Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Esencia de mujer (Noah Hayden) [20-04-2018]

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Elektra Natchios
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MensajeTema: Esencia de mujer (Noah Hayden) [20-04-2018]   30th Noviembre 2017, 13:05

Elektra pisó a fondo el pedal de aceleración de su descapotable rojo mientras recorría el camino que partía desde la Montaña del Oso, en State Park. Necesitaba despejar la cabeza, y para eso no había nada mejor que el frío y limpio aire de las montañas. Estaban ya a mediados de abril y el hielo de las nevadas había desaparecido con la entrada de la primavera, pero las cumbres de las montañas aún permanecían heladas, y eso se respiraba en el ambiente. Era... revitalizador, o eso pensó mientras adelantaba a lo loco al camión por la autopista, hecho que el alarmado conductor recompensó haciendo sonar varias veces el claxon y asomándose por la ventanilla para llamarla lunática. Pero Elektra no lo escuchó; en su cabeza sólo podía oír las palabras que el demonio Asura le había dedicado a Hellboy cuando la había tenido prisionera hacía apenas cuatro días: ¿Te ha contado que durante años fue la perra de La Mano, que asesinó a incontables inocentes en el nombre del semidios demonio al que adoran, la Bestia, y que ésta posee una parte de su alma? Está marcada, Anung-Un-Rama. ¿Has visto el reguero de cadáveres que hay en el camino hasta aquí? ¿Quién crees que lo ha hecho? ¿Ves a alguien más? La mayoría de esos hombres eran soldados inocentes que obedecían mis órdenes...

En aquella parte de la montaña empezó a caer una nevada fina, demasiado ligera como para cuajar pero que aún así se clavaba como cuchillas en las partes descubiertas de su piel. Dolía, pero a la vez resultaba vigorizante. La ayudaba a... no pensar. En la sangre. En los muertos. En el resplandor dorado de los ojos del demonio y los colmillos que se revelaban al sonreír. En la mirada aterrorizada de la niña a la que había salvado de una vida de esclavitud y prostitución.

¿Ves lo que te decía, Anung-Un-Rama? No es más que un animal. Deja que se la entregue de vuelta a la Bestia, donde pertenece, y tú y tus amigos podréis ir en paz.

Un animal... un monstruo...

- ¡¡Aaaahhhh!! -con un grito primitivo y visceral dio un volantazo que terminó con el coche atravesando el pretil metálico que separaba la carretera de la pendiente que se internaba en el parque y descendiendo a trompicones esquivando los árboles con un eslalon salvaje que le acortó un montón de camino hasta el siguiente tramo de carretera. Cuando volvió a incorporarse a la autovía el el corazón le latía con tanta violencia que parecía que se le fuera a salir del pecho, pero se sentía un poquito mejor. Las lágrimas que no habían llegado a romper le ardían en los ojos tras el oscuro cristal de las gafas de sol.

Su impulsivo atajo le acortó más de lo esperado el camino a Nueva York y, en poco más de media hora estaba de vuelta en las populosas calles de la resplandeciente urbe. Detuvo abruptamente el descapotable a pocos metros de lo que a todas luces parecía un centro de fisioterapia y bienestar ignorando los gritos airados de los peatones a los que había estado a punto de atropellar por saltarse el semáforo en rojo y avanzó sólo unos metros más para poder aparcar justo al lado.

Llevaba un ajustadísimo vestido de punto de tirantes con minifalda color topo, apropiado para la nueva estación primaveral, con medias negras de rejilla y botas altas por encima de la rodilla. Acompañaba el conjunto con grandes pendientes de aro que destacaban entre la abundante melena ondulada oscura que caía suelta a su espalda y con un conjunto de finas pulseras doradas a modo de brazalete en la muñeca izquierda. Se colgó las gafas de sol justo sobre la cremallera que mantenía cerrado el escote, salió del vehículo y se tomó un momento para comprobar los daños de la parte frontal. El parachoques estaba un tanto abollado después del impacto contra el pretil, pero seguro que encontraba la manera de justificarlo ante Ross para que aflojara el bolsillo. Sin concederle un sólo pensamiento más, cogió el pequeño bolso rectangular negro y se dirigió con paso decidido hacia la clínica.

Necesitaba aquello.

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MensajeTema: Re: Esencia de mujer (Noah Hayden) [20-04-2018]   7th Diciembre 2017, 01:15

Pese a estar situada en pleno Manhattan, la consulta de salud del doctor Hayden distaba mucho de compartir el bullicio y el gentilicio de la ciudad de Nueva York. En la calle podían resonar cientos de ruidos en la cacofonía de la gran manzana, gente hablando, coches, música, cientos de pies caminando descompasados y al unísono, bocinas y sirenas. Pero dentro de aquél lugar ténuemente iluminado, lo primero que se escuchaba era el suave gorjear del agua en una pequeña fuente zen que descansaba en una esquina del blanco mostrador. La mayoría de los muebles eran de oscura caoba, y todo estaba ordenado en un orden tan simétrico que a ratos parecería artificial. Y de hecho, el local parecería sacado de un anuncio de inmuebles si no fuera por aquellos pequeños datos que daban indicios de tener en él vida. Había cuadros en las paredes que mostraban las distintas titulaciones que poseía el doctor que regentaba la consulta, y había también fotos. Había fotos de amigos y familia… Fotos, y parecía que faltaba una en concreto.

Noah Hayden se encontraba en el pequeño jardín que tenía en la parte trasera del local. A duras penas lo usaba, pues la luz del sol le molestaba, pero había algo que sólo ahí podía hacer pues entre sus manos bailaba, cambiando de un a otro dedo, un paquete de tabaco. Noah no fumaba, pero había fumado en su juventud, y había fumando, en gran cantidad y muy a menudo, durante todo el proceso psiquiátrico por el que había llevado a su mujer. Ahora, lo había dejado, pero en pequeños momentos durante su usual buen humor y optimismo parecían fallarle, la debilidad le llevaba de vuelta a los antiguos vicios. Parte de él se negaba, parte de él se resistía. No llevaba tanto tiempo trabajando en Nueva York y para los pequeños negocios sin afiliaciones, a veces costaba arrancar. Y en días como esos, Hayden se planteaba cerrar antes, volver a casa, y buscar alguna cosa para divertirse y entretenerse. A veces, volvía a por tabaco. Y la mayoría de los casos, como este, pues iba a ser uno de ellos, terminaba volviendo al interior del local sin haber abierto el paquete, que escondía en un cajón de su oficina. Estaba ya empezando a recoger todas sus cosas, e iba a devolver el cuadro de su mujer a la entrada principal, donde solia estar, cuando escuchó la pequeña campana de la puerta, indicando la llegada de un nuevo cliente. Eso era algo que le aliviaba, pues mejor que el tabaco, era la conversación y la compañía humana. Se acercó a la entrada, colocándose los guantes de cuero negro para saludar al nuevo cliente, y agradeció llevar puestas las gafas de sol.

Aquella mujer no se parecía a los clientes que normalmente venían a la consulta y su ropa distaba de ser la adecuada para una sesión de fisioterapia, más bien como si hubiera confundido los masajes de un fisioterapeuta con aquellos de un spa y un salón de masajes. Pero ese no era su único oficio, y como psiquiatra, no podía juzgar que tipo de cliente podía ser, o si necesitaba ayuda. Esa era tal vez una de las cosas que más se arraigaban a tu persona cuando aprendías oficios relacionados con los seres humanos. Nunca jamás una apariencia puede revelar los secretos que esconda el alma. O en ocasiones, el cuerpo humano.

No, esa mujer no se parecía a los clientes que normalmente se acercaban al local. Gente de apariencia tan rica y bien cuidada, solían tener sus propios doctores privados de alto standing. Pero sobretodo, Noah se perdió en la oscura melena de la griega, y como buen especialista, en todos y cada uno de los músculos de aquella mujer. Una vez más, agradeció llevar las gafas puestas. Ese repaso bien podría haberse confundido con lascivia o lujuria, pero esos dos sentimientos estaban lejos de la verdadera intención del británico. En realidad, él miraba otra cosa. Miraba el contorno de su piel, el sutil relieve de la musculatura trabajada y escondido bajo un físico esculpido con esfuerzo y desde luego, muchísimo entrenamiento. Entonces entendió que sus ropas y su rostro le habían engañado y que esa mujer, fuera probablemente una atleta profesional. Tal vez incluso olímpica. Era posible que verdaderamente, esa mujer se hubiera acercado para visitar la consulta de fisioterápia del Doctor Noah Hayden. Así que se acercó a ella, ofreciendo su mejor sonrisa y una mano enguantada.

-  Bienvenida. Soy el Doctor Hayden. Siendo que es la primera vez que viene, si quiere pasar a la consulta va a necesitar rellenar un pequeño formulario para la base de datos de los clientes… Disculpe que no me quite las gafas. - Noah inclinó el rostro, mostrando los ojos de un azul tan tenue que parecían hechos de hielo, aunque la mirada no era en absoluto gélida. - La luz intensa me produce migrañas.

Con una sonrisa, Noah la guió hacia el interior del despacho. Todo estaba preparado para la nueva clienta.

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MensajeTema: Re: Esencia de mujer (Noah Hayden) [20-04-2018]   3rd Enero 2018, 23:54

Noah no era el único acostumbrado a analizar hasta el más mínimo detalle. En un principio lo que más le llamó la atención fue la absoluta sobriedad de la consulta. Normalmente los salones de fisioterapia solían estar decorados con colores grises y blancos que transmitiesen sensación de pureza y asepsia, mucha luz para inspirar bienestar, y, en general, espacios diáfanos que invitaran a la paz y la tranquilidad. En ocasiones los muebles eran de madera para crear un ambiente cálido y acogedor, pero nunca de colores tan oscuros, lo sabía porque solía frecuentarlos cada vez que necesitaba algo de alivio para sus doloridos músculos. La impecable simetría ofrecía impresión de rigidez, en lugar de la necesaria flexibilidad que invitaba a la relajación. Por otra parte, el arrullo de la fuente zen así como la abundancia de fotografías que decoraban las paredes se correspondían más con lo que había esperado encontrar. Y desde luego el doctor Hayden satisfizo con creces todas sus expectativas.

Quizá lo más destacable a primera vista fuese su excepcional altura; le sacaba casi veinte centímetros de diferencia, y Elektra siempre había sentido debilidad por los hombres altos y masculinos. Porque no se podía negar que el atractivo doctor era tan apuesto como viril: lo decía su melena salvaje, la línea de la barba y el fino vello que recubría su mentón, así como las pequeñas y sutiles marcas de la edad que ya empezaban a aparecer. El mero hecho de imaginarse aquellas manos recorriendo las curvas de su cuerpo en la camilla de masaje la hizo morderse ligeramente el labio inferior sin pretenderlo. Encima tenía una sonrisa bonita... ¡y menudos ojos! Una podría ahogarse en ellos sin darse cuenta, y se le ocurrió que quizás esa era justamente la terapia que necesitaba, más que simple fisioterapia. Pero debía de tener cuidado; en las fotografías había visto imágenes de una chica que bien podía ser la hija del doctor, y si lo era, existía la posibilidad de que hubiera una esposa, y ella jamás flirteaba con hombres casados. Su madre le fue muchas veces infiel a su padre, convirtiéndole en un desgraciado, y ella la odió por eso. Nunca podría hacerle lo mismo a otra persona casada.

- Nicole Katsaros -respondió utilizando una de sus identidades falsas y devolviéndole el saludo con  cortesía. No se molestó en tratar de ocultar su acento griego-. Puede mantener las persianas bajadas en el despacho si le resulta más cómodo. No tengo problemas con la oscuridad.

Una vez en el lugar indicado se sentó cruzando las piernas y comenzó a rellenar los huecos en blanco del formulario que le pasó el rubio.  

Nombre y apellidos:
Edad:
Lesiones previas:
Antecedentes de enfermedades cardiovasculares:
¿Se aceptan tratamientos de acupuntura?

- Soy bailarina de ballet -le explicó después de firmar la cláusula donde decía que conocía y aceptaba los riesgos-. Ésta última semana ha sido muy estresante para mí. Imagino que sabe cómo son éstas cosas, cuando se acumulan los ensayos y las actuaciones. He venido a Nueva York a pasar unos días de vacaciones para desconectar y relajarme, y entonces he visto la consulta. Creo que me vendría bastante bien un masaje. Apuesto a que debo tener nudos en músculos que ni sé que tengo -añadió con una sonrisa simpática y jovial, metida en su papel.

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