Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019

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Cédric Valjean
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MensajeTema: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   7th Julio 2017, 18:05

Arkham Asylum, Gotham. 11:37 de la mañana. 7 de abril de 2019.

Cuando la secretaria de Sharp llamó a su puerta y le dijo que alguien quería visitar el Arkham Asylum en los próximos días, el aspirante a alcalde de Gotham sonrió ampliamente, seguro de que su inesperado visitante sería algún político importante. Como mínimo, al menos, una figura influyente que pudiera allanar su camino a la alcaldía, impresionado por el buen trabajo realizado en uno de los lugares más peligrosos de la ciudad del murciélago. Como cada vez que fantaseaba con ese poder que podía adquirir, una oleada de paz y felicidad inundó al señor Sharp. Sin embargo, esa pequeña descarga de dopamina paró en seco tan pronto como se enteró de que la visitante no era otra que Martha R. Una escritora.

Procuró disimular tras una expresión amable el suspiro hastiado que luchaba por salir de sus labios. Una escritora. Sharp no apreciaba especialmente a los artistas: Él era un hombre frío y lógico, un científico (o eso se decía a sí mismo cada vez que su cordura se tambaleaba). Era el sucesor del mismísimo Amadeus Arkham. No tenía tiempo para que una escritorzuela se adentrara en sus dominios, molestando al personal y acercándose a los pacientes… No, no a los pacientes. Presos. Eran presos, no pacientes. Y todo para escribir una sarta de tonterías que o bien no se vendería, o bien sería un best seller independientemente de su calidad y rigor científico.

Menuda tontería.

Si por él fuera, la metahumana no pondría un pie en su territorio jamás. Pero el Arkham Asylum tenía una imagen que mantener, y si se decía que había sido la inspiración de un libro de éxito… Su fama repercutiría directamente en él. Era un buen plan. Además, lo único que había que hacer era conducir a la mujer por los pasillos principales, para que pudiera apreciar el ambiente. Si insistía en ver a alguno de sus presos más ilustres, bastaría con decirle que era imposible por cuestiones de seguridad. Y, desde luego, ni se acercaría al 24601. Bastante tenía con lo que ya había hecho, como para que además hiciera alguna cosa rara de las suyas con una visitante. Si le ocurría algo a Martha, sería su responsabilidad, y sería mucho más difícil de disimular que si uno de sus empleados sufría un mero “accidente”. No, tendría que ser muy cuidadoso, mucho más de lo normal. A pesar de que todos los medios estaban muy ocupados cubriendo esa supuesta invasión demoníaca, no podía permitir que una escritorzucha le diera mala prensa.

Arkham Asylum, Gotham. 9:03 de la mañana. 10 de abril de 2019.

El psiquiátrico se encontraba en una isla, los antiguos terrenos de la familia Arkham. El director le había pedido que se presentara allí a primera hora de la mañana para empezar su visita, y así lo había hecho. En ese momento, Martha estaba atravesando el en apariencia frágil puente que separaba el hospital de la ciudad principal. Aunque, bien mirado, aquello no parecía un hospital, sino una de estas casas encantadas que ponen en los parques de atracciones. Quizás el único detalle que diferenciaba el manicomio de una atracción de feria era su absoluto realismo.

A medida que el coche avanzaba por el puente, Martha pudo apreciar mejor los detalles: Las puntiagudas verjas de hierro oscuro, el invernadero victoriano, el archiconocido letrero sobre la puerta… Pero también pudo apreciar el aparente deterioro del lugar, que aún estaba sanando las heridas producidas durante la pasada noche de Halloween. Aquí y allí se paseaban guardias fuertemente pertrechados, vigilando que todo siguiera en orden. Una tensión indescriptible empapaba el lugar, como si todo el mundo estuviera esperando a que algo terrible ocurriera.

En la puerta del edificio principal, el alcaide Quincy Sharp la esperaba, con la expresión más profesional y comedida que el mundo jamás hubiera visto. Era un hombre mayor, con gafas, con un traje perfectamente elegante y una flor en la solapa. Olía a medicamentos, y un poco a formol. El olor de un hospital antiguo, en el que nadie quería ser tratado.

-Buenos días, señorita R. En nombre propio y de todos los empleados, debo comunicarle nuestra alegría porque haya elegido nuestro centro como inspiración para su trabajo.-Su voz, blanda y empalagosa, no desmerecía su apariencia. -Lamento decirle que no podré guiarla en su visita, estoy muy ocupado últimamente. Si no le es inconveniente, le he pedido a la doctora Redfield que me sustituya en esa tarea. En un momento se nos unirá en la sala de visitas, tan pronto como acabe con unos preparativos.-Sharp entreabrió la puerta del Asilo, que chirrió ligeramente. Parecía muy pesada, como si hubiera sido construida adrede para abrirse lo menos posible. Para que nadie entrara… Y nadie saliera. -Si hace el favor de acompañarme...

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Última edición por Cédric Valjean el 17th Agosto 2017, 19:38, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   7th Julio 2017, 21:21

Martha había pasado una mala noche, peor a lo habitual ya que la tuvo que pasar en un apartamento que no era el suyo, en una ciudad que no era la suya debido a que como llevaba tiempo sin poder escribió, le pidió a su editorial si podían hacer que visitara alguna cárcel o algo por el estilo y por fin lo había conseguido, visitaría Arkham Asylum el “famoso” manicomio de Gotham, no era una cárcel pero a ella le bastaba, además no quería enfadar a su editorial quejándose de que no era lo que ella había pedido pero como vería más adelante eso parecía más una cárcel que otra cosa.

El piso que ella había alquilado con su propio dinero no era lo mejor del mundo pero al menos tenía una cama en la que poder dormir y los vecinos no eran demasiado ruidosos, lo malo era que Gotham era una ciudad que no le acababa de gustar, era demasiado oscura y, para ella, triste, algo que no le venía para nada bien ya que en su estado mental actual no era bueno que estuviese en lugares tristes o que le pusieran mal… era irónico que fuese a ir a Arkham Asylum.

Se despertó muy cansada por no estar acostumbrada a dormir fuera de casa, pero no podía pararse a quejarse ya que si no llegaría tarde al encuentro programado a primera hora de la mañana por lo que tuvo que centrarse en vestirse adecuadamente o lo que ella pensaba que era adecuado; un pantalón vaquero, su camisa a cuadros y una corbata negra que quedaba muy profesional. Cogió su libretilla para apuntar todo lo que pudiese y su boli negro que llevaba con ella desde que perdió a su familia, era de las pocas cosas que no ardieron en el incendio de su antigua casa. Se marcho del apartamento con prisa ya que aunque no parecía llegar tarde siempre tenía la impresión de que llegaba con el tiempo en los talones además tenía que pedir un taxi para que la llevaran ya que aunque ella adoraba los coches no se había sacado todavía el carnet de conducir, así que paro un taxi y el hombre que curiosamente hablaba también español la llevo hasta allí no sin antes haber intentado entablar conversación con Martha la cual había pasado el viaje mirando al suelo del taxi y dando golpecitos con el boli en la libreta, intentado hacer ver al conductor que no era un persona de mucho hablar.
Al llegar al puente empezó a observar los detalles del manicomio que empezó a apuntar en su libreta, de veras era un lugar deprimente, pero al verlo se preguntaba a si misma si no sería mejor que ella estuviera encerrada, bueno no ella sino el ente que estaba dentro de ella era una pena que a Martha no le gustaba estar encerrada en un manicomio o en una cárcel, si no ya se habría entregado hace mucho tiempo.
Desde la ventanilla de su asiento podía ver al alcaide del manicomio, un hombre que a pesar de tener aspecto serio y que seguramente era alguien “respetable” le parecía cómico, era algo que le pasaba desde chica con la gente calva, no era su culpa que le hicieran gracia además eso se añadió a que el hombre era más bajo que ella y tenía que mirarlo como si fuera un niño pequeño a pesar de ser un hombre más mayor que ella, sería mejor que no se le escapara ninguna risa sarcástica, podría poner en peligro la visita.

Fue recibida profesionalmente por el Sr. Sharp, pero a pesar de su profesionalidad se centró en un detalle que no dejo que pasara desapercibido; la llamo “Señorita R.” ¿Desde cuándo el segundo nombre se usaba para llamar a alguien? Le pareció un error que tenía que corregir, pero prefirió no enfadar al hombre quejándose de su equivocación, además ella nunca decía sus apellidos, no los decía desde hace tanto que casi no se acordaba.
La noticia de que el hombrecillo no le guiaría en su visita le alegro en parte porque no tendría que soportar reírse con sarcasmo ante la apariencia de su acompañante, tendría que ser acompañada por la señorita Redfield, curioso apellido o nombre, ya no estaba muy segura de si ese hombre llamaba a la gente por su nombre o por su apellido.
Siguió al hombre adentro del edificio, apuntado todo lo que veía o lo que escuchaba ya que las puertas pesadas y chirriantes eran lo típico que se esperaba en un edificio de ese estilo, como una especie de cliché arquitectónico. El hombre le dijo que lo siguiera así que lo hizo, pero mientras hacía esto escucho en lo más profundo de su psique, donde el ente se encontraba para estar controlado, una risa oscura y pesada ¿Qué significaba eso? Prefirió no pensar en eso y se limitó a seguir al alcaide.

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   8th Agosto 2017, 03:10

El director del Asilo arrugó ligeramente la nariz al notar que su invitada no respondía. Él detestaba profundamente las faltas de educación como aquella. Es decir... ¿Ni siquiera un mero "buenos días? ¡Le estaba permitiendo entrar en su territorio! ¡En su hogar! Quizás debería abandonarla a su suerte en la oscuridad de los corredores... Sí... Así aprendería a comportarse. O quizás lo mejor sería empezar a hacerle pruebas. Había algo en su silencio hosco, en la expresión de sus ojos, que le hacía pensar en algunos de sus pacientes más asociales. ¿Y eso de ocultar su boca? ¿A qué venía? Y eso, por no hablar de su falta de apellidos en condiciones... Desde luego, parecía que Martha estaba decidida a ponerle de los nervios con su mera existencia. Afortunadamente, pronto la perdería de vista.

O esa era la idea, al menos. Quincy miró su reloj de bolsillo con impaciencia, y se acercó a uno de los vigilantes que montaba guardia en aquella sala. -¿¡Se puede saber por qué Redfield no ha llegado ya!? Se suponía que tendría que estar aquí desde hace diez minutos...-Sharp no se molestó en disimular lo enfadado que estaba, y eso hizo tragar saliva a su empleado. Sabía de sobras que había que escoger bien las palabras que tenía que decirle, si no quería que todo fuera a peor. De hecho, después de algún tiempo trabajando allí, había llegado a la conclusión de que lo mejor que se podía hacer era mantenerlo lo más informado posible, y mantenerse alejado de todos los problemas posibles. -¿No se lo han dicho? La doctora sufrió un... Accidente en el último turno de noche. La han enviado a su casa de momento, creo que no volverá hasta dentro de dos o tres días.

-Está bien, está bien. Ah, que contratiempo...-El hombre más joven suspiró, aliviado, al ver que el director del sanatorio recuperaba su habitual sonrisa. -Acompañe usted a nuestra invitada. Ha venido desde muy lejos, y no podemos permitir que se vaya con las manos vacías de ideas. Confío en usted para guiarla por nuestras instalaciones, joven.-Y le dió una animosa palmadita en el hombro. Y se dió media vuelta. -Tengo unos asuntos que atender. Espero que haga un buen trabajo.-Y se marchó, dejándolo con la chica del pañuelo negro… Y el marrón que ella conllevaba. ”-Mierda… Esta vez me he lucido.”

Con la resignación pintada en la cara, el improvisado guía se acercó a la escritora. Sus ojos marrones, algo más claros que su pelo, la miraron de arriba abajo. -En fin… Bienvenida y todo eso. Si te parece bien, empezamos con el bloque de celdas principal. Quédate detrás mío, ¿vale?-Tras unas cuantas comprobaciones de seguridad, el guardia abrió la puerta que comunicaba el Centro de Visitantes con un el área de la penitenciaría. El lugar en el que la mayoría de los pacientes vivían, explicó. Sin embargo, Martha pudo apreciar que no se trataba tanto de enfermos como de presos. Estaban asegurados en celdas con barrotes metálicos, solos o en grupos, y sujetos con camisas de fuerza. A Martha no le hizo falta prestar atención a ninguna explicación para darse cuenta de por qué era necesaria tanta seguridad en el recinto: El aspecto demacrado, casi inhumano de los internos pondrían los pelos de punta a cualquiera. Pero eso no era lo peor. Lo peor, sin duda, era el ruido. Todos ellos gritaban y reían a la vez. Sus susurros y quejidos tejían una cacofonía que hacía retumbar los tímpanos de quien la oía. Era la canción que cantaban los que ya no eran escuchados por nadie, los que vivían en jaulas sin esperanza de salir de ellas algún día. El vigilante que la acompañaba parecía estar diciendo algo, pero Martha no llegó a entenderlo. En su lugar, mezclado con el ruido del ambiente, escuchaba una especie de zumbido molesto, como la estática de una televisión antigua. Un sonido que parecía crecer en intensidad poco a poco, a medida que la pareja se adentraba en el interior del Asilo. Y, sin embargo, su guía no parecía oírlo.

Finalmente, había desistido de intentar explicarle nada, y se limitaba a caminar no muy rápido para que ella pudiera tomar notas, o hacer lo que quisiera que había venido a hacer a aquella casa de locos. Lo único que podía hacer era armarse de paciencia y esperar, al fin y al cabo. Además, ya casi estaban en la puerta de salida, custodiada también por vigilantes armados. Después, la llevaría a las instalaciones médicas, a la mansión de los Arkham, y ahí se acabaría la visita. No pensaba complicarse más.

-Bien, si has acabado ya..."Hola, Martha." ...ir yendo antes de que empiecen con la ronda de medicaciones. Así que vamos a tener que darnos prisa.-Por un momento, el zumbido intelegible que llevaba molestándola tanto rato tomó forma... Y la llamó por su nombre. Era una voz agradable, cálida, que desde luego no pertenecía a la entidad ni al vigilante que la acompañaba. Y, de hecho, daba toda la sensación de que había resonado más en su cabeza que en sus oídos. ¿Se estaría volviendo loca ella también, como los pacientes en las jaulas? Era algo... Improbable. Pero siempre se ha dicho que la demencia es una enfermedad contagiosa, y la mujer estaba paseándose por la frontera de su reino.

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   8th Agosto 2017, 18:21

Martha estaba un poco intimidada con toda la situación, no por el lugar en el que estaba que aunque no tuviese la mejor apariencia y la gente que había ahí dentro no fueran las mejores personas del mundo pero ella ya estaba casi acostumbrada a ver y escuchar cosas horribles gracias al ente así que eso no le importaba mucho, pero lo de tener que tratar con personas y sobre todo con alguien que era importante, o eso suponía ella, lo que le ponía más nerviosa que el hecho de que estuviera en una especie de manicomio con una pizca de cárcel. Se limito a seguir en silencio al hombre por el pintoresco lugar, hasta que este le pregunto a un vigilante algo que Martha prefirió no escuchar ya que estaba ocupada apuntando en su libreta todo lo que estaba viendo, pero como ya no le quedaba más que apuntar de la zona en la que estaban prefirió escuchar la conversación.

Al parecer la señora llamada Redfield que tendría que acompañarla en su visita estaba ausente por un accidente sucedido en las instalaciones, sea lo que fuera esperaba que se pusiera mejor, aunque no la conocía, pero era lo típico de la gente, si sabes que alguien esta malo o le pasa algo le deseas lo mejor. La cuestión es que el director decidió que sería el vigilante el que la acompañaría en su visita y la verdad no le importaba mucho no es que estuviera allí para conocer al personal ni mucho menos, de hecho, no había dicho ni una palabra desde que había entrado.

El hombre tuvo que aceptar ya que no era una petición sino más bien una orden así que, aunque se le notaba resignado por la tarea que se le había asignado, decidió enseñar el lugar a Martha aunque en el tono se podía notar que preferiría hacer cualquier otra cosa

-De acuerdo

Dijo con timidez intentando no molestar al guardia que estaba malgastando su tiempo en enseñarle a ella algo que el ya conocía y que de seguro no recomendaba a nadie la visita, pero Martha estaba ahí para inspirarse y nada más, quería ver cómo eran las instalaciones, como se “vivía” ahí adentro. Y la verdad no es precisamente que le gustara lo que veía y escuchaba, las personas que allí estaban encerradas parecía que hubiesen dicho adiós a su humanidad y solo fueran animales encerrados que dan vueltas en sus jaulas y aúllan esperando a ser sacados de ese terrible infierno… pero se suponía que no tenía que pensar en las personas como animales, ¿Por qué pensó eso? ¿Acaso el ente podía influir en ella aún más?

Sus pensamientos sobre esto fueron interrumpidos cuando le pareció escuchar al guardia decir algo, pero en vez de escucharlo solo escucho un zumbido bastante molesto, un zumbido parecido a cuando escuchas música en un concierto y luego te pitan los oídos pero este era diferente además no había forma de que tuviera un pitido en las orejas, no había música y tampoco estaban bajo el mar ni nada de eso ¿De dónde venía ese zumbido? “Tres son multitud”

Siguió tomando notas intentando no centrarse ni en el zumbido ni en lo que había dicho el ente, la verdad es que Arkham le estaba dando para casi dos libros con tanta… tristeza, eso es lo que sus paredes mostraban, tristeza de la gente encerrada y también ira y locura, una mezcla de sentimientos juntos que hacían de este lugar aún más “terrorífico” sobre todo si de pequeña no te atrevías a ir al cuarto de tus padres por un cuadro que te asustaba, pero eso fue hace mucho tiempo.

Al parecer la visita de esta parte de las instalaciones se estaba acabando, pero cuando el guardia empezó a decírselo escucho algo más, unas palabras que no eran del guardia “Hola Martha” ... por alguna razón u otra esto le dio un pequeño escalofrió que le recorrió toda la espalda, conocía la voz del ente y sabía perfectamente que esta no era su voz, esta sonaba mas humana.

-Disculpe ¿Podría ser posible que hablara con algún interno? - Esperaba que esta pregunta no alarmara al guardia, a lo mejor pensaria que esta loca tambien y la encerraria... era poco probable -Seria perfecto para la ambientación de mi libro

Si fuera normal habría sonreído al guardia y habría intentado camelárselo para poder visitar lo que quisiera pero primero que no es que fuera ella la venus de milo y segunda no se había fijado en si tenía anillo o no, o a lo mejor tenía novia o algo , así que prefirió preguntarlo sin más a lo mejor la dejaban hablar con alguno de los que estaban más “normales, eso le sacaría esas palabras de la mente.

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MensajeTema: Re: El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019   16th Agosto 2017, 17:48

El telépata sonrió en su celda. Para él, tres no eran multitud. Nunca había demasiados para su gusto. Y menos si, además, uno de ellos era una criatura como nunca la había visto antes. Por eso tenía que conocerla... Que conocerlos.

Lejos de la habitación en la que el 24601 aguardaba, el guardia se volvió hacia Martha. Sus toscas facciones no expresaron nada en particular, más allá de una ceja alzada con incredulidad. No había muchos internos con los que se pudiera hablar como Dios mandaba, pero había alguno. Los menos graves, que apenas tenían un arañazo de locura en su mente... Y los peores, los que habían anidado en el seno de sus garras. Los que podían planear con total frialdad mil maneras de desatar el caos en Gotham, como Joker, Espantapájaros o Enigma. ¿Realmente era buena idea dejar a Martha con ese tipo de gente? Probablemente no. Sabía de sobras el daño que podían hacer ese tipo de personas a los demás, a pesar de estar encerrados bajo siete llaves. -Está bien. Te llevaré al ala de los pacientes leves, los que no han cometido ningún delito de importancia. Allí, se les trata como en cualquier hospital, son pacíficos. Espero que sea suficiente.-El guardián pronunció esa última frase de forma que a Martha le quedara claro que no había otra opción, fuera suficiente o no. Atravesaron el umbral, y la compuerta bajó con el sonido metálico de un cepo cerrándose sobre la carne de su víctima. Los gritos de los presos quedaron al otro lado, y el silencio cayó sobre ellos como una losa. Un silencio tan sólo roto por aquella voz suave, tentadora, que susurraba en la cabeza de Martha. "-Venga... No me digas que te vas a conformar con eso. Has venido a buscar una historia, ¿no? Quizás yo tenga algo más interesante que contarte... Además, estoy seguro de que no pensabas en "pacientes leves" cuando pediste vernos, ¿verdad? Créeme, esos son muy poco divertidos... Empiezan a tener cualquier fobia, cualquier adicción, y ya vienen aquí corriendo, esperando que los médicos hagan su magia. Quieren ser normales."-La voz, hasta ahora dulce y agradable, pareció teñirse de desprecio. "-No los soporto."

Entretanto, el vigilante la llevó a través de los pasillos, alejándose cada vez más de la zona más peligrosa del recinto. El ambiente seguía siendo asfixiante, sí... Pero la mayoría de los visitantes se sentían aliviados al saber que dejaban atrás las jaulas llenas de lunáticos. Claro que la mayoría de los visitantes no oían voces en su cabeza sugiriéndoles adentrarse aún más en aquel infierno. "-Entonces... ¿Vienes? Sólo tienes que despistar a tu amiguito y bajar al piso de abajo. Me encontrarás en seguida, estoy en la celda 24601. Ah, y por cierto... Sí, está casado. Aunque a veces se olvida."

Cuando Martha descendió las escaleras que conducían al piso inferior, se encontró en un largo pasillo cuyas paredes estaban ocupadas por decenas de celdas individuales. La pobre iluminación y el deterioro de toda la zona daban a entender que Martha había llegado a uno de los lugares más antiguos del Arkham Asylum. El único signo de modernidad que se podía apreciar eran las sofisticadas medidas de seguridad en cada cámara. Era... Inquietante. La mayoría de las celdas estaban vacías, y sobre cada una de ellas había un número, comenzando con el 2200. Solamente podía hacer una cosa: Avanzar.

Los pocos internos allí hospitalizados la seguían con la mirada, en silencio. La mayoría de ellos estaban embutidos en camisas de fuerza, o sujetos a las paredes acolchadas con correas. Sin embargo, ninguno hizo ademán de zafarse de sus ataduras. Ni siquiera parecían parpadear. 2454... 2455... 2456... Faltaba poco para llegar. -Qué rápido has venido. Bienvenida.-La famosa celda 24601 tenía las paredes cubiertas de espejos. El dueño de la segunda voz en su cabeza estaba en el interior, sentado en el borde de una cama desecha. Se apartó unos mechones rubios de la cara, despreocupado, mientras la miraba de arriba abajo. Parecía complacido de verla finalmente. Vestía el uniforme naranja de Arkham, aunque se había bajado un poco la cremallera para mostrar la camiseta blanca que había debajo. Pero lo más extraño era su expresión... No correspondía con la de un preso, sino con la de una persona libre. Alguien que no se sentía atrapado pese a estar en el corazón de la mejor prisión de Gotham. -Oh, quizás debería haberme presentado antes. Soy Cédric Valjean, el placer es todo mío.-Sonrió, divertido. Él no necesitaba que el resto se presentara, por eso se le olvidaba tan a menudo. -Por cierto, puedes pasar y sentarte si quieres. Espero hablar con vosotros un buen rato, y no quiero que te canses.-Sí, la puerta de la celda estaba abierta. Cédric posó la palma de la mano en el espacio que había junto a él, invitándola a acercarse más...

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El silencio de las ovejas. (Martha R.) 10/4/2019
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