Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 El regreso de los Alfas. [Penguin]

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Rebecca Logan
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MensajeTema: El regreso de los Alfas. [Penguin]   22nd Mayo 2017, 19:09

[22 de Febrero del 2019]

Recuperarse de todo aquello estaba suponiendo más de lo que le gustaría admitir. Habían sucedido demasiadas cosas como para que no le hicieran mella, y como Sheriff, no podía permitirse no estar a pleno rendimiento. Mientras más y más horrores pasaban a su alrededor, su rancho había amenazado con desmadrarse, a pesar de que había contado con hombres capaces, la mayoría de los compradores preferían hablar con ella en persona, y muchas transacciones se habían detenido para esperarla. La sensación de que a causa del “bien común” había estado delegando demasiado, y perjudicando el buen rendimiento de su rancho la hacía estar irascible consigo misma. No podía permitirse que distracciones constantes amenazaran con hacerle olvidar todo por lo que había luchado. Todo lo que suponía esencial en la vida del Sheriff. Tendría que tomar una determinación.

Le había costado algo más de medio año todo el proceso de aceptar lo que Fauna había hecho. Asumir de verdad que había criaturas mas allá del entendimiento, cuya moralidad, opinión, sentimientos y sensaciones distaban tanto de la suya que tratar de hacerles entrar en razón no era una opción. Admitir que algunas criaturas tienen una naturaleza destructiva, pero naturaleza al fin y al cabo, no es sencillo cuando eres un agente que imparte ley y justicia. Menos aún cuando van envueltas en un cuerpo que te recuerda al ser humano. Pero a lo largo del tiempo, había concluido con que tenía que decantarse entre dos opciones: Anclarse en sus propias consideraciones de manera equivocada, por cabezonería, o hacer lo que la naturaleza misma le dictaba para sobrevivir. Adaptarse. Y eso implicaba aprender a afrontar y asumir muchas cosas que iban en contra de su entendimiento. Tenía mucho que agradecer a Pamela, a Hellboy, e incluso a Fauna. Sin ellos en su vida, la adaptación de la Sheriff habría resultado imposible.

Pero tras su largo periodo de convivencia con Victoria en su interior, sus emociones se habían desequilibrado y aún trataba de volver a su ser completo. A demostrarse a sí misma quien era. Estaba cansada de rodearse de monstruos y criaturas avernales. Con cuentos y leyendas hechas realidad. Con folclore revivido. Necesitaba recordar que aún quedaba gente normal, capaz de disfrutar de los pequeños placeres, personas que vivían una vida pacífica.

Terminaba de firmar unos cuantos albaranes que había repasado al menos tres veces. La tarea era aburrida, pero era su responsabilidad. Aunque en ese momento, lo único que deseaba la Sheriff era una interrupción. La llegada de algún proveedor, de un vendedor, o quizá algún problema sin importancia, que la obligara a abandonar el tedioso papeleo, pero que le creara la necesidad de continuar con otro tipo de tarea distinta. Cuando el teléfono sonó, dio varios tonos, a causa de que los tres primeros la hicieron dudar de si lo estaría oyendo por puro convencimiento. Descolgó el auricular y se acarición con las yemas del dedo pulgar e índice de la mano derecha los ojos, tratando de reposarlos de tanta letra.

- Yehaaw, forastero. ¿Qué se le ofrece? - preguntó, sonando mas animada. - ¡Por todas las cabelleras cortadas de los Awatuckee! Cuanto tiempo sin oírte, Oswald. - dijo arrojándose sin elegancia sobre el sofá. - ¿Cómo va tu negocio? ¿Se te ofrece algo?- esperó, mientras su sonrisa desaparecía, y su ceño se fruncía levemente. - ¿Qué quieres decir con que hay un problema con los caballos? ¿Acaso están enfermos, o heridos? - dijo inclinándose hacia delante, apoyando el codo en sus rodillas abiertas. - No importa. Voy para allá. Así podrás entrar en detalle. Ve sirviendo el Whisky, Oswald. Estaré allí mas rápido que el viento. - dijo antes de colgar. Se levantó del sofá con rapidez, agarró el Walkie de la base, y chasqueó al presionar el botón del aparato. - Alan, ¿me recibes, cambio?- esperó la respuesta del hombre al otro lado. - Ensillad a Polina ahora mismo. Tengo trabajo. Cambio y cierro.- finalizó, asertiva, posando de nuevo el Walkie en la base. Agarró las pistoleras de las caderas, y también las dos de la pechera, que colocó bajo el chaleco. Ató a su cadera izquierda el látigo, pero esta vez, en la derecha, enlazó una fusta al cinturón. Cogió su trenza de nuevo, ahora mucho mas corta que antes, para asegurarse de que no le molestaría al cabalgar, y caló el sombrero sobre su cabeza. Fuera lo que fuera lo que sucedía con los caballos, lo solucionarían.

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MensajeTema: Re: El regreso de los Alfas. [Penguin]   4th Junio 2017, 20:43

La vida en Gotham era una mierda. Sí, los negocios eran interesantes, y había lujo por doquier si sabías dónde encontrarlo, se podía llegar a vivir muy bien... pero siempre preocupado. Problemas, problemas y más malditos problemas. Hacía días que había mandado a algunos de sus hombres para averigüar qué demonios estaba ocurriendo en el hipódromo, y no supieron qué decirle. Los caballos que le proporcionaba la Sheriff seguían siendo los más formidables del mercado, eran campeones natos, pero ya no movían tanto dinero... Algo estaba alejando a la clase alta de Gotham del refinado mundo de la competición hípica, y estaba decidido a averiguar por qué.

Finalmente, en una amistosa charla hacía un par de noches con uno de sus habituales, Guy Rendford, hombre de negocios respetables, pero que gustaba de derrochar su dinero aparentando con celebraciones y juegos de azar a lo grande, supo al fin qué era lo que estaba pasando ante sus narices sin que se diera cuenta.

- Ozzy, Ozzy, este local es un encanto, siempre te lo diré, pero deberías echar un ojo a tus otros negocios. Ahora hay un tipo que organiza competiciones de algún tipo en un ostentoso local en la zona norte. No sé de qué va, pero todos andan entusiasmados apostando entre esas cuatro paredes. Estoy deseando poner un pie allí, pero oh... no me malinterpretes. La grandeza de la hípica, su glamour, es eterno, pero creo que los jugadores por naturaleza se sienten atraídos por... lo discreto. Ya sabes, lo prohibido siempre es tentador, sentirte un chico malo bajo tu camisa Bodoni, como un auténtico mafioso durante la ley seca, jajaja, esa clase de cosas.

Siempre había pensado que Rendford acabaría en el fondo de los canales de Gotham si volvía a llamarle "Ozzy" pero por esa vez, iba a dejarlo pasar. Él con sus cotilleos había resultado más útil que sus muchachos husmeando cuadras. Sin embargo, le disgustaba la idea de que sus clientes se hubiesen callado así, que de un modo casi pactado, nadie hubiera sido capaz de hacer lo que Guy había hecho. Secretos, mentiras... Esas cosas sólo suceden cuando alguien cree que las necesitas, y eso suele ser cuando creen que eres débil para aceptar la verdad. O cuando temen que la aceptes...

Aquélla panda de gusanos bien vestidos habían decidido que la hípica no era interesante, que estaba pasada de moda. Querían algo más exótico. Cuán vulgares podían revelarse con el tiempo, despreciando un hermoso arte como era la doma y los cuidados de un equino, toda la historia común del hombre y tan magnífico animal a su lado. ¿Qué sería? ¿Boxeo? ¿Artes marciales? ¿Batallas a muerte?... todo músculo y violencia, y nada de arte... Seguro que la Sheriff entendería como él lo patético que era aquéllo.

Al pensar en la vaquera, creyó que este asunto también sería de su incumbencia. No sabía qué le había ocurrido, pero la rutina en su rancho estuvo un buen tiempo alterada. Luego, poco a poco regresó a la normalidad. Tal vez pudiera preguntarle por eso en cuanto se reunieran, por ahora, sólo quería concertar la cita por teléfono y plantearle la situación.

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Esperó en su despacho pacientemente hasta oír el golpeteo de los cascos en la acera. Ya no le sorprendían esa clase de cosas, producto del trato con la extraña mujer. Le había pedido que sirviera Whisky, y eso hizo. Buscó el mejor que tuvieran y lo mandó subir. Si esa muchacha había pasado por una mala racha, qué menos que ofrecerle lo mejor antes del encontronazo con más malas noticias. Acababa de echar el último cubo de hielo en los vasos cuando ella apareció bajo el umbral de la puerta, deslumbrante y hermosa, como siempre, pero cambiada... Había algo distinto en su mirada. No recordaba haber visto el cansancio en sus ojos ni siquiera cuando su padre la atormentó por días para que acudiese a su boda.

- Saludos, vaquera. Todo un placer verte de nuevo... Toma asiento, por favor -Se acomodó en su sillón y esperó a que ella hiciera lo propio antes de proseguir- No tengo nada bueno que contar, pero para tu suerte, es peor asunto para mí que para tí. Hay un nuevo sheriff en la ciudad. Alguien ha montado un tinglado en la zona norte y está encandilando a todos nuestros clientes, las apuestas han bajado en un 60% y va en aumento, lo cual afecta directamente a nuestras ganancias, y la reputación de tus animales... No sé de qué trata, pero tal vez podamos averigüarlo. Mis hombres podrían infiltrarse y darme lo que quiero, pero mi clientela empieza a dudar de mí, no son capaces de admitir que van a jugar a ese otro local, ¿puedes creerlo? Así que he pensado acudir yo mismo. Un caballero no da la espalda a un buen rival, después de todo. Lo que quiero saber es si quieres implicarte en esto tanto como yo, querida... Al fin y al cabo, tú seguirás obteniendo beneficios de otras fuentes, no sólo de carreras de caballos vive tu rancho, y sé que no has tenido buenos tiempos. Por cierto... ¿Qué ocurrió? No he querido inmiscuirme, sabes que te respeto, socia, pero no pude evitar preocuparme.

Deseó hacer como haría un buen amigo y tomarla de la mano, expresando su apoyo, pero se contuvo. Sorbió lentamente de su vaso, con la mirada fija en la joven. Sabía que mantenerse firme le resultaba mucho más tranquilizador a la Sheriff que esos gestos de ternura. Se preguntaba qué clase de historia oiría...

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MensajeTema: Re: El regreso de los Alfas. [Penguin]   26th Septiembre 2017, 00:10

Lo mucho que se podía añorar el peso del cuerpo sobre la silla de montar se la hacía sorprendente. Sentir las bridas en las manos era algo que podía haber, pero añoraba el peso de las piernas en los estribos, había sido terrible para ella tener que renunciar a eso. Casi mas que verse obligada a renunciar a su movilidad personal. Las piernas le permitían ir donde quisiera, pero perder la capacidad de relacionarse de ese modo íntimo con su montura le había resultado aún mas incapacitante. Como si de pronto hubiese olvidado un idioma que sólo podía pronunciarse a través de sus piernas. Perder la sensibilidad de esa parte del cuerpo, ser incapaz de dominar al caballo con un alegre taloneo en el momento exacto, hacerle girar a sólo un toque de espuela. Había supuesto uno de los mayores puntos de frustración durante ese proceso.

Todo eso lo había recuperado tras el incidente, y no podía sentirse mas aliviada por ello. De hecho, ahora tendía a utilizarlo aún mas. Había retomado la doma clásica, para la que eran esenciales las piernas. Durante la posesión de Victoria se había dedicado a montar, y a ejercer doma vaquera. Ahora estaba del todo centrada en recuperar esa comunicación a la que se había visto obligada a renunciar durante meses. La cabalgada sobre Polina resultó entretenida y divertida. De hecho, durante la parte mas alejada de la ciudad, se dedicó a posar las bridas en el pomo de la silla, y con una sonrisa que pocos habían visto, juvenil, llena de vida y de una emoción que resultaba difícil percibir en general en el rostro de la Sheriff, más pícaro o desafiante, ordenó al caballo utilizando tan sólo las espuelas.

- Al paso. - susurró, cerrando los ojos, y comenzando la marcha. Tras salir del rancho, pasado el primer descenso, apuró al caballo, con dos suaves toques. - Trote. - abrió los ojos, tras esos momentos de confianza absoluta depositada en su montura. Botó sobre la silla aferrada al pomo con una mano, observando el camino que tantas veces había recorrido para formar parte del podrido tránsito camino al corazón mustio de Gotham. - Derecha. Booh. Eso es Polina. - dijo cuando el caballo sintió ese pequeño golpe de espuela para girar, y cabeceó. Desató las bridas, al llegar. Las herraduras del animal estaban preparadas para el asfalto. - ¡Arre!- dijo en cuanto se aferró a las bridas, levantándose ligeramente de la silla. La yegua relinchó y aceleró, arrancando el maravilloso sonido que solo los cascos de los caballos son capaces de arrancar del suelo, a marcha apresurada, directa al lugar de reunión predilecto de su socio.

Aún recordaba la primera vez que había acudido allí. Ahora sus recibimientos eran muy distintos. El hombre apostado en la puerta alzó las cejas al verla llegar. Dijo algo por el pinganillo y luego se acercó al lugar en el que estaba la vaquera. Mientras desmontaba, se retiró las gafas de sol.

-Bienvenida, Sheriff. - saludó cordial, tendiéndole una mano que ella estrechó vigorosamente.

- ¡Hola, Clay! Mira, te he traído algo. - dijo, recordando en ese momento lo que contenía una de sus alforjas. Metió la mano enguantada ahí y sacó de su interior una pequeña bolsa de cuero que contenía en su interior varias corbatas tejanas.- Directas del grandioso Texas. Este año convenceré al jefe para celebrar el cuatro de julio. - el hombre sonrió, mientras recogía las bridas del caballo, y lo hacía pasar hacia el callejón, donde le esperaba un cubo con agua. Los chicos del Ice club se habían vuelto de lo más considerados. Seguro que su jefe había tenido algo que ver en ello, y ninguno había vuelto a atreverse a comentar nada respecto a la extravagante vaquera que visitaba el club de vez en cuando. Por la cuenta que les traía.

Su silueta atravesó la puerta. A pesar de lo vigoroso de su entrada, no pasó desapercibido el tremendo cansancio al que se había visto sometida durante todo ese terrible periodo que había supuesto para ella la confrontación de los Jinetes. Y eso que todavía no había acabado todo. Trató de eliminar esos pensamientos de su mente. Esa noche estaba centrada en los asuntos mundanos.

- Yehaaw, compañero. - en un alarde de confianza, se inclinó y estrechó durante un momento a Oswald entre los brazos, dándole dos potentes palmadas en su amplia espalda, antes de levantarse y caminar hacia el sillón que le ofrecía su socio. Sus caderas habían recuperado el juego de contoneos que Victoria le había arrebatado. De un modo, si cabía, aún mas descarado que el que tenía antes de la posesión.

Oswald podría percibir un cambio sutil en su vestimenta, en cuanto la vaquera se deshizo de la larga gabardina negra que la cubría, metiendo los guantes en los bolsillos y apoyándola en el respaldo del sillón sin preocupación. Si bien tenía ademanes country y vaqueros, tan constantes en la Sheriff, había un toque de modernidad en sus prendas que se veía en pocas ocasiones. Por primera vez, la comodidad y la precisión histórica parecían no haber sido sus prioridades al elegir el conjunto. Llevaba una camisa vaquera sobre el chaleco de cuero negro que enfundaba sus pistolas, y en su interior un extraño fajín negro que casi podría llamarse corsé, por el modo en que se ceñía a su figura. Los pantalones vaqueros eran lo bastante estrechos como para que Oswald no necesitara imaginar la silueta que solía permanecer escondida bajo las chaparreras que hoy no llevaba. El cuero negro era recurrente en las botas, el cinturón de hebilla de metal con la forma del estado de Texas, y el sombrero que culminaba el conjunto. Quizá lo más sorprendente de todo fuese que ese día había decidido ponerse un anillo en el dedo central de la mano derecha. Se sentó en el sillón y colocó una de las piernas sobre el reposabrazos, en actitud relajada. A pesar del cansancio presente en su expresión, detecto una extraña efervescencia en ella, que no había percibido antes.

- Un nuevo Sheriff en la ciudad. - elevó la barbilla, haciendo que desapareciera la sombra que el sombrero producía en sus ojos, a causa de la luz de sobremesa. - No me gusta como suena eso, vaquero. - dijo, irguiéndose y apoyando los cojos uno en cada rodilla, dejando colgar las manos entre sus piernas. Escuchó con atención las malas noticias que le transmitía su socio. Las ganancias se verían seriamente afectadas, pero una pérdida del 60% era lo bastante atronador como para que se considerara la supervivencia del hipódromo. Incluso aunque ese dinero se moviera en negro, acababa repercutiendo al mercado completo de la ciudad, por no decir de las altas esferas y sus fraudulentos métodos para blanquear dinero. Que todo eso estuviese moviéndose hacia otro mercado planteaba más problemas que la reputación de sus caballos, o las pérdidas que sufría pingüino. Aquello no sólo era malo, era atípico. Y bien es sabido que cuando en Gotham algo es atípico, quiere decir que lo que sea que hay detrás de esa anomalía es indudablemente peor que lo que se hace por norma en sus rincones mas oscuros. Teniendo en cuenta que esa dichosa ciudad se consideraba la capital del crimen, Oswald había hecho bien en ponerla al corriente. ¿Quién mejor para investigar ese asunto que la Sheriff?

- No debes decírmelo dos veces, Oswald. Sabes que para mi, esto es un deber. Estoy en el caso. - dijo alargando la mano hacia su copa, y bebiendo un suave trago, relamiéndose después, disfrutando del ardor que el alcohol le producía en la garganta. Cuando comentó su ausencia, arrugó la nariz con hastío, mirando a su vaso. - Si te lo contara, camarada, me mandarías derechita a Arkham. - dijo elevando el rostro hacia él, mirándolo bajo la sombra del sombrero, recobrando una sonrisa desafiante. - Quizá con otro whisky, cuando acabemos con esto. - dijo levantándose. Retiró el sombrero hacia atrás, sujeto con las cintas a su cuello, y se retiró un pequeño mechón revoltoso tras la oreja, caminando de nuevo hacia el lado de Oswald, sentándose en la mesa, como tenía costumbre. No aguantaba mucho en ese sillón que sólo tenía el propósito de colocar al pingüino en una posición de poder. Prefería estar a su lado, para tratar sus asuntos.

- ¿Tienes alguna sospecha de lo que puede ser?- preguntó, mirando a Oswald, mientras introducía el dedo índice en la copa, meneaba los hielos. - ¿Algo ilegal? Conociendo a esos enfermos morbosos, sin duda tendrá que ver con sangre. Podrían ser peleas ilegales. ¿Valetudo, tal vez? O puede que se reúnan para matar vagabundos con sus propias manos. El tráfico de seres humanos está a la orden del día. ¿Crees que podrían llegar a eso? Tu conoces lo ilimitado de sus vicios y su decadencia mejor que yo. - reconoció, sacando el dedo del vaso, introduciéndolo entre sus labios, lamiendo el Whisky, y dando un segundo trago a su copa bien mezclada.

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MensajeTema: Re: El regreso de los Alfas. [Penguin]   23rd Diciembre 2017, 03:00

Sonrió ante la cantidad de variables propuestas por la sheriff. Con el tiempo se había convencido de que esa mujer no era una vulgar campesina sin cultura, si no más bien todo lo contrario. Su mente era despierta y ágil, pero analizaba las cosas desde la perspectiva relajada de una vida campestre. Le fascinaba... Era una combinación realmente extravagante, pero eficiente.

- Sea lo que sea, vamos a averiguarlo pronto. Sé que detestas la etiqueta, pero... tal vez debas arreglarte un poco para acudir allí. Si es cierto que se reúne el alto copete que a nosotros nos falla, será mejor que parezca que queremos formar parte de su juego y no que estamos tratando de envenenar el abrevadero- Aquéllos símiles ya le salían solos al hablar con la muchacha. Sabía que funcionaban, y de hecho, por influencia de la misma muchas veces se quedaba viendo los western que encontraba por casualidad en la televisión, simplemente por que le hacía gracia asociarlos a la ranchera. Había descubierto con ello un puñado de grandes clásicos que añadir a su colección privada de películas. Nunca te ibas a dormir sin aprender algo más- Daremos con el lugar, entraremos, participaremos de las actividades de ocio que ofrezca, y cuando conozcamos el terreno... Será el momento de trazar un verdadero plan.

Su voz sonó siniestra. Penguin no solía tener competencia. No por mucho tiempo. Quien fuese el que se había arriesgado a meterse en su territorio era un ignorante, un arrogante o quizás un idiota con muchas ínfulas y aspiraciones fuera de su alcance. Quizá fuese las tres cosas, y en ese caso, su fin era algo asegurado. Oswald no malgastaba su paciencia con esa clase de elementos.

Por otra parte, el misterio de la desaparición de Logan le inquietaba. Estaba aparentemente bien... pero cambiada. Esperaba poder oír esa historia pronto. Y ejecutar a quien fuese necesario.

- Respecto a ese relato con Whiskey al final de nuestro cometido... Dalo por hecho, socia.

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MensajeTema: Re: El regreso de los Alfas. [Penguin]   31st Enero 2018, 21:18

La vaquera arrugó la nariz. El pingüino la había visto arreglada tal cual estaba acostumbrado por su circulo y posición social en una ocasión, y desde luego, no fué del gusto de ninguno de los dos, al menos en principio. Aquella treta que su padre había organizado para robarle la ropa, sabiendo como sabía que ella era incapaz de permanecer desnuda, había sido un chantaje en toda regla. No había quedado mas opción que darle el gusto de verla vestida con un precioso vestido, que ignoraba por completo que se trataba nada mas y nada menos que de un traje de alta costura francesa. Para ella ninguna de esas cosas tenía el mas mínimo valor.

- Detesto toda esa pantomima, Oswald. Ya lo sabes. - suspiró, retirándose un mechón de pelo de la cara con hastío, y aguardó unos segundos hasta que volvió a mirar al magnate. - Tendrá que cumplir las dos condiciones. Como mínimo tengo que llevar las pistoleras en los muslos, y  no pienso cambiarme las botas. - esclareció.

Para ella todo eso no sólo era irrelevante. Era, además, total y absolutamente tedioso. Por otro lado, Oswald conocía bastante mejor esos círculos en la actualidad, ya que ella había perdido el contacto con ellos después de salir de Arkham. Sabía de la profunda decadencia en la que se revolcaban esos miserables, pero salvo que se tratara de una ocasión excepcional, como la boda de su padre o alguna reunión que acabara resultando en algún negocio provechoso, era imposible que contaran con ella para ese tipo de fiestas. En cierto modo tenía la certeza de que las ocasiones en que eso sucedía tenían mucho mas que ver con la actual posición de su padre en la ciudad, que por los negocios o conocidos que ella pudiera tener.

Si se lo planteaba, seguramente el hombre con mas clase que había conocido perteneciente a esas esferas podridas se trataba de Oswald. Él había resultado la aguja del pajar.

- ¿Tienes alguna cosa que se ajuste a eso?- preguntó, sacando la billetera de la parte trasera y comprobando que llevaba una cantidad escandalosa de dinero en efectivo. Llevar eso en la cartera era llamar a la desgracia en una ciudad como esa. Era un imán para los carroñeros de poca monta. Pero daba la casualidad de que en esos sitios, donde lo que más movía billetes era las apuestas, si no participabas de la emoción de arrasar con tu capital no solías tener muchos aliados. Por no decir que es la mejor forma de conseguir información con un chasquido de dedos. El Sheriff se terminó la copa de un sólo trago. Le calentó cada uno de los huesos, antes de dejar el vaso sobre la mesa. Se secó los labios con la manga de la camisa.- Por curiosidad Oswald. ¿Cómo haces para enterarte siempre de todas estas cosas? - preguntó asomándose un poco, para poder ver con claridad la cara del pingüino. - ¿Cuantos de esos loritos charlatanes tienes ahí fuera?- sonrió, con un ademán juvenil. Sabía que era un hombre muy influyente, pero jamás había llegado a preguntarle a él en persona en qué grado... y quería satisfacer su curiosidad.

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