Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 ¿Se puede romper un corazón que ha dejado de latir...? (Dragoslav y Sasha) [15 de Marzo de 2019]

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Sasha Triger
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MensajeTema: ¿Se puede romper un corazón que ha dejado de latir...? (Dragoslav y Sasha) [15 de Marzo de 2019]   11th Diciembre 2017, 02:32

Llevaba semanas con nervios, con náuseas, estrés… Y había llegado el día finalmente. Era todo tan extraño… Mi mundo estaba cambiando, y no sólo el externo, la gente nueva, los cambios espaciales… Mi vida y mi entorno ahora eran completamente diferentes. Mi pasado y mi presente convergían en un agujero negro del que no era capaz de salir. La visita de Loki… me dio perspectivas de libertad y a la vez me hacía cuestionar la capacidad de tolerancia que había tenido con todo el mundo. Sí, era cierto que quería pensar más en mí y algo me lo impedía…

Por eso, decidí marcharme. Por eso y por Elsa. Cuando me enteré de que tenía una de las cartas… Tenía que sacarla de allí. Aunque ella volase tres días después y en vuelo directo, yo no me lo podía permitir. Sus padres siempre habían tenido la situación económica bien acomodada, pero por juegos del destino, nunca había sido mi situación. Además era abismal la diferencia de precios entre un vuelo directo y uno con escala. Rondando 2000$ los directos y 200$ los que tenían una escala, no me lo pensé dos veces. Incluso con el segundo billete de París a Berlín, me salía más rentable… y bastante desglose económico había tenido contratando a un profesional para dirigir la pastelería. Mi segundo hogar… Era la primera vez que la dejaba sola tanto tiempo…

Agité la cabeza. Últimamente me perdía más en mi mente de lo normal. Terminé de revisar las últimas cosas que tenía que guardar en el equipaje de mano, que jugaba con los límites de lo permitido por la aerolínea y aparte mi pequeña mochila de siempre. Cargador, con adaptador europeo, pasaporte, mi adaptación volumen III de las Eddas…

Eché un vistazo a la habitación antes de irme. No me había dejado nada enchufado. Las cosas de Planaria ya estaban con su dueño y lo que era mío, guardado por si algún día recibía invitados en la casa. Negué con la cabeza dejando que mis pensamientos tomasen el control de mi cuello un instante y cerré el broche de mi mochila antes de salir con los tres bultos. Era la madrugada de un jueves, así que el trayecto en taxi sería más fácil hasta el aeropuerto. Bajé los plomos de mi piso, me cargué la mochila grande a la espalda y la pequeña por delante, agarré mi maleta… Y cerré la puerta con varias vueltas de llave, entre lágrimas. Apoyé la frente en la puerta luchando por controlar la respiración… Dalae, Planaria… Las dos personas más importantes en mi vida ya no eran nada… Un eco que no dejaría de escuchar pero que no podía llamarse voz. Con esta escapada no podía evitar pensar que lo que estaba haciendo era rogar la compañía a la tercera persona que para mí había sido un pilar. Y eso destrozaba mi orgullo, viejo perro ya desgastado.

Bajé por el ascensor, nunca me había parecido tan diminuto, y el taxi ya estaba en la puerta. Guardó mi equipaje en el maletero mientras yo tomaba asiento - Al JFK, la ruta más rápida…- Mientras se ponía en marcha las luces de los neones bailaba por mi piel a través de la ventanilla. ¿Qué hay que hacer cuando sientes que parte de tu alma se desgarra en dos…? Quería quedarme, decir que soy más fuerte que mis problemas, luchar para poder seguir una vida normal. Pero no podía. Con el recuerdo de Planaria en la mansión, con el de Dalae en mi casa, Elsa en la pastelería… Mi vida “normal” se había convertido en una vorágine de recordarme los puñales que el destino me clavaba por la espalda y no podía soportarlo.

Llegué con media hora de margen. Un descafeinado rápido antes del embarque y ya estaba rumbo a Francia. Fue un viaje de casi 12 horas, contando la escala en Lisboa. Recuerdo que irónicamente dormí más de lo que acostumbraba a dormir hace unos meses. La mitad del viaje fui durmiendo en negro y sin sueños y la otra mitad soñando despierta entre las páginas de los libros y las gestiones de la tienda. Llegué a Lisboa, para mí eran las 10:00 de la mañana y allí la gente ya estaba almorzando fui a la primera cafetería que encontré a ver si podía pedir algo de desayuno y conseguí que me pusiesen un café con una tostada. No pensaba salir del aeropuerto durante la escala así que no tenía prisa. Al abrir la cartera e ir a pagar -¿¡PERO QUÉ COÑO!?- me llevé una mano a la frente y me agarré del pelo. No me podía creer lo gilipollas que había sido -Disculpe… se me ha olvidado cambiar el dinero..Voy a una de las oficinas de ahí enfrente, ¿puede apartarlo y se lo pago ahora en cuanto vuelva?- dije hablando inglés algo más despacio tratando de facilitar que me comprendiesen. Tengo entendido que la gente de Europa aprende el inglés británico y dicen que los Neoyorkinos tenemos un acento terrible.

Me giré cargando con todos mis bultos que ya me resultaban más molestos que míos. Fui a la primera oficina de cambio de dinero que vi, teniendo en cuenta que la que le hacía competencia dos stands a su derecha era más cara. -Hola… Eh…¿A partir de qué cambio hacen rebaja?- No me lo podía creer. Había hecho el cambio telefónico con roaming internacional, había arreglado los asuntos con mi banco para poder sacar dinero allí, lo tenía todo, salvo llevar puto dinero encima que pudiese usar. Al final, por mi suerte, llevaba trescientos dólares encima, por si hubiese tenido que comprarme otro billete de urgencia, y el descuento era a partir de doscientos, así que cambié todo lo que llevaba encima y dando las gracias mientras me cagaba en las tasas de cambio de dinero, putos ladrones, volví al mostrador de la cafetería para sobrevivir a la escala.

Otro vuelo de un par de horas y al fin estaba en el París Orly. Nada más poner pies en tierra y ver el primer reloj sabía que el Jet Lag iba a joderme viva. Si tuviese hambre estaría almorzando y las primeras agujas que vi marcaban las cinco de la tarde. Eso iba a estar divertido… Mientras pasaba las inmensas colas de aduanas, extranjería y las maletas aproveché para quitarle el modo avión al teléfono y darle unos minutos para que se encontrase, deshacer el moño de viaje y cepillarme el pelo y por último, maquillarme los ojos con una raya básica y ponerme granate los labios. Sabía que Drago solía estar atento a los detalles y no le iba a hacer gracia encontrarme tan delgada… Pero al menos no quería que se fijase en los rasgos de cansancio y mal dormir.Si ya de por sí llevaba un outfit muy cómodo para el viaje…
Acabé y me desvié un momento hacia una de las tiendas, compré un champín sin alcohol, sabor manzana carbonatada y para mí una botella de whisky cualquiera. Los guardé en la mochila de mano y busqué la salida.

Por fin después de la odisea atravesé las puertas automáticas de mi terminal en “llegadas” y allí estaba él. Fui corriendo con todo mi equipaje que acabó tirado en el suelo para poder abrazarle como correspondía. Fue el abrazo más intenso que me había dado con él… Di un salto y me quedé con los brazos sobre sus hombros y la cara encogida en su cuello. -Hola…- dije con la voz temblorosa. Notaba las lágrimas tratando de salir, pero conseguí hacerme un nudo en la garganta y ahogar el dolor para poder estar con él con relativa normalidad. Le di un beso en la mejilla al bajarme del abrazo y luego le limpié el carmín con el pulgar. -Te he echado de menos…- dije desde el corazón, sonriendo con los ojos algo húmedos.

Tomamos rumbo hacia los taxis que había esperando en el aeropuerto, la primera cosa que me sorprendió de París fue que los taxis eran coches cualquiera, grises o negros normalmente, que tenían el distintivo arriba. En Nueva York eran amarillo chillón y si no los distinguías era porque estabas ciego. - Quiero que me cuentes tú primero. Cómo te va por aquí?- No quería tocar ningún tema de conversación importante. No hasta estar a solas. Si hay algo que compartía con Drago era el inmenso mundo interior que nos componía y el esfuerzo que atravesábamos cuando nos abríamos a alguien.

Durante el trayecto en taxi tuvimos una charla… diría que superficial por el nivel de cosas pendientes que teníamos que hablar. Curiosidades de París, le conté qué tal el viaje… Muy típico. Cuando al fin llegamos, me bajé del taxi y volví a cargar mis cosas -Tranquilo, puedo sola…- No sé por qué motivo, pero al llegar… Sentí como si una mano me oprimiese el estómago desde dentro. Sería el momento previo a hablar o la sensación de que le molestaría en su apartamento… -Oye, Drago… Sé que eres muy amable, no quiero resultarte una molestia. Si en cualquier momento necesitas intimidad, yo… Me marcho sin problema. Puedo costearme un hotel- Aunque no con tanta ligereza como querría.

Caminamos por la parte interior de unos edificios, que daba a un patio blanco con varias entradas. Había algunas plantas decorativas en las esquinas y un par de hiedras disfrutaban su libertad trepando las paredes. Llegamos a una vidriera enorme, era su piso. Tenía un ambiente bohemio y minimalista, aunque no le faltaba de nada. Intenté apartar las cosas para que molestasen lo menos posible. -Wow, es increíble- Me encantaba de forma genuina, me hizo sonreír. Mi piso era muy típico dentro del estándar de Nueva York y ese piso era muy diferente.

Dejé la mochila pequeña colgando de una silla y luego me giré para sacar las dos botellas. -Sé que es casi la hora de cenar pero… - Seguía sin hambre- ¿Un pequeño brindis de celebración?

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MensajeTema: Re: ¿Se puede romper un corazón que ha dejado de latir...? (Dragoslav y Sasha) [15 de Marzo de 2019]   14th Diciembre 2017, 22:58

Sasha había sido la primera amiga que había hecho en 8 años. Sí, estaban Logan y Sam, pero a ellos no los había buscado; sencillamente no se habían visto afectados o intimidados por su reputación y habían sabido ver más allá, pero su amistad no correspondía a una necesidad real de compañía. Durante muchos años se las había apañado bien solo. Es más, deseaba estarlo. Sasha había reaparecido en su vida en un momento en el que se encontraba muy mal; tras el fenómeno Omega las voces habían vuelto con más fuerza que nunca, y ella estaba allí en el momento más oportuno. A pesar de haber sido antigua alumna suya, de conocer su reputación y lo distante y frío que se mostraba siempre ante los demás, no había vacilado a la hora de ofrecerle su ayuda y su amistad cuando más la necesitaba. Y, por primera vez en años, había sentido la necesidad de aceptar. Y lo había hecho. A pesar de sus miedos absurdos, de sus inseguridades... Por aquél entonces aún pensaba que podía absorber sin pretenderlo la luz de los demás, lo cual suponía una de las principales razones por las que evitaba relacionarse con nadie, pero había decidido que, por una vez, no sería él el que tomara la decisión por ella. Había advertido a Sasha y ella había decidido aceptar el riesgo. Nunca podría dejar de estarle agradecido por ello. En cierto sentido, Sasha había supuesto el primer paso en el camino que le había llevado a convertirse en el hombre que ahora era, un hombre muy diferente del que le dio clase hacía tantos años.

Por eso, y aunque no le apetecía dar explicaciones a nadie acerca de por qué su viaje de fin de semana se había convertido en una baja sin fecha prevista de alta, cuando había recibido su llamada por Skype hacía unos días no había podido más que cogerla. Pero no tuvo que darle ninguna explicación, gracias al cielo. Resultaba que Sasha llamaba porque se encontraba mal desde hacía algún tiempo y necesitaba hablar con él. Le había preguntado que dónde se encontraba, ya que en la mansión no se lo habían sabido decir, y al decirle que estaba en París, ella le había comentado que precisamente llevaba semanas con la idea de hacer un viaje por Europa y había salido de él invitarla a su pequeño apartamento de la Rue Moret.

Había sido impulsivo y precipitado, e inicialmente había temido que ella ya tuviera todo organizado y no pudiera permitirse el desvío, pero resultó no ser así. Llevaba varios días con un extraño... vacío emocional. Lo que había ocurrido era muy diferente a sus anteriores discusiones con Cassandra. Los dos eran pasionales, y habían llegado incluso a romper brevemente con anterioridad, pero siempre habían sido situaciones vivas e intensas, con vehementes intercambios de argumentos y reconciliaciones igualmente apasionadas. Pero lo de la otra noche... Había sido tan brusco y repentino, a tan sólo unos días de haberla pedido en matrimonio y de haber recuperado la vista, cuando todo iba tan bien... Y sobretodo después de recordar los terribles acontecimientos que habían marcado su infancia... y la manera en la que Elissa había jugado con él...

Habían sido tantas cosas duras de golpe que era como si su mente aún no hubiera sido capaz de procesarlo, como si estuviera en una especie de sueño terrible y una parte de él pensara que algún día despertaría y Cassandra volvería a estar a su lado, sonriéndole en la cama.

Tendría que estar devastado por dentro, y posiblemente lo estuviese, sólo que aún no había llegado a darse cuenta. Había seguido su día a día en París como si no hubiese ocurrido nada, saliendo a pasear y haciendo las tareas de la casa como un autómata, como si no pensar en lo ocurrido pudiese evitar que se volviese realidad.

No fue hasta que habló con Sasha y le propuso de repente, sin pensar, que viniera a visitarle, y, sobretodo, con la alegría que experimentó cuando ella le dijo que sí, que comprendió lo verdaderamente mal que se encontraba. Porque se dio cuenta entonces de que aquella alegría era la primera emoción que experimentaba su embotado corazón desde que Cassandra le había abandonado. Y la segunda... bueno... es curioso como seis sencillas palabras pueden llegar a transmitir tanto:

"Hola... Te he echado de menos..."

Tan sencillo... y a la vez encerrando todo un mundo de significados. Le había echado de menos. Nunca nadie se lo había dicho antes. No había llegado a separarse de su familia el tiempo suficiente durante su infancia, y no había hecho verdaderas amistades ni en el orfanato ni mientras estuvo en el ejército. Cassandra y él habían estado tan poco tiempo juntos que tampoco había dado lugar a una separación prolongada.

No, nunca antes se lo habían dicho. Y sentía... joder, se sentía increíblemente bien. Significaba que alguien le apreciaba lo suficiente como para echarle de menos.

Drago no era un hombre propenso  a expresar sus emociones. De hecho, en la cultura y en la religión en la que había crecido estaba bastante mal visto que un hombre llorara, y más aún en el ejército. Podría contar con los dedos de una mano las veces en las que había derramado lágrimas en el transcurso de su vida adulta. Pero Drago era también humano, y en los últimos días había recuperado el recuerdo de haber sido violado cuando era un niño durante la guerra, había descubierto que Elissa, la primera mujer de la que se había enamorado, había borrado de su mente cualquier rastro de lo que habían vivido juntos, manipulándole sin su consentimiento, y había tenido que ver cómo la mujer con la que había previsto pasar el resto de su vida le abandonaba de repente sin dar ninguna explicación.

En los últimos diez días no había mostrado la más mínima reacción exterior, pero los sentimientos existían, estaban ahí, esperando algo, cualquier mínimo estímulo, para salir a flote y manifestarse.

Pese a todo, era algo que le avergonzaba, así que, mientras correspondía al abrazo que Sasha le daba, apretó con fuerza los párpados y se mordió el labio inferior hasta cortar las lágrimas lo más rápido que pudo. Había acudido a recogerla en forma humana, por lo que no podía crear una ilusión que lo disimulara, y si adoptaba su forma mutante en mitad del aeropuerto iba a llamar muchísimo la atención, así que sólo podía rezar para que ella no lo notara.

- Yo también... -te he echado de menos. ¿Tanto costaba decirlo, abrirse?-. Me alegró mucho recibir tu llamada -dijo con sinceridad, manteniendo la mirada gacha para que no se notara el brillo de sus ojos-. Y aún más que hayas podido venir. No sabes lo que me hacía falta esto.

Una cara amiga. Alguien con quien hablar, aunque sólo fuese de cosas intrascendentes para pasar el rato y desconectar de las terribles imágenes que pasaban sin descanso por su mente una y otra vez. Del recuerdo de Cassandra...

Sasha se negó a que la ayudara con el equipaje de mano, así que la acompañó hasta la parada de taxis y le indicó al taxista la dirección a la que debía conducirlos.

- Uf, no quieres saber cómo me va, créeme -le dijo volviendo a pasar al inglés de forma automática.

Ella tampoco parecía querer tratar el tema que la había llevado a salir de Estados Unidos de manera tan precipitada (y sin Planaria), así que Drago le estuvo explicando un poco acerca de algunas cosas básicas de la ciudad, como los horarios en los que se acostumbraba a desayunar, comer y cenar, y los diferentes distritos en los que se estructuraba. Su pequeño apartamento se encontraba en el distrito 11, una zona eminentemente residencial que no tenía nada turístico, pero precisamente por ser un barrio que los turistas evitaban, contaba con algunos de los mejores restaurantes, bares y discotecas de la ciudad, y era también de los lugares más baratos para comer y hospedarse. Además, no estaba demasiado lejos del centro, a unos 20 minutos en coche, por lo que la opción de ir a conocer los lugares emblemáticos de la urbe seguía disponible para el día siguiente, cuando Sasha estuviera más descansada.

El apartamento era bastante modesto, y pasaba desapercibido desde el exterior, ya que daba a un patio interior conformado por tres edificios. Sin embargo el interior, aunque pequeño, no estaba mal y aprovechaba bastante bien el espacio del que disponía.  

Nada más entrar a la casa tenías a la derecha un pequeño aseo, un sofá enfrente y una diminuta cocina integrada en el salón al final de la habitación donde también estaba la lavadora.A la izquierda estaba la mesa que hacía las veces de comedor y un sofá cama.

- Es... tranquilo -le explicó Drago mientras le iba indicando todo-. Sé que es pequeño pero he vivido solo toda mi vida, y para mí me sobraba.

-Oye, Drago… Sé que eres muy amable, no quiero resultarte una molestia. Si en cualquier momento necesitas intimidad, yo… Me marcho sin problema. Puedo costearme un hotel.

- No, no, no digas tonterías, no quería decir eso -se apresuró a responder, temiendo haber dado la impresión equivocada con sus palabras-. Está separado en dos plantas y mi dormitorio está arriba, así que creo que tendremos intimidad suficiente -añadió con una sonrisa algo avergonzada. Podía parecer una tontería, pero nunca antes había vivido con una mujer bajo el mismo techo, ni siquiera con Cassandra, pues se habían separado antes de llegar a mudarse juntos-. El sofá de la funda de colores es un sofá cama, te explicaré luego como se abre y te traeré un juego de cama de arriba. En la mesita de al lado tienes el teléfono y en aquella estantería está el televisor y el equipo de música. Puedes escuchar cualquiera de los CD, si te gusta alguno. Creo recordar que teníamos algunos gustos parecidos, al menos en cuanto al jazz. Por supuesto también puedes encender la calefacción. En ésta época refresca bastante durante la noche. Y bueno... la cocina -dijo avanzando hasta apoyarse en la diminuta encimera que había sobre la lavadora-. Imagino que una cocina tan ridícula te resultará un crimen, pero yo nunca he sido de cocinar mucho. La mayoría de las veces termino comiendo platos precocinados del supermercado o a base de bocadillos, sandwiches, o en restaurantes de autoservicio o comida rápida, así que tampoco la usaba más que para tomarme algún café. Si te va a apetecer cocinar algo elaborado un día podríamos ver cómo apañarnos, y si no, como te comenté en el taxi hay muy buenos restaurantes por la zona, y están muy bien de precio. Como tú prefieras.

La llevó a la planta superior por las escaleras de caracol y lo primero con lo que se toparon fue con un gimnasio también diminuto a mano derecha. Tenía lo básico: pesas sujetas en ganchos a las paredes, un saco de boxeo, una máquina de correr y una barra en el techo para hacer dominadas.

El dormitorio principal se encontraba justo enfrente de la escalera. Drago la hizo pasar para enseñarle dónde estaba el baño, pequeño pero elegante y contrastando con la sobriedad extrema del dormitorio.

- Sólo hay una ducha, así que tendremos que turnarnos -la informó antes de regresar a la planta baja-. Por favor, ponte cómoda -le dijo señalando el sofá mientras él se dirigía al frigorífico-. Con todo el jet-lag que llevas encima me imaginé que tendrías hambre, así que he comprado algunas cosillas. La hora de la cena no es hasta las ocho, pero por aquí es costumbre tomar un aperitivo previo en torno a las siete. Y adivina en qué consiste el aperitif en Francia...

Cuando se dio la vuelta llevaba en las manos una bandeja con un surtido de varios quesos, uvas e higos para acompañar y una botella de Oporto.

- El vino es para ti. Recuerdo que te gustaba de cuando fuimos a cenar al club de jazz.

Entonces fue cuando reparó en las dos botellas que ella había traído.

- Vaya... por lo que veo parece que te apetece algo más fuerte que el vino dulce -dijo refiriéndose al whisky. Se sentó a su lado dejando las cosas sobre la mesa y la miró con preocupación-. ¿Qué ha pasado, Sasha? Estás... muy delgada. ¿Has discutido con Planaria?

Desde luego explicaría por qué no había venido con él.

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¿Se puede romper un corazón que ha dejado de latir...? (Dragoslav y Sasha) [15 de Marzo de 2019]
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