Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 No es oro todo lo que reluce [Garnet Brooks] (3-Junio-2018)

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Simikiel
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MensajeTema: No es oro todo lo que reluce [Garnet Brooks] (3-Junio-2018)   Sáb 10 Jun - 20:22

- Lo siento, no hay ningún Simikiel en la lista de invitados. - dice educacadamente el portero, pasando las páginas del cuidado libro de invitados ojeando todos los nombres que empezaban con "S".

- Perdona, todo el mundo me llama así. Estoy tan acostumbrado que siempre me presento con ese nombre. Prueba con Simon Canan. - contesto sonriente ajustándome el nuevo traje azabache que había comprado para la ocasión, asegurándome que se veía bien el cuello de la camisa del mismo color y, particularmente, el alzacuellos bajo el mismo.

- Oh, Padre Canan, claro que está en la lista. Disculpe el malentendido. Pase, sea bienvenido a la mansión Jones. - se disculpa con la misma educación, marcando mi llegada en la lista y dándome paso.

Me habían dicho que llevando esta pequeña prenda blanca en el cuello todo el mundo me trataría mejor y pasarían por alto si meto un poco la pata. Tenían razón. No sienta nada mal el trato preferente. Aunque llamo demasiado la atención, no sé si me conviene. Tendré que deshacerme de ella cuando caiga la noche y la gente esté menos atenta, menos despierta. No he venido a divertirme.

Ni siquiera conozco a la anfitriona de esta subasta benéfica, estoy aquí haciendo un favor personal. El Padre Richards, un fan de mi trabajo, ha logrado que me inviten porque dice que algo va mal aquí. Samantha Jones, la anfitriona, es una asidua en su modesta iglesia. Su marido murió hace menos de dos meses en un accidente y ahora está vendiendo su colección de antigüedades al mejor postor. Eso sí, una parte de los beneficios, una mísera parte, será para la iglesia de Richards. Parece que quisiera redimirse de algo.

El recibidor era grande y luminoso. No es de extrañar tras ver el tamaño de la casa desde fuera. Unas majestuosas escaleras invitaban a subir a las plantas superiores, dividiéndose en dos para llegar a las distintas alas de la mansión. Había mucha gente allí, hablando con frases que no significaban nada. No había visto tantas falsas sonrisas en mucho tiempo. Un mayordomo, que me había visto un poco perdido, me guió hasta el salón de subastas.

Por suerte la subasta ya había empezado. Llegaba tarde. Debido a mi altura el traje era a medida y Tom, el sastre, tenía que ultimar unos detalles antes de poder recogerlo. El improvisado salón de subastas estaba casi lleno. Al parecer había venido gente de todas partes a esta mansión de Long Island para conseguir los extraños objetos de la colección del señor Jones. Me senté en la primera silla que vi libre, casi en la última fila. Tampoco me importaba no ver muy bien los objetos, no tenía pensado comprar nada. La anfitriona no estaba allí, tal vez estaría en el gran salón, donde habría una fiesta tras la subasta. Por ahora todo parecía normal, pero estaba atardeciendo y quedaba una larga noche por delante.

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Última edición por Simikiel el Dom 11 Jun - 14:29, editado 1 vez
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Hailey Sullivan
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MensajeTema: Re: No es oro todo lo que reluce [Garnet Brooks] (3-Junio-2018)   Dom 11 Jun - 1:40

William Miller era uno de aquellos ricachones excéntricos que todo el mundo esperaba ver en las fiestas más suculentas de los estados. Tenía el cabello corto y castaño, y unos ojos verdes que se llenaban de arrugas a la altura de las comisuras cuando se reía. Su nariz cincelada era herencia de su madre, quien hubiera trabajado de actriz en sus años dorados y que seguía apareciendo de vez en cuando como estrella invitada. Era uno de aquellos hombres cuyos terrenos eran nombrados en series televisivas y cuya riqueza heredada de sus padres, quienes poseían una de las más prósperas empresas textiles, todo su dinero y sus empeños a menudo terminaban gastados en lujuriosos caprichos con los que endulzar una vida regalada que le aportaba cero evolución y realización personal, tales como juegos, compras de obras de arte que le pusieran de nuevo bajo el foco de los medios de comunicación, y obviamente, mujeres, a las que vestía y decoraba en hermosos vestidos y carísima joyería para ser expuestas como trofeos de caza.

Por eso, cuando llegó a la mansión de Samantha Jones a nadie le sorprendió verle acompañada de una hermosa joven morena, que pese a no estar en la lista de invitados, William se afanó por colar. La muchacha en cuestión, Alison Lewis, vestía una deslumbrante sonrisa, acompañando la joyería sencilla que William había colocado alrededor de su cuello. Una fina cadena de plata con una hermosa piedra que al ojo experto se reconocía como un diamante sin pulir. Alison tenía un rostro fino, de pómulos marcados y ojos felinos, largos y marcados bajo una capa de maquillaje que probablemente había costado una fortuna. Tenía los ojos oscuros, del color del café, que constantemente se movían, inteligentes, sintiéndose fuera de lugar pero extrañamente cómoda a la vez, como si verdaderamente quisiera estar ahí. Su piel pálida, bien torneada, mostraba un fisico ejercitado y acompañaba con elegancia un vestido violeta, que probablemente había costado más que el coche de muchos. El cuerpo inicial era de chalís, con una obertura a medio muslo y una segunda capa de chifón que cubría el vestido como una capa. A la altura del pecho un pliegue decoraba y atraía la tela para ajustarse a la forma del cuerpo, y una pequeña pedrería enmarca una espalda descubierta. En definitiva una obra de arte digna del trofeo andante.

Pero lo más impresionante de Alison, no era el vestido, su aspecto o la joyería. Era la sangre fría que mantenía para tener las manos quietas, rodeada como estaba de tan suculentas presas, y sobretodo, la capacidad de atención que una década de suplantar identidades te daba para ser consciente y atenta, para responder al nombre falso que se había fabricado tan solo tres semanas antes.

¿Todo bien, querida?

Es perfecto. — Respondí, dando a mi voz la perfecta entonación de la chica inocente que vive su sueño de princesas. — ¡No me puedo creer que esté aquí! — Coloqué con ligereza una mano sobre su hombro, sin apenas ejercer presión. Lo justo para que me considerase cercana y se sintiera seguro en mi presencia. Lo justo para no dejar de parecer recatada e inocente. — Eres de verdad la persona más increíble que he conocido nunca.

Personas como William vivían rodeados de la certeza de que estaban por encima de los demás. Para alguien que podía comprar una nueva mansión con solo chasquear los dedos o comprar el edificio de oficinas de una pequeña empresa para hacerle un hotel a sus mascotas, ser realzados a ojos de los demás era tan importante como el estatus social o la marca de tu coche. Era de esas personas que respiran los halagos como si fuera oxígeno que les hacía sentir vivos. Y ahora mismo mi trabajo era alimentar su ego, hincharlo como un globo de aire caliente y llevarlo al cielo… de momento.

La mansión parecía sacada de una revista. Un amplio vestíbulo hacia las veces de recibidor y la gente encajaba manos y intercambiaba sonrisas falsas, de esas que a mi se me dan tan bien, pero que aparentemente los ricachones no saben hacer pese a que lo hagan más a menudo que contar su propio dinero.
Sentí una mano acariciar la parte baja de mi espalda, y le miré, mostrándome azorada.

Vamos, querida. La subasta está a punto de empezar y no quisiera perderme las primeras piezas.

Sonreí, y dejé que me llevara del brazo a donde él quisiera. Y así entramos en otra amplia sala. Lo que me parecieron cientos de cabezas me daban la espalda encaradas a una tarima donde se amontonaban objetos de exposición. Seguro que las mejores piezas estarían escondidas para crear más impacto cuando intentaran venderlas.

Nos sentamos y justo se ofreció la primera pieza, un pequeño bodegón, que Will se inclinó sobre mi oído. Su aliento me puso la piel de gallina, y bajé la mirada.

Ese cuadro es una pieza reconocida de Willem Heda.

Asentí con aire ausente, sin darle demasiada importancia.... y entonces alguien más se sentó a mi lado. William era una persona celosa y había aprendido a darle toda mi atención cuando estábamos juntos. Llevaba ya unos días con todo lo de Alison, pero la interpretación llegaba a su fin. Me permití una pequeña ojeada… mis ojos aun no habían coincidido con los suyos, que sentí la mano de Miller cerrarse en torno a mi muñeca y tuve que controlarme para no apartarle de un guantazo. Eres sumisa, Garnet. Ahora, eres sumisa.

¿Qué estabas mirando, Ali?

Es que… me ha dado un pequeño tirón en el vestido.

Ni corto ni perezoso, William se encaró al chico de mi izquierda. Perfecto.

¿Quiere algo?

Miré de nuevo al hombre y… clavé la mirada al frente, la tarima y el escenario. Era un puto cura.

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MensajeTema: Re: No es oro todo lo que reluce [Garnet Brooks] (3-Junio-2018)   Dom 11 Jun - 14:26

A pesar de llevar un tiempo en esta tierra, no dejan de sorprenderme las diferencias en los detalles triviales con mi hogar. Todos los hombres vestían de manera muy parecida, llevando trajes sin apenas diferencias, tintados de blancos, grises y sobretodo negros; mientras que ellas vestían todo tipo de ropajes, de colores vivos y formas diversas que dejaban volar la imaginación, y por qué no, la pasión. En Lumine utilizábamos estas fiestas como excusa para dejar salir nuestro mundo interior, para enseñar el color de nuestras emociones y la textura del alma. Todo el mundo llevaba las ropas que más le representaban, siempre de una extrema belleza y una extravagancia acorde. Largas túnicas decoradas con constelaciones de oro para los más profundos, provocativos vestidos que se complementaban con pintura corporal para los más atrevidos o incluso armaduras grabadas con imágenes de todo tipo para los más recios. Aquí la ropa no habla de ti, sino de tus posesiones. De hecho, parece que cuanto menos hable de ti mejor. Es como una mascarada, pero con sobrios disfraces en lugar de coloridos antifaces. Yo mismo voy oculto bajo la tez de un clérigo, participando en este curioso juego de máscaras.

Me fijé particularmente en la chica que tenía a mi lado y en su precioso vestido morado decorado con piedras preciosas. Podría representar su lado mágico, espiritual y brillante; tal vez dejaba salir su sabiduría para complementar su belleza jovial. Incluso podía ser la majestuosidad real,  pomposa y soberbia. Pero seguramente no fuera ninguna de esas cosas, este mundo es mucho más animal y simple. Apostaría por un regalo de su acompañante, una flamante prenda para mostrar una flamante adquisición, un raro y bello objeto de colección. Y, viendo el tono con el que su acompañante me sacó de estos pensamientos y la fuerza con la que agarraba la muñeca de la joven, ganaría esta mano.

Me coloqué el flequillo detrás de la oreja mientras enseñaba la hilera de perfectos dientes en una alegre sonrisa. Llevaba el pelo suelto, como siempre, peinado hacia atrás. Llevaba milenios haciendo ese gesto, mi rebelde pelo siempre se las ingeniaba para acariciarme las mejillas. Mis hermanos solían trenzarme el cabello antes de las batallas para que no me molestara, pero nunca aprendí a hacerlo por mi mismo.

-Todos queremos algo, hijo, pero dejaré que pujes por ese cuadro cuanto quieras. Espero una pieza que sacarán al final. – improvisé, ignorando el tono y el reflejo celoso de sus ojos, mostrándome lo más afable que pude.

La sensación de que algo iba mal destrozó mi amable disfraz y me lanzó a una tensa alerta. Entre el barullo de las pujas, el sonido de unos finos tacones caminando por el lateral de la sala hasta la tarima de exposición no pasó desapercibido. Tampoco lo hizo el mal que perseguía a la dueña de los zapatos, como una niebla negra que bailaba a su alrededor y jugaba con su sombra. Nadie parecía alterado, puede que yo fuera el único que la sentía.

-Antes de empezar con el siguiente objeto, debo presentaros a la señorita Jones, nuestra anfitriona. – presentó el subastador tras adjudicar el cuadro, interrumpiendo la subasta y dando paso a la mujer. Un largo vestido negro mostraba su reciente luto, además de acrecentar mis impresiones, mientras que un ostentoso collar de brillantes demostraba su posición.

-Espero que estéis disfrutando de la subasta. – empezó a decir sonriente tras un leve aplauso de los presentes – Michael, mi marido, coleccionó todos estos tesoros durante toda su vida, encontrándolos en sus viajes o comprándolos en subastas como estas. Sin embargo, ahora que no está, todos ellos acumulan polvo sin nadie los mire. Ya conocéis lo solidario que era Michael, y qué mejor forma de homenajearlo que hacer que sus preciadas posesiones ayuden tanto como él quisiera poder haberlo hecho. Por ello, los beneficios de esta subasta irán directamente al orfanato “Nuevo Día” del Padre Richards. Por desgracia, el Padre Richards no ha podido venir, pero ha enviado al Padre Canan en su lugar. ¡Un aplauso para él y la labor tan maravillosa que hacen! – pide al público con una amplia sonrisa mientras me señalaba con ambos brazos. Cuando terminó el abrazó prosiguió, terminando su pequeño discurso – Os dejo seguir con la subasta, nos veremos en la fiesta de esta noche.

Tras ello tomó el mismo camino que había usado para entrar, mientras el subastador retomaba su trabajo con un nuevo objeto.

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MensajeTema: Re: No es oro todo lo que reluce [Garnet Brooks] (3-Junio-2018)   Dom 11 Jun - 22:42

Contemplar el intercambio entre el cura y William fue tan satisfactorio como lo hubiera sido si el primero se hubiera levantado y le hubiera dado una bofetada con la santa Biblia. O por lo menos, en mi imaginación, la reacción a ambas por parte del señor Miller era que su rostro pasara discretamente del rojo al morado y que alzara la mano para pujar a la par que parecía hundirse en la silla. Miré al frente, al escenario, discretamente a mi izquierda y sonreí, mientras fingía deleitarme con las obras mostradas pero esperaba que el cura captara mi sonrisa, tres partes agradecimiento por su gesto, un tercio de lujuria.

Si, lujuria. Una parte absurda de mi mente se planteaba si era posible seducir y atraer a un cura fuera de sus hábitos.

William perdió la pieza, pero no parecía molesto por ello, aunque tampoco daba la impresión de haber sido capaz de tragar el pequeño momento de humillación que le había supuesto encararse a un “pastor de Dios”. Al menos parecía que había desviado su atención de mi y me permití suspirar. Tenía ganas de terminar ya con todo aquello, y volver a mi vida de crímenes menores. Desde luego, un gran golpe de vez en cuando mantenía mi vida interesante, pero, de vez en cuando. Hacerlo a menudo era cansado y llevar identidades distintas a la propia suponía una carga mental y un estrés al que no estaba acostumbrada. La próxima vez que me apeteciera un botín suculento, me iba a limitar a robar un buen banco. O a Tony Stark o uno de estos ricachones famosos. O una iglesia, pensé, recordando al cura que se sentaba a mi zurda.
Pero en cualquier caso, me estaba planteando si valía la pena el esfuerzo. Supongo que lo sabría al final de la noche.

Mis cavilaciones se vieron interrumpidas por un pequeño anuncio de presentación que nos mostró a la anfitriona de la fiesta. Quien iba a ser mi verdadero objetivo aquella noche. Samantha Jones. Imité a Will, quien pareció recomponerse levemente al ver a la viuda, y aplaudí con entusiasmo, antes y después de su discurso. Sin embargo una de sus palabras seguía rondando mi mente cuando Jones ya había abandonado el escenario.

¡Es increíble que todo el dinero vaya para un orfanato! Deberíamos comprar todas las piezas.

Bueno, eso si es que destinan el dinero a los niños. Seguramente se queden gran parte para ellos mismos. — El tono de William era demasiado alto para estar haciéndome partícipe de una confidencia.

Creo que eso ha sido un poco fuera de lugar. — Comenté, con un tono un poco más crudo de lo que pretendía. Aunque luego me di cuenta… William me estaba dando justo lo que yo quería. Una oportunidad, y una excusa, para una salida dramática. — Seguro que hay miles de críos sin hogar que deben sus vidas a lugares como este.

También hay muchos lugares que utilizan a los niños sin hogar como márketing. — Fijó sus ojos en mi y aguante su mirada, mostrándome debidamente molesta. ¿Lo peor? Estaba de acuerdo con él, y era muy consciente de esa realidad. Pero Alison, la ingenua e inocente Alison, no tenía porqué saberlo.

No puedes englobarlos todos. Si bien puede ser cierto que algunos lugares sean así tratarlos a todos por igual no es justo.

Y… bingo. Will me dirigió una mirada molesta, y automáticamente bajé la mirada. Suspiré, y me alcé de mi silla, con toda la elegancia que se merecía mi atuendo, y con una leve inclinación de disculpa a la gente de mi alrededor. Especialmente al cura. Miller era un buen hombre. Algo celoso y posesivo, pero no era una mala persona. Por eso en lugar de montar una escena, me había mirado con seriedad. Por eso ahora, observaba como me marchaba con la mirada dolida. Era yo quien le estaba usando. Y me aleje con un objetivo muy claro en mente… Había llegado el momento de hacer travesuras.

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MensajeTema: Re: No es oro todo lo que reluce [Garnet Brooks] (3-Junio-2018)   Lun 12 Jun - 16:47

Estaba demasiado pendiente de mi objetivo como para fijarme en los irrelevantes hechos que ocurrían a mi alrededor. Samantha Jane. No parecía que ella fuera la fuente del mal que la rodeaba. Tal vez alguien cercano la contaminara o tal vez sea alguna especie de maleficio. No puedo clavarle mi lanza a un maleficio. No puedo ajusticiar a un hechizo. Esto va a ser un problema.

La chica del vestido morado que se sentaba a mi lado me distrajo de mis pensamientos iniciando una riña con su acompañante, que acababa con ella marchándose con actitud airada. Era una pelea un poco absurda, como provocada intencionadamente. Sin duda no era la chica que aparentaba ser, o por lo menos tenía más carácter del que demostraba. No está mal, me había engañado completamente. Tengo mucho que aprender de estos juegos de máscaras.

-Tal vez un buen regalo de la subasta le haría cambiar de actitud, y además ayudaría a los niños. – le dije sonriente al acompañante, mientras me levantaba y abrochaba el único botón de mi chaqueta – Tengo que ultimar detalles con la señorita Jones. Disculpe. – me excusé antes de marcharme por el camino marcado por los tacones de la anfitriona y por aquélla maligna peste.

No tardé demasiado en encontrarla. Estaba en el salón de fiestas organizando al personal. Había algún tipo de problema con los entremeses y el cocinero estaba echando la culpa a que los ingredientes que le habían traído no estaban en buen estado. Samantha le estaba gritando demasiadas injurias, de manera desproporcionada al problema, iracunda. Mientras, la maldad a su alrededor se retorcía de placer, divirtiéndose con la injusta humillación al cocinero.

-Señorita Jones, si me disculpa… - empecé a decir, intentando terminar la discusión pero ella misma me interrumpió.

-¿Como vuelvas a preguntarme por los cócteles te juro que… – me espetó antes siquiera de darse la vuelta, consumida por una ira. Aunque su expresión cambió radicalmente al verme – Oh. Usted debe ser el Padre Canan. Perdone mi tono. Esta fiesta me tiene de los nervios. ¿Necesita algo?

-Deberíamos hablar de algo importante. En privado. – contesté amable, ignorando el malentendido.

-Por supuesto. Hablaremos en el estudio de mi marido. Por aquí.

Todo el mundo se puso a trabajar de inmediato, sin esperar a que la anfitriona, y su jefa, dijera nada. Nadie parecía demasiado alterado por la discusión, como si fuera algo habitual. Nosotros salimos de allí sin decir nada más. La seguí hasta el vestíbulo, donde subimos las escaleras hacia el ala este de la mansión.

-Siento que me haya visto así. Desde que murió Michael todo ha ido cuesta abajo. –se disculpó sincera mientras caminábamos por el pasillo.

-¿Qué ha pasado para discutir así con el cocinero? – pregunté con cariño.

-Nada importante, es el nuevo jefe de cocina y aún no se aclara del todo, pero estoy demasiado estresada. ¿Sabe por qué tenemos un nuevo jefe de cocina? Porque el anterior murió la semana pasada en mis propias cocinas. Fue horrible. Pobre Sergei, llevaba muchos años aquí.

-Lo siento. Debe ser horrible sufrir otra pérdida tan pronto.

-Y no es la única. Mathew, el jardinero, perdió un brazo esta primavera mientras podaba los árboles del jardín de atrás; mi ama de llaves, Anna, cayó por las escaleras y está en coma desde entonces. Debo haber hecho algo horrible a ojos de Dios para que me castigue así.

-Dios no le está castigando. Me ha enviado a mi para ayudar. – dije seguro de mi mismo. Eran demasiadas casualidades terribles seguidas. Estaba bastante seguro de que el mal que la perseguía era el causante de los accidentes.

Llegamos a una puerta especial y Samantha se detuvo. Todas las puertas del amplio pasillo eran idénticas, todas excepto esta. Tenía una cerradura electrónica, complementada con una pantalla táctil junto al marco que pedía una contraseña. Demasiada seguridad para un simple estudio.

-Este estudio es también el lugar donde Michael guardaba sus mejores tesoros. Estaba un poco obsesionado con la seguridad. – comentó mientras introducía la contraseña.

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MensajeTema: Re: No es oro todo lo que reluce [Garnet Brooks] (3-Junio-2018)   Vie 16 Jun - 11:22

Salir de la sala de actos era la parte más sencilla de la noche. Ahora, era cuando venía la parte complicada, cuando una vez fuera de escena, debía moverse por dentro de la mansión y alcanzar el lugar donde escondían la buena mercancía. Por enésima vez esa semana, me pregunté si no hubiera sido más fácil romper en el lugar a la vieja usanza, antifaz en cara y moviéndome entre las sombras para conseguir aquello que me proponía. Pero luego recordé toda la información que había necesitado para preparar el golpe, todo aquello que había aprendido de Will, y por supuesto, aunque fuera un beneficio colateral, la de joyas, ropa y objetos que el señor Miller me había regalado en esas dos semanas de compañía. No me quedaba escasa de beneficios, pero no eran comparables al motivo que me había atraído hasta esta fiesta.

En algún punto de esta mansión, esperaba la joya de la corona, la pieza de la colección que haría que esas dos semanas de paciencia infinita dieran sus frutos y que Alison desapareciera de una vez por todas. A menudo reciclaba mis identidades y las reutilizaba según conveniencia, pero Alison había sido forjada especialmente para la ocasión y moriría con ella. Si esto salía como yo lo había planeado, sería demasiado peligroso dejar que la joven inocente volviera a ver la luz del sol.

Me las apañe para llegar hasta el cuarto de baño sin llamar la atención, ni de los invitados, ni de los varios trabajadores de la casa que constantemente iban y volvían atendiendo a los comensales. Una vez dentro del servicio, me tomé mi tiempo para relajarme y centrarme en aquello que iba a hacer a continuación, y sobretodo, en recordar el mapa mental que había logrado construirme tras largas y aparentemente insulsas conversaciones con el señor Miller. Si no me equivocaba, los artículos más importantes estarían guardados en el estudio de Michael, el difunto marido de la señora Jones. Si no iba muy equivocada, el estudio debía encontrarse subiendo y… William había dicho el ala este. ¿Eso era a la izquierda o la derecha? Porque dependía de si mirabas de frente al edificio o tenías que colocarte, desde dentro, mirando al frente.

Bueno, tenía que estar en algún lado.

Me escabullí del cuarto de baño y sin dudar subí al piso superior, buscando aquello que mejor se pareciera a una sala donde podían esconderse miles de tesoros, y cuando encontré una puerta con cerradura digital, supe que había dado con el blanco. Miré varias veces alrededor, hasta estar completamente segura de que no había nadie allí más que yo, y entonces cerré los ojos. Sentí el frío recorrer mi cuerpo, empezando en la punta de los pies, y subiendo por mi cadera hasta la cabeza, como si me hubiera sumergido en una piscina de agua fría. Sólo que no sentía frio, ni calor, ni una pizca de brisa sobre mi piel. Una última mirada a ambos lados de aquél pasillo, y atravesé la puerta del estudio como un fantasma pasaría a través de la pared, como si estuviera hecha únicamente de aire.

En cuanto llegué al otro lado, escuché los tacones contra el suelo al hacerme nuevamente tangible. Busqué en los techos cualquier indicio de cámaras de seguridad, y una vez asegurados cuales eran los pasos más seguros, empecé a rebuscar por la estancia, con rapidez y sin detenerme, hasta dar con el objeto que me interesaba. Curiosamente, no lo reconocí por cómo era si no por…

Escuché un ruido, y me giré a mirar la puerta. Voces. La voz de Samantha Jones. No tuve tiempo ni de soltar un improperio, y al ver cómo se empezaba a abrir la puerta, me agaché tras el escritorio para esconderme. Estaba preparada para volver a utilizar mi poder al instante si veía que se acercaban demasiado, pero no lo hice inmediatamente. Si tenía suerte y no me veían, podía quedarme, seguir indagando, buscar alguna pieza más que cupiera en mis bolsillos. Y si se acercaban a donde yo estaba, me dejaría caer a través del techo antes de que tuvieran oportunidad de ver un solo pelo de mi peluca.

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MensajeTema: Re: No es oro todo lo que reluce [Garnet Brooks] (3-Junio-2018)   Mar 27 Jun - 16:48

Al abrir la puerta pude sentirlo como un torrente, una fuerza sobrenatural que arreciaba con furia, con el deseo de volver a ser libre. Olía a rabia, a violencia, a muerte. Olía como en casa. Ignorando las siguientes palabras de mi compañera, entré en la habitación como un cazador que sigue a su presa, pero no encontré a nadie a simple vista.

-Dígame, Padre, ¿piensa lo mismo que el padre Richards? - me interrumpió Samantha, siguiendo el discurso que había empezado segundos atrás - ¿Cree que el espíritu de mi marido se está vengando?

-¿Tiene motivos? - pregunté simplemente, aun seguro de que no era su marido el causante de esta invisible oscuridad. Ojeaba todos los estantes de cubrían las paredes del amplio estudio, rebosantes de raros objetos. Algunos de ellos me aportaban extrañas sensaciones, aunque no malignas por sí mismas. Ninguno era lo que estaba buscando.

-La verdad padre... - dijo dubitativa, apartando la mirada y dándose la vuelta para esconder su rostro - Le engañaba. Pero él lo sabía. Nunca me dijo nada. Tal vez nunca tuvo el valor...

La teoría del espíritu vengativo tomaba fuerzas, a pesar de que yo sabía que no podía ser. Además, el padre Richards se habría encargado él mismo si hubiera sido un fantasma. Es un especialista en las almas. A mi entender, es su trabajo como pastor religioso. Le había dicho eso a Samantha para no decirle que estaba maldita o que un demonio la acechaba. Tal vez así ella se arrepentiría sinceramente de sus pecados. Eso era jugar sucio. No participaría en el engaño.

-No es él. Olvídalo. - sentencié. Caminaba lentamente por la habitación, acercándome a la fuente con cada paso mientras observaba todos los recovecos ocultos. - ¿Sabe de dónde provienen todos estos objetos? Algunos pueden traer muy mala suerte.

Intenté suavizar las palabras. Samantha era religiosa y devota, entendía que existían fuerzas que la gente no comprende, pero no quería profundizar en ellas. No la obligaría a ver los horrores de la oscuridad, si podía evitarlo.

-Entonces... ¿Cree que puedo tener algún objeto maldito? Traía objetos de todo el mundo, a veces sin permiso. Michael no tenía fe, no temía a nada. Para él eran cuentos y leyendas, habladurías y superticiones. Seguro que uno de ellos lo mató... - Su tono subía conforme hablaba, envalentonándose. Parece que le había dado un clavo ardiendo al que agarrarse, algo a lo que culpar de aquéllo que cargaba en sus hombros. Me apoyé en el escritorio del difunto para escucharla y, de repente, la maldad desapareció, incluyendo aquélla oscuridad que seguía a Samantha. - Quemaré hasta el último de estos objetos, y la casa si es necesario, para acabar con la maldición. ¿Qué opina padre? ¿El fuego ayudaría?

-Tal vez. Pero no creo que sea el momento para quemarlo todo. Deberíamos seguir con la fiesta. - dije sonriente sin esperar respuesta mientras me dirigía a la puerta del estudio. Lo que fuera estaba escapando, y no podía permitirlo. Nada más cruzar el umbral, volví a sentirlo. Al parecer la seguridad del estudio aislaba la presencia de lo que perseguía. Pero ahora estaba libre, y podía oírlo alto y claro.

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MensajeTema: Re: No es oro todo lo que reluce [Garnet Brooks] (3-Junio-2018)   Dom 16 Jul - 13:06

Me detuve en cuanto estuve segura de que nadie me seguía. Al final había tenido que huir de aquél lugar haciendo uso de mi don, pero por suerte al posarme en el pasillo que había en el piso inferior, no había visto ningún par de ojos curiosos que pudieran joderme la retirada… O peor aun, delatarme. Y sin embargo, algo había cambiado al desaparecer de aquél estudio. Miré el medallón que había sustraído de aquella pequeña sala del tesoro particular. Era grande, casi ocupaba la palma de mi mano al completo. ¿Era sólo yo o se había hecho más pesado? Y no solo eso. Me daba mal fario, y aquella sensación que me envolvía a veces, la inquietud que a menudo sentía en pasar por delante de los cementerios o zonas donde se habían producido… La sensación de tener miles de ojos invisibles clavados a mi espalda, saboreando con la mirada como si fuera una presa. Sentí un escalofrío y guardé el medallón en la bolsa que llevaba debidamente escondida y afianzada en mi muslo, lugar perfecto cuando se llevan faldas largas. Aun así… La inquietud me tenía mirando a diestra y siniestra constantemente, y avanzaba por los pasillos casi con miedo, por culpa de esa incesante sensación de tener alguien vigilándome, a través de los muros, a través de mi propia carne. Era una sensación de lo más desagradable, como si todos mis secretos se vieran expuestos, y a la vez, estaba sola, totalmente sola.

Aceleré mis pasos, caminando apresuradamente, el sonido de mis tacones contra el frío y duro suelo de piedra resonando claramente en mis oídos como si se tratara de mi propio corazón, cada vez más rápido, más fuerte, rítmico. Contaba las puertas a mi alrededor intentando recordar el mapa mental que me había hecho de la laberíntica mansión y para cuando mi paso se había convertido en trote, me abalancé sobre una de las puertas y la crucé, abriendo lo justo para escaquearme, cerrándola detrás de mí y apoyando en ella mi espalda, como si eso fuera a impedir que lo que fuera que me seguía pudiera cruzarla. Pero no podía impedirlo y lo sabía. Porque nadie me perseguía y esa estúpida sensación estaba dentro de mi cabeza.

Céntrate, Shade. — Me espeté a mi misma, antes de mirar a ambos lados. Seguía sola, aunque la voz de la muchedumbre me llegaba desde la esquina más lejana de aquél pasillo. Caminé en esa dirección, esta vez pisando sobre la moqueta que llevaba hasta el cuerpo principal del edificio, esperando poder irme con la máxima discreción.

Pero no pude. En cuanto me reuní con el resto de invitados reconocí el cabello castaño corto y los ojos verdes de William. No me dio tiempo a evadirle, pues sus ojos también encontraron los míos y le vi caminar apresurado, zigzagueando para evitar el cuerpo de la multitud, directo hacia mí y sin perderme de vista. Vuelta a la escena, señorita Alison.

¿Dónde te habías metido? — Yo también me alegro de verte, querido.

No estoy segura. — repuse con timidez, desviando la mirada. —  Empecé a caminar y… Este lugar es demasiado grande. Me perdí. — William negó con la cabeza, y para mi sorpresa… su rostro mostraba dulzura, no parecía enfadado.
Está bien. Ven un momento conmigo, vamos a buscar un lugar para hablar con más calma. — Calma para él. Porque yo contaba con que su enfado me daría una buena excusa para largarme sin mirar atrás. Nadie se molestaría en pensar que Alison, la mosquita muerta, había robado nada antes de irse después de la discusión con William. Pero si se arregla aquí… Will me llevó, con la mano en la zona baja de mi espalda a perdernos en otro de los pasillos. Aun escuchaba el cuchicheo de la gente en la entrada del salón, probablemente mientas cambiaban de una zona a otra de la mansión tras la subasta… ¿Había terminado ya? ¿O es que la gente de fuera eran aquellos desinteresados por las obras? — Lamento lo que ha pasado. — No deberías. Quiero decir, la discusión ha sido putamente absurda. — No quería molestarte. Tienes razón, no debería pensar tan mal de todos, hay muchas organizaciones que verdaderamente miran por el bienestar de los demás. — Su mano recolocó el cabello de mi peluca y cerré los ojos con calma. No había podido asegurarme de que todo estuviera en su sitio, pero debía confiar en mi propio “camuflaje”.

Ha sido una tontería… No deberías disculparte. — Claro que, si no podíamos irnos por un cabreo, bien podíamos irnos por… otros motivos. Me acerqué y con cautela besé sus labios. — Lo siento...

Las manos de Will se cerraron entorno a mi espalda y me atrajo hacia sí. Aun sentía como si miles de rostros invisibles me observaran, pero en esa situación, formaron un público al que debía convencer, en lugar de más nervios por lo que estaba sucediendo. Necesitaba convencer a Will, irnos de aquél lugar.

No llegamos a besarnos. Sentí… algo. Una especie de ruido, un crack sordo sobre mi cabeza que me obligó a alzar la mirada… a tiempo para ver una descomunal lámpara de araña que se desprendía del pecho y caía directa sobre nuestras cabezas. Puse el antebrazo plano sobre el pecho de William y le empujé con todas mis fuerzas, intentando tirarle fuera del área de la lámpara e intenté salir con él, tirándonos a ambos al suelo. Junto al estruendo del cristal al caer, se escucharon gritos de sorpresa y después el silencio.

Miré la parte inferior de mi cuerpo, atravesada por el hierro y el cristal, y me afané en “trepar” de la manera más humana posible. Will estaba impactado por lo que acababa de suceder y tenía a duras penas escasos segundos para apartarme de aquello y que mi compañero no se diera cuenta de que estaba atravesando el plano físico cuál fantasma. En cuanto pude recoger las piernas lo suficiente para no tocar la lámpara, me hice tangible. Bendito instinto. Tal vez gracias a la chatarra que había ahora entre nosotros el gesto pasó desapercibido, pero William no parecía demasiado sorprendido por verme arrastrarme junto a los escombros. Aunque sí me miraba con sorpresa…

¿Desde cuando tienes tanta fuerza? — Comentó con la voz divertida, pincelada de un leve matiz nervioso. Sonreí, intentando imitar su tono de voz, la incredulidad de vernos con vida, el susto de lo sucedido.

La adrenalina, supongo...

Will se levantó antes que yo y me ofreció una mano para ayudarme a incorporarme. Me di cuenta entonces, que algunos de los cristales que se habían partido al caer la lámpara había rasgado pequeños jirones en su traje y que tenía un corte superficial en el pómulo.

Y yo estaba impoluta, sin un rasguño. William no se había dado cuenta, todavía impactado por el incidente pero yo necesitaba arreglar ese desperfecto… Pero antes de que pudiera intentar sostener un pedazo de cristal roto, la multitud curiosa inundó el pasillo para ver qué había sucedido.

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No es oro todo lo que reluce [Garnet Brooks] (3-Junio-2018)
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