Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]

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Eclipse
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MensajeTema: El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]    30th Septiembre 2017, 02:27


El auditorio Grace Rainey Rogers del Museo Metropolitano de Nueva York estaba abarrotado esa noche. Aquél día había habido una exhibición en la Sala de Exposiciones acerca de la obra del pintor y grabador japonés Katsushika Hokusai, del periodo Edo. Su trabajo fue prolífico y variado, pero sin duda su estampa más conocida y la que le dio mayor fama era "La gran ola de Kanagawa", protagonista indiscutida del concierto que pondría el broche final a la jornada. El concierto se llamaba "La Gran Ola, nota a nota" y, según el panfleto que había sido entregado a los asistentes, sería interpretado por un joven pianista y compositor bosnio totalmente desconocido en el mundo de la música.

El público aguardaba expectante, sentados en sus asientos y contemplando un escenario en el que los focos destacaban un piano, situado en una de las esquinas del mismo, y una de las copias originales mejor conservadas del grabado original, donada al museo por la esposa del coleccionista de arte Henry Osborne Havemeyer en el año 1929, que se encontraba expuesta sobre un pedestal a unos metros de distancia.

Cuando llegó la hora anunciada, un nuevo foco de luz alumbró la aparición en escena de un hombre alto, bien parecido, elegantemente ataviado con un sobrio traje de chaqueta negro y cuyo rasgo más representativo era el largo y oscuro cabello que le caía, perfectamente peinado, a ambos lados de su pálido rostro. El hombre, con un micrófono prendido en la chaqueta, avanzó hasta situarse al borde del escenario.

- Buenas noches -saludó antes de comenzar-. Mi nombre es Dragoslav Katich y soy... profesor de música -hizo una pausa, sonriendo, al escuchar los murmullos de sorpresa entre los asistentes-. Bueno... también soy compositor, pero, por azares del destino, hasta hace muy poco nunca había pensado que podría dedicarme también a ésto. Antes que nada, querría agradecer al señor Bruce Wayne la oportunidad que me ha dado hoy, así como a dos personas maravillosas sin las cuales yo no estaría aquí esta noche: una es Cassandra Cain, mi prometida, y la otra es Elissa Stavridis, una gran amiga. Aunque ninguna haya podido acudir... se lo dedico a ellas, especialmente a Cassandra.

Su rostro se ensombreció levemente cuando dijo que no habían podido estar allí, pero la ilusión que le cubría hizo que nadie pudiera notarlo. Era inevitable... Por las noches siempre había trabajo para Batman y Batwoman, y Elissa... Hacía bastante tiempo que no sabía nada de ella. La psicóloga había dado por terminada la terapia y no le cogía el teléfono. Le había mandado un mail con la invitación al evento, pero no tenía muchas esperanzas de que fuera a acudir.

Todo cuanto había dicho era cierto; el bosnio se había pasado la vida encerrado en un caparazón que le aislaba del mundo y la música había sido siempre su vía de escape. A través de sus composiciones dejaba salir al exterior todos esos sentimientos y emociones que normalmente mantenía vetados ante los demás, razón por la cual jamás tocaba en público, ni siquiera ante sus alumnos. La relación con Cassandra le había ayudado a abrirse poco a poco, a dejar de inhibir sus emociones, y, por supuesto, la terapia con la doctora Stavridis le había sido también de gran ayuda. Sin ellas, lo que iba a hacer esa noche habría sido impensable.

Bruce le había conseguido aquella oportunidad hacía algún tiempo, pero Drago había querido que su primera interpretación en público fuera para Cassandra, y así lo había hecho, tan sólo dos noches atrás, durante la fiesta de cumpleaños del millonario, donde, además, había aprovechado para pedirle la mano a la asiática. La verdad, le habría gustado que estuviera allí aquella noche.

Retrocedió unos pasos hasta llegar a la altura del podio donde se exhibía la lámina.

- Estoy seguro de que habréis disfrutado con las obras del señor Hokusai, pero también sé que muchos de vosotros habéis estado todo el día esperando a que llegara éste momento para poder tener la oportunidad de ver más de cerca su pintura más famosa, ¿no es cierto? -volvió a sonreír al ver cómo la gente del público asentía y comentaban en voz baja entre ellos-. Bien... cuando el concierto termine podréis pasar por el escenario para verla bien. De momento...

Drago hizo un gesto al hombre que se encontraba arriba, junto a los controles del cañón proyector, y una imagen enorme de la lámina apareció reflejada en la pared de detrás del escenario.

- Ésta imagen que veis es una de las más conocidas del mundo, y seguro que la mayoría la habréis visto más de una vez -continuó apoyándose en el extremo del piano-. La cuestión es... ¿alguna vez os habéis parado a analizarla? Y no, no me refiero a las cuestiones artísticas, que por sí solas darían para llenar mucho más tiempo del que tenemos disponible. Cuestiones como la profundidad, el increíble uso del color y la perspectiva o la influencia que ha tenido en el arte occidental. No... por desgracia no soy entendido en la materia. Pero, como compositor, sí sé de contar historias, y hay una profunda, emotiva y conmovedora historia escondida en ésta imagen, para quien esté dispuesto a descubrirla.

Del bolsillo de su chaqueta sacó un puntero láser y lo utilizó para remarcar el contorno del pico central que podía observarse en la imagen.

- Ésto que veis aquí no es una ola más, es el Monte Fuji. ¿Véis como el brillante colorido de la obra se ensombrece a su alrededor? Posiblemente sea porque, en ésta historia, nuestra historia, está amaneciendo, con el sol saliendo desde el punto de vista del observador. Éstas nubes verticales que se proyectan hacia el cielo desde la montaña son, normalmente, un presagio de tormenta, lo cual es un indicativo claro de por qué está tan picado el mar. Ahora, fijáos en los barcos; ¿cuántos veis? -dejó unos segundos para que observaran la obra antes de proseguir-. Posiblemente al principio ni hayáis reparado en ellos, tanta es la fuerza e intensidad que el artista impregnó en las olas, en ese mar embravecido, que las frágiles barcazas de los pescadores casi pasan desapercibidas, ¿no? Mirad, hay tres. Dos aquí delante y otra más aquí, al fondo, escondida tras la ola. Fijaos en esos remeros, aferrándose a los remos, treinta hombres luchando para salvar sus vidas, simples manchas blancas que semejan ser gotas de espuma que se proyectan de la ola, tan efímeras y vulnerables como las mismas. Y, ahora, fijaos en la ola. ¿No os parece como si la cresta formara garras... a punto de abatirse sobre esos hombres? ¿No os transmite una sensación de... amenaza?

Guardó silencio, permitiéndoles un momento para observar bien la escena, para sentir lo que el artista había querido transmitir. Como profesor, a Drago se le daba bien comunicar y conectar con su audiencia. Tenía ocho años de experiencia y un talento natural para empatizar, cualidades que habían hecho de él un gran líder los últimos meses.

- Fijaos lo enorme que es la ola, y lo pequeño que resulta el monte en comparación. Claro, es cuestión de perspectiva, pero sin duda es intencionado. El artista pretendía reflejar lo poderosa, salvaje e indomable que es la naturaleza, y, también, implacable... La vida del artista no era fácil cuando estaba trabajando en ésta obra. Se encontraba sumido en la pobreza, acababa de sufrir un infarto y estaba muy reciente la muerte de su esposa. De ésta forma, tales sentimientos, tormentosos y convulsos, se vieron reflejadas en la imagen. Situar el monte en el centro tiene además otra finalidad, la de dirigir nuestra atención justo al punto en el que está teniendo lugar la acción, como un inmenso faro.

>>Y, por último... Por lo general cuando se observa ésta imagen uno tiende a olvidar que el sentido de la lectura en japón es de derecha a izquierda, mientras que para nosotros es en el sentido contrario. Cuando un occidental mira ésta imagen puede tener la impresión de que esos pescadores, tan vulnerables e indefensos ante la fuerza desatada de la naturaleza, están tratando de huir de la ola. Pero, si lo miramos en el sentido correcto, de derecha a izquierda, la historia es bien distinta...

Las luces del escenario se atenuaron al tiempo que los demás componentes de la orquesta iban subiendo y ocupando sus puestos.

- La obra se llama "La gran ola de Kanagawa", por tanto, la escena tiene lugar en la prefectura de Kanagawa, con Tokio al norte, el relieve del Fuji al noroeste, la bahía de Sagami al sur y la bahía de Tokio al este.


Los tranquilos y armoniosos acordes de un pequeño instrumento de cuerda semejante a un violín comenzaron a sonar, haciendo de banda sonora para lo que Drago narraba, en una voz que se había vuelto de repente mucho más cálida y suave:

- Los pescadores están frente a las costas de Kanagawa, seguramente de regreso de Edo después de haber vendido su pescado. La ola les amenaza, pero no pueden desviarse para huir, porque el camino a su casa se encuentra por esa ruta. El miedo atenaza sus corazones, pero saben que sólo enfrentando el peligro podrán volver al hogar... junto a sus familias. Y eso es lo único que importa.

Mientras hablaba, fue rodeando el piano hasta tomar asiento en la banqueta y sus dedos, elegantes y ágiles, empezaron a danzar sobre las teclas, arrancando una melodía que parecía simple, pero que derrochaba dulzura, la dulzura y el candor de aquellos hombres sencillos que debían afrontar cada día el peligro y la muerte para traer a sus hogares el alimento que sus familias necesitaban para sobrevivir. Lo único que importaba... Lo único que de verdad importaba.

- Y ahora... relajaos y acompañadnos en éste viaje... nota a nota.

Los efectos visuales comenzaron a reflejarse en las paredes vacías del auditorio, mostrando escenas del mar y gotas de agua estallando en miles de fragmentos irisados al compás de una melodía que se iba haciendo más intensa a medida que el peligro se hacía más evidente, transmitiendo la crispación del mar acunada por los intensos acordes de los violines. Una flauta oriental comenzó a sonar, destacando por encima del conjunto para volver a centrar la atención en los valientes marineros que se enfrentaban a las garras fantasmales de la espuma, y los tambores se hacían cada vez más y más profundos conforme la tormenta arreciaba. Y, entonces... el silencio, tan sólo quebrado por la voz rota de una mujer mecida en el compás de las teclas del piano, un lamento por las vidas de aquellos que se perdieron, aquellos que ya nunca podrían regresar mientras los efectos reflejaban gotas... gotas que se hundían llevando consigo a los espectadores a las profundidades del mar.

Pero no todo estaba perdido; una nota encumbrada en un atisbo de esperanza surgió del peculiar instrumento del principio remarcada por los tonos vivos del piano: No todas las barcazas se habían hundido. No todos los marineros habían muerto. Y de nuevo resonaban los tambores, pero ésta vez era un sonido de triunfo, no de amenaza, y los violines se permitían marcar tonos más alegres, y el tema principal resonó en toda su gloria mientras el auditorio se llenaba de destellos irisados con las luces de los focos y todo un coro de voces se unía a la solitaria voz que había entonado el lamento. Finalmente, con el triunfal apoyo de la batería, los barcos supervivientes regresaban al puerto, a casa...

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MensajeTema: Re: El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]    10th Octubre 2017, 10:15

Había repasado una y otra vez, el plan previsto para esa noche. Aunque pudiera parecer mentira, la preparación previa al golpe era a veces tan importante como el acto en sí. A lo largo de mis años como ladrona había podido ver y vivir en primera persona cada una de las situaciones imaginables en cuanto a preparación y ejecución se refería. Había incluso, participado en escenarios que se escapaban a aquello que me hubiera podido esperar. La gente se imagina por robo la mera sustracción de un objeto que no le pertenece. Con un robo se piensa automáticamente en un banco, en un atraco, pero puede ser mucho, mucho más. Para mi era un teatro. Planificaba el escenario y el atrezzo y en caso de que fallara el guión, la improvisación jugaba también su papel. Y por supuesto, antes de entrar a escena, preparaba con dedicación y esmero mi personaje. Fingir unos sentimientos que no eran los míos y esconder lo que realmente pensaba, era uno de mis fuertes, y aplicados al robo, a menudo lo convertían en un juego. Pero había mucho más. Mi poder. Aquella pequeña parte de mi capaz de hacerse intangible, me hacía la persona perfecta para entrar y salir de los lugares más seguros del mundo sin ser detectada, sin dejar huellas, y el hecho de que pudiera envolver objetos y personas en él, junto a la actuación, la planificación y la dudosa moralidad, me daban confianza. Esa confianza se convertía en soberbia y orgullo, y estaba convencida de que tenía en mis manos las capacidades para convertirme, sin duda alguna, en la mejor ladrona de Nueva York, sino en la mejor de todo el continente.

Pero no lo era. No todavía. Porque era capaz de salir sin dejar huella, dejaba a mis espaldas un rastro de crímenes fantasma. Dinero y objetos valiosos desaparecen, sin más. Sin puertas forzadas ni huellas en las habitaciones, en la gran mayoría de casos, sin imágenes en las cámaras que grababan los pasillos. Poco a poco, tenía la sensación de que me convertía en un mito. Algo que nadie cree que le pueda pasar, las historias de mis golpes tan inverosímiles que nadie les daría crédito. Como el coco y el monstruo del saco, una idea que siempre invitara a tener más seguridad, pero a la que no dabas crédito, no del todo. Esa idea me divertía, al principio, pero al final, no era suficiente. Era como participar en una película y no ver tu nombre en los créditos, dejar una huella en la historia, sin firma, sin nombre. ¿Cuánto tiempo sería necesario para que alguien se intentara atribuir mi trabajo? Fue ese concepto, el de perder el crédito a todo cuanto había hecho a lo largo de los últimos años, lo que me llevó a pensar que podía permitirme el capricho de bajar la guardia, y dejarme ver. Dar a conocer los poderes de Shade, y que los medios de comunicación hicieran el resto. Y para eso, necesitaba un buen público. Algo importante que pudiera hacer el eco suficiente para llevarse mi nombre consigo, para hacer que mi personaje encarnara al “mito”, y a la vez, tenía que ser algo pequeño, que pudiera manejarse con facilidad. Desde la colisión, habían aparecido ciento y un seres con poderes, y no me quería arriesgar a encontrarme a gente como Jean Gray, que pudieran paralizar mi mente y ponerme en riesgo antes de que pudiera ir. Tenía que quedarme el tiempo justo para que me vieran, no el suficiente para que ninguno de estos super hombres y mujeres tomaran cartas en el asunto. Planificación y previsión. Ejecución.

Esta vez no me había disfrazado entre los asistentes del concierto, como hubiera sido mi modus operandi cuando se trataba de galas y subastas. Había dispuesto el atuendo de Shade debidamente una hora previa a la exhibición y me encontraba escondida en el momento de abrir sus puertas. Como era de suponer, no había entrado por ninguna de ellas. Días antes había venido a familiarizarme con el museo, su estructura y la situación de cada una de sus galerías, y en particular, el escenario donde se exhibiría la estampa. A menudo los auditorios tenían la sala de control para el sonido y la iluminación frente al escenario. Pero no era el caso para el Grace Rainey Rogers, cuya sala de control se encontraba a la izquierda del escenario, en una pequeña habitación, y esa no era la única peculiaridad. Sobre el escenario no colgaban los andamios de luces y la estructura del telón. En su lugar, y siguiendo la ambientación del auditorio, había un techo de madera rubia y una estructura ligeramente elevada que tapaba la visión de los visitantes a todo aquello que hubiera sobre el escenario. Y era el lugar perfecto. Era el lugar donde, una vez ataviada con el disfraz y preparada para entrar en acción, me quedaría a esperar.

Y esperé. Esperé hasta que las luces se atenuaron y el silencio inundó la habitación, hasta que pareciera que cada uno de los presentes en la sala, estuvieran conteniendo la respiración. Por un momento imaginé que me esperaban a mí, y sonreí al pensar en los cientos de rostros que se sorprenderían ante mi “truco de magia”. Tan sólo eso. Les dejaría ver de lo que era capaz y me largaría, volviendo al anonimato. Una pequeña temporada de calma para que bajaran la guardia y otro gran golpe. Pero esta vez, cuando escuchen sobre los objetos desaparecidos, pensarían en Shade, recordarían sus ropas extravagantes, su sonrisa afilada, su voz afectada y susurrarán su nombre...

Una voz inundó el auditorio. Estaba sentada en el suelo, con la cabeza recostada contra la estructura de madera que me cubría de las miradas indiscretas. Cerré los ojos, primero para centrarme y pensar en todo aquello que se me venía encima, hasta que escuché su voz. Esperaba escuchar la voz de Bruce Wayne, puesto que por lo que tenía entendido la exhibición venía financiada por el multimillonario de Gotham. En su lugar, escuché una voz grave, profunda, que me hizo pensar en el mar antes de la tormenta. Se moldeaba con serenidad acompañando a la perfección su explicación, su tono oscilando como las olas, con la sospecha que bajo la calma se escondían mareas inhóspitas. Tal vez fuera ese marcado acento, con una cadencia similar al francés, el arrastre en las erres y las bes, o tal vez lo que estaba explicando… Pero por un instante olvidé por completo dónde estaba. Escuchaba su explicación, imaginaba la estampa y la recordaba… Al principio había sido excéptica. No soy entendida en el arte, y por tanto soy incapaz de ver todo el significado que hubiera podido haber tras cada uno de sus trazos. Pero algo en como el llamado Dragoslav explicaba todo lo que veía en esa estampa… parecía ser cierto. ¿Había barcos en ella? ¿Podía la imagen realmente transmitir amenaza? Sólo era una ola. Un necio podría dudar de que el mar en tormenta fuera peligroso, pero no me considero una necia. Tan sólo dudo de que una imagen, pintada, pueda transmitir lo mismo que ese mar embravecido. Y sin embargo, me sentí tentada a bajar y mirar la estampa directamente, para comprobar que sus palabras eran ciertas, y ya no sé si para dudar de sus palabras, o porque quería demostrarme a mí misma que eran ciertas. Su voz atrapaba mi atención y lograba guiar mi mente a cada una de las cosas que explicaba. Cuando me di cuenta, pensé que, en empezar la música, sería el momento de actuar… Pero los instrumentos se introdujeron, al principio con delicadeza a su explicación, y antes de que terminara de decidirme, escuché las primeras notas del piano.

- Y ahora... relajaos y acompañadnos en éste viaje... nota a nota.

No pude. Cuando la música resonó en el auditorio sentí como si estuviera haciéndose eco en mi pecho. No tenía nada que ver con la pulsación que la música transmitía en locales nocturnos, a causa del alto volumen. Era la primera vez que escuchaba un recital de piano en directo, o una orquestra de este tipo, ya que estábamos. Al abrir los ojos, me di cuenta de las pequeñas luces que danzaban en la pared delante de mí y me incorporé, casi en un salto, dejando atrás toda cautela me aferré con ambas manos a la estructura a mi espalda, y me encaramé al borde. En las paredes se dibujaban, gracias a los proyectores. El mar. La música parecía guiar ahora hasta el indómito océano y no pude apartar de él la mirada, como si también a mi me estuviera llevando con ella. No fue hasta que se escuchó la voz de la mujer, que parpadeé, dándome cuenta de que estaba aguantando la respiración. Aun con las manos aferradas al borde, volví a agacharme, apoyando la frente contra la madera.

No quería interrumpirlo. No podía. Necesitaba escuchar el final, cómo avanzaba, como si escondida tras cada nota se encontrara una escena de una historia. No podía dejarla sin terminar… No quería. Y de nuevo arrancó la melodía, cada vez más fuerte, con más energía. Y por fin, llegó el abrupto final. Demasiado corto. El corazón todavía me latía con fuerza y sentí como si el espectáculo me hubiera dejado con más entusiasmo del que tenía antes de empezar. El público aplaudía, marcaba un final, y sabía que era el momento de dejar mi huella. Me moví con rapidez, me dirigí al intrincado montón de cables que daban energía al escenario y desconecte los focos. El poco tiempo que tardaran en encender las luces del resto del anfiteatro, fue suficiente para volverme intangible, y bajar a escenario.

Mi intención, inicialmente, hubiera sido que para cuando se volvieran a abrir, yo ya tendría la estampa en mano, y estaría de pie entre el público, dispuesta perfectamente para pasearme entre ellos de camino a la salida, e irme sin que nada ni nadie me pudiera detener. Pero había perdido el tiempo - y no me arrepentía en absoluto - dejando que Drago pudiera terminar la pieza. Así que había abrazado la improvisación, y con ella, la curiosidad. Me planté en el escenario, de pie, con la estampa en la mano y para cuando se volvieron a abrir las luces, me encontraba erguida en pleno centro, encarándome a Dragoslav. Quería ver el rostro del pianista. Cuando volvieron las luces, vi unas facciones algo duras, una mandíbula cuadrada en un rostro sereno que no le restaba elegancia alguna. Esperaba encontrar un cuerpo frágil de manos largas y delicadas y en su lugar me veía frente a un hombre de físico desarrollado. Llevaba el cabello largo, bien peinado, y era atractivo… Pero lo que más me atraía, era saber que de sus manos había nacido esa música, capaz de conmover a alguien como yo. Esa dualidad de aspecto duro, con la dulzura que podía salir de él. Era tan maravillosa como perturbante.

Entonces… Entonces me di cuenta de sus ojos. ¿Era ciego?

La sorpresa me hizo bajar la mirada. No había querido interrumpirle. Como ahora no quería quedarme en silencio ni echarme atrás. Tenía un trabajo que hacer.

Vengo a por la estampa. — afirmé, sin ápice de miedo ni duda en mi voz. El tono afectado de Shade se transportó perfectamente en aquél teatro y sonreí. El escenario perfecto. Añadí, en tono socarrón. — Aunque empiezo a sospechar que tengo ante mí otra pieza de arte igualmente valiosa, Dragoslav Katich.

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MensajeTema: Re: El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]    10th Octubre 2017, 18:42

Había otra razón por la cual nunca tocaba en público. Una razón de peso.

Por algún motivo desconocido los poderes de Drago estaban particularmente influenciados por sus emociones, y su mutación únicamente afloraba cuando su organismo detectaba que se encontraba en peligro. La forma mutante de Drago era una forma de combate que se activaba ante ciertos estímulos: un incremento sensible de adrenalina, miedo o estrés, niveles particularmente elevados de tensión o dolor, etc. Por supuesto, él controlaba las transformaciones a voluntad, pero había determinadas circunstancias que podían hacerle perder el control sobre su poder. Cualquier estímulo que le indujera a desconectar y relajarse, como disfrutar de una agradable melodía, o de una ducha caliente, o de un poco de placer en compañía, transmitiría a su organismo el mensaje de que la forma mutante no era necesaria, y ésta se desvanecería.

Drago no podía olvidarlo (llevaba ocho años recordándoselo de manera continuada), pero la música, sú música, era para él algo sagrado. No concebía la posibilidad de tocar el piano sin entregarse en cuerpo y alma a lo que estaba haciendo: su gran pasión, la única vía de escape que había tenido durante todos aquellos largos años de soledad, aislamiento y oscuridad. Cuando tocaba, era como si una parte de él se viera arrastrada por el océano tempestuoso que conformaba sus emociones, arrancándolo de su propio cuerpo, de su consciencia y de su ser, como algo que escapaba a su propia voluntad.

No tenía alternativa... La música era su dueña, y cada vez que tocaba le poseía como la más entregada y ardiente de las amantes...

Y lo sabía, sabía lo que ocurriría si se dejaba ir demasiado... si se entregaba por completo, pero no pudo evitarlo... A medida que el crescendo de notas y armónicos aumentaba y le envolvía, inundándole de emociones con la fuerza de un ciclón, Drago notó que empezaba a perder el control sobre su manejo de la luz.

La oscuridad que se abatió sobre él precedió por milésimas de segundo a la que se extendió por el anfiteatro, de manera que, inicialmente, no pudo saber lo que estaba ocurriendo. El pánico le impedía pensar, porque había una razón por la cual el mutante mantenía continuamente activado su poder sin permitirse ni un sólo segundo para relajarse o experimentar placer: en su forma humana estaba ciego, y Drago le tenía fobia a la oscuridad.

Escuchó las exclamaciones y gritos del público y lo primero que pensó fue que estaban reaccionando ante el horror que suponía contemplar las cuencas vacías de sus ojos. Desesperado, trató de levantarse de la banqueta, de salir del escenario, pero a causa de su fobia nunca había podido entrenar el movimiento a ciegas; confiaba demasiado en su poder, y cuando se veía privado de él de manera tan súbita se volvía inevitablemente torpe, lo suficiente como para tropezar y caer al suelo.

La tarima estaba fría... tan fría como la tierra mojada de la tumba común a la que le habían arrojado cuando era niño, y aunque sabía (porque lo sabía... ¿verdad?) que no podía ser, que no era más que un producto de su imaginación, la sensación de la arena y de otros cuerpos que caían sobre él se hizo angustiantemente auténtica. Trató de levantarse, pero el peso de los cadáveres se lo impedía... Volvía a ser un niño, no tenía fuerza suficiente, y se asfixiaba... Trataba por todos los medios de respirar, pero lo único que entraba en sus pulmones era el olor de la muerte, la sangre y la tierra, no...

No... ¡No! Contrólate, ¡contrólate, maldita sea! Golpeó el suelo con el puño. El dolor... el dolor era real y trató de concentrarse en eso, de extraer los recuerdos de sus sentidos y regresar a la realidad. La terapia con Lissa había ayudado bastante, tendría que ser capaz de enfrentarse a sus propios miedos. Acuclillado en el suelo, cerró los ojos y se relajó, tratando de ignorar los sonidos que percibía a su alrededor, localizando y eliminando sistemáticamente lo que no era real. Sabía dónde estaba. Estaba en Nueva York, en el auditorio Grace Rainey Rogers del Museo Metropolitano, y ya no era ningún niño.

Extendió la mano hasta encontrar la pata del piano y lo utilizó como apoyo para volver a levantarse, manteniendo los ojos cerrados y agradeciendo que hubiera decidido ponerse realmente aquél traje de chaqueta en lugar de utilizar una de sus habituales ilusiones. Lo de los ojos podía disimularlo, pero lo otro habría sido más complicado.

A causa del momento de pavor inicial no había sabido reconocer el sonido que hacían las luces del auditorio al apagarse, pero ahora que se encontraba más sereno pudo oír perfectamente el sonido que hacían al encenderse. Entonces... ¿habían estado apagadas todo el rato? ¿Nadie había visto sus ojos? Había ocultado durante tantos años su secreto que la expectativa de encontrarse de repente expuesto ante cientos de personas había sido como una pesadilla.

La sorpresa del sonido de las luces al encenderse le hizo abrir durante un segundo los ojos... lo justo para que Shade, que se había situado justo delante de él se encontrara contemplando de repente dos escalofriantes pozos vacíos en donde deberían haber estado éstos...

Mas no duró demasiado; el hombre que tenía ante sí se pasó rápidamente la mano por el rostro, haciendo que se desvaneciera la atroz visión, y, cuando volvió a retirarla, dos ojos oscuros la miraban fijamente.

Al principio, cuando activaba su poder, todo su cuerpo se transformaba en luz, pero con el tiempo y mucho entrenamiento en la mansión había conseguido controlarlo hasta el punto de que únicamente se le encendieran los ojos, por eso se había cubierto el rostro durante el tiempo necesario para tejer la ilusión sobre él.

Delante suyo había una mujer. Guapa, con el pelo bicolor, muy maquillada, y que, decididamente, no tenía pinta de ser una de los miembros de su orquesta. Y tenía la lámina en la mano. Durante lo que parecieron segundos eternos se analizaron mutuamente mientras el público aguardaba sin saber si aquello formaba o no parte de la actuación. Y, entonces, finalmente, ella habló:

Vengo a por la estampa —admitió con descaro— Aunque empiezo a sospechar que tengo ante mí otra pieza de arte igualmente valiosa, Dragoslav Katich.

Él ladeó levemente la cabeza al mirarla, totalmente atónito ante tamaña audacia. Admitirlo así, con tanta tranquilidad frente a una audiencia de 700 personas más los guardias de seguridad...

- Pues es una pena -dijo él entonces, en voz baja y tono calmado-, porque sospecho que eres lo único que ha impedido que los demás vieran mi cara, pero no puedo permitir que te la lleves.

En ese momento sus manos se llenaron de luz y ésta vez no trató de ocultar el resplandor que iluminó sus ojos. No ocultaba que Dragoslav Katich era Eclipse (aunque a causa de que solía trabajar solo y en la sombra no era muy conocido), así que la audiencia era lo que menos le importaba.

La mujer no parecía armada, y no había atacado a nadie aprovechando el apagón, pero aún así, no podía permitir aquél robo.

- Devuélvela y dejaré que te vayas.

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MensajeTema: Re: El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]    30th Octubre 2017, 08:43

Del mismo modo que un cirujano mantiene la calma mientras el paciente que estaba tratando perdía el pulso, años de experiencia en el ámbito ladronil y actuando, me habían hecho siempre sentir preparada para afrontar cualquier situación. No era que no tuviera sentimientos, o que nada pudiera sorprenderme. Era que bajo cualquier situación mi rostro era pura fachada, una estatua de mármol preparada para no dejar ver más emoción que aquella que yo decidiera esculpir en ella.

Y aun así, cuando vi aquellos dos ojos y la negrura infinita que albergaban, una oscuridad densa y tangible en un rostro completamente humano, sentí un escalofrío. Tal vez me lo hubiera parecido, me lo hubiera imaginado a causa de la situación y el recuerdo de la música que todavía retumbaba en mi pecho, y aunque mis ojos se entrecerraran con sospecha y mi cuerpo se tensara en previsión, preparada para correr, huir, hacerme intangible, la realidad era que todo el vello de mi nuca y espalda se había erizado. Siempre cabía la posibilidad de que en los escenarios que escogiera, hubiera una o dos personas que, igual que yo, tuvieran capacidades por encima del límite físico humano. Pero siempre esperaba que no fuera yo, que la fortuna me estuviera sonriendo y no encontraría a nadie cortando mis huidas, un camino de rosas. Cuando uno de ellos aparecía, me tomaba el robo doblemente en serio. Que éste fuera además, escalofriante, llamaba a la cautela, me estremecía y me sentía obligada a andar con pies de plomo. Como bombón relleno de licor, la superficie es lisa y dura, aunque el interior sea líquido. Y así me sentía yo. Inquebrantable por fuera, voluble y temblando por dentro.

Esta vez, sus manos y ojos brillaron, confirmando que lo que había visto un instante antes podía ser una realidad y no una mera ilusión de mi propia mente, y toda la cautela acumulada se liberó, cubriéndome de la cabeza a los pies.

Tu no puedes permitir que me la lleve y yo no puedo permitir que me detengas. — Susurré en tono afectado, o fingí susurrar, pues logré que mi voz se transportara a lo largo y ancho del público, porque quería que me escucharan. — Verás, necesito que toda esta gente aquí presente me veas. Y la fortuna ha querido que tú también estés aquí. Eres un testigo más, una prueba de mi existencia. Llevo demasiado tiempo acechando en las sombras, demasiado tiempo siendo... demasiado buena. — Le sonreí, sentándome con las piernas cruzadas sobre el atril que momentos antes protegía la estampilla, y que ahora era un cristal vacío. La densa superficie transparente soportaba mi peso, lo que debería aumentar el efecto de "¿cómo ha sacado la estampilla de ahí dentro, sin abrirlo, sin romper el cristal?" — Llevo demasiado tiempo entre vosotros sin que me den la atención que necesito. Me siento como una niña pequeña intentando demostrar su valía ante unos padres demasiado ocupados con su vida para atender a su pequeña... Si eres un héroe, ¿no deberías ayudarme? — añadí una última pregunta, en un leve tono de burla.

Pero no esperé su respuesta. Alcé la estampilla en el aire, para que todos ellos pudieran verla. Aquello que instantes antes se reflejaba en las pantallas, que había inspirado una canción capaz de estremecer el corazón y desnudar el alma. Algo que tenían certeza estaba protegido a salvo y se encontraba en mi poder. Quería enviar un mensaje. "Puedo hacerlo. No podéis detenerme".

Los 5 millones perdidos del Banco Federal, la exposición desaparecida el verano pasado en el Met Breuer, los tesoros medievales del Morgan Library & Museum, la caja vacía de Popular Community... — Alcé la mirada, como si intentara recordar todos los viajes que había hecho en vacaciones. — Wood forrest, Key Bank y el Citizens también. Ah, y Strikesville. — Volví a mirar al pianista, sonriendo. Había dos "golpes", que me había inventado. Pero todos los demás eran ciertos. Eso añadía duda, pensarían que los bancos o los medios escondían información sobre delitos que podrían haber sucedido en sus propios bancos. Propagaría la inseguridad. Y haría que se plantearan cuantos más yo no habría mencionado y habían pasado inadvertidos al ojo público. En resumen, me daría notoriedad y propaganda, a la par que despertaría curiosidad. Así somos los humanos, jodidos morbosos. — Creo que va siendo hora de que se me de el reconocimiento que merezco. Así que, por eso estoy aquí. Soy tan endiabladamente educada que he decidido venir a presentarme. Soy Shade. — Incliné mi cuerpo, haciendo una pronunciada reverencia desde mi asiento, sin perder de vista al artista. Estaba preparada para hacerme intangible al instante, si se abalanzaba sobre mí.

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MensajeTema: Re: El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]    31st Octubre 2017, 12:42

Para entender cómo funcionaba la mente de Drago había que entender que había sido un niño con problemas que había llegado al orfanato que le había acogido en París tan traumatizado desde lo sucedido en Srebrenica que se había pasado varios meses sin hablar y sin apenas reaccionar. En aquél momento había tenido a varios psicólogos pendientes de él, hasta que el niño, que ya era prácticamente un adolescente, había comprendido que no le dejarían en paz hasta que pensaran que estaba completamente recuperado. En el orfanato había tenido mucho tiempo para aprender y estudiar, y rápidamente se había interesado por la psicología. Drago era un niño inteligente; no había tardado mucho en aprender lo que tenía que hacer y decir para que los psicólogos le dieran el alta, y más tarde para saber cómo tenía que responder a los test de ingreso en el ejército.

Drago no tenía una carrera ni estudios superiores. Había finalizado los estudios básicos y en cuanto había cumplido los 16 se había unido a la Legión Extranjera. Había, por tanto, muchas cosas que no sabía, lagunas en información y cultura general que muchos considerarían básicas. Pero su interés por la psicología nunca se había desvanecido, y de hecho se había incrementado cuando había adquirido sus poderes y había decidido que quería utilizarlos para atormentar y hacer sufrir a los que habían sido los causantes de la destrucción de su pueblo.

Por supuesto, los conocimientos de psicología que tenía no estaban al nivel de un profesional. Si le enseñaras a una persona con un problema, no tendría la menor idea de cómo hacer o actuar para curarla. No, su conocimiento se limitaba a la literatura específica que había leído del tema o a la información teórica que cualquiera podría encontrar por Internet, pero para lo que él necesitaba no hacía falta más. A Drago nunca le había interesado cómo curar a la gente, sino todo lo contrario. Y aunque le había prometido a Xavier no volver a utilizar sus poderes para matar, aún podía utilizar lo que sabía contra Shade, ya que ésta le acababa de proporcionar una valiosa información sobre sí misma, información que no solía obtener cuando se encontraba en mitad de una batalla.

Existía un trastorno de la personalidad, cuyo nombre no recordaba ahora mismo, que encajaba exactamente con la actitud que la ladrona estaba exhibiendo, pues se caracterizaba por una necesidad casi enfermiza de llamar la atención y causar sensación allá por donde fuera. Por lo general se trataba de personas muy teatrales (y no se podía negar que la entrada en escena de Shade lo había sido), con una manera de vestir llamativa que recurría al uso de colores brillantes, estilos sorprendentes y provocativos y un exceso de cosméticos y de tintes para el cabello, todo lo cual parecía la viva descripción de la mujer que con tanta naturalidad se sentaba sobre el atril. La manera afectada que estaba utilizando en su discurso también encajaba con el trastorno, y aunque aún no la había visto hacerlo, apostaba a que también utilizaría la seducción como una herramienta para conseguir sus objetivos. Las personas afectadas por éste trastorno tendían a exagerar e "inflar" las historias que contaban, por lo que había altas probabilidades de que una o más de las "hazañas" que estaba enumerando, si no todas, fueran falsas.

Drago no conocía la historia concreta de la mujer que tenía delante, pero por lo que podía recordar, las causas de ese trastorno venían motivadas por carencias afectivas en la primera infancia, comenzando a manifestarse en la adultez temprana. Eso le daba una idea acerca de cómo actuar para desequilibrarla y romper esa falsa máscara de seguridad que mostraba, dándole la oportunidad de atraparla con la guardia baja.


- Así que eres como una niña intentando demostrar su valía ante unos padres demasiado ocupados para prestarle atención... -susurró, y, al instante, el escenario que rodeaba a Shade empezó a cambiar. La luz comenzó a menguar, las sombras a hacerse más oscuras y espesas hasta cubrir la platea y todos los espectadores-. Cuanto lo siento... -fueron sus últimas palabras antes de desvanecerse en la oscuridad.

El teatro parecía de repente muy pequeño, limitado únicamente a la parte del escenario en donde Shade se encontraba, y ahora también esa parte había cambiado. Se encontraba en lo que parecía ser el salón de un hogar, pero la iluminación era tan escasa que no permitía distinguir bien la estructura o los muebles, reducidos a una serie de bultos en la oscuridad. Obviamente Drago no podía saber cómo había sido el hogar de Hailey cuando era pequeña, así que había tratado de jugar con las luces y las sombras para crear una habitación genérica que, con los estímulos apropiados, y desde una perspectiva emocional, cualquiera pudiera asociar con el lugar en el que había pasado su infancia.

- ¿Quizá pasabas demasiado tiempo sola, sin una madre que se ocupara de ti? -la voz susurrante del mutante parecía flotar a su alrededor desde no se sabía dónde, y de repente se encendió una luz más adelante, procedente de otra habitación indeterminada. Shade podría ver una sombra inconfundiblemente masculina que parecía sostener una botella en la mano reflejada en la luz que se proyectaba desde allí-. ¿Quizá tu padre bebía demasiado y a veces lo pagaba con su familia? -la sombra del hombre pareció hacerse más y más grande, como si se estuviera acercando hacia la puerta para entrar a la habitación en donde aguardaba Hailey, transmitiendo una fuerte sensación de amenaza que se disipó en cuanto la sombra desapareció al llegar al punto en el que debería haber mostrado al hombre que escondía detrás-. Pobre muchacha abandonada...

El escenario había vuelto a cambiar y ahora Shade se encontraba en mitad de un paisaje nevado, completamente sola y con la nieve cayendo sobre sus hombros, aunque, si trataba de tocarla, vería que sus dedos la atravesaban sin la menor sensación de humedad o frío.

- No soportas la soledad... por eso buscas atención... Pues lamento haber chafado tus delirios de gloria iluminada por los focos en el escenario, Shade, porque aquí no tienes espectadores. Aquí estás sola... Solos tú... y yo...

La presión llegó de repente; una súbita sensación de asfixia en la zona del cuello, como si alguien le hubiera hecho una presa desde atrás y le estuviera apretando la garganta con la cara interna del codo con la intención de hacerle perder el conocimiento. No podía ver a Drago, pero sentía inconfundiblemente el empuje de su cuerpo contra el suyo y era capaz de identificar lo que estaba haciendo por las sensaciones y la posición.

Posiblemente todo aquello sería confuso para Shade, y quizás no entendiera lo que acababa de pasar, pero lo cierto era que en ningún momento habían llegado a abandonar el teatro. Lo que ella veía era producto de una ilusión, y lo que los espectadores veían... Básicamente una cortina negra que ocultaba a los dos contendientes de su vista, con un cartel luminoso sobre ella que indicaba: "Silence, please. Don't move" justo encima de una ilustración gráfica.

Aclaraciones:
 

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MensajeTema: Re: El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]    8th Noviembre 2017, 12:23

A casi un año de la Colisión, me había encontrado ya con un buen número de gente cuyas capacidades especiales no distaban mucho de la mía propia. Con esto no me refería a haber encontrado más fantasmas, pero gente que podía prenderse a sí misma en llamas, gente que controlaba la electricidad o alienígenas que podían cambiar su aspecto, la barrera de lo sobrenatural se había desdibujado tanto en mi trabajo como en la vida real, hasta el punto de que era algo que todos nos esperábamos. Pero había algo que había hecho que, para mí, todas esas personas capaz de mover objetos con la mente no fueran más peligrosos que los mundanos. Las dos veces que casi había perdido la vida, habían sido provocadas por personas que antaño hubiéramos categorizado como “normales”.

Eso había hecho que en mi trabajo, no esperara encontrarme a gente con poderes. Pues mantenía muy firme en mi mente que aquellos con suficiente habilidad o motivación, eran igualmente peligrosos.

Durante el apagón, ya me había parecido que aquél pianista cuyas manos eran capaces de arrancar la más dulce y triste de las melodías de un instrumento, era en realidad una especie de monstruo. La confirmación vino al cerrarse el telón, cuando las sombras se adueñaron del escenario, y me encontré repentinamente sola. Busqué a mi alrededor, pero no había rastro del pianista. Se había… desvanecido.


Guardé la estampa en el bolsillo interno de mi chaqueta, más por un acto reflejo de esconder aquello que no quiero que me quiten que por querer protegerla, y miré a mi alrededor, frenética. Sentía que mi pulso se había disparado al esfumarse mi público, aquella razón que le da existencia a Shade. Sentía el corazón palpitándome en la garganta y las sienes, y sin importar a dónde mirara, no podía encontrar a Dragoslav. Tan sólo su voz, entonces afilada más que cualquier cuchillo, buscando cortar donde la carne fuera más blanda, mis puntos débiles.

Preguntó por mi madre. Preguntó por mi padre. Poco podía saber aquél hombre que no tenía recuerdos de ninguno de los dos, y por lo tanto me creía inmune… Hasta que llegó a mi un nuevo susurro.

- Pobre muchacha abandonada…

Me detuve en silencio, alerta. Sus palabras… habían dolido. Era probable que hubiera un ápice de verdad en ellas, sobretodo por la parte de… ser abandonada. Me aferraba a la idea de ser una chica perdida, de que en algún lugar quedara algo de família que seguía buscandome, tras todos estos años.

No soportas la soledad.

Buscas la atención.

Tenía razón. Por supuesto que no la tenía.

No tienes ni idea. — siseé, saliéndome de mi papel. Nada quedaba ya del tono burlón y afectado de Shade, tan sólo mi voz, transparente y fría. — No pretendas entender o conocerme… ¡No tienes ni idea!

Grité finalmente, al tiempo que sentía que chocaba de espaldas contra algo. Quise darme la vuelta, dispuesta a atacar con lo que tuviera, con uñas y dientes de ser necesario. Pero tan pronto como sentí que estaba a mis espaldas, sentí algo que oprimía mi garganta. Aunque tal vez hubieran llegado a la vez, y hubiera confundido el nudo de la ira con… Algo. Algo que me sostenía y me asfixiaba. Presa de la sorpresa, boqueé, intentando en vano obligar algo de aire a mis pulmones. Pero aunque intentara forcejear, no podía liberarme.

Y por un instante… sentí la tentación de dejarme vencer. Terminaría con todo, con el sufrimiento, con las dudas, con la incertidumbre. Sentí el abrazo de la oscuridad absoluta y cerré los ojos, queriendo dejarme llevar.

Ahí estaba sola. No tenía que fingir ante nadie. Tan sólo yo… y él. Volví a abrir los ojos, gruñendo en voz baja. Nadie puede nunca jamás verme flaquear. Aunque en el fondo dude, mi fortaleza es sólo mía y es una parte real de mi misma. ¿Y qué más daba si estaba rodeada de sombras? Había vivido con ellas toda mi vida.

Mi nombre… — le susurré con voz ahogada, sin dejar de pelear hasta el final. — Es… Shade.

Dejé que mi cuerpo volviera a sumirse en el abrazo de la nada. Por instinto respiré profundamente, intentando recuperar el aliento, pero no podía. En ese estado, ni siquiera el aire podía alcanzarme. Me aparté de mi captor, alzándome unos palmos sobre el suelo y girándome a mirarle… pero no había nadie. Absolutamente nadie a mis espaldas. Sentí un escalofrío, y me sumí bajo tierra para desaparecer completamente de su vista… Y de su alcance.

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MensajeTema: Re: El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]    9th Noviembre 2017, 12:21

Había logrado su objetivo de alterar a la muchacha, sin embargo el resultado no fue el que esperaba. Había conseguido atacarla por sorpresa, inmovilizarla, y la presa era firme; pero tras unos segundos de forcejeo notó que se le escurría de entre los brazos como si fuera humo... La resistencia que enfrentaba simplemente se desvaneció y sus manos se encontraron aferrando nada más que aire, pero ella no había desaparecido, estaba allí, levitando ante sí, sólo que se había vuelto intangible y sus dedos la atravesaban como si fuera un fantasma. Ya libre de su agarre, ella se volvió para enfrentarle, pero en su mirada quedó claro que no era capaz de traspasar su invisibilidad y, al no encontrarle, se dejó caer y el suelo se la tragó limpiamente sin dejar rastro, ni de ella... ni de la estampa.

La confusión no le duró demasiado, pues a fin de cuentas tenía en la mansión a una chica con un poder que, si no era el mismo, funcionaba de manera muy similar: Kitty Pryde, también conocida como Gata Sombra. ¿Así que la chica era una mutante? Tenía que encontrarla. Drago había lanzado un tiro al azar basándose en puras especulaciones, pero su respuesta le había dejado claro que no se había alejado demasiado de la realidad. La muchacha era joven, seguramente tenía un pasado trágico, y posiblemente había tenido que criarse sola, como demostraba la reacción que había tenido al decirle que estaba abandonada. Drago había visto casos similares, de jóvenes que, privados de familia, se veían obligados a sobrevivir en la calle, viéndose forzados a robar y, en algunos casos, a situaciones incluso peores. Los orfanatos que a menudo visitaba estaban llenos de chicos así, y no era difícil imaginar las posibilidades que le brindaban sus poderes en ese sentido. La propia Kitty los había utilizado para robar dinero para comida, transporte y abrigo cuando se había fugado de la mansión, antes de que Lobezno la encontrara.

Si no se equivocaba y era como Kitty, entonces Shade no era más que una víctima, alguien que necesitaba ayuda, no castigo. Había entrado en el auditorio desarmada y no había intentado herir a nadie. En cuanto él la había atacado, se había hecho intangible y había huido. Era su responsabilidad encontrarla y ayudarla como habían ayudado a Kitty en su momento. Después de todo, él también había sido un huérfano dependiente del sistema y sabía lo que era tener que crecer solo, sin una familia ni nadie que te quiera. El problema era... ¿cómo encontrarla? Teniendo poderes de intangibilidad podía atravesar el suelo y reaparecer en cualquier parte. No le extrañaba que se hiciera llamar Shade; debía ser tan difícil de encontrar como una sombra, así que ni siquiera se molestó en intentarlo. En cuanto la chica desapareció, hizo que la iluminación del auditorio volviera a la normalidad y liberó la ilusión que mantenía oculto el escenario.

- Acabamos de sufrir un imprevisto y mucho me temo que no va a ser posible disfrutar de la pintura de Hokusai tal y como estaba estipulado en el programa. Lamentándolo mucho tendrán que conformarse con la fotografía expuesta en el museo hasta que podamos arreglar el problema.

Era absurdo tratar de negar u ocultar lo que había sucedido, pues era evidente que la pintura ya no estaba. Shade había conseguido su propósito: durante algunos minutos gozó de la atención del público que había acudido al concierto, y todos la habían visto coger la lámina. Ésto iba a dar de que hablar durante días.

- El concierto ha terminado. Por favor, salgan de forma ordenada y si tienen cualquier queja la administración del museo se ocupará de solventarla.

Desde luego por su parte había terminado. Podía ver a los guardias de seguridad esperándole entre las bambalinas, preparados para llevarle ante la dirección del museo. Iba a tener que dar muchas explicaciones... Después de todo, él mismo se había ocupado de que nadie viera lo que estaba sucediendo entre él y Shade, así que lo único con lo que contaba era con su palabra y con la credibilidad que le daba ser miembro de la Patrulla X y estar avalado por Bruce Wayne. Esperaba que fuera suficiente, porque, siendo honestos, jamás había pensado en que ella podría escaparse de la manera en la que lo había hecho, y su plan habría funcionado a la perfección si, al final, hubiera contado con una criminal que entregar a la justicia y con la obra de arte de vuelta en su lugar correspondiente. Pero ahora no había ninguna criminal, y tampoco ninguna obra de arte.

Lo mejor que podía ocurrir era que creyeran su palabra y le permitieran marcharse, con lo cual podría regresar a la mansión y pedirle al Profesor que localizara a la mutante (y la pintura) usando a Cerebro.

Y lo peor... puesto que todo el mundo había visto que podía crear ilusiones era que pensaran que se había inventado toda la escena (incluida a Shade) para poder robar la lámina echándole la culpa a una figura inventada inspirada en la existencia de una ladrona fantasma a la que, según las propias palabras de Shade, nadie había visto jamás.

Y si las cosas terminaban así... estaba bien jodido.

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MensajeTema: Re: El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]    9th Noviembre 2017, 14:46

Todo había salido bien. Tal y como me había propuesto, había salido ilesa y tenía la estampa en mi poder. Estaba encerrada en uno de los vestuarios. Necesitaba un minuto para calmarme y planificar mi huida, y supuse que con todo el alboroto, a nadie se le ocurriría mirar allí. Una de las razones por las que normalmente me gusta disfrazarme de asistente y estar entre la gente antes de llevarme un objeto, suele ser porque es más fácil disfrazarse entre ellos a la hora de salir. Si había logrado llamar lo suficiente la atención, las entradas y salidas del auditorio, así como el perímetro, estarían bajo vigilancia, e irme con las pintas de Shade, sólo comprometía mis posibilidades de salir indemne. Irme intangible, durante dios sabe cuanto tiempo hasta alejarme lo suficiente, no me parecía viable. Hacía muchos años que había decidido limitarme a usar mi poder el mínimo posible, pues tener esa intangibilidad pronunciada, tenía ciertos efectos secundarios bastante desagradables. Y por último, estaba Dragoslav. No quería arriesgarme a un segundo encuentro. Eso hace que me arriesgue a que descubran cómo funciona mi poder, y entonces estaría en desventaja. Por ese mismo motivo, nunca robaba en un mismo lugar dos veces.

Si ese auditorio hubiera sido un teatro común, en los vestuarios hubiera podido encontrar todo tipo de disfraces para improvisar algo y largarme. Desgraciadamente, ese no era un lugar común. Pero tenía la suerte de que sí había algo de ropa tirada. No me había planteado robarle el atuendo a nadie, pero si cientos de obras no habían logrado darme remordimientos, no lo iban a hacer unos tejanos, unos zapatos de tacón y una camiseta. Así que rebusqué por todo el vestuario en busca de algo de ropa de calle que pudiera llevarme puesta. Todo cuanto había ahí, debía ser para la gente que salía a interpretar en el auditorio, así que encontré varias chaquetas de frac y por pura suerte, un vestido granate de mi talla. Aunque no era de mi estilo, daría el pego. Me quité la ropa y el antifaz, la peluca y utilicé el maquillaje del propio vestidor para quitarme todo el potingue de la cara y arreglar en un minuto algo de maquillaje sencillo que disimulara un poco el rastro del anterior. No mucho, lo usual en mí, pintalabios carmesí, la sombra de ojos negra, y finalmente me acomodó el pelo, “atractivamente” despeinado a mi espalda. Tiré las lentillas en una papelera, y dejé el traje de Shade debidamente sobre la mesilla ante el espejo, que se viera a simple vista de qué se trataba, con el antifaz y la peluca dispuestos en la parte superior. Los tacones negros desentonaban un poco con el vestido, pero esperaba que nadie pudiera detenerme por tener mal gusto. No llevaba joyería, ni siquiera un bolso, pero menos es nada, y tampoco puedo pedirle peras al olmo.

Tardé tal vez, un total de veinte minutos. Podía volver a usar mi poder si lo necesitaba, pero esperaba que no fuera necesario. Y cuando me sentí preparada y mentalizada, salí del vestuario. Caminé por los elegantes pasillos del Museo metropolitano a paso ligero y planteándome que si me encontraba con alguien, me haría la inocente y fingiría estar agobiada con todo lo sucedido.

Todavía notaba el pulso acelerado, a causa de la adrenalina, cuando mi corazón se olvidó de latir por un segundo. De espaldas a mí, al fondo de un pasillo reconocí la espalda de Dragoslav, siendo escortado a ambos lados por unos guardias. Y de repente, sentí que mi mente iba a cien por hora, a la vez que mis pies me llevaban directos a ellos.

No. No, no y no. Me negaba a pensar que le pudieran culpar por mi robo. Yo trabajo sola, todos mis golpes son méritos únicamente míos. Sin cómplices, sin ayudas. Si pensaban que le tenía metido en esto, se jodía mi impecable currículum.

O peor aún… Podrían pensar que yo era la cómplice. Que él era el que estaba detrás de todo. ¿Se había hecho invisible en el escenario? Sus poderes le hacían tan capaz como los míos de cometer todos y cada uno de los robos por los que tanto me había esforzado. Saqué de debajo del vestido la estampa y la aferré en mi puño con fuerza, antes de salir corriendo en su dirección, y cruzar una esquina tras ellos…

Y en el momento exacto, choqué con uno de los guardias de seguridad. No fue fácil colar la estampa en uno de sus bolsillos traseros, y no fue perfecto. Una esquina del dibujo asomaba discretamente del pantalón, pero el caso fue el mismo. Le golpeé y me caí al suelo, golpeandome la rodilla en el momento y dejando escapar un pequeño grito de dolor que quedó perfecto al no tener que exagerarlo.

Pero qué narices. — susurró uno de los guardias, un muchacho bastante joven y rubio, sobresaltado por el choque.

Lo… Lo siento. — Tartamudeé, llevandome una mano a la rodilla e intentando levantarme con gracia y elegancia, pese a trastabillear ligeramente por el dolor. — De verdad, no quería, yo… Necesito ayuda. ¿Pueden ayudarme? — Miré fijamente al guardia, como si le reconociera de algo, y luego a Dragoslav. ¿Sería capaz de reconocerme, ahora que me veía tan cambiada? Shade tenía la piel pálida, mientras la mía era oscura y llena de finas lineas cicatrizadas. Mis ojos eran verdes, carecía de antifaz, y desde luego que la cabellera pelirroja era llamativa. Volví a mirar al guardia y me aleje un paso, como si estuviera asustada. — Necesito hablar con alguien.

Ahora no podemos atenderla. Si necesita algo, acuda a recepción y en seguida estaremos por usted.

Asentí varias veces, como si me sintiera atropellada, y me dirigí en la dirección opuesta, con la misma prisa y nerviosismo que les había mostrado a ellos. No me fijé muy bien en el camino que recorría, pero me planté en recepción tan pronto como pude y fui directa a uno de los guardias que había allí. No le dejé ni preguntar, tan pronto como estuve junto a él, coloqué una mano sobre su brazo y me puse de puntillas para susurrarle.

¿El qué? Muy sencillo. Iba a darles el chivatazo perfecto, el cómo la mujer enmascarada que había estado en el escenario momentos antes de que se cerrara el telón se había encontrado en uno de los pasillos con uno de los guardias. ¿Cuál? Aquél alto, moreno y de nariz aguilucha, que estaba escoltando al pianista en los pasillos. ¿Y qué? Pues que habían intercambiado un fajo de billetes. La mujer le había entregado la estampita y le había susurrado que “le llamara si volvía a necesitarla”. ¿Cómo lo sabía yo? Casualmente estaba en el baño cuando les vi…

El guardia asintió, me dio las gracias y me pidió que me quedara en recepción, por si necesitaban interrogarme y yo asentí, solícita, ofreciéndome a ayudarles en todo lo posible. Aunque no pensaba cumplir. En cuanto el hombre desapareció de mi vista, dirigiéndose al despacho del director para llevarles la nueva información, salí de museo. No iba a quedarme muy lejos… Necesitaba saber si todo había salido bien.

Tenía que quedar claro, que ese robo era de Shade. Me iba a asegurar de ello, aunque tuviera que quedarme allí y entrar de nuevo a robar la estampa… Por segunda vez.

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MensajeTema: Re: El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]    13th Noviembre 2017, 13:05

Absorto como estaba en sus propios pensamientos, apenas reparó en la joven aparentemente torpe que chocó "accidentalmente" contra el guardia. Se fijó en su belleza, claro, ¿cómo no hacerlo? Poseía una llamativa cabellera rojiza, un rostro proporcionado y hermoso y un cuerpo perfecto que quedaba realzado con el elegante vestido que llevaba, pero no notó en ella nada particularmente extraño, pues la actuación de Shade había sido impecable; el golpe no pareció premeditado, sino fruto de la precipitación de una muchacha nerviosa, y hasta el golpe y la exclamación subsecuente resultaron auténticos. El bosnio ya se había adelantado a ayudarla incluso antes de que Hailey lo pidiera, movido por un impulso totalmente natural en él. Le ofreció su mano para que tuviera un apoyo al levantarse y, tras un rápido vistazo a la rodilla descubierta para cerciorarse de que no había sido nada grave, la miró a los ojos.

- Calma, no tiene por qué asustarse -le dijo en tono tranquilizador-. Shade ha abandonado el museo y la situación está controlada, así que se encuentra perfectamente a salvo.

Durante muchos años el principal pesar de Eclipse era que sus poderes, diseñados para inspirar el terror en los corazones de los criminales, también solían generar el mismo efecto en los puros de espíritu. Siempre le entristecía ver inocentes asustados por su culpa, y era algo que intentaba evitar siempre que le era posible. No deseaba devorar la luz de las personas buenas, tan sólo ahogar de oscuridad a los malvados, y aquella muchacha parecía inocente. Además, estaba prácticamente convencido de lo que decía; no creía que Shade aún siguiera en el edificio, y su patrón de conducta había sido el de una ladrona, no el de una asesina.  

Una vez la tuvo frente a él, cara a cara, las finas cicatrices de su rostro le llamaron la atención. Era algo extraño... ¿cómo se las habría hecho? Intrigado, se fijó con mayor profundidad en sus bonitos ojos verdes. Aquella mirada... tenía la impresión de que le sonaba de algo, pero no sabía de qué.

El compañero del guardia contra el que había chocado le indicó el camino a recepción y en cuanto se hubo marchado la borró de su mente. Tenía otras cosas más importantes de las que ocuparse ahora.

* * * *

La llamada llegó justo cuando acababa de terminar de contarle al director toda la historia. El hombre atendió en silencio al teléfono y, tras indicarle que le disculpara unos minutos, salió fuera.

Llevaba esperando cerca de media hora cuando finalmente regresó, y por la expresión de su rostro, que había pasado de sombrío escepticismo a aliviada alegría, supo que algo bueno había ocurrido.

- Ha aparecido la estampa, señor Katich. Se ha confirmado su historia.

- ¿Qué? -inquirió, sorprendido e incrédulo-. ¿Cómo...?

- Una testigo vio a la mujer que ha descrito encontrarse en el pasillo con uno de los guardias que le acompañaban y entregarle la lámina a cambio de una considerable suma de dinero. Se ve que no tuvo tiempo de esconderla mejor, porque la encontramos en uno de los bolsillos traseros de sus pantalones. Desde los vestuarios nos han avisado de que han encontrado una peluca bicolor como la que describió junto con un antifaz y el traje que llevaba la mujer que le asaltó en el escenario, así que todo parece haberse aclarado satisfactoriamente. Puede marcharse, y disculpe las molestias.

Eclipse no respondió al momento. Su cerebro trabajaba a toda velocidad tratando de encontrar algún sentido a lo que estaba ocurriendo.

- La mujer que llamó para dar la información... -comentó, ya en la puerta del despacho a punto de salir-. ¿Podría hablar con ella?

- Oh, le dijimos que esperara para tomarle declaración, pero ha desaparecido. No importa, tenemos todo lo necesario para incriminar al verdadero responsable.

El verdadero responsable... Una testigo... ha desaparecido... El traje en los vestuarios... uno de los guardias que le acompañaban... no tuvo tiempo de esconderla mejor...

Una sensación de vértigo aplastante se apoderó de él. La pelirroja que había chocado contra el agente moreno en el pasillo. No llevaba bolso, ¿verdad? Ni joyas, y eso no solía ser lo habitual cuando una mujer se arreglaba de manera tan elegante para ir a un concierto. Las cicatrices... la mirada... El choque casual...

Frustrado, golpeó el puño contra el muro donde nadie podía mirarle. ¿Cómo no se había dado cuenta? La versión que le había contado el director no tenía sentido. El guardia no habría sido tan estúpido como para llevar un lienzo robado tan valioso en el bolsillo trasero de sus pantalones. Lo habría escondido en cualquier parte hasta poder regresar a por él cuando la situación se hubiera calmado. Pero... lo otro tampoco tenía sentido... Si su intención era devolverlo, ¿para qué robarlo? Pero era lo único que encajaba con que la testigo hubiera desaparecido después de dar el chivatazo, y si tenía razón, un hombre inocente iba a ser acusado de confabulación y robo.

La mujer ya no estaría en el museo. Si era quien él pensaba que era y lo que pretendía era desaparecer, no se habría quedado allí después de dar el aviso. Una pelirroja tan llamativa vestida de una manera no precisamente discreta iba a destacar como una amapola entre la nieve. No, posiblemente habría salido, pero... ¿dónde? No había pasado demasiado tiempo, quizás todavía estuviera cerca...

El museo se encontraba dentro de Central Park. Haciéndose invisible corrió hasta llegar a la salida y rodeó el edificio en dirección a la Great Lawn, una amplia extensión de césped abierto que la gente solía utilizar para picnics durante el día, pero que a aquellas horas de la noche permanecía oscura y desierta. Si la ladrona estaba mirando vería cómo justo sobre él aparecía en el cielo su nombre, Shade, escrito con letras luminosas. En el terreno abierto de la explanada, sin árboles ni edificios, podía verse perfectamente. Si todavía se encontraba en los alrededores esperaba que lo viera y se acercara a hablar. El parque estaba cerrado, por lo que no era probable que acudiera nadie más, pero sabía que unas rejas no podrían retenerla a ella.

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MensajeTema: Re: El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]    

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El gran golpe (Garnet Brooks) [20-02-2019]
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