Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)

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Nicrom
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MensajeTema: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   19th Julio 2017, 00:04

Hagamos memoria. Un cliente anónimo me ofrece cien de los grandes, ¡CIEN! por unas pocas baratijas del museo. Nada excepcional, un robo clásico de antigüedades, había una exposición de arte babilónico y mi cliente quería esas piezas en su colección. Mucho. Por supuesto, los costes de tener un pequeño grupo de mercenarios conmigo también estaba cubierto, es decir, que esos cien de los grandes eran todos limpios para mí.

Me junté con los diez tipos que me iban a acompañar a la misión, nos metimos en el museo sin problemas y, llegamos justo a la sala central sin novedad. Después de todo, su seguridad electrónica no era un problema para mí, y los mercenarios habían aceptado hacer el trabajo limpio y sin muertes. Eran de los listos que opinaban que matar un guardia jurado traía más problemas enmascarados de los que merecía la pena.

Y entonces, por alguna estúpida razón, a uno de ellos le dio una pájara. En serio. No sé qué coño le pasó, pero de pronto, se puso a murmurar por lo bajo y cogió un cuchillo de sacrificios (una de las piezas que tenía que obtener, por cierto), y apuñaló por la espalda a uno de sus compañeros. De pronto tiene una fuerza sobrehumana, tenemos que reducirlo entre varios, su compañero grita, tenemos que reducir al guardia de seguridad, salta la alarma silenciosa y me encuentro con un rehén, un compañero herido, otro soltando espumarrajos por la boca y al resto de mercenarios acojonados encima sin saber que hacer.

Necesito un tiempo muerto, joder, esto se me está yendo de las manos. Me quito el casco sólo para poder respirar un poco más y acariciarme el puente de la nariz, mientras el resto de muchachos me miran fijamente

Vale, tenemos poco tiempo antes de que se nos eche toda la bofia encima. Alfa, Theta, Gamma, os quiero vigilando las entradas de la sala. Beta y Omega, empezad a recoger las reliquias. Todas las que podáis llevar, me da igual que no estén en la lista. ¿Cómo está Fi? Esa puta puñalada era profunda de cojones

No corre peligro de morir, pero hay que darle puntos. Y no tenemos tiempo

¿Podemos extraerlo?

Si no hay un tiroteo, sí

Asentí. Bueno, eso me valía. Hice una llamada para avisar a nuestro conductor que viniese cagando hostias antes de que todo se pusiese al rojo vivo, y lancé una mirada a Lambda

¿Qué hay de Lambda?

Sigue enajenado. Algo de graznidos en su cabeza. A lo mejor es cosa de la daga

Pero esa daga es de obsidiana, sin ningún animal. Vale que las runas son raras, pero de ahí a flipar con cuervos... suspiré, colocándome el casco de nuevo. Me acerqué al guardia, que parecía asustado, y le eché un vistazo, mirando su chapa identificativa

Robert Anderson. ¿Te importa si te llamo Robert? ¿No? Bien. Mira, has tenido suerte, somos profesionales y no nos gusta el derramamiento de sangre innecesario. Así que vamos a hacer una cosa: Te vamos a dejar atado aquí. Si gritas, te pego. Si gritas más, te pego hasta que te calles. O hasta que tengas algo lo suficientemente roto para justificar los gritos. Pero no te preocupes, no te vamos a matar. A lo sumo, saldrás en silla de ruedas si no cooperas. ¿Hay trato? el chico asintió, asustado.

Pobre, debía ser su primer día

¡Venga, acelerad! No quiero un gilipollas en mallas en nuestro culo! ¿Cuánto nos queda para recoger todo?

¡T-5!

¡Que sean menos tres!

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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   20th Julio 2017, 00:45

Lambda seguía murmurando lo que parecían ser farfulleos incomprensibles, o algún idioma completamente desconocido para ellos. El grupo aún seguía cargando las valiosas piezas del museo, así que Victoria decidió aprovechar aquél tiempo muerto en hacer algo productivo y, en cuestión de segundos, se había conectado con los ordenadores del edificio y navegaba entre las bases de datos de las diferentes colecciones. No fue demasiado difícil encontrar lo que buscaba, pues el sistema de clasificación que habían seguido era, como era de esperar, bastante ordenado y lógico, con las piezas organizadas por sala y período histórico.

Al parecer la daga había sido obtenida en un yacimiento arqueológico en la actual Tell al-Hiba, Irak, pero en la antiguedad el emplazamiento habría tenido otro nombre, concretamente Shirpurla, o Lagash, una de las ciudades más antiguas de Babilonia. La palabra "Shirpur" significaba cuervo en acadio, por lo que Shirpurla habría venido a significar algo así como "Ciudad del Cuervo", o "Raventown", posiblemente en honor del emblema sagrado de su diosa y santuario.

En la mitología babilónica existían muchos dioses (muchos de los cuales habían servido de inspiración para las leyendas posteriores en la mitología clásica griega y romana), pero Victoria no pudo encontrar en Internet ninguna alusión a una diosa cuervo, aunque ahora resultaba aún más inquietante lo que había dicho Lambda de los graznidos en la cabeza. Si tuviera un poco más de tiempo quizá habría podido encontrar algo más específico, pero tiempo no era precisamente lo que les sobraba, no cuando en cualquier momento podía aparecer uno de esos héroes entrometidos y tenían un miembro del equipo malherido y otro que parecía haber perdido un tornillo.

No, sin duda no era el mejor momento, y el grito de alarma de Beta lo confirmó. El mercenario apuntaba a un punto en el suelo, el punto en el que se había derramado la sangre de Fi. El líquido carmesí burbujeaba y se filtraba lentamente por entre los poros del suelo hasta que hubo desaparecido por completo, como si nada hubiera pasado. Hubo un instante de quietud y silencio y, de repente, una mano macilenta de color cetrino lo traspasó.

* * * *

En otro lugar no demasiado lejano, en la habitación del pequeño apartamento de Andrew, una joven émpata que meditaba sentada sobre sus rodillas esbozó un gesto de malestar al percibir una serie de emociones disruptivas que perturbaban su estado de tranquilidad mental. Miedo, violencia, brutalidad... y, por encima de todo, una furia y un odio tan grandes que podían afectarla incluso a aquella distancia.

Pero también había dolor... un terrible dolor que no paraba de crecer y que no cesaría a menos que hiciese algo para mitigarlo.

Que Azar la ayudara... algo terrible estaba ocurriendo y lo único que esperaba mientras se desvanecía en su habitual y característica nube de azufre era ser capaz de detenerlo...

PD:
 

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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   23rd Julio 2017, 13:06

Una mano salió de la tierra. Así, como si fuera una puta película de Romero. Unos segundos antes había sangre burbujeando y después, hala, La noche de los Muertos vivientes, esta noche en su museo más cercano.

Este tipo de cosas es para las que no te prepara nunca Gotham. ¿Una loca que quiere convertirte en abono? Check. ¿Un pirado vestido de murciélago? Check. ¿Un navajazo en un callejón abandonado por parte de un tío vestido de payaso? Doble Check. ¿Los muertos saliendo de un museo? Triple NO.

En Gotham somos gente más o menos normal (bueno, dentro de la normalidad que se puede considerar tener a un loco vestido de payaso corriendo por las calles), sin superpoderes sobrenaturales ni nada por el estilo. ¡Por favor, lo más raro que tenemos es una mujer haciendo crecer petunias! La magia se me escapa, y mucho. Especialmente cuando tiene que ver con los muertos

Y sobre todo cuando ese muerto es... bueno, hay que describirlo como una belleza clásica, así, sin más. Me recordaba en parte a una amazona por los rasgos que podrían definirse como creados por una mano divina. La piel era de alabastro puro, sin imperfecciones descontando la palidez antinatural de esta. Su cuerpo era estilizado, de piernas largas y torneadas que sobresalían por debajo de una especie de falda de armadura, hecha con lo que parecía obsidiana y algún tipo de cuero negro. Unas botas largas llegaban hasta justo por encima de las rodillas, debajo de dicha falda, y tenía protecciones de los mismos materiales que la cota. Un corpiño negro cubría el torso de la mujer, de nuevo con la Obsidiana (esta tipa tenía una obsesión con ese material, debería hacérselo mirar), dejando sólo un buen escote (por el que se veía una cicatriz en el pecho derecho bastante fea) y parte de los brazos a la vista. Llevaba unos protectores del antebrazo muy similares a los de cierta amazona jodidamente famosa, cubriendo también el dorso de la mano. Y en la cabeza llevaba una corona negra que hacía que pareciese que tuviera cuernos.

Oh, y llevaba una capa larga de plumas negras, asumo que serían de cuervos, o algo así.

Su rostro era ovalado, con unos labios carnosos maquillados de negro, una nariz respingona y un pelo negro y largo que brillaba con luz propia. Diría que los ojos eran verdes, pero en realidad creo que eran más bien cuencas de las que emergía un fuego verde que humeaba. Es más, una luz verde parecía envolverla y juraría que esa cara me suena.

No me dio mucho tiempo de todos modos a identificarla, pues en cuanto emergió (como si fuera subida por un ascensor, lenta e inexorablemente), las luces comenzaron a parpadear, y la mujer nos miró con desdén. Incluso odio.

¿Chicooos? pregunté, empezando a recular ¿Alguien la conoce? ¿Es de los nuestros?

Y entonces la mujer echó la mano hacia adelante, atravesando el aire. Con el sonido de una tela desgarrándose, pude ver algo al otro lado del aire. Y de ese algo empezaba a avanzar un ejército de muertos armados con escudos, espadas y armaduras pesadas

... no es de los nuestros. ¡CORRED! grité, cogiendo al pobre rehén y echándomelo al hombro. No sé, quizás era intuición, pero me daba que la tipa esa no diferenciaría entre ladrones y agentes de la ley.

De hecho, mi pelotón no esperó tampoco, con los tres que tenían las reliquias corriendo, dos más llevándose al herido y el resto cubriendo mi retirada.

Bueno, Lambda era el único que no había reaccionado correctamente, corriendo hacia la mujer gritando de alegría. Y a juzgar por la mirada que le estaba poniendo la mujer esa, no creo que fuera a ver el amanecer de hoy

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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   26th Julio 2017, 12:16

De súbito, una silueta espectral con la forma de un cuervo negro envuelto en un aura resplandeciente apareció entre Lambda y la entidad, engullendo al mercenario que, impulsado por su propia inercia, fue incapaz de detenerse o variar el rumbo ante aquella repentina aparición.

- Deja que mi ser-alma alivie tu rabia, atenúe tu necesidad de sangre y te permita dormir en paz, pues no eres más que una víctima de lo que aquí se ha desatado hoy -dijo una voz, pero ésta no emergía de la forma tenebrosa, sino de una figura esbelta que se había materializado de repente entre Victoria y su grupo de mercenarios.

Era alta, y muy delgada, sin apenas curvas, e iba vestida de una manera muy peculiar, con una larga túnica azul que descubría sus piernas al andar y una capa con una capucha tejida para lograr el efecto del pico de un cuervo que dejaba ocultas sus facciones. Sin vacilar se arrodilló junto al herido y colocó sus manos a ambos lados de su cabeza, sosteniéndola con dulzura mientras se concentraba.

- Puedo sentir su penar... -musitó- Me reclama a gritos -la misma silueta oscura con forma de pájaro emergió de ella al tiempo que un gesto de dolor surcaba sus serenas facciones-. Su sufrimiento... fluye a través de mí, hacia mi interior...

Ante los ojos de todos sus compañeros, la herida del mercenario se fue cerrando poco a poco al tiempo que el color que había abandonado su cuerpo junto con la pérdida de sangre afloraba de nuevo a sus mejillas, aportándole un aspecto de lozanía plena. La mujer le soltó y se incorporó abriendo su capa con la mano diestra. En su interior pudieron observar una oscuridad insondable plagada de humo y azufre, y, de aquella inmensidad, surgió el cuerpo de Lambda, que se desplomó al suelo inconsciente.

- Vuestro compañero se encuentra bien -dijo la misteriosa mujer volviendo a cubrirse con su oscuro atavío al tiempo que se volvía para encararse con la figura de la diosa-. He hecho que desapareciera la sed de sangre. Tomadlo y abandonad éste lugar.

>>¿Quién eres y qué has venido a buscar aquí? -le preguntó a Ereshkigal-. Sea cual sea el dolor que te aflije, éstos humanos no tienen la culpa. Deja que se vayan.

Aquella Raven no era la misma que en su día había conocido a la antigua alcaldesa de Happy Harbor, y aunque de vez en cuando le asaltaban los recuerdos de aquella que se hacía llamar Rachel Roth, en un principio no pudo reconocer a la regia y amenazadora figura que se alzaba ante ella. No sabía quién era, pero podía percibir el odio inmenso que bullía en su corazón y estaba preparada para hacerle frente si la atacaba. Sólo esperaba que su ser-alma pudiera ejercer sobre ella el mismo efecto que sobre Lambda.

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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   31st Julio 2017, 10:35

FDI:
 

¡Dios, joder! ¿Es que no puedo trabajar una noche tranquila? ¡No pido tanto, carajo! Por si no tuviera bastante con lo de la tipa, los no-muertos y tener que parar de golpe para correr detrás del mamón de Lambda, acababa de aparecer una tipa justo delante de mi cara. No había podido ni girarme para ir a por el desgraciado cuando éste había desaparecido y tenía a alguien encapuchado mirándome fijamente desde las sombras de la capucha.

Esta tipa me daba muy mala espina, nunca se me ha dado bien la magia o eso de las cosas sobrenaturales, y hoy tenía un buffet libre de ello. Porque claro, si una pirada con no-muertos aparece de la nada, era normal que otros raritos vinieran de visita atraídos como moscas por un buen pedazo de mierda de buey.

La tipa en cuestión era una mujer muy alta, y muy delgada. Se podría decir que demasiado flacucha para mi gusto, si soy sincera, pero lo que no tenía de físico lo compensaba con presencia. Supongo que el que no se le viese la cara ayudaba también, dándole un aire misterioso y elegante. Parpadeé sorprendida ante la aparición, no pudiendo reaccionar al igual que mis chicos mientras se arrodillaba ante Fi. Sus manos lo tocaron con una dulzura que jamás me esperaría de un héroe, y supongo que por eso mismo hice un gesto con la mano a mis chicos indicándoles que bajaran las armas.

Ante mis ojos, pude ver cómo le curaba, lo que me confundió aún más. ¿Pero esta tipa no era de las que echaban a la gente en la trena? Vamos, tenía toda la pinta de ser una de esas autodenominadas heroínas.

Y entonces nos devolvió al pirado de Lambda. Miré a la mujer de hito en hito, aún cargando con el bueno de Robbie sobre el hombro, y no dudé en asentir ante lo que me acababa de sugerir. ¿Que me marchase? ¡Vamos, no tenía que repetirlo!

Rápidamente Beta cogió a Lambda, y Alfa a Fi, y salimos corriendo del museo, hasta la furgoneta que nos estaba esperando. Dejé a Robbie en un lugar seguro, aún maniatado, detrás de unos coches, y le hice la señal de no hacer ruido. Vi cómo cargaban el camión y me hacían las señas para irme con ellos y dudé

Mierda. sabía por qué no me podía marchar Joder... ¡idos! Ahora os alcanzo, tengo una deuda que pagar gruñí, mientras cogía mi fusil y volvía a entrar al museo del horror.

Mientras tanto, Raven se encontraba cara a cara con la deidad, que no era capaz de articular palabra. Cada vez que lo intentaba, su rostro se contraía de furia y dolor. Parecía que intentaba combatir contra ello... hasta que sus ojos se cerraron, abriéndose de golpe con un fogonazo verde y un ataque de ira ardiente que amenazaba con arrasarlo todo a su paso, chillando sin producir un sonido que unos oídos humanos pudieran registrar.

Respondiendo a la orden de la mujer, varios esqueletos entraron en la realidad, enarbolando sus armas listos para luchar... y entonces, llegué a la sala

¡Sal de ahí, weona! exclamé, dejando escapar un poco mi mejicano. No me lo pensé dos veces y disparé a la cabeza a uno de los esqueletos más cercano. Obviamente no tenía munición real, pero no teniendo nada de músculos con los que sostener la cabeza, ésta se soltó con un chasquido... lo que no impidió que su cuerpo se girase hacia mí y cargase, espadón en alto... Junto con sus tres amigos. Mieeerdddaaaaa

Mientras tanto, la deidad cayó de rodillas, agarrándose las sienes mientras lloraba sangre y seguía gritando con ese chillido sin sonido que helaba el alma, provocando que más y más no-muertos se acercasen al desgarro con claras intenciones de pasar a cuchillo a todos los vivos en varios kilómetros a la redonda...

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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   1st Agosto 2017, 17:14

No había palabras para describir el horror, la impotencia de ver cómo las almas de aquellos pobres soldados eran arrancados a la fuerza de su descanso eterno, obligados a participar en una guerra que no merecían luchar, teniendo que soportar la agonía y el tormento de aquella resurrección antinatural.

Raven no creía en la violencia, no disfrutaba del sonido de la muerte y se resistía a la necesidad de causar dolor. Sin embargo, aquellos esqueletos estaban más allá de su control empático. Carecían de una mente que ella pudiera tocar, y actuaban impelidos por una magia muy superior a la suya, así que no habría tenido más remedio que luchar para defenderse, pero la oportuna intervención de la muchacha rubia de antes la salvó de dicho sino. Bien... así podría centrarse en lo que de verdad importaba: sanar a los necesitados. Y Azar sabía lo mucho que aquella entidad (mujer o diosa, eso daba igual) la necesitaba. Sus gritos desesperados clamaban por recibir una ayuda que sólo ella podía proporcionar. Estaba herida, la habían herido... psíquicamente, y sufría, sufría muchísimo. Su dolor la llamaba, así que la azariana se focalizó sobre ella, ignorando por completo cuanto ocurría a su alrededor. Esperaba que la muchacha rubia fuese capaz de sobrellevar por sí sola la situación con los esqueletos y mantener a las dos a salvo, porque lo que ella tenía que hacer era demasiado importante y le iba a exigir concentración total. No tenía más remedio que confiar en ella.

La mente de la azariana conectó con la de la diosa, creando un vínculo entre las dos que utilizó para comunicarse con ella sin usar palabras, transmitiendo una serie de imágenes y emociones de inconmensurable calma y paz, acariciando su mente con una suavidad que rivalizaba con la del más terso terciopelo. Las imágenes que la émpata estaba volcando a través del vínculo posiblemente serían un bálsamo para la torturada mente de la diosa, un oasis de bienestar en mitad de un desierto azotado por el sol y el ardiente viento del sufrimiento. Aquellas imágenes penetraron a través de la espesa niebla que cegaba los sentidos de la entidad, tomando su dolor, haciéndolo suyo y tratando de expulsarlo antes de que pudiera llegar a hacerle daño, aunque era difícil porque el sufrimiento que aquejaba a Ereshkigal era terriblemente intenso...

La consciencia de Raven atravesó capa tras capa de confusión tratando de alcanzar a la mujer que estaba profundamente enterrada dentro del monstruo, que probablemente sentiría una agradable sensación de calidez a medida que se fuera llevando su locura... ¿Sería capaz de conseguirlo, de llegar finalmente hasta Joanna?

Fdi:
 

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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   3rd Agosto 2017, 16:50

Mierda. Mierda, mierda, mierda. Bloqueé el tajo colocando mi rifle en la trayectoria, lo que provocó que saltasen chispas y chirriase todo de forma ominosa. Esperaba que el arma aguantase

Claro que eso implicó que me quedase abierta al ataque de otro de los esqueletos, que lanzó una cuchillada que me alcanzó en el costado. La armadura se llevó lo peor del golpe, pero iba con una fuerza tal que me separó de su compañero y me lanzó un metro hacia atrás, haciéndome caer pesadamente y provocando que mi fusil se alejase de mí a varios metros. Eso iba a dejarme marca.

Entonces es cuando vi cómo el tercero intentaba apuñalar a la desconocida por la espalda, cogiendo impulso. No me daría tiempo a llegar hasta ella, por lo que activé los cuatro electroimanes de mi traje a la vez, provocando que el arma se desviase, provocando que el arma se separase de la muñeca del esqueleto con un chasquido... y volase a toda velocidad hacia mí.

Me escurrí por debajo del arma y rodé fuera del alcance del esqueleto decapitado, poniéndome de pie con un movimiento fluido que habría hecho que mi sensei asintiese satisfecho. Me giré al único que estaba entero y le di dos patadas con todas mis fuerzas, rompiéndole el hombro y también parte del torso, lo que hizo que cayese al suelo pesadamente y prácticamente estallase en huesos separados. Me agaché por debajo de un tajo del decapitado y le rompí las espinillas de una patada rápida, girándome hacia el desarmado lo suficientemente rápido como para poder darle una patada giratoria que lo mandase por los aires.

Y lo peor es que estaba viendo a un par de esqueletos más unirse a la refriega. ¿Qué cojones estaba haciendo la weona esa? ¡Nos iban a matar!


Mientras tanto, Raven se encontraba muy lejos de allí, en un mundo compuesto por rabia y dolor, mucho dolor. Era una rabia antigua, que corría sorda y fría como un torrente que nacía de una herida psíquica vieja que acababa de volver a abrirse. La conexión con la deidad era abrumadora, debido a que con ella se podía también notar el eco de las almas encadenadas al Irkalla y que habían sufrido el juicio de Ereshkigal. Mucho era el dolor que un infierno podía albergar, y aunque filtrado por la propia diosa, este estaba saliendo a flote también.

Las almas de pecadores condenados a pagar por sus pecados, atraídos por ese dolor, eran las que movían como titiriteros a los esqueletos que emergían del fondo del Irkalla, condenados a vivir en un cuerpo sin carne hasta que los huesos fueran destruídos por el desierto fuera de las murallas de la capital infernal, buscando venganza contra los vivos... y el mundo que la deidad amaba.

Sí, se notaba también que, bajo toda esa superficie, la deidad amaba el mundo de los vivos, tanto como para haber terminado viviendo entre los mortales como otra más, y también se podía notar el eco de otras almas, menos numerosas, que intentaban transmitir paz y serenidad desde el corazón de la ciudad infernal. Simplemente, los condenados eran más, más fuertes y llevaban demasiados siglos esperando poder vengarse como para ser acallados.

Y ahí estaba el quid de la cuestión: Raven sólo tendría que magnificar las emociones buenas que los perdonados transmitían, y apaciguar la ira de los pecadores, y posiblemente la deidad poco a poco recuperase el control. Es más, gracias precisamente a lo que estaba realizando, La diosa estaba dejando de gritar para empezar a jadear pesadamente, aún llorando sangre.


La cosa se me estaba poniendo fea: Ya había más huesos en el puñetero suelo que en todas las papeleras de KFC de la zona, y no paraban de salir los esqueletos, como un goteo constante. Habían conseguido dislocarme un hombro con un martillo de combate, estaba cansada y magullada, e incluso se me nublaba la vista. No iba a aguantar más, pero al menos la desconocida estaba ilesa, descontando algún que otro rasguño provocado por alguna de las criaturas.

Caí de rodillas, jadeando pesadamente, sabiendo que era mi final, mirando a los ojos a uno de los esqueletos, que elevaba su martillo de dos manos...

Y entonces, la brecha se cerró. Así, tal cual. Y todos los huesos se convirtieron en polvo de golpe, dejando una sala vacía como recordatorio de que habían estado allí

Pude ver cómo la diosa gemía y cómo parecía que la extraña recobraba el sentido del mundo y todo eso. Dios, estaba reventada, no podía con mi alma...

¿Ya... está? ¿Se... acabó?

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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   5th Agosto 2017, 00:32

El cuerpo físico de Raven, sumido en su trance, tembló cuando la joven se vio transportada a aquél mundo de pesadilla. Como émpata, había tenido ocasión de experimentar en su propia piel toda una miríada de emociones, desde la alegría desenfrenada al dolor más desgarrador, pero nunca antes había vivenciado una rabia tan poderosa e intensa.

Su ser astral gritó en silencio ante el dolor que aglutinaba a los cientos... miles... millones de almas que se retorcían en aquél infierno. Al percibirla trataban de extender hacia ella sus manos para aferrar su carne o sus ropas y así atraerla hacia abajo, donde aguardaban sus súplicas y sus plegarias; un millón de almas que iban desgarrando cada una de las barreras protectoras que había erigido en torno a su frágil alma.

Pero entre toda esa vorágine la émpata pudo captar a su vez otros sentimientos: serenidad, calma, paz. Sin embargo, por más que intentaba focalizarse únicamente en esas sensaciones, el número de condenados en el infierno era infinitamente superior, y sus emociones, más intensas. Aquellas emociones de odio, dolor y venganza la rodeaban, atacándola, alimentándose de ella, destruyéndola. Y volvió a gritar, y volvió a caer, estrellándose en las profundidades de su alma atormentada.


Entretanto, en el mundo de los vivos, las lágrimas corrían por el rostro de la azariana conforme iba profundizando más y más en el alma de la diosa en su intento por alcanzar el corazón donde habitaban esos buenos sentimientos que pugnaban por aflorar. Tenía las mandíbulas apretadas y contraídas por el esfuerzo, y el intenso dolor al que se enfrentaba se veía reflejado en las brillantes gotas de sudor que perlaban su blanco rostro.

Era demasiado... y en varias ocasiones estuvo a punto de sobrepasarla. Jamás había intentado algo así, no sin la ayuda de su madre, y no sabía si sería capaz, pero tenía que hacerlo... Tenía que hacer acopio de toda su fuerza empática o todo estaría perdido.

Y de repente, en un instante, la brecha había dejado de existir y los esqueletos se redujeron a polvo. Y, como si se hubiera cortado un hilo invisible que tiraba de ella manteniéndola erguida, el cuerpo de la azariana se desplomó.

La capucha se había desplazado con la caída, y Nicrom pudo ver que se trataba de una mujer muy joven, casi una adolescente. Sus facciones eran dulces, aunque estaba terriblemente delgada y los pómulos se le marcaban demasiado. El cabello era muy largo, y le enmarcaba el rostro formando una "m". En el centro de la frente tenía una pequeña gema roja al estilo hindú. Sus pendientes eran particularmente brillantes y destacaban entre el cabello como estrellas en una noche oscura, y tenía dos anillos dorados en los índices.

A juzgar por su inmovilidad estaba inconsciente... o muerta.

Off:
 

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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   12th Agosto 2017, 13:22

Supongo que sí, ya está. Las dos estaban desplomadas en el suelo, inmóviles, y no me quedaba claro si respiraban o no. Solté un gruñido de frustración e intenté incorporarme cuando algo parecido a lava ardiente recorrió todo mi brazo, desde el hombro hasta el otro brazo, pasando por el cuello y el pecho, con un sonoro chasquido.

Puse los ojos en blanco sin producir más sonido que atragantarme con el aire, y me caí de lado, aguantando las lágrimas como podía. Una señal en el casco indicaba que el sistema de servos se había activado para recolocar el hombro en su posición natural

Hijo de puta, podía haber avisado: Todo dolía una barbaridad, pero era más bien un ruido sordo, y podía volver a mover la mano, lo cual era una mejoría respecto a cuando estaba dislocado, ya que el dolor era más agudo, como si me hubieran clavado una estaca en el hombro y me impidiese moverme

G-gracias... Di un respingo cuando oí esa voz antinatural. Me incorporé sobre el brazo bueno, levantando la cabeza, viendo cómo la diosa se ponía de rodillas con bastante dignidad

Raven.... No eres exactamente como la que conocí, pero tampoco eres tan distinta, supongo. La mujer apartó un mechón de pelo de la heroína mientras yo me incorporaba, trastabillando un poco

Tú. Has vuelto pese a que podrías morir. También tienes mi agradecimiento. Dile cuando despierte que Joanna envía saludos a los Titanes. No puedo quedarme mucho tiempo aquí, el Irkalla no puede quedarse sin vigilancia, aún no.

Dicho eso, la mujer hizo algo con una energía verde y provocó un nuevo desgarro. Esta vez se veía un jardín precioso, con plantas que jamás había visto, al otro lado. Colocó su mano sobre la mejilla de la chica pálida, lanzó un leve destello verde y después se alejó por la grieta, cerrándola tras de sí.

Me acerqué a la heroína mientras me quitaba el casco y el guante derecho, buscando el pulso en la otra mujer. Suspiré de alivio al ver que sí, colocándome de nuevo el guante de la armadura.

No tenía mucho tiempo, pronto llegaría la policía a investigar el ruido de pelea, y no quería que me pillasen aquí con esa desconocida. Y no podía dejarla en manos de esos gilipollas, así que la recogí con cuidado, llevándola en volandas mientras caminaba hacia la puerta. Joder, casi parecía una heroína... si no fuera por eso de que la sociedad me prefería muerta antes que viva.

FDI:
 

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Raven
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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   19th Agosto 2017, 13:03

Serenidad.

Después de todo el horror y el infierno, la émpata experimentó una agradable y balsámica sensación de vacío. Se sentía como si flotara en la más absoluta nada, libre de las pesadillas que por lo general la atormentaban. Era... placentero. La azariana no recordaba cuándo era la última vez que se había sentido así. Llevaba teniendo pesadillas desde los diez años; quizá antes... cuando no era más que una niña... antes de que el terror de Trigon llegara a su vida. ¿Había existido alguna vez un período así en su corta existencia? ¿Había estado libre de él alguna vez? Parecía un sueño, algo que había ocurrido en otra vida, a siglos de distancia.

Raven no lo sabía, pero había sido el contacto de la diosa lo que había tranquilizado sus demonios internos al tiempo que sanaba su espíritu. Cuando finalmente abrió los ojos se sentía relajada. Se sentía bien. Ningún dolor asolaba su espíritu.

Lo primero que percibió, antes que los estímulos físicos, fue la creciente sensación de ansiedad que la envolvía. Después fue consciente de dónde se encontraba: la característica textura de la tela de la tapicería de los asientos de un vehículo acudió al tacto de los dedos que no se encontraban aislados por el largo guante azul que cubría sus brazos, y justo después le llegó el ronroneo del motor y el traqueteo de las ruedas sobre el asfalto. Se encontraba en un vehículo en movimiento, y la chica rubia del museo estaba al volante. Notaba en ella ansiedad y preocupación. Por su parte, no estaba preocupada, pues con sus poderes podía teleportarse a cualquier parte si fuera necesario, así que simplemente se sentó en el asiento y miró a Nicrom con sus pacíficos y serenos ojos grises a través del espejo del retrovisor.

- Eres la chica que estaba en el museo -dijo con voz tranquila y sosegada-. Volviste a ayudarme cuando te dije que huyeras. Te doy las gracias. ¿Qué ha ocurrido con la diosa?

Ya no podía notar su sensación de dolor y rabia; es más, no podía notarla en absoluto, y no sabía si eso era bueno o malo, aunque esperaba que fuera lo primero.

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Nicrom
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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   22nd Agosto 2017, 21:35

Una vez salí del museo con la mujer en brazos, desactivé la alarma del primer coche que encontré, senté a la morena en el asiento del copiloto y tras asegurarme de colocarle bien el cinturón de seguridad, arrojé mi casco al asiento de atrás y me senté en el asiento del piloto, haciendo arrancar el coche meramente por mi propia fuerza de voluntad.

No llevaba ni dos minutos conduciendo, cuando recibí una llamada, aún con la chica inconsciente a mi lado.

Nicrom respondí, cogiendo la primera bocacalle a la derecha. No iba rápido, no quería llamar la atención de la policía, pero se notaba que andaba rígida y tensa por cómo cogía las curvas

Hola, cariño.

¿Lucrezia? Creía que te habías reformado. ¿Cómo te va en el bureau?

Me han destinado a un nuevo sitio, Vicky. Treinta y seis días de vacaciones, jornada reducida y la poli trabaja para mí en vez de en mi contra. Deberías planteártelo, ¿sabes?

Sonreí de lado, divertida, antes de negar con la cabeza mientras me paraba en un semáforo en rojo

Me conoces. No voy a trabajar para la justicia que no estuvo cuando la necesitaba. Del mismo modo que te he cortado los intentos de rastreo

No es nada personal, preciosa, ya sabes cómo es la política de empresa

Sí, es una pena no poder quedar para cenar ya. Pero no es por eso por lo que me llamas, ¿verdad? ¿Qué quieres? Tengo ahora mismo a una chica inconsciente en mi coche y quieras que no ando ocupada

Espero que fuera por culpa de tus indudables encantos, preciosa. Es sobre el trabajito de esta noche mierda. Ya había llamado demasiado la atención ¿Sabes quién es tu extraño benefactor?

Me quedé unos segundos en silencio, pensativa. No, la verdad es que no lo tenía muy claro

Te daré una pista: Corta una cabeza y saldrán dos más.

Di un frenazo involuntariamente en medio de una calle vacía, apretando los dientes. Miré a mi lado y por fortuna la chica seguía en su inconsciencia, aunque la capucha se le había caído por el bandazo. Y parecía estar empezando a removerse en su sitio, como si estuviera recuperando la consciencia

Te ofrezco un trato: Dame a mí las reliquias, y saldrás de esta sin cargos, y puede que con un plus, si me entregas también a los mercenarios que han trabajado contigo. Te espero en nuestro motel. ¡Chao!

Suspiré, acariciándome el punte de la nariz, antes de volver a arrancar de nuevo. Entonces, la chica a mi lado se comenzó a despertar, sentándose en su asiento y mirándome a través del retrovisor. Era curioso, esos ojos se parecían a los míos, pero donde yo tenía mucho rencor y odio, ella parecía tener serenidad y calma.

Inspiré y espiré, intentando calmarme mientras comenzaba a ir en busca del camión, en una ruta de intercepción. Pero la desconocida no iba a estarse callada, y no podía culparla, la verdad

Así es. Nicrom, hacker, mercenaria a tiempo completo y chófer, un placer comenté con algo de sarcasmo. La miré unos segundos y después mi expresión se dulcificó, suspirando

¿Era una diosa? Supongo que sí. Dijo que te parecías a la Raven que conocía, sea lo que sea lo que significa eso, y que le dieras un saludo a los titanes de parte de Jo... ¿Joanne? ¿Jane? Joanna. Eso, Joanna. Y que no podía quedarse un sitio sin vigilancia, no me quedé con el nombre.

Suspiré, centrando mi mirada en el frente

No me des las gracias. Tengo un código, ¿sabes? Nunca mato. Y nunca dejo que muera nadie mientras pueda hacer algo al respecto. Y contigo, podía hacerlo me mordí el labio inferior, lanzando miradas de reojo a la chica. Tenía una presencia agradable, casi como si me instara a confiar en ella. Y qué coño, me había salvado el culo respingón

Mira, ahora mismo voy a intentar interceptar a los tipos que trabajaban conmigo. Por lo visto son de Hydra, y no quiero pensar lo que podría pasar si esa reliquia cae en malas manos. Sé que no es asunto tuyo, pero si quieres ayudarme... te lo agradeceré. Si no, puedo dejarte de camino, como veas

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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   Ayer a las 19:06

Había muchas cosas que asimilar en la respuesta que le dio la mujer, muchas de las cuales resultaban incomprensibles para ella. Nicrom no se parecía a ningún nombre que hubiera oído antes en América, por lo que dedujo que debía de tratarse de un seudónimo, como Kid Flash o Robin. A Raven no le importó que no le diera su verdadero nombre; la émpata siempre trataba de crear distancia emocional entre sí misma y los demás, era la razón por la cual evitaba usar diminutivos o apelativos cariñosos que pudiesen dar lugar a un acercamiento o transmitir una impresión equivocada en los demás. Por ello, quizás fuese una de las pocas personas que no sólo se sentía cómoda relacionándose a través de un seudónimo, sino que además lo prefería al nombre real.

Sabía lo que era un hacker aunque los ordenadores y la tecnología en general supusiesen un enigma para ella, porque había visto a Víctor conectarse a otros sistemas y manipularlos. Por supuesto, sabía lo que era un mercenario, aunque Nicrom no se parecía en nada a Deathstroke. Lo que la desconcertó un poco fue cuando se definió a sí misma como chófer. A Raven le costaba entender el humor de la Tierra, especialmente cuando iba camuflado bajo formas de ironía o sarcasmo, porque en Azarath la comunicación había sido siempre transparente y la azariana no estaba versada en aquella clase de dobles lenguajes. Por ello, se sintió confundida cuando la rubia mencionó tener tres trabajos al mismo tiempo. Entendía que la ocupación de hacker podía compaginarse con la de mercenaria, pero, ¿de dónde sacaba el tiempo para hacer también de chófer?

Entonces recordó el consejo que le había dado Roy para saber distinguir cuando alguien no estaba hablando en serio: "si es un comentario que te parece ilógico o estúpido seguramente sea una broma"

- Oh. Es una broma, ¿verdad? -comprendió, aunque su rostro se mantuvo neutro, sin sonreír-. Lo de que trabajas de chófer. Disculpa, es que a veces me cuesta entenderos -dijo mientras volvía a ponerse la capucha que había resbalado mientras estaba inconsciente, volviendo a levantar la barrera simbólica que siempre mostraba ante los demás, y le vino bien, porque lo siguiente que dijo Nicrom sí que produjo en ella una reacción: sus brazos se quedaron rígidos, petrificados en el gesto de ponerse la capucha, sin terminar de soltar la tela, y sus labios, prácticamente lo poco que se podía distinguir entre sus sombras, se tensaron tanto que formaron una perfecta línea recta en su pálido rostro.

Joanna.

Seguramente habría muchas Joannas en el mundo, y si hubiera sido cualquier otro nombre habría tenido que iniciar un proceso mental de descarte hasta averiguar de quién se trataba. Pero Joanna... ese nombre se le había quedado grabado a fuego en la memoria, porque se trataba de la madre del niño que había desaparecido por su culpa.

¿Había sido realmente por su culpa?

Cuando se produjo la Colisión, todas las Raven del multiverso se habían fusionado en una sola, la que estuvo con Richard y los demás los primeros días después del fenómeno.

Todas menos una. Porque ella había entrado en un coma cuando todo ocurrió, abrumada por la inmensa cantidad de dolor, y sufrimiento, por los gritos de cientos, miles, puede que millones de personas que, cuando se produjo la tragedia, quedaron aplastadas por los cascotes, sepultadas bajo los desprendimientos, fusionadas con sus contrapartidas de otras dimensiones, o desgarradas por la pérdida de algún familiar o ser querido. Había sido demasiado para ella, y, al final, había colapsado. Había permanecido en coma cinco largos días, y justamente había despertado en el preciso momento en el que Raven, la otra Raven, se había marchado de la playa de Happy Harbor, después de haberse enfrentado al doctor Luz, teletransportándose junto a Brian Bird, que había resultado herido en la trifulca. Su intención había sido llevarlo a la enfermería del Monte Justicia... pero nunca llegó. Porque ella había tenido que despertar en aquél preciso momento, pillando a la otra Raven en mitad de su salto entre dimensiones. Su álter ego había desaparecido, presumiblemente fusionada dentro de ella, o volatilizada ante la imposibilidad de la coexistencia de ambas en el mismo universo, o quizás perdida para siempre en alguna dimensión de pesadilla, y Brian Bird se había desvanecido con ella, siendo su destino aún más incierto, porque, si bien había pocas posibilidades de que la otra Raven aún continuara existiendo, nada se sabía de lo que le podría haber ocurrido al niño.

En los cinco días que había estado en coma, Raven había podido ver a través de los ojos de la otra chica, la que se hacía llamar Rachel. Había sentido lo mismo que ella, había experimentado su misma amargura cuando había cortado con Garfield, los mismos sentimientos de camaradería hacia sus compañeros. Había visto el rostro de Brian, y aquél era un rostro que la atormentaría por siempre.

Ella no había elegido el momento en el que había despertado, y realmente ni siquiera había tenido la opción de elegir si deseaba hacerlo. No habían sido pocas las ocasiones en los últimos meses en las que se había lamentado amargamente por ello. Porque su otro yo, Rachel, ya tenía toda una vida montada en aquella dimensión. Había crecido junto a aquellos Titanes. Eran sus amigos, no los de ella. Incluso había llegado a forjar algo más con Garfield, algo hermoso que a ella le estaba vetado. Raven no conocía a ninguno de aquellos chicos. Sus compañeros, Kory, Donna, Joseph... no estaban en aquél universo, el Víctor de aquella dimensión estaba en la Liga de la Justicia y Richard era más mayor que el que había dejado atrás. Wallace tampoco era su Wallace, el muchacho que había llegado a significar tanto para ella. Ella era, en suma, una desconocida, una extraña para todos ellos. Era uno de los motivos por los que había decidido abandonarles para trasladarse a Gotham. Andrew la necesitaba. Con él se sentía necesaria, útil. Era más de lo que podía decir de su presencia en el Monte Justicia.

No, sería injusto decir que ella había tenido la culpa de lo que les había ocurrido a Rachel y a Brian, pero a pesar de ello no podía evitar sentirse culpable.

Así que Joanna era una diosa... Richard no le había comentado nada, pero suponía que eso justificaba su desaparición. Quizá fuera otra de las cosas que se le podían achacar al efecto Omega.

Agachó la mirada y soltó finalmente la capucha, dejando que sus manos descansaran mansamente en su regazo. No quedaba en ella vestigio alguno de la tensión experimentada segundos antes; su apariencia volvía a ser la de una muchacha relajada y serena, y si Nicrom había estado pendiente de la carretera en aquél instante era posible que se le hubiera escapado.

- Aún así te lo agradezco -volvió a decir en tono suave-. Pude ver los esqueletos que salían del portal, y puesto que sigo viva, no puedo más que presuponer lo que has debido de hacer. Has sido muy valiente, no todo el mundo habría estado dispuesto a enfrentar tales horrores por una completa desconocida. Creo que eres mejor persona de lo que estás dispuesta a admitir, incluso para ti misma...

Los ojos de la azariana se clavaron en los de la rubia, por alguna misteriosa razón visibles por debajo de la capucha, y Nicrom tuvo la impresión de que aquellos orbes color acero podían atravesarla hasta llegar a los lugares más escondidos y recónditos de su alma. De alguna manera tuvo la certeza de que había pocos secretos que se le pudieran ocultar a aquella mujer. Definitivamente la rubia tenía poco o nada que ver con Deathstroke...

- Hydra... ¿qué es Hydra? -inquirió con la misma calma con la que había hablado hasta el momento.

Raven no la conocía porque aquella organización pertenecía al universo vecino con el que habían colisionado, y en los meses que habían seguido al choque de dimensiones ella había estado muy ocupada asimilando todos los repentinos cambios que se le habían venido encima de golpe. Un buen día se había levantado por la mañana para ir a desayunar con un compañero de universidad, había entrado en coma y al despertar la mitad de su grupo estaban desaparecidos o muertos, a la otra mitad no les conocía de nada, Richard era más mayor y no la reconocía, a Garfield le había partido el corazón, Víctor no estaba, la Torre de Nueva York ya no existía... Había sido muy duro para ella, y había tenido que meditar mucho para evitar que su mitad demoníaca se descontrolase, especialmente después del colapso que había sufrido el día de la Colisión.

Habían conocido a nuevos grupos de héroes, como los X-Men y la MKL, pero Raven no había tenido el tiempo, ni la disposición, ni la actitud para investigar grupos nuevos de villanos, pero, a pesar de todo, no vaciló a la hora de responder a la pregunta planteada:

- Por supuesto... te ayudaré.

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MensajeTema: Re: ¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)   

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¿Atacar un museo? ¡Nunca más! [12/12/2018](Raven)
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