Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]

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Tanith Blackwood
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MensajeTema: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   8th Marzo 2017, 14:24



Durante todo el trayecto, Jack no cabía en sí de entusiasmo. Procuraba mantenerle pegado a mí, bien agarrado de la mano para que, pese a que estaba todo hasta los topes, no rozase con nadie y le contagiase su frío invernal. ¡Que bastante teníamos ya con el miserable grado! Y en enero iba a ser peor. A partir de enero, las temperaturas descendían bajo cero sin compasión. A pesar de que iba mirando por la ventanilla, por el rabillo del ojo pillé a Jack saludando con la mano a un niño de unos cinco o seis años, aferrado a la falda de su madre. Iba cubierto hasta las orejas, y le devolvió el saludo con una risita.

Porque los de esa edad aún sabían lo que era Jack. Y lo que nos rodeaba.

Me quité ese amargo pensamiento de la cabeza recordándome a mí misma porqué estaba allí, y por enésima vez, me llevé la mano libre al bolsillo para comprobar que la cartera seguía ahí, rozando la cuchilla de camino.

Weihnachtsdorf altes AKH

Rezó el letrero digital del tranvía un par de minutos antes de nuestra parada. Le hice una señal a Jack para que se levantase conmigo, y cuando descendimos, se quedó paralizado.

Había estado esperando una semana para ver esa reacción. Así que no podía perderme detalle. Los oscuros ojos de Jack sobrevolaron el pasillo entre casetas de madera cuyas luces empezaban a encenderse ante la temprana noche. Cada una, contenía dulces, figuras para belenes, juguetes, incluso árboles de Navidad. Al final del camino, a través de las cabezas de la gente, se distinguía un colorido tiovivo, cuya música se mezclaba con los villancicos que volaban por encima de los tejadillos.

- ¡Cuidado, peque!

Dimos un par de pasos hacia atrás, más de lo necesario para esquivar al tren infantil que recorría el idílico montaje, y que ya traía consigo a un buen número de niños que chillaban y jugaban. Jack tenía la sonrisa más grande que nunca, y la menos inquietante. En cuanto asimiló que lo que tenía delante no era un sueño, me dio un tironcito de la mano, señalando hacia el interior del mercado. Haciendo un gran esfuerzo por ahogar la sonrisa que pugnaba por escaparseme a través de las comisuras, dejé que me guiase por los puestos que más le gustaban. Jack se quedaba mirando las mercancias a una distancia prudencial, y me sentí un poco cruel por forzarle a acercarse. Hasta entonces, eso era lo que nos había pasado. Solo podíamos mirar lo que para otros era normal tener.

¡Qué ganas tenía de cambiar las cosas! Sobre todo, por los saltos que dio cuando le compré el primer dulce. A éste le siguieron unos cuantos más. Hasta que Jack tenía los bolsillos hasta los topes y la boca llena. En el tercer puesto empezó a pedir las cosas dobles, uno para él, y otro para mí. Se reía, parloteaba en su idioma, y su entusiasmo era contagioso. Nos subimos juntos al tiovivo, y el peque se dedicó a alzar los brazos como si la velocidad a la que girasemos se notase, haciéndole guiños a los otros niños, sacándoles la lengua o creando pequeñas bolas de nieve para arrojárselas. En cuanto entraban en contacto con los críos, desaparecían convertidas en copos más pequeños. No podía regañarle por usar sus poderes. No aquel día. Después de tenerle encerrado entre semana en el plano de los hilos por culpa del trabajo, no tenía derecho a cortarle esos breves instantes de diversión.

Al tiovivo le siguió el tren. Ahí sí tuvimos que separarnos, pero le seguí muy de cerca. Enseguida se convirtió en el centro de atención de los otros niños, que me saludaban en grupo por la baranda de seguridad del vehículo. Fingí no verlos, notando que se me enrojecían las mejillas por tanta atención.

Y ya para terminar, lo que casi le provoca un infarto a Jack. La pequeña pista de patinaje sobre hielo. Casi me dejó sin respiración al saltarme encima para abrazarme, con lo frío que estaba. Dejó a mi cargo las golosinas que le quedaban, y un peluche que le había dado uno de sus nuevos amigos en el tren, y fue directo hacia el hielo a hacer de las suyas. Tuve que dar un par de vueltas a la pista hasta conseguir abrirme un hueco entre la gente para asomarme y mirar. Jack estaba en su elemento, patinando con los pies descalzos y llamando la atención. Un par de chiquillas quisieron que les enseñase. Tomándolas de las manos -menos mal que llevaban guantes -las llevó a lo largo de la pista hasta que se vieron con confianza suficiente para seguir solas.

Las voces de la gente que me rodeaba estaban muy por encima de los susurros que siempre me acompañaban. Y como todos los ojos estaban puestos en la decoración, en los hijos, en ellos… nadie me prestaba atención. Estaba rodeada de gente, y a la vez, estaba sola. Con Jack. Creo que ese fue uno de los pocos momentos de paz absoluta que he podido tener en los últimos meses. Como una persona normal. Por una vez…

- ...No creo que lo celebremos mucho. Prepararé algunas cosillas para cenar, pero nada más. Es delicado, no quiero recordarle a mi abuelo lo de mis padres, y menos en estás fechas...

Los murmullos se habían convertido en una masa uniforme a la que esa voz le dio una patada para ocupar su lugar. Sonaba detrás de mí. Y no en la librería donde le había dejado. No. Ese día no. Ese día era de Jack. No quise volverme. No quise mirar. Musité unas socorridas disculpas a los familiares a los que aparté de unos cuantos codazos y empujones para abrirme paso hasta la otra punta de la pista. Rüdy aquí no, joder, lo que me faltaba ya. Alguien me increpó, pero le dejé atrás rápidamente. Cuando sentí que su voz había quedado en una dimensión paralela, volví a buscar a Jack sobre el hielo.


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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   23rd Marzo 2017, 12:33

Los cristalinos canales venecianos, y los románticos cánticos de los gondoleros dejaron paso a las risas y a las alegres canciones de los villancicos austríacos. Como cada día, o más bien como cada hora, un muchacho de cabellos castaños ataviado con un suéter verde con capucha, apareció de repente sobre uno de los tejados de la Iglesia Karlskirche. Fue tan solo un instante, un parpadeo, y es que nadie le vio llegar.  Y nadie lo vería irse. Jacob Birdwhistle siempre llevaba cuidado con ese tipo de detalles. Sabía cómo y por dónde moverse para que nadie le viera, y también sabía cómo jugar con la memoria de los humanos en el caso de que fuera recordado. Pues era lo de siempre: todos le conocían pero nadie le había visto.

Descansó sobre el tejado azulado de la iglesia, y echó un breve vistazo al lugar. Se arremangó el brazo derecho y admiró su brazalete dorado durante varios segundos. En el interior del enorme rubí que adornaba su brazal, se veían muy pequeñitas las manecillas de un reloj. Las agujas marcaban las seis en punto, y su grácil movimiento iba acompañado por el clásico sonido del tic tac.

– Aún es pronto– susurró el muchacho para sí mismo, y volvió a bajarse la manga verde del suéter hasta cubrir con totalidad el brazalete. Después se llevó las manos a la boca y las calentó con su aliento. Hacía un frío de mil demonios, y el castaño notó en su frágil cuerpo humano los estragos del invierno. Le molestaba sufrir aquel cambio repentino de temperatura, y es que el clima mediterráneo de Venecia no tenía nada que ver con el de Viena. Y aunque quisiera, Jake no podía protegerse mucho más del frío con las ropas tan poco abrigadas que llevaba. Así pues, se llevó las manos a los bolsillos del suéter intentando calentarse lo máximo posible. ¿Y qué era lo mejor para entrar en calor? ¡El ejercicio!

Una vez supo donde se encontraba, el muchacho dio varios brincos por el tejado de la iglesia, y en un último impulso se acercó volando hasta el palacio de Belvedere, donde paseó por sus jardines distraído, mientras dejaba pasar el tiempo. Tras el palacio había innumerables árboles que decoraban los jardines y varias fuentes de agua cristalina que funcionaban a aquellas tardías horas. Las visitas de los turistas habían terminado, y el castaño pudo pasear con tranquilidad mientras jugaba con el agua y la maleza de su alrededor. Pasaban los minutos, y Jake se sentía aburrido de jugar solo. De pronto, se vio atraído por las risas de los jóvenes que disfrutaban de la navidad, paseando por las calles de Viena decoradas con luces de colores y adornos navideños.

Jake salió del palacio sin ser visto y caminó tranquilamente por las aceras nevadas, mirando con una gran sonrisa a la gente de su alrededor. Parecían felices, su rostro estaba marcado por un brillo especial. Los niños recogían ilusionados los caramelos que Papá Noel les entregaba, y después abrazaban con calidez a sus padres. Por un instante el chico sintió un poco de esa calidez brotar en su pecho al imaginarse un viejo sueño. ¿Cómo debía ser tener una familia?

También aprovechó para volverse invisible y colarse en una de las casas con las paredes pintadas de un color azul brillante. En su interior, la madre repartía generosamente la abundante comida entre su marido y sus hijos. En un despiste, Jake robó un trozo suculento de pollo y se lo llevó rápìdamente a la boca. Tan pronto como pudo, el chico abandonó la casa antes de que se dieran cuenta de que la comida faltaba, y disfrutó del muslo por el camino.  

Lamió los restos de la salsa que quedaba en sus dedos. Después bebió y se lavó las manos en una fuente que había en un parque cercano. El agua estaba helada, y no tardó en volver a meterse las manos en los bolsillos. Aún le quedaba un buen rato hasta la hora indicada, así que buscó algo con lo que entretenerse de mientras.

Sus ojos verde esmeralda brillaron entusiasmados al ver la pista de hielo llena de niños sonrientes. ¡Le encantaba patinar! Así que no lo dudó ni un instante y se lanzó por el suelo helado, sin guantes ni patines. No los necesitaba, puesto que el viento le ayudaba a impulsarse con facilidad y a mantener su cuerpo medianamente caliente.

Dio varias vueltas a la pista con rapidez y agilidad, y algunos de los niños se le quedaron mirando con mucho asombro, pero no consiguió atraer toda la atención que se proponía con sus habilidades con el patinaje. Y es que había otra persona en la pista de hielo que atraía todas las miradas del lugar. Era otro niño, tenía el rostro muy pálido.. casi blanco, y tampoco llevaba patines. Desde aquella distancia, Jake no podía verle bien, así que decidió acercarse para poder hablar con su rival.

Jake patinó el largo de la pista con gracilidad, pero de pronto alguien se cruzó en su camino y le impidió llegar a su objetivo. Era una chica de rostro serio, con la piel tan pálida como la del niño raro, y tenía los cabellos cortos negros y unas gafas de sol que cubrían sus... espera… ¿Por qué alguien llevaría gafas de sol en invierno y de noche?

El castaño chocó contra la chica tras haberse quedado embobado mirándola, pero la cogió de las manos a tiempo y ambos hicieron un giro espectacular que evitó que se cayeran al hielo. Las manos de Jake seguían heladas en comparación con las de la joven, y por una vez el castaño agradeció aquel repentino contacto físico.

– Alegra esa cara, que es Navidad– le dijo con una gran sonrisa, mostrando sus blancos y brillantes dientes perlados. Una extraña brisa cálida les envolvió a ambos mientras seguían cogidos de las manos y dando vueltas en pequeños círculos sobre la pista de hielo.


Última edición por Jake el 1st Junio 2017, 21:03, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   30th Marzo 2017, 19:52



El choque hizo que las golosinas de Jack cayeran al suelo, y el giro, que se repartieran a nuestro alrededor. Como cuervos, los niños que estaban jugando más cerca de nosotros acudieron corriendo a hacerse con el ansiado botín.

Pero yo no podía pensar en lo que diría Jack cuando viera que sus provisiones habían desaparecido. Solo tenía ojos para el chico que había tomado mis manos y me guiaba a hacer círculos sobre el hielo. Las mejillas me ardían por dos razones: el contacto físico y ser consciente de que la gente iba a mirar. En algún punto de entre la muchedumbre, estaría Rüdy, y… Dios, ¿por qué las voces de pronto se habían vuelto locas? Abrí la boca. La cerré. Tragué saliva. Vuelta a empezar.

Como soplase algo de aire, el chaval iba a salir volando. Le eché unos trece o catorce años. Además, solo esa sudadera poco le iba a servir contra el frío que llega a hacer en Viena, aunque entonces la temperatura pareciera apacible. A juzgar por la limpieza de sus movimientos, y su control, sabía patinar. Y bastante bien. En cualquier momento, las voces se pondrían de acuerdo para aullar un nombre al unísono. Pero girábamos, y ese instante no llegaba.

Hasta yo me di cuenta de que estaba poniéndome demasiado en guardia para lo que había ocurrido. Solo era un chico de tantos que estaban patinando allí con sus padres, y que me había visto y había querido hacer alguna gamberrada, o sorprenderme, o vete a saber.  Me habría sentido más cómoda si hubiera salido huyendo, señalándome con pavor. Y la gente no iba a apartar la vista de sus hijos solo porque hubiera más gente patinando.

Aún no es...- me interrumpí. Fue verle, y entender que quejarme como tenía por costumbre estaba fuera de lugar. ¿Qué haría cualquier persona en mi lugar? Me quedé mirándolo un rato, mientras mi mente luchaba consigo misma para entender sus propias deducciones -. ¿Cómo te llamas?

A pocos metros de nosotros, Jack se había unido al corrillo de chiquillos que recogían caramelos del suelo. Le vi dárselos a una chiquilla rubia con el pelo recogido en dos coletas bajo su gorro. Me ignoraba totalmente, así que decidí hacer lo mismo con una pequeña punzada de… algo. Despechada, me centré en el chico que me llevaba de la mano.


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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   21st Abril 2017, 11:39

Jake sonrió divertido al ver que por culpa del inesperado choque, la chica de las gafas de sol había dejado caer al suelo una serie de golosinas de colores, que atrajo poderosamente la atención de todos los pequeños del lugar. Por un momento, el muchacho prestó atención a lo que pasaba a su alrededor, y observó cómo el resto de enanos patinaban hacia ellos con intención de apropiarse de alguna chuche. Aquello le hizo tanta gracia al castaño, que volvió a mirar a la joven con una divertida sonrisa y los ojos brillantes de la emoción.

–¡Vaya! ¡Eres una caja de sorpresas! – exclamó entusiasmado– ¿Si te hago girar sacarás más caramelos?–y antes de que la chica pudiera contestar, Jake soltó una de las manos con la que tenía agarrada a Tanith, y alzó la otra por encima de la cabeza de ella para que pudiera girar grácilmente sobre sí misma. Le dio, una, dos, tres y hasta cuatro vueltas, pero ningún caramelo volvió a salir de sus bolsillos.

–Es una lástima– dijo cuando detuvo los giros, y volvió a sonreír, risueño.– Me llamo Jacob, pero todos me llaman Jake. ¿Y tu eres…?

El castaño la miró de arriba a bajo, reparando en sus patines, después en su calentito abrigo y finalmente en su cabello oscuro como el carbón. Jake fue bastante expresivo a la hora de alzar una ceja y acercarse al rostro de ella para mirar a través de los cristales oscuros de sus gafas.

–¿Por qué llevas gafas de sol si no hace sol?- preguntó, mirándola con extrañeza.
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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   24th Abril 2017, 12:25



Muchas veces he pensado que las personas tenemos un aura a nuestro alrededor. Un aura que le dice a los demás: “es débil. A por él”, o “Con ese mejor que no te metas”. Cosas así. No sé cómo cambiarlas. Solo sé que el mundo las ve, y actúa en consecuencia. Por ejemplo, ese chico. Jake. Debió de ver en mí un aura de “no sabe cómo actuar ante situaciones así. ¡APROVECHA!”. Hasta entonces, pensaba que poner cara de vinagre, morder al primero que pasase y unas gafas de sol para esconder los reflejos del alma, bastaban. Pero con ese chico, no.

Me detuve al cuarto giro, respirando entrecortadamente y aferrándome a lo primero que pille, que fue la baranda que cercaba la pista. Las gafas se me habían escurrido con la inercia hasta dejar las pestañas peligrosamente al aire. Fue lo primero en lo que pensé. En colocarlas en su sitio. En seguir “a salvo”. Su pregunta me hizo pensar que quizá había visto algo. Sobre todo cuando se acercó tanto que seguro que era capaz de distinguir el brillo rojo detrás de los cristales. Casi me caigo de espaldas al separarme de él, trastabillando sobre el hielo.

Porque… ¡Porque tengo los ojos sensibles! -enrojecí al mentir. Fue lo primero que se me pasó por la cabeza.

No, no enrojecí por eso. Enrojecí porque no sabía qué hacer. Si hubiera sido Rüdy, si hubiera sido Stroud, si hubiera sido cualquier otra persona, habría sacado los dientes. Habría soltado alguna imprecación. Habría maldecido o insultado, pero les asustaría para que se alejasen y no hiciesen más preguntas.

Pero era un niño. Quizá si saciaba su curiosidad, si le demostraba que era aburrida, se marcharía. Otra vez busqué a Jack con la mirada, que por fin parecía haberse dado cuenta de que seguía existiendo en su mismo universo. Me saludó con la mano y se acercó con una cohorte de niños risueños detrás. Les hizo una seña para que se separasen y siguieran a lo suyo cuando frenó aferrándose a mi pierna. El contacto me hizo castañear los dientes.

Me llamo Tanith. ¿Y tus padres?

Con suerte, sus padres estarían pendientes de él y no le dejarían hablar mucho rato con una desconocida. Dejé de sentir una de las manitas de Jack, que aunque seguía aferrado a mi, saludó a Jake.

¡Aye!


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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   11th Mayo 2017, 15:28

FDI: ¡¡PERDONAAAAA!! ¡¡No había visto tu post!! D: ¡Lo siento muchoooo! ¡No volverá a pasar! >o<

En el tiempo en el que Jake había tratado de integrarse en el mundo humano, había logrado encontrar algunas cosas de la vida mundana que le divertían. Entre ellas estaban los chicles, los paseos bajo la luz de las estrellas, las piruletas con sabor a fresa, los monopatines,  y… molestar a las chicas monas. Podría decirse que el castaño tenía debilidad por las niñas, y le encantaba gastar bromas y/o tratar de encandilar a los miembros más jóvenes del sexo opuesto. Era otro de sus juegos, como cuando veía a los más pequeños divertirse jugando a papás y a mamás. Y es que Jake todavía era inconsciente de los cambios que sufría al tener un cuerpo físico y era incapaz de gestionar sus emociones humanas.

El muchacho sonrió divertido al notar la alteración de su compañera, que casi se cae al suelo al apartarse repentinamente de él. La chica cogió aire, se colocó bien las gafas y su rostro erojeció ligeramente.

-¿Eres sensible a la luz? ¿De noche no te las puedes quitar? - preguntó de forma impertinente, y es que el joven no entendía porqué se había apartado de él tan bruscamente. No conocía el concepto de “espacio vital” y eso que a él le molestaba muchísimo que le tocaran sin avisar.

La pregunta le pilló desprevenido, y la sonrisa divertida desapareció de su rostro. Era lógico, pensó, que la chica preguntara por su familia. Era algo normal, algo que todos los niños tenían. Un padre y una madre que les dieran de comer, que les contaran cuentos y que les arroparan por las noches.

- No tengo.- dijo sin más, esbozando otra sonrisa, pero esta vez con un cierto aire de malicia. Los odiaba, odiaba a los padres. Había visto a más de uno asesinar a sus pequeños, maltratarlos, abandonarlos en las frías calles. Los padres no eran siempre buenos y eso le molestaba, pero también los anhelaba.

De pronto, algo llamó su atención. Una pequeña manita blanquecina le saludó desde los pies de Tanith, con una sonrisa muy alegre. Reconoció al niño y la sonrisa natural del muchacho se dibujó de inmediato en su rostro.

-¡Anda! ¡Pero si es mi rival! Oye, patinas muy bien, ¿sabes? ¿Cómo te llamas? - En el momento en el que Jake se agazapó para darle la mano al pequeño, sintió un leve escalofrío en su cuerpo. Los ojos del niño que tenía delante eran grandes y negros como el carbón, y su piel era más pálida que la nieve. Era extraño, ¿Aquel niño estaría enfermo?  

Cuando chocó su mano con la de él, el brazalete de su brazo derecho reaccionó, estrechando la piel del moreno hasta hacerle protestar en un leve quejido. Jake palideció al instante, al darse cuenta de lo que aquello significaba. Algo no iba bien. El niño que tenía delante estaba muerto.

FDI: ¡Espero que te parezca bien lo que he puesto! Si necesitas que edite o cambie cualquier cosa me dices!! ^^


Última edición por Jake el 24th Mayo 2017, 12:10, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   15th Mayo 2017, 19:26



Se llama Jack…

Los familiares de los chavales que jugaban en la pista se agolpaban contra las vallas. Era fácil sacarles los parecidos a unos con otros, y si queremos reducir aún más la dificultad, la gran mayoría grababan con sus teléfonos a sus hijos, o les animaban llamándoles por su nombre. Ninguno de esos adultos grababa al chico, a Jake. Tampoco coreaban su nombre, o le aplaudían la pirueta de antes.

«No tengo»

Tragué saliva para deshacer el nudo que se me hizo a la altura del corazón, que vino para quedarse. Para disimular, fruncí los labios formando una fina línea. Nadie que te grabe. Nadie que te recuerde como te llamas, y lo mucho que celebra que estés ahí. Nadie a quien saludar, rompiendo la concentración mientras mantienes pobremente el equilibrio sobre los patines, para que se sienta orgulloso de tus progresos.

Recuperé el contacto con la realidad al escuchar el quejido del chico. Jack también estaba preocupado; con la cabeza ladeada y un dedito regordete bajo la barbilla redonda.

¿Estás bien? Jack suele tener las manos frías…

¡Ayeyeyeyeyeyeyeyeyeyeyeyeyeye!

El peque intentó expresarse con mímica, señalándonos al chico y a mi, y al exterior de la pista.

Ehm… Jack y yo íbamos a cenar por aquí. ¿Te gustaría comer con nosotros? -sentía que debía compensar de algún modo la quemazón helada que Jack le había provocado. No entraba en mis planes monetarios, pero sí en el margen que me había propuesto. Jack, más nervioso todavía, se aferró a la par a mi mano y al pantalón del chico -Insiste. Claro, como no pagas...

¡Aye! -Jack asintió con fuerza.


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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   24th Mayo 2017, 12:15

Jake tardó unos segundos en reaccionar. Sus ojos esmeralda se habían quedado hipnotizados mirando al muñeco de nieve disfrazado. Cuánto más lo miraba, más se daba cuenta de que aquello que tenía delante no era un niño de verdad…

Se llama Jack…

-Oh… ¡Encantado, Jack! ¡Yo soy Jake! - dijo presentándose con una repentina alegría. Al segundo la sonrisa volvió a desvanecerse, y es que el castaño no podía expresar con su rostro dos sentimientos tan diferentes a la vez, ni siquiera podía disfrazarlos en una sonrisa hipócrita. Era extraño, se sentía contento de conocer a alguien con un nombre parecido al suyo, pero también estaba triste de descubrir que aquel chico no estaba realmente vivo.

¿Estás bien? Jack suele tener las manos frías…-  preguntó la chica de las gafas de sol. Jake miró fijamente a Tanith y sintió una gran curiosidad por saber la historia de aquellos dos individuos tan extraños. Estaba claro que ellos eran especiales como él, y quería conocerles.

- ¿Si? No me he dado cuenta… yo también tengo las manos frías…- confesó, frotándoselas para que entraran en calor. Era cierto, estaban heladas, y el contacto con Jack no había ayudado mucho. Pero eso no era lo que más le preocupaba en aquel momento.

¡Ayeyeyeyeyeyeyeyeyeyeyeyeyeye!─  contestó el pequeño. Jake puso una mueca de no entender nada de nada, pero Tanith hizo de traductora.

Ehm… Jack y yo íbamos a cenar por aquí. ¿Te gustaría comer con nosotros? 

Los ojos del castaño se le abrieron como platos y su rostro se iluminó como si acabara de salir el sol. Alguien había dicho la palabra mágica, y es que otra de las cosas que más le gustaba a Jake del mundo terrenal era la comida. A pesar de que siempre le molestaba el rugido de su estómago y la necesidad continua de llevarse algo a la boca, había comprendido por fin el placer que sentían los humanos al tomar una deliciosa comida.

- Claro, aún tengo tiempo. - dijo con una amplia y radiante sonrisa, pero de pronto se dio cuenta del inconveniente.- Oh, pero no tengo dinero… - la expresión de Jake cambió totalmente a una a caballo entre tristeza y frustración. Y es que no podía ponerse ahora a robar billeteras delante de la chica. Y sin dinero, él no podía acompañarles a cenar. 

 ─ ¡Aye! -gritó Jack en su extraño idioma. El castaño sintió cómo el pequeñín se aferraba entusiasmado a su pantalón y él le devolvió la sonrisa.


Última edición por Jake el 1st Junio 2017, 21:02, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   26th Mayo 2017, 17:29



Me lo imaginaba. Un chico solo, menor de edad, ¿qué dinero iba a tener? Si hasta hacía unas semanas yo estaba pasando por algo parecido. O quise pensar que el chico estaba pasando por algo igual que yo. Sin el añadido de las voces, claro. No tenía por qué sufrir algo así. Hice un gesto con la mano para quitarle importancia.

¡Bah! Te invito yo.

¡Yeeeeeeeeeeeeeeee! -celebró Jack con entusiasmo.

La criatura se olvidó de patinar, y fue caminando torpemente y con los brazos estirados hacia la carpa de salida. Con una floritura, le mostré el camino al chico, a Jake, invitándole a que caminase delante de mí. Desvié la mirada cuando oí las risas de los chiquillos de la pista, a los que les hizo mucha gracia que Jack se diera de bruces contra el suelo cuando no pudo alzar las piernas lo suficiente para pisar suelo firme. Chasquee la lengua con disgusto, dejando atrás por un momento a Jake para socorrer al muñeco de nieve. Me agaché a su lado y le ayudé a incorporarse, tocando el frío suelo de hielo con las rodillas. Me rechinaron los dientes, pero estaba más preocupada por cerciorarme de que no se había hecho daño. No encontré cicatrices ni heridas por la caída en un primer vistazo superficial, y tampoco me sentí más rara de lo normal.

Si es que no me puedo despistar ni un segundo contigo… -mascullé.

En lugar de llorar, Jack dio palmaditas en cuanto recuperó la posición vertical, y siguió su camino hacia la tanda de bancos donde la gente podía sentarse para ponerse y quitarse los patines. Me incorporé como buenamente pude, y le hice una seña a Jake para que nos siguiera. Devolví los patines en el mostrador, y aguardé a que el muchacho nos siguiera. Le dejaría escoger entre los puestos de comida del mercado. Algunos, los más apegados a la zona de ocio, habían desplegado algunas mesas y sillas para que se sentase el valiente que quisiera, bajo farolillos de animados colores y decoración acorde a la estación.


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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   1st Junio 2017, 21:01

El rostro de Jake volvió a iluminarse alegremente ante la tentativa de cenar totalmente gratis esa noche. ¡Menuda suerte tenía! No todos los días se encontraba con la amabilidad desinteresada de una desconocida, así que tenía que aprovecharlo.

Quizás se debiera a que le había caído bien a Tanith, o puede que fuera por la repentina generosidad que invade siempre a todo el mundo cuando se acerca la Navidad. En muchos países, cuando se celebra el nacimiento del hijo de dios, los pobres y los ricos festejan juntos, se ayudan mutuamente y se olvidan por unas horas de los problemas que les preocupan. Jake no sabía si describirlo como un gesto esperanzador y lleno de bondad, o como una festividad hipócrita que tapa los horrores de la humanidad. Y es que cuando la Navidad termina, todo el mundo se olvida de ser amable y vuelve a centrarse en su egoísta vida.  

El castaño no se lo pensó dos veces, y asintió entusiasmado a la proposición de Tanith. La siguió hasta el final de la pista de patinaje, y comprobó que la chica le dedicaba mucha atención al pequeño. Cuando Jack tropezó con el suelo, ella le socorrió al instante, apurada. Parecía su hermana mayor, procurando que su hermano pequeño no se metiera en líos. ¿Tanith se habría dado cuenta de que Jack no estaba vivo? Cada vez sentía más curiosidad por la extraña pareja…

Jack no perdió ni un momento la sonrisa, ni si siquiera cuando tropezó, causando risas entre los niños que patinaban. Mientras Tanith devolvía los patines, el castaño se acercó al chiquitín para preguntarle si estaba bien. Jake ya conocía la respuesta, seguramente el niño respondería con otro de sus“¡Aye!”, así que se encogió de hombros sin darle más importancia. Cuando volvió la chica, se dedicaron a pasear por los puestos del mercado.

-¡Aquí! - señaló el castaño un puesto de pizza. Tocó con el dedo índice varias veces el cartel dónde había dibujada una pizza familiar de barbacoa. Guiado por la imagen, la pizza tenía una pinta deliciosa, pero todo el mundo sabía que después, la comida no se parecería nada a la de la fotografía.

-¿Puedo pedir esto? - preguntó el joven, mostrando sus dientes perlados.- ¿Vosotros que queréis comer?
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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   2nd Junio 2017, 18:06



Jake había conseguido la atención de Jack. No sé cómo se las apañó. Yo le pregunté también si estaba bien, y de mi pasó. Pero se lo preguntó el chico, y Jack empezó a seguirle muy de cerca, a mirar cada uno de sus gestos con los ojos abiertos de par en par, y a imitar sus señales como si se tratase de un reflejo blanco, bajito y regordete. Si Jake señalaba, Jack señalaba. Así que los dos estuvieron de acuerdo en cenar una pizza. Y como Jack tenía que hacer un espectáculo de todo, por hacer la gracia, le dio un lametón a la foto. Parpadeó confuso cuando probó el sabor a cartón. Y, por si acaso, repitió la operación. Unas cuantas veces.

Si, claro. Una pizza me parece bien. Jack, para -añadí sin mirarle, recurriendo a la cartera para contabilizar las cuentas. ¿Me daba? Si, me daba. Me costó volver a guardar la cartera en su sitio, aún cargando con las chucherías que quedaban, así que mantuve la cartera en la mano -Elige asiento, anda. No creo que tarde mucho...

Había cola para pedir, pero era algo plausible. Tuve que separar a Jack del cartel alzándolo por las axilas y colocándole al otro lado de Jake, porque iba a desgastar la foto. El peque se tomó la libertad de tomar a nuestro invitado de la mano y señalar un sitio vacío. Por mi parte, me coloqué la última de la fila. Dos personas delante mía para pedir. Me abstraje un momento. Jack estaba disfrutando con todo aquello, así que las cosas iban bien. Mi propósito se estaba cumpliendo, así que podía relajarme un poco. Las voces mantenía el zumbido constante de siempre, nada de qué preocuparse. Era un día festivo. Podía bajar las defensas. Un poquito. No había cometido ningún error invitando al muchacho.

...Ya me hubiera gustado a mí que alguien me invitase a pizza cuando escapé del hospital de Ginebra sin hacer preguntas.

Pedí la pizza que eligió Jake, y bebidas para todos en cuanto llegó mi turno. Me recomendaron sentarme a esperar, que contaban con servicio en mesa, y que tardarían entre diez y quince minutos, así que les hice caso.

Pues en quince minutos a más tardar tendremos aquí la cena. He pedido algunos refrescos, pero si no os gustan, se cambian y ya está.

Comprobé el ticket que me habían dado mientras tomaba asiento distraídamente. Las gafas de sol oscurecían mi campo de visión, por mucha costumbre que tuviera, así que me di cuenta tarde de que intentaba ocupar el asiento donde estaba Jack. Éste se aferró como si le fuera la vida en ello y emitió un chillidito de advertencia que me hizo dar un respingo y apartarme.

¡Ay! Perdona, Jack -Con las mejillas sonrojadas por el fallo estúpido, me senté en el sitio libre que quedaba. ¿Cómo había podido no darme cuenta de algo así? Empezaba a notar el cansancio de tenerle invocado tanto rato, pero ahora si que no podía sacarle del plano. Tampoco tenía motivos. «Un día es un día», me recordé.


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Jake

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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   20th Junio 2017, 13:00

Jake no se dio cuenta de la imitación hasta que señaló el cartel de la pizza. Jack estaba muy entusiasmado también con la comida, y golpeó con la palmita blanca de su mano el cartel, exactamente tres veces, tal y como lo había hecho el castaño. Después decidió darle un lametazo a la fotografía, a lo que Jake reaccionó esbozando una mueca de desagrado.

- ¡Eso no se come! - rió el joven, después de observar al niño lamer el dibujo de la pizza varias veces más. La chica frunció el ceño, las gafas de sol le restaban expresividad en el rostro, pero parecía ligeramente molesta por algo. ¿Sería por el comportamiento infantil del pequeño? Al ver que Jack no dejaba de jugar con el cartel tras el aviso, Tanith tuvo que apartarlo de forma manual. Al menos ningún empleado les llamó la atención.

Una vez olvidada la fotografía de la pizza, Jack le tomó de la mano a Jake y ambos se fueron a sentarse en uno de los bancos vacíos de la mesas que quedaban frente al puesto de comida rápida. Tanith se había quedado sola haciendo la cola, y Jake aprovechó ese momento a solas para analizar más de cerca al niño. Sentía mucha curiosidad por él, y es que su piel era tan blanca y fría que casi parecía estar hecha de nieve. Un muñeco de nieve en vida. Y gracias a la cercanía, el castaño pudo notar por fin el rastro de energía mágica que emanaba el niño. Tenía la sensación de que había visto antes ese tipo de magia en alguna parte, pero aún no lograba reconocerla.

Y es que Jake no era para nada un mago, más bien era un negado a la hora de realizar encantamientos y conjuros arcanos. Pero si que era una biblioteca mágica andante. Su maestro, Patroklos Sarantos, fue uno de los mejores hechiceros de su época, y aprendió muchísimo de él acompañándolo en sus viajes. Jake conocía muchos encantamientos, hechizos y pociones, y también ciertos secretos arcanos que jamás deberían ser revelados. Pero era incapaz de llevar a cabo ninguno de ellos. Nunca obtuvo el don de la magia, y la que podía realizar ahora se la había entregado Patroklos antes de desaparecer, para que guiara a las almas perdidas de los niños de la tierra a encontrar el paraíso. Un poder capaz de manipular el tiempo y que le mantenía encadenado por siempre jamás al brazalete de su mano derecha.

Jake despertó de su ensimismamiento cuando Tanith volvió a la mesa, tras hacer el pedido. La chica casi se sentó encima de su amigo, que protestó con un chillido agudo y a la vez adorable. Jake sonrió divertido al verles interactuar y apoyó los codos en la mesa, sosteniendo su cabeza con ambas manos mientras miraba a la entretenida pareja.

-¿De qué os conocéis? - preguntó el castaño con su infinita e insaciable curiosidad.
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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   25th Junio 2017, 15:48



A punto estuve de romper el ticket. Me empezaron a temblar las manos, y eso que solo era una pregunta inocente. Jack giró el cuello de forma antinatural, pero recuperó la compostura antes de que nadie se diera cuenta, salvo yo, pataleando en el aire, divertido con la ocurrencia. O con la pregunta. Claro, como a él no se le entendía, la que se veía metida en el fregado de responder, era yo.

Porque, ¿cómo podía responder al muchacho? ¿Desde cuando nos conocíamos? Reconocí la sensación. Igual que en la entrevista de trabajo para entrar en la librería. Así que, tiré por la técnica que ya conocía para salir del embrollo.

No mentir.

Tuve un accidente y acabé en el hospital. Venía a visitarme a menudo. Muy a menudo...

Lo que quería que sonase casual y sin importancia, me arrancó una media sonrisa carente de tensión ni incomodidad. Recordarlo, por mucho que pudiera parecer que fuera un episodio traumático, me producía cierto alivio.

Era el único que lo hacía. Supongo que nos conocíamos de antes o me ha tomado especial cariño. Sea lo que sea, desde entonces no nos separamos.

Era la primera vez que contaba algo así sobre nosotros, y al oírlo decir, enrojecí hasta las orejas. Pero era verdad. Cuando las preguntas de un pasado que se escondía de mí eran demasiado dolorosas, llegaba él para sentarse a los pies de la cama, cargado del olor a Navidad, la promesa de no estar sola en un mundo que no entiendo, y atosigada por otro que no debería existir, dos corrientes contrarias que tiraban de mis extremidades porque ambas me reclamaban para sí sin importarles mi opinión. Jack me sacó de mis oscuros pensamientos poniéndome la mano fría sobre el brazo. Me escocían los ojos. Solo era eso, por forzar la vista, seguro. Y como hacía frío, me moqueaba la nariz. Todo normal. Nada de sentimentalismos absurdos. Me soné y me froté rápidamente los ojos. Justo a tiempo, porque lo primero en llegar fueron los refrescos, que la camarera dispuso sobre la mesa y muy juntos. Jack se olvidó de la compasión, tirándose sobre la mesa para hacerse con todos los vasos, presa de la avaricia. No luchó cuando le aparté, y tuve que sentarlo sobre mis rodillas para tenerle mejor controlado. Lo que se traducía en un frío de esos que te hielan hasta el tuétano.

Menuda imagen se tendría que estar llevando Jake de nosotros...


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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   11th Julio 2017, 13:21

Jake había apoyado los codos sobre la mesa y se dedicaba a escuchar atentamente la breve historia de Tanith y Jack. El castaño notó al principio la tensión en los hombros de la chica, pero después su cuerpo se relajó tras finalizar la anécdota. Tanith esbozó una media sonrisa al recordar lo sucedido, y eso hizo que Jake la imitara y sonriera también. Con el rato que llevaban juntos, estaba consiguiendo empatizar con la humana. Además, le encantaba ver a las chicas sonreír.

—¿Qué accidente? ¿Te hiciste mucho daño?— Jake siempre tuvo una curiosidad insaciable, incluso antes de adquirir el cuerpo de Jacob Birdwhistle, y era incapaz de controlar su lengua a pesar de que pusiera constantemente en un compromiso a la gente de su alrededor. —¿Y tú qué hacías en el hospital, Jack? ¿También te habías hecho pupa? ¿Vosotros tenéis padres? ¿Y…?

La marabunta de preguntas fue interrumpida en el momento en que la camarera trajo las bebidas. Jack se abalanzó sobre la mesa con intención de llevárselas todas a su sitio, y Jake consiguió atrapar su coca-cola a tiempo de ser secuestrada por el pequeñajo.  

—¡Ey! ¡Eso es mío! — protestó el castaño de ojos verdes. Se estaba muriendo de sed, y agradecía poder disfrutar de una buena coca-cola en esos momentos. El muchacho abrió su lata y le dio un largo trago, cerrando los ojos para disfrutarla mejor. Después observó a sus acompañantes. Tanith volvía a tener toda su atención sobre Jack, y para que dejara de hacer tonterías mientras comíamos se lo subió a las rodillas. El chico de nieve parecía muy divertido con la idea.

— Parecéis una familia…— Jake volvió a sonreír, y sintió un pequeño calorcillo acariciarle el pecho tras observar los gestos tiernos y cariñosos que dedicaba Tanith a Jack.

De pronto una sensación familiar le invadió, y la pequeña melodía empezó a sonar en su cabeza. Era una canción de nana, y la voz de la mujer era tan clara para él como el primer día.


Jake era todavía un novato a la hora de controlar sus emociones. Pasaba rápidamente de la tristeza a la alegría, de la ira a la tranquilidad. A pesar de todos los años que llevaba viviendo dentro de aquel cuerpo humano, desconocía la complejidad de los sentimientos del hombre. Por eso mismo no se dio cuenta de que una pequeña lágrima había escapado de sus ojos, a pesar de que su rostro era completamente impasible.
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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   21st Julio 2017, 19:01



Se había abierto la veda. El chico se convirtió en una metralleta y cada bala, una pregunta comprometida que ni quería ni podía responder. El espectáculo de Jack y las bebidas nos distrajeron a los tres por un momento. Me costaba maniobrar con el peque en brazos y tenía el borde de la mesa demasiado cerca de su cabeza. Con los dientes castañeteando de frío, hice lo que pude para alcanzar mi vaso y acercarle a Jack el suyo, que atrapó entre sus manos regordetas. Pero lo de beber para él vendría después de jugar con la pajita, así que aproveché para dejarlo en la silla de al lado sin que rechistase, y sin más intentos de robo por su parte. Me froté las piernas para recuperar algo de calor, y cuando volví a alzar la vista la vi deslizándose por la mejilla de Jake como un mal recuerdo una noche de insomnio.

Una lágrima solitaria. Había escuchado perfectamente su observación, y ver la prueba de cuanto le había calado nuestra “historia”, me… no, no lo voy a decir.

Me levanté sin arrastrar la silla y tomando una servilleta de camino, que era lo que teníamos más a mano. Me agaché al lado de Jake para poder estar a una altura cómoda, y con cuidado de no rasparle con el tacto de la servilleta, arranqué la lágrima de un sitio que no era el suyo. Usé movimientos lentos a posta, porque no estaba segura de qué tenía que hacer, si era correcto lo que estaba haciendo o qué debía hacer a continuación. No estaba acostumbrada a limpiarle las lágrimas a nadie. Ni siquiera a mí misma. Lo único de lo que estaba segura al cien por cien era que un niño, ya fuera Jake o Jack, no tendrían que tener el llanto tan a flor de piel. Noté la piel del rostro quejarse cuando forjé una sonrisa que pretendía ser apaciguadora, y que desde dentro, no sabía cómo había quedado. Estaba improvisando, y al mejor improvisación era la que se hacía sin pensar.

Eh… Vamos, anímate. ¿Estás bien?

No podía verme -nadie puede-, pero si escucharme. «Vamos, anímate». Lo que habría dado por escuchar esas dos palabras de alguien meses atrás. De cualquiera. Rebusqué en los bolsillos y di con una de las escasas golosinas que se habían salvado de nuestro encontronazo. Una piruleta de líneas blancas y rosas que le tendí al muchacho. Quizá algo de azúcar ayudase, o quizá no. Recé por que fuera la primera opción. Jack, que quería aportar su granito de arena con toda la buena intención del mundo, se subió a la mesa y se lanzó al cuello de Jake, rodeándolo con los brazos y dándole una muestra de que el amor también podía ser frío.


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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   8th Agosto 2017, 22:54

Jake no había logrado olvidar el dulce tono de su voz, el suave ronroneo de su garganta cuando murmuraba su canción de nana favorita. La recordaba con una gran y tierna sonrisa, sus ojos eran de un verde cálido y sus cabellos castaños le hacían cosquillas en el rostro cuando se inclinaba a darle un abrazo. Las facciones de su rostro se iban desdibujando tristemente con el paso de los años… pero la melodía que salía de sus labios era siempre igual de nítida...

— Eh… Vamos, anímate. ¿Estás bien?

Cuando Jake se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, parpadeó sorprendido al ver a Tanith tan cerca de él. Su primer impulso fue apartarse, pero entonces sintió el suave tacto de la servilleta en su mejilla, y el cómo la chica retiraba delicadamente una gota de fría lágrima de su piel. Sus ojos verdosos se abrieron de par en par, todavía más sorprendido.

— ¡No estaba llorando! — espetó de golpe, quitándose los restos de humedad en sus ojos bruscamente con los dedos. Como si para él llorar fuera algo realmente vergonzoso e indigno.

—Estaba pensando en mi madre…— confesó al fin, y rápidamente el muchacho frunció el ceño, preguntándose a sí mismo cómo había llegado una lágrima a sus vacíos ojos. ¿Había sido el mismo viento que le había resecado el lagrimal? ¿Era un defecto de fábrica? ¿Un pequeño error de tener un cuerpo sensible y humano?  

Los extraños pensamientos del muchacho se evaporizaron cuando Tanith sacó de sus bolsillos una jugosa piruleta de rayas blancas y rosas. Los ojos de Jake miraron el caramelo con gran apetito, y no tardó ni dos segundos en cogerlo, quitarle el plástico que lo envolvía y metérselo entero en la boca.

—Ummhhh….— el chico esbozó una sonrisa llena de placer mientras cerraba los ojos con tranquilidad para degustar bien el sabor dulce de fresa. Ese momento solo fue interrumpido por el niño de nieve que lo abrazó de golpe y sin previo aviso, lanzándose a por él desde el otro lado de la mesa.

—¡Xerá posivle! — Jake se quejó al principio, al sentir el frío tacto de las manitas heladas de Jack alrededor de su cuello. Pero tras liberar un par de escalofríos empezó a acostumbrarse a la sensación.

— ¿De ke extavamosh avlando? — preguntó con inocencia el castaño, aparentemente sin recordar lo que acababa de suceder. Se llevó la mano a la cola de la piruleta y se la retiró un rato de la boca para poder hablar con más claridad — Tu podrías ser una buena madre, Tanith. Siempre vas detrás de Jack, vigilando de que no se caiga o se haga daño. Es curioso, porque a veces parece que seas tú la que necesites su atención y no al revés…

Jake no era consciente de lo duras que podrían resultar a veces sus palabras, expresando siempre lo que sentía o pensaba de los demás cuando ni siquiera nadie le había preguntado. Pero por suerte para Tanith, el camarero llegó pronto con las pizzas, dispuesto a salvarla una vez más de una situación incómoda.
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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   12th Agosto 2017, 16:12



Su rechazo al limpiarle la cara no me molestó. En todo caso, me reconocí un poco en él. Pero me guardé la empatía para mí y le salvé del agarre de Jack quitándole las manos de encima con cuidado y cogiéndole en brazos. Regresamos a nuestros asientos y con una señal cortante, Jack supo que si no se quedaba sentado no iba a probar la pizza que venía en camino. Gimoteó un poco, quejándose, y acabó cediendo, sentadito por fin con las manos sobre donde debería tener las rodillas. Tenía las piernas demasiado cortas para distinguirlas.

— Tu podrías ser una buena madre, Tanith. Siempre vas detrás de Jack, vigilando de que no se caiga o se haga daño.

Tamborileé con los dedos sobre la mesa y miré de reojo al peque. La paz le duró un suspiro, porque enseguida se sentó de rodillas en la silla, de cara al respaldo, dando pequeños botes. Fruncí los labios y tragué saliva para ahogar una sonrisa. Si quitábamos el hecho de que podía congelar a la gente y provocar aludes, era bastante mono. Cuando estábamos en casa, se lo consentía todo: comida, juguetes… Si estábamos allí en ese momento era por él. Una compensación por tenerle desconvocado más tiempo que nunca por tener que ir a trabajar. Nos teníamos que adaptar si queríamos sobrevivir, pero creía a pies juntillas que a él, que no estaba sujeto a las normas humanas, tenía que costarle mucho más, cambiando de plano tan constantemente. Estábamos solos en un mundo enorme que dormitaba como una bestia salvaje y que, como hicieras ruido, se despertaría y nos comería a los dos. Por eso andábamos juntos, cogidos de la mano, y de puntillas por el lomo de esa bestia. Si no le ayudaba yo a cruzar, ¿quién lo haría?

— Es curioso, porque a veces parece que seas tú la que necesites su atención y no al revés…

En otras circunstancias, me habría tomado su comentario como un insulto. Pero yo había llegado a su misma conclusión. Vivía sola, sin lazos con nada ni nadie. ¿Qué motivos tenía para desafiar al mundo día tras día? La respuesta era Jack. Así que no discutí. Le acaricié la cabeza al peque para que se diera la vuelta cuando llegó la comida. Nos desearon buen provecho, y nos dieron espacio para comer a gusto. Detuve a Jack antes de que desencajase la boca como las serpientes. Recorté mejor uno de los trozos y se lo tendí para que lo sujetase con las manos. Su nieve no se derritiría por la temperatura de la comida, y fue el primero en catarla. Satisfecho, se zampó su pedazo de un solo mordisco y pidió más. Le serví otro y le dejé a su bola.

No me imagino a Jack viviendo por su cuenta. Y si Jack no estuviera conmigo, estaría terriblemente sola -imposté la voz para fingir que me lo tomaba a broma. Después de haberle visto casi llorar, no quería que el chico se sintiera mal. Estábamos en un sitio hecho para que los niños como él y Jack fueran felices. Me cubrí la boca mientras probaba la pizza. Me estaba empezando a malacostumbrar a las cinco comidas al día -Sería bastante aburrido, ¿no crees?

Entre los tres, la comida iba a durar poco. Busqué temas de conversación triviales que hicieran desaparecer de una vez por todas el fantasma de la lágrima que había visto antes en su carita de buen chico. Jack colaboraba poniendo caras graciosas, haciendo figuritas de hielo de tamaño diminuto en los bordes de la mesa y robandome los trozos de pizza cuando estaba demasiado enfrascada en la conversación como para darme cuenta hasta que era tarde.

¡Pero bueno! ¿Cómo puedes tener tanta cara? -Jack tenía los carrillos llenos después de su jugada y sonreía satisfecho.

A modo de castigo, le pegué una servilleta en la frente. Con sus bracitos cortos trató de quitársela, pero solo conseguía removerla de un lado a otro. No le molestó, al contrario. Le entró un ataque de risa que era contagioso. Fuimos el foco de atención del resto de meses durante un breve instante. Hasta que los altavoces interrumpieron su emisión y una voz femenina dijo algo que no entendí muy bien. Repitió su mensaje un par de veces:

» Se busca a un niño de siete años, rubio y con suéter azul y pantalones marrones. Se llama Wilhelm. Se le vio por última vez en la pista de patinaje infantil. Si alguien lo ve, por favor, acompáñenle a la sección de niños perdidos en la puerta sur. Repito…

Cortamos las risas de golpe.


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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   5th Septiembre 2017, 19:34

Cuando el camarero trajo las pizzas, Jake perdió de nuevo el foco de atención de lo que estaba haciendo, y se metió la piruleta en la boca, degustando el dulce sabor a fresa. Tanith pareció ignorar la conversación, quizás porque no tenía nada que decir al respecto o quizás porqué se había sentido ofendida por el comentario de mal gusto. Jake no podía entender porqué alguien se molestaría con él, pues era un chaval que siempre decía lo que pensaba. Pero a nadie le gustaba que se metieran en su vida personal sin su permiso. Y Jake era un chico muy entrometido y travieso.

Observó a la pareja, y sus pensamientos sobre que Tanith sería una buena madre se acentuaron. La chica le estaba cortando la pizza a Jack en trozos más pequeños para que no tuviera que complicarse mucho comiendo. Ojalá alguien hiciera lo mismo por él, es decir, cuidarle y prestarle su total atención.

Jake pasaba por una etapa difícil en su vida. Todavía le costaba entender a los humanos, y no podía escapar de su nuevo cuerpo. Y encima, éste estaba en plena adolescencia, por lo que hacía cosas totalmente insoportables para los adultos. Le encantaba ser el centro de atención en todo y molarse delante de desconocidos. Pero en momentos así, en los que alguien le recordaba cómo era realmente tener una madre que le mimara y le cuidara... se sentía tremendamente solo. Jack tenía mucha suerte de estar con Tanith. Y Tanith tenía mucha suerte de haber encontrado a Jack.

No me imagino a Jack viviendo por su cuenta. Y si Jack no estuviera conmigo, estaría terriblemente sola. Sería bastante aburrido, ¿no crees?.

─ Estoy de acuerdo… me dais mucha envidia─ confesó Jake, sorprendido de que Tanith le respondiera al final.

El resto de la cena fue bastante normal, incluso divertida. Tanith había cambiado de tema y Jake volvía a sonreír con naturalidad gracias a la facilidad que tenía por olvidar las cosas. Su mente era tan dispersa como el viento, y pronto se escucharon risas y carcajadas en su mesa. Jack había aprovechado las tonterías para ir robando la comida de Tanith. El castaño se había dado cuenta del detalle, evidentemente, pues se sentaba en frente de los dos. Pero él no dijo nada, esperó a que la mujer de piel pálida se diera cuenta del detalle, y entonces rompió a reír. La risa de Jack era tremendamente contagiosa, y por un buen rato, Jake se olvidó de sus problemas y se lo pasó pipa con la extraña pareja.

Pero las risas se apagaron de pronto tras escuchar el mensaje de megafonía:

» Se busca a un niño de siete años, rubio y con suéter azul y pantalones marrones. Se llama Wilhelm. Se le vio por última vez en la pista de patinaje infantil. Si alguien lo ve, por favor, acompáñenle a la sección de niños perdidos en la puerta sur. Repito…

El brazalete de Jake palpitó, y le estrujó el brazo. Tum-Tum-Tum. Las agujas de su reloj avanzaban sin prisa pero sin pausa. Había llegado el momento.

─ Lo siento, tengo que irme─ se disculpó, casi con prisas, levantándose de la mesa tras haber terminado su último trozo de pizza. ─ Espero volver a veros, me habéis caído muy bien. ─ se despidió, y se marchó corriendo a esconderse en cualquier callejón, donde nadie pudiera verle.

Nunca sabía cómo iba a ocurrir exactamente, pero el brazalete siempre le avisaba. A veces con pequeñas visiones, a veces con una hora o un lugar. A veces ni siquiera eso. Era un esclavo del brazalete de Patroklos, y lo que verdaderamente importaba es que él iba a estar allí en el momento exacto. Pues cuando alguien muere, el tiempo se detiene...

Tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic...

Jake apareció en medio de la carretera. Eran las once y media. Las campanas de la iglesia se habían detenido a media tonada. La gente se había quedado congelada paseando, algunos ya habían empezado a correr en dirección al niño que estaba tendido en el suelo. El coche que lo había atropellado había frenado en el acto, pero ya era demasiado tarde para impedir la desgracia. Wilhelm había salido volando por el choque. Su cabeza estaba sangrando. Jake dio varios pasos firmes hasta situarse a su lado y le tendió la mano con una suave sonrisa.

─ Eres muy pequeño─ confesó con pesadumbre─ siete años son muy pocos…

El pequeño Wilhelm no dijo nada. Le tendió la mano de Jake y se levantó del suelo. Estaba llorando.

De pronto, las agujas del reloj que había alojado dentro de su brazalete volvieron a moverse.

Tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac....

En ese momento, Jake usó sus poderes sobre el viento para hacerse invisible y desaparecer entre la muchedumbre. Las campanadas siguieron su curso. El hombre del coche salió del vehículo y levantó el cuerpo inerte de Wilhelm. Las ambulancias se escucharon en la lejanía… y nadie vio al joven Jake marcharse del triste escenario, caminando junto a un niño que había muerto con tan solo siete años.

Nadie… excepto…


FDI: Los usuarios de la magia y las entidades pueden ver o distinguir cuando Jake usa sus poderes. Tanith vería como las ropas y el pelo del chico se mueven como si los estuviera azotando el viento, y sus ojos verdes se vuelven más brillantes y fantasmales.
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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   13th Septiembre 2017, 10:45



Volví la cabeza con brusquedad al escuchar el golpe primero, el chirrido del neumático quemando carretera después y los gritos lo último. Pero no fue ninguna de esas señales las que me asustaron. Con el estrépito, seco y rápido, la realidad ante mis ojos se desgajó. El cielo se partió en cientos de trocitos, no de cristal, sino fibras de diferentes tamaños y colores. Todas luchaban entre ellas por formar parte de la madeja, por resaltar y llamarme la atención. Anadeaban al son de un viento que no existía. Jack vino corriendo a buscar cobijo en mis brazos, pero fue la voz de Jake la que me llegó con retardo y me hizo retomar el contacto con la realidad. Ya se había levantado y estaba a punto de perderse en la lejanía. Me levanté arrastrando la silla. La reacción de los hilos siempre era imprevisible, y aquella reacción me daba auténtico pavor. Algo malo estaba pasando, lo sentía aferrarse a la bota de mi estómago, cerrarme la garganta para que no respirase, con la esperanza de que pasase de largo. No sabía lo que tramaban ni lo que iba a pasar, y más que por mí, temía por el chico que hasta hacía un momento estaba cenando tranquilamente con nosotros.

¡Jack!

No era una regañina. Se agarraba con fuerza, cerrando los ojos. Le notaba temblar contra mi. Le cambié de sitio, de la cadera a la espalda, para poder moverme. En esos momentos si que no le iba a desconvocar. Le necesitaba. Él lo interpretó como lo contrario e intentó resistirse, y en el forcejeo perdí las gafas. No me di cuenta en ese instante, porque cada segundo que pasaba, más ventaja me sacaría Jake. Desviaba constantemente la mirada hacia el punto por el que se había marchado, con la ropa revolviéndose al viento y el pelo bailando a su ritmo.

Pero no había nada de aire. El mundo aguantaba la respiración, tan desconcertado como yo.

Ya con Jack bien sujeto a mi espalda, salí en su persecución a trompicones. Los hilos fantasmales surcaban el aire por encima de mi cabeza, siguiendo la misma dirección. Al salir del velador, la gente se apelotonaba cada vez más, formando pequeños grupos. Empujé a alguien, aceleraba para colarme por pequeños huecos entre la gente. Alguien se me quejó. Lo ignoré y seguí adelante. Cuando por fin llegué a la cabeza de la comitiva, se me heló la sangre. Después de que unas campanas cercanas dieran la hora, llegaron las primeras sirenas.

Habían encontrado al tal Wilhelm.

Debía de haber sido un niño lleno de vida que no quería que el día en el mercado navideño terminase jamás. Igual que Jack. Tendría ese brillo de entusiasmo en los ojos, disfrutaría de una pizza como si fuera la primera vez que la probaba. El golpe de empatía me empujó al borde de las lágrimas.

Joder… -susurré. Fui subiendo mi tono de voz para que me despertase. Cada palabra malsonante era como una bofetada. No era el momento de llorar -Joderjoderjoderjoder ¡joder!

La muchedumbre acumulada, que sólo sabía mirar, me estorbaba. Los hilos parecían tener un interés inusitado en el cuerpo inmóvil del pequeño. Alguien le gritó al del coche que lo dejase donde estaba, que moverlo era contraproducente. No me quedé para ver si lo corregía o no. Había perdido a Jake de vista, y una parte de mi mente ya estaba dibujando desgracias con él de protagonista. Cada fibra fantasmal olisqueaba el cuerpo del pequeño y seguía adelante, enlazándose, formando un hilo aún mayor. Tenía que encontrar la madeja. En el rabillo del ojo apareció la manita de Jack, señalando hacia adelante. Me pareció lógico que él también los viera. Sobre todo al hilo brillante que se alejaba separado del resto de la manada, asomando de vez en cuando por encima de las cabezas del gentío.

Me lancé al trote en su persecución. Volver a atravesar aquel mar de gente me resultó más difícil en dirección contraria, así que me dejé llevar por la marea y fui desviándome lentamente. Jack se escurría a mi espalda por el ritmo, y tuve que auparle de golpe. El peso, el esfuerzo, el susto… todo se unía para conspirar en mi contra. Cada segundo que pasaba entre tanta gente era demasiado parecido a estar encerrada en una habitación estrecha cuyas paredes se me venían encima. Me temblaban las piernas por la metáfora, y cuando por fin conseguí encontrar un hueco, lejos ya de la triste escena del atropello, me cedieron y caí de bruces. Jack se preocupó por mi con su consabida retahíla sin sentido, inclinándose sobre mi hombro.

Estoy bien… -en comparación a ese niño. En comparación a lo que mi cabeza estaba dibujando para el pobre Jake. Me habría raspado las rodillas y las manos, pero no notaría el dolor hasta que no pasaran de largo esos momentos de tensión -Estoy bien.

Nos habíamos alejado más de la cuenta. Allí el terreno sufría un pronunciado desnivel. Las carpas, las luces y los puestecillos nos daban la espalda, desterrándonos del mundo de la diversión a la nieve sin limpiar, a la penumbra. Un poco más allá se sucedían los árboles, un bosquecillo que se había apoderado de los alrededores de la zona como un cercado al hospital. Me incorporé ajustando de nuevo el peso de Jack. Y fue entonces cuando lo vi. El corazón de la madeja, envuelta por una pared de hilos que formaban un corro alrededor que se desplazaba hacia adelante. Pude distinguir un leve brillo de color verde en su epicentro, y el hilo solitario de antes acompañándole. Jack se encogió detrás de mí, usándome de escudo. Pero yo solo tenía ojos para esa hebra protagonista.

Wilhelm -no fue una conclusión pensada, sino instintiva.


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Jake

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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   2nd Octubre 2017, 13:23

FDI: No te preocupes mujer, no hay ningún problema, ya lo sabes. ¡Si yo soy la primera en contestar con retraso! jajajaja ¡Ánimo con el trabajo!

Wilhelm

Al oír el nombre del niño, Jake se dio la vuelta con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Tenía a Tanith y a Jake mirándole de frente a escasos diez metros. No esperaba volver a encontrarse tan pronto con los dos amigos con los que había compartido una cena caliente. No esperaba siquiera que alguien de su alrededor pudiera ver el espíritu del chico de siete años.

¿Podéis… verle?— preguntó sin más. Y de la sorpresa su concentración se rompió y el aire de su alrededor cesó de girar, volviendo a ser visible a los ojos humanos.

En el mundo material, el cuerpo del castaño siempre se veía como el de un chico de trece años normal y corriente. Pero para aquellos que eran capaces de ver lo paranormal, o distinguir los pequeños matices que reflejaba el mundo espiritual, veían a Jake de una manera muy diferente. La imagen de los dos chicos se intercambiaban entre parpadeos. El muchacho pasaba a tener el cuerpo más ligero, y flotaba por encima del suelo.. Sus cabellos castaños eran más claros, casi rubios, y eran azotados por un viento invisible que giraba en todas direcciones. Sus ojos también lucían con un brillo verde fantasmagórico, incluso el aire de su alrededor se teñía de ese mismo color, como un aura palpable e inquietante. A su lado, además del espíritu de Wilhelm, se encontraban unas esferas brillantes que albergaban miles de colores en su interior. Las almas de los niños parecían pequeñas hadas que habían escapado de sus cuentos y ahora danzaran divertidas alrededor del muchacho de la hoddie verde.

En ese instante, Jake se preguntó si Tanith era capaz de distinguir su verdadera forma a pesar de tener ahora un cuerpo humano en el que camuflarse. La miró a los ojos, y se dio cuenta por primera vez del estado en el que se encontraba la chica. Parecía alterada y le faltaba el aire. Sus rodillas estaban raspadas, como si hubieran recibido algún golpe o se hubiera caído por el camino. Pero lo que más llamó su atención fue que ya no llevaba puestas sus oscuras y opacas gafas de sol.

Vaya… tienes unos ojos muy bonitos...— confesó, acentuando ligeramente su sonrisa al darse cuenta del detalle— Nunca he visto un color parecido en nadie más...

Detrás de ella se escondía Jack. El chiquitín estaba temblando, sacudía sus pequeñas patitas blancas mientras miraba con temor la escena. Jake se preguntó si tendría miedo de él, y se arrepintió en aquel momento de marcharse de la improvisada cena sin haber retocado los recuerdos de la extraña pareja.

No deberías estar aquí… — susurró, y la sonrisa del castaño se apagó lentamente.
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MensajeTema: Re: Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]   

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Almas en el hielo (Jake) [22/12/2018]
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