Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Expiación [Cédric, Jonathan Smith] (17-03-2017)

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Elektra Natchios
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MensajeTema: Expiación [Cédric, Jonathan Smith] (17-03-2017)   17th Abril 2017, 13:13

Expiación.

Del latín "expiare", que significa "purificación".

Pago o reparación de las culpas mediante la realización de algún sacrificio.


Había un sueño que solía asaltarla de vez en cuando; Estaba en la nieve, ataviada con su característico traje rojo. Llevaba grilletes de acero en las muñecas y en los tobillos; había perdido el pañuelo de la cabeza en algún momento y el pelo se le metía continuamente en los ojos.

Estaban cerca, podía escucharles. Trataba de huir, pero las cadenas le dificultaban el paso, se enredaban en las raíces de los árboles muertos que asomaban sus retorcidas ramas deformes por entre la blancura helada y la hacían tropezar y caer rodando por la pendiente.

Allí, en aquella explanada abierta y desnuda, su silueta enfundada en rojo destacaba como una gota de sangre sobre una sábana de algodón. Ellos podían verla.

Algunos renqueaban sobre muñones que hacía mucho tiempo que habían dejado de sangrar; otros se arrastraban sobre sus vientres regando la nieve con sus entrañas muertas. Algunos la maldecían, otros se reían. Los que aún conservaban las piernas eran más rápidos; los demás habían aprendido a esperar.

Eran tantos... Tantos.

Jean-Marc Gillon era habitualmente el primero en alcanzarla. Era el mejor corredor. Elektra no había olvidado su nombre. No había olvidado ninguno de ellos. Permanecían grabados a fuego en su mente junto con sus rostros. Todos y cada uno de ellos...

Jean-Marc había sido un ladrón de poca monta que se pasaba la vida huyendo de la policía hasta que ella le había clavado el sai en el ojo atravesándole el cerebro. Como siempre, la agarraba del pelo, la arrojaba sobre la nieve y le sacaba el ojo con un cuchillo afilado, sólo para recordárselo.

El gordo Lucius Gant, de pie a su lado, le decía que no tenía imaginación. "Después de tanta práctica sigues haciendo lo mismo", le reprendía una y otra vez, riéndose con aquella risa horrible. Entre gritos, Gloria Fenton le exigía saber por qué habían tenido que morir ella y su bebé no nato. Elektra no podía responder a esa pregunta porque no lo recordaba. Nunca mataba niños, así que posiblemente había sido una víctima colateral, una pobre mujer que había tenido la desgracia de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, como la esposa de Jeremy Locke. Esos eran los peores recuerdos.

Entonces, el arzobispo Fresina comenzaba a rezar y perdonaba a Elektra por haberle roto el cuello mientras le iba arrancando los dedos con unas tenazas y el viejo Otto Eisenbluth abría su pequeño maletín de herramientas quirúrgicas.

Y así uno tras otro, uno tras otro, uno... tras... otro... La pesadilla nunca acababa.

La pesadilla se había hecho realidad.

Finalmente, Elektra estaba pagando por sus pecados. Todas aquellas muertes, todas aquellas víctimas, habían encontrado por fin la manera de castigarla en la figura de Cédric, erigido en su involuntario vengador.

Era tan irónico que si no hubiera estado tan ocupada retorciéndose de placer mientras Cédric la devoraba viva casi se habría reído. Casi.

Dicen que la cercanía de la muerte te otorga una claridad mental muy difícil de alcanzar por otros medios, permitiéndote separar lo verdaderamente importante de lo intrascendente, y muy posiblemente sea verdad, porque en el preciso instante en el que comprendió que iba a morir, vio las cosas claras por primera vez en años.

La primera vez que había sentido cerca la presencia de las Keres su primer impulso había sido arrastrarse hasta la casa de Matt para morir en sus brazos. Pensó que ésta vez sería igual, y sin embargo se sorprendió cuando una imagen muy diferente acudió a su mente: la de Jonathan Smith, su compañero de los Thunderbolts.

Durante casi cuatro meses habían compartido equipo, misiones y recursos. La primera vez que le había visto le había clasificado de inmediato como alguien peligroso de quien había que cuidarse, pero con el paso del tiempo había llegado a verle como alguien en quien se podía confiar, un compañero leal, valiente y fiel, un hombre con unos valores y principios no muy distintos a los que ella misma sentía.

Llevaba toda la vida enamorada de un hombre que no la correspondía, que no comprendía por qué hacía lo que hacía y que no sentía más que rechazo hacia sus actividades. Toda la vida impidiéndose a sí misma avanzar o pasar página. Había algunos que pensaban que se debía a que en el momento de su primera muerte había estado enamorada de él, y aunque la habían resucitado se había quedado permanentemente estancada en aquél momento, como muerta en vida. Si esas teorías eran ciertas, entonces Elektra había aprendido a amar de nuevo cuando ya era demasiado tarde. Por fin era libre, cuando el alambre de espino se clavaba en su carne y le impedía moverse. Cuán extraño era el sentido del humor de las Moiras... Siempre había pensado que nunca podría ser feliz, y ahora ya nunca podría saber si se equivocaba. Nunca podría saber si él la correspondía.

Aquél pensamiento apareció en su mente de manera repentina, y después de todas las torturas, el dolor y la agonía a las que la había sometido Cédric, no tuvo fuerzas para tratar de ocultarlo. No podía. Su mente estaba demasiado destrozada, y el placer forzado al que la sometía el asesino anulaba todas sus defensas. Ni siquiera le importaba ya.

Ni siquiera le veía.

Su mente, incapaz de soportar lo que estaba sucediendo, se evadió. Un velo blanco cubrió sus ojos. Ya no estaba allí, estaba en lo alto de la Montaña, aquella que nunca había sido capaz de escalar. Vestía de blanco. Era feliz. Con un gesto, tomó sus armas, extendió el brazo y las dejó caer por el acantilado.

Y, al fin, Hipnos, el hermano benévolo de Tánatos, se apiadó de ella y se la llevó a su reino, a lo más profundo de una oscura cueva donde nunca brillaba el sol. Y allí se sentó, a orillas del río del Olvido, a esperar a que su gemelo se la llevara.

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MensajeTema: Re: Expiación [Cédric, Jonathan Smith] (17-03-2017)   24th Abril 2017, 17:50

Cuando los gemidos de Elektra se apagaron, su tormento cesó por fin. No tenía sentido si ella no podía disfrutarlo, y él no quería matarla. No, aún no. Cédric deslizó su dedo índice por su pecho, casi como si no quisiera acariciar su piel, sino su corazón aún latiente. El corazón que, en otras circunstancias, estaría arrancando con sus propias manos en ese momento. Pero no era eso lo que quería para Elektra. En lugar de eso, se tumbó junto a ella en la mesa, encendiéndose un cigarro. Escuchándolo.

Aquello era toda una sorpresa... Ni siquiera entonces, cuando estaba convertida en poco más que una sombra de lo que alguna vez había sido la mejor asesina del mundo, dejaba de entretenerle. Poco a poco, la figura de Matt Murdorock se había desmoronado, perdiéndose en el abismo de lo imposible. Y, en su lugar... Había aparecido otro monstruo. Como ella. Como ellos. Un hombre de mirada fría y gatillo fácil, de palabras parcas y lealtad férrea. Alguien que ni quería, ni podía salvarla. Porque él tampoco quería ser salvado. Sin saberlo, Elektra acababa de otorgar a Cédric el máximo poder que podría alcanzar por medios normales: La potestad para decidir sobre su vida.

Cédric se encontraba en una encrucijada. Ante él se abrían dos caminos, dos hombres a los que podía entregar su último juguete roto. Por un lado, un héroe cuya moral condenaría a Elektra a la soledad, a vagar por el mundo como un alma en pena. Aunque... Quizás Daredevil la curara. Era posible, los propios recuerdos de la griega lo demostraban. Podía dejar de matar... Podía ser feliz, alcanzar el equilibrio que inevitablemente acabaría con su diversión.

No podía permitirlo.

Afortunadamente, había una alternativa, encarnada en la figura del ruso cuyo recuerdo había aparecido en el último momento. Jonathan Smith, el asesino en masa que mantendría viva su adicción a la sangre. El que, muy a su pesar, iría sumando más y más perseguidores a sus pesadillas para que continuaran su trabajo cuando él no estuviera. Pero, a pesar de todo, el único que la haría sentirse querida. Un amor que le haría mancharse aún más las manos, sucumbir poco a poco a sus más bajos instintos, abandonar cualquier deseo de superarlo. Cédric pensaba cambiar la historia de Elektra para siempre, por el mero deseo de dejar su huella, de romper ese ciclo que no llevaba a ningún lado para convertirlo en una espiral por la que Elektra sólo podía descender. La sola idea le aceleraba el pulso en anticipación.

Entre las escasas pertenencias de Elektra había encontrado un comunicador, no demasiado diferente  al que Gabriel había estado utilizando durante sus años en SHIELD. Lo cogió, observándolo mientras buscaba el recuerdo que guardaba la máquina acerca de cómo usarlo. No hubo resistencia cuando lo encontró y se apropió de él, asimilándolo al conjunto de lo que sabía. No había nadie al otro lado que pudiera protestar: Tan sólo los despojos de la máquina muerta.

Acarició el pelo de Elektra al levantarse, tan sólo para evocar su suavidad una vez más, y se dirigió a la puerta tras cubrir su cuerpo con una sábana inmaculada. Tenía mucho que hacer, y tenía que hacerlo antes de que ella exhalara su último suspiro.

...


Al atardecer, el comunicador de Smith comenzó a emitir un sonido estridente y molesto, el tipo de sonido que te invita a responder la llamada a cualquier precio. Aunque fuera sólo para dejar de oírlo. Para su sorpresa, no se trataba de ninguna misión o reunión propuesta por Ross. Ni siquiera se trataba de una llamada generalizada a todos los Thunderbolts. No, era algo sólo para él... De parte de Elektra. Sin embargo, no era ella la persona que estaba al otro lado. -Bonjour, John.-Una voz masculina, con un marcado acento francés, sonó en el comunicador. No correspondía a nadie que él conociera, desde luego. De fondo, apenas se oía el ruido del tráfico, pero nada más. -Seguro que te estás preguntando qué hago llamándote a estas horas, dónde está Elektra, y por qué estoy usando yo esto. Tranquilo, ahora te respondo. Verás... Ayer me dio por secuestrarla y divertirme un poco con ella, y hoy me he dicho, "Hey, ya que estamos... ¿Por qué no llamamos a uno de sus amigos para que venga a salvarla?". Sería una pena que se muriera, quedan pocas mujeres en el mundo que la chupen así de bien, y hay que cuidarlas. Y lo siento, pero te ha tocado. A menos que quieres que llame a Deadpool, claro... Él era mi segunda opción. ¿Qué me dices, mon ami? ¿Nos vemos en el túnel abandonado de metro en Bryant Park, en...? -Hizo una pequeña pausa, como si estuviera consultando su reloj y midiendo los tiempos. No era la primera vez que Smith lidiaba con secuestradores, desde luego, pero nunca se habían mostrado así de... Tranquilos. Quien fuera que le estuviera hablando por el comunicador, lo hacía de forma despreocupada. Hablaba de raptar y torturar a la asesina más peligrosa del mundo como si fuera un juego de niños. Y ni siquiera pedía rescate. -Creo que con media hora será suficiente. No creo que ella aguante mucho más, de todas formas.-Remató esa última frase con una pequeña risa velada, como si aquello fuera de lo más gracioso. Era tan irreal... Pero era lo único lógico. Era imposible que nadie le robara el comunicador a la griega, y  lo usara impunemente. ¿No? -Vamos, Smith... El tiempo se te acaba.

Y entonces, colgó.

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MensajeTema: Re: Expiación [Cédric, Jonathan Smith] (17-03-2017)   10th Mayo 2017, 09:22

Un tiro, dos blancos abajo. La bala atravesó el cuello del primero e impacto en la cabeza del segundo, de menor tamaño. Ambos caen al suelo. Por el flanco izquierdo tres personas intentan rodearme. Giro la cintura 30 grados, levanto la mano izquierda y se reanudan los disparos. Los hombres caen al suelo con agujeros de considerable tamaño en sus cráneos; tan rápido como aparecieron, murieron. Escucho pasos a mis espaldas. Me lanzo al suelo en el instante, solo para escuchar disparos por encima de mi cabeza. Ruedo por el suelo hasta quedar con el pecho sobre el concreto y les disparo, con ambas pistolas. Eran otros tres, que acabaron conociendo el mismo destino que los anteriores. De un salto me paro, listo para la siguiente tanda. Dos comienzan a dispararme desde las esquinas, ambos a los lados opuestos del terreno. Balas impactan contra mi traje, pero es Kevlar, así que no hacen mucho. Concentro el fuego en uno de los lados y corro a máxima velocidad, demasiado rápido como para que puedan apuntarme bien. Suelto una de las pistolas, para tener la mano libre en el momento indicado. Escucho las alertas del otro, avisándole a su compañero, quien sale de su cobertura menos de un segundo antes de que llegue. En mi mente, todo ocurre lento. Uso mi mano libre para correr la pistola hacia un lado, impidiendo que de el tiro, y en ese exacto momento apunto con la otra pistola hacia el otro hombre, quien no se lo esperaba. En un hábil movimiento, doy una vuelta al rededor que aquel que tenia sujetado, quedando detrás suyo, usando su cuerpo para cubrirme del fuego de su aliado. Intenta forcejear, pero mi fuerza es superior, y un cabezazo en el tabique termina la resistencia. Coloco mi pistola debajo de su axila y la vació sobre el segundo hombre, quien cae muerto poco después. Acto seguido pego el cañón, aun caliente, en el cuello del único hombre "vivo" en ese lugar, y jalo del gatillo. La bala atraviesa su garganta.

Entonces me desperté. Aun seguía teniendo sueños de mi ultima operación nocturna. Por algún motivo no podía borrarla de mi memoria, aunque no entendía por que. Tampoco es que me quejase mucho. Por lo general mis sueños suelen estar repletos de pesadillas que consisten en recuerdos mucho mas lejanos, y de lejos peores. Memorias de la guerra que intento y no consigo olvidar, de mi época trabajando para distintos gobiernos. Memorias de alteas enteras arrasadas con fósforo blanco, de niños soldado muriendo acribillados prácticamente en fila, de mujeres y ancianos padeciendo ante el calor del lanzallamas; y, como siempre, yo del otro lado, presionando el botón o gatillo que produciría todas las muertes. No era algo lindo de ver, pero si necesario, y no preferiría que fuese de otra forma. Era mi modo de auto castigarme. Nada de l oque me pasara podría recuperar esas vidas, pero al menos así me aseguraba de no olvidar. De no olvidar el horror, la miseria, lo que pasa cuando dejo que mis peores instintos se apoderen de mi, cuando dejo a un lado el humano y le doy control total de mi cabeza a la maquina de matar. En cierto sentido, supongo que era peor, al menos para ese propósito, tener un sueño relativamente liviano. Aun así mentiría si dijera que no se siente bien tener un "descanso" de vez en cuando. Después de despertarme relativamente tarde me encargue de lustrar todo el arsenal que tenia en esa casa segura, me prepare algo de comer, y corrobore noticias de la zona en busca de algo interesante.

De pronto mi comunicador sonó, y un escalofrió recorrió mi espalda, uno que provoca que casi no conteste, por retraso de reacción. Es raro que me pase eso, por lo general no es mas que un instinto: uno que me dice que las cosas estaban a punto de empeorar. En el momento en el que me di cuenta de que estaba demorándome demasiado atendí, y casi desearía no haberlo echo, casi. Un hombre atendió. Acento francés, tono de imbécil, casi le cuelgo. Por fortuna no lo hice, de lo contrario me hubiese perdido de una de las pocas ocasiones en mi vida donde algo me dejo, al menos por un segundo, genuinamente inmóvil. No era por que un desconocido supiese mi nombre, eso la verdad ya era algo a lo que estaba tristemente acostumbrado. Lo que me sorprendió fue que mencionara a Elektra. No supe por que, ni como, pero entendí la razón por la cual no había podido encontrarla: estaba secuestrada. Alguien había secuestrado a Elektra Natchios. Hay demasiadas cosas mal en esa frase como para enumerarlas. Quizás realmente se trataba de alguien lo suficientemente hábil como para vencerla en combate, aunque la lista de gente capaz de tal hazaña podía contarse con los dedos de las manos. Quizás le habían tendido una trampa; difícil, pero no imposible. Un gas nervioso, puna bala en el momento equivocado, tal vez pura habilidad. Muchas hipótesis, nada de tiempo para hacer pruebas. El hombre fue claro. Tenia media hora para encontrarlo en el túnel abandonado de metro en Bryant Park. Ni puta donde estaba eso, pero no tuve tiempo para preguntarle nadas por que colgó en el acto y yo seguía intentando procesar todo lo que quería decir. Corrí de un salto hacia la computadora mas cercana y la encendí. Unos segundos en google y ya tenia la ubicación del lugar al que se refería. No era nada lejano.

En un instante ya estaba preparado. El traje de Kevlar  puesto, las armas en su lugar, y todo lo que necesitaba llevar. Llevaba un cuchillo de combate de hoja curva en la bota derecha, y dos pares de pistolas. dos en las pistoleras de los costados delanteros y una en cada mano, un par de Desert Eagles. Una escopeta Mossberg Cruisher 500 en la espalda de un lado, y un H&KG36K del otro. Un par de granadas bajo la chaqueta, solo por las dudas. Iba contra la persona que secuestro a Elektra Natchios; si había un momento en mi vida donde ninguna cantidad de preparación parecía ser suficiente, era esa, mas que nada teniendo en cuenta que todavía no sabia nada del hombre al que buscaba, solo que era francés y posiblemente un imbécil. Me subí al coche blindado que tenia estacionado y arranque a toda velocidad, casi salteandome cualquier semáforo que me fuese posible, por suerte no atraje a ningún policía. No podía pensar bien. No sabia por que estaba tan ansioso, pero quería llegar en ese instante. Yo nunca actué así, pero en esa ocasión tenia que hacerlo. Algo dentro de mi me instaba a tirarme de cabeza ante el enemigo, una necesidad de aplastar su cráneo a golpes me invadía, y por algún motivo, de toda la información que me había revelado, eran aquellas palabras sobre sus supuestos actos sexuales las que mas resonaban en mi cabeza. Información trivial y completamente inútil, seguramente incierta...entonces por que seguía repasando esas palabras?

Finalmente llegue. Estacione el auto en cualquier lado, sin preocuparme mucho por la ubicación, y me baje de golpe, casi corriendo hacia la salida del maldito túnel. Tenia las armas en mano, una estrategia a seguir, y varios planes de contingencia por si las cosas se ponían feas. Estaba listo, o eso quería creer, por que ya casi se acercaba ka hora, según mi reloj. Conforme cada segundo pasaba, sentía como el agarre de mis dedos sobre el mango de las pistolas se hacia cada vez mas fuerte. Estaba listo para actuar, pero el momento aun no había llegado. Solo necesitaba tenerlo enfrente, para volarle la cabeza...
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Cédric Valjean
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MensajeTema: Re: Expiación [Cédric, Jonathan Smith] (17-03-2017)   12th Mayo 2017, 20:46

Un hombre sabio dijo una vez que si miras durante demasiado tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de tí.

Esa frase venía como anillo al dedo a Smith en ese momento. Con el pulso acelerado y la mente nublada, se plantó frente al abismo: Un oscuro y profundo túnel, que se adentraba en las entrañas de la ciudad insomne. Al otro lado, estaba Elektra, y eso era motivo suficiente para sumergirse en ese corredor que no auguraba nada bueno. Nietzsche, el autor de esa frase, tenía razón. Smith aún podía oír las palabras del secuestrador al que quería dar caza dentro de su cabeza, retándolo, llamándole por su nombre. Invitándolo a adentrarse en el abismo y buscarle. "El tiempo se te acaba", había dicho. El reloj seguía corriendo, y apenas faltaban diez minutos para que llegara la hora acordada. Diez minutos hasta que John pudiera apretar esos gatillos sobre los que sus dedos se tensaban, impacientes.

El mutante se adentró en el abismo, y la penumbra y el silencio lo envolvieron en su manto. Dentro del túnel abandonado, no había ni un rayo de luz. Los cristales rotos de las lámparas, desparramados entre las vías, crujían y se rompían bajo las botas de Smith. Varado en el andén, un vagón olvidado se oxidaba y envejecía en silencio, permitiendo que sus últimos pasajeros lo cubrieran de telarañas. Solo, cada vez más convencido de que había sido engañado, Smith continuó su descenso. Hasta que, por fin, vio una luz al final del túnel.

Los instintos de Smith rara vez fallaban, y esta no era una excepción.

En el fondo del abismo, en el final del trayecto, una figura humana lo esperaba, recortada contra la cálida luz de una hoguera. Su sombra, deformada hasta adoptar un aspecto monstruoso, cubría toda la zona que estaba ante él. Estaba sentado sobre un gran bloque de hormigón armado que se había desprendido del techo, era un disparo limpio. Tan sólo tenía que alzar sus pistolas, y estaría muerto.

Pero... Smith no pudo hacerlo, por mucho que lo deseara. Sus brazos, sus piernas, su cuerpo entero... No le respondían. Como si su cuerpo entero se hubiera convertido en una estatua de piedra, se encontraba paralizado. Fue entonces cuando pudo aguzar la vista, y se dio cuenta de que él le estaba mirando, con una sonrisa en los labios.-Llegas tarde, John...-Su voz era exactamente la misma que había oído en el comunicador. El joven casi pareció acariciar su nombre al pronunciarlo, a medida que se levantaba y acercaba a él. En sus gestos no había rastro de miedo, a pesar de ir completamente desarmado. Y ese no era el único detalle inquietante. Sus ojos, rojos como la sangre fresca, parecían estar clavados en él, sin dejar de mirarle con una expresión divertida. Detrás de los escombros, había una gran bolsa negra, sobre la que un gato callejero contemplaba la escena.-De todas formas, me alegro de tenerte aquí por fin. Seguro que estarás deseando saber cómo pegarme un tiro en la cabeza, ¿no?

A pesar de estar manteniendo la actitud más relajada imaginable, por dentro Cédric estaba teniendo que esforzarse. No lo admiría jamás, pero incluso él necesitaba tiempo para prepararse y así manipular la mente de una persona. Mirado con objetividad, aquello había sido un suicidio. Atraer a alguien que quiere y puede matarte a un lugar apartado, e ir desarmado a la cita... No era el mejor plan del mundo, teniendo en cuenta que el mentalista no podría mantener paralizados sus miembros durante mucho tiempo. Era por eso por lo que tenía un as en la manga. Literalmente. -Ahora te explico cómo va el juego... No debes. O, más bien, igual no quieres.

Con una sonrisa, Cédric se quitó la chaqueta negra que hatsta ahora había llevado puesta, revelando dónde estaba el truco. En su antebrazo izquierdo lucía un extraño mecanismo metálico, que rodeba su muñeca y ascendía hasta el hueco de su codo. Algunos cables lo rodeaban, conectados entre sí... Y, justo en la cara interior de la muñeca, una pequeña luz roja que se encendía y se apagaba a un ritmo regular. -Seguro que no es la primera vez que ves un detonador remoto, Smith... Pero no sé si habrás visto alguno conectado al pulso de una persona.-Se permitió sacar del bolsillo un paquete de cigarros, para encenderse uno. Tan pronto como apartó la mirada, el asesino en masa recobró la movilidad. Y, con ella, la capacidad de matar. Pero... ¿Realmente le convenía?

-Si me disparas, ella explota. Si me matas, la matas a ella también. Incluso si me sorprendes y mi corazón se acelera, Elektra pagará las consecuencias.-Lo estaba disfrutando. Se le podía ver en la cara, en cada gesto, lo mucho que le gustaba jugar con las personas. Smith era rápido, era capaz de asesinar a una persona antes de que pulsara el botón del detonador. Pero, en esas condiciones... Parecía haber llegado a un callejón sin salida. -Debe de ser una putada tener todo eso entre las manos, y no saber si usarlo o no... ¿O ya lo sabes?

Realmente... No estaba usando a Elektra de rehén. No exactamente. En ningún momento le había dicho que no apretara el gatillo. Y ese era el problema. Le había dado total libertad para elegir... Si no, el juego no tendría sentido.

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Última edición por Gabriel Leblanc el 16th Junio 2017, 11:32, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Expiación [Cédric, Jonathan Smith] (17-03-2017)   2nd Junio 2017, 18:02

Continué avanzando a lo largo del túnel, sin demasiada luz, apenas lo suficiente como para saber hacia donde estaba avanzando. Todo me olía mal, y no solo pro que el túnel estaba hecho un basurero literalmente. La repentina llamada, el misterioso extorsionista, Elektra secuestrada, y para colmo mi presencia en ese lugar...todo olía mal. A cada paso que daba en ese túnel me temía lo peor: que todo hubiese sido un engaño, o una trampa. Que Elektra en realidad ni siquiera estuviese con él, o si estuviese, pero...muerta. Un escalofrió recorrió mi espalda cuando pensé en esa posibilidad. Por algún motivo era lo que menos quería imaginarme. Aun así, continué avanzando. Mis oídos se encontraban agudizados, y mis ojos, a pesar de la casi nula visión, continuaban recorriendo lo largo y ancho del túnel, buscando cualquier clase de señal de peligro. Una mina subterránea, una claymore bien colocada, púas metálicas, cualquier lugar de donde pudiesen salir tropas de respaldo. No se cuanto tiempo se me fue en ese lento pero seguro avance. Una parte de mi deseaba que todo fuese una mentira, la otra solo poner mis manos sobre la garganta del hombre que me hizo perder tanto tiempo. Aun así, esa parte racional de mi cabeza no estaba precisamente en control de mis piernas en ese momento, por lo cual siguieron avanzando. Para el momento en el que finalmente pude contemplar algo de luz, mis dedos prácticamente estaban deslizándose sobre la superficie del gatillo, ansiosos por presionarlo, y vaciar el cargador sobre cualquiera que me hubiese provocado tantos problemas. Por fortuna no tuve que esperar mucho para encontrármelo, prácticamente vino con la iluminación. Rubio, caucásico, sentado en un bloque de hormigón. Algo andaba mal. Nadie que me conozca hace arreglos de ese estilo para luego colocarse en una situación tan precaria, sin defensas, y prácticamente rogando por un tiro en la frente.

Desde luego, el hecho de que esa fuese una obvia trampa no era razón para, como mínimo, no apuntarle directo a la cabeza. Al fin y al cabo, bien podía ser un señuelo, o bien podía ser el verdadero, pero por mucho que lo quisiera no podía matarlo en ese momento; no hasta saber donde tenia a Elektra; luego lo mataría. Solo un problema: mis brazos no respondieron. Bueno, mis extremidades en general fallaron. De golpe me fue imposible avanzar, y no me quedo otra mas que quedarme como piedra, observando como mi anfitrión se movía libremente, con una sonrisa de idiota y unos ojos color sangre que me hubiese gustado arrancarle con una cuchara, aunque mi presente situación me lo impedía. Era obra suya. No sabia como, pero estaba claro que no se encontraba tan indefenso como creí. Telepatía o telekinesis, seguramente. No había otra forma de explicar el como había podido inmovilizarme sin mover un solo musculo de su parte. Ni siquiera podía mover mis dedos, tenia un control completo sobre mi persona; de haberlo querido hubiese hecho que me pegase un tiro en la frente, sin problemas. Por fortuna, como supuse, no se había tomado tantas molestias solo para traerme frente a él y matarme sin mas.

Luego se quito la chaqueta y las cosas se pusieron mucho mas serias. Lo cierto es que si reconocía esa clase de detonadores, mas allá de su explicación. -Entonces solo me queda golpearte hasta la inconsciencia y rezar por que eso no te sorprenda demasiado.- No tenia idea de como había conseguido algo así, pero solo significaba problemas. Si el ritmo de su corazón se aceleraba demasiado, estallaría en pedazos, junto con Elektra, y eso era lo ultimo que yo quería. Por otra parte, no sabia que tan sensible era ese detonador. En sus propias palabras, no podía ni siquiera sorprenderlo sin riesgo a que explotara, aunque eso bien podía ser una exageración de su parte para evitarse el riesgo de que lo noqueara. No podía tomar ese riesgo, por mas tentador que pareciera. Tenia que ganar tiempo mientras pensaba en algo, o dejar que él actuase primero. Aun me quedaba un truco, pero no podía usarlo todavía.-¿Como se que Elektra esta aquí?- Pregunte, mientras bajaba el arma, dejando clara mi elección. -No la veo hace meses, espero al menos un vídeo, o una foto. El único motivo por el que no vuelas en pedazos es su posible presencia ¿Como se que sigue viva?- Por dentro estaba rezando a quien fuese Dios en ese universo que esa ultima posibilidad no fuese la realidad.

Sin embargo, y aprovechando la ronda de preguntas, tenia una duda todavía mas grande.- Estoy seguro que escuchas esto todo el tiempo, pero ¿Por que? ¿Para que tomarte tantas molestias, solo para traerme aquí? ¿Mate a alguien que te caía bien, o esa fue Elektra? ¿O solo eres otro idiota con demasiado tiempo libre entre las manos y muy poco porno para pasarlo?- Casi sentía que me salia humo por la cabeza mientras pensaba en una solución. Por favor, que responda esas preguntas, o se fume una caja de cigarros, o haga cualquier cosa que me de mas tiempo para pensar.
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Cédric Valjean
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MensajeTema: Re: Expiación [Cédric, Jonathan Smith] (17-03-2017)   16th Junio 2017, 22:48

Cédric tenía la esperanza de que el salvador que había elegido para Elektra no fuera, en el fondo, un completo idiota. Hubiera sido toda una decepción que la memoria de la griega, enamorada de él, le hubiera mostrado una imagen demasiado idealizada de un hombre que en realidad era tan aburrido como cualquier otro. Pero, por suerte, parecía medianamente inteligente. No lo suficiente como para venir acompañado, pero sí para hacer las preguntas correctas. "-Así que así es un asesino en masa..."-Alto, musculoso, el instinto asesino brillando en el fondo de sus ojos oscuros. Y muy, muy enfadado. Estaba descubriendo qué era tener los nervios a flor de piel de verdad, y no lo estaba disfrutando en absoluto. Eso hizo que la sonrisa de Cédric se ensanchara. Aunque hubiera dejado de paralizarlo, no había dejado de leer su mente… No quería perderse el espectáculo. -Si quieres golpearme, adelante. No te voy a impedir que mates a Elektra a través de mí.-De hecho, tenía gracia… Smith acababa de pensar que Cédric también tenía una bomba consigo. ¿Sería una idea producida por los nervios, o realmente creía que él haría eso? A saber. Pero, desde luego, no pensaba sacarlo de su error. No todavía.

¿Como se que Elektra esta aquí? No la veo hace meses, espero al menos un vídeo, o una foto. El único motivo por el que no vuelas en pedazos es su posible presencia ¿Como se que sigue viva?-Tenía que ser difícil para él bajar el arma y pararse a hablar. No era su estilo, desde luego, pero se había visto arrastrado a esa situación desde el momento en el que había respondido a la llamada del comunicador.-Estoy seguro que escuchas esto todo el tiempo, pero ¿Por que? ¿Para que tomarte tantas molestias, solo para traerme aquí? ¿Mate a alguien que te caía bien, o esa fue Elektra? ¿O solo eres otro idiota con demasiado tiempo libre entre las manos y muy poco porno para pasarlo?

-No me gusta hacer vídeos de estas cosas, la verdad. Se pierden demasiados detalles… Y, además, tengo algo mejor.-Rió para sí en voz baja, y Smith notó que una fuerza invisible movía su cabeza, obligándole a mirar a los ojos del mutante. Su cuerpo se relajó de golpe, las pistolas cayeron al suelo con un ruido sordo. Pero Smith no llegó a oírlo, porque su mente ya no se encontraba en aquel túnel bañado por la luz del fuego.

No, estaba muy lejos, perdido en los recuerdos que ahora nublaban su cabeza. Las imágenes se sucedían a toda velocidad, como en un sueño que parecía no acabar nunca. Pero, a diferencia de los sueños, aquello parecía tan real…

Estaba sentado delante de una mesa de casino, con unas cartas en la mano y Elektra en frente, intercambiando miradas ardientes con él. Un instante después, estaba atada a una mesa, y él estaba cortándole los dedos. John podía notar la sangre deslizarse por la empuñadura, brillando como si la hoja del cuchillo tuviera miles de rubíes engarzados. Podía ver sus rasgos, habitualmente endurecidos por la determinación de quien no tiene nada que perder, contraídos en una mueca de dolor. La habitación de la mesa se disolvió, y de pronto, estaba de pie, llevando un bulto en brazos. Un bulto cubierto con una sábana empapada en sangre, alcohol y ceniza. Un parpadeo, y Elektra estaba desnuda, mordiéndose el labio inferior con lascivia antes de inclinarse sobre él. Pero no era él. Smith era un mero espectador, alguien que miraba el pasado a través de los ojos de quien sí lo había vivido. No podía hacer nada más que mirar y sentir lo que ya había ocurrido. No podía hacer nada para impedirlo. No podía salvarla.

De pronto, todo paró. John se vio arrojado a la fría realidad de nuevo, con la misma brutalidad con la que había sido arrebatado de ella. Lo primero que percibió fue el olor del humo llenándole los pulmones, y esa silueta oscura que apenas se había movido de su posición. Debían de haber pasado tan sólo unos pocos segundos… O eso pensó antes de fijarse mejor. Las armas. Las pistolas que antes tenía en sus manos y en sus fundas habían desaparecido. No notaba peso alguno en la espalda, por lo que probablemente sus rifles tampoco estarían allí. De hecho, si aguzaba la vista, no tardaría en encontrar en un lateral la misma bolsa negra que había visto antes. La única diferencia era que en ese momento estaba abierta… Y con sus armas dentro. -Ah, ya estás aquí otra vez… Espero que eso sea una prueba suficiente para tí. No te puedo garantizar que ahora mismo esté viva, pero… Eso tampoco es algo que pudiera haber demostrado con una foto o un vídeo. ¿No?-Parecía algo… Cansado. Su voz seguía sonando tan despreocupada y llena de confianza como la primera vez, sin embargo. Tiró la colilla del cigarro al suelo y la pisó con toda la calma del mundo. -En cuanto al porqué de todo esto, es muy sencillo. Me gusta jugar, y por encima de todo, me gustan los juegos difíciles. Elektra lo era, así que… Bueno, ya lo has visto con mis propios ojos. La cuestión es que no me interesaba que muriera, así que te he llamado para que la lleves a SHIELD, para que la recompongan. Me ha gustado demasiado como para no querer usarla otra vez.

Cédric siempre tenía el mismo problema. Sus juguetes no solían durar mucho, por desgracia, y tenía que buscar formas de prolongar sus vidas para que no se apagaran demasiado pronto. Alguna vez, había probado a moderarse, a no dejarse llevar completamente por el sadismo para poder disfrutar de la misma persona más tiempo. Pero, al final, su temperamento voraz siempre se acababa imponiendo. La persona moría, y tenía que buscar un nuevo entretenimiento, que le resultara más placentero que el anterior. Era un ciclo infinito, que le empujaba a buscar cada vez algo más y más retorcido. -Además, ya que venías, no me he podido resistir a quedarme alguna de tus cosas… Realmente, me halaga que creyeras necesario usar todo eso contra mí.-Comentó, irónico, mientras echaba un vistazo a la bolsa que contenía su botín. Demasiado concentrado en proyectar sus pensamientos en la mente de Smith, no se había dado cuenta de que el Thunderbolt aún iba armado con unas granadas y un cuchillo, aparte de sus nada despreciables dotes para romper cuellos con las manos desnudas. Pero, de todas formas… Tampoco sentía que tuviera que preocuparse. Al fin y al cabo, el detonador seguía ahí… Y eso obligaba a Smith a actuar con prudencia, si quería tener al menos la oportunidad de volver a ver a Elektra.

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Jonathan Smith
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MensajeTema: Re: Expiación [Cédric, Jonathan Smith] (17-03-2017)   23rd Junio 2017, 03:20

Otra vez esa fuerza invisible que empujaba mi cuerpo en direcciones donde no tenía planeado moverlo. Del mismo modo que antes me había quedado paralizado, ahora había algo dentro de mí, o mejor dicho de mi cabeza, que me instaba a moverla hacia adelante incluso contra mi propia voluntad. No sabía de qué mierdas se trataba, pero así era. Mi cabeza se empezó a mover hacia adelante sin motivo. Mis ojos se encontraron con los del hombre, las pistolas cayeron de mis manos. Entonces la cosa se puso más rara. Imágenes, una tras de la otra. Demasiado rápidas en sucesión como para pudiese distinguirlas con mucha claridad. De por sí ya me encontraba bastante extrañado al no estar más en ese túnel; sobra decir que el flujo constante de imágenes no mejoraba para nada las cosas. Ni siquiera yo podía seguirles el paso. Quizás hubiese podido si activaba la “cámara lenta”, pero hubiese sido un desperdicio de recursos imperdonable de modo que fue rápidamente descartado como idea. Las imágenes finalmente se detuvieron, aunque en cierta forma hubiese deseado que no lo hubiesen hecho. Me encontraba en un casino, a juzgar por el mobiliario, en una mesa de cartas. Elektra estaba frente a mí, me dirigía una mirada lasciva. Intente preguntarle de inmediato que estaba pasando, que no era momento para estupideces, pero no pude. La voz no salió de mi boca. Fue como gritar después de tener las cuerdas vocales cortadas: por mucho que me rompiese la garganta intentando no salía ningún sonido. Fue desesperante, pero solo era el inicio, desde luego. Si no hubiese sido todo demasiado fácil.

Lo siguiente fue bastante más brusco. Ella atada a una mesa. Yo le estaba cortando los dedos con un cuchillo. No diré que me repugno la idea; he hecho eso cientos de veces, sin discriminar por edad, raza o género. En realidad eso sería de lo más amable que he hecho con un cuchillo en mis manos. No. Lo que me horrorizo fue el hecho de que esta vez se lo estaba haciendo a Elektra. Si era su voluntad o no, no tenía idea, pero las ataduras dejaban en claro que ese último no era el caso; salvo que fuese algún tipo de práctica sexual de lo que no estaba enterado pero la ninja griega nunca me perfilo como la clase de mujer que haría esa clase de cosas, o al menos que las llevaría tan lejos. Utilice toda mi fuerza para detener la mano, pero no paso nada. En todo caso, creo que hasta aumento la velocidad, aunque eso bien puede haber sido una ilusión de mi mente. Elektra estaba sufriendo, eso se llevó todo el espectáculo. A decir verdad, estaba seguro de que esa imagen me acompañaría en mis pesadillas durante un largo tiempo. Sin embargo, y a pesar de todo lo que estaba ocurriendo, no podía dejar de asombrarme ante la idea de verla expresando de forma tan evidente su dolor. Bastante humano, cabe destacar. Asumo que era en parte dada la mitificación de su persona, la mejor asesina ninja del mundo; casi me había olvidado que seguía siendo de carne y hueso, y que tenía receptores nerviosos de dolor como todo el mundo.

Luego el escenario volvió a cambiar. Estaba llevando algo sobre los brazos; un bulto bastante pesado. Olía a sangre, y estaba seguro de que la humedad y el rojo carmesí que empapaban la sabana que lo cubría no eran por el vino derramado. Aunque si apestaba a alcohol, y a cenizas, posiblemente de cigarrillo pero no me arriesgaría a decir nada. Recién en ese momento me di cuenta la frivolidad de los detalles que estaba tomando en cuenta, como el origen de las cenizas, como si eso importara algo en comparación del escenario que estaba ocurriendo en ese momento. Costumbre, tendría que decir. Me entrenaron para prestar atención al más mínimo detalle, y eso estaba haciendo, solo que en ese caso particular se sentía como si no fuese lo más importante de momento, o al menos lo más merecedor de mi atención. La escena volvió a cambiar, ya me estaba cansando del teatro. Está en particular me tomo por sorpresa. Elektra se encontraba desnuda frente a mí. Casi me da un ataque. No sé por qué, pero casi pasa. Casi. No es como si un casi fuese tampoco mucho consuelo. Ella no era ni de lejos la primera mujer que veía desnuda. Nunca con intenciones sexuales desde luego. Presencia muchas violaciones grupales, y cuando tocaba torturar a una prisionera el 90% de los casos implicaba desnudarla, como parte del terror psicológico. También se las manejaba así en varios campos de concentración y prisiones clandestinas que visite. Por no mencionar el hecho de que, siendo franco, con todo lo que llevo viendo desde los seis una mujer desnuda debería ser la última cosa en el mundo que me causara algún tipo de impresión. Y aun así paso. Contra todo pronóstico, eso me causo impresión. En su momento no supe porque, creo que aún sigo sin saber por qué. Pero ver a Elektra desnuda en ese momento, hizo que se me comprimiera el pecho.

Y de vuelta al mundo real. Justo a tiempo. Volví a verlo a él, terminando de fumar un cigarrillo. Lo siguiente que vi fueron mis armas cerca suyo, casi todas. Eso explicaba la repentina sensación de pérdida de peso en la espalda y el pecho. Estaba desarmado, pero no importaba, no hacia diferencia y él lo sabía, no mientras todavía tuviese dos manos. Pero aun así, era una desventaja táctica importante que ahora él tuviese acceso a poder de fuego y yo no. No importaba. O al menos, dejo de importar cuando le vi terminar su primera frase. Era prácticamente imperceptible, pero allí estaba; como dije antes, me entrenaron para notar detalles. Cansancio. Perdida de energía. Minúscula, pero allí estaba. Como si tuviese menos ánimos en un momento. Ese era un dato, me faltaba analizar el segundo. Los juegos mentales, el escenario improvisado. Todo eso paso en mi mente, pero a juzgar por la situación actual, diría que desde su punto de vista. Reviví sus recuerdos, un juego mental…telepata. Tenía que ser un telepata, era la única explicación. Dios como deseaba un casco de vibranium. Sumando los dos factores: el hecho de que tuviese menos energía en ese momento que antes, y el hecho de que era la primera vez que utilizaba así sus poderes, pude obtener una conclusión lógica rápida: el uso de sus poderes lo cansaba. Posiblemente más o menos dependiendo de cómo los usara o durante cuánto tiempo. Si eso era cierto, entonces la reconstrucción del escenario y la parálisis corporal debían ser bastante complejos. No era una hipótesis sólida, pero era lo que tenía. Si lograba hacerlo usar su poder lo suficiente, se cansaría, esa era mi mejor oportunidad. Hasta que encontrara una forma de hacerlo, había que seguir con la charla.

-Si eso fuese cierto entonces para que armar todo esto? Para que perder tiempo con esto en ver de tenerla preparada para que me la lleve? – La furia me invadió rápido, antes de darme cuenta de lo que estaba pasando en realidad. La controle rápido, al punto que ni siquiera fue un exabrupto. Mi rostro volvió a ser el mismo de antes, y con toda la calma del mundo, le hable. Incluso se podría decir que fue una calma escalofriante, dada la naturalidad y casi alegría con la que decía todo.- Ah, Casi se me olvida. Cuando esto termine, muera Elektra o no, te voy a desollar vivo.- Le dije sin miramientos; algo completamente cotidiano. No hubo elevación del todo, ni cambio de actitud, no hubo movimientos del cuerpo. Lo dije del mismo modo que cualquier otro diría algo tan simple como “nos vemos el martes”.-….luego te prenderé fuego, y te cortare las pelotas con una sierra oxidada. Después voy a improvisar.- Todo con el mismo tono. Cero emoción, prácticamente indistinguible, pura rutina. Algo completamente naturalizado.

-En realidad pensé que tendrías matones. La gente como tú suele tener matones.- Acote, ante su comentario.- No negare que en parte estaba preocupado luchar contra ti. Alguien capaz de dominar a una de las personas las peligrosas del mundo, definitivamente es un enemigo preocupante. Supuse que necesitaría poder de fuego.- Mi gesto cambio poco después, como a uno de disgusto, y en parte decepción.- Imagínate mi sorpresa cuando descubrí que eras tú: otro loquito del montón con pinta de niño bonito que no vale ni el precio de una bala 9mm. Que desperdicio. De haberlo sabido antes, hubiese venido solo con una pistola, por los matones claro.
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MensajeTema: Re: Expiación [Cédric, Jonathan Smith] (17-03-2017)   

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Expiación [Cédric, Jonathan Smith] (17-03-2017)
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