Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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  [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]

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Ahri'ahn

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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   27th Julio 2017, 16:13

La promesa de Brunilda pareció bastar a aquellos hombres. Aunque no consiguieran recuperar a Aquaman, simplemente el hecho de volver a restaurar todo a como era antes ya sería un paso de gigante comparado con su desastrosa situación actual.

Los números de Constantine no parecían cuadrar; ¿6 personas sin contar a la rubia? Rodunn miró confundido al grupo de desconocidos; le parecía que allí había menos de seis personas, pero lo achacó a la merma que el cambio de forma había producido en sus capacidades intelectuales y no dijo nada. Sus hombres se disponían a cazar a los animales, pero entonces el caballo de Brunilda se adelantó y, entre relinchos suaves logró reunir a la manada ante ellos y convencerlos para que se dejaran montar pacíficamente.

Las curiosas monturas eran más pequeñas y esbeltas que el caballo estándar, así que se decidió que Hellboy iría junto a Brunilda en su robusto pegaso pues parecía poco probable que cualquiera de aquellos animales fuera capaz de soportar su peso. Blaze, por su parte, prefirió invocar una moto de fuego ante la sorpresa de los hombres bestia y, pronto, estuvieron todos preparados para iniciar el viaje.

Parecía que aquella increíble aventura estaba llegando a su fin...

INTERLUDIO


Elissa abrió los ojos cuando el molesto sol del amanecer se filtró a través de los ventanales y se topó con su maestro, Arión, que la observaba sentado en la cama a su lado.

- Ah, bien... Estaba a punto de despertarte -le dijo por todo saludo. Tenía una expresión extraña, como más seria, aunque llevaba algún tiempo de un ánimo más sombrío y ausente de lo normal, casi funesto-. Ha llegado la hora, Elissa. Mis enemigos, aquellos que te mostré en la esfera mágica meses atrás, finalmente han llegado.

Les había perdido la pista hacía menos de dos días, cuando había entrado en la cueva donde se encontraba cautiva la Trinidad. Cuando aquél al que llamaban Loki se había acercado a una de las estatuas su visión se había interrumpido, como si algo o alguien la bloqueara, y no había que ser demasiado inteligente para comprender qué había pasado. La Trinidad había sido liberada y, tal como temía, los habían transportado hasta su puerta. Pensaba que podría haber tenido más tiempo; incluso aunque hubieran superado todas sus trampas estaba el océano por en medio y éste era un obstáculo difícil de salvar con los medios de los que disponían. Podían haber tardado varios meses más en llegar, pero ahora...

- Tengo que ir a recibirles; después de todo, han realizado todo éste viaje sólo para verme, ¿no? No debemos decepcionarles -se puso en pie, ajustándose las ropas, que consistían únicamente en unos pantalones, botas altas hasta la mitad del muslo y una camisa abierta con chorreras, sin protecciones de ningún tipo. Aunque, siendo mago, tampoco es que le hicieran mucha falta, ¿verdad?-. Pero, antes de irme, quería darte algo.

El mago la tocó en la frente y una súbita oleada de comprensión la inundó. De repente, Elissa entendía perfectamente cómo funcionaba la máquina de transmutación que su maestro había usado para crear a los hombres chacal.

- Tuve que recurrir a los métodos malditos de mi hermano porque sabía que ninguno de esos hombres me serviría por su propia voluntad después de lo que tuve que hacerle a su rey -explicó mientras iba hacia la mesita baja detrás del estanque en donde había dejado el cinto con la espada y se lo anudaba a la cintura-. Pero no disfruté con ello. En ese momento estaba convencido de que grandes males requieren grandes remedios, y de que el fin justifica los medios. Necesitaba un ejército y era la única manera que tenía de obtenerlo. Pero sé que contigo no hará falta. Tú no tendrás que recurrir a los métodos que yo tuve que emplear, y sé que mi pueblo te adorará. Ya lo hacen. Así que... cuando yo ya no esté... ocúpate de volver a convertirlos en personas. Elissa -avanzando de nuevo hacia ella la tomó de las manos y la miró a los ojos-; creo que, durante éstos meses, he aprendido de ti casi tanto como tú de mí. No me arrepiento de lo que hice, aunque es irónico -dijo haciendo una mueca-. Quería ser un héroe y sólo conseguí que me vieran como a un villano. Así que... imagino que debo darles lo que tanto esperan... Es hora de escribir el último capítulo de ésta triste obra. Adiós... y gracias por todo.

Tras besarla en la frente, Arión se marchó, dejando a Elissa encerrada y sellando la puerta de su habitación con conjuros mágicos, pues sabía que aquellos que venían a castigarle no le harían daño ni a ella ni a su madre, y tenían consigo hechiceros capaces de deshacer los encantamientos.

Y si al final sobrevivía era preferible que Elissa no fuera a ninguna parte para que pudiera arrebatarle de nuevo el conocimiento que acababa de proporcionarle.

FIN DEL INTERLUDIO

Tal y como había dicho Rodunn, no tardaron más de un día en llegar hasta la Ciudad de la Puerta Dorada. La salida del sol les saludó desde detrás de los altos muros de la ciudad fortificada, en cuyo centro destacaba la enorme puerta que le daba su nombre, arrancando destellos áureos al astro rey.

La mayoría iban a caballo, con el Ghost Rider sobre su demoníaca moto y los dos hechiceros asgardianos sobrevolando invisibles al grupo. Frente a las puertas había tres soldados con cabeza de chacal que rápidamente dieron la voz de alarma y, al instante, un montón de arqueros transmutados les apuntaron desde lo alto de las murallas.

No mucho después apareció Arión, flotando mágicamente por encima de la puerta principal. Rodunn y sus hombres les acompañaban, tal y como había supuesto. Bien, esa era la razón por la que les había permitido huir varios días atrás. Había supuesto que se encontrarían y necesitaba a alguien que les guiara hasta él para que pudiera tener lugar el último acto de aquél absurdo drama.

- Habéis recorrido un largo camino y estaréis cansados, así que intentaré ser breve -les dijo-: Johnny, no tengo nada contra ti, y eres de los pocos amigos que nunca llegó a traicionarme. Si te das la vuelta ahora y te marchas, no habrá represalias. Lo mismo se aplica a vos, milady -añadió mirando a Brunilda-. Ni siquiera os conozco y no tengo motivos para haceros daño... aún. Hellboy... me abandonaste cuando más te necesitaba, pero si te vas ahora no te lo tendré en cuenta. Wade, me serviste bien cuando te necesité, y puedo proporcionarte tal cantidad de oro que podrías nadar sobre él. Incluso podrías quedarte en Atlantis y trabajar para mí, y tener cuantos placeres quisieras. Todo ello estoy dispuesto a dártelo si te pones de mi lado. Razor... a ti te dejaré marchar si me entregas la gema de anulación mágica que llevas contigo, en consideración a los buenos momentos que pasamos juntos. Constantine... me dejaste en unas catacumbas repletas de muertos vivientes para que me devoraran, únicamente para poder llevarte un valioso vademécum de nigromancia sin que te lo impidiera -su mirada esmeralda se estrechó al mirarle, aunque su rostro no manifestó emoción alguna-. Debería hacértelo pagar, pero también te dejaré marchar si, a cambio, me entregas a la mujer de hielo. Sé que se encuentra entre vosotros; puedo sentir su esencia y traspasar su invisibilidad.

Su mirada se detuvo entonces sobre Dalae y su maestro, haciendo evidente que, efectivamente, no habían podido engañar a su segunda vista.

- ¿Qué ocurre, Dalae? ¿Estás demasiado avergonzada por lo que me hiciste como para dejarte ver? ¿O acaso es cobardía? Ya tuve ocasión de comprobar que prefieres atacar por la espalda, cuando tu objetivo no puede defenderse -su voz era hielo y sus, palabras, témpanos afilados. Entonces, se giró hacia Loki-. Tampoco os conozco a vos y no tengo nada en vuestra contra. Podéis marcharos, todos. A cambio sólo pido que me entreguéis a Dalae. Esa mujer me robó... y tiene algo que me pertenece. No podéis negarme justicia.

Una vez más se volvió hacia el grupo.

- Si no hacéis lo que os pido e insistís en vuestra absurda empresa, debo advertiros -señaló hacia las murallas-. Todo mi ejército está formado por atlantes inocentes a los que muté utilizando los mismos procedimientos que usé contra Rodunn. Ya habéis tenido ocasión de conocerle y sabréis que no tienen culpa de nada; me obedecen porque no tienen elección, y la magia que les convirtió en lo que son ahora se puede deshacer. Si persistís en atacarme no tendré más remedio que soltar a mi ejército sobre vosotros, y sus muertes pesarán en vuestra conciencia -se cruzó de brazos-. Será mejor que toméis una decisión. Mi paciencia es limitada.

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John Constantine
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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   28th Julio 2017, 00:48

La jugada le había salido por la culata y se fue a tomar por culo, todo en uno. "Johnny, estás perdiendo facultades o estás gilipollas". Tenía ganas de tocarle la moral al dios nórdico de las mentiras porque, para decirlo de alguna forma, estaba en sus genes. Sin embargo Rodunn no le pilló la gracia, o es que la gracia no había salido de su cabeza y por eso no había funcionado. Fuera lo que fuera, eso fastidió al mago, y tuvo que conformarse con guardar silencio y cagarse en todo dios por dentro. Le esperaba un viaje lleno de amargura.

De camino a Atlantis y montando aquella criatura alada, el inglés se preparó mentalmente para el inminente enfrentamiento con Arión y su particular demonio. Hasta el momento no lo había dicho en voz alta pero teniendo en cuenta el poder mágico que albergaba el atlante, si un demonio había conseguido poseerlo significaba que se trataba de alguien cuyo trono estaba en los círculos mayores del infierno. Eso significaban dos cosas: la primera que no se trataba de un caso aislado. Si uno de los demonios de más alto rango se las arregla para poseer a alguien en el plano terrenal implica una trama con vistas al futuro. Un plan preparado a consciencia para ganarse un primer asiento en la gran obra del fin del mundo.
La segunda y más inmediata, que las iban a tener jodidas para expulsarlo del cuerpo de Arión. Los demonios menores son capaces de matar a su huésped al ser exorcizados si se le da la oportunidad. John se las sabía todas para engatusar a los demonios menores y que centraran su atención en otra cosa para venderles el oro y darles en los huevos. Los demonios mayores eran otro cantar: si no ibas con cuidado podías tenértelas con un cadáver pintado de vivo movido por los hilos del demonio, hasta que éste se cansase y mostrara sus cartas. Nunca jugaban limpio, y por eso al inglés se la daba tan bien tratar con ellos. Sin embargo, el poder es poder. Iban a tenerlo complicado.

Al aterrizar frente a las puertas de la ciudad ya tenía pensada una táctica. Era arriesgada pero podría funcionar. No en vano había estado preparando aquella habitación dentro de la Casa del Misterio para ocasiones especiales, y ésta parecía ser una de ellas. El hechizo aun estaba verde, pero como se suele decir, quien no arriesga no gana. En la demonología todo se basaba en tener buena mano, ya fuera con las cartas o con los faroles. Apostar a lo grande y tan fuerte que el rival se vea sin saber qué hacer y acepte tus términos. Una cosa buena de ser un mortal: los demonios suelen subestimarlos demasiado.

El descanso fue breve, ya que los guardias dieron la alarma nada más verlos. Hombres con cabeza de chacal. Genial, más mutantes. Y para colmo no eran pocos: eran cien y la madre, armados con arcos y flechas. Podrían estar todos armados con ametralladoras y daría igual. Un arma es un arma.
Arión hizo acto de presencia, elevándose por encima de sus huestes y les habló directamente, uno a uno y... haciendo demandas. John lo escuchó atentamente, en silencio. Muy, muy en silencio y muy, muy quieto. Cuando Arión terminó, no hubo ni un segundo de pausa ni de silencio. Acto seguido de sus palabras, el sonido que rebotó en las puertas de la ciudad atlante fue el del genuino y palpable "aplauso sarcástico" de manos del propio Constantine.

- Te propongo otro trato aun mejor: cierra es puta boca de cloaca que tienes por boca y deja de tirarnos mierda. - Oh si, empezaba el show porque... es que era demasiado gracioso como para no reírse en su cara. - Deja que lo asimile bien: tú, Arión, le gran mago atlante, paladín del orden como sueles presentarte tienes los cojones de decirnos que podemos marcharnos en paz cuando te has cargado todo el planeta por tu puto ego con murallas. Tú que has mandado a la edad de piedra a toda la humanidad nos echas en cara como un crío pequeño que te jodiéramos pero eh, eres benévolo y nos dejas marchar. ¿Qué tal si les preguntamos a todo el que has convertido en mono lo que piensan de eso? ¿Les preguntamos si te dejan marchar? ¿Qué tal si le preguntamos a tu mayordomo muerto, asesinado por su propio amo? Oh pero, lo mejor de todo: hablas de cobardía y estás ahí arriba, escondiéndote en tus murallas sin afrontar lo que has hecho y detrás de un ejército de inocentes que tu mismo has convertido para que te sirvan. ¿Hablas de vergüenza? Mira lo que les has hecho a los tuyos, al mundo. Luego mírate al espejo y ten la decencia de escupirte y decirte lo hipócrita que eres. Y dices que no podemos negarte justicia. ¡Eh! ¿Qué tal si te metes tu justicia por el culo? ¿Dónde está la justicia para el resto? ¿Dónde está la justicia para los inocentes con los que nos amenazas? ¿Vas a sacrificarlos en pos de TU justicia? Jesús... Estás tan lleno de mierda que deberías apellidarte Constantine. Deja de llorar, sácate la escoba del culo, devuelve el tiempo robado y afronta lo que has hecho. Entonces, y sólo entonces tendrás el derecho de recriminarme que te dejara en aquel agujero lleno de muertos. ¡No tengas la puta cara de pedir justicia usando a tus experimentos de Frankenstein como arma y bajar aquí, gilipollas!

Al principio había sido algo divertido. Luego no lo fue tanto.

John no se enfadó porque todo cuanto había dicho Arión fuera pura mierda de un ególatra de manual. Lo que más cabreó a Constantine fue no detectar ninguna presencia demoníaca más allá de una estela de un hechizo antiguo.

Eso significaba que pasara lo que hubiera pasado, quien hablaba era el propio Arión. Joder...

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Brunilda
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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   30th Julio 2017, 17:47

- No es al primer “fin del mundo” al que he sido invitada. Sé muy bien lo que hacer con mi espada. Muchos siglos antes de que tu nacieras yo ya tenía la suficiente experiencia en el campo de batalla.- Rodó los ojos. Magos sabelotodos, los odiaba. Un dedícate a tu magia que no tienes ni pajolera idea de espadas ni guerras estuvo a punto de escapársele de los labios pero no podían mostrar un grupo desunido. Pensaba que era una de las personas más desinformadas de culturas ajenas, con el comentario de Constantine sobre la monarquía y el incesto veía que se equivocaba y por mucho. En Asgard estaba muy mal considerado el incesto, tanto el biológico como el de nombre.*

Aragorn como buen rocín y de tendencia a ayudar a los héroes en sus misiones, llamó a la manada. Ambas monturas eran afines en muchos aspectos: eran équidos, estaban modificados genéticamente, tenían comportamientos gregarios … La raza creada por Arion eran medio reptil, Aragorn era medio ave. Las aves y los reptiles eran semejantes. Ambas especies tenían un antepasado común. Se debía a estos parecidos que los unicornio s reptilianos hicieron caso del llamado de Aragorn. La valquiria acarició el cabello de su montura en un gesto de afecto y compañerismo. Una vez que Hellboy y Brunilda estuvieron sobre su lomo, el caballo alado extendió sus esplendorosas alas y despegó el vuelo con majestuosidad. Se mantuvo todo el camino a baja altura  para no perder de vista a aquellos que iban por tierra. Tras un rato de vuelo llegaron a su destino. El grácil corcel  aterrizó frente a la muralla de una ciudadela. Frente a ellos se alzaba una gran puerta dorada. Cuando las herraduras de aragorn tocaron el suelo, la guerrera inmediatamente se bajó del rocín. Vió a los guardias que custodiaban las puertas. estos dieron la voz de alarma y emergieron más hombres armados. Se puso a contar cuántos hombres eran. Esos teriomorfos tendrían un poco más de fuerza que un humano medio. Si estaba estimado más o menos que  la valquiria podía vencer a un ejército humano armado en poco menos de cinco minutos. ¿Que tardarían en vencer ese ejército? Poco más de diez minutos si lo tenía que hacer sola.

Ante ellos se presentó un hombre de larga cabellera castaña parecía ser el responsable de todo ese caos. Escuchó la perorata del mago atlante. Estaba muy claro que había personas en aquel grupo de las que no se podía uno esperar nada. Había en ese equipo miembros de los que tenías que estar pendiente constantemente para que no te apuñalaran miserablemente por la espalda. Había que reconocer que no eran un grupo con los miembros más honorables y dignos. El primero en contestar a las acusaciones del castaño fue John Constantine.  Un arggg gruñía por salir de sus entrañas. Le fastidiaba y le hería en el orgullo tener que avalar las palabras de aquel hombre que le había hecho aquellos comentarios despectivos acerca de sus capacidades como guerrera y la forma de gobierno. Con su ceño ligeramente fruncido asintió con la cabeza dándole el parabién al mago rubio. Brunilda dio unos pasos y se interpuso en el camino de Arion.

- Mylord soy una mujer valiente, no correré sin mirar atrás. Hay varias cosas en las que discrepo profundamente con usted. En primer lugar que yo no le haya hecho nada no significa que vos no le hayáis hecho a mí. Por mi Cargo y mis obligaciones con el futuro heredero de Asgard; me veo en el deber de proteger al cuarto reino, a los asgardianos apostados en él, a los midgardianos que profesan nuestra fe y a las personas que han sido ultrajadas vilmente. Este cambio en el mundo que has ejecutado ha atentado contra todas esas personas a las que debo proteger y como comprenderá estoy en mi derecho de exigir una retribución. En segundo lugar,  esa joven que nombra, Dalae. Es asgardiana y la ley sentencia que ningún asgardiano puede ser juzgado por justicia ajena. No niego que pueda haber realizado los actos que expone, no pondría mi mano en el fuego ni por ella ni por muchos asgardianos, no obstante lleve sus querellas a nuestro Rey y que la se someta a la Ley de Asgard. En tercer lugar, soy asgardiana y para nosotros morir en combate es una muerte justa y digna. Como diosa de la muerte no me puedo sentirme más plena al conceder el descanso eterno a aquellos que permanecen atados a una existencia denigrante. No me tientes porque si tengo que romper cada uno de sus cuellos con mis propias manos para devolver el mundo a su ser lo haré.- La cansaba un poco tener que estar recordando constantemente el tercer punto pero parecía que la gente no solía entender su perspectiva de la existencia en ese aspecto.


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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   31st Julio 2017, 14:28

Hellboy resopló lentamente mirando con los ojos entrecerrados a la valquiria tras sus palabras. Sabía lo que hacían las valquirias, pero no podía evitar tensarse cuando la vio lanzarse contra aquellos seres y soltando aquellas palabras. Asintió y luego negó con la cabeza.

- Vale, pero la próxima vez intenta ser algo menos agresiva... No estoy como para más disgustos...- Sabía que ella tenía razón y por eso decidió cortar el tema. Pero que Brunilda supiese que estaban todos a salvo no significaba que los demás también lo supiesen, y desde luego estar rodeados de un montón de soldados a los que estás cantando las cuarenta mientras te apuntan con toda clase de armas no es lo que el demonio llamaría una situación para hacerse el gallito. Él mismo tenía un mal genio enorme y no sería la primera (ni la última) vez que un cabreo le llevase a cometer alguna imprudencia. Por suerte para ellos los atlantes parecían ser comprensivos y tenían tantas ganas de librarse de Arión como ellos, lo cual les beneficiaba. Ahora sólo quedaba llegar a la gran ciudad perdida de Atlantis y ver qué se encontraban. A decir verdad, Hellboy no tenía ni idea de en qué situación estaría todo al llegar. Arión había perdido el juicio aunque si era verdad lo que decían de que le había poseído un demonio le cuadraba más, aunque también era más peligroso. Conocía los poderes del atlante y muy fuerte tenía que ser un demonio para controlarle y retorcerle la mente lo suficiente como para que hiciese todo aquello. Ya era hora de coger el toro por los cuernos, y les tocaba ensuciarse las manos. O por lo menos él tenía muy claro que si se las debía ensuciar no lo dudaría.

Hellboy se subió a lomos del enorme pegaso de Brunilda y despegaron. Nunca había montado en pegaso y la sensación fue curiosa. De hecho, no recordaba haber visto un pegaso vivo en su vida. Solo en las historias y en las pinturas. Lo único que sabía de ellos era lo que había podido leer o escuchar. El grupo se puso en camino, montando en extraños seres reptilianos cuya apariencia erizaba los pelos de la nuca. Esa era la clase de criaturas a las que estaba más acostumbrada el demonio. Pero la mente de Hellboy no estaba puesta en aquellos seres, sino en lo que le esperaba. Arión sin duda les atacaría con todo, y ya había sufrido varios embrujos a lo largo del viaje. Lo que pudiese lanzar sobre ellos el atlante al estar directamente podía ser prácticamente cualquier cosa: volver a convertirles en trogloditas; reducirlos a cenizas; encerrarlos en alguna celda oscura... Y tampoco se desenvolvía mal en combate cuerpo a cuerpo. Manejaba muy bien la espada, hasta el punto en que no sabía si sería capaz de vencerle. Hellboy era un buen espadachín, pero el atlante había tenido miles de años para practicar. Miró al grupo desde lo alto y se mantuvo serio todo el viaje. Aunque allí había buenos guerreros como Blaze o la valquiria no sabía si podrían ganar. Les tocaría trabajar en equipo, y era algo que no había ido muy bien hasta ahora.

Cuando por fin llegaron a la ciudad unas enormes murallas les dieron la bienvenida. Eso y la alarma que fue dada al instante. Unos soldados con cabeza de chacal parecidos al dios Anubis custodiaban las enormes puertas. El demonio no debería tener problema con esos seres. Se había enfrentado a cosas peores. Eso fue hasta que un ejército entero fue asomándose por encima de las murallas, apuntándoles con cientos de flechas. Perfecto. Salir del fuego para caer en las brasas. Aunque Hellboy sanaba más rápidamente que un humano normal y con su brazo podía proteger su cabeza, ser atravesado por varias flechas nunca es agradable, y no le apetecía convertirse en un queso. Y por fin, tras unos breves instantes, apareció Arión. Allí estaba, en lo alto de la muralla, mirándoles con orgullo y desprecio, mientras se marcaba un casi ensayado discurso. Lo más probable era que les hubiese estado esperando, y ahora era su momento de soltar todo lo que tenía. Y por supuesto, nada más acabar, a Constantine le faltó tiempo para soltar su discursito. Hellboy puso los ojos en amarillo porque, aunque sabía que el rubio tenía razón, le importaban una mierda los dicursitos de turno. De hecho, odiaba cuando el típico demonio creído le soltaba alguno a él. No le daba tiempo a terminar la mayor parte de las veces por puro agotamiento, y que se pusiesen ahí a soltar toda esa perorata le daba dolor de cabeza. Brunilda le siguió, más breve y menos agresiva.

- Bueno, espero que ese fuese el último discurso. A mí me importa una mierda lo que hagas o dejes de hacer con Dalae o contigo mismo, ¿pero mandar el mundo entero a la edad de piedra? Joder macho, sí que se te ha ido la cabeza... Estamos aquí para ayudarte, pero si no nos dejas ayudarte tendremos que hacerlo a la fuerza, y sabes de sobra que lo haremos... Ahora te damos nosotros la oportunidad de dejarte que te ayudemos. Eso de usar a otros para que luchen tus batallas no es propio de ti, lo sabes de sobra... Y si estoy aquí es porque sé que aún queda parte del Arión al que ayudé ahí dentro. Tú eliges, querido amigo, pero recuerda que no eres el único que ha sufrido...- El demonio no era dado a discursitos, y estaba muy dado de las pelotas. Si podía evitar pelear lo haría. Y sino, bueno... Pues hora de repartir tortas.

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Johnny Blaze
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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   5th Agosto 2017, 07:55

Al parecer las cosas no iba a acabar con una pelea a muerte. Brunilda pudo guardar su espada momentáneamente (aunque algo me dice que tal vez no sea buena hablarle de mi religión), la pequeña trata de los asgardianos invisibles no causo ningún problema (¿En serio nadie noto que les faltaba un miembro?) y la lengua de plata de Constantine nos volvió a salvar la vida. Quizas debía dejar de preocuparme por el bienestar del equipo, al fin y al cabo las cosas estaban saliendo bastante bien (mas o menos); supongo que es debido al hecho de que casi estamos al borde del exterminio cada dos minutos y algunos son un tanto mas irascibles que otros. De todos modos ya no importaba: por el motivo que fuese los hombres animal nos había revelado la historia detrás de su actual estado: todo culpa de Arion. Bueno, si era cierto lo que decían del demonio, entonces era su culpa, pero de momento la teoría principal apuntaba a que culpásemos a Arion, quien aparentemente nos había devuelto a todos al paleolítico, ya fuese por accidente o intencionalmente. La cagada estaba hecha independientemente de la intención. Y como si eso no fuera poco, resulta que el señorito atlante estuvo experimentando con formas de vida para lograr mejorar las especies (como en cualquier película de miedo clase B)...La verdad no supe que pensar al respecto. Ya sabia que mi buen amigo el hechicero no estaba en sus cabales, pero aquello era otro nivel completamente. No podía creerlo; o mas bien no quería creerlo, por que significaría aceptar una verdad mucho mas horrible para mi: tal vez acabaría teniendo que matarlo. Al menos ahora sabíamos que le habían pasado a los pobres de Namor y sus atlantes (bueno, mas pobres los atlantes que Namor, mejor dicho). La buena noticia era que ya teníamos transporte: caballos mutantes. Bueno, ellos, yo me quedo con mi clásica moto llameante que se ve de puta madre.

Y empezo el viaje....

...y termino el viaje. POR. PUTO. FIN. Eso de tener que reducir el paso para no separarme demasiado del resto del grupo era un coñaso. Sobra decir que soy un fanático de la velocidad (si, deben estar atónitos por la noticia) y la idea de tener que reducir el paso para esperar a los demás en vez de pegar un aceleron y llegar en cosa de segundos se me hacia bastante fastidiosa. Pero cuando el mundo esta en juego, hay que tomar medidas drásticas; que no digan que todo se fue a la mierda por que no pude esperar a los demás y se me ocurrió la idiotez de ir a pelear contra Arion solo. Al menos me dio tiempo de transformarme en el Ghost Rider otra vez, esta vez sin sensaciones raras de ningún tipo, aunque no podía escuchar al voz de Zarathos (tendrían que haber visto la reacción de los hombres animal; una lastima que todavía no se hubiesen inventado las cámaras). Y cuando llegamos a la ciudad...allí estaba el anfitrión principal. Curioso que con toda la droga demoníaca que tenia encima siguiera pareciendo tan noble y elevado. Pero ahí estaba el tema: por fuera parecía noble y elevado, pero para aquellos como yo capaces de leer su alma...era un mundo de diferencia. Una escalofriante diferencia. El discursito amable y el lenguaje refinado no me engañaban. La sangre de los inocentes manchaba su alma. Sangre, bilis, liquido encefálico; todo lo que pueda brotar del cuerpo de alguien si le das una paliza, por decirlo figurativamente. No necesariamente muerte, pero si mucho sufrimiento pesaba sobre los hombros del Sumo Sacerdote. Solo hacia falta ver las locuras que nos dijo, dándonos la oportunidad de escapar; eso ya de por si es una locura teniendo en cuenta todo lo que seguramente tuvimos que aguantarnos para llegar hasta aquí (y digo seguramente por que no recuerdo el 80% del viaje mínimo).

Pero lo segundo que dijo, eso si me dejo un mal sabor de boca. Un ejercito de inocentes. Era verdad, ahora que él lo mencionaba, podía sentirlos. Muchos de ellos, demasiados para contarlos en el momento. Los números no me preocupaban, sino la cantidad de bajas. Un ejercito contra nosotros quizás hubiese sido desventaja para el ejercito ¿Pero uno que no íbamos a matar? No teníamos oportunidad. O bueno, yo no al menos; se que hay un par en este grupo que gustosamente sacrificarían a muchos de esos para salvar su pellejo. Constantine fue el primero en hablar y...expreso bastante bien lo que pensaba, de hecho. Para alguien condenado al Infierno, el ingles si que sabia dar discurso. Casi podría decir que me robo las palabras de la boca ¿La hipocresía de hablar de cobardía cuando te escondes detrás de un ejercito de inocentes? Dicho ¿Recriminarle los inocentes que mato cuando habla de justicia? Listo ¿Decirle que se meta la oferta por el culo? Incluso ese, también dicho. Mierda, me estaba quedando sin material para responderle.  La siguiente fue Brunilda...esta bien, posiblemente no hubiese dicho casi nada de lo que ella dijo (particularmente todo lo referente a Asgard, que fue casi todo), pero fue un buen discurso de todos modos. Y luego Hellboy...lo mando todo a la mierda. Por eso me caes tan bien Rojo, ya me estaba hartando de tanto hacer tiempo. - Lo siento Arion, tu sabes que me daría la vuelta en cosa de dos minutos y me iría a tomar una cerveza si por mi fuera....- Dije, completamente relajado, mientras le daba una mirada a los presentes, haciendo especial hincapié en los asgardianos invisibles a quienes todavía podía detectar.- Psss, creo que ya los vio, pueden sacarse la capa de Harry Potter.- Les "susurre", y luego de vuelta al atlante.-...solo tengo dos problemas con eso. Numero 1: tu mandaste todas las cervecerías a la Edad de Piedra. Numero 2: la sangre de los inocentes mancha tus manos, demasiado, y no me dicen el Espíritu de la Venganza por nada.- Se escucho el sonido del rugir de mi moto, y mis manos comenzaron a llenarse de fuego.- Es como dice Hellboy. Si te rindes ahora, nadie tiene por que salir herido, quizás hasta podamos prenderle fuego a la asgardiana luego y todo.- Por el tono de voz que tenia como Ghost Rider, hubiese sido difícil saber si bromeaba o no.- Si no...bueno...sera cuestión de ver si necesitas estar consciente para manejar a tu ejercito. No es un amenaza, no te confundas. Solo un buen amigo, pidiéndole a otro POR FAVOR, que nos evite a todos una pelea innecesaria.
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Dalae Darkle
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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   6th Agosto 2017, 01:05

Dalae no fue consciente de que habían llegado a Atlantis hasta mucho después de que el grupo divisara las murallas. ¿Cuánto tiempo llevaban viajando en su busca? Demasiado, de eso podían estar seguros. Pero, ahora, todo estaba a punto de terminar. Volando unos, cabalgando en aquellas criaturas otros, se acercaban al principio del fin de aquella aventura. Quién habría dicho que llegarían todos vivos a aquel punto de la historia, después de todos los problemas que habían tenido que afrontar. Y, aunque muchos de ellos habían sido causados por Arión para retrasar lo inevitable, también había otros que se habían buscado ellos solos. Porque, a pesar del tiempo transcurrido, aún no habían aprendido cómo colaborar entre sí. Por mucho que durara la aventura, seguirían sin estar unidos, formando un equipo. Y eso era algo que ni todos los dioses atlantes juntos podían arreglar.

Al alba, Atlantis recordaba inevitablemente a la ciudad de Asgard. Las murallas inmensas, el brillo dorado de la puerta al sol, que empapaba cada rincón... Por un momento, Dalae se sintió en casa. Una casa en la que nadie la quería, y a la que quizás no podría volver hasta que el Ragnarok llegara y acabara con el mundo tal y como los asgardianos lo conocían. Llegado ese día... Tan sólo les quedaría aguardar a su siguiente nacimiento, y esperar tener más suerte en la vida esta vez. Pero no por eso había dejado de echar la Ciudad Dorada de menos. A pesar de todo lo ocurrido... Rara vez se había sentido tan en paz como dentro de sus murallas de piedra. Cuando no era más que una niña que no sabía nada.

Atlantis, sin embargo, transmitía una sensación muy diferente. Era el único lugar realmente civilizado de Midgard, pero aún así, un halo inhóspito y hostil la rodeaba. Sus guardianes, al igual que el grupo de criaturas que los acompañaban, tenían la cabeza de animal, y una tendencia poco sana a gritar y apuntarles con todas las armas que tuvieran. Sin embargo, allí acababa toda similitud: Todos ellos eran chacales, estaban mucho mejor organizados... Y, a todas luces, servían a su creador. Ciegamente, sin darse cuenta de que ese mismo creador les estaba haciendo daño, les estaba utilizando. Como piezas en el tablero, esperando a ser movidas o sacrificadas. "-Aunque en eso no son tan diferentes a nosotros..."-Pensó, recordando la facilidad con la que los asgardianos se lanzaban a morir o matar en las batallas de Odín, ansiosos de llegar al Vallhalla. ¿Les habrían prometido lo mismo a los chacales? Dalae lo dudaba mucho. Simplemente... Le costaba imaginar a Arión mintiendo así. Era un pensamiento absurdo, sabiendo todo el daño que había hecho al mundo. Pero aún así, una parte de ella se resistía a pensar que el atlante hubiera acabado usando los mismos medios que Loki y ella. No podía haber caído tan bajo.

"-¿No? Ahora lo veremos..."-Musitó Raden, observando con atención las almenas. Ahri'ahn, el Sumo Mago de Atlantis, había llegado. Y con él, un discurso lleno de amargura, que ofrecía la paz a todos... Menos a ella. -¿Qué ocurre, Dalae? ¿Estás demasiado avergonzada por lo que me hiciste como para dejarte ver? ¿O acaso es cobardía? Ya tuve ocasión de comprobar que prefieres atacar por la espalda, cuando tu objetivo no puede defenderse.-Loki pudo notar cómo su aprendiz se tambaleaba a su lado, como si acabara de recibir un golpe demasiado fuerte. Por un momento, su expresión de absoluta tranquilidad se rompió, mostrando lo que había debajo. Horror, sorpresa, culpabilidad... Una mezcla de emociones que llevaba un tiempo cobrando vida en su interior, rompiéndola desde dentro. Pero la asgardiana fue rápida, y volvió a ponerse la máscara tan pronto como se dio cuenta de que los dos hechiceros podían verla. No podía permitir que se notara cuánto le habían dolido esas palabras.

¿Cómo iba a enfrentarse a Arión, si él notaba que podía herirla tan sólo diciéndole la verdad? Nadie debía saber que estaba tan afectada que apenas oyó los discursos de sus "compañeros", respondiendo con bravatas del mismo calibre a las que había lanzado el mago. No necesitaba oírlos para imaginar qué decían: Constantine, el mago de las palabras, estaba haciendo una de las mejores actuaciones de la temporada. Brunilda estaba intentando exhibir de nuevo su absoluta superioridad moral. Hellboy esgrimía el sentido común, y Dalae juraría que alguien había propuesto quemarla. Toda su atención, en cambio, estaba centrada en la figura del nuevo gobernante de Atlantis. Había algo en él... Algo que fallaba. ¿Dónde estaban sus amuletos? Más allá de la espada que pendía de su cinturón, Arión parecía totalmente... Indefenso. Dalae sabía por experiencia propia que él dependía de sus anillos, collares y brazaletes para canalizar su magia: Por eso habían sido su objetivo la primera vez. Quizás no pretendiera luchar en realidad, confiando en que ellos se rendirían en sus condiciones, o quizás pretendía dejar todo en manos de su inmenso ejército. O quizás.... Había retrocedido él también, recuperando el poder que lo había convertido en uno de los hechiceros más poderosos de Midgard. La posibilidad de que ya no necesitara más que sus manos para destruirlos a todos era aún más escalofriante ahora que Arión estaba frente a ella.

Pero plantearse eso ya no servía de nada. Igual que no servía de nada seguir escondiéndose de alguien que podía verla de todas formas. Soltó la mano de su maestro y dió un par de pasos al frente, abandonando el amparo que le ofrecía el hechizo de invisibilidad. -No queremos luchar contigo, Arión. No tiene sentido convertir esto en una batalla en la que todos saldremos perdiendo.-A Dalae no le importaban en absoluto los chacales, era un hecho. Pero nunca le había gustado derramar sangre sin motivo, y esos atlantes, simplemente, no tenían por qué morir. Había otra salida. -Sé que te hice algo imperdonable, y... No me opongo a que te vengues de mí como creas mejor. Pero eso no es lo importante ahora, sino lo que le has hecho a este mundo. -Por un momento, su voz sonó diferente. Más queda, más ausente, como si le hubiera costado encontrar dentro de sí la sinceridad que quería imprimir a esas palabras. En uno de los rincones más recónditos de su mente, sabía que se sentiría más tranquila una vez hubiera saldado la deuda que había contraído con Arión al traicionarle. Y, además... No era sólo ella. De alguna manera, sentía que no sólo quería acallar sus remordimientos, sino también permitir que el mago atlante se resarciera. Nunca habría creído pensar de esa manera. -¿Por qué devolver todo a la Edad de Piedra? Quizás la Atlántida haya vuelto a ser lo que era, pero... No puede durar para siempre. Antes o después, de una manera o de otra... Volverá a caer.-Para Dalae, y para cualquier asgardiano que se preciara, estaba muy claro. Arión en ese momento era como un niño, guardando su castillo de arena junto al mar. El castillo estaba bien moldeado, decorado con conchas y rodeado de algas: Parecía tan sólido que nada podría romperlo. Pero, sin embargo, la marea siempre acababa subiendo en el peor momento. El temido Ragnarok siempre llegaba. Y el niño se veía obligado a ver cómo su castillo era destruido, sin poder hacer nada para detener la fuerza del océano. Pero, a diferencia de los asgardianos, Arión sobrevivía una y otra vez al fin de todo, único testigo de lo que una vez fue y jamás volvería a existir. -¿Realmente merece la pena hacer sufrir a tantas personas por eso? Ni siquiera tú puedes cambiar así el mundo, Arión. Lo único que se puede hacer es dejar que las cosas sean como tienen que ser. -Nadie podía salvar Atlantis para siempre. Pero... No todo estaba perdido. Arión aún podía quitarse la venda de los ojos, aún podía salvarse.

Dalae dirigió una mirada de reojo a su maestro, que permanecía detrás suyo. Quien no la conociera, no sabría siquiera que había hecho algún gesto. Pero Loki ya había visto esa mirada antes: El día que se habían conocido, cuando Sasha había sido poseída por Venom... Más que una mirada, era una súplica, un rezo silencioso dirigido al más sombrío de los dioses nórdicos. El único que podía devolver las aguas a su cauce, y continuar con el plan que se llevaba fraguando desde el momento en el que Arión contrajo la maldición.

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Loki Laufeyson
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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   8th Agosto 2017, 22:47

Dalae era la única en aquellos instantes capaz de atravesar todas las ilusiones y mentiras para ver a Loki. Y fue la única en ver cómo el dios asgardiano ponía los ojos en blanco tras tener una discusión mental con Brunilda y John Constantine a la vez. Por suerte, el segundo le hizo más caso que la primera.

— Se llama estrategia, querido. Voy a mantenerme invisible hasta que lleguemos con Arión, y entonces no verá de dónde le llega el golpe de gracia... ¿Entiendes ahora porqué necesito que seas tu quien hable?— explicó con cautela el embaucador, directamente en la cabeza de Constantine.

El dios alzó una ceja al ver como la conversación fluía con naturalidad. Incluso la sangre demoníaca de Hellboy se había calmado, y ahora se dedicaba a dar lecciones de vida a nuestra querida Valquiria. Arturo parecía aburrirse de la conversación y se moría de ganas por entrar de una vez en combate, y mostrarle a todos sus habilidades místicas. Por su parte, Johnny Blaze tenía ganas de lo mismo pero sólo para que se terminara ya ese maldito infierno de la involución.

Los hombres con cabeza de animal aceptaron la ayuda de los desconocidos y les ofrecieron la posibilidad de montar unos unicornios con escamas para llegar lo antes posible a la ciudadela. Loki y Dalae no necesitaron su ayuda, puesto que podían seguir al grupo volando perfectamente a la misma velocidad. La inquietud del hechicero provenía más bien de su reserva mágica. Ya había gastado dos conjuros que requerían un esfuerzo de mantener, y por eso se limitó a gastar lo mínimo indispensable para tenerlos activos durante el resto del día. Era más conveniente así, sobretodo si quería usar el factor sorpresa a su favor. El otro motivo era algo que sólo otro mago entendería. Mantener un conjuro necesitaba menos potencial mágico que volverlo a realizar por segunda vez. Y estaba tratando de reservar toda magia posible para el combate previsto.

Cuando Loki avistó a lo lejos la hermosa ciudad fortificada, sintió un leve cosquilleo en el estómago. Estaba inquieto, excitado, la sangre divina hervía caliente bajos sus venas. El dios del caos sentía la emoción previa al combate y dejaba que la adrenalina le poseyera. Sus pupilas esmeralda se dilataron levemente, y disfrutó de la sensación del momento con cada uno de sus poros. Sobretodo cuando vio aparecer la figura de Arión por encima de la puerta principal. El embaucador mojó sus labios con su lengua viperina. Cuánto había deseado que llegara el momento en que se las devolvería todas juntas… ya no había marcha atrás. Aquí y ahora, ese grupo de improvisados héroes iba a salvar el mundo y a devolver el tiempo a su estado natural. No había lugar para el fracaso. Loki lo sabía bien, pues quien traería el final de todas las cosas… quién iba a brindar con la copa carmesí del Ragnarok, no era otro que él mismo.

La palabrería de Ahri’Ahn le aburría. Estaba tratando, de alguna manera retorcida, de evitar la pelea. Quería tener de su parte al resto del grupo haciéndoles promesas vacías. Era una broma de mal gusto… ¿Dejarles marchar con vida? ¿Y a dónde irían ahora sí el único lugar civilizado era aquella condenada fortaleza?

El Atlante quería a alguien a cambio de dejar al grupo con vida. Dalae. Previsible. Sí, pero no iba a dejar que algo así sucediera. La vida de su aprendiz le pertenecía de arriba a bajo. Y no estaba dispuesto a entregarle algo tan valioso. Provocaría un enfrentamiento. Por su puesto, para eso habían venido. Y posiblemente cientos de atlantes inocentes perderían la vida en aquella batalla. A él no le importaba ninguna otra que no fuera la suya. Todo el mundo lo sabía.  

Dejó que el resto de sus compañeros hablaran mientras analizaba todas las posibilidades de combate y trazó mil planes distintos en su cabeza. Eliminaba rápidamente los que podrían salir mal y analizaba en profundidad los que podrían salir bien, preparando planes A, B, C y los que hicieran falta por si algo no salía como lo había planeado.

Lo cierto es que no esperaba un discurso ético y moralista de la boca del mismísimo John Constantine. A Loki le gustó tanto que incluso se puso a aplaudirle a pesar de que posiblemente no supieran de dónde venían los aplausos por culpa de la invisibilidad. Brunilda le siguió con valientes palabras, dignas de su linaje, y Hellboy se hartó de los discursos y se fue a lo práctico. Todas sus actuaciones predecibles, menos la de Blaze, que tuvo la indecencia de dirigirse al dios del caos sin su permiso. De todas formas, ¿Qué demonios era Harry Potter?

Pero nada de eso importaba. Que Arión le viera pesar de la invisibilidad era un pequeño inconveniente, pero la distracción seguiría funcionando para sus aliados, los cabeza-chacales. Con lo que no contó fue con la exagerada reacción de su siempre impasible aprendiz. Dalae parecía más pálida de lo normal, y le dedicó a su maestro una mirada llena de súplica. Así pues, el hechicero caminó tranquilamente dos pasos por delante de sus compañeros y se dirigió por primera vez al mago Atlante.

—Oh, nononono. Esta vez te equivocas, querido Ahri’Ahn. Tienes algo contra mí, aunque no lo sepas... — empezó, de forma pausada y pensativa—Puede que no me conozcas, pero yo sí sé muchas cosas de ti. Soy el maestro de Dalae, y fui yo quien le ordené que te traicionara…— de pronto, Loki entendió aquel tono amargo que usó el Atlante para referirse a su aprendiz. Y también la reacción dramática de la mujer de hielo — Vaya… ¿No me digas que te habías encariñado de ella?

La chispa ya había saltado y ahora solo hacía falta prender la yesca. A Loki le encantaba jugar con fuego, y la provocación era lo que mejor se le daba.

—  ¿Crees que tu ejército de descerebrados nos intimida? Nada de eso. Serás tu quien deberá suplicar por su vida...

De pronto, a las filas de Rodunn se unieron un número considerable de hechiceros asgardianos. Un pequeño ejército de Lokis capaces de pensar, actuar y realizar los mismos conjuros que el verdadero. Tenían un tiempo limitado, como todo hechizo, pero gracias a ellos crearía una gran confusión a la hora de diferenciar el verdadero Loki del resto, que seguiría aún invisible. Se escabulliría del del combate y se acercaría a las espaldas de Arión para realizar su ataque sorpresa. Para ello contaba con la ayuda de sus compañeros y especialmente con la de Dalae, ¿Quién podría ser mejor cebo?, y Razor, el dragón del Este, que poseía la gema capaz de eliminar la magia de su alrededor. Le regalaría un poco de su magia de levitación para que Arturo pudiera acercarse más fácilmente a Arión, y así el Atlante no tendría ningún tipo de protección contra el vil y traicionero ataque de Loki. Y para lograrlo, el más poderoso hechicero de Asgard no necesitaba el uso de la magia. Contaba con un as en la manga para ejecutar su plan...

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Elissa Stavridis
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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   12th Agosto 2017, 10:50


Palacio de Arión, Atlantis.
Amanecer.


La luz le hirió los ojos a través de los párpados, haciendo que los últimos retazos del sueño se disolvieran. Luchó unos segundos por retener las imágenes, pero fue inútil. El despertar las arrastró como la marea que se retira de la orilla.

Cuando al fin miró a su alrededor, la sobresaltó encontrar al atlante sentado a su lado, quieto y grave como una estatua de piedra. Dio un respingo. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Qué quería de ella?

Como dando respuesta a las preguntas que acudieron a su cabeza, Arión habló en tono sombrío.

- Ah, bien... Estaba a punto de despertarte -dijo. Su expresión y sus gestos denotaban que algo no iba bien-. Ha llegado la hora, Elissa. Mis enemigos, aquellos que te mostré en la esfera mágica meses atrás, finalmente han llegado.

La griega los recordaba. La guerrera rubia y la hechicera morena; el niño de ojos verdes; el gigante de hielo; la calavera encendida en llamas; el joven albino del parche. Con ellos viajaban Hellboy, Deadpool y John Constantine.

Hacía unos meses, Elissa había sentido esperanza al contemplarlos en la visión de Arión. En aquel momento, estaba horrorizada por todo lo que el atlante era capaz de hacer, y esperaba que lo detuvieran, que lo hicieran entrar en razón... incluso había contemplado la posibilidad de que lo mataran, si no quedaba nada que salvar. Siendo sincera, nunca le había gustado esa opción. Por eso, a medida que pasaban los días y los enemigos no llegaban, había empezado a albergar algunas esperanzas. No tendría que enfrentarse a esa situación, habría otra manera de que el atlante enmendara sus errores. Pero ahora, a la luz del amanecer, creyó comprender lo que cualquiera vería al mirar a su Maestro, al poner sobre la balanza sus acciones de los últimos meses. Y sintió el peso del ανανκη* sobre Arión, como un ave gigantesca que descansara sobre sus hombros.

Se preguntó si él lo percibía también.

- Tengo que ir a recibirles; después de todo, han realizado todo este viaje sólo para verme, ¿no? No debemos decepcionarles -su Maestro se puso en pie, arreglando sus vestiduras con el aplomo de alguien que se dirige a una cita importante. Tensa, con un nudo de ansiedad en el estómago, Elissa leía las señales en silencio. -. Pero, antes de irme, quería darte algo.

-Dámelo cuando regreses, Κύριος** - dijo, en un vano intento de obtener una garantía.

Por toda respuesta, él le entregó otra de las cosas que Elissa había pedido al derrumbarse, meses atrás. La forma de devolver su naturaleza humana a los hombres chacal.

Aquello disipaba las últimas dudas.

-No... - musitó.

Hasta aquel momento, podría haber pensado que Arión se planteaba la muerte como una posibilidad. Al fin y al cabo, iba a enfrentarse a nueve oponentes, dioses y mortales, todos decididos a derrotarlo. Morir era un desenlace posible; aceptarlo como tal era un reconocimiento a la fuerza y la determinación de sus enemigos.

Pero, ¿por qué revelarle la forma de destruir su ejército, si pensaba que había alguna opción de regresar? Aquello no era un regalo, sino un testamento. Y ella no lo quería.

Arión se colocó la espada en el cinto. Elissa lo oía hablar, y su mente registraba los tiempos verbales pasados, los futuros. “Tuve que, estaba convencido...”, yo. “Contigo no hará falta, no tendrás que...”, .

-Estás abandonando a tu reino -susurró; un reproche fruto de su propio pánico.

- Cuando yo ya no esté... ocúpate de volver a convertirlos en personas. Elissa -ella negó con la cabeza, mientras él la tomaba de las manos-; creo que, durante estos meses, he aprendido de ti casi tanto como tú de mí. No me arrepiento de lo que hice, aunque es irónico. Quería ser un héroe y sólo conseguí que me vieran como a un villano. Así que... imagino que debo darles lo que tanto esperan... Es hora de escribir el último capítulo de ésta triste obra. Adiós... y gracias por todo.

Las palabras de despedida no cambiaron nada. Hacía mucho rato que se estaba despidiendo de ella. Estaba distinto; ya no era el hombre que creía hacerlo todo bien. Había decidido. Y su ademán dejaba entrever que nada de lo que ella dijera iba a retenerlo. Porque, como digno heredero de Patroklos Sarántos, podía abandonarla cuando quisiera.

-No me hagas esto... -dijo. Quería que sonara como una advertencia, pero fue más parecido a una súplica.

Quería echárselo en cara. ¿Por qué la había sacado de su mundo, si su intención era abandonarla en aquella tierra maldita, alejada de su época y de todos aquellos a los que conocía y amaba? ¿Por qué se había ofrecido como su Maestro, si pensaba dejar las lecciones sin concluir? ¿Y por qué tenía ella tantas esperanzas en aquella figura distorsionada? Tal vez ése fuera el verdadero problema, sus propias expectativas.

Tal vez su hado fuera no tener nunca un padre.

-εις το επανιδείν*** -dijo, con un hilo de voz, mientras él la besaba en la frente.

Se aseguró de mantener la cabeza inclinada mientras se iba, para que el cabello ocultara su rostro. Lo oyó cerrar la puerta y detenerse un instante al otro lado. Después, sus pasos se alejaron.

Pasaron unos segundos de tenso silencio, sólo interrumpido por su respiración entrecortada. Se sentía tan triste como furiosa, o esa emoción que era híbrida de ambas. Impotente. No quería que él ganara. Si lo hacía, seguiría atrapada en aquel reducto de civilización, rodeada de siervos temerosos y sometida a los principios megalomaníacos de Arión. Pero tampoco deseaba la muerte del atlante.

Entonces, se le ocurrió que podía hablar con John. O con Wade. O con Rojo. Explicarles lo que sabía. El demonio en la piedra, la historia de Lori Lemaris. Como si la idea le hubiera infundido vida, se incorporó de súbito y corrió a la puerta, sólo para encontrarla sellada mediante magia.

-Βλασφημία!!!**** -espetó. Aquellos conjuros tenían la huella de Arión, y su maestro era más poderoso que ella. Era imposible que su magia los traspasara.

No sabía si quería atraparla o protegerla. Pero no quería quedarse. Y estaba cansada de que el atlante tomara todas las decisiones por ella.

Se volvió hacia la otra única salida, el balcón. Trató de medir la distancia que la separaba del jardín, y sintió una punzada de vértigo. Eran unos treinta metros, una altura nada despreciable para alguien que no podía volar, y que no tenía demasiada confianza en la escalada. Ninguna palmera crecía lo bastante cerca de su ventana como para encaramarse directamente a ella. El tres veces maldito Arión habría pensado en ello si fuera así, sellando también aquella salida.

Pero, por muy evolucionada que estuviera la cultura en Atlantis, su maestro no había visto suficientes películas.

Elissa volvió al interior de la habitación y sus ojos recorrieron el mobiliario. La cama, con sus sábanas de seda. Las cortinas. El armario de las túnicas. Lo sacó todo de su lugar, amontonándolo a sus pies en una pila multicolor de telas. Entonces se sentó y empezó a anudar una pieza a la otra, apretando tanto los nudos como fue capaz. Su vida, o al menos su integridad física, dependían de aquella cuerda improvisada.

Por una vez en su vida, la griega encontró utilidad a tener tantos ropajes a su disposición. Tomó un extremo de la cadena y lo ató con firmeza a la base de una columna. Aquél fue el nudo que revisó más veces, como aquejada de una forma aguda de trastorno obsesivo compulsivo. El otro extremo lo ató a su cintura, y también le dedicó varias comprobaciones antes de acercarse al ventanal.

En las películas, todo parece muy fácil. La heroína nunca tiene vértigo. La confianza en la cuerda es ciega, antinatural. En la realidad, había tantas cosas que podían salir mal que se le revolvía el estómago. Los nudos podían deshacerse; los hilos, romperse o desgarrarse. Y, más difícil aún, hacía falta anular decenas de barreras lógicas, el mismo instinto de supervivencia que le advertía que no lo hiciera. Treinta metros era el equivalente a un noveno o un décimo piso.

Elissa se quedó mirando el suelo, como hipnotizada, sintiendo el abrazo de la tela alrededor de la cintura. Respiró hondo y contó hasta treinta, ese tipo de cosas que se supone que deben calmarte. Evidentemente, no funcionó. Su pulso seguía latiendo desbocado. Finalmente, decidió encomendarse a Atenea, quien probablemente desaprobara aquella muestra de imprudencia.

-ἡ φύσις οὐδὲν ποιεῖ ἅλματα***** -susurró, con cierto deje irónico, antes de apartar todo pensamiento coherente de su mente y empezar a bajar, descolgándose progresivamente bajo la máxima “no mires abajo”.

Tuvo suerte. No hay otra forma de describirlo. Cuando la cuerda resbaló entre sus manos apenas quedaban unos metros hasta el suelo. Se rascó las rodillas y las palmas; nada irreversible. Miró a su alrededor, tratando de reconstruir la imagen tridimensional del palacio en sus recuerdos. ¿Adónde habría ido Arión a recibir a sus enemigos? A las murallas de Atlantis. ¿Y cuál era el camino más corto hasta allí?

Mientras tomaba una dirección, comprendió que ir sola y desarmada no era la mejor opción en un campo de batalla. Pensó en emplear el conocimiento que su maestro había vertido sobre ella y devolver la humanidad a uno de los guardias, pidiéndole que la acompañara. Pero no sabía si tenía tiempo para eso. Hacía mucho rato que el atlante se había marchado. Tenía que hacerlo de otro modo, aunque no le gustaba que fuese así.

-Lord Arión ordena que me acompañes y protejas -le dijo a uno de los guardias-chacal, con toda la autoridad de que fue capaz. Esperaba que el mago, con los preparativos de la batalla, no hubiese considerado necesario pedirles expresamente que la vigilaran.

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*Los griegos llamaban al destino «ανανκη » (Ananké) y lo consideraban una fuerza superior no solo a los hombres sino incluso a los mismos dioses. El destino era personificado por la diosa Moira, rebautizada como Fatum en la mitología romana.

**Kýrios: Maestro.

***Eis to epanideín: hasta que nos volvamos a ver.

****Vlasfimía: maldita sea.

*****Hē phýsis oudèn poieî hálmata: “La naturaleza no da saltos [bruscos]”. Frase atribuída a Carl Von Linné que refleja el principio de la filosofía natural desde la época de Aristóteles.

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Última edición por Elissa Stavridis el 12th Agosto 2017, 11:34, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   12th Agosto 2017, 10:50

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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   13th Agosto 2017, 13:43


Escuchó, uno a uno, lo que tenían que decir, levitando en el aire con los brazos cruzados al pecho, con expresión neutra. No se alteró ni inmutó en ningún momento, ni ante los descarados insultos de Constantine ni ante las amenazas de Brunilda y Hellboy. Únicamente se permitió alzar una ceja ante los comentarios que le hizo Johnny. ¿Sangre de inocentes? ¿Qué inocentes? Tan sólo había matado a tres personas: a Arthur, al ladronzuelo desvergonzado de París y a la dueña de la tienda que había empezado a gritar cuando lo hizo.

El primero había llevado a su pueblo a la ruina, cada una de sus decisiones más nefasta que la anterior. La pérdida de su hijo y el divorcio de su mujer le habían afectado hasta hacer de él alguien incompetente para el cargo que ocupaba. Se dejaba llevar por impulsos, no reflexionaba, y durante la guerra contra Namor había tenido que estar arreglando sus despropósitos para evitar que las tropas de los homo mermanus les barrieran por completo. Los atlantes estaban, sin duda, mucho mejor sin él, pero le profesaban un cariño inmerecido y subjetivo que les había impedido comprender la realidad. Él había tenido que tomar la decisión por ellos.

Tampoco se podía decir que el ladrón de París fuera precisamente inocente, y la mujer de la tienda... Lo único que había querido era que dejara de gritar....

Los seres humanos habían dejado de apreciar lo que hacía para ellos hacía mucho, todos los sacrificios que durante siglos había realizado, todo para lograr su bienestar... y así se lo habían pagado, olvidando a los dioses antiguos, entregándose a la adoración de nuevos y falsos dioses de neón, regocijándose en el consumismo, el vicio, la codicia y el ansia de poder, matándose unos a otros por cosas tan pueriles como el dinero... Había salvado a aquella mujer de que la robaran, y así se lo había pagado. Se había dejado llevar por la rabia... Había perdido el control, sí, pero era entonces cuando había comprendido que tenía que hacer algo para devolver a la humanidad al camino correcto, para enmendarles. Precisamente había convertido a los atlantes en chacales fieles para no tener que matarles, porque no lo merecían... Sólo estaban equivocados, igual que lo había estado aquella mujer.

Johnny siguió hablando y diciendo tonterías. ¿Prenderle fuego a la asgardiana? Oh, ahí también se equivocaba, de extremo a extremo. Arión no quería muerta a Dalae, no. La amaba, aunque hasta ahora no había sido capaz de reconocerlo. En el transcurso del viaje había intentado matarla varias veces, pero ahora que la tenía delante, y desde el primer momento en el que había vuelto a notar su familiar rastro de energía mágica, se había sentido... como si le faltara el aire. Era curioso; les había dicho que la asgardiana le había robado sus objetos mágicos, en plural, y después les había dicho que ella tenía algo que le pertenecía, en singular. Se había referido a su corazón, pero parecía que nadie había sido capaz de pillar la referencia.

Y entonces ella, la única que importaba de todos los presentes, se adelantó y habló. Y su expresión se dulcificó ligeramente al escucharla. No, no le guardaba rencor... El ritual le había invertido el alineamiento, pero no había llegado a cambiar por completo su personalidad, y él nunca había sido propenso al rencor. En aquél momento habría querido acariciarle la mejilla, besarla, hacerle saber que nada de lo pasado importaba... pero no era posible, claro. No en aquellas circunstancias.

- ¡Arión! -se volvió a mirar al que así le interpelaba: Razor-. Ya está bien, a pesar de lo que puedas creerte, no eres el más grande y jodido hechicero de tu era -le espetó-. El más grande hechicero es alguien del que ninguno de nosotros ha oído hablar. Afuera, en alguna parte, humilde y sin nombre, conjurando verdadera magia que nunca podremos entender -entonces, la ira y la rabia amarga que se había traslucido en su rostro se borró para dar paso a una amarga decepción palpable en su voz-. Yo creía que tú eras ese hechicero, y lo serías sin duda de no haber tenido el puesto que tenías en tu época. Si no hubieras sido el Sumo Mago de Atlantis probablemente estarías entre nosotros, protegiéndonos sin que lo supiéramos. La arrogancia nunca fue lo tuyo.

Arión hizo un mohín de disgusto al escucharle.

- ¿Eso es lo que creéis todos? ¿Que estoy siendo arrogante? ¿Que estoy siendo malvado? Necios... No sé cómo esperaba que pudiérais llegar a comprender la magnitud de mi obra; está claro que escapa a vuestra pobre comprensión, por eso os lo explicaré con palabras simples: estoy mejorando la raza humana. Mi pueblo esperaba que Atlantis sería un faro para inspirar a las generaciones venideras, pero estábamos equivocados. Fui transportado en el tiempo 45.000 años, ¿y qué me encontré al llegar a vuestra era? Los humanos habíais envenenado el aire y el mar; la magia había desaparecido, pero a cambio habíais concebido nuevas y mejores formas de aniquilaros los unos a los otros. A lo largo del pasado año pude leer y estudiar vuestra historia; os envolvéis bajo una capa de supuesta civilización, pero en vuestro corazón no sois más que salvajes sedientos de sangre, y las continuas traiciones a las que me he visto sometido a vuestra mano lo demuestran. Lo que vosotros veis como un castigo o una maldición en realidad es una bendición, una nueva oportunidad que doy a estos humanos para empezar desde cero, pero ésta vez teniendo a alguien que les guíe para que no vuelvan a cometer los errores de antaño. Para que no se pierdan en guerras y genocidios sin sentido. Bajo mi supervisión y tutela, los imperios que levanten con sus manos sólo crecerán en esplendor y gloria, nunca volverán a caer, y el mundo al fin será un reflejo de lo que ésta ciudad es y fue en su momento. De lo que debería haber sido...

- Oh, nononono... -la suave voz de Loki le interrumpió-. Esta vez te equivocas, querido Ahri’Ahn. Tienes algo contra mí, aunque no lo sepas... Puede que no me conozcas, pero yo sí sé muchas cosas de ti. Soy el maestro de Dalae, y fui yo quien le ordené que te traicionara… -al momento, el rostro de Arión palideció, y Loki sonrió al notarlo-. Vaya… ¿no me digas que te habías encariñado de ella?

Bueno... al menos alguien sí había sido capaz de leer entre líneas.

-  ¿Crees que tu ejército de descerebrados nos intimida? Nada de eso. Serás tu quien deberá suplicar por su vida...

El dios de las mentiras aún continuaba invisible, pero entonces un gran número de imágenes suyas apareció entre el improvisado grupo que se había dado cita ante las puertas de Atlantis.

- De acuerdo -musitó el mago. Aún ardía de ira por lo que el asgardiano había dicho de Dalae-. Empecemos pues. Pero antes, me vais a permitir que aparte a la hechicera de la batalla, pues no es mi deseo que sufra daño alguno -mientras hablaba extendió la mano hacia Dalae y una mágica esfera protectora la envolvió, elevándola en el aire para apartarla del escenario del combate y, por tanto, del peligro-. Y ahora... ¿por dónde íbamos?

Por supuesto, conocía el conjuro que había lanzado Loki; él mismo lo había utilizado alguna que otra vez, y sabía que podía anularlo si utilizaba su visión interior, para lo cual tendría que cerrar los ojos, pero no le preocupaba, ya que desde su posición en las alturas ninguno de los de abajo podía alcanzarle. Ni siquiera las llamas de Arturo podían recorrer tanta distancia, y la única que hubiera podido llegar a afectarle con sus conjuros estaba a buen recaudo aprisionada en una esfera cuya magia no podría atravesar. Loki era lo único de lo que debía preocuparse.

El mago dejó de ver las múltiples formas ilusorias del hechicero asgardiano cuando se entregó a un mundo de oscuridad al cerrar los ojos, pero sabía que su verdadera forma estaba ahí, muy cerca, porque ahora podía ver en un espectro diferente por medio de su segunda vista, aquella que le permitía ver lo que era invisible para todos, excepto para los magos. Podía sentir la presencia del asgardiano... una fuente de poder inmenso, muy cercano al de un dios. Pero aquello no tenía por qué significar necesariamente nada, pues ya había derrotado dioses con anterioridad.

El hechizo que Loki lanzó a Arturo no surtió efecto, pues fue absorbido por el campo de anulación mágica de la piedra, pero posiblemente no se percatara, concentrado como estaba en atacar por sorpresa a Arión. Al acercarse, notó que el atlante estaba inmóvil, con los ojos cerrados y aparentemente indefenso, pero en cuanto lanzó su estocada, éste se agachó haciendo gala de una agilidad y unos reflejos sorprendentes para un mago. No en vano, la mejor guerrera del reino había sido su maestra en el combate cuerpo a cuerpo. Aún con los ojos cerrados se apartó del dios al tiempo que desenvainaba su propia espada con un movimiento fluido. Si aquello era a lo que quería jugar... jugarían.

*    *     *     *

Efectivamente, a Arión no se le había ocurrido pensar que Lissa podría escapar por el balcón de su habitación, por lo que no había creído necesario dar órdenes a sus chacales al respecto. Como hemos dicho, el ritual no había alterado los aspectos de su personalidad que no guardaban relación con su alineamiento, y Arión nunca había sido un tipo calculador.

El chacal, que sabía que Elissa era la discípula de su señor, y que éste había dado órdenes específicas de servirla y obedecerla en todo lo que no contradijera sus propias instrucciones, asintió y la escoltó más allá del palacio, a través de las calles de la ciudad hasta llegar a las murallas. Alla por donde pasaban encontraban únicamente soldados chacal, y la mayoría de las puertas y ventanas estaban cerradas, con los ciudadanos ocultándose, asustados, ante la evidente movilización del ejército.

La situación, sin embargo, no parecía tan grave cuando llegaron hasta las murallas. Las grandes puertas doradas continuaban cerradas, y aunque los chacales seguían apuntando al grupo con sus armas, Arión aún no les había dado orden de disparar.

Él, por su parte, estaba en el aire, con la espada desenvainada y los ojos cerrados, luchando, en apariencia, contra algún enemigo invisible.

O quizás se había vuelto loco del todo...

OOC: Empieza la primera ronda de combate.

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John Constantine
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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   14th Agosto 2017, 13:02

La escena transcurrió de la única forma que podía ser: discursos, reproches e inicio de las hostilidades. Si aquello estuviera escrito en algunas páginas para filmar alguna clase de película o serie de televisión, la mayoría del público se lo pasaría bien pero la crítica la aplastaría por contener tantos tópicos y clichés, y John no se salvaba habiendo sido él el que empezó con la ronda de los discursos... pero es que se lo pedía el alma. No podía quedarse sin faltarle al respecto a semejante subnormalidad.
Eso si, el que se llevaba la palma de los clichés era el propio Arión. El motivo principal por el que el inglés no soporta a la gran mayoría de magos y hechiceros de su época y las anteriores es que se vuelcan demasiado en la magia, que la usan para su día a día y se meten en fregados existenciales considerándolos mucho más importantes y trascendentes que tomar una buena birra con los amigos o pasar una tarde en la tranquilidad de un parque viendo como se esconde el sol. Y luego estaban las preguntas metafísicas sobre la existencia y la importancia humana sobre el cosmos, bla bla bla...
El mago atlante interpretaba a la perfección dicho papel, y quedó claro que se lo creía. Eso hizo que el nivel de su gilipollismo escalara a toda velocidad. Y para colmo se dio a entender que había otro componente más de novela rosa que de guión de serie Z: alguna clase de amorío. Había que ser algo corto de miras si tras lo dicho por el mago, el comentario de Loki y que el atlante metiera a Dalae en una burbuja porque "no deseaba que sufriera daño alguno" no sumabas 3 y 3 y sacabas conclusiones. "Empieza a darme urticaria todo éste asunto".

Y al fin, llegaron las hostilidades. Loki alzó un pequeño ejército de yoes mientras que Arión se puso a pelearse con, supuestamente, el propio dios a capa y espada. John no quiso perder tiempo: la forma más rápida de detener un mago es cortando su fuente de poder, y para ello había que saber de donde procedía. Se sentó en el suelo, cruzando las piernas y concentrándose. Si hubiera tenido alguna droga alucinógena habría sido mucho más fácil, pero había que trabajar con lo que uno tenía. Debía centrarse en aumentar su visión para ver más allá de lo oculto. Iba a necesitar tiempo.
Tan sólo esperaba que, con tanta bestia suelta alrededor a alguno se le pasara por la cabeza que aquel mago tan apuesto estaba haciendo algo e iba a necesitar algo de espacio.

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Brunilda
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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   14th Agosto 2017, 18:02


Miró mal a Gost Rider, Su ceño se frunció y en su gesto su semblante adquirió un matiz de amenaza. Nadie dañaba lo que era claramente y legítimamente de su Rey.  Nadie iba a tocar a ninguno de sus asgardianos hasta que fueran juzgados o por el rey de Asgard o por su maravilloso y perfecto heredero. Como ella era la única representante de la justicia y dignidad de Asgard hasta que se presentase alguien de mayor jerarquía social asgardiana que la suya; Loki y Dalea era prácticamente suyos.

Por los alegatos pudo suponer que varias personas del grupo eran amigas de aquel mago que había tomado la senda del mal. Cuando alguien que estimas se ve trastocado por una idea perniciosa, hay veces que no queda más remedio que ser la mano ejecutora para seguir conservando limpio el recuerdo que aquella persona que amabas. En las ocasiones que la vida no te da mas opciones la muerte es el único remedio. Su larga trayectoria en el mundo le había enseñado el alto costo de agarrarse a una desesperada esperanza. ¿A cuanta gente  honorable e inocente harían sufrir por los aires de grandeza de un pseudodictador? Cuando vives tanto como los asgardianos y si además eres un mensajero de la muerte, comprendes que los sacrificios en su mayoría son necesarios. Tanto si finalizas con tu vida por salvar a otro como si te manchas de manos las manos por impedir muertes por causa del otro. Que hay circunstancias en que no basta con podar las ramas, hay que arrancar el mal de raíz.

¿Cuántas veces habían borrado la memoria de Robert Reynold? Y el vacío seguía volviendo a su mente. ¿Cuantas veces intentaron salvarle de la locura que siempre la apresaba? Una y otra vez intentaron sacar a aquel hombre de la vorágine que le consumía. Al final no tuvieron más opción que terminar con la vida de su compañero y amigo. Fue Thor quien le dio el golpe de gracia a Sentry.  El dolor de una decisión crucial te marcha y te quema para siempre. El único consuelo al que te aferras para remitir la culpabilidad de terminar con la vida de un ser querido, es que míticas y finalizas su sufrimiento. Sabes en lo más profundo de tu ser que hiciste lo correcto al no permitir vivir al monstruo en el que tu ser amado no quería convertirse.

En aquella ocasión tomar esa decisión tan radical a la valquiria no le suponía un gran conflicto. No conocía de nada a Arion.  La imagen de aquel hombre que tenía ante sí, era la de alguien totalmente consumido desde lo más profundo de su ser por el vacío y la locura. No era más que una forma desesperada de existencia. No tienes la misma sensación cuando tienes que alzar tus armas contra un conocido que contra un extraño. En el segundo caso todo es mucho más fácil.  La cara de un amigo es la que no te deja dormir, la que desvela y te genera la más inconsolable de las angustias. Sin embargo, la de un desconocido se plasma tan solo en el olvido.

- No se puede razonar con alguien que ha caído en un sueño pernicioso. La locura se irá extendiendo más y más si no lo frenamos. Pasemos a la acción. - comentó como si fuera lo más evidente del mundo. Con alguien que no da su brazo a torcer y usa argumentos irracionales no hay más remedio que usar la fuerza. Porque sino se pasarían media vida en monsergas infinitas versadas en el yo tengo razón  y tu  no.  La rubia hizo sonar sus nudillos. Ni siquiera se paró a escuchar el desquiciante y delirante sermón de Arión. Para ella eran nada más que palabras de una mente presa de un mundo de insana paranoia. Mientras el atlante seguía hablando, ella tan rauda como un rayo invocó a su lanza. Cuando la guerrera asgardiana tuvo en su poder la arma en la que era más diestra realizó un sutil balanceo dando dos pasos hacia atrás para ponerse en posición. Adquirió la postura para arrojar el arma. Cogió carrerilla, alzó la vista para apuntar. Miró al mago y sin dudarlo ni un solo instante dirigió plenamente convencida su ataque hacia él. Aquella maravillosa arma arrojadiza salió de sus manos disparada en dirección al impetuoso mago. Era su orgullo ser la mejor lanzera en la larga historia de su pueblo ancestral. Con ese arma derrocó a su sucesora como líder de las valquiors. Su sagrada lanza sin nombre que llevaba tanto tiempo con ella que no podía a penas recordarlo, era casi una prolongación de sí misma. Había abatido miles de enemigos con ella, había hecho sangrar a dioses. Hasta había sido clavada en el costado de su mejor amigo en un fuerte disputa entre ellos dos.  Era un ataque bastante simple y no sabía  iba a funcionar  a la primera. Pero el que no arriesga no gana. En ocasiones valía más la simpleza que arduos y enrevesados planes.

- Es un deshonor y signo de cobardía huir de una batalla. Cualquier pecado se puede redimir más no el de la cobardía. Es cruel vetarla del Walhalla por los desaforados designios de un vil atlante - Atlante lo pronunció con el mayor asco que pudo, como si fuera escupido. Le parecían tan ilógicas y estrafalarias las palabras de aquel hombre. Cada vez tenía más en claro que ella era la que tenía que matarle. ¿Se había olvidado que  Dalae era asgardiana? Nacidos y forzados para la batalla.

La rubia silbó y Aragon abrió sus alas. Enseguida la rubia subió a lomos de su corcel y juntos se elevaron. Llevarse a la muchacha y meterla en aquella bola de energía le había parecido un tremendo ultraje a sí misma y a su raza. Nadie en el universo ignora  una ley asgardiana. Cuando llegó a la altura de la burbuja sacó su espada y con unos movimientos precisos la deshizo, como se rompe una pompa de jabón al chocar con algo sólido. Podría haber dejado caer a Dalae. Era asgardiana y los asgardianos tenían una alta resistencia, podían saltar a metros de altura sin tener ni un mísero rasguño. Sin embargo, había observado cómo la joven era muy cuidadosa. Más de lo que solían ser los de su raza. Se protegía mucho de no salir lastimada. Era raro, pues solamente algo contundente podía generarles un daño.  Algo no cuadraba. Por eso, Aragon bajó y la joven tan solo permaneció un momento en el aire, ya que, el blanco corcel la recogió.

- Como he dicho querida, la vida de todo asgardiano pertenece a nuestro Rey Odín. Me niego a que caigas presa en garras del enemigo.- Dejó a la morena en el suelo, junto al resto del grupo. La valquiria alzó la mirada desafiante, con esa actitud de desconocimiento absoluto del significado de la palabra rendirse.

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MensajeTema: Re: [Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]   20th Agosto 2017, 20:21

Dalae casi nunca entendía o apoyaba las decisiones de los dioses que regían Asgard. Le parecían exageradas, egoístas o directamente estúpidas la mayoría de las veces. Declaraban guerras por nada, removían cielo y tierra solamente por demostrar que eran mejores, o hacían lo impensable por conseguir algo tan simple como un collar. Eran esas las cosas que la movían a verlos cada vez con peores ojos. Sin embargo, había algo que sí que llegó a entender: Porqué le habían cosido los labios a Loki hacía tanto tiempo. Seguramente tendría que haberlo visto venir, pero la hechicera de hielo se había esperado algo más... Sutil. Las provocaciones de ese tipo eran algo que uno hubiera podido esperarse de Constantine, y aquel ataque frontal era más propio de Arturo o Brunilda. Y eso por no hablar de lo que le molestó que hablara así… Cada vez que el dios de las mentiras decía una verdad, hacía más daño que con cualquier engaño que pudiera conjurar.

Pero, opinaran lo que opinaran los demás, tenían que cargar con las consecuencias de sus actos. Quizás por eso le quedaban tan pocos amigos.

Fue la gota que colmó el vaso, y que causó la reacción de Arión. Si Dalae hubiera estado en su lugar, habría hecho llover hechizos y flechas sobre los intrusos… Pero la elección del mago atlante fue mucho menos pragmática. -De acuerdo. Empecemos pues. Pero antes, me vais a permitir que aparte a la hechicera de la batalla, pues no es mi deseo que sufra daño alguno. Y ahora... ¿por dónde íbamos?-¿Por qué apartarla de una batalla en la que quizás saliera herida? ¿Por qué perder la oportunidad de resarcirse por el daño que ella le había hecho? No tenía sentido proteger a alguien a quien odiabas… Alguien cuya vida querías cobrarte a cambio del dolor que te había causado. ”-A menos que quiera asegurarse de que no me voy a ningún lado.”-Era un pensamiento tan amargo como realista, dada la situación. Pero Dalae no pensaba quedarse sentada, esperando a que el resto del grupo venciera a Arión… O a que el propio mago rompiera la burbuja, una vez se hubiera encargado de los demás.

Sabía que una espada corriente como la suya no podía hacer gran cosa para romper un hechizo tan poderoso, así que probó directamente con su propia magia. Ni siquiera intentó modelarla en forma de hielo. En lugar de eso, dejó escapar un destello blanco de energía sin canalizar, parecido a la magia que cualquier mago usaría en forma de hechizos. Pero la burbuja no sufrió daño alguno: Hacía falta algo más fuerte… Algo como la espada de Brunilda, por ejemplo. Afortunadamente, la valkiria no tardó en llegar, montada en su blanco y alado corcel, tan metida en su papel de caballero andante como siempre. Apenas un roce de Colmillo de Dragón bastó para liberarla, y además tuvo la decencia de recogerla en lugar de dejarla caer los escasos metros que la separaban del suelo. Podía volar, pero… Un gesto amable nunca estaba de más. -Como he dicho querida, la vida de todo asgardiano pertenece a nuestro Rey Odín. Me niego a que caigas presa en garras del enemigo.-… A menos que ese gesto amable implicara, otra vez, salvarla por ahora para ejecutarla después cómodamente. Eso hizo que Dalae torciera el gesto, aún sentada en la grupa de Aragorn. -Creo que cada una de nosotras ve las garras del enemigo en un sitio diferente, Brunilda...-A pesar de todo, hizo una leve inclinación de reconocimiento con la cabeza. Era toda la gratitud que podía mostrar en ese momento, mientras miraba el campo de batalla desde el cielo. Pensando en un plan.

Constantine estaba sentado, apartado y con los ojos cerrados. Solamente cabían dos posibilidades: O bien estaba rezando, o bien estaba intentando hacer algo útil. Y dado a que difícilmente algún dios tendría estómago para escuchar sus plegarias, debía de ser la segunda. Arión y Loki seguían enfrascados en un duelo a espada aéreo que de momento les daba algo de tiempo, pero que no podía durar para siempre. Y luego estaba Arturo, que no parecía muy satisfecho después de ver que el hechizo de levitación no había funcionado y por lo tanto, no podía lanzarse de cabeza a la acción como le hubiera gustado. Sin embargo, a Dalae se le ocurría otro uso que darle al piromante. -¡Arturo, dame la piedra!-Le gritó, para asegurarse de que le hacía caso a pesar de la distancia. ”-Raden, protege a Constantine cuando te vuelvas a formar. Sé que no te gusta, y no sé qué está haciendo, pero tú ocúpate de que no muera antes de hacerlo. ¿Entendido?”-El fantasma del bastón habría enarcado una ceja si hubiera sido material. ”-¿Cómo que “cuando me vuelva a formar”? ¿Es que no voy a...?”-Su voz se cortó a mitad cuando la asgardiana lo lanzó lejos de ella, haciéndolo aterrizar muy cerca del exorcista del grupo. -¿¡Pero se puede saber qué demonios haces, niña!?-Le gritó, indignado, mientras volvía a su forma corpórea. No sabía qué planeaba, pero la experiencia le decía que seguramente fuera una mala idea. Además, nada justificaba que lo tiraran por ahí como un vulgar palo.

Dalae no lo escuchó, por supuesto. Tan pronto como la piedra de anulación mágica estuvo a su alcance, la cogió con ambas manos. Los efectos tardaron unos minutos en dejarse notar: Su piel recuperó  algo de color, sus ojos se nublaron, y su pelo comenzó a aclararse poco a poco. Su aspecto aún cambiante distaba un poco del de la muchacha que Brunilda había entrenado décadas atrás en Asgard, pero no era eso lo que ella buscaba. No, lo que quería era librarse de la maldición que había contraído al tocar el bastón de Raden, y que le había robado gran parte de la fuerza sobrehumana con la que todos los hijos de Odín nacían. En ese momento, la necesitaba, y no dudó ni un segundo en poner en peligro el vínculo que la unía con el lobo blanco, quien se desvanecía a medida que ella iba recuperando la vitalidad que lo mantenía en el mundo de los vivos. Primero, desaparecieron sus patas, y luego todo su cuerpo se disolvió en la neblina. Pero no se movió del lado de John.

La asgardiana esperó a que los dos combatientes sobrevolaran las murallas antes de usar su recién adquirida fuerza para lanzarles la piedra de anulación. De no haber sido así… La caída los habría matado, y no podía confiar en que Brunilda los recogiera con su caballo alado. Según lo que había dicho, seguramente sólo rescatara a Loki… Y no era eso lo que quería. Esa era la única manera de entretener a Arión y ganar algo más de tiempo para lo que fuera que estuviera haciendo Constantine. Aunque eso significaba dejar caer a su maestro en un lugar repleto de soldados chacal, y sin la posibilidad de usar magia. No le preocupaba, en realidad. Creía, o más bien sabía que se las arreglaría. Siempre lo hacía.

Sin la influencia de la piedra, los cambios que no habían llegado a completarse comenzaron a retroceder rápidamente. Y a medida que el cuerpo de Dalae se hacía más débil, Raden comenzó a sentir cómo su consciencia se alejaba del vacío de la muerte, y tomaba forma de nuevo. Una forma de vida amarga, que aprovechaba la de otros… Pero siempre era algo mejor que el letargo en el que había estado a punto de caer por culpa de la imprudente de su portadora.

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[Minievento] El tiempo en sus manos - Pt. 2. Atlantis (Dalae, Loki, Brunilda, Constantine, Hellboy, Blaze, Wade) [??-??-2019]
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