Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Porque la noche es oscura y alberga horrores (Autoconclusivo) [07-04-2019]

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Eclipse
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MensajeTema: Porque la noche es oscura y alberga horrores (Autoconclusivo) [07-04-2019]   20th Octubre 2017, 13:08


Existen muchas diferencias entre el cristianismo y el islam, diferencias que van desde la manera de entender a Dios y al mundo hasta la manera de vivir la propia religión.

Para los musulmanes, la práctica del islam se trata de algo íntimo, una comunión privada con su Dios en la que no hacen falta intermediarios. La religión musulmana, por tanto, no cuenta con sacerdotes o rabinos que puedan ejercer dicha función, ya que, según sus creencias, Allah es lo único que se interpone entre el hombre y su corazón. Lo que sí hay, sin embargo, son hombres de conocimiento, herederos de la enseñanza del Profeta, que actúan como referencia y guía para entender la Ley revelada y su práctica. Son los llamados imanes.

En principio, un imán puede ser cualquier creyente que conozca bien el ritual del rezo. Se sitúa ante los demás fieles en las mezquitas y sirve de guía para realizar la oración. De ésta forma, cada musulmán puede ser su propio imán, sin embargo, en la práctica se da cierta profesionalización, con personas que siguen estudios específicos para dedicarse a esta tarea. Karim Mossen era uno de ellos.

Apreciado y querido en la pequeña comunidad creyente de aquél barrio abandonado y pobre del Bronx, Karim se ocupaba cada día de leer el corán sobre las suaves alfombras carmesíes de intricados diseños de su pequeña y humilde mezquita Masjid Alwadud.

La discreta puerta verde pasaba fácilmente inadvertida entre un bazar árabe y una pizzería italiana en la abarrotada y populosa 149th Street del West Bronx, perfectamente camuflada en un bloque de apartamentos como otro cualquiera.  

Allí, Karim realizaba cinco oraciones al día; la primera al amanecer (Fajr), la segunda después de que el sol hubiera pasado su cenit (Dhuhr), la tercera al atardecer (Asr), la cuarta a la puesta del sol (Maghrib) y la última entre la oscuridad y la medianoche (Isha).

Cada oración podía tardar de 5 a 10 minutos, y consistía en una serie de recitaciones del Corán en árabe acompañadas por una secuencia de movimientos tales como pararse, inclinarse, sentarse y postrarse como una manera de expresar sumisión, humildad, y homenaje a Dios.

- Alá Akbar ("Alá es el más grande") -comenzó, de pie de espaldas a los fieles que, dispuestos tras él, le imitaban. Después recitó la oración introductoria seguida por el capítulo de apertura del Corán, el sura Al-Fatiha-. Alá Akbar -repitió después, inclinándose-. Subjanna, rabbeyal, azim, val, bi, jaamdi (“Glorificado seas mi señor, el grandioso”.)

Tras repetirlo tres veces volvió a incorporarse alzando las manos.

- Same, allaju, leman, jameda ("Alá oye a quienes lo alaban. Oh, nuestro Señor, a ti pertenece toda alabanza"). Alá Akbar -repitió, inclinándose hasta rozar el suelo de la mezquita con la frente-. Subjanna, rabbeyal, ala, val, bi, jaamdi.

Tras repetirlo tres veces más, se sentó sobre las rodillas apoyando en ellas las manos.

- Rabig-figr-ni, var-jam-ni, vaj-bur-ni, vaar-faa-nii, vaar-zuq-nii, va-di-ni, vaa-afee-ni, vaa-fuu-anii ("Señor, perdóname"). Subjanna, rabbeyal, azim, val, bi, jaamdi. Subjanna, rabbeyal, azim, val, bi, jaamdi. Subjanna, rabbeyal, azim, val, bi, jaamdi. Alá Akbar. Qd yakun alsalam ealaykum warahmat allah wabarakatuh liljamiea (“Que la paz, la misericordia y las bendiciones de Dios sean para todos”) -dijo al finalizar la primera oración del día.

Entonces se levantó y se volvió para mirar a sus fieles. La Masjid Alwadud era la única mezquita que había en aquella zona del Bronx, así que Karim conocía bien a su comunidad, y entre ellos aquella mañana había un rostro al que llevaba tiempo sin ver.

- Zahir -saludó yendo hacia él-. Acompáñame. No perturbemos la oración de los fieles.

Juntos subieron las dos plantas restantes hasta subir a la azotea. Una vez allí, Karim miró a Zahir. Se trataba de un hombre de apariencia normal, afroamericano, joven, bastante delgado y con el cabello muy corto. La clase de persona que no destacaría en Mott Haven, un barrio con un 24.7% de afroamericanos. Iba vestido con pantalones holgados blancos y una camisola larga de negro riguroso. En la cabeza llevaba una taqiyah de color blanco.

- Hacía tiempo que no te veía, Zahir.

El amanecer estaba empezando a teñir el cielo de tonos cobres y anaranjados. El aludido avanzó hacia él manteniendo las manos a la espalda.

- He estado atravesando por... algunos problemas personales. Regresé a París, la ciudad donde me crié. Estuve allí todo el mes de marzo, y la primera semana de abril la pasé en comunión con la naturaleza. Necesitaba... reencontrarme a mí mismo.

- ¿Y lo hiciste?

El hombre de piel negra avanzó hasta el repecho de la terraza para observar el amanecer.

- No lo sé. Yo... he cometido algunos pecados.

- Todos lo hacemos, Zahir -replicó el imán avanzando hasta ponerse a su lado-. Así es como Allah nos creó: imperfectos. Y así es como Él nos ama. ¿Eran pecados menores o mayores?

- He abusado del alcohol... varias veces.

Karim contempló por un momento las vistas que tenían desde la azotea del edificio. Resultaba muy paradójico que el edificio que tenían justo después de la tienda de muebles fuese una licorería y que ésta estuviese tan cerca de la mezquita, siendo que el Corán prohibía expresamente beber alcohol. Era como una continua prueba de fe para los fieles que acudían a realizar sus oraciones.

- ¿Estás bebido ahora, Zahir?
- No. Es una de las razones por las que quise irme al campo, para purificarme. Hace casi una semana que no bebo.  
- ¿Y tu arrepentimiento es sincero?
- Sí. He pasado por una mala racha... La mujer con la que iba a casarme me abandonó hace un mes.

Karim se volvió hacia él.

- Si esa mujer te induce a cometer actos pecaminosos, entonces es que no era adecuada para ti.
- No es culpa de ella -negó con la cabeza, apesadumbrado-. Es culpa mía. Debería tener más autocontrol.
- Zahir... lo que importa no es el alcohol... son los efectos que éste produce sobre los que lo beben -respondió Karim con un suspiro-. Cuando alguien consume alcohol, su razón queda nublada, resultándole imposible distinguir entre lo bueno y lo malo, lo puro y lo impuro. Son herramientas que utiliza el diablo para confundirnos y alejarnos de Dios. ¿Has hecho algo... reprobable mientras estabas bajo los efectos del jamr?

El aludido se tomó un instante para responder, vacilante.

- Ataqué a una mujer que estaba poseída por un yinn -musitó-. Pero no fue ninguna alucinación fruto del alcohol -se apresuró a defender-. Hubo testigos... El yinn salió a flote e hizo que se incendiara la habitación en la que estábamos -se pasó la mano por el cabello, gesto habitual de los que tienen el pelo largo, aunque él lo tenía corto. Parecía nervioso-. Me crees, ¿verdad, Karim?

- ¿Cómo no hacerlo con lo que estamos viviendo, Zahir? -dijo poniéndole una mano en el hombro para reconfortarle.

Según las escrituras los demonios, o yinn, eran seres hechos de fuego que vivían en un plano paralelo al de la humanidad, por lo que resultaban invisibles para los hombres, pero en los últimos días se les había visto vagando libres por la tierra y sembrando caos, terror y muerte a su paso.

- La habilidad de poseer y tomar cuerpos y mentes de otras criaturas es una fortaleza de la cual los Yinn se han servido formidablemente con el correr de los siglos, a pesar de que Allah les prohibió hacerlo. La concesión de sus poderes fue una prueba impuesta por Dios. Si los utilizan para destruir, matar y subyugar a los hijos de Allah tendrá que rendir cuentas por ello.

El hombre de piel oscura le miró con incredulidad.

- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? Ayer mismo un demonio atacó aquí, en los estudios de televisión de Nueva York.

- Zahir... el verdadero musulmán no debe temer a Shaitán ni a los Yinn, ya que el Profeta nos enseñó sobre ellos y cómo protegernos de su maldad. Pronuncia la palabra "Bismillah" (en el nombre de Allah) antes de entrar en tu casa, de comer, beber o practicar relaciones sexuales. De ésta manera impedirás a Shaitán entrar en tu casa, compartir tu comida, tu bebida o tu mujer. Menciona el nombre de Allah antes de desnudarte y evitarás que Shaitán te haga daño o te toque. La fuerza de la fé te protegerá de todo mal, y si alguna vez tienes dudas, recita los capítulos 113 y 114 del Corán. Shaitán no entra en la casa donde se recita Surat Al-Baqarah.

- Ya... Conozco las escrituras y la Palabra Sagrada, Karim -el hombre se apartó del imán y se dirigió hacia la salida de la azotea-. Gracias por todo.

- De nada, Zahir... Hiciste bien en venir. Ten fe en Allah, él te guiará en el buen camino. Y recuerda las palabras del Profeta: "El demonio y sus secuaces os acechan desde donde vosotros no los veis".

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