Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Recuperación parte 3: Mente (Alice Delaney, Elissa Stavridis) [13-04-2019]

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Elektra Natchios
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Ficha de Personaje
Alias: Elektra
Nombre real: Elektra Natchios
Universo: Marvel

MensajeTema: Recuperación parte 3: Mente (Alice Delaney, Elissa Stavridis) [13-04-2019]    11th Octubre 2017, 17:17

La habitación era relativamente espaciosa y confortable. Tenía todo cuanto un improvisado huésped podría llegar a necesitar: una cama relativamente amplia que sin duda era mejor que la de muchos hostales e incluso hoteles, una tele panorámica frente a un conjunto de sofá y sillón con una mesita baja en el centro, una mesita individual para el almuerzo y una silla. Elissa, Alice y Coulson observaban a través del cristal blindado de la ventana que cubría una de las paredes. El baño se encontraba en otro módulo más pequeño que se encontraba justo enfrente.  La influencia de Alice se había hecho notar; había hecho que retiraran la alfombra de color neutro que había antes por una de cálidos tonos naranja, y que recubrieran el sofá y los sillones con fundas color caldera para tratar de eliminar al menos en parte la impresión de habitación de hospital que transmitían los originales tonos blancos asépticos. También había hecho que colocaran diversos cojines de colores entre el suelo y los asientos con la esperanza de ofrecer una impresión más acogedora. Si no fuera por las paredes acolchadas del módulo, casi habría podido pasar por una vivienda normal.

Recostada sobre el sofá de la derecha se encontraba Elektra, con la mirada fija en una serie de diapositivas que se mostraban en la pantalla. Llevaba puesta una camisa de fuerza y los tobillos encadenados, pero paradójicamente parecía bien cuidada. Incluso el cabello estaba limpio y desenredado, y le caía suavemente sobre la espalda y los hombros. No obstante, Coulson pudo ver en el rostro de Elissa que la visión de las ataduras no había complacido a la griega.

- Me disculpo por lo precipitado de la llamada -comenzó-. Y también por... la camisa de fuerza y las cadenas. Mantener a una persona así es degradante, lo sé, pero hay una razón por la cual hemos tenido que recurrir a tales extremos. Como ya le explicamos cuando fuimos a buscarla a Arkham, miss Natchios sufrió hace un mes profundas torturas y mutilaciones que la dejaron al borde de la muerte. Recurrimos a los mejores especialistas que pudimos encontrar para trabajar en la recuperación de sus heridas físicas, obteniendo un resultado bastante más que satisfactorio. Sin embargo, su cuerpo no es lo único que resultó malherido. Algo en... su mente, o su psique, resultó afectado también. Al principio estaba fuera de sí, como poseída. Los comportamientos que mostraba eran tan violentos que estaban poniendo en peligro la recuperación de las falanges implantadas. No atendía a razones, así que no tuvimos más remedio que ponerle la camisa de fuerza por encima de las férulas para garantizar que dejara de moverlas o golpearlas. Las cadenas de los tobillos fueron... ehm -carraspeó, ligeramente incómodo-, una medida más de seguridad que nos obligaron a tomar después de que poseyera mentalmente a uno de nuestros médicos amenazando con matar a otra y que le rompiera el brazo por tres sitios diferentes a uno de nuestros agentes. No se deje engañar por su apariencia indefensa... se trata de una mujer muy peligrosa... y actualmente es totalmente irracional e impredecible. No hemos llegado a encontrar una explicación para su comportamiento. Inicialmente supusimos que se encontraba en shock después de las torturas recibidas, y de hecho al principio no parecía recordar nada de lo que le había ocurrido, pero después comenzó a mostrar una actitud cada vez más infantil y errática, con momentos en los que parecía estar totalmente en blanco alternando con breves períodos de reconocimiento, particularmente gracias a Alice. Sus continuas visitas le han hecho mucho bien. Pero aún así... hay algo... que está mal dentro de ella. Como una... necesidad continua de violencia. Alice sostiene la teoría de que se trata de una especie de... "adicción a la sangre" -el agente se metió las manos en los bolsillos del pantalón mientras observaba a la asesina con expresión indescifrable-. No lo sé, pero, sea por la razón que sea, no conseguimos llegar a ella. La única manera de tenerla calmada es tenerla ahí enseñándole antiguas diapositivas de su infancia. Tuvimos que ponernos en contacto con el viejo jardinero de su padre en Grecia para conseguirlas.

En ese aspecto al menos era una ventaja que Elektra nunca hubiera utilizado identidad secreta. La mansión del embajador Hugo Natchios aún seguía a su nombre aunque ella no viviera ya allí, y era un sitio bastante fácil de localizar.

- La razón por la que hemos contactado con usted es porque ya nos ha sido de ayuda en el pasado en lo referente al caso Project, y Alice dijo que usted conocía a miss Natchios. De ser así, quizá tenga más suerte a la hora de llegar a ella de la que hemos tenido nosotros -sacó de su bolsillo la tarjeta que le serviría para abrir la celda y miró a la psicóloga una vez más-. Es importante que entienda que no debe quitarle las ataduras bajo ningún concepto. Esa mujer es capaz de partirle el cuello a tal velocidad que ni siquiera lo vería venir. Alice entrará con usted. Elektra ya la conoce y se mantiene calmada a su lado. Quizás pueda evitar que se ponga nerviosa al verla a usted.

Una vez se hubo asegurado de que las instrucciones estaban claras, pasó la tarjeta por la ranura de la cerradura y la enorme puerta se desplazó, permitiéndoles la entrada. La diapositiva que se estaba proyectando en ese momento mostraba a una pequeña Elektra, de unos cinco o seis años de edad, agarrada al brazo de su padre con el entusiasmo reflejado en el rostro. Al escuchar el sonido de la puerta, Elektra se giró a mirarlas y una expresión de reconocimiento iluminó sus facciones al ver a Alice.

- Papá -dijo, señalando a la pantalla con el mentón-. Y yo -añadió con una radiante sonrisa.

- Elektra, ésta señorita se llama Elissa Stavridis. Ha venido a verte y a hablar contigo -dijo Coulson poniéndose ante ella-. Necesito que prestes atención a lo que ella tenga que decirte y te concentres, ¿vale? ¿Podrás hacerlo? Buena chica -añadió ante su asentimiento. Después se giró y le entregó a Elissa un pequeño mando-. Ésto controla las diapositivas. No sé si le servirá de algo, pero normalmente se tranquiliza al verlas. Quizá pueda darles algún uso -dijo antes de salir de la habitación, dejando a la incapacitada morena junto a las otras dos mujeres. Elektra las miró y sonrió.

- Alice -dijo en un tono de sencilla y transparente felicidad.

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MensajeTema: Re: Recuperación parte 3: Mente (Alice Delaney, Elissa Stavridis) [13-04-2019]    31st Octubre 2017, 09:09

Hay heridas que son invisibles al cuerpo humano. Son heridas que residen en el alma, cuya profundidad y recuperación escapan a todos los expertos e incluso al propio dueño que las alberga. Son heridas que no pueden ser tratadas, no puedes coserla ni aplicar presión para cortar la hemorragia. A veces se abren y sagnan, sin previo aviso, sin saber cuánto va a durar. Otras veces son silenciosas, quedan apartadas en algún lugar de nuestra memoria, se olvidan y vives con ellas. Pero siempre, siempre, nos cambian.

Por primera vez, Alice acumulaba unas pocas de esas heridas. Eran un fantasma, una sombra, a menudo tan discretos que su vida seguía adelante sin cambios notables. Otras veces, cambiaba el foco y la sombra se alzaba frente a ella. Esos instantes la bloqueaban, y parecían eternos. Pero tarde o temprano, se demostraba que hasta en los lugares más oscuros podía brillar la luz. Y aunque no sabría decir cual de todos sus recuerdos era el más tenebroso, había encontrado su particular luciérnaga. Elektra. Delaney estaba empezando a desarrollar una particular dependencia hacia la griega. La sensación de ser necesitada, de ser útil, era un pequeño bálsamo para todas aquellas heridas que nadie sabía que tenía, que todos intuían que sufría. Ayudar a Elektra le daba un propósito, un objetivo, y esa razón la forzaba a avanzar hacia adelante, su luz en el túnel. Eso, y el recuerdo de una voz, un susurro a penas, pronunciando su nombre.

La voz de Coulson mencionando el proyecto Project, hizo que los ojos bicolores de Alice se apartaran de Elektra y se posaran con calma sobre el agente. Alice había cambiado, desde la última vez que ella y Elissa se habían visto. Muchas experiencias, todas ellas comprimidas en un espacio de tiempo demasiado corto, no dejando tiempo para asimilarlas por separado, para madurar, Alice había dejado la retrospectiva de cada una de aquellas aventuras aparcadas durante la siguiente, de manera que pudiera seguir avanzando, sin pensar, sin sentir. Y cuando la calma había llamado a su puerta, se había encontrado demasiadas cosas con las que lidiar. Sin tiempo, sin ayuda. Todas y cada una de ellas la habían forzado a madurar, más todavía, y aunque Alice parecía más serena, más adulta, también se había vuelto más callada, más taciturna. Y para colmo, como guinda del pastel, estaba la visita a Arkham. Podía aceptar todo lo demás como una prueba, parte de su entrenamiento. Se había afrontado a distintas amenazas y había luchado por salvar a otras personas. Si algo lamentaba de aquellos viajes, era haber ido incapaz de hacer más. Pero no tenía esa sensación con Cédric. Una parte de ella se repetía que no había necesidad de ir a sufrir más, que no estaba ayudando a nadie, era una batalla en la que no había nada que ganar. Tan sólo había hecho daño a alguien, que se lo merecería más o menos, pero había actuado en contra de su propio carácter. El terrible temporal de pensamientos que asolaban su mente poco hacía por justificar aquel comportamiento, y se repetía constantemente lo que había sufrido Elektra para acallar el remordimiento. Pero no todo lo que había sacado de esa visita era malo.

Había constatado con sus propios ojos que Cédric era un monstruo. Había confirmado que aquello que le había hecho a Elektra había sido intencionado y no un comportamiento errático a causa de una enajenación.

Había descubierto, o al menos ella estaba convencida de que así era, de que había algo extraño en Elektra. Algo que la forzaba a matar, algo que podía justificar las huellas de sangre que perseguían a la griega, algo que pudiera paliar el daño que hubiera causado a lo largo del tiempo… Y por ende, redención.

Y finalmente… Gabriel. Alice se escudaba en la voz de su amigo, convencida de que no se lo había imaginado. Se aferraba desesperada a la idea de que, dentro de Cédric, en alguna parte, estaba encerrado Gabriel. Y si su voz había sido capaz de liberar su yugo, aunque fuera un instante efímero, tal vez significaba que Alice podía encontrar el modo de ayudarle. De salvarle de correr la misma suerte que Valjean merecía.

Por inercia, Alice se llevo una mano a la frente y apartó un mechón de cabello tras su oreja… que tan pronto como se posó en ella, se deslizó con la suavidad de una pluma y se balanceó de nuevo frente a sus ojos. La melena corta llegaba ahora por la nuca, dejando la mitad de su cuello al aire. Tal vez ese pequeño cambio había ayudado a Alice a perder parte del aire inocente e infantil que siempre la acompañaba. Ya no llevaba aquellos gorros de lana que hacían que sus orejas sobresalieran a ambos lados, aunque las puntas rosadas seguían presentes entre la marea oscura. Y al menos ese día, no llevaba aquellos largos jerseis que ocultaban su físico, y en su lugar llevaba, sobre los tejanos, una simple camiseta de algodón negro.

Coulson afirmó que Alice entraría con ella, para brindarle apoyo. Alice recordaba a Elissa, y era consciente de lo que era capaz de hacer. Había visto a la psicóloga entrar dentro de la psique de un monstruo de pesadillas, había protegido su cuerpo durante aquél tiempo y había conversado con ella, brevemente, antes de volver a separarse. De igual modo, Elissa sabía, al menos en parte, los poderes que tenía Alice, y le animaba pensar que, a diferencia de Shield, ella sí que confiaría en sus capacidades para mantener la situación bajo control. Así que le dedicó una breve sonrisa honesta, antes de acompañarla al interior de la celda de Elektra.

Su expresión se suavizó en cuanto las facciones de Elektra se tensaron en una inocente sonrisa. Mientras la asesina señalaba las pantallas, Alice caminó hasta su lado y le acarició el cabello con dulzura, antes de darle un beso en la frente y sentarse a su lado. Una vez ahí, se encaró a Elissa y aunque tomó un matiz totalmente distinto, también a ella le dedicó una sonrisa.


Si había alguien que pudiera ayudar a Elektra… Era ella.

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