Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 [Mini-Evento] La cura para uno mismo — (Elysia Stavridis, Erin Gallagher, Nethel, Gabriel LeBlanc, Roy Harper) — 8 de Marzo de 2019

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Moriyama Fuka
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MensajeTema: [Mini-Evento] La cura para uno mismo — (Elysia Stavridis, Erin Gallagher, Nethel, Gabriel LeBlanc, Roy Harper) — 8 de Marzo de 2019   14th Septiembre 2017, 16:19

Contempló cómo los cálidos colores del amanecer ahuyentaban las últimas estrellas, tiñendo el cielo de un tono pastel que poco a poco se volvía incandescente, cubriendo el horizonte de vida. Miraba las nubes, primero con la mente en blanco, dejando simplemente que el paisaje le empapara de la calma que le otorgaba su hogar. Había llegado el momento de abandonarlo, y sin embargo, dudaba.

Moriyama adoraba las noches estrelladas, y en aquella recóndita cabaña en mitad del bosque tan sólo los árboles privan sus ojos del cielo más maravilloso que podía contemplarse en la era moderna. A menudo vagaba por el bosque hasta encontrar un claro que le permitiera perderse bajo la luz de la vía láctea, y contemplar con una sensación, que para él no podía ser descrita de otro modo que amor, el vasto infinito perlado de astros.… O al menos, con lo más cercano al amor que el japonés había sentido en sus alrededor de treinta años de vida. El firmamento tenía algo mágico que le hacía olvidarse de cuanto había vivido y como toda bella ilusión, desaparecía con el amanecer.

Toda su vida se había centrado en mantenerse aislado, en dejar atrás la civilización para no poner a nadie en riesgo. Hasta ahora. Había llegado una carta, y en ella una noticia que le forzaba a ponerse en marcha…



Papara - Tahiti - Polynesia Francesa
Viernes 8 de Marzo de 2019, 08:43


Siendo una ciudad reconocida por las grandes olas y su predisposición al surf, Papara es una ciudad repleta de turismo. No es fácil que por donde sea que uno intente moverse, turistas y tendederos salgan al paso, pretendiendo vender distintos souvenirs, o pidiendo en varios idiomas que alguien sostenga una cámara y les saque una foto. Lejos del movimiento y las zonas más concurridas de la ciudad, se ha instaurado un pequeño “puerto” clandestino en una de las pequeñas islas, rozando la frontera con Mataiea.

James camina nerviosamente por la cubierta, de un a otro lado esperando a que lleguen sus invitados, pero están lejos de estar listos. Aun en la arena descansan varias cajas repletas de comida enlatada y secada, indispensable para el viaje que tenían por delante. Y pese al dinero que descansaba en su bolsillo y la promesa de recibir todavía más al llevar al grupo a su destino, James Morrison estaba intranquilo. La cantidad de ceros había hecho que se lanzara a firmar un contrato sin pensar dos veces en las consecuencias de sus actos. ¿Quién iba a pagar tanto dinero por un simple trayecto de ida y vuelta? ¿Qué implicaba el coste de ese viaje?
Tal vez estaba traficando con esclavos. Niños secuestrados y prostitutas.
Una fría gota de sudor bajó por su morena frente y fue a perderse en la descuidada barba. Sus ojos navegaban por el pequeño islote esperando ver al fin a los rufianes que iban a abordar su barco. Pero más lejos de la blanca arena y las altas palmeras, allí todavía no había nadie.
Sintió los nervios posarse en la boca del estómago y por un instante tuvo la sensación de sentir el mareo que algunos bien conocían como las náuseas que traían consigo las olas del mar. Ese pensamiento le hizo enderezarse y tomar una profunda bocanada de aire. Era el capitán de un navío, y no era su lugar, el sentirse enfermo sobre el mar. Hacía un día hermoso, de cielo despejado y el caluroso sol se reflejaba sobre el mar centelleando como si el agua compusiera un mosaico de piedras preciosas. Y alejada de la costa, donde los arrecifes de coral y superficial suelo marino no pudiera embarrarla, descansaba su orgullo.

Meherio era una nave hermosa, o más bien, un pequeño crucero. Había espacio de sobras para aquellos que tenían que abordarlo, suficiente para que la tripulación pudiera seguir llevando a cabo sus tareas sin importunar unos a otros. Y pronto sería recorrida por personas que hasta donde él sabía, no conocían los peligros del mar. Las olas de espuma lamían su embarcación, invitando a la promesa de una travesía agradable. Las camarotes que iban a alojar a los siete invitados estaban ya preparados a estribor y dispuestos a la espera de los equipajes que durante el próximo día acarrearía en ida y vuelta.

Caminó hasta la popa y de un salto, bajó del barco. El agua fría le ayudó a despertar de aquello que se les venía encima y dobló el torso para que el líquido cristalino cubriera sus manos en forma de cuenco, para luego mojar su cuello y nuca. El mar le hacía sentir vivo y le daba fuerzas, y con un aire reanimado, caminó hasta la arena, sentándose a esperar el resto.

Lo que no sabía James, era la naturaleza de su misión. Cualquier cosa que pudiera imaginar, se aferraba estrechamente al concepto de mundo que tenían antes del incidente de la colisión. Pero no, eso iba mucho más allá. En una isla cercana se escondía una base subterránea que se extendía durante un par de kilómetros bajo el suelo marino, donde una organización llamada Essentia Verum había encerrado contra voluntad a cientos de niños y adultos de todas las razas y géneros con una única cosa en común. Un don, bien innato o adquirido, que les permitían hacer cosas únicas y excepcionales. Pero ese lugar no era una cárcel, no era un recinto donde apartar a monstruos. Eran unos laboratorios, cuyo objetivo era aislar el gen humano que portaba aquellos poderes y encontrar un modo de neutralizarlos. Alguien sabía que eso era así, y peor aún, que estaban a punto de lograrlo. Y por ello habían extendido su influjo, valiéndose de contactos y su poder político para ponerse en contacto con varios grupos, a la espera de poder reunir un grupo de gente que pudiera detener a Essentia Verum, antes de que su “suero” pudiera caer en malas manos. Así contactó una mujer llamada Nia con ShadowPact y Shield, a la espera de que pudieran asistirle en robar y destruir esa vacuna.
Si alguno de los miembros de este improvisado grupo fuera a traicionarla, y quedarse para sí el experiento, tendría que ser la propia Nia quien les diera caza… Pero esperaban que las cosas no llegaran hasta ese punto.

El primero en llegar fue un hombre adulto, de largos cabellos enmarañados y un aspecto más bien andrajoso. ¿Quién vestía totalmente de negro en esa isla, a pleno sol y con un tiempo tan caluroso? Aun así el hombre se acercaba a pasos lentos y con el aire perdido de quien no está del todo seguro de lo que dice o lo que hace. Morrison estaba preparándose ya para mandarle de vuelta a su casa cuando el extraño habló en una voz ronca.

- ¿Tetiaroa?

Morrison asintió, sin terminar de entender qué hacía aquí aquel hombre. Pero antes de poder preguntar, el moreno caminó dentro del barco y se instaló. Todo estaba preparado. Tan sólo quedaba esperar. Poco a poco llegarían aquellos que habían acudido a la llamada, bien ante la promesa del dinero ofrecido a cambio, de ganarse el favor de alguien que según Nia, era un formidable aliado con poder e influencia en varios países, o con el objetivo propio de sacar algún beneficio de aquél laboratorio.

La siguiente en llegar, fue la propia Nia. Una joven de rasgos asiáticos, cabello largo y negro, liso y ojos violetas. Llevaba una chaqueta negra con capucha y una katana colgada a su espalda que era casi más larga que ella. James la repasó de la cabeza a los pies, curioso por su arma y el aspecto discordante de la mujer. Sin embargo ella se movía con la calma de quien está acostumbrado a ese tipo de trabajo y no pareció sorprenderle en absoluto la mirada inquisitiva del capitán, o el extraño aspecto del hombre que había subido antes que ella.

- Morrison - preguntó la joven con un marcado acento japonés, a la par que sacaba un sobre del bolsillo. - El resto del pago. Saldremos de inmediato en cuanto lleguen todos los demás. Sin preguntas.

James no estaba acostumbrado a recibir órdenes. Pero tampoco era de aquellos que se arriesgaba a perder un negocio por orgullo y sus ojos avariciosos contemplaron el grueso sobre que sostenía la asiática.

- Sin preguntas. Pero dentro del barco, se hace lo que yo diga. Mi nave, mis órdenes.

Nia sonrió abiertamente, quitándose la capucha y sentándose en otra de las cajas que descansaban en la arena, a la espera de ser cargadas en el barco.

- Lo que usted diga, capitán.

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Roy Harper
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La cura para uno mismo — (Elysia Stavridis, Erin Gallagher, Nethel, Gabriel LeBlanc, Roy Harper) — 8 de Marzo de 2019   17th Septiembre 2017, 19:54

Su móvil sonó. Respondió con su habitual tono amable. La voz del otro lado de la línea le preguntó por un trabajo pasado.  La llamada le resultó un tanto extraña. Se removió algo en su interior, una suave nostalgia le invadió por un instante.  Parecía que de ese momento había transcurrido una eternidad. Ahora su vida era radicalmente diferente. No podía establecer cuál fue el momento en el que todo cambió de rumbo. Quizá fue el efecto Omega o quizá fueron sus esfuerzos por mejorar no lo podía asegurar con precisión absoluta. Quizá fuera una mezcla de ambas cosas. El pelirrojo no se esperaba que nadie le volviera a llamar por aquella labor del pasado. Un voz femenina le pedía colaboración para una arriesgada misión. El arquero estuvo tentado de responder negativamente pero la curiosidad le pudo y aceptó. Además el dinero nunca venía mal y se encontraba en un momento, que si bien no buscaba enriquecerse, cualquier dinero extra le venía bien. Le había  llegado una pequeña sorpresa que le generaba un aumento de sus gastos. Para qué mentir también le gustaba sentir la adrenalina corriendo por sus venas cuando se enfrentaba a un peligro inquietante y posiblemente mortal.

En una caja de papeles entremezclados encontró una pequeña tarjeta. Un reducto de una época anterior.  Miró una y otra vez la tarjeta desgastada y arrugada. Pasó sus dedos por el logo y luego por el número de teléfono. Esa propaganda que una vez inundó varias ciudades de Estados Unidos y que creis que ya estaba olvidada y enterrada. Hacia mucho tiempo que no veía ni aquel número ni pensaba en aquella empresa. Ren a Bat, RedArse (culo rojo) como la llamaba en la intimidad y de forma jocosa Roy, una empresa que había formado con su buen amigo Jason para ayudar y dar salida a sus trabajadas habilidades. Su actividad empresarial que había fracasado estrepitosamente y había fomentado la separación del equipo Red Hood & Arsenal.


Después de colgar la llamada se sintió un poco inseguro. Miró al bebé que dormía en la cuna, su principal preocupación en esos momentos. Su retoño. ¿Estaba siendo un imprudente al embarcarse en un misión cuyo riesgo era elevado? Suspiró. No quería repetir la historia de su padre. No quería dejar a otro Harper huérfano. Era aún muy pequeña pero en nada iba a necesitar muchas cosas y Roy no tenía nada ahorrado. Siempre se había fundido todo el dinero que disponía. No sólo era él dinero. Lo que más le importaba era el bienestar de los inocentes. Según había relatado la mujer del teléfono era una organización que raptaba personas para experimentar con ellos. ¿Podía vivir sabiendo que tenía la oportunidad de salvar a unas personas que estaban sufriendo y les había negado su ayuda? ¿Cómo iba a decirle a su hija que había que ayudar a los demás y luchar por un mundo mejor si él negaba su ayuda a esa gente? ¿Cómo iba a mirar a Liam a los ojos y educarla en los valores de cooperación y convivencia si cerraba los ojos cuando sabía que se estaba cometiendo una injusticia? ¿Cómo decirle que hay que enfrentarse a las injusticias si dejaba que se siguiera perpetrando aquel ultraje? No podía engañar a su pequeña. No se le daba nada bien mentir ni vivir ocultando cosas o en estados que él consideraba de hipocresía.  

Cerró fuertemente los ojos y se mentalizó. Había tomado un decisión un tanto irresponsable pero iba a volver a casa con su hija. Iba ir a aquella misión, iba a evitar tomar riesgos innecesarios, iba a preocuparse por su integridad física e iba a volver sano y salvo a su casa con su bebita. ¿Estaría bien dejarla al cuidado de otras personas algunos días? Acarició la carita de su niña. Y mejor una persona que no hiciera muchas preguntas ni cuestionase sus decisiones dejando patente que era un tanto imprudente y temerario. Oliver no, Dinah seguro que le reñía, sus amigos de los titans no deberían enterarse, ¿Jason? No, posiblemente ni siquiera pudiera hacerse cargo de un pez de colores  … Cogió el teléfono y llamó a Artemis. Su familia estaba formada íntegramente por villanos seguro que no le parecía muy mal su decisión.  Mejor decirse simplemente que necesitaba que cuidara a Liam unos días y ella pensase lo que quisiera: que era por su trabajo o que tenía un ligue, lo que fuera.

Habiendo dejado a su pequeño y lindo tesorito a buen recaudo, partió hacia el lugar donde estaba el lugar de reunión. Tomó un avión rumbo a aquel lugar. Allí conocería a sus compañeros de aventura y podría librar aquella cruzada. Se alegró de que el punto de encuentro fuera una playa en un lugar paradisíaco.

- Pues va a ser un problema porque yo hago muchas preguntas. Me ayuda a mantener los nervios a  raya.- comentó el pelirrojo con un matiz chistoso. Acababa de llegar y sólo había podido captar la respuesta de Morrison.

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Gabriel Leblanc
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La cura para uno mismo — (Elysia Stavridis, Erin Gallagher, Nethel, Gabriel LeBlanc, Roy Harper) — 8 de Marzo de 2019   19th Septiembre 2017, 16:16

Seguramente, si le pidieras a una persona cualquiera que describiera el lugar perfecto para unas vacaciones acabaría imaginando algo muy parecido a Tahiti. Playas de arena tan blanca que casi parecía nieve, acariciadas por la brisa marina y un sol que jamás se apagaba fuera del mes que fuera. Las palmeras, el mar lleno de peces de colores y coral... No era de extrañar que aquel pequeño rincón del Pacífico atrajera a tantas personas en busca de un descanso. No era el caso de Gabriel, sin embargo. En ese momento, el mutante miraba por la ventana con gesto distraído, repasando con sus falsos ojos verdes la forma de las olas. A miles de pies debajo de él, en el mosaico de islas que sus antepasados habían llamado Polinesia Francesa, estaba ocurriendo algo terrible. Algo que debía ser detenido, si es que la información que SHIELD había recibido era correcta: En algún lugar de ese archipiélago, alguien estaba buscando un suero que transformara a los metahumanos en seres humanos corrientes, sin poderes que los diferenciaran de las personas que los rodeaban. En principio, no era una mala idea. ¿Cuántos mutantes habrían deseado nacer sin el gen X? Ser diferente era una carga, y si había una manera de evitarla... El propio Gabriel, años atrás, habría tomado ese "antídoto" sin pensárselo dos veces. Algo que no sólo silenciara las voces que oía en su cabeza, sino que además pudiera dejar indefensos a los que usaban sus poderes para delinquir... No sonaba como algo malo. Pero el problema, como siempre, estaba en los medios que se habían tomado para lograrlo.

Según los misteriosa mujer que se había puesto en contacto con SHIELD, la organización responsable de esa investigación estaba experimentando en secreto con seres humanos. Eso era algo que no se podía pasar por alto, así que, tras hacer los arreglos pertinentes, se había resuelto intervenir lo antes posible. Ese era el motivo por el que él estaba de camino a Tahiti, vistiendo un traje táctico en lugar de una camiseta. Sus órdenes para aquella misión eran muy sencillas. Detener a Essentia Verum, rescatar a los metahumanos que allí estaban retenidos... Y, a ser posible, averiguar algo más acerca del suero y los motivos que habían conducido a su investigación. Nadie se embarcaba en semejante proyecto sin un buen motivo, y la experiencia había demostrado que había pocas cosas tan tenaces como una sociedad secreta obsesionada con una idea. Y si no, que se lo dijeran a los agentes que habían tenido que lidiar con HYDRA.

El jet comenzó a descender, dibujando una suave curva sobre el azul del cielo. Estaban llegando, y tenía que prepararse para conocer a Nia... Y a quienquiera que fueran sus otros compañeros de equipo. Normalmente, no tenía problema alguno para colaborar con quien hiciera falta por el bien de la misión. Pero, a lo largo del viaje, había dado vueltas más de una vez a las verdaderas razones por las que la asiática, o quien fuera que hablara a través de ella, se había interesado por Essentia Verum en primer lugar. No tardaría en descubrirlo, suponía.

No mucho después de que Arsenal hiciera su aparición en la playa, el Capitán Morrison pudo ver como una cuarta figura se aproximaba a su posición por la playa. No se adaptaba mejor que los anteriores al ambiente isleño: Su uniforme, de un color gris plomizo, venía acompañado de un cinturón y una especie de arnés repleto de bolsillos y fundas para diversas armas de fuego. Si supiera que aquel pasajero pensaba abordar su barco con los bolsillos llenos de bombas de humo, granadas cegadoras y de fragmentación, munición varia y una o dos cápsulas de ácido, seguramente no lo hubiera dejado subir. Era más que suficiente para causar daños serios en el Meherio, y precisamente por eso, Gabriel no diría una palabra acerca del tema en su presencia. -Buenos días.-Había cubierto sus ojos con lentillas de color verde para evitar que alguien lo identificara como un mutante. De momento, era lo más prudente, aunque quizás hubiera que cambiar de táctica más adelante. -Por mi parte, podemos empezar cuando queráis... A menos que tenga que venir alguien más.-Comentó, con una seriedad que contrastaba vivamente con la despreocupación de Roy. Sabía que no debía precipitarse, pero en el fondo no podía dejar de lado el hecho de que, no muy lejos de allí, había gente inocente sufriendo. Y eso era algo que Gabriel nunca había acabado de llevar bien.

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Elysia Stavridis
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La cura para uno mismo — (Elysia Stavridis, Erin Gallagher, Nethel, Gabriel LeBlanc, Roy Harper) — 8 de Marzo de 2019   6th Octubre 2017, 11:27

No pude evitar soltar una pequeña risilla mientras leía las nuevas publicaciones de la red social. Me llevé la mano que no sostenía el ratón a los labios, y me mordisqueé las uñas sin poder aguantar la risa tonta.

¿Qué es tan divertido?— preguntó N a mi lado. Acababa de preparar un delicioso té de matcha, y me sirvió una taza con suma gracilidad. El novio perfecto ya se había acostumbrado a la inquieta vida de las Stavridis, y se dedicaba a ayudarnos con las tareas del hogar, la compra y la cocina. No había nada que N no supiera a hacer bien, pero lo peor de todo es que hasta haciendo la tarea más absurda y tonta era capaz de verse sensual y sexy. En serio, nadie puede ser sexy limpiando el váter. Pero él sabía serlo no sé cómo.

Todavía siguen subiendo fotos de la Comic Con y cada una es mejor que la anterior. — Ene se acercó a mirar la pantalla y yo le señalé una publicación en concreto. En ella salía el hechicero Asgardiano gritando con una mueca que le deformaba toda la cara.— No he podido olvidar de lo ridículo que fue aquel Loki amanerado... Menos mal que no era el verdadero, porque nos habría freído a todos por reírnos de él...Oh, ¡Mira esta otra!—volví a señalar. Esta vez la fotografía era de Chroma lanzando las espadas contra Loki. La verdad es que mi pose molaba un montón— Salgo genial ¿A qué sí?

Estas preciosa como siempre, querida Elysia. Pero las cámaras de fotos son incapaces de retratar vuestra verdadera belleza natural...— expresó N con un tono dulce y encantador.

Mi cara debió de ser todo un poema cuando la puerta de la entrada se abrió y Jake entró en el comedor acompañado por Erin, su compañera de clase y mi aprendiz de magia. Ignoré completamente el comentario de N y me acerqué a los dos chavales, que parecían cansados del horario escolar.

Ey, chicos, ¿Qué tal el instituto?— sonreí divertida y les indiqué que dejaran las mochilas y se sentaran a mi lado. Ene volvió a la cocina y les ofreció té verde y un poco de merienda para compensar el agotamiento.

Erin, mira esto...— le indiqué, girando el portátil para que viera mejor la pantalla. En un pequeño rincón del diario New York Times Online, rezaba un artículo que decía así: “¡Chroma y Fangirl! ¿Las nuevas heroínas de Nueva York?”.

Al parecer alguien nos hizo fotos el otro día y ha corrido la voz. Estas últimas patrullas han dado sus frutos... ¡Nos estamos haciendo un nombre! — expliqué orgullosa. Todavía se me hacía raro eso de ser una vigilante que defendía a los débiles de los abusones. Me sentía como la protagonista de una de esas series de dibujos animados para chicas, en las que la protagonista intentaba compaginar su vida normal con la de su vida heroica.

De pronto, un mensaje privado saltó a la pantalla y se iluminó en rojo. Clické encima de él y lo abrí curiosa. Había sido una buena idea eso de hacer una red social a nombre de Chroma y Fangirl, así podíamos darnos a conocer y la gente empezaría a confiar en nosotras para pedirnos ayuda si algo grave sucedía. Aunque de momento nadie había usado los mensajes privados para eso. Normalmente nos llegaban tonterías de los seguidores, spam, o publicidad. Pero aquel mensaje fue diferente a todos los anteriores.

La autora se llamaba Nia y parecía estar interesada en nuestros mágicos servicios. La historia que explicó me dejó helada. Una malvada organización estaba secuestrando hombres mujeres y niños especiales para estudiarlos y experimentar con ellos, y crear un suero que era capaz de quitarles los poderes. Sonaba terrible… ¿Pero hasta qué punto aquella información era fiable? Sólo había una manera de comprobarlo.

Erin, ¡La justicia nos llama! — dije con un tono muy serio y poniéndome en pie de golpe. El castaño alzó una ceja curioso.— Mañana te ayudaré con los deberes, pero ahora, alguien necesita a Chroma y a Fangirl.

Les mostré a los dos chicos el misterioso mensaje de Nia y Jake automáticamente preguntó:

—¿Y cómo pensáis ir a Tahití?

No tenemos presupuesto para coger un avión...— dije mientras comprobaba los vuelos de última hora en una agencia de viajes barata— Los precios no bajan de los dos mil dólares… así que no habrá más remedio que hacerlo a la manera tradicional…

¿Andando?

***

Terminé de ajustarme las botas altas y me miré al espejo adoptando una postura guerrera. Llevaba puesto el traje blanco y azul de Chroma, con su impoluta minifalda (con pantalones cortos debajo, por supuesto), los guantes largos aislantes que me protegían de cualquier elemento, un casco duro para los golpes con un visor que escondía mi identidad y la larga capa blanca que me daba un aire más de superhéroina. Satisfecha con mi imagen, me dispuse a dibujar el traje de mi compañera Fangirl.

Este va a ser un trabajo diferente al que estamos acostumbradas, ¿Vale, Erin? Así que vamos a  ser más precavidas de lo normal. Y sobretodo, no te separes de mí...

¿Todavía no habéis terminado de vestiros? Sí que sois lentas… —resopló Jake.

Una vez terminamos los preparativos, el aprendiz de Patroklos aka “la enciclopedia humana”, me transcribió unos hechizos que utilizaba el padre de Elissa para viajar de una punta a otra del mundo cómodamente. Esperaba que el entrenamiento de Aureole diera sus frutos, y pudiera imaginarme sin problemas el lugar a dónde debíamos ir.

Μπείτε στο Tahiti —repetí varias veces en voz alta, mientras hacía un círculo de tiza en la pared del comedor. Pensé en las playas de Tahití e imaginé un cielo despejado, con el sol ardiente colgando sobre la esfera celeste. Podía sentir el calor en mi piel y las palmeras ondeando al viento. La brisa marina golpeando mi cara mientras respiraba el delicioso aire salado. Sus aguas limpias y cristalinas, el sonido del encuentro de las olas...

El portal se abrió de repente frente a nosotras, y nos despedimos de Jake. Aparecimos en una orilla entre Papara y Mataiea. Concretamente, salimos de un agujero en el suelo que nos dejó semienterradas en la playa. Tuvimos que estar un buen rato quitándonos los restos de granos blanquecinos que se habían colado dentro del traje.

He pensado demasiado en la arena...— me disculpé, mientras miraba a mi alrededor. Aquel lugar era bellísimo. — Una pena estar aquí por temas de trabajo y no de vacaciones...

No tuvimos que caminar mucho para encontrar el lugar donde habíamos quedado con Nia. Deduje que la mujer asiática que estaba sentada en una de las cajas era nuestro contacto. La chica era muy guapa, tenía el cabello largo negro y liso, y unos ojos violetas que destacaban con la oscura chaqueta. A su lado tenía a dos hombres altos; uno de ellos tenía los cabellos dorados y los ojos verdes. Me quedé unos segundos mirándole fijamente hasta que recordé dónde había visto esas facciones antes… se parecía sospechosamente a Gabriel, aquel chico que fue a visitar la mansión de Charles Xavier y era amigo de Alice.

El otro era un chico más musculado y fibroso que el agente de negro. Llevaba un traje rojo brillante y una gorra estilo skater que le quitaba toda la seriedad del mundo. Su media melena pelirroja caía por encima de sus hombros y una máscara del mismo color cubría su rostro. Pero lo que más destacaba eran los tatuajes en verde de sus brazos desnudos, que contrastaban con el rojo del conjunto. El estómago se me encogió cuando me di cuenta de lo que tenía tatuado en la piel: Una calavera, un bicho con alas, un escorpión… no puede ser.

En serio. ¿Qué clase de broma es esta? ¿Roy Harper y Gabriel Leblanc agentes secretos? Qué pequeño es el mundo...

¡Chroma y Fangirl se presentan!— dije con mucha energía, intentando recuperar la compostura. A pesar de que ya conocía de antemano a mis compañeros de misión, no podía arriesgar mi identidad y la de Erin. Aún debía estudiar sus comportamientos...

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Nethel
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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La cura para uno mismo — (Elysia Stavridis, Erin Gallagher, Nethel, Gabriel LeBlanc, Roy Harper) — 8 de Marzo de 2019   11th Octubre 2017, 12:40

Observó a través de los cristales de las gafas de sol el paisaje casi paradisíaco que se extendía frente a ella. Las olas acariciaban la blanca arena con suavidad, y las palmeras rodeaban la playa por todas partes. Había varios turistas, algunos con camisetas hawaiianas y helados, y otros con bañadores y tablas de surf, y se respiraba un ambiente tranquilo y vacacional. Desde luego, era el lugar perfecto para las mejores vacaciones, y no le importaría haber ido allí con ese propósito. Sentarse en alguna de las tumbonas con un refresco tropical y relajarse con el sonido del mar. Nunca habría pensado que llegaría a estar en un lugar tan bonito, casi parecía sacado de una postal, o de una película.
Hacía mucho que había dejado de soñar en cosas así. Sin embargo, allí estaba, aunque el motivo que la había traído hasta esa isla era muy diferente a lo que podría haberse imaginado nunca.

Hacía unos días habían contactado con ella para aquella "misión". Por lo visto, una organización clandestina había estado secuestrando a personas, sin importar la edad, para experimentar con ellas, y querían formar una especie de equipo de rescate. La historia le había parecido escalofriante, pero le sorprendió aun mas cuando su maestro le instó a aceptar la invitación. Seria su primera vez en acción después de acabar el entrenamiento, y era una buena manera de poner en práctica lo aprendido, a la vez que de darse a conocer y trabajar por una buena causa.
Esas habían sido sus palabras, y Nethel no había creído ni por un momento que a su maestro le importaran en absoluto las buenas causas.

De todos modos, si él lo decía no tenía mas alternativa que ir, y además le había ingresado el dinero suficiente para el vuelo mas barato, y había podido pedirse vacaciones en el trabajo durante unos días. Sin embargo no era ni por asomo lo que ella habría calificado como vacaciones. El vuelo había durado mas de un día entero, había tenido que hacer paradas en otras ciudades, primero en París y luego en los Ángeles, antes de poder coger por fin su vuelo hasta Tahití. Y le había ido de muy poco, pues el vuelo a los Ángeles se había retrasado una hora y había tenido que correr para coger el siguiente. A pesar de ello, había conseguido llegar a su destino.

Estaba bastante nerviosa por lo que les esperaba a ella y al grupo de desconocidos con el que se encontraría en breves, y si no fuera porque había pasado más de veinticuatro horas de viaje y estaba agotada, no habría podido pegar ojo la noche anterior. Pero había dormido como un angelito nada mas tumbarse en la cama, en un hotel de la zona, con tejado de paja y decoración turística con motivos de la cultura polinesia.


Se acercaba la hora y ella caminaba nerviosa por la playa en dirección al punto de encuentro. Parecía otra turista perdida mas, con un mapa y un sombrero ancho para proteger del sol, ademas de bastantes litros de crema solar. Llevaba una mochila con todo lo que le pareció necesario, y ropas sencillas pero cómodas. Le resultaba extraño caminar con sus tatuajes al aire, pero con el calor que hacia no había sido capaz de ponerse su abrigo habitual con capucha. En lugar de eso vestía unos pantalones largos de tela fina pero elástica, y unos zapatos deportivos que a esas alturas ya estaban llenos de arena, y una camisa blanca con las mangas remangadas a la altura del codo.

No estaba muy segura de si sabría encontrar el sitio, pero en cuanto lo vio, se le quitaron las dudas por completo. Un grupo de gente se reunía cerca de un barco, con aspectos de lo mas variopintos. Guardó el mapa y se acercó con algo de timidez a la pequeña reunión, escuchando los retazos de conversación que podía mientras se aproximaba. Se aclaró la garganta cuando llegó, haciendo notar su presencia.

-buenos dias... Espero no haber llegado tarde...- dijo en voz no muy alta, mirando a los demás asistentes uno por uno, y tratando de hacerse una idea de la clase de persona que serian.

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Erin Gallagher

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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La cura para uno mismo — (Elysia Stavridis, Erin Gallagher, Nethel, Gabriel LeBlanc, Roy Harper) — 8 de Marzo de 2019   17th Octubre 2017, 17:53

Lunes, examen de Matemáticas.
Martes, partido de clasificación contra los de Décimo.
Miércoles, raid contra Sartheras y su culto demoníaco.
Jueves, terminar el trabajo de Ciencias.
Viernes, salvar el mundo.

A veces me preguntan cómo puedo compaginar mi vida de estudiante con la de superheroína. Mentira, no me lo preguntan, porque nadie sabe que Erin Gallagher, alumna modelo de Noveno curso, es en realidad Fangirl, la sidekick de Chroma. En cambio, sí que me preguntan a menudo quién diablos son Fangirl y Chroma. Pues bien, para los que no lo sepáis, ellas son la nueva generación de superheroínas, la última esperanza de la Humanidad... y también un par de novatas.

Para ser sincera, estoy un poco decepcionada. No tenemos Chroma-cueva, ni Chroma-móvil, ni Chroma-nada. Por supuesto que sería aún mejor si tuviéramos Fan-cueva, Fan-móvil y Fan-pistola; pero de momento tenemos que confirmarnos con el piso de Elysia, que es nuestra base de operaciones. Eso sí, cumplimos dos clichés más con un mayordomo (que está de mejor ver que la mayoría) y un perro (porque todos los héroes necesitan su mascota mágica). Y luego están Jake y Elissa, que contarían como extras. Puedo pedirle a Lissa que sea la novia a la que siempre secuestran, y Jake... creo que Jake sólo sirve para beber Coca-cola. Y podéis creerme, porque llevo dos semanas intentando terminar un proyecto de ciencias con él.

Pero volvamos a nuestra historia...

Mansión Stavridis, la Fan-cueva.
Jueves por la tarde.


Ey, chicos, ¿Qué tal el instituto?— preguntó Elysia, sonriendo, mientras Jake y yo dejábamos las mochilas y N nos traía la merienda.

Breve inciso para decir que aún no sabía que "ene" era por "Novio". En mi cabeza, era el diminutivo de "No se puede ser más guapo sin que sea delito" o "Nunca pensé que pudiera haber alguien más mono que Billy Batson hasta que te conocí". ¿Qué? Sigo siendo fiel a Billy, pero me lo ponen difícil.

Erin, mira esto...— dijo Lyz, mientras giraba el portátil hacia mí. Casi chillé de la emoción al ver nuestros nombres en el NYTO. Bueno, "casi" no; de hecho, chillé. — Al parecer alguien nos hizo fotos el otro día y ha corrido la voz. Estas últimas patrullas han dado sus frutos... ¡Nos estamos haciendo un nombre! — continuó.

¡Dos nombres!— señalé, sin pensar, ampliando la noticia para verla mejor. Siendo justos, era bastante pequeñita. —¡Eh, tienes un MP!— añadí, pero Lyz también lo había visto y ya estaba abriéndolo. Me hice un pequeño hueco a su lado, olvidando a Jake y el proyecto de Ciencias. ¿A quién le importa la clorofila cuando el mundo está en peligro?

Erin, ¡La justicia nos llama! — dijo Elysia, y yo me puse en pie de un salto, como si realmente la Justicia acabara de ponerse sobre una tarima con una lista diciendo "Gallagher, Erin" en voz alta. Mi compañero de clase puso
su cara de escéptico y mi Maestra continuó—Mañana te ayudaré con los deberes, pero ahora, alguien necesita a Chroma y a Fangirl.

Mientras Jake y Lyz hablaban del transporte, yo me dediqué a vaciar la mochila de todo aquello que no fuera estrictamente necesario para la aventura que teníamos por delante. ¿Calculadora? No. ¿Flauta? No. ¿Libro de Matemáticas? No. Bueno, tal vez como arma. Pero mejor no. ¿Estuche y libreta? Sí, eso sí. Eso siempre. Tenía que subir un capítulo nuevo de "Across the Stars" antes del domingo.

Vais a tener que dejarme ropa— dije, alzando la mirada hacia Jake y Lyz.

Un par de horas después, ya con la bolsa lista y habiendo avisado a mi padre de que "me quedaba a dormir en casa de una amiga" ("Papá [17:30h]: ¡Mucho cuidado, señorita!"), observé cómo mi maestra se enfundaba en su traje.

¿Puedes hacerme uno de jedi esta vez?— le pedí, ilusionada. Aún no me había decidido por un estilo concreto, y le pedía algo distinto cada vez que salíamos de patrulla. Es genial tener una compañera que puede dibujar cualquier cosa. Pensad en las posibilidades: una nueva era de cosplay sin sufrimiento.

Lyz resopló un poco, pero me hizo caso. Pronto estuve vestida con una bonita túnica, pantalones holgados y botas altas.

Este va a ser un trabajo diferente al que estamos acostumbradas, ¿Vale, Erin? Así que vamos a ser más precavidas de lo normal. Y sobretodo, no te separes de mí...

Sí, sí...— suspiré. Siempre se preocupaba demasiado. Supongo que no quería que mi padre la llevara a juicio si la liábamos demasiado parda.

Asistí, fascinada, a la preparación del conjuro que nos llevaría al otro lado del mundo. Por un momento, había pensado que nos subiríamos encima de Jake y que él haría los honores (pensadlo bien, cuando se despeina tiene un cierto aire a Nimbus 2000). Pero no, lo haríamos con un portal mágico, como en las instances del Worlds of Wishcraft, y no es que me esté quejando. Mi padre seguro que vería con mejores ojos un teletransporte místico que el hecho de subirme encima de un chico, aunque fuera para viajar.

Elysia se puso muy misteriosa, dijo algo que no entendí y, entonces, la Puerta Estelar se abrió.

Nos comimos, literalmente, una tonelada de arena de playa, pero valió la pena… creo.

He pensado demasiado en la arena...— dijo Lyz, mientras yo tosía todavía — Una pena estar aquí por temas de trabajo y no de vacaciones...

Tenía razón, claro. Pero no me dio tiempo a decírselo. Ella ya se había puesto a andar, cuando una voz masculina llegó claramente a mis oídos.

Señor Scott, telepórteme a bordo. ¿Me oye, Señor Scott?

Oh, no...

***

Llegué tarde, claro. Además de mi maestra, había dos mujeres, una tatuada y otra no; y dos hombres, uno tatuado y otro no. Por suerte para mí, Elysia no se había dado cuenta de mi retraso y aún se (nos) estaba presentando.

¡Chroma y Fangirl se presentan!— exclamó.

Y Oficial Científico Spock. Acudo como observador.— añadió una voz seca, a sus espaldas.

Estoy segura de que esto va en contra de la Primera Directiva.— objeté, mirando al alto vulcaniano que me acompañaba. Había intentado dejarlo en la playa con aquella excusa, pero debía de ser muy mala argumentando, porque no le había parecido lo bastante... lógico.

De ningún modo. No intervendré. Me limitaré a observar e informar a mis superiores.— respondió, sin ningún tipo de emoción.

Miré a Lyz, sintiéndome terriblemente culpable. Al menos, no iba a hacer absolutamente nada. Es decir, ni siquiera iba a usar el phaser en modo aturdir. No se me ocurría qué otra cosa hacer, porque era incapaz de “desconvocarlo” y no quería que se lo cargaran a espadazos. Le tenía cariño a Spock.

Eh… me ha seguido hasta aquí. Podemos… ¿quedárnoslo?



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MensajeTema: Re: [Mini-Evento] La cura para uno mismo — (Elysia Stavridis, Erin Gallagher, Nethel, Gabriel LeBlanc, Roy Harper) — 8 de Marzo de 2019   

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[Mini-Evento] La cura para uno mismo — (Elysia Stavridis, Erin Gallagher, Nethel, Gabriel LeBlanc, Roy Harper) — 8 de Marzo de 2019
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