Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019

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Gabriel Leblanc
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MensajeTema: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   7th Julio 2017, 18:05

Arkham Asylum, Gotham. 11:37 de la mañana. 7 de abril de 2019.

Cuando la secretaria de Sharp llamó a su puerta y le dijo que alguien quería visitar el Arkham Asylum en los próximos días, el aspirante a alcalde de Gotham sonrió ampliamente, seguro de que su inesperado visitante sería algún político importante. Como mínimo, al menos, una figura influyente que pudiera allanar su camino a la alcaldía, impresionado por el buen trabajo realizado en uno de los lugares más peligrosos de la ciudad del murciélago. Como cada vez que fantaseaba con ese poder que podía adquirir, una oleada de paz y felicidad inundó al señor Sharp. Sin embargo, esa pequeña descarga de dopamina paró en seco tan pronto como se enteró de que la visitante no era otra que Martha R. Una escritora.

Procuró disimular tras una expresión amable el suspiro hastiado que luchaba por salir de sus labios. Una escritora. Sharp no apreciaba especialmente a los artistas: Él era un hombre frío y lógico, un científico (o eso se decía a sí mismo cada vez que su cordura se tambaleaba). Era el sucesor del mismísimo Amadeus Arkham. No tenía tiempo para que una escritorzuela se adentrara en sus dominios, molestando al personal y acercándose a los pacientes… No, no a los pacientes. Presos. Eran presos, no pacientes. Y todo para escribir una sarta de tonterías que o bien no se vendería, o bien sería un best seller independientemente de su calidad y rigor científico.

Menuda tontería.

Si por él fuera, la metahumana no pondría un pie en su territorio jamás. Pero el Arkham Asylum tenía una imagen que mantener, y si se decía que había sido la inspiración de un libro de éxito… Su fama repercutiría directamente en él. Era un buen plan. Además, lo único que había que hacer era conducir a la mujer por los pasillos principales, para que pudiera apreciar el ambiente. Si insistía en ver a alguno de sus presos más ilustres, bastaría con decirle que era imposible por cuestiones de seguridad. Y, desde luego, ni se acercaría al 24601. Bastante tenía con lo que ya había hecho, como para que además hiciera alguna cosa rara de las suyas con una visitante. Si le ocurría algo a Martha, sería su responsabilidad, y sería mucho más difícil de disimular que si uno de sus empleados sufría un mero “accidente”. No, tendría que ser muy cuidadoso, mucho más de lo normal. A pesar de que todos los medios estaban muy ocupados cubriendo esa supuesta invasión demoníaca, no podía permitir que una escritorzucha le diera mala prensa.

Arkham Asylum, Gotham. 9:03 de la mañana. 10 de abril de 2019.

El psiquiátrico se encontraba en una isla, los antiguos terrenos de la familia Arkham. El director le había pedido que se presentara allí a primera hora de la mañana para empezar su visita, y así lo había hecho. En ese momento, Martha estaba atravesando el en apariencia frágil puente que separaba el hospital de la ciudad principal. Aunque, bien mirado, aquello no parecía un hospital, sino una de estas casas encantadas que ponen en los parques de atracciones. Quizás el único detalle que diferenciaba el manicomio de una atracción de feria era su absoluto realismo.

A medida que el coche avanzaba por el puente, Martha pudo apreciar mejor los detalles: Las puntiagudas verjas de hierro oscuro, el invernadero victoriano, el archiconocido letrero sobre la puerta… Pero también pudo apreciar el aparente deterioro del lugar, que aún estaba sanando las heridas producidas durante la pasada noche de Halloween. Aquí y allí se paseaban guardias fuertemente pertrechados, vigilando que todo siguiera en orden. Una tensión indescriptible empapaba el lugar, como si todo el mundo estuviera esperando a que algo terrible ocurriera.

En la puerta del edificio principal, el alcaide Quincy Sharp la esperaba, con la expresión más profesional y comedida que el mundo jamás hubiera visto. Era un hombre mayor, con gafas, con un traje perfectamente elegante y una flor en la solapa. Olía a medicamentos, y un poco a formol. El olor de un hospital antiguo, en el que nadie quería ser tratado.

-Buenos días, señorita R. En nombre propio y de todos los empleados, debo comunicarle nuestra alegría porque haya elegido nuestro centro como inspiración para su trabajo.-Su voz, blanda y empalagosa, no desmerecía su apariencia. -Lamento decirle que no podré guiarla en su visita, estoy muy ocupado últimamente. Si no le es inconveniente, le he pedido a la doctora Redfield que me sustituya en esa tarea. En un momento se nos unirá en la sala de visitas, tan pronto como acabe con unos preparativos.-Sharp entreabrió la puerta del Asilo, que chirrió ligeramente. Parecía muy pesada, como si hubiera sido construida adrede para abrirse lo menos posible. Para que nadie entrara… Y nadie saliera. -Si hace el favor de acompañarme...

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Última edición por Cédric Valjean el 17th Agosto 2017, 19:38, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   7th Julio 2017, 21:21

Martha había pasado una mala noche, peor a lo habitual ya que la tuvo que pasar en un apartamento que no era el suyo, en una ciudad que no era la suya debido a que como llevaba tiempo sin poder escribió, le pidió a su editorial si podían hacer que visitara alguna cárcel o algo por el estilo y por fin lo había conseguido, visitaría Arkham Asylum el “famoso” manicomio de Gotham, no era una cárcel pero a ella le bastaba, además no quería enfadar a su editorial quejándose de que no era lo que ella había pedido pero como vería más adelante eso parecía más una cárcel que otra cosa.

El piso que ella había alquilado con su propio dinero no era lo mejor del mundo pero al menos tenía una cama en la que poder dormir y los vecinos no eran demasiado ruidosos, lo malo era que Gotham era una ciudad que no le acababa de gustar, era demasiado oscura y, para ella, triste, algo que no le venía para nada bien ya que en su estado mental actual no era bueno que estuviese en lugares tristes o que le pusieran mal… era irónico que fuese a ir a Arkham Asylum.

Se despertó muy cansada por no estar acostumbrada a dormir fuera de casa, pero no podía pararse a quejarse ya que si no llegaría tarde al encuentro programado a primera hora de la mañana por lo que tuvo que centrarse en vestirse adecuadamente o lo que ella pensaba que era adecuado; un pantalón vaquero, su camisa a cuadros y una corbata negra que quedaba muy profesional. Cogió su libretilla para apuntar todo lo que pudiese y su boli negro que llevaba con ella desde que perdió a su familia, era de las pocas cosas que no ardieron en el incendio de su antigua casa. Se marcho del apartamento con prisa ya que aunque no parecía llegar tarde siempre tenía la impresión de que llegaba con el tiempo en los talones además tenía que pedir un taxi para que la llevaran ya que aunque ella adoraba los coches no se había sacado todavía el carnet de conducir, así que paro un taxi y el hombre que curiosamente hablaba también español la llevo hasta allí no sin antes haber intentado entablar conversación con Martha la cual había pasado el viaje mirando al suelo del taxi y dando golpecitos con el boli en la libreta, intentado hacer ver al conductor que no era un persona de mucho hablar.
Al llegar al puente empezó a observar los detalles del manicomio que empezó a apuntar en su libreta, de veras era un lugar deprimente, pero al verlo se preguntaba a si misma si no sería mejor que ella estuviera encerrada, bueno no ella sino el ente que estaba dentro de ella era una pena que a Martha no le gustaba estar encerrada en un manicomio o en una cárcel, si no ya se habría entregado hace mucho tiempo.
Desde la ventanilla de su asiento podía ver al alcaide del manicomio, un hombre que a pesar de tener aspecto serio y que seguramente era alguien “respetable” le parecía cómico, era algo que le pasaba desde chica con la gente calva, no era su culpa que le hicieran gracia además eso se añadió a que el hombre era más bajo que ella y tenía que mirarlo como si fuera un niño pequeño a pesar de ser un hombre más mayor que ella, sería mejor que no se le escapara ninguna risa sarcástica, podría poner en peligro la visita.

Fue recibida profesionalmente por el Sr. Sharp, pero a pesar de su profesionalidad se centró en un detalle que no dejo que pasara desapercibido; la llamo “Señorita R.” ¿Desde cuándo el segundo nombre se usaba para llamar a alguien? Le pareció un error que tenía que corregir, pero prefirió no enfadar al hombre quejándose de su equivocación, además ella nunca decía sus apellidos, no los decía desde hace tanto que casi no se acordaba.
La noticia de que el hombrecillo no le guiaría en su visita le alegro en parte porque no tendría que soportar reírse con sarcasmo ante la apariencia de su acompañante, tendría que ser acompañada por la señorita Redfield, curioso apellido o nombre, ya no estaba muy segura de si ese hombre llamaba a la gente por su nombre o por su apellido.
Siguió al hombre adentro del edificio, apuntado todo lo que veía o lo que escuchaba ya que las puertas pesadas y chirriantes eran lo típico que se esperaba en un edificio de ese estilo, como una especie de cliché arquitectónico. El hombre le dijo que lo siguiera así que lo hizo, pero mientras hacía esto escucho en lo más profundo de su psique, donde el ente se encontraba para estar controlado, una risa oscura y pesada ¿Qué significaba eso? Prefirió no pensar en eso y se limitó a seguir al alcaide.

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   8th Agosto 2017, 03:10

El director del Asilo arrugó ligeramente la nariz al notar que su invitada no respondía. Él detestaba profundamente las faltas de educación como aquella. Es decir... ¿Ni siquiera un mero "buenos días? ¡Le estaba permitiendo entrar en su territorio! ¡En su hogar! Quizás debería abandonarla a su suerte en la oscuridad de los corredores... Sí... Así aprendería a comportarse. O quizás lo mejor sería empezar a hacerle pruebas. Había algo en su silencio hosco, en la expresión de sus ojos, que le hacía pensar en algunos de sus pacientes más asociales. ¿Y eso de ocultar su boca? ¿A qué venía? Y eso, por no hablar de su falta de apellidos en condiciones... Desde luego, parecía que Martha estaba decidida a ponerle de los nervios con su mera existencia. Afortunadamente, pronto la perdería de vista.

O esa era la idea, al menos. Quincy miró su reloj de bolsillo con impaciencia, y se acercó a uno de los vigilantes que montaba guardia en aquella sala. -¿¡Se puede saber por qué Redfield no ha llegado ya!? Se suponía que tendría que estar aquí desde hace diez minutos...-Sharp no se molestó en disimular lo enfadado que estaba, y eso hizo tragar saliva a su empleado. Sabía de sobras que había que escoger bien las palabras que tenía que decirle, si no quería que todo fuera a peor. De hecho, después de algún tiempo trabajando allí, había llegado a la conclusión de que lo mejor que se podía hacer era mantenerlo lo más informado posible, y mantenerse alejado de todos los problemas posibles. -¿No se lo han dicho? La doctora sufrió un... Accidente en el último turno de noche. La han enviado a su casa de momento, creo que no volverá hasta dentro de dos o tres días.

-Está bien, está bien. Ah, que contratiempo...-El hombre más joven suspiró, aliviado, al ver que el director del sanatorio recuperaba su habitual sonrisa. -Acompañe usted a nuestra invitada. Ha venido desde muy lejos, y no podemos permitir que se vaya con las manos vacías de ideas. Confío en usted para guiarla por nuestras instalaciones, joven.-Y le dió una animosa palmadita en el hombro. Y se dió media vuelta. -Tengo unos asuntos que atender. Espero que haga un buen trabajo.-Y se marchó, dejándolo con la chica del pañuelo negro… Y el marrón que ella conllevaba. ”-Mierda… Esta vez me he lucido.”

Con la resignación pintada en la cara, el improvisado guía se acercó a la escritora. Sus ojos marrones, algo más claros que su pelo, la miraron de arriba abajo. -En fin… Bienvenida y todo eso. Si te parece bien, empezamos con el bloque de celdas principal. Quédate detrás mío, ¿vale?-Tras unas cuantas comprobaciones de seguridad, el guardia abrió la puerta que comunicaba el Centro de Visitantes con un el área de la penitenciaría. El lugar en el que la mayoría de los pacientes vivían, explicó. Sin embargo, Martha pudo apreciar que no se trataba tanto de enfermos como de presos. Estaban asegurados en celdas con barrotes metálicos, solos o en grupos, y sujetos con camisas de fuerza. A Martha no le hizo falta prestar atención a ninguna explicación para darse cuenta de por qué era necesaria tanta seguridad en el recinto: El aspecto demacrado, casi inhumano de los internos pondrían los pelos de punta a cualquiera. Pero eso no era lo peor. Lo peor, sin duda, era el ruido. Todos ellos gritaban y reían a la vez. Sus susurros y quejidos tejían una cacofonía que hacía retumbar los tímpanos de quien la oía. Era la canción que cantaban los que ya no eran escuchados por nadie, los que vivían en jaulas sin esperanza de salir de ellas algún día. El vigilante que la acompañaba parecía estar diciendo algo, pero Martha no llegó a entenderlo. En su lugar, mezclado con el ruido del ambiente, escuchaba una especie de zumbido molesto, como la estática de una televisión antigua. Un sonido que parecía crecer en intensidad poco a poco, a medida que la pareja se adentraba en el interior del Asilo. Y, sin embargo, su guía no parecía oírlo.

Finalmente, había desistido de intentar explicarle nada, y se limitaba a caminar no muy rápido para que ella pudiera tomar notas, o hacer lo que quisiera que había venido a hacer a aquella casa de locos. Lo único que podía hacer era armarse de paciencia y esperar, al fin y al cabo. Además, ya casi estaban en la puerta de salida, custodiada también por vigilantes armados. Después, la llevaría a las instalaciones médicas, a la mansión de los Arkham, y ahí se acabaría la visita. No pensaba complicarse más.

-Bien, si has acabado ya..."Hola, Martha." ...ir yendo antes de que empiecen con la ronda de medicaciones. Así que vamos a tener que darnos prisa.-Por un momento, el zumbido intelegible que llevaba molestándola tanto rato tomó forma... Y la llamó por su nombre. Era una voz agradable, cálida, que desde luego no pertenecía a la entidad ni al vigilante que la acompañaba. Y, de hecho, daba toda la sensación de que había resonado más en su cabeza que en sus oídos. ¿Se estaría volviendo loca ella también, como los pacientes en las jaulas? Era algo... Improbable. Pero siempre se ha dicho que la demencia es una enfermedad contagiosa, y la mujer estaba paseándose por la frontera de su reino.

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   8th Agosto 2017, 18:21

Martha estaba un poco intimidada con toda la situación, no por el lugar en el que estaba que aunque no tuviese la mejor apariencia y la gente que había ahí dentro no fueran las mejores personas del mundo pero ella ya estaba casi acostumbrada a ver y escuchar cosas horribles gracias al ente así que eso no le importaba mucho, pero lo de tener que tratar con personas y sobre todo con alguien que era importante, o eso suponía ella, lo que le ponía más nerviosa que el hecho de que estuviera en una especie de manicomio con una pizca de cárcel. Se limito a seguir en silencio al hombre por el pintoresco lugar, hasta que este le pregunto a un vigilante algo que Martha prefirió no escuchar ya que estaba ocupada apuntando en su libreta todo lo que estaba viendo, pero como ya no le quedaba más que apuntar de la zona en la que estaban prefirió escuchar la conversación.

Al parecer la señora llamada Redfield que tendría que acompañarla en su visita estaba ausente por un accidente sucedido en las instalaciones, sea lo que fuera esperaba que se pusiera mejor, aunque no la conocía, pero era lo típico de la gente, si sabes que alguien esta malo o le pasa algo le deseas lo mejor. La cuestión es que el director decidió que sería el vigilante el que la acompañaría en su visita y la verdad no le importaba mucho no es que estuviera allí para conocer al personal ni mucho menos, de hecho, no había dicho ni una palabra desde que había entrado.

El hombre tuvo que aceptar ya que no era una petición sino más bien una orden así que, aunque se le notaba resignado por la tarea que se le había asignado, decidió enseñar el lugar a Martha aunque en el tono se podía notar que preferiría hacer cualquier otra cosa

-De acuerdo

Dijo con timidez intentando no molestar al guardia que estaba malgastando su tiempo en enseñarle a ella algo que el ya conocía y que de seguro no recomendaba a nadie la visita, pero Martha estaba ahí para inspirarse y nada más, quería ver cómo eran las instalaciones, como se “vivía” ahí adentro. Y la verdad no es precisamente que le gustara lo que veía y escuchaba, las personas que allí estaban encerradas parecía que hubiesen dicho adiós a su humanidad y solo fueran animales encerrados que dan vueltas en sus jaulas y aúllan esperando a ser sacados de ese terrible infierno… pero se suponía que no tenía que pensar en las personas como animales, ¿Por qué pensó eso? ¿Acaso el ente podía influir en ella aún más?

Sus pensamientos sobre esto fueron interrumpidos cuando le pareció escuchar al guardia decir algo, pero en vez de escucharlo solo escucho un zumbido bastante molesto, un zumbido parecido a cuando escuchas música en un concierto y luego te pitan los oídos pero este era diferente además no había forma de que tuviera un pitido en las orejas, no había música y tampoco estaban bajo el mar ni nada de eso ¿De dónde venía ese zumbido? “Tres son multitud”

Siguió tomando notas intentando no centrarse ni en el zumbido ni en lo que había dicho el ente, la verdad es que Arkham le estaba dando para casi dos libros con tanta… tristeza, eso es lo que sus paredes mostraban, tristeza de la gente encerrada y también ira y locura, una mezcla de sentimientos juntos que hacían de este lugar aún más “terrorífico” sobre todo si de pequeña no te atrevías a ir al cuarto de tus padres por un cuadro que te asustaba, pero eso fue hace mucho tiempo.

Al parecer la visita de esta parte de las instalaciones se estaba acabando, pero cuando el guardia empezó a decírselo escucho algo más, unas palabras que no eran del guardia “Hola Martha” ... por alguna razón u otra esto le dio un pequeño escalofrió que le recorrió toda la espalda, conocía la voz del ente y sabía perfectamente que esta no era su voz, esta sonaba mas humana.

-Disculpe ¿Podría ser posible que hablara con algún interno? - Esperaba que esta pregunta no alarmara al guardia, a lo mejor pensaria que esta loca tambien y la encerraria... era poco probable -Seria perfecto para la ambientación de mi libro

Si fuera normal habría sonreído al guardia y habría intentado camelárselo para poder visitar lo que quisiera pero primero que no es que fuera ella la venus de milo y segunda no se había fijado en si tenía anillo o no, o a lo mejor tenía novia o algo , así que prefirió preguntarlo sin más a lo mejor la dejaban hablar con alguno de los que estaban más “normales, eso le sacaría esas palabras de la mente.

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   16th Agosto 2017, 17:48

El telépata sonrió en su celda. Para él, tres no eran multitud. Nunca había demasiados para su gusto. Y menos si, además, uno de ellos era una criatura como nunca la había visto antes. Por eso tenía que conocerla... Que conocerlos.

Lejos de la habitación en la que el 24601 aguardaba, el guardia se volvió hacia Martha. Sus toscas facciones no expresaron nada en particular, más allá de una ceja alzada con incredulidad. No había muchos internos con los que se pudiera hablar como Dios mandaba, pero había alguno. Los menos graves, que apenas tenían un arañazo de locura en su mente... Y los peores, los que habían anidado en el seno de sus garras. Los que podían planear con total frialdad mil maneras de desatar el caos en Gotham, como Joker, Espantapájaros o Enigma. ¿Realmente era buena idea dejar a Martha con ese tipo de gente? Probablemente no. Sabía de sobras el daño que podían hacer ese tipo de personas a los demás, a pesar de estar encerrados bajo siete llaves. -Está bien. Te llevaré al ala de los pacientes leves, los que no han cometido ningún delito de importancia. Allí, se les trata como en cualquier hospital, son pacíficos. Espero que sea suficiente.-El guardián pronunció esa última frase de forma que a Martha le quedara claro que no había otra opción, fuera suficiente o no. Atravesaron el umbral, y la compuerta bajó con el sonido metálico de un cepo cerrándose sobre la carne de su víctima. Los gritos de los presos quedaron al otro lado, y el silencio cayó sobre ellos como una losa. Un silencio tan sólo roto por aquella voz suave, tentadora, que susurraba en la cabeza de Martha. "-Venga... No me digas que te vas a conformar con eso. Has venido a buscar una historia, ¿no? Quizás yo tenga algo más interesante que contarte... Además, estoy seguro de que no pensabas en "pacientes leves" cuando pediste vernos, ¿verdad? Créeme, esos son muy poco divertidos... Empiezan a tener cualquier fobia, cualquier adicción, y ya vienen aquí corriendo, esperando que los médicos hagan su magia. Quieren ser normales."-La voz, hasta ahora dulce y agradable, pareció teñirse de desprecio. "-No los soporto."

Entretanto, el vigilante la llevó a través de los pasillos, alejándose cada vez más de la zona más peligrosa del recinto. El ambiente seguía siendo asfixiante, sí... Pero la mayoría de los visitantes se sentían aliviados al saber que dejaban atrás las jaulas llenas de lunáticos. Claro que la mayoría de los visitantes no oían voces en su cabeza sugiriéndoles adentrarse aún más en aquel infierno. "-Entonces... ¿Vienes? Sólo tienes que despistar a tu amiguito y bajar al piso de abajo. Me encontrarás en seguida, estoy en la celda 24601. Ah, y por cierto... Sí, está casado. Aunque a veces se olvida."

Cuando Martha descendió las escaleras que conducían al piso inferior, se encontró en un largo pasillo cuyas paredes estaban ocupadas por decenas de celdas individuales. La pobre iluminación y el deterioro de toda la zona daban a entender que Martha había llegado a uno de los lugares más antiguos del Arkham Asylum. El único signo de modernidad que se podía apreciar eran las sofisticadas medidas de seguridad en cada cámara. Era... Inquietante. La mayoría de las celdas estaban vacías, y sobre cada una de ellas había un número, comenzando con el 2200. Solamente podía hacer una cosa: Avanzar.

Los pocos internos allí hospitalizados la seguían con la mirada, en silencio. La mayoría de ellos estaban embutidos en camisas de fuerza, o sujetos a las paredes acolchadas con correas. Sin embargo, ninguno hizo ademán de zafarse de sus ataduras. Ni siquiera parecían parpadear. 2454... 2455... 2456... Faltaba poco para llegar. -Qué rápido has venido. Bienvenida.-La famosa celda 24601 tenía las paredes cubiertas de espejos. El dueño de la segunda voz en su cabeza estaba en el interior, sentado en el borde de una cama desecha. Se apartó unos mechones rubios de la cara, despreocupado, mientras la miraba de arriba abajo. Parecía complacido de verla finalmente. Vestía el uniforme naranja de Arkham, aunque se había bajado un poco la cremallera para mostrar la camiseta blanca que había debajo. Pero lo más extraño era su expresión... No correspondía con la de un preso, sino con la de una persona libre. Alguien que no se sentía atrapado pese a estar en el corazón de la mejor prisión de Gotham. -Oh, quizás debería haberme presentado antes. Soy Cédric Valjean, el placer es todo mío.-Sonrió, divertido. Él no necesitaba que el resto se presentara, por eso se le olvidaba tan a menudo. -Por cierto, puedes pasar y sentarte si quieres. Espero hablar con vosotros un buen rato, y no quiero que te canses.-Sí, la puerta de la celda estaba abierta. Cédric posó la palma de la mano en el espacio que había junto a él, invitándola a acercarse más...

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   27th Agosto 2017, 18:22

Martha seguía al guardia con tranquilidad intentando olvidar la voz que había escuchado hace un rato cuando de repente volvió a escucharla, al parecer algún interno era telepata y estaba hablando con ella a través de su mente lo que hacía que el ente también la escuchara, pero el prefería estar callado por ahora, pero sentía como él tenía una gran expectación por conocer al autor de esas palabras. Esta vez le hablo largo y tendido, le dijo que ella seguramente no quería ver pacientes leves y la verdad es que era cierto, para eso se hubiera ido a un hospital así que incluso cuando la voz empezó a ponerse con un tono de desprecio la siguió escuchando.

Seguía al guardia mientras la voz seguía hablándole, al parecer tendría que despistar al guardia para poder ir a verle y eso resulto ser lo más fácil cuando empezaron a andar por los pasillos lo que hizo fue quedarse quieta y el guardia, un poco tonto por su parte, siguió andando sin darse ni cuenta de que ella no le seguía. Comenzó así a bajar las escaleras para llegar al piso de abajo, lo que le había indicado la voz en su cabeza. La antigüedad del lugar le dio mucha inspiración a Martha por lo que mientras bajaba empezó a escribir en su libreta nota tras nota, apuntando todo lo que veía.

Llego a las celdas y a decir verdad le estremecieron un poco, aunque muchas estuvieran vacías algunas si tenían “inquilinos” que estaba embutidos en camisas de fuerza y que la seguían con la mirada lo que la ponía un poco nerviosa mientras intentaba anotar eso también, aunque le diese un poco de repelús. Y entonces llegó hasta la celda que buscaba, la que él le había dicho, la celda 24601. Se pensó un poco si entrar, pero cuando la voz le dio la bienvenida entendió que no había marcha atrás por lo que, sin pensárselo más, se puso frente a la puerta y miro al… extraño interior ¿Por qué tantos espejos? Lo único que se le pasaba por la cabeza es que el hombre fuese un ególatra y que le gustase mirarse todo el rato en un espejo o talvez era por otra razón que desconocía.

Le miro un poco de arriba abajo, para identificarle y también para ver si tenía alguna arma con la que podría hacerle daño, aunque si así fuera a lo mejor podría defenderse usando sus propios poderes, depende de si él era muy fuerte o no pero después de mirarle un poco pudo confirmar que no tenía ningún arma en su posesión así que pudo respirar tranquila.
El autor de la voz en su cabeza se presentó y como él ya sabía quién era ella no tuvo por que presentarse, ahorrando así un poco de tiempo en la conversación. Le ofreció un sitio al lado suya en la cama sin hacer en la que estaba sentado y dudo un poco si sentarse o no, pero al final cedió ante la presión y se sentó a su lado, apretando la libreta en su mano. Él tenía muchas ganas de hablar con “ellos” y el ente parecía tener las mismas ganas de hablar con él, o de escuchar la conversación “Esto va a ser… divertido”

Martha estaba muy callada y se dio cuenta, por lo que trago saliva, cogió su boli preparado para escribir y miro a Cédric, no directamente a los ojos sino más bien a la mejilla ya que mirarle a los ojos la ponía nerviosa

-Pu… pues ¿Por qué estás aquí? Puedo entender que tienes poderes, pero no creo que sea solo por eso ¿No?

Pensaba que si empezaba con una conversación más “normal” ni el ente ni él se pondrían a hablar entre ellos ya que no había que ser muy listo como para saber que eso acabaría mal pero que muy mal

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   29th Agosto 2017, 19:37

Cédric había estado siguiendo el recorrido de Martha desde que abandonó la seguridad que el vigilante le ofrecía hasta que atravesó la puerta de su celda para reunirse con él. En ese tiempo, había podido saborear la tensión que poco a poco iba creciendo en su interior, una reacción humana ante el ambiente enrarecido y enfermizo de la prisión. Pero no era la única sensación que el telépata podía percibir. Su otro invitado, esa criatura sin nombre ni cuerpo, estaba ansiosa. Fue él el primero en hablar, seguido no mucho después por la escritora. Martha no se sentía cómoda, y no lo disimulaba muy bien. Sin embargo, eso no era un problema. Si Cédric pretendía ganársela, iba a necesitar impresionarla, dejar su huella impresa en esos ojos cansados y tristes. -Pu… pues ¿Por qué estás aquí? Puedo entender que tienes poderes, pero no creo que sea solo por eso ¿No?-Titubeaba, e intentaba ceñirse a la idea que la había conducido a las puertas del Asilo en primer lugar. Era lo único que parecía medianamente racional en aquel momento, y que explicaba la tontería que acababa de hacer.

Nunca era buena idea entrar en la celda de un prisionero en aislamiento, y menos todavía si no había nadie cerca para ayudarte si ocurría lo que tenía que ocurrir. En aquel pasillo subterráneo, los únicos que oirían sus gritos serían los otros internos, y no harían nada más que mirarla con ojos vacíos. Como llevaban haciendo desde que Cédric había invadido sus mentes hasta anularlas por completo. -No encierran a nadie sólo por tener poderes… Eso sería muy injusto, ¿no? Sólo lo hacen cuando no los usas como a ellos les gusta. Supongo que ese es mi caso.-Cédric sonrió, mirando al techo por un momento. Casi con… ¿Nostalgia? -Tuve un pequeño… Desacuerdo con Batman y su familia. Yo le molesté, él me noqueó, y me desperté aquí. Supongo que es así como funcionan las cosas en Gotham. Si te portas mal, te guardan aquí, y esperan a que te pudras. Aunque no me puedo quejar… Allí de donde vengo, matar a once personas y dos policías en poco más de una semana equivale a algo más que todo esto.

Sonrió, tirando un poco de su uniforme del Asilo para dejar claro a qué se refería. Estaba seguro de que, si su captura hubiera corrido a cargo de SHIELD, ellos habrían apuntado a matar. Y si no hubiera sido el caso, seguramente a esas alturas estarían programándolo de nuevo. Era mucho más cómodo haber sido detenido por el murciélago: No sólo estaba ileso, sino que además tenía entretenimiento garantizado para cerca de un mes. No creía que sus planes de fuga fueran a extenderse mucho más. -¿Y qué hay de tí? Me gustaría saber a quién le voy a contar mis secretos. O mejor dicho, a quiénes. He oído a otro en tu cabeza, y no creo que tengas doble personalidad precisamente. No me malinterpretes, nunca me ha importado compartir a una chica, pero no puedo evitar preguntarme con quién, y si tiene que ver con esto.

Antes de que Martha pudiera hacer nada por impedirlo, Cédric tomó con una mano la barbilla de la morena y la obligó a alzar la vista, a mirarle a los ojos. Sin embargo, ella no lo sintió como una obligación a la que debía resistirse. Había algo en él… Algo magnético, que convertía la tarea de apartar la mirada de sus ojos en algo tan difícil que parecía casi imposible. -Dime… ¿Por qué llevas esto puesto?-Acarició ligeramente la tela del pañuelo con el pulgar, dibujando el contorno de su rostro. -¿De qué te escondes?

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   30th Agosto 2017, 18:59

A Martha le dio una leve jaqueca y no sabia muy bien por que, pero el ente si sabia la razón de esto; cuando a un cerebro de un humano lo invadian otras dos mentes a la vez podia verse desbordado y hacer que sufriera dolor de cabeza, por suerte el ente impedia que ella se desmallase ya que tenia ganas de que hablara con Cedric ella primero, ya tendria oportunidad de unirse a la conversacion o mejor aun, sustituir a Martha. Ella escuchaba las palabras de el hombre rubio que estaba a su lado ante la, un poco, estupida pregunta claro que nadie era encarcelado por tener poderes... a no ser que tu poder fuese matar y nada mas, entonces si que tendria que estar encerrado. Al parecer habia tenido una “discusion” con batman y eso le habia llevado ahi, ella no sabia si creer eso de “pequeña” si no, no estaria alli metido o eso pensaba ella, sin embargo como no le gustaban mucho los superheroes no podia hacer otra cosa que sentir empatia por Cedric, aunque no sabia si se la merecia o no

-A mi no... no me gustan los “heroes”... yo creo que sobran, si no hay bien no hay mal... se supone

Y entonces escucho lo de que matar a once personas y dos policias... un momento ¿Los policias no son personas? Prefirio no pararse mucho en eso y si en el indice de criminalidad que tendria que tener la ciudad para que eso fuese un dia normal en Gotham lo que la asustaba un poco, en donde ella habia nacido que hubiese un incendio era lo mas impresionante que podia suceder en un año, lo que hacia notar el gran contraste entre un pais pequeño como España y uno tan grande como era E.E.U.U.

Miro el uniforme de Cedric y no pudo hacer otra cosa que anotarlo, no por que le gustara ni nada si no porque necesitaba recordad como era exactamente, puede que un personaje parecido a el saliera en la obra y necesitaba recordar su imagen casi perfectamente para que no se le olvidase.  Este paso a preguntarle por ella y la verdad es que no estaba muy comoda contandole su vida a un extraño o bueno a un hombre encerrado que acababa de conocer sobretodo cuando le hablo de la voz en su cabeza, de la cual no le gustaba hablar mucho ya que eso le traia malos recuerdos, recuerdos que era forzada a recordar para mantenerlo a raya, sin saber que eso no era necesario ya que el ente la poseeia cuando queria

-So... solo son voces en mi cabeza, es que tuve una infancia difícil

Esperaba que esta mentira saciara el interés de Cedric hacia ello, pero sabia que el no era tonto y no se la creería, pero al menos dejaría de preguntar sobre el ente, o al menos eso esperaba ella “Me interesas Cedric, esto no lo escuchara ella, tranquilo, ya tendremos oportunidad de... conocernos”. Martha no había escuchado las palabras que el ente había pronunciado dentro de ella que habían sido dirigidas para el hombre que estaba siendo entrevistado y que ahora era el el que la estaba entrevistando a ella, cogiéndola de la barbilla para que lo mirara a los ojos y aunque intentaba no hacerlo no pudo evitar mirarle directamente a los ojos es como si Cedric la controlase o algo así, no podía ser.

Le pregunto sobre su bandana y eso la puso aun mas nerviosa, no por que se preocupara de lo que el pudiera pensar de su aspecto, si no por que no le gustaria que el se enterase de su pasado, si la conocia demasiado podria aprovecharse de ella y eso no le vendria para nada bien, ya estaba en una situacion bastante mala.

-E... es solo que tuve un accidente y me queme la cara, solo eso

Estaba un poco roja al tener que mirar a Cedric directamente a la cara, no estaba acostumbrada a hablar mirando a la gente directamente a la cara y mucho menos a alguien que estaba encerrado lo que lo convertia en una persona potencialmente peligrosa o eso pensaba ella, no lo conocia lo suficiente, tenia que evitar que el tuviera el control de la situacion si no todo empezaria a ir peor

-Y... ¿Cu cual es tu opinión sobre los héroes?

Era lo unico que se le ocurria preguntarle para evitar que se dejara de fijar en ella y hacerle preguntas personales

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   8th Septiembre 2017, 22:10

Si no hay bien, no hay mal… Esa frase hizo sonreír a Cédric. ¿Si no hubiera policía, habría menos ladrones? No, por supuesto que no. Sin castigo, sin consecuencias para cada mala acción, todas las personas se dejarían llevar por sus instintos más salvajes. Por esa naturaleza que la civilización había reprimido a base de leyes, en un intento de domesticar el alma humana. Si esas leyes desaparecían, si los vigilantes cerraban los ojos para siempre… Todo ardería. Cada persona, desde el más rico hasta el más desgraciado, cedería a sus deseos. Y estaba en la propia esencia del deseo la destrucción, el conflicto. Tan pronto como deseas algo, tienes que perder otra cosa para obtenerlo. Y, si no quieres perder nada… Tu única alternativa es tomarlo por la fuerza. Era esa la razón por la que los héroes, la policía, los gobiernos existían. Para tratar de imponer un poco de racionalidad, en forma de una velada dictadura que impedía a las personas ser plenamente humanas, con todas las atrocidades que eso implicaba.

Y esa era la razón por la que Cédric deseaba ir en su contra, costara lo que costara. Oh, y también porque era terriblemente divertido. De hecho, esa era su razón principal. Pero esa no era la cuestión… La cuestión era que Martha no dejaba de mentir, y esa voz en su cabeza no dejaba de prometer. Obviamente, lo segundo era infinitamente más tentador que lo primero. Aunque, antes de entregarse de lleno a la tarea de averiguar quién era la “voz de la infancia” de Martha, había algo que quería hacer. Algo que quería dejarle muy claro.


-Y... ¿Cu cual es tu opinión sobre los héroes?-Tartamuda y mentirosa… Desde luego, era toda una delicia oírla hablar. Pero, al menos, gozaba de un don de inestimable importancia: La habilidad de preguntar lo que Cédric quería responder.

-Los héroes para mí son… Imprescindibles. Los necesitamos, todos nosotros. Las personas inocentes, los criminales… No sería lo mismo si no hubiera héroes para detenernos y defender a la gente normal de nosotros.-El mutante se levantó, y comenzó a caminar despacio por la celda, deambulando como lo haría una fiera en una jaula del zoológico. -Piénsalo, Martha. Seguro que más de una vez has pensado en hacer algo malo, pero no lo has hecho porque sabías que te iban a castigar por ello. Y da igual qué castigo: La cárcel, que los demás opinen mal de tí… O incluso porque tu propia educación te decía que no podías hacerlo. Los héroes no son solo las personas en mallas que detienen alienígenas y tienen poderes impresionantes. Son todas las cosas que os mantienen dóciles y cuerdos. Las que están allí para evitar que hagáis el mal, para solucionarlo cuando ocurre, y para castigarnos.-Tuvo cuidado con las personas de los verbos. Sí, ellos, la gente, se mantenía dócil y cuerda… Pero él sólo se incluyó en la parte del castigo. Aunque había tenido que afrontar las consecuencias de sus actos en pocas ocasiones, Cédric no podía obviar que estaba en la cárcel. Aunque se estuviera tomando la condena con mucha tranquilidad, no dejaba de ser un castigo impuesto por alguien que caminaba al otro lado de la ley.

-Pero tú opinas diferente… Creo que tendré que ponerte un ejemplo.-Su sonrisa se ensanchó, y por un momento, a Martha le pareció ver el fuego que ardía en sus ojos. Cédric se acercó paso a paso hacia ella, como un incendio deseando llegar a un árbol seco para devorar hasta la última de sus ramas. -Pongamos, por ejemplo… Un lugar en el que no hay ni un solo héroe. Aquí, por ejemplo. No hay guardias en el pasillo, y me he encargado de que ninguno venga en las próximas dos horas. En ese tiempo, en nuestro ejemplo sólo quedan dos clases de personas… Los ciudadanos inocentes e indefensos, y nosotros; los criminales.-El rubio se inclinó sobre ella, que permanecía sentada. Sus movimientos fueron lentos, casi hipnóticos, cuando su rodilla separó las piernas de ella para reposar sobre el colchón, invadiendo su espacio personal. Estaba cerca, demasiado cerca. Una de sus manos se posó en su cintura, mientras la otra la tomaba por la muñeca y la presionaba contra la pared que tenía detrás suyo, inmovilizando a la mujer casi por completo.

Martha no podía escapar. Había algo en el fondo de su cabeza, en una parte que aún no se había visto alterada por la presencia de la entidad, que le gritaba que corriera por su vida. Que ese embotamiento, esa sensación de estar a merced de un completo desconocido… No podía ser nada bueno. Y menos aún, intuyendo que la entidad no la protegería. Pero había algo que la confundía… ¿Por qué la sujetaba con tanta fuerza, casi haciéndole daño; si la otra mano describía con delicadeza la forma de su cadera? ¿Por qué no se sentía capaz de moverse, de resistir? El único atisbo de una respuesta residía en el dolor de cabeza que llevaba un rato aumentando. Cédric había invadido su cabeza, o al menos, las partes que no estaban ya ocupadas. Por suerte, eso era más que suficiente para confundirla. -La verdad… Está claro que el bien se ha ido, pero creo que el mal sigue aquí...-Le susurró, como si estuviera compartiendo con ella su secreto más íntimo. Rió entre dientes, antes de acercarse un poco más, como si fuera a besarla… -Dime… ¿No empiezas a echar de menos a los héroes?

Pero, en lugar de eso, sus dientes se cerraron en torno al borde del pañuelo que cubría parte de la cara de Martha, y tiraron un poco. Lo suficiente para que la tela cayera, revelando los horrores que había al otro lado. La mitad inferior de su rostro era la de una calavera descarnada, pero eso no hizo retroceder al francés. De hecho, no se molestó en ocultar lo mucho que le complacía: Siempre había sentido cierto gusto por lo monstruoso. -Ahora, si no te importa, me gustaría hablar con la voz de tu cabeza. Me pregunto si él me dirá la verdad acerca de tí...

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   11th Septiembre 2017, 04:13

Su pregunta parecía divertirle, no entendía muy bien ya que era una pregunta mas o menos seria o a lo mejor se estaba riendo por que se había dado cuenta de que esa pregunta era muy tonta para una escritora y que eso no le ayudaría en su libro para nada si no que le había formulado esa pregunta específicamente para centrar la atención de Cédric en otea cosas que no fuera ella, pero poco sabia ella que eso no funcionaria como ella pensaba. Al parecer, aunque estaba “encerrado” Cédric pensaba que los héroes eran necesarios ya que si no la gente se descontrolaría por que si no tiene alguien que detenga a los malos, ya sean los héroes embutidos en mallas o otros tipos de “héroes” eran necesarios para tener a la gente controlada, pero hubo una pregunta que a ella le altero y que hizo que tuviera ganas de darle un puñetazo en la cara, algo que obviamente no haría.

-Si pienso en algo malo no lo hago por que no esta bien, no por el castigo- al decir estas palabras no sentía ningún nerviosismo y ninguna se le trababa -No creo que las personas no hagan cosas malas porque saben el castigo, si no porque saben que esta mal

Así era al menos ella, no se ponía a matar a la gente por la calle o a robar a los pobres por el castigo que ello supondría, si no porque sabia que eso estaba... mal, todos tenemos dentro nosotros un sentido del bien y el mal, de la justicia y aunque el bien y el mal sean relativos y el mundo no sea para nada justo, ahí están. Puede que haya gente que piense que algo esta bien, pero muchos mas piensan que esta mal y es ahí cuando entra la diferencia entre el bien y el mal, el bien no es algo sujeto que siempre sera igual si no que depende de lo que la mayoría de la gente piense que esta “bien” y como ejemplo estaba que hace tiempo la gente pensaba que estaba bien tener esclavos... en esa época los “villanos” eran los hombres que querían liberar a los esclavos mientras los héroes eran los hombres que pasaron a la historia como crueles esclavistas... prefirió no seguir pensando en el tema del bien y el mal y si centrarse mas en Cédric que daba vueltas en su “celda”,  haciéndole recordar a un león que aunque se vea muy tranquilo desde fuera, sabe que si se cayera en su hábitat del zoo, seria devorada en un instante y parecía que aquí sucedería lo mismo.

Pareció entender la diferente opinión de Martha pero al parecer seguía con ganas de convencerla, lo que puso nerviosa a la mujer sobretodo al mirar al hombre a los ojos y ver algo que no le gustaba ver en alguien que estaba encerrado y tampoco se le fueron los nervios y el pequeño temblor cuando notaba como se acercaba poco a poco hacia ella. Empezó a dar un ejemplo, que obviamente se refería a la situación en la que se encontraban ahora, en la que no había ningún héroe y nadie para protegerla de el y como en ese caso solo había dos tipos de personas, criminales y... ¿ciudadanos inocentes? Un criminal seguía siendo un ciudadano, aunque puede que ya no fuera muy inocente. Los movimientos de Cédric, aunque eran lentos, la ponían muy nerviosa sobretodo cuando notaba como invadía su espacio personal posando su rodilla entre sus piernas y una de sus manos la colocaba en su cintura y la otra cogía su mano y la sujetaba contra la pared.

Tenia que huir y tenia que hacerlo ya, pero no podía, no podía hacer nada contra su fuerza y su delicadeza juntas a la vez, era como si hubiera algo mas en se hombre que hiciera imposible su huida, si, estaba segura de que así era, el hombre estaba dentro de su cabeza y no parecía querer salir, cuando se acerco aun mas al punto de casi darle un beso ya casi le dio un infarto, el mal seguía ahí eso parecía ser obvio pero entonces le hizo una pregunta que, por extraño que parezca, le quito el nerviosismo ante esa situación y la volvió a enojar, haciendo que frunciera el ceño y en sus ojos, aunque no expresasen mucho las emociones, se podía notar que era un tema que le molestaba

-No

Fue una respuesta rápida y honesta y si, puede que Cédric la estuviese intimidando bastante pero nunca lloraría por un héroe y jamas pediría ser rescatada por que cuando si necesito ayuda, cuando si necesito que la protegieran a ella y a su familia... no había nadie. Puede que después si hubiesen “héroes” intentando resolver el caso del incendio pero si los policías siempre actuasen después de que se cometiera un delito su trabajo seria totalmente inútil, y era por eso que su opinión de los héroes variaba tanto de la opinión general, si se resignaba y esperaba a que un héroe viniera a salvarla seria aceptar que siempre habrá alguien superior al que recurrir ante cualquier mala situación que se te ponga enfrente, pero cuando ello estuvo frente a una mala situación de verdad, nadie vino y eso nunca se le olvidaría por lo que aceptaba que ella se había metido en esa situación y que no necesitaba que nadie la salvara, si no se podía salvar a si mismo es que no merecía la pena salvarse. Le quito el pañuelo con sus propios diente, revelando así su rostro mas parecido al de un zombi de una portada de un grupo de Metal al de una persona, pero por alguna razón que no quería describir esto no le molesto al hombre que, aunque parecía interesado en hablar con ella, también parecía estar interesado en hablar con el ente, algo que ella tenia que negar

-No pue...

Pero su voz paro de salir de su boca al notar que ya no estaba enfrente del hombre si no que volvía a estar frente a una casa, su casa de la infancia y aunque no entendía muy bien el brusco cambio que había sucedido, sabia donde estaba ya que había estado otras veces ahí, era su “lugar seguro”, impenetrable para todos y todas, solo estando ella ahí y una figura de su hermana que estaba caminando en el aire boca abajo, saludándola con la mano derecha mientras leía un libro cuyas paginas se pasaban automáticamente y sin control, pero que parecían nunca acabarse. Decidió acercarse a esa imagen de su hermana que cuanto mas se acercaba, mas trasparente era la ropa que llevaba puesta “¿Como encuentro a lo que me mete aquí? Tiene que haber una forma ¿No?” sus palabras se notaban pesadas y no era solo su imaginación, en la tierra bajo ella esas palabras habían dejado marca en la tierra, como si todo lo que dijera tuviera un significado que ella no lograba entender. Su “hermana” se limito a señalar a un hombre que estaba a lo lejos, balanceándose en un columpio que, extrañamente, era de 3 y no de 2 como suele ser, estando uno de ellos caídos, el del medio colgando de una parte y en el que estaba subido el parecía tener muchos mas años que los demás y estaba comido por la corrosión, el hombre también tenia pinta de ser muy mayor, su cara tapada por un sombrero de copa negro, una cara muy arrugada unas cejas muy pobladas y una larga barba que media varios metros y que Martha intentaba no pisar “¿Perdone, es usted el que me mete aquí? ¿Como y por que?” las preguntas no obtuvieron respuesta ya que el hombre seguía balanceándose lentamente, dejando a Martha sin habla y sin nada mas que hacer que verle a el “jugando”.

En el exterior las cosas eran diferentes ya que el ente había tomado posesión del cuerpo de Martha y aunque Cédric podía intimidarla y tener el control en la anterior situación con la mujer, no era igual con el ente, que sacudió la mano de Cédric de la suya propia y se levanto para hacer ver que el ya no podía ser intimidado y que era “algo” totalmente diferente

-Cuidado amigo, si el “hombre imposible” te ve con ella así, puedes tener muchos problemas- esto lo decía con tono animado sin siquiera mirarle a la cara, tocando lentamente una de las paredes que le encarcelaban -Y no me gustaría que el te encontrara antes de que yo pudiera hablar contigo. Esta chica no es nada mas que eso, una mujer cuya única importancia es tenerme a mi pero llegado el momento ella sera el mayor problema que tendrán esos “héroes” de los que habláis.

Se podía notar perfectamente en el tono, este no era el tono de alguien que, aunque podía tener sus momentos de convencimiento y seguridad, solía ser una persona nerviosa e insegura, era el tono de alguien no solo seguro si no totalmente narcisista o al menos eso es lo que aparentaba. Ahora era el Ente el que miraba a Cédric desde arriba, como el miraba todos los seres de la existencia, como algo inferior que solo merecían la pena si le podían ser útiles

-Eres muy interesante, me gustan los seres capaces de invadir otras mentes, ah y no te molestes con intentarlo con la mía... ya no tengo una mente- se puso el dedo indice en el lado derecho de la cabeza con un tono bromista, dándose la vuelta para que Cédric pudiese mirarle a la cara -Pero me pregunto... ¿Como puedes llegar a tu máximo potencial? ¿Como puede alguien como tu derrotar a sus... su enemigo si esta... encerrado? No, no me refiero a estas frágiles paredes- el ente recubrió su mano de energía que traspaso a una de las paredes y esta se lleno de pequeñas grietas -Si no a “esto”- y puso su mano en el pecho de Cédric -Pareces libre pero no lo eres y nunca lo seras... hasta ahora.

El ente fue esta vez el que se acerco mucho a Cédric, empujándolo para que se sentara y el abriendo las piernas se sentó frente a el, apoyando sus rodillas al lado de las caderas del hombre y mirándolo desde arriba con ojos que demostraban superioridad y algo mas de lo que no llegaba a estar totalmente seguro

-El cuerpo humano es solo una... “herramienta” que te puede llevar hasta unos limites y cuando llegas a esos limites tienes que... salir- De su mano derecha la gema empezó a hacer la forma de una persona usando el aura de energía -En un plano diferente, ni de esta dimensión ni de otra, te hablo de un poder inimaginable que yo tendría si no fuera por que “alguien” me encerró en la cárcel perfecta- dio unos toques en la gema que resonaron por toda la celda -Seré franco, no me gustaría irme por las ramas... ¿Hacemos un trato? Y como eres un chico listo, te dejare elegir los términos a ti, no me decepciones

Y el ente le guiño un ojo, esperando que el hubiera entendido sus intenciones y que supiera que tenia que decir, si fuera alguien normal Cédric podría tener ventaja en estas situaciones pero la intimidación y la invasión mental no funcionaban con algo cuyo único deseo era aniquilar todo, era algo diferente a lo que se veía normalmente

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   13th Septiembre 2017, 12:50

-Cuidado amigo, si el “Hombre Imposible” te ve con ella así, puedes tener muchos problemas.-Debía de ser otra voz en su cabeza, supuso Cédric. ¿Cuántas habría en realidad? Una solía bastar para hacer enloquecer a una persona… No se imaginaba que la escritora fuera tan acaparadora. El mutante dejó que se levantara, no tenía motivos para seguir reteniéndola si Martha ya no estaba ahí. Se había visto sustituida por una consciencia que parecía más bien masculina, y que había sido capaz de cambiar completamente su tono de voz para que sonara acorde a su personalidad. O, como Cédric descubriría después, a su falta de una. Y no dejaba de ser interesante el hecho de que su interlocutor y ese supuesto “Hombre Imposible” no parecían llevarse muy bien…

El 24601 se acomodó en su sitio mientras su nuevo amigo soltaba el discurso, poniendo sendas manos detrás de la nuca a modo de almohada. Aquello empezaba a parecer una de estas películas de misterio paranormales, en las que un fantasma o algo de similar poder y malicia intenta convencer al héroe de que complete el dichoso ritual. O que formara parte de algún tipo de plan maquiavélico para el que, de manera totalmente incomprensible, era fundamental. Veamos… Desprecio por el recipiente humano sin el que seguramente no podría vivir. Hecho. Ganas de molestar a los héroes, quizás con intenciones de matarlos a todos. Hecho. Remarcar que es superior a la persona con la que intenta negociar, acompañado de un pequeño halago para intentar ganársela. Hecho. Demostración de poder misterioso. Hecho. Y, finalmente, la oferta, el pacto con el diablo que convierte la película de misterio en una de terror. Hecho.

Estuvo a punto de decir que, para ser producto de una enfermedad mental, tenía un complejo de dios bestial. Pero realmente no podía leerle la mente, así que quizás sí que fuera un dios. O una Cloe bastante más fea y menos original. Así que se limitó a bostezar, tapándose la boca con una mano. Por él, como si era el mismísimo Dios en persona. Le estaba aburriendo, y eso era todo lo que le importaba. -¿Has acabado ya? Menos mal...-Cédric extrajo un cigarro del bolsillo de su traje y lo encendió, sin hacer intención alguna de quitarse a la criatura de encima. ¿Por qué haría eso? No le incomodaba, no le daba miedo. No le hacía sentir nada.

-Es una oferta muy tentadora, sí… Pero tiene un problema. O, más bien, dos. Primero, yo no quiero más poder. Para mí, la vida es un juego, y conseguir más poder sólo lo haría más fácil. Lo haría menos divertido… ¿Qué gracia tiene tener un poder inimaginable? Podría hacer arder Gotham con un chasquido de dedos. ¿Y después, qué? Es mucho más entretenido consumirla poco a poco, disfrutarla. Quiero que sea algo espectacular no sólo por lo que haga, sino porque parecía imposible que alguien lo lograra. Pretendo convertirme en una leyenda, no en un diosecillo enrabietado.-Cédric sonrió, dejando que el humo escapara entre sus labios. -En segundo lugar, no estoy atrapado. Cuando quiera, puedo salir de aquí… Que no quiera de momento es otro tema.-Esa tarde, cuando los guardas buscaran una explicación a los sucesos de por la mañana, se encontrarían esa grabación. Curiosamente, la cámara no apuntaba a la celda de Cédric, pero… El audio lo decía todo. “Cuando quiera, puedo salir de aquí.” La guinda de una conversación que podría dar escalofríos a más de un oyente. Y lo peor era que todo aquello podría haber sido un diálogo mental, para que nadie más que ellos lo escuchara. Pero el rubio necesitaba algo más de público que ella… Y no podía esperar a ver la cara de Sharp cuando oyera todo aquello.-En cuanto a mi cuerpo… Forma parte de mí. Y, de momento, me gusta bastante, porque me permite jugar. Así que, lo siento, pero no hay trato. Además, no puedo tomarme en serio a alguien que imita mis gestos, en lugar de ser un poco más original.

Y eso por no mencionar que ya tenía sus propios asuntos con personas extrañas. No había olvidado el reto que le había propuesto Cloe, y no creía necesitar uno más. Por un momento, había considerado utilizar a Martha para su escape… Pero la segunda voz lo había estropeado completamente. No había visto tal falta de capacidades de negociación desde que los asiáticos se habían plantado en su antigua guarida, armados hasta los dientes y exigiendo que les devolvieran su dinero. No había acabado bien, como era previsible. Esperaba que ese intento de conversación acabara con menos muertos, sin embargo.

Iba a pedirle amablemente que dejara de malgastar su oxígeno cuando encontró algo interesante en el interior de su cabeza. Un hombre… Que le era muy, muy familiar. El mutante sonrió al reconocerlo. ¿Cómo era posible? Era el mismo que había hallado en la mente de Elissa, el mismo que había hablado con Gabriel. El mismo que daba clases a Alice, que había amado a Kasumi; y que llevaba intrigándolo casi desde que había puesto un pie en Arkham. -Y dime… ¿De qué conoces a Dragoslav?-Cédric pareció saborear su nombre a medida que lo pronunciaba, alegrándose de reencontrarse con su recuerdo. No sabía por qué lo veía siempre, hasta en los sitios más insospechados, pero se lo estaba empezando a tomar como algo más. Un rastro que seguir y que, finalmente, le conduciría a una presa que cada día le parecía más apetecible.

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   16th Septiembre 2017, 14:35

Podía ver perfectamente como sus palabras, o al menos la mayoría de ellas, no conseguían sacar el interés de su acompañante y no se podía decir que no se lo esperaba, esas frases que salían de su boca estaban formuladas para otro tipo de gente, para personas o seres que solo querían el poder y nada mas y eso no es lo que quería ni el ni Cédric, ello no querían el poder pero si se diferenciaban en que el Ente si necesitaba tener poder para llevar a cabo lo que el consideraba su misión, mientras que aquí su acompañante de manera muy cínica lo que parecía querer era “saltarse las reglas”, hacer que el orden pasase a ser el caos y el ya sabia esto de ante mano, conocía a mucha gente así, personas que querían divertirse saltándose las reglas, ser malos y disfrutar haciendo lo que ellos creen que es la diversión. Pero el hombre con el que estaba ahora hablando era diferente, el parecía querer ser recordado como si de un artista se tratase, un artista que poco a poco pinta un lienzo con diferentes colores sin darle mucha importancia al orden y a la cantidad, convirtiéndolo así en una obra surrealista. Podría haberse enfadado ante las impertinencias de Cédric, a lo mejor podría haberle presionado para aceptar un trato que no le había hecho sabiendo ya de antes que no lo aceptaría, esta historieta no iba por ese camino y el lo sabia, así que en vez de hacer nada esperable empezó a reírse en la cara del rubio, le gustaba hablar con el aunque lo que querían fuese totalmente diferente.

-Oh que pena, y yo pensando que serias el típico chico malo- de su boca salían esta vez palabras alegres y bromista, como si se alegrara de las impertinencias que había escuchado, pero entonces su rostro se torno un poco mas serio, o al menos lo que quedaba de su rostro -Puede que llegues a ser recordado... ¿Pero como?... ¿Sumirás a una ciudad en el caos? ¿Volverás “locos” a los “justicieros”? ¿Poner el mundo patas arriba? Da igual lo que hagas, yo lo veré y espero que sea tan divertido como tu crees que es.

Puede que la diversión no fuese lo primero en su lista, pero al verle hablar sobre esto se dio cuenta de que el no sentía lo mismo, no sentía que destruir todo fuese divertido o que torturar a una persona sacándole los ojos fuese motivo de diversión, tampoco le entristecía ni mucho menos pero cada acción del Ente estaba vacía, no tenia sentimiento tras ella y lo único que quería era completar su misión de hacer que todo desapareciese y eso era parte de su “diversión”, el no quería ser recordado si no que hacia lo que hacia por que quería, y nada mas, el poco esfuerzo que daba en todas sus acciones sabiendo o al menos imaginándose que pasaran por que tiene que pasar incluso en un mundo que ahora tenia el doble de superhéroes que estarían dispuestos a pararle los pies, el lo único que tenia ademas de su poder era la ventaja de saber buscar las debilidades de los demás por que da igual que fueras un dios o fueses un demonio, todo ser tenia su debilidad, el también las tenia pero había hecho bien en esconderlas.

El le había ofrecido “ponerle trucos a la vida”, un poder que haría que todo fuese tan fácil que no suponiese ningún orgullo haber hecho nada y Cédric no quería eso, ¿Quien podría querer hacer que la vida fuese tan fácil que nada suponiese algún tipo de orgullo por haberlo hecho? Parecía como si usase sus palabras para ver como era Cédric de verdad, pero después de todo lo que se había dicho parece que algo si que había creado interés en el, aunque justamente no había salido del ente si no que lo había descubierto el solo

-¿Dragoslav? Vaya, ese nombre me trae recuerdos

Se volvió a sentar en la cama y en ese momento, justo en ese instante, pareció convertirse en un... humano, dejo de parecer un dios imbatible que quería destruir todo lo que estaba a su alrededor para pasar a ser un se humano frágil con sus debilidades y sus deseos pero sin dejar de ser lo que era, un ente en el cuerpo de una humana, pero por un momento pareció todo lo contrario.

-Si, he tenido mis encontronazos con ese pobre hombre, nacido de la guerra y el dolor... incluso aquí mi humana se encontró con el y se que me lo encontrare mas veces

Podía notar que Cédric sentía interés por Drago como el interés que un lobo siente por una oveja herida, el animal quería llegar asta su presa lentamente, olfatear el ambiente para encontrarla y que, cuando ya estuviera lo suficientemente cerca, saltar para devorarla y eso es lo que parecía querer el, divertirse poco a poco con el pobre hombre, pero puede que no fuese exactamente así, puede que no fuera directamente a por “la oveja” si no... a por la manada, el no era una oveja herida, era una cría que estaba en el centro de una manada que le servia como protección, y para que el lobo pudiese hincarle el diente a la ovejita, tendría que hacer que la manada se... separase

-¿Estas interesado en el? Fue una de mis primeras “victimas”... y parece que estoy destinado a encontrármelo una y otra vez

La primera vez que se encontró con Drago ya años atrás sabia perfectamente que no seria la ultima vez que se encontraría con el, sabia que seria alguien “importante”para el de alguna forma y ahora se había encontrado con alguien que tenia interés por ese mismo nombre, a lo mejor ya lo había escuchado en alguna otra ocasión, puede que fuese interesante saber su opinión sobre Drago, el tenia muy claro cual fue y cual era su opinión sobre el, lo veía como un hombre que solo tenia un arco argumental y era el sufrimiento y la búsqueda de la felicidad para huir de todo el dolor que la vida le había proporcionado.

-Encontrarle te debería de ser fácil pero puede que no en unas circunstancias muy... optimas para ti

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   26th Septiembre 2017, 22:18

De los labios inexistentes de su interlocutor escapó una carcajada fría y desagradable, expresión del escaso humor que la entidad aún albergaba en su seno. Pero, pese a que se había reído,  seguía sin entenderlo. Seguía perdiéndose en preguntas retóricas, en posibilidades apenas insinuadas que no conducían a nada. Como si esperara que Cédric le contara sus planes, desde el primer paso que diera fuera de su celda hasta el último día de su vida. No lo iba a hacer, por supuesto. No es que le diera miedo que usara ese conocimiento para interponerse, como pensaría cualquier criminal medianamente normal. No, la razón era mucho más sencilla, y menos paranoica: Aunque se lo dijera, no ocurriría nada. Seguramente, la voz masculina daría su opinión y ahí acabaría esa rama de la conversación. No merecía la pena malgastar saliva en ello. Y menos, si se podía hablar de algo tan interesante como Dragoslav.

-Sí, he tenido mis encontronazos con ese pobre hombre, nacido de la guerra y el dolor... Incluso aquí mi humana se encontró con él y se que me lo encontrare mas veces. ¿Estás interesado en el? Encontrarle te debería de ser fácil pero puede que no en unas circunstancias muy... optimas para tí.-“Mi humana”… Aquello le hizo cierta gracia. Cédric tenía tendencia a bautizar a sus perros en memoria de sus víctimas favoritas, para recordarlas cada vez que los llamara y acudieran a su lado. Así, había recorrido las noches de París acompañado de los seis canes que le habían valido el apodo de Cerbero, usándolos casi como si formaran parte de su propio cuerpo. Porque todos, desde Mére hasta Ámelie, le pertenecían. Por muchos meses que pasaran desde su último aliento, su recuerdo seguía teniendo un dueño del que no podrían librarse nunca. Quizás aquello fuera lo único que asemejara a las dos criaturas que llenaban la celda con su presencia: Su afán de posesión, de dominio sobre los demás.

Pero ahí mismo acababa cualquier parecido. Aquella voz resonante pensaba esperar, dejar que las corrientes del destino alcanzaran al pianista de nuevo a sus manos. Como cualquier ser de su edad, no valoraba el tiempo. Podría esperar toda una vida para cumplir sus deseos y, aún así, no le importaría. El francés no tenía ni el tiempo ni la paciencia para esperar, por el contrario. -Yo no creo en el destino, y me importan poco las circunstancias… No estoy tan loco como para confiar en ellas. En cualquier momento pueden fallarte y, entonces, todo se derrumba…-Eso era algo que había aprendido hacía cuatro años, en el muelle de un puerto cuyo nombre había olvidado. Todo iba bien… Y, al momento siguiente, todo lo que le rodeaba era la oscuridad de la inconsciencia. Aquello no había disminuido ni un ápice su confianza en sí mismo, pero eso no significaba que fuera a cometer el mismo error dos veces.
No respondió a su pregunta, no creía necesario poner palabras a la creciente excitación que el bosnio despertaba en él. Nacido de la guerra y el dolor, había dicho… ¿A quién le recordaba aquello, a pesar de la sencillez con la que lo había expresado? Ah, sí. A él mismo.

Necesitaba saber más.

Así que, haciendo caso omiso de las más básicas normas de educación, se sumergió un poco más profundamente en la mente de su interlocutor en lugar de seguir con la conversación de forma civilizada. Parecía conocer bastante bien al hombre cuya memoria le llevaba tanto tiempo persiguiendo… Y, además, había dicho que fue una víctima suya. Para su sorpresa, eso le… ¿Molestó? Sí, estaba bastante seguro de que esa sensación era algo diferente al hastío que el amigo de Martha le provocaba. Era algo más intenso y sordo, algo que no hacía más que espolear su hambre. Hasta ese punto había asumido a Dragoslav como "suyo", convirtiendo su rastreo en una especie de entretenimiento personal, que la idea de que otro pudiera haberlo utilizado antes le desagradaba. Sabía que el dolor era acumulativo, que cuanto más destrozada estuviera una persona, más profunda sería su agonía en el momento en que él la alcanzara. Pero, como todo, tenía un límite. Y aunque los recuerdos que las tres mujeres conservaban señalaban a un hombre tan sólo dañado, la posibilidad de que ya no quedara nada que extraer de él le enfurecía.

Esquivó con habilidad los escollos que la presencia de la criatura levantaba, buscando la imagen de Dragoslav en las turbulentas aguas de aquella consciencia extraña. El hecho de que la voz lo estuviera recordando le facilitaba una tarea que terminó cuando Cédric escuchó los primeros gritos… Ahogados casi inmediatamente por un murmullo incomprensible, una letanía cargada de convicción capaz de ahuyentar el miedo. ”-iin eadua allahi, 'iiblisa, ja' mae lahib nar liwadeaha ealaa wajhian, faqult thlath marata:" 'aeudh biallah dadak "thm qult thlath maraata:" 'alean lak laenat alkamilat min allh.”-Nadie había rezado jamás ante Cédric. Él, que había aterrorizado a todos y cada uno de los policías de una de las mayores ciudades del mundo. Él, que había aprendido a desollar a alguien lo suficientemente rápido como para envolverse en la piel y quedarse dormido con esa misma nana de gritos de fondo. Le habían ofrecido cantidades obscenas de dinero, le habían amenazado de muerte, le habían suplicado piedad… Sus víctimas incluso le habían ofrecido a otras personas para ocupar su lugar. Lo que fuera con tal de que se detuviera, y él nunca lo había hecho. Pero jamás habían rezado. Buscar la ayuda de un dios en lugar de afrontar el sufrimiento en soledad… No era algo con lo que el francés estuviera de acuerdo, tan partidario como era del libre albedrío humano. Pero le parecía tan ingenuo, tan… Inocente. Si alguien que no conociera a Cédric lo hubiera visto, casi podría haber pensado que ese gesto lo había enternecido. Casi.

Cédric parpadeó, saliendo del ensueño en el que su búsqueda lo había sumido. Llevaba unos minutos sin hablar, mirando fijamente a los ojos verdes de la mujer mientras el resto de los presos daba señales de que el control que el mutante ejercía sobre ellos se había relajado. Antes, habían permanecido en silencio y tan inmóviles como estatuas. Pero, mientras Cédric seguía las huellas que su presa había dejado en la memoria de Martha, habían empezado a recuperar el movimiento y el habla. No es que tuvieran mucho que decir o hacer, desde luego. Pero casi cualquier cosa era mejor que la parálisis que el rubio les imponía.

No pensaba conservar a ese acompañante a su lado mucho más, así que se había llevado consigo todos los recuerdos interesantes que había podido alcanzar. Seguramente, habría más, ocultos tras el velo impenetrable que la entidad suponía… Pero tampoco quería verlos. Tenía más que suficiente para seguir jugando, y eso era todo lo que podía preocuparle en aquel momento. -Supongo que esto es el fin de tu visita, entonces. A menos que tengas algo más y mejor con lo que entretenerme, por supuesto. En ese caso, soy todo oídos.-Y si no lo tenía… Cédric estaba a un chasquido de dedos de sacar a la entidad de su vista. Los hilos de su yo se deslizaron hacia el piso superior, buscando al primer guardia que pasara por ahí y poniendo un dedo sobre el botón de alarma que todas las personas tienen alguna parte. Ese botón que, al ser pulsado, extendería la sensación de sospecha como un reguero de pólvora que antes o después alcanzaría aquel sótano. Hasta aquel momento, el ente no había hecho una actuación que consiguiera captar el interés de su público, y el telón estaba a punto de caerle encima. Un telón armado hasta los dientes, en tensión, y entrenado para disparar primero y preguntar después.

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Última edición por Gabriel Leblanc el 10th Octubre 2017, 16:38, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   2nd Octubre 2017, 12:22

Habia algo en Cedric que le... ¿gustaba? No, no era eso era una sensación totalmente distinta a el agrado que le podría causar un ser humano, era como si al mirarle le divirtiera cada vez que el chico pronunciaba una palabra que solía tener un tono de aburrimiento como si todo lo que saliese de la boca de Martha no le producía ningún tipo de divertimento por lo tanto eran palabras inútiles para el... eso divertía al ente a la vez que le ponía un poco enfadado ya que su "naturaleza" le hacia querer tener el control de la situación en la que se encontraba y de las personas con las que estaba, pero pasaba que ellos parecían querer hacer lo mismo, como si estuvieran en un balancín de un parque cuyos columpios estaban manchadas de sangre de todas las personas que habían estado en ellos y no habían podido equilibrar el control, pero empezaba a parecer que Cedric tenia la situación en su favor.

Le molesto sus palabras sobre el destino lo que le hizo fruncir un poco el ceño pero no se iba a descontrolar solo por eso, podía entender que mucha gente prefería no pensar en el destino ya que si no sus vidas serian muy aburridas, si pensabas tener un destino entonces para que esforzarte si lo vas a conseguir si o no ¿Verdad?. Ese pensamiento del destino era tan estúpido como pensar que solo existe un planeta con vida inteligente, el destino no es algo que venga hacia ti si no haces nada por conseguirlo, grandes personas de la historia habían conseguido lograr cosas casi imposibles gracias a que buscaron su destino por que si piensas que todo en esta vida es "aleatorio" entonces también tiene el efecto del aburrimiento, como todo es aleatorio puede que dentro de unos años sea presidente o puede que no, da igual como la gente quería llamarlo, había algo que conectaba a la persona con su futuro pero de esa cuerda había que tirar, la cuerda no era lo suficientemente fuerte como para dejarte llevar por ella.

Pero antes de poder seguir con esa conversación que la verdad no parecía llevar a nada pudo sentir algo y no solo por que al mirar al joven a los ojos se notara el "vació" como si ya no estuviera en su cuerpo si no que podía notar como el ahora estaba hurgando en sus recuerdos, puede que otros seres no lo notasen pero el ya era muy viejo y si alguien se metía en la mente en la que el ahora se encontraba podía notarlo por lo que podía esconder las cosas que no le interesaba que supiera pero como a Cedric solo le parecía interesar su encuentro con Dragoslav algo que a el no le parecía muy importante, no por ahora. Solo por precaución guardo lo que pensó que era necesario para que el no lo encontrase por casualidad mientras buscaba en sus memorias al atormentado hombre... no le gustaría que se encontrase con "otro atormentado hombre".

Al final no supo exactamente lo que encontró sobre Drago debido a su indiferencia sobre el y ademas por que después de guardar lo que vio necesario se centro en Cedric que se había quedado un poco "atontado" o adormecido mientras hurgaba en su memoria, podría haberle atacado en ese mismo instante pero prefirió no hacerlo. Cuando volvió en si este le miro y le comento que si  no le tenia nada mas que decir seria mejor que se marchara y eso le enfado un poco, por que le demostró que el joven no era tal y como pensaba

-Oh ¿Ya quieres que me marche? Todavía tengo cosas que decirte pero... ¿Y si no te parecen... "interesantes"?- empezó a dar vueltas por la celda,tocando los espejos que allí se encontraban -¿Me echarías? ¿Pero como? No creo que puedas hacerme salir como hiciste que Martha viniera hasta aquí ¿Acaso piensas hacer que un guardia deje su puesto para que venga a "salvarme" de tus garras? ¿Oh incluso harás que vengan todos a montar una "fiesta"? Pues yo veo en ese plan un "pequeño" fallo y es que puede que tu tengas muy controlado todo esto, pero a mi no por lo que en el momento en el que escuche alguien acercarse- con su mano empezó a mover el boli de Martha que se había guardado en el bolsillo -Este boli ira derechito a tu cabeza, no se si me explico pero si esto fuera una obra de marionetas tu serias el titiritero y yo, bueno, yo seria el critico de teatro que puede hacer que todo esto se venga abajo. Si, Martha habría matado a un hombre pero ¿Donde esta ese hombre ahora? En un lugar en el que si una "indefensa" mujercita tuviera que clavarle algo en la cabeza para defenderse de el seria bastante creíble, es como si fueses un animal en un zoo que controlase a todos los guardias y a los visitantes pero que un día una cobra se mete en su jaula y ¿que hace el animal? Intenta hacerse con el control de la situación pero al no poder hacerlo empieza a "gritar" por ayuda.

Dejo un momento de hablar para mirar a Cedric, puede que sus palabras le hubieran molestado o le hubieran cansado, de hecho no era eso lo que le quería decir si no que le quería preguntar sobre una persona.

--~--


Mientras todo esto estaba sucediendo, Martha seguía dentro de su lugar seguro mirando junto a su "hermana" como el viejo se balanceaba en el columpio sin decir nada "Esto es muy raro ¿Como salgo de aquí?" quería volver a un lugar que fuera mas o menos normal por que ver a un viejo en un columpio no era muy divertido hasta que... dos figuras aparecieron a su lado, dos figuras que se columpiaban como el pero a diferencia del viejo estos parecían ser dos niños ¿Sus hijos? No estaba muy seguro ya que las caras de los dos niños estaban borradas como si fueran las interferencias de una televisión, lo único que podía asegurar es que era una niña y un niño de mas o menos 6-7 años deduciéndolo por su altura. Estaba ya por sentarse y esperar a que saliera de ahí hasta que... apareció otra figura, esta detrás del columpio y era una mujer, una mujer de pantalón negro vaquero con una chaqueta roja que le quedaba un poco pequeña, pero ¿Quien era? Empezó a acercarse y cada paso que daba hacia que el mundo empezase a temblar y al mirar atrás vio que el columpio estaba al revés y que la imagen de los dos niños estaba en llamas de color azul ¿Que significaba todo eso? Al final llego en donde estaba la mujer rubia que era bastante bajita pero por algún motivo sentía que era mas grande que ella, su cara al igual que los dos niños parecía tener interferencias salvo su sonrisa, una amplia sonrisa era lo único que brillaba en su cara. Miro hacia abajo y pudo percatarse de que no estaba totalmente recta, tenia una mano hacia delante en forma de saludo casi como si buscara que Martha le apretase la mano, se lo pensó un momento pero al final decidió hacerlo, y en cuanto su mano toco la de la mujer rubia, todo empezó a desmoronarse.

--~--


En el exterior todo estaba mas tranquilo o eso parecía ya que entre esos dos no podía haber tranquilidad ni mucho menos, era casi como meter una serpiente con una mangosta para que se pelearan

-Tengo una pregunta para ti, hace mucho conocí a una "criminal" y me gustaría saber tu opinión pero ¿La conoces?- hizo una pequeña pausa para mirarle directamente a los ojo -¿Conoces a...?

Pero su frase se corto al darle una especie de espasmo que le hizo chocar su espalda con la pared y dar un pequeño grito de dolor poniéndose totalmente recta para al segundo arquear la espalda otra vez y tocarse la frente, al parecer ya no estaba el bajo control

-Agh- se quejo Martha mientras se tocaba la frente -me duele....¿Que ha pasado?

No entendía muy bien todo lo que había sucedido y tampoco podía entender mucho de lo que estaba pasando ahora, pero había alguien que si lo entendía y no le hacia ni pizca de gracia "Me ha expulsado ¿Como?" el ente estaba muy enfadado por que se había quedado sin poder terminar su conversación con Cedric, al menos por ahora.

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   11th Octubre 2017, 14:26

No, no iban a venir los guardias a montar una fiesta. La única fiesta que había en Arkham en aquellos momentos era la de los clichés, y el ente se la estaba montando él solo. Es decir… Se acababa de ofender por decirle que le estaba aburriendo. Y, además, le acababa de amenazar con un bolígrafo, lo cual resultaría hilarante si no fuera por el hecho de que probablemente sí que pudiera atravesarle el cráneo con sus poderes. Aunque, bien pensado… ¿No sería mucho más eficiente y elegante matarlo con esos mismos poderes? Un cadáver con el lóbulo frontal atravesado con un bolígrafo era más propio de una película de espías particularmente mala. O de uno de los sueños húmedos de Sharp, teniendo en cuenta que el cadáver pertenecía al 24601. El preso que tan dolorosamente le recordaba a “Mad Dog”, y al que, para colmo de males, no podía dominar por mucho que se esforzara. Sí, más de una vez había querido borrar esa insidiosa sonrisa de sus labios. Pero sabía que perderlo suponía echar a perder la posibilidad de curar a todos los pacientes de golpe, catapultando su carrera política… Y, además, no lo tendría fácil para deshacerse de él aunque  quisiera.

Amenazas ridículas aparte, estaba claro que, de alguna manera, la entidad le había leído la mente. No se le ocurría otra manera por la que hubiera podido adivinar lo que estaba pensando… No podía ser tan listo, o eso creía Cédric. No, debía haber sido culpa suya… Se habría relajado demasiado mientras buscaba a Dragoslav en el interior de su mente, y algunos de sus pensamientos se le habrían escapado entre los dedos, cayendo en una consciencia a la que no pertenecían. Pero eso no era algo que le preocupara, desde luego. Todo seguía bajo control.

Lo dejó hablar, usando sus últimas reservas de buena educación y urbanismo. Mientras se desahogaba, podía hacer algo productivo, como peinarse con los dedos mirándose en uno de los espejos. Y, de hecho, eso hizo mientras su invitado divagaba y se vanagloriaba a gusto. Como si le estuviera hablando a una pared, salvo por un pequeño e insignificante detalle: Ninguna pared se reía de las sandeces que escuchaba. Estaba a punto de decirle que, por favor, dejara las metáforas para los libros de poesía, cuando la entidad sufrió un espasmo. Y, curiosamente, el rubio no tenía nada que ver con ello.

-Me duele....¿Que ha pasado?-Cédric había oído esa frase muchas veces, en las circunstancias más variopintas, y siempre le había causado la misma retorcida satisfacción. Si embargo, tanto la mujer como su ropa estaban intactas, y el impacto psíquico que había recibido le había llegado desde dentro. Apenas un vistazo bastó para confirmar lo que el mutante sospechaba: Martha acababa de exorcizarse a sí misma. Al menos, en parte, ya que la voz masculina seguía resonando en el fondo de su cabeza, precipitándose al segundo plano en el que el francés había estado recluido durante cuatro años. Justo a tiempo para no matar a Cédric… De risa.

-No estoy del todo seguro… Pero lo que sí sé, es que te vendría bien pasar una temporada aquí. Dudo que te consigan curar, pero seguro que tienen alguna pastilla que pueda hacer que tu amigo se relaje. La necesitará.-Cédric se acercó a ella, con la misma sonrisa imborrable que Martha había visto antes de perderse en su lugar seguro. Como si una entidad antigua y potencialmente letal para él no le acabara de amenazar, después de leer su mente sin que él lo notara siquiera. Pensado fríamente, era una situación que rozaba lo terrorífico. Pero Cédric jamás pensaba fríamente… Y, además, la tenía a ella. A la suerte. El mutante le había guiñado un ojo a Fortuna, la mejor amiga de todo criminal, y ella le había sonreído de vuelta. No había otra manera de explicar ese golpe de azar que había evitado que la entidad cumpliera sus amenazas. -Aunque también podrías aprovechar su talento, y usarlo como actor de cine malo… O escritor de novela rosa. Seguro que te ayuda a ganar algo de fama en el mundillo.-La ironía en sus palabras era tan obvia que casi te podías cortar con ella si no tenías cuidado. Extrajo un paquete de cigarros y un mechero del bolsillo de su mono, y encendió uno antes de tenderle el resto a la mujer. -¿Quieres, por cierto? No he mirado si fumas o no, pero el cigarro de después le sienta bien a todo el mundo tras pasar por según qué cosas.

Cédric sonrió con picardía, sin molestarse en aclarar nada. Así que era así cómo funcionaban las mentes duales… Eso era lo que habían sido todos esos años, salvando las distancias. Obviamente, ni Gabriel ni él habían sido criaturas como la voz que habitaba el cuerpo de Martha. Pero esa sensación de dormir mientras el otro vivía, la confusión y el dolor del cambio… Sí, Cédric recordaba aquello bien. Aunque, a diferencia de lo que ocurría con su visitante, él estaba bastante seguro de haberse deshecho de Gabriel con su retorno. Todo lo que quedaba de él eran ecos, jirones de código y pensamientos entrelazados. Nada que pudiera destronarlo de nuevo, como Martha acababa de hacer.

-Supongo que no tendrás ni idea, pero… ¿Se te ocurre de qué criminal estaba a punto de hablarme tu amigo? Estoy bastante seguro de que era una mujer, pero lo has interrumpido antes de que pudiera dar algún detalle más. Además, no sé por qué querría oír mi opinión… Me da la sensación de que no me ha escuchado en ningún momento, o que ha entendido lo que ha querido. La verdad es que esperaba bastante más de Javis.-Comentó, dejando caer el nombre de la entidad de un modo casi casual. Como si no le importara nada… Y, de hecho, no lo hacía. Dudaba que aquel nombre le sirviera de algo, vista la manera de actuar de la criatura: Viviendo en el interior de otras personas, usándolas como meros trajes de carne que podían ser desechados cuando no fueran útiles. O eso, al menos, era lo que se desprendía de su discurso.

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   15th Octubre 2017, 23:22

Por fin se había liberado y era Martha otra vez la que tenia el control de su cuerpo aunque no es que le sirviera mucho en ese justo momento porque ademas de estar junto a un "criminal peligroso", no sabia donde estaba debido al gran shock que ella misma se había provocado, lo malo es que también había olvidado como se había "exorcizado" a ella misma por lo que no podría volver a hacerlo mas, por ahora. El Ente por otra parte empezó a pensar como podría haberlo hecho y no se le ocurría ninguna manera de que ella fuese capaz de escaparse de su control si el no lo permitiese, solo pocos seres eran capaz de arrebatarle de su control... y se supone que ella no era uno de esos seres.

Martha se centro en recordar donde estaba y que estaba pasando, recordaba que estaba en Gotham, mas concretamente estaba en Arkham, entrevistando a un hombre que le había hecho ir a su celda con voces en su cabeza y que a ella le resultaba un tipo muy extraño y para su sorpresa, o desgracia, seguía en la celda junto a Cedric que se había acercado hacia ella con una sonrisa que parecía sacada de un cantante de boy-bands y le aconsejaba  que se quedara en ese lugar para que asi pudiesen hacer que el ente no tuviese tantos instintos asesinos ¿De que serviría? Lo único que podrían hacer es drogar a Martha y esperar a que el ente se ponga mas tranquilo así... pero tampoco es que pensase encerrarse a si misma. Se aparto de Cedric ya que ahora mismo no le apetecía mucho que "otro hombre" volviese a estar al control de la situación

-Si me van a encerrar prefiero que sea por- tosió un poco, tapándose la boca con la mano para luego mirar lo que había tosido y se metió la mano en el bolsillo, como si no hubiera pasado nada -algo que yo haya hecho... no por "el"

No es que le apeteciese estar encerrada por culpa del ente, no era su culpa que a ella le hubiese tocado, puede que el ente hubiese poseído a otra persona así que el malo es "el" y  había que encerrarlo a el... pero ya estaba encerrado en la gema y mas aun en la mente de Martha, ¿Por que un ser tan poderoso se encerraba a el mismo? A lo mejor lo encerraron, si seria eso. El ofrecimiento de los cigarrillos no le agrado, fumar no era uno de sus "vicios" tampoco es que tuviera muchos, pero al menos se sintió agradecida por el ofrecimiento... ¿Debería?

-Claro, dame un cigarro hombre que esta encerrado y que me da miedo- entonces Martha bajo la mirada y la voz a casi un susurro -No tuve que decir eso... no fumo, no me des

Perfecto, decirle a alguien así que le tenias miedo era lo mejor que se podía hacer, le faltaba ponerse un cartel luminoso que dijese "Fácilmente atacable, muerda aquí" pero al menos si pasaba algo podría gritar y alguien vendría... o a lo mejor pensarían que es uno de los internos que grita como lo suelen hacer, vaya al parecer no estaba en la mejor de las situaciones para ser una persona socialmente inactiva. Tuvo un poco de suerte y Cedric le mando una pregunta por lo que pudo intentar cambiar el tema antes de que se centrara en su miedo hacia el pero no tenia ni idea de que estaba hablando ¿Una criminal? ¿Que? Tardo un poco en darse cuenta de lo que había pasado "Aplaudiría sarcásticamente si no estuviera tan quemado" no podía creer que el y el ente habían estado hablando y ella ni se había dado cuenta, ¿De que habían hablado? Le daba un poco de miedo preguntar

-N... no se de que criminal me hablas ademas no me gusta la idea de que habéis estado hablando

Y entonces termino sus palabras con algo que le pareció curioso, un nombre. ¿Javis? No había escuchado ese nombre nunca, ¿Era ese el nombre del ente? Pues no es que diese mucho miedo, no es como "Destructor, el aniquilador de mundos" o "Reaper el degollador" si no "Javis el aniquilador de universos"... no es que diese mucho miedo, "Que curioso, descubriste mi nombre al parecer no lo escondo tan bien como lo hacia años atrás" a lo mejor es que no sabia el nombre completo, a lo mejor así mejoraba algo "Pero que curioso ¿No? Sabes mi nombre pero... ¿Donde esta el nombre completo de Martha, eh?"

-No se quien es ese Javis pero es un nombre bastante ridículo ¿No? Para... lo que esta en mi cabeza me refiero...


Y entonces se acordó de otra cosa que estaba haciendo, entrevistarle así que se busco en los bolsillos los objetos que necesitaba para ese proceso, su boli que para su sorpresa estaba en su mano  sin darse cuenta antes y el bloc de notas que estaba todavía tirado en la cama desde que había perdido el control, quería volver a estar en una situación mas tranquila como cuando entro por primera vez en la celda, haciendo preguntas y nada mas

-¿Qui... quieres volver a al "entrevista"?

No es que tuviera mucha fe en que el francés volviese a responder las preguntas que ella le hacia para su libro, pero al menos con lo que había visto y vivido dentro de Arkham ya le daba como para escribir por lo menos varios capítulos, eso era una victoria en su diccionario

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   

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El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019
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