Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Las cosas que hago por amor [Autoconclusivo] (29-03-2019)

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John Constantine
Shadowpact
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MensajeTema: Las cosas que hago por amor [Autoconclusivo] (29-03-2019)   Dom 15 Oct - 11:50

Cuando quieres a alguien, cuando realmente sientes que quieres a alguien, lo más duro que te puede pasar es obligarte a mantenerte al margen, por muchas ganas que quieras estar a su lado, ayudar a tu pareja, que sepa que estás ahí para lo que necesite... Más si estás mirando a través de la ventana como la persona que quieres se está enfrentando a su pasado, y éste es el padre que mató a su madre y a su hermana. John no podía meterse en esa casa como si nada y ponerse en medio. No era un experto luchador y a lo máximo que llegaba era a pelea de bar con puñetazos, golpes bajos y filetes en la cara. Podría haberla ayudado de otra forma, con otras artes.
Si se metía en medio la perdería. Tenía que hacerlo por ella misma.
Fue duro apartar la mirada de la ventana, sentarse en el césped con la espalda apoyada contra la casa y escuchar todo el estropicio que se originaba dentro, sin saber cómo terminaría Garnet. Las colillas se acumulaban a su lado según pasaba el tiempo, hasta que al final se hizo el silencio. John echó una ojeada, nervioso.

No había nada que temer.

La policía llegó rápido. Las sirenas apagaron el sonido nocturno de Cold Spring y tiñeron la fachada de la casa de rojo y azul. Se llevaron a Garnet. Se llevaron a su malherido padre. Todo parecía estar a punto de terminar. La pelirroja pasaría una noche en la cárcel siendo interrogada por lo que había pasado. Su padre iría directamente al hospital. El inglés conocía demasiado bien el guión de aquella película: hija descarriada vuelve para pedirle dinero a su padre, se vuelve loca y le ataca. El padre sale como una víctima, un héroe americano. A la hija la encierran en un manicomio con mucha suerte. Ocurre un accidente y la hija muere.
John esperó a que los policías dejaran la escena del crimen. Unas simples cintas amarillas no iban impedir que cambiara el argumento: las arrancó de un tirón y entró dentro de la casa en busca de su siguiente paso.

...

El cementerio de Cold Spring era bonito, de los más cuidados que había visto. No era ostentoso, ni tenía muchas lápidas con ángeles que las guardaban ni criptas ni mausoleos con tallas e inscripciones, pero al menos hacía que te sintieras bien mientras estabas de visita. El inglés lo estaba, sólo de pasada, y sólo porque se había visto obligado por las circunstancias. A aquellas horas Garnet estaría o bien en una mesa de interrogatorios en sentada en su celda a la espera de que la víctima despertara. Eso le daba un margen de 2 días como mucho al mago para actuar, aunque con aquella sola noche esperaba que le bastara.
Encontró la lápida que estaba buscando con un nombre que trataría de borrar de su memoria. Si los gatos son rencorosos, John podría contar como una manada entera de felinos y se quedaría corto. Dejó la bolsa de papel que llevaba encima, producto de haberse parado en un 7 Eleven, sacó varios cirios y los plantó frente a la tumba, formando un camino de luz hasta lo que había ido a buscar en la vieja casa: una gastada cinta del pelo.
El inglés se sentó con la espalda apoyada en la lápida y se encendió un cigarrillo. No tendría que esperar mucho para ver aparecer a la estrella invitada de la noche.

- Cielo, tú no me conoces, pero yo a ti si y vengo con un trato bajo el brazo: o me ayudas, o hago que pases la puta eternidad deseando ir al infierno. Tu decides.

...

El hospital estaba vigilado: policías en la entrada, policías en recepción, alguno patrullando el pasillo y uno apostado en la puerta de la víctima. Se notaba que era un pez gordo o que lo había sido. Contactos no le faltaban o amigos con mucho interés para que siguiera viviendo. Las enfermeras tenían que pasar un cacheo obligatorio e identificarse antes de poder entrar en la habitación del paciente para atenderle tras la operación. Cuando la enfermera entró se topó con el hombre tan sedado que ni siquiera podía tener los ojos abiertos. Su historia había corrido como la pólvora, y malas lenguas la adornaron un poco haciendo que aquel hombre se mereciera la mirada de desprecio que le obsequió la enfermera. Cierto o falso las noticias vuelan, y los chismorreos se recrean con el no saber.
Tras asegurarse que los vendajes estaban limpios y el paciente descansando, cerró la puerta tras de si, dejando que tan sólo la luz de la noche que penetraba por la ventana iluminara la estancia. El silencio se rompía con el constante pitido correspondiente al pulso del paciente, conectado a su respectiva máquina. Pip.... pip... pip... pip...

Y unos pasos...

El hombre tendido consiguió abrir poco a poco los ojos cuando su subconsciente notó que algo no iba bien. Su mirada enfocó una pequeña luz, amarilla o roja, no sabría distinguirla. Ahí dentro olía a tabaco.

- Menudo cuadro ha hecho de ti la pelirroja, ¿eh capullo? - le dijo una voz que no reconocía. Al darse cuenta del tono con que le hablaba y que su presencia no era deseada, el corazón del hombre comenzó a bombear con más fuerza, sobretodo al mencionar a su agresora. - Tranquilo pedazo de mierda, será una visita fugaz. Te he traído un regalo, con mis mejores bendiciones. - Olía a rosas. Miró a su izquierda: un ramo de rosas bastante pobre, atado con una cinta roja gastada. Aquella cinta le resultó familiar. La máquina aumentó el ritmo. - La primera noche siempre es especial. Que disfrutes.

La presencia de aquel hombre desapareció. No le escuchó salir ni cerrar la puerta tras de si, pero tan drogado que estaba no le extrañó no sentir nada. Sus ojos volvieron al ramo de flores sobre la mesita de su izquierda. Había poca luz. Menos luz. Algo estaba parado junto a la ventana. No, estaba justo al lado de su cama. Una figura que no había escuchado entrar. ¿La enfermera? Rezó para que fuera la enfermera. Notó algo húmedo sobre su pecho. Estaba frío. Bajó la vista y gotas de sangre empapaban su sábana. La máquina no daba a basto. El paciente levantó la mirada poco a poco, respirando con dificultad, con el miedo atenazando su garganta, agarrotando cada músculo sano de su cuerpo. El cabello quebradizo enmascaraba una forma demacrada, sintiendo un aliento frío susurrar su nombre.

Los gritos procedentes de la habitación hizo que todo el mundo que estaba cercano corriera a ver qué estaba pasando, pero tan sólo encontrarían a un hombre desvariando, gritando de miedo como haría el resto de las noches de su vida. John deseó que aquel hombre viviera muchos años mientras se alejaba por el pasillo, con el cigarrillo en la boca y metiéndose en un ascensor con un cartel sobre su cabeza: prohibido fumar.

- Las cosas que hago por amor...

Las puertas se cerraron.

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"La magia es engañar al universo y hacerle creer una mentira increíblemente escandalosa"


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