Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]

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Aureole Deveron
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MensajeTema: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   25th Julio 2014, 01:27

La visita estaba resultando soberanamente tediosa. Siempre era interesante pasear por las salas de un museo, pero no cuando lo que interesaba de él no era el arte expuesto, sino el adquirido. Era otro más en la larga lista de exposiciones y colecciones que había decidido revisar en busca de nuevos artefactos, pero al parecer el dueño estaba ausente. El encargado de turno le había pedido que aguardase, que el director no tardaría en llegar. Que había sido un asunto extraordinario, un imprevisto, que vendría cuanto antes para no tenerle esperando... Lo de siempre. Estaba harto de que se disculparan con su dinero.

Pues otra persona seguramente no habría tenido un trato tan deferente. Así, mientras esperaba con toda la impaciencia que le daba una agenda apretada, Aureole se entretenía mirando de pasada cuadros y obras que ya conocía. Era cierto que en el segundo vistazo se apreciaban matices diferentes, pero ya era la tercera o cuarta vez que pasaba por aquella galería en lo que iba de mañana. Y el resto de Gotham no era tan atractiva como para querer permanecer en ella más tiempo del necesario, sin un buen motivo.

Aburrido, el inglés había pasado de fijarse en los cuadros a fijarse en la decoración. A los dos segundos se había cansado de eso y se centraba ahora en la gente que visitaba el museo. Había de todo, aunque poco fuera de lo normal: gente mayor, enteradillos y connoiseurs, estudiantes, grupos escolares, curiosos... Y curiosamente concentrada en medio de aquel frío ambiente lleno de pisadas, murmullos y comentarios, una muchacha sentada en uno de los escasos y muy valorados bancos, observando un retrato y dibujándolo a su vez en un cuaderno... aunque en un estilo muy diferente. Aureole no sabía nada de cómics, salvo que existían. Se dijo que no era el tipo de cosas que seguramente acabara en una galería.

Sin embargo, había algo en aquel dibujo. No pudo evitar quedarse mirando. Era como si el retrato del cuadro, a pesar de toda la expresividad y experiencia de un autor afamado, estuviera completamente muerto; por el contrario, el que ella dibujaba... parecía que le devolvía la mirada.
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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   29th Julio 2014, 15:20

Parecía que el mundo se abría cada vez más ante mis ojos. Cansada de una monótona y triste Nueva York y con la noticia de la aparición de nuevas ciudades, mi curiosidad y creatividad despertaron con fuerza. Aquello era una buena oportunidad para explorar nuevas ciudades y conocer a nuevas personas, continuar inspirándome en la realidad y crear nuevas y fantásticas historias.

Me levanté aquella mañana con mucha motivación, y una gran sonrisa en mis labios, con ganas de comerme el mundo. Había pasado toda la noche hablando con Lissa sobre la ciudad donde se crío, Gotham. Me habló de sus calles oscuras, de sus edificios grises, de los superhéroes y villanos que habitaban por las noches ¡todo sonaba tan increíble en su boca! Por un momento la chica se sintió algo cohibida al darse cuenta de cómo me brillaban los ojos.

Hizo que me picara la curiosidad, y después de desayunar tranquilamente a su lado, decidí darle una oportunidad a esa ciudad del nuevo mundo. Me despedí de Elissa, que tenía que marcharse pronto a la consulta y yo cogí el primer autobús de la mañana que llegaba a la ciudad de Gotham.

Lycos tuvo que quedarse en casa, no quería llevar al pobre animal arriba y a abajo por las calles de Gotham y montar una escenita con sus incansables ladridos a los desconocidos. Aunque si surgía algún peligro, Lycos siempre se daba cuenta del problema antes que yo y podíamos huir a tiempo. Esta vez, solo podía contar con mi sexto sentido de mujer (aunque no estaba muy segura de que funcionara bien).

Visité unos cuantos monumentos importantes y me detuve a dibujar a algunas de las estatuas y gárgolas que colgaban de los edificios. Gotham parecía una ciudad triste, pero su belleza arquitectónica me cautivaba y conseguía que me adentrara en una época oscura del siglo pasado. Se parecía bastante a Nueva York, pero la ciudad parecía más antigua, como más desgastada.

En uno de los momentos de la mañana, me adentré al museo Nacional. Tenían una exposición de la época renacentista de la ciudad que estaba bastante interesante. Me senté en uno de los bancos que había para descansar y saqué mi libreta y mi pluma del bolso. 

Durante casi media hora, me dediqué exclusivamente a hacer una copia de casi todos los cuadros que había expuestos aunque a mi estilo. Tenía que seguir practicando las expresiones y los rostros masculinos, y ya de paso cogía referencias culturales y nuevos diseños para los personajes del webcomic. 

En un momento dado, cuando alcé la vista para mirar el puente de la nariz del retrato, me di cuenta de que había alguien de pie a mi lado, seguramente mirando el mismo cuadro que yo. Mis ojos siguieron la figura de aquel hombre trajeado y terminaron en su rostro inmaculado, casi perfecto. Tenía una suave melena castaña que llegaba a la altura de los hombros y unos profundos e inexpresivos ojos, que se habían detenido al mismo tiempo que dejé de dibujar. Entonces me di cuenta de que lo que estaba viendo era mi retrato y no el de la exposición.

Sus ojos se encontraron con los míos durante un segundo, al darse cuenta que había dejado de dibujar y quedé fascinada con su belleza. Nunca había visto a un hombre tan atractivo en mi vida y sentí unos terribles deseos de dibujarle. Acto seguido fruncí el ceño incómoda y volví a dirigir mi mirada al dibujo, enfrascándome de nuevo en mis cosas y evitando que aumentara aún más el rubor de mis mejillas.

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   2nd Agosto 2014, 00:51

FDI: pensaba entrar con la forma de cincuentón, pero como no he especificado nada da igual XD.

Tan concentrado estaba en la expresión del rostro que veía todavía sin color, pero aún así tan vívido, que tardó en darse cuenta de que la chica le estaba mirando. Ésta regresó de inmediato al dibujo. A Aureole le pareció que se había sonrojado. Sonrió ligeramente. A veces casi se le olvidaba que esa era una reacción en ocasiones muy común cuando mostraba su aspecto más rejuvenecido. Le había pasado igual en aquella época en la que realmente había sido joven. No en balde más de una damisela le había dedicado sutiles caídas de ojos.

Sin embargo, hacía ya tiempo que no se dejaba tentar por ninguna mujer. No tenía una idea exacta de por qué, pero así era. Tal vez los viajes, las búsquedas interminables, las horas de estudio buscando el paradero de objetos perdidos le hubiera quitado el apetito. O tal vez simplemente no había estado de humor. En cualquier caso llevaba bastante tiempo sin disfrutar de la compañía del bello sexo, ni que fuera para una simple conversación fuera del típico intercambio de palabras con una recepcionista o encargada y poco más. Aquella era una excusa tan buena como cualquier otra. Además, le interesaba el dibujo y su estilo llamativo.

-Interesante mezcla. Creo que nunca había visto una versión similar de una reproducción del fauvismo más típico. Es curiosa la forma en que parece estar incluso más... dinámico. Como más vivo. Parece a punto de moverse - comentó con voz suave, procurando no sobresaltarla ni echar a perder su concentración.
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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   8th Agosto 2014, 21:31

FDI: OMG! Perdón, perdón! >o< espero que no te sepa mal!

Sin más dilación me puse de nuevo a dibujar, aunque esta vez estaba algo incómoda. Intenté que mis trazos fueran firmes y volví a pensar en la curva de esa nariz tan complicada. No era la primera vez que me sentía observada mientras dibujaba, habían sido cientos de veces, sobretodo si realizaba alguna práctica de retratos en el metro. Pero de alguna manera, la presencia de aquel hombre me hacía sentir nerviosa.

Entonces, escuché la suave y melodiosa voz del desconocido. ¿Estaba hablando conmigo?

-Interesante mezcla. Creo que nunca había visto una versión similar de una reproducción del fauvismo más típico. Es curiosa la forma en que parece estar incluso más... dinámico. Como más vivo. Parece a punto de moverse -

- Gracias - le dije, supuse que aquello era un halago - Pero creo que si se moviera mi dibujo yo saldría corriendo... - bromeé, mostrándole una sonrisa tímida. No tenía ni idea de la razón que llevaba aquella frase.

Vale que mi humor no era mi mejor cualidad, pero no conocía otra forma de romper el hielo. 

- No soy una gran admiradora del vanguardismo, pero esta pieza en concreto me ha llamado mucho la atención.

Por no decirlo, no me gustaban nada los movimientos vanguardistas. Estaba muy bien eso de expresivo, experimental e inovador, pero yo prefería el realismo, adoraba la anatomía y admiraba a Leonardo Da Vinci. Pero claro, mi querida asignatura favorita (nótese la ironía), la historia del arte, estaba ahí para recordarme que existían otros estilos y me obligaba a conocerlos a todos.

Por suerte, aquella dura época ya había pasado.

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   13th Agosto 2014, 17:24

FDI: nada, yo también me conecto poco.

-Entre nosotros, creo que antes preferiría ver saltar del papel tu trabajo que el de otros que se dicen "autores". Y desde luego tampoco me gustaría ver en danza El grito, por poner un ejemplo - dijo continuando lo que a él le parecía una broma.

Aureole continuó observando la manera en que los trazos se perfilaban en el cuaderno. Habría pensado que la nariz no terminaba de cuadrar, pero aunque entendiera de arte él no era quien para señalar defectos ajenos. Lo suyo era más la historia del arte que su práctica.

-Es lo que tiene este estilo, como esas obras grotescas que ahora a algunos les gusta llamar arte: o te gusta o no te gusta. A veces algunas exposiciones parecen estar llenas del resultado de que un terremoto de alta intensidad se ensañara con el trastero de un albañil o de un pintor de brocha gorda. Expresará todo lo que se quiera, pero francamente, hay que tener un humor muy concreto, o un apuntador, para poder apreciarlo.

Y es que cada vez entendía menos las alas de museos o galerías dedicadas al postmodernismo. Algunas hacían evocar ciertas sensaciones, pero la mayoría se resumía en pavor al imaginar encontrarse la escena del cuadro en un callejón a oscuras. Claro que pocas cosas resultaban atrayentes en un callejón a oscuras. Aureole se preguntó si pensaría colorearlo más adelante, o si simplemente era un boceto de práctica. Sea como fuere, estaba claro que la chica tenía talento.

-Por eso me gusta más el realismo. Dicen que la imitación es una forma de admiración, y todo lo que existe tiene al menos una parte que bien puede ser admirada, incluso si hay que buscar un poco para verla. En este caso, sin embargo, no hace falta esperar mucho; el resultado salta a la vista - comentó aludiendo al dibujo, cuya cara ya estaba casi completa.
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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   14th Agosto 2014, 16:15

Vale, el tío tenía sentido del humor, uno muy elegante, la verdad. Solté una carcajada y agradecí sentirme algo más relajada para poder hablarle sin timidez. Yo pensaba que la conversación ya habría terminado, pero al parecer el hombre tenía cuento para rato.

En mi mente se había dibujado el personaje del grito saliendo de su cuadro y poniéndose a bailar con el resto de los obras del museo, sin poder despegarse las manos de la cara en ningún momento. Tenía que reconocer que imaginar aquello resultaba muy gracioso.

- Muy cierto - afirmé, esbozando una sonrisa - a veces me pregunto qué se considera realmente arte. Estoy muy de acuerdo con usted en que es algo muy subjetivo y depende de la personalidad y cultura del espectador. - continué, aunque se me hacía raro no hablarle de tu, pero su presencia me evocaba mucho respeto -  Si me pusieran delante un dibujo de Alex Ross y la obra cuadro blanco sobre blanco de Malevich, tendría muy claro cual escoger.

Estaba claro que aquel hombre sabía mucho más que yo del tema, aunque tampoco era muy difícil teniendo en cuenta cuánto lo aborrecía. ¿Sería algún profesor de historia del arte? ¿Algún estudioso o filósofo del tema? ¿Restaurador? Por las ropas bien podría ser un nuevo rico interesado en la compra de cultura.

- Por eso me gusta más el realismo. 

¡Toma ya! Por un momento había temido que fuera uno de esos críticos de las obras modernas y admirador del arte contemporáneo. Que empezáramos a tener los mismos gustos artísticos me animó a seguir conversando con él.

Dicen que la imitación es una forma de admiración, y todo lo que existe tiene al menos una parte que bien puede ser admirada, incluso si hay que buscar un poco para verla. En este caso, sin embargo, no hace falta esperar mucho; el resultado salta a la vista - dijo, volviendo sus ojos a mi dibujo, que estaba casi terminado.

Oh, vaya ¿aquello había sido un alago? Yo encontraba que mi dibujo era como los que hacía siempre (los que no saltaban del papel, quiero decir), así que no entendí muy bien que tenía de especial comparado con la obra a la que estaba retratando. Aún así, me sentí muy feliz de que le gustara lo que hacia y a demás había sido muy educado conmigo. Aquel hombre debía de tener una educación exquisita por la manera en que hablaba.

- Gracias... - contesté ahora cortada, no podía evitar sonrojarme un poco por aquel cumplido. Los editores nunca eran tan buenos conmigo.

Terminé de retocar el cabello del retrato y arreglar lo que pude de la nariz. Seguía quedando rara en el papel, como si no encajara con el resto de la cara, pero aún así estaba mucho mejor que antes. En la esquina inferior  izquierda añadí la fecha del día del día de hoy y firmé con una letra clara, para que no tuviera duda alguna de como me llamaba.

- Si le gusta, puede quedárselo - le dije, arrancando el dinA4 de la libreta. Al fin y al cabo era una práctica y no la iba a utilizar para nada más.

Así, si necesitaba algún dibujo de mí algún día siempre podía buscar mi nombre por Internet y encontrarme en mi página web personal. No había muchas Elysia Stavridis en el mundo que fueran artistas, así que no tendría problemas.

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   22nd Agosto 2014, 01:58

Aureole rió la gracia y agitó la mano, desechando el trato de la chica, que le parecía excesivamente cortés. Era lo que tenía vestir de traje en sitios donde llevarlo solía significar dinero o importancia... No es que no tuviera dinero, pero eso era algo que cualquiera podía conseguir, por lo que tampoco le parecía que mereciera tanto respeto.

-No me trates de usted. Me hace sentir viejo, y yo no he tenido la misma consideración contigo. En realidad, he sido más grosero de lo que me gustaría admitir, ya que ni me he presentado. Bradford Cunningham, asesor. Puedes llamarme Brad si te resulta más cómodo - dijo extendiendo la mano enguantada. Naturalmente, era uno de sus nombres falsos.

La chica parecía genuinamente halagada cuando habló de su trabajo, y se dispuso a ultimarlo. Acabó de perfilar el pelo y lo completó, haciendo otro tanto por la nariz. Sin duda no le había gustado cómo quedaba al comienzo. Aureole se fijó en que hacía lo justo, sin caer en esa vanidad de tantos artistas modernos que les lleva a dar una pincelada más, intentando quedar más cerca de la perfección y consiguiendo, en su lugar, emborronar por pura soberbia algo que habría sido precioso. Cuando terminó, la muchacha se lo ofreció, a lo que respondió arqueando una ceja. No se lo esperaba.

-¿Estás... segura? No tendré dentro de unos años un boceto de valor incalculable cogiendo polvo en un marco en vez de en un expositor rodeado de curiosos, ¿verdad? Me sentiría como un estafador si...

Unos pasos más apresurados que los que les rodeaban le hicieron dejar la frase en suspenso y mirar en la dirección de la que procedían. Era el encargado, que se acercaba a ellos. Al parecer, el director ya había llegado y estaba listo para tratar el asunto que le había llevado allí. Aureole se volvió hacia la chica. Tal vez pudiera hacer uso de su talento por un rato... y posiblemente una invitación a un sitio con clase serviría para devolver el favor.

-Vaya, el tiempo vuela cuando uno está entretenido. Tengo un tema que tratar con el director del museo. No debería llevarme mucho rato, aunque estas cosas son algo impredecibles. No quiero hacerte perder el tiempo, pero me gustaría invitarte a algo como... pago, podríamos decir. Por el dibujo y la conversación. Si estás ocupada, podemos quedar para más tarde. Claro que si no tienes nada que hacer y no te molesta escuchar algo de charla aburrida sobre una adquisición puedes acompañarme, y así tenemos más tiempo para concretar. Al director de museo no le importará, ya que de mi visto bueno depende su cartera. Quién sabe, puede que hasta tengan algo que merezca la pena ver, entre bambalinas - propuso sin dejar de sonreír.
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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   29th Agosto 2014, 18:04

-Oh, disculpe, quiero decir - me corregí - lo siento- le sonreí algo más tímida, aquel hombre podría ser incluso más joven que yo y aún así me seguiría infundiendo respeto. 

Encantada, Brad... - le estreché la mano con firmeza, no quería parecerle nerviosa - yo me llamo Elysia Stavridis. 

-¿Estás... segura? No tendré dentro de unos años un boceto de valor incalculable cogiendo polvo en un marco en vez de en un expositor rodeado de curiosos, ¿verdad? Me sentiría como un estafador si...

-No lo creo - rompí a carcajadas, aquel hombre era muy alagador y aunque eso no me gustara me hacía sentir extrañamente bien. ¿Tanto le había gustado mi dibujo? - De verdad, quédatelo. - le dediqué de nuevo una sonrisa sincera. 

Entonces interrumpió la conversación otro hombre trajeado, pero esta vez era el personal del museo. 

-No me debes nada, yo también me lo he pasado bien charlando contigo - dije, dudando en aceptar su oferta por unos instantes... ¿de verdad me estaba pidiendo que le acompañara? ¡pero que narices! Quizás fuera la última vez que un hombre tan culto y tan atractivo me dirigiera la palabra. - pero ya que insistes, será muy interesante acompañarte. Espero no ser una molestia.

Recogí mis lápices, los guardé en el estuche y después coloqué la libreta y el resto de bártulos en el bolso. Cuando terminé me levanté del asiento como una flecha, dispuesta a seguir a Bradford.

-Lista- le sonreí entusiasmada. Si algo me caracterizaba era mi gran curiosidad por todos y por todo. ¿Qué sería esa misteriosa "adquisición" del museo? ¿Cuánto le costaría a Brad? ¿Será un nuevo rico de Gotham?

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   28th Septiembre 2014, 21:48

Luego de la presentación y el cambio de manos del boceto, Elysia parecía algo más confiada. Una vez estuvo preparada, el encargado les llevó por la galería hasta la parte del museo que estaba cerrada al público. Una vez allí el ambiente cambiaba radicalmente: nada de gente paseando vestida de turista ni curiosos con cámaras, ni ancianos sibaritas del arte murmurando sus opiniones con enteradillos. No, sólo una atmósfera silenciosa, gente trabajando en despachos a derecha e izquierda y una decoración algo más delicada que en el resto del edificio.

El encargado les llevó hasta el despacho del director, que más que un estudio era una pequeña sala. Unas cuantas máquinas, entre ellas varias impresoras y un escáner, se alineaban junto a la pared. En cada rincón había una estantería llena a rebosar de libros sobre historia y catálogos de obras de arte variadas y una reproducción de Washington cruzando el Delaware con un par de cuadros más pequeños con naturalezas muertas. El centro lo ocupaba una gran mesa que hacía las veces de escritorio, si bien con tanta superficie podría haber sido usada de cama. Por ella sin duda habían pasado gran cantidad de artículos, como el que aguardaba oculto bajo una pieza de tela. Era un bulto alargado, más grande en un extremo que en otro. Cuando entraron, el encargado cerró la puerta para que no fueran molestados. El director, un hombre de pelo cano pero robusto y de aspecto no muy anciano, que hasta entonces observaba con detenimiento una muestra escaneada de alguna obra con dudas de autenticidad, la dejó apresuradamente y fue a ponerse tras la mesa, como si fuera su lugar preestablecido.

-Ah, bienvenido, señor Cunningham. Lamento haberle tenido esperando. Últimamente no damos abasto, nos han llegado varias obras nuevas que debemos inspeccionar. Le sorprendería la cantidad de veces que intentan enjaretarnos falsificaciones, y cada día son más inverosímiles.

-Confío en que el pedido de mi cliente no entre en esa categoría, señor Burnett - dijo Aureole con una sonrisa intencionada.

-Oh, en absoluto. Yo mismo me he encargado de la autentificación, aunque no estoy tan seguro de que fuera exactamente la pieza que pedía su cliente. Las especificaciones eran bastante concretas, y no estoy seguro al respecto. Es posible que si existe más de una similar, ésta no sea la que desea adquirir.

En realidad, Aureole sabía que existía un juego completo de ese tipo de objetos. Tenía, de hecho, dos de ellos. Dos de los cinco. Aquel era el tercero, y había mucho que averiguar sobre él. El director apartó con cuidado la tela, dejando al descubierto a ambos visitantes el artefacto en cuestión. Se trataba de un cetro de madera blanca tallada. El pomo era una serie de anillos metálicos superpuestos, hechos de cobre. El extremo opuesto era de madera lacada en cobre, de una forma ovalada, casi esférica, y estaba tallado con varias imágenes que representaban seres humanoides en movimiento bailando en torno a dos rubíes y dos esmeraldas sin tallar. Un trío de turquesas a intervalos regulares ejercía de ecuador de dicha cuasiesfera. En la parte superior de la misma había otra, más grande y, al contrario que las otras, que eran lisas y redondeadas, facetada. En torno a ella había una serie de inscripciones en una letra que podría haber pasado por raspaduras de no ser por el pigmento oscuro que habían usado para remarcarlas; estaba casi borrado. Aureole se acercó un poco y ojeó los detalles. Sí, parecía el siguiente.

-Las pruebas lo confirman. Data de la fecha exacta y según los informes de que disponemos, la zona donde se encontró fue la misma excavación del Yucatán donde hace un tiempo se encontraron varios ídolos mayas. Aunque nos centramos principalmente en el campo del arte, nuestra sección de arqueología e historia es bastante exigua, así que nos encantó poder hacernos con esa pieza. Lo cierto es que me cuesta desprenderme de ella...

Lo que venía a decir "la compra no va a ser barata", claro. Un clásico. Pero como todo, bastaba con ofrecer un poco más para vencer ese tipo de reticencias. Por desgracia, Aureole necesitaba de un tipo de comprobación diferente de las que el director pudiera realizar. Por supuesto, era un problema. Más papeleo. Y era posible que se viera obligado a comprarla sin hacerlas, con lo cual podía encontrarse con un objeto carente de valor. Al menos encajaba con la descripción.

-El señor Deveron me facilitó sus informes antes de venir, con descripciones bien detalladas. La inscripción encaja: "el cetro revela la verdadera naturaleza de los hombres." Creo que podemos estar seguros de que esta es la pieza que le interesa. Sin embargo, ya sabe cómo es. Le gustará que su propio personal realice un par de pruebas - el director torció el gesto, evidentemente molesto por no poder recibir sin más el pago -.No debería llevar mucho tiempo, sobre todo teniendo en cuenta que usted ha sido bastante meticuloso. Sin embargo le han estafado un par de veces y ya sabe... la gente mayor se vuelve desconfiada.

Tenía que comprobar las inscripciones. Tenía que compararlas con las de los otros dos. Era capaz de leerlas, claro, aunque era cuando se juntaban todas cuando se desvelaba el verdadero significado. Pero aún no podía llevarse el cetro... A su lado, Elysia observaba con atención.

-Elysia - dijo de pronto, casi asustándola -,¿querrías hacerme un favor? Dado tu estilo y el realismo con el que dibujas, ¿crees que podrías hacer un boceto de esta pieza? - preguntó con una sonrisa encantadora.


Última edición por Aureole Deveron el 15th Noviembre 2014, 18:45, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   7th Octubre 2014, 21:20

De alguna manera me sentí especial al acceder a aquella parte tan privada del museo. Era una chica bastante curiosa, así que estas cosas me emocionaban, y más aún sabiendo que habría algo interesante debajo de aquella tela negra. Si hubiera tenido un espejo delante, seguramente me hubiera quedado perpleja al ver como mis ojos azul eléctrico brillaban con tanta intensidad.

El director del museo estaba enfrascado en sus papeles, pero en cuanto vio a Brad se puso como loco. Él estaba igual o más emocionado que yo. ¿Tan importante debía de ser el señor Cunningham? Cada vez lo tenía más claro, estaba forrado seguro, o al menos la persona a la que le iba a comprar semejante... ¡oh, dios mío! ¡Qué cosa más chula!

No pude evitar inclinarme ligeramente para ver mejor el cetro desde mi posición, mientras Brad y el señor Brunett tenían una charla bastante aburrida acerca de la adquisición del objeto. Quizás mi actitud pareciese bastante fuera de lugar, al fin y al cabo no era ninguna damisela refinada y discreta, pero aquellas inscripciones extrañas y las brillantes turquesas que giraban entorno al pomo de bronce me atraían sin que pudiera evitarlo... ¡era precioso!

Entonces la voz de Brad me trajo de vuelta a la realidad y por un momento creí perder el equilibrio por el susto. Le sonreí algo nerviosa.

-¿Sí? - le pregunté, y entonces asentí a lo que me pedía, abrumada por aquella sonrisa tan convincente. Total, dibujar aquel cetro iba a ser muy sencillo y rápido de hacer, y así me llevaba gratis una referencia de algo tan fascinante.

Saqué la libreta del bolso y el lápiz, no tardé en empezar a abocetar con gestos rápidos y sencillos. Primero encajé la pieza en el DinA4 y después remarqué los trazos más importantes para luego empezar a sombrear con suavidad. ¿Habían hablado del Yucatán y de los Mayas? Quizás el cetro pertenecía a algún rey antiguo, o servía para algún ritual chamánico. De pronto empecé a imaginar cómo sería la historia de aquella preciosa reliquia, y mientras dibujaba con total concentración la conversación del señor Cunningham y el señor Burnett pasó a un segundo plano y sus voces se disolvieron en mi cabeza sin que me diera cuenta.

Sí, es una buena historia, quizás podría hacer algo con este cetro en mis cómics...

Sonreí para mi misma y en menos de cinco minutos ya lo tenía listo. Ultimé los pequeños detalles y con la goma le dí algunas luces que remarcaban las joyas turquesas. Si hubiera traído los lápices de colores hubiera quedado precioso el cetro.

- Lo tengo... -dije satisfecha al ver terminado el dibujo, pero justo cuando alargaba la libreta para pasársela a Brad mis dedos empezaron a brillar con una luz pura y blanca, y más tarde la luz empezaba a devorar la hoja. Mi imaginación había vuelto a saltar al dibujo, sin que pudiera evitarlo. ¿Porqué justo ahora? ¿Porqué no podía evitarlo?

- Nonononononononono - me puse histérica al ver la cómo la hoja dónde se encontraba el cetro brillaba con mucha intensidad y mi mano empezaba a extraer algo sólido. La réplica a lápiz del cetro salió del interior de la libreta. Era más pequeña que la original y estaba echa de lápiz y papel. Quizás no había sido buena idea emocionarme tanto antes.

Pero la cosa no acabó ahí, alcé mi rostro para ver al responsable del museo y a Brad quedarse boquiabiertos y a punto de exclamar algo a voz en grito, pero el señor Brunett solo pudo dejar escapar una especie de gruñido. El cetro de carbón emitió varios destellos más, cómo si no hubiera tenido bastante con los brillitos de antes. Algunos de los destellos emitieron una luz propia y otros se convirtieron en serpentinas de papel, haciendo formas perfectas en el aire, como si hubieran querido ser fuegos artificiales. 

El señor Brunett empezó a encoger repentinamente y sus espaldas se encorvaron y ensancharon. Los músculos de sus brazos y piernas empezaron a desgarrar el traje de chaqueta tan caro que llevaba y su cabeza encogió comparada con el resto de su cuerpo. Entonces el señor Brunett dejó de ser el señor Brunett cuando le salió pelo en la cara. Se le desencajó la mandíbula y me mostró unos colmillos afilados junto con un potente rugido. Miré instantáneamente al señor Cunningham y al parecer el no se había transformado en gorila, en el fondo suspiré aliviada. Hubiera quedado muy feo. Me quedé clavada en el sitio sin saber cómo reaccionar ante el espectáculo. Ya empezaban de nuevo las cosas raras.

-Oh, mierda...

Entonces, el gorila que antes había sido el director del museo, cogió de repente el cetro que yacía en la gran mesa y empujó la puerta del despacho con su enorme fuerza para después salir corriendo y perderse por los pasillos.

-¡No te muevas! ¡No te lleves eso! - grité casi desesperada al gorila Brunett mientras echaba a correr tras él, pero cuando llegué a la zona de exposición del museo no pude evitar lanzar un grito del susto.

-¡Se han convertido todos en MONOS! - mis ojos se abrieron como nunca mientras veía a los monos, primates y gorilas danzar entre los expositores y los cuadros.

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   24th Octubre 2014, 02:10

Se notaba que Elysia estaba encantada con el encargo. No sólo era hacer algo que se le daba bien, sino que además parecía que le había gustado la pieza en cuestión. No tardó en dar los primeros trazos, de los que Aureole no perdió detalle. Aunque disfrutaba con las artes, el proceso creativo le agotaba. Y eso que lo máximo que había dibujado eran diagramas arcanos para algún que otro ritual, y los diagramas alquímicos, que de tan retorcidos podrían haber pasado por los planos de esa maquinaria infernal que llamaban ordenadores. Desde luego, nada que pudiera ser denominado arte si no era por algún enteradillo aficionado a las tendencias modernas.

Poco a poco el cetro fue tomando forma sobre el papel. No hubo que esperar mucho hasta que empezó a ser reconocible. El director, con pinta de estar deseando dedicarse a sus asuntos o a dormitar sobre la mesa, fingió ponerse al día con unos papeles para hacer tiempo. No tendría que esperar mucho. El dibujo estaba casi terminado, y entonces algo sucedió. Algo completamente inesperado por los presentes que se descontroló en apenas unos segundos. La luz invadió el despacho, y una forma alargada se perfiló en la mano de Elysia mientras esta negaba una y otra vez.

Un cetro, similar al que estaba sobre la mesa, pero hecho de papel y grafito, se materializó saliendo directamente de la hoja. Aureole se sorprendió sin aparentarlo hasta que, a pesar de su flemática actitud, destellos intermitentes y hebras de celulosa surgieron de la copia del cetro y envolvieron al director, haciendo que el místico retrocediera. A un hecho mágico evidente e inesperado se sumaba otro más que resultaba peligroso además de sorprendente. No pasó mucho tiempo hasta que el poder del cetro dejara convertido al señor Burnett en el simio Burnett. El director quedó literalmente convertido en una especie de gorila o algo así. Por si todo eso fuera poco, alargó una mano peluda, asió la copia del cetro y se largó por la puerta.

Elysia se asomó al exterior y pudo contemplar que el artefacto de papel seguía lanzando su magia por doquier. Casi instantáneamente los visitantes del museo no fueron sino una muestra de primates, gritando y chillando. No parecían hacer mucho caso de los cuadros, aunque Aureole prefería no imaginar qué ocurriría con los objetos expuestos en otras alas del museo. Sin perder un minuto, cogió a Elysia por el brazo y la hizo entrar de nuevo en el despacho, cerrando la puerta detrás de ellos. El hechicero empezó a rebuscar en una cartera que momentos antes no había estado ahí hasta que dio con un pergamino muy manoseado y un folio con muchas anotaciones. Al ver la expresión asustada de Elysia, dejó los papeles sobre la mesa y se volvió hacia ella, poniéndole las manos enguantadas en los hombros.

-Escúchame atentamente. Estás a salvo. No te pasará nada mientras no salgas del despacho y hagas lo que te diga. Ya hablaremos sobre lo que ha pasado cuando todo esto vuelva a la normalidad - dijo con seguridad.

Dicho esto, se sentó en la silla del director y se concentró. Había que obrar con rapidez. El vínculo que le unía a Stanley le permitía, afortunadamente, atajar al menos una parte de la situación.

Stanley, quiero que entres al museo, cierres las puertas y no permitas que nadie salga ni entre. Sobre todo que nadie salga, pero procura no hacer mucho daño a quien lo intente.

Aureole no podía verle, pero sabía que el golem ya se había puesto en marcha. Una mole como la suya no tendría problema en reducir a ningún mono que se le acercase, y harían falta varios trabajando al unísono siquiera para derribarle. Así al menos podrían prevenir que Burnett escapase. Era una suerte que el museo tuviera pocos ventanales, y demasiado altos para llegar saltando.

Una vez dada la orden, empezó a ojear con gesto serio los garabatos tanto del pergamino como del folio. No parecía realmente preocupado ni demasiado sorprendido por el raro poder que acababa de presenciar. Era otra cosa lo que ocupaba su mente. Al cabo de unos minutos, se percató de dónde había estado el error. Era común en las referencias sobre objetos mágicos cierto grado de ambigüedad. Era a causa de eso que no había previsto el efecto del cetro, y la razón de su sorpresa.

-Tiene que ser esto.

Elysia le miró perpleja, sin saber a qué se refería. Aureole señaló el papel garabateado.

-Ese cetro forma parte de un conjunto de cinco artefactos similares. Pertenecían a unas tribus indígenas emparentadas con los mayas que vivían en plena jungla. Cada uno de ellos tiene un poder diferente, y los caciques los usaban para controlar a su gente. El que has visto perteneció a un cacique llamado Ikal, y de él se decía que revelaba la auténtica naturaleza de los hombres, por lo que nadie podía mentir en su presencia. Creía que se trataba de un objeto para averiguar si la gente mentía, para aplicar telepatía o quizá simplemente para evitar que la gente ocultara la verdad. Parece ser que en realidad es mucho más literal. Revela la auténtica naturaleza del hombre... su anterior estado evolutivo, de hecho. Supongo que lo que el escriba quiso decir en el pergamino es que nadie podía mentir a Ikal porque si éste le descubría, o si simplemente sospechaba del engaño, usaría el poder del cetro con él como castigo. Dichosos errores de interpretación...

Aureole frunció el ceño al decir esto último. No era la primera vez que le pasaba, de ahí su frustración. Y descubrir que algo no tiene los poderes que se atribuyen es tanto decepcionante como peligroso. Algo comprobable a simple vista si uno se asomaba a la galería.
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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   30th Octubre 2014, 21:06

Me quedé clavada en el sitio, viendo como los monos danzaban y gruñían, saltando por las estanterías, lanzándose los unos a los otros jarrones de más de 200 años de antigüedad y haciendo acrobacias entre los pasillos y vidrieras. Entonces sentí la mano de Brad cerrarse sobre mi muñeca y llevarme de nuevo hacia el despacho.

No me preguntó nada, simplemente se sacó de los bolsillos un largo pergamino y un par de folios y los puso sobre la mesa. Después se acercó a mí, intentando tranquilizarme al ver que estaba bastante alterada. Vale, aquella reacción no me gustó nada... ¿Quién era realmente Brad Cunninghan? ¡¿Es que no conocería nunca a un tío normal?!

Empecé a entender poco a poco las cosas cuando el hombre me explicó lo que aquel cetro significaba en realidad. ¿Pero cómo era posible que mi cetro dibujado hubiera despertado sus poderes? Acaba de conocer una nueva forma de complicarme más la vida.

- Vale... ¿y ahora qué hacemos? ¿Hay una forma de revertir ese... encantamiento?

Se me hizo raro hablarle de "hechizos" y "maldiciones" cuando minutos atrás estábamos teniendo una conversación normal y tranquila. Para una vez... para un solo día que no pasa algo raro y que conozco a alguien decente, y que entablo una conversación interesante... con un hombre tan...

¡Céntrate!

- No te preocupes por mí, no creo que me convierta en mono. Normalmente no funciona nada de eso conmigo...

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   15th Noviembre 2014, 18:52

Aureole miraba y remiraba el pergamino y el folio garabateado. Sabía, porque él mismo era quien había escrito la traducción, que en alguna parte mencionaban un caso concreto...

-Ah, aquí está. Menos mal, ya empezaba a dudar de si lo había anotado - dijo señalando un párrafo con el dedo enguantado.

"Una de las leyendas acerca de los cetros es la del cacique Ikal, que según cuentan usaba el objeto para revelar la verdadera naturaleza de los hombres, castigando con terrible maleficio a quien se atreviera a traicionar su confianza. Cuentan que en una celebración, el primogénito de Ikal fue a regalarle un cuenco del más puro oro de las montañas, labrado con relieves solares. Su segundo hijo, por su parte, trajo de una aldea recientemente capturada varios recipientes lleno del xtabentún (nota: bebida de origen maya, irrelevante para la investigación) más exquisito que se elaboraba en la región. Agradado por los presentes, pero desconfiado como sólo podía serlo un cacique, Ikal hizo probar a un catador el licor. Casi al punto de tragarlo, la cara del hombre perdió el color y cayó como fulminado. Furioso al descubrir el intento de asesinato, Ikal reveló la verdadera naturaleza de su hijo, castigándolo con el poder del cetro. Luego rechazó todos los regalos que le habían hecho durante el día, devolviéndolos a sus previos dueños.

Sin embargo, Nicte, la esposa del traidor, había probado ella misma el xtabentún junto con su marido para ver si era digno del cacique. Ninguno de los dos había resultado envenenado, por lo que se dijo que la muerte del catador tenía otra causa. Nicte, mujer inteligente y sabia, no tardó en ver la verdad, y más tarde ese mismo día cogió el cuenco que había sido de Ikal, lo llenó de otro licor y se lo ofreció al primogénito. El cacique observó con detenimiento cómo su hijo mayor rechazó una y otra vez los ofrecimientos de Nicte, y pronto sospechó. No tardó en descubrirse que el veneno no estaba en el xtabentún sino en el cuenco mismo, que era su regalo. Al averiguar la verdad, castigó a su primogénito con dureza. Cuando Nicte le pidió el perdón para su marido, Ikal manipuló su cetro, haciendo que lo que fuera verde fuera rojo y al revés, y así su hijo fue perdonado..."


Lo cierto es que, sin haber sido testigo del poder del objeto ni haberle visto antes, Aureole había pasado por alto aquel cuento. Se había concentrado más en encontrarlo, por lo que se alegró de no haber desechado esa parte de la leyenda en su momento. Con el cetro delante, era fácil saber lo que había que hacer. Las esmeraldas y rubíes estaban colocadas de forma aparentemente aleatoria, pero eso era sólo si se las veía como parte del dibujo. En realidad, al lado opuesto de cada rubí había una esmeralda, colocada con precisión milimétrica. Todo lo que había que hacer era invertir el orden.

-Hay que cambiar de lugar las gemas pequeñas. Veamos... No creo que haya que sacarlas por la fuerza. El pergamino decía que "Ikal manipuló el cetro", así que... Oh, ya lo veo.

El hechicero encontró que las cabezas de dos de las figuras eran en realidad pequeños resortes. Al pulsarlos, las gemas cayeron. Sin perder tiempo, Aureole las colocó de nuevo, verde donde antes fue rojo, esmeralda donde antes había rubí, y pronto el cetro quedó de nuevo completo, pero con un efecto, en teoría, distinto. Aureole lo sujetó con ambas manos, sin perder detalle. Era maravillosamente simple, y peligroso también. Los antiguos siempre habían sido muy dados a las advertencias. Estaba claro por qué.

-Elysia, ¿podrías hacer otro boceto de esto? O más de uno, si crees que no te llevará mucho tiempo. Aquí donde lo ves, el problema va a ser también la solución.


Última edición por Aureole Deveron el 19th Diciembre 2014, 19:47, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   8th Diciembre 2014, 19:19

Me puse de puntillas ligeramente y miré por encima del hombro de Aureole para leer aquel extraño pergamino que había sacado. Había un párrafo en concreto que explicaba una historia antigua sobre el cetro. Me encantaba la cultura de la antigüedad y me pareció curioso e interesante el relato hasta que Aureole y yo nos dimos cuenta de un detalle interesante...

¿Ha dicho cambiar lo lo que era verde por lo rojo?

Aureole no perdió el tiempo, se dio cuenta de la solución antes de que a mí se me ocurriese y cambió los dos rubíes por las esmeraldas y viceversa. Una vez terminado me indicó que lo dibujara de nuevo, para ver si se podían activar los poderes como había sucedido antes.

Saqué de nuevo la libreta e hice dos bocetos algo más rápidos que su antecesor, no teníamos tiempo que perder o los monos acabarían por salir del museo, infectando las calles de más gorilas que detestaban el vanguardismo. 

Coloqué mis dos manos encima de la libreta y ésta volvió a brillar, sacando los dos cetros de color blanco como el papel. Uno de ellos se lo extendí a Brad esperando que lo cogiera.

- Espero que funcione...- suspiré no muy convencida agarrando mi cetro invertido.

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   19th Diciembre 2014, 20:00

Aureole contempló, con suma atención esta vez, el proceso de dibujo y de posterior creación del objeto dibujado. Le resultó algo sorprendente, cosa no muy común en lo que le rodeaba, que de normal era bastante mundano salvo que tuviera que ver con sus intereses. Con movimientos pausados, cogió y sopesó la copia. Parecía igual de sólido, pero desde luego no pesaba como la madera añeja del auténtico. No obstante, el hechicero apostaba a que funcionaba tan bien como el original; la otra copia lo había hecho así, y no había motivos para pensar lo contrario.

-Bien, será mejor que nos pongamos en marcha. Lo primero es encontrar al señor... al simio Burnett. Una vez lo devolvamos a la normalidad y recuperemos o destruyamos la copia del cetro, sólo quedará deshacer el hechizo en la gente afectada. Mi amigo cuidará de que nadie escape por la puerta principal, pero debemos darnos prisa. Quién sabe si no habrá otra salida...

Con más decisión de la que realmente sentía, Aureole se dirigió a la puerta y miró a través del cristal en el que estaba escrito el nombre y cargo del director. En el pasillo no se veía un alma, pero se escuchaban gritos y chillidos no lejos de allí. Algunos eran de gente, pero no todos. Justo entonces, un babuino de buen tamaño, parcialmente embutido en lo que no hace mucho debía ser un traje de ordenanza, pasó a toda velocidad junto a la puerta. Aureole esperó a que pasara, y una vez se alejó apenas dos metros, abrió la puerta y le señaló con el artefacto. Frunció el ceño, concentrándose en el poder arcano que contenía. No hacían falta palabras; si un cacique de la América precolombina era capaz de hacerlo funcionar a voluntad, él también podía. Un haz luminoso de colores irisados rodeó al simio. Conforme la energía mágica se deslizaba por sus extremidades, éstas perdían el pelo y recobraban unas proporciones humanas. Segundos después, un ordenanda mal vestido estaba tumbado en el suelo con la boca medio abierta y gimiendo incoherencias.

-Vamos allá. Quédate detrás de mí. Cuando veas a algún mono, apúntale con el cetro y canaliza tu... Oh, cierto - se interrumpió de pronto. Elysia había activado el cetro antes por accidente, pero aquello era totalmente distinto. Y no tenía tiempo para explicaciones largas -. Apúntale con el cetro e imagina que se convierte en persona. Cuanto más te concentres en ello mejor. Imagina que... que estás visualizando un dibujo.
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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   3rd Enero 2015, 14:32

La sala parecía un manicomio, una locura llena de monos correteando y destrozando las reliquias tan valiosas que había conservado con cautela el museo de Gotham. Cuando todo esto acabara... ¿quién iba a hacerse responsable de todos los destrozos? Yo pensaba salir por patas y volver a Nueva York cuando todo esto terminara.

Asentí a Brad y le seguí en todo momento, sin perder de vista lo que sucedía a mi alrededor. No quería recibir un manotazo por parte de ningún mono. 

¿Era yo, o el señor Cunningham estaba muy guapo disparando con el bastón a ese director gordo y peludo? A los hombres les queda muy bien el pelo largo, sin duda.

Dejé mi momento fangirl y apunté a otro mono que pasaba por detrás nuestro. Solo tenía que pensar en que era una persona para que volviera a su estado original. Una persona, eres una persona. Persona.

El rayo salió de mi bastón con tanta fuerza que me caí de culo por culpa del retroceso. La luz que había salido del cetro era tan potente que cuando estalló en el mono se transformó de golpe en el hombre que fue, sin ni siquiera una previa evolución. Pero el cetro falso salió volando después de eso y cuando alcanzó el suelo se deslizó hasta quedar debajo de uno de los muebles. 

Estúpida y mala suerte, lo que yo decía.

Gateé por todo el salón esquivando como podía a los monos danzarines mientras intentaba alcanzar el mueble. El cetro estaba escondido debajo de éste y cuando por fin lo saqué de su escondite, uno de los monos me agarró por la bufanda y empezó a arrastrarme con ella por toda la habitación. Con una de las manos me agarré la parte de la bufanda que estaba rodeando mi cuello, en un intento desesperado de que el mono no me ahorcara sin quierer (o queriendo) y con la otra no quise soltar el cetro por si volvía a salir volando. Pensé en lanzarle rayos desde mi posición, si se transformaba en hombre a lo mejor me soltaba la bufanda. Pero mi puntería era pésima desde aquel ángulo.

-¡Brad! ¿Podrías echarme una mano? - le grité cómo pude mientras el hombre vio cómo el mono me arrastraba por todo el museo. Acababa de perder la poca dignidad que me quedaba.

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   20th Enero 2015, 23:32

Cogidos por sorpresa, los monos tardaron en reaccionar a los rayos luminosos que les devolvían a su estado normal. Pronto se rehicieron, y poco acostumbrados a esos despliegues, muchos optaron por escapar a otras alas del museo. No les serviría de nada, porque las ventanas eran en muchos casos demasiado altas para alcanzarlas saltando, y Stanley vigilaba la puerta del museo.

Pero eran muchos. El estúpido simio en que se había convertido el señor Burnett había ido activando sin ton ni son la dichosa copia del cetro. Aureole intentaba alcanzarles con el poder del original según les veía, antes de darles tiempo a darse cuenta de que su atención estaba dirigida a ellos. No siempre funcionaba, y los malditos primates eran ágiles y se las apañaban para esquivar más veces de las que le hubiera gustado. Los que habían sido transformados de vuelta estaban tirados en el suelo, con la ropa mal colocada, despeinados y a veces, en posturas un tanto extrañas. Habría sido cómico de no ser por las repercusiones que podía tener. Sin tiempo para más elucubraciones, el hechicero se dio la vuelta.

Hm, no lo hace del todo mal.

Detrás de él, Elysia se las apañaba para activar la magia de la copia. Interesante talento el suyo... Era más que probable que tuviera que responder a sus preguntas más tarde, sobre todo con aquel asunto del cetro precolombino mágico, de modo que, puestos a descubrir a una desconocida algo sobre su afición menos vista por el gran público, esperaba al menos conseguir algunas respuestas de ella. Pero antes tendrían que salir enteros del museo.

No obstante, si bien estaba claro que tenía poder, bien podía tratarse de una neófita en temas arcanos. De lo contrario habría estado preparada para la descarga del cetro. Aprovechando la situación, un mono la había agarrado de la bufanda que llevaba y ahora mismo la remolcaba por el pasillo. Aureole apuntó sin ceremonias al simio y la maldición se deshizo... con tan mala suerte que el recién aparecido caballero se le viniese encima a Elysia. El hechicero hizo una mueca y se encogió un poco al escuchar cómo el hombre, que debía pesar sus buenos kilos, aterrizaba de mala manera contra el suelo, dejando a media chica enterrada bajo su arrugada vestimenta. Inclinándose, Aureole la ayudó a ponerse de pie. Por suerte, los monos parecían haber encontrado otros entretenimientos desparasitando las cabezas de los durmientes.

-¿Te encuentras bien? Tendría que haber apartado al mono antes de convertirlo... Culpa mía - confesó.

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   22nd Enero 2015, 22:03

Brad tuvo el detalle de apiadarse de mí y lanzó un rayo "anti-monos" en mi dirección. Respiré aliviada cuando el gorila dejó de asfixiarme, había vuelto a ser un hombre. Menos peludo pero igual de rechoncho, y con un sentido del equilibrio pésimo por cierto.

No pude esquivarlo para cuando el hombre se cayó encima de mí, aplastándome el estómago. Por suerte Brad llegó a tiempo para quitármelo de encima. Le hubiera gritado un par de cosas a ese mono pervertido si no fuera porqué el señor Cunningham me distrajo con su caballerosidad. ¿Realmente podía existir un hombre tan guapo y tan atento? Por mucho que lo siguiera mirando, no le encontraba ningún defecto.

-¿Te encuentras bien? Tendría que haber apartado al mono antes de convertirlo... Culpa mía - confesó.

- No te preocupes, estoy bien... - agarré su mano para poder incorporarme y rápidamente la solté. Entonces me dirigí sin pensar hasta una pequeña mesa dónde antes habían estatuas de arte moderno que ahora descansaban en el suelo. Me subí a ella sin miramientos y agarré con fuerza el cetro del año de la polka para volver a concentrarme. Esta vez no me iba a pillar por sorpresa el retroceso.  

-¡Estoy hasta las narices de todos vosotros! ¡Monos del diablo! - estaba tan enfadada con la situación que tenía ganas de terminar con todo aquello de una vez. Apunté con el cetro a uno de ellos y entonces recordé las palabras de Brad: Solo tenía que usar mi imaginación...

Agité el cetro en varias direcciones a la vez, apuntando a muchos de los monos y otras veces sin ni siquiera apuntar a nada. De la vara salieron miles de lucecitas de colores, que con su potencia empezaron a revotar por las paredes y a colisionar con los estresados monos. Aunque tuviera mala puntería, estaba segura de que así los rayos llegarían a su lugar correspondiente.

Yo no me di cuenta, pero Brad pudo ver que uno de los monos se había convertido en hombre sin que le tocara ni un solo rayo... ¿o se lo habría imaginado...?

Uno a uno fueron cayendo al suelo todos los hombres, mujeres y niños que querían haber pasado una tarde agradable en un museo de locos. Ya no quedaban monos, solo humanos agotados, colocados en posturas extrañas y con la ropa hecha una porquería. Era para tomar una foto.

Me giré para ver como Brad terminaba de hechizar a los últimos monos (entre ellos el señor Brunett) y vi como uno de los rayos de colores todavía seguía rebotando y se dirigía peligrosamente a mí. Me dio en la espalda y caí de bruces contra el suelo, por suerte me apoyé a tiempo para no hacerme mucho daño. Había sido una caída tonta.

Para cuando me incorporé, Brad ya tenía la situación controlada. Me acerqué a él y le dí el cetro, ya no quería verlo nunca más.

- Bueno... ¿y ahora qué? Yo no quiero estar aquí cuando esta gente se despierte...  

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   28th Enero 2015, 18:58

Aparentemente, todo había terminado, al menos en parte. Tras un recorrido rápido por la otra ala del museo, Aureole confirmó que todos los monos habían sido convertidos. Quedaban también unas cuantas personas que no habían sido alcanzadas por el poder del cetro y que, al no poder salir del museo por estar Stanley bloqueando la puerta, se habían quedado cerca de la entrada, poco menos que perplejos ante la situación. Era preciso ocuparse de todo aquello cuanto antes.

Elysia no se había desenvuelto mal. Sin mucha ceremonia, le devolvió el cetro. Quedaban aún las dos copias que habían salido de su cuaderno de dibujo, la suya y la que había arrebatado al sr. Burnett. Eran algo de lo que encargarse, cuanto antes. Parecían de papel, pero tenían la consistencia de la misma madera de que estaba hecho el original.

-Hay que destruir las copias. Si el original ha dado problemas por sí solo, es mejor no pensar en qué pasaría si los dejáramos por ahí. ¿Tienes idea de cómo hacerlo? ¿Prendiéndoles fuego, quizás? - preguntó. A fin de cuentas, era papel. Bien podía funcionar, pero en lo que respectaba al poder de la joven, nadie mejor que ella para decidir.

Pero eso era sólo lo más manejable del problema. El verdadero meollo de la cuestión era toda aquella gente tirada por los rincones, y el grupito que estaba junto a la puerta. No le atraía la idea de ir uno por uno, pero con los inconscientes era lo mejor; con la gente despierta sería más problemático. Tendría que emplearse a fondo y probar con todos a la vez. Luego podría encargarse de los inconscientes uno por uno, a medida que los fueran reanimando.

-Elysia, dentro de un momento necesitaré tu ayuda. Primero tenemos que ocuparnos de la gente de la entrada. Yo me encargaré; mientras, ve despertando a los inconscientes.

Dicho esto, se dirigió hacia el grupo de visitantes. Eran gente de mediana edad casi todo, con algún que otro visitante más joven, tal vez estudiante de arte, y apenas un par de niños acompañados de sus respectivos padres y que, hasta el momento, debían haber estado sumamente aburridos. Estaban nerviosos, y lo estuvieron aún más cuando Aureole se acercó. Tal vez alguno de los presentes le hubiera visto usando el cetro, o quizá simplemente estaban asustados. El hechicero levantó las manos, para calmarles y buscando atraer su atención.

-Calma, señores, por favor. No hay ningún peligro. Las fuerzas de seguridad del museo se han encargado de reducir a los animales. Pueden estar tranquilos.

Al tiempo que pronunciaba esas palabras, pudo apreciarse que en realidad estaba moviendo los labios como si dijera algo más. O como si dijera algo totalmente distinto. Sin embargo, los visitantes no se fijaron en ese detalle. Estaban con sus ojos fijos en los del hechicero. Al tiempo que miraban, sus cuerpos empezaron a relajarse y pronto los brazos de cada hombre, mujer y niño colgaron laxos a los costados. No veían ni oían nada que no estuviera relacionado con los ojos oscuros, insondables de tan profundos, de aquel caballero pasado de moda, o con su voz cadenciosa y relajante.

-Ha sido un día normal. De pronto empezó a oler de un modo extraño. Casi se diría que era gas. Sí, seguramente era eso. El aire ondulaba. Se veían colores extraños. Hasta visteis cosas imposibles. Alucinaciones, claro. No podía ser nada más. Los ojos se nublaron y perdisteis la consciencia.

La gente acompañó el movimiento descendente de las manos de Aureole y fue dejándose caer suavemente hasta quedar sentados o tumbados en el suelo, apoyados unos en otros. El propio Aureole se fue agazapando, pero no era parte del hechizo. Cuando terminó, puso las manos en las rodillas. Hipnotizar a tanta gente a la vez era agobiante, y un verdadero estrés mental. Durante unos minutos, tras los párpados cerrados sólo vio lucecitas que titilaban conforme el dolor de cabeza iba pasando. El hechicero sacudió los mechones castaños. No había tiempo de descansar, aún quedaba quehacer. Y había que darse prisa. Stanley no podría mantener bloqueadas las puertas mucho más tiempo, no sin ser capaz de dar explicaciones a cualquiera que quisiese entrar. Aureole miró hacia el pasillo. Elysia estaba intentando reanimar al sr. Burnett, quien había dado tantos problemas. Tendría que ir uno por uno, pero necesitaba ser rápido. Volviéndose hacia los lados, no tardó en vez una planta de interior. Eso serviría.

Todavía algo mareado, se acercó a la planta, apartó las hojas para ver la tierra de la maceta y se quitó uno de los guantes, haciéndose una pequeña herida con un pequeño abrecartas llevado a tal efecto. Tres pequeñas gotas de sangre cayeron en la tierra, siendo absorbidas en cuestión de segundos. Mientras el color rojo del fluido vital se mezclaba y desaparecía, Aureole trazó unos gestos con la mano, acompañados de una frase sibilante murmurada en un idioma desconocido. La reacción tardó apenas el tiempo que tardaron las gotas de sangre en filtrarse. La tierra burbujeó y se abultó, formando montoncitos que poco a poco se separaron del sustrato, tomando formas más estilizadas. Al poco tiempo, un ser humanoide del tamaño aproximado de un perro grande salió de la maceta, dejando ésta prácticamente vacía.

Aureole sonrió. El homúnculo no duraría más de una hora, pero antes de ese tiempo habría cumplido su cometido. El proceso fue repetido otras tres veces en otras tantas macetas, hasta que cuatro homúnculos de aspecto terroso le miraban con ojos vacuos. Tenían los brazos largos, casi hasta el suelo, y las piernas cortas, pero parecían tan ágiles como una persona proporcionada podía esperar ser.

-Poned a la gente de este grupo repartida por otros lugares del museo. No les hagáis daño, pero aseguraos de que están los padres con sus hijos y las parejas juntas. Al resto ponedles donde podáis, siempre delante de alguna obra u objeto. Al señor Burnett trasladadle al despacho. Daos prisa.

Los hombrecillos de tierra y sangre se dieron prisa, y con zancadas cortas pero decididas fueron cargando dos a cada persona, haciendo lo que se les había ordenado. A esas alturas, Aureole no se iba a preocupar por la cara que pondría Elysia. No es como si hubiera tenido pocos sustos para un día, pero al menos aquello no sería algo potencialmente peligroso. Hechos los preparativos, fue hasta donde se encontraba la joven y aplicó la misma hipnosis a los que Elysia había reanimado. A estos no habría que moverlos, ya que estaban dispersos de por sí. El proceso completo duró un cuarto de hora aproximadamente, tras el cual el hechicero se derrumbó en un bando, obviamente cansado. Al término del mismo, los homúnculos regresaron a sus respectivas macetas. Cuando la magia expiró, de los hombrecillos sólo quedaban finos terrones de tierra del color del óxido.

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   20th Febrero 2015, 17:03

Bueno, normalmente desaparecen con el tiempo o se rompen. Pero sí, el fuego bastará por ahora para destruirlas... - expliqué mientras sujetaba una de las copias del cetro. - ¿Tienes un mechero?

Ante la negativa, busqué por el despacho del museo algo que fuera capaz de destuir los cetros. Al no encontrar nada (tampoco busqué en profundidad), saqué mi libreta de nuevo y dibujé una cerilla. Al ser algo tan pequeño de elaborar era mágicamente más efectivo que otras cosas que dibujaba. La cerilla se volvió más real de lo que habían sido los cetros. El papel se tiñó de color y el bastón se convirtió en madera de verdad con una punta roja al extremo. Froté la cerilla con la mesa y quemé las dos copias del cetro. Ahora ya podía estar segura de que la locura no volvería a empezar.

-¿Y qué vamos a hacer con toda esta gente?- tragué saliva al darme cuenta de que había más personas conscientes de lo que había ocurrido dentro del museo, y que pronto señalarían nuestros caretos a la policía.

Asentí a Brad y me encargué de despertar a los que quedaban inconscientes mientras él se acercaba a un grupo de visitantes que habían quedado rezagados en una esquina. Fue con intención de tranquilizarles, pero mientras el hombre hablaba me di cuenta de que estaba diciendo algo más que no lograba comprender, unas palabras que no entendía bien.

La gente del museo empezó a quedarse dormida, apoyándose los unos con los otros y deslizándose hasta quedar semi-tumbados en el suelo. ¿Sería Brad un mago? ¿Cómo había podido hipnotizar a tanta gente a la vez? ¡Eso había sido genial!

El señor Cunningham se quedó agachado unos minutos, como si estuviera descansando del esfuerzo mágico y entonces...

Oh, maldita sea... ¡deja de sacudir esa melena tuya! Era muy triste pensar que tenía el pelo mucho mejor cuidado que yo.

Brad se dirigió hacia mí y yo hice ver que estaba reanimando al Sr. Burnett, esperaba que no se diera cuenta de que no le había quitado el ojo de encima.

-¡Venga señor! ¡Despiértese ya! - le dije, zarandeándole con poca delicadeza.

Entonces me sentí como si estuviera en la película de Merlín el Encantador. Brad fue tocando cada una de las macetas del museo hasta transformarlas en seres medio-humanoides capaces de pensar y recibir órdenes. Los híbridos tierra empezaron a colocar a cada una de las personas del museo en su lugar correspondiente, como si fueran fichas en un tablero gigante. Las familias juntas, las parejas en una esquina, los solitarios delante de las obras de arte... me sentía como si no estuviera en el museo de arte de Gotham, sino en un museo de cera de Nueva York.

Una vez colocadas todas las personas perfectamente en su sitio, los homúnculos volvieron a sus macetas y la magia se desvaneció. Me acerqué entonces a Brad, con una cara de sorpresa que no podía disimular. ¡Eso había sido una pasada!

- Bueno... ¿y ahora qué es lo que va a pasar? - le pregunté entusiasmada.

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Aureole Deveron
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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   3rd Marzo 2015, 17:24

FDI: perdón por el retraso.

Mientras la operación "haz creer a todos que ha pasado algo sumamente improbable" seguía su curso, Elysia se las había arreglado para destruir las copias. Cuando se recuperó tras el esfuerzo mental, Aureole fue hacia donde estaba, intentando despertar a Burnett. El hechicero la retuvo con cuidado y le indicó que cogiera de los pies al hombre mientras él le asía por debajo de los hombros.

-Será mejor que le dejemos en el despacho, tal como estábamos, antes de que despierte.

Tardaron un poco en llevar el peso muerto que suponía el pobre director. Si alguien le hubiera dicho que minutos antes había sido comparable al eslabón perdido que tanto se llevaba buscando en otro tipo de museos, no se lo habría creído. Por suerte, tras la sesión de hipnosis todo quedaría como un mal sueño producido por un leve envenenamiento. Naturalmente, las autoridades investigarían antes o después... pero para entonces, el sangromante ya estaría lejos, y puesto que no había muchos daños que lamentar, pocos se interesarían.

Una vez Burnett estuvo descansando en su sillón, con la cabeza apoyada sobre los brazos y éstos sobre la mesa, Aureole se sentó en la misma silla donde había estado al comienzo de toda aquella locura. Luego se volvió hacia Elysia.

-Bueno, ahora se plantea una cuestión. Estoy seguro de que estarás deseando olvidar todo este.. simiesco incidente. La gente no se acordará de nada, y cabe la posibilidad de que el propio sr. Burnett tampoco lo haga. No sé si lo que ha ocurrido hoy te ha sucedido con anterioridad, pero lo cierto es que ha conseguido intrigarme. Supongo que después de todo lo que ha pasado ya te harás a la idea de que al igual que tú no eres una artista común, yo no soy un apoderado muy corriente. Dado que parecías saber exactamente lo que hacías, no creo que fuera ésta la primera vez. Has desencadenado antes ese poder. La pregunta es: ¿qué vas a hacer ahora?

La pregunta era sumamente amplia, y las respuestas podían ser muy dispares. Habida cuenta de que todo el caos desatado podría haber afectado a la joven, Aureole intentó dar alternativas. La verdad es que lo que había visto suscitaba su interés. Como muchos otros hechiceros, Aureole no dejaba pasar la ocasión de estudiar o conseguir magia nueva.

-Elysia, tienes varios caminos ante ti. Puedes simplemente seguir como has estado hasta ahora, con sus pros y sus contras, fueran los que fueran. También es posible que quieras olvidarlo todo. No sólo lo ocurrido sino lo relativo a tus poderes. He conocido gente que nacía con ciertos dones cuya mera existencia les ponían en aprietos que no siempre sabían o querían superar, o les granjeaban responsabilidades no deseadas. No es como si pudiera hacer desaparecer tu poder... eso requeriría de ciertos conocimientos al respecto. Sin embargo, con un poco de hipnosis podría hacer que te olvidaras de ellos. No borraría tus recuerdos, pero podría hacer que tu subconsciente los ignorase - el hechicero hizo una pausa, para que Elysia asimilase lo que estaba diciendo -. Pero si te soy sincero, no es algo que me atraiga. Pienso que tu habilidad es sumamente interesante, de indudable origen mágico. Si alguna vez has pensado en cómo mejorar, o cómo tenerlo siempre bajo control, entonces se abren nuevos caminos para ti: buscar un mentor, intentar aprender por tu cuenta si no lo estabas haciendo ya... o si lo prefieres, que yo intente ayudarte. Estas no son las únicas opciones, tenlo en cuenta. Por supuesto, es algo que debes decidir tú sola, y no me gustaría que te sintieras influenciada por todo esto. Cuando despiertes, ve a casa. Reflexiona sobre ello. Una vez que lo hayas hecho, puedes ponerte en contacto conmigo, si lo deseas - concluyó, alargando la mano. En ella había una tarjeta, con la dirección de un hotel de la ciudad.

Casi al momento, la misma mano pasó por delante de su cara. La chica alcanzó a ver de nuevo los ojos oscuros de Aureole antes de parpadear pesadamente. Elysia empezó a tener mucho, mucho sueño...

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MensajeTema: Re: Problemas en el museo [Elysia Stavridis][Post-Omega]   25th Marzo 2015, 22:34

FDI: doble perdón por el retraso xD jajajaja con esto ya podremos cerrar e ir a por el siguiente! Very Happy

- Vale genial... - dije cogiendo por los pies al señor Burnett y llevándolo de nuevo a su despacho. Era cómo si el museo nunca se hubiera vuelto loco, y ahora Brad y yo tendríamos que actuar haciendo ver las cosas seguían igual que hace media hora. Vamos, que lo único que había pasado es que se había movido la aguja del reloj más de la cuenta...

Una vez el director del museo se encontraba apoyado en su mesa, Brad se sentó, recuperando su compostura y yo me senté a su lado, agotada de todo el estrés que había sufrido persiguiendo a los gorilas por el museo. Suspiré agotada y mis ojos azules se volvieron tímidamente para mirar a Brad, que parecía querer explicarme algo antes de que todo volviera a la normalidad.

Tenía razón, no estaría nada mal olvidar que olvidáramos lo ocurrido, en especial que él lo olvidara. Brad no era un adinerado común, eso me lo había dejado bastante claro con los homúnculos de antes... pero ahora había otra persona más que conocía mis poderes. Los problemas iban aumentando poco a poco cada día y no podía seguir así.

Llevo toda mi vida escondiéndome detrás de las paredes de mi habitación, sin salir casi de casa por miedo de que más cosas inexplicables ocurrieran a mi alrededor. Me he encerrado en el mundo del dibujo y del cómic, enfocándome en mi vida profesional, ignorando que algo gordo estaba pasando dentro de mí y que creía poder maquillar con unas pinceladas. Lo he intentado todo; evitar situaciones extrañas, no salir tanto de casa... incluso me he llegado a plantear cientos de veces dejar de dibujar. Pero la culpa no era del lápiz ni del papel. Soy Yo. Hay algo dentro de mí que no puedo controlar y siento que cada vez va a peor, que la realidad cambia a mi alrededor, que las cosas suceden por mi culpa y que podrían tener desastrosas consecuencias. Todo empezó con un lobo de papel y carboncillo y terminó con Sloan Jenkins.

S.H.I.E.L.D. le había contratado para que me vigilara durante siete días (los cuales solo cumplió dos) porqué una organización que solo existía en los cómics de los Vengadores había decidido considerarme una persona con poderes peligrosos. Estaba vigilada, y esto no era de ahora, venía de antes, de cuando yo aún vivía con mi madre en Grecia. Dios... y después de eso vino la colisión y resultó que tenía una versión alternativa de mí misma que venía de otra dimensión. Lissa era idéntica a mí en muchas cosas, pero su universo la había condicionado a tomar otro tipo de decisiones, a convertirse en alguien diferente a mí. Las dos con la misma historia, la misma cara, pero con pequeñas diferencias. 

Busqué ayuda en Charles Xavier después de eso. El mutante me acogió con los brazos abiertos en la mansión X y me hizo varias pruebas para estudiar mi caso en profundidad. Cuando pensé que por fin había encontrado una solución a mi problema resultó que no era ninguna mutante. Mis poderes no venían condicionados por mi genética, no se trataba del gen X si no de algo que no tenía explicación. El profesor Xavier fue muy amable y educado conmigo, y conocí a mucha gente después de eso...pero él tampoco podía ayudarme. Nadie podía ayudarme.

Y por último... vino el ataque a Gotham. El mayor fracaso de mi vida. Pude ver como todo sucedía a mi alrededor sin que pudiera hacer nada, sin poder detener la masacre. Policías y extraterrestres inocentes habían muerto aquella noche... ¿y para qué? Para genererar más odio, más diferencias entre unos y otros. Todos éramos seres vivos, merecedores de existir en el mismo planeta, de respirar el mismo aire... ¿porqué tanto odio a lo inexplicable? Yo misma me odiaba muchas veces por ello, pero condenar a muerte a aquellas inocentes criaturas... no, no quiero volver a pensar en ello. Me sentí tan impotente... tan llena de rabia... ¿porqué mis poderes solo sirvieron para hacer daño y no para ayudar a los demás? ¿Porqué no pude hacer nada a pesar de haberlo intentado con todas mis fuerzas? ¿Porqué...?

Mis hombros temblaron ligeramente por la conmoción y el cúmulo de sentimientos que estaba llenando mi cuerpo poco a poco. Brad podría percatarse perfectamente de que estaba temblando, de que me sentía confundida y alterada por sus palabras. 

Las cosas extrañas ocurrían cada vez con más frecuencia y no podía detenerlas. ¿Cuántas veces más iba a salir huyendo de mis problemas? ¿Qué iba a hacer ahora? Era una buena pregunta, y todavía no tenía una respuesta para él.

¿Hipnotizarme? ¿Hacer que me olvide de todo? Eso sería la solución más fácil. Dejaría de pensar en todo lo que me hace daño, dejar de sentirme desgraciada y empezar a llevar una vida normal. Sin cambios bruscos, sin mareos, llevar una vida normal y... monótona. Dejaría de ser Elysia para ser una ciudadana más de Nueva York...

No. Eso lo hubiera deseado hace tiempo, pero no ahora. Lo que yo quiero es...

 - Pienso que tu habilidad es sumamente interesante, de indudable origen mágico.

Aquellas palabras me despertaron por completo. ¿Magia? ¿Soy una especie de maga o hechicera? Estaba claro que Brad sabía de lo que hablaba y me acababa de dar la respuesta a lo que llevaba buscando durante diez años. Él podría explicarme quien era. Lo que yo era...

Cogí la tarjeta con fuerza y entonces el misterioso hombre me miró con sus hipnotizantes ojos castaños. No pude resistirme y volví a pensar que el señor Cunninham era demasiado guapo para mis ojos. Entonces me entró el sueño y antes de que todo se volviera confuso, comprendí lo que me estaba haciendo y sentí el impulso de retenerle a mi lado.

- No, espera. No... me...dejes... - susurré y una de mis manos le agarró de la manga de la camisa. Quise decirle algo, pero pronto dejé de forcejear.

Cuando me di cuenta ya estaba en el piso de nueva York. Lycos acababa de darme un lametón en la cara para despertarme y Lissa no había llegado aún de trabajar. De pronto lo recordé todo. El señor Burnett y el resto de visitantes del museo se habían despertado y nadie recordó nada en relación con los problemas en el museo. Me despedí de Brad y su guardaspaldas y cogí el último autobús a Nueva York. En cuanto llegué a casa me estiré en la cama y me quedé medio dormida.

Mi mano derecha estaba dolorida, y cuando abrí la palma me encontré la tarjeta de Brad, que la había estado apretando con fuerza. Me la llevé a la cara para leer claramente la dirección del hotel y después la guardé dentro del cajón de mi mesita de noche.

-Reflexiona sobre ello. Una vez que lo hayas hecho, puedes ponerte en contacto conmigo, si lo deseas  la melodiosa voz de Brad resonó de nuevo en mi cabeza como una dulce melodía.

Un pequeño escalofrío recorrió mi espalda y después sentí el miedo en mi interior. Ya no podía seguir huyendo. Ya no quería encerrarme más ni desear con todas mis fuerzas que mis poderes desaparecieran. Ya no quería suprimirme, abandonarme. Ni olvidarme de lo que soy y de lo que siempre seré a pesar de todo.

Yo... solo quiero serle útil a alguien y poder hacer feliz a la gente con mis poderes...

Brad... ¿vas a querer ayudarme? Ahora mismo, sólo tenía ganas de volver a verle.

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