Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Luz, fuego... ¿destrucción? (Kim Hawke) [18-01-2019]

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Eclipse
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MensajeTema: Luz, fuego... ¿destrucción? (Kim Hawke) [18-01-2019]   25th Mayo 2017, 01:06

Había un acuerdo tácito, a veces verbalizado, a veces simplemente inferido, en la manera en la que los superhéroes se distribuían las partes de una ciudad. Gotham pertenecía a Batman y a la Batfamilia, Metrópolis a Superman; Hellskitchen era el coto de caza de Daredevil y Spiderman se columpiaba entre los altos rascacielos de la Gran Manzana. Y el Bronx, el distrito más marginado y olvidado de Nueva York, era su territorio. A decir verdad, Drago nunca había entendido la gran cantidad de Superhéroes que se disputaban la zona de Manhattan habiendo lugares como aquél, tan llenos de gente necesitada y desamparada. Lugares donde no llegaba la luz. Y era por eso que él lo había escogido como su lugar de residencia, porque cuanto más oscuro era un lugar, más podía brillar la luz.

Y era por eso que se encontraba golpeando en la puerta de Abran y Earlene Sánchez aquella tarde de viernes. La puerta se abrió, y el mutante mostró ante el compungido latino la placa inexistente que completaba su ilusión de detective de la policía.

- Detective Noah Bradley -se presentó, con un nombre tan falso como el aspecto del afroamericano alto y fornido con el que se cubría-. Vengo a hacerles algunas preguntas sobre el secuestro de su hijo.

La mujer, que se había acercado a ver quien era, palideció hasta adquirir un aspecto lívido y enfermizo. Su marido tuvo que cogerla de los brazos cuando se derrumbó y empezó a llorar angustiosamente. Rápidamente otra mujer, cuyo parecido con la primera la revelaba como su hermana o alguna otra familiar directa, la recogió y se la llevó pasillo adentro, aunque Drago aún podía escuchar su llanto compulsivo y desgarrado.

- ¿Qué es lo que quiere saber? -preguntó el hombre con nerviosismo y obvia preocupación por su esposa-. Ya interpusimos la denuncia en la comisaría. ¿Se sabe algo nuevo?

- Lamento mucho la terrible situación en la que se encuentran, pero para poder enfocar la investigación voy a tener que pedirles más detalles de lo ocurrido.

El hombre se pasó la mano por el pelo con ansiedad y le invitó a pasar y a sentarse en un pequeño salón de apariencia humilde. Eclipse notó que le temblaban las manos.

- Siéntese, y disculpe a mi esposa... Está destrozada. Los dos lo estamos. Saber que tu hijo está muerto es terrible, pero ésto... que te lo quiten de las manos y se lo lleven sin saber a dónde o... qué piensan hacer con él...

¿Para qué querría alguien a un niño de 21 meses? Por desgracia, Drago se hacía una idea bastante gráfica. En el mejor de los casos se trataría de una red ilegal de adopción de menores para padres ricos que querían saltarse los trámites oficiales; en el peor... estaríamos hablando de tráfico de órganos para salvar a los hijos de los que pudieran pagarlo a costa de las vidas de los más pobres y desfavorecidos, y había alternativas incluso peores que hacían que un velo rojo empezara a empañar su visión, llenándole de ira. ¿Quién podía ser capaz de hacer daño a un niño? No... mejor no pensarlo.

- Señor Sánchez... Sé lo duro que debe de ser ésto para su esposa y usted, pero necesito... necesito que trate de revivir la escena y que me cuente paso por paso todo cuanto ocurrió, con todos los detalles que sea capaz de evocar -dijo mientras sacaba un bolígrafo y un bloc de notas-. Por favor, no se salte nada. Cualquier particularidad en apariencia trivial podría conducirnos hasta su pequeño.

- Está bien, está bien... -el hombre juntó las manos y se las llevó a la frente, tratando de rememorar lo sucedido-. Eran las once de la noche. Mi mujer y yo volvíamos de una fiesta en casa de unos amigos. De repente,  una furgoneta blanca grande se detuvo cortándonos el paso y de ella bajaron un hombre y una mujer. La mujer desató al niño del carrito mientras el hombre nos amenazaba con una pistola. Dentro del coche había dos personas más, un hombre y otra mujer. Cogieron a Jairo y se marcharon.

- ¿Pudieron ver la matrícula de la furgoneta? -inquirió Drago apuntándolo todo.

- No, yo... -el hombre parecía realmente angustiado-. Era de noche, estábamos asustados... No... no pude...

- Está bien, ¿recuerda algún otro detalle? ¿Algo relevante que pudiera servir para identificar tanto el vehículo como a los secuestradores?

- Sí... sí -respondió después de pensar un momento-. La furgoneta tenía los cristales traseros tintados. Tanto el hombre como la mujer tenían complexión grande, fuerte. La mujer llevaba un pañuelo marrón en el pelo y tendría unos 40 años.

- ¿Árabes?

- No... no sé... No creo. A pesar del pañuelo pudimos ver que era pelirroja, con el pelo rizado, y los que estaban dentro de la furgoneta les gritaron algo que sonaba como a rumano, o búlgaro. La otra mujer parecía mayor, quizá en torno a los cincuenta. Ah, y el hombre de la pistola tenía un diente de oro.

- Perfecto. ¿Tiene alguna idea del modelo de la furgoneta?

- No. No, no pude fijarme. Estábamos sorprendidos, en shock... -trató de justificarse-. Era grande y blanca, es todo cuanto le puedo decir.

- Está bien, se lo agradezco -dijo poniéndose en pie-. Si recuerdan cualquier otra cosa, por mínima que sea, llamadme a éste número de teléfono -tras anotar un número en una de las hojas del bloc, lo arrancó y se lo tendió al hombre-. Vamos a hacer todo lo posible por recuperar a su hijo.

- Gracias, detective, muchas gracias.... ¿Se sabe algo ya?

- No mucho, pero estamos haciendo progresos -mintió.

24 horas antes del asalto que habían sufrido los Sánchez, otra mujer que caminaba de noche junto a su hijo, éste de 20 meses, había sufrido otro intento de secuestro, sólo que en ésa ocasión la madre había sido capaz de reaccionar a tiempo pegando una patada al cochecito y agarrando a su hijo por la cintura mientras gritaba pidiendo auxilio. Ante el escándalo, los secuestradores habían optado por marcharse, pero eso no podía decírselo al atribulado padre que tenía ante sí. Ya se sentía bastante mal como para hacerle sentir aún peor. Seguramente por eso en el segundo asalto se había bajado también un hombre armado, para asegurar que no volvía a ocurrir lo mismo de la noche anterior.

Dos intentos en 48 horas, los dos a niños de edades similares, uno fallido y otro exitoso. La única conclusión que Eclipse extraía de ello (por el momento) era que no debían ser profesionales, ya que desde luego no habían operado nunca antes en su zona. Si había algo que Dragoslav Katich no perdonaba eran los atentados que tenían como víctimas a los niños; si alguien se hubiera atrevido a hacer algo así en su territorio antes, se habría asegurado de mandar un mensaje muy claro para que nadie lo volviera a intentar nunca jamás. Le había prometido a Xavier que no volvería a matar... pero se podían transmitir mensajes meridianamente claros sin tener que llegar a esos extremos... aunque era posible que los bastardos lo prefirieran una vez hubiera acabado con ellos.

Suerte que la ilusión ocultó la llama carmesí que se encendió con furia en sus ojos cuando se dio la vuelta para marcharse.

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Kim HwaJae
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MensajeTema: Re: Luz, fuego... ¿destrucción? (Kim Hawke) [18-01-2019]   29th Mayo 2017, 14:19

Llevaba llorando desde ayer por la noche. No todo el rato, claro, o me habría muerto de deshidratación, pero si en cuanto me descuidaba, y volvía a pensar en lo que había pasado. ¿Me creeríais si os dijera que literalmente no tengo ningún recuerdo de lo que he hecho en todo el día? Por que así es. Sólo recuerdo aquella pequeña llama encima del pastel de chocolate mas sabroso que he comido en mi vida, y la suave palma de Abe a mi espalda. Sentir por tan sólo un momento que todo esta bien. Que podía volver a estarlo...

Me desperté desorientada, siempre que dormía bajo techo me pasaba. Abe se asomó a través de la puerta, y con un suave gesto me indicó que lo siguiera. Me llevó a las duchas, donde recibí una revitalizante dosis de "vida normal", y para mi sorpresa, un regalo. Abe me alargó el paquete, envuelto en estraza marrón.

- No es muy bonito, pero no he tenido mucho tiempo. - dijo, ladeando la cabeza, con esa expresión pacífica tan distinta a la de Hellboy.

Destrocé el papel, presa de la ansiedad, y abrí su contenido. Me quedé mirando la sudadera, y esa expresión tonta que me devolvía con una sonrisa y los ojos enormes.

- Se que no es muy...- aquello sonaba a disculpa.

- Me encanta. - le corté, mirándole. Él me devolvió una expresión sorprendida. - De verdad. Muchas gracias. - añadí, abrazándola contra mí, antes de ponérmela. Me despedí de él tras el desayuno, a la puerta del complejo. Dos agentes que tenían una misión de investigación me dejaron de camino, en el centro. Cuando me bajé del coche, y vi que se perdían de mi vista, me vi reflejada en los cristales del edificio de enfrente... y comencé a llorar.

Ahora estaba muy lejos del centro. Estaba en el barrio que se consideraba mas peligroso, lleno de inmigrantes, y con mas disturbios de toda la ciudad. El bronx. Había peleas raciales, bandas, trafico de drogas. Como en toda la ciudad, solo que aquí se hablaba de ello. Me dolían los pies horrores, seguramente porque llevaba todo el día patinando, pero no podía estar segura. Ya no lo estaba de nada.

Me senté en un bordillo durante media hora y me limpié los ojos en una manga empapada de lo que supuse que serían lágrimas. Como lo odiaba. Quería creer que tenía razón, que era lo correcto. Pero a lo mejor solo era lo mas fácil. No. no. Ya había tomado una decisión. Lo aceptaría, como fuera. Tenía que intentarlo. Quería volver a sentirme así, como me había sentido anoche, cada día. Aunque sólo fuera un momento, cada día. Si fuese así, podría con ello. Pero sabía que por mas que intentara engañarme, por más que intentara mantenerme al margen, buscaba lo mismo de manera incansable. Algo que nunca me concedía del todo. No era que no pudiera ser feliz, o que las pequeñas cosas no ayudaran. Pero al final, nunca se trataba de agua caliente, o cobijo, o comida. Se trataba, siempre, de las manos que me la ofrecían. De las palmadas en la espalda, que me hacían sentir reconfortada, y de ese instante de contacto, por pequeño que fuera, que volvía a hacerme sentir como un ser humano con valía, aunque ya no tuviera pasado, ni familia, ni siquiera nombre.

Porque por mucho que insista en ver el mundo como un lugar hostil, siempre queda gente amable. Siempre quedan corazones de oro. Y ellos eran los culpables de que aún quedara un atisbo de esperanza en mi. El atisbo de esperanza que me impedía morir por dentro, y que a la vez, me hacía sucumbir a una terrible infelicidad, cuyo origen era la necesidad de volver a tener a alguien... alguien que volviera a mirarme como mi madre lo hacía.

Me senté en el portal destartalado, mientras las lágrimas caían de mis ojos rojos e hinchados, mientras mi rostro adorable se deformaba en una mascara de dolor, para después hundirse en mis brazos, que rodeaban mis rodillas. Por primera vez en mucho tiempo, lloré sin preocuparme por nada. En otras ocasiones, no me lo habría permitido. No sabría decir el tiempo que hacía que no lloraba así. Porque ÉL podía aparecer en cualquier momento, y de algún modo, veía placer en su rostro cada vez que le daba la satisfacción de mis lágrimas. Así que hacía mucho tiempo que había intentado negárselas. Pero estas no eran para él. Eran para mi.

Creo que hasta llegué a dormirme. Levanté la cabeza de nuevo, mirando el sol, mucho mas bajo. Pronto anochecería. Me sequé los ojos, que me escocían horrores, y no parecían enfocar muy bien. Me levanté, con un terrible dolor de espalda, a causa de la postura. Me estiré y sacudí, y volví a ver esa tonta expresión de mi sudadera, dibujando una media sonrisa que se desvaneció de mi rostro, humedeciendo mis ojos de nuevo. Basta. basta ya, Kim.

Me abroché bien los patines, y comencé a pasear por la calle. Lo bueno de no pertenecer a ningún sitio es que siempre que avanzas vas a algún lugar. Estaba distraída. Lo bastante para no darme cuenta de que la furgoneta blanca de cristales tintados avanzaba hacia mi, deteniéndose unos metros por delante y abriendo sus puertas traseras. Miraba las puntas de los patines, quizá pocos centímetros mas allá. Así que cuando de pronto dos figuras se interpusieron delante de mi levanté la cabeza y clavé el freno delantero, tratando de no chocar con ellos. Pero al levantar la vista, vi que no me estaba cruzando con ellos, si no que venían directos a por mi. La confusión me hizo presa, de tal modo que cuando me cogieron de los brazos ya no tuve tiempo de hacer nada que me ayudara a huir de ellos. Eran dos adultos contra mi.

- ¡¿Que?!- les miré en pánico, para luego gritar de un modo totalmente instintivo, cuando vi que me levantaban. - ¡¡¡AAAAAAAH!!!- grité lo mas fuerte que pude, pero a parte de un respingo, mantuvieron la calma y me arrastraron entre retorcimientos, intentos de patada y mordiscos, hacia la furgoneta. - ¡¡¡SOCORRO, SOCORRO POR FAVOOOOOOOOR!!!- miraba alrededor, pero ni siquiera sabía si había nadie. Me metieron en la parte de atrás de un empujón, haciéndome caer al suelo y cerraron la puerta de un golpe. Yo me quedé allí mirando la puerta, en shock. Sin entender absolutamente nada de lo que acababa de pasar, con las rodillas clavadas en el incómodo suelo del furgón, y la expresión desencajada.

¿qué era todo eso? ¿QUE ESTABA PASANDO?

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A TOMAR POR CULO YA CON LA PUTA FIRMA DE LOS COJONES.

Quien quiera ver la puta canción de mierda que quería poner, es esta: https://www.youtube.com/watch?v=1-xGerv5FOk
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MensajeTema: Re: Luz, fuego... ¿destrucción? (Kim Hawke) [18-01-2019]   7th Junio 2017, 00:42

Una niña deambulando sola en uno de los barrios más peligrosos del Bronx, allí donde ni la policía se atrevía a entrar, era un blanco apetitoso, lo suficiente como para que se arriesgaran a atacar cuando aún no había anochecido.

Lo primero que hizo Drago cuando salió de la casa de los Sánchez fue colocar pequeñas distorsiones en el espectro lumínico a modo de espejos distribuidos de manera estratégica a lo largo de la zona en la que se habían producido los ataques. La luz, al reflejarse de una a otra y regresar a él le hizo las veces de cámara de seguridad con diferentes pantallas simultáneas, de manera que podía tener monitorizadas las áreas de ataque más probables.

Fue gracias a ésto que pudo intervenir a tiempo, pues inicialmente no había esperado un asalto a una hora tan temprana, pero en el momento en el que había visto a Kim patinando sola en aquél barrio le había llamado la atención y se había dirigido hacia las cercanías de donde ella se encontraba por si llegaba a necesitar ayuda. Al fin y al cabo se trataba de un barrio peligroso, con o sin secuestradores, y apenas vivían asiáticos allí, por lo que había altas probabilidades de que fuese extranjera y no supiese en dónde se estaba metiendo.

Así, cuando apareció la furgoneta se encontraba a escasas calles de distancia por delante, por lo que pudo salirle al paso y detenerse en mitad de la carretera, justo en el camino del conductor. Cuando las luces de los faros le deslumbraron, su boca pareció abrirse de manera antinatural y un chorro de oscuridad pura salió proyectado formando las fauces abiertas de una especie de cocodrilo gigante y monstruoso que se abalanzó para engullir el vehículo.

Los secuestradores gritaron con espanto y el conductor pegó un volantazo brusco que provocó que la furgoneta se estampara de lleno contra una farola. En aquél momento Drago no pensaba con claridad, por lo que no se le ocurrió que Kim pudiera sufrir daños con el accidente; La furia le consumía, pues los que eran capaces de hacer daño a los niños suscitaban en él una especie de rabia ciega y visceral que volvía imposible cualquier intento de razonamiento o diálogo. Aquél instinto homicida tenía su origen en el angustioso trauma que había vivido de niño, y aunque no lo recordaba, pues su mente se había ocupado de bloquearlo en su subconsciente, los patrones que activaban la reacción emocional seguían intactos.

Por esa razón, y ya que la manera en la que se manifestaba su poder lumínico se veía influenciado por su estado anímico, el Eclipse que se encaramó al techo de la furgoneta varada distaba mucho del hermoso ángel de luz que Cassandra había llegado a conocer, semejando la criatura de pesadilla que su subconsciente había recreado mediante una ilusión. Aferrándose al techo del vehículo, hizo surgir cuchillas láser de los extremos de sus dedos a modo de garras y las hundió en la carrocería dibujando un cuadrado. Cuando hubo terminado arrancó la plancha metalizada descubriendo el hueco del interior donde se encontraba Kim junto con los demás ocupantes del vehículo, hizo desaparecer las cuchillas, empuñó sus tonfas y saltó al interior.

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Luz, fuego... ¿destrucción? (Kim Hawke) [18-01-2019]
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