Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]

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Elektra Natchios
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MensajeTema: Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]   22nd Junio 2017, 13:12

Alice cogió el vuelo de regreso a los Estados Unidos el día siguiente a la invasión. El avión, operado por la British Airways, salía del aeropuerto de Heathrow a las 16:15 y llegaba al John F. Kennedy a las 18:50, pero en realidad tendrían que ser las doce menos cuarto de la noche según el horario inglés, ya que el vuelo duraba un total de siete horas y media, así que estaba hecha polvo, y todavía le quedaba una hora y media de camino hasta llegar la mansion. Como no existía transporte público entre el aeropuerto y la zona apartada y alejada en la que se encontraba la escuela, tuvo que llamar por teléfono antes de coger el vuelo, y la casualidad quiso que fuera Logan el que atendiera la llamada.

La estaba esperando con aire desenfadado, apoyado en su flamante Harley Davidson llevando únicamente unos jeans, botas y una camiseta de manga corta. Alice agradeció para sí haber ido ligera de equipaje llevando únicamente una maleta de mano para los escasos tres días que había estado fuera, porque a la vista de la elección de transporte del mutante cualquier otra cosa habría sido harto complicada. Lo bueno fue que gracias a la Harley ahorraron una gran cantidad de tiempo y llegaron a la mansión mucho antes. Lobezno le dijo que el Profesor quería hablar con ella y la estaba esperando en su despacho para un asunto de la mayor urgencia, así que, nada más llegar se dirigió directamente a ver a Xavier.

El despacho era muy amplio, una alargada estancia de construcción rectangular con ventanas abatibles en el techo que se encontraban parcialmente abiertas, permitiendo que entrara la luz. La mesa de escritorio estaba situada justo debajo de los ventanales, recibiendo la luz directa, pero en el extremo izquierdo, una amplia librería cubría la pared por entero, con un espacio en el centro para una chimenea que actualmente estaba apagada, dada la estación del año en la que se encontraban. Frente a la chimenea había dos cómodos sillones dispuestos uno enfrente del otro con una mesita baja en el centro que Xavier solía utilizar para jugar al ajedrez cuando venía a visitarle su "amigo" Magnus. Pero en aquellos momentos no había un tablero dispuesto sobre aquella mesita, sino una bandeja con una tetera llena de té humeante y varios vasos. Xavier se encontraba sentado en uno de los sillones, y en el de enfrente había un hombre de apariencia agradable vestido formalmente con traje de chaqueta. Tenía todo el aspecto del típico profe de matemáticas bonachón y despistado que todos hemos tenido alguna vez en el instituto. Él y Xavier estaban tomando te, y los dos se volvieron hacia ella sonrientes cuando entró en el despacho.

- Hola, Alice, bienvenida de vuelta -le dijo el Profesor-. Por favor, coge una de las sillas del escritorio y acércate. ¿Quieres una taza de té? -inquirió cogiendo la tetera para llenar un tercer vaso-. Éste es el agente Coulson, de S.H.I.E.L.D. Nos llamaron hace un par de días preguntando por ti, así que les avisamos cuando dijiste que ya estabas de vuelta. Por lo visto quieren hablar contigo acerca de un asunto importante -la expresión del Profesor se volvió seria de repente-. ¿Te acuerdas del chico que vino a visitar la mansión el mes pasado? Gabriel LeBlanc.

- Hum, sí. Disculpe, Profesor, prefiero explicarlo yo mismo, pero no aquí -el hombre dejó el vaso en la mesa y se incorporó-. Señorita Alice, tenemos razones para creer que al señor LeBlanc le puede haber ocurrido algo terrible y creemos que usted podría ayudarnos a encontrarle. Si fuera tan amable de acompañarme a nuestra base estaría encantado de proporcionarle más información al respecto.

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MensajeTema: Re: Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]   24th Junio 2017, 03:18

Mirando hacia atrás, las experiencias previas a su adolescencia, tan duras y aparentemente insuperables en el momento de vivirlas, habían perdido peso con el paso del tiempo. En retrospectiva, lo que antaño le había parecido capaz de abrumar todo su mundo era ahora una nimiez que hubiera recibido con los brazos abiertos. Encantada habría cambiado esas noches de angustia encerrada en su habitación de Stratford Upon Avon sintiéndose miserable por la condición que había sido impuesta en su nacimiento, a cambio de las cosas que recientemente se le daban a conocer. Era como si todas y cada una de las experiencias que había vivido en el año de su llegada a Nueva York hubiera sido una ascensión constante y lenta a la subida de una montaña rusa, sólo para, una vez llegado el 2019, dejarse caer. Y si los primeros meses no habían sido suficientes en cuanto a sucesos inesperados y traumáticos, Marzo se había presentado como la caída libre. Y a Alice Delaney, no le gustaban demasiado las alturas.

Bagdad habia sido de por si una experiencia traumática. Aun despertaba a veces, en mitad de la noche, cubierta de un sudor frío y envuelta en su propia ansiedad, sintiendo las paredes cerrarse entorno a su cuerpo y la brea cubirendo sus pies, un gancho invisible sobre su ombligo que en cualquier momento tiraría de ella hacia un pozo de oscuridad, como si fuera la succión del aire al descomprimir un espacio sellado durante milenios... y buscando huir de esa sensación habia decidido viajar a casa de sus padres, buscando la serenidad del nido que hubiera sido su hogar. Para encontrar en él el desasosiego de los edificios derrumbándose a su alrededor, los gritos de cientos de civiles que huían de una amenaza tan innatural como imparable, al verse repentinamente asediados por los badoon. Al menos, durante una tarde, había olvidado aquella pesadilla de tentaculos que una vez encerrada bajo tierra habia anidado en su ya paranoica mente. Junto a las voces que constantemente le recordaban el peligro que ella misma suponia para la gente de su alrededor, se habian unido los ecos de cientos de voces sepultadas bajo escombros y los gritos desgarradores de aquellas criaturas desgarbadas del abismo.

Así que cuando tras la invasión, su madre se vio obligada a trasnochar en el hospital y su padre se encontraba en patrulla constante para coordinar unidades e intentar retomar el control en las calles, la casa vacía de su infancia le recordaba aquella sensación de agobio que tan a menudo le sobrevenía en su niñez, supo que tampoco ahí encontraría descanso. Llamó a la escuela comunicando su deseo de volver, y se despidió nuevamente de sus padres. Por suerte, su equipaje se había limitado a una sola mochila, puesto que aun tenia ropa en casa de sus padres, y prepararse para la vuelta fue una tarea de lo más rápida y eficaz. El viaje, por desgracia, no lo fue tanto. Pero tenia una parte buena, y es que era la primera vez que al volver a Nueva York, alguien la esperaba en el aeropuerto con una sonrisa. Y por ello, el viaje hasta la mansión, pese al cansancio tanto mental como físico, le duró un suspiro.

Estaba deseando llegar a su habitación y tumbarse para cerrar un rato los ojos. Cansada como estaba, esperaba que por una vez los fantasmas de sus experiencias quedieran enterradas tras un reparador descanso sin sueños. Esperaba, optimista, intentando hundir bajo el peso positivo, esa vocecita socarrona que le recordaba que no sería así. Pero en cuanto llegaron a la mansión, Logan le comuncó que el Profesor la esperaba, y que era urgente. Seguramente, aunque no hubiera ese factor apremiante, el carácter sacrificado de Alice la hubiera llevado a presentarse frente a Xavier de todos modos, tan dispuesta como siempre estaba a ayudar a quien la necesitara.
Lo que no esperaba, era conocer a aquél agente de SHIELD. Aceptó el té con una sonrisa, pensando que aquello la ayudaría a mantenerse despierta y atenta a lo que fuera que quisieran hablar con ella. Sintió la bondad y la calma con la que hablaba el agente y mantuvo aquella sonrisa, cortés pese al cansancio cuando se presentó y cuando aclaró en voz alta el motivo de su visita.

Gabriel LeBlanc. Aquel nombre resonó en su mente y su corazón, y recordó las veces que había compartido con el francés, el incidente en la calle, el bar, Central Park. El reencuentro en la mansión, la promesa de una próxima vez y ahora, por primera vez, la sensación de una losa que se apretaba contra su pecho, pretendiendo encerrar su corazón en un espacio demasiado pequeño. Aunque tuviera una taza caliente entre sus manos, sintió que su cuerpo se quedaba helado, la temperatura de su piel sin corresponder el frío que ahora calaba sus huesos. Incluso la voz del agente parecía ahora más distante. Los ojos de Alice se posaron lentamente en Xavier mientras procesaba aquello que pedían de ella, junto con una pregunta que se quedo en sus labios sellados. ¿Por qué ella? A duras penas conocía al francés. ¿Por qué él? No le deseaba el mal a nadie, desde luego, a cualquier persona y ser que pudiera pasarle algo, le parecía horrible, pero por qué especificamente Gabriel... La idea de que algo malo le hubiera sucedido a su amigo, si podía considerarle de ese modo, le había dolido mucho más de lo que esperaba. Y antes de preguntarse a si misma ese por qué, la realidad de las palabras del agente de SHIELD se antepuso a todo ello.
Le pedían ayuda a ella para encontrarle. Podía hacer algo por él, no le pedían que se quedara en segundo plano. Aun sentía el cuerpo como si no fuera suyo, nerviosa, con miedo, cansada, pero de algún modo, como si hubiera encontrado una última reserva de energía que consumir.
Hablar, normalmente, era su último recurso. Su perdición y su arma, una espada de doble filo, pues al usarla, sentía que junto a la voluntad de quien la oía se doblaba la suya propia. Pero esta vez, queria usarla. Quería que la escucharan, hacerse oir. La naturaleza de Alice siempre la llevaba a aceptar ayudar a la gente, fuera quien fuera que pidiera ayuda, quizá por el trastorno que constantemente la convencía de las cosas malas que podía suceder a la gente de su alrededor, por culpa de su voz, por culpa de sus actos, sus manías y sus tics. Pero, por una vez, quería ayudar porque sentía en su corazón el deseo de estar ahí por otra persona. Que esa persona fuera Gabriel, era una sorpresa en la que no iba a pensar hasta mucho más adelante.

- Dígame qué necesita. Haré todo lo que esté en mi mano.

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MensajeTema: Re: Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]   25th Junio 2017, 00:27

- Me temo que va a tener que venir conmigo a nuestra base para poder hablar de ésto en más detalle, Alice -contestó el agente Coulson-. Su profesor me ha dado permiso, y si hace honor a la fama que le precede estoy dispuesto a apostar a que antes me leyó la mente para asegurarse de que mis intenciones eran honestas -bromeó dedicándole una sonrisa al Profesor. Éste no respondió pero sonrió a su vez, dando a entender que las suposiciones del agente no andaban desencaminadas-. Soy consciente de que acaba usted de regresar de un viaje muy largo y que estará muy cansada, más, por desgracia, el asunto que me ha traído hasta aquí es demasiado urgente como para permitirnos esperar; Tendrá que acompañarnos ahora, ¿se ve capaz?

Tras la respuesta de la muchacha, los dos adultos y la adolescente accedieron a los túneles subterráneos que les llevarían hasta los hangares. Alice había estado allí alguna vez para ir con Logan a la Sala del Peligro, pero era la primera vez que accedía a los hangares. ¿Iba a subirse en el famoso Blackbird?

Lo que les esperaba en el hangar subterráneo era, desde luego, un jet, pero era de color metalizado en lugar de negro, bastante menos estilizado y lucía el símbolo de S.H.I.E.L.D. en las dos alas. Dentro había más hombres que le indicaron a Alice en dónde y cómo debía sentarse, mientras el Profesor se quedaba en tierra y accionaba los mandos que abrirían la cúpula para permitir la salida de la aeronave.

El jet comenzó a ascender velozmente hasta que, tras un intervalo de tiempo que se le hizo eterno, pudo vislumbrar al fin algo que emergía de las nubes: una gigantesca nave del tamaño de un portaaviones, con cuatro enormes orbes de luz azulada en la parte inferior de las alas y un aspecto imponente, digna de ser considerada el leviatán de los cielos. Las puertas frontales se replegaron al acercarse, permitiéndoles la entrada en el hangar.

- Bienvenida al helitransporte de S.H.I.E.L.D. -le dijo Coulson, ayudándola a bajar.

Fuera de los hangares les aguardaban una serie de corredores limpios y diáfanos, con cristaleras que en aquellos momentos no mostraban más que oscuridad, pero que durante el día servirían para dejar pasar la luz del sol y vislumbrar el suave océano de algodón sobre el que navegaban. Era realmente impresionante.

- Como imagino ya habrá supuesto, el señor LeBlanc es uno de nuestros agentes -aclaró mientras avanzaban por los pasillos. Los hombres y mujeres con los que se cruzaban le saludaban respetuosamente al pasar; debía de ostentar una posición elevada dentro de la organización-. Hace exactamente 17 días dejamos de recibir noticias suyas. Si conoce a Gabriel sabrá que ésto, tratándose de él, es algo extremadamente inusual, pues se trataba de un muchacho metódico, responsable y organizado. Jamás se retrasaba a la hora de presentar un informe, y seguimos una serie de protocolos muy estrictos, precisamente para detectar ésta clase de situaciones en cuanto se producen. Rastreamos la señal de su teléfono móvil hasta un contenedor de basura cercano a su domicilio, y cuando llegamos hasta allí encontramos señales más que evidentes de que le habían atacado. La puerta de su casa estaba arrancada de sus goznes, había rastros de pelea por todas partes, y parecía que alguien había hecho estallar una bomba en la terraza, pues se encontraron escombros y cadáveres de pandilleros, pero el cadáver de Gabriel no estaba. Al principio pensamos lo obvio, que había sido capturado por alguna organización enemiga, a pesar de que todos los testigos hablaban de un chico rubio que había escapado ileso, así que enviamos a uno de nuestros más valiosos recursos a encontrarle. Entonces fue cuando nos dimos cuenta de que, en realidad, Gabriel no había sido capturado por nadie.

Su paseo se detuvo al llegar frente a las puertas de una sala. Una vez allí, Coulson se giró para mirarla.

- Señorita Alice, espero que entienda que, dadas las circunstancias, tuvimos que inspeccionar el contenido del móvil del agente LeBlanc, y lo que encontramos en el mismo daba a entender que ustedes dos podíais tener una relación más allá de la amistad. De ser ésto cierto, quizá tenga alguna información relevante que nos pueda ayudar a localizarlo. Piénselo detenidamente, pues cualquier cosa, por insignificante que le pueda parecer, podría suponer un valioso avance en nuestra investigación.

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MensajeTema: Re: Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]   25th Junio 2017, 19:15

Aquél agente parecía una persona de lo más agradable. Tanto que pese a no haberse presentado, Alice se seguía sintiendo en paz a su alrededor, pues el aquél hombre no despertaba en ella el más mínimo instinto de alerta. Estaba cansada, tal y como había dicho. Agotada, por lo que había sucedido el dia anterior. ¿Sabrían allí que había participado activamente en la defensa de Londres contra la invasión de los Badoon? No pensaba que fuera el caso, pero cuando el agente afirmó saber que había venido de un largo viaje, se limitó a asentir con la cabeza, aceptando acompañarle a su base, sin molestarse en dar explicaciones de todo lo que había sucedido en Londres. Ahora había algo que la mantenía distraída, incluso del encuentro de seres alienígenas.

Gabriel LeBlanc. Desde la visita del francés a la mansión, habían intercambiado sus números de teléfono y habían mantenido contacto. Alice había vivido aquel extraño encuentro en Central Park como si se tratara de algo casi irreal. El rato que pasaron patinando en el lago parecía sacado de una novela o una película y eso no hacía si no acrecentar aquella sensación de ensueño cada vez que pensaba en ello. Pero no se habían visto desde entonces, aunque mantenían el contacto mediante mensajes, y habían forjado algo “similar” a una amistad. Alice se valoraba demasiado poco a sí misma como para plantearse que se hubiera ganado ya el derecho a anunciarse como tal, aunque sus mensajes le hacían sonreír, y a menudo sentía el impulso de contarle al joven todo cuanto le sucedía, por más que al final le contara la mitad por miedo a agobiarle. Alice tenía a Gabriel en alta estima, y sabía que era alguien importante para ella, aunque nunca se había planteado seriamente qué clase de relación tenían. ¿La consideraba Gabriel una amiga? Ojalá que así fuera.

Avanzaron por los pasillos que tantas otras veces había visitado junto a Logan durante sus jornadas de entrenamiento. Y sin embargo llegaron más allá, pasada la sala del peligro, hasta…

Alice tragó saliva. Un jet. Una aeronave, o como quisieran llamarle. Un avión. No tenía más remedio que abordarlos, cuando viajaba de un lugar a otro, pero no lo hacía por placer. Odiaba las alturas… Pero no quiso quejarse. En gran medida porque le parecía infantil e inmaduro, y por otro, porque la necesitaban. Esa vez, tampoco iba a volar por gusto, si no por ayudar a otra persona… Y eso era cuanto necesitaba recordarse para seguir adelante. Lo cual no impedía que la mayor parte del trayecto la realizara con los ojos cerrados y con una respiración lenta y pausada, controlando deliberadamente la cadencia con la que llenaba de aire sus pulmones en un intento de relajarse y que el viaje se le hiciera más corto. Pero el cansancio tanto físico y mental junto con la urgencia de la situación en sí parecían querer hacer de ese instante una eternidad, para darle más tiempo para pensar en ello. Y pronto supo que, simple y llanamente, no iba a terminar. Porque ese avión no la llevaba a tierra firme sino a una gigantesca fortaleza que viajaba entre las nubes, adaptándolas a su paso como si fuera un barco rompiendo la espuma marina.

- Bienvenida al helitransporte de S.H.I.E.L.D.

Alice dejó que el agente la ayudara a bajar del jet mientras abordaban esa navío volador. Ese pensamiento, de que se encontraban en un barco más que un avión, le ayudó a relajarse y evitar pensar constantemente en los kilómetros que debían separarla del suelo. A medida que avanzaban por aquellos enormes pasillos y corredores, Alice mantenía la vista fija en sus pies. A veces alzaba la mirada y contemplaba a su alrededor, pero la mayor parte del tiempo procuraba evitar el cielo nocturno y el exterior.

- Como imagino ya habrá supuesto, el señor LeBlanc es uno de nuestros agentes - asintió. Creía recordar que Gabriel había mencionado algo, en su visita a la mansión, aunque tal vez había sido por correspondencia, en una de sus muchas conversaciones. Pero Gabriel era discreto con su trabajo, y ella no era quién para preguntar, así que tampoco indagaba mucho en ello. Los secretos de Gabriel estaban a salvo con ella y como tal nunca le presionaba para que contara nada. - Hace exactamente 17 días dejamos de recibir noticias suyas. Si conoce a Gabriel sabrá que ésto, tratándose de él, es algo extremadamente inusual, pues...- 17 días hacía que no se sabía nada de él… ¿Habían pasado ya diecisiete días? Alice no llevó su mano al bolsillo porque no quería parecer descortés, y comprobar la fecha en su teléfono o buscar la última conversación con Gabriel podía esperar. Pero sí recordaba la pantalla, y como en las últimas dos semanas sus mensajes no parecían haber llegado al rubio. Era una de las razones por las cuales en lugar de buscar consuelo en América había viajado de vuelta al Reino Unido, buscando la compañía de su familia. No perdió detalle de cuanto le explicaba, intentando encontrar respuesta en algunos de los detalles que estaba compartiendo con ella. Y sin embargo, todo llegaba en forma de una nueva pregunta.

Cuando le contó que en su apartamento había claras señales de lucha, olvidó por completo que se encontraba en una nave a la deriva en el firmamento. Se había convencido a sí misma de que no sería nada grave, tal vez una misión donde se le había obligado a dejar el teléfono atrás, o que simplemente estuviera demasiado ocupado con el trabajo para atender su móvil personal. Había decidido ser paciente y esperar a que fuera él quien volviera a ponerse en contacto con ella. La puerta arrancada, indicios de pelea, una bomba en la terraza… Los latidos de su corazón se escuchaban más fuerte que sus botas al caminar, deteniéndose al fin en una puerta.

Gabriel no había sido capturado. Había escapado ileso. Se suponía que eso debería hacerle sentir feliz, con esperanza, pero había algo que no encajaba. Alice tenía la mente fija en las puertas, intentando seguir el hilo de toda la conversación, intentando que no quedara nada atrás. Pero estaba cansada, y algunas de las cosas que explicaba el agente no tenían del todo sentido. Por un instante, pensó que estaba ahí como sospechosa. Pero entonces no tendría por qué tratarla tan bien y no sintió en ningún momento que estaba ahí atrapada…

...excepto, por supuesto, por el hecho de estar en un avión del que no podía huir de ningún modo.

- Señorita Alice, espero que entienda que, dadas las circunstancias, tuvimos que inspeccionar el contenido del móvil del agente LeBlanc, - por supuesto que lo entendía, y esa era la única circunstancia bajo la cual no se sentía dolida por ver su… privacidad invadida. Si ayudaba a encontrar a Gabriel… ella misma les hubiera dado su propio teléfono. - y lo que encontramos en el mismo daba a entender que ustedes dos podíais tener una relación más allá de la amistad.- Sus ojos se separaron al fin de la pared para buscar la mirada del agente, sin creer del todo lo que acababa de escuchar. De no ser esa la situación que era, probablemente se hubiera sonrojado hasta la punta de las orejas, sacudiendo el rostro con vehemencia y negando una y otra vez la relación entre ambos. Pero era evidente que no se trataba de una broma y que no lo había dicho por ponerla en evidencia. ¿Realmente pensaban que su relación podía llevarles hasta él? - De ser ésto cierto, quizá tenga alguna información relevante que nos pueda ayudar a localizarlo. Piénselo detenidamente, pues cualquier cosa, por insignificante que le pueda parecer, podría suponer un valioso avance en nuestra investigación.

Lejos de sonrojarse, esa última disquisición robó su rostro de color, dejándola aún más pálida y frágil en apariencia de lo que ya era habitual en ella. Asintió una única vez, haciendo el gesto tan decidido como podía y pensó. Sin darse cuenta, sus manos se cerraron entorno a sus mangas, sin quitarse los guantes, repitiendo mecánicamente aquellos pequeños gestos que servían de ruta de escape a los tormentos de su mente, ajustando las mangas, colocando cada pequeño detalle de su atuendo en su sitio, manteniendo en todo momento el aspecto impecable, hasta finalmente detenerse con los dedos perdidos en su cabello, trenzandolo, como si cada nudo tuviera que afianzar con firmeza sus pensamientos. Pero sobretodo, porque se concentraba en dejar su poder fuera de control.

- Gabriel… vino a la mansión para hablar con el profesor. Parecía inquieto. Intentaba no hablar en voz alta, comunicándose en privado mediante… - miró al agente, insegura de si debía o no decirlo en voz alta. ¿Serían consciente de el poder que tenía? El agente sonrió comprensible y asintió. Lo sabían. Como debían saber que ella los tenía, que era una mutante. ¿Les habría explicado el profesor en qué consistía? - Parecía… asustado de que alguien pudiera escucharle, incluso aquí, en la mansión. Eso es lo que me contó uno de mis profesores. Cuando llegué se… calmó. - Más que amigos. Era… No, no era posible. Sacudió la cabeza, intentando despejar su mente. Ahora mismo, pensar en Gabriel le hacía sentir intranquila. - No hablabamos mucho de su trabajo, creo que eso ya lo sabe, teniendo en cuenta que han leído las conversaciones pero… Creo que… Recientemente había algo que le preocupaba. No sé muy bien el qué pero, estaba más cansado. Dijo algo de una complicación en el trabajo, algo que no debería haber ocurrido. Creo... Creo que alguien le seguía.


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MensajeTema: Re: Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]   29th Junio 2017, 11:12

Asintió ante sus palabras, pesaroso.

- Creemos saber a quién se refiere. Esa persona ya le había atacado antes, pero él consiguió arrestarla y se suicidó en su propia celda. Sin embargo, la noche de su desaparición encontramos el mismo cadáver entre los escombros, con un tiro en la cabeza. Las pruebas forenses indican que se trata, exactamente, del mismo cadáver, no el de una hermana gemela, aunque el primero aún continúa en la morgue. ¿Una mutante capaz de desdoblarse? No lo sabemos, eso aún continuará siendo un misterio. Tampoco podemos saber si ésta vez se encuentra definitivamente muerta pero parecía albergar alguna clase de resentimiento personal contra el señor LeBlanc. En cuanto al Profesor... le pedimos que lo localizara pero no ha sido capaz. Es como si la mente de Gabriel hubiera desaparecido del mapa, o como si estuviera enterrada tan profundo que no le es posible encontrarla, y eso no hace más que constatar lo que ya sospechábamos... Escuche, señorita Delaney; lo que le voy a contar no puede salir de ésta nave, y si alguien se entera de que se lo he revelado posiblemente me caiga una buena, pero no pienso dejarla en la ignorancia, no sabiendo que es muy posible que él vaya a por usted. S.H.I.E.L.D. se ahoga en secretos, muchos de los cuales es preciso mantener por el bienestar general, pero hay ocasiones en las que el oscurantismo no trae más que desgracias, como ha sido el caso de la última persona a la que enviamos en busca de Gabriel.

Diciendo ésto abrió la puerta de la sala ante la que se encontraban y Alice pudo constatar que se trataba de una especie de laboratorio médico con grandes máquinas por todas partes. A la derecha, separados por un cristal polarizado, había una camilla con una mujer asegurada a la misma mediante firmes bandas de sujección que le impedían moverse en lo más mínimo, aunque parecía inconsciente. Tenía el cuerpo cubierto de vendajes desde el cuello hasta más allá de las rodillas, las manos completamente enyesadas y un montón de tubos y cables que se conectaban con las máquinas que la rodeaban.


Alice la reconoció casi de inmediato, pues no hacía mucho que habían compartido una misión conjunta en Asia: se trataba de Elektra, la asesina mercenaria. Estaba rodeada de médicos que iban para acá y para allá, y el que parecía llevar la voz cantante era un hombre extremadamente alto, con una larga cabellera oscura y un irresistible atractivo varonil.

Junto al cristal polarizado había un panel para colgar radiografías en el que Coulson se dedicó a colgar una serie de fotografías. Cuando Alice se acercó, tuvo que llevarse las manos al rostro para contener una exclamación de horror ante lo que veía.

- Así es como se encontraba la señorita Natchios cuando nos la entregaron -le explicó el agente-. Había sido brutalmente torturada; le habían amputado los dedos, quebrado varios huesos, electrocutado y calcinado en una gran parte de su cuerpo. También había sido devorada parcialmente en amplias zonas de la pierna y el brazo -especificó señalando las fotografías de detalle.

El hombre dio a Alice tiempo para asimilarlo todo y suspiró; ahora venía la peor parte.

- Gabriel LeBlanc, tal y como usted le conoce, no existe. Nunca ha existido. Su nombre real es Cédric Valjean, un conocido criminal francés. Hace varios años lo capturamos y lo enviamos a unas instalaciones del gobierno en donde sería sometido a un novedoso programa que tenía como objetivo la reinserción en la sociedad. Se llamaba Programa Redemption. Nadie sabía lo que estaban haciendo realmente allí... o quizás es que no quisieron verlo. Cuando finalmente nos dimos cuenta resultó que se estaba atentando contra los derechos humanos en ése lugar; los criminales eran usados como sujetos experimentales para crear súper humanos leales al gobierno. Los métodos que utilizaban eran brutales; les obligaban a ingerir sustancias y sueros como el del Súper soldado, o les insertaban implantes forzosos que la mayoría de las veces eran rechazados por sus cuerpos. El único que sobrevivió fue Cédric... sólo que ya no era Cédric, pues le habían realizado un lavado de cerebro e implantado una personalidad totalmente falsa, con recuerdos inventados y, en suma, el lote completo para crear una persona nueva. El programa fue desmantelado, pero decidimos dejar a Cédric, o Gabriel, como ahora se llamaba, tal y como le habían dejado, pues pensábamos que el mundo estaría mejor sin su anterior encarnación. Lo tuvimos cerca, como parte de S.H.I.E.L.D., para tenerlo vigilado, y supongo que con el paso de los años nos fuimos relajando... demasiado. Nadie creía que Cédric pudiera volver a resurgir, pero ahora... mucho me temo que el atentado que sufrió en su casa junto con el enorme estrés de saberse en peligro de muerte hayan podido volver a sacarlo a flote. Como el proyecto se desmanteló, no seguimos estudiándolo y nunca llegamos a saber cuáles eran los límites del lavado de cerebro, o si habría alguna circunstancia que pudiera desencadenar la regresión.

Coulson sabía bastante de lavados de cerebro, pues él mismo había sido sometido a uno después de que lo resucitaran con la tecnología de S.H.I.E.L.D. En su caso, también había recuperado sus recuerdos. En su experiencia, éste tipo de cosas siempre acababan por volver, por eso no comprendía por qué Furia no le había contado a Elektra toda la verdad.

- Cuando LeBlanc desapareció, el director contrató a ésta agente independiente para que lo trajera de vuelta, pero no le habló de la existencia de Cédric porque en esos primeros momentos la teoría que primaba seguía siendo la del secuestro, o la de que había descubierto de alguna manera que era una consciencia artificial y había decidido huir, pero ya no nos cabe ninguna duda. El hombre que nos la trajo de vuelta nos describió al que se la entregó, y la descripción encaja totalmente con Cédric. Según la política de S.H.I.E.L.D. no deberíamos contarle nada, pero después de leer las conversaciones que mantuvieron por el teléfono móvil estoy convencido de que él acudirá a usted, más tarde o más temprano. Cédric conserva los recuerdos de Gabriel, y estoy seguro de que no dejará pasar la oportunidad de conocer a la chica que tenía a Gabriel tan fascinado. Cuando eso ocurra, aléjese de él todo lo que pueda. No se deje engañar por su apariencia y, si en algún momento le entra la duda acerca de su identidad, piense en ésto -le señaló una vez más las fotografías de Elektra-. Cédric... era un asesino en serie reconocido por su sadismo. Sus aficiones incluían, entre otras cosas, el canibalismo. Si en algún momento se siente vacilar, piense que podría terminar como ésta mujer y huya. Él puede controlarla mentalmente, así que no debe darle lugar a conseguirlo. ¿Sabe disparar, señorita? El Profesor me confirmó que tiene entrenamiento de combate. Si es así, le recomiendo que no salga de casa nunca sin la pistola, y que si le ve, le pegue un tiro sin dejarle hablar y corra lo más rápido que pueda. Después, una vez se encuentre a salvo, llámenos y díganos dónde le vio. ¿Cree que podrá hacerlo?

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MensajeTema: Re: Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]   3rd Julio 2017, 15:15

La primera señal en ponerla alerta y hacerle sentir que las cosas estaban saliendo a su control, fue las palabras del agente al confesarle que iba a contarle la verdad, que la mente de Gabriel había desaparecido por completo y que ella podía ser la siguiente. ¿La siguiente a qué,? Hubiera preguntado, de no haber sentido que era mejor guardar el silencio y no interrumpir la explicación que le estaban dando.

La segunda señal llegó en forma de fotografías, que una tras otra, el agente colgó en exposición para que Alice pudiera verlas. El efecto fue inmediato, incluso antes de reconocer exactamente qué eran, de ver que en efecto, se trataba del cuerpo de Elektra y del escabroso maltrato que había sufrido antes de llegar hasta ese laboratorio. Alice se llevó ambas manos a la mandíbula, aferrándose con tanta fuerza su propia carne que parecía cortar la circulación de sus manos, cuyos nudillos se mostraban blancos por la presión. Sus ojos cambiaron y se volvieron de un verde tan claro e intenso que no parecía natural. Sin darse cuenta, caminó de espaldas hasta que golpeó con una mesa, volcando su contenido y se dejó caer hasta llegar al suelo, aun con las manos firmemente aferradas a su propio rostro, incapaz de apartarlas de puro terror.

En el suelo, aovillada y temblando, no podía apartar la mirada de aquellas imágenes, aun cuando las lágrimas negaban su visión cada una de las heridas de aquel cuerpo maltrecho permanecían grabadas a fuego en su memoria. Podía imaginarse a Elektra, quien la había acompañado a Bagdad aguantando estoica cada una de esas torturas, su valor y fuerza de voluntad quebrada por el dolor y los huesos astillados.

Pero lo peor estaba por llegar. Elektra, había sido devorada viva. No había palabras en este mundo para expresar el desasosiego que sentía. Recordó el monstruo de la torre de Babilonia, y el miedo que aquellos seres sacados de pesadilla eran capaces de transmitirle. Este era un miedo distinto. Era un terror nauseabundo, esa mezcla de disgusto, decepción e ira que sólo las atrocidades de un ser vivo hacia otro eran capaces de provocar. Te podías imaginar un monstruo hiriendo a otra persona, eran representaciones de miedo y maldad, lo considerabas algo dentro de su naturaleza. Pero un humano devorando a otro. La imagen de Gabriel devorando a Elektra, imaginarse alguien que había sido tan querido e importante para ella ejecutando una acción tan desgarradora como antinatural… El mundo empezó a dar vueltas y se sostuvo los brazos con fuerza, como si intentara mantener de una sola pieza su pecho, pues pasado el mareo inicial, sentía como si le hubieran partido el corazón y necesitará de todas sus fuerzas para mantener las partes unidas. Si intentaba levantarse, si intentaba moverse, aquellos pedazos caerían por todas partes, ella misma se desplomaba incapaz de mantenerse de una pieza. Se sentía partida y dividida, y estaba segura que aquellas imágenes habían aferrado parte de su alma para no dejarla volver jamás, y nunca volvería a ser una de sola.

El peso de su propia tristeza pesaba en su garganta, impidiendo que los sollozos pudieran ir. Se sentía tan pequeña, tan miserable, que su voz parecía haber desaparecido por completo. Hubiera sido más fácil dejarlo ahí. Entender a Gabriel, o Cédric, como ahora le llamaba el agente, como una persona enteramente malvada, como una entidad similar a un demonio sin pizca alguna de bondad o humanidad. Pero a medida que le explicaba el proceso que había hecho existir a Gabriel, se perdía del todo su entorno. Ya no estaba en aquella inmensa nave que surca partiendo las nubes. Sólo existía ese laboratorio, Elektra, o lo que quedaba de ella, los científicos que la mantenían con vida, el agente cuya voz no le daba tregua, abriéndole los ojos a una realidad que no había estado preparada para afrontar. Y tras ella, a su espalda, la figura de Cédric se añadía a los miedos que desde hacía días la atormentaban. Si hubiera podido colocar la etiqueta de villano en Cédric, se hubiera sentido mil veces mejor, si en realidad fuera el francés quien hubiera fingido ser otra persona para acercarse a los demás. Si Gabriel no hubiera existido realmente, podría odiarle y todo sería mil veces más sencillo.

Pero por más que lo intentaba, no lograba borrar a Gabriel de su corazón. Había conseguido confiar en él, contarle lo que pensaba en todo momento, aunque fuera a través de un teléfono. Saber que Cédric había sido un criminal no paliaba el dolor de conocer todo aquello que había sufrido. Pero el dolor de Cédric no justificaba aquello a lo que había sometido a Elektra. Una atrocidad no justificaba otra. Y odiaba a Gabriel… A Cédric, por ello.

Gabriel… no existía. Era artificial, y eso significaba que la persona en la que tanto contaba días atrás no era más que un programa. Como si hubiera contado sus secretos y temores a Siri o a Cortana, quienes habían respondido como si fuera una persona más. Pero no era real. Y ya no existía. Lejos de aclarar sus dudas, las palabras del agente la habían llenado de incertidumbre, de sentimientos encontrados, pero sobretodo, de miedo. Miedo al pensar que había podido llegar a sentir algo tan cercano al cariño por un criminal, al pensar en lo que le había sucedido a Elektra, en pensar que pudiera sucederle a ella. Miedo al saber que alguien como Cédric podía existir, alguien capaz de comerse a otra persona, alguien cuyo cerebro había sido maltratado hasta el punto de crear en él a una segunda persona.

Era demasiado, y no podía procesarlo todo. No pudo, hasta que el agente de Shield afirmó en voz alta que si jamás volvía a ver a Gabriel, debía dispararle sin pensar, antes de que él pudiera entrar en su mente y terminar como Elektra. Se sintió febril, débil y miró a Coulson a los ojos. Ni las lágrimas ni el llanto podrían transmitir aquel terror visceral más de lo que lo hacían sus ojos.

En otras palabras. Le estaba pidiendo… que matara. Algo que iba en contra de su propia naturaleza, en contra de todo aquello que ella quería defender. Tendría que mirar a los ojos a su amigo y apretar el gatillo antes de que él pudiera siquiera pensar. ¿Y si era Gabriel en ese entonces? ¿Es que no había manera de salvar a…?

Salvar a un programa. Salvar a una persona que había nacido en un ordenador, cuyos recuerdos ni siquiera existían. Fue incapaz de responder. ¿Sería capaz de matar a Cédric? Quería negarse. Quería decir que no, con la misma convicción y determinación con la que hubiera respondido si le hubieran preguntado el día anterior.

Pero Elektra estaba al otro lado del cristal. Aquellos tubos que la mantenían con vida, y aquellas fotos que eran la prueba física de la cúspide de la crueldad humana, estaban al borde de trastocar su propia brújula moral.

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MensajeTema: Re: Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]   5th Julio 2017, 14:01

Phil Coulson había tenido que pasar por muchos momentos difíciles a lo largo de su vida; un asgardiano le había apuñalado en el corazón y había muerto, teniendo que pasar por un proceso de "vuelta a la vida" tan o más traumático que el que le estaban induciendo a Elektra; cuando el científico de HYDRA Ian Quinn había encontrado el depósito de Gravitonium y su amigo el instructor de S.H.I.E.L.D. Franklin Hall había intentado destruirlo se había visto obligado a afrontar que el plan de Hall iba a ser demasiado peligroso para la población local si le dejaba llevarlo a cabo y no había tenido más remedio que apagar el generador gravitacional, interrumpiendo el proceso. Los efectos secundarios de la gravedad resultante habían atraído a Hall a la masa de Gravitonium, envolviéndolo en ella.

- No entenderán lo que hice aquí -había dicho Hall.
- ¿Asesinar a personas? -había sido su respuesta, intentando que se replanteara lo que pretendía llevar a cabo.
- Para salvar a millones. Tenemos que vivir con las decisiones que tomamos. Pero a veces tenemos que morir con ellas también -aquella respuesta dejaba en claro que Hall no pensaba desistir de su idea, y Coulson sabía lo que significaba...
- Entiendo que ha tenido que ser una decisión difícil...
- Sí.
- Ahora tengo que tomar la mía -le había dicho antes de condenarle a un entierro en vida en el núcleo de Gravitonium.

Cuando Raina, la agente enviada por HYDRA para el Proyecto Cienpiés había capturado al mago callejero Chan Ho Yin y había experimentado con él inyectándole un suero que había incrementado sus poderes pirokinéticos a costa de hacerle perder el control, Coulson había intentado reducirle disparándole dardos tranquilizantes, pero al ver que el pobre desgraciado los incineraba conforme se aproximaban a su aura de fuego y que estaba atacando a los miembros de su equipo, fuera de sí, no había tenido más remedio que ordenarle a la agente May que "minimizara los daños", sabiendo que al decir estas palabras le estaba condenando a muerte. Pero era él o su equipo.

Había detenido la caída de un cristal de Terrigen sabiendo que si llegaba a romperse contra el suelo habría provocado la muerte de todos los que se encontraban a bordo de la nave y, al hacerlo, habían tenido que amputarle la mano izquierda antes de que todo su cuerpo se convirtiera en piedra. También había tenido que soportar la traición y la pérdida de personas importantes para él. Así que, sí, podríamos considerar que todo lo que había tenido que vivir y soportar a lo largo de su vida le había endurecido.

La mano biónica que llevaba, cortesía de S.H.I.E.L.D. (y que nadie que no fuera un experto en la materia sospecharía siquiera que no era real), suponía para él un recordatorio constante de que siempre había un precio que pagar, y la reacción de Alice, con el terror más puro reflejado en su rostro tan juvenil, era la mejor muestra de ello. Pero Coulson no se arrepentía de los métodos usados al mostrarle la gravedad de las acciones de Cédric en toda su crudeza, porque sabía que, en ocasiones, había que hacer algo aparentemente incorrecto por las razones correctas. Si alguien llega de repente para decirte que la persona a la que más aprecias es un asesino en serie... ¿le creerías? ¿Serías capaz de apretar el gatillo al verle o vacilarías?

Aunque los métodos de S.H.I.E.L.D. fueran a menudo cuestionables, él siempre sería un idealista que defendía la razón original de ser de su organización: S.H.I.E.L.D. tenía que ser un escudo que protegiera a las personas desde las sombras aunque ellas no lo supieran. Incluso aunque no lo quisieran. Por eso no se ablandó su actitud al ver la reacción de ella. Por eso no se apiadó.

- Alice -susurró, con dulzura pero con insistencia, poniéndose en cuclillas a su lado. Conscientemente había abandonado la distancia del trato formal para lograr una mayor cercanía hacia ella-, necesito que respondas a la pregunta que te he hecho. Necesito que me digas si vas a ser capaz de disparar a Cédric si le ves y avisarnos después porque necesito estar seguro de que vas a estar bien.

Porque sabía que Furia le iba a obligar a soltarla para que actuara de cebo vivo, y no pensaba hacerlo hasta estar seguro de que aquella chiquilla que era, prácticamente, una niña, sería capaz de defenderse si aquél psicópata la alcanzaba antes de que ellos pudieran intervenir.

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MensajeTema: Re: Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]   13th Julio 2017, 01:54

Miraba la pequeña nota a la luz de sobremesa del taller, intentando encontrar alguna marca de agua o símbolo identificador en el papel de buen gramaje que le había sido entregado por Sieglinde esa misma mañana. Según ella se trataba de algo importante. Sólo había unas escasas indicaciones, que incluían una fecha, una frase que rezaba "Se solicita su ayuda como experto en robótica, e implantes bio-tecnológicos." y junto a ello, un teléfono. Ya habían hecho sus averiguaciones. Fuera quien fuera, esa gente se lo había montado bien para llevarlo con la mayor discreción posible. Había adivinado la marca de papel, pero imposible averiguar de dónde procedía, ya que se trataba de una marca que producía para diversos lugares del mundo. La tinta era de boligrafos no recargables de la marca mas consumida. Con tiempo y mucha, mucha dedicación, podría localizarse en que sección de estados unidos, pero era un tiempo que no podía invertir. Al final, uno podía darse cuenta de que el modo de ser indetectable consistía en tender hacia lo analógico, y que los elementos que utilizabas para transmitir el mensaje fuesen lo más genéricos posible.Su investigación les obligó a utilizar el razonamiento racional, y acorde a la opinión de la Dama de Hierro II, sin duda debía tratarse de algún tipo de ofrecimiento secreto de algún gobierno, un caso polémico que no querían que se destapara, o algún tipo de incidente que debía ser ocultado a los medios para asegurar el correcto funcionamiento de algún tratado o coalición política. Pero no le instó a que aceptara, si no que dejó en sus manos la decisión.

Disponía de una hora límite, según se insinuaba en la nota. Era una especie de código. Un teléfono, una hora y un ofrecimiento. La conclusión lógica es que disponía hasta esa hora para contactar con quien fuera que estuviera al otro lado de la línea, y recibir los detalles. A partir de esa hora la oferta se daría por rechazada automáticamente, y con toda seguridad, tratarían de localizar a otro experto. Aún le quedaban tres horas para decidirse, pero no quería alargarlo hasta el límite. Sabía que podía ser considerado una mala maniobra por su parte. No le gustaba la idea de trabajar para alguien que no conocía. Aunque había una probabilidad mas que alta de que se tratara de lo que habían especulado, por lo que a ellos respectaba podría tratarse de un trabajo para la mafia china o nor-coreana. Decidió que no iba a aceptar a menos que le dieran algún tipo de garantía.

Cogió su teléfono y descolgó, para efectuar la llamada. Pero todo lo que recibió, fue un agradecimiento, las indicaciones de que estaban interesados en los prototipos de extremidades superiores, pidiéndole que preparara unos cuantos y el aviso de que irían a recogerle en un avión privado en la fecha que él creyera conveniente en un plazo de máximo diez días. Él aclaró que con una semana le bastaba.

Pero si hubiera sabido la que se les venía encima, jamás habría aceptado...

El día antes de su marcha, un ejército alienígena asoló algunas de las zonas mas importantes de Europa. Tras la salida de los agentes encubiertos, la MKL quedó sellada con todo tipo de protecciones, y todo el personal y los alumnos fueron trasladados a los subterráneos. Pero nada les ayudó a escapar de la catástrofe. Incluso a esa lejanía, se oían los estruendos. Se sentían en el interior de la tierra, y muchos de los empatas y seres faericos, o mágicos, tuvieron varios ataques de histeria, al ser capaces de percibir por los elementos el terrible dolor que se causaba al medio ambiente, a las criaturas vivas, y a la población. Atenderlos estaba resultando una tarea titánica. Habían tenido que habilitar varias salas como enfermería improvisada, y Björn, Decibelio y el resto del equipo médico estaban doblando guardias.

El había insistido en quedarse. Sus palabras exactas habían sido "Que les den por culo. Me necesitáis aquí" pero Sieglinde le había hecho entrar en razón. Ahora necesitaban de toda la ayuda posible, pero tenían personal para afrontar esa situación, y no podían permitirse levantar sospechas. Por lo que al mundo respectaba, todos habían estado a salvo en el interior de la institución, y lo único que debían hacer era reponer y recuperar su ritmo normal. El equipo de espionaje se había arriesgado mucho, y había vuelto de la operación encubierta algunas horas atrás, pero ahora mas que nunca, debían demostrarse capaces de afrontar la situación con entereza. Sabía que Sieglinde no se arriesgaría a dejar la institución desprotegida, o a cometer una temeridad como hacerse cargo de la situación sin personal suficiente, o capacitado para ello. Si ella decía que debía marcharse, y que era lo mejor, por muchas dudas que eso le supusiera, debía acatar su decisión. Además, no sabía hasta qué punto era relevante esa "misión" que le habían encomendado.

El Jet privado pidió permiso para aterrizar a una hora muy temprana, tomó tierra en el helipuerto de la MKL, y un hombre le invitó a subir. Llevaron a cabo el vuelo de manera regular, salvo por el hecho de que al pedir autorización para aterrizar, el vehículo se elevó cada vez más y más por los aires. Por un instante, tuvo pánico de que se tratara de una emboscada de las criaturas alienígenas. No fue hasta que observó el gran transporte en el cielo que todo encajó por fin en su lugar. Cualquier ingeniero que se preciara sabía de la leyenda de ese Leviatán aéreo. De hecho, esa comparación le venía al pelo, puesto que todos creían que era un mito. Sus ojos estuvieron a punto de salir despedidos, de lo mucho que los abrió.

- No me jodas. - musitó el español en su idioma natal. - No puede ser. ¡¿ESTO ES EN SERIO?!- gritó por encima del ruido de los rotores, mientras se adentraban en la enorme bestia de metal, dejando el cielo azul atrás.

En un primer momento, se mostró emocionado como un niño en navidad. Miraba hacia todas partes observando la leyenda de metal surcando el cielo, como si no pareciera físicamente imposible que algo así se sustentara sobre cuatro rotores monstruosos. Intentó hacer preguntas, absorber toda la información que pudiera observando con atención, mientras le guiaban hacia la sala en la que iba a trabajar. No fue hasta que observó el cielo azul a través del cristal, y la tierra a esa distancia, que no se le ocurrió que eso era precisamente lo que habían visto los invasores, antes de asolar sin ningún control un área brutal de Europa. Aquello, de pronto, hizo que toda su emoción desapareciera. Se sintió frívolo por haberse dejado emocionar tan fácilmente, cuando allí abajo aún había alumnos, amigos y compañeros, que lo estaban pasando mal, mientras el volaba miles de metros visitando un lugar emblemático para el, mientras los demás sufrían bajo ellos.

Su sorpresa fue en aumento a medida que pasaba tiempo en el transporte. Le trasladaron a una sala donde encontró a cuatro de los médicos mas prestigiosos del mundo en sus respectivos campos, dos cirujanos, un especialista en reconstrucción y un infectólogo, y a dos de los mejores especialistas en implantes bio-orgánicos y mecánimos. Tuvo otro instante fugaz de sorpresa y emoción, al encontrar que uno de ellos no era otro que Takamura Hideo, un hombre que tiempo atrás, había sido profesor en la universidad en la que él había cursado el año de Erasmus, en japón.

Sólo entonces, tras las efusivas presentaciones y reencuentros, un hombre se adentró en la habitación y les explicó el caso. Se limitaron a los detalles importantes, mostrando fotografías y poniéndoles al corriente de lo ocurrido. Él no termino de asimilar la información, pero el otro experto en implantes mecánicos lo hizo con demasiada rapidez. Al enseñar las fotos de las múltiples heridas, y hablar acerca de las posibles dificultades que supondrían curar las laceraciones por las posibles infecciones derivadas de los mordiscos humanos en la carne, el hombre se levantó, fue directo a la papelera, y entre terribles gruñidos vació el contenido de su estómago. Fué necesario darle agua, un calmante fuerte, y darle aire hasta que le volvió algo de color. A pesar de lo cual, se pasó toda la mañana pálido y con la cara desencajada. No era para menos. El caso se complicó para Enzo, en cuanto supo que la víctima se trataba de una mujer. Aquello le causó una náusea que amenazó con hacerle imposible trabajar, traducida a un temblor en sus manos a causa de la rabia. Se excusó un momento, yendo al baño, donde apretó varias veces las manos, apretando los dientes, hasta que se serenó y volvió a la sala, decidido a procurar otorgarle a esa pobre mujer, fuese quien fuese, una recuperación digna de aquello que le habían arrebatado. Los expertos mostraron sus implantes, y después de hablar acerca de las posibles implicaciones que tendrían unos y otros, se decantaron por usar un modelo que Enzo, con ayuda de los dos ingenieros, podría adaptar para acoplar a las falanges superiores. A partir de entonces se habían puesto a trabajar, decidido a llevar la voz cantante en el proceso.

Llevaban trabajando toda la mañana. El hecho de disponer de unas instalaciones tan bien surtidas y espectaculares como las que tenía S.H.I.E.L.D habían aumentado la efectividad, y simplificado el proceso en gran medida. Realizaron un estudio óseo referente a los antiguos historiales médicos de la paciente, observando la proporción, tamaño y consistencia de los huesos, y habían puesto a trabajar las impresoras 3.D capaces de realizar piezas de cualquier material imaginable. Al menos las mas avanzadas. No estaban al alcance de todos, claro, pero la agencia no estaba reparando en gastos, lo cual le dejó claro al español hasta qué punto debía ser importante esa mujer. Habían realizado una reconstrucción simulada , y ahora que disponían de las piezas estaban tratando de integrarlas en la estructura ficticia de los huesos de ella, utilizando una mano que había sido donada con fines médicos. Emulando las heridas de ella, estaban considerando hasta dónde habría que arrancar la carne del hueso para proporcionar una fijación estable. Debatían a qué altura colocar los cinturones de sujeción a la articulación, para evitar que la médula pudiese filtrarse a través de los injertos, y también, impedir que supusiera un dolor innecesario, o un impedimento al movimiento y por tanto, al proceso de recuperación. Las exigencias del grupo eran elevadas. Trataban de exigir un éxito de al menos una recuperación del 95% de las capacidades, lo cual, ni podían asumir ni asegurar. Quizá eso le llevara mucho mas tiempo del esperado. Tendría que contactar con Sieglinde en cuanto pudiera.

Desvió la mirada hacia la castigada mujer que se mantenía atada en la mesilla, sumida en un sueño inducido profundo. Se sintió violento al contemplar su expresión delicada, pensando en lo tranquila que parecía ahora, a pesar de haber tenido que pasar por una experiencia traumática, de la que no estaba seguro de que se pudiera recuperar. Canibalismo, tortura, y no quería imaginarse qué otras cosas había podido sufrir antes de que la rescataran. Sintió una impotencia que parecía estar volviéndose muy presente en su vida. El mismo recomendaría que la dejaran en ese estado lo máximo que pudiera, mientras forzaban el soldado del hueso. La peor parte de la implantación. El estruendo en la sala contigua le hizo salir de su ensimismamiento. Hizo un gesto al resto del equipo, y se acercó a la puerta, abriéndola con cuidado.

- ¿Va todo bien? Hemos oído el estruendo. - preguntó, asomándose a través de la puerta, para observar cómo el agente Coulson, aquel que les había puesto al corriente de la situación esa mañana estaba acuclillado frente a una chiquilla temblorosa, que parecía horrorizada. Se quedó en blanco, hasta ser capaz de procesarlo. No estaría... No podía ser. ¿Cómo se le había ocurrido llevar allí a una chiquilla? ¿Para presenciar todo ese horror? El hombre se acercó a grandes zancadas a la pareja. - ¿Qué esta pasando aquí? - dijo mientras se acuclillaba, y veía el profundo terror en los ojos de la joven, que temblaba como una ramita a punto de quebrarse por una tormenta demasiado fuerte. Levantó la vista y observó que había fotografías mostrando las heridas de la mujer, y que de hecho a través del cristal podían ver todo su proceso de trabajo.- ¿Cómo se le ocurre?- preguntó, indignado, incapaz de creerse lo que estaba viendo. Trató de ayudar a la chica para levantarla del suelo, y aproximó una silla con respaldo, para que pudiera sentarse en ella. Luego fue al grifo, y llenó un vaso de agua bien fría. Eso calmaría su estómago y le mejoraría un poco la náusea, si es que las tenía. Al volver, echó una mirada recriminatoria al agente. Esa chica tenía edad de ir al instituto. ¿Que coño tenía en la cabeza ese hombre?
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MensajeTema: Re: Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]   16th Julio 2017, 13:57

Sus ojos, aún verdes, parecían perder color a medida que su brillo se apagaba. En su imagen se repetía una escena que mil veces había repetido en la sala del peligro, el último guardia, el que impedía la salida, al que debía matar. ¿Cuántas veces había tenido que repetir ese ejercicio con tal de ser capaz de disparar a un holograma que parecía un ser humano? Esa situación era parecida. Cédric era un monstruo, uno con piel de persona, y Gabriel, era el holograma. No existía, pero tenía el aspecto, el carácter de uno.

Si no había podido disparar a un holograma pese a ser consciente de que lo era, ¿iba a poder con Gabriel?

Al final, había podido. Había superado la prueba de Logan tras apretar el gatillo. ¿Quién decía entonces que no pudiera hacerlo una segunda vez? Sentía la garganta seca. Su estómago se había comprimido como si alguien lo hubiera deshidratado, y el borde de su visión era ligeramente negro, como si estuviera en trance, o al borde de perder la consciencia… O la cordura. Estuvo a punto de afirmar, su cabeza se alzó muy lentamente, preparándose para dar aquella devastadora cabezada que iba a desmoronar los cimientos de su eje moral.

Entonces se abrió la puerta, y Alice volteó el rostro para mirar en aquella dirección. Por un instante se tensó, como si esperara ver el rostro rubio y los ojos carmesíes de su no-amigo el psicópata. Pero en su lugar había un hombre, de largos cabellos negros y barba incipiente, ojos verdes. Su rostro era hermoso, pero en ese instante Alice era completamente incapaz de enfocar sus rasgos. Sus ojos se habían negado de lágrimas, y a su mente le costaba ahora seguir el ritmo de todo cuanto sucedía. No lograba procesar lo que estaba a punto de decirle a Coulson antes de verse interrumpidos, no entendía por qué interrumpió aquel hombre o de qué estruendo estaba hablando. No existía nada fuera de aquella sala, ¿Cómo podía existir? Su corazón estaba ahora tan lleno de angustia que la cegaba y no podía pensar en nada que no fueran aquellos ojos del color de la sangre y el miedo helado ahora instalado en el fondo de su alma.

El moreno se acercó a ella e hizo ademán de alzarla, y ella no se resistió. Alice se sostuvo en sus brazos, apoyando su peso en él, débil como se sentía y segura de que sus propias rodillas no eran capaces de mantenerla en pie. Sintió la musculatura del hombre bajo la ropa, haciendo fuerza por sostener el peso que ella no era capaz de mover y la ayudó a colocarse en una silla. En cuanto la dejó sola, volvió a sentirse abrumada, esta vez sintiendo que el espacio descubierto frente a su pecho era una vía libre a sus órganos, como si estuviera desprotegida y el más absurdo golpe a su pecho pudiera romperla. Primero una bota, y después la otra, Alice colocó ambos pies al borde de la silla y apretó ambas rodillas contra su pequeño tórax, como si eso fuera a protegerla. Sus manos temblaban, pero aun así no pudo evitar deshacer y recolocar las mangas de su jersey, intentando que esos pequeños gestos familiares le devolvieran parte de aquella serenidad que tanto la caracterizaba.

Pero no funcionaba. Así que se centró en sus botas, y sus dedos temblorosos empezaron a deshacer los nudos que las mantenían fijas contra sus piernas y volvía a anudarlos, con tristeza, mientras las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas una vez más. Esos pequeños gestos, parecían ahora la prioridad de la británica, como si fueran algo muy importante, un código secreto que sólo ella entendía. Un código que no funcionaba y que la llenaba de frustración, como si al no lograr completar ese simple proceso, no pudiera avanzar o pensar en otras cosas…

Hasta que el… ¿médico? Que había irrumpido en la sala volvió junto a ella con agua. Alzó ambas manos, cerrándolas en torno al vaso y sus ojos fijos en él. El iris de Alice seguía cambiando paulatinamente de color, a medida que la muchacha peleaba por recuperar el control, por sentirse segura y asentar sus miedos, espirales más claros se entremezclaban con el oscuro y pequeñas motas de marrón se movían con la parsimonia de las nubes en el horizonte, incapaz de ver su movimiento al principio, pero obvio si observabas durante mucho rato.

¿Cómo se le ocurre? Le había espetado el médico al agente, indignado por lo que estaba pasando en aquella sala. Alice no se había planteado lo que estaba por venir. Estaba demasiado abrumada con el ahora, como para pensar seriamente en las repercusiones que todo lo que estaba pasando. La invasión de Londres, la aventura en la torre de Babilonia, y ahora, Elektra. Le empezó a doler la cabeza en recordar las pesadillas, que de bien seguro sólo iban a empeorar, y se preguntó débilmente si volvería a dormir alguna vez.

Y en cuanto sintió el llanto buscando emerger de su garganta, se llevó a los labios el vaso, ahogando las ganas de llorar en el frío agua que le había ofrecido aquel hombre.

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MensajeTema: Re: Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]   16th Julio 2017, 20:05

Coulson permitió que Lorenzo se ocupara de la muchacha y, cuando le hizo la pregunta, se lo llevó aparte a donde Alice no pudiera oírle, dándole tiempo a la mutante para que se recompusiera y bebiera el agua.

- Escuche, señor de Borgia, usted es el experto al que hemos consultado para la recuperación de miss Natchios, pero no tiene idea de lo que está ocurriendo aquí. Lo que tiene entre manos es el trabajo de un enfermo, un psicópata que disfruta infringiendo dolor, y tenemos motivos para pensar que esa tierna niña que ha suscitado su compasión puede ser su próximo objetivo. Por razones que no me voy a detener a explicar, ella pensaba que podía confiar en él. Mi trabajo es hacerle ver que no es así. Mis órdenes eran dejarla ir como cebo y vigilarla para capturar al culpable antes de que llegue a actuar, pero no pienso hacerlo hasta haberme asegurado de que entiende la clase de amenaza a la que nos estamos enfrentando. Le he enseñado lo que ese monstruo es capaz de hacer porque no quiero verla vacilar en el momento en que le vea aparecer, porque, precisamente, quiero evitar que termine en esa camilla después de haber corrido el mismo destino que esa mujer.

Su manera de hablar fue en todo momento firme y seguro de sí mismo, sin dejarse intimidar por la diferencia de altura y constitución que había entre los dos. Su mirada derrochaba determinación y una convicción aplastante en sus ideales y valores, aunque otros no pudieran entenderlos.

- Sigue en shock -comprobó después de echar un último vistazo a la muchacha-. La dejo con usted y sus médicos. Volveré a verla en un rato. No quiero resultar insensible, pero debe asegurarse de que entiende que no la dejaré marchar hasta estar completamente seguro de que no corre peligro.

Sin embargo no llegó a salir de la sala antes de que uno de los médicos se asomara vacilante:

- Señor... será mejor que entre, está pasando algo raro.

Una vez dentro, les enseñaron una serie de monitores.

- El flujo sanguíneo está bien, pero la actividad cerebral...

No hizo falta decir nada, pues los pitidos que emitía el electroencefalógrafo eran lo suficientemente elocuentes, y la línea recta que registraba el encefalograma también.

De repente, y sin previo aviso, uno de los médicos agarró a una de sus compañeras y le puso el bisturí en el cuello.

- Soltad las correas que constriñen mi cuerpo -ordenó-. Soltadme o ella muere -indicó refiriéndose a la mujer que mantenía como rehén.

Era en apariencia uno de los médicos, pero su mirada había cambiado. Era una mirada fría, helada, que Alice reconoció al instante... la mirada de Elektra.

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MensajeTema: Re: Recuperación parte 1: Cuerpo (Alice Delaney, Lorenzo de Borgia) [29-03-2019]   

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