Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Historias de nómadas: la mecánica del dinero (Roy & Elektra)[22-7-2018]

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Roy Harper
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MensajeTema: Historias de nómadas: la mecánica del dinero (Roy & Elektra)[22-7-2018]   18th Enero 2018, 17:24

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Qurac era un pequeño país situado en la zona del Medio Oriente. Esa región del mundo es una de las más problemáticas y difíciles del planeta tierra. Medio Oriente ha sido desde las dos últimas décadas una zona muy conflictiva y convulsa. Esto se debe principalmente a dos factores. En primer lugar, en 1948 se estableció el Estado de Israelí en zona Palestina. Este hecho desembocó en el largo conflicto árabe e israelí. En segundo lugar, el subsuelo atesora una gran riqueza petrolera que despierta intereses capitalistas.
Las tensiones sociales y el interés por el control del territorio por su valor económico desembocaban  frecuentemente en conflictos armados. Estas guerras eran una fuente de riqueza para los contrabandistas de armas. El negocio de las armas se lucraba en cada conflicto bélico. Era un comercio que se aprovechaba de los enfrentamientos, la codicia y el odio. Por eso, siempre buscaban que los problemas y faltas de entendimiento no llegasen a buen puerto. Las tensiones se distorsionaban e incrementaban con diversas estrategias para seguir con el ciclo de la guerra y el odio.

En concreto, en Qurac había estallado hacía pocos años una revolución del pueblo  oponiéndose a un gobierno tiránico de la facción más extremista y religiosa de la cultura musulmana. Los señores de la guerra habían incrementado sus fortunas armando a los revolucionarios, civiles y fuerzas represoras del estado con infinidad de armas de alta tecnología. Las acciones mostruosas del gobierno de Qurac con el fin de aplacar las insurgencias llamaron la atención de las potencias internacionales. La tensión en ese pequeño país ponía en jaque los intereses económicos de los ricos y poderosos de todo el globo. El precio del petróleo estaba por subir de una forma estratosférica.
Mientras el pueblo llano no paraba de sufrir las consecuencias sangrientas de la pugna entre el estado y los revolucionarios, los estados mundiales debatían la forma de resolver esa crisis. El hambre, la masacre indiscriminada, la destrucción y la miseria reinaban en el lugar mientras que las organizaciones internacionales ignoraban el tema. Los meses pasaban y las situaciones se iban agravando. La mayoría de los países se oponía a enviar tropas a un país con una historia y cultura islámica.  Los tradicionales estados occidentales de innegable tendencia cristiana defendían que esa situación caótica en Qurac debía ser resuelta por el mismo estado. Se negaban también a enviar ayuda humanitaria a aquella zona que antaño había sido su contrario. Muchas personas fueron encarceladas o colgadas en la plaza del pueblo. Los cadáveres se apilaban por doquier en las calles. Miles de inocentes murieron en fuegos cruzados. Las ONGs internacionales pedían a los grandes estados que hicieran algo para gestionar aquel conflicto. Tras mucho debate y meses de conflicto armado en el lugar,  el estado represor había sido erradicado con la más furiosa e airada brutalidad, crueldad y violencia.  La guerra se resolvió rápidamente gracias a la ayuda de los estados occidentales que apoyaron la revuelta con una intervención militar en aquel estado, al que diagnosticaron como un potencial peligro para la zona. Una vez asentados en el poder, los revolucionarios arremetieron con la misma ferocidad bestialidad que achacaban al anterior régimen.

Los primeros años en el nuevo gobierno fueron cruentos y llenos de actos represivos hacia aquellos que eran sospechosos de simpatizar con el anterior régimen. Terminado el conflicto bélico, las autoridades del nuevo sistema político de forma conjunta con las fuerzas aliadas de otros países desarmaron a la población civil, a los grupos insurrectos y a los detractores con el fin de garantizar en inicio de una democracia y evitar que se produjeran nuevas revueltas armadas que propiciasen la vuelta a un sistema de gobierno tiránico. Las armas se facilitaron tan sólo a las fuerzas del orden. Todas las demás armas incautadas fueron a parar a almacenes y depósitos en zonas aisladas. Estos lugares, aunque estaban alejados y en lugares difíciles para que los civiles pudieran acceder, estaban muy poco protegidos y custodiados. Asaltar uno de esos almacenes suponía tener armas de alta tecnología a muy bajo coste. Por eso,  muchos buitres decidieron nutrirse con el desarme militar robando ese armamento y  vendiéndolo en el mercado negro a otros países o a las mafias locales que aún imperaban en las calles, a cualquiera que quisiera utilizar un arma y estuviera dispuesto a pagarles.

Últimamente, este comercio clandestino de restos de armamentos militares tenía un destacado cliente muy activo. Dicho cliente era alguien europeo que en especial codiciaba piezas muy específicas. Este extranjero pagaba muy bien por  armamento de alta ingeniería y tecnología avanzada. Las piezas que deseaba eran tan concretas y particulares que a muchos le hacían suponer que las quería para un determinado proyecto. No obstante, a los vendedores no les interesaba para qué quería ese tipo de armamento mientras pagase el precio acordado.

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Al pelirrojo le pesaba la culpa. En su universo de origen él había intervenido de forma muy cruenta en ese conflicto. Había desarrollado armamento de alto nivel tecnológico y destructivo para los revolucionarios. Aunque su actuación había sido en pro de conseguir un de derechos, sabía que no había sido la  acertada. La imposición y el uso de la fuerza bruta sólo incrementan las tiranteces y la violencia. Su modo de proceder en el país árabe fue como cualquier actuación incorrecta de una fuerza de paz, aviva la tensión y crea desconfianza entre la ciudadanía. Se sentía culpable por su proceder y porque se sentía responsable de haber propiciado que los focos de insurrección se hubieran reactivado. Es muy difícil para un pueblo comprender que los extranjeros quieren propiciar un futuro democrático cuando ven como la supuesta ayuda se propasa con sus congéneres. Además, si esas armas que él había creado estaban en Omega, debía desactivarlas. Tenía que impedir que más de aquellos potentes aparatos destructores se reutilizaran en proyectos de escasa moral y ética. Se lo debía tanto a la nación de Qurac como a las personas que había perjudicado por sus malas decisiones y su falta de juicio.

Aunque no estaba todavía muy recuperado de su encuentro con su antiguo amigo y compañero de batallas, Jason Todd. No hacía más que unos días que el segundo Robin le había herido su pie con una de sus peligrosas balas. No obstante, Roy era testarudo y aunque cupiera la posibilidad de abrirse esa herida y andase medio cojeando, tomó un vuelo en dirección a aquel país exótico de Medio Oriente.  No sabía cómo estaba la situación en el país y quería comprobar la situación in situ para corroborar si sus temores eran ciertos. Sabía que de serlo tenía que usar sus conocimientos para enfrentrar aquel mal. se sentía un poco nervioso. En ese país su vida podía correr mucho peligro, estaba en búsqueda y captura. Cuando se inició el nuevo régimen, los revolucionarios consideraron que la asociación con aliados extranjeros podían perjudicarles y le declararon enemigo del país echando sobre sus espaldas culpas que ni tenía ni merecía.

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MensajeTema: Re: Historias de nómadas: la mecánica del dinero (Roy & Elektra)[22-7-2018]   22nd Enero 2018, 00:40

Nota aclaratoria:
 


Afueras de Qurac.

El grupo llevaba apenas tres meses en funcionamiento, pero habían estado muy activos en ese tiempo. Durante la última misión que habían desarrollado en Singapur habían interceptado un contenedor de transporte cargado de radiación gamma. El contenedor estaba vacío, pero el general les había dicho que aquella clase de contenedores se utilizaban para el transporte de unidades distribuidoras de radionúclidos fisibles de clase-g, o, dicho en cristiano, bombas gamma.

En base al peso que aparecía listado en el cargamento, Ross había estimado que podrían tratarse de unas cuarenta... Pero como siempre, el conocimiento del general, aunque abundante y prolijo, se encontraba desfasado. Gaghiel les había contado que con los avances tecnológicos de la actualidad, las mismas piezas podían construirse hoy en día con una fracción de su peso original, por lo que podían estar hablando de cientos, si no miles, de armas de destrucción masiva de alta portabilidad que muy posiblemente se estarían vendiendo en el mercado negro en aquellos mismos instantes.

En sus muchos años de experiencia, Ross había estado envuelto en el desmantelamiento de múltiples regímenes, y se había tomado su tiempo para estudiar el proceso mediante el cual elementos oportunistas dentro de los gobiernos caídos buscaban, localizaban y comerciaban con compradores dispuestos a adquirir los arsenales militares de dichos regímenes. Se había visto envuelto en la corrupción de esas transacciones, en su asesoramiento, e incluso a veces se había visto obligado a llevarlas a cabo él mismo en servicio de su propio gobierno.

Habitualmente había intermediarios que se ocupaban de poner en contacto al vendedor con los potenciales compradores, además de iniciar y facilitar la compra, el transporte y la entrega del armamento a nivel mundial. Y en concreto había tres lo suficientemente competentes como para haberse ganado la confianza de todos los que se dedicaban a aquél peligroso mundillo, especialmente a aquél nivel de letalidad.

Y lo mejor de todo era que Ross los conocía a los tres.

Y por eso se encontraban aquella calurosa tarde acechando una fortaleza en ruinas sobre las colinas a las afueras de Qrac.

El lugar era el refugio actual de un conocido terrorista que se hacía llamar Mullah Hassad, aunque su nombre real, Gary McAllister, era considerablemente menos exótico. Americano de nacimiento, Gary se había pasado al islam, se había cambiado el nombre y se había hecho terrorista. A Ross no le había costado demasiado utilizar sus contactos en el ejército y el gobierno para localizar su escondite actual.

La fortaleza se encontraba bien vigilada, con decenas de hombres armados distribuidos entre el interior y el exterior, pero eso tampoco suponía el menor problema para alguien que podía mutar a voluntad en la forma de un gigante rojo extraordinariamente fuerte e invulnerable a las balas.

De un poderoso salto, Red Hulk atravesó el techo de la fortaleza y cayó en mitad del grupo de terroristas, con su líder a la cabeza.

- Mullah Hassad, tengo algunas preguntas para ti -dijo el gigante en tono firme.

- No te tengo miedo, basura infiel -empezó el hombre en árabe.

- En inglés -le cortó el Hulk-. ¿O es que has olvidado cómo se habla, Gary?

El terrorista dirigió una mirada nerviosa a sus hombres y se volvió a mirar de nuevo a la mole carmesí que tenía delante.

- ¿Qué es lo que quieres? -inquirió, en un inglés americano perfecto que contrastaba notablemente con el turbante y las ropas árabes que llevaba.

- No "qué" sino "quiénes" -especificó el coloso, agachándose para que su rostro estuviera a la misma altura del de su interlocutor-: Akil Shehata, Rostislav Khitrovo y Kofi Maalouf.

- ¿Los traficantes de armas? -se extrañó el hombre-. Si lo que quieres es comprar armas, yo puedo ayudarte.

- Yo en tu lugar me concentraría más en ayudarme a mí mismo, considerando tu situación actual -replicó el Hulk, sin que el hecho de estar rodeado de terroristas armados restara un ápice de peligrosidad a la amenaza. El falso árabe tragó saliva.

- No sé nada sobre los otros dos, pero el ruso, Khitrovo... Contactó conmigo hace tres días. Me iba a reunir con él mañana al anochecer en el hotel Bab Al Qasr de Abu Dhabi.

- ¿Para venderte qué? -indagó Ross.

- No dio detalles, pero aseguró que valdría la pena.

- Bueno... supongo que tendré que ir entonces y enterarme personalmente.

- Llévame contigo. Te facilitaré la reunión con Khitrovo a cambio de que me permitas marcharme.

- ¿Marcharte? -el Hulk Rojo esbozó una mueca de desprecio-. No vas a ir a ningún lado, Gary. No después de traicionar a tu país, a tu familia y a todo cuanto conocías. No hay piedad para los terroristas.

La luz del sol que se filtraba por el agujero del techo se opacó cuando las siluetas de un hombre y una mujer se recortaron contra el firmamento. Como si las últimas palabras pronunciadas por el gigante carmesí hubieran sido una sentencia de muerte, el hombre enmascarado desenfundó un par de pistolas automáticas y la mujer empuñó dos largos y afilados sais. Los terroristas comenzaron a disparar, pero ni el sonido de las balas rebotando contra la gruesa piel del coloso pudo acallar la brutal sinfonía de gritos que se inició un instante después.

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MensajeTema: Re: Historias de nómadas: la mecánica del dinero (Roy & Elektra)[22-7-2018]   26th Enero 2018, 08:47

El vuelo hasta esa ciudad del Medio Oriente había sido apacible. no había ocurrido ningún altercado. Gracias a sus habilidades informáticas había hecho pasar su arco por la equipación de un deportista olímpico. También se había sacado el billete y una licencia de armas a nombre de una identidad secreta, porque  Roy Harper era persona non grata en Qurac. Sus herramientas estaban escondidas en un departamento secreto de la maleta que había procurado forrar de material indetectable para los escáneres por si les daba por pasarla aleatoriamente por los sofisticados sistemas de seguridad.  El kit de herramientas no era nada del otro mundo pero decidió ocultarlas por si acaso la seguridad se ponía impertinente. Sabía como podían ser algunas personas en esos cargos.

Su querido amigo Jason se había negado rotundamente a acompañarle.  Aunque el petirrojo  le había facilitado el nombre de varias personas con las que contactar para concebir información sobre lo que le llevaba a ese lugar. No le había ignorado totalmente como podría hacer así en cierta medida Roy lo calificaba como que estaban en buenos términos.

Desembarcó del avión y recogió su maleta sin problemas. No tenía muchos nervios porque sabía que estar intranquilo y actuar con actitudes sospechosas era lo que realmente te metía en problemas serios. Si tenías una actitud desenvuelta, confiada y risueña casi no levantabas la atención.

Para ponerse en contacto con los informantes compró un teléfono “limpio”, que no estuviera registrado a nombre de Roy Harper, con el fin de evitar pruebas que pudieran ser contraproducente tanto para él  como para quien le brindaba las informaciones. Quedó en un apartado café de uno de los barrios más transitados del lugar centro con aquellas personas.  Se sentó en la segunda mesa situada a la derecha, la que le había indicado cuando llamó a los contactos, pidió el té con menta y esperó.
El camarero le trajo su bebida y le limpió la mesa con una bayeta. Este acto del mesero le sirvió a Roy para no ser visto mientras recogía y leía de forma rauda la información escrita en una servilleta de papel que estaba debajo de su taza de té. Para no levantar sospechas el de ojos verdes se mostró siempre tranquilo y disfrutando de su té relajadamente. Al ir a pagar escondió un poco de dinero más en la taza. Esa información tenía un coste y pensaba que no estaba de más agradecerselo. No sabía muy bien cuál eran los procederes en esas situaciones. El que había tratado con ese tipo de gente y hecho ese tipo de transiciones era su Jaybird.  

En aquella breve y parca nota las buenas gentes del lugar, le comunicaron escuetamente que sus temores  no eran infundados. Las armas usadas en la rebelión civil de años atrás estaban siendo revendidas en el mercado negro. En aquel endeble trozo de papel también había una fecha,  una hora escrita y un nombre, Rostislav Khitrovo. “Un nombre ruso, genial, como si no fuera ya bastante difícil entenderme con esta gente que habla árabe”  El arquero supuso que era alguna reunión con uno de los intermediarios. Era una cita en un hotel de Abu Dhabi la noche de mañana.

Armamento de alto nivel destructivo y piezas con una ingeniería estaban saliendo a espuertas para Europa y América. La culpabilidad le invadió, seguramente  alguna de aquellas piezas era suya. No había  nada de lo que se arrepintiendo más  en la vida que de haber participado en  desarrollo y construcción  de aquel  armamento. Estaban en País arrasado por la guerra. Era realmente  fácil  asaltar alguno de los almacenes  militares desprotegidos  o sobornar a alguno de los vigilantes para que les consiguiera material tecnológico. La pobreza y la miseria tras un conflicto bélico  hacía muy fácil comprar cualquier  cosa.

Volvió al hotelucho donde se hospedaba. Sacó su móvil para buscar información sobre donde quedaba el lugar de encuentro, a que distancia estaba de donde se encontraba y que ruta podía usar para llegar de forma fácil y poco sospechosa.  Deshizo su maleta y sacó lo fundamental: sus herramientas . Puso encima de la cama su arco y sus instrumentos de trabajo. Mañana iba a ser un día complicado. Así que comenzó a preparar su arsenal.

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MensajeTema: Re: Historias de nómadas: la mecánica del dinero (Roy & Elektra)[22-7-2018]   7th Febrero 2018, 10:55


Las limusinas llegaban, una tras otra, deteniéndose en la explanada que se abría frente al lujoso hotel.

- Ésa es la tercera -contó Deadpool a través de la mirilla de su rifle de francotirador desde la terraza de uno de los edificios colindantes-. ¿Cuántas más tienen que llegar antes de que apretemos el gatillo?

- Nadie aprieta el gatillo hasta que yo lo ordene -fue la réplica cortante del general por medio del intercomunicador. Él se encontraba en una de las habitaciones del mismo edificio, observando por la ventana-. Hemos venido para buscar información, no para iniciar una matanza.

- ¿No vamos a matarlos? -se sorprendió el otro-. Viejo, ésta es probablemente una de las cosas más decepcionantes que te he oído decir en éste viaje, y no han sido pocas. A ver cómo se lo toma Elektra.

- Elektra es la que menos me preocupa en éste grupo, Wade -tras decir éso, presionó un  botón distinto del intercomunicador para acallar la incipiente protesta y se lo llevó a los labios-. Elektra, informa. ¿Cuál es tu posición?


Dentro del hotel, en un suntuoso reservado, un hombre de cabello y barba blancos aguardaba a que los invitados de las limusinas ocuparan sus asientos en los cómodos sofás que había en torno a la mesita central.

- Bienvenido, Sheikh Asad -saludó con marcado acento ruso al último hombre que hizo su aparición en el reservado, un árabe de apariencia joven-. Por favor, únete a nosotros. Tómate una copa.

- Soy musulmán. No bebo alcohol.

- ¡Ah! Yo tampoco -dijo al tiempo que alzaba la copa que tenía en la mano en su dirección a modo de brindis y le guiñaba un ojo cómplice-; Sólo bebo vodka.

- No he venido aquí para perder el tiempo, Khitrovo -contestó el musulmán haciendo acopio de paciencia.

- No. Has venido aquí porque eres uno de mis clientes preferidos... y porque te pedí que vinieses. Pero principalmente has venido para averiguar por qué has venido -sonrió, ladino, llevándose la bebida a los labios-. Siéntate y te lo cuento.

- Todo ésto es altamente irregular, Khitrovo -protestó otro de los clientes ya reunidos-. Así no es como llevamos nuestros negocios.

- No... pero es como llevo yo los míos, y a éstas alturas todos deberíais saberlo.

Tres camareras cubiertas con un niqab negro que dejaba a la vista únicamente los ojos atravesaron el umbral del reservado, fuertemente custodiado por, al menos, media docena de hombres armados, portando en las manos bandejas con viandas. Khitrovo se giró a mirar a la que se inclinó junto a él, una muchacha poseedora de unos ojos grises particularmente hermosos.

- Ah... preciosa -musitó el ruso, fascinado por aquella intensa mirada-. ¿Sabéis? He llegado a encontrar muy erótica la manera que tenéis de cubrir a vuestras mujeres. Resulta muy... misterioso. Miro a ésta mujer y no puedo evitar preguntarme.... -una garra de acero se cernió sobre la muñeca de la camarera, haciéndole volcar la bandeja para acercársela hasta tenerla a pocos centímetros de su rostro-: ¿Lo que se oculta bajo esas ropas es tan bonito como me imagino...?

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MensajeTema: Re: Historias de nómadas: la mecánica del dinero (Roy & Elektra)[22-7-2018]   18th Febrero 2018, 18:39

Era demasiado pálido, pelirrojo y de ojos claros para pasar desapercibido como un empleado común y corriente del hotel. Su tapadera hubiera sido descubierta demasiado pronto. El mundo árabe no tenía la suficiente mezcla étnica para que las personas con rasgos como los de Roy, que eran prácticamente escasas en estos lugares se pasaran por completo por alto. Le resultaba ciertamente gracioso que sus atributos fueran  tan remarcables en aquel rincón del mundo. Aunque eso era lo que generalmente ocurre cuando eres diferente Los países de tradición  islámica  se estaban abriendo  al mundo y  a los extranjeros. No obstante la mezcla y diversidad cultural y étnica no era la suficiente  para que no repara sen en él.  

Tendría  que hacerse pasar por un adinerado occidental que iba a aquel país oriental  a gastar el dinero en apuestas, casinos y hoteles de buena vida como en el que se organizaba la compraventa. Había sido un hijo adoptivo de un rico malcriado  y despilfarrador así que sabía muy bien  cómo interpretar ese papel. Se preparó concienzudamente  para su rol en aquel momento.  No le gustaba nada tener que engominadar y peinar para atrás  pelirrojo  cabello pero la ocasión  lo precisaba.  Se puso un traje negro y elegante. No le gustaba nada ese tipo de vestimentas pero eran las apropiadas. Llevaba a juego con su apariencia un maletín ejecutivo de color marrón oscuro, en el cual doblado estaba su arco y varias aparatos tecnológicos. Engarzadas en su espalda,  y cubiertas por la camisa y la chaqueta, llevaba unas cuantas de sus flechas. Aunque al final, gracias a un contacto pudo pasar más fácilmente las barreras de seguridad de aquel evento privado. Pero debía dar ante todo una buena imagen.


Llegó  al hotel conduciendo un Lamborghini rojo para dar esa impresión  de riqueza y exceso que tenían los millonarios. Había alquilado el vehículo  gracias a su falsa identidad  y un dinero que había conseguido  para su viaje de un forma un poco fraudulenta. Los proveedores  de armas tenían  una reunión  privada. Al pelirrojo le hubiera sido muy difícil  acceder si no hubiera pedido ayuda a su amiga Tara. Ella tenía muchos contactos entre la gente pudiente. Era una mujer que se mojos entre la línea de lo legal y lo ilegal, difuminada los márgenes y se manejaba por ellos proveyendo  favores. La americana le adentró  en aquella reunión ofreciéndole la identidad  de un enlace de una de las bandas de Bealfast. Tara conocía  directamente  a alguien dentro de aquella magia irlandesa, que había recibido la invitación  a la compraventa  pero que no iba a acudir. Por eso se había tomado la libertad de darle al pelirrojo esa identidad.

Entró al hotel mostrando esa seguridad y arrogancia  que tenían aquellos que llevan a cabo esos tratos. Como de absoluto conocimiento que aquellos negocios arriesgados les saldrían favorables. Con desenvoltura se presentó y dio las acreditaciones. Toda esa infiltración  tenía para él un alto riesgo pero  no servía  de nada ponerse nervioso ni mostrar miedo. Si algo salía  mal lo mejor era mantener  la calma. Paso con tranquilidad los controles y medidas de seguridad de los anfitriones.

Al llegar vio como intentaba  propagarse con una de las camareras de evento y le hervía la sangre. No soportaba esos actos y tuvo que poner mucho  autocontrol para no poner una mueca de desagrado en su rostro. Esa clase de rufianes trataba a todo el mundo como si fueran de su propiedad le asqueaba. Además, en esos paises con la poca sensibilización y la falta de una legalidad que defendiera a las mujeres aquellos tipejos podían propasarse sin recibir un castigo.

- No estamos reunidos aquí  para eso. Hemos venido a hacer negocios. Ya disfrutarás de las vistas más adelante, terminada la reunión. - El pelirrojo dotó a sus palabras con un matiz, duro como se esperaba de un irlandés de las bandas. No le gustaba que su tono adquiriera ese tono brusco pero la indignación  ante la falta de respeto  a la muchacha, no sólo   por ser vista como un objeto  sino también  la injuria a sus tradiciones y a su religión, lo hizo posible. Miró fijamente al individuo que tenía delante estaba analizando la situación para saber como proceder en caso de que no hiciera oído a sus palabras. Sabía que iba a poner en peligro su misión pero no podía dejar que alguien sufriera el acoso de ese hombre.

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MensajeTema: Re: Historias de nómadas: la mecánica del dinero (Roy & Elektra)[22-7-2018]   19th Febrero 2018, 13:07

- ¿Elektra? Elektra, informa. ¿Qué está pasando?

La voz de Ross resonaba, insistentemente, en el transmisor que la asesina llevaba en el oído, oculto bajo el cabello y el niqab, pero la aludida en ese preciso momento no podía responder.

Mientras estuvo en La Mano, la ninja había tenido que soportar que sus compañeros masculinos abusaran de ella, considerándola como poco más que una puta de su propiedad. Tekagi la había sometido en combate y se había apoderado de su cuerpo, y casi de su alma, y juró que jamás volvería a ser la posesión de ningún hombre. Por eso, cuando había fracasado en la última misión que le encomendó La Mano y su superior le dijo que como compensación tendría que demostrar su lealtad y fidelidad a la secta permitiendo que la violara, su respuesta había sido clavarle el sai en las entrañas. Llevaba huyendo de ellos desde entonces, y no dejaba escapar ninguna oportunidad de ayudar a todas las mujeres desfavorecidas, maltratadas o en situación de sumisión y abuso por parte de los hombres que se encontraba.

Durante la fracción de segundo que duró el agarre del ruso sobre su muñeca tuvo tiempo de sobra para visualizar la llave de Daken Taijutsu que le haría para librarse de él, retorciéndole el brazo a la espalda y destrozándole el hueso justo por encima del codo. La rudeza del hombre y la fetidez de su aliento le trajeron malos recuerdos de las sebosas manos del jonin sobre su rostro cuando trató de besarla, por lo que tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para que aquella vívida imagen no pasara más allá de su imaginación.

- No estamos reunidos aquí  para eso. Hemos venido a hacer negocios. Ya disfrutarás de las vistas más adelante, terminada la reunión -intervino uno de los allí reunidos, un ejecutivo pelirrojo bastante atractivo.

Durante un instante, Khitrovo sostuvo la mirada de quien así le retaba, con una desagradable sonrisa que no dejaba adivinar sus intenciones. Debió decidir que no le compensaba perder un cliente potencial (junto con una transacción de millones) y arriesgarse a estropear la operación por una zorra bonita que ni le iba ni le venía y por la que seguramente podría pagar cuando todo aquello hubiera terminado, así que la soltó, y Elektra se apartó rápidamente hasta su lugar en el fondo de la estancia. Estaba temblando cuando lo hizo, de indignación y de rabia, pero si alguien la estaba mirando posiblemente lo confundiría con el lógico temor que aquella situación habría provocado en una muchacha normal, lo cual convenía a su tapadera. Demasiados recuerdos... y situaciones por las que no estaba dispuesta a volver a pasar.

- ¿Elektra? Si no respondes en los próximos dos minutos, Wade y yo tendremos que intervenir.

La advertencia del general, alta y clara en su oído, la devolvió a la realidad de la operación que se traían entre manos.

- Todo bien, Ross -susurró, en voz muy baja para que nadie pudiera oírla desde su posición alejada-. Hemos estado a punto de tener un héroe, pero la situación se ha desarrollado bien -echó un vistazo a cómo iba la reunión. Todos los compradores habían llegado ya, y Khitrovo se disponía a enseñarles aquello en lo que estaban empeñando su tiempo-. Se dirigen a la terraza del hotel. Para seguirles voy a tener que abandonar la tapadera.

- Está bien, sigue adelante. Wade y yo trataremos de aproximar posiciones. Corto y cierro.

Khitrovo y los demás abandonaron el reservado y Elektra aguardó su turno para salir al final, con el resto de mujeres. Cuando todas estuvieron fuera, se fue quedando atrás y, en un momento en el que nadie miraba se perdió entre las sombras de uno de los corredores. Dirigiéndose hacia las escaleras de servicio fue subiendo los peldaños más o menos al mismo ritmo que ascendía el ascensor y, una vez arriba, no le costó mucho degollar a los guardias que Khitrovo había dejado vigilando en la puerta de la terraza, haciendo que cayeran sin causar el menor ruido. Lo que vio cuando se asomó la dejó boquiabierta.

- Ross, ¿me recibes? Son unidades de Dinamo Carmesí. Repito, son unidades de Dinamo Carmesí -susurró en tono de alerta-. Cuento cinco de ellas.

- ¿Unidades de Dinamo Carmesí? -repitió atónito el general-. Ok, vamos a intervenir. Aguanta hasta que lleguemos a tu posición. Ross fuera.

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