo azulado y me lo colocaba detrás de la oreja. - No es nada, si el que nos ha metido en este lío es este perro despreocupado, que siempre hace lo que le da la gana sin escuchar a su dueña… - dije con desdén mientras volvía a colocar la correa en el collar de Lycos. Al Malamute se le veía muy entusiasmado, y cuando Roy se acercó para acariciarlo estuve a punto de advertirle que no lo hiciera. Normalmente, Lycos era un perro celoso y mordía a los desconocidos, pero tenía un extraño don con las personas, y sabía distinguir a primera vista quienes eran buena gente y quienes no. Roy entraría en la primera categoría, puesto que le dio un lametón en la mano cuando se acercó a acariciarle. Automáticamente me acordé de mi amigo Sloan y esbocé una sonrisa divertida.

-Me conformo con un café, si te parece bien y tienes tiempo. Conozco un buen sitio dónde ir a tomar algo.- y así el chico se olvidaría de que me debía una compensación por el tropiezo. No me molestaba en absoluto lo de la mancha en el abrigo, y era fácil de arreglar sin meterlo en la lavadora. Podía ponerme a practicar un conjuro para hacer desaparecer la mancha y listo.

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MensajeTema: Re: De safari por la city (Roy Harper y Elysia Stavridis)   16th Junio 2017, 20:16

off: no pasa nada
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Roy estaba encantado de que todo el asunto del robo a la ancianita hubiera salido bien. En su vida no salían salir así las cosas. En algún punto siempre las situaciones se torcían. Pero afortunadamente el asunto se había solucionado de la mejor manera. Sin ningún herido, con la agradable señora y su dinero intactos, la delincuente apresada y él no había recibido ningún golpe ni su ropa se había rasgado. Parecía que hoy era su día de suerte.

Él se había compenetrado a la perfección con Elysia. Aunque tan solo se conocieran de unos breves instantes, habían coordinado su acción y sus habilidades para solventar el dilema. El arquero era de ese tipo de gente que se acomoda y amolda a los diferentes tipos de personas y las diversas  situaciones. Tenía una sorprendente capacidad para  adaptarse a cualquier tipo de compañero. Aunque era alguien muy libre, sabía trabajar en equipo.  Además tenía reflejos y reacciones muy rápidas que le permitían acompañar y completar las acciones de los demás.

Se llevó una mano a la cabeza. Estaba un poco abrumado por el entusiasmo que mostraba la joven ante su disparo. - En realidad no ha sido nada. El tiro era bastante fácil. La trayectoria era muy limpia y no había ningún tipo de obstáculo. Cualquier tirador principiante hubiera acertado. - Dijo con modestia mientras se encogía de hombros. El pelirrojo era un arquero con una tenacidad y una destreza porque el tiro que había efectuado era algo que realizaba cualquier principiante. - Tu si que has estado genial, nena. Con esos poderes Muy de Banksy lo de convertir las armas en flores. ¿Eres fan suya o tan sólo una mujer muy creativa? Nunca había tenido el placer de ver a alguien usar magia de forma tan original. - Sonrió con simpatía como siempre solía hacer.

-No sabe la razón que lleva, señora. Realmente hay personas que no tienen modales. - comentó el pelirrojo amablemente. - Espero que este pequeño altercado no la impida disfrutar de este maravilloso día. - Roy tomó a la anciana de la mano y la hizo girar como si estuvieran en alguna clase de baile. Fue algo repentino e improvisado pero no estaba carente de alegría, jovialidad y diversión. La señora se rió junto con el de ojos verdes.- Disfrute cada día, abuelita.- La mujer de edad avanzada se despidió de los jóvenes con una radiante sonrisa en el rostro y les deseó que tuvieran un gran día.

-Un placer- el arquero tomó la mano libre de Lyz y con una sonrisa entre atrevida y coqueta depositó un suave y casi imperceptible beso en ella.- Que nombre tan encantador para una dama tan peculiar.- Miró al enorme perro. Al arquero le parecía un animal adorable. - Supongo que es su naturaleza curiosa. Seguramente que sólo quería vivir una aventura. Es normal querer salir de la monotonía -Se rió de forma alegre cuando Lycos le lamió. - Creo que nos vamos a llevar muy bien yo también soy muy de salir a buscar emociones.- Dijo mirando al Malamute sin parar de acariciarle tras las orejas.

-Vamos por ese café. Tiempo tengo mucho y más para disfrutarlo en tan excelente compañía.- Aunque se había pasado un par de veces por Nueva York, no conocía lo que se dice precisamente bien la gran manzana. Tan sólo sabía de aquellos contados lugares a los que siempre iba cada vez que pisaba aquella urbe. Roy se puso a caminar siguiendo a Lyz. Confiando ciegamente en lo que había dijo sobre que conocía un buen lugar donde tomarse ese agradable y adictivo néctar que era el café. La única adicción que podía permitirse el pelirrojo. Ya que no sólo era un alcohólico sino que tenía una personalidad adictiva y eso le hacía que cualquier sustancia considerada droga le llevase a caer en un estado de dependencia. Ni siquiera podía tomar medicación que tuviera cualquier tipo de derivado de la cocaína, la metadona, el opio y ese tipo de sustancias que se usan en los fármacos para aliviar el dolor. Ese tipo de medicación era mejor que no la tomase y si la tomaba alguien tenía que estar en posesión de las pastillas y darle una única dosis en la hora pautada por el médico.  

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