Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)

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Lobo Feroz
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MensajeTema: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   22nd Febrero 2017, 12:26

Recibir una llamada sorpresa no suele llevar nada bueno. Al menos eso es lo que me ha enseñado la experiencia durante todos éstos años. Normalmente vienen acompañadas con malas noticias sobre alguien que ha hecho algo a otro alguien, algo importante que se ha perdido o como han venido siendo éstos últimos días, que algún grupo de mundanos se hayan metido en Villa Fábula a la vieja usanza, cambiando las antorchas por pancartas y las hoces por consignas.
Aquella llamada era diferente, porque en lugar de ser por alguien que había desaparecido era precisamente ese alguien quien me llamó. Drago, el hombre que hizo de enlace para una alianza entre El Bosque y los X-Men, quien estaba a punto de casarse y que había desaparecido hacía cosa de un mes. Un amigo.
La última vez que lo vi fue en un bar de Nueva York con su futura esposa, anunciando que se iban a casar, que iban a vivir juntos y que iban a ser felices. No hay que ser un lumbreras para sumar dos y dos y ver que, si de repente alguien que iba a ser tan feliz desaparece del mapa es porque algo no ha salido del todo bien. Así que, mientras Blanca trataba de lidiar con las fuerzas políticas estadounidenses con todo el conflicto entre EEUU y Villa Fábula, yo me puse a investigar su desaparición. Si, fue algo egoísta. Si, tendría que haberlo dejado para más tarde. Y si, Blanca fue la que terminó de darme el empujón para que fuera a la mansión X y empezar ahí mi búsqueda.
Por desgracia no salió como había esperado: los alumnos con los que había hablado o no sabían a dónde había ido o no me lo querían decir. Los presioné lo justo para que no tuviera que venir uno de los profesores a sacarme de ahí, y todo cuanto saqué fue un "ojalá vuelva".

La conclusión a la que llegué: Drago no quería que se le encontrase. Si hubiera sido secuestrado o algo peor habría salido alguna pista que seguir. Pero no había ninguna, y según lo que me contaron, simplemente "se fue".

Un mes después me llega la llamada. Drago, desde el viejo mundo pidiéndome que si podía ir a buscarlo al aeropuerto. Le dije que si, que allí nos veríamos y ya está. Yo suelo ser escueto a la hora de hablar, pero Drago no solía serlo. Al menos no después de conocernos mejor. Algo no iba bien.

Así que aquí me encuentro, con un taxista que ha cobrado de más para esperarnos a mi y a mi compañero en la entrada del propio aeropuerto, esperando a que aterrizara el avión en el que iba Drago. Son las 17:40 y el letrero acaba de anunciar el aterrizaje del avión. Sólo me queda esperar, con la gabardina colgando de un brazo y mi cara de malas pulgas por los olores a mi alrededor y sin poder llevarme un pitillo a la boca y "narcotizarlos", junto a un grupo de gente que espera alegremente a un familiar a quien no ven desde hace un montón de años.
Simpatizo con ellos, más que nada porque éste mes desaparecido se me antoja como si hubieran sido un montón de años. ¿Qué le llevó a desaparecer?

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   27th Febrero 2017, 11:38

Decir que estaba cansado habría sido decir poco. El día 28 había estado luchando en París contra una horda de alienígenas que habían invadido la ciudad. Después, había esperado a Cassandra toda la noche despierto en la habitación del hotel en la que se había citado con ella para arreglar las cosas, pero no se había presentado, así que, en cuanto los primeros rayos de sol habían asomado por la ventana, había regresado a su apartamento, había recogido todas sus cosas, hecho el equipaje, y se había personado en el aeropuerto para coger el primer vuelo de regreso a los Estados Unidos que pudiese encontrar. En concreto había sido uno con escalas en Berlín y en Dusseldorf. El avión salía a las 06:20 de la mañana del día 30, por lo que había tenido que pasar la noche del 29 en el aeropuerto; a las 08:00 había llegado a Berlín, el tiempo suficiente para hacer el transbordo y volver a salir sólo media hora después. A las 09:45 había llegado a Dusseldorf y allí había tenido un poco más de tiempo, lo justo para encontrar un lugar decente en el que comer y descansar un poco. A las 15:20 salía el siguiente avión con destino a Nueva York, y tenía fijada la hora de llegada a las 17:40, lo cual hacía la friolera de 17 horas y 20 minutos de viaje en total, y eso sumado a un día de batalla contra alienígenas, una noche en vela, otra de maldormir, y eso por no hablar del cansancio emocional que llevaba encima desde las últimas semanas. Vamos, que estaba hecho polvo.

¿Por qué se le había ocurrido llamar a Lobo? Bueno, Drago tenía muy pocos amigos y se podían contar con los dedos de una mano: Logan, Sasha, Planaria, Sam y Lobo. Logan era algo así como un compañero de cervezas; le respetaba y le tenía mucho aprecio, pero realmente no había hablado nunca con él de cuestiones del corazón, y tampoco con Sam. Planaria era su amigo más reciente y aún no había alcanzado ese nivel de confianza con él, y Sasha tenía demasiadas cosas encima y demasiados problemas con todo lo de su herencia y las dificultades por las que estaba atravesando en aquellos momentos su relación con Plana. En cambio, Lobo le había dado siempre consejos muy valiosos; no olvidaba que gracias a él era que se había atrevido a dar el paso con Cassandra, y en los últimos tiempos, aunque no se veían con demasiada frecuencia, había llegado a sentirse muy unido a él. Necesitaba a alguien que le llevara de vuelta a Nueva York desde el aeropuerto y, por alguna extraña razón, había pensado en él antes que en cualquiera de sus compañeros de la Patrulla. De hecho ellos ni siquiera sabían que ya estaba de vuelta.

Cuando le vio, esperando a la salida de la sala de recogida del equipaje, fue directo hasta él y le estrechó con fuerza la mano.

- Hola... Gracias por venir -dijo con sinceridad al tiempo que le daba una palmada en la espalda, la mayor muestra de afectividad de la que el mutante era capaz. Y aunque no lo demostró, aquella era la sinceridad de quien de verdad necesita encontrar una mano amiga.

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   28th Febrero 2017, 19:09

No tengo que esperar mucho tiempo para ver aparecer la figura del mutante. Al verlo siento como si hubieran pasado años desde la última vez que nos vimos. El concepto del tiempo para nosotros las fábulas es distinto al del resto de mundanos: somos inmortales mientras sigan contando nuestras historias, y con el paso de los años un día o una semana pueden ser varios años reales, así que uno se puede hacer una idea de cómo me siento al decir que "sentí como si hubieran pasado años desde la última vez que nos vimos".

- Bienvenido - le respondo, estrechando su mano. Aquí tengo que decir que no hace falta ser un lumbreras o el mejor detective del mundo para fijarse en los pequeños detalles que trae consigo el moreno para darte cuenta que está hecho polvo. Y para colmo... - Drago, tus ojos... Juraría que no eran azules. - Podría jugarme un brazo o mi cuello directamente porque estaba seguro que sus ojos antes eran grises. Al parecer se ha traído consigo algo más que cansancio y agotamiento. - Vamos a por tu equipaje. Tenemos un taxi esperándonos.

Una vez Rosa Roja insinuó que tenía el mismo tacto que un sureño abriendo una lata de cerveza con un tractor. Yo le contesté que no me hacía falta tener tacto para hacer mi trabajo. Tal vez tendría que haberle hecho caso, practicar un poco más mis escasas dotes de conversación, pero soy un lobo demasiado viejo para aprender nuevos trucos, y los que me conocen ya saben cómo soy: tajante y directo. Drago era uno de ellos.

- ¿Qué te ha pasado, Drago? - le pregunto una vez nos plantamos delante de la cinta donde salen los equipajes de los viajeros. Ninguna de las maletas que pasan delante tienen el olor de Drago, y tampoco lo huelo acercándose. Tenemos tiempo suficiente para tener una pequeña charla, y yo tengo preguntas que necesitan respuestas. - En la mansión no sabían dónde estabas. Desapareciste así sin más y, o bien te estaban cubriendo las espaldas o realmente no sabían dónde te habías metido. Y que tras tanto tiempo ausente me llames desde Europa... Comprenderás que tengo mucho por lo que preguntarte.

Lo que más me extraña es que no esté Cassandra con él. No conozco nada de ella más allá de la presentación en aquel pub, y tampoco sé por dónde empezar a indagar si quiero sacar información de la chica. Así que no sé si está relacionado el hecho de que no hayan llegado con el mismo avión. El instinto me dice que me guarde ésta pregunta para más adelante. Hay algo en la mirada de Drago que me hace tener cuidado. Algo en su mirada...

La gente que estaba esperando a mi lado se meten delante de nosotros, agarrando tres maletas y una bolsa. Aquellos podríamos haber sido nosotros. Toca esperar.

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   1st Marzo 2017, 12:22

Asintió cuando le habló acerca de sus ojos. Iba a tener que acostumbrarse a darle explicaciones a mucha gente acerca de eso, y no iba a ser fácil porque no le había contado prácticamente a nadie el hecho de que había estado ciego, y menos gente aún sabía que le habían arrancado los ojos. Drago no soportaba que le tuvieran compasión o lástima, por eso había evitado siempre contar esa realidad. Ni siquiera Logan lo sabía, y eso que era el mutante con el que más tiempo había pasado junto con Sam en los últimos años. No son cosas que uno cuenta a un compañero de cervezas. Realmente la única persona a la que se lo había contado había sido Lobo. Xavier, Ororo y Bobby lo sabían únicamente porque le habían visto inconsciente.

¿Por qué había escogido contárselo a él, de entre todas las personas de Nueva York? Precisamente porque el Sheriff de Villa Fábula no era alguien que fuera a mirarte con lástima o compasión. Lobo no era de esos. De hecho a Drago le gustaba que fuera tan directo y no se andara con evasivas. Aquella honestidad cruda era de agradecer en un mundo tan lleno de hipocresía y falsedad. Lobo era alguien que siempre te diría la verdad a la cara, sin perder el tiempo en endulzamientos o rodeos. Sí, la verdad es que le apreciaba y se notaba más cercano a él que a otra gente, precisamente por esa dificultad que había tenido siempre para relacionarse con los demás. Tenía la sensación de que con Lobo no tenía que preocuparse por ese tipo de cosas, y eso le hacía estar más relajado, que era justo lo que necesitaba ahora mismo.

- Es una historia muy larga -empezó-. ¿Has oído hablar de un suero llamado "Extremis"?

Pero había un taxi esperando, así que no podían entretenerse demasiado, de modo que se dirigieron a la sala de recogida de equipaje y, mientras esperaban junto a la cinta transportadora, escuchó sus preguntas. Tenía muchos interrogantes y estaba buscando una explicación, con toda la razón del mundo.

- Bueno, fue todo muy repentino. Realmente no avisé a nadie porque cuando inicialmente me marché a París no pensé que el asunto que me había llevado hasta allí me fuera a llevar más de un par de días, y pensaba resolverlo en un fin de semana. Sin embargo las cosas se complicaron a unos niveles que... -su maleta apareció en la cinta y se adelantó para atraparla antes de que pasara de largo. Como en principio iba a ser sólo para un fin de semana y era de los que preferían viajar ligero de equipaje no había llevado muchas cosas consigo. Por suerte aún conservaba la mayoría de su ropa y sus cosas en su antiguo piso de París, por lo que no había tenido problemas en ese aspecto-. Avisé a Xavier de que me iba a tomar un respiro para que se buscara un sustituto para el mes de febrero, y a mi amigo Sam para que supiera que iba a tener que ocuparse de mi perra durante más tiempo del que le había dicho inicialmente -explicó mientras se encaminaban a la salida-. Aparte de ellos, sólo lo sabía Sasha porque me mantuve en contacto con ella por vía Skype, así que si te cogió el teléfono cualquier otro, efectivamente no sabrían nada. Tampoco les di muchos detalles.

A Sasha le había contado un poco más, pero tampoco mucho más. No era algo de lo que le apeteciera hablar en aquél momento, aunque ahora, después de un mes, lo tenía un poco más asumido. Especialmente después de haberse vuelto a encontrar con Cassandra y haber comprobado la manera en la que la mujer le había ignorado al tiempo que se mostraba mucho más agradable y simpática con otros hombres. Con todos menos con él. Todavía había necesitado que le dejara plantado en aquella habitación de hotel, pero ya lo tenía todo mucho más claro. En cierto sentido le había venido bien aquél reencuentro. Cuando Cassandra se había ido le había dejado tan perplejo que durante las semanas siguientes había vivido como en un sueño, como si no acabara de creerse lo que había sucedido. Volver a encontrarla y constatar la manera en la que le trataba, y cómo no había acudido a reunirse con él cuando se lo había pedido le había servido para abrir los ojos de una maldita vez, despertarse y darse cuenta de que la llama que había ardido entre los dos se había apagado; estaba muerta. Le había venido bien darse cuenta.

- Te lo contaré todo durante la cena, amigo. Me muero de hambre.

Y quizás también se bebería una cerveza. O dos. O todo el bar. Qué importaba.

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   4th Marzo 2017, 13:44

Extremis... El nombre me suena de algo pero no acabo de terminar en qué...

- Creo que escuché a Tony nombrarlo alguna vez, pero no terminé de averiguar qué era. ¿Es una especie de experimento de Industrias Stark? ¿Es lo que te ha cambiado los ojos? ¿O es otra de tus ilusiones?

Si, tengo muchas preguntas que hacerle y al parecer se iría ensanchando más y más la lista. Uno no puede pretender salir de su trabajo y dejarlo en su despacho. Cada uno es lo que es, y yo soy inquisitivo, un rastreador. Es una necesidad que surge de lo más profundo de mi ser y que no puedo remediar. Necesito saber y comprender. Tal vez sea ésta faceta mía de insistente que hace volver locos a los de mi alrededor... No, claro que no Lobo: que tengas malas pulgas no tiene nada que ver, ¿verdad?

Me fijo en la maleta que aparece y que efectivamente, es la de Drago. Es una maleta pequeña para el tiempo que ha estado fuera. Su versión de que fue algo imprevisto cuadra si pretendía pasar un fin de semana o unos cuantos días más fuera con lo que debe llevar ahí dentro. Si hubiera sido planeado habría llevado al menos dos maletas... o sería así si solo tuviera eso consigo. No conozco mucho de Drago más allá de lo que ya sé - lógico - así que todo cuanto puedo especular es eso, especulaciones. Lo que si me cuadra es su explicación sobre por qué nadie me dijo nada o parecía que no supieran nada. No pude contactar con Sasha así que debe ser cierto. Y no miente, o al menos eso puedo "escuchar", aunque sigue habiendo algo latente... No sé qué será.

- Tu perra - sentencio, mirándolo directamente a los ojos. - Una lechuza pegaría más contigo pero, ¿una perra? - Echo el aire por la nariz mientras sonrío con sorna. Demonios, una perra...

Salimos fuera donde nos espera el taxista y nos ayuda a subir la maleta de Drago al maletero. Supongo que después de eso querrá unos cuantos dólares extra, porque no había ninguna necesidad, o mejor dicho, sí la había dentro de su tarifa. De camino al aeropuerto me había pedido más dinero por ir por una ruta más larga que yo no le había indicado. A los tipos como él los huelo a leguas de distancia. Al menos son previsibles.

- Vamos a tu apartamento, dejamos tus cosas y luego vamos a cenar. Sé de un sitio que te puede gustar.

De camino a su apartamento le cuento lo que ha pasado durante éste último mes y lo pongo un poco al día. No es que haya mucho que contar pero al menos para sacar un poco de conversación. El tema de Villa Fábula sigue igual y fuera de algunos incidentes que han salido en los periódicos no hay mucho más que contar.

Se nos hace tarde, y al taxista lo mandamos a hacer puñetas en el portal del apartamento de Drago. Toca coger el metro y sólo tenemos que esperar unas cuantas paradas para llegar a nuestro destino: el Dive Bar, en el 732 de la avenida Amsterdam. Es un lugar bastante acogedor donde te sirven bien y tienen una gran variedad de bebidas. La comida gira entorno a la dieta americana de buenas hamburguesas y acompañamiento variado.
Entramos, tomamos asiento en una de las mesas y llamamos a la camarera para pedir algo de comer. Yo también estoy hambriento y me pido una de sus hamburguesas más grandes y una cerveza para beber. Espero a que Drago pida lo suyo y, como espero, quiera hablar.

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   5th Marzo 2017, 01:50

- Sí, en efecto -asintió Drago-. Se trata de un suero que restituye tu organismo en base a lo que estaba escrito en su ADN. Tony me lo comentó y me ofrecí como sujeto experimental. No era ciego de nacimiento, así que he recuperado mis ojos. Antes tenía que estar en forma mutante para poder ver y utilizaba ilusiones para oscurecerlos y parecer más intimidante, pero ya no me hace falta, y en forma humana no puedo hacer ilusiones, así que éste es mi color natural.

Era todo un adelanto, porque para mantener la forma mutante necesitaba estar en una tensión constante, y al final terminaba agotado. Ahora mismo por ejemplo se encontraba tan cansado que, aún si lograba cambiar, no creía que pudiera mantener la forma mutante durante mucho tiempo. Si aún continuara estando ciego ahora mismo tendría un gran problema, mas, por fortuna, no era el caso.

Sonrió cuando Lobo se sorprendió ante la mención de su perra, Luna.

- Bueno, hay muchas facetas de mí mismo que la gente desconoce, y no es que me queje, me ha costado muchos años labrarme una reputación. Si los villanos se enterasen de que me compadecí de un pobre cachorro al que encontré abandonado en un contenedor de basura con los cuartos traseros destrozados a dentelladas seguramente dejarían de tenerme miedo, ¿no te parece? -hizo una mueca al recordar cómo la había encontrado por aquél entonces-. Le faltaban trozos de carne y gran parte de la piel. Si no se hubiera puesto a gemir y a ladrar cuando pasaba por al lado habría muerto. En el veterinario me dijeron que los perros de su raza, American Pit Bull Terrier, suelen ser muy utilizados para peleas clandestinas y que la naturaleza de las heridas indicaba que era muy posible que se las hubiera producido otro perro ya adulto en el transcurso de algún entrenamiento.

Las heridas se curaron, pero la perra tenía asociado el movimiento de las patas traseras con dolor, por lo que se resistía a moverse incluso cuando ya estaba perfectamente rehabilitada, y Drago no pudo evitar experimentar una cierta sensación de empatía hacia aquél animal que había sufrido tanto, asociando las cicatrices y experiencias traumáticas por las que había tenido que pasar con las suyas propias, así que puso todo cuanto estuvo en su mano para ayudarla a que recuperara la confianza y volviera a andar, con una mezcla de entrenamiento canino y una especie de psicología adaptada que no había tardado en dar sus frutos. Actualmente Luna era una perra alegre, sana y feliz que prácticamente nadie en la mansión sabía que tenía, porque, sí, definitivamente habría arruinado por completo su imagen si los alumnos la vieran arrojarse a lametones sobre él después de un largo día fuera de casa.

- Así que, ya ves, tengo un corazón después de todo, pero me habría venido mal que los alumnos se enterasen. ¿Cómo crees que consigo que se porten bien en clase y que me obedezcan siempre a la primera? Soy la envidia de todos los profesores de la mansión.

Esbozó una sonrisa mordaz en un intento por quitarle hierro a la realidad: que durante años se había esforzado por construir una personalidad fría, seca y distante para conseguir que la gente se mantuviera apartada de él, porque había vivido con el absurdo temor de que podía perder el control de su poder y absorber la luz interior de las personas, y también porque cuando era niño había tenido que ver morir a todos aquellos a los que amaba y había cogido miedo a querer otra vez.

Descubrir que su poder era el control de la luz, y no de la oscuridad, como había creído en un principio, junto con las crudas (pero reales) palabras que le había dirigido Lobo cuando había visitado Villa Fábula le había ayudado a abrirse poco a poco, y ese posiblemente fuera uno de los motivos por los que apreciaba tanto al viejo Sheriff. No había sido agradable, no había sido bonito, pero se trataba de una realidad que había necesitado oír, y Lobo era el único que había tenido las agallas de soltársela a la cara, sin hacer el menor esfuerzo por adornarla o restarle crudeza, y su vida había cambiado a mejor gracias a eso, así que le estaba muy agradecido.

El taxi se detuvo en Mott Haven, uno de los peores barrios del Bronx, conocido por ser particularmente peligroso incluso dentro de uno de los condados más peligrosos no sólo ya de Nueva York, sino del mundo entero, hasta el punto que hasta los policías se negaban a entrar. Éste era el barrio en el que vivía Drago, el lugar en el que llevaba a cabo su labor de vigilante cuando no estaba con la Patrulla. Tenía una reputación también allí, como "el Ángel de Venganza", de la misma manera que Daredevil la tenía en la Cocina del Infierno.

El edificio en el que vivía Drago era antiguo como todo lo que se erigía en la zona, y con las mismas señales de indiscutible pobreza.

- Espérame aquí, sólo tardaré unos minutos.

Dirigiéndose a un lugar apartado adoptó su forma mutante y se cubrió con la ilusión del afroamericano musulmán que, a la vista de todos, habitaba en aquél apartamento y descendió las escaleras que conducían hasta el semisótano en el que vivía. El lugar era sencillo y no muy grande, decorado con gusto aunque de una manera eminentemente pragmática. Nada más entrar te encontrabas abruptamente en un salón diminuto con un par de mesas de madera, varias sillas y un viejo sofá. Detrás de la escalera se encontraba el baño, y a la izquierda la cocina. Siguiendo de frente se llegaba al dormitorio, que contaba también con una zona de entrenamiento, y pasando la puerta que había a la izquierda se llegaba al gimnasio, en donde se encontraba el piano, un elemento que sin duda parecía totalmente fuera de lugar entre las pesas, la estructura para los ejercicios de barras dominadas, la cinta de correr y demás maquinaria, pero en el salón desde luego no le cabía, y el gimnasio era la habitación más grande de todo el apartamento.

Drago entró hasta el dormitorio para soltar la maleta y su mirada se encontró con la de un gorrión que parecía reposar en el borde del ventanuco que tenía en la pared de la izquierda de la cama. Era curioso... A Drago le gustaban los animales y sabía que los gorriones emigraban hacia el sur durante el invierno. Era raro encontrar uno allí, pero tampoco le dio más vueltas y salió de la habitación y del piso para reunirse con Lobo.

Tras volver a recuperar su aspecto normal, no le sorprendió encontrar que el taxista se había marchado. Habría sido muy raro que aceptara quedarse incluso cinco minutos estacionado en aquél barrio, pero tampoco era mucho problema teniendo el metro, aunque el viaje les llevó casi media hora en la que Lobo aprovechó para ir poniendo al día a Drago de lo acontecido en Villa Fábula, cosa que el mutante agradeció, porque llevaba demasiado tiempo desconectado de todo y le interesaba saber lo que había ocurrido en su ausencia.

El lugar escogido era exactamente la clase de lugar que el bosnio gustaba de frecuentar. No tenía reparo en admitir que las hamburguesas le encantaban; pasaba muchas horas fuera de casa o entrenando, por lo que no solía tener tiempo para cocinar, así que la comida rápida solía ser la mejor y única opción de la que disponía. Tampoco era tendente a engordar por constitución, y de todas formas pasaba el suficiente tiempo en el gimnasio como para quemar con creces todas las calorías que tomara de más, así que cuando llegó la camarera pidió lo mismo que se había pedido Lobo.

- Bueno, supongo que lo mejor será empezar por el principio -empezó una vez volvieron a quedar solos-. Cuando me inyectaron el Extremis todo fue bien, al menos en apariencia, pero empecé a tener sueños extraños, que se sentían tan reales como si me hubieran ocurrido de verdad, a pesar de no tener ningún recuerdo de ellos. En dichos sueños yo... bueno... me veía a mí mismo manteniendo... "relaciones" con mi terapeuta.

No había sido fácil decirlo; para un hombre tan reservado como era Drago, hablar de asuntos así de íntimos y personales era prácticamente impensable, pero era necesario mencionar esa parte para explicar lo que había sucedido con Cassandra, así que simplemente agachó la mirada, incómodo y avergonzado, y se llevó el botellín a los labios.

- No me malinterpretes, pero yo... en fin... amaba a Cassandra, y soy, por naturaleza, fiel. El hecho de tener fantasías con mi terapeuta... bueno, no me cuadraba. Estuve investigando y resultó que ella había sido una villana con poderes psíquicos, relativamente famosa hacía algunos años, hasta que Batman la había arrestado. Había cumplido su condena y desde entonces no había vuelto a utilizar sus poderes, pero de manera inevitable comencé a sospechar: ¿y si había utilizado sus poderes mentales para insertar en mí alguna clase de condicionamiento? Quizá las fantasías eran porque había tratado de influirme de manera positiva hacia ella. Soy el líder de los X-Men y ella lo sabe. Era inevitable pensar que quizás pretendiera utilizarme para algo y, de alguna manera, el Extremis estaba interfiriendo con lo que fuera que me había hecho. Así que acudí a un mago que vive en París y trabaja para la Liga de la Justicia y le pedí que averiguara lo que la mujer había hecho en mi mente y lo deshiciera. Cassandra quiso estar presente y yo no se lo negué porque... porque le había pedido matrimonio hacía algunas semanas y no deseaba ocultarle nada.

Guardó silencio unos instantes, reflexionando acerca de todo lo que había ocurrido desde entonces. Parecía que habían transcurrido años cuando en realidad había sido menos de un mes. Se llevó de nuevo el botellín a los labios y dio un largo trago. A ese ritmo para cuando llegara la hamburguesa iba a tener que pedirse otro, pero ¿y qué? Ahora podía hacerlo sin tener que preocuparse por perder el control sobre su forma mutante.

- Pues... bien.... Efectivamente me había hecho algo... Pero no era lo que inicialmente había pensado -se echó hacia atrás en el asiento y empezó a juguetear nerviosamente con la etiqueta del botellín, despegándola de la fría superficie. Bebió otro trago-. Resulta que... en algún momento de la terapia ella y yo... nos acostamos. Tan simple como eso. Y ella, por motivos que desconozco, decidió borrar el recuerdo de mi mente.

Había varias opciones, aunque la más probable era que Elissa hubiera pensado que no se había acostado con ella por verdadero amor, sino por un efecto del síndrome de transferencia a causa de la estrecha relación que se formaba entre un terapeuta y su paciente, producto del clima de intimidad que propiciaba el compartir sus recuerdos más traumáticos y profundos que no había compartido con nadie más. Era una de las razones por las que el código deontológico prohibía el establecimiento de relaciones de naturaleza íntima entre un doctor y su paciente, y si hubiera trascendido Elissa podría haber perdido la licencia. Ésa podría haber sido uno de los motivos de que le borrara la memoria. El otro, que temiera haberse aprovechado de él precisamente a causa de la situación de vulnerabilidad e inestabilidad emocional en la que se encontraba cuando ocurrió.

De un trago se acabó el botellín y alzó la mano para pedir otro.

- Me dejé convencer por Cassandra... Ella quería estar presente... quería "ver" el recuerdo como si se encontrara físicamente allí. Imagino que porque estaba preocupada porque esa mujer me hubiera hecho algo. Y lo que vio... Bueno, puedes imaginar lo que vio... No me dio lugar para explicarme. Sencillamente... se fue, corriendo, y la perdí... La perdí en las calles de París. Aquello había ocurrido antes de conocerla a ella, pero no pude... No tuve ocasión de hablar. La volví a ver dos semanas más tarde, durante la invasión Badoon, y me dejó muy claro que no deseaba volver a verme. A Cassandra... se le daba muy bien "leer" en los cuerpos de los demás, interpretar sus emociones... Me dijo que había podido ver que la amaba cuando me acosté con ella, que no había sido algo fortuito ni ocasional. Dijo que, si no me hubieran borrado el recuerdo, jamás habría llegado a salir con ella, y que no deseaba obstaculizar el camino de mi felicidad.

Le trajeron el nuevo botellín y se lo llevó a los labios. Las hamburguesas ya debían estar a punto de salir.

- ¿Sabes cuál es la ironía de todo ésto, Lobo? Que cuando hace ocho años me enamoré de Nadine la dejé porque pensé que era lo mejor para los dos, sin darle a ella opción a decidir. Fue lo me echaste en cara aquella tarde en Villa Fábula, ¿te acuerdas? Y ahora me han hecho lo mismo a mí por partida doble. La primera mujer con la que me acosté decidió que debía borrarme el recuerdo de lo ocurrido sin consultarme, y la segunda ha decidido que lo mejor para los dos sería romper nuestra relación, y tampoco me ha dado opción a decidir. Es lo mismo que yo le hice a Nadine, y supongo que me lo merezco.

Dejó el botellín sobre la mesa y se llevó la mano a la frente para apartarse el largo cabello del rostro.

- Así que, bueno... En una tarde pasé de estar comprometido a estar soltero, y todo fue tan repentino que realmente necesitaba tomarme unos días de descanso desconectado de todo. Por eso me quedé en París.

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   18th Marzo 2017, 18:56

Escucho toda la historia de Drago en silencio, tomando uno o dos sorbos de cerveza de vez en cuando para ir mojando el gaznate. Él por su parte iba ya por el segundo botellín y con semejante historia no entiendo cómo no pedía algo más fuerte.
Alguien dijo que los hombres callados son los que de verdad saben escuchar. Bueno pues, si es así, tal vez me acababa de sacar el diploma en la escuela de "buenos escuchando" porque ni siquiera le he replicado una sola vez, o le he hecho entender que seguía su argumento con un "ahá" o un simple "si". No me parece la clase de monólogo en que debes darle coba al que habla sino más bien espacio y tiempo para que lo sacara todo, porque esa es la impresión que tengo respecto a Drago cuanto más habla: un tumor dentro de su garganta que necesita sacar de golpe y porrazo.

Hay que ver con el mundo que nos ha tocado vivir. Yo era la mar de feliz en mi bosque, siendo el amo y señor de todo cuanto tocaban las sombras de las copas de los árboles, y sin beberlo ni quererlo me topo con dos jóvenes princesas, una conquista y un exilio hacia un lugar extraño y desconocido.
La epopeya que le ha tocado vivir a Drago ha sido más corta pero igual de intensa, tal vez peor a nivel emocional. Puedo saber cómo se siente con cada palabra que pronuncia al escuchar las palpitaciones de su corazón, el olor que desprende su cuerpo, los microgestos que éste me muestra, el tono de su voz y aún así no consigo llegar a entender por completo lo que está sintiendo. Un libro abierto bien escrito pero que no consigo comprender. Menuda mierda.

- Con todo lo que te ha pasado, todo lo que has vivido y veo que sigues igual.

Dejo la frase en el aire. Tal vez se lo estoy diciendo a él o tal vez a mí. No lo tengo muy claro porque ahora mismo mi cabeza está entremezclando dos historias que no son tan distintas. Dejo que el silencio nos acompañe cuando nos sirven lo que hemos pedido. El olor de la carne cocinada me despierta el apetito, pero aun no tengo ganas de darle un bocado. En cambio, bebo otro sorbo de la cerveza y espero a tener algo en mejores condiciones en la lengua.

- Una vez fui un cabrón egoísta con Blanca - comienzo a decirle, mientras levanto el pan de la hamburguesa para comprobar si necesita alguna salsa. - Pasó después de que una vieja conocida levantara una rebelión en La Granja y nos hechizara a Blanca y a mí para que fuéramos de vacaciones a las montañas mientras preparaban el terreno para matarnos y echar al viejo de la alcaldía. Ahí es cuando la dejé preñada. Puedes imaginarte cómo se puso conmigo cuando se enteró aunque ambos sabíamos que no éramos dueños de nuestros actos - aunque hoy en día sigo pensando si de verdad fue cosa del hechizo o fuimos nosotros tan sólo. - Pero lo que te quiero contar no era eso. Viene después. El viejo deja la alcaldía y el Príncipe Azul monta una campaña para ser el nuevo alcalde. Yo amenazo con que si sale elegido él me largo de el Bosque. Bien, pues así fue, y así cumplí mi amenaza. Me largué lo más lejos posible dejando a Blanca con todo el follón, preñada y con una invasión en ciernes. Y mientras pasaba todo eso yo estaba de retiro en otra zona montañosa en compañía de otra mujer, bebiendo y pasando los días como si nada más existiera.

La hamburguesa está lista y me doy cuenta que no me queda cerveza. Llamo a la camarera para que me traiga otra. De repente tengo mucha sed.

- Mundanos, mutantes, fábulas, da igual lo que seamos porque somos todos igual de idiotas. Pensamos en nosotros mismos y en que es lo mejor para todos, pero nos autoengañamos. Si, recuerdo lo que te dije aquella vez en Villa Fábula y lo mantengo. Y también te digo otra cosa: te lo mereces tanto como que un niño rico se encuentre un billete de cien en la calle. Erraste en el pasado y has querido enmendarte. Ahora es Cassandra quien se ha equivocado tenga los motivos que tenga. Puede que ahora suene más cínico de lo que quiero ser, pero es la verdad: es lo que hay, nada más y nada menos. No puedes culparte por haberlo intentado como tampoco puedes culpar a esas dos mujeres por equivocarse. Lo que es lo que vas a hacer a partir de ahora así que, ¿qué vas a hacer?

Puede que haya puesto demasiado empeño en que ésta pregunta sonara inquisitiva pero así lo quiero: Drago acaba de volver de un infierno sentimental y le ha dejado mella. Las personas con semejante herida en el corazón suelen hacer tonterías o estupideces como la copa de un pino. Quiero asegurarme que no vaya a hacer alguna.

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   22nd Marzo 2017, 13:50

Dirigió una mirada interrogante a Lobo sin saber lo que había querido decir exactamente con aquella frase, pero la camarera les interrumpió al servirles la comida. El olor era delicioso; le habría gustado poder decir que había perdido el apetito a causa de su estado anímico, pero a quién iba a engañar; había comido fatal los dos últimos días y estaba muerto de hambre, así que cogió la hamburguesa y la mordió sin preocuparse siquiera por comprobar si tenía salsa. El sabor de la carne en su punto junto con la lechuga, el tomate y demás aderezos ya era de por sí suficientemente  sabroso incluso aunque no llevara nada más.

Lobo no empezó a comer de inmediato, sino que en su lugar escogió contarle una historia que él escuchó con mucho interés, pues su compañero era un tipo reservado y eran raras las ocasiones en las que uno podía llegar a atisbar algún retazo de su historia personal. Lo que le contó le sorprendió bastante. Cuando había visto a Blanca y Lobo juntos le había parecido que eran una pareja muy enamorada, no se imaginaba que en un principio la relación entre ambos hubiera sido tan conflictiva, ni que no se hubieran acostado por amor y de propia voluntad. De hecho en cierto modo le recordó a lo que le había pasado con Elissa, en el sentido de que una de las posibles razones que se le ocurrían para que ella le borrara la memoria era precisamente que hubiera pensado que él no era completamente dueño de sus actos cuando había estado con ella; que pensara que había sido un producto de la transferencia o de la influencia de sus propios deseos hacia él.

Sin embargo, lo siguiente que le contó aún le sorprendió más.

Drago era un hombre bastante tradicional. A pesar de haber crecido en el entorno liberal francés, había estado en el ejército, y la influencia de la educación y los valores culturales recibidos en el hogar era algo difícil de superar, incluso si hubiera querido hacerlo, que no era el caso, porque llevaba las enseñanzas y creencias de sus padres muy profundo en su corazón. Para Drago había pocas cosas más importantes que la familia, y el deseo de toda su vida había sido poder casarse y tener hijos como cualquier persona normal, deseo que había decidido sacrificar primero en aras de la venganza y después por estar convencido de que era algo que, por su naturaleza mutante, jamás podría conseguir. Precisamente había sido Lobo el que le había hecho albergar la esperanza de que se trataba de un sueño alcanzable, y había tratado de llevarlo a cabo con Cassandra al pedirle que se casara con él. En cualquier caso, para el bosnio era absolutamente inconcebible, por principios éticos, religiosos, morales y culturales, dejar embarazada a una mujer y no sólo no tomar ninguna responsabilidad sobre tu propio hijo sino, además, abandonarla e irte con otra, y más en vísperas de una invasión. Conociendo lo responsable que era Lobo jamás se le había podido ocurrir que fuera capaz de hacer tal cosa. Por un momento incluso dejó de comer, dejando la hamburguesa olvidada sobre el plato.

- ¿Cómo pudiste hacer eso? -inquirió, sorprendido-. ¿Acaso valía para ti más tu orgullo que la responsabilidad que habías adquirido para con Blanca? ¿Para con tus hijos?

Negó con la cabeza, atónito, y aguardó a oír el final de la historia. Lobo había vivido mucho y guardaba una vasta cantidad de conocimientos y experiencia. En conclusión, sus consejos solían ser valiosos, y en ésta ocasión además sus palabras le reconfortaron y le sirvieron de consuelo.

- Gracias -dijo sinceramente y se echó hacia atrás para reflexionar acerca de la última pregunta-. No lo sé, la verdad -admitió al cabo de un tiempo-. Quizá tengas razón en que Elissa tenía derecho a equivocarse y en que yo no debería estar enfadado con ella, pero lo estoy, no lo puedo evitar, de la misma manera que no puedo controlar que una parte de mí la culpe por la huida de Cassandra. Si no me hubiera borrado la memoria, nada de ésto habría pasado. Para empezar, posiblemente ni siquiera habría empezado a salir con Cassandra -se daba cuenta de lo que eso implicaba y le hacía sentirse incluso más confuso-. Dios, yo... no lo sé. No sé lo que siento. Sé que estoy enfadado con Elissa. Hace un mes estaba a punto de casarme y, de la noche a la mañana, lo he perdido todo. Siento algo por ella, eso también lo sé, pero... por el momento no quiero saber nada. La idea de hablar con ella me causa rechazo. Probablemente se me pase con el tiempo, pero aún es demasiado pronto. No voy a olvidar a Cassandra de la noche a la mañana. Lo que hubo entre nosotros fue... auténtico. A pesar de lo que ella pudiera haber pensado cuando se marchó, yo sé que fue real. Iba a ser mi esposa, y eso no se olvida con facilidad -concluyó dando un sorbo a su cerveza-. ¿Qué vas a hacer tú con todo el problema que hay con Villa Fábula?

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   26th Marzo 2017, 14:07

Drago reacciona más o menos como esperaba al contarle la historia del embarazo de Blanca, y no le culpo. Sé que no estuvo bien y decirle que yo no sabía que se acercaba una invasión no justificaría nada de lo que hice por aquel entonces. Tiene todo el derecho del mundo a echarme en cara que no me quedara junto a Blanca con todo ese follón.
Aún así, levanto la mirada y me lo quedo mirando fijamente a los ojos. Puede que acepte que se indigne, pero soy lo que soy y soy quien soy, y no puedo evitar reaccionar como un depredador cuando acaban de darle en los morros. Si, tengo mi orgullo, pero lo tengo "domesticado". Quien no me suele escuchar es mi mal genio...

Voy tentando el hambre con varios bocados de mi hamburguesa mientras le escucho, sin apartar la mirada de la suya.
Si, eso también es comprensible. Poder separar los hechos y la razón de los sentimientos es algo que no se consigue de la noche a la mañana. Se necesita experiencia y mucha, mucha paciencia. Las personas más empáticas y sensibles como Drago les costará mucho más, y dudo que alguna vez lo consigan. Lo lógico sería hablar con esa tal Elissa, poner las cosas en su sitio y descubrir la verdad. Pero no lo va a hacer, como he dicho, porque es lógico dentro de su mar de sentimientos. Si yo estuviera en su misma situación, cambiando a Cassandra por Blanca... no sé lo que haría. Seguramente sería un cabronazo testarudo, inquiriendo e increpando a todo lo que me encuentre por delante para llegar al factor lógico dentro de todo éste meollo y al final, acabaría tumbado en alguna parte, hastiado con el mundo de nuevo, bebiendo whisky o perdido en los bosques donde nadie pueda encontrarme jamás. Ahora que lo pienso, sin Blanca y los niños... ¿qué me quedaría en éste mundo que me ate de verdad?

Su pregunta sobre Villa Fábula no me toma desprevenido. Le había puesto al día durante el viaje así que es normal que quiera saber qué vamos a hacer al respecto. Doy un sorbo a mi cerveza y echo mano a mis patatas.

- Si fuera por mi, cerraba Villa Fábula al resto del mundo - y lo tranquilo que estaría... - , pero ser el sheriff implica mirar por el resto de fábulas, así que vamos a seguir como hasta ahora: la vía diplomática. Los disturbios y las manifestaciones de los mundanos radicales no ayudan nada a que las cosas se tranquilicen, ya puedes imaginártelo. Blanca está intentando tener una audiencia con el presidente de los Estados Unidos para tratar de llegar a un acuerdo, aunque no sea el que quieren ellos: Blanca no va a ceder un solo trozo de terreno de Villa Fábula, ni aceptará que Villa Fábula se someta al gobierno estadounidense. Somos de viejas costumbres Drago, y entre ellas está el derecho de propiedad o dominio. Si alguien intenta quitarte las tierras que por derecho son tuyas, la meta final siempre suele ser la guerra, y estamos intentando evitar llegar a ésta situación. No sé como terminará ésto Drago, pero de momento, es un auténtico dolor de cabeza...

Una guerra con los mundanos... la verdad, no estoy seguro de quién saldría ganando. Si estuviéramos en nuestro universo seguramente seríamos nosotros, a pesar del armamento que dispone el ejército americano: tener dragones y trolls entre nuestras filas convierte las incursiones en carnicerías. Sin embargo, tal y como estamos ahora, si estalla la guerra sería una hecatombe. Por un lado, los mutantes. Odiaría tener que pelear con Drago y sus alumnos. Por otro lado los Vengadores, la Liga de la Justicia... no estoy del todo seguro que apoyaran una guerra política pero si que defenderían la Tierra de cualquier amenaza. Y nosotros nos convertiríamos en una amenaza. Hay demasiados factores en juego como para tener claro de ir a la guerra. Sólo espero que nunca tenga que tenerlos en cuenta en un momento crítico.

- ¿Por qué no vienes a pasar unos días a la mansión Feroz? Estamos en medio del bosque separados de toda civilización. A Blanca no le importaría tenerte en casa y no creo que los niños se molesten por tener otra persona con la que jugar... - No puedo evitar que se me escape una sonrisa ladina al decir ésto último. El concepto de "jugar" para mis monstruitos no es lo mismo que para los niños mundanos. Al fin y al cabo, son lobos, como su padre.

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   31st Marzo 2017, 00:53

Escuchó la respuesta de Lobo mientras daba buena cuenta de su hamburguesa. Los problemas que tenían las fábulas le habían recordado siempre un poco (salvando las distancias) a los de los propios mutantes, en el sentido de que eran personas con dones extraños que los humanos no podían comprender y que eran temidos y rechazados por dicha razón. No hubiera podido decir si eran más o menos graves que los de los mutantes. Si a ellos no los expulsaban del territorio desde luego no era por falta de ganas, y si no lo conseguían era porque, a diferencia de las Fábulas, los mutantes no estaban unidos y cohesionados, sino desperdigados y en muchos casos intentando vivir entre los humanos y pasar desapercibidos. Magneto había tratado de fundar algo parecido a lo que tenían las Fábulas en Genosha, pero para ello había tenido que salir del suelo americano. Sí, sin duda no se trataba de una situación sencilla ni con una solución simple.

- Bueno... Lo cierto es que no sé nada de política y éstas cosas no se me dan nada bien... Y estoy seguro de que Blanca será capaz de manejar la situación mejor de lo que nosotros podríamos conseguir nunca, ya que tampoco tenemos demasiada buena reputación entre los humanos y no somos precisamente un modelo a seguir, pero, pase lo que pase, quiero que sepas que puedes contar con nosotros.

La verdad es que si estallara realmente una guerra, Drago no sabía qué pasaría. Por una parte, su instinto sería ayudar a las Fábulas, pues se sentía identificado con su situación por ser mutante y estar excluido por ello, pero, por otro lado, atacar a aquellos a los que había jurado proteger... Mucha de la gente a la que conocía era humana. Cassandra era humana. Elissa era humana. Y había muchísimos inocentes que no tenían por qué pagar por la estupidez de sus dirigentes. Sí, se trataba sin duda de una decisión muy jodida que esperaba no tener que llegar nunca a tomar.

La propuesta que le hizo su amigo sí que le sorprendió. Drago había sido siempre un solitario, e incluso había rechazado la oferta que le hizo Xavier de vivir en la mansión con los demás alumnos y profesores para poder tener su espacio personal, aunque fuera en un agujero inmundo como era el Bronx. Sin embargo, desde la pedida de mano a Cassandra, su prometida y él habían empezado a ir organizando las cosas para que él se mudara con ella a la mansión Wayne hasta que pudieran encontrar un lugar propio para vivir. Había estado tratando con Carrie, con Bruce... habituándose a la idea de vivir en compañía. Y ahora, la perspectiva de regresar de nuevo a su triste y solitario semisótano, del cual había esperado deshacerse en breve, resultaba particularmente deprimente. Ante semejante situación, la oferta de Lobo resultaba especialmente tentadora. Para qué nos íbamos a engañar... No tenía aún muchas ganas de volver a la mansión. Podría tomarse un par de semanas más libres, hasta que se hubiera recuperado del todo, antes de regresar a la rutina. Además, a Drago le encantaba la naturaleza salvaje, y en el bosque su perra tendría mucho sitio para jugar y correr. Y Lobo no podía saberlo, pero la "amenaza" que le hizo en realidad para el mutante no era tal, ya que le gustaban mucho los niños, otra faceta suya que posiblemente nadie sospecharía al conocerle.

- Pues... la verdad... si no supone realmente una molestia para ti o para Blanca... me encantaría -admitió-. Ahora tengo que volver a mi apartamento, porque estoy hecho polvo. Pero en un par de días, o tres, los que os vengan bien, podría ir allí. Me apetece bastante pasar unos días en el bosque y desconectar de la civilización y de todo. Es algo que me gusta hacer de vez en cuando con Luna, pero las obligaciones del día a día en la ciudad rara vez lo permiten con la frecuencia que lo desearía.

Aunque últimamente se había vuelto una actividad de alto riesgo, reflexionó recordando la última vez que había ido de escapada al bosque, que había sido atacado por un alienígena que había intentado hacer de él su trofeo particular. Al final, se había ganado su respeto y le había permitido marchar después de curar sus heridas. Su amigo Planaria no había tenido tanta suerte, aunque por fortuna su factor regenerativo había impedido su muerte. Drago todavía no entendía lo que había ocurrido aquél día, pero esperaba no tener que volver a vivir algo así. La experiencia de ser cazado como un animal no había sido particularmente agradable.

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   11th Abril 2017, 11:31

- Gracias... - le respondo con una media sonrisa que apenas llega a los ojos. Ambos sabemos la verdad. Ambos estamos hechos de la misma pasta y sabemos los riesgos de lo que estamos hablando. Las posibilidades no son tan extensas como solemos pensar. Se reducen a dos. Las más cruentas de todas. Pensar en eso me pone enfermo, y curiosamente a la vez me abre el apetito, por lo que aprovecho para terminarme las patatas que me han traído, una a una.

El final de la cena llega con una buena noticia: Drago acepta mi propuesta, o mejor dicho, la de la Mansión Feroz. La verdad es que por mi parte jamás se me hubiera ocurrido decirle nada a Drago para pasar unos días en nuestra casa. Mi antiguo yo le habría dicho que se lamiera las heridas y que volviera a la carga. Mi actual yo está lleno con una nueva esencia: familia. He mejorado a la hora de tratar con los demás. Lo sé y lo noto. Blanca me ha cambiado y aun así sigo siendo el mismo. Suena contradictorio pero es la verdad. Supongo que si lo dijera en voz alta conllevaría a una charla con tintes de debate para esclarecer lo que trato de decir. Pero ¿qué más da? Yo sé a lo que me refiero y con eso basta.

- Te vas a hartar de bosque por una larga temporada después de ésto, Drago. Te lo puedo asegurar. - Ya no queda nada sobre la mesa por mi parte. Ni patatas, ni hamburguesa, ni cerveza. La cena ha terminado. Sólo queda pagar por ella. - Cuando estés listo hazme una llamada y quedamos en Villa Fábula. Para llegar a la mansión Feroz hay que ir en coche y perderse por las montañas. Es un camino algo largo pero vale la pena. Coge la ropa y todo lo que sea necesario para pasar los días que quieras. Y otra cosa: voy a pagar la cuenta. Como vea asomar tu cartera te arranco la mano de un mordisco - apunto mientras abro la cartera y deposito los dólares que nos ha costado la cena en la bandeja, dejando algo de propina. - ¿Nos vamos?

A fuera la luz de las farolas eliminan todo rastro de la oscuridad de la noche. La ciudad de Nueva York tiene un olor característico lleno de aromas penetrantes. Demasiadas para que pueda tolerarlo así que me enciendo un cigarrillo y dejo que haga su magia. La verdad es que odio el tabajo, pero no tengo otra si no quiero caerme hecho un vegetal al segundo día.

- ¿Te acompaño hasta tu casa? Podemos seguir con un par de cervezas más, algo de whisky escarchado y me cuentas cómo es París hoy en día. Sólo estuve una vez hace tiempo, cuando el mundo estaba en guerra y Blanca siempre dice de visitar el viejo mundo con los niños. París suele ser la primera opción.

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   23rd Abril 2017, 18:09

- ¿Sabes? En otro momento quizá te habría discutido eso, pero hoy estoy demasiado cansado como para enzarzarme en una batalla con el terrible Lobo Feroz, así que no me opondré -replicó en tono de broma, alzando las manos en signo de rendición ante la "amenaza" de Lobo con la cuenta.

Salió un poco antes mientras el Sheriff pagaba a la camarera, así que se permitió unos segundos para disfrutar de la suave brisa nocturna. Sabía que, de haber estado en forma mutante, habría podido percibir cada partícula de luz como si las estuviera tocando con su propio cuerpo, pudiendo absorberlas (incrementando así la oscuridad) o fortalecerlas, disipando por completo las sombras. Era una sensación agradable, pero estaba demasiado cansado para tranformarse, así que se limitó a disfrutar de la suave luz que de manera natural irradiaban las farolas.

Cuando salió Lobo, vio cómo se encendía el cigarro. Había llegado a conocerle el tiempo suficiente para intuir por qué lo hacía, y la verdad es que cada ciudad tenía un olor muy particular. Londres olía a libros antiguos y a especias indias, Nueva York olía a comida para llevar y al humo de los vehículos, y París... París olía a café, a pan y hojaldre recién horneado, a perfume y, especialmente, a tabaco.

Dicen que una de las formas más enigmáticas y particulares de sentir es a través del olfato, pues los olores evocan toda clase de emociones y sensaciones, y, a partir de ahora, esos olores le recordarían para siempre a Cassandra, a la expresión de dolor y traición en su rostro cuando se había marchado a la carrera de la mansión de Arión, y a su mirada de absoluta indiferencia cuando la había vuelto a encontrar durante la invasión Badoon.

Suspiró.

- Por supuesto, es lo menos que te debo después de recogerme en el aeropuerto y pagar la cena. Te diría que te quedaras en el piso si quisieras, pero la verdad es que apenas hay espacio para uno. Se ha hecho un poco tarde y ya no hay tanto tráfico, así que creo que podemos permitirnos un taxi, llegaremos antes. Cervezas tengo de sobra, lo que no tengo es Whisky. Para serte sincero, no suelo pasar mucho tiempo en casa y antes de someterme al experimento del Extremis procuraba no beber mucho para no perder el control sobre mi forma mutante, pero hay una tiendecita de 24 horas no muy lejos de mi casa, podemos comprar allí lo que necesitemos.

Hubo que repetirle un par de veces la dirección al taxista, pues éste no estaba seguro de haber oído bien, pero finalmente tuvieron suerte y accedió a llevarles (no todos los taxistas estaban dispuestos a aventurarse en uno de los peores barrios de Nueva York, especialmente de noche). Cuando les dejó en la puerta del apartamento de Drago estuvo a punto de advertirles que se andaran con cuidado (después de todo, Drago tenía acento extranjero, y podía ser que no conocieran la zona), pero después de mirarles bien (sobretodo a Lobo) decidió ahorrárselo y marcharse a toda prisa. Después de comprar whisky, brandy (a Drago le gustaba mucho porque le recordaba al rakia, el licor típico de su patria que era también muy popular en París) y un paquete de hielo, bajaron al semisótano en el que vivía Drago.

- El sofá es el asiento más cómodo -le indicó el bosnio una vez se encontraron en el diminuto salón. Drago se apoyó contra una de las mesas y se llevó a los labios la botella de brandy-. Vamos a ver, París... qué te podría contar de París... Se dice que si tienes la suerte de haber vivido en París de joven, luego París te acompañará vayas donde vayas durante el resto de tu vida, y la verdad es que no le falta razón. París tiene de todo: una cocina estupenda, arte, sobretodo en el barrio bohemio de Montmartre, cultura, especialmente en el distrito literario de Saint-Germain, grandes paisajes... Pocas cosas hay más hermosas que contemplar el Sena al atardecer. Podría decirse que lo peor que hay en París son los propios parisinos -dijo con sorna-. Tienen mala reputación en todas las demás ciudades de Francia. Pero, por lo demás, es un lugar que sin duda recomendaría para visitar.

>>No he estado en muchos lugares de Europa, la verdad. Cuando era cazarecompensas estuve sobretodo en sudamérica, y no he vuelto a regresar a Bosnia desde la guerra. Demasiados recuerdos desagradables... Me gustaría visitar Italia algún día. ¿Y tú? ¿No hay algún lugar que te apeteciera visitar especialmente? Dices que el tema de París lo propone siempre Blanca, y la verdad es que yo no te veo mucho allí...

Nota: Imaginemos que el salón es algo como ésto

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MensajeTema: Re: Historias que nadie quiere contar [Eclipse] (30-03-2019)   1st Mayo 2017, 15:18

- Suena bien. Con un poco de suerte tendrán del que me gusta y podría llevarme alguna botella a la mansión. No es que tenga muchas ocasiones, entre lo que está pasando y que vivimos apartados... Y no te preocupes por mí: estoy acostumbrado a la noche y si no estoy para la mañana Blanca y los monstruitos podrían preocuparse. - Y ya que lo menciono, de camino tengo que acordarme de mandarle un mensaje a Blanca para decirle que estoy aún con Drago.

El viaje se está haciendo largo, más por el taxista que por el tiempo. Eso me da tiempo a mí para encararme con el maldito móvil y los mensajes. Blanca insistió, así como su hermana e incluso Cenicienta de tener un móvil de los nuevos, con el que poder conectarme a internet y a una de esas aplicaciones para hablar de forma gratuita. No es un secreto que yo odio éstas cosas y que soy un negado para las nuevas tecnologías. Ya estaba bien con los teléfonos de oficina y las cabinas en las calles. Son más sencillos y sólo tienes que saber el número a quien llamas. Pero ahora no. Ahora tienes hasta un dibujo de algo como tu foto y te toca a ti adivinar a quién le estás enviando el mensaje, porque también puedes ponerte un nombre falso. Que vivan las redes sociales.

- Estoy con Drago. Llegaré tarde. Acuesta a los niños y no me esperes levantada.

Una simple frase como ésta me ha costado casi medio viaje. No consigo darle a las teclas digitales de la pantalla para que escriba lo que yo quiero escribir. Y para colmo aún no sé cómo se quita el corrector automático. He tenido que cambiar tres veces la misma palabra.
Casi medio minuto después me llega ésto de parte de Blanca:

- Vale. Dale recuerdos de mi parte. Si vuelves por la mañana acuérdate de traer leche. Los monstruitos se han terminado lo poco que quedaba. Te quiero Lobo.

Medio minuto. Y su hermana es peor. Gracias a Dios que Blanca no pone emoticonos o símbolos como ella. Aún no sé qué significa xoxo.

Llegamos al fin al barrio donde vive Drago. Decir que es acogedor sería mentir, y decir que parecía peligroso también, o al menos por mi parte. Pero si que tiene ese aire de callejones oscuros y calles atestadas de grupos de chavales con gorras de los yankis y camisetas de grupos de hip-hop que se creen los amos del lugar. Desde que estoy en Nueva York me he acostumbrado a rondar por lugares así. Todos me parecen igual y ya nada me asombra. Es casi como "estar en casa". Un sentimiento familiar. No me extrañaría que en alguna de éstos pisos viva alguna familia de fábulas que aun no he visitado. Me ha pasado a menudo desde la colisión...
Compramos (no tenían el whisky que me gusta, por lo que con una botella basta) y bajamos a su piso, a su sótano. Un lugar adecuado para un hombre como Drago. No quiero que se me malinterprete. Tal como dije que no le pegaba tener una perra, el aspecto de su piso, su situación, distribución... digamos que da el perfil.

Me siento en el sofá, tal y como recomienda Drago, y abro la botella de whisky. Sabe a viejo y deja un regusto en el paladar. No está mal, pero esperaba algo más fuerte. Atiendo al relato del bosnio sobre París, sobre cómo es ahora y su comentario respecto a los parisinos. No evito que se me dibuje una sonrisa de sorna al escucharle: cuando yo estuve, lo malo de París eran los nazis. Ha cambiado mucho desde entonces, y para bien.
Su pregunta me deja un regusto de melancolía, tal vez. Me quedo mirando la nada, pensando. Es cierto que Blanca es quien quiere visitar la ciudad y otros lugares. ¿Yo? Yo soy más sencillo. Miro la botella y luego el reloj. Hay tiempo suficiente para un relato largo.

- ¿Te he hablado alguna vez las Tierras Natales y sus bosques?

Un largo relato, agradable, para una noche de whisky y brandy.

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