Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 La génesis del herrero (Cullen Rutherford) [Edad Media]

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Ahri'ahn

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MensajeTema: La génesis del herrero (Cullen Rutherford) [Edad Media]   27th Mayo 2017, 01:36


Estaba en casa. Al fin, después de tantos milenios, estaba de vuelta en casa... o lo más parecido a Atlantis que podría esperar encontrar.

Cuando estuvo en el período de la Grecia clásica había pensado que por fin la humanidad había conseguido acercarse mínimamente a la libertad y amplitud de pensamiento que habían existido en Atlantis, pero aquél lugar, aquél nuevo mundo, le recordaba a su hogar por diferentes razones;

En primer lugar estaba el ambiente frío de las montañas nevadas que atravesaba a lomos de su fiel corcel orlesiano, pues durante la época de su segundo renacimiento se había visto obligado a detener una glaciación que habría terminado por extinguir toda vida en la tierra. Pero, sobretodo, era la magia. El continente de la Atlántida había sido un punto focal  de energías mágicas desatadas, lo que se conocía como "magia salvaje". Era ésta confluencia de energía mágica desatada lo que había provocado que los Homo Sapiens existentes en la zona evolucionaran hasta convertirse en Homo Magi, seres de naturaleza genuinamente mágica capaces de realizar grandes prodigios, como él. En las entrañas del continente, la roca se había transformado en cristales imbuidos por dicho poder mágico, cristales que la gente de Atlantis utilizaba como fuente de energía para sus fáser, sus barcos, sus aeronaves y, en general, toda clase de maquinaria tecnológica, como si de una suerte de electricidad se tratara.

Él vivía de eso, de ese poder. Desde que se había visto obligado a sacrificar su energía mística al sol para detener la glaciación, había perdido la capacidad para generar magia por sí mismo, viéndose obligado a absorberla de cristales, amuletos y demás objetos de poder místico que pudiera encontrar. Cuando Chaon había hundido la Atlántida en el fondo del mar... Bueno, baste decir que la tarea de encontrar suministros de poder mágico se había vuelto cada vez más complicada, hasta el punto de tener que buscar incluso en dimensiones paralelas y realidades alternativas a la suya.

Y era de ésta manera como había llegado hasta aquél mundo, un mundo que podría recordar vagamente a la Edad Oscura europea, pero sin los prejuicios y la incultura, y, lo más importante: un mundo en el que la magia era prácticamente palpable en cada bocanada de aire vigorizante y frío que tomaba.

La magia estaba por todas partes, podía sentirla, clara como el viento, llenándole de vida y poder. Oh, sí, sin duda aquél era un mundo en el que no le habría importado vivir, un mundo mágico como lo había sido en su día Atlantis, puede que incluso más.

Pero no había realizado un viaje tan costoso a nivel de conjuro únicamente para disfrutar de unas simples vacaciones en un mundo de maravillas; había viajado hasta allí buscando a un hombre, un hombre concreto. Se llamaba Cullen Rutherford, y según los augurios buscadores se trataba del hombre que podía estar necesitando. Cullen Rutherford poseía una rara y valiosa habilidad: era capaz de forjar armas imbuidas de poder mágico. Y eso, para alguien como él, que necesitaba nutrirse de objetos místicos, se trataba de un tesoro invaluable, algo por lo que estaba dispuesto a cruzar dimensiones.  

Así que allí estaba, caracterizado como un noble orlesiano, a lomos de un corcel blanco de patas negras característico de Orlais, cruzando el puente que más allá del vertiginoso abismo, le conduciría hasta el Fuerte Celestial donde vivía el herrero. Una vez ante las puertas de la fortaleza se presentó como el vizconde Arión, de Orlais, que venía solicitando una audiencia con Cullen Rutherford para hacerle un encargo. Los guardias se llevaron su caballo a los establos y le hicieron pasar hacia una suntuosa y acogedora estancia en uno de los salones de piedra del feudo.

En un rincón había un laúd, y en el otro extremo, un par de butacas y un diván. Había velas y una chimenea para caldear el ambiente, así que se quitó la capa azul de invierno y la casaca negra dejando al descubierto unas típicas vestiduras de noble orlesiano: de seda blanca y gris con motivos florales en hilo de oro y un fajín con el Ojo de Ra a modo de broche. El corte de la ropa dejaba el pecho al descubierto, y sobre él podía verse el característico colgante con la gema roja que le vio nacer por segunda vez. Sólo faltaba esperar.

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MensajeTema: Re: La génesis del herrero (Cullen Rutherford) [Edad Media]   19th Junio 2017, 12:48

Se encontraba revisando unos informes sobre una especie de culto que utilizaban magia para sus rituales cuando le interrumpieron que tenía un encargo de un vizconde que se había presentado en persona. Suspiro cansado para ponerse a ordenarlo todo para volver al trabajo cuanto antes ya que aparte de ser herrero seguía siendo el comandante de las fuerzas militares de la inquisición.

¿Os informo de que índole es el trabajo?

No mi señor, El Vizconde Arión de Orlais os lo quiere decir en persona.

El soldado que fue a avisarle de la visita negó con la cabeza y le condujo a la sala de visitas donde el vizconde de orlais, abriéndole la puerta dejando pasar a su Comandante. Cullen lucia su característico abrigo rojo con cuello de cabellera de oso, el cual ocultaba su armadura. Hizo una reverencia antes de sentarse delante del vizconde.

Bienhallado seáis Vizconde Arión de Orlais ¿en qué os puede ayudar este humilde herrero?

La embajadora de la inquisición le habría reñido por ir tan directo al tema sin antes preguntar si se encontraba a gusto o quería algo de comer. Cullen no se le daban muy bien las formas protocolarias ni irse por las ramas, además tenía mucho trabajo que hacer para perderlo hablando del tiempo. Internamente se preguntaba que tipo de encargo le iría a proponer el mismo vizconde en persona, normalmente envían a un mensajero con la petición escrita. El Espíritu que habitaba en el sonrió y le informo que se relajara ya que prometía ser algo muy interesante.

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MensajeTema: Re: La génesis del herrero (Cullen Rutherford) [Edad Media]   19th Junio 2017, 17:26

- Directo al grano, eso me gusta, maese Rutherford -aprobó el vizconde, apartándose de los amplios ventanales para observar al recién llegado-. Estoy bastante hastiado de los rodeos y subterfugios humanos -se sentó en uno de los asientos de respaldo alto y cruzó las piernas. La mirada que se enfocó en el herrero era aguzada y astuta como la de un halcón-. ¿En qué me podéis ayudar? Podríamos decir que, si todo sale bien, nos ayudaremos mutuamente. Tomad asiento, por favor -indicó señalando el otro sillón.

>>Bien. Decidme, maese Rutherford: ¿creéis en el destino? Yo sí; tengo bastante claro que no somos más que simples juguetes para el divertimento de las parcas, diminutas piezas en su gran tablero cósmico. Y ésto lo sé porque a menudo me asaltan visiones del futuro, de acontecimientos que, a pesar de no haber acaecido aún, están ineludiblemente escritos en la pesada losa del tiempo. Hace no mucho tuve ocasión de vislumbrar mi propia muerte; sé perfectamente cómo y cuando sucederá, así como el villano que empuñará la espada de Damocles, y sé que nada de cuanto haga o diga podrá salvarme de ése destino, del que por desgracia aún me separan unos cuantos siglos.

Arión estaba aburrido y asqueado de su inmortalidad. Vivía en una sempiterna y perpetua soledad y melancolía que disfrazaba bajo palabras ácidas y una actitud cínica, pero lo cierto era que ansiaba el momento en el que podría, al fin, reunirse con su familia en el reino de los muertos.

Pero sabía que éste conocimiento no había de reportarle ningún beneficio y que de hecho podía influir en sus futuros pasos y acciones, así que en cuanto regresara a su casa lo primero que haría sería utilizar un conjuro para borrarlo de su memoria. No, el destino era algo inamovible, no se podía cambiar ni evitar, de la misma manera que no se había podido evitar la caída de Atlantis, Camelot, Roma y todas las que las precedieron o sucederían en el futuro, así que... ¿por qué molestarse en luchar contra él?

- Pero os preguntaréis en qué os compete ésto a vos... os lo diré: hace dos noches tuve una visión que me hablaba de la existencia de una organización llamada Shadowpact a la que perteneceré dentro de más de quinientos años. En esa visión me vi a mí mismo hablándoles de las virtudes de un prodigioso herrero de otro mundo capaz de forjar armas mágicas: vos, maese Rutherford. Pero para poder hablarles de vuestras proezas y hazañas dentro de quinientos años primero tenía que conoceros... y estaba bastante seguro de que no os conocía. Así que hice uso de todos los medios mágicos a mi alcance para encontraros y todo se mostró ante mí, meridiano y claro como la seda -hizo un gesto de apertura con las manos y después se inclinó hacia delante, mirando a Cullen con aquella mirada llena de inteligencia y astucia-. Resulta, maese Cullen, que tenéis ante vos a un mago sin magia; muchos milenios atrás me vi obligado a renunciar a ella para salvar al mundo de un gran mal que lo habría llevado a su destrucción... Pero sucede que yo mismo estoy hecho de magia, y esa chispa que arde en mi interior puede ser avivada. Digamos que he perdido la capacidad de generar magia por mis propios medios, pero aún soy capaz de absorberla de objetos y amuletos encantados... y ahí es donde entráis vos, pues, según tengo entendido los espíritus os han otorgado el preciado don de imbuir de magia los objetos que forjáis. ¿Es ésto cierto? Porque, si lo es, entonces estaría dispuesto a contratar sus servicios por un período de tiempo prolongado, y no me importa lo que tuviera que pagar.

>>Veréis, aunque no es cierto que proceda de Orlais, sí que lo son las virtudes de mi título. Soy vizconde, y en el lugar del que procedo poseo vastas tierras, riquezas y posesiones. Podría pagaros lo que me pidiérais, incluso con mis propios servicios como Sumo Mago si los pudiérais necesitar para alguna amenaza. En mi mundo he jurado mantenerme neutral y no intervenir en los asuntos mundanos, pero éso no tiene por qué aplicarse a su mundo, señor Rutherford... Así que, si tuviérais necesidad de ayuda para alguna gesta, no habríais de dudar en pedírmelo... ¿Qué me decís? ¿Quid pro quo?

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MensajeTema: Re: La génesis del herrero (Cullen Rutherford) [Edad Media]   5th Julio 2017, 12:12

Sonrió satisfecho al encontrar a un hombre como el, que nos les gustara perder su tiempo cuando podrían aprovecharlo en cosas útiles. Lo de humanos le descoloco un poco, no parecía ser elfo ni otra raza con rasgos similares a los humanos. Sin rechistar se sentó delante del tal y como le pidió, escuchando atentamente lo que le tenía que decir. Cullen lo escuchaba atentamente pero había momentos que se perdía ¿era un vidente capaz de predecir el futuro con tanta claridad? Si ese era su poder le vendría muy bien a la Inquisición, tener buenos aliados es esencial para la continuación de la organización. Shadowpact… para nada le sonaba ese nombre pero se lo guardo intensamente en su memoria, nunca se sabía cuando pudiera ser de utilidad. Le lleno de orgullo y satisfacción saber que sus gestas pasarían de generación en generación.

Lo último lo descoloco un poco. Había escuchado de magos que habían perdido el don de la magia pero nunca que uno fuera magia en sí mismo. Se quedó un rato pensando en silencio como podría ayudarle a solucionar su problema y que tipo de objeto le serviría. Todos los encargos hasta ahora habían sido nobles caprichosos de tener un objeto mágico creado por el hombre imbuido de magia divino o cualquier leyenda que se hubieran inventado para hacer más despampanante su don de imbuir magia a objetos. Pero crear un objeto para revivir o potenciar la magia del usuario nunca había tenido el placer de crearlo y eso suponía un gran reto para el herrero.

Creo poderle ayudar maese Arión. La forma de pago se lo comentaremos al consejo una vez finalizada nuestra reunión, ellos saben mucho más que yo sobre los temas diplomáticos. Ahora centrémonos en el objeto mágico… Perdonar si parezco algo inexperto pero nunca me habían pedido nada por el estilo, todos mis trabajos hasta ahora han sido para nobles caprichosos que querían algún bastón que echara fuego sin impórtales su potencia y durabilidad. Lo que me pide supongo que querrá que dure por mucho tiempo ¿cierto?

Su paso por la vida le había mostrado tantas rarezas que de entrada concedía el derecho de la duda a todos, si aquel hombre decía que había vivido tantos años le iba a creer y hacer el objeto lo mas duradero posible. Comenzó a pensar que materiales podría utilizar pero el que mejor les iría iba a ser muy difícil de conseguir.

Para que el objeto sea digno de sus expectativas tendremos que conseguir el mejor de los materiales, queriendo decir que va a ser una tarea titánica conseguirla.  Mi objetivo es un dragón espiritual, que está a unos días en caballo. Aun no ha hecho daño a nadie pero cada vez se acerca mas a una pequeña aldea y, como es de suponer, los aldeanos están asustados. Las bestias espirituales son las mejores para la canalización de la magia y aumento de potencia, por lo cual un Dragón nos dará la seguridad de hacerle un objeto maestro ¿ya ha pensado que quiere que le forje? Una daga, un broche, un collar, una pulsera… podría forjarle un objeto mágico que pareciera de lo más normal. Para dejarle más tranquilo le informo que iremos un grupo de los mejores caza dragones del que dispone la Inquisición si quiere ir a por el Dragón, pero si no quiere arriesgarse podremos buscar otra bestia pero entonces no le puedo garantizar que el objeto sea maestro y dure por décadas.

Una vez había expuesto sus planes se sentó más relajado en la butaca que ocupaba, esperando la respuesta del Vizconde. A Cullen no le importaba mucho de donde fuera la gente pero pensó que el tesorero de la organización sí, sobre todo para saber si aquel mágico hombre tenía fondos suficientes para pagar el magnífico trabajo del herrero.

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MensajeTema: Re: La génesis del herrero (Cullen Rutherford) [Edad Media]   6th Julio 2017, 16:45

- Centrémonos en el objeto, sí -sonrió el vizconde-. Necesito algo que me sirva para abrir portales en el tiempo y en el espacio, y puesto que hablamos de cortar el tejido de la realidad, una daga parecería apropiada. Que sea ornamentada, ya que estamos. Así quien la mire pensará que no tiene más valor que el que podría tener un bonito objeto decorativo y contribuirá a que los que no me conocen me infravaloren y me tomen por un noble estúpido más. En cuanto a la duración, sí, necesito que perdure. Pienso haceros muchos encargos, la mayoría de objetos sin demasiado valor cuyo único destino será alimentar mi magia cuando los necesite. Ésos podéis hacerlos perecederos, pero la daga que utilice para viajar en el tiempo debe durar más, pues es la que voy a necesitar cada vez que quiera venir a visitaros para un nuevo encargo. Por el hechizo en sí no debéis preocuparos; yo mismo me ocuparé de ligarlo a la daga una vez la hayáis terminado.

Una vez expuesta su petición, escuchó las indicaciones del herrero acerca de los materiales necesarios y asintió.

- El dragón espiritual será, pues -asintió con una sonrisa y un brillo divertido en los ojos-. No tenéis que preocuparos, solía ser bastante competente en mis días, aunque no niego que me vendrá bien una escolta; veréis, la mayoría de mis conjuros requieren tiempo para reunir la energía mágica necesaria, formularlos y lanzarlos, tiempo durante el cual estoy desprotegido. Si vamos a ir a por una bestia de semejante calibre va a ser necesaria la presencia de guardaespaldas armados. Respecto al pago... -Arión se concentró un momento y la copa de madera que sostenía se revistió con una pátina de color dorado. Cuando se la entregó a Cullen el herrero pudo notar cómo su peso y grosor se habían incrementado notablemente, y la consistencia y color del material no dejaban lugar a dudas... ¡se había transformado en oro puro!-. Aquí tenéis un anticipo. La transmutación de la materia es una de mis muchas habilidades. ¿Cuándo partiremos? -dijo poniéndose en pie-. Llevo bastante tiempo aburrido; en el lugar de donde procedo hace muchos siglos que se extinguieron las criaturas mágicas, y tengo que admitir que la idea de cazar a un dragón no carece de atractivo...

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MensajeTema: Re: La génesis del herrero (Cullen Rutherford) [Edad Media]   8th Agosto 2017, 16:56

Afirmo con la cabeza en respuesta del diseño de la daga que se iba dibujando lentamente, sabia que unas cuantas piedras preciosas y un baño en oro darían el resultado deseado. Cullen tardo un poco en reaccionar al comprobar que la copa que le había entregado el Vizconde era de oro puro, garantizando un gran adelanto para su trabajo.

Ah-ah asombroso, nunca había visto magia semejante pero por bien de los dos lo mantendremos en secreto, la Inquisidora no se opondrá a esta forma de paso por lo cual podéis estar seguros que bajo nuestra protección no os pasara nada. Para crear la daga os pediré que la cubráis de oro para hacerla más majestuosa ¿también domináis la creación de piedras preciosas? Las runas que infundirán magia a la daga la podríamos pasar por rubíes o zafiros.

Se levantó con la coma en la mano el cómodo sofá donde hace unos segundos estaba sentado. No podía tener secretos con su ilustrísima Inquisidora (mucho menos con su esposa), teniendo que dar explicaciones de cómo una copa de madera ahora era de oro puro.

Dame dos días para reunir el equipo y que me lleguen informes del lugar, de mientras se puede quedar en nuestra habitación de invitados. Por favor, acompáñame por favor.

Le hizo un gesto con la mano que lo siguiera y se pusieron a andar por ese gran castillo. Los sirvientes y soldados saludaban con respeto y admiración al Herrero. En el trayecto le fue comentando todo lo referido en la preparación de la caza del dragón.

Mañana por la tarde le enseñare el grupo de magníficos guerreros que nos acompañaran, estarán encantados de ir de casería, no todos los días tienes la oportunidad de luchar contra dragones. Sabiendo que se van a extinguir, no se si deberíamos preservarlos un poco, aunque siendo bestias tan feroces no sé si llegaremos a vivir en paz. Esta es su habitación, ahora le envió un sirviente  para que le informe de todo lo que necesito.Esta sera su habitación. Con su permiso me retiro.

Cullen hizo una reverencia y se fue perdiéndose por esos largos pasillos, llegando uno de los sirvientes tal y como le había informaron el herrero. Pasaron los dos días que era necesario para formar el equipo de caza.

Cassandra: Experta cazadora de dragones. Descendiente de la noble familia especializada en la caza de dragones, indispensable para esta expedición.

Solas: Gran mago, su especialidad es crear barreras que curen y protejan a sus aliados. Con una hábil combinación podría proteger Arion mientras conjura magia.

Cole: Aun siendo tan joven no hay que subestimar sus dones de esconderse entre las sombras y atacar sin ser detectado por el enemigo. Es capaz de abrir grabes heridas en el enemigo, incluso en un gran dragón.

Sera: experta arquera y colocadora de trampas. También se le da muy bien envenenar a los enemigos.

Una vez todos reunidos y preparados comenzaron a desfilar montados a caballos hacia el nido del dragón, que según los últimos informes se había vuelto mas agresivo de lo normal.

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MensajeTema: Re: La génesis del herrero (Cullen Rutherford) [Edad Media]   20th Agosto 2017, 20:22

El mago asintió ante la pregunta del herrero.

- La transmutación y la alquimia se encuentran entre mis conocimientos y aptitudes, así que sí, buen caballero, podría crear piedras preciosas a partir de materiales brutos como simple roca. O incluso podríamos disimular las runas con conjuros permanentes de ilusión, y me gustaría que en la empuñadura tuviera mi sello: un pentagrama.

Se levantó cuando lo hizo Cullen, asintiendo a su requisito.

- Claro, ¿qué son dos días para un inmortal? Seguro que encontraré algo que hacer para pasar el rato -añadió con una sonrisa.

Mantuvo los brazos recogidos a la espalda mientras avanzaban por el pasillo y el herrero le iba poniendo al día sobre la precaria situación de los dragones.

- En la dimensión de la que procedo no teníamos dragones, pero sí teníamos otras bestias igualmente imponentes a las que llamábamos dinosaurios -le informó-. Si me permitís el consejo, son muchos los usos a los que se pueden destinar tales criaturas. En Atlantis, por ejemplo, los conservábamos en una especie de reserva, y los usábamos para hacer híbridos de criaturas que después usábamos como monturas aladas o bestias de guerra usando la magia para seleccionar los rasgos deseados. Después éstas criaturas, o quimeras, se reproducían entre sí, por lo que el gasto mágico era mínimo, y los beneficios en batalla muy numerosos. Si ya hablamos de dragones, que son bestias mágicas de por sí, los beneficios serían incluso mayores, así que os recomendaría encontrar la manera de preservarlos en algún entorno seguro donde poder aprovechar sus cualidades sin que supusieran un peligro para nadie. Quizá ni siquiera sea necesario matar al dragón al que vamos a ir a cazar, pues poseo hechizos que harían posible inmovilizarlo e incluso apresarlo hasta haber obtenido lo que necesitemos. Siempre es una pena que se extingan las bestias mágicas.

Se detuvieron al llegar a su habitación. Era sencilla y espartana, pero parecía acogedora y cómoda. La cama era un tanto estrecha para lo que estaba acostumbrado (sobretodo si terminaba encontrando compañía para la noche), pero se las apañaría. No se llegaba a su edad sin tener imaginación...

Arión esperó hasta que llegó el sirviente con las peticiones de Cullen, y, una vez se hubo ido, abandonó la estancia para recorrer el feudo. La inmensa fortaleza estaba repleta de lugares interesantes que visitar, pero la que más atrajo su atención, como no podía ser de otra manera, fue la gran biblioteca. Era enorme, y disponía de un bonito y tranquilo jardín donde cultivar los ingredientes para pociones. La fortaleza entera destilaba magia por cada uno de sus poros, pero aquél era uno de los principales focos. Arión estaba cautivadoramente sorprendido. El continente perdido de la Atlántida había sido un punto focal de corrientes mágicas desatadas, magia salvaje en bruto que había transformado a los homo sapiens locales en homo magi, pero aún con todo, la magia era algo muy escaso; Tan sólo había doce grandes magos, cada uno de los cuales se encontraba al cargo de la protección de una de las doce ciudades principales, lo cual significaba que únicamente había un mago por cada capital, por lo que la magia era un recurso tan escaso como valioso. Con el tiempo habían ido desarrollando máquinas que funcionaban con cristales mágicos que habían sido extraídos de la zona azotada por las corrientes de energía mediante procesos de minería, para así suplir dichas carencias, por lo que era común encontrar pistolas que disparaban rayos de energía mágica, y aeronaves y barcos que funcionaban merced al poder de los cristales. Parecía ciencia ficción, pero en realidad era magia, y todo había desaparecido cuando el continente entero había sido devorado por las aguas. En la actualidad, apenas quedaban trazas de magia en la Tierra, y tenía la fuerte sospecha de que él era el último homo magi puro que quedaba.

En cambio, allí, en aquella dimensión, la magia era un recurso tan abundante que resultaba algo cotidiano. Para aquella gente, el hecho de tener un huerto en el que cultivar ingredientes de pociones era tan común como cultivar tomates o patatas, y en su breve paseo por el fuerte había podido percibir magia en al menos tres de las personas con las que se había cruzado, sin contar a los sirvientes. La mera idea de semejante abundancia resultaba abrumadora. Le daban ganas de quedarse a vivir allí una temporada, aunque cualquier cosa sería mejor antes que la edad media oscurantista por la que atravesaba Europa en su dimensión. Por primera vez en milenios no tendría que esconderse...

- Perdonad, caballero, ¿puedo ayudaros en algo?

Se había acuclillado junto al huerto para examinar los brotes de lo que fuera que hubieran plantado, así que se incorporó para observar a quien así le había hablado, una belleza morena de piel oscura, cabello y ojos marrones y grandes y apetecibles labios carnosos.

- Hum... disculpad, mi dama. He venido para hacer negocios con el maese Rutherford. Partimos de expedición en dos días y había pensado echar un vistazo por el feudo.

- ¿Con el maese Rutherford? ¡Ah, vos debéis de ser el noble orlesiano! Se está hablando mucho de vos por los pasillos. Las doncellas comentaban que érais muy guapo y por lo que veo no exageraban -añadió con una sonrisilla traviesa.

- Vizconde Arión, para serviros, bella dama -respondió él tomándole la mano para besarla al dorso con una cortés reverencia-. ¿Con quién tengo el placer de hablar?

- Alessandra, soy de Antiva y trabajo aquí como copista y ayudante del bibliotecario.

- ¡Ah! Entonces sí, quizás podríais ayudarme, estaba buscando libros sobre magia, en general.

- Los tomos de saber arcano están en ésta sección -le indicó la morena regresando al interior de la biblioteca-. ¿Hay algo más en lo que os pueda atender?

- Pues... -el mago comenzó a recorrer los lomos de los ejemplares con sus esbeltos dedos y se volvió a mirarla-, en realidad, puede que sí... Como copista y ayudante del bibliotecario apuesto a que conoceréis muchos de estos volúmenes como si los hubiéseis escrito vos, ¿no es así?

- En efecto, señor... ¿qué tenéis en mente? -inquirió la antivana con sonrisa juguetona. Arión sonrió.

*    *    *    *

Se encontraba desnudo sobre las pieles del suelo acariciando la suave espalda de la morena que, tumbada boca abajo sobre otra de las pieles le leía pasajes del libro que tenía ante sí: un ensayo sobre el Velo que, por las descripciones que le daba Alessandra, se trataba de un plano muy similar al Mundo Oscuro de su propia dimensión.

Giró sobre sí mismo hasta quedar boca arriba, con el suave pelo de la alfombra acariciándole la espalda, y perdió la mirada en el techo de piedra apoyando el brazo derecho sobre su frente mientras reflexionaba sobre las palabras que Alessandra le leía.

El Velo era un reino metafísico ligado a la Tierra y separado por una especie de barrera mágica. Allí iban los espíritus al morir, y también durante los momentos de sueño en los que la consciencia se separaba del cuerpo.

El Mundo Oscuro se trataba de una dimensión formada por los sueños de una entidad durmiente. Allí moraba el Tejedor, Dios de la Magia atlante, y los hilos de la magia que tejía descendían hasta la Tierra interconectando ambos planos, pero únicamente los magos eran capaces de verlo. Los espíritus de los homo magi continuaban perviviendo allí cuando sus cuerpos eran destruidos.

- No hay la geografía en el Velo. El Lugar y La hora son mucho menos importantes que los conceptos y los símbolos... -leía Alessandra.

Al igual que en el Velo, el Mundo Oscuro estaba repleto de demonios y otras criaturas insólitas creadas por la imaginación del ser durmiente, y, también al igual que en el Velo, no existía una geografía determinada. Arión se preguntó si los magos de aquella dimensión extraían de allí su poder. Él hacía mucho tiempo que había perdido su capacidad de utilizar la magia de los hilos multicolor, así que no le preocupaba estar desconectado del Mundo Oscuro, pues obtenía su poder de los objetos y amuletos que le acompañaban. Sin embargo, tenía curiosidad; tendría que consultárselo a algún mago.

Como respondiendo a sus inquietudes, llamaron a la puerta. De un vistazo al ventanuco constató por la posición del sol que ya estaba atardeciendo. Caramba... el tiempo transcurrido en compañía de Alessandra había sido tan productivo (en todos los sentidos) que se les había olvidado hasta comer.

Abrió al criado envolviéndose con la alfombra y le preguntó dónde podría tomar algo antes de bajar a reunirse con los demás, así que, cuando finalmente llegó, ya estaban todos reunidos.

- Mis disculpas -dijo mientras les estrechaba la mano a todos-. He perdido la noción del tiempo.

Cassandra parecía una mujer fuerte, curtida en el rigor de mil batallas. Quizá para otros hombres la visión de las cicatrices que surcaban su rostro podrían resultar una visión desagradable, mas no para él. Le gustaban las mujeres fuertes y valerosas, y aquellas no eran sino marcas de valía y bravura. Además, en su experiencia aquella clase de mujeres solían ser las mejores en la cama.

Se tomó un poco más de tiempo al saludar a Solas, no sólo por lo peculiar del hecho de que fuera elfo, una raza inexistente en su dimensión de origen, sino porque se trataba de un mago, y recordaba haber oído mencionar su nombre en el Ensayo sobre el Velo que Alessandra le había leído. Iban a tener tema de conversación para rato durante el viaje...

Saludó con respeto a Cole. Sabía, también por experiencia, que no había que subestimar a la gente por su edad. Una de sus antiguas compañeras, Mara, no era más que una adolescente y sin embargo les había salvado la vida en más de una ocasión. En éste tipo de situaciones, la máxima del mago era que si había conseguido llegar hasta allí sería por algo.

Y, por último, estaba Sera, otra elfa. Su raza le daba curiosidad, pero no parecía especialmente comunicativa. Esperaba que Solas se mostrara más dispuesto a conversar.

Se pusieron en camino, cada uno sobre sus respectivos corceles, con Cullen y Sera abriendo la marcha, Cassandra y Cole cerrándola y los dos magos en el centro de la comitiva. Arión se había vestido de manera apropiada para la gesta, con una camisa blanca, una chaqueta, pantalones de monta y un fajín. El cinto que sujetaba la espada larga a la espalda le atravesaba el pecho, y llevaba visibles todos sus anillos y amuletos mágicos.

En cuanto pudo, aproximó su corcel al de Solas para tratar de iniciar una conversación.

- Tengo entendido que sois todo un experto en el Velo -comentó-. ¿Cómo funciona exactamente la magia en ésta dimensión?

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